lunes, 19 de junio de 2017

¿CÓMO DERROTAR LAS MENTIRAS DE URIBE?

¿CÓMO DERROTAR LAS MENTIRAS DE URIBE?

Popayán, 19 de junio de 2017

“El pensamiento no va a superar el miedo sino la voluntad de acción”.

W. C. Stone

De cara a las elecciones de 2018, el principal objetivo de Uribe es hacer creer que las FARC se van a tomar el poder en Colombia; ya sea en forma directa o indirecta, con sus aliados “santistas”, liberales, de izquierda u otros. Dentro de esa lógica, tratará de convencer a la gente que las FARC no han desmovilizado ni la cuarta parte del total de sus integrantes, y que no van a entregar todas las armas ni los capitales que han acumulado del narcotráfico y de la minería ilegal. Cuenta con la ayuda del Fiscal para generar serias dudas, como ya lo hace (http://bit.ly/2s7WHwI). Además, viene posicionando la idea de que el gobierno y la ONU son cómplices y alcahuetas, y que la insurgencia tienen un fuerte apoyo de los gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia.

Así mismo, Uribe plantea que los 120 billones de pesos que el gobierno ha comprometido para los próximos 15 años son para “mantener a los bandidos”, que según él y su partido, son “zánganos” que no saben trabajar. Que todo ello hace parte de la estrategia del “castro-chavismo” para tomarse el poder y traerá graves consecuencias para la nación. Que si no hay recursos para la educación y la salud es porque se les está entregando todo a los guerrilleros y a sus milicianos “infiltrados” en campos y ciudades. Y, asegura que la guerrilla y sus aliados van a convertir a Colombia en lo que hoy es Venezuela. Por eso, desde su punto de vista hay que elegir un presidente en 2018 que “haga trizas los acuerdos” e impida esa catástrofe.

Para hacer creíbles esas mentiras, Uribe tiene un poderoso aparato de propaganda y múltiples redes sociales que maneja con eficacia comprobada. Pero también tiene a su favor, como se demostró el pasado 2 de octubre de 2016, la desconfianza e incredulidad de un gobierno que utiliza el tema de la paz para intentar tapar una realidad de corrupción e ineficiencia, de entrega de nuestras riquezas al gran capital, de debilidad e inconsecuencia frente a Uribe, de incumplimiento de acuerdos a las comunidades movilizadas, y un manejo torpe y demagógico del mismo proceso de paz. Además, la guerrilla –a pesar de los serios esfuerzos que hace por mostrar su decisión de dejar las armas y cumplir los acuerdos– mantiene una matriz “triunfalista” que refuerza, sin querer, la campaña de mentiras uribistas. Se llama “retroalimentación funcional”.      

Esa situación es –en sí misma– una paradoja. Es evidente que entre más promesas haga Santos con el tema de la paz, más refuerza la posición de Uribe. En esa dinámica, entre más fuerza política muestren las FARC, entre más exijan y más se quejen de los incumplimientos del gobierno, más temor generan entre quienes le creen a Uribe. Le ayudan a convencer a más gente que hay que derrotar ese tipo de paz y los acuerdos que la sustentan. Fue lo que ocurrió en la campaña del Plebiscito. Y todo indica que pueden repetir su “triunfo”. Además, Uribe utilizará, otra vez, falsedades relacionadas con la religión, la defensa de la familia, la propiedad privada y las buenas costumbres. El desprestigio del gobierno refuerza el engaño y hace que enfrentar esa paradoja sea una tarea muy difícil para quienes son conscientes de la “trampa”.  

De tal manera que para derrotar a Uribe (y a Vargas Lleras, que ya tiene una estrategia apropiada para el momento, que se basa en la promesa de autoridad y “mano dura”,  eficiencia e inversión en infraestructura; carreteras y vivienda), hay que salirse de ese núcleo “Real” que está implantado en el inconsciente de una parte de los colombianos que buscan, por un lado, un Mal (la causa de todos sus desgracias) y, por el otro, un Bien (un supremo salvador que los “libre del diablo”). Caer en el juego de pretender derrotar la fantasía con la Razón, lo único que logra es reforzar la mentira. Es precisamente la característica particular de las paradojas.    

Se hace necesario y urgente, que las fuerzas políticas que se han planteado construir una “alianza anti-corrupción” y un amplio e independiente “movimiento ciudadano”, aceleren su proceso de unificación y se tracen una estrategia diferente, inteligente y creativa, dirigida a disputar el voto de opinión entre las clases medias de ciudades grandes e intermedias, que son los sectores que pueden entender con facilidad la necesidad de superar la polarización entre Uribe y Santos, entre “la guerra y la paz”. Esa  unión por encima de siglas y partidos, es el verdadero “acto de magia”, la “sinrazón” que rompe la paradoja y desata lo nuevo y transformador.

Por otro lado, de acuerdo a las circunstancias descritas, ese movimiento debe estar encabezado por personas que no tengan la más mínima cercanía al gobierno de Santos o a la insurgencia. Igual, se hace necesario posicionar otros temas diferentes al cumplimiento de los acuerdos (sin negarlos pero haciendo una verdadera pedagogía sobre sus alcances, sin demagogia ni politiquería). A la lucha contra la corrupción política-administrativa hay que agregarle propuestas como la generación de empleo digno y formal, la recuperación y desarrollo del aparato productivo, la defensa integral del medio ambiente, el cambio estructural de los sistemas de salud y educación sin caer en fórmulas paternalistas y/o asistencialistas, y otras iniciativas de ese tenor.

Un movimiento ciudadano con un programa y una estrategia “no polarizante”, es el único capaz de derrotar a Uribe y a Vargas Lleras en las elecciones de 2018.

Colofón: La “coalición por la paz ‘santista’” no tiene ninguna posibilidad de competir por la presidencia de la República. Los liberales, conservadores y la “U”, están divididos y la mayoría de sus parlamentarios –presionados por el “partido de los contratistas”–, serán forzados a apoyar a Vargas Lleras. Hay muchas señales de ello.   


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

sábado, 17 de junio de 2017

VENEZUELA: ¿AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS?

VENEZUELA: ¿AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS?

Popayán, 17 de junio de 2017 

“La verdad surge del falso reconocimiento”

(Lacan-Zizek)

El machismo sale a relucir

El aparato estatal venezolano se fractura. Muestra fisuras que de convertirse en grietas abrirían boquetes por donde la estructura institucional se puede derrumbar. La Fiscal General Luisa Ortega se ratificó en su oposición a la Asamblea Nacional Constituyente. No sirvieron las reacciones de reconocidos dirigentes del PSUV que la declaran “insana mental” (diputado Carreño), amenazan destituirla al otro día de instalada la Constituyente (diputado Cabello), o la atacan como indigna (vicepresidente Tarek El Aissami). Insultos similares, tildándola de traidora y “salta-talanquera”, van y vienen por los medios y redes sociales. El machismo sale a relucir.

No obstante, ella pasó a la ofensiva. Denunció por viciada la elección de magistrados y suplentes del TSJ en diciembre pasado. El Defensor del Pueblo, Tarek William Saab, trató de descalificar la acción de la funcionaria judicial pero, la ex-defensora, Gabriela Ramírez (http://bit.ly/2rpyxu5) y la ex–secretaria del Consejo Moral, María José Marcano, respaldaron a la Fiscal. El mayor general Alexis López Ramírez renunció a la Secretaría del Consejo de Defensa de la Nación por no estar de acuerdo con la Constituyente y numerosos ex-ministros de Chávez han reafirmado su oposición a esa iniciativa del gobierno. El ambiente está tenso.

Las dos caras: política y derecho

En otro país y momento, tales hechos serían simples confrontaciones entre funcionarios de alta dignidad. No obstante, en este instante en que el gobierno acusa a la derecha y al imperio estadounidense de orquestar un golpe de Estado, las acciones de la Fiscal General son inusitadas. Que la principal autoridad de la justicia venezolana ponga en duda la legitimidad del Tribunal Supremo de Justicia, que cuestione la principal carta del presidente Maduro dirigida a superar la crisis política actual, y que, con ello, legitime las protestas pacíficas y violentas que encabeza la oposición, es un acontecimiento insólito, asombroso y extraño.

