sábado, 22 de abril de 2017

EL DESENCUENTRO ENTRE LUCHAS SOCIALES Y LAS IZQUIERDAS EN COLOMBIA

Sobre el libro “Caminando la palabra” de Edwin Cruz Rodríguez…

EL DESENCUENTRO ENTRE LUCHAS SOCIALES Y LAS IZQUIERDAS EN COLOMBIA

Bogotá, 24 de abril de 2017

En días pasados, Ediciones Desde Abajo (Colombia) publicó el libro de Edwin Cruz Rodríguez con el título “Caminando la Palabra - Movilizaciones sociales en Colombia 2010-2016”. Es un esfuerzo de investigación y de análisis que merece ser destacado, leído y valorado. Son nuestras luchas vivas que enseñan y muestran su verdad en el tiempo.

Llama la atención una de las principales conclusiones de ese juicioso y detallado trabajo. El autor dice en la parte final del texto: “Mientras la protesta social ascendió en magnitud y alcance desde 2011, tanto en las elecciones locales de 2014 como en las parlamentarias y presidenciales de 2015 se evidenció un marcado retroceso para la izquierda cuyo corolario fue la pérdida de la alcaldía de Bogotá, su bastión durante casi una década[1].

En otro aparte del libro plantea: “En suma, mientras las organizaciones de la izquierda política electoral y coaligadas en el PDA sufrían una fragmentación, las organizaciones sociales que de ellas dependen, fueron capaces de agenciar el más importante ciclo de acción colectiva de las últimas décadas. En otras palabras, la unidad de la izquierda en lo social no se tradujo en el campo político electoral[2]

Y finalmente remata: “Así pues, mientras la izquierda social consigue articularse para agenciar grandes protestas, la izquierda política tendió a fragmentarse, de tal manera que le fue imposible “capitalizar” el ciclo de protestas en el terreno político electoral[3].

El politólogo de la Universidad Nacional, quien es un prolífico escritor y analista de las luchas sociales colombianas y latinoamericanas, usa y aplica en la elaboración de este texto unas interesantes herramientas de investigación y análisis y realiza un importante esfuerzo por reseñar, describir e interpretar la naturaleza de los movimientos sociales que se manifestaron en las recientes luchas agrarias, indígenas, campesinas, mineras y estudiantiles sucedidas en los primeros 7 años de la segunda década del siglo XXI en nuestro país.

El investigador –con el propósito de realizar un análisis integral– aborda tres dimensiones, la estructural, la organizativa y la subjetiva, para lo cual aplica tres instrumentos, la Estructura de Oportunidad Política EOP, las estructuras de movilización y los marcos de acción colectiva. Según mi opinión, con ese método se aproxima de una forma creativa a la construcción de una mirada sistémica y compleja de los fenómenos sociales en el ámbito de la sociedad colombiana.

A lo largo del libro, en la descripción y análisis del paro nacional universitario de 2011, el paro nacional cafetero de febrero de 2013, la movilización y protesta campesina-cocalera del Catatumbo, el Paro Nacional Agrario de ese mismo año y la Minga Agraria, Campesina, étnica y popular de 2016, se identifican tres aspectos que traspasan esas importantes luchas sociales, gremiales y políticas, que son: la política institucional, el conflicto armado y la recomposición de las organizaciones sociales y sus discursos.

Es muy estimulante para los luchadores y activistas sociales que se investigue y estudien las luchas protagonizadas por diferentes sectores de nuestro pueblo, que nunca ha dejado de luchar y resistir, pero que muchas veces no se evalúan en toda su dimensión, como se hace en este libro. Además, es un trabajo hecho “casi en caliente”, por cuanto los hechos son recientes, y ello, es muy importante, ya que el análisis sirve para la continuidad de las luchas.

Tenemos que seguir por el camino que nos trazan investigadores como Cruz Rodríguez y otros, y profundizar aún más en el estudio para que ese esfuerzo logre conectar e interpretar la complejidad no-lineal de los procesos sociales y, aprehender y palpar de cerca sus inter, intra, multi y trans-relaciones con el resto de la sociedad. Hay que abordar el conocimiento de la naturaleza misma de las clases y sectores sociales comprometidos en esos movimientos, para conseguir que los factores analizados no aparezcan como si fueran “externos”, sino logren ver y detallar la naturaleza interna de los movimientos, su enorme complejidad, las contradicciones intrínsecas, las dinámicas imbricadas, el “verdadero movimiento”.

Recomiendo la lectura y estudio de este importante libro y, a la vez, destaco el titánico esfuerzo que hacen las personas que están detrás del trabajo editorial de Ediciones Desde Abajo. ¡Excelente trabajo!

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter @ferdorado


[1] Cruz Rodríguez (2017). “Caminando la Palabra - Movilizaciones sociales en Colombia 2010-2016”, Ediciones Desde Abajo, Bogotá, Colombia, p. 259 
[2] Ídem., Óp. cit., p. 270
[3] Ídem., Óp. cit., p. 277

viernes, 21 de abril de 2017

DIGNIFICAR LA POLÍTICA

Frente a la descomposición de la democracia representativa…

DIGNIFICAR LA POLÍTICA

Bogotá, 21 de abril de 2017

“Democratizar la revolución y revolucionar la democracia”

Boaventura de Souza Santos

La democracia representativa estalló en pedazos en 2017 a nivel global. Ese fenómeno se manifestó paradigmáticamente no sólo en la elección de Trump sino en su rápida traición a los electores. En todo el mundo los partidos políticos no son lo que afirman ser, no hacen lo que dicen y no cumplen con las promesas de campaña. Son grupos de políticos profesionales pagados por el gran capital, sin ideología ni vergüenza, que se acomodan a las circunstancias según su conveniencia. Claro, hay pocas excepciones que confirman la regla. Ya no hay propiamente partidos políticos, lo que existen son políticos mediáticos que hacen marketing al servicio del mejor postor. El partido va detrás del “producto”, la fachada individual.

En Colombia esa situación es más que visible. Uribe en el Centro Democrático es un “pequeño rey” rodeado de áulicos y mandaderos. Ocurre lo mismo en Cambio Radical, todo gira alrededor de Vargas Lleras. En los demás partidos es lo mismo, incluyendo la izquierda y el “centro”. El colmo de los colmos se presentó con una dirigente de amplia trayectoria que pasó de la oposición de izquierda a ser ministra de un gobierno neoliberal. “Un gobierno débil que quiso instrumentalizar el proceso de paz para mejorar sus niveles de aceptación”[1]. Ella decidió en forma unilateral ser parte del gobierno y considera acoso (“bullying”) que su partido la cuestionara y expulsara. Ahora busca aval para ser candidata en cualquier otra tolda. Hay decenas de casos similares. Se quitan la camiseta y se ponen otra sin ningún rubor.

La razón de la crisis de la democracia representativa no es otra que el peso del enorme poder del capital financiero. Los Estados y gobiernos administradores del aparato estatal no pueden hacer más que los dictados de los centros financieros y cumplir las órdenes de los poderosos mega-conglomerados capitalistas que –legal o ilegalmente– imponen su voluntad e intereses. Caso de Samsung en Corea del Sur, Odebrecht en toda Latinoamérica y el complejo militar-industrial en EE.UU., entre otros. Y lo más grave es que los gobiernos “revolucionarios” y “progresistas” no lograron sustraerse a esas prácticas. Y los que medianamente se resisten, son presionados con herramientas puramente económicas obligándolos a reversar muchas de sus políticas que medianamente rompían con el neoliberalismo. Es parte de su “declive”.

Todo lo anterior obliga a buscar nuevos caminos. El primer paso es desechar ilusiones en la posibilidad de utilizar el “Estado heredado” como principal herramienta de transformación. Claro, sin irnos al extremo de dejarle el campo abierto a las oligarquías y burguesías emergentes que usan el aparato estatal y su fuerza real (burocracia y ejército) para neutralizar y derrotar a los pueblos. Pero, sin caer en el fetichismo del Estado y de la Ley, que nos hace creer que “desde arriba” se pueden hacer transformaciones estructurales. La verdad es que si no construimos una fuerza y poder “desde abajo”, si no nos empoderamos como ciudadanos y como pueblo, no lograremos verdaderos cambios en nuestros países y el mundo.

La crisis profunda de la democracia representativa y de los partidos políticos existentes es una oportunidad para la aparición de nuevas formas de hacer política y de nuevas democracias. Y debe ser un cambio integral. Debe aparecer una nueva filosofía política; recuperar y renovar los principios; rehacer los objetivos y metas; diseñar estrategias creativas y nuevas formas de organización; fusionar la forma y el contenido; fundir métodos y metas; interpretar a la gente y, a la vez, estimular lo mejor y más valioso de nuestros pueblos; y en general, dignificar la acción política para poder transformar nuestra realidad social, económica, ambiental y cultural.

Necesitamos una filosofía del bien común y de las economías colaborativas; unos principios éticos y estéticos que pongan en primer lugar la honestidad, la transparencia y la coherencia; unos objetivos de amplio alcance frente a la crisis sistémica del capitalismo y la descomposición moral de nuestras sociedades; una estrategia que responda a las coyunturas actuales sin abandonar las metas post-capitalistas; una organización que priorice lo colectivo, la democracia plebeya y el control de las bases; unas formas de acción que combinen eficacia y sentido común con sentimiento, belleza y alegría; y en general, una renovación total de la política en beneficio de la sociedad en su conjunto y, en especial, de los sectores eternamente excluidos y discriminados.

Y… estamos en esa tarea. “Ciudadanos al Poder” es nuestro camino y meta.  

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado



[1] “Tesis de Abril”, documento de trabajo de las FARC. “Por un partido para construir la paz y la perspectiva democrático-popular”, tesis 17, p. 17.  

domingo, 16 de abril de 2017

LA “OTRA SALIDA” EN VENEZUELA

LA “OTRA SALIDA” EN VENEZUELA

Bogotá, 16 de abril de 2017

Los recientes acontecimientos ocurridos en Venezuela, sumados a la tensión política acumulada en los últimos años, muestran la otra “salida” que está a la orden del día en el país vecino. Pero no será la que imagina y quiere la oposición. Todo apunta a que el ejército se verá obligado a intervenir, sacar por la puerta de atrás a toda la cúpula gobernante –incluyendo a Maduro–, e imponer un gobierno de facto con el objetivo de “imponer el orden”, “defender y garantizar la soberanía nacional” y, en un “tiempo prudente”, convocar a elecciones generales. Y lo dirán: “No permitiremos más desestabilización”.

La grave situación económica, la polarización política, el caos institucional, los preocupantes enfrentamientos entre facciones violentas de los bandos enfrentados (gobierno y oposición), la amenaza de un caos generalizado que pueda ser aprovechado por gobiernos extranjeros para promover una intervención armada “humanitaria” (que es lo que taimadamente se promueve desde la secretaría general de la OEA) y por sobre todo, la inexistencia de una tercera fuerza política que pudiera –desde la civilidad– ofrecer una verdadera salida democrática al pueblo venezolano, obliga en forma perentoria a los estamentos militares a diseñar e implementar esa “fórmula”.

Lo sucedido con la reversión parcial de las sentencias del TSJ dirigidas a impedir el bloqueo legislativo de la Asamblea Nacional en manos de la oposición, que contaban con el sustento jurídico legal y eran necesarias para garantizar la operatividad de la principal empresa del Estado y del país, PDVSA, dejan ver la debilidad del gobierno. En la práctica, “se mostró el cobre” y ese hecho se convirtió en estímulo para las fuerzas opositoras que, además, obtuvieron un nuevo viento de cola con la decisión de inhabilitar a Henrique Capriles Radonski por 15 años, bloqueándole la posibilidad de ser candidato presidencial.

Para que esa solución provisional sea creíble y medianamente sostenible en el tiempo, los militares tendrán que aparecer con nuevas caras y un discurso que los distancie de ambos bandos enfrentados pero, indudablemente, tendrán que apoyarse en la figura de Chávez y de la Constitución Política (¡su gran obra!), planteándose, entonces, como defensores de la institucionalidad democrática. Será “un golpe militar”, como todos los que se han hecho en el mundo, “para salvar a la patria” y para “restablecer el orden y la institucionalidad”.

De ahí en adelante todo es impredecible. Si, la cúpula militar logra medianamente impulsar soluciones a la situación económica y consigue un apoyo mayoritario que legitime ese “gobierno de transición”, nuevas fuerzas “chavistas” podrían –a marchas forzadas– construir un nuevo bloque de figuras políticas para afrontar las elecciones venideras.  

Si la oposición, que no cuenta con la fuerza real de “tumbar” a Maduro y menos de enfrentarse directamente con un régimen militar, así sea “suave”, mantiene su estrategia de desestabilización “guarimbera”, podrá sufrir mayores desgastes políticos. Además, la nueva situación sería un examen de alto calibre para una MUD que ha mostrado en los últimos 16 meses, desde diciembre de 2015, grandes fisuras internas y enormes vacíos políticos.

El ejército venezolano y los partidos políticos del vecino país tienen un inmenso reto. El momento es de máxima tensión y no hay otra fuerza real que pueda intervenir. El pueblo está confundido, desmovilizado y enfrascado en la sobrevivencia. Es lo que se observa y prevé desde la distancia. Todo puede suceder pero esa “salida”, independiente de si es “la correcta” o “la mejor”, es la que se avizora en perspectiva.

Los militares no van a perder el inmenso poder político y económico que han acumulado en los últimos 18 años y se ven obligados por las circunstancias a intervenir, o sea, a oficializar lo que ya tienen en sus manos. Seguramente se jugarán la vida en esa apuesta.

Los “fuegos artificiales” de Trump (http://bit.ly/2ognrG9), que han tensionado al mundo entero, le sirven de cobertura a esa “otra salida”.  


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miércoles, 12 de abril de 2017

SANTOS, URIBE Y LAS FARC AL DESNUDO

Asistentes al desayuno de trabajo convocado por el expresidente Ernesto Samper y la ministra del Trabajo Clara López para crear la "Unión por la Paz" para participar en las elecciones presidenciales del 2018, a la que asistieron entre otros Gustavo Petro, Iván Cepeda, Piedad Córdoba, Iván Márquez, Pastor Alape, Guillermo Alfonso Jaramillo, Roy Barreras y otras personalidades aprovechando la presencia de José "Pepe" Mujica y Felipe González. Claudia López fue invitada pero declinó su participación diciendo: "“No acepto invitaciones de Ernesto Samper. Creo además que su participación deslegitima las acciones de paz”. Ver: http://bit.ly/2ppAPIb   

Hay que demoler el “espíritu cortesano”…

SANTOS, URIBE Y LAS FARC AL DESNUDO

Bogotá, 12 de abril de 2017

“Mírala, qué vergüenza, debajo de sus vestidos está totalmente desnuda”.

A. Allais (citado por J. Lacan).

Todos nos conocemos a nosotros mismos y a los demás pero hacemos como si no lo supiéramos. Soportamos la mentira para poder vivir juntos. Inventamos un “goce” (justificación o “camuflaje” a manera de disimulo) para no enfrentar la Realidad que nos podría enloquecer, llevar al suicidio o arriesgarnos a actuar con contundencia transformadora.

Un “goce” es una aceptación cínica de la falsedad que nos permite gozar de la vida pero que siempre estará allí, como cuestionamiento y martirio. En sí, es un antídoto adictivo que usamos para poder sobrellevar nuestro “trauma fundante”, nuestra “anomalía original”. Ese “goce” es el verdadero sustento y soporte de la ideología dominante, su esencia[1].

Unos ejemplos basados en la política colombiana nos pueden servir para entender el concepto:

Todos sabemos que Santos es un jugador, que es calculador y mentiroso. Pero, se la jugó por la paz, así haya conseguido sólo el desarme de las FARC que era lo que pretendía. Le abonan ese hecho. Sin embargo, él mismo y todos los que se han apegado a su gestión, tienen que mentirse a sí mismos, vender la idea de que Santos es bien intencionado, que es un progresista y demócrata. Además, como no pueden “desnudarlo” en sus esencias íntimas (posa de ser un “gentleman” que impulsa la “tercera vía” y un “buen gobierno” pero pertenece a una estirpe oligárquica retrógrada y conservadora), intentan construir otra mentira para darle continuidad a lo que han conseguido al lado de él en los últimos 8 años, y por tanto, ya organizan e impulsan la “Unión de la Paz”, liderados por el ex-presidente Ernesto Samper y De la Calle Lombana.

En el mismo sentido, todos sabemos que Uribe es un dirigente frentero pero mañoso. Que se la jugó para debilitar a las FARC usando armas legales e ilegales, alianzas con mafias y todo tipo de delitos. Le reconocen esa acción. No obstante, él y todos los que lo siguen, tienen que mentirse a sí mismos, promover la idea de que Uribe nunca ha estado al tanto de los crímenes, que es una víctima del conflicto y que tiene buen corazón. Igual, como no pueden “desnudarlo” en su complejidad (es hijo de un campesino paisa que se enriqueció al lado de Pablo Escobar y no soporta a la oligarquía bogotana pero quiere parecerse a ella), intentan mantener la mentira para acceder al gobierno, y por tanto, ya construyen la “Unión de la Guerra” contra el “castro-chavismo” con Pastrana, Ordóñez, la Ramírez, Jaime Castro y los numerosos “popeyes” que están reclutando.

Así mismo, todos sabemos que las FARC surgieron de un verdadero conflicto social y político pero que por erradas decisiones estratégicas su proyecto político-militar se enlodó en medio de una guerra extremadamente degradada. Pero, ellos y todos los que los siguen, tienen que mentirse a sí mismos y hacer creer que las FARC fueron obligadas a degradarse, que no tienen ninguna responsabilidad, y que con sólo dejar las armas se convierten en blancas palomas. Y, como no pueden “desnudarlas” en su incoherencia interna (es una guerrilla nacida de la resistencia campesina-indígena ‘liberal-gaitanista’ que mutó hacia la ortodoxia marxista), intentan elaborar una mentira para construir su proyecto político sin pagar el costo de sus errores pero sabiendo que deben “lavarlos” en forma callada. Por ello, inevitablemente, harán parte de la “Unión por la Paz” al lado de la burguesía burocrática. Ya lo hacen.         

No obstante, la dinámica de los acontecimientos ha obligado a que esos actores se vayan desnudando solos. Al hacerlo contribuyen con la exposición del “síntoma” que no es otro que el “espíritu cortesano” presente en nuestra formación social y cultural. Esa anomalía original nos llevó a creer que necesitábamos de un amo, un patrón, un burgués “progresista” u otro “nacionalista” para poder sobrevivir. Todos han quedado expuestos en su debilidad estructural.

La verdad es que ese síntoma está siendo demolido poco a poco. El mensaje ciudadano del 2 de octubre de 2016 enviado por el pueblo colombiano fue absolutamente claro: “¡Arreglen ese entuerto entre ustedes! ¡No nos representan!”. Es una original expresión de “cinismo plebeyo” (kinismo[2]), que es un instrumento irónico, sarcástico, mordaz y cáustico de los subalternos.

Eso significa que los Ciudadanos del Común han aprendido a “ver” más allá de los ropajes. Están empezando a empoderarse y no temen “desnudar” al que sea. Eso es muy bueno.

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[1] Zizek, Slavoj. (1989). “El sublime objeto de la ideología”.  

[2] “Kinismo”, es una especie de cinismo que se manifiesta en el rechazo popular a la cultura oficial dominante usando el sarcasmo y la ironía (Sloterdijk).

martes, 11 de abril de 2017

VICTIMAS DEL CONFLICTO: UNA VERDAD ESCRITA NO RECONOCIDA


VICTIMAS DEL CONFLICTO: UNA VERDAD ESCRITA NO RECONOCIDA

Bogotá, 11 de abril de 2017

Sobre lo ocurrido el “Día de las Víctimas” (9 de abril) vamos a intentar una reflexión de Semana Santa sobre lo ocurrido con Uribe, Santos, las FARC, el proceso de paz y las víctimas…

Todo el proceso ha sido una sumatoria de falsedades y torpezas pero paradójicamente el precario resultado le sirve a nuestro pueblo. El manto de la guerra está desapareciendo y están apareciendo lentamente las mordacidades y corruptelas que las castas dominantes ocultaban detrás del velo.

Las paradojas surgen de la combinación de las buenas intenciones y los sueños de grandeza pero al final se imponen las constantes históricas que son insalvables y, a veces, crueles.

Santos quería hacer la paz por todo lo alto, perdió el plebiscito por todo lo bajo pero la comunidad internacional le otorgó el Nobel por la intención; intención que las mayorías colombianas nunca pudieron sentir a fondo.

Uribe quería exterminar a la guerrilla por todo lo alto, no lo logró pero consiguió empañar la “fiesta de la paz” y se quedó sólo con la intención; por eso no quería que la guerra terminara en un acuerdo con quien él considera que lo traicionó.

Las FARC querían salir de la guerra por todo lo alto, no lo consiguieron pero tienen un camino por delante para confirmar su intención.

Todas las víctimas del conflicto aspiraban conocer la verdad por todo lo alto, no lo lograron y ni siquiera han visto la intención.

En Colombia la tragedia griega de amores, traiciones, dolor y muerte parecía que se convertía en una comedia con bufones y payasos incluidos pero al final terminó siendo un insípido novelón sin héroes, sin pasión, sin emoción pero con muchas víctimas y con un pueblo que se queda con la verdad histórica escrita pero no reconocida.

En fin, es bueno que doblemos la página.

Nota: El ELN quiere seguir en la guerra por todo lo alto, no lo podrá conseguir y terminarán –de una u otra forma– protagonizando una situación ridícula (ya lo hacen) para ocultar su indefinición y falta de decisión (intención fallida).


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lunes, 10 de abril de 2017

IDEAS SOBRE CÓMO CONSTRUIR UN “MOVIMIENTO CIUDADANO”

Aprendiendo del movimiento indígena caucano…

IDEAS SOBRE CÓMO CONSTRUIR UN “MOVIMIENTO CIUDADANO”

Bogotá, 10 de abril de 2017

Hemos abierto en el colectivo “Ciudadanos al Poder” el debate sobre el método para construir un movimiento ciudadano que se coloque como objetivo la renovación y la dignificación de la forma de hacer política en Colombia y transformar el país en favor de las mayorías.

Con ese fin he recordado la historia de la construcción del movimiento indígena en el departamento del Cauca (Colombia) y reconstruido algunos aspectos que son importantes de tener en cuenta para nuestro proceso actual. Espero contribuir con ese objetivo.

En la década de los años 60s del siglo XX, las bases de las comunidades indígenas que habitaban la cordillera central del Cauca eran conscientes de la injusticia que sufrían y estaban inconformes. En cada vereda había una o dos personas que querían organizar a la comunidad pero en las directivas de los Cabildos de cada Resguardo habían indígenas comprados y al servicio de los terratenientes payaneses y caleños. Muchos de ellos, de tiempo atrás, eran politiqueros de los partidos liberal y conservador e impedían el desarrollo del movimiento. Eran los agentes de ellos y tenían poder económico y político.

Desde varios siglos atrás los grandes terratenientes caucanos se habían apoderado de las mejores tierras de los “altos vallecitos” muy fértiles de la región como Malvazá, Gabriel López, Guambía, Ambaló, Pitayó, Jambaló, Caldono, Paletará, Coconuco, Valle de las Papas y otros más pequeños, en donde se cultivaba trigo y ganadería de clima frío, que era el principal recurso productivo que les generaba dinero y poder a las familias aristocráticas de esa región. De resto, la mayoría de las haciendas del Cauca se basaban en una economía de subsistencia con muy poca capacidad de exportación de productos.

En esas haciendas los campesinos e indígenas estaban vinculados en calidad de aparceros y terrajeros, bajo un régimen similar al feudalismo europeo. Vivían en la pobreza absoluta, sometidos a la voluntad y caprichos del terrateniente quien contaba con el poder de la iglesia y de las familias indígenas que habían heredado las relaciones cortesanas con el “patrón” o “amo”, y que eran los encargados de perseguir y aislar a las personas que se atrevieran a alentar a sus vecinos a organizarse y a rebelarse contra ese régimen de opresión.

Ya desde la segunda década del siglo XX se había intentado la recuperación del territorio por parte de las comunidades indígenas encabezadas por Manuel Quintín Lame, pero el movimiento había sido derrotado por medios violentos (cárcel y persecución a los dirigentes), y también habían estimulado y aprovechado divisiones internas. Después, en las décadas de los años 30s y 40s, se había intentado organizar sindicatos pero esa forma organizativa no “pegó” entre los pueblos originarios quienes seguían apegados a sus Cabildos.

Es así como en la década de los años 60s, existían personas inconformes y con capacidad de liderazgo en cada vereda y resguardo pero al estar totalmente dispersos, eran débiles frente al poder de los terratenientes, los curas y los dirigentes indígenas vendidos. Y es así como para la época, el gobierno de Carlos Lleras Restrepo impulsa la creación de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos ANUC, como respaldo para la tibia reforma agraria que se aprobó en su gobierno. Ese movimiento se fortaleció a nivel nacional.

Hábilmente, los indígenas caucanos (Nasas, Misak o “guambianos”, Totoroes, Coconucos, Yanaconas y otros) plantearon como consigna que ellos “eran colombianos, campesinos e indígenas” y se integraron a esa lucha en forma inteligente. La estrategia fue hacer parte de la ANUC hasta 1970 cuando en la 10ª Junta Nacional de esa organización se dan cuenta que son la mayoría de las comunidades organizadas en el Cauca y, crean, entonces, en 1971, el Consejo Regional Indígena del Cauca CRIC.

A partir de allí no sólo recuperaron tierras y territorio sino su dignidad, cosmovisión y cultura, lenguas nativas, usos y costumbres, autoridades propias, y los Cabildos fueron puestos al servicio de la lucha. El movimiento es su fuerza y la lucha alimenta al movimiento.  

Pero lo importante de esa experiencia es cómo hicieron parar crear el movimiento. Siendo conscientes de que en cada vereda o resguardo existían personas interesadas en organizar la lucha, construyeron una estrategia para juntarse, agruparse, coordinarse y actuar en forma unida. Dispersos eran débiles y no tenían poder de convocatoria. Fue así como designaron líderes que por zonas (norte, centro, oriente y sur) se pusieran en esa tarea, de visitar individualmente a las personas interesadas, hacerles conocer cuáles eran los puntos principales de la Plataforma de Lucha y preparar primero –un poco clandestinamente–reuniones pequeñas de dirigentes e ir organizando grandes asambleas.

En nuestro caso “ciudadano” de la actualidad, existen condiciones parecidas a nivel nacional. Hay muchas personas inconformes tanto de gente que se retiró del Polo, de los Verdes, Progresistas, ASI o que no han tenido militancia directa, y que observan que ese grupismo y esa división no conducen a ninguna parte. Incluso, existen Colectivos en muchas ciudades tanto de jóvenes como de adultos que fácilmente pueden ser integrados a este proceso. Es decir, la gente está dispuesta en su ciudad o región pero al estar sola y aislada, no saben qué hacer ni cómo actuar. Allí es donde las redes sociales son una gran herramienta.

Lo fundamental y más importante, es ir construyendo un programa o plataforma de lucha que aglutine a muchas de esas personas y que corresponda con unas necesidades y sentimientos compartidos por millones de personas. En este caso, el objetivo es mucho más político, más amplio, luchamos por reivindicaciones generales de la sociedad y no de un sector gremial o social, aunque sus intereses quedan incluidos. Esa es la diferencia con lo ocurrido con el movimiento indígena o con movimientos que sólo aspiran a protestar y a presionar al gobierno.

Pienso, como ya lo hemos discutido por las redes con muchos amigos y amigas que en este instante cuatro temas gruesos pueden ser los motivadores de este esfuerzo:

-   Lucha contra la corrupción político-administrativa (limitarla a ese terreno porque de lo contrario nos metemos en una lucha contra el capitalismo en la cual todavía las grandes mayorías no son conscientes de qué se trata esa lucha “anti-sistema”). Esta lucha se puede concretar en lo de la Meritocracia, las Veedurías Ciudadanas “con dientes”, los puntos que se han planteado en el referendo anti-corrupción, y otras propuestas que tienen que ver con el régimen político y la contratación pública.

-    La lucha por la defensa de la naturaleza y el medio ambiente (hay muchas experiencias y bastante trabajo avanzado sobre este tema, existen colectivos y organizaciones a lo ancho y largo del país).

-     La lucha por recuperar el aparato productivo y la generación de empleo formal y digno (Este punto es muy importante para los jóvenes profesionales y emprendedores de las ciudades y para los pequeños y medianos productores del campo como cafeteros, paneleros, paperos, arroceros, fruticultores, etc., porque se trata de la industrialización y procesamiento de nuestras materias primas).

-   La lucha por una reforma estructural del sistema de salud, que debe ser más trabajado por el movimiento (acabar con las EPS y el negocio privado de la salud).

La estrategia entonces es, por un lado, impulsar con todo el ánimo y entusiasmo la agrupación de personas y colectivos interesados en este proceso, y por el otro, convocar personas capacitadas para que en conversatorios y foros nos ayuden a armar con todo detalle los puntos del Programa o Plataforma de Lucha que vayamos construyendo a medida que avanzamos.

Es importante clarificar que el “movimiento ciudadano” que aspiramos construir no se va a limitar al campo electoral, sin decir que no vayamos a participar pero la forma y la táctica deberá ser fruto de mucho estudio, análisis, debate y decisión colectiva. Lo principal es construir un verdadero movimiento que tenga presencia en barrios y veredas, localidades y corregimientos, universidades y sitios de trabajo, o sea, en todas partes y espacios.   

Insisto, este corto escrito es un aporte al debate, no es algo acabado.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado
        


domingo, 9 de abril de 2017

LOS “FUEGOS ARTIFICIALES” DE TRUMP PARA GANAR TIEMPO


LOS “FUEGOS ARTIFICIALES” DE TRUMP PARA GANAR TIEMPO

Bogotá, 9 de abril de 2017

Trump ordena atacar una base aérea siria y re-dirige una flota de guerra hacia la península coreana. El mundo se tensiona. ¿Estas acciones representan un cambio en la orientación de la política internacional del presidente Trump? ¿Cuál es su propósito? ¿Es producto de un arrebato de un mandatario imprevisible como lo dan a entender algunos medios?

En tiempos de crisis es fácil dejarse engañar. En épocas donde la guerra se juega en los medios de comunicación hay que reaccionar con prevención y gran atención frente a cualquier hecho y, sobre todo, a la forma como se presentan ante la opinión pública. Y mucho más, si detrás de unas acciones como las referidas está el poder del imperio estadounidense.

Para responder los interrogantes hay que partir de las necesidades del gobierno USA. Trump y sus asesores –que tienen detrás poderosos centros de pensamiento– no actúan por actuar. El presidente estadounidense venía de tumbo en tumbo. Las filtraciones de inteligencia sobre la supuesta participación rusa en su elección, lo tenían acorralado. No pudo desmantelar el plan de salud de Obama. Su confianza estaba minada. La opinión favorable estaba en caída.

Además, de acuerdo a todos los balances y proyecciones económicas, sus planes para relocalizar industrias y empresas en EE.UU. no es viable a corto plazo. Igual, las medidas contra los inmigrantes han mostrado que sirvieron para hacerse elegir pero que no son útiles para gobernar. Los costos de expulsar inmigrantes son más que los beneficios. Y, es urgente reactivar la economía mundial para lo cual hay que recuperar los precios del petróleo.

Esas realidades perentorias y obligantes no tienen solución inmediata. El bloqueo político y mediático de la oposición demócrata y republicana, de los medios de comunicación y de los grandes conglomerados financieros que viven de la globalización neoliberal, tenían contra las cuerdas al presidente Trump. El aparente “cambio de rumbo” en la política internacional es en realidad un salvavidas para entretener y ganar tiempo. No tenía otra salida.

Así lo demuestra toda la información que ha aparecido en forma paralela a las acciones bélicas. Tanto la forma como han sido presentadas por el mismo gobierno estadounidense como las reacciones de los demás gobiernos. Y, por sobre todo, los hechos mismos dejan ver que es parte de una sofisticada y desesperada salida que utiliza una “operación psicológica” de carácter estratégico diseñada y aplicada por la inteligencia militar imperial.

Se atacó una base militar previamente desocupada ante el aviso norteamericano a rusos y sirios. La masacre con gases químicos fue la motivación “moral” sin saber a ciencia cierta quien o cómo había ocurrido. Eso no importaba. Todos los involucrados salen beneficiados: Trump se muestra distanciado de Rusia y neutraliza a los enemigos internos; Putín y Assad estimulan el nacionalismo en sus países y fortalecen su liderazgo; y lo mismo ocurre con el gobierno nor-coreano que siempre necesitará del incentivo de un supuesto e “inminente ataque imperialista”. Y China espera tranquila, juega a largo plazo.

Todos saben y son conscientes que son “fuegos artificiales”. Es la fórmula ideal de todos los gobiernos autoritarios y populistas. Incentivar nacionalismos baratos para distraer a sus propios pueblos. Aun así, son acciones que causan dolor y muerte. “Daños colaterales” para los planificadores que son expertos en manipulación y mentira. No hay que caer en el engaño.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado 

miércoles, 5 de abril de 2017

TIRAN LA PIEDRA Y ESCONDEN LA MANO


La estrategia del “policía bueno” y el “policía malo”…

TIRAN LA PIEDRA Y ESCONDEN LA MANO

Bogotá, 5 de abril de 2017

Texto dedicado a mi amigo Fernando Duque Nivia, un escéptico que obliga a pensar.

En Colombia enfrentamos una trampa ancestral, una paradoja (Badiou), un síntoma (Lacan- Zizek), un trauma fundacional, que se repite y reitera por siglos, fruto de una singularidad histórica que se acumuló a lo largo del tiempo. Hoy, que estamos intentando superar el conflicto armado vuelve a aparecer esa anomalía que nos frena y no nos permite avanzar. Y, es por ello, que es muy importante detectar, sacar a la luz, reconocer y caracterizar ese fenómeno para finalmente superarlo en nuestro ser colectivo. Es indispensable hacerlo.

Dos temas concretos del actual proceso de paz son expresión de esa trampa. Uno, las castas dominantes se niegan a reconocer las atrocidades cometidas por fuerzas estatales y/o para-estatales, como lo denuncia con mucho detalle el analista Michael Reed en Razón Pública (http://bit.ly/2oydirR). El otro, la permanencia de grupos paramilitares que sistemáticamente continúan asesinando dirigentes sociales y populares en diversos territorios de nuestro país, especialmente en áreas impactadas por megaproyectos mineros y energéticos como de manera precisa lo describe José Antonio Gutiérrez en Rebelion.org (http://bit.ly/2nYfoQQ).

Como a continuación lo reseñamos y recordamos, estos dos tipos de comportamiento de las clases dominantes han sido reiterados desde tiempos de la conquista y la colonización española. Desde aquellas épocas no solo utilizaron la fuerza armada de sus Estados para acabar, mermar o neutralizar la resistencia indígena, negra y mestiza, sino que también utilizaron todo tipo de fuerzas “irregulares” (mercenarios, caza-recompensas, asesinos a sueldo, “chulavitas”, paramilitares, “Bacrim”, etc.), para cometer toda clase de crímenes que las élites oligárquicas siempre han negado. “Tiran la piedra y esconden la mano” dice el sencillo parroquiano. Por eso, en el pasado todos los procesos de paz fracasaron: las fuerzas rebeldes o insurgentes fueron traicionadas y masacradas o, asimiladas y cooptadas.      

Así, la estrategia que le permitió a la oligarquía instrumentalizar la guerra interna en los últimos 35 años no es algo casual. Es una práctica ladina y mañosa que en la actualidad usan para manipular el proceso de paz e impedir verdaderos cambios y transformaciones. Esa capacidad la han desarrollado “los de arriba” con la colaboración inconsciente de “los de abajo”. Desde el mismo momento de la conquista se inició ese proceso y es parte del legado colonial. No es “algo” que apareció por obra de una inteligencia maligna ni es un invento perverso de alguien en especial. Fue un proceso impuesto por las diversas condiciones de existencia de los pueblos originarios que habitaban el territorio de lo que hoy es Colombia y la forma diferenciada como respondieron a la invasión y dominación. Surgió así, casi “naturalmente”, una dualidad táctica que ha sido perfeccionada a lo largo del tiempo y convertida en “costumbre criminal”.  

En la mayoría de los territorios que en la actualidad son los países latinoamericanos, la conquista y la colonización europea se realizó con base en la “hibridación cortesana” (dixit, Miguel Ángel Herrera) entre las elites cortesanas españolas y las familias de los caciques que eran los nobles cortesanos de los imperios amerindios (inca, azteca, muisca). En sus capitales, Lima, México y Bogotá, los españoles y sus aliados subordinados, constituyeron los tres centros coloniales dominantes (reales audiencias y/o virreinatos) que hoy siguen controlando la región y siempre han sido la cabeza de playa de los imperios (español, inglés y estadounidense), hoy agrupados en la “Alianza del Pacífico”. Ese aspecto determinó que frente a los pueblos que hacían parte de los imperios, la actitud dominante de esa “alianza cortesana” fuera relativamente “suave”, condescendiente, conciliadora y “pacífica”. Actuaba el “policía bueno”.

Pero frente a los pueblos que resistieron, que no se dejaron aculturizar, que defendieron las esencias de su identidad (territorios, cosmovisión, lenguas, usos y costumbres, autoridades propias, etc.), el bloque cortesano dominante (europeo-indígena-mestizo-criollo), desarrolló otra actitud muy diferente. Esos pueblos en Colombia fueron relativamente numerosos dado que el imperio muisca era muy pequeño y no controlaba el extenso territorio. Además, el otro centro de poder “cortesano” construido en Popayán con pueblos “yanaconas” traídos de Perú y Ecuador, no abarcaba amplias regiones de la entonces Nueva Granada. Las campañas de exterminio contra nasas, pijaos, sindaguas, wayuús, zenúes, arahuacos, motilones, timilas, etc., y negros cimarrones rebeldes, fueron aterradoras, bárbaras y salvajes. No se ahorraban nada. Desde el engaño hasta la emboscada y la tierra arrasada fueron utilizadas. Se procuraba dividirlos, infiltrarlos, desaparecer sus cabecillas, acusarlos de diabólicos, brujos, oscuros, vagabundos y peligrosos para toda la sociedad. Actuaba, entonces, el “policía malo”.

El principal logro de esas clases dominantes, como lo intenta hacer ahora Juan Manuel Santos, fue conseguir que amplios sectores de las clases y sectores dominados confiaran en el “policía bueno”. Ese mismo resultado lo consiguieron en diversas épocas los agentes del colonialismo interno: los curas doctrineros que supuestamente abogaban por la defensa de los indígenas; los encomenderos que amagaban amistad y hasta caridad para acercarse a los resguardos indígenas para apoderarse de sus tierras; los criollos patriotas que prometían igualdad y libertad para indios y negros pero en la práctica aspiraban a liquidar los resguardos o utilizar  esa población como carne de cañón en las guerras de independencia para mermarlos y debilitarlos por cuanto en el fondo les temían; la débil burguesía de principios del siglo XX que le hicieron creer a obreros y labriegos que iban a hacer una “revolución en marcha” para garantizarles derechos laborales a los trabajadores y acceso a la tierra a los campesinos; y la burguesía transnacional que en 1991 convenció a amplios sectores sociales que con el sólo cambio de la Constitución Política se iba a democratizar el país y el grueso del pueblo iba a disfrutar de una serie de derechos fundamentales, sociales, económicos, políticos y culturales. 

Y siempre lo lograron porque utilizaban el “policía malo” como señuelo. Desde aquellos tiempos buscaron la forma de hacer aparecer una figura que “metiera miedo”. Los “policías malos” de la conquista, la colonia y la república fueron reconocidos por su crueldad, fueron llamados “pacificadores” y frente a ellos estaba el “policía bueno” que mantenía la mano tendida. En el siglo XX el más conocido fue Laureano Gómez y en el siglo XXI es Álvaro Uribe Vélez. Ambos fueron utilizados para domesticar a las dirigencias populares, asustándolas con el “coco” reaccionario y conservador, para que confiaran en el “policía bueno”, o sea, López Pumarejo, los Lleras, López Michelsen, Samper y, ahora, Santos. Y a fe, por lo que estamos observando, pretenden repetir la fórmula con la colaboración de un sector de la izquierda con un “nuevo” policía bueno: Humberto de La Calle Lombana.

Pero en esta ocasión pareciera que la receta no funciona. El policía bueno (Santos) no logró diferenciarse totalmente del malo (Uribe). El “malo” ya no asusta tanto y por ello utiliza como amenaza un castro-chavismo que –si existiera realmente– se desmoronó el 2 de octubre pasado. El “bueno” se fue desgastando con sus mentiras y demagogia. Bueno y malo han empezado a ser identificados como corruptos por igual. La polarización entre ambos, en vez de potenciarlos, los muestra como compadres “peliaos” que se enfrentan por el botín de contratos y puestos. El siguiente “poema” de autor desconocido los retrata muy bien en su dimensión de identidad, los muestra como caras opuestas de una misma moneda, descubre esa especie de desdoblamiento mutuo, los acusa de asumir poses diferenciadas para ocultar una misma esencia. Veamos...

Uribe y Santos; Santos y Uribe (de autor desconocido)
Miróse una noche
Uribe al espejo
hallando el rostro
de Santos como reflejo.
—Juguemos a odiarnos, propuso el primero,
Enemistemos partidos, dividamos el pueblo;
— Robemos despacio, propuso el más nuevo.
Como eternos compinches se reconocieron,
se picaron el ojo,
se acariciaron el pelo;
se dieron la mano,
se lanzaron un beso
y sellaron su pacto
con abrazo sincero.
Aunque no ser
como el otro
al tiempo dijeron,
de Santos y Uribe
se conoce este juego:
Que posan de enemigos, queriéndose en serio,
que no hay menos malo,
que los dos son horrendos.
Que vendieron los mares, que rifaron los suelos;
que se aliaron con bancos, que apoyaron imperios,
que recibieron prebendas, que subieron impuestos,
que entregaron empresas, que delinquir permitieron.
Los dos presidentes,
los dos reelectos,
los dos tramadores,
los dos embusteros;
se atacan en twitter,
se siguen en Facebook;
se felicitan en casa,
se agreden en medios.
Es así que la historia
nos muestra este entuerto.
Los viejos amigos
sacando provecho,
amañando elecciones, comprando el congreso,
llenando sus sacos, acumulando dinero.
El pueblo que vota
conoce este cuento,
pero no le importa
pues ama el desgreño.
Diseñan pancartas,
recorren los pueblos,
defendiendo políticas, ensalzando gobiernos.
Caminan y sudan
gritando, diciendo:
¡el malo es el otro,
el nuestro es el bueno!
¡Uribe es honrado,
Juan Manuel traicionero!
¡Santos es puro;
Uribe paraco,
Uribe traqueto!
Los dos son corruptos,
los dos esperpentos.
los dos son iguales,
¡parecen gemelos!
El país exprimido,
los niños muriendo;
La salud en la quiebra,
la economía en el suelo.
Los dos son lo mismo,
¿nos creen pendejos?
nos roban, nos quitan, ninguno es sincero:
Bien decía mi abuelo,
ya muerto por cierto,
"el corrupto aprovecha
la estupidez de los necios".

Lo nuevo de la situación consiste en que los dirigentes de izquierda que han sido cooptados por el “policía bueno” (Santos) no tienen el ascenso e influencia necesaria para evitar que otros líderes y lideresas encabecen una rebelión pacífica que se está acumulando en el alma colombiana. Los resultados del 2 de octubre así lo indican. Existe una reserva de inconformidad con la clase política colombiana que va a ser desencadenada en 2018 por una “amplia coalición ciudadana independiente” (ni de derecha, ni de izquierda) que va a aprovechar el desenmascaramiento y la identificación entre el policía bueno y el malo para derrotar a todos los corruptos.

Además, ese movimiento ciudadano en ciernes, esa tercería anti-política en formación, cuenta con unas mayorías del país que en los grandes centros urbanos han empezado a reaccionar. Además, desde hace varios años ha aparecido una juventud más consciente que se está vinculando con cierta decisión a la política. Es más, importantes sectores de empresarios medios y pequeños (y uno que otro “grande”), tanto del campo como de la ciudad, a los que calificamos como “burguesía decente”, están decididos a romper con la “burguesía burocrática” que se ha mostrado profundamente descompuesta por la corrupción político-administrativa. Dichos sectores no están dispuestos a seguir pagando impuestos para que unos avivatos incrustados en el Estado se los roben.

La única condición para que se desencadene esa oleada democrática es que los principales dirigentes de los partidos alternativos (Polo “robledista”, Alianza Verde, Progresistas, y otros más pequeños como MAIS, ASI, Compromiso Ciudadano, etc.), además de unificar su pensamiento, elaborar un programa acorde al momento y diseñar una estrategia inteligente,  convoquen en las regiones y en Bogotá a cientos de miles de personas independientes, “ciudadanos del común”, activistas sin partido, que si observan un verdadero espíritu de unidad, generosidad, amplitud, capacidad de riesgo y decisión valiente para enfrentar a todos los politiqueros corruptos, van a desarrollar un movimiento de tal envergadura que hará explotar por los aires la vieja estrategia engañosa del policía bueno y el policía malo.        

En dicha tarea podría contribuir la aparición de un candidato “outsider” que ayude a dinamizar la acción política de esa “amplia coalición ciudadana independiente”. Hay que abrir el ojo e identificar a una o a varias personas que –venidas de afuera de la política– puedan aportar nuevas ideas, incidir con narrativas creativas y propuestas llamativas para que los escépticos, los incrédulos, los pesimistas y los abstencionistas, se sumen a esa oleada de cambio y de transformación. Estamos en un momento decisivo de nuestro país. Colombia puede dar un paso trascendental que –incluso– puede ser cualitativamente superior a los que han dado los pueblos de los países vecinos. Un “policía honesto”, que actúe con espíritu colectivo profundamente democrático y civilista, debe aparecer desde la entraña colombiana para ponerle fin a ese trauma fundacional.

Es el momento del Común.


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sábado, 1 de abril de 2017

DESCUBRIR LA PARADOJA Y CREAR EL ACONTECIMIENTO

La necesidad de una acción política firme pero “tranquila”…

DESCUBRIR LA PARADOJA Y CREAR EL ACONTECIMIENTO

Bogotá, 1° de abril de 2017

En Colombia existen condiciones óptimas para generar un hecho universal, que rompa con lo tradicional, que se convierta en algo singular, que cree un nuevo acontecimiento, que sorprenda a propios y extraños, que mueva a los indecisos y a los abstencionistas, que implique una ruptura, que abra el panorama hacia lo desconocido, que construya una “pluralidad genérica infinita” (Badiou).

Se requiere que aquellas fuerzas políticas que representan lo alternativo se atrevan a romper con los partidismos estrechos, que convoquen al ciudadano “del común”, que se salgan del libreto conocido y se atrevan a descubrir lo paradójico. Esas fuerzas han venido apareciendo –sobre todo en las ciudades y entre la juventud– y se han planteado construir una “amplia coalición ciudadana independiente” contra la corrupción.

En Colombia lo paradójico es salirse de la polarización entre Uribe y Santos. La paradoja del momento es hacer política "anti-política". Es, también, estar convencidos que se puede derrotar a los corruptos. Es demostrar que las grandes mayorías pueden ser movilizadas sin declararse enemigo de uno u otro contendiente político. En Colombia lo paradójico es hacer una política firme pero tranquila, sin insultos ni coscorrones, sin politiquería ni clientelismo.

La juventud debe acompañar ese esfuerzo de unidad entre lo más sano de los movimientos y partidos políticos, y lo mejor de la ciudadanía.

Lo paradójico en Colombia es no sólo tener el compromiso de cumplir los acuerdos de paz sino tener la voluntad política de romper con las dinámicas existentes (económicas, sociales, políticas y culturales) que generan violencias de todo tipo.

Se requiere mucha creatividad, sentido de lo colectivo, capacidad de sorprender y mucha alegría. ¡Mucha alegría y optimismo!


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miércoles, 29 de marzo de 2017

¿QUÉ PASÓ CON EL “BLOQUE HISTÓRICO”?

El “fin del ciclo” de los gobiernos progresistas en América Latina…

¿QUÉ PASÓ CON EL “BLOQUE HISTÓRICO”?

Bogotá, 30 de marzo de 2017

El auge de los gobiernos “progresistas” y “revolucionarios” en América Latina está en un evidente declive. Es inocultable. Todos los analistas reconocen que el proceso que llevó a diversos movimientos y partidos alternativos a convertirse en gobiernos fue resultado del empuje de las luchas de importantes sectores populares organizados. Las movilizaciones y verdaderas rebeliones de los trabajadores, campesinos, indígenas, habitantes de barrios populares y parte de las clases medias, fue el soporte real para la aparición de ese fenómeno social, político e institucional. Hoy ese movimiento popular no existe o está paralizado.

Algunos teóricos, apoyados en las ideas de Antonio Gramsci sobre el “bloque histórico” y la “hegemonía social y política”, pensaron que efectivamente en esta región del mundo esos sectores sociales “subalternos” habían logrado desarrollar un proceso socio-político de nuevo tipo, y que dichos gobiernos se iban a convertir en herramientas no sólo para derrotar y superar el neoliberalismo sino para avanzar hacia fases post-capitalistas. Pero, es absolutamente visible que no ocurrió ni lo uno ni lo otro.

Ahora que amplios sectores de la sociedad de estos países están apoyando proyectos político-electorales de las derechas restauradoras, muchos de esos analistas se limitan a identificar los errores cometidos por los dirigentes políticos de esos movimientos progresistas y de izquierda, como fueron las alianzas con sectores de derecha y la connivencia con personajes corruptos, no haber profundizado las reformas políticas y económicas, y otras deficiencias de ese tipo, pero no se cuestionan sobre la naturaleza de los procesos organizativos de los sectores populares.

Tal parece que esas expectativas sobre el “bloque histórico” fueron esperanzas mal fundadas y cálculos apresurados. La práctica demostró que dichos movimientos no habían madurado y consolidado una propuesta política de largo plazo, no habían elaborado un consistente pensamiento crítico ni una narrativa transformadora. En realidad, representaban luchas sectoriales y gremiales que fácilmente fueron cooptadas por los nuevos gobiernos que eran encabezados por líderes y dirigentes que no tenían una perspectiva verdaderamente revolucionaria y que al llegar a los gobiernos se engolosinaron con el “Estado heredado”. Esa es la verdadera causa del “fin del ciclo” y de las dificultades y limitaciones para recuperar la iniciativa.

La realidad es que el Nuevo Bloque Histórico no va a surgir de un momento para otro. No será el que “a medias” se expresó en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina, Uruguay, El Salvador e incluso, parcialmente, en países como Honduras, Chile, Paraguay, Colombia, Perú, y República Dominicana. O sea, el conformado por los trabajadores “fordistas” y estatales, los campesinos sin tierra, los indígenas y sectores populares, con alta incidencia rural. Esos sectores de clase no muestran hoy condiciones para ser la cabeza de un “bloque histórico”.

El Nuevo Bloque Histórico empieza a ser protagonizado por “nuevos” sectores sociales. Recién está surgiendo en el mundo y en América Latina. Se está desarrollando en las ciudades entre las llamadas “clases medias” (profesionales precariados, pequeños y medianos emprendedores, técnicos y tecnólogos, trabajadores precarizados, etc.) y en el campo, lo encabezan los pequeños y medianos productores agrarios que construyen procesos económicos tecnificados. Las izquierdas, no los perciben, no los “ven”, y por lo tanto, no los entienden. Con esa actitud los lanzan al campo enemigo diciendo –como lo hace el presidente Correa– que sufren el “síndrome de doña Florinda” (http://bit.ly/2odQPAB).

La gran diferencia con los sectores que se movilizaron en las décadas de los años 80s y 90s del siglo XX y la primera década del siglo XXI, es que son sectores productivos que necesitan con urgencia un “post-capitalismo” pero no de tipo estatal ni paternalista. Y entienden, un poco instintivamente, que ese post-capitalismo no surgirá de la escasez y la pobreza sino de la abundancia. A esos sectores no les interesan economías cerradas ni igualitarismos construidos artificialmente. No apoyan las fórmulas inviables y fracasadas del “socialismo del siglo XX”, basado en el “capitalismo de Estado”, en la “planificación centralizada” y en la “expropiación de los expropiadores”.

No les entusiasma tampoco acabar con el mercado por medios administrativos sino regularlo creativamente para impedir la acción destructiva de los monopolios. Lo que les interesa a esos sectores sociales es desarrollar al máximo las fuerzas productivas, utilizar los avances tecnológicos para impulsar las economías colaborativas que desde las entrañas del capitalismo están socavando las bases del mismo sistema crematístico (Rifkin, Mason)[1], y que a la vez, permiten desarrollar energías limpias y demás formas –tecnológica y socialmente– avanzadas de proteger la naturaleza e impedir la hecatombe económica, social y ambiental.

Y para lograrlo, ese Nuevo Bloque Histórico, aún en su etapa incipiente, no descarta la lucha por lograr el control de los Estados y gobiernos, pero no con la ilusión vana de “hacer la revolución desde arriba” (grave error de los gobiernos progresistas y de “izquierda” de América Latina) sino para garantizar plenamente la lucha abierta entre las mayorías democráticas y las minorías capitalistas. Dichos sectores sociales rechazan a los gobiernos autoritarios que prometen la igualdad y equidad pero que no garantizan ni la democracia ni la libertad.

Por eso, la “coalición ciudadana anti-corrupción” en Colombia, que ya está en marcha entre las “clases medias”, incluso con el apoyo de empresarios cansados de la corrupción política y administrativa, puede ser el germen (todavía incipiente) de ese nuevo bloque histórico en formación. Allí, los sectores políticos anti-capitalistas pueden jugar un importante papel siempre y cuando superen sus complejos “puristas” y actúen con autonomía e independencia.

Desgraciadamente, las cúpulas dirigentes de los trabajadores estatales, de los trabajadores “fordistas”, de los campesinos e indígenas (en el caso colombiano y pareciera que en América Latina), están cooptadas por el capitalismo burocrático, van a la cola de las nuevas burguesías emergentes que son las que tienen el poder económico y político en los territorios. Desde hace un buen tiempo esas élites dirigentes se han aislado de sus bases sociales y aliado con diversos sectores de las oligarquías aunque en la retórica se presenten como “revolucionarios”, independentistas y anti-imperialistas beligerantes.

El surgimiento de ese Nuevo Bloque Histórico es un proceso global, embrionario, en desarrollo acelerado, y es un fenómeno social que anuncia la aparición de lo realmente nuevo. El post-capitalismo ya tiene expresiones sociales, económicas, políticas y culturales en muchas regiones del mundo. Están apareciendo prácticas y experiencias de diversa naturaleza que –poco a poco– enfrentan de una forma nueva las relaciones de dominación capitalista.

La utopía de un mundo basado en la colaboración, reciprocidad, solidaridad e innovación creativa ya no es sólo un sueño, está emergiendo desde lo más avanzado de la producción y la tecnología (revolución cibernética, computacional, informática, comunicacional y energética) pero también desde las “bolsas de resistencia popular” como en Chiapas (Sur de México) y Rojava (Norte de Siria y sur de Turquía). Y en muchas otras partes se avanza en esa dirección.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado




[1] Rifkin, Jeremy (2014). “La Sociedad de coste marginal cero: El internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo”. Mason, Paul (2015). “Postcapitalismo: Hacia un nuevo futuro”.