miércoles, 18 de julio de 2018

EL VERDADERO LEGADO DE SANTOS


¿Duque será el continuador de Santos bajo la tutela de Uribe?

EL VERDADERO LEGADO DE SANTOS

Popayán, 18 de julio de 2018

Se veía venir desde la campaña electoral. Después del 11 de marzo, cuando Uribe logró posicionar a Duque como el único candidato de las derechas, se dedicó a ganar parte del electorado de Fajardo y a estigmatizar a Petro con la amenaza “populista” y “castro-chavista”.

Duque se arrogó la lucha contra la corrupción[1] y no habló más de hacer trizas los acuerdos de paz sino de modificar puntos específicos. Hasta algunas propuestas de Petro relacionadas con el cambio climático y la educación fueron asumidas por Duque sin ningún rubor ni recato.     

Ni Fajardo ni Petro acertaron con la respuesta. El primero cayó en la trampa, se sumó a los ataques a Petro, creció a sus expensas pero no le alcanzó para pasar a 2ª vuelta. Petro reaccionó un poco forzado después de la primera vuelta pero ya era tarde. Las derechas habían posicionado el miedo a “que Colombia se convirtiera en Venezuela” y habían asegurado su triunfo electoral.

Ahora Duque se prepara para ser el “continuador-corrector” de Santos. Derrotaron a las llamadas “fuerzas de la paz”, pero todo apunta a que van a recoger y a “mejorar” lo logrado por Santos. Se cierra el círculo Uribe-Santos-Uribe sin verdadera paz (https://goo.gl/71qUjb) pero con viejas y nuevas violencias alimentadas por la economía del narcotráfico y la lucha por el control del territorio[2].   

Y aunque Uribe califique ese legado como un retroceso (https://goo.gl/VpVWYo), y Santos diga que “No siento que Duque pueda poner en peligro mi legado” (https://goo.gl/sTCDu7) lo evidente es que el desarme de las Farc es un hecho positivo e innegable. Es –para ellos– la “paz imperfecta” hecha casi a la perfección. Con bajos costos económicos y políticos.  

En forma paralela, los dirigentes de la Farc no superan la falsa dicotomía (Uribe-Santos) que no logran entender o desentrañar. Para unos, el proceso de paz es un éxito que debe ser conocido por todo el mundo, mientras que para otros, es una traición del Estado y el establecimiento oficial. Y la oposición que pretende encabezar Petro también pareciera estar atrapada en esa misma lógica.

¿Lo que vendrá?

Podemos afirmar que la oligarquía financiera que le apostó a Santos para desactivar la guerra con las Farc está satisfecha con la tarea realizada, mucho más cuando Colombia ha sido aceptada en la OCDE y en la OTAN como “observadora”. Su balance es positivo y bien valorado, con Nobel de Paz incluido como trofeo y premio de parte de la “comunidad internacional”.

Tampoco les incomoda que un político de la cuerda “uribista” pero de la entraña oligárquica llegue a administrar el aparato de Estado. Aunque joven y sin experiencia administrativa, es un “cuadro” bien preparado por la casta dominante y contará con el apoyo de todos sus estamentos.  

Esa oligarquía financiera desde su posición hegemónica entiende que Uribe, al no ser parte de los acuerdos y del diseño institucional del “posconflicto”, desconfiaba con respecto a su seguridad jurídica y la de empresarios, militares, políticos y terratenientes comprometidos con crímenes de lesa humanidad cometidos durante la guerra contra-insurgente.

Y ahora, se puede decir que han autorizado a Uribe para que con Presidente y Fiscal a bordo, arregle ese “chicharrón” que lo compromete a él y a sus cómplices. Mientras tanto, ellos se preocupan por lo esencial, que son sus inversiones y los problemas que amenazan su estabilidad económica y financiera ante la crisis de la globalización neoliberal.

Ellos están al tanto de las guerras económicas agudizadas por Trump ante la desindustrialización de los potencias de “occidente”, les preocupa también el agotamiento del modelo de desarrollo basado en los combustibles fósiles y, saben de la resistencia de los pueblos y los trabajadores que se expresa por ahora en movimientos y gobiernos “progresistas” pero que pueden ir más allá ante el fracaso de muchos de esos experimentos político-sociales.     

Saben que Colombia sin la economía del narcotráfico entraría en crisis en forma inmediata. Tienen que aparentar la “lucha contra las drogas” que hipócritamente les exige el gobierno de los EE.UU., pero son conscientes que si no fuera por los recursos que sobre la economía formal irriga esa dinámica ilegal, se desencadenaría una revolución en este precario e inestable país.   

Por tanto, el principal objetivo del gobierno de Duque será ganarse con engaños y apariencias a las clases medias (pequeños y medianos emprendedores, y profesionales precariados) para la política de derechas e impedir que las izquierdas puedan fortalecer un proyecto político que ponga en peligro la hegemonía de la oligarquía financiera.

Así como utilizaron la causa de la paz para “polarizar” el país, van a posar de “anti-corruptos”, propondrán “nuevas economías”, se inventarán guerras con Venezuela u otros países, inventarán nuevos enemigos de la democracia y la “paz”, utilizarán el tema de la paz para distraer a la opinión pública y continuarán utilizando el miedo a los proyectos políticos “populistas” para impedir cualquier tipo de cambio en el panorama político.

Una “nueva derecha” entrará en el escenario político colombiano de la mano de la vieja clase política corrupta y clientelista, lo cual será toda una novedad. Ya los alfiles de Cambio Radical y el Partido de la “U” se preparan con nuevas alianzas para enfrentar ese “fenómeno”.  

No la tendrán fácil. Esas clases medias son el único sector sobre el que pueden hacer recaer nuevos impuestos pero, a la vez, en su seno surge la nueva generación de trabajadores del siglo XXI (el “cognitariado” y el “precariado”[3]) que en muchas regiones del mundo ya son el sujeto social más dinámico e impulsor de nuevos proyectos políticos alternativos.

El reto de Duque es el mismo que tenemos los demócratas colombianos en el inmediato futuro. Será decisivo en próximas contiendas electorales y todos lo sabemos. ¿Cómo abordarlo?
E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado   


[1] En el Congreso de la República, el 18 de abril de 2018,  la senadora Paloma Valencia en nombre del Centro Democrático se comprometió con la bancada de Alianza Verde a respaldar la Consulta Anti-corrupción (https://goo.gl/fFe8mp), y Duque, ya electo, ha dicho que respaldará esa consulta desde el gobierno. La “lucha contra la corrupción” fue también la bandera principal de la candidata a vice-presidente Martha Lucía Ramírez. Intentarán ahora desde el gobierno y con Fiscal a bordo, apropiarse de esa bandera política que en sus manos se convertirá en algo inocuo, un engaño o una herramienta para atacar a la oposición política, como ya lo ha hecho desde hace varios meses la Fiscalía General.  

[2] Los poderes mafiosos en las regiones continúan la guerra infame contra cualquier tipo de resistencia popular a la minería legal e ilegal, al despojo de tierras y a mega-proyectos energéticos, extractivos o productivos (cultivos de agro-exportación, proyectos turísticos, etc.) que es simple acumulación por desposesión. Los asesinatos y persecución de líderes sociales hacen parte de esa estrategia. El desarme y la desmovilización de las guerrillas produce un remanente de gente experimentada en la guerra que alimenta también a los Grupos Armados Organizados, como llaman ahora a las antiguas “Bacrim” o grupos paramilitares. Los gobiernos aceptan esa realidad, no los combaten a fondo, los usan para el trabajo sucio y de vez en cuando “dan de baja” un cabecilla o proponen fórmulas de “sometimiento” pero por cada delincuente que apresan o dan muerte, surgen cientos de jóvenes dispuestos a reemplazarlos. Son parte de las economías criminales funcionales al sistema capitalista que pululan en el mundo.      

