jueves, 30 de enero de 2020

Precariado, análisis de clases y filosofía revolucionaria


Precariado, análisis de clases y filosofía revolucionaria

Popayán, 31 de enero de 2020

Nadie puede negar que las luchas sociales que ocurren en Colombia, Chile, América Latina y el mundo, tienen un componente significativo de acumulados de luchas anteriores. No obstante, diversas manifestaciones de las movilizaciones actuales han desbordado a las direcciones sindicales, y a las organizaciones sociales y políticas que representan o son fruto de esos acumulados.

Por ello, es muy importante comprender la forma como una parte de ese “acumulado” se hizo anacrónico y se convirtió en un obstáculo para el surgimiento de lo nuevo. Además, es clave entender cómo ese acumulado obsoleto impide a quienes se identifican con él, ver la potencialidad de lo que emerge. En la base de todo está una concepción filosófica.

Tiene que ver con no captar el movimiento de la vida. Desde hace 9 años se pudo identificar que el Precariado empezaba a movilizarse. El año 2011 fue muy clave, un momento de quiebre. Esa irrupción insurgente ocurrió con la primavera árabe, el 21M en España, OcupaWS, etc. A partir de ese instante ese sujeto social ha continuado evolucionando y hoy es protagonista principal de las movilizaciones que ocurren a nivel planetario.

Es por esa razón que desde esa época se propuso investigar más sobre el fenómeno del Precariado, tema que aún  hoy es desconocido por mucha gente, incluso hay quienes niegan que esa clase o sector social existe. Algo hemos avanzado en conocer las características y particularidades del Precariado, Guy Standing ha hecho importantes aportes pero falta mucha más investigación social, económica, cultural, histórica, etc. (multi-disciplinaria e integral) en todo el mundo y, sobre todo, en América Latina.

La categoría de “multitud” de Negri-Hardt, que ha sido mal interpretada por muchos analistas, ha hecho mucho daño porque reforzó –sin proponérselo– la concepción de que el análisis de clases es cosa del pasado, que éste no es útil. Lo mismo ha ocurrido con los aportes teóricos de Aníbal Quijano que sus herederos convirtieron en determinantes para la acción política, negando o subordinando la lucha de clases respecto de los conflictos étnico-raciales, de género, ambientales, etc. Según la escuela de pensamiento “decolonial”, el análisis de clases hace parte de las “herencias cientificistas y eurocéntricas” y no sirve para interpretar la realidad latinoamericana.  

Lo paradójico es que pensadores como Immanuel Wallerstein (gran amigo y compañero de Quijano), que venía de la escuela “culturalista” de Fernand Braudel, poco a poco y a lo largo de su trabajo al lado de Giovanni Arrighi y otros estudiosos, fue comprendiendo las ideas más revolucionarias de Marx, y al final de su vida se afincó en los análisis sistémicos y complejos (sistema mundo-capitalista), y por ello, los “Decoloniales” que le deben mucho a Wallerstein, no lo reivindicaron a la hora de su muerte. Solo De Souza Santos lo hizo y algunos otros.

Es evidente que la investigación sobre la evolución de las clases sociales está de capa caída. Aunque existen importantes estudios que son fruto de serios esfuerzos[1], se puede observar que los evaluadores y trasmisores académicos y los “validadores ideológicos”, influidos por ideas acientíficas, por el “animismo-mítico” y por prejuicios anti-marxistas, desconocen las investigaciones y sus resultados, e impiden que la dirigencia social y política acceda a sus conclusiones, lo que la mantiene en un oscurantismo e idealismo absoluto.   

No obstante, debemos reconocer que en esta situación ha influido en forma importante un grave error cometido por Marx que no fue corregido a tiempo por sus seguidores. Consistió en idealizar al Proletariado, en identificar a la clase obrera como el sujeto social que enterraría inevitablemente al capitalismo, lo que se convirtió en una especie de creencia cuasi-religiosa, en un “destino manifiesto”, en una verdad teleológica, en una profecía al estilo de un iluminado o un adivino, lo que ha servido para desprestigiar las ideas de Marx.  

En nuestro caso, concebimos al Precariado como un sujeto social que por sus condiciones actuales (acceso al conocimiento, precariedad creciente en sus condiciones de vida, imposibilidad de organizarse frente a un empleador, etc.), se constituye en un sector social que ayuda a dinamizar las luchas populares, contribuye a hacerlas más políticas porque sus acciones abordan problemas reales como el futuro del “trabajo”, la automatización, el desempleo estructural, la enorme desigualdad, el poder de los monopolios, la falsedad de la democracia, el cambio climático, y muchos otros. No le otorgamos a dicho sujeto social otro papel diferente al que viene mostrando en la práctica tangible y visible.     

Dice Guy Standing en un artículo de 2014:
Cada vez más gente comienza a comprender su situación dentro del precariado, reconocimiento que se traducirá en la construcción de una conciencia común de clase y que llegará a ser el motor del cambio. En vez de perder las esperanzas, primar la ineptitud o el desconcierto, los sentimientos pueden pronto mover los mecanismos necesarios para pasar de la pasividad a la resistencia de un movimiento activo[2].
En ese sentido, la lección consiste en que todos los análisis, ya sean con un enfoque de clases sociales (que algunos reducen a “lo económico” lo cual es un error, cuando tanto Marx y Engels al hablar de la lucha de las clases se referían a las “condiciones de producción y reproducción”) o ya sean con enfoque cultural, deben trabajarse en un contexto histórico y ubicarse en las condiciones concretas de un espacio y un tiempo específicos.

Es por la misma razón que en el campo de la filosofía cada vez debemos construir visiones y prácticas “empirio-escépticas”, que se apoyen en los métodos científicos de la falsación y la demostración, que no reduzcan “lo productivo” a “lo material”, que no separen la “cultura” del “trabajo” y que sirva para construir una especie de “monismo materialista” que deseche las ilusiones dualistas que llevaron a interpretaciones falsas tanto de la dialéctica como del materialismo.

La lucha en este terreno de la filosofía y de la investigación social sirve para entender también la aparición y la insurgencia del Precariado del siglo XXI y para avizorar nuevos caminos anti y post-capitalistas que le permitan a las nuevas generaciones la recuperación de las mejores tradiciones revolucionarias del pasado y luchar por impedir que el capitalismo lleve a la humanidad –como lo está haciendo– hacia su propia extinción como especie.  





[1] Entre los estudios sobre la evolución de las clases sociales en las últimas décadas se pueden destacar los de Guy Standing y de Erik Olin Wright, y en Colombia cabe mencionar los trabajos de Óscar Fresneda Bautista.

