martes, 22 de mayo de 2018

NUNCA “ELLOS” HABÍAN ESTADO TAN NERVIOSOS


NUNCA “ELLOS” HABÍAN ESTADO TAN NERVIOSOS

Popayán, 22 de mayo de 2018

“El poder oligárquico en Colombia está desnudo, algunos quieren quitarle el vestido”.

Nunca había visto tan nerviosos a los poderosos y a los periodistas que tienen a su servicio.

1. Ni en las peores épocas de violencia guerrillera (la controlaban), o de violencia mafiosa (no era contra ellos), o de violencia paramilitar (era de ellos).

Aparentaban nerviosismo y distraían con violencia a la gente.

2. Nunca había visto tan nerviosos a los políticos tradicionales y a los periodistas que los poderosos ponen a su servicio.

Ni en la época del cura rebelde Camilo Torres (jugaba fuera del sistema), ni cuando le robaron las elecciones a Rojas Pinilla (lo controlaba el sistema), ni cuando el M19 ganó las elecciones de la Constituyente en 1991 (fue un pacto para fortalecer el sistema).

Aparentaban nerviosismo y distraían con demagogia a la gente.

3. Hoy todos los poderosos, los políticos tradicionales y los periodistas tarifados están muy nerviosos.

Saben que la distracción con la violencia guerrillera, mafiosa o paramilitar ya no funciona; saben que ese distractor les permitía hacer demagogia para tapar las causas de la desigualdad y de la pobreza; saben que la gente está despertando y que ya no les creen.

Hoy no aparentan nerviosismo... ¡están muy nerviosos...!

4. Un candidato en estas elecciones ha logrado interpretar a la gente y los ha puesto al borde de un ataque de nervios.

Un candidato ha aprendido a jugar dentro del sistema y quiere cambiarlo desde adentro sin acomodarse a él y sin pactar con ellos.

Un candidato se ha conectado con el despertar de la gente y ha hecho una campaña pedagógica para despertarla mucho más.

5. Ellos saben que si ese candidato pasa a segunda vuelta no habrá poder en el mundo que lo detenga en su camino a la presidencia.

Ese candidato ha denunciado que se prepara un enorme fraude para detener la avalancha popular que está creciendo.

Frente a esa denuncia primero dijeron que era un irresponsable, que era un atentado a la institucionalidad, y que era una estrategia electoral.

Ahora con mucha pompa y seriedad han convocado una sesión de la Comisión Electoral de Garantías con presencia del presidente Santos para tratar de tapar el fraude y legitimar la trampa.

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Ese candidato se llama Gustavo Petro y quiere ser presidente de Colombia.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado


sábado, 19 de mayo de 2018

URIBE, DUQUE Y LA FANTASÍA

Ivan Duque y su entorno corrupto

URIBE, DUQUE Y LA FANTASÍA

Popayán, 19 de mayo de 2018

“La fantasía es precisamente el modo en que se disimula la figura antagónica”.

Slavoj Zizek

Uribe en Colombia se convirtió en “algo” difícil de desentrañar para la izquierda. La oligarquía tradicional y el imperio lo utilizaron para aplicar el “Plan Colombia” y debilitar a las guerrillas pero, Uribe adquirió identidad propia y de alguna manera se convirtió en una anomalía. No obstante que representa a las mafias narcotraficantes que mutaron en nuevos terratenientes mafiosos y despojadores de campesinos pobres, logró construir lazos fuertes con los grandes latifundistas de origen esclavista y de talante conservador. Así se convirtió en un agente político con influencia permanente en la burguesía agraria y entre sectores pobres y atrasados de regiones y ciudades. Uribe quiere gobernar a través de Iván Duque, quien es una de sus construcciones (como lo fue “uribito” Arias) pero, a pesar de las apariencias, hoy no la tiene fácil y, por ello, ha tenido que hacer alianzas non sanctas que lo debilitan parcialmente entre sus seguidores. 

Para enfrentar y derrotar en esta nueva etapa a Uribe hay que entender su esencia. Veamos:  

Uribe era (y es todavía) una fantasía y no solo para los uribistas. Era una idea que intentaba negar el antagonismo social de esta tierra colombiana. Tanto para seguidores y contradictores era un clásico “paramilitar” pero, a la vez, un devoto creyente y clerical; una especie de cruzado armado hasta los dientes que usaba la cruz cristiana para derrotar a los odiados impíos musulmanes; era un diablo y un ángel que cambiaba de piel cuando él quería al estilo del mejor prestidigitador paisa; siendo de origen campesino se convirtió en un poderoso terrateniente, lo que para su gente no era problema porque a la vez fortalecía su figura de luchador contra la oligarquía bogotana. A esa oligarquía capitalina los fanáticos uribistas la veían cercana, connivente y cómplice con las guerrillas, enfoque que la izquierda nunca entendió; no importaba que Uribe fuera corrupto pero era su propio corrupto con una supuesta causa noble; era un hombre violento pero a la vez digno de compasión porque fue obligado a volverse brutal para defender a su familia y su dignidad frente al atropello de las Farc; por ello, se hizo famosa y aceptada la imagen de “la mano firme y el corazón blando”; todos lo admiraban aunque fuera un ser vengativo pero que tenía razones nobles y hasta sentimentales; héroe y villano; su programa de familias en acción lo convirtió para muchos en una especie de Robin Hood colombiano y no importaba que se enriqueciera con los saqueos de los recursos públicos porque la gente creía a ojos cerrados que era el único que se había preocupado por los pobres. Pero esa fantasía poco a poco se está diluyendo.

Al no comprender cómo actúan las fantasías, quienes adversaban a Uribe atacándolo de “paraco”, criminal, violento, corrupto, etc., no se daban cuenta que con sus ataques reforzaban ese espejismo en los seguidores de Uribe; esa especie de delirio hace que la gente agrupe sin ningún problema cualidades contradictorias que hacen de ese ser, un ente especial que concentra lo mejor de lo “bueno” y lo peor de lo “malo”; así, Uribe se convertía en algo poderoso y casi sobrenatural. En cierto sentido se podría decir que sus opositores también caían en la trampa de la fantasía al no conocer ese mecanismo mental que la misma gente usa para enfrentar la necesidad de ser protegidos por el gran Otro, el ser supremo, el salvador  que todos los pobres de espíritu necesitan para vivir.

Solo conociendo ese “mecanismo” cuasi-religioso podemos de-construir la fantasía y afrontar no tanto al Uribe en sí mismo sino a la idea de lo que es él. Hoy, la evolución de los hechos atenta contra esa ilusión pero sus adversarios pueden acabar de reforzar el “mito” al no entender la esencia de esa forma ideológica. Uribe necesita construir con urgencia el reemplazo de las Farc que eran su verdadero soporte y razón de ser, y por ello quiere convertir a Gustavo Petro en el heredero de la insurgencia fariana y del castro-chavismo. No obstante, Petro hábil e inteligentemente se deslinda de la ex-insurgencia, afirmando que si la JEP comprueba la culpabilidad de Santrich no dudaría en extraditarlo, y además, se aparta de Maduro calificándolo de dictador y mal gobernante. El problema más grave lo tiene Uribe con los jóvenes que no tienen el lastre de la guerra y que están mirando el mundo con ojos nuevos. 

El proceso real que diluye la fantasía llamada Uribe se ve reflejado ahora en su candidato Duque. La debilidad de este candidato no es que sea un títere de Uribe, esa es su fortaleza; pero debido a que Uribe necesitaba de los conservadores y, después de la primera vuelta va a requerir el apoyo de los liberales corruptos, de la U y de Cambio Radical, el talón de Aquiles de Duque es que no puede ser títere de todos. Una marioneta de toda esa jauría de corruptos no puede ser presidente de Colombia. Seguir reforzando la idea de que solo es títere de Uribe no es lo correcto. Lo que hay que explotar es que él es la continuidad de lo peor de Santos (que está representado en Vargas Lleras) y de lo “mejor” de Uribe que es su carácter guerrerista.

Duque finalmente va a representar a lo más selecto de los corruptos y lo más granado de los guerreristas. ¡Hay que desenmascararlo y derrotarlo!  

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

miércoles, 16 de mayo de 2018

¡GUSTAVO PETRO LOS TIENE ASUSTADOS!


Por qué votaré por la Colombia Humana…

¡GUSTAVO PETRO LOS TIENE ASUSTADOS!

Popayán, 16 de mayo de 2018

Vergüenza siente uno al leer los argumentos de Antonio Caballero sobre por qué no votará por Petro. Son razones de tan poco peso que causan pena en cuerpo ajeno. Le brotó su elitismo bogotano, su racismo clasista y el miedo al pueblo. El señorito burgués mostró el cobre.

Lo que ocultan esos intelectuales es que la historia demuestra que los pueblos son los que hacen y moldean a sus líderes. Y además, aquellas comunidades que han perdido hasta la esperanza son las que construyen mesías o salvadores supremos en una especie de trance político-religioso que se torna en una fuerza imparable. Ha sucedido en todo el mundo y en épocas diversas.