[3] Cognitariado: son los nuevos trabajadores del conocimiento y de la informática que crecen en todo el mundo y surgen en todas las áreas de la producción. Precariado: conjunto de los trabajadores que no cuentan con condiciones laborales estables y seguras. Hoy son la mayoría.

domingo, 8 de julio de 2018

Por un pacto contra los asesinatos II


Por un pacto contra los asesinatos II
Por Rodrigo Uprimmy Reyes *
(Tomado de El Espectador)
En febrero de 2017 escribí una columna (“¡Basta ya!”) condenando los asesinatos de líderes sociales e invitando a un pacto político y social contra esa violencia. En febrero de este año, escribí otra columna muy parecida (“Por un pacto contra los asesinatos”) reiterando mi condena y explicando un poco más la propuesta. Unos meses después debo, con dolor y vergüenza, plagiar prácticamente esas dos columnas pues el fenómeno persiste e incluso se ha agravado.
Las cifras son escalofriantes: según la Defensoría del Pueblo, 311 líderes sociales fueron asesinados entre enero de 2016 hasta junio de 2018. Estos crímenes tienen que ser prevenidos y sancionados, no sólo por el drama humano detrás de cada cifra, sino porque esos asesinatos minan nuestra precaria democracia y debilitan los lazos comunitarios y las posibilidades de la paz. La evidencia acumulada muestra además que esta violencia tiene cierta sistematicidad: muchas de las víctimas están vinculadas a reclamos de tierras o a la defensa de la sustitución de cultivos o del medio ambiente. Esta nueva guerra sucia reproduce entonces un terrible patrón de nuestra historia, que ha sido ampliamente documentado, conforme al cual los esfuerzos de apertura democrática suelen ser violentamente cerrados por un aumento de la violencia regional contra los líderes sociales.
Infortunadamente en este punto, el gobierno Santos, que tanto hizo por la paz, se rajó, a pesar de los esfuerzos de algunos funcionarios, como el ministro del Interior. Pero más que el gobierno Santos, es todo el Estado y la sociedad los que estamos fracasando, por lo que surge la obvia pregunta: ¿qué podemos hacer para parar esta matazón?
No hay respuesta fácil: el profesor Gutiérrez Sanín propuso en su última columna cuatro importantes elementos de respuesta, que comparto. En consonancia con ellos, quisiera reiterar la propuesta de un pacto de todas las fuerzas políticas que condene esos crímenes, sin importar si las sensibilidades políticas de las víctimas eran o no las mismas que las nuestras.
En otros países se han hecho pactos de ese tipo, como, por ejemplo, en España, en donde las principales fuerzas políticas suscribieron en 2000 un pacto condenando inequívocamente la violencia terrorista de Eta, después de haber alcanzado otros acuerdos previos (los llamados Pactos de Madrid, Ajuria-Enea y Navarra). Esos pactos acabaron cualquier asomo de legitimidad de los atentados de Eta.
Un pacto de esa naturaleza es importante hoy en Colombia pues creo que la sistematicidad de esta violencia no surge de un plan de exterminio organizado centralmente, sino de grupos locales diversos que con diversos propósitos perpetran esos crímenes porque sienten que algunas fuerzas políticas nacionales los aprueban por cuanto no los han rechazado explícitamente. Un pacto de condena de esos crímenes por las principales fuerzas políticas eliminaría cualquier ambigüedad sobre el tema y privaría a esos crímenes de cualquier asomo de legitimidad, lo cual no sólo podría inhibir a ciertos actores locales de persistir en esa violencia, sino que fortalecería la capacidad del Gobierno de prevenir esos crímenes y la de la Fiscalía de investigarlos para que sus responsables sean sancionados.
La condena de estos asesinatos debería ser un punto de consenso político nacional, a pesar de nuestras diferencias. Los distintos líderes tienen entonces la responsabilidad de suscribir ese pacto, sin intentar sacar provecho político propio de ese doloroso drama; nosotros, como ciudadanos, tenemos el deber de movilizarnos para presionar soluciones para que termine este exterminio.
* Investigador de Dejusticia y profesor de la Universidad Nacional.

jueves, 5 de julio de 2018

COLOMBIA FRENTE A LA MODERNIDAD “PREMODERNA”


La “paz” de Colombia en el nuevo escenario global

COLOMBIA FRENTE A LA MODERNIDAD “PREMODERNA”

Popayán, 4 de julio de 2018

“La verdadera felicidad es comprender”.

Colombia se debate después de las elecciones entre el mandato de las “ciudadanías libres” de superar la falsa polarización entre guerra y paz para enfrentar los problemas estructurales de la Nación o continuar con la espiral de odio y venganza que amenaza con llevarnos a nuevos ciclos de violencia política. Abordaremos ese dilema en este corto artículo.

Pensar que Santos quería construir la paz en Colombia ha sido una grave equivocación. Los demócratas colombianos no entendieron que su único objetivo era desmantelar a las Farc, o sea, terminar ese conflicto armado sin comprometerse con cambios que garantizaran la construcción de una paz sostenible. La clase social que él representa (burguesía transnacional) y el gobierno estadounidense nunca se propusieron crear condiciones para democratizar el país. No hay una sola señal de que esa fuera su intención. Ni una sola.

En las últimas décadas sus poderosas empresas han prosperado en Colombia y obtenido grandes ganancias. Su estrategia ha convertido a esta “nación” en la tercera economía en crecimiento de América Latina, después de Brasil y México. Por algo la aceptaron en la OCDE y la OTAN. Por ello, necesitaban desmantelar un poder armado que no controlaban. No podían permitir la existencia de una organización armada ilegal de carácter nacional, con dirección centralizada y un poder de fuego real y creciente, que era un estorbo para las nuevas inversiones proyectadas en territorios que requieren de “cierta” tranquilidad para obtener resultados tangibles.

No obstante, sus políticos y estrategas son conscientes que mientras exista el narcotráfico van a concurrir pequeñas bandas mercenarias que se disputan el control del territorio y hasta se matan entre ellas por ser la “policía rural” al servicio de los narcotraficantes de turno. Igual sucede con la minería “ilegal” y otras economías criminales (tráfico de armas, de personas, prostitución, pornografía, apuestas, extorsión, microcrédito ilegal, etc.) que los imperios capitalistas promueven ante la crisis sistémica de un modelo de desarrollo que ahora “prospera” en medio del caos sistémico. Por más campañas que anuncien “guerras contra las drogas” y combates al narcotráfico, su doble moral les permite alimentar a sus entidades financieras con capitales generados en esos ámbitos ilegales, delictuosos y sangrientos.   