[2] Standing, G. (2014).  Por qué el precariado no es un «concepto espurio». Sociología del Trabajo 82, publicado el 23 de marzo de 2014. http://www.opendemocracy.net

lunes, 27 de enero de 2020

LA DOBLE NATURALEZA DEL “PARO NACIONAL”



LA DOBLE NATURALEZA DEL “PARO NACIONAL”

Popayán, 27 de enero de 2020

De cara al Encuentro Nacional de Organizaciones Sociales que se realizará en Bogotá los próximos días 30 y 31 de enero de 2020, es importante reflexionar sobre los acontecimientos ocurridos alrededor de la movilización social y política que se desencadenó a partir del 21 de noviembre de 2019 (21N), intentando precisar algunos de los temas que seguramente se debatirán en ese encuentro nacional.

Comprender la naturaleza del movimiento que se desató el 21N es necesario para definir los pasos a seguir, tanto para alimentar la dinámica de la protesta social como para identificar la forma como las diferentes clases sociales y sus expresiones políticas interpretan lo que ocurrió (lo real, fáctico) y cómo construyen el relato de lo sucedido (lo Real, simbólico) para obtener réditos en su favor.

La naturaleza de la movilización se puede entender  teniendo en cuenta varios aspectos: 1. Sectores sociales participantes; 2. Contenido de las reivindicaciones y aspiraciones; 3. Formas organizativas y dinámicas de acción; 4. Comportamiento frente al Estado y la sociedad; 5. Expectativas frente a los resultados de las luchas. El conjunto de estos factores permite identificar las principales características del movimiento teniendo como referente lo acumulado. En anteriores artículos hemos tratado el tema.[1]   

La irrupción en el escenario de la lucha social colombiana del Precariado[2] (que muchos analistas llaman “clases medias”) es un hecho de máxima importancia que contribuye a dinamizar y fortalecer la lucha de los sectores sociales que tradicionalmente se han movilizado. En medio de la movilización de todos los sectores sociales (nuevos y tradicionales) se destacan las mujeres y la juventud. Hasta ahora la movilización social ha sido citadina; por ahora, los sectores rurales no se han movilizado con fuerza.

Cientos de miles de personas salieron a protestar por diversos motivos; muchos sin ni siquiera conocer las reivindicaciones planteadas por el Comité de Paro. El acumulado de problemas que sufre el pueblo colombiano sumado a la incapacidad del gobierno de Duque, crearon un clima de inconformidad que explotó con relativa fuerza el 21N. Paralelo a los 13 ejes y 104 puntos del pliego de exigencias, los temas que movilizan a la gente tienen que ver con la consolidación de la paz, el asesinato de líderes sociales, la desigualdad social y económica, la corrupción política y la defensa del medio ambiente.

En cuanto a las formas organizativas y dinámicas de acción se pueden identificar las “tradicionales” y las “nuevas”. Las primeras giran alrededor del comité de paro y de las organizaciones que lo integran: sindicatos de trabajadores y/o organizaciones sectoriales de maestros, estudiantes, indígenas, campesinos, etc., y se expresan mediante marchas, bloqueos de vías, plantones, etc. Las segundas se auto-convocan por las redes sociales, movilizan personas “no organizadas” o con formas nuevas de organización (colectivos ambientalistas, ciclistas, barristas, grupos culturales, de género, etc.). En Bogotá estos sectores se hicieron más visibles con las marchas-concierto, caminatas periféricas no centralizadas en torno a la Plaza de Bolívar y otras actividades similares.

En relación al comportamiento frente al Estado y a las expectativas, se perciben algunas diferencias. Los sectores sociales que se han movilizado tradicionalmente están pendientes de la negociación con el gobierno; quieren obtener resultados inmediatos. Los sectores “nuevos” tienen otras lógicas: desean acumular una fuerza masiva, se esfuerzan por ganar opinión pública y entusiasmar a más gente, fortalecer el movimiento mismo y forzar cambios sustanciales sin necesidad de negociar con el gobierno.

Es evidente que nos encontramos frente a un movimiento social en evolución, que porta en su interior una doble naturaleza, que se imbrica, se entrelaza, se hace complejo, pero a la vez, se diferencia, se aclara, se hace simple. Es marcadamente reivindicativo cuando se lo identifica con el comité de paro, pero a la vez, es bastante político cuando otros actores expresan su contenido (caso de los “artistas”). Tiene una dirección formal que convoca (pero no dirige ni retroalimenta) y cuenta con una dirección real que está interiorizada en los cientos de miles de personas que se movilizan o apoyan la protesta. Posee un pliego de exigencias escrito, oficial y formal, y a la vez,  cuenta con un pliego real, no escrito, no formal, que está en la mente y el sentir de millones de colombianos.  

Esa doble naturaleza es un problema cuando se la pretende negar o no se la reconoce. No obstante, en realidad, es una oportunidad para avanzar y explorar la enorme potencialidad de lo que está surgiendo.

Veamos un ejemplo: para los dirigentes sindicales y/políticos que están pendientes de los resultados inmediatos, ya sea para justificar su papel o para lograr réditos de diverso tipo, los logros obtenidos por el movimiento pasan desapercibidos porque no han sido formalizados en una acta de negociación con el gobierno. Por ello, en su afán inmediatista y formalista, no logran retro-alimentar el movimiento con los triunfos alcanzados (el gobierno se echó para atrás en varios de sus proyectos frente a pensiones y otros asuntos), y al estar pendientes de la negociación con el gobierno envían un mensaje de debilidad.

Esa incapacidad para conectarse con el movimiento genera una especie de estrés entre los dirigentes sociales y políticos tradicionales que los lleva a actuar en forma contradictoria: unos, se centran en ampliar o recomponer la representación de los sectores sociales en el comité de paro; otros, en ampliar o reducir el contenido de las exigencias; unos más, en “radicalizar” las acciones de presión o en “aflojar” para no incomodar a la población que no participa (ej. los “protocolos” de Claudia); y, al no identificar el problema principal, se desgastan en debates o acciones no pertinentes para el momento.

Los “nuevos” sectores sociales ya se expresaron y le colocaron un gran reto a las organizaciones sociales tradicionales. Posiblemente esos sectores sociales que recién se asoman a la movilización social, no se vuelvan a mostrar en el corto plazo si no observan un cambio de actitud en los sectores tradicionales. El acumulado del movimiento social tradicional no se puede desconocer pero parece cargar con algunas herencias que ya no corresponden a las necesidades del momento, entre ellas las dinámicas sectoriales, puramente reivindicativas e inmediatistas, y otros legados del mismo tipo.

Es indudable que el movimiento social tradicional debe “volver sobre sí mismo”, reflexionar sobre su estado actual, revisar muchas de sus concepciones y prácticas, y adecuarse a los retos del momento. Lo “anacrónico” debe superarse y experimentar nuevos métodos de trabajo y de acción. No basta convocar nuevas acciones y “paros” si no se reconocen las debilidades de lo existente y las potencialidades de lo que emerge. Ojalá en el Encuentro Nacional se aborde con profundidad este asunto.  



Nota: En el Cauca se realizó el pasado 25 de enero la primera Asamblea Popular en el marco del “paro nacional”, convocada y organizada por la Coordinación de Organizaciones Sociales de la región. Fue un primer ejercicio que deberá ser continuado por múltiples asambleas municipales, de corregimiento, comuna y barrio, a fin de fortalecer las bases sociales de la movilización y sintonizarse con las nuevas realidades de la lucha social y política. Se destacó el papel de la juventud y de la mujer.   