Sin embargo, la Fiscal ha sido coherente. Sus antecedentes le otorgan credibilidad política. No solo se declara chavista y defensora de la Constitución sino que semanas atrás logró reversar las resoluciones 155 y 156 del TSJ, obligando al gobierno a convocar el Consejo de Defensa para “resolver diferencias entre poderes” (http://bit.ly/2nTJ7L3). Que se atreva a retar el establecimiento oficial, siendo la esposa de un diputado chavista (Germán Ferrer), que conoce por dentro el poder bolivariano y, por tanto, de seguro preveía las retaliaciones en curso, dejan ver que se apoya en fuerzas poderosas y subterráneas que están por aflorar. Si no fuera así, sería una suicida o una “loca de atar”. Para rematar, el diputado Carreño ha pedido enjuiciarla e “impedir su salida del país”, acción que intenta aislarla de las bases sociales bolivarianas.  

La MUD vocifera

Lo que se observa es que la MUD tratará de aprovechar ese tipo de fisuras pero no tiene el apoyo popular para forzar la caída del gobierno de Maduro. El odio y espíritu de venganza mostrado por sectores de la oposición es su principal obstáculo para influir en amplios sectores populares que tienen mucho que agradecer al proceso chavista. Empero, una parte importante del establecimiento militar y oficial no comprometido con graves delitos puede alinearse con una salida que se plantee construir un ambiente de concertación que garantice mínimas condiciones para restablecer la institucionalidad. La meta sería dar un margen para la reorganización de las estropeadas fuerzas políticas, construir reglas de juego para retomar el rumbo e intentar encontrar soluciones inmediatas a los problemas de abastecimiento de medicinas y alimentos, la híper-inflación y otras urgencias que afectan al pueblo.

Todo apunta a que el nudo está por desatarse. Movilizar a las mayorías alrededor de la Constituyente es una tarea imposible en las actuales circunstancias por cuanto se “ha fracturado al chavismo”, como afirmó el diputado Ferrer (http://bit.ly/2tqnUYL). La salida no será la que quiere la oposición pero tampoco la que desea el núcleo duro del gobierno. Las grietas son un síntoma de que el cuerpo bolivariano ansía respirar y que existen reservas democráticas que están esperando el momento para actuar con moderación y firmeza. ¡Mientras haya vida hay esperanza! 

La crisis del análisis geopolítico dicotómico y dogmático–.

La crisis del análisis geopolítico tradicional tiene en América Latina un referente en el proceso venezolano. Ese tipo de enfoques desconoce o minimiza la importancia de la lucha de clases y sobredimensiona los intereses “nacionales” de los capitalistas, reduciendo el análisis a la confrontación entre los bloques imperiales. Es una herencia de la “guerra fría” y de una lectura rígida de la teoría de los “tres mundos”. “Identificar el enemigo principal” es la práctica tradicional de esa lógica. En Latinoamérica tal planteamiento parte de afirmar que el “imperialismo norteamericano” es el enemigo principal y, por tanto, las demás potencias globales (Rusia, China), así sean capitalistas, son percibidas como aliadas incondicionales.    

La línea conceptual inicial de Chávez era correcta. Construir un gran bloque latinoamericano, la “Patria Grande” con la que soñó Simón Bolívar, para impedir que las grandes potencias y la burguesía financiera transnacional continuaran explotando nuestras riquezas naturales y nos siguieran limitando a ser básicamente exportadores de materias primas, o sea, a vivir del rentismo estructural petrolero. Era y es, la tarea central de nuestros pueblos. Sin embargo, esa meta requiere de una teoría y una estrategia acertada, que corresponda a la realidad de la lucha de clases y del entorno mundial. Hoy esa lucha es mucho más compleja.

La lección de Bolívar

Ya se tenía el antecedente de Bolívar como lección. Las castas dominantes coloniales e imperiales de entonces, intervinieron contra ese objetivo independentista y abortaron la constitución de la Gran Colombia. Sabíamos que esas castas no han cambiado y que el único soporte cierto para lograr esa meta eran los pueblos, los trabajadores, los campesinos, los oprimidos y excluidos de siempre. Porque ahora no solo nos enfrentamos a un imperio (el estadounidense), el reto es mucho mayor. Existe un entramado global, el gran capital ha construido una arquitectura financiera que involucra a los capitalistas de todo el mundo. La lucha por la ganancia es global, regional, nacional y local; los Estados están subsumidos por conglomerados capitalistas supra-nacionales; la más avanzada explotación del trabajo (virtual, cibernética, cognitiva) se combina con nuevas formas sofisticadas y ordinarias de despojo (guerras, saqueos, financiarización, extorsión monetaria y crediticia, etc.); la guerra asume formas de control comunicacional, informático y mediático en donde los intereses globales del capital son camuflados de mil maneras. Por ello, el simple análisis geopolítico no basta.

¿Qué ocurrió? Hubo mucha idealización. Los capitalistas no ideologizan los negocios como lo hacen algunas izquierdas que parece que vivieran todavía en los tiempos de la “guerra fría”. Las burguesías brasileña, argentina y uruguaya utilizaron los esfuerzos de Chávez para negociar en mejores condiciones con el gran capital[1], pero no estaban dispuestas a ir más allá. Por eso sabotearon el Banco del Sur, la idea de una moneda propia y el Canal Telesur. Les incomodaba la retórica anti-imperialista y “socialista” del Comandante, y nunca fueron más allá de mejorar algunos aspectos comerciales y de infraestructura que ya estaban diseñados en el Plan IRSA. Y esperaron la destorcida.

Además, Chávez fue presa también del análisis geopolítico de tipo dicotómico. Por ello se colocó del lado de Mubarak y Gadafi, quedando prisionero de un juego en el que las potencias globales tenían enormes intereses. Su aureola revolucionaria mundial y su “socialismo democrático”, se vieron desmejorados frente a los pueblos árabes y europeos que conocían al detalle las incoherencias en que habían caído los gobernantes autócratas egipcio y libio. Y por ese rumbo “anti-imperialista” –más retórico que real–, el proyecto de integración regional se difuminó, no pasó del sueño, no prendió a fondo entre las masas, nunca nació de verdad, se quedó en la idea. Venezuela subsidió a Petrocaribe, al ALBA y otras alianzas, pero con la caída de los precios internacionales del crudo, la integración basada en la solidaridad no es sostenible. “Mucho ruido y pocas nueces” diría un sencillo campesino.

Hoy los imperios están de vuelta. En Venezuela nunca van intervenir militarmente en forma directa porque no lo necesitan. Usan a la oposición golpista para debilitar al gobierno y someterlo sin mayores desgastes. Las nacionalizaciones y estatizaciones fueron asimiladas por el gran capital y ahora están a la ofensiva en todos los campos (extracción de riqueza con base en el control monetario y de importaciones, deuda externa, retoma de posiciones en la Franja del Orinoco y el Arco Minero, etc.). Y las burguesías transnacionales de origen latinoamericano juegan a lo mismo. En toda la región usan economías ilegales, se apoyan en burguesías emergentes que manipulan de diversas formas, mafias de diverso tipo, agiotistas ilegales, contrabandistas y bachaqueros, poderes locales, delincuencias de toda clase dentro y fuera del Estado. México y Colombia son prototipos. Sus Estados son marginales, los bancos lo determinan todo. Un caos instrumentalizado. Estados fallidos y guerras inconclusas.

Ir más allá del apoyo incondicional o de la crítica descontextualizada 

El esfuerzo del pueblo venezolano alentado y dirigido por Chávez, con aciertos y errores, debe ser evaluado en su verdadera dimensión. No se trata de tapar los errores para “no hacerle el juego al enemigo” pero tampoco de desconocer un proceso acosado por fuerzas globales que utilizan “todas las formas de lucha” para derrotar a quienes se salen de su control. En vez de identificar las causas de que los imperios tengan arrodillado al gobierno, un sector de la izquierda apoya acríticamente a Maduro, y el otro, le exige políticas “democráticas” que ya no puede aplicar  aunque quisiera. Ambas posiciones –pienso– son unilaterales y responden a la misma matriz analítica.

Casi todos reivindican a Chávez y culpan a Maduro, aunque empiezan a aparecer posiciones que intentan identificar las limitaciones de todo el “proceso de cambio”. Se subraya la dependencia e incapacidad para superar el modelo rentista, la aplicación de políticas extractivistas y el errado manejo monetario, la creciente cesión y entrega al gran capital de importantes recursos naturales fruto de la debilidad política, la senda bonapartista que transita el actual “chavismo”, la burocratización y corrupción en la dirigencia, y otros aspectos similares. Sin embargo, no se estudian causas más profundas que hay que abordar como: las deficiencias teóricas existentes en el movimiento revolucionario; las limitaciones estructurales de las clases populares y de sus procesos organizativos; la incapacidad de frenar y superar el caudillismo que explica la inexistencia de una dirigencia colectiva y formada; el “enamoramiento” del Estado heredado y las dificultades para construir “poder popular desde abajo”; y otros aspectos de ese tenor que deben ser examinados sin esperar encontrar las “condiciones ideales” para actuar.