La nueva política de la burguesía financiera global que impulsa Trump, Putín, Xi y otros gobernantes, es reconstruir y fortalecer las economías de las “grandes naciones” (USA, UE, Rusia, Japón, China) mientras promueven la inestabilidad en otras regiones del mundo. Una especie de colonialismo más depredador y destructivo impacta el planeta e impone un nuevo reordenamiento global. Les interesan territorios estratégicos con abundantes materias primas y mercados cautivos, y con algunas zonas idílicas de turismo “ecológico y cultural”. Poco a poco van estableciendo nuevos guetos humanos y zonas de confort exclusivas y construyen muros para detener las migraciones desbordadas y desatadas por ellos mismos en los países saqueados y conducidos a la permanente inestabilidad política y económica.

Esa política agudiza los conflictos geopolíticos entre las “naciones-potencia” pero son resueltas a alto nivel entre ellos. Guerras económicas, informáticas, virtuales y digitales se ponen a la orden del día. Por eso, hoy no necesitan organismos internacionales como la ONU o la Corte Penal Internacional. Nuevas guerras más degradadas sumen a nuestros pueblos y naciones en una inseguridad y un caos controlado desde las metrópolis financieras (Siria, Libia, Irak, Afganistán, et al). Poco a poco la humanidad es empujada por una minoría plutocrática a revivir regímenes políticos y sociales “pre-modernos”, con nuevos tipos de esclavitud y de servidumbre capitalista. Las democracias hoy solo son cascarones vacíos y gobiernos autocráticos surgidos de regímenes nacionalistas o socialistas (comunistas) ocupan en muchos países y regiones el papel de nuevos gestores y administradores del gran capital.  

En Colombia el conflicto armado se puso al servicio de esa política y las relaciones pre-modernas supervivientes del siglo XIX se han combinado e imbricado con esa “modernidad premoderna” del siglo XXI. Nuestro país puede seguir en la dinámica de las violencias inducidas e impuestas por intereses externos o intentar liberarse de ese círculo vicioso que puede incluso ser utilizado para desestabilizar el norte de Sudamérica y todo el Caribe, incluyendo a Venezuela y Cuba. Podemos ser instrumentos de esa ajena tensión geopolítica o sobreponernos a nuestros conflictos internos y diseñar nuestro propio camino. 

Frente a esa situación las fuerzas políticas que lograron representar a las “ciudadanías libres” en las pasadas elecciones tendrán que escoger entre diluir sus acumulados políticos en medio de las polarizaciones heredadas de la larga guerra degradada que hemos sufrido, convirtiendo las instituciones como la Justicia Especial para la Paz (JEP) en instrumentos de retaliación y de venganza mutua, eternizando la espiral de odios y desquites, o buscar nuevos caminos de reconciliación que unifiquen a la Nación y la potencien hacia un replanteamiento general de sus políticas en la búsqueda de nuevos horizontes para las nuevas generaciones que no quieren más de lo mismo.

Si no comprendemos las nuevas realidades globales seguiremos idealizando nuestras pequeñas y miserables rencillas creyéndonos el ombligo del mundo cuando no somos más que habitantes de territorios marginales y marginados del desarrollo integral y del anhelado bienestar humano.

E-mail: ferdorado@gmail.com

viernes, 29 de junio de 2018

LÍNEAS GRUESAS PARA ORGANIZAR LA COLOMBIA HUMANA Y LA CAMPAÑA HACIA EL PODER LOCAL 2019


LÍNEAS GRUESAS PARA ORGANIZAR LA COLOMBIA HUMANA Y LA CAMPAÑA HACIA EL PODER LOCAL 2019

1.   MARCO GENERAL DE ORGANIZACIÓN

En las Asambleas municipales de la Colombia Humana no se eligen jefes, sino coordinadoras de nodos de tal manera que aprendamos a trabajar en equipo, en red y de manera democrática. Son los nodos por causas sociales los agentes de la acción política y social en el municipio.

Las asambleas ciudadanas municipales de Colombia Humana deben ser citadas públicamente. No se debe excluir a nadie a menos que haya cometido delitos de corrupción o haya recurrido o recurra a la violencia.

Las asambleas organizarán nodos de actividad por causas sociales.Las coordinadoras municipales de Colombia Humana construirán convergencias con los movimientos que apoyaron la campaña nacional y con las fuerzas ciudadanas locales para construir los programas territoriales y las candidaturas a alcaldías que se escogeran por consultas abiertas.

2.   TEMAS SOCIALES DE UNIDAD

LUCHA FRONTAL CONTRA LAS ACTIVIDADES ECONÓMICAS EXTRACTIVAS: como son la gran y mediana minería; la exploración y explotación de petróleo y demás hidrocarburos de nuevas áreas en ecosistemas sensibles y en áreas abandonadasy sometidas a recuperación secundaria. En conclusión, oposición frontal al fracking, a la minería a cielo abierto y al uso del agua para actividades de gran y medina minería.
En Bucaramanga, Cúcuta y sus áreas metropolitanas, en los 48 municipios beneficiarios del Páramo de Santurbán de los dos Santanderes y demás municipios y regiones biogeográficas de Colombia nuestro compromisoes que “¡Renunciamos al oro para defender el Agua y la Vida!”


LUCHA FRONTAL CONTRA TODA FORMA DE VIOLENCIA Y DISCRIMINACIÓN DE LA OPOSICIÓN Y DE LAS CIUDADANÍAS LIBRES EN GENERAL: defensa de la vida de lideresas y líderes sociales en todo el territorio nacional; defensa de todas las formas de vida (animales y plantas); lucha contra la injusticia social ¡ni un niño más con hambre y ni un abuelo (a) más abandonado!; defensa y respeto por las opiniones diversas y contrarias con sus diferentes manifestaciones de oposición.

LUCHA FRONTAL CONTRA TODA FORMA DE CORRUPCIÓN Y DESPILFARRO DE RECURSOS PÚBLICOS:participar y ganar el referendo de la consulta anticorrupción del 26 de agosto de 2018; denunciar públicamente todos los actos de corrupción en que incurran los actuales gobernantes y servidores públicos; exigir que todos los congresistas y demás servidores públicos, incluido el presidente de la república y sus ministros, cumplan la Constitución y pongan en conocimiento público su declaración de renta al inicio de este cuatrienio y al finalizar el mismo.

3.   PLAN DE ACCIÓN DE LA COLOMBIA HUMANA

¡Atención todos y todas las voluntarias de Colombia Humana!:

Decidimos convocar en todos los municipios de Colombia las Asambleas Ciudadanas de la Colombia Humana para aterrizar el programa nacional a cada territorio y alistar la consulta anticorrupción.

Temas de convergencia

Las energías limpias, el ordenamiento del territorio alrededor del agua y su cuidado, la adaptación y mitigación del cambio climático, la construcción de una sociedad del conocimiento, con educación pública gratuita, sistema de cuidado profesional a la primera infancia, redes informáticas potentes al hogar, la construcción de la Paz a través de la Justicia Social. La democratización y el poder de decisión de las comunidades.

¿Cómo organizar las asambleas y para qué?

Las asambleas ciudadanas municipales de Colombia Humana deben ser citadas públicamente, a través de afiches hechos a mano o como podamos, si es posible con ayuda de los medios de comunicación locales y las redes sociales.

En las asambleas se designarán equipos programáticos que construyan el programa local para gobernar el municipio en el marco de las tesis programáticas nacionales de la Colombia Humana y las realidades de cada municipio.

No se debe excluir a nadie a menos que haya cometido delitos de corrupción o recurra a la violencia.
El sectarismo debe ser erradicado de nuestra acción política. Debemos ser convocantes e incluyentes

Las asambleas organizarán nodos de actividad por causas sociales.

¿Qué son los nodos y cómo se organizan?