[1] Ver: “El paro nacional, la protesta social autoconvocada y el precariado movilizado” https://cutt.ly/LrREakX ; “No queremos tanto cambiar el Gobierno, sino transformar la sociedad” https://cutt.ly/rrREfV1; “¿Podremos mantener, reactivar y fortalecer el año entrante (2020) el Paro Nacional?” https://cutt.ly/srREjRL; y otros artículos en Rebelion.org y Alai.net.  

[2] El Precariado es una categoría social construida por Guy Standing a partir de sus investigaciones en Europa. Este sector social adquiere características propias de acuerdo a las particularidades de cada país y región, lo que exige un estudio más detallado. No obstante, podemos afirmar que es el “proletariado del siglo XXI”. https://www.alainet.org/es/articulo/203657

jueves, 16 de enero de 2020

DINERO (CAPITAL) ENSANGRENTADO

DINERO (CAPITAL) ENSANGRENTADO
Popayán, 16 de enero de 2020

“No se puede luchar por partes. El sistema es uno sólo, como uno sólo es el poder que nos oprime y asesina”.

Raúl Zibechi

En Colombia se dicen muchas verdades y mentiras sobre el narcotráfico y las economías “ilegales” o criminales; sobre la violencia del Estado, la para-estatal, para-militar, “insurgente”, delincuencial y “común”, y sobre el asesinato de líderes sociales y guerrilleros desmovilizados.

Pero la realidad es que crece exponencialmente el asesinato y la persecución de luchadores sociales. Es un hecho inocultable y doloroso. Y por ello podemos decir que mientras

… exista el narcotráfico y se mantengan las economías ilegales (criminales), la violencia se hará más grave y compleja y seguirán asesinando a los luchadores sociales;

… exista la política de prohibición impuesta por el gobierno de los EE.UU., el incentivo del tráfico ilegal hará que la producción de cocaína sea uno de los negocios más rentables del planeta;

… los grandes centros financieros sean los principales actores económicos que se lucran de lo producido por esas economías criminales y, mientras los pueblos no enfrenten seriamente ese problema, la violencia prosperará y el pueblo sufrirá mucho más;

… las economías agrarias y en general toda la economía colombiana dependa de la exportación de materias primas (no procesadas), los cultivos de coca, el narcotráfico y la minería ilegal seguirán creciendo y haciendo daño;

… las organizaciones sociales y políticas (y las víctimas) piensen que los gobiernos pueden detener esa violencia (así sean gobiernos progresistas o de izquierda), se le estará ayudando al gran capital a engañar a los pueblos;

… se continúe creyendo que los llamados “procesos de paz” son solución al problema de la violencia (como el que se hizo con las FARC), ese “cáncer” seguirá avanzando;

… el problema estructural no se aborde con profundidad, el lugar que ocupan los grupos armados que se desmovilicen será ocupado por otros grupos, cada vez más descompuestos y criminales.

Lo que debemos reafirmar es que el Estado colombiano (y sus gobiernos), no tiene la autonomía, el poder o la voluntad para resolver un problema que es global y estructural, que responde a la crisis del sistema capitalista y a la decadencia de una civilización patriarcal basada en el interés individual de enriquecimiento.

Solo los pueblos que hagan conciencia plena de tamaño reto, pueden auto-organizarse, plantear propuestas que enfrenten las causas estructurales, y forzar soluciones de fondo tanto con su movilización masiva, la construcción de nuevas y propias economías y culturas, y la presión socio-política de tipo global.

De resto (mientras…), seguiremos colocando los muertos y los capitalistas continuarán llenando sus bolsillos con dinero ensangrentado.

Nota: México y Colombia son los mayores ejemplos en América Latina, pero lo mismo ocurre en África y Asia, y en todo el mundo.

E-mail: ferdorado@gmail.com

martes, 7 de enero de 2020

El Poder muestra su esencia criminal

El Poder muestra su esencia criminal

Popayán, 7 de enero de 2020

“La fuerza o violencia se utilizan abiertamente cuando la autoridad fracasa”.
Hannah Arendt

Frente a lo que viene ocurriendo en el mundo, o sea, por un lado, levantamientos y rebeliones populares, y por el otro, golpes de Estado, armamentismo de las potencias globales, y guerras abiertas o encubiertas, es necesario reflexionar sobre el “poder”.

El Poder en una sociedad dividida en clases, etnias, nacionalidades, diversidad de géneros y edades, diferentes culturas, para ser efectivo requiere de cierta legitimidad, legalidad, autoridad, fuerza coercitiva (militar y burocrática), y de un permanente ejercicio dirigido a evitar que los sectores oprimidos y dominados se organicen y debiliten su capacidad de control y dominación.

Hoy ese Poder (ejercido por la gran burguesía financiera global – GBFG) está en la dinámica de controlar en forma absoluta la mente, voluntad, sentimientos y emociones de la población pero se está encontrando con la creciente resistencia de amplios sectores sociales e individuos que al acceder a espacios más cualificados de información, son cada vez más conscientes de que existe ese Poder, y que ese Poder es un obstáculo para el avance de la humanidad y, sobre todo, que es un peligro real para la sobrevivencia de la especie humana en la tierra.

Esos sectores sociales al relacionarse por fuera de las estructuras dominantes (o aún, utilizando conscientemente esas estructuras en su favor), se están convirtiendo en una amenaza para ese Poder, y por ello, al perder legitimidad, legalidad y autoridad, tiene que recurrir obligatoriamente a la violencia. El poder autoritario o dictadura que se había mantenido oculto (usando formas “democráticas”) se ve obligado a mostrar su verdadera esencia autocrática y criminal, y entonces, la violencia y la guerra abierta se convierte en la única herramienta de control y dominación.

Frente a ese Poder autocrático y violento no sirven ni las prácticas pacifistas ni las rebeliones armadas aisladas de la sociedad (movimiento social). Solo la fuerza organizada y masiva de la gente puede enfrentar y derrotar ese Poder. Un “contra-poder” está surgiendo desde las profundidades de la sociedad, lenta y pausadamente, y aunque no es una tarea fácil mantenerlo y fortalecerlo, es la única salida que tienen los pueblos y los trabajadores para avizorar el desmantelamiento de ese Poder y la construcción de una vida decente.

Ese es el reto superior del momento… ¡Y es de vida o muerte!

E-mail: ferdorado@gmail.com

jueves, 26 de diciembre de 2019

La Paz florece en el jardín comunitario de “El Varón”


La Paz florece en el jardín comunitario de “El Varón”

Popayán, 27 de diciembre de 2019

Mis pequeñas nietas Juanita y Julieta me visitaron en este diciembre. Vinieron desde lejos y regresaban a Medellín con sus padres el pasado 25, día de navidad. Estuve pensando en qué podría regalarles pero no se me ocurría nada. Realmente no tengo esa costumbre y, además, tampoco cuento con un presupuesto importante para hacerles un detalle que valiera la pena.

Después de pensarlo decidí hacerles un regalo peculiar que se fue configurando en la mañana del mismo 25 de diciembre. Busqué a Antonio, un personaje especial que colabora con la comunidad del barrio La Paz en Popayán en la tarea de mantener y mejorar las áreas verdes que están alrededor del Polideportivo y en el parque central que queda en la entrada.
Camino todas las mañanas por esos lugares y había notado el hermoso trabajo que ha realizado para convertir todas esas áreas en un verdadero jardín. Le pedí el favor de que me cortara una flor de cada una de las especies que ha sembrado, cultivado y cuidado, para regalarle a mis nietas ese ramo de flores. Sería algo simbólico y, a la vez, les explicaría el por qué no les obsequiaba otra cosa de mayor valor monetario.

Antonio, a quien todo el mundo le dice “El Varón”, se puso muy contento de que le pidiera ese favor. Cortó con delicadeza más de 28 clases de flores que tiene su huerto, que es a la vez de él, de la comunidad y de la ciudad. Entre los numerosos ejemplares destacó a la flor de la caléndula como una de sus preferidas. Pero además, me ofreció todas las semillas que quisiera mientras empacaba una manotada diciéndome que esa porción alcanzaría para sembrar hasta una plaza de tierra.

Observé que mientras las recogía él comprobaba con enorme entusiasmo la gran cantidad y variedad de flores que había cultivado. Por eso decidí tomar unas fotografías para hacer más visible ante mis nietas y sus padres el sencillo presente y a la persona que las cultivaba. Una chica que tenía un celular con buena cámara de fotografía se ofreció a ayudarme. Antonio, feliz como un chiquillo regocijándose con el resultado de su trabajo, la llevó de un lugar a otro indicándole los mejores ángulos para captar lo mejor de su obra de jardinería.

Él me fue contando cómo se involucró con la comunidad de La Paz en esa tarea. Un buen día aburrido con su trabajo de obrero de construcción le surgió esa iniciativa. Contó con el apoyo de la Junta de Acción Comunal y de muchas personas que espontáneamente le ayudan de una u otra manera para que cumpla esa ejemplar labor. Un día le llevan matas; otro, un pequeño incentivo; un día más, le entregan semillas o árboles para que los siembre.

Este jardinero comunitario es un ser servicial y solidario con la gente, entregado a Dios y a causas comunitarias. Por pura casualidad y por la necesidad de ofrecerles algo a mis nietas, terminé haciéndole un reconocimiento a este amigo de origen paisa, de apellidos Lopera Naranjo, valorando su maravilloso trabajo sin que ese fuera el propósito inicial.

De esa manera los dos terminamos enviando semillas de flores a su tierra natal por intermedio de mis nietas, alargando la mano de este especial floricultor que vuelve a través de ellas a su terruño que no por casualidad es la “capital mundial de las flores”.

Mi conclusión es que uno muchas veces es descuidado y no valora el trabajo callado y consagrado de tantas personas que se esfuerzan por mejorar sus vidas y las de los demás. Esta experiencia me sirve para ratificar el valor de las acciones sencillas. ¡Gracias Varón!


GUERRA DE EXTERMINIO GLOBAL


GUERRA DE EXTERMINIO GLOBAL
Popayán, 26 de diciembre de 2019
USA, Rusia, China, India, Europa, Irán, etc., etc., se arman cada vez más[1], y para detener el cambio climático solo hay migajas. ¿Qué quiere decir?
La oligarquía financiera global sabe que tiene que realizar acciones drásticas porque el Sistema Capitalista ha entrado en una fase de colapso sistémico.
Los sectores dominantes de esa oligarquía, los más reaccionarios y obtusos, impulsan una estrategia de “limpieza social” y de “solución final”.
Por ello, utilizan a los Estados y a gobernantes “nacionalistas” para agudizar el Caos Total.
Se están preparando para una guerra más terrible que cualquiera que haya ocurrido en el pasado que tiene como objetivo eliminar a miles de millones de personas que ellos consideran desechables (Guerra de Exterminio).
También preparan la ciencia y la tecnología para sobrevivir temporalmente en la tierra a la hecatombe nuclear o climática que no pueden detener, y aspiran que sus herederos puedan migrar hacia otros planetas (es la “salvación” que ya están ofreciendo muchas iglesias).
Los científicos y estudiosos más avanzados del planeta son conscientes de que esos son los planes de las más altas cúpulas de la oligarquía global. Algunos pocos lo dicen, otros callan.
Solo la conciencia y voluntad organizada de las inmensas mayorías de los humanos podrá detener el terrible futuro que le espera a la humanidad.

¿Es ciencia ficción o es la realidad que no queremos ver?




[1] Gobierno de los EE.UU. aprueba US$738.000 millones para la Guerra Espacial. https://www.dw.com/es/c%C3%A1mara-baja-eeuu-aprueba-ley-que-avala-nueva-fuerza-espacial/a-51637610

martes, 17 de diciembre de 2019

La juventud colombiana irá mucho más allá del Comité de Paro


La juventud colombiana irá mucho más allá del Comité de Paro

Popayán, 17 de diciembre de 2019

Las grandes movilizaciones populares que están en pleno furor y desarrollo en diversas regiones del mundo vuelven a colocar a la orden del día la palabra “revolución”[1].

Las masivas protestas afectan a gobiernos de izquierda y de derecha; pro-imperialistas y anti-imperialistas; europeos, asiáticos, africanos, latinoamericanos y medio-orientales. Han sido lideradas por millones de jóvenes y mujeres que enfrentan la desigualdad, la discriminación y precariedad de la vida que incluye la crisis climática (obra del capitalismo depredador).

Entre ellas, lo que sucede en Chile tiene que ser destacado. Explotó lo que tenía que estallar en una país que ha sufrido condiciones de opresión y control extremas. El pueblo chileno se rebeló y en ese proceso ha revivido formas de “auto-organización” (asambleas auto-convocadas, populares y territoriales) que no estaban en los cálculos de nadie.

La población movilizada de ese país desconfía de todos los partidos políticos que –de una u otra manera– fueron cómplices y conniventes con la dictadura militar y con la aplicación de las más agresivas políticas neoliberales. Por eso, solo confían en su fuerza auto-convocada. Es algo de gran trascendencia para el futuro de los pueblos y trabajadores del mundo entero.

Tal fenómeno es esencialmente revolucionario. Implica un paso de autodeterminación popular que puede ser el inicio de un proceso de mayor profundidad. Y por tanto, exige a los revolucionarios (quien quiera serlo) una actitud diferente a la tradicional, de creación e innovación sobre la marcha y que recoja las lecciones del pasado.

¿Qué pasó con la “revolución”?

La palabra revolución no quiere ser pronunciada por la gran mayoría de dirigentes y partidos de “izquierda” pero, paradójicamente, si es utilizada por las derechas ultra-conservadoras.