En diversos grados fue lo que hicieron los pueblos en América Latina cuando llevaron a la presidencia a un Chávez, un Correa, un Evo o un Lula. Y en Colombia, en un proceso de signo negativo eligieron a un gobernante con ciertas similitudes pero derechista: Álvaro Uribe Vélez.

Ese fenómeno se había expresado en América Latina en los años 40s del siglo pasado (XX) con Perón (Argentina), Vargas (Brasil), Cárdenas (México), Pérez Jiménez (Venezuela) y otros. En Colombia, con Gaitán y después de su asesinato, Rojas Pinilla quien recogió parte de su legado.

En la actualidad, Gustavo Petro es un líder con esas características. Todo indica que su sueño es emular y superar a esos dirigentes históricos. Pero, si quiere permanecer en el gobierno los 4 años de su período y construir un proyecto político de mediano plazo –de ser elegido en 2018– tendrá que hacer todo lo contrario a lo que hicieron los gobernantes progresistas de los países vecinos.

Lo alentador es que él parece saberlo. Todas las señas que envía –en discursos, debates y entrevistas– indican que es  muy consciente de los riesgos que enfrenta. Sufrió los rigores de una obtusa y fanática oposición que estuvo a punto de sacarlo de la alcaldía de Bogotá y de inhabilitarlo políticamente de por vida. Lo más seguro es que ha aprendido. Y el pueblo también.

Pero, lo más interesante del momento que vive Colombia es que por encima de cálculos políticos, de trapisondas oligárquicas, de miedos inculcados, de amenazas siniestras y de temores ciertos, nuestro pueblo está dispuesto a empujar en esa dirección porque no hay otra salida.

Hay consenso en que Colombia necesita de un proyecto político transformador de mediano y largo plazo para superar la falsa democracia existente y aminorar la enorme desigualdad que es la causa principal de todos los demás conflictos.

Lo paradójico es que las castas dominantes tratan de asustar con que Petro generará un “trauma institucional” o “un salto al vacío” cuando, precisamente, el entusiasmo que despierta es porque las mayorías quieren una verdadera ruptura histórica, un cambio sustancial, que haga posible la construcción de verdadera democracia. 

Los otros candidatos han demostrado que no son capaces de iniciar un verdadero proceso de cambio en Colombia. Se necesita un talante especial para intentarlo. La gente se dio cuenta de ello y no van a perder la oportunidad de concretar esa aspiración. Es decir, ya no es un problema solo de Petro sino de millones de personas; es una situación realmente nueva y estimulante.

Hasta hace pocos meses todo indicaba que el miedo a las Farc impedía que como sociedad nos atreviéramos a encargarle a un líder de izquierda la tarea de continuar el proceso de paz y de iniciar la transformación de nuestro país derrotando a las castas políticas ineptas y corruptas.

Varios factores han contribuido para que los frenos que tenía gran parte del pueblo se hayan soltado en forma inusitada. Está en marcha una oleada de indignación y, a la vez de optimismo, que es el factor determinante en esta campaña electoral. Es un hecho, ¡la gente está lanzada! 

Por un lado, la debilidad de las Farc ha quedado tan expuesta que hasta generan lástima. Hoy nadie cree que puedan ser una amenaza cierta; sin necesidad alguna, el gobierno, el Fiscal y la DEA, se concertaron y cebaron hasta llevar a sus dirigentes a la humillación victimizante. Les quitaron la sábana blanca del fantasma y el velo de la desinformación se hizo humo.    

Igual, la incapacidad de los candidatos tradicionales es tan grande que los coloca en evidencia. Corrupción a granel que no pueden esconder, poses y simulaciones de una torpeza infinita, alianzas oportunistas y desesperadas, todo eso y mucho más, los han desnudado ante la sociedad como nunca antes había sucedido. Hasta ellos mismos son conscientes de su precariedad. 

Pero también, el otro candidato “alternativo” que parecía liderar la indignación tranquila y moderada, el que se suponía iba a ser capaz de reconciliar a los colombianos pero, a la vez, enfrentar la corrupción, en el momento justo de hacerlo se dejó tentar por el camino fácil de atacar a Petro por supuestamente representar el miedo y la venganza. No superó su tibieza y se desinfló. 

Además, en los debates Petro ha demostrado ser el más capaz. Maneja bien todos los temas, improvisa sin perder el hilo, no se deja encerrar de los medios, hace pedagogía y se arriesga a plantear propuestas que muchos de los otros candidatos terminan por copiar. Aunque copian mal.

Pero lo de mayor trascendencia es que Petro y los dirigentes de organizaciones sociales que vienen agrupándose en su entorno cuentan con unas condiciones excepcionales para avanzar por nuevos caminos muy diferentes a los de los gobiernos progresistas de América Latina. No se trata de que la tengan fácil sino que la misma dificultad los obliga a tener que acertar.

Primero, no llegan a administrar una bonanza económica lo que los obliga a buscar nuevas alternativas productivas. Es lo que plantea con claridad y determinación el candidato Petro frente a la dependencia de las economías extractivistas. Esa circunstancia crea enormes condiciones para construir una amplia base política y social entre los pequeños y medianos productores (rurales y urbanos) que existen en Colombia y que son un potencial enorme hacia el futuro.

Esa tarea exige y propicia una alianza con el enorme número de “profesionales precariados” que necesitan de una nueva economía, moderna, globalizada, industrializada y con alto nivel tecnológico. Educación, salud e infraestructura tendrán una nueva ligazón y un motor integrador no dependiente del Estado que fue lo que le faltó a los procesos de cambio de los países vecinos.

Segundo, al no contar con una mayoría parlamentaria en el congreso nacional tendrán que buscar –con pausa y buen pulso– apoyo en la opinión pública, entre las organizaciones ciudadanas y populares y en las regiones. Y la verdad, no va a ser tan difícil ante el desprestigio que ha acumulado la clase política tradicional. Además, de esa forma es como se puede construir el bloque político histórico que se requiere para empujar hacia adelante.

Lo anterior puede ser un buen antídoto para evitar que los dirigentes de la Colombia Humana se involucren exclusivamente en la gestión burocrática del “Estado heredado” y dediquen sus principales esfuerzos a fortalecer el movimiento social y nuevas formas de organización ciudadana, entendiendo que ese es el verdadero soporte y puntal de los cambios hacia el futuro.

Y tercero, Petro tiene que gobernar apoyándose en la institucionalidad existente, en el ejército, en la burocracia, en las fuerzas económicas y en una sociedad que quiere reconstruir la nación en paz. No están las condiciones para aventuras de corto plazo y ello los obligará a gobernar con mucho tacto y paciencia, con visión estratégica y mirada de mediano plazo.

Se podría decir que de salir elegido en primera o segunda vuelta, Petro gobernará con el contenido del programa de la Colombia Humana pero con las formas moderadas de Fajardo. ¡Y eso es muy bueno!   

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

jueves, 10 de mayo de 2018

VOTARÉ POR PRIMERA VEZ Y LO HARÉ POR PETRO


VOTARÉ POR PRIMERA VEZ Y LO HARÉ POR PETRO

Autor anónimo

Pues hombre, tocó hacerte la aclaración: sí, soy anarquista por ideología y proletario por obligación, y votaré por primera vez por alguien, no porque crea que va a arreglar este mierdero, yo no creo en nada, estoy seguro que esto nadie lo arregla, pues el problema de Colombia son los colombianos, un pueblo violento, cizañero, arribista y criminal.

Votaré por Petro, no porque esté convencido que sea socialista, o porque lo vea como un caudillo, o como un ídolo, hace muchos años destruí el último de mis idolos. Votaré por él porque es el único que incomoda a todos, al que todos se alinean para atacar, al que la rancia oligarquía que siempre ha gobernado este desastre de país teme, al que los corruptos le hacen propaganda negra, al que hasta la misma autodenominada izquierda aborrece, al que los sicarios como Popeye desprecian, al que le han hecho atentados y han amenazado los mismos criminales políticos de siempre.

Votaré por Petro porque es el único que ha sido honesto, pues nunca ha negado que fue guerrillero del M-19 y que ha estado en la cárcel, contrario a los otros que todo lo niegan aunque sean evidentes sus crímenes, porque no está envuelto en escándalos de corrupción, y también el único que no se ha aliado con aquellos a los que alguna vez denunció.

Votaré por Petro, porque fue uno de los artífices de la constitución del 91, que derogó la anterior constitución de 1886 que era un bodrio de la godarria, porque en Bogotá le quitó el negocio de las basuras a los privados y se lo entregó a los recicladores, lo que enfureció a las mafias burocráticas y le valió el saboteo y la destitución del cargo, porque en Bogotá su gobierno fue de obras sociales, para los pobres (o ñeros, cómo gustan llamarlos los arribistas) y no de cemento como los demás alcaldes que ha tenido la capital, porque recuerdo que en crisis y protestas como las de Transmilenio, iba a hablar con la gente y no les mandaba los anti motines como hacen los otros.