El nodo es una agrupación libre de voluntarias y voluntarios con causas sociales comunes. Son los nodos por causas sociales los agentes de la acción política y social en el municipio.

Serán nodos de animalistas, de ambientalistas, de feministas, de jóvenes con singularidades culturales, de estudiantes, de trabajadores(as), de barrios, de biciusuarios, de economías alternativas, etc.

En las Asambleas municipales de la Colombia Humana no se eligen jefes, sino coordinadores (as) de nodos, de tal manera que aprendamos a trabajar en equipo, en red y democráticamente. Habrán coordinadores(as) municipales y departamentales y regionales

Los(as) coordinadores(as) municipales de Colombia Humana construirán convergencias con los movimientos que apoyaron la campaña nacional y con las fuerzas ciudadanas locales para construir los programas territoriales y las candidaturas a alcaldías que se escogerán, en el caso de varios aspirantes de diversos movimientos de ciudadanías libres, por consultas abiertas.

No habrá en ningún caso, alianzas con los grupos políticos de la corrupción local o nacional.

Al cabo de este proceso se constituirá una gran coordinadora nacional, en un gran acto público.

“¡Algún día, muy pronto, entraremos al Palacio de Nariño!”: Gustavo Petro Urrego


martes, 26 de junio de 2018

DIÁLOGO NACIONAL Y ACUERDO SOBRE LO FUNDAMENTAL


Frente a la crisis institucional que se ha acumulado…

DIÁLOGO NACIONAL Y ACUERDO SOBRE LO FUNDAMENTAL

Popayán, 26 de junio de 2018

Lo que fracasó en este período que va de 2013 a 2018 fue la política de alianza con sectores de la burguesía transnacional (Santos) y con la burguesía burocrática (Samper) para derrotar a los grandes latifundistas reaccionarios aliados de los nuevos terratenientes mafiosos (Uribe), en torno a la “lucha por la paz”. No obstante, muchos sectores “alternativos” todavía no son conscientes de ese fracaso e insisten en la misma política para “salvar el proceso de paz”.


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Los resultados de las elecciones en Colombia muestran un panorama bastante particular y paradójico. Las cifras obtenidas (10,4 millones de votos para Duque y 8 millones para Petro) crean la apariencia de una gran fuerza, pero si se observa en detalle, la debilidad y precariedad es evidente, mucho más en el campo del “ganador” pero también en el del “perdedor”.  

Duque sabe que no tiene la fuerza y legitimidad moral para encabezar a la Nación y que ganó con un mandato basado en detener a Petro. El candidato de la Colombia Humana es consciente que no es la única cabeza de la oposición y que la fuerza acumulada es para impedir la dictadura (“legal”) de Uribe. El primero no puede gobernar con fluidez mientras el segundo se puede diluir siendo solo oposición. En tanto, la gente sufre las consecuencias de la crisis institucional que vive el país a todos los niveles. Muchos se preguntan… ¿No hay nadie que piense en grande?

Las fuerzas corruptas y guerreristas están acorraladas pero tienen la capacidad de conducirnos a un infierno como siempre lo han hecho; las “ciudadanías libres” las derrotaron en la primera vuelta (27-M) pero no construyeron la cohesión para derrotarlas de verdad en la segunda (17-J).

Duque acogió obligado las principales propuestas de Petro y ahora no sabe cómo “bajarse” de ellas. La continuidad del fin negociado del conflicto armado y la consulta contra la corrupción lo tienen contra la pared. No sabe cómo satisfacer el hambre de venganza de los uribistas extremos, no puede defender de frente a los corruptos, y está comprometido en garantizarle impunidad a su “jefe” (Uribe). Ya imagina los innumerables conflictos que va a tener cuando incumpla todas sus promesas. Está sentado en una “vaca loca” que puede incendiar este país en cualquier momento.

Petro en forma forzada tuvo que bajarse de algunas de las propuestas que iban a “cambiar la historia de Colombia”; entre ellas, la de la “Constituyente Territorial” que convocaría a amplios sectores de la sociedad colombiana excluidos de la participación política y que no creen en el establecimiento oficial. Tiene el reto de mantener la dinámica de movilización popular logrado en la campaña electoral y, por ello, apoya la consulta anti-corrupción, debe diseñar un modelo de oposición que unifique a los sectores alternativos y ayudar a conquistar numerosas alcaldías y gobernaciones que –supuestamente– serán fundamentales para la disputa presidencial de 2.022.

Lo grave para la Nación es que la cantidad de problemas acumulados no dan tiempo. La reincorporación de los ex-combatientes tiene grave problemas; crecen las áreas de cultivos de uso ilícito; los grupos armados ilegales siguen asesinando dirigentes sociales y a desmovilizados; la situación fiscal del Estado no es la mejor; el “proceso de paz” está hecho trizas, y a pesar de los resultados electorales, no hay credibilidad ni confianza entre la sociedad en su conjunto. Santos destruyó los acuerdos a punta de remiendos y se requiere un acuerdo nacional para poder avanzar. Es decir, es hora de negociar con Uribe, único camino para construir reconciliación.

La ley de perdón y olvido (o de “borrón y cuenta nueva”) que nadie quiere reconocer para no hacerle trampa de frente a la Corte Penal Internacional, va a tener que ser sacada de debajo de la mesa con el visto bueno de las víctimas de todos los colores y de los diversos estratos sociales. En la práctica ya está allí detrás de los acuerdos pero cada quien quiere obtener más garantías y seguridad porque desconfía de los detalles o de quién administre la justicia especial.

Por eso hay que coger el toro por los cuernos, llamar a todas las fuerzas políticas y sociales a hacer el “Acuerdo sobre lo Fundamental” planteado por Álvaro Gómez Hurtado en 1990 y que fue retomado recientemente por Gustavo Petro, si no queremos seguir en un tire y afloje que no trasnocha a la gente en general pero que preocupa y nos distrae de los problemas que quedaron planteados en la campaña electoral que tienen que ver con el cambio de matriz productiva, generación de empleo, cambio climático, salud y educación, reforma política y judicial, etc.

Es decir, existen todas las condiciones para plantear la convocatoria y realización de un Diálogo Nacional, reviviendo la idea planteada por Jaime Bateman Cayón en 1980.

Hay que enviarle un mensaje positivo a la Nación, mostrar que hay gente pensando en avanzar, no pretender construir la reconciliación hasta que se logre la presidencia. No se puede desaprovechar el esfuerzo realizado por tanta gente que apoyó a Duque, Petro, Fajardo, Claudia López, Robledo, De la Calle, Vargas, y todas las fuerzas y personas que participaron en la pasada campaña electoral. No podemos seguir pensando en “ellos” y “nosotros”, hay que romper los esquemas y sorprender a crédulos e incrédulos. Hay que mostrar madurez, generosidad y grandeza, sacudir el tapete y demostrar desde ahora el respeto al otro a pesar de las diferencias.

Hay que enterrar el estilo de Santos (que fue el gran derrotado de las pasadas elecciones) que a pesar de su aparente buena voluntad era obligado –por su naturaleza vacilante y las condiciones políticas reales– a echar la basura debajo de la alfombra para poder ganar el Nobel de la Paz pero nos dejó un verdadero tierrero acumulado. Hay que acabar con la falsa polarización sobre un tema que nos tiene a todos cansados y que de no resolverse nos puede conducir a una guerra más desgastante y cruel que la que ya hemos sufrido (“mexicanización” de Colombia). ¡Ya es hora!   