Sucedió que dicho término fue usado por quienes proclamaron el “socialismo del siglo XXI” pero en la práctica terminaron aferrándose al aparato estatal (burocracia/ejército) sin impulsar ninguna transformación sustancial, más allá de proclamar una supuesta independencia (formal) del imperio estadounidense pero sin lograr construir una efectiva autonomía y soberanía.

Hay que reconocer que en sus etapas iniciales esos gobiernos hicieron esfuerzos importantes por recaudar mayores rentas estatales (incrementaron los impuestos a las empresas transnacionales) y distribuir los ingresos del Estado entre los sectores sociales más afectados por las políticas neoliberales. Sin embargo, no lograron “tocar” la esencia del capitalismo imperante.

El problema consiste en que –aún sin proponérselo– degradaron la imagen de la “revolución”. En su ejercicio estatal perdieron la capacidad crítica, permitieron que fuerzas corruptas se treparan  y atraparan la gestión oficial y debilitaron los movimientos sociales al desconocer su autonomía.

Como magistralmente lo describe Massimo Modonessi, las izquierdas progresistas usaron una serie de atajos para construir su hegemonía electoral (el discursivismo, caudillismo, estatismo y negación de la lucha de clases), lo que desarmó políticamente a los trabajadores y a los pueblos. Hoy, los hechos han desnudado la debilidad de ese tipo de “hegemonías” y estrategias.

Son hechos que hay que aceptar para poder responder a los retos que presenta la vida. Negarlos no conduce a ninguna parte y otorga ventajas a quienes quieren someter a los pueblos.  

Las rebeliones populares y su perspectiva

Se observa que las movilizaciones populares en curso no cuentan con una orientación y una organización política uniforme, visible u orgánica, aunque las derechas latinoamericanas quieren atribuírselas al Foro de Sao Pablo y demás “complots castro-chavistas”. No obstante, esa situación no debe llevarnos a calificarlas de ser totalmente “espontáneas”. En realidad, son fruto de procesos reales, acumulados y concretos que tienen una explicación en cada caso particular.

Sin embargo, son procesos incipientes que corren el peligro de ser canalizados por las derechas populistas, conservadoras y fascistas que se muestran opositoras a la globalización neoliberal y ofrecen el nacionalismo hirsuto y reaccionario como fórmula de salvación, mientras las “izquierdas” asumen posiciones “defensistas” que llevan a la derrota a las luchas populares[2].

En realidad, las derechas no ofrecen soluciones viables pero logran dividir a los trabajadores y a los pueblos con estrategias mediáticas que aprovechan la vacilación de las fuerzas progresistas que las bases populares perciben del lado de las burguesías globalizadoras porque se muestran timoratas y adocenadas al darle prioridad al escenario electoral e institucional. (Ej., las fuerzas de izquierda en Colombia se muestran al lado y hasta subordinadas al ex-presidente Santos).

Además, debemos tener en cuenta que los proyectos falsamente “nacionalistas” como los de Trump (EE.UU.), Johnson (RU), Modi (India), Bolsonaro (Brasil) y demás, parecieran tener su contraparte en las posiciones de Putin (Rusia), Xi (China), Rohaní (Irán), Maduro (Venezuela), etc., que utilizan el llamado multilateralismo para generar ilusiones alrededor de confrontaciones “geopolíticas” pero, en verdad, no enfrentan para nada el sistema capitalista imperante.

Entonces, la tarea central es darle continuidad y profundizar el proceso de insurgencia política y plasmarla en nuevas formas de organización popular. Luchar contra el “sectoralismo” o “corporativismo” dentro de las luchas sociales es una de las tareas urgentes, sin que ello signifique desconocer las causas particulares de cada sector sino saberlas juntar de una forma nueva y creativa, potenciando la unidad frente a los gobiernos corruptos y capitalistas.

Y también, enfrentar con mucho tino y paciencia los intentos de cooptación institucional que  utiliza también a los partidos “progresistas” y de “izquierda” para aconductar a las masas y “restablecer el orden”, labor que no es fácil de hacer y que a veces se confunde con sectarismo.

En medio de todo ello, hay que evitar el triunfalismo/derrotismo que surge de no identificar adecuadamente el llamado “espontaneísmo de las masas”. Triunfalismo, cuando se mide con extremado optimismo las conquistas del movimiento y no se tienen en cuenta las fuerzas del contrario. Y, derrotismo, cuando se sobrevalora la fuerza del enemigo y no se alienta a los pueblos y a los trabajadores a llevar al máximo sus esfuerzos y luchas.

La experiencia demuestra que la organización de nuevo tipo que va surgiendo cumple funciones múltiples; alimenta y fortalece la lucha y crea auto-gobierno permanente. Para hacerlo, debe ser lo más amplia y democrática posible. Querer que el movimiento logre metas mayores a su verdadero potencial solo lleva a la frustración y al debilitamiento del proceso. Por ello, debemos evitar la “ansiedad controladora y conductista” y respetar la dinámica propia del movimiento. No es fácil y seguramente no se acertará en todo.  

De lo que estamos seguros es que el “topo” sigue cavando. Y lo hará cada vez mejor.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Blog:



[1] Durante 2019 las protestas involucran a múltiples sectores sociales de decenas de países que en orden cronológico han ocurrido en Francia, Sudán, Zimbabue, Venezuela, Argelia, Haití, Hong Kong, Costa Rica, Puerto Rico, Argentina, Honduras, México, Papua Guinea, Irak, Cataluña, Ecuador, Líbano, Chile, Bolivia, Irán, Colombia e India. Además, se debe incluir las movilizaciones globales contra el cambio climático, que tuvieron fuerte presencia en Europa y EE.UU., así como las movilizaciones de mujeres y estudiantes en todo el mundo. (Nota del Autor).   
[2] En muchos países (Grecia, España, Reino Unido, Brasil, Bolivia, etc.)  las fuerzas de “izquierda” se involucraron casi totalmente en la “gestión del Estado heredado”, se acomodaron al Sistema y generaron una especie de “vacío político” que ha sido ocupado por las fuerzas “nacionalistas”, ultraconservadoras y neo-proto-fascistas, para hacerse al gobierno o avanzar con mucha fuerza en todo sentido. (Nota del Autor).  

viernes, 13 de diciembre de 2019

No ataco ni denigro a Gustavo Petro, es mejor debatir


No ataco ni denigro a Gustavo Petro, es mejor debatir

Popayán, 13 de diciembre de 2019

Apreciado Gustavo Petro: Cordial y respetuoso saludo.

Escuché la entrevista realizada por el expresidente Rafael Correa. Me parecen ajustadas y valiosas algunas de sus opiniones en esa conversación. No obstante, creo, y pueda que esté equivocado, que algunas ideas no están bien desarrolladas y que deberían ser revisadas.

Creo que se hace una lectura mecanicista de los aportes de Jeremy Rifkin y de Paul Mason, y que además, se debería reconocer su aporte con nombre propio, en relación a lo de las economías colaborativas y lo del “post-capitalismo”, conceptos que plantean construir relaciones sociales de producción colaborativas-postcapitalistas dentro del mismo capitalismo, en competencia con los grandes monopolios y el capital financiero, y en una lucha permanente por ampliar y fortalecer la democracia pero, a la vez, construir formas de poder alterno.

Pienso que el “extractivismo” no solo se presenta en relación a los recursos naturales no renovables (petróleo, carbón, oro, gas, etc.), sino que incluye también, algunas otras áreas como por ejemplo, los grandes monocultivos de caña de azúcar, soja, palma africana, etc. Es decir, podríamos decir que todo gran monopolio, tiene un carácter extractivo y, hoy, al servicio de un nuevo tipo de rentismo financiero. Es más, extrapolando la idea, así se industrialice una sociedad, si la vía es monopólica y más encima, autoritaria (como ocurrió con toda Asía del Este, no solo la Sudeste, es decir, se debe incluir Japón y Corea del Sur), ese modelo capitalista “extrae” ganancia (plusvalor) tanto de la naturaleza como del trabajo humano (y degrada la vida, como lo estamos viendo). China es ejemplo de industrialización, pero todos los pequeños y medianos emprendimientos (urbanos y rurales) están dominados, sometidos y subordinados al gran capital financiero. Es lo que ocurre en todo el mundo. Ello fue el resultado de la “re-estructuración post-fordista” y de aplicación de políticas neoliberales que en China también se impusieron en diversas áreas de la vida económica y social. Ver artículos muy bien fundamentados en Revista de la NLR.

En Colombia, ante la existencia de cientos de miles de pequeños y medianos productores (urbanos y rurales), plantearse que primero hay que desarrollar el capitalismo (así sea regulado y controlado) para poder pasar a las economías colaborativas, es un error. Hoy se puede impulsar el encuentro entre el conocimiento (que portan los “profesionales precariados” y deben mejorar las universidades y otros centros de estudio que deben crearse) y los pequeños y medianos productores que tienen también importantes avances en todo sentido, para impulsar economías asociativas y cooperativas (en el camino de lo colaborativo) e industrializar nuestras materias primas (café, caña panelera, papa, pequeña ganadería, frutales, yuca para almidón, cacao, trucha y pescados, etc.), apropiarse de las ganancias que obtienen las grandes transnacionales (Nestlé, Starbucks, etc.) y desarrollar nuevas industrias tecnificadas en el campo de la seguridad alimentaria, energía, servicios, software, etc., sobre bases realmente democráticas. Esto último, en forma incipiente, ya se está llevando a la práctica en Cauca, Huila y Nariño.

Plantearse un “etapismo” (García Linera con su “capitalismo andino”, o el de Lenin con su “capitalismo de Estado”) es repetir la historia y terminar en el “infierno capitalista” que es la “sociedad de control” como China, Corea del Sur, Japón, Indonesia, etc., con altos desarrollos tecnológicos y de industrialización pero con enormes contradicciones y conflictos sociales que en cualquier momento van a estallar inexorablemente (lo de Hong Kong es solo una pequeña muestra). En China, la gran burguesía financiera, liderada por cientos del multimillonarios, cada uno más poderoso que Luis Carlos Sarmiento Angulo, utiliza al “Estado comunista” para fortalecer su poder y competir con los demás imperios capitalistas, y por ello, no creo que sea el modelo a seguir por los demócratas y revolucionarios del mundo entero (como lo da a entender en esa entrevista). 

Si no se impulsa ese proceso desde ahora, a los gobiernos progresistas (como pasó con el de Evo Morales) les surgirán insurgencias sociales encabezadas por esos sectores “medios” (profesionales precariados y pequeños y medianos productores) que inicialmente son canalizadas por las derechas y ultraderechas. Fue lo que en pequeño pasó en Bogotá, con los sectores sociales que apoyaron a Peñalosa después del ejercicio de gobierno de la Colombia Humana, y que hoy están frustrados y  se expresan –en parte– en el actual paro nacional, representados por los jóvenes que llamo “posmodernos” (“emprendedores” les llama la burguesía, yo los llamo “precariado” (Standing) en sus diferentes clases y niveles).

Sobre el concepto de “multitud” (Negri/Hardt) creo que es un concepto muy plano y que no recoge todos los avances de las ciencias de la complejidad actualmente en desarrollo. Esa “multitud” está compuesta de muchos e imbricados sectores sociales y la mueven múltiples intereses y anhelos. Como en toda “multitud” hay sectores más avanzados, otros más rezagados, y demás, dependiendo de las condiciones particulares de cada país, región, ciudad. Claro, para algunos, el concepto de multitud es bastante cómodo porque implica que no hay necesidad de generar organización, delegar funciones, etc., y se sueña controlar a esa “multitud” desde el Estado para “hacerles la revolución desde arriba”, tipo China (que fue la vía de la URSS).

Todo lo anterior, implica que desde ahora, los pueblos y los trabajadores debemos construir (como ya hacen los zapatistas, mapuches, kurdos, y se empieza a construir en medio de la actual “primavera latinoamericana”, y se debe hacer en medio del paro nacional) formas de auto-gobiernos populares, formas de “contrapoder” desde lo profundo de la sociedad, y no entregar todo el poder de la gente movilizada a los “Estados heredados”, creyendo que desde los gobiernos, o sea, “desde arriba”, se va a poder construir ese postcapitalismo, que, indudablemente, no va a surgir automáticamente o como por arte de magia, sino que será resultado de cruentas luchas sociales, políticas y culturales (como ya lo estamos viendo en todo el mundo, y con especial intensidad en Bolivia, Chile y Colombia).  

Esto, por ahora. Saludos 

martes, 10 de diciembre de 2019

“No queremos tanto cambiar el gobierno sino transformar la sociedad”



La juventud colombiana en busca del tiempo perdido

“No queremos tanto cambiar el gobierno sino transformar la sociedad”

Popayán, 10 de diciembre de 2019

Una juventud con una nueva actitud de lucha

Durante la marcha-concierto realizada el pasado 8 de diciembre por la carrera 7ª de Bogotá se pudo apreciar el contenido y la forma del discurso de los y las jóvenes que protagonizan una parte de las protestas tanto en la capital de la república como en Medellín, Bucaramanga, Cali y otras ciudades. Escuchar a los artistas que convocaron y organizaron la marcha, a deportistas, académicos, estudiantes y activistas[1] que hacen parte de este conglomerado social, nos permite entender cómo piensa y actúa esta juventud que se ha convertido en el sector social movilizado más mediático y protagónico del paro nacional.

Ellos y ellas saben que pertenecen a un estrato social relativamente privilegiado en Colombia. Su mensaje es solidario con campesinos, indígenas, víctimas de la violencia y demás sectores sociales que aportan su esfuerzo a la riqueza nacional pero no disfrutan de los más mínimos niveles de vida digna. Por ello, su mensaje es netamente político, ya que plantean la necesidad de superar la enorme desigualdad e injusticia que sufre nuestra gente más humilde, y la urgencia de construir una verdadera democracia que incluya la voz de los excluidos y oprimidos, y expulse de los niveles de dirección del Estado y el gobierno a los políticos corruptos para poder resolver los problemas “entre todos”.

En sus intervenciones han trazado las líneas generales que orientan su accionar: independencia política, actitud no violenta y cultura en movimiento. Se declaran independientes de cualquier partido o liderazgo político porque saben que es la única forma de ampliar y fortalecer el movimiento. Son conscientes que marcar una protesta social con siglas o discursos partidistas es un error garrafal. Tanto porque el gobierno y los enemigos de la protesta utilizan ese argumento para generar desconfianzas y engañar a la gente, pero además, porque se requiere una visión incluyente y profunda para unir a la mayoría de los colombianos sin ningún tipo de discriminación partidista, religiosa o identitaria.

Por otro lado, los y las jóvenes llaman a la población a participar en la protesta con una actitud no violenta y de encuentro solidario y fraternal entre las mayorías. A pesar que su discurso es directo, franco, beligerante, que reta a los poderosos y causantes de los problemas acumulados que vive la nación (lo cual les ha traído fuertes ataques en las redes sociales y en los medios de comunicación) no se han dejado llevar al terreno de la falsa polarización que enfrenta a personalidades o grupos de la política tradicional (incluida la izquierda) que se convierte –aún sin querer– en un estorbo para desarrollar la necesaria y nítida batalla de ideas.

Es por ello que no han caído en la trampa de creer que hay que “tumbar” a Duque o llamar a una Constituyente, y demás caminos que Medófilo Medina califica acertadamente como “delirios insurreccionales”. Saben que hay que lograr compromisos y cambios inmediatos y mediatos pero son conscientes que “recién están comenzando” en la tarea de movilizar y organizar a las grandes mayorías de la nación. Esta juventud ha mostrado una confianza infinita en la gente y han tenido una mesura y un tino que sorprende por su madurez, comportamiento que es una lección para muchos líderes políticos que confunden la verticalidad de principios con la soberbia, la altisonancia y el protagonismo desmedido. No quieren cambiar solo un gobierno, quieren transformar la sociedad.

Otra actitud ejemplarizante mostrada por esta juventud es no involucrarse en asuntos que manejan otros sectores comprometidos con la lucha social. Respetan la dirección del movimiento (Comité de Paro) pero seguramente saben de las fricciones y tensiones que existen a su interior entre dirigentes y tendencias políticas, y por ello, no se involucran en la dirección formal de este proceso. Saben que su ejemplo y acción (marchas periféricas, cacerolazos, plantones, actividades culturales, etc.) de una u otra manera influyen en todo el movimiento y no les interesa instrumentalizar nada. Un ejemplo a mencionar fue la forma elegante y respetuosa como resolvieron un pequeño debate sobre el papel de la guardia indígena dentro de las marchas; organizaron un emotivo homenaje y los invitaron a participar en la marcha del 8D como representantes de sus pueblos indígenas pero no como “guardias”. Para ellos, la ciudadanía en su actitud de no-violencia es la garante de su propio control y seguridad.

Finalmente, en esta corta descripción se debe resaltar algo que ha pasado desapercibido. Los y las jóvenes de Bogotá han decidido realizar sus marchas llenas de creatividad y arte dirigiéndolas hacia sus propias localidades y barrios donde viven (conjuntos residenciales y edificios de apartamentos) con el fin de animar a su propia gente para garantizar la plena participación de familias enteras. Pero también, con sus marchas periféricas rechazan la “falsa centralidad del poder” que pareciera estar representado en la Plaza de Bolívar (Capitolio, Casa de Nariño, Corte Suprema, Alcaldía y Catedral) y al dejar ese “centro” de lado, muestran sutilmente en dónde está el efectivo poder. Por ello arrancaron la marcha-concierto al frente de Corficolombiana y Colpatria, núcleo del poder financiero de este país. Quieren desfetichizar a los “mandaderos” políticos y enviar un mensaje que desnude y ponga en la mira el lugar donde en verdad se toman las decisiones en Colombia.

La dimensión del paro y de la protesta en Colombia

Habíamos planteado que el Comité de Paro no se ha sintonizado todavía con la dinámica de lucha que le impusieron los nuevos sectores sociales citadinos, que han sido el soporte de una protesta continuada a lo largo de casi tres semanas. Algo realmente histórico en Colombia. Esas fuerzas citadinas incluyen tanto a los sectores sociales que siempre han participado en las movilizaciones y protestas (estudiantes, trabajadores, habitantes de barrios, sectores informales), generalmente influidos por organizaciones de izquierda, como a las “clases medias” movilizadas (“profesionales precariados”) que por primera vez se manifiestan en este tipo de ejercicios. Este último sector ha evolucionado en el tiempo, pasó por militancias políticas de carácter personal (Mockus/2010) a manifestarse en solidaridad con el paro agrario (agosto/2013), y luego, a marchar masivamente días después del plebiscito por la paz (marchas de octubre de 2016). El gran ausente en este paro –por ahora– es el sector rural, a excepción del movimiento indígena que se ha movido parcialmente.

El Comité de Paro acostumbrado a hacer jornadas de un día que llevaban al gobierno a entablar diálogos y llegar a acuerdos desmovilizadores, no ha podido acomodarse todavía ante la nueva realidad. Vacila entre aceptar condiciones de negociación tradicionales que siempre han estado al servicio de la desmovilización de las bases que protestan o lanzarse abiertamente a retar al gobierno y preparar seriamente en las regiones las fuerzas sociales y ciudadanas para obligar al presidente Duque a negociar en serio unas medidas urgentes y a concertar una hoja de ruta para enfrentar la complejidad de problemas acumulados. En vez de replantear su práctica tradicionalmente reivindicativa y alimentarse del discurso político de la juventud movilizada, decidieron ampliar los puntos del pliego de exigencias creyendo que con ese “gancho” podría fortalecer el movimiento y obligar al gobierno a negociar. Pero, lo evidente es que con la fuerza movilizada actual, así sea muy importante, todavía no se está en condiciones de obtener resultados tangibles, y sobre todo, de lograr un acumulado “espiritual” y organizativo (político), que sea un respaldo actuante, expectante y de presión social, única garantía de la continuidad del proceso. Que, en últimas, es lo más importante.

Esta semana se debe resolver ese asunto. Los y las jóvenes le enviaron el domingo 8D un mensaje tanto al gobierno como a los dirigentes del paro. Ambos lo saben. Pero, cualquiera que sea el parcial desenlace, la juventud va a seguir hacia adelante. El dilema es el cómo y para qué.

Las perspectivas hacia el futuro

Lo que ha sucedido en otros países donde se han producido estallidos similares de la juventud, aún más fuertes que el nuestro, a partir de la llamada “primavera árabe” y la movilización de los “indignados” en España en 2011, y lo que viene ocurriendo en Chile, nos puede dar pistas sobre el desarrollo de las luchas ciudadanas y populares en Colombia y en el mundo.

En los países árabes la Hermandad Musulmana y otros partidos políticos canalizaron ese despertar hacia la institucionalidad existente. En lo fundamental, el movimiento transformador fue derrotado. Lo mismo pasó con Podemos, partido político que surgió desde los sectores más inconformes de la sociedad española, que terminó a la cola del establecimiento dominante, limitando su acción a lo que les permite hacer dentro de la institucionalidad el poder financiero español y europeo.

Sabemos que esta juventud precariada (“proletarios” con título universitario o con emprendimiento) no se puede organizar fácilmente en sindicatos, por cuanto sus condiciones de trabajo no se lo permiten. Por ello, necesariamente enfrentan, primero, a los gobiernos y, después, directamente al Estado y al Sistema. Poco a poco han ido descubriendo que el gran poder financiero global es su verdadero enemigo, y por ello, han empezado a desarrollar nuevas formas de resistencia y de organización. Y es un proceso mundial, globalizado y en desarrollo.

En Chile, a lo largo de 50 días de protestas han aparecido nuevas formas de organización no-partidistas que se han denominado “asambleas auto-convocadas”, “cabildos abiertos” y “asambleas territoriales”. Dichas formas de organización portan el espíritu de los y las jóvenes bogotanos que hemos detallado arriba: no se alinean con ningún partido político, promueven la participación y organización permanente de la población, y se postulan como “otro-poder”, paralelo y diferente en su esencia, al que representan los partidos políticos (sean del color que sean) y de las instituciones existentes. Y no quieren tanto cambiar un gobierno sino transformar la sociedad.

Ese “poder paralelo”, amorfo y fluido, “líquido”, aparentemente desorganizado, sin cabeza visible para negociar con el establecimiento oligárquico y capitalista, ha logrado un éxito impensable en ese país. El presidente Piñera ha cedido unilateralmente en puntos relacionados con pensiones, salarios, reglamentaciones laborales, y además, concertó con los partidos políticos la realización de un plebiscito para oficializar la convocatoria a una asamblea constituyente. Es decir, ese “poder paralelo”, ese “contrapoder”, que tiene millones de cabezas anónimas, sin necesidad de involucrarse en negociaciones y acuerdos con el gobierno, ha demostrado ser más efectivo que el tradicional comportamiento de los sindicatos y partidos políticos de oposición que desgastan su fuerza en arreglos burocráticos y concertación de leyes, que por lo general, tienen una función desmovilizadora y engañosa.

Es por esa circunstancia que en Chile existe actualmente un fuerte debate y una lucha política abierta en torno al futuro de las  asambleas auto-convocadas”. Veamos:

1. Unos sectores quieren convertirlas solo en herramientas de la convocatoria a la Constituyente, o sea, cooptarlas hacia la institucionalidad heredada. Si eso se impone, los partidos políticos se apoderarán de todo el proceso y se abortará el proceso de construcción y consolidación de un “contra-poder” paralelo y alterno que sea el portador de la lucha anti-sistema.  

2. Otros sectores las conciben como formas de auto-gobierno permanente, propio, auto-gestionario, pero totalmente aisladas de la institucionalidad existente (al estilo de los zapatistas mexicanos). Ello lleva a ausentarse y perderse del escenario nacional, mediático y político, negándose a hacer una amplia pedagogía o Gran Política (como la que están haciendo en Colombia los jóvenes que llamo “posmodernos”).

3. Y unos más, plantean que es posible y necesario combinar ambas acciones pero dándole prioridad a la auto-organización permanente. Ello, para poder jugar dentro de la institucionalidad con verdadera y efectiva autonomía e independencia, con la fuerza de la gente organizada pero también con la sapiencia e inteligencia táctica para apoyar a aliados, neutralizar a los sectores vacilantes y derrotar y aislar a los contrarios. Esta posición requiere mucha claridad y cuidado.  

En Colombia se ha impulsado la organización de “asambleas populares” por parte de algunas organizaciones políticas pero solo con la intención de obtener representación en el Comité de Paro, lo cual está muy lejos de la concepción con que se han organizado las “asambleas auto-convocadas” en Chile. El Comité de Paro en su última declaración política ha llamado a organizar en las regiones “comités de paro” en municipios y departamentos para fortalecer el paro y la protesta hacia el año entrante (2020), lo cual es muy importante, pero está dentro de la lógica tradicional, absolutamente reivindicativa y al servicio de la negociación con el gobierno.

Los y las jóvenes que representan a las nuevas fuerzas citadinas movilizadas y los integrantes de las organizaciones sociales y políticas existentes pueden aprender de la experiencia chilena y plantearse nuevas miradas y otras formas de organización ciudadana y popular, tanto al servicio del paro y de la movilización como de una lucha más permanente, anti-sistémica y de mayor proyección, que se corresponda con sus anhelos de cambio y la consigna de que quieren “no tanto cambiar un gobierno sino transformar la sociedad”.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Blog:   

Notas:

Acuña A., M. (2019). Esencia de la revolución chilena de octubre. Rebelion.org: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=262442

Arce, G. (2019). La ciudadanía se organiza: crean mapa para localizar cabildos y asambleas auto-convocadas en todo Chile. Chile Despertó: https://www.chiledesperto.cl/2019/11/03/la-ciudadania-se-organiza-crean-mapa-para-localizar-cabildos-y-asambleas-autoconvocadas-en-todo-chile/

Comité Nacional de Paro (2019). Declaración política – Encuentro nacional sindical, social, étnico y popular. Comisión Intereclesial de Justicia y Paz: https://www.justiciaypazcolombia.com/declaracion-politica-encuentro-nacional-sindical-social-etnico-y-popular/

Dorado, F. (2019). “Recién estamos comenzando”: jóvenes marchantes del 8D. Las2Orillas. https://www.las2orillas.co/recien-estamos-comenzando-jovenes-marchantes-del-8d/

Dorado, F. (2019). ¿Qué es el precariado y por qué está protestando? Rebelion.org: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=263303

Zibechi, R. (2019). Asambleas Territoriales: poder popular en formación. Periódico DesdeAbajo: https://www.desdeabajo.info/sociedad/item/38382-asambleas-territoriales-poder-popular-en-formacion.html



[1] En este proceso de despertar e insurgencia juvenil en Colombia se debe destacar la actitud de deportistas como Egan Bernal, campeón del Tour de Francia, quien no aceptó un homenaje del gobierno nacional y organizó una rueda de prensa en su pueblo natal (Zipaquirá) para reconocer a su gente, hacer visible el sacrificio individual de viejas glorias del ciclismo y del periodismo deportivo. Esa actitud se ha venido expresando más abiertamente en artistas como Catalina García de la banda Monsieur Periné, Mario Muños de Dr. Krápula, Cesar López, Santiago Cruz, Adriana Lucía, Marta Gómez, Santiago Alarcón  y muchos más actores y cantantes, que representan a una juventud que rompe progresivamente con el servilismo y el cortesanismo que ha sido predominante entre los sectores medios de la sociedad colombiana.