Todo proceso de cambio exige repeticiones sucesivas. El error debe ser corregido sobre la marcha. La crítica y la autocrítica son fundamentales para poder avanzar. Los que se apegan al pasado serán rebasados por lo nuevo. “La revolución dentro de la revolución” nos conecta con el movimiento de la vida. Claro, hay quienes limitan la “revolución” al entorno de las direcciones burocráticas aisladas de la gente, y, por ello, se auto-derrotan.

Conclusión

Salir de la mirada dicotómica y dogmática es imprescindible para aprender y avanzar. El dilema no es guerra o no-guerra; intervención directa o indirecta; no es USA contra Rusia y China; ni Occidente vs. Oriente; ni nada parecido. Aunque esa sea la idea que nos quieran hacer creer. La verdadera confrontación es el juego global en donde las víctimas son los trabajadores y los pueblos, sean de donde sean,  blancos, negros, mestizos o amarillos; hombres o mujeres; del sur o del norte. En el análisis geopolítico tradicional (lineal, no-complejo) eso no se entiende, se reacciona como marioneta y en fin... La gran mayoría de la izquierda tiene como base ese tipo de análisis y reaccionamos como ratón de laboratorio. Es un problema a resolver. 

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado




[1] Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), China, el gigante asiático es hoy el segundo socio comercial de América Latina, con una participación del 13,7 por ciento del comercio exterior de la región el pasado año (2015). El comercio con cuatro países −Brasil, Chile, Colombia y Perú− constituyó en este marco la mitad del volumen total, que asciende ya a 263.000 millones de dólares (más de veinte veces más que hace 15 años). CEPAL-Naciones Unidas (2016) “La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe”. 

viernes, 16 de junio de 2017

IR MÁS ALLÁ DE LOS ACUERDOS DE LA HABANA

IR MÁS ALLÁ DE LOS ACUERDOS DE LA HABANA
Popayán, 16 de junio de 2016
Para consolidar la paz hay que ir mucho más allá de los acuerdos de La Habana.
Hay que plantear propuestas que sean garantía de que el cumplimiento de los acuerdos no se quede en el papel o se conviertan en "paños de agua tibia".
Por ello, hay que impulsar iniciativas que entusiasmen a toda la población que no se siente incluida en esos acuerdos.
Ellas son (entre otras):
- Derrotar la corrupción político-administrativa (control social desde abajo, veedurías populares, sanción moral efectiva, recuperación de los recursos robados).
- Recuperar y desarrollar el aparato productivo (asociación de los pequeños y medianos productores para procesar nuestras materias primas y cambiar el modelo productivo con tecnologías de punta adaptadas a nuestras condiciones para garantizar la generación de empleo digno).
- Defensa integral de nuestra biodiversidad natural (organización social para transformar la matriz extractivista en favor de la naturaleza y las comunidades).
- Convertir los servicios de salud y de educación en ejes de desarrollo social (calidad, universalidad, cultura preventiva, nutrición, deporte, etc., superando el asistencialismo paternalista).
Sólo así cambiaremos a Colombia y derrotaremos a Uribe y a Vargas LLeras.
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martes, 13 de junio de 2017

¿ESTÁ EN CRISIS EL ANÁLISIS GEOPOLÍTICO TRADICIONAL?

¿ESTÁ EN CRISIS EL ANÁLISIS GEOPOLÍTICO TRADICIONAL?

Popayán, 13 de junio de 2017 

“A veces no es cuestión de tener ideas nuevas, sino de dejar de tener ideas antiguas”.

Edwin H. Land

Quienes construyen sus análisis con enfoques eminentemente geopolíticos, hasta antes de que apareciera Trump, la tenían relativamente fácil. Podían sentirse seguros en un mundo “ordenado” en bloques. El gobierno de los EE.UU. lideraba la coalición de la OTAN, estaba a la cabeza del bloque “occidental” (USA, Europa-Japón, Israel y Australia), que se enfrentaba al bloque en construcción de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), liderado por Putin y Xi Jinping, y todo lo demás giraba en torno de esos dos ejes. La “primavera árabe”, según esa explicación, había sido un complot occidental para reemplazar a viejos enemigos como Mubarack y Gadafi, que a pesar de ser nuevos aliados debían ser derrocados para impedir que las rebeliones populares que se incubaban por efecto de sus gobiernos represivos, pudieran devenir en procesos democráticos que desestabilizaran la región.

Hasta allí la teoría –más o menos– explicaba esa realidad. La teoría de la existencia de un imperio global, sustentado en los intereses de una burguesía financiera transnacional, sin patria y sin lealtades nacionalistas, no tenía ninguna cabida, así hubiera sucedido un hecho que contradecía el análisis geopolítico predominante, como fue la intervención “humanitaria” de la OTAN en Libia, que aunque no contó con la aprobación formal de Rusia y China, no fue cuestionada ni vetada en ningún momento por esas potencias. Una fisura surgió entonces en la teoría geopolítica en boga, pero sus ideólogos voltearon a mirar para otro lado.

Sin embargo, para esos teóricos el gran problema siempre ha sido el complejo mundo islámico. El movimiento “supra-nacional” que lidera la Hermandad Musulmana y los múltiples grupos y tendencias islámicas que se incuban dentro y fuera de esa corriente político-cultural panárabe, no puede ser entendido ni por aquellos que desde afuera se han alineado con las potencias occidentales desde su colonización moderna (cuyo objetivo siempre ha sido monopolizar el petróleo y el gas que existe en toda la región), ni por aquellos que se encuadraron con los intereses geopolíticos de la URSS, en medio de las guerras mundiales pero, sobre todo, después de 1945.

En sus análisis imaginarios –tanto los imperialistas occidentales como los “socialistas” orientales– tenían que cuadrar (y casi siempre ocultar, camuflar, adobar) sus propuestas ideológicas de “democracia y libertad”, por un lado, y de “autonomía y solidaridad”, por el otro, con realidades de gobiernos autócratas, reaccionarios, conservadores, patriarcales, racistas y tribales, y con movimientos de resistencia que no podían ser enmarcados, entendidos o asimilados por visiones y lecturas construidas por fuera de la historia y la realidad árabe, otomana, persa, meda, palestina, marroquí, tunecina, egipcia, siria, etc., y por las divisiones étnico-tribal-culturales de suníes y chiíes, y de las múltiples y complejas variantes que fueron surgiendo a lo largo de siglos de confrontación de intereses de élites y cúpulas de poder que construyeron alianzas y tradiciones centenarias.   

Hasta hace poco tiempo, la mayoría de analistas explicaban las diferencias, los conflictos y los diversos alineamientos políticos tanto dentro de cada “nación” (muchas de ellas creadas artificialmente en diversas reparticiones que realizó el imperio inglés y francés, y después el estadounidense y la misma Unión Soviética) como a nivel regional e internacional, y las contradicciones –muchas de ellas agudas y violentas– entre los diversos pueblos musulmanes, como simples confrontaciones entre suníes y chiíes, entre conservadores y reformadores, entre laicos y religiosos, etc., pero esas explicaciones nunca cuadraban del todo. Tanto los políticos de los imperios occidentales como de los países “socialistas” se hacían ilusiones con las fracciones laicas que aparecían entre algunos partidos políticos “nacionalistas” pero, éstos no dejaban de ser fenómenos pasajeros que no iban más allá de la “nata” de las elites.   

Lo que hoy sucede –que muchos quieren adjudicárselo a Trump– es mucho más inexplicable para quienes ven el mundo árabe-persa-egipcio-etc. y musulmán con ojos “occidentales” u “orientales” (estadounidenses, europeos, rusos, chinos, que cada vez se unifican con base en la mirada homogeneizante del capital financiero y mafioso internacional). Que hoy se estén formando nuevos alineamientos dentro de los pueblos árabes, que Qatar (de mayoría suni y wahabita como Arabia Saudí) sea empujada hacia una alianza con Irán y Turquía; que otros países árabes liderados por la monarquía Saud se alíen para –supuestamente– atacar y derrotar al terrorismo islámico (Daesh, al-Qaeda, etc.) y a la hermandad musulmana; y que EE.UU. y el Reino Unido (e Israel) no coincidan en esos nuevos alineamientos; no puede ser explicado con la antigua y obsoleta teoría de la geopolítica imperial.

Se requiere un nuevo enfoque que comprenda que el gran capital financiero ya actúa por encima de lealtades geopolíticas y que explique el “desorden” actual. Una nueva repartición del mundo está en pleno desarrollo y es urgente entender su devenir. Lo que sucede en Venezuela y América Latina no está muy lejos de lo que ocurre en el Cercano y Medio Oriente y el Norte de África. ¿Los “nuevos nacionalismos imperiales” (Trump, Brexit, etc.) ya no necesitan que existan Estados nacionales en el mundo periférico y dependiente? ¿Una nueva globalización está en desarrollo? ¿La crisis económica global que se ha incubado en las últimas décadas exige una “nueva política de despojo” que arrase con la configuración tradicional de amplias regiones como pareciera estar sucediendo en Oriente Medio? ¿La gran burguesía financiera global despedazará –a voluntad y mediante un “acuerdo en las sombras”– a las naciones que posean inmensas riquezas en petróleo y gas (u otras como biodiversidad, sitios turísticos, etc.) para despojarlas con mayor facilidad de sus recursos naturales?

Si así fuera, los fundamentos teóricos de la geopolítica tendrían que ser revisados. Lo evidente e innegables es que todo está revuelto y hay que re-pensar y re-leer.


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viernes, 9 de junio de 2017

VENEZUELA ENCUENTRA UNA SALIDA EN LA FISCAL

VENEZUELA ENCUENTRA UNA SALIDA EN LA FISCAL 

Popayán (Colombia), 9 de junio de 2017

Cuando figuras tan representativas y respetadas en Venezuela como los Dudamel (Gustavo, director musical de la orquesta sinfónica “Simón Bolívar” y Rafael, técnico de la selección nacional juvenil de fútbol que hoy triunfa en Corea), le piden con urgencia y sincero sentimiento al presidente Maduro que rectifique su política actual frente a las manifestaciones opositoras, la mirada sobre lo que ocurre en ese país tiene que ser revisada o reafirmada, dependiendo de cuál sea la opinión que uno se haya formado en los últimos años.

Pero que la Fiscal General, Luisa Ortega Díaz, chavista de pura cepa, solicite a la Sala Electoral del TSJ que anule la convocatoria de Asamblea Nacional Constituyente y llame a todos los ciudadanos a oponerse a esa salida política que planteó el presidente Maduro, uno siente que las cosas pasaron de castaño a oscuro. Y, mucho más cuando impugna la designación de los magistrados que hizo el Parlamento el 23 de diciembre de 2015 exigiendo su desincorporación de ese estamento judicial. La acción de la Fiscal General es una verdadera rebelión que le otorga legitimidad y cierta legalidad jurídica a la protesta que desde hace más de dos (2) meses se lleva a cabo en Venezuela.

Lo más importante es que la Fiscal se ha convertido en un verdadero referente para el conjunto del pueblo venezolano. Lo que creíamos que iba a cumplir un sector del ejército patriota, lo está liderando ella con valentía y prestancia. Su acción es oportuna y de gran trascendencia. Reta de frente al gobierno y al mismo régimen pero lo hace desde el campo chavista y bolivariano. Y muy al estilo del presidente Chávez, enarbola el librito azul de la Constitución para sustentar su llamado al pueblo.

Quienes creen que toda crítica al gobierno de Maduro sirve para reforzar a la oposición derechista y golpista de la MUD, no podían imaginar –con su visión dual y dicotómica– que podría surgir, desde el interior de las fuerzas chavistas una mujer valerosa y honesta que representa a un pueblo inconforme dispuesto a defender los avances de la revolución democrática que encabezó Chávez. Esa revolución no consiste solo en redistribuir la renta petrolera sino, principalmente, en garantizar el protagonismo del pueblo en su propia tarea transformadora. Es el principal objetivo que el histórico líder bolivariano reivindicó como el aspecto central del proceso de cambio. “Confianza en las masas” diría el viejo Mao.

Solo falta que los verdaderos demócratas venezolanos, chavistas o no, se unifiquen para impedir que los extremos, representados en los golpistas de derecha y de “izquierda”, sigan imponiendo la dinámica de polarización para ocultar sus oscuros intereses que camuflan con la confrontación de cúpulas. Unos, los más reaccionarios golpistas de la MUD defendiendo una supuesta “democracia” que no pueden ni siquiera imaginar, y los otros, los falsos chavistas, que no se convencen ni ellos mismo con su retórica “bolivariana” y “socialista” .

La tarea inmediata es juntar con vigor y entusiasmo a los demócratas. Construir una “alternativa ciudadana” verdaderamente democrática, que esté dispuesta a rectificar incluso los errores que haya podido cometer el presidente Chávez, y que coloque por delante la unificación de los venezolanos y la búsqueda de un camino paciente y estratégico para superar el rentismo petrolero y garantizarle un bienestar cierto a las mayorías venezolanas, sin demagogias populistas ni asistencialismos paternalistas.

El grueso del pueblo trabajador apoyará ese camino. Sólo se necesita la unión de los demócratas “post-chavistas”, vengan de donde vengan.  


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado              

martes, 6 de junio de 2017

EL GOBIERNO DE SANTOS RASPA LA OLLA... Y MIENTE

El gobierno de Santos raspa la olla... y miente

Popayán, 6 de junio de 2017

El gobierno miente

El Estado colombiano está en graves problemas fiscales y presupuestales por:

- La aplicación de un modelo de desarrollo que hizo crisis (locomotora minera) y ahora le echan la culpa a la caída de los precios internacionales del petróleo.(http://bit.ly/2scUnF3)

- La corrupción que se roba más de 50 billones de pesos anualmente. (http://bit.ly/2qBBHdW)

- En la coyuntura, invirtieron lo poco que tenían en financiar la campaña de Vargas Lleras (todo se lo metieron a infraestructura, carreteras y vivienda). (http://bit.ly/1xLOV8N)

Santos oculta esa realidad, no quiere reconocerlo y miente a través del Minhacienda Mauricio Cárdenas.

Indicadores y ejemplos

A cuenta gotas financiaron los campamentos para la guerrilla desmovilizada, en medio de la inepta burocracia y la corrupción administrativa. (http://bit.ly/2kVJlfG)

El gobierno no ha querido decretar el aumento salarial de los trabajadores del Estado, inventa excusas y culpa a las centrales sindicales (http://bit.ly/2sIZGIW).

No cuenta con recursos para cumplir los acuerdos con el Magisterio (http://bit.ly/2qjAjiB9)

Para poder cumplir los acuerdos que el pueblo de Buenaventura le impuso con el Paro Cìvico, tiene que acudir a un crédito de deuda externa de 78 millones de dólares (http://bit.ly/2rx3NKc)

Conclusión

La tarea central es sacar del gobierno central (Presidencia de la República y ministerios) a todos los corruptos (santistas y uribistas).

Pero, lo principal es cambiar el actual modelo de desarrollo que se basa en entregar nuestras riquezas naturales (petróleo, oro, coltán, carbón, biodiversidad, turismo, etc.) al gran capital transnacional y vivir de las migajas y coimas que ellos entregan al Estado (regalías).

Por tanto, la principal propuesta de un verdadero "movimiento ciudadano" que aspire a gobernar a Colombia es la de recuperar el aparato productivo con base en la organización asociativa, colaborativa y empresarial de los pequeños y medianos productores (urbanos y rurales), para procesar nuestras materias primas, desarrollar una economía moderna, con tecnología de avanzada y planificada con autonomía, que genere empleo digno y formal para millones de trabajadores y cientos de miles de profesionales desempleados o precariados.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

martes, 30 de mayo de 2017

TRUMP GANA TIEMPO E IMPONE SU POLÍTICA GLOBAL

Los fuegos artificiales de Trump

Hacia un nuevo orden geopolítico mundial en medio de la confusión y la tensión…

TRUMP GANA TIEMPO E IMPONE SU POLÍTICA GLOBAL

Popayán, 30 de mayo de 2017

“Cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo”.

M. A. Casillo (interpretada por Mercedes Sosa)

Cuando el gobierno de los EE.UU. encabezado por Trump ordenó el ataque con misiles a la base militar de Siria, autorizó el lanzamiento de la “madre de todas las bombas” en Afganistán y amagó con re-dirigir la flota de guerra hacia las cercanías de la costa de Corea del Norte, la mayoría de analistas pensaron que la administración estadounidense había cedido totalmente a las presiones de los “globalistas[1]” orientados por Clinton, que representan los intereses del complejo militar-industrial y de la burguesía financiera global.

Trump –indudablemente– estaba en ese momento contra la pared. Sus enemigos internos lo obligaron a separar de su gobierno a importantes y cercanos colaboradores (Flynn, Bannon y otros), y explotando el tema de la supuesta intervención ilegal de Rusia en las elecciones pasadas consiguieron posicionar en la matriz de opinión pública la idea de que el presidente electo sabía de las filtraciones digitales que debilitaron electoralmente a Hilary Clinton.

Sin embargo, la forma como se hicieron los ataques (calculados para causar los menores daños) y los anuncios bélicos de Trump (diseñados para producir el mayor impacto), dejó ver que eran verdaderos “fuegos artificiales” para despistar y ganar tiempo. El equipo estratégico del magnate gringo había definido desde un principio darle prioridad a los problemas internos que afectan a la economía. Están seguros que pueden recuperar la hegemonía norteamericana en el mundo para lo cual han decidido dar un giro estratégico a su política internacional. Ello no significa una reducción inmediata de los gastos militares pero si un viraje sustancial en la política medio-ambiental y una mengua en la ayuda a gobiernos aliados (http://bit.ly/2ne9lI5).

Así lo ha confirmado en todos sus encuentros con gobernantes extranjeros. En su visita a Arabia Saudí lo hizo explícito: “Tomaremos decisiones basadas en los resultados del mundo real, no en una ideología inflexible, nos guiaremos por las lecciones de la experiencia, no por los confines del pensamiento rígido, y cuando sea posible, buscaremos reformas graduales, no una intervención repentina”. Ante 37 líderes de naciones árabes y musulmanas reafirmó su decisión de acabar con ISIS (Daesh) y dijo: “Las naciones del Medio Oriente no pueden esperar a que el poder estadounidense aplaste a este enemigo por ellos” (http://bit.ly/2rR4wXz).

Esa línea de pensamiento y de acción estratégica pareciera abrirse camino en el mundo. En esa visita Trump marcó la prioridad de atacar y destruir a ISIS, lo que significa continuar con su política de superar por la vía consensuada con Rusia la situación de Siria y de Ucrania, lo que lo aleja del eje Inglaterra-Israel. Macron, el presidente francés, avanza por ese camino en su reunión con Putin cuando dice: “Nuestra prioridad absoluta es la lucha contra el terrorismo y la erradicación de grupos terroristas y en particular Daesh” (http://bit.ly/2rjOuEZ).

La pretensión de los gobiernos que están asumiendo esa conducta es desactivar el terrorismo islámico por la vía de reducirle apoyo político, quitarle financiación internacional y debilitar su influencia ideológica. Además, todos ellos, estadounidenses, europeos y rusos saben que China, al no involucrarse de lleno en las intervenciones armadas, avanza con consistencia en el terreno económico expandiendo sus relaciones e inversiones en todo el mundo. Europa se siente más sola que nunca y empieza a ser consciente de ello, como lo expresó hace poco Ángela Merckel (http://bit.ly/2sanMfY).  
El cambio de estrategia geopolítica que se empieza a imponer en los gobiernos de las grandes potencias no se hace por “voluntad pacifista” o por “consideraciones humanitarias” sino por necesidades urgentes y pragmatismo económico. No significa que dejen de ser imperialistas y que vayan a abandonar sus prácticas intervencionistas. La guerra mediática, la confrontación en el terreno monetario, las presiones económicas, la instrumentalización de la “paz” (como se hace en Colombia), son las herramientas apropiadas para este instante.

De acuerdo a lo previsto, lo que ocurre en Venezuela no tiene ninguna posibilidad de  convertirse en una intervención militar por parte de EE.UU. o de la OTAN. Esa “guerra” es un ejercicio sistémico-complejo para desgastar y llevar al límite al gobierno de Maduro-Cabello para obtener más concesiones para sus empresas transnacionales tanto en el área del petróleo como en el Arco Minero y otros. Además, de paso desprestigian la “revolución bolivariana” mientras diseñan estrategias para recuperar el control en América Latina.

Los grandes damnificados son los gobiernos y la inteligencia militar de Inglaterra e Israel que están quedando colgados de la brocha. Y también, los analistas geopolíticos que anunciaron el apocalipsis nuclear en cabeza del “diablo” Trump, o los que previeron su caída inmediata.

El mundo cambia…

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado             




[1] Los “globalistas del siglo XXI” son la vanguardia política de la burguesía financiera global. No piensan en términos nacionalistas pero utilizan los Estados nacionales para promover su política intervencionista y guerrerista; usan la inestabilidad y la tensión geopolítica para engañar a los pueblos y a los trabajadores de sus mismos países y para monopolizar el control de recursos naturales estratégicos. Es la “política de contención” de Kennan perfeccionada exponencialmente y llevada a su límite funcional. Trump también la aplica pero con pragmatismo y no la quiere convertir en ideología. (Nota del Autor).  

domingo, 21 de mayo de 2017

EL PUEBLO NEGRO DEL PACÍFICO EN LUCHA POR SU DIGNIDAD

EL PUEBLO NEGRO DEL PACÍFICO EN LUCHA POR SU DIGNIDAD

Los pueblos del Chocó y Buenaventura realizan paros cívicos en procura de las debidas atenciones del Gobierno Nacional

Tomado de: AZABACHE

Boletín Ideo-teórico del Centro de Estudios e Investigaciones Sociales Afrocolombianas, CEISAFROCOL

Mayo de 2017

A finalizar los años de 1960, los pueblos del Chocó y el sur del pacífico colombiano tomaron la vía de la realización de paros cívicos en procura de las debidas atenciones de los diferentes gobiernos, en relación con la dotación y prestación de los servicios básicos de acueducto, alcantarillado, recolección y disposición adecuada de basuras y desechos, atención adecuada en salud y la debida cobertura educativa. Pero también con la generación de desarrollo autóctono y empleos productivos. Frente a la inconsecuencia e ineptitud de los políticos tradicionales elegidos por estos pueblos a las diferentes instancias legislativas y de manejo de la cosa pública, cooptados y corrompidos por las oligarquías nacionales, y convertidos en cuadros suyos.

Marcha de Paro Cívico en Quibdó, mayo de 2017.

Pero como dijo el gran Sofonías Yacup Carabalí en su obra “Litoral Recóndito”, en 1930: "... el Estado de miseria y de abandono en que se encuentra esa cadena de pueblos anhelantes que luchan por vivir y que a pesar de lo intenso de sus esfuerzos no logran remontar la corriente de la adversidad, de la incomprensión y las negativas sistemáticas, contra las cuales no han podido la petición respetuosa, la recla­mación enérgica ni la protesta altiva.

Y así seguirán hasta el día feliz en que la obra del progreso nacio­nal sea fruto de una gran comprensión basada en íntimo conoci­miento de las necesidades del país y de sus potencialidades económicas. Ese fausto acontecimiento habrá de aproximarse sola­mente cuando preceptos legales severos se lo impongan a legis­ladores y gobernantes."

Sin embargo, el pueblo afrocolombiano a partir de la constituyente de 1991 ha logrado una abundante legislación que ordena al Estado y a los diferentes gobiernos dar las debidas atenciones a las diferentes comunidades que componen al mismo, en aras de su reparación histórica, de su superación y su redignificación. Pero los funcionarios públicos, del Presidente de la República y los gobernadores departamentales hacia abajo, se vienen burlando de los mandatos de estas disposiciones legales y constitucionales, en muchos casos dándoles interpretaciones perversas y amañadas en aras de favorecer los intereses oligárquicos y foráneos, antes que los de las comunidades y el pueblo colombiano en general.

En agosto de 2016, el Comité Cívico del Chocó llegó a acuerdos con el Gobierno Nacional, quien se comprometió a dar solución a las siguientes peticiones, destinando los recursos financieros y logísticos correspondientes:

-La continuidad y conclusión de los trabajos de las vías que unen al Chocó con Antioquia y Risaralda, cuyos retrasos han influido en el atraso de la región, han mantenido a sus pobladores  haciendo sacrificios extraordinarios para poderse transportar y han conducido al sacrificio de decenas de vidas. Sacrificios que se han multiplicado en los últimos siete años, dejando un saldo de más de 100 personas muertas por accidentes. Las dificultades del transporte también tienen una fuerte influencia en la carestía de los productos de la canasta familiar y de otros productos de consumo masivo en la región, con lo que se hace más intensa la pobreza de las mayorías de la región.

-En materia de vías el Gobierno Nacional se comprometió al reinicio y terminación del proyecto Ánimas-Nuquí, que conecta al interior del Chocó y de Colombia con el Mar Pacífico, que cuenta con más de 60 años de iniciado. Además, la construcción y/o terminación de otras vías carreteables internas, que comunicarían a las comunidades regionales, estableciendo entre ellas relaciones de intercambio favorables para su integración y desarrollo mutuo.

Marcha del Paro Cívico de Buenaventura, mayo de 2017

 -Establecimiento y mejoramiento de los servicios públicos básicos, como acueducto, alcantarillado y energía eléctrica, en la mitad de los municipios del Chocó, que no cuentan con ellos, especialmente en Quibdó, su capital, donde las carencias, deficiencias y exagerados costos de estos, tienen efectos dramáticos en sus habitantes, afectando gravemente sus limitados ingresos y su salud. No obstante, los dos últimos gobiernos, desde las campañas presidenciales, se han mantenido engañando al pueblo chocoano con el anuncio de la muy “próxima inauguración de los más eficientes servicios públicos para la capital del Chocó”. Entre otras cosas, 11 de los 30 municipios del Chocó no cuentan con el servicio del Sistema Eléctrico Nacional, ni con acueducto ni alcantarillado.

-Resolver las carencias y deficiencias en materias de salud y educación comprometiéndose el Gobierno Nacional a salvar el Hospital San Francisco de Asís de Quibdó, único de segundo nivel en la región, y construir otros hospitales públicos más. Dado que tomando como pretexto la corrupción de algunos funcionarios y administradores de la cosa pública de la región, la cual se incrementó con la presencia del narcoparamilitarismo en ellas, a quienes había que estarle entregando cada día un porcentaje más elevado de los recursos transferidos, por parte del Gobierno Nacional se intervino estos dos frentes, entregándole su manejo a personas foráneas, que en el caso del Chocó las han manejado como si fuera su negocio personal, algunas de ellas resultaron con oscuros antecedentes, tan corruptas como quienes estaban reemplazando, escasas de idoneidad y también comprometidas con el paramilitarismo. Y a pesar que los gobiernos de Uribe y de Santos incrementaron hasta en más de tres veces los recursos transferidos mensualmente a los interventores, la salud y la educación no mejoraron en nada, al contrario la crisis se agudizó, y como han denunciado organizaciones sociales y personalidades de la región, después de más de diez años de intervención de la salud del Chocó por parte de esos gobiernos, la deuda pasó de $19.000 millones a $35.000 millones, y ni ellos ni la SUPERSALUD dan explicación alguna sobre lo que ha pasado con tantos recursos transferidos y sobre el por qué de semejante deuda.

Con respecto al pueblo de Buenaventura, además de traer las mismas reivindicaciones del pueblo chocoano en materias de servicios públicos básicos, salud y educación, desde hace más de medio siglo. Su situación de pobreza y violencia se agudiza a partir de la aplicación del paquete neoliberal, en cumplimiento de órdenes dadas desde los centros de poder capitalista mundial influenciados por el Club Bilderberg, empezando  con la famosa “apertura económica”, los Tratados de Libre Comercio, TLC, y la privatización del  Terminal Marítimo, desde finales de los años de 1980, iniciados por el Presidente Cesar Gaviria Trujillo y continuados con mayor fuerza por Álvaro Uribe Vélez. A partir de ese momento se inicia un proceso violento de expulsión de la mano de obra nativa del Terminal Marítimo y su sustitución por personal foráneo, y de los territorios de bajamar donde los pobladores tenían sus humildes viviendas, todo lo cual fue acompañado de prácticas racistas y de discriminación racial, y feminicidios.

Para consolidar su poder,  iniciando los años de 1.990 los nuevos dueños del Terminal Marítimo, que hoy son doce familias capitalistas y oligárquicas, algunas de las cuales representan capitales extranjeros, importaron a los narcoparamilitares desde Antioquia, quienes inician una racha de asesinatos grupales y selectivos, y desapariciones, con el evidente objetivo de doblegar la resistencia a la privatización y de obligar a las familias nativas a huir para apropiarse de sus territorios actos para la construcción de obras de infraestructura destinadas a la actividad portuaria de importación y exportación de mercancías.

Los asesinatos los inician los narcoparamilitares y “Escuadrones de la Muerte” contra los dirigentes de organizaciones sociales que reivindicaban los derechos de los nativos, especialmente pagos justos para la mano de obra y un espacio en el terminal para sus empresas de economía solidaria de servicios portuarios, que habían venido construyendo desde más de 20 años atrás; e inversión de mínimo el 20% de las utilidades generadas por el Terminal Marítimo en el desarrollo de la región y en especial, de un frente productivo y generador de nuevas alternativas de empleo para las gentes de la misma, a través de sus organizaciones de economía solidaria. Pues no se concibe que el Terminal esté generando cerca de 10.000 millones de pesos de utilidades mensuales y no se invierta nada en el desarrollo y bienestar de la región donde se encuentra localizado, y teniendo en cuenta que ha sido construido con el sacrificio de las gentes de la misma.

No era raro que entre los años de 1980 y comienzos del 2.000, amanecieran por las calles aledañas al terminal más de una decena de cadáveres de miembros y activistas de los sindicatos y cooperativas de trabajadores portuarios adicionales o supernumerarios, asesinados. Fue por esas fechas que desaparecieron a Eulides Blandón, “Kunta Kinte”, y a otros dirigentes populares; y todos estos crímenes han quedado en la impunidad.

Ya se sabe que el paramilitarismo en Colombia desde su nacimiento ha actuado con el beneplácito de autoridades gubernamentales y en contubernio con la fuerza pública. A Buenaventura llegaron los narcoparacos no solo a prestar sus macabros servicios a los nuevos dueños del Terminal Marítimo, sino también a los grandes comerciantes y a los carteles del narcotráfico. De allí que las gentes del pacífico lo que están manifestando en estos momentos es que ya se hastiaron de tantos engaño y falsedad gubernamentales, atropellos, despojos, superexplotación de su mano de obra, crímenes, discriminaciones, injusticias y ultrajes a su dignidad.

Lo sorprendente es que el Presidente Santos, lejos de ponerle la cara a los graves problemas que está viviendo la sociedad colombiana, viaja a Estados Unidos para concertar acciones injerencistas contra la hermana República de Venezuela y a favor de la oposición oligárquica, violenta y golpista de ese país. Actitud condenable desde todo punto de vista.

Es inaceptable que de parte de voceros del Gobierno Nacional se tome a la corrupción de algunos funcionarios públicos de la región como pretexto para negar las debidas inversiones en la misma y justificar su estado de atraso. Pues la corrupción es un fenómeno nacional e impulsado desde las oligarquías nacionales. Quienes roban en las regiones generalmente no roban para ellos solos sino para partir con dirigentes nacionales y regionales, por ello los cubren con el manto de la impunidad. Este fenómeno se tiene que atenuar y extinguir con el debido cumplimiento de sus funciones constitucionales y legales de los organismos de control y vigilancia, y las instancias judiciales, tal como se hace en otras partes del mundo.

Frente a los incumplimientos y los engaños del Gobierno Nacional, tanto el Comité Cívico del Chocó como el Comité Cívico de Buenaventura, convocaron una vez más a sus respectivos pueblos a una jornadas de Paro Cívico, pero hasta la fecha desde la parte gubernamental  no se ofrecen las soluciones pertinentes y al contrario, se ha respondido con la represión de la fuerza pública contra los pacíficos manifestantes. Por lo tanto, todos estamos en el deber de participar activamente con nuestro apoyo a estas nuevas jornadas históricas de lucha por la redención y la dignidad de nuestros pueblos, al tiempo que se rechacen las acciones represivas y violentas contra los pueblos del Chocó y Buenaventura.

VIVAN LOS JUSTOS PAROS CÍVICOS DEL CHOCÓ Y DE BUENAVENTURA.


RECHAZO ROTUNDO A LA REPRESIÓN GUBERNAMENTAL CONTRA NUESTROS HERMANOS DE BUENAVENTURA Y EL CHOCÓ. 

viernes, 19 de mayo de 2017

¿COLAPSO INSTITUCIONAL O SALIDA DEMOCRÁTICA?

El Clan del Golfo entra en acción

Colombia en su encrucijada histórica…
¿COLAPSO INSTITUCIONAL O SALIDA DEMOCRÁTICA?
Popayán, 19 de mayo de 2017
“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”.
Antonio Gramsci
Lo que ocurre en Colombia en este instante de la vida nacional no sólo es paradójico sino que al igual que lo sucedido el pasado 2 de octubre de 2016, pareciera ser algo irracional e ilógico. No obstante, es parte de la complejidad de la vida. La clave es poder entenderlo.
Una guerrilla insurgente hace todos los esfuerzos por integrarse a la legalidad mientras amplios sectores de la sociedad, diversas instituciones estatales (fiscalía, corte constitucional, parte del Congreso), otros grupos armados ilegales, y el mismo gobierno que pactó con ellos su desmovilización e integración a la vida civil, o no se dan por enterados, o sabotean abiertamente el proceso, o entraban de una u otra manera la implementación de los acuerdos. Es cosa de locos.
Para poder aprehender esa realidad es necesario revisar los antecedentes. Intentaremos hacerlo así sea en forma sintética y panorámica para después plantear una mirada de la coyuntura y unas propuestas correspondientes.
1. El Estado colonial, el proceso de paz y los nuevos sectores sociales   
Un Estado colonial, profundamente corrupto, anti-nacional, clasista, racista, patriarcal y excluyente, que durante los años 80s y 90s del siglo pasado (XX) fue cooptado paralelamente por el capital trans-nacional y por las mafias de diverso tipo, viene haciendo agua –en continua crisis sistémica– desde hace varias décadas. Esas mafias son integradas por los “nuevos” terratenientes despojadores de tierras aliados a los capos del narcotráfico, grandes contratistas nacionales y transnacionales que no tienen la más mínima ética empresarial, y las poderosas cúpulas de burócratas corruptos coaligados desde lo local, lo regional y lo nacional. Es un fenómeno similar al que hoy se vive en México pero que se intenta tapar y camuflar con el llamado “proceso de paz” que, en últimas, se reduce al desarme de la guerrilla.  
Es un Estado fallido en permanente inestabilidad que se alimenta de la economía del narcotráfico y de múltiples economías de enclave (legales e ilegales como la petrolera, minera, agro-exportadora, etc.) pero, que a la vez se nutre del esfuerzo de cientos de miles de pequeños y medianos productores urbanos y rurales, y de millones de trabajadores formales e informales. En esa dinámica han surgido dos nuevos sectores sociales (burguesía emergente y “precariados”) que pugnan por sus intereses frente al aparato institucional de ese Estado que no se muestra capaz de integrar y asimilar esos intereses antagónicos sin sufrir graves tensiones e inestabilidades.
La aguda confrontación entre las mafias incrustadas en el Estado, por un lado, y los empresarios, los productores y los trabajadores, por el otro, cansados de tributar para una burocracia profundamente corrupta, genera conflictos y fisuras que amenazan con colapsar el sistema clientelista tradicional pero, a la vez, pueden desencadenar fuerzas sociales que en el inmediato futuro afectarían todo el régimen neoliberal.
La gran burguesía transnacional e imperial es consciente de esa situación. Por ello, ha diseñado una estrategia para asimilar a algunos sectores de la burguesía emergente –usando el “proceso de paz”– pero el organismo colonial heredado pareciera que no es capaz de soportar la combinación de las presiones internas (mafias) y las externas (nuevos sectores sociales). No son sólo los nuevos terratenientes (criminales y parásitos) los que se niegan a compartir partes del poder con las expresiones de la burguesía emergente sino que, en conjunto, las mayorías de quienes parasitan el Estado colonial temen que un verdadero proceso de democratización ponga en riesgo sus intereses[1].
Es en ese juego en el que se ha visto involucrada la guerrilla de las FARC. Los partidos del establecimiento, incluyendo al Centro Democrático (“uribismo”), utilizan los acuerdos para impulsar una reforma política que les concede migajas institucionales a los insurgentes (curules en el Congreso, asambleas departamentales y concejos municipales) pero paralelamente les cierran los espacios a los partidos minoritarios que pudieran desarrollar una competencia seria en el terreno electoral. Ellos saben que la expresión política de la insurgencia a corto plazo tiene un techo limitado y que no significa un peligro real.
Además, los jefes insurgentes han planteado que piensan jugar electoralmente al lado de los “liberales sociales” y de otros sectores del establecimiento que han impulsado el proceso de Paz para constituir un “gobierno de transición”. Esa es una fórmula que la burguesía transnacional y el imperio estadounidense ven con buenos ojos dado que les permite –en forma ideal– implementar los acuerdos especialmente en el tema de tierras, que no es otro que abrir amplios territorios a la inversión transnacional mientras le hacen “pequeños retoques sociales” a las zonas marginadas y marginales en donde tradicionalmente las FARC tienen sus bases de apoyo. Es con esa “cuota territorial” y entrega de riqueza que piensan financiar el “post-conflicto”, no tienen más.
Es por lo menos lo que en teoría se plantea aunque otra cosa será la implementación práctica ante la realidad de que en dichas zonas marginadas y marginales, la economía del narcotráfico tiene su propia dinámica transnacional y criminal que, es aprovechada, a su vez, por toda clase de grupos armados ilegales que aspiran a controlar esos territorios y el flujo de dinero que se mueve a su alrededor. Dentro de esos grupos están los que hoy se mueven con el Clan del Golfo, los reductos de las llamadas Bacrim, el EPL, el ELN y las disidencias de las FARC que pueden ir fortaleciéndose con el tiempo. Eso no le preocupa al gran capital aunque aparente lo contrario.             
Las organizaciones sociales, políticas y gremiales que intentan representar esas fuerzas en colisión sufren las consecuencias de ese proceso complejo. Las fuerzas sociales que juegan dentro de ellas entran también en tensión y generan divisiones internas. Es todo el “organismo” el que está cambiando y en medio de ese movimiento va surgiendo lo nuevo. Es por ello que todos los partidos políticos están sufriendo múltiples divisiones internas y realineamientos, de acuerdo a los diversos intereses de clase u otros acumulados históricos (étnico-regional-cultural). Una mirada ligera diría que esa situación se presenta por efecto del “proceso de paz” pero, en realidad, es un proceso más profundo en donde la terminación del conflicto armado es consecuencia de los movimientos estructurales que están en choque tanto en el mundo como en la región latinoamericana y el mismo país.    
La gran pregunta es: ¿Podrá el organismo colonial y corrupto asimilar y domesticar a las nuevas fuerzas sociales que pujan por sus intereses o se impondrán nuevas dinámicas que lleven al colapso del viejo sistema y finalmente se desencadenen las fuerzas del cambio?
¿El “gobierno de transición” que se plantea se pondrá al servicio de la asimilación progresiva sin transformar el “organismo colonial” o servirá para desencadenar lo nuevo?
Lo que estamos observando es que las fuerzas que buscan integrarse a la legalidad han empezado a asimilarse a lo viejo –obligados por las circunstancias que incluyen su propia concepción política– porque son fuerzas que están desconectadas de los sectores sociales citadinos que ellos no entienden (empresarios, clases medias y precariado) y, además, no tienen suficientemente claro lo que ocurre con los sectores de la sociedad que los adversan. Es la paradoja del momento.
2. La coyuntura: Gran desorden, gran confusión, gran revolcón
Como parte de la crisis sistémica en que ha permanecido el Estado colombiano, se han presentado en los últimos 40 años diversas expresiones de organización y movilización social que han tenido importantes momentos de beligerancia. Entre esos picos de auge se pueden destacar la lucha por la tierra encabezada por la ANUC a finales de los años 60s y principios de los 70s; el paro cívico nacional de 1977; los múltiples y permanentes paros cívicos locales y regionales de la década de los años 80s; las movilizaciones cocaleras de 1994; y desde 2008 hasta 2016, se desarrollaron importantes movimientos populares y paros de cobertura nacional (cafeteros, agrarios, estudiantiles, mineros, indígenas, etc.) que han sido descritos y estudiados por Edwin Cruz Rodríguez en su libro “Caminando la palabra” (http://bit.ly/2qwdfgk).
Ahora, a mediados de 2017 se vinieron en avalancha los paros cívicos de los “de abajo” (Chocó, Buenaventura), el paro nacional de maestros, el paro de trabajadores estatales y de la justicia, y se anuncian movilizaciones campesinas e indígenas en diversas regiones del país. Pero además, se multiplican las consultas populares contra la minería depredadora “a cielo abierto”, las revocatorias de alcaldes corruptos y privatizadores, y la gente empieza a organizarse a todo nivel. La indignación por los escándalos de corrupción (Reficar, Odebrecht y otros) va por debajo, mellando la credibilidad en la democracia representativa y acumulando inconformidad en diversos ámbitos de la sociedad.
“Los de arriba”, las castas dominantes y corruptas, están desconcertados y asustados. Temen el “desorden” y tratan de frenar todo. Solo atinan a plantear su tradicional fórmula al calor del “proceso de paz”: reformas en el papel (leyes) y violencias represivas de todo tipo (esmad, bacrim, nuevos “paras”, etc.), pero en la práctica quieren cerrar (domesticar) la poca democracia existente, como ya sucede con el Consejo Nacional Electoral que pretende modificar las normas de la revocatoria del mandato de alcaldes y gobernadores, y con el gobierno central que impulsa una supuesta reglamentación de la consulta previa a las minorías étnicas, que de seguro va a tocar y limitar las consultas populares locales.
Se presenta el contrasentido de que estas fuerzas conservadoras del establecimiento quieren utilizar el “proceso de paz” para arreglar de afán (vía “fast track”) lo que sólo tiene arreglo con el desencadenamiento de la más amplia organización y movilización ciudadana y popular. Pretenden hacer creer que con cambios cosméticos a las leyes van a democratizar el país por decreto, mientras la realidad de violencia, la presencia de mafias regionales, el fortalecimiento de los monopolios de contratistas corruptos manejados por sus políticos y los ventajismos en los organismos del Estado, no solo no se tocan sino que en forma descarada se aúpan sin ninguna vergüenza, como ocurre con el caso del Fiscal General y sus relaciones indebidas y fraudulentas con Luis Carlos Sarmiento Angulo, el más grande multimillonario del país, quien quita y pone lo que quiere dentro del Estado. 
3. La fábula del atracador y el atracado
La situación del pueblo colombiano se asemeja al siguiente símil[2]: “Un atracador armado hasta los dientes asalta a un experto en artes marciales y le roba todas sus pertenencias. Lo viola y humilla pero le “perdona” la vida. Al atracado le da vergüenza reconocer lo sucedido y muestra el hecho de que salió vivo del incidente como un gran triunfo. Pretende no perder prestigio ante sus conocidos. El atracador se da cuenta de la debilidad del atracado y como tiene pruebas de la “violación” decide convertir el hecho en una estafa continuada. De esa manera, el hombre atracado se ve obligado a presentar al atracador como si fuera un tipo buena gente, respetuoso de la vida y llega al extremo de aceptar que en gran medida él provocó el atraco” (http://bit.ly/2qs4vrs).

Así estamos los colombianos, frente a una clase política corrupta y a una oligarquía imperial que logró instrumentalizar el conflicto armado a su favor y ahora instrumentaliza la “paz”. Ellos lograron convertir a las víctimas en violadores; a los rebeldes en “terroristas”; al Estado despojador en “protector”; a los ladrones y atracadores en “pacifistas” y “demócratas”. Y lo hacen -además- utilizando la amenaza del “coco” uribista. Es una verdadera estafa y chantaje en donde las víctimas terminan creyendo en sus opresores y le “lavan la cara” a los “atracadores buenos”, a los que supuestamente les perdonan la vida, para poder librarse del “atracador malo”, del asesino en la sombra.
4. El necesario debate para enfrentar el momento
Tres grandes temas han sido planteados al interior del campo popular para enfrentar el momento: 1) El cumplimiento y la implementación de los acuerdos con las FARC; 2) La lucha contra la corrupción político-administrativa; 3) Las políticas neoliberales.

El problema es determinar la prioridad, lo principal, lo táctico. A Uribe le conviene polarizar la sociedad en torno al tema de la “paz” (que él y su partido pretenden convertir en una santa cruzada contra el “castro-chavismo” que incluye la defensa de la moral, la familia, las buenas costumbres y la propiedad privada). A los corruptos “santistas” y a la gran burguesía transnacional le interesa hacernos creer que la “implementación de los acuerdos” garantiza automáticamente la democratización del país pero sin tocar para nada lo esencial y determinante para el país.

Otros pensamos que el énfasis debe estar en el tema de la corrupción política-administrativa, la recuperación del aparato productivo y la defensa del medio ambiente. No se trata de aprobar nuevas leyes sino de impulsar una política con hechos concretos. Para empezar, no podemos aliarnos con ninguna fuerza politiquera tradicional, y por el contrario, la idea es construir una fuerza política con todos aquellos que están de acuerdo con la conformación de una “tercería” para despolarizar al país (no uribista, ni santista y menos vargas-llerista).

Por lo anterior, estamos de acuerdo con apoyar el cumplimiento de los acuerdos pero creemos que tácticamente no es positivo colocar ese objetivo como prioritario o central en nuestra propuesta política. Además, lo de enfrentar con “todo” el neoliberalismo, tampoco es muy conveniente, no porque no sea un objetivo importante sino porque en la coyuntura actual debemos acumular una fuerza mucho más amplia, incluyendo a empresarios medios y profesionales que identifican la lucha anti-neoliberal con el “nacionalismo estrecho”, creen que esa lucha se reduce a la negación de los TLCs (que ellos han aprovechado), y además, relacionan todo lo anti-neoliberal con políticas y soluciones “estatistas” (paternalistas, asistencialistas) que están fracasando en algunos países vecinos.

Nuestra propuesta es que hay que ir despacio, unir amplias fuerzas anti-politiqueras y anti-corruptas, y avanzar con un gobierno “moderado” mientras se consolida una verdadera fuerza social y, dentro de ella, se construyen nuevas visiones, se fortalecen nuevos sectores sociales, y se consolida un verdadero movimiento y proyecto político que nos permitan avanzar en forma consistente hacia el futuro. O sea, se trata de no torear el “avispero” sin tener con qué responder (que fue lo que le ocurrió a Petro en la alcaldía de Bogotá). Pero claro, aprovechar la oportunidad servida.
5. Desencadenar las fuerzas democráticas y construir una “tercería ciudadana”
La democracia sólo se construye con verdadera “fiesta democrática” y ésta sólo surge cuando se desatan las fuerzas reprimidas y subterráneas de los pueblos y las comunidades excluidas. Para hacerlo en Colombia es urgente y perentorio construir una “tercería ciudadana” para superar la polarización política entre Santos y Uribe, entre la “paz” y la guerra, y no caer en la dinámica que se está viviendo en Venezuela.
Es evidente que si no surge esa tercería política, Uribe y sus aliados tienen todas las condiciones para recuperar el gobierno en 2018. Si ello ocurre, la guerra se acrecentará y Colombia va a entrar en una dinámica peor que la que teníamos antes. La violencia –hoy liderada por los grupos armados ilegales que hacen parte del "Clan del Golfo"– ya ha empezado a aflorar mortalmente. Es una violencia muy similar a la que hoy se vive en México y tiene como base de apoyo a viejos y nuevos grupos paramilitares que se alimentan del narcotráfico y de la minería ilegal.

Una coalición política liderada por las fuerzas “santistas” que estuvieron al frente de la negociación de La Habana, con el apoyo del nuevo movimiento que organicen las FARC y un sector de la izquierda, no tiene la más mínima posibilidad de competir por la Presidencia en 2018, como ya se comprobó el pasado 2 de octubre, cuando estos sectores tenían el manejo del aparato del Estado, el soporte de todas las fuerzas democráticas y de izquierda, el apoyo de la comunidad internacional, de Obama y hasta del Papa. En 2018 esa situación no será igual, Cambio Radical y Vargas Lleras se van a separar de esa “unidad nacional”, los de la “U”, liberales y conservadores se van a dividir, la Alianza Verde y una parte del Polo ya no están y, además, la presencia de sectores corruptos de la clase política tradicional y la carga negativa que arrastra la insurgencia, no le permitirían obtener el respaldo de las mayorías.   

Sólo una “tercería”, ojalá alimentada y estimulada por una candidatura “outsider” presentada por un auténtico “movimiento ciudadano”, podría reforzar la incipiente y todavía vacilante “alianza anti-corrupción” que parece configurarse en cabeza de Claudia López, Jorge Enrique Robledo y Sergio Fajardo. Esa gran “tercería” política podría atraer a sus filas a Gustavo Petro, alejándolo de los sectores corruptos del establecimiento liberal-santista, y mediante una estrategia totalmente amplia, no partidista, de “nuevo tipo”, aprobando un programa adecuado a las circunstancias especiales del momento y unos procedimientos claros y transparentes para escoger el candidato, podría colocarse a la cabeza de una “ola democrática” que por primera vez derrotara a nivel nacional a la casta política tradicional y clientelista.

Esas son las dos tareas que hay que desarrollar. Construir en forma ágil y oportuna ese “movimiento ciudadano” que presente y posicione un candidato proveniente de ambientes diferentes a la política; y paralelamente, alimentar y consolidar esa “tercería” o gran coalición de las fuerzas sanas de la nación para derrotar la corruptela santista, uribista y vargas-llerista.

Si nos lo proponemos lo haremos.     

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[1] El deslinde de Germán Vargas Lleras separándose de la Unidad Nacional “santista”, las acciones del Fiscal General, las componendas en las Cortes Judiciales y la actitud de la mayoría del Consejo Nacional Electoral son muestras fehacientes de esa situación.
[2] Es un símil para visualizar la "trampa ideológica" (el "síntoma" de que hablan Lacan y Zizek) que consiste en ese "algo" que hay en nuestro interior que nos impide "ver" la realidad tal como es. Ese "algo", en nuestro caso, no es otro que el "espíritu cortesano".