Un diálogo nacional que permitiría convocar a todos los sectores sociales y étnicos, academia, gremios, cortes, fuerzas políticas, grupos armados y desarmados, a buscar soluciones a los temas más urgentes y destrabar el camino de la paz y la democracia. Llegó el momento de hacer las paces entre todos, incluyendo a las FARC y al ELN. En la práctica es una forma de reconocer el “empate técnico” existente que no se va a resolver a corto plazo si no dialogamos y cedemos. 

La forma de convocarlo y desarrollarlo es un tema importante pero secundario. Si hay voluntad política lo haremos. Y no puede ser para solucionar todos los problemas de una vez; se requiere creatividad para construir las mínimas condiciones de la paz y la democracia. Ese es el verdadero mandato que acaba de enviar nuestro pueblo, incluyendo el problema de la corrupción.

Si nos lo proponemos, lo lograremos. Que despierten y se reactiven quienes recibieron el apoyo de la ciudadanía colombiana. No es hora de esquivar responsabilidades.


jueves, 21 de junio de 2018

NUEVAS FORMAS DE OPOSICIÓN EN COLOMBIA


Frente al reto de consolidar a la Colombia Humana…

NUEVAS FORMAS DE OPOSICIÓN EN COLOMBIA

Popayán, 21 de junio de 2018

Gustavo Petro es el primer político latinoamericano que plantea con claridad y contundencia el cambio de la matriz productiva basada en el extractivismo minero-energético (petróleo-carbón) y la promoción de energías limpias con soporte en fuentes de energía renovables (solar y eólica). Lo hace en el marco de la economía capitalista pero atacando las causas estructurales que destruyen la naturaleza y generan el cambio climático. Lo más interesante es que lo ha realizado con relativo éxito, posicionando su visión y nuevas temáticas en la agenda político-electoral.

Además, su propuesta incluye la industrialización de las materias primas y la democratización de la propiedad de la tierra con herramientas de mercado (gravando con impuestos a grandes latifundios improductivos). Su objetivo es construir una economía moderna, con alto desarrollo tecnológico y participación masiva de los productores urbanos y rurales existentes (grandes, medianos y pequeños) y de los profesionales y emprendedores que en la actualidad tienen un limitado campo de acción, teniendo que migrar muchos de ellos al mundo desarrollado.

Se puede afirmar que la acción política de este político colombiano y sus colaboradores, teniendo en cuenta sus antecedentes en el M19, su trabajo a lo largo de los últimos 27 años cuando se derogó la Constitución de 1886 y se aprobó la de 1991, como parlamentario y Alcalde de Bogotá (2012-2015), y las referencias teóricas[1] que el mismo Gustavo Petro ha planteado que le sirven para formular su proyecto político, se ubica en el marco de la superación de los “progresismos latinoamericanos” sin desechar sus avances y experiencias.

Se podría definir como un “progresismo liberal del siglo XXI” (no socialista) que enfrenta los problemas estructurales de una sociedad pre-moderna como la colombiana y un capitalismo salvaje como el actual, con el desarrollo de las fuerzas productivas y del conocimiento, y la democratización de la sociedad con base en la movilización y participación ciudadana, sin necesidad de “estatismos absorbentes”, “asistencialismos paternalistas” o procesos vanguardistas que terminan en “ideologismos autoritarios”. Es indudable que es un camino nuevo al que todavía le falta resolver su relación con el Estado “heredado” y las formas organizativas “desde abajo”, pero avanza en la dinámica del hacer y el aprender.  

Hay que felicitar a Gustavo Petro por el trabajo realizado y los resultados obtenidos; no obstante, se deben identificar aspectos negativos, limitaciones y errores. Nada hay perfecto en la vida.

La preponderancia del imaginario y lo simbólico

Partimos de una primera conclusión de lo ocurrido el 17 de junio: Con la imagen de una izquierda cercana o parecida a la izquierda de América Latina, a excepción de Uruguay, es muy difícil, casi imposible, elegir un presidente de la república en Colombia.

Lo paradójico es que Petro construyó un programa muy diferente al de toda la izquierda sudamericana. Entonces… ¿qué ocurrió?

La explicación es sencilla. Aunque su propuesta es diferente, su estilo o forma de hacer política es igual o similar a la de la izquierda y los gobiernos “progresistas” latinoamericanos que pasan por un evidente declive o estancamiento. Sus formas de acción política se pueden asimilar a las de Chávez, Correa, Lula, Evo e incluso a las de Castro y Ortega. Por ello, todos sus contradictores se dedicaron a meter miedo con base en su supuesto caudillismo, mesianismo y populismo. Y, la verdad, les funcionó, en gran medida.

No obstante, el candidato de la Colombia Humana también cometió algunos errores que reforzaron el miedo (real o inoculado) al proyecto de Petro. Veamos:

a) No se deslindó a tiempo de Maduro; lo hizo muy tarde y, por ello, dejó un sabor oportunista casi pasándose al otro extremo.

b) Lo mismo ocurrió con la propuesta de convocar una Asamblea Nacional Constituyente ANC que sonó a “amenaza”; la propuso sin necesidad y, después, obligado por las circunstancias, le tocó desprenderse de ella.

Es importante anotar que la ANC es una fórmula constitucional y legal para reformar la Constitución Política que fue injustamente estigmatizada hasta por quienes se dicen demócratas en Colombia. Ello ocurrió por la forma como Maduro utilizó recientemente ese mecanismo en Venezuela para violar su propia Constitución y tratar de legitimar su dictadura por medio de una Constituyente que no reforma ni constituye nada; solo es un ardid para que una pequeña cúpula burócrata-militar se mantenga en el poder, como en verdad lo hacen (goo.gl/mjfV2w). 

c) Fue también un error proponer la compra de tierras al magnate industrial Carlos Ardila Lulle. Había que tener en cuenta varios detalles importantes: Son tierras productivas así sean de un monocultivo cuestionado por su acción depredadora del medio ambiente; detrás de los ingenios azucareros existen varias cadenas productivas en donde participan medianos productores de caña; empresas de mantenimiento de vías, diques y desagües; transporte de la caña y de los trabajadores; proveedores de insumos, herramientas y repuestos; y, la cadena del dulce y del etanol. Los obreros y corteros de caña (afros y no afros) no están interesados en volverse granjeros. Muchos vieron detrás de esa propuesta a los pueblos indígenas que aspiran a ampliar su territorio. Y, claro, grandes terratenientes y políticos de todos los sectores (tradicionales y alternativos) utilizaron esa imprudencia para desgastar a Petro no solo en el Valle del Cauca sino a nivel nacional. Lo acusaron de ser un “expropiador camuflado” y un chantajista.

d) La sumatoria de esos y otros errores, que fueron también utilizados por Sergio Fajardo (Coalición Colombia de “centro”) para crecer entre el 13 de marzo y el 27 de mayo, obligaron a Petro en la segunda vuelta a aceptar el “apoyo” temeroso y oportunista que le dieron los “verdes”, teniendo que echarse en sus espaldas esas torpes y pesadas “lápidas de la ley” (mockusianas).

En la práctica, el 17-J enfrentó el miedo a Uribe contra el terror a Petro; y ganó el segundo. A pesar del enorme avance de la Colombia Humana quedó en el imaginario colectivo y de una parte de la sociedad colombiana, la “figura socializante” del candidato Petro. En cualquier otro país no sería mucho problema pero en Colombia, con los antecedentes de una izquierda armada como las Farc, no es la imagen ideal para un proyecto político con vocación de gobierno y poder.