Votaré por Petro porque no habla con eufemismos y tiene ideas claras y concisas, y las expone sin temor a ofender al status quo, porque no se ubica en el centro sino que toma posición definida y con fuerza y determinación, porque sus propuestas han sido primero criticadas y luego calcadas y deformadas por los candidatos que antes las tachaban de populistas, porque le apuesta realmente a la educación y al desarrollo económico del país.

Y sobre todo votaré por Petro, porque en caso de que haya una ruptura en el espacio-tiempo, y suceda lo imposible contradiciendo la tradición electorera de este paisucho, y quede presidente, me gustaría ver la cara y el desasosiego de esta godarria putrefacta, movida de su zona de confort, tratando de encontrar la manera de revertir las cosas. Hay quienes queremos ver el mundo arder, a ver si de las cenizas se puede construir una realidad diferente de esta cosa tan escabrosa que hemos construido.

¿Te quedó claro? ¿O te lo explico con plastilina?

lunes, 7 de mayo de 2018

CUÁNTO NOS CUESTA ENTENDER QUÉ ES EL “PODER”


La encrucijada de las Farc y el fenómeno político-electoral que encabeza Gustavo Petro 

CUÁNTO NOS CUESTA ENTENDER QUÉ ES EL “PODER”

Popayán, 7 de mayo de 2018

“La paz nunca podrá  ser concesión de ‘los de arriba’ sino construcción de ‘los de abajo’.”

Sorprendentes acontecimientos ocurren en Colombia. En pocos meses han confluido dos fenómenos que generan una nueva situación política en este país suramericano. Las Farc dejan de ser un factor político importante y, Gustavo Petro, candidato progresista de la Colombia Humana, surge como el principal referente de la inconformidad e indignación popular. Ambos hechos están íntimamente relacionados.

Que en tan poco tiempo un “ejército del pueblo”, como el que imaginó y apoyó abiertamente el presidente Chávez en la coyuntura 2006-2013, hubiera casi desaparecido como fuerza beligerante (social, política, militar y hasta simbólica), es algo que no entienden y  no asimilan muchas personas. Que la fuerza de esa organización se haya diluido en el imaginario colectivo en tan poco tiempo, es algo que se debe de entender y explicar porque es… ¡casi increíble!

Pero también es sorprendente y en apariencia contradictorio que hoy esté en pleno desarrollo un alentador movimiento popular al calor de la campaña electoral de Gustavo Petro, candidato que hizo parte del proyecto político-militar M19 que se deslindó de las Farc en la década de los años 70s del siglo XX, y que acaba de plantear en una intervención pública en Florencia (Caquetá) que “Después que las Farc transformó esta sociedad en uribista, Colombia Humana la convierte en vanguardia democrática para cambiar la historia de Colombia” (https://bit.ly/2HYolB8). 

Para explicarnos estos hechos es necesario revisar lo ocurrido con el llamado “proceso de paz” y la evolución de las Farc a lo largo de las últimas décadas. Es pertinente aclarar que esta reflexión no desconoce los esfuerzos y buenas intenciones de las personas que sacrificaron sus vidas y sus familias en las luchas protagonizadas por las insurgencias colombianas; por el contrario, por respeto a esas experiencias estamos obligados a evaluar en profundidad las lecciones que deja todo este proceso y, así, entender lo que ha significado la “lucha por el poder” y la transformación social en nuestro país. 

Pensamos –en primera instancia– que los “errores” que cometieron los dirigentes de las Farc en la tarea de convertirse en fuerza política sin armas, eran “casi” inevitables. Lo paradójico es que si no los hubieran cometido, hoy Gustavo Petro no tendría ninguna posibilidad de ser elegido presidente de la república porque el uribismo estaría inoculando miedo con el supuesto poder de las Farc. Pero, al “casi” desaparecer como fuerza contendiente (armada y/o desarmada), el velo de la desinformación empezó a caer al no contar con ningún punto de apoyo.

Es necesario anotar que desde las negociaciones del Caguán (1998-2001) se percibió un marcado triunfalismo en la lectura que hacían los dirigentes de las Farc sobre la correlación de fuerzas alcanzada hasta ese momento. Estaban convencidos –al igual que Sendero Luminoso en el Perú de 1990– que habían logrado un equilibrio estratégico frente a las fuerzas del Estado.

En reciente texto planteamos que “el triunfalismo es resultado de no estar preparado para el triunfo o la derrota. La confianza desmedida en las propias fuerzas y la subestimación de las fuerzas del contrario, es una combinación letal que lleva al fracaso” (https://bit.ly/2Kw2fYb). Hay que insistir en ese tema. Veamos en el caso de las Farc como se expresó ese triunfalismo.

¿Cómo se manifestó el triunfalismo de las Farc?

Desde el inicio de las negociaciones en La Habana se notaba entre los dirigentes de las Farc que para ellos el solo hecho de que el Estado colombiano estuviera dispuesto a construir un “proceso de paz” era visto como un gran triunfo a pesar de los duros golpes militares que habían sufrido a manos del ejército oficial. De acuerdo con esa percepción, negociar de tú a tú con su enemigo histórico era un gran logro que podría ser un punto de apoyo para tener una buena carta de presentación ante la sociedad y el pueblo, y entrar a la “vida civil” por la puerta grande.

De acuerdo a dicha lectura, entre más logros se obtuvieran en la mesa de negociación a favor de los “humildes”, los campesinos, las “víctimas” y la sociedad, mayor capital político acumularían para ser actores de la construcción de la “paz con justicia social”. Todo parecía lógico y viable.

Después, durante el proceso de la firma de los acuerdos y la refrendación del Plebiscito, fue más visible ese triunfalismo. Celebraron antes de tiempo con los delegados de los frentes guerrilleros en los Llanos del Yarí y en Cartagena con el gobierno y la “comunidad internacional”. Y ni siquiera la derrota del SI (y del NO), a manos de las mayorías escépticas e inconformes que se abstuvieron, fue asimilada por sus dirigentes como un llamado de atención.

Viene ahora el drama. En la firma de los recortados acuerdos (05.12.2016) lanzan su propuesta de “gobierno de transición” que debía contar con el apoyo y las fuerzas sociales y políticas del SI. La teoría de la “paz pura y simple” se mostró en toda su dimensión. Era una paz pactada con representantes de la oligarquía pero era visible (pero no reconocido) que el grueso de las fuerzas dominantes –no solo del uribismo sino del mismo gobierno– mostraba rechazo al acuerdo. La perfidia exhibió desde entonces su rostro pero “algo” cegaba a los miembros de las Farc.  

Las señales de que el Estado no iba a cumplir eran más que evidentes. Ninguno de los partidos de la coalición de gobierno se jugó a fondo en el Plebiscito. Meses atrás, Santos con todas las fuerzas dominantes habían nombrado un Fiscal General y un Procurador de su agrado y por consenso. El primero, ficha del poder plutocrático para sabotear la implementación de los acuerdos y, el segundo, un demagogo para dorar la píldora pero sin poder real. Promovían los acuerdos de boca para afuera mientras preparaban todos los fierros para frenar sus alcances. Y así lo hicieron con posterioridad. 

Pero el otro aspecto que sustentaba el triunfalismo consistía en que los dirigentes farianos estaban convencidos que contaban con una fuerza política real y/o potencial; daban por sentado que la fuerza de las armas iba a ser reemplazada por el apoyo de las comunidades donde habían permanecido a lo largo de cuatro (4) o más décadas y, además, creían que la simpatía de amplios sectores del pueblo colombiano podía ser convertida en fuerza electoral. No era esa la realidad.

Su desconexión radicaba en que no eran conscientes que la mayoría de la población colombiana los rechazaba y adversaba. No lo creían, no lo podían entender y, parece, todavía no lo entienden. No se les pasaba por la cabeza que las acciones irracionales que cometieron contra la población civil en medio de la degradación de la guerra, pudiera haber causado un impacto tan negativo entre amplios sectores de la sociedad que afectara su imagen de luchadores revolucionarios.

Ese “algo” es la esencia de la desconexión de la realidad. Ilusión simbólica y fantasía se unen en esos casos (Lacan). Su imaginario los lleva a verse como liberadores del pueblo y a que la sociedad los percibiera como pacíficos gobernantes del posconflicto. La ilusión consistía en que su pueblo los eligiera y la fantasía en que las castas dominantes les facilitara ese tránsito triunfal a la legalidad. Así, parece que ingenuamente, se involucraron (y ayudaron) a construir la “paz” que necesitaban el imperio y la oligarquía colombiana. Esa es la trampa de la que hoy no logran salir. 

La “paz pura y simple”

Hemos planteado en numerosos artículos desde noviembre de 2011 que así como el imperio logró instrumentalizar la guerra ahora quiere usar la paz para lograr sus objetivos en Colombia y la región (https://bit.ly/18u7aWh). En el momento en que arrancan las negociaciones, Barack Obama se encontraba aplicando la política de distensión con Cuba y acercamiento con gobiernos de América Latina para tratar de recuperar la iniciativa política y económica en la región frente a los avances geoestratégicos de Rusia, China e Irán en América Latina.

Pero en el caso de Colombia la situación era particular. Los costos de la guerra contra las guerrillas eran insostenibles; la insurgencia había sido fuertemente golpeada en los dos (2) gobiernos de Uribe y en el primer año de Santos, y era el momento de obtener su desmovilización; y, lo más urgente, el modelo dependiente del petróleo, carbón, oro y de la economía del narcotráfico, mostraba agotamiento. Amplios territorios aptos para los agro-negocios y el turismo (Altillanura del Orinoco y el Chocó bio-geográfico), podrían ser despejados de la violencia política, y los inversionistas estaban listos para financiar grandes proyectos.

Además, tenían la experiencia positiva de 1991. Por entonces, al calor de los “procesos de paz” con el M19, EPL, PRT Y MAQL[1], se aprobó una nueva Constitución Política, se abrió espacio legal a los guerrilleros desmovilizados y reinsertados con una recortada “apertura democrática” y se aplicaron políticas neoliberales. La izquierda legal que se organizó desde entonces ha tenido posibilidad de gobernar en municipios y departamentos, incluso en la capital de la república, sin que hasta el momento representara algún peligro para su institucionalidad “democrática”.

Con ese diseño se podría decir que toda la izquierda y los demócratas estaban conformes. Se afirmaba con sentido pragmático: es mejor una “paz imperfecta” que una guerra fratricida. Así fue cómo surgió la teoría de la “paz simple y pura”, que según esa concepción, sería una etapa en donde Colombia podría superar la violencia política y fortalecer un ambiente de reconciliación y de avance de la democracia que le facilitaría condiciones a las fuerzas de izquierda para acceder al gobierno central e impulsar las reformas para hacer realidad la justicia social. ¡Qué fácil!           

Conflicto armado instrumentalizado por el imperio

En este momento es importante hacer un recorderis. Las Farc-Ep después de ser durante más de veinte (20) años una construcción y expresión de resistencia campesina e indígena, especialmente en regiones de gran tradición de lucha por la defensa y la recuperación de la tierra (regiones del Cauca, Huila, Tolima y Valle situadas en los alrededores volcán del Huila) y en zonas de colonización, se fue convirtiendo en una especie de “policía rural” y, después de un largo proceso que se describe a continuación, se transformó en un verdadero ejército mercenario al servicio del mejor postor.

No importaba que su discurso fuera “bolivariano”, “revolucionario” o de “izquierda”, su práctica efectiva y real consistía en ser un regulador de la economía y en un garante de la estabilidad social en regiones marginales que controlaban con la fuerza de sus armas. Es evidente que a pesar de las buenas intenciones de algunos dirigentes y de estructuras internas de la guerrilla, en realidad eran los sectores sociales más pudientes, aquellos que pagaban mayores impuestos (burguesía emergente) los que direccionaban y se aprovechaban de ese poder. No obstante, la guerrilla era un poder, se sentía poderosa y hacía sentir su fuerza (era su Talón de Aquiles).  

Ese control territorial parcial y en permanente desplazamiento por diversas regiones del país, fue resultado de confrontaciones a lo largo de décadas (1980-2016) con las fuerzas oficiales del Estado, con fuerzas paramilitares y delincuenciales, con otros grupos guerrilleros y con sectores de la población que se resistía, pero también, fue fruto de una estrategia imperial y oligárquica que permitió ese fortalecimiento y expansión territorial de las guerrillas para instrumentalizarlo a favor del capital. No fue algo premeditado y planeado desde un principio en todos sus detalles pero los estrategas imperiales desde la época de la violencia de los años 50s fueron armando una destreza y experticia que a la larga se convirtió en un método muy efectivo, enriquecido con experiencias obtenidas en otras regiones y continentes. 

Al calor de esa lucha por el control territorial, alimentado por el combustible del narcotráfico y la minería ilegal, el gran capital transnacional utilizó el conflicto armado para despojar, desalojar, desarraigar, desplazar y descomponer a millones de familias campesinas y colonas (afros, indígenas y mestizos) de las diversas regiones estratégicas del país y realizó en forma simultánea una exitosa contrarreforma agraria armada; además, despejó amplios territorios poseedores de enormes riquezas naturales que en la actualidad hacen parte del más grande programa que existe en la región de inversiones capitalistas en megaproyectos energéticos, mineros, turísticos y agro-negocios de exportación (agro-combustibles, palma, soya, cafés robustas, etc.).  

Simultáneamente, mantuvo y aprovechó durante todo este tiempo la economía criminal que le reporta enormes ganancias a sus conglomerados financieros y le sirve de excusa para desarrollar la supuesta “guerra contra las drogas”, que usa para manipular en su favor –con la complicidad de la oligarquía servil– a un Estado fallido que es punta de lanza imperial para la región (Alianza del Pacífico). También, irriga en la economía colombiana algunos recursos de la industria del narcotráfico que alimentan el mercado interno, sirven de capitalización a grupos económicos “nacionales” y atenúan las condiciones de miseria en que vive el pueblo y el país que de no contar con ese capital “ilegal” pero legalizado en voz baja (entre 2-4 puntos del PIB) ya hubiera sufrido una explosión social de grandes dimensiones (como ha sucedido en países vecinos).

De paso utilizaban la amenaza castro-comunista encarnada en las guerrillas para atemorizar a amplios sectores de la sociedad, reprimían violenta, amplia y selectivamente a las luchas sociales de resistencia e impedían el surgimiento de una alternativa política de izquierda que pudiera canalizar la inconformidad social y poner en peligro su hegemonía. Era un pastel apetitoso y bien adobado que cínicamente presentan como la “democracia más estable del continente”.

La dinámica posterior a la desmovilización de las Farc-Ep

Los hechos que están ocurriendo y se están empezando a conocer después de la firma de los acuerdos entre el gobierno y las Farc-Ep, y de la desmovilización y concentración de los integrantes de la guerrilla en lugares aislados de esas zonas de control insurgente, corroboran estos análisis que ya desde hace varios años nos habíamos atrevido a plantear pero que eran desechados o desconocidos por quienes creían que era resultado de una visión sesgada de la realidad o fruto de supuestos rencores u odios anti-farianos.

Una vez se retiran las Farc de esas regiones, otros grupos armados menos organizados y disciplinados entran a operar en esas zonas para garantizar el desarrollo y la “estabilidad” de esa economía “ilegal” y criminal. Los dueños y financiadores locales, regionales e internacionales del negocio no tenían otro camino que estimular y abrirle espacio a grupos paramilitares llamados “Bacrim”, a disidencias de las Farc o a otras guerrillas (ELN, EPL) para que asumieran el reemplazo de la intervención armada. De lo contrario el negocio sufriría graves problemas relacionados con el control social y la seguridad. Y como se suponía, el Estado no iba a comprometerse con esa tarea ya que tenía que mantener la apariencia del combate al narcotráfico.

Las confrontaciones entre policía y ejército con comunidades cocaleras en Nariño y otras regiones (empujadas por la presión diplomática de Trump); la guerra entre el Eln y el Epl en el Catatumbo; las escaramuzas en el norte del Cauca y el sur del Valle; y tantos hechos relacionados con el control territorial que suceden a lo largo y ancho del territorio nacional hacen parte de esa recomposición que va a continuar y se va a agudizar, porque el negocio continúa y es próspero. Los programas de sustitución de cultivos solo tocan la periferia de las zonas de colonización profunda que ha penetrado verdaderas selvas en regiones donde el Estado no tiene control ni quiere controlar. Y menos van a tener viabilidad frente a la desbandada que se está produciendo en los centros de reincorporación de los combatientes farianos que ven cómo el gobierno incumple y cómo el cerco de la muerte les respira en la nuca.

Y además, dichos programas no tienen ningún futuro frente a la crisis del sector agrario tradicional como lo comprueban los problemas estructurales de los caficultores, paneleros, arroceros, lecheros y ganaderos, y otros pequeños y medianos productores agrícolas que en la actualidad están a punto de movilizarse nuevamente ante la caída de la tasa de cambio, los altos precios de los insumos y la volatilidad del precio internacional del grano y otras materias primas. Y eso sin contar la crisis económica y fiscal que por ahora el gobierno ha ralentizado pero que se expresa en el bajón creciente del consumo, el bajo crecimiento de la industria y el desempleo que se viene disparando en las grandes ciudades. 

Además, el incumplimiento de los acuerdos por parte del gobierno (y del establecimiento oligárquico en general) y las decisiones políticas de la dirigencia de la Farc (en singular), dejan ver cómo la prometida y anhelada paz es un imposible mientras la casta dominante esté en el poder y en el gobierno.

Fundamentos del triunfalismo de las Farc  

Las Farc en su triunfalismo sobredimensionaron su fuerza y subestimaron la de sus enemigos. La sobredimensión de su fuerza se basó en lo siguiente (síntesis):

- Creer que el conjunto del movimiento social los apoyaba o los iba a apoyar; ya fuera a través de sus organizaciones y movilizaciones o por medio de votos. 

- Idealizar las movilizaciones “campesinas” que ellos controlaban desde zonas de colonización porque tenían la fuerza coercitiva de las armas para lograr el apoyo de las “burguesías emergentes” (campesinos ricos cocaleros, mineros ilegales, otros intermediarios de la narco-economía), que les facilitaba movilizar a miles de jornaleros de zonas de colonización (especialmente “raspachines”), y les daba apariencia de fuerza. Lo grave era que no eran conscientes que después de su desmovilización y desarme ese “poder” desaparecería muy rápido. Y pareciera que no conocían el grado de burocratización de esas organizaciones.

- Creer en la fuerza de los acuerdos escritos y de los decretos aprobados por el Estado (fetichización de la ley). Por ello el desgaste en los detalles de los documentos. Si no hay una fuerza social y política que empuje, todo eso se queda en el papel (tierras, víctimas, reforma política, etc.). Y –¡ojo!– le puede pasar también a un gobernante que confíe demasiado en el “poder electoral” y el Estado heredado, cuando tiene todo el poder económico, la burocracia, el ejército y hasta las costumbres del pueblo, tirando para otro lado a lo que él se propone hacer.

- Confiar en la burguesía transnacional y en la burocrática; creer en la palabra de negociadores que solo se representan a sí mismos. Santos es un burgués consciente de su tarea, hipócrita y cínico por naturaleza. Incluso utilizaron a gentes ingenuas y bien intencionadas como Humberto De la Calle y Sergio Jaramillo. Esa creencia se basaba en considerar que efectivamente esa burguesía estaba dispuesta a sacrificar a los grandes terratenientes (de vieja data, unos de origen esclavista y otros surgidos de las mafias despojadoras de tierras) y a Uribe. Calcularon mal y “comieron” de amague.

La subestimación de la fuerza de sus enemigos se apoyó igualmente en lo siguiente (síntesis):

-     Sobrestimaron la crisis global del capitalismo.

-  Sobredimensionaron el declive del imperio estadounidense que es una consecuencia también de idealizar la fuerza de los “procesos de cambio” de América Latina.

-    No leyeron los cambios que se venían en el gobierno estadounidense y la derechización del mundo.

-    Idealizaron la contradicción entre Uribe y Santos.

Con base en lo anterior confundieron su derrota política (minimizando también su debilitamiento militar) con un supuesto “empate” que a ellos les sabía a triunfo.

Pero además, muchos de los jefes, que ya no convivían con sus tropas, no eran conscientes de los fenómenos socio-económicos que ocurrían en sus regiones y del grado de descomposición de sus filas que se ha descrito arriba.

La paz que se firmó en Colombia

En Colombia formalmente se concertó el fin del conflicto armado entre las Farc y el Estado. Todos los componentes, formalidades y protocolos hacen suponer que efectivamente se concertó la paz. No obstante, la verdad está muy lejos de lo que significa ese hecho.  

La paz se hace entre fuerzas antagónicas que tienen la fuerza simbólica y material para hacer cumplir los acuerdos. El establecimiento imperial lo tenía todo; ellos, las Farc, muy poco. Solo sus armas y en ello radicaba la “trampa”. Una vez desarmados quedaron “valiendo huevo” como dijo Iván Márquez. Pero, mantenerse armados tampoco servía para nada desde el punto de vista político. Era el embeleco que ellos mismos ayudaron a armar y no lograron desenmarañar.

Las Farc en realidad no eran una amenaza para el sistema ni para el régimen, eran un estorbo para las nuevas inversiones pero no una amenaza sistémica. Ellos sí se lo creían y sus simpatizantes alimentaban esa ilusión. No eran conscientes de su instrumentalización por cuenta de los poderosos, de que habían sido usados, programados, manipulados por sus enemigos. Incluso, si había alguien que hiciera esfuerzos por mostrarles esa realidad, lo calificaban de enemigo.

La paz que se firmó en Colombia fue un desarme con un objetivo ideológico-político y un interés material: deslegitimar la rebelión y desprestigiar todo tipo de insurgencia; convencer a los oprimidos que es mejor acomodarse a su sistema y recibir migajas que arriesgarse a una aventura revolucionaria. Lo que tenemos hoy es una paz “perrata”; una paz programada y controlada mientras se mantiene la violencia contra el pueblo como lo confirman las innumerables muertes de dirigentes sociales y de excombatientes farianos durante los quince (15) meses después de firmada la “paz”, y el gobierno incumple en amplios porcentajes lo acordado; es la violencia estructural contra el pueblo propia de un régimen de oprobio, de despojo y de muerte[2].

Política y desconexión de la realidad 

Lo que va quedando en la retina del observador desapasionado es que en las Farc ya no había un pensamiento ni una práctica revolucionaria. Su política solo era retórica. La valerosa y digna resistencia campesina e indígena de sus orígenes, los sueños inspirados por la revolución cubana, los años de trabajo de formación política al calor de una guerra de guerrillas invencible dirigida por un auténtico rebelde como lo fue Pedro Antonio Marín (Manuel Marulanda Vélez o Tirofijo), habían quedado atrás. Hoy el escenario es otro; se conserva la sigla (Farc) pero ahora es una rosa pálida y desteñida la que identifica a la rebelión domesticada.

No solo fueron los cerca de cinco (5) años de negociaciones en La Habana los que llevaron a ese estado de cosas a fogueados y experimentados dirigentes comunistas y comandantes guerrilleros. La verdad es que ellos y ellas en los diferentes frentes y en las regiones que controlaban con su presencia armada disfrutaron durante mucho tiempo de un inmenso poder. Pero no era un poder revolucionario; no era un poder alimentado por la fuerza organizada de las comunidades de esas regiones; no era un poder surgido de la democracia popular de los colonos, de los campesinos pobres o de los jornaleros cocaleros. No, no era ese tipo de poder.

Eran una fuerza sostenida con recursos del narcotráfico y de otras economías ilegales (y legales) que funcionaba como un poder externo a las comunidades, un poder que representaba a las nuevas clases emergentes que en esas regiones –después de tanto tiempo– acumularon tierras y capitales y que no creen en revoluciones o en causas libertarias de “los de abajo”. Eran un poder alterno al poder capitalista pero no eran una alternativa revolucionaria y anti-sistémica. “El poder corrompe” dice el pueblo y esa verdad es la que hoy se constata en carne propia en lo que queda de ese proyecto insurgente.        

Es algo similar a lo que ocurre con algunos “procesos de cambio” de  diversos países de América Latina; después de heroicos y épicos momentos jacobinos protagonizados por campesinos, indígenas y pobladores de barrios populares, los dirigentes se convierten en cabeza de los gobiernos “progresistas” y poco a poco se tornan en administradores eficientes y exitosos de los Estados heredados. Se colocan al servicio del gran capital, aprenden las mañas corruptas de los explotadores y politicastros, y con discursos revolucionarios pero prácticas absolutamente conservadoras se convierten en la “nueva clase política”. Y hasta arman su “teoría” que es la del “control y la espera”; “la centralización estatal y el elogio de la derrota” como afirma Salvador Schavelzon[3] (https://bit.ly/2IiDLn1)[4].

Conclusión

No es fácil ponerse en los zapatos de los dirigentes de las Farc. La ilusión de “poder” los ha colocado en una situación más que incómoda. La oligarquía sigue aparentando acciones en pro de la “consolidación de la paz” mientras hace montajes para desacreditarlos como luchadores revolucionarios y condenarlos al ostracismo[5]. Ahora son segundones actores de reparto. Hay que traer a los ex presidentes Felipe González y José “Pepe” Mujica para que los medios de comunicación cubran los eventos de verificación de los acuerdos. Algunos comandantes que mantienen la rebeldía y la dignidad no se prestan a ese juego. Pocos creen en pantomimas.

Pero a pesar de todo, importantes sectores del pueblo colombiano que –en su instintivo saber y en su popular intuición– desconfiaban de la falsa paz de Santos, hoy están al lado de Gustavo Petro y de la Colombia Humana fortaleciendo un proyecto político que se alimenta de fuerzas comunitarias y de múltiples resistencias acumuladas en el tiempo. Ese estimulante proceso de lucha  tiene mucho que aprender de lo sucedido con las Farc y también de las experiencias de los países vecinos para no caer en los errores y falencias que nos frustran por el camino y nos llevan a encrucijadas históricas.

Sólo si construímos dinámicas organizativas propias entre las comunidades y los trabajadores podremos superar la “ilusión de poder” que nos llevan a elaborar sueños fantasiosos que nos conducen a la derrota.

Nota: Queda pendiente el análisis del proceso de la Colombia Humana y el movimiento popular de carácter electoral que encabeza el candidato progresista Gustavo Petro.       

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado




[1] M19: Movimiento 19 de abril (nacionalista); EPL: Ejército Popular de Liberación (maoísta); PRT: Partido Revolucionario de los Trabajadores (fracción marxista-leninista); y MAQL: Movimiento Armado Quintín Lame (indígena). Nota del Autor.

[2] Ver Informe del Secretario General sobre la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia, puntos 14, 49, 50, 51, 52 y 86. https://bit.ly/2FUyih0

[3] Salvador Schavelzon (2018). “Reseña y ensayo crítico - Teoría de la revolución en Álvaro García Linera: centralización estatal y elogio de la derrota”. Rebelion.org https://bit.ly/2IiDLn1

[4] Cuando nuestros “movimientos” solo se basan en “discursos” que aparentemente tendrían concreción “desde arriba”, apoyándose en el aparato del Estado heredado pero que no tienen conexión o realidad efectiva en los movimientos sociales (y políticos) existentes en la “sociedad de abajo”, se corre el peligro de lo que denominamos el “aborto revolucionario”. En esos procesos el sujeto social colectivo se auto-derrota y delega su poder en la gestión “desde arriba”. Surgen, muchas veces desde su seno, nuevos burócratas y parásitos pintados de “rojo-rojito” que se apoderan del aparato de Estado para supuestamente hacer la “revolución desde arriba”, por medio de decretos y convenios con los grandes capitalistas y centros financieros mientras el pueblo se contenta con subsidios y otras dádivas “sociales”. Y claro, para dorar la píldora se debe mantener la retórica anti-imperialista y anti-oligárquica mientras los capitalistas continúan llenándose sus bolsillos de enormes ganancias obtenidas en medio de aparentes “tensiones y luchas por hacer realidad la democracia plebeya”. Lo estamos viviendo en toda América Latina con mayor visibilidad en Nicaragua y Venezuela pero el “virus ideológico” que produce ese tipo de “aborto” está presente en todos los “procesos de cambio” de la región. Es herencia del siglo XX. Nota del Autor.

[5] Caso del dirigente fariano Jesús Santrich acusado de narcotráfico. Ver: https://bit.ly/2KKIz31 y https://bit.ly/2wlBVx9.  

domingo, 29 de abril de 2018

Caña y ganado, economías insostenibles para el Valle del Cauca

Douglas Laing, ingeniero agrónomo australiano
Agencia de Noticias Univalle

¿Catastrofista?  No, realista. Así se mostró frente al futuro del Valle del Cauca el ingeniero agrónomo australiano Douglas Laing, quien trabajó en el  Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), de Palmira, entre 1974 y 1993.
Laing, agrónomo de la Universidad de Queensland (Australia) y Ph.D, en Climatología Agrícola y Fisiología de Cultivos de la Universidad Estatal de Iowa (EE.UU.), dictó la semana pasada, en el marco del espacio las “Charlas de los Viernes” que organiza la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad del Valle, su conferencia: “El futuro colectivo en el valle geográfico del río Cauca. Proyecciones al 2065: sostenibilidad agrícola, ambiental, económica y social”.
Desde su llegada a Cali, Laing ha mostrado interés en la situación de las cuencas y ecosistemas de la región. Ante un auditorio de estudiantes e investigadores, el agrónomo australiano habló de la importancia para la región de pensar el futuro de la región en términos de sostenibilidad agrícola y ambiental.
Para Laing, lo más importante fue advertir, a través de sus análisis, sobre las dificultades que deberá afrontar esta región del país sino se aceleran los cambios en la forma de explotar la tierra en el valle geográfico del río Cauca por parte de ganaderos y cañicultores.
“El gran problema del valle geográfico en el  futuro –advirtió el especialista durante su conferencia– es que los cañeros están acabando con el último reservorio de agua subterránea de la región, que es irremplazable”.
Según Laing, el sector cañicultor del Valle está recurriendo, para el riego de la caña, al agua fósil  ubicada entre 200 y 500 metros de profundidad.
“Es un agua de gran calidad, costosísima de bombear, con más de 20 mil años de edad y no recargable en nuestro tiempo; que podría resultar vital para el futuro de la región, especialmente en tiempos de cambio climático, con eventos de El Niño cada vez más fuertes y frecuentes”.
Según información suministrada por el Instituto Cinara de la Universidad del Valle, el 88% del agua que se utilizó, en 2008, para el riego de la caña en el Valle del Cauca fue extraída de las Unidades A y C, siendo la Unidad A agua superficial y la C la más profunda. La intermedia (Unidad B) es tierra arcillosa, sin acuíferas importantes.
Citando a la CVC, Laing sostuvo que “las  aguas de la Unidad C son preciosas para nuestro futuro”, pero en realidad las aguas de la Unidad A (~50 años de edad)  y C (~20 mil años) son bombeadas al mismo tiempo por medio de pozos profundos de hasta 450 metros de profundidad.
“Están secando el agua preciosa que seguro vamos a necesitar más adelante sin que se haga mayor cosa para evitarlo”, afirmó Laing.
“Con el cambio climático y el fenómeno de El  Niño cada vez más extremo, esa agua va a hacer mucha falta. La gente va a necesitarla para sus necesidades básicas  y no la va a tener de seguir explotándose como ahora”.  
De hecho, esta semana se conoció que, además de la Costa Atlántica, el Valle del Cauca y la región Pacífico serán los más golpeados en el país por el cambio climático. “Lo que está pasando en California (EE.UU.) es un fiel espejo de lo que podría ocurrirnos  aquí”, señaló Laing.
Pero el experto no se quedó en la crítica a las formas de explotación agrícola y propuso, como salida a una crisis futura por la falta del recurso, el desplazamiento a otras regiones del país de la caña de azúcar y la ganadería extensiva.
“Es una cosa que el Gobierno nacional tiene que poner en marcha mediante políticas, con el Ministerio de Agricultura a la cabeza”, dijo.  ¿Cómo? “Acabando con los soportes y nivelando los precios del azúcar y etanol carburante en Colombia con los precios mundiales”.
Además de la falta de agua a corto plazo, otro problema que enfrenta la cañicultura de la región es la competencia de Brasil, país que cuenta con más de 9 millones de hectáreas sembradas de caña, buena parte de ellas sin riego.
“Mientras en Brasil no requieren de riego, para los cañeros del Valle este rubro representa más del 50% de los costos de producción, lo que incluye la extracción del agua de los pozos profundos, lo que la hacen insostenible”.
Ante un expectante auditorio, Laind dijo que “los precios del azúcar producidos en la región no serán competitivos, especialmente por la competencia de la gigantesca industria de la caña brasileña”.
Para Laing es clave que el Valle del Cauca explore su vocación hortofrutícola. “Sería una jugada estratégica: 40 municipios, con su diferentes vocaciones, conectados a través de una magnífica malla vial existente, exportando frutas, pulpa de frutas y subproductos como flores exóticas y plantas ornamentales”.
Según el experto, hay muchas variables que juegan en contra de la caña: además de que cada vez es más cara producirla por el costo y la dificultad del agua, su demanda per cápita es cada vez menor por la percepción de los problemas de salud que acarrea su consumo.
“Desde el punto de vista social tampoco es mucho lo que aporta a la región”, dijo Laing, quien con cifras en la mano dijo que “el sector cañicultor solo genera en el Valle 35.053 empleos, con tendencia a la baja ante la cada vez mayor tecnificación del sector”.
“La caña debe desaparecer del valle geográfico del río Cauca durante los próximos 30 a 50 años para asegurar la capacidad productiva de la región”, señaló tajante.
Para ello, “será necesario implementar políticas de producción, incluyendo el sector minifundista, conectado en cadenas productivas con el mercado internacional y nacional de frutas y hortalizas, y probablemente arroz orgánico y flores exóticas, entre otros rubros apropiados”.
“Este es un clima maravilloso para la producción hortofrutícola”, enfatizó.
“La caña y el ganado –agregó– se pueden ir para los Llanos Orientales donde hay más de 6 millones de hectáreas aptas para los cultivos y el pastoreo de ganado”, reseñando la importancia de conectar, mediante vía transversal, a Puerto Carreño (Vichada) con Buenaventura (Valle).
“Es una pena que aparentemente el 80% de los contenedores que llegan al Puerto con mercancía procedente del resto del mundo, se regresen vacíos a sus sitios de origen”, dijo. “No puede ser que la región esté perdiendo esta oportunidad de exportar por falta de políticas claras”.
“Hay que preparar al valle geográfico para  reemplazar la producción de caña por cultivos más competitivos, y a la ganadería extensiva de sus laderas por bosques que nos aseguren la producción de agua”.
Sobre la ganadería extensiva, insistió en la necesidad de cobrar un impuesto duro por cada vaca que haya en los predios. “Es la única manera como se va a acabar con eso y a recuperar las tierras que hoy están erosionadas y por eso generando problemas en la parte plana durante el invierno”.
“Ni los ganaderos de las laderas ni los cañeros van a cambiar por altruismo”, señaló Laing. “Lo van a hacer por fuerza económica, y en eso el Estado colombiano puede llevar la delantera tomando decisiones políticas que le ofrezcan un mejor futuro a todos y no a unos pocos”.
“El futuro del Valle del Cauca son las frutas, las hortalizas, las legumbres, las flores. Y en la zona de ladera bosques naturales de protección y bosques comerciales, y cultivos como la  mora y otros en sistemas sostenibles con riego moderno de goteo”.
Sobre el manejo del agua, Laing reseñó la importancia de realizar algunos cambios en los estatutos y la organización de la CVC para hacer de ella una entidad más eficiente en la administración y protección del recurso de agua: “El agua será un asunto vital para la región cuando se vuelvan más drásticos los episodios de Los Niños”.
Por eso, se mostró partidario de imponer un impuesto al uso del agua con los que se puedan fortalecer las políticas de investigación en las universidades en este campo. “Hay que mejorar la imagen de la agricultura en las universidades. Crear un estímulo entre investigadores y técnicos”.
De hecho, hizo énfasis en la necesidad de que la región se especialice en cultivos libres de herbicidas y pesticidas. “El Valle debe procurar un mercado de productos verdes, libres de contaminantes, que son los más valorados en los mercados internacionales”.
“Necesitamos que, mediante políticas, se obligue a los cañeros a salir del valle geográfico del río Cauca. Eso sumado a la nueva fuente de riqueza –la horticultura– le permitirá generar muchos más empleos y bienestar social a toda su población, y frenar esa migración del campo a las grandes ciudades  por falta de trabajo en los pequeños municipios,  con las secuelas conocidas en las zonas urbanas”, concluyó.

sábado, 28 de abril de 2018

ESPERAR LO MEJOR PERO ESTAR PREPARADO PARA LO PEOR


Colombia: una coyuntura política que va más allá de lo electoral

Esperar lo mejor pero estar preparado para lo peor

Popayán, 28 de abril de 2018

“La realidad siempre supera la ficción”.

Después del 11 de marzo/2018 la campaña electoral que lidera Gustavo Petro, candidato de la Colombia Humana, ha tomado la delantera en Colombia. Suma preferencias, llega a nuevas audiencias y rompe los techos de resistencia que pronosticaban los medios. Aunque las encuestas lo ubican detrás de Duque –el que señaló Uribe– el ex alcalde de Bogotá es el candidato con mayor poder de convocatoria y el que aglutina las miradas y expectativas de la opinión pública.

En el último mes y medio ha llenado –una tras otra– numerosas plazas de ciudades intermedias y capitales de departamentos en una especie de “campaña admirable”; multitudinarias y festivas concentraciones ciudadanas muestran el entusiasmo desbordado de sus seguidores. Es el fenómeno político del momento. En los debates televisivos con otros aspirantes, ha mostrado su preparación académica, excelente capacidad comunicacional y gran consistencia conceptual. 

En las siguientes tesis intento demostrar que no estamos frente a cualquier evento electoral; hoy la situación de Colombia es inédita y algo especial. Lo que ocurre no se había visto desde las épocas de Gaitán y supera –por la facilidad de las comunicaciones actuales– lo realizado por otras figuras de izquierda. Muchos analistas y estudiosos empiezan a reconocer que estamos presenciando algo más que una simple y rutinaria sucesión presidencial. ¡Puede ser histórico!

Es la irrupción de un proceso social y político con raigambre popular que cuenta con un movimiento, un líder y una propuesta. Aglutina acumulados de décadas de resistencia al modelo de desarrollo imperante que por la interferencia del conflicto armado no se habían expresado plenamente; tiene un candidato con calidades excepcionales y experiencia demostrada; y un programa parcialmente construido en el gobierno de la capital de la república que en su área metropolitana aglutina a la quinta parte de la población colombiana (10 millones de personas).  

Petro y su gente enfrentan a la oligarquía más rancia, conservadora, experimentada y criminal de América Latina; arrodillada y servil a los intereses estadounidenses. Esa casta dominante ha logrado presentar ante el mundo su régimen político corrupto, excluyente e injusto, como si fuera un ejemplo de democracia. Petro aspira a gobernar uno de los países con mayor desigualdad del planeta, en medio de los esfuerzos por terminar una guerra de 70 años que fue –en verdad – una contrarreforma agraria violenta y armada que despojó de sus tierras y desplazó hacia centros urbanos a más de 6 millones de campesinos y habitantes rurales (indígenas, negros y mestizos).

Es un país que a pesar (¿o gracias a?) de la guerra y la presencia desde hace cuatro (4) décadas de la economía del narcotráfico (coca, marihuana, amapola) ha logrado convertirse en la 4ª economía de la región latinoamericana después de Brasil, México y Argentina. Allí, han surgido conglomerados financieros que se lucran de la situación estratégica del territorio, la expoliación de sus inmensas riquezas naturales, la sobre-explotación de sus habitantes y la canalización de recursos de la narco-economía, y con base en ello, han construido alianzas con empresas transnacionales que les garantizan importantes inversiones en América Latina, EE.UU. y Europa.

A esa realidad se enfrenta un pueblo que va reviviendo legados y reconstruyendo esperanzas; en ese empeño están gentes sencillas que se apoyan en ese valiente dirigente; en ese tremendo reto está involucrado un líder que se ha hecho en medio de las contingencias de un país que sueña con salir de las tinieblas; en esa tarea está empeñada una ciudadanía que quiere superar las actitudes y costumbres coloniales impuestas a la fuerza y con engaños por unas clases dominantes obtusas y excluyentes.  Y en el núcleo de ese movimiento están las nuevas generaciones que se niegan a soportar tanta calamidad e injusticia.    

Ideas para el análisis de coyuntura (hipótesis, tesis y propuestas)

1. El imperio estadounidense y la oligarquía colombiana –en este instante de la vida global, regional y nacional–  harán hasta lo imposible para impedir que Gustavo Petro sea el presidente de Colombia. Esta afirmación no se hace al estilo “neo-zapatista” (Sub-Comandante Galeano o Marcos, ver: https://bit.ly/2r6e26W) por cuanto no tiene la intención de desestimular el esfuerzo y el entusiasmo electoral que existe en Colombia. Al contrario, ¡hay que empujar con toda! 

2. México y Colombia son las cabezas principales del más brutal colonialismo heredado desde siglos atrás (Alianza del Pacífico); la llegada de políticos progresistas a los gobiernos de esos países atenta contra los intereses del Imperio, mucho más frente a la guerra geo-económica que hoy libra con China y Rusia y la situación conflictiva con América Latina, especialmente en Venezuela y Brasil. Un triunfo electoral alternativo en esos países puede generar un ambiente de positivismo popular y progresista en todo el continente que no le conviene para nada al establecimiento estadounidense. Pero también, para la oligarquía colombiana tal eventualidad es una verdadera pesadilla dado que tiene tras de sí una enorme cadena de crímenes (asesinatos, corrupción, podredumbre) que quiere ocultar y enterrar. Ellos saben que Petro no es un político manejable y están seguros que es un peligro para sus intereses como lo afirmó el escritor Mario Vargas Llosa, connotada figura de las derechas iberoamericanas (https://bit.ly/2GyNK4s). 

3. Antes que Petro empezara a crecer y a desencadenar la “ola” ciudadana y popular que está en desarrollo, el grueso de la casta dominante estaba convencida que al derrotar a las Farc, toda la izquierda y los sectores populares no iban a tener capacidad de reacción inmediata. Así, ellos parecían dispuestos a aceptar fórmulas de gobierno “moderadas” como las de Sergio Fajardo, aunque sospechaban (y temían) que un triunfo de él, a pesar de su “tibieza”, podría alentar en lo inmediato la aparición de nuevas fuerzas democráticas. Los ideólogos de las castas dominantes no previeron lo que hoy se está presentando pero tienen detrás asesores gringos (y a otros como J.J. Rendón) para diseñar estrategias “no convencionales” para este tipo de emergencias.

4. Hoy la situación es cualitativamente diferente. Lo que se puede dilucidar es que una buena parte del pueblo se había deslindado instintiva y espontáneamente de las Farc y en general de las guerrillas, y lo había hecho en contravía a las fuerzas de  izquierda. Por ello, la derrota del SI en el Plebiscito (02.10.2016), no fue asimilada por esos amplios sectores populares como una derrota sino como un triunfo de los escépticos y críticos de esa falsa paz. Tanto las “izquierdas” como las derechas leyeron mal esos resultados; en realidad lo que había por dentro, por debajo y subterráneo, era una justificada inconformidad y un rechazo a la demagogia pacifista de Santos, a la politiquería anti-pacifista de Uribe y al triunfalismo de las Farc y de la izquierda “fariana”. Ese inconformismo e indignación latente es la que se expresa y desencadena ahora y utiliza para ello la única “válvula de escape” que existe que es la candidatura y la campaña electoral de Petro.    

5. Hay varios hechos que nos llevan a pensar, a prefigurar, que se está preparando un nuevo acontecimiento –un complot criminal– como los llevados a cabo en 1948 y 1970. Un fraude electoral monumental no solo para impedir un gobierno de Petro sino, principalmente, para provocar una situación excepcional y tratar de liquidar el “proceso de cambio” que en Colombia recién está en sus inicios (a pesar de todas las experiencias y fuerzas populares y “revolucionarias” que existen pero que están dispersas y desorganizadas). El magnicidio del candidato también debe estar en esa agenda pero es posible que no lo consideren necesario en una primera instancia, aunque uno no sabe a qué atenerse con personajes como Uribe y Santos para los cuales un enemigo puede ser “un buen muerto” (https://bit.ly/2r6gqdF).

6. Creemos que esa maquinación está siendo diseñada para usar fuerzas mercenarias pero, también, para tratar de estimular y utilizar a algunas bases despistadas “farianas” y sectores del lumpen para generar caos, saqueos, incendios y muertes indiscriminadas. En ese libreto, detrás del  complot aparecerían las Farc que estarían “desesperadas”, un ELN y EPL “revitalizados”, y un gobierno venezolano enemigo. Incluso, es posible que involucren a supuestos “agentes rusos” que –de acuerdo a ese relato– estarían actuando en coordinación con las fuerzas de Petro. Es lo que han venido montando y orquestando en todo el mundo, incluyendo los EE.UU., y no es extraño que intenten hacerlo en Colombia. Todo puede suceder hasta que ocurre.

7. Los siguientes hechos que están en desarrollo son sustento de esa hipótesis: a) Descaradamente han violado los acuerdos y no les importa que los ex-combatientes de las Farc se regresen al monte (lo de Santrich hace parte de ese plan); b) No les interesa la pacificación del ELN, lo han dejado crecer militarmente como ocurre en Catatumbo, Chocó, Nariño y Cauca; c) Hicieron un experimento de cómo se pueden generar saqueos con el caso de las “súper-tiendas” que supuestamente eran propiedad de testaferros de las Farc (tuvieron que liberar a los dueños); d) Están deslegitimando a la JEP y a todas las Cortes Judiciales; e) Imponen la matriz de la existencia de una violencia generalizada y de una inseguridad sin control, como lo vemos en las fronteras, Medellín y numerosas ciudades y regiones; f) Todos los hechos y rumores que giran alrededor del Consejo Nacional Electoral CNE (entre ellos, las encuestas pagadas y manipuladas, la base ilegal de datos obtenida en las consultas electorales del 11 de marzo) apuntan a generar un clima de incertidumbre y desconfianza en la transparencia e idoneidad del órgano electoral (la verdad convertida en “posverdad” al servicio del complot para provocar reacciones intolerantes y masivas); g) Finalmente, la estigmatización de Gustavo Petro como un político “castro-chavista”, ahora con la ayuda de otros sectores políticos como los de la Coalición Colombia (y a veces, con la colaboración inconsciente del mismo candidato y de sus seguidores que en medio de su entusiasmo desmedido o desbordado les ayudan en ese propósito).

8. El triunfalismo de las Farc que las llevó a la situación actual es fruto también de oscuras manipulaciones. La infiltración de sus filas está saliendo a relucir actualmente (caso de Marlon Marín, sobrino de Iván Márquez). Una parte de los dirigentes y de sus mandos medios, con el argumento de impulsar la lucha civilista y electoral, se vienen acomodando al sistema y envían –tal vez sin querer– un mensaje negativo a sus bases. Los desmovilizados en las regiones, sometidos a los incumplimientos del gobierno se imaginan a sus dirigentes disfrutando de la gran vida y reaccionan negativamente ante ese hecho. La desbandada se generaliza y el gobierno la estimula. La minoría de los dirigentes, los más radicales e insatisfechos con los resultados del llamado “proceso de paz”, saben que cometieron muchos errores pero no saben qué hacer. Están frente a una trampa de dos cabezas: el acomodamiento o la muerte (o la cárcel, o volverse al monte, o la clandestinidad). Como dijo Márquez: “Hoy valemos huevo” para el establecimiento; después de la entrega de armas el Estado colombiano en su conjunto les ha incumplido en casi todo (https://bit.ly/2HqN8xp). “Han cumplido más las FARC que el gobierno” dijo Ingrid Betancurt (https://bit.ly/2vXJ1Yw). 

9. Ese triunfalismo también se nota en las filas de Petro. La mayoría de sus “dirigentes” creen ingenuamente –fruto del “cretinismo parlamentario” que se impuso desde 1991– que la oligarquía va a respetar su falsa democracia y no han asimilado los hechos de perfidia que denunció Jesús Santrich antes de ser encarcelado con pruebas prefabricadas por la DEA y violándole todos sus derechos jurídicos (https://bit.ly/2A6uhGW). Esos dirigentes no son conscientes de la gravedad de lo hecho con las Farc; no lo relacionan con lo que acaba de pasar con ex presidente Lula y Cristina Kirchner; menos lo identifican con los golpes de Estado que sufrieron los presidentes Manuel Zelaya en Honduras y Fernando Lugo en Paraguay en donde acaban de repetir un fraude; y ni siquiera están enterados de los intentos desestabilizadores contra Correa y Evo pero que no lograron coronar. Pero tampoco han evaluado en toda su dimensión lo que hicieron con el mismo Petro en la Alcaldía de Bogotá, que no fue poca cosa (persecución, destitución ilegal y guerra psicológica con Procurador a bordo, terrorismo mediático, acoso financiero, cerco y engaños del gobierno nacional, etc., etc.). ¿Para qué más evidencias?

10. Todo lo anterior ha estado traspasado por la campaña de desprestigio de la necesidad de una verdadera organización de los pueblos y de los trabajadores para lograr sus metas. Impusieron a nivel mundial la matriz ideológica de que el “partido leninista” es el germen del autoritarismo ortodoxo de izquierda y, con ello, han logrado hacer creer que no hay necesidad de organización, que la multitud espontáneamente va a lograr o hacer los cambios sin más que su voluntad. Claro, ellos, los poderosos capitalistas sí están organizados al más alto nivel, cuentan con inteligencia especializada (tanques de pensamiento, centros de planeación estratégica, clubes y núcleos de poder plutocrático), tienen mandos militares estrictamente coordinados, usan omnipotentes medios de comunicación, y lo principal, saben el valor que tiene estar organizados y preparados para la guerra. Saben qué es una guerra y que la lucha política es una verdadera guerra. 

11. La pregunta del millón es ¿Qué hacer? Si no se está preparado para enfrentar un complot de ese tamaño, si no se tiene claridad y si no existe aunque sea una mínima organización, se cae fácilmente en la trampa. Sin previsión la respuesta va a ser inducida. La principal tarea es ser consciente de esa posibilidad, tener presente la naturaleza de los enemigos, y por consiguiente, hacer todos los esfuerzos por desenmascarar y evitar la maquinación antes de que ocurra. El fraude electoral en Colombia es lo normal y rutinario como lo afirma Ariel Ávila en su última columna de la revista Semana titulada “Así se roban las elecciones en Colombia” (https://bit.ly/2HT6U8p). Para tratar de impedir el fraude y responder al reto hay que organizar una fortísima y especializada estructura electoral, en cada mesa y en cada rincón de Colombia y en el exterior. Pero para enfrentar la provocación, el complot para generar violencia e implicar a las fuerzas progresistas, hay que tener preparadas y listas unas  orientaciones prácticas para aislar los núcleos de violencia. Sólo con máxima disciplina, paciencia democrática, templanza ante la provocación, una vertical actitud civilista y un diseño comunicacional autónomo, se podrá hacer evidente el fraude y neutralizar el complot terrorista-golpista orquestado por el mismo establecimiento. Solo la conciencia de que ello puede ocurrir, como ya ha pasado antes, nos puede preparar masivamente para diseñar la estrategia correcta.  

12. Y no olvidar lo principal: El triunfalismo es resultado de no estar preparado para el triunfo o para la derrota. La confianza desmedida en las propias fuerzas y la insulsa subestimación de la capacidad del contrario, es una combinación letal que lleva al fracaso.
No podemos olvidar la historia. El pueblo colombiano está avanzando a pasos agigantados pero son los dirigentes los que debemos colocarnos a la altura de nuestras responsabilidades.

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