jueves, 21 de junio de 2018

NUEVAS FORMAS DE OPOSICIÓN EN COLOMBIA


Frente al reto de consolidar a la Colombia Humana…

NUEVAS FORMAS DE OPOSICIÓN EN COLOMBIA

Popayán, 21 de junio de 2018

Gustavo Petro es el primer político latinoamericano que plantea con claridad y contundencia el cambio de la matriz productiva basada en el extractivismo minero-energético (petróleo-carbón) y la promoción de energías limpias con soporte en fuentes de energía renovables (solar y eólica). Lo hace en el marco de la economía capitalista pero atacando las causas estructurales que destruyen la naturaleza y generan el cambio climático. Lo más interesante es que lo ha realizado con relativo éxito, posicionando su visión y nuevas temáticas en la agenda político-electoral.

Además, su propuesta incluye la industrialización de las materias primas y la democratización de la propiedad de la tierra con herramientas de mercado (gravando con impuestos a grandes latifundios improductivos). Su objetivo es construir una economía moderna, con alto desarrollo tecnológico y participación masiva de los productores urbanos y rurales existentes (grandes, medianos y pequeños) y de los profesionales y emprendedores que en la actualidad tienen un limitado campo de acción, teniendo que migrar muchos de ellos al mundo desarrollado.

Se puede afirmar que la acción política de este político colombiano y sus colaboradores, teniendo en cuenta sus antecedentes en el M19, su trabajo a lo largo de los últimos 27 años cuando se derogó la Constitución de 1886 y se aprobó la de 1991, como parlamentario y Alcalde de Bogotá (2012-2015), y las referencias teóricas[1] que el mismo Gustavo Petro ha planteado que le sirven para formular su proyecto político, se ubica en el marco de la superación de los “progresismos latinoamericanos” sin desechar sus avances y experiencias.

Se podría definir como un “progresismo liberal del siglo XXI” (no socialista) que enfrenta los problemas estructurales de una sociedad pre-moderna como la colombiana y un capitalismo salvaje como el actual, con el desarrollo de las fuerzas productivas y del conocimiento, y la democratización de la sociedad con base en la movilización y participación ciudadana, sin necesidad de “estatismos absorbentes”, “asistencialismos paternalistas” o procesos vanguardistas que terminan en “ideologismos autoritarios”. Es indudable que es un camino nuevo al que todavía le falta resolver su relación con el Estado “heredado” y las formas organizativas “desde abajo”, pero avanza en la dinámica del hacer y el aprender.  

Hay que felicitar a Gustavo Petro por el trabajo realizado y los resultados obtenidos; no obstante, se deben identificar aspectos negativos, limitaciones y errores. Nada hay perfecto en la vida.

La preponderancia del imaginario y lo simbólico

Partimos de una primera conclusión de lo ocurrido el 17 de junio: Con la imagen de una izquierda cercana o parecida a la izquierda de América Latina, a excepción de Uruguay, es muy difícil, casi imposible, elegir un presidente de la república en Colombia.

Lo paradójico es que Petro construyó un programa muy diferente al de toda la izquierda sudamericana. Entonces… ¿qué ocurrió?

La explicación es sencilla. Aunque su propuesta es diferente, su estilo o forma de hacer política es igual o similar a la de la izquierda y los gobiernos “progresistas” latinoamericanos que pasan por un evidente declive o estancamiento. Sus formas de acción política se pueden asimilar a las de Chávez, Correa, Lula, Evo e incluso a las de Castro y Ortega. Por ello, todos sus contradictores se dedicaron a meter miedo con base en su supuesto caudillismo, mesianismo y populismo. Y, la verdad, les funcionó, en gran medida.

No obstante, el candidato de la Colombia Humana también cometió algunos errores que reforzaron el miedo (real o inoculado) al proyecto de Petro. Veamos:

a) No se deslindó a tiempo de Maduro; lo hizo muy tarde y, por ello, dejó un sabor oportunista casi pasándose al otro extremo.

b) Lo mismo ocurrió con la propuesta de convocar una Asamblea Nacional Constituyente ANC que sonó a “amenaza”; la propuso sin necesidad y, después, obligado por las circunstancias, le tocó desprenderse de ella.

Es importante anotar que la ANC es una fórmula constitucional y legal para reformar la Constitución Política que fue injustamente estigmatizada hasta por quienes se dicen demócratas en Colombia. Ello ocurrió por la forma como Maduro utilizó recientemente ese mecanismo en Venezuela para violar su propia Constitución y tratar de legitimar su dictadura por medio de una Constituyente que no reforma ni constituye nada; solo es un ardid para que una pequeña cúpula burócrata-militar se mantenga en el poder, como en verdad lo hacen (goo.gl/mjfV2w). 

c) Fue también un error proponer la compra de tierras al magnate industrial Carlos Ardila Lulle. Había que tener en cuenta varios detalles importantes: Son tierras productivas así sean de un monocultivo cuestionado por su acción depredadora del medio ambiente; detrás de los ingenios azucareros existen varias cadenas productivas en donde participan medianos productores de caña; empresas de mantenimiento de vías, diques y desagües; transporte de la caña y de los trabajadores; proveedores de insumos, herramientas y repuestos; y, la cadena del dulce y del etanol. Los obreros y corteros de caña (afros y no afros) no están interesados en volverse granjeros. Muchos vieron detrás de esa propuesta a los pueblos indígenas que aspiran a ampliar su territorio. Y, claro, grandes terratenientes y políticos de todos los sectores (tradicionales y alternativos) utilizaron esa imprudencia para desgastar a Petro no solo en el Valle del Cauca sino a nivel nacional. Lo acusaron de ser un “expropiador camuflado” y un chantajista.

d) La sumatoria de esos y otros errores, que fueron también utilizados por Sergio Fajardo (Coalición Colombia de “centro”) para crecer entre el 13 de marzo y el 27 de mayo, obligaron a Petro en la segunda vuelta a aceptar el “apoyo” temeroso y oportunista que le dieron los “verdes”, teniendo que echarse en sus espaldas esas torpes y pesadas “lápidas de la ley” (mockusianas).

En la práctica, el 17-J enfrentó el miedo a Uribe contra el terror a Petro; y ganó el segundo. A pesar del enorme avance de la Colombia Humana quedó en el imaginario colectivo y de una parte de la sociedad colombiana, la “figura socializante” del candidato Petro. En cualquier otro país no sería mucho problema pero en Colombia, con los antecedentes de una izquierda armada como las Farc, no es la imagen ideal para un proyecto político con vocación de gobierno y poder.

Necesidad de un nuevo tipo de oposición     

A partir de ese hecho incontrovertible, es necesario resolver el problema de cómo hacer una oposición que permita posicionar a la Colombia Humana como el proyecto político que “por ahora no es gobierno” (dixit Petro) pero que se prepara para gobernar. Se trata de acumular fuerza política para ser la cabeza del Estado en las próximas elecciones, manteniendo el fervor popular y juvenil acumulado pero mejorando su imagen ante otros sectores sociales que buscan formas nuevas de acción política. Es lo que mostró este ejercicio reciente.

Es muy importante que quede en la retina de la gente la idea de que –a pesar de las diferencias con el nuevo presidente Duque– no se actuará como un obstáculo a su gobierno siempre y cuando sus acciones beneficien a los colombianos. A la vez, demostrar que se tienen propuestas viables para resolver los problemas de nuestro país y de nuestro pueblo. Claro, sin renunciar a la oposición vertical cuando sus iniciativas afecten negativamente a los diversos sectores de la población. 

Sería como si la Colombia Humana y sus aliados se constituyeran en una especie de “Gobierno en la Sombra”, pero no para hacer oposición tradicional sino para impulsar sus propuestas en todos los escenarios institucionales y extra-institucionales; que los candidatos a alcaldes y gobernadores acojan la esencia de su programa y construyan bases organizadas en municipios y departamentos. Sería una acción de carácter propositivo sin renunciar en ningún momento a lo logrado hasta ahora. Es una forma de oposición no contestataria y de alto contenido estadista.

Esa forma de actuar obliga a muchos de los dirigentes de la Colombia Humana a estudiar y entender las propuestas de Petro con sentido práctico y adaptándolas a las diversas realidades y complejidades de las localidades y regiones.

En cuanto a la movilización social es mejor que la desarrollen los movimientos y organizaciones con total autonomía, ojalá superando el síndrome de las negociaciones insulsas que solo les sirven a los gobiernos para ganar tiempo y engañar. Como ocurrió con las Farc. 

Las nuevas realidades de Colombia, América Latina y el mundo nos obligan a innovar. “O inventamos o erramos” dijo y enseñó Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar. Es hora de hacerlo.
E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado 



[1] Las referencias teóricas que Gustavo Petro ha planteado son: en el tema económico están autores como Nicholas Georgescu-Rogen, Jeremy Rifkin, Thomas Piketty y Paul Mason; en filosofía Michel Foucault y Slavoj Zizek; en teoría política Tony Negri y Boaventura de Souza Santos; y en ideario político colombiano Rafael Uribe Uribe, Alfonso López Pumarejo, Jorge Eliécer Gaitán y Jaime Bateman Cayón.   

lunes, 18 de junio de 2018

¿QUÉ VA A HACER DUQUE?


La pregunta que muchos se hacen es...

¿Qué va a hacer Duque?

Popayán, 19 de junio de 2018

Vamos a tratar de pensar con algo de lógica...para aportar al debate.

- Quienes siguen pegados de la falsa polarización Santos-Uribe imaginan que Duque va a traicionar a Uribe o que ya lo traicionó.

- No tienen en cuenta que ellos tienen patrones que son los que determinan todo (gobierno estadounidense y dueños de grupos económicos AVAL-Ardila-Guillinsky-Slim-Santodomingo, etc.).

- Santos ya logró su objetivo que era desarmar a las Farc con muy bajos costos políticos y económicos.

- Santos entrega un proceso de terminación del conflicto remendado, sin mayores avances en aspectos fundamentales como desarrollo rural, justicia especial o reforma política.

- Duque para ganar ya tranzó con toda la oligarquía y desde la campaña se disfrazó de una especie de Fajardo, y de palabra recogió hasta propuestas de Petro.

Entonces:

a) Duque no necesita hacer trizas los acuerdos porque ya están hechos trizas.

b) No traicionará a Uribe porque quien supuestamente lo traicionó (Santos), también traicionó a las Farc y, ahora está a paz y salvo.

c) Llega a cumplir su papel que no es otro que administrar lo logrado y va a tratar de entregar con más eficacia nuestros recursos naturales al gran capital financiero global (aguas, tierras, mercados, zonas turísticas, biodiversidad, etc.)

d) Con respecto a Uribe lo único que le importa es garantizarle la impunidad a él y sus cómplices, lo que no va a significar ningún problema dado que tienen amedrentadas a las Farc y tienen el control total del Congreso.

Pero:

e) Por más que prometa esta vida y la otra no podrá cumplir ninguna de las promesas que hizo al final de la campaña.

f) Sobre la consulta anticorrupción le va a servir de bandera para engañar dado que hasta la Paloma Valencia ya se subió a ese bus.

Por tanto:

El eje de la oposición a ese gobierno del “gatopardismo” debe basarse más que en el tema de la "paz" en los puntos centrales que posicionó a la Colombia Humana (modelo productivo, defensa del medio ambiente, educación, salud).

No solo hay que oponerse al gobierno “uribo-santista” de Duque sino que hay que enfrentar a “tibios” y “neutrales” que se disfrazan de "centro" para pasar de agache frente a los temas centrales que determinan el futuro de nuestro pueblo.

Las mafias y corruptos van a cobrar por debajo de la mesa y el escenario donde tenemos que jugarnos con ellos es en las regiones y localidades.

ENTRE EL MIEDO Y LA ESPERANZA


Breve e inicial análisis de los resultados electorales en Colombia (17-J)

ENTRE EL MIEDO Y LA ESPERANZA

Popayán, 18 de mayo de 2018

Hay que leer bien los resultados para entender lo ocurrido, valorar las fuerzas que confluyeron alrededor de Gustavo Petro y entender realmente qué ocurrió.

Hechos:

- Petro, Fajardo y De la Calle sumados obtuvieron el 27 de mayo 9.840.139 votos.

- Petro el 17 de junio obtuvo 8.034.189 votos, o sea, 1.805.950 votos menos.

- Duque y Vargas habían obtenido el 27 de mayo 8.977.533 votos.

- Duque obtuvo 10.373.080 votos, o sea, sumó 1.395.547 votos nuevos.

- La diferencia a favor de Duque finalmente fue de 2.338.891 votos.

- El voto en blanco logró 808.368 votos.

Otros hechos (probables):

- Alrededor de un millón de personas de las que votaron por Fajardo y De la Calle el 27 de mayo no lo hicieron por Petro, o un poco más, si se tiene en cuenta que algunos de los que votaron por Vargas Lleras votaron por Petro el 17 de junio.

- En la Costa Caribe las maquinarias corruptas se activaron y aunque no lograron mayor resultados en las capitales de esos departamentos si lograron comprar muchos votos en otros municipios.

- En Bogotá 548.508 personas que votaron por Petro, Fajardo y De la Calle, esta vez o votaron por Duque o votaron en Blanco (200.079 votos).

- En el Suroccidente colombiano, Petro suma la mayoría de los votos demócratas que había obtenido la CoCo y repuntó con fuerza en el Valle, especialmente en Cali.

- En el Eje Cafetero y Santanderes la mayor parte de personas que respaldaron a Fajardo el 27 de mayo, no votaron por Petro o votaron en Blanco.

Algunas conclusiones iniciales:

1. Los votos obtenidos por Petro son fruto de una confluencia variopinta de votantes libres y de fuerzas políticas democráticas (mayoría del Polo, buena parte del Verde, mayoría de liberales de base, muy pocos de Compromiso Ciudadano y los votos del resto de la izquierda y otras organizaciones ASI, MAIS, UP, etc.).

2. La bandera de la paz no logró movilizar a las mayorías pero Duque no podrá desconocer los acuerdos firmados con las Farc.

3. Los miedos inoculados por el Uribismo lograron triunfar. Miedo al "castro-chavismo", a lo ocurrido en Venezuela y otros miedos que lograron mover a personas poco informadas y manipuladas (a la supuesta expropiación, a la persecución a iglesias cristianas, a las Farc, y otros).

4. Algunas fuerzas alternativas ayudaron desde el 13 de marzo a posicionar esos miedos y en 2 semanas era imposible reversar lo hecho durante más de 2 meses.

5. Petro logró posicionar ideas claves en economía (modelo productivo), medio ambiente, educación y salud. Son propuestas que Duque demagógicamente asumió y que con fuerza organizada se debe exigir su implementación y cumplimiento.

6. Hay grandes avances en el campo democrático pero hay que ser muy cuidadoso para unir y no dividir.

7. El llamado al voto en blanco fue muy dañino. No solo logró confundir a los 800.000 electores que votaron en blanco sino que -en gran medida- confundieron a muchos ciudadanos libres que justificaron su apoyo a Duque.

8. Hay que persistir no con sentido de simple oposición y de negativa resistencia sino con actitud de gobernantes, "desde abajo" y "desde arriba", desde las calles, en la cotidianidad y, también, desde la institucionalidad.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

jueves, 14 de junio de 2018

“EL VOTO EN BLANCO ES UNA AUTODERROTA”: GUSTAVO PETRO


Entrevista con Gustavo Petro, candidato presidencia de la Colombia Humana…

“El voto en blanco es una autoderrota”: Gustavo Petro

Alfredo Molano Jimeno / Hugo García Segura

(Tomada de El Espectador, martes 12  de junio de 2018)

Sigue buscando apoyos. Ya logró el de Mockus y el de Claudia López y conversa ahora con Humberto de la Calle. Antes de esas movidas, el candidato de la Colombia Humana habló con El Espectador de Duque, Uribe, Fajardo, Robledo y de su proyecto político, que, dice, no tiene nada de populista.

A cinco días de las elecciones, ¿cómo ve el panorama? Porque las encuestas no lo favorecen…

Una encuesta es una foto, un momento. Sin discutir metodologías, las más recientes tienen que ver con los resultados de la primera vuelta y la fotografía muestra lo mismo que arrojaron las urnas: la mayoría no está con Duque. Ustedes dirán: tampoco con Petro, pero es claro que la mayoría es procambio, antimaquinaria y anticorrupción, con talantes diferentes. Esa mayoría es una sumatoria, en gran proporción, de Petro, y en menor proporción del blanco. Eso da opciones, posibilidades y problemas. Si un porcentaje importante de la población vota en blanco, gana Duque, y vamos a una dictadura. Si al contrario, Petro logra seducir a esta población, es el presidente. En otras palabras está de papayita. Ya no es el aguacate, es la papaya. Podemos mandar la corrupción a la caneca de la basura con una equis. Hace muchas décadas, casi desde Gaitán, no había una posibilidad de cambio en el Gobierno. Leí en un trino que Gaitán alcanzó en su última votación presidencial el 25 %. Lo mismo que yo alcancé ahora. Imagínese, llegar a este punto cuesta 70 años. Eso es un poco asustador para mí. Llegar a este momento histórico, con posibilidad de un cambio político, luego de siete décadas y miles de muertos.

Pero habla usted de problemas...

Mi miedo es que se pierda la oportunidad. Como dijo García Márquez: la segunda oportunidad de las estirpes condenadas a los cien años de soledad. Esa frase refleja este momento y se puede perder, no por la debilidad física o mental mía, sino por la manipulación del uribismo. Duque está rechazando el debate, le da miedo. Le teme a nuestra coherencia argumental, porque él no la tiene. Él se aprende el discurso de sus asesores, pero en un debate entre dos, ese aprendizaje empieza a hacer aguas, pues se necesita conocimiento integral, coherencia real.

¿Cómo seducir al electorado que hoy se inclina por el voto blanco?

Mi responsabilidad es que menos gente vote en blanco y me apoye. Obviamente, nos hace un gran daño quien estimula esa opción. Lo hacen con el propósito de dañar a Petro, no a Duque. Esa es su responsabilidad ante la historia; la mía es seducir ese voto en blanco. Lo estoy estudiando, porque, si las encuestas son serias, parte del fajardismo antioqueño, la zona cafetera y algo de Cali se pasa a Duque. Era previsible, porque hay un fajardismo que es más de derecha, pero el resto es progresista. Es un electorado que quiere cambio, acabar con la corrupción, quiere transformaciones, pero que creyó que Fajardo, por ser más tranquilo, lo podría hacer mejor que Petro, que tiene fama de echar pa’lante y de ser obstinado. Y no es mentira, eso es parte de mi carácter. Allí hay un gran campo de seducción, porque ese electorado, además de juvenil, es de estrato 3, mientras que el electorado de Petro se situó más en los estratos 1 y 2. El caso de Bogotá lo demuestra. El estrato 3 no es rico, es una clase media vulnerable, porque está con un pie en un lado y otro pie en el otro. El crecimiento del estrato 3 bogotano se debe a los gobiernos de izquierda, es nuestra producción, sacamos gente de la pobreza, pero no se nos reconoce. Y es que el centro de la política social de Bogotá fue la educación. Y en esa medida la ciudad tuvo una revolución inmensa; sus localidades pobres hoy son de clase media: Fontibón, Engativá, no son lo mismo que hace 10 o 12 años.

¿Usted siente que su administración en Bogotá no ha sido reconocida?

Pues en los medios no, pero entre la población sí, porque si no cómo se explica que haya obtenido 1’100.000, muchos más que cuando gané la Alcaldía. Eso no se da si la gente no hubiera reconocido un buen gobierno. Diferente sucede en Medellín: yo apostaba a que Fajardo ganaba allá y ganó Duque. Ni Fajardo y yo, sumados, podemos ganarle a Duque en Medellín. Es la única ciudad relativamente rica donde él gana. En Bogotá, Cali o Barranquilla ganamos Fajardo o yo. Duque es una expresión atrasada de la política y Fajardo demostró más capacidad de atraer el voto en estrato 3 que Petro, que se queda en el 1, el 2 y las juventudes. Por eso gano en departamentos pobres y en las zonas pobres de las grandes ciudades. Así que, desde el punto de vista sociológico, se queda con la Presidencia el que se gane el apoyo del estrato 3. Claro, sin contar con la maquinaria.

¿Qué lectura hace de la decisión de Fajardo, Robledo y De la Calle de votar en blanco?
Es una falta de responsabilidad con el país, no conmigo, porque yo les ofrecí la posibilidad de derrotarme en una consulta y, aun así, sólo por el miedo a que no sucediera, no aceptaron. El tema de Fajardo tiene que ver con el prejuicio de que no es bueno para el país alguien que tenga un origen de izquierda. En el mundo muchos gobernantes han sido de izquierda y han hecho transformaciones. No hubiera una España sin Franco si no hubiera un PSOE; no hubiera sido posible la salida de Pinochet en Chile sin el Partido Socialista, que también ha gobernado en los últimos años. En esos países ha habido alternancia y el mensaje es claro: no se puede construir democracia sin la voz de los excluidos. Y eso faltó en la mente de Fajardo. El caso de Robledo es diferente, pues se ubica en las viejas envidias y sectarismos de la izquierda, anacrónicos, pero igualmente irresponsables. Aquí se trataba de dar un paso, dado que la población decidió que el que pasaba era Petro. Si Fajardo hubiera pasado, en tres segundos yo lo hubiera apoyado, no lo hubiera pensado, lo tenía decidido. Obviamente, lo mismo hubiera sido si el que hubiera pasado fuera De la Calle, porque yo entiendo lo que significa una dictadura uribista. Eso se salda en muertos, en violencia, en destrucción democrática, en acumulados. Todo cálculo pensando en que en cuatro años sí se va a poder es carreta. Si ellos recuperan el Gobierno, que lo perdieron por una decisión de una corte, ya saben qué tienen que hacer: acabar con las cortes. Ponen a la justicia a su servicio, ponen al Congreso a su servicio, y eso lo saben hacer, sólo se trata de comprar congresistas. Eso se llama dictadura: concentración de poder. Quieren controlar las tres ramas y el efecto es que en cuatro años no va ser lo mismo que hoy. De ahí mi angustia: estamos ante una oportunidad histórica, de esas que sólo aparecen cada 70 o 100 años. La última fue cuando Gaitán iba ser presidente y lo mataron.

Pero de todas maneras deja un gran camino avanzado para 2022…

Esa es una manera fácil e ingenua de pensar. ¿Creen que el uribismo llega al poder y lo va soltar?

“Timochenko” dijo que la FARC respalda a quien apoye los acuerdos de paz y no plantee cambios. ¿No cree que ese pronunciamiento le hace daño?

Me parece lógico que alguien que firmó un Acuerdo de Paz vote por quien respalda lo pactado. Sería un tonto si no. Pero eso indica, no que la FARC me respalda, porque no lo ha hecho, sino que es una fuerza premoderna. Su único punto de acuerdo conmigo —y con la mayoría de los ciudadanos— es dejar la guerra. Hoy es una fuerza anacrónica la que quiere mantener la guerra y, en esa medida, la postura de Petro es impedir que surjan nuevas violencias. Eso ya no es el tema de un acuerdo con la FARC, es la paz de Colombia, que Santos no quiso acometer porque implica reformas sociales a profundidad en asuntos claves como educación, salud, tránsito a la economía productiva. Eso no estaba en los Acuerdos de La Habana, y no tiene que ver con la FARC. Eso tiene que estar en un gran acuerdo con la sociedad colombiana. Mi visión de la paz es más amplia que la que tuvieron el gobierno Santos y las Farc, pero eso no implica que mande al carajo el Acuerdo de La Habana. Ahora, de lo que sí estoy convencido es de que está gestándose una nueva guerra sobre Colombia y que sus primeros campos de batalla están en el litoral Pacífico, en el golfo de Urabá y Medellín.

¿Una guerra entre quiénes?

Son ejércitos del narcotráfico con mayor capacidad de fuego, a donde va a acudir por simple cooptación económica gente con experiencia militar: soldados, policías, agentes de seguridad privada, exguerrilleros, exparamilitares. Con una alta fuente de perversidad y salvajismo, porque es la primera vez que los factores y los actores de la guerra en Colombia se manejan desde el exterior: los carteles mexicanos, y la contraparte, la reacción, se da por el Ejército de Estados Unidos. Por eso el aeropuerto de Tumaco está lleno de aviones de la Fuerza Aérea estadounidense. No es por nacionalismo, es porque estamos perdiendo la soberanía. Es una táctica errónea que consiste en ver el narcotráfico como una guerra. El tal Guacho, que el uribismo ha utilizado para montar su estrategia “antifarc”, es una persona que renunció a la guerrilla un año antes de los acuerdos y hace parte de la nueva guerra, que es transnacional. Ya estamos en una estrategia continental del narcotráfico, y eso ya está en Medellín; sólo falta que mejoren sus armas los muchachos de las barridas y tendremos Siria. Al uribismo, que está jugando con fuego, le interesa que la sigan llamando Farc para mantener sus banderas, pero están desconociendo que es una nueva violencia que tiene un poder mucho mayor que el que hemos conocido en Colombia y que desactivar el Acuerdo con las Farc no lleva, como ellos creen, a que la guerrilla vuelva a la guerra y Uribe a la Presidencia. No. Lleva a desatar un proceso de fragmentación social y estatal del territorio colombiano de manera violenta, manejado por actores que no tienen intereses políticos sino económicos —el narcotráfico— y no son nacionales sino extranjeros. Esto lo desconoce Duque. Por eso creo que la solución es la desactivación de las violencias, que pasa por cambiar la política de drogas en Colombia. Ya no pasa por cómo se cambia el Acuerdo con las Farc. Un acuerdo que hay que respetar, porque un Estado que no respeta sus acuerdos no respeta a la ciudadanía y produce violencia.

¿Cuál es su idea de cambio de la política antidrogas?

Llevamos décadas de fracaso. Sería soberbio decir que tengo la certeza de que mi política va a ser más efectiva. Foucault dice que el poder nace de un control sobre la sociedad y, si vamos a la mafia, el poder de ella nace porque controla sociedad. Esa ha sido la única revolución que ha triunfado en Colombia y la muestra es lo que terminó llamándose parapolítica. Hay grupos de población que controla el narcotráfico: el campesino cultivador de coca y la juventud que consume en el barrio popular. No le interesa tanto el consumidor viejo, maduro y rico; quiere controlar al joven popular, porque lo organiza de manera armada, controla territorio y expande el mercado, y le interesa, a partir del lavado de activos, el crédito popular que abandonó la banca, que es el gota a gota. Ante el vacío de la banca pública y la ausencia de crédito legal, la mafia coopta este sector y controla a millones de personas. Peñalosa se equivoca de cabo a rabo cuando piensa que destruye el narcotráfico sacando a habitantes de calle del Bronx. Esa es una gran mentira. El narcotráfico controla el crédito en San Victorino. Entonces esto es así: yo le quito poder a la mafia si le quito esa población con tres grandes políticas: banca pública con crédito barato; el tema de la juventud consumidora en barrios populares, que es eliminar el procedimiento policial contra ellos, y poner el médico, al psicólogo, los centros regulados de consumo, y desatanizar el tema. Cada vez que un político ataca a esos jóvenes es porque está defendiendo el meganarcotráfico. Cada vez que un político habla de meter a la cárcel a los consumidores, en la noche se está abrazando con un narcotraficante. Lo que se necesita es quitarle el jíbaro al consumidor de drogas barrial, que es la cadena que permite armar y militarizar al joven. La inclusión social de la juventud, el arte, la educación gratuita, eso, que ya lo demostré, ataca este fenómeno. En el campo de los cultivadores de coca, donde no tenemos experiencia, creemos que una política de sustitución de tierras va a ser más efectiva que la sustitución de cultivos, porque en las tierras fértiles no hay cultivos ilícitos. Esos están en la frontera agraria, en las zonas selváticas, a donde expulsaron al campesinado por no hacer la reforma agraria. En el Pacífico, la sustitución de cultivos debe ser agroindustrial. La agroindustria permite crecer en ingresos, pero debe ser propiedad del campesino, y esto implica romperle un adoctrinamiento a nuestro técnicos y economistas que creen que la industria es separada de la agricultura. Y que la industria es para grandes capitales y la agricultura para pequeños campesinos. Así no se puede sustituir la hoja de coca. Con estas tres políticas le quitamos población a la mafia y pierde su poder. Son políticas sociales y no militares.

Usted ha dicho que su programa no es de izquierda ni socialista. ¿Qué es, entonces?

No es socialista. Y lo de izquierda depende de cómo ustedes conciban esa palabra. Desde Einstein, los puntos geográficos se han movido. Lo que hoy se llama el centro era la izquierda hace un siglo. Ese es el avance de las sociedades. Hannah Arendt, que no es propiamente de izquierda, decía que la nación se construye cuando los campesinos levantan la bandera nacional. ¿Y cuál es la bandera nacional? La tierra. Que se vuelva de clase media. Eso en los tiempos de la Revolución francesa era de izquierda, pero aquí dicen que es de extrema izquierda. No, eso es un principio de igualdad y humanidad.

¿Cree que el discurso antipetrista tiene origen en el clasismo?

Claro, pero no desde el punto de vista de clases sociales propias del capitalismo, pues si alguien debería apoyar mis programas son los capitalistas, porque les estoy abriendo el mercado. Cuando decimos: ponerle impuesto a la tierra fértil improductiva, lo que estamos haciendo es ingresando la tierra al mercado de tierras. Cuando no se logra eso estamos en el feudalismo. Colombia tiene mucho del feudalismo, somos la tercera sociedad más desigual del mundo, eso no responde al capitalismo sino a la premodernidad, y lo que se configura no son exactamente clases sociales sino castas. De hecho, los mayores productores de Colombia no son ricos, ni en la ciudad ni en el campo: un arrocero de 50 hectáreas no es un rico ni un cafetero, no son latifundistas. En general son pequeñas y medianas propiedades. En las ciudades como Bogotá o Bucaramanga, los puestos de trabajo productivos los tiene un señor que tiene un garaje, abre una industria en su casa, hace papas fritas. Lo que tenemos es un grupo de élite que se ha apropiado del poder a partir de la corrupción y la violencia, y su hilo unificador no es su postura ante los medios de producción sino su linaje, su color de piel, su apellido, su abolengo. Eso ni siquiera es clasismo, aparece en Game of Thrones, es la exclusión de una sociedad feudal.

¿Qué es eso del capitalismo democrático del que ha hablado?

La sociedad colombiana se parece a la italiana, más que a la española, en su capitalismo, que es incipiente. El capitalismo en Colombia no está en el poder político. Al contrario, sobrevive a trancas y mochas en medio de los TLC, de los impuestos. Ese mundo del capitalismo en Colombia no es democrático, porque es el del mundo cafetero, de los arroceros, de la producción agraria o de la pequeña industria bogotana o santanderana; ese es el mundo que queremos proteger y desarrollar. Por eso no soy populista. Queremos llevarlo al poder. Es ahí donde la mentira uribista ha hecho su mayor esfuerzo. El uribismo sabe que yo voy es por el latifundio, es decir, la base premoderna de su proyecto político, pero como los latifundistas son 11.000 y no ganan elecciones, entonces han utilizado la mentira de que yo soy socialista y les voy a quitar las empresas.

Usted habla de un acuerdo sobre lo fundamental, una expresión de Álvaro Gómez Hurtado, quien representa a un sector conservador que parece distante de sus ideas...

El M-19 fue heredero de un filón histórico que arranca con el general Rafael Uribe Uribe, por no mencionar al expresidente José María Melo y a Manuel Murillo Toro —los radicales liberales—, y que termina con Gaitán. Ahí hay una larga historia de luchas frustradas. Nosotros somos hijos de eso; la violencia interrumpe las reformas, las luchas toman distintos rumbos y terminamos nosotros, los jóvenes del M-19, derogando la Constitución de 1886. Logramos el triunfo que no pudo Uribe Uribe, ni López Pumarejo, ni Gaitán. Ese es nuestro filón. Si usted ve del otro lado, están las fuerzas que se amarraron a defender esa Constitución, los que mataron a Gaitán, a Rafael Uribe Uribe, los que desataron la violencia, y ahí estaba Álvaro Gómez, que representaba el llamado laureanismo. Hijos de eso son Ordóñez, Londoño Hoyos y la familia Gómez. Pero en el caso de Álvaro Gómez, era un hombre brillante y tiene mucha diferencia con Álvaro Uribe. El conservatismo de Gómez era de quilates políticos, intelectuales y sociales, no el que apoya hoy a Uribe, quien es simplemente el representante del narcotráfico en la política. ¿Qué tipo de sociedad sigue a un narcotraficante vuelto político? Eso no era Álvaro Gómez; a él lo seguía una fuerza conservadora, pero racional. Era un hombre valioso. A él lo secuestro el M-19 e inmediatamente entraron en comunicación con Pizarro y hubo un entendimiento. Ambos fueron asesinados por los mismos. Y la Constitución de 1991 se hizo gracias a un pacto entre Álvaro Gómez y el M-19. Juntos éramos la mayoría absoluta, mayoría que no se utilizó para perseguir a nadie, chuzar a los opositores, cerrar cortes. Ni con los militares, con quienes habíamos hecho la guerra, hubo irrespeto. Allí hubo un pacto fundamental, un acuerdo en términos democráticos con una derecha, que era Gómez, y con una izquierda, que era el M-19. Pero mataron a Gómez, al M-19 y hundieron al país en el paramilitarismo. Y ahora muchos conservadores que apoyaban a Gómez terminaron apoyando ese paramilitarismo, que hundió el pacto del 91. La Constitución ordena al Estado ponerse al servicio de la ciudadanía, pero lo que se hizo fue poner a la ciudadanía al servicio de la mafia. El pacto sobre lo fundamental no es más que la aplicación de la Constitución de 1991.

¿Y ahí cabe Álvaro Uribe?

Yo lo invitaría. Eso sí, teniendo claro que es el representante del latifundio improductivo. La invitación que le haría es a que modernicemos la tierra en Colombia sin matarnos.

¿Por qué se desmontó de la idea de una constituyente?

Porque no es necesaria. Lo que necesitamos es implementar la Constitución de 1991. En su momento pensé que debía ser una constituyente acotada a unos temas: salud, educación, justicia, política, etc., pero con el resultado del 11 de marzo, las ciudadanías dieron el primer campanazo, que fue que la bancada mayoritaria del Senado ya no era el uribismo ni los partidos tradicionales, sino la bancada alternativa. Eso da una opción de que las reformas que se necesitan se pueden impulsar en el Congreso.

¿Esos cambios también obedecen a las adhesiones que viene recibiendo?

Claro, en parte las alianzas entre sectores exigen un acercamiento de posiciones. Duque lo hizo en su estilo: atrajo a todas las maquinarias, no quedó ni una por fuera. Las asociaciones para delinquir de la política están con él. Y yo quise convocar a las fuerzas de la ciudadanía que se expresaron en las urnas. Ese es un pluralismo, una nueva forma de gobernar. La pregunta es: ¿cuál de los dos va a ganar: las ciudadanías o las maquinarias? Si las ciudadanías se abstienen, se autoderrotan. No es que las maquinarias sean capaces de derrotarnos, ya están perdidas, casi agónicas, están de papaya, pero las ciudadanías se pueden autoderrotar. El voto en blanco es una autoderrrota. La falta de confianza en Petro es la trampa para dividirnos. Si no podemos es sólo por una razón: que las ciudadanías voten en blanco o se abstengan.

¿No es lamentable que esta campaña gire en torno a “nos vamos para el castrochavismo o para una dictadura uribista”?

Pues el castrochavismo es falso, en cambio la dictadura uribista es cierta.

¿Qué les responde a los que lo califican de populista, mesiánico y caudillista?

Caudillista es un poco de celos, ¿no? Porque ellos mismos no son capaces de convocar y la política es convocar a la ciudadanía. Me lo dijo Pizarro una vez en uno de nuestros agarrones. Él me estaba indicando que el papel del liderazgo es convocar y yo convoco hoy multitudes. A veces me asusta. Pero eso no me hace caudillo, eso me hace un dirigente que tiene un peso específico en este momento de la historia, y lo hago valer. Claro, otros no tienen esa misma posibilidad, entonces les da celos y le dicen caudillo al que llena la plaza. Todos tenemos celos, pero dejarse ganar de eso es una manera pequeña de ver la política. Ahora, el tema del populismo tiene que ver con un esquema de ideas, porque puede haber un populista que no llena ni la cocina de su casa. Entonces, lo primero que hay que preguntarle a un ciudadano es qué entiende por populismo. Unos lo confunden con oratoria. Otros con demagogia, que es proponer lo irrealizable. Y todas las cosas que hemos propuesto nosotros son realizables. Incluso las que no pudimos cumplir en Bogotá son absolutamente realizables. Un metro subterráneo, ¿es que eso es irrealizable? Estaba el estudio, estaba la plata, estaba todo para iniciar la construcción. ¿Qué lo volvió irrealizable? Una decisión del Gobierno Nacional para que Petro no empezara por razones políticas. Y después, una decisión de la sociedad bogotana de elegir como alcalde al que iba a matar el metro subterráneo. Pero decir que un metro subterráneo no es realizable es no entender el manejo de los recursos públicos y de la movilidad de Bogotá. ¿Es realizable la universidad pública y gratuita? Otros países lo han hecho. El gran pacto después de la Segunda Guerra Mundial en Europa fue tener universidad pública y gratuita, hace 70 años. Y esa es una de sus grandes condiciones de avance social y económico. En América Latina existe la universidad pública y gratuita; en Argentina, por ejemplo. ¿O si no por qué tantos colombianos se van para Argentina si no es por eso? Lo podemos hacer, vale $14 billones. Reformando las pensiones, pasando al modelo de pilares, es decir, haciendo que los cotizantes hoy de cuentas de ahorro individual y coticen en Colpensiones en un porcentaje, liberamos $13 billones y financiamos la universidad pública y gratuita.

¿Acabando los fondos privados?

No acabándolos sino haciéndolos complementarios, no competitivos. Por eso se llama pilares. El primer pilar es el del reparto simple, es decir, lo de la cotización de ese primer pilar paga inmediatamente pensión, no va a una cuenta de ahorro individual. Pero adquiere el derecho a la pensión el que cotiza ahí, que no lo tiene la cuenta de ahorro individual. En la cuenta de ahorro individual no hay derecho a la pensión, sólo hay pensión si se ahorró tanto y eso depende del nivel de salario. La mayoría nunca va a tener pensiones en las cuentas de ahorro individual.

¿Y lo de mesiánico?

Eso apareció porque hablé en un discurso sobre el pasaje bíblico de Moisés y la partitura de las aguas. Y ya sabía yo que iban a decir eso. He traído varias frases de la Biblia. Primero, porque la leo, no soy ateo. Segundo, porque es parte de la historia de un pueblo y hay una sabiduría ahí expresada. Y, por ejemplo, “te ganarás el pan con el sudor de tu frente” es una frase que repito y es la base de la teoría económica moderna: el trabajo. Son cinco siglos de esclavitud, un pueblo que empieza a reconocerse y a pensar cómo liberarse de la esclavitud. Aparece Moisés, los convoca y se escapan, y terminan atrapados entre el mar y el faraón. Entonces Moisés divide las aguas y pasan a la tierra de la libertad. En mi discurso hablo de eso mismo y lo asimilo con el pueblo colombiano. Por eso digo que hay que partir las aguas de la historia y quien puede hacer eso es el pueblo. Ahí, simplemente poniendo cuidado a mi discurso, hubieran sabido que no soy mesiánico.

¿Le obsesiona ser presidente?

No, nunca pensé en eso. En toda la etapa de mi vida política apoyé a otros: a Navarro, a Pizarro, a Lucho Garzón, a Carlos Gaviria. Y terminé siendo por primera vez candidato presidencial en 2010. Cuatro años después voté por Santos.

¿Y se arrepiente?

No, porque voté para que hiciera la paz con las Farc y la hizo. Me guste o no, cumplió. Voté por Santos exclusivamente por eso. Y empezaron ahí los amigos de Robledo a decir “la mermelada, el ministerio”. ¿Cuál ministerio, cuál mermelada? Santos fue el que me destituyó. Ahora voto por mí.

Y en el ámbito de la financiación y donaciones de su campaña, ¿cómo le ha ido? En Cuentas Claras aparece que tiene un crédito de $12.000 millones y una donación de $4 millones...

Sí, la primera parte de la campaña fueron las firmas. En el pasado, en la lejanía, a uno se le va olvidando, pero nosotros no pudimos tener plata en las firmas. Y eso es parte de la debilidad de la campaña de hoy, porque nosotros arrancamos con cero, entonces yo abrí una opción tecnológica, crowdfunding. Logramos $30 millones y el banco nos cerró la cuenta en medio de la campaña. Claro, pudimos gastar los 30 en una recolección de firmas, pero fue un golpe bajo. No fuimos los grandes recogedores de firmas, pero fueron las más baratas. Casi las hicimos con cero pesos. Después saltamos a la primera vuelta, ahí ya están los mecanismos legales. ¿Qué nos pasó? No encontrábamos que nos dieran crédito, y nosotros viendo que la campaña nada que arrancaba y pensando en pasar a segunda vuelta. Al principio fue así y fuimos sintiendo el calor popular. Yo empecé caminando calles, como es mi estilo. Cuando llegamos un día a Valledupar y no pude avanzar cuatro meses de la cantidad de gente. Ahí empezaron las manifestaciones y comenzó una llenadera de plaza pública, un huracán. Ahí ya empezaron a ablandarse las fuentes del crédito y conseguimos uno por $12.000 millones. No me hubiera cogido ventaja Fajardo la última semana si hubiéramos tenido más dinero. Recogimos la mitad del tope y eso fue lo que gastamos. Y pasamos ahora a la segunda y en este momento estamos buscando el dinero.

¿Ya han tenido donantes particulares?

No hemos hecho énfasis en eso. Primero por el peligro. Hay gente que ha dicho “queremos donar”, pero yo prefiero la independencia, sobre todo al tratarse de un cargo como la Presidencia. El presidente debe ser independiente.

¿Por qué cree que le tienen tanto temor los empresarios?

No son los empresarios, son los magnates. Dividamos ese mundo en dos: el de los magnates, que son unos cinco y no me quieren porque las grandes fortunas en Colombia, esos grandísimos capitales, que los ponen entre los hombres más ricos del mundo, se han hecho sobre la base de ventajas sobre el Estado. ¿Quién perdió con la privatización de la banca, las pensiones y los servicios públicos? Esas son grandes fortunas amasadas no a partir del desarrollo tecnológico o el emprendimiento, sino a partir de ventajas sobre el Estado. Entonces no me quieren, no porque yo les vaya a expropiar ni nada de eso, sino porque voy a poner el Estado al servicio de la ciudadanía, y lo demostramos en Bogotá. Yo no puse la ciudad al servicio de esos cinco magnates. Ahora, el otro mundo es el de los empresarios de verdad, que es un mundo de pequeños, de estrato 3 y 4. No tienen el poder, no manejan el Estado. Sobreviven resistiendo. Es un capitalismo balbuceante que sobrevive, a duras penas, entre las mafias, la premodernidad y la corrupción. Ese mundo no es enemigo mío per se, y muchas veces ha votado por mí. Sino que hoy es el objeto de toda la campaña de mentiras del uribismo, el mismo estilo que utilizó en el No y el que aprendió con el DAS siendo gobernante Uribe. ¿Cómo un aparato estatal con mucho poder económico puede destruir la imagen de una persona? Ese aprendizaje lo reprodujeron en el plebiscito contra la paz y ahora lo hacen contra Petro: frases como “Petro es ateo y va a quemar 1.500 iglesias”, o que soy multimillonario, que tengo casas en Miami... Yo sólo tengo una casa, endeudada. La deuda es más por problemas de pago, falta de prevención. Las mentiras básicas sobre la expropiación. Entonces a un pequeño empresario le dicen: “es que Petro es como Chávez y le va a quitar la empresa”. Él no se acuerda que yo siendo alcalde no le quité la empresa —si es de Bogotá—. Al contrario, pusimos unas cosas que se llaman Zascas, que era vincular gente con saberes en Europa y Asia, pero eso causa miedo y el miedo lo lleva a no decir Petro, y al no decir Petro queda el país en manos de la corrupción.

¿Cómo serían en un gobierno suyo las relaciones con Venezuela y Estados Unidos?

De independencia. Eso se llama soberanía, que Colombia en su vida republicana nunca ha tenido. El eje de la política internacional de Colombia, si yo soy presidente, es la lucha contra el cambio climático. Eso nos separa tajantemente de quienes defienden la continuidad de la producción de la extracción de petróleo en el mundo, y ahí están Trump, Maduro y Putin. Los rusos ya no son comunistas, son capitalistas, y de la peor especie. Entonces nosotros no tenemos por qué escoger entre capitalismo ruso y el capitalismo gringo, nosotros tenemos que escoger es la vida. Y la vida lo que marca en el campo internacional es la lucha contra el cambio climático. Nuestros aliados son el papa y muchísimas fuerzas sociales y gobiernos que están en esa lucha en la que entraríamos nosotros. Eso nos pondría en una distancia respecto a Maduro, Trump y Putin.

¿Y cómo sería la relación con las Fuerzas Armadas?

Las Fuerzas Armadas de hoy son las que hicimos en la Constitución del 91. Su raíz y legitimidad están ahí. En toda la experiencia desde la Constitución del 91 no he tenido nada conflictivo o roces con ellas. Obviamente, no las he gobernado, pero goberné la Policía en Bogotá y, contrario a lo que la prensa trató de irradiar, que había una pelea permanente, todos los lunes nos reuníamos y luchábamos conjuntamente. Y hay generales de la Policía que dicen que aprendieron de la Bogotá Humana. Tengo amistades con muchos de esos generales. Así que yo no veo mayor fractura entre instituciones como las Fuerzas Armadas o la Policía en un gobierno de la Colombia Humana.

¿Todavía hay temor por riesgo de fraude?

El fraude es permanente en Colombia. Nada han resuelto que impida eso. Fraude siempre ha existido, la compra de votos es fraude. En el caso concreto del software, no tuvieron auditoría ni la van a tener. Se negó el registrador a hacerla, que era nuestra petición central. Y en la práctica, la gente misma evidenció, mirando los famosos formularios E-14, que hubo fraude. Y ahora el fiscal dice que sí lo hubo, pero no dice cómo ni por qué. Ahora, ¿cómo se controla el fraude? Con vigilancia ciudadana. ¿Qué tan capaz es la vigilancia ciudadana? Pues ya lo veremos. Ha aumentado su capacidad. Nosotros solos, como fuerza política, ya controlamos 50.000 mesas y detectamos 4.000 adulteraciones de formularios E-14. Ahora vamos a intentar que sea mejor. Depende de la vigilancia ciudadana.

¿Qué tanta gobernabilidad cree que tendría en el Congreso?

No, la gobernabilidad no es dominar el Congreso, es al contrario. Domina el Congreso quien lo compra, y eso sí es falta de gobernabilidad: se llama delincuencia, es un crimen, un delito. Nosotros hemos tenido un régimen delincuencial. Lo de nosotros es el juego libre. Ahora, en relación con la justicia, lo que propone Duque es cerrar cortes y poner una justicia elegida y nombrada por él, por el uribismo. Eso tiene una razón: evitar el juicio sobre el expresidente Uribe que se sigue en estos momentos en la Corte Suprema de Justicia. Que, aunque tiene su raíz en los temas que yo denuncié sobre él y sus haciendas, tiene que ver con que cometió, como senador, nuevos delitos, tratando de impedir los testimonios de sus propios empleados, que dicen que, efectivamente, jefes paramilitares asesinaron, que eran sus empleados. Duque, si es presidente, controla el Congreso, porque esas bancadas que estaban con la paz, que hacen la mayoría, se pasan inmediatamente a su gobierno. Eso controlaría el 70 % del Congreso. Yo controlaría el 50 % + 1 para unos temas fundamentales, porque esas bancadas que hicieron la paz podrían ser proclives a apoyar las reformas que yo propondría.

miércoles, 13 de junio de 2018

DE BATEMAN A PETRO


El desarrollo desigual y combinado en Colombia

DE BATEMAN A PETRO

Popayán, 14 de junio de 2018

“Toda revolución para avanzar necesita repetirse”.

1. Continuidad y saltos cualitativos en nuestras luchas

A muchos amigos –sobre todo del exterior– les sorprende lo que ocurre en Colombia con el avance de la Colombia Humana y la campaña de Gustavo Petro. Creo, pierden el hilo histórico de los hechos, la continuidad de las fuerzas sociales, económicas y culturales, y la evolución de los actores políticos que se juegan en coyunturas específicas pero que son resultados acumulados de energías y experiencias a lo largo de varias décadas. 

Lo que está sucediendo en este país es la consecuencia de lo ocurrido en 1991, que a su vez, era acumulación de procesos y luchas anteriores. En aquel momento, las fuerzas de avanzada fueron representadas por líderes improvisados porque tanto a la UP como al Nuevo Liberalismo y al M19, les habían asesinado o habían desaparecido sus principales dirigentes (Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa; Luis C. Galán Sarmiento; y Jaime Bateman y Carlos Pizarro).[1]

Es importante recordar que Colombia se adelantó a todos los países de Sudamérica con la Constitución de 1991, que recogió en sus contenidos muchas reivindicaciones democráticas, en descentralización, participación, diversidad cultural y autonomía étnica, que habían sido los ejes de esas luchas sociales y políticas. Pero, no había la capacidad para concretar los cambios reales.

La UP fue subordinada a la estrategia de las Farc que se convirtió en una interferencia armada del proceso de transformación que representaba esa nueva Carta Política. El Nuevo Liberalismo fue traicionado por César Gaviria quien fue ungido como presidente y su fuerza fue canalizada hacia la política neoliberal y al pacto con las mafias; y el M19, sin la conducción revolucionaria de la dirigencia auténtica, pactó parcialmente –en cabeza de Navarro– con López Michelsen y Gómez Hurtado una especie de transición insulsa que se diluyó y detuvo el empuje acumulado.    

Hoy en Colombia los herederos de ese proceso truncado están al frente de las fuerzas de la democracia. Por un lado, las nuevas generaciones del M19, representadas por Petro; por otro, la juventud del Nuevo Liberalismo personificada en Claudia López; y también, nuevos dirigentes sobrevivientes de la UP y sectores similares pero sin encontrar todavía sus esencias.

A partir de las elecciones de 2018 aparecieron las nuevas expresiones políticas que se van a disputar la hegemonía en el próximo futuro. Seguramente, en 10 o 20 años, en la siguiente etapa de luchas, después de liquidar a la vieja clase política, se enfrentarán un progresismo liberal del siglo XXI; las nuevas fuerzas políticas de derecha tipo Ciudadanos de España; y una izquierda moderna con visiones y prácticas post-capitalistas liberada de las tradiciones “estatistas”.

Es lo que mostró desde el 2 de octubre de 2016 esta larga y apasionante campaña electoral.

2. El eje central de la propuesta de Petro

Uno de los grandes méritos de Gustavo Petro en esta campaña electoral fue haber posicionado el tema de la necesidad de la industrialización de nuestras materias primas, la democratización pacífica de la propiedad de la tierra y la urgencia de cambiar el modelo energético con base en la promoción de energías limpias y renovables.

Esas propuestas son la base real y concreta para construir una economía fuerte e independiente sin necesidad de cerrar las fronteras (nacionalismos estrechos) sino enfrentando con nuevas herramientas la globalización económica que hoy todas las potencias imperiales (USA, Rusia, China, UE) quieren limitar y regular, impulsando nuevos y agresivos nacionalismos imperiales que ya crean nuevas fricciones entre ellas mismas (como lo ocurrido en Canadá con el G7).

Esa recomposición de la globalización neoliberal es la esencia de la “nueva” política de Trump pero también de todos los gobiernos de las demás potencias y es el fundamento principal de la actual “guerra absoluta” (Paye, 2018) que ya se desarrolla a nivel global en lo económico, militar, mediático e informático[2].

¿Quiénes son los sectores sociales y económicos que en Colombia están interesados en la industrialización de nuestras materias primas?

No son los grandes empresarios y, ahora menos, cuando sus amos estadounidenses impulsan políticas proteccionistas. Por ello no renuncian a seguir entregando nuestras riquezas al gran capital para que las exploten en favor de inversionistas transnacionales.

Solo hay dos sectores que necesitan con urgencia ese salto cualitativo en la economía y que están medianamente preparadas para hacerlo. Son:

1. Los pequeños y medianos productores agropecuarios y los pequeños y medianos emprendedores de las ciudades; y

2. Los jóvenes profesionales precariados, incluyendo tecnólogos y técnicos, que requieren del desarrollo de una agricultura y una industria con alto desarrollo tecnológico que genere empleo formal y de calidad.

Para hacerlo no basta con acceder y tener el control del gobierno (parte del Estado), aunque se requiere su apoyo. Lo principal es el empuje de los sectores sociales organizados para poder quebrar la resistencia de los poderosos monopolios globales y “nacionales” que no están interesados en compartir sus ganancias y temen perder el control de la economía.

Y de acuerdo a las experiencias (más fracasadas que exitosas) de los países vecinos, se necesita mucha creatividad de los pequeños y medianos productores para con base en la organización y asociación autónoma e independiente del Estado (“procomún colaborativo”), logren desarrollar y construir nuevas formas productivas que sean social, económica y ambientalmente sostenibles y rentables.

Sorprende que a lo largo de los últimos 20 años de lucha de los pequeños y medianos productores (cafeteros, paneleros, arroceros, lecheros, paperos, cacaoteros, fruticultores, etc.) no se haya levantado esa reivindicación y su lucha se haya limitado a proponer soluciones coyunturales y parciales, subsidios, incentivos, y otras medidas, que no tocan la esencia de los problemas. Hoy esa diferencia conceptual se hace más evidente en el terreno ideológico-político.

Gran mérito tiene Gustavo Petro en esa acción política y, por ello, y muchos más temas que ha posicionado en esta campaña electoral, merece todo el apoyo para ser elegido presidente el próximo 17 de junio.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado



[1] UP: Unión Patriótica, fuerza política de orientación comunista desarrollada con el concurso de las FARC en la década de los años 80s del siglo pasado (XX); Nuevo Liberalismo: disidencia del partido liberal liderada por Luis Carlos Galán Sarmiento, contrario a cualquier pacto con los narcotraficantes;  M19: Movimiento político-militar y guerrilla semi-urbana de orientación nacionalista no alineada con ninguna corriente de la izquierda comunista.  

[2] Paye, Jean Claude (2018). “¿Guerra económica o «guerra absoluta»?”, en Red Voltaire. https://bit.ly/2JGxh24

¿COHERENCIA?


¿Coherencia?

Por Andrés H. Flórez  

Bogotá, 13 de junio de 2018

Como profesor de cursos de escritura académica reclamé siempre a mis estudiantes preservar la coherencia en sus textos, advirtiendo que así como en la vida, la coherencia es una virtud muy esquiva, en la escritura lo es mucho más. El asunto va mucho más allá que errores de ortografía, sintaxis o puntuación. Llamaba, por entonces, la atención sobre las visibles fracturas entre los párrafos, ausencia de consistencia en las ideas y, en fin, lo que en diferentes teorías de la producción textual llamamos coherencia.

Ahora, cuando se esgrime la coherencia para justificar la decisión de votar en blanco en la segunda vuelta presidencial, me pregunto si este atributo es comparable cuando se emplea en el ámbito de las decisiones éticas y no en el universo de las frases en un texto escrito.

Cuando escucho a los nuevos promotores del voto en blanco recuerdo los problemas más comunes que enfrentaban mis estudiantes al atender la solicitud de coherencia que hacía a sus borradores en aras de que lograran un texto lo más coherente posible. Enumero en seguida los problemas más frecuentes en la eterna búsqueda de coherencia textual que coinciden con la búsqueda de coherencia en materia electoral.

1. Apariencia de Coherencia.

Muchos estudiantes resolvían este problema con soluciones formales o técnicas y lograban apenas una apariencia de coherencia pero, en el fondo, al menos desde mi punto de vista como profesor, carecían de consistencia.

La coherencia es un atributo implícito de los textos, es poco frecuente que un escrito haga alardes de su coherencia; en cambio, la coherencia a la que invitaba a mis estudiantes, es una cualidad que atribuye el lector al texto cuando infiere  y goza en él de esa cohesión. En el ámbito electoral vemos a muchos líderes proclamando a los cuatro vientos su coherencia como la razón principal de su decisión, olvidando que la coherencia es el resultado de una sucesión de decisiones en el tiempo y no la causa de las mismas.

2. Decir lo mismo en todo el texto

Otro error muy común entre mis estudiantes era la repetición. Para evitar caer en posibles incoherencias repetían las misas ideas a lo largo del texto. Algunos se decidían por una copia burda de las mismas palabras en el párrafo inicial y en el final, cayendo en el peor de los plagios posible, plagiarse a uno mismo. Otros maquillaban esta monotonía con la ayuda de un diccionario de sinónimos y antónimos. Mi retroalimentación para esos estudiantes era sencilla: ser coherente no se trata de decir siempre lo mismo. Muchos promotores del voto en blanco se basan en la estrategia de la repetición, es decir, como “antes dije que no votaría ni por uno ni por otro, ahora hago y digo lo mismo”. Aferrarse a una posición personal desde el inicio a pesar del cambio de circunstancias externas, o evitando toda discusión teórica, es otra forma de incoherencia.

3. Asumir la postura de indiferencia

Una decisión  muy frecuente de algunos estudiantes, sobre todo provenientes de disciplinas o ciencias que llaman exactas, era mantener una idea de coherencia en un contexto de blanco y negro, en mundos sin matices, en donde abundaban las simplificaciones, las reducciones, los lugares comunes, las clasificaciones fáciles. Para muchos promotores del voto blanco resultan iguales o equivalentes, las opciones en disputa, se escuchan afirmaciones como son igual de malos, son dos caminos equivocados, son dos extremos, etc., etc. Esas afirmaciones no resisten un mínimo análisis de evidencias historiográficas, sin embargo, para estos promotores de la pureza y la “incontaminación”, las dos opciones son igualmente nocivas.

4. No decir nada

Los estudiantes que más me preocupaban eran aquellos que sucumbían ante la hoja en blanco y terminaban escribiendo textos llenos de citas y referencias pero que estaban huecos por dentro. Esto no sólo era señal de una incoherencia mayor sino de una preocupante ausencia de posiciones y una indiferencia impuesta por las circunstancias, o sea, una indiferencia de derrota, resultado de la impotencia.

En materia electoral, este cuarto caso no sólo atañe a los líderes “coherentes” sino a todos los electores, sobre todo los jóvenes. Estas elecciones, por sus características, revisten de unas peculiaridades que reclaman todo menos su indiferencia. Son las primeras elecciones sin las Farc como factor electoral; es la primera vez que a cada lado de la disyuntiva se ubican dos visiones del mundo y del futuro; es la primera vez que superado el sofisma de la guerra contra el terrorismo, se confrontan dos proyectos de Colombia.

Lo más coherente sería entonces tomar una postura. ¡Es una obligación!

lunes, 11 de junio de 2018

ENTRE LAS CIUDADANÍAS LIBRES Y LA TRADICIÓN COLONIAL


Las elecciones presidenciales del 17 de junio en Colombia…

ENTRE LAS CIUDADANÍAS LIBRES Y LA TRADICIÓN COLONIAL

Popayán, 10 de junio de 2018

Faltando 7 días para la segunda vuelta (definitiva) de las elecciones presidenciales de Colombia, en donde se escogerá presidente de la república entre el candidato del Centro Democrático, Iván Duque, y Gustavo Petro de la Colombia Humana, este país suramericano está en la mira del mundo entero, especialmente de los mandatarios y fuerzas políticas de la región sudamericana.

Esas elecciones son atractivas y preocupantes para muchas personas porque –por primera vez en más de medio siglo– un candidato que enfrenta a las clases dominantes tiene alguna opción de ganar. Es un fenómeno similar a lo que ocurre en México con Andrés Manuel López Obrador AMLO. Si las fuerzas alternativas logran su objetivo, será una bocanada de aire fresco frente a los vientos de restauración neoliberal y pro-estadounidense que soplan en la región.   

Petro fue militante del Movimiento 19 de abril (M19) en su juventud, una particular guerrilla nacionalista de los años 70s del siglo XX que mediante formas espectaculares de acción bélica, simbólica y principalmente urbana, emuló a los Montoneros del Uruguay bajo el liderazgo de Jaime Bateman Cayón. Fue una insurgencia más política que guerrista; muy diferente a las Farc.

Es importante recordar que Colombia es el tercer país más desigual del mundo en el que un ínfimo número de familias es poseedor de más del 90% de las tierras cultivables y propietario de poderosos bancos y empresas transnacionales en una nación que ya es la tercera economía más grande de la región latinoamericana después de Brasil y México. Desde los años 80s del siglo pasado se apropian de buena parte de los recursos del narcotráfico a través del sector financiero. 

Es pertinente mencionar que en este país domina una élite de grandes latifundistas que desde la época de la independencia de España (1819) creó un régimen de gobierno que combina una débil democracia clientelar (con fórmula presidencial y separación formal de poderes) con la represión más brutal hacia cualquier tipo de proyecto político o líder que ponga en peligro los privilegios de una casta oligárquica que no tiene comparación en parte alguna del mundo.

Ello explica que durante la segunda mitad del siglo XIX, todo el XX y lo que va del siglo XXI, Colombia haya sido desgarrada y desangrada por toda clase de insurrecciones, alzamientos armados, violencias y guerras de diverso tipo. La última fue generada por el asesinato del caudillo popular Jorge Eliécer Gaitán en 1948, siendo uno de los conflictos armados más largos del mundo moderno solo comparable con lo ocurrido en Irlanda, Sudáfrica o Sri Lanka.

Hace 27 años, el M19 a la cabeza de fuerzas democráticas y populares de este país consiguió derogar la Constitución de 1886 e inauguró una Nueva Carta Política (Constitución de 1991) que es la base de un Estado social de Derecho. Ese parcial triunfo político lo obtuvo después de sufrir el asesinato de 4 candidatos presidenciales entre ellos Luis Carlos Galán Sarmiento (liberal) y de Carlos Pizarro, principal dirigente de ese movimiento insurgente que se integró a la vida civil mediante un acuerdo de paz en 1990 en el que participaron otros grupos armados.

No obstante, la mayor parte de los derechos fundamentales aprobados en esa Constitución fueron reducidos a simple letra en el papel y la casta dominante logró sobreaguar ese instante de crisis. Tuvo la colaboración involuntaria e inconsciente de la guerrilla de las Farc que se mantuvo en rebeldía armada, convirtiéndose en la excusa perfecta para cerrar los espacios de reforma y acusar a los demócratas-liberales de ser extremistas comunistas y enemigos de la democracia.

Lo más interesante del momento que vive Colombia consiste en que apenas pasado un año y medio de haber firmado la paz con las guerrillas farianas –casi en forma automática– un importante sector del pueblo se manifestó masiva y mayoritariamente en contra de la clase política tradicional y apoyó en la primera vuelta (mayo/27) a los candidatos (Petro y Fajardo) que levantaron la consigna de la lucha contra la corrupción y por la continuidad del proceso de paz[1].

Buena parte de esa población, sobre todo la que habita en zonas rurales, ha luchado durante décadas por la superación negociada del conflicto armado, por derechos laborales plenos, contra la entrega de las riquezas al capital extranjero y transnacional, contra los mega-proyectos energéticos y mineros depredadores de la naturaleza, y contra las políticas neoliberales que se implementaron a la sombra de la Constitución de 1991, pero sus luchas han sido fuertemente reprimidas a manos de grupos paramilitares apoyados o protegidos por el ejército estatal.

De acuerdo a los resultados electorales de la primera vuelta realizada hace 15 días, la suma de los votos de los candidatos alternativos sería suficiente para derrotar al candidato de las derechas y de los partidos tradicionales que se han juntado detrás del proyecto del ex-presidente Uribe, el partido político Centro Democrático, que aglutina a políticos y personas vinculadas a la práctica paramilitar-mafiosa y a todos los políticos corruptos que defienden la institucionalidad existente.

Sin embargo, el panorama es más complejo. Varios factores juegan en contra del candidato de la Colombia Humana. Algunas propuestas de su programa de gobierno, su pasado guerrillero y cierto perfil “izquierdista”, han sido utilizadas para posicionar una imagen negativa entre amplios sectores de la sociedad colombiana. Incluso, el candidato Sergio Fajardo de la Coalición Colombia, con el apoyo del Polo Democrático y de Alianza Verde, remontó en la lucha electoral y obtuvo el tercer lugar con base en calificar a Petro de populista, “castro-chavista” y mesiánico.

Además, la situación social, económica y política de Venezuela se convierte en una razón para rechazar cualquier viraje hacia la izquierda. El país vecino vive una verdadera crisis a todos los niveles que se ve materializada en la enorme migración de personas, muchos colombianos residentes en ese país que regresan o cientos de miles venezolanos que huyen cansados de la escasez de alimentos y medicamentos, crisis económica, inflación, carestía, deterioro del empleo, pérdida de capacidad adquisitiva y problemas de violencia e inseguridad urbana.

Colombia no es ningún paraíso terrenal frente a Venezuela pero la realidad del país hermano, semi-bloqueado por los EE.UU. y con problemas graves de gobernabilidad, corrupción política y debilitamiento del proceso de cambio, convierten ese tema en un referente ideal para debilitar al candidato Petro que es acusado de ser socio de Maduro y seguidor del ex–presidente Chávez.

A pesar de lo que pueda concluir un observador lejano, se puede afirmar que una parte de la población colombiana ha dado un inmenso paso hacia la democracia, la paz y el cambio. La labor realizada por el candidato Petro ha sido extraordinaria; ha sido un trabajo increíble de pedagogía política y de conexión con la gente y con la juventud en concentraciones masivas en más de 90 plazas de ciudades y pueblos; ha sido un aprendizaje colectivo de historia política y de conocimiento y denuncia de las causas estructurales de los problemas que vive este país, situación que no se vivía desde los tiempos de Gaitán.

Ese es un enorme avance y un capital político más importante que cualquier otra cosa. Ha logrado posicionar ideas que hasta hace poco eran impensables en el ámbito latinoamericano. El cambio de un modelo productivo basado en la extracción de materias primas (petróleo, carbón, oro) hacia la modernización de la agricultura y el desarrollo de una industria con tecnologías de punta, apoyándose y tomando como base social a los pequeños y medianos productores, es una propuesta que se conecta con la necesidad de una nueva matriz energética que cambie los combustibles fósiles por fuentes de energía limpias y renovables. Igual, sus propuestas de democratizar y mejorar la calidad de la educación y los servicios de salud, han calado entre el grueso de la sociedad.  

Independientemente de los resultados que se obtengan el próximo 17 de junio se puede decir que Colombia no será la misma después de esta larga campaña electoral. Los partidos políticos en general han quedado fuertemente fraccionados y las “ciudadanías libres” se han expresado por el cambio, la transparencia y la paz. Falta ver que el miedo sea derrotado con el pasar de los años y que con la acción política de la juventud y de nuevos sectores sociales, Colombia deje de ser el “Israel latinoamericano” y se reencuentre con sus esencias amerindias, africanas y mestizas.   

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado
         

[1] El pasado domingo 27 de mayo se realizó la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia. Son los primeros comicios para escoger primer mandatario después de la desmovilización de las Farc. En un ambiente de relativa tranquilidad solo afectada por la amenaza de catástrofe del Proyecto de Hidroituango, aumentó la participación ciudadana y se redujo la abstención al 46,6%. Las “ciudadanías libres” (dixit Petro) se expresaron con cierta fuerza. Duque obtuvo el 39,1%; Petro, 25,1%; Fajardo, 23,7%; Vargas, 7,3% y De la Calle, 2%. El mapa político cambió. Se confirmó con mayor nitidez lo ocurrido el pasado 11 de marzo en cuanto al avance de las fuerzas democráticas y alternativas. Son 9.840.130 votos los obtenidos por Petro, Fajardo y De la Calle mientras que las fuerzas tradicionales (Duque y Vargas) lograron 8.977.533 votos. Es realmente algo histórico pero las fuerzas alternativas no pueden cantar victoria para la segunda vuelta (balotaje) si se tienen en cuenta las complejidades de este país y la vulnerabilidad del sistema electoral. (Nota del Autor).