Necesidad de un nuevo tipo de oposición     

A partir de ese hecho incontrovertible, es necesario resolver el problema de cómo hacer una oposición que permita posicionar a la Colombia Humana como el proyecto político que “por ahora no es gobierno” (dixit Petro) pero que se prepara para gobernar. Se trata de acumular fuerza política para ser la cabeza del Estado en las próximas elecciones, manteniendo el fervor popular y juvenil acumulado pero mejorando su imagen ante otros sectores sociales que buscan formas nuevas de acción política. Es lo que mostró este ejercicio reciente.

Es muy importante que quede en la retina de la gente la idea de que –a pesar de las diferencias con el nuevo presidente Duque– no se actuará como un obstáculo a su gobierno siempre y cuando sus acciones beneficien a los colombianos. A la vez, demostrar que se tienen propuestas viables para resolver los problemas de nuestro país y de nuestro pueblo. Claro, sin renunciar a la oposición vertical cuando sus iniciativas afecten negativamente a los diversos sectores de la población. 

Sería como si la Colombia Humana y sus aliados se constituyeran en una especie de “Gobierno en la Sombra”, pero no para hacer oposición tradicional sino para impulsar sus propuestas en todos los escenarios institucionales y extra-institucionales; que los candidatos a alcaldes y gobernadores acojan la esencia de su programa y construyan bases organizadas en municipios y departamentos. Sería una acción de carácter propositivo sin renunciar en ningún momento a lo logrado hasta ahora. Es una forma de oposición no contestataria y de alto contenido estadista.

Esa forma de actuar obliga a muchos de los dirigentes de la Colombia Humana a estudiar y entender las propuestas de Petro con sentido práctico y adaptándolas a las diversas realidades y complejidades de las localidades y regiones.

En cuanto a la movilización social es mejor que la desarrollen los movimientos y organizaciones con total autonomía, ojalá superando el síndrome de las negociaciones insulsas que solo les sirven a los gobiernos para ganar tiempo y engañar. Como ocurrió con las Farc. 

Las nuevas realidades de Colombia, América Latina y el mundo nos obligan a innovar. “O inventamos o erramos” dijo y enseñó Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar. Es hora de hacerlo.
E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado 



[1] Las referencias teóricas que Gustavo Petro ha planteado son: en el tema económico están autores como Nicholas Georgescu-Rogen, Jeremy Rifkin, Thomas Piketty y Paul Mason; en filosofía Michel Foucault y Slavoj Zizek; en teoría política Tony Negri y Boaventura de Souza Santos; y en ideario político colombiano Rafael Uribe Uribe, Alfonso López Pumarejo, Jorge Eliécer Gaitán y Jaime Bateman Cayón.   

lunes, 18 de junio de 2018

¿QUÉ VA A HACER DUQUE?


La pregunta que muchos se hacen es...

¿Qué va a hacer Duque?

Popayán, 19 de junio de 2018

Vamos a tratar de pensar con algo de lógica...para aportar al debate.

- Quienes siguen pegados de la falsa polarización Santos-Uribe imaginan que Duque va a traicionar a Uribe o que ya lo traicionó.

- No tienen en cuenta que ellos tienen patrones que son los que determinan todo (gobierno estadounidense y dueños de grupos económicos AVAL-Ardila-Guillinsky-Slim-Santodomingo, etc.).

- Santos ya logró su objetivo que era desarmar a las Farc con muy bajos costos políticos y económicos.

- Santos entrega un proceso de terminación del conflicto remendado, sin mayores avances en aspectos fundamentales como desarrollo rural, justicia especial o reforma política.

- Duque para ganar ya tranzó con toda la oligarquía y desde la campaña se disfrazó de una especie de Fajardo, y de palabra recogió hasta propuestas de Petro.

Entonces:

a) Duque no necesita hacer trizas los acuerdos porque ya están hechos trizas.

b) No traicionará a Uribe porque quien supuestamente lo traicionó (Santos), también traicionó a las Farc y, ahora está a paz y salvo.

c) Llega a cumplir su papel que no es otro que administrar lo logrado y va a tratar de entregar con más eficacia nuestros recursos naturales al gran capital financiero global (aguas, tierras, mercados, zonas turísticas, biodiversidad, etc.)

d) Con respecto a Uribe lo único que le importa es garantizarle la impunidad a él y sus cómplices, lo que no va a significar ningún problema dado que tienen amedrentadas a las Farc y tienen el control total del Congreso.

Pero:

e) Por más que prometa esta vida y la otra no podrá cumplir ninguna de las promesas que hizo al final de la campaña.

f) Sobre la consulta anticorrupción le va a servir de bandera para engañar dado que hasta la Paloma Valencia ya se subió a ese bus.

Por tanto:

El eje de la oposición a ese gobierno del “gatopardismo” debe basarse más que en el tema de la "paz" en los puntos centrales que posicionó a la Colombia Humana (modelo productivo, defensa del medio ambiente, educación, salud).

No solo hay que oponerse al gobierno “uribo-santista” de Duque sino que hay que enfrentar a “tibios” y “neutrales” que se disfrazan de "centro" para pasar de agache frente a los temas centrales que determinan el futuro de nuestro pueblo.

Las mafias y corruptos van a cobrar por debajo de la mesa y el escenario donde tenemos que jugarnos con ellos es en las regiones y localidades.

ENTRE EL MIEDO Y LA ESPERANZA


Breve e inicial análisis de los resultados electorales en Colombia (17-J)

ENTRE EL MIEDO Y LA ESPERANZA

Popayán, 18 de mayo de 2018

Hay que leer bien los resultados para entender lo ocurrido, valorar las fuerzas que confluyeron alrededor de Gustavo Petro y entender realmente qué ocurrió.

Hechos:

- Petro, Fajardo y De la Calle sumados obtuvieron el 27 de mayo 9.840.139 votos.

- Petro el 17 de junio obtuvo 8.034.189 votos, o sea, 1.805.950 votos menos.

- Duque y Vargas habían obtenido el 27 de mayo 8.977.533 votos.

- Duque obtuvo 10.373.080 votos, o sea, sumó 1.395.547 votos nuevos.

- La diferencia a favor de Duque finalmente fue de 2.338.891 votos.

- El voto en blanco logró 808.368 votos.

Otros hechos (probables):

- Alrededor de un millón de personas de las que votaron por Fajardo y De la Calle el 27 de mayo no lo hicieron por Petro, o un poco más, si se tiene en cuenta que algunos de los que votaron por Vargas Lleras votaron por Petro el 17 de junio.

- En la Costa Caribe las maquinarias corruptas se activaron y aunque no lograron mayor resultados en las capitales de esos departamentos si lograron comprar muchos votos en otros municipios.

- En Bogotá 548.508 personas que votaron por Petro, Fajardo y De la Calle, esta vez o votaron por Duque o votaron en Blanco (200.079 votos).

- En el Suroccidente colombiano, Petro suma la mayoría de los votos demócratas que había obtenido la CoCo y repuntó con fuerza en el Valle, especialmente en Cali.

- En el Eje Cafetero y Santanderes la mayor parte de personas que respaldaron a Fajardo el 27 de mayo, no votaron por Petro o votaron en Blanco.

Algunas conclusiones iniciales:

1. Los votos obtenidos por Petro son fruto de una confluencia variopinta de votantes libres y de fuerzas políticas democráticas (mayoría del Polo, buena parte del Verde, mayoría de liberales de base, muy pocos de Compromiso Ciudadano y los votos del resto de la izquierda y otras organizaciones ASI, MAIS, UP, etc.).

2. La bandera de la paz no logró movilizar a las mayorías pero Duque no podrá desconocer los acuerdos firmados con las Farc.

3. Los miedos inoculados por el Uribismo lograron triunfar. Miedo al "castro-chavismo", a lo ocurrido en Venezuela y otros miedos que lograron mover a personas poco informadas y manipuladas (a la supuesta expropiación, a la persecución a iglesias cristianas, a las Farc, y otros).

4. Algunas fuerzas alternativas ayudaron desde el 13 de marzo a posicionar esos miedos y en 2 semanas era imposible reversar lo hecho durante más de 2 meses.

5. Petro logró posicionar ideas claves en economía (modelo productivo), medio ambiente, educación y salud. Son propuestas que Duque demagógicamente asumió y que con fuerza organizada se debe exigir su implementación y cumplimiento.

6. Hay grandes avances en el campo democrático pero hay que ser muy cuidadoso para unir y no dividir.

7. El llamado al voto en blanco fue muy dañino. No solo logró confundir a los 800.000 electores que votaron en blanco sino que -en gran medida- confundieron a muchos ciudadanos libres que justificaron su apoyo a Duque.

8. Hay que persistir no con sentido de simple oposición y de negativa resistencia sino con actitud de gobernantes, "desde abajo" y "desde arriba", desde las calles, en la cotidianidad y, también, desde la institucionalidad.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

jueves, 14 de junio de 2018

“EL VOTO EN BLANCO ES UNA AUTODERROTA”: GUSTAVO PETRO


Entrevista con Gustavo Petro, candidato presidencia de la Colombia Humana…

“El voto en blanco es una autoderrota”: Gustavo Petro

Alfredo Molano Jimeno / Hugo García Segura

(Tomada de El Espectador, martes 12  de junio de 2018)

Sigue buscando apoyos. Ya logró el de Mockus y el de Claudia López y conversa ahora con Humberto de la Calle. Antes de esas movidas, el candidato de la Colombia Humana habló con El Espectador de Duque, Uribe, Fajardo, Robledo y de su proyecto político, que, dice, no tiene nada de populista.

A cinco días de las elecciones, ¿cómo ve el panorama? Porque las encuestas no lo favorecen…

Una encuesta es una foto, un momento. Sin discutir metodologías, las más recientes tienen que ver con los resultados de la primera vuelta y la fotografía muestra lo mismo que arrojaron las urnas: la mayoría no está con Duque. Ustedes dirán: tampoco con Petro, pero es claro que la mayoría es procambio, antimaquinaria y anticorrupción, con talantes diferentes. Esa mayoría es una sumatoria, en gran proporción, de Petro, y en menor proporción del blanco. Eso da opciones, posibilidades y problemas. Si un porcentaje importante de la población vota en blanco, gana Duque, y vamos a una dictadura. Si al contrario, Petro logra seducir a esta población, es el presidente. En otras palabras está de papayita. Ya no es el aguacate, es la papaya. Podemos mandar la corrupción a la caneca de la basura con una equis. Hace muchas décadas, casi desde Gaitán, no había una posibilidad de cambio en el Gobierno. Leí en un trino que Gaitán alcanzó en su última votación presidencial el 25 %. Lo mismo que yo alcancé ahora. Imagínese, llegar a este punto cuesta 70 años. Eso es un poco asustador para mí. Llegar a este momento histórico, con posibilidad de un cambio político, luego de siete décadas y miles de muertos.

Pero habla usted de problemas...

Mi miedo es que se pierda la oportunidad. Como dijo García Márquez: la segunda oportunidad de las estirpes condenadas a los cien años de soledad. Esa frase refleja este momento y se puede perder, no por la debilidad física o mental mía, sino por la manipulación del uribismo. Duque está rechazando el debate, le da miedo. Le teme a nuestra coherencia argumental, porque él no la tiene. Él se aprende el discurso de sus asesores, pero en un debate entre dos, ese aprendizaje empieza a hacer aguas, pues se necesita conocimiento integral, coherencia real.

¿Cómo seducir al electorado que hoy se inclina por el voto blanco?

Mi responsabilidad es que menos gente vote en blanco y me apoye. Obviamente, nos hace un gran daño quien estimula esa opción. Lo hacen con el propósito de dañar a Petro, no a Duque. Esa es su responsabilidad ante la historia; la mía es seducir ese voto en blanco. Lo estoy estudiando, porque, si las encuestas son serias, parte del fajardismo antioqueño, la zona cafetera y algo de Cali se pasa a Duque. Era previsible, porque hay un fajardismo que es más de derecha, pero el resto es progresista. Es un electorado que quiere cambio, acabar con la corrupción, quiere transformaciones, pero que creyó que Fajardo, por ser más tranquilo, lo podría hacer mejor que Petro, que tiene fama de echar pa’lante y de ser obstinado. Y no es mentira, eso es parte de mi carácter. Allí hay un gran campo de seducción, porque ese electorado, además de juvenil, es de estrato 3, mientras que el electorado de Petro se situó más en los estratos 1 y 2. El caso de Bogotá lo demuestra. El estrato 3 no es rico, es una clase media vulnerable, porque está con un pie en un lado y otro pie en el otro. El crecimiento del estrato 3 bogotano se debe a los gobiernos de izquierda, es nuestra producción, sacamos gente de la pobreza, pero no se nos reconoce. Y es que el centro de la política social de Bogotá fue la educación. Y en esa medida la ciudad tuvo una revolución inmensa; sus localidades pobres hoy son de clase media: Fontibón, Engativá, no son lo mismo que hace 10 o 12 años.

¿Usted siente que su administración en Bogotá no ha sido reconocida?

Pues en los medios no, pero entre la población sí, porque si no cómo se explica que haya obtenido 1’100.000, muchos más que cuando gané la Alcaldía. Eso no se da si la gente no hubiera reconocido un buen gobierno. Diferente sucede en Medellín: yo apostaba a que Fajardo ganaba allá y ganó Duque. Ni Fajardo y yo, sumados, podemos ganarle a Duque en Medellín. Es la única ciudad relativamente rica donde él gana. En Bogotá, Cali o Barranquilla ganamos Fajardo o yo. Duque es una expresión atrasada de la política y Fajardo demostró más capacidad de atraer el voto en estrato 3 que Petro, que se queda en el 1, el 2 y las juventudes. Por eso gano en departamentos pobres y en las zonas pobres de las grandes ciudades. Así que, desde el punto de vista sociológico, se queda con la Presidencia el que se gane el apoyo del estrato 3. Claro, sin contar con la maquinaria.

¿Qué lectura hace de la decisión de Fajardo, Robledo y De la Calle de votar en blanco?
Es una falta de responsabilidad con el país, no conmigo, porque yo les ofrecí la posibilidad de derrotarme en una consulta y, aun así, sólo por el miedo a que no sucediera, no aceptaron. El tema de Fajardo tiene que ver con el prejuicio de que no es bueno para el país alguien que tenga un origen de izquierda. En el mundo muchos gobernantes han sido de izquierda y han hecho transformaciones. No hubiera una España sin Franco si no hubiera un PSOE; no hubiera sido posible la salida de Pinochet en Chile sin el Partido Socialista, que también ha gobernado en los últimos años. En esos países ha habido alternancia y el mensaje es claro: no se puede construir democracia sin la voz de los excluidos. Y eso faltó en la mente de Fajardo. El caso de Robledo es diferente, pues se ubica en las viejas envidias y sectarismos de la izquierda, anacrónicos, pero igualmente irresponsables. Aquí se trataba de dar un paso, dado que la población decidió que el que pasaba era Petro. Si Fajardo hubiera pasado, en tres segundos yo lo hubiera apoyado, no lo hubiera pensado, lo tenía decidido. Obviamente, lo mismo hubiera sido si el que hubiera pasado fuera De la Calle, porque yo entiendo lo que significa una dictadura uribista. Eso se salda en muertos, en violencia, en destrucción democrática, en acumulados. Todo cálculo pensando en que en cuatro años sí se va a poder es carreta. Si ellos recuperan el Gobierno, que lo perdieron por una decisión de una corte, ya saben qué tienen que hacer: acabar con las cortes. Ponen a la justicia a su servicio, ponen al Congreso a su servicio, y eso lo saben hacer, sólo se trata de comprar congresistas. Eso se llama dictadura: concentración de poder. Quieren controlar las tres ramas y el efecto es que en cuatro años no va ser lo mismo que hoy. De ahí mi angustia: estamos ante una oportunidad histórica, de esas que sólo aparecen cada 70 o 100 años. La última fue cuando Gaitán iba ser presidente y lo mataron.

Pero de todas maneras deja un gran camino avanzado para 2022…

Esa es una manera fácil e ingenua de pensar. ¿Creen que el uribismo llega al poder y lo va soltar?

“Timochenko” dijo que la FARC respalda a quien apoye los acuerdos de paz y no plantee cambios. ¿No cree que ese pronunciamiento le hace daño?

Me parece lógico que alguien que firmó un Acuerdo de Paz vote por quien respalda lo pactado. Sería un tonto si no. Pero eso indica, no que la FARC me respalda, porque no lo ha hecho, sino que es una fuerza premoderna. Su único punto de acuerdo conmigo —y con la mayoría de los ciudadanos— es dejar la guerra. Hoy es una fuerza anacrónica la que quiere mantener la guerra y, en esa medida, la postura de Petro es impedir que surjan nuevas violencias. Eso ya no es el tema de un acuerdo con la FARC, es la paz de Colombia, que Santos no quiso acometer porque implica reformas sociales a profundidad en asuntos claves como educación, salud, tránsito a la economía productiva. Eso no estaba en los Acuerdos de La Habana, y no tiene que ver con la FARC. Eso tiene que estar en un gran acuerdo con la sociedad colombiana. Mi visión de la paz es más amplia que la que tuvieron el gobierno Santos y las Farc, pero eso no implica que mande al carajo el Acuerdo de La Habana. Ahora, de lo que sí estoy convencido es de que está gestándose una nueva guerra sobre Colombia y que sus primeros campos de batalla están en el litoral Pacífico, en el golfo de Urabá y Medellín.

¿Una guerra entre quiénes?

Son ejércitos del narcotráfico con mayor capacidad de fuego, a donde va a acudir por simple cooptación económica gente con experiencia militar: soldados, policías, agentes de seguridad privada, exguerrilleros, exparamilitares. Con una alta fuente de perversidad y salvajismo, porque es la primera vez que los factores y los actores de la guerra en Colombia se manejan desde el exterior: los carteles mexicanos, y la contraparte, la reacción, se da por el Ejército de Estados Unidos. Por eso el aeropuerto de Tumaco está lleno de aviones de la Fuerza Aérea estadounidense. No es por nacionalismo, es porque estamos perdiendo la soberanía. Es una táctica errónea que consiste en ver el narcotráfico como una guerra. El tal Guacho, que el uribismo ha utilizado para montar su estrategia “antifarc”, es una persona que renunció a la guerrilla un año antes de los acuerdos y hace parte de la nueva guerra, que es transnacional. Ya estamos en una estrategia continental del narcotráfico, y eso ya está en Medellín; sólo falta que mejoren sus armas los muchachos de las barridas y tendremos Siria. Al uribismo, que está jugando con fuego, le interesa que la sigan llamando Farc para mantener sus banderas, pero están desconociendo que es una nueva violencia que tiene un poder mucho mayor que el que hemos conocido en Colombia y que desactivar el Acuerdo con las Farc no lleva, como ellos creen, a que la guerrilla vuelva a la guerra y Uribe a la Presidencia. No. Lleva a desatar un proceso de fragmentación social y estatal del territorio colombiano de manera violenta, manejado por actores que no tienen intereses políticos sino económicos —el narcotráfico— y no son nacionales sino extranjeros. Esto lo desconoce Duque. Por eso creo que la solución es la desactivación de las violencias, que pasa por cambiar la política de drogas en Colombia. Ya no pasa por cómo se cambia el Acuerdo con las Farc. Un acuerdo que hay que respetar, porque un Estado que no respeta sus acuerdos no respeta a la ciudadanía y produce violencia.

¿Cuál es su idea de cambio de la política antidrogas?

Llevamos décadas de fracaso. Sería soberbio decir que tengo la certeza de que mi política va a ser más efectiva. Foucault dice que el poder nace de un control sobre la sociedad y, si vamos a la mafia, el poder de ella nace porque controla sociedad. Esa ha sido la única revolución que ha triunfado en Colombia y la muestra es lo que terminó llamándose parapolítica. Hay grupos de población que controla el narcotráfico: el campesino cultivador de coca y la juventud que consume en el barrio popular. No le interesa tanto el consumidor viejo, maduro y rico; quiere controlar al joven popular, porque lo organiza de manera armada, controla territorio y expande el mercado, y le interesa, a partir del lavado de activos, el crédito popular que abandonó la banca, que es el gota a gota. Ante el vacío de la banca pública y la ausencia de crédito legal, la mafia coopta este sector y controla a millones de personas. Peñalosa se equivoca de cabo a rabo cuando piensa que destruye el narcotráfico sacando a habitantes de calle del Bronx. Esa es una gran mentira. El narcotráfico controla el crédito en San Victorino. Entonces esto es así: yo le quito poder a la mafia si le quito esa población con tres grandes políticas: banca pública con crédito barato; el tema de la juventud consumidora en barrios populares, que es eliminar el procedimiento policial contra ellos, y poner el médico, al psicólogo, los centros regulados de consumo, y desatanizar el tema. Cada vez que un político ataca a esos jóvenes es porque está defendiendo el meganarcotráfico. Cada vez que un político habla de meter a la cárcel a los consumidores, en la noche se está abrazando con un narcotraficante. Lo que se necesita es quitarle el jíbaro al consumidor de drogas barrial, que es la cadena que permite armar y militarizar al joven. La inclusión social de la juventud, el arte, la educación gratuita, eso, que ya lo demostré, ataca este fenómeno. En el campo de los cultivadores de coca, donde no tenemos experiencia, creemos que una política de sustitución de tierras va a ser más efectiva que la sustitución de cultivos, porque en las tierras fértiles no hay cultivos ilícitos. Esos están en la frontera agraria, en las zonas selváticas, a donde expulsaron al campesinado por no hacer la reforma agraria. En el Pