miércoles, 22 de marzo de 2017

EL VERDADERO DEBATE: CORRUPCIÓN, COOPTACIÓN Y OPORTUNIDAD

EL VERDADERO DEBATE: CORRUPCIÓN, COOPTACIÓN Y OPORTUNIDAD

Bogotá, 22 de marzo de 2017

El debate político entre los demócratas (y las izquierdas) finalmente se ha formalizado. El pasado viernes 17 de marzo en el Centro Cultural Gabriel García Márquez en Bogotá, se mostraron algunas cartas y argumentos. No todos asistieron pero los mensajes fueron claros. 

Corrupción y cooptación

Las castas dominantes colombianas no pueden tapar su podredumbre. Los escándalos de corrupción les han estallado en la cara en plena campaña electoral. Ésta arrancó el pasado 2 de octubre de 2016 (Plebiscito). No saben cómo ocultar su descomposición moral que se ha hecho evidente con los sobornos de Odebrecht pero que venía de atrás con numerosos hechos de corrupción ocurridos tanto en este gobierno como en anteriores (Reficar, Fondelibertad, Saludcoop, Cafesalud, etc.). Altos funcionarios y poderosos empresarios están en la mira.

Para impedir que la indignación ciudadana se convierta en una avalancha política que los saque del gobierno, las cúpulas corruptas intentan confundir a la opinión pública usando diversas estrategias y trucos. Todos reaccionan con cinismo absoluto e intentan desmarcarse oportunistamente. “Me acabo de enterar” dice el presidente Santos; Uribe convoca a una marcha y lanza propuestas de momento; y Vargas Lleras intenta distanciarse de su partido Cambio Radical comprometido con graves conductas delictivas en varios departamentos. 

Paralelamente, los precandidatos (as) y dirigentes políticos como Claudia López, Antonio Navarro, Jorge Enrique Robledo y Sergio Fajardo están construyendo una alianza política y convocan a conformar un gran “movimiento ciudadano” que vaya mucho más allá de la suma de los partidos o grupos políticos (Alianza Verde, Polo, Compromiso Ciudadano), para convertir la campaña electoral de 2018 en un gran plebiscito contra ese fenómeno corruptor que ha hecho metástasis tanto en el Estado como en la sociedad.

Algunos sectores de la “izquierda liberal”, totalmente cooptados por el establecimiento oficial, con Ministra de Trabajo a bordo, intentan trivializar la lucha contra la corrupción y pretenden oponerla al apoyo a la implementación de los acuerdos firmados con las FARC. No obstante, la realidad muestra que estos gobiernos descompuestos no pueden cumplir con los acuerdos como lo demuestran las evidencias: decenas de asesinatos de dirigentes sociales y absoluta incapacidad institucional en el proceso de desmovilización de la guerrilla.  

Ese proceso de cooptación de una buena cantidad de dirigentes de “izquierda” y de organizaciones sociales es una circunstancia que explica la crispación que ha generado entre esas cúpulas el surgimiento de la “alianza anti-corrupción”. Les preocupa que se desencadene una fuerte “ola democrática” que derrote en las elecciones de 2018 tanto a “santistas”, “uribistas” y “vargas-lleristas”. Para ellos, está en peligro la continuidad de convenios, proyectos, recursos y burocracia negociada con el gobierno desde los paros y movilizaciones del 2013 y demás actividades que se entrelazaron con la campaña del Plebiscito.

En esas circunstancias, con ellos poco sirve el debate ideológico: la “mermelada” es el principal y único argumento. Y dirán… ¡la necesidad tiene cara de perro!

El verdadero debate a profundizar   

Lo que hay que reiterar es que Colombia no pasará del infierno al cielo. Viviremos un buen tiempo en el purgatorio. Un país tan fracturado y lastimado por la guerra y la corrupción no puede dar un salto de ese tipo. Por ello hay que insistir en que la terminación negociada del conflicto armado no es la inmediata “paz”. Se requerirá un largo proceso de superación de las causas que originaron el conflicto, lo que implica ante todo, derrotar políticamente a quienes lo provocaron y utilizaron. La persistencia de la violencia en las regiones ligada a proyectos extractivos y el incremento del narcotráfico, son pruebas de esa verdad.

El purgatorio es lo que llaman “transición” o “postconflicto”. Es muy importante precisar que si la transición es manejada por los políticos corruptos y las clases dominantes que generaron e instrumentalizaron la guerra interna, no habrá el más mínimo cambio y podemos regresar al infierno. Con el “uribismo” o su contraparte “santista” en el gobierno, el regreso a la barbarie está asegurado. Cómo derrotarlos a ambos es la esencia del problema que debemos resolver los demócratas colombianos (y las izquierdas) de cara al 2018. 

En las diversas izquierdas colombianas existen básicamente tres posiciones. Algunos planteamos que se debe construir una “convergencia ciudadana” con un perfil de centro-izquierda para poder ganar. Otros proponen que la izquierda debe elaborar un programa totalmente anti-neoliberal y liderar un frente amplio. Y unos más, esbozan que hay que impulsar una “coalición por la paz” con los sectores que apoyaron el SI en el plebiscito, incluyendo a liberales, conservadores y de la “U”. Es el meollo de la discusión actual.

Mientras ese debate no se afronta con presteza y seriedad al interior de las izquierdas, las fuerzas del establecimiento avanzan con pragmatismo. Vargas Lleras lleva varios años consolidando su proyecto burocrático con la ayuda del presidente Santos. Por otro lado, dirigentes de la “unidad nacional” (liberales, conservadores, de la “U” y otros que no dan la cara), conscientes del peligro de perder el gobierno por efecto de los escándalos de corrupción, aceleradamente organizan el “Partido de la Paz”. Será la plataforma para el único candidato que tienen para enfrentar la “alianza anti-corrupción” que está en marcha. Claro, para engañar, argumentan que es para oponerse a Vargas Lleras y al uribismo. 

Ese candidato no es otro que Humberto de La Calle Lombana que muy seguramente estará acompañado por Clara López. Las FARC van a lanzar su propio partido o movimiento pero no presentarán candidato a la presidencia de la república. No es difícil saber a quién apoyarán. Así, intentan canalizar fuerzas de izquierda que como siempre (desde 1930), irán a la cola de las clases dominantes, que son las que manejan los hilos.

Detrás de esa estrategia está la gran burguesía transnacional. Cómo lo demuestran los sobornos de Odebrecht, el gran capital siempre juega a varias bandas. Los grandes “cacaos” colombianos y extranjeros estarán detrás de esa candidatura pero también de la de Vargas Lleras y el uribismo. Incluso, intentarán influir en la coalición de centro-izquierda para ir totalmente a la fija. Habrá que impedirlo eligiendo a quien ofrezca garantías de total independencia. Allí estará la clave de ese proceso ciudadano que está en desarrollo.

Conclusión

La oportunidad para salir del infierno está servida. Construir ese “movimiento o convergencia ciudadana” que presente listas unificadas a la Cámara y al Senado en todo el país (en cada departamento) y una candidatura única a la Presidencia de la República, es la tarea del momento. Ir más allá de los partidos, buscar y vincular al ciudadano “de a pie”, convocar y llegarle a las mayorías abstencionistas, es el arte y la acción que debemos inventar y realizar. Todo está en nuestras manos.


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado 

lunes, 13 de marzo de 2017

DERROTAR A LOS POLÍTICOS CORRUPTOS ES EL CAMINO PARA CONSOLIDAR LA PAZ EN COLOMBIA

La necesidad de un debate democrático y franco…

DERROTAR A LOS POLÍTICOS CORRUPTOS ES EL CAMINO PARA CONSOLIDAR LA PAZ EN COLOMBIA

Bogotá, 13 de marzo de 2017

Una breve síntesis histórica

La oligarquía asesinó a Gaitán en 1948 porque éste se había apoderado del partido liberal para ponerlo al servicio del pueblo. Además, era inminente su elección como Presidente de la República.

Después del crimen, los verdaderos liberales gaitanistas fueron mermados a sangre y fuego durante los siguientes años, lo que generó que muchos de ellos se organizaran para resistir y, más adelante, con la influencia del Partido Comunista se convirtieran en las FARC.

Los dirigentes liberales se coaligaron con los conservadores desde 1957 para impedir cualquier resurgimiento de la rebelión. Le llamaron “Frente Nacional”.

Paralelamente, utilizaron a Alfonso López Michelsen con su Movimiento Revolucionario Liberal MRL para canalizar y controlar a los liberales gaitanistas y a los comunistas que no se fueron para el monte.

Simultáneamente apareció el único movimiento político que no estuvo de acuerdo con la lucha armada que se denominó el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario MOIR.

En 1970, el inconformismo y la rebeldía buscaron otros canales de expresión apoyando al General Rojas Pinilla a quien le robaron las elecciones mediante el fraude y, entonces, apareció el Movimiento 19 de abril M19. 

Durante las dos décadas siguientes el movimiento social y popular se fortalece en muchas regiones y ciudades de Colombia. Surgen infinidad de movimientos cívicos por todo el país y las diversas fuerzas insurgentes mantienen y amplían su presencia en muchos territorios (FARC, ELN, M19, EPL, Quintín Lame y otros grupos).

En 1990 la oligarquía impulsa procesos de paz con algunas guerrillas (M19, EPL, MAQL, PRT, CRS) y se convoca la Asamblea Constituyente de 1991 prometiendo la democratización del país. Su plan fue aplicar el primer paquete neoliberal (apertura económica y privatización de empresas públicas) usando la cobertura de ese proceso. Lo logran totalmente, engañando al pueblo con leyes y normas que nunca se cumplen.

En 2002 la oligarquía se unifica alrededor de Álvaro Uribe Vélez, después del fracaso de los diálogos del Caguán con las FARC (1998), para intentar la derrota militar de las guerrillas que no habían participado en los anteriores acuerdos. Los insurgentes habían logrado fortalecer sus fuerzas –especialmente en lo logístico y militar– aprovechando la existencia del narcotráfico, la minería legal e ilegal y las economías paralelas, que les garantizaban un permanente financiamiento de la actividad subversiva pero habían perdido influencia política debido a la degradación de la guerra que afectó a amplios sectores populares.

En 2012 Juan Manuel Santos, siguiendo las órdenes del gobierno de los EE.UU. encabezado por Barack Obama, quien diseñó un cambio de política frente a Cuba y América Latina, inicia los diálogos de La Habana con las FARC para terminar el conflicto armado.

Finalmente en noviembre de 2016, después de más de 4 años de negociaciones (después de la derrota del Plebiscito) se acuerda una Reforma Constitucional mediante el método del "fast track" (vía rápida en el Congreso Nacional) y las FARC inician su proceso de desmovilización.

El momento actual y las alternativas políticas a la vista

En los últimos 27 años la nación colombiana ha acumulado una serie de problemas que son resultado del modelo de desarrollo imperante. Se destacan los siguientes: la apropiación monopólica de la riqueza nacional por poderosos conglomerados capitalistas transnacionales, la desindustrialización y la reprimarización del aparato productivo, la destrucción de importantes recursos naturales y de fuentes hídricas, la quiebra fiscal del Estado y la descomposición del mismo por efecto de la corrupción político-administrativa, la inmensa desigualdad social y económica, la delincuencia y la inseguridad disparadas a todos los niveles que están asociadas al desempleo y la pobreza que afecta a amplios sectores de la población rural y urbana.

Como consecuencia de lo anterior, existe una fuerte y generalizada percepción entre la ciudadanía que se requieren cambios sustanciales para reencauzar al país en la búsqueda de bienestar para las mayorías de la población; mucho más cuando estamos a un paso del fin del conflicto armado con las guerrillas insurgentes.

Es por ello que en las elecciones de 2018 se definirán dos aspectos fundamentales que están totalmente relacionados: a) la derrota política de los enemigos declarados y camuflados de la terminación del conflicto armado, y b) la derrota de los políticos clientelistas y corruptos. Estos son sectores políticos imbricados, superpuestos, solapados y entrelazados, que quieren mantenerse en el gobierno para aplicar el segundo paquete neoliberal (entrega de territorios, zonas francas y turísticas, riquezas naturales, biodiversidad y mercados al gran capital transnacional).

Las burguesías (transnacional, burocrática y emergente) quieren repetir la experiencia de 1991, en donde a la sombra del “proceso de paz” mantuvieron su poder político atrayéndose a la izquierda y a los movimientos políticos organizados por los insurgentes desmovilizados pero sin ceder en aspectos estructurales (modelo económico y estructura del Estado), como lo demostraron a lo largo de la negociación con las FARC.

Sin embargo, todo apunta a que ésta vez esa fórmula no les va a funcionar. A pesar de contar con la ayuda indirecta de los terratenientes reaccionarios y otros sectores guerreristas que amenazan con sabotear y desconocer los “acuerdos de paz”, ha surgido un movimiento político ("alianza anti-corrupción"), que representa principalmente a los sectores más avanzados de los trabajadores y de las clases medias de las ciudades. Las fuerzas que lo integran se han deslindado de las fuerzas “santistas” y “uribistas” para elegir en 2018 un gobierno que impulse una verdadera democratización del país, se cumplan y desarrollen plenamente los acuerdos con las FARC y se inicie un proceso de transformación del país que sea soporte de una verdadera paz.

La necesidad de un debate abierto y tranquilo

Hoy se ha empezado a desarrollar un debate al interior de las fuerzas democráticas y de izquierda –no tan abierto ni con la seriedad y ecuanimidad que requiere el momento– sobre la estrategia a impulsar. Diversos artículos de prensa han empezado a circular y a plantear las diversas opiniones sobre este importante asunto.

Quienes sobredimensionan el peligro de que el “uribismo” regrese al gobierno plantean que hay que constituir una alianza con sectores políticos del establecimiento (liberales, de la U, conservadores, etc.) para darle continuidad al proceso de paz.

Quienes aspiran a derrotar simultáneamente a “santistas” y “uribistas” argumentan que existen las mejores condiciones políticas para vencer plenamente a todos los políticos corruptos, ganándose a todas las fuerzas sanas de la Nación y motivando a los amplios sectores abstencionistas. Ellos están convencidos que esa tarea es la única garantía de cumplir plenamente los acuerdos de paz y avanzar por nuevos caminos.

Este debate debe profundizarse y aclararse. Hay que organizar foros donde representantes de amplios y diversos sectores políticos se encuentren y discutan de cara a la sociedad. Se debe hacer con apertura mental y respeto mutuo, sin rencores y cobros de cuentas pasadas, con espíritu de verdadero entendimiento, sin sectarismos ni revanchismos innecesarios. Sólo así podremos avanzar por caminos de unidad o de disenso civilizado.

Seguir por la senda de los ataques arteros reviviendo rivalidades y enfrentamientos del pasado, no es la actitud consecuente de quienes dicen estar comprometidos con la paz y la reconciliación.       


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

viernes, 10 de marzo de 2017

SI NO ES EL FIN DE UN CICLO… ¿QUÉ ES?

Algo no cuadra…

SI NO ES EL FIN DE UN CICLO… ¿QUÉ ES?

Bogotá, 11 de marzo de 2017

Ecuador confirmó la tendencia. Lo que terminó no fue el ciclo de ascenso de los gobiernos “progresistas”. Lo que declinó fue el auge de las luchas populares que facilitaron la elección de muchos gobernantes democráticos, independentistas y “socialistas”.

Pero, paralelamente, se ha iniciado un nuevo proceso de movilización social protagonizado por nuevos actores sociales –jóvenes y citadinos–, que los movimientos de izquierda y gobiernos “progresistas” parecieran no entender. Algunos ya los acusan de ser manipulados por la CIA o por fuerzas oscuras. La lucha contra la corrupción está entre sus banderas.   

Lo ocurrido en las pasadas elecciones en Ecuador realizadas el 19 de febrero, que el analista argentino Atilio Borón llamó la nueva “Batalla de Stalingrado”, confirmó lo que muchos politólogos latinoamericanos querían ocultar o negar: los “procesos de cambio” están a la defensiva, los gobiernos se han desgastado, hay cierta desconexión con los movimientos sociales y la sociedad, y no existe claridad sobre cómo retomar la iniciativa. 

En los países en donde los gobiernos “progresistas” fueron derrotados, la gran esperanza de los intelectuales orgánicos de los “procesos de cambio” consiste en que algunas de las figuras destacadas como Lula o Cristina, regresen a los gobiernos aprovechando las falencias de las derechas en sus ejercicios de gobierno. En ningún momento se plantean una autocrítica para no sólo rectificar sus políticas sino replantearse toda la dinámica que llevó a la derrota.

En otros casos, se aboga por que los caudillos se mantengan por tiempo indefinido a la cabeza de los gobiernos, como ocurre con Daniel Ortega en Nicaragua, quien es un ejemplo a seguir. En Bolivia, Ecuador y Venezuela, es una idea bien vista entre los “revolucionarios”.

Además, el marco internacional también es confuso. La teoría centrada exclusivamente en los análisis geopolíticos, en la explicación de los avances o retrocesos de los pueblos y de los trabajadores con base en las acciones (y no-acciones) del imperio estadounidense y/o de sus contrapartes, como Rusia, China, Irán, etc., ya no ofrece respuestas y salidas consistentes.

Incluso, la mirada de lo que ocurre en Europa y EE.UU., en donde el “populismo de derecha” ha logrado canalizar la inconformidad de amplios sectores de los trabajadores y de la población contra la globalización neoliberal, ha cogido fuera de base a nuestros analistas.

Acostumbrados a leer todo con enfoques lineales que giran alrededor de la acción de los bloques geopolíticos (Occidente Vs. Oriente, etc.), y en dónde los pueblos y los trabajadores no aparecen por ningún lado, ahora están desconcertados. La vida no concuerda con sus ideas.  

Muchos, por simple reacción –y se les nota a leguas– hacen fuerza por Trump. De acuerdo a su lectura, el Departamento de Estado, la CIA y demás organismos de inteligencia estadounidense, que según ellos todo lo preveían y manipulaban en el mundo, fueron derrotados en su terreno por un “outsider”, un “millonario incapaz, obsesivo y compulsivo”, y por tanto, ya preparan una “revolución de colores” dentro de su propio país. Pero, definitivamente… ¡algo no cuadra!

Esa lectura acomodaticia los lleva a plantear que el actual gobierno estadounidense ya está en la órbita de los aliados de los gobiernos “progresistas”, que son los países de los BRICS. Ahora sus teorías sobre el imperio se centran sólo en los Clinton, Obamas, etc., que si son los verdaderos enemigos.

El problema es que Trump es más obtuso, reaccionario y chovinista que las derechas convencionales y, por tanto… ¿cómo podría ser visto como aliado por los pueblos y los trabajadores latinoamericanos cuando pretende construir un muro en la frontera con México y expulsar millones de inmigrantes? En serio… ¡no cuadra!       

Podemos afirmar que una concepción política que ha estado al frente de los “procesos de cambio” en América Latina, que eran un referente para los trabajadores, los pueblos y la intelectualidad revolucionaria del mundo, ha mostrado grandes falencias y contradicciones.

La verdad es que nos toca sentarnos a estudiar. Hoy, el pensamiento de muchos teóricos revolucionarios y de investigadores científicos ha venido avanzando en forma considerable. Se han evaluado y re-valuado muchas de las ideas que hasta hace poco eran aceptadas y catalogadas como “doctrina”, incluidas algunas del mismo Marx. ¡Y eso está bien!

Seguir apegados a una “doctrina” que demostró no estar madura para orientar las luchas de los trabajadores y de la humanidad, es negarse a esforzarse a revisar críticamente nuestras experiencias y duras derrotas. Sería no estar dispuestos a avanzar.

Hay que profundizar mucho más a fin de prepararnos para afrontar los momentos de auge revolucionario que, evidentemente, se están acumulando en el mundo. Debemos atrevernos a volver a pensar y actuar como verdaderos revolucionarios.

Boaventura de Sousa Santos ha dicho que “Europa debe regresar a la escuela del mundo, como alumna”. Yo pienso que todos los pueblos y los trabajadores del mundo debemos hacerlo.

La grave situación de la humanidad y del planeta frente a un capitalismo en decadencia nos obliga a cuestionar a fondo los cimientos teóricos que hemos venido pisando. ¡La vida nos empuja…!  


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

miércoles, 8 de marzo de 2017

HAY QUE RESCATAR EL ESPÍRITU DE BATEMAN

HAY QUE RESCATAR EL ESPÍRITU DE BATEMAN

Bogotá, 8 de marzo de 2017

En homenaje al día internacional de la lucha de la mujer trabajadora

Hay personas que dicen ser demócratas, de avanzada, progresistas y, además, que actúan acorde con los avances de la sociedad y de la ciencia, y plantean que hay que trabajar en Red y con sentido Colaborativo.

Pero...

- Les molesta que otras personas piensen y actúen diferente.

- Rivalizan con todo aquel o aquella que se destaque y no haga parte de su proyecto, grupo o partido.

- Inventan toda clase de argumentos para oponerse a quienes los superen o muestren mayor capacidad.

- Cuando alguien impulsa una iniciativa diferente, en vez de apoyarla para mejorarla, lo que hacen es oponerse y tratar de desprestigiarla.

- Utilizan todo tipo de adjetivos o señalamientos para descalificar a la persona pero nunca asumen el debate de las ideas.

- Juzgan a las otras personas con un rasero o medida muy diferente con el que se miden ellos mismos.

- No creen que las personas puedan cambiar o avanzar y, por ello, revisan minuciosamente los supuestos errores o fallas reales que hayan cometido en el pasado para descalificar su actuación actual.

- Son perfeccionistas con los demás pero totalmente flexibles y permisivos consigo mismos.

Todo esto ocurre porque...

- Tienen una mirada demasiado estrecha, inmediatista y egoísta.

- No ven el mundo en permanente movimiento y desarrollo.

- No viven el presente de cara al futuro sino mirando al pasado.

- No se percatan de la enorme complejidad del mundo y de que hay muchos caminos y formas de luchar y de llegar al mismo objetivo.

- Tienen miedo a la libertad porque se acostumbraron a lo tradicional, a lo viejo y lo seguro, son fieles a un grupo o a una doctrina, y son seguidores de un caudillo. En fin, no piensan con cabeza propia.

De esa manera nunca podrán comportarse como verdaderos demócratas, actuarán como feligreses de una iglesia, nunca podrán actuar en efectiva Red y menos con sentido de Colaboración.

Sin embargo, el mundo hoy va por otros caminos...

- Mucha gente está dispuesta a apoyar y ayudar sin pedir nada a cambio.

- Está surgiendo un sentido de "individualidad colectiva" que hace que la gente se conecte y actúe sin necesidad de sentirse "amarrado" a un proyecto.

- Los jóvenes exigen más "acción" que ideología, o sea, mostrar lo que somos no por lo que digamos sino por lo que hacemos.

Aunque nunca fui militante del M19, admiré en Bateman el espíritu de apoyar toda iniciativa siempre y cuando no fuera dañina. "Hágale hermano, echemos adelante esa idea que en el camino la mejoramos", siempre decía...


(Perdonen el "corrientazo" y de pronto el "tono" pero noto mucho "celo", prevención, esquematismo, rivalidad insulsa... que no lleva a nada y lo que hace es paralizar, desanimar, sabotear).

lunes, 6 de marzo de 2017

CLAUDIA LÓPEZ AL ATAQUE

CLAUDIA LÓPEZ AL ATAQUE 

Bogotá, 6 de marzo de 2017

Una menuda, valiente y temperamental mujer se destaca por estos días en la política colombiana. Poco a poco se constituye en un fenómeno político. Es pre-candidata presidencial hacia 2018. Fue una de las personas más votadas en las pasadas elecciones de 2014. Ha mostrado que no tiene miedo ni pelos en la lengua. Dice las cosas con crudeza y afronta los debates en forma directa. Es senadora del partido Alianza Verde pero actúa como un “outsider” o un anti-político. En la actualidad encabeza una campaña de recolección de firmas para realizar una consulta popular con el lema de “vence al corrupto”. Va muy bien y muestra voluntad y persistencia únicas.

Ella se sale de todos los parámetros del ambiente cortesano de la política colombiana. Es anti-uribista a morir, se ha enfrentado al gobierno de Santos por múltiples motivos, no se deja encasillar entre izquierda y derecha, es declaradamente homosexual y ha liderado luchas en favor de la comunidad LGTBI, y apoya causas ambientales pero sin caer en fundamentalismos anti-extractivistas. En lo económico no se declara enemiga del mercado pero propone una intervención moderada del Estado en contra de abusos monopolistas. A veces cae en polémicas personales en defensa de sus ideas pero es un aspecto que debe superar para mostrarse como una verdadera estadista capaz de asimilar toda clase de críticas.     

Como era de esperarse ya se iniciaron los ataques en su contra (Ver: http://bit.ly/2mndj0r). Tratan de explotar que al interior de los “verdes” –sobre todo en las regiones–, se infiltraron desde 2010 una serie de personajes con pasados oscuros o no muy claros. Esa situación es muy positiva para ese movimiento por cuanto obligará a las bases partidarias a ser vigilantes con sus miembros y a los directivos a depurar sus filas. Y ese ejemplo debe cundir en otros partidos que han definido la lucha contra la corrupción político-administrativa como una de sus prioridades de cara a las elecciones del próximo año. No hay mal que por bien no venga.

La senadora Claudia López es un ejemplo de cómo las sociedades construyen personalidades para responder a necesidades vitales en un momento específico. La tarea que se les encarga a esas figuras individuales es ayudar a destrabar conflictos represados y avanzar por nuevas sendas. Y por ello, esos individuos deben aprender y evolucionar en medio de su trasegar político. Para hacerlo tienen que estar atentos a lo que la sociedad quiere y sugiere, y, a la vez, ser capaz de sintonizarse con nuevos vientos para incentivar entre las gentes las mejores cualidades y actitudes. Enseñar aprendiendo y aprender para poder enseñar.   

En ese sentido, la gente quiere superar a Uribe y a Santos, y gran parte de lo que ellos representan. Al primero le reconocen su sentido de autoridad pero no aceptan su desviación despótica que se convirtió en acción criminal dentro del Estado. Al segundo se le abona que se jugó por el fin negociado del conflicto armado pero se le cuestiona la vacilación y debilidad que siempre demostró al no ser capaz de romper totalmente con Uribe. Unas de cal y otras de arena, como en todo.

Es por ello que la sociedad colombiana aspira a elegir un gobierno que muestre mucha firmeza frente todo tipo de corrupción y criminalidad, que consolide el proceso de paz con profesionalismo, sin demagogias pacifistas y con responsabilidad social con las víctimas directas de la guerra, y que nos ayude a todos, a superar la polarización entre la guerra y la paz, entre Uribe y Santos. Y en ese sentido, Claudia López –a pesar de todas las fallas y cuestionamientos que se le puedan hacer desde las izquierdas y derechas– ha empezado a construir una imagen que corresponde a esos anhelos societales de una nueva esperanza.

Desde un enfoque lineal y mecanicista, lo lógico era que surgiera en Colombia un “populismo de izquierda” para enfrentar al “populismo de derecha” de Uribe. Pero la realidad es más compleja y dispar. Otros factores trastocaron las cosas. La guerra se degradó a unos niveles inconcebibles que obligan a los actores armados a tomarse su tiempo para sanar heridas y demostrar su compromiso con la paz y la democracia. Por eso, la mayoría de los colombianos no van a escoger a un representante de la izquierda para gestionar el gobierno del postconflicto, así muchos de ellos no tengan nada que ver con las situaciones degradantes.  

Tampoco van a apoyar a quienes negociaron con la guerrilla. Ellos ya cumplieron su papel y deben hacerse a un lado. Mucho más cuando, aunque no hayan cedido en aspectos fundamentales de la negociación (modelo económico y estructura del Estado), mostraron en aspectos de forma varias señales de debilidad que fueron explotados por los enemigos de la paz para que fueran malinterpretados por amplios sectores de la ciudadanía que se manifestaron el pasado 2 de octubre. Fue lo que obligó al gobierno a modificar los acuerdos. Son imágenes que quedan en la retina de la gente y determinan su comportamiento inmediato.

Por ello, que se vayan perfilando personas como Claudia López es algo muy positivo para la Nación colombiana. Y que ella, con otras personalidades, candidatos, movimientos políticos, organizaciones sociales y colectivos de jóvenes puedan construir las bases de un Nuevo Proyecto Político que gobierne durante varios períodos presidenciales con decencia, firmeza, eficiencia y sentido social, es la posibilidad que la compleja realidad colombiana empieza a mostrar. Son las señales que hay que saber leer para sintonizarse con las mayorías.

Ese será el verdadero “gobierno de transición” y detrás de él (o a su lado pero sin dejarse cooptar), deberán aparecer nuevos procesos y movimientos sociales y políticos que avizoren nuevos caminos post-capitalistas, frente a una situación global que deja ver que el mundo requiere de grandes cambios para poder sobrevivir a las múltiples y complejas crisis que lo agobian. Otros países y pueblos van a ir evolucionando hacia esos escenarios después de sufrir temporales retrocesos como los que viven Argentina, Brasil, Venezuela y Ecuador. La vida obliga y hay que hacerle caso.


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado        

martes, 28 de febrero de 2017

A LA CAZA DE LOS CORRUPTOS

Dirigentes de “izquierda” en búsqueda del tiempo perdido…
   
A LA CAZA DE LOS CORRUPTOS

Bogotá, 28 de febrero de 2017

¡Por fin! Tres importantes dirigentes de la “izquierda” colombiana, cada uno por un camino diferente y aún con vacilaciones y dudas, van hacia el encuentro con las grandes mayorías de la población que durante el pasado plebiscito (2 de octubre), o se abstuvieron, o dijeron NO a Santos y a las FARC, o votaron por un SI plenamente consciente de querer acabar con una guerra instrumentalizada por el imperio y las castas dominantes.

Los “tres” han sido incentivados por la actitud beligerante y valiente de una senadora que, así a veces actúe con algo de tosquedad y sin ningún cálculo político, procediendo casi como una candidata “outsider”, va en la misma dirección –buscando encontrarse con ese pueblo que muchos califican de indolente y apático– pero que como lo afirma un amigo intelectual destacado, tiene el mérito de no haberse dejado embaucar de la casta dominante, ya que desconfía de una paz llena de mentiras, demagogia y falsedad. Ella –la senadora– proviene de otras toldas diferentes a la “izquierda” pero por el momento marca la pauta y ha tomado la iniciativa con la recolección de firmas para realizar una consulta popular y con su llamado “¡vence al corrupto!”.  

Claro, no se puede desconocer el papel que han jugado los dirigentes de “izquierda” en la lucha contra la corrupción de “los de arriba”. Uno de ellos, se destacó por enfrentar a los paramilitares durante el gobierno de Uribe, usando incluso muchas de las investigaciones en las que participó –desde la academia–, la hoy senadora de marras. También fue uno de los primeros en denunciar los sobornos de Odebrecht, a los que fue acercándose cuando se enfrentó a los hermanos Nule y Moreno Rojas. También es valiente y audaz, hay que reconocerlo, pero, en momentos claves, la soberbia y la sobradez lo confunden y aíslan.

El otro, es un reconocido dirigente que siempre ha estado enfrentando la corrupta clase política tradicional y, en lo fundamental, con algunas excepciones, a los grandes empresarios “nacionales” y extranjeros. Pero la diferencia en la actualidad es que, pareciera, ha incorporado a su estrategia política el tema de la corrupción como una bandera no sólo coyuntural sino estratégica. Hoy, que es candidato a la presidencia por su partido, ha entendido que ese problema es fundamental para movilizar al grueso de la ciudadanía colombiana. El sólo hecho de reunirse con la senadora pre-candidata y otro candidato antioqueño caracterizado por su actitud “ni-ni”, calificado por muchos como neoliberal y vacilante, pero deslindado tanto de Santos como de Uribe, indica que el senador de “izquierda” está soltando las amarras de una rigidez táctica que le había impedido ir al encuentro con el grueso de la sociedad.    

El más veterano dirigente de izquierda que avanza en esa dirección inédita fue cabeza del M19 en la Asamblea Constituyente de 1991. Se ha puesto al lado de la senadora-candidata y ha incidido en su partido para retirarse del gobierno de Santos, dado que el anterior ministro de Justicia de alguna manera enviaba el mensaje de que su partido hacia parte de la “unidad nacional”. Todo indica que el senador “verde” ha empezado a entender que no puede repetir la historia de hace 26 años. Al separarse del gobierno de Santos, manteniendo el apoyo al cumplimiento de los acuerdos con las FARC, está enviando el mensaje de que la única garantía de avanzar hacia la democratización del país (y por lo tanto, la consolidación del proceso del fin de la guerra), es sacando a todos los corruptos (“santistas”, “uribistas” y “vargas-lleristas”) del gobierno, derrotándolos a todos en las elecciones de 2018 con una amplia convergencia de las fuerzas sanas de la nación.

La “moralización de la república”, consigna de Jorge Eliécer Gaitán, está a la orden del día. Sólo después, con un gobierno verdaderamente alternativo, se podrá organizar y convocar un “proceso constituyente de nuevo tipo” que sea la base para construir la 1ª República. La verdadera república social que promueva la participación de los eternos excluidos, de los “invisibles” de que habla William Ospina. Es una senda totalmente diferente a la transitada en 1991.

Y por esa misma vía avanza –aún con vacilaciones y despistes– el otro dirigente de izquierda que también fue un importante integrante del M19 (aún novel en 1991). Sabe que pegarse a la fórmula de Timochenko del “gobierno de transición” que incluye a la patota corrupta de los Roys Barreras, Benedettis, Samperes, Gavirias, Serpas y demás, no es la mejor decisión. Pero le cuesta todavía vincularse a la “alianza anti-corrupción” por cuanto allí se encuentra con otros “egos” parecidos al suyo, que son rivales desde hace un buen rato, pero lo principal consiste en que aún tiene esperanzas en la existencia de una burguesía “decente” que él idealizó en cabeza de Álvaro Gómez Hurtado en ese entonces. Hoy está tentado de encontrarla en las filas “santistas”.

En este trascendental instante del país, la mejor actitud de los demócratas colombianos es empujar “desde abajo”, ojalá construyendo autonomía e independencia política de base, para que estos dirigentes de izquierda logren entenderse con la senadora “verde”, jalonen al candidato paisa y logren ponerse a la altura de las exigencias del momento. El grueso de ese pueblo rebelde (que se muestra indiferente, apático, escéptico y hasta “pasivo” y “distraído”), si observa que existe un espíritu sincero, de unidad para antagonizar con los eternos enemigos de la democracia y sirvientes del gran capital, los apoyará y desencadenará una nueva “ola” de fervor democrático. Ya no será una ola “amarilla” o “verde”, será multicolor y tan intensa que, en su mayor longitud de onda, se acercará a la brillantez de la luz de un nuevo amanecer.       

Todo apunta a que ese camino está allí esperándonos. Como era previsto, una vez se diera fin a la guerra interna –así sea formal y parcialmente–, saldrían a flote los agudos y graves antagonismos sociales, económicos, políticos y culturales que estuvieron por tanto tiempo ocultos, reprimidos y aplastados, tanto por acción directa y consciente de quienes ostentan el poder como también por efecto de fenómenos psicológicos paralelos que inhibían o impedían la expresión plena de la variedad de intereses de clase, étnicos y de grupos poblacionales que se diferencian por región, cultura, género o edad.

Es más, en medio de la superación precariamente concertada del conflicto armado –a pesar de los años de diálogos, la infinidad de discursos, los ríos de tinta y cúmulos de papel utilizados en el logro y firma de los acuerdos–, se han ido manifestando en forma paulatina (y a veces contradictoria) esos intereses, que por la complejidad y desarrollo desigual de nuestra sociedad, requieren un estudio y un análisis concreto, detallado y específico, a riesgo de caer en generalizaciones que no contribuyen en la tarea de entender nuestra realidad.

Uno de los antagonismos que explotó literalmente en manos del actual gobierno iniciando el año 2017 es el de la corrupción político-administrativa. El detonante fueron los sobornos de la empresa constructora brasileña Odebrecht que comprometen a gobernantes de varios países vecinos. No obstante, los casos de corrupción en Colombia son reiterados pero el gobierno había logrado esquivar o atenuar los escándalos como el de Saludcoop, Fondelibertad, Cafesalud, Reficar y muchos otros. En este instante no pueden ocultar la corrupción que corroe y compromete a “santistas”, “uribistas” y “vargas-lleristas”.

Toda esta situación le sirve a la sociedad para unificarse y dar un salto cualitativo que es clave para construir democracia y paz. Es la lección que nos deja el panorama latinoamericano en donde hasta los gobiernos “progresistas” y “bolivarianos” se han visto enredados y contaminados por el flagelo de la corrupción político-administrativa. Unidad y claridad, ya no sólo entre la “izquierda” sino con todos los demócratas, es la fórmula para acertar y avanzar. ¡En eso estamos!


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lunes, 20 de febrero de 2017

LAS CONDICIONES HAN MADURADO...

Retomando las tareas frente a la coyuntura electoral de 2018

 LAS CONDICIONES HAN MADURADO…

Bogotá, 20 de febrero de 2017

“Estoy seguro de que las condiciones están madurando. Pero yo no tomaré la iniciativa, no voy a alimentar en nadie la sensación de que tengo avidez de poder político. Si hacemos algo, será a mi pesar, y eso es lo más conveniente. Cuando hay tanto ambicioso a punto de saltar, conviene que quien ama a esta tierra tenga que ser obligado.”

William Ospina

En Colombia de cara a las elecciones de 2018 se configuran cuatro bloques políticos: a) Izquierda-liberal “santista”; b) Centro-izquierda; c) Derecha-populista; d) Extrema derecha-seudo-fascista.

Los principales temas que han escogido para construir identidad son: a) Continuidad de la paz; b) Anti-corrupción; c) Autoridad y obras de infraestructura; d) Lucha contra el “castro-chavismo”.

Las personalidades y candidatos que van ubicándose en cada bloque son: a) Humberto de La Calle Lombana, Clara López, Piedad Córdoba, Iván Cepeda; b) Claudia López, Jorge Enrique Robledo y Sergio Fajardo; c) Germán Vargas Lleras; d) Oscar Iván Zuluaga y demás pre-candidatos “uribistas”.

Otros precandidatos que “suenan” de los partidos de la U, liberal y conservador, como Juan Carlos Pinzón, Roy Barreras, Armando Benedetti, Juan Manuel Galán, Aurelio Iragorri (hijo), Martha Lucía Ramírez y Alejandro Ordoñez, no se han definido.  

Las fuerzas políticas que se van alinderando en cada bloque son: a) Partido Liberal; un sector de la U, conservador y del Polo; PC, UP, PTC, Voces de Paz; b) Alianza Verde, Polo “robledista”, Compromiso Ciudadano; c) Cambio Radical; d) Centro Democrático. 

Esos bloques van a jugar como atractores para el resto de fuerzas políticas, incluyendo a Progresistas, ASI, MAIS, otras agrupaciones y la organización política que creen las FARC y el ELN (si su proceso de negociación avanza con prontitud).

Sin embargo, existe un gran margen de opinión y de electores que –como se observó el 2 de octubre de 2016 en el plebiscito– son abstencionistas y/o indecisos, y no creen o no son motivados por el régimen político o por las dinámicas electorales existentes.

Es decir, hay condiciones para que un “nuevo movimiento” irrumpa en la política colombiana. Es evidente que para incidir en la coyuntura actual –dada la cultura política de nuestro país– tendría que apoyarse en un candidato “outsider” con características especiales.

Esa situación se puede observar con mayor nitidez si se analiza el contenido de los discursos y la dinámica de los actuales bloques políticos. En verdad, son resultado de precarias sumas de fracciones desgastadas, unión de divisiones residuales, coaliciones que se forman por necesidades electorales. Nada que ver con verdaderos proyectos basados en una coherencia política y en una narrativa común. Por ello, no entusiasman al conjunto de la sociedad.

A pesar de los esfuerzos individuales de Claudia López, que ha picado en punta con la consulta anti-corrupción, no se perciben formas nuevas de hacer política. El espíritu colectivo está ausente, no se aprecia una visión estratégica, todo juega alrededor de individuos y candidatos, no se construyen programas en forma incluyente. ¡Es más de lo mismo!

Hoy la forma es mucho más importante que cualquier otro aspecto. Gustavo Petro encabezó el último experimento que logró romper con algunos esquemas tradicionales pero no lo pudo consolidar desde la Alcaldía de Bogotá. Al contrario, lo deterioró. Su margen de resistencia es muy alto con respecto a otros candidatos bien posicionados. De allí que todavía no sepa dónde ubicarse o que al final decida actuar en forma independiente. Está atado al pasado.

Además, la propuesta de “gobierno de transición” planteada por las FARC en el Teatro Colón durante la firma definitiva de los acuerdos (24.11.2016), que incluiría a todas las fuerzas que apoyaron el SI –que ha sido ratificada por diversas personalidades de izquierda–, no sólo se ha visto mermada en sus posibles componentes sino que carga con la imagen negativa de las FARC y el desgaste del gobierno Santos. Por tanto, no es una alternativa confiable para derrotar a las derechas que –indudablemente– se unificarán en la recta final de las elecciones.

Un “nuevo movimiento” de ciudadanos del “común”, apoyándose en un candidato “outsider”, puede oxigenar la actividad política en Colombia, colocando temas de fondo que tienen que ver con la verdadera democratización del país y la construcción de una paz social. Si no le alcanza, sea por un motivo u otro, dicho movimiento podrá jugar como un importante refuerzo y estímulo para derrotar tanto al “progresismo neoliberal” (santismo) como a los “populismos de derecha” (uribo-varguismo) y desencadenar un proceso de moralización de la acción política y de construcción de amplias ciudadanías activas y protagónicas, empezando por la juventud.

Además, puede servir de punto de apoyo para continuar con la construcción de un Nuevo Proyecto Político que siga proponiendo y empujando las transformaciones estructurales que exige el país y el mundo. Y claro, deberá jugar un papel de control social del nuevo gobierno que se elija en 2018 (cualquiera que sea), estimulando la organización social y popular “desde abajo” y visualizando un “proceso constituyente de nuevo tipo” que sólo podrá ser impulsado por un gobierno alternativo.    

Todo es cuestión de voluntad y decisión. Las condiciones están dadas.

Nota: Queda pendiente el análisis de clase y sectores de clase, incluyendo otro tipo de antagonismos heredados de la "colonialidad del poder" como lo étnico, racial, cultural, género, regiones, etc.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado


jueves, 16 de febrero de 2017

LLEGÓ LA HORA DE “FUETIAR” A LOS CORRUPTOS

Recordando la Veeduría Ciudadana en el caso de PROBOLSA…

LLEGÓ LA HORA DE “FUETIAR” A LOS CORRUPTOS

Bogotá, 17 de febrero de 2016

Ahora, que se puso de manifiesto –¡ya era hora!– el tema y el destape de la corrupción político-administrativa, es oportuno recordar la actitud de múltiples personas (políticos, funcionarios, dirigentes sociales, etc.) frente al sonado caso de PROBOLSA[1] (octubre de 2008) y, sobretodo, a la iniciativa de conformar una Veeduría Ciudadana para hacerle seguimiento al proceso de investigación y posible sanción.

Primero, la cara de sorpresa del Secretario de Hacienda de la Gobernación del Cauca. Cuando un grupo de personas del común nos presentamos ante su despacho para oficializar “de hecho” una veeduría ciudadana –una herramienta más de control social–, el hombre no sabía qué hacer. ¡No lo podía creer! Vaciló, consultó y tuvo que aceptar que era legal y viable.

Segundo, nuestros propios compañeros (as) que no habían vivido ese tipo de experiencias, al principio vacilaban porque no estaban muy seguros. El legalismo de siempre aparece en estos casos. Las veedurías han terminado siendo utilizadas por los mismos funcionarios y contratistas corruptos para tapar y legalizar sus robos y desmanes al erario público. Ya hay hasta “expertos” en el tema. De eso viven y les pagan por hacer la pantomima.

Tercero, algunos políticos de turno que “vieron el papayaso” se sumaron a la veeduría ciudadana o se aliaron con ella, facilitaron información, movieron sus influencias y quisieron utilizar a la veeduría para saldar deudas pasadas o para –oportunistamente– debilitar al Gobernador para tratar de colocar allí a otro corrupto igual o peor al que se robó o permitió que se robaran más de 16.000 millones de pesos de las transferencias de salud y educación.

Cuarto, otros políticos que eran asesores, abogados o defensores de los funcionarios comprometidos, especialmente del Gobernador, se “arrimaban por los laditos” a la veeduría ciudadana, enviaban a sus agentes o fichas para supuestamente “asesorar” a los veedores pero en realidad era para espiar, enterarse qué tanto habían averiguado, qué pruebas tenían, o también, para tratar de desestimular ese tipo de acciones poco acostumbradas en Popayán.

Quinto, la prensa de la región inició una campaña de difamación en coordinación con el personero de la ciudad para deslegitimar a la veeduría ciudadana, planteando que no era legal, que no se había inscrito ni legalizado ante la Personería y otra serie de argumentos, cómo el que las veedurías ciudadanas no tenían competencia en esa materia.

Sexto, muchos dirigentes sociales que están al frente de las luchas por “proyectos” (de obras, servicios públicos, titulación de tierras y demás) se mostraban de palabra “solidarios” pero ¡vaya!... nunca arrimaban a las reuniones que se hacían públicamente en el salón principal de la Asamblea Departamental, donde nos escuchaba todo el mundo, sin secretos, con total transparencia (sabemos que el Gobernador de entonces ordenó realizar seguimientos y grabaciones de nuestras sesiones). Dichos “dirigentes” hoy los vemos haciendo cola detrás de los pequeños proyectos y escasos recursos del “post-conflicto”. En realidad era un tema candente, “quemante” y ellos no se querían “quemar”.

Séptimo, el señor Contralor General de la República de ese momento quien nos recibió en Bogotá rodeado de un numeroso séquito de bellas secretarias y asesoras. Esa y otras citas se lograron fruto de la gestión de una parlamentaria que fungía como “anti-corrupta” pero que después se volvió a aliar con los mismos de siempre. Después de mucho protocolo el Contralor nos repitió el contenido del discurso que 28 años atrás su padre (presidente de la República) había planteado: “hay que reducir la corrupción a sus justas proporciones”.

Octavo, los secretarios de la Gobernación y otros funcionarios de medio pelo de la Procuraduría Regional y de la Contraloría Departamental, que al igual que muchas personas no podían creer que unos “pobres diablos”, sin más poder que su propia decisión y convicción, pudieran hacer “toda esa bulla y escándalo” por un tema que sólo debía ser investigado por los famosos “órganos de control”.

Hasta la fecha –como lo preveíamos algunos de los integrantes de la veeduría ciudadana–, sólo se condenaron y castigaron a funcionarios menores, mandaderos de ocasión que fueron “echados a las fieras” como carne de segunda mientras los ladrones de cuello blanco compraban haciendas y se daban las anchas con los recursos públicos. Todavía el Gobernador comprometido figura como un prócer, es el “gastrónomo número uno del Cauca” y jura por Dios que no tocó un solo peso de ese oscuro negocio. Sus herederos políticos siguen allí, de candidatos al Senado o de campantes gobernantes.  

Esa experiencia debe ser recogida ahora. La única forma de derrotar a los corruptos es sacándolos del gobierno, de la Presidencia, del Congreso, de Alcaldías y Gobernaciones, de Asambleas departamentales y Concejos Municipales, eligiendo gente nueva que haya demostrado comportamientos éticos y honestos, y paralelamente, organizar a la población para hacerle control social a todos los contratos, a los nombramientos y convenios, reformando la legislación nacional para dotar de “afilados dientes” a las veedurías ciudadanas, participando en la ejecución de los proyectos, “respirándole en la nuca” a funcionarios y contratistas. No hay otro camino.

Ya lo hemos hecho, tenemos experiencia… ¡hay que volverlo a hacer!

Nota: Quienes no confiábamos en el papel y función de los órganos de control planteamos en ese tiempo que había que realizar un castigo simbólico al Gobernador. La idea era elaborar un gran muñeco con la cara del gobernante corrupto, con su trasero “pelao”, y llamar al pueblo a asistir al Parque de Caldas a calentarle esa parte del cuerpo con unos cuantos y buenos fuetazos… ¡al estilo indígena! Lástima, el legalismo y el espíritu cortesano se impusieron en la veeduría ciudadana y no fue posible hacerlo pero era una buena idea. Ahora, hay que apoyar todas las iniciativas “anticorrupción” (consultas, referendos, denuncias, etc.) y prepararnos para en el próximo año 2018, “fuetiar” a todos los corruptos del Cauca y de Colombia derrotándolos en las urnas. Es nuestra oportunidad. ¡Y lo haremos!

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado     




[1] Desfalco de recursos públicos del departamento del Cauca por $16.000 millones en donde se utilizó a una intermediaria financiera llamada Probolsa para camuflar y facilitar el robo. Ver: http://bit.ly/2loKro5

miércoles, 15 de febrero de 2017

EL POPULISMO DE DERECHA ATACA

EL POPULISMO DE DERECHA ATACA

Bogotá, 15 de febrero de 2017

Hace 51 años muere Camilo Torres Restrepo, el ideólogo del Frente Unido.

El triunfo del Brexit en Reino Unido, del “NO” en Colombia y de Trump en EE.UU., son expresiones de los avances del “populismo de derecha”. Ya venía de atrás fortaleciéndose, sobre todo en Europa. Pero es un fenómeno global. Un ejemplo es el actual presidente filipino Rodrigo Duterte. La “mano fuerte”, el “sentido común”, el lenguaje “crudo y directo”, la xenofobia, el racismo, la homofobia, el estímulo a una “nueva lucha de clases”, el nacionalismo estrecho y rabioso, han sido las herramientas de esa derecha populista. Todo ello, presentado como una confrontación al establecimiento oligárquico neoliberal. En Colombia, como siempre, adelantándose, Uribe fue una expresión precoz de ese fenómeno en auge.

El ascenso del populismo de derecha es, a la vez, la derrota de la “izquierda liberal” (Zizek), del “progresismo neoliberal” (Fraser), o sea, de la “izquierda domesticada”. La izquierda termina acomodada al sistema capitalista cuando entra a administrar el “Estado heredado” sin tener un verdadero programa y una estrategia revolucionaria. La derecha populista cabalga sobre los lomos del fracaso de los proyectos de cambio que sólo aplican “paños de agua tibia”. “Si la revolución no se repite” (Zizek-Lenin), la reacción termina imponiéndose. Si las fuerzas revolucionarias no evolucionan desde lo nacional a lo global, desde lo pragmático a lo revolucionario, desde lo administrativo a lo realmente político, desde la democracia “de arriba” a la democracia “de abajo”, desde el "dar y ofrecer bienestar" (subsidios) a generar verdaderos procesos transformadores, sus esfuerzos y buenas intenciones son asimilados por el sistema. Terminamos a la defensiva, con el pecado y sin el género. Nos quedamos con la ilusión y los capitalistas con sus arcas llenas.

No quiere decir que no debamos luchar por “ser gobierno”. Podemos y debemos hacerlo pero sólo como una tarea más, ni siquiera como la principal. La labor que tenemos entre manos es construir las herramientas organizativas entre las comunidades y la población, “órganos de nuevo poder” (soviets o comités revolucionarios), formas de “democracia de abajo”, así sean gérmenes incipientes pero que sean “cualitativamente nuevos”. Esa forma de nuevo poder debe combinar una acción legislativa y ejecutiva (comuna) con acciones concretas en campos de la producción y la cultura, como "pro-común colaborativo" (Rifkin-Ostrom). Es la única garantía de que puedan ejercer "verdadera hegemonía”, de que cuando las fuerzas revolucionarias controlen el Estado heredado, esos órganos de nuevo poder no sucumban ante las presiones y formas de cooptación que vendrán “desde arriba”. Es la única forma de mantener y fortalecer las "reservas de la revolución", el pueblo de verdad empoderado y movilizado. 

Hoy (2018) en Colombia es posible que una coalición de centro-izquierda logre acceder al gobierno. Vivimos una verdadera crisis de régimen. Pero si no tenemos claro cómo actuar en esa eventualidad, si como ocurrió en los gobiernos de izquierda en Bogotá (incluyendo el de Petro) no sembramos conciencia y organización a todos los niveles (no sólo con los "más pobres" sino con todos los sectores de la sociedad), lo que ocurrirá será que repetiremos la experiencia y los fracasos que estamos observando en nuestros pueblos vecinos. Pero, no será culpa de los Robledos, Claudias, Fajardos o Petros (como no es culpa de Lula, Chávez, Correa o Evo-García Linera), será culpa de todos nosotros que hemos perdido nuestra capacidad crítica y desechamos el debate y la autocrítica. El pragmatismo nos ha embelesado y paralizado.

Pero... ¿es posible reaccionar?


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viernes, 10 de febrero de 2017

¡CUIDADO! VARGAS LLERAS QUIERE EMULAR A TRUMP

¡CUIDADO! VARGAS LLERAS QUIERE EMULAR A TRUMP

Bogotá, 10 de febrero de 2017

Hoy todo está patas arriba. Trump, un multimillonario xenófobo, es –supuestamente– el gran enemigo de Wall Street y Frankfurt. Los trabajadores afectados por la globalización neoliberal y derrotados por el capitalismo salvaje, en los EE.UU. y Europa se apoyan en los populistas de derecha (Trump, Le Pen, etc.) que lo único que les pueden ofrecer son muros de contención para los inmigrantes o la expulsión de los mismos. Mientras tanto, la izquierda liberal no sabe qué hacer y al interior de los movimientos sociales, populares y libertarios, recién se inicia el debate sobre qué camino coger. La confusión es mayúscula.  

En Colombia, el vicepresidente Vargas Lleras inició su campaña electoral estimulando el nacionalismo contra los venezolanos. Empoderado y alentado por el presidente Santos para andar por ciudades y pueblos –con chequera en mano y coscorrones a granel– entregando soluciones de vivienda como si salieran de su bolsillo, va construyendo su entramado electoral con políticos corruptos y toda clase de contratistas mientras el resto del gobierno trata de contener las críticas acudiendo al argumento de “la defensa de la paz”.  

Vargas Lleras quiere emular a Trump y arrebatarle la bandera derecho-populista a Uribe, quien construyó gran parte de su capital político atacando a Chávez y al proyecto bolivariano. Pero éste no se había atrevido a agredir al pueblo venezolano en el entendido de que en los últimos 30 años, el hermano país recibió, alojó, trató bien y nacionalizó a millones de colombianos. Además, Uribe sabe que los recientes migrantes venezolanos no simpatizan con el actual régimen de Maduro y, por tanto, en vez de ser rechazados deben ser atraídos.

Sin embargo, los intentos por revivir en Colombia el populismo de derecha, que ya tuvo su auge temporal durante los dos gobiernos de Uribe, no van a prosperar. Eso creemos. La amenaza “castro-chavista”, bandera de los guerreristas, ya no asusta tanto. Los escándalos de corrupción político-administrativa que –con el caso de Odebrecht– han rebosado la copa, afectando a uribistas y santistas, y la acertada decisión de un sector de los demócratas de centrar sus acciones en ese tema, aglutinan la atención de la población cansada de la demagogia “pacifista”.

No obstante hay que afinar la estrategia. ¡Hay que tener mucho cuidado! Debemos tener en cuenta que la base económica y social del populismo de derecha en nuestra sociedad es muy diferente. Aquí el peso de las economías criminales (unas legales y otras no) es enorme. La minería a gran escala y a cielo abierto, la producción y tráfico de narcóticos y otras “drogas ilícitas”, el tráfico ilegal de insumos, armas y personas, los juegos de azar, la prostitución a diferentes escalas, la pornografía virtual y real, los turismos ilegales e informales de nuevo tipo, las economías informales (moto-taxismo, venta de minutos, ventas ambulantes, e infinidad de formas de rebusque que se apoyan en la corrupción e ineficacia del Estado, etc.), hacen parte de nuevas formas de acumulación e irrigación de capital, y generan sectores sociales descompuestos, “burguesías emergentes” que no tienen escrúpulos y tienen mentalidad mercenaria. Además, sabemos que al final, todas esas ganancias de esa economía parásita siempre “llega” a los bancos e instituciones financieras de las metrópolis híper-desarrolladas.

Por otro lado, el despojo de territorios y riquezas a cargo de conglomerados transnacionales y “nacionales”, y en medio de ello, la reaparición de nuevas formas de economías de pequeños y medianos productores (del campo y de la ciudad), exigen nuevos enfoques en la investigación de nuestras realidades y nuevas miradas que capten la complejidad de un desarrollo socio-económico y cultural que, a más de contradictorio, es caótico y turbulento.

Lo que se observa a simple vista (no hay estadísticas) es que esas “economías” –incluyendo todo el aparataje financiero que se mueve alrededor de préstamos y refinanciaciones de préstamos (caso de los créditos de libranza)– logra que de una forma algo artificial y artificiosa, la gente –de todas las clases y estratos–, mueva “billete” a diestra y siniestra. Decenas de centros comerciales son construidos aceleradamente en ciudades, pueblos y localidades de Bogotá y el auge constructor de vivienda mantiene su ritmo. Pareciera que más quebrado está el Estado que la gente misma. Y además, ese Estado no sabe cómo quitarle ese dinero, sobre todo a “los de abajo”, mientras en las grandes ciudades se generaliza la inseguridad y criminalidad que es la respuesta de una juventud que no tiene oportunidades de educación y/o empleo digno.

Es indudable que la actual crisis fiscal del Estado, acrecentada por el impacto de la corrupción político-administrativa va a convertirse en mayores impuestos (directos e indirectos) sobre todo para los trabajadores y medianos empresarios formales, pero ese otro gran espectro económico ilegal y hasta criminal, seguirá siendo una especie de colchón de amortiguamiento que evita la profundización de una crisis general que afecte a toda la población por parejo. Es la particularidad de este país, que no es fácil de encuadrar ni de entender.

Frente al desorden y el caos de la economía, de la sociedad y del Estado, la mayoría de la población está pidiendo “mano fuerte”. Los demócratas deben tomar atenta nota de esa situación. El populismo de derecha siempre ha utilizado ese argumento para crecer y consolidar su política. La izquierda liberal nunca resolvió ese problema por temor a afectar los llamados “derechos humanos”. Se requiere mucha firmeza para impulsar un proceso de moralización de la sociedad y entender que hay que empezar por la cabeza, por los grandes cabecillas de la corrupción y de la economía criminal (transnacional).

No se puede repetir la caricatura de Mockus que se empoderó con la consigna de la lucha contra la corrupción y cuando estaba de cara a la Presidencia, centró su política en la “corrupción” del tendero que no paga el IVA o la del peatón que viola las normas de tránsito. Hoy y siempre el desorden lo ponen “los de arriba”. Por allí toca empezar a barrer la casa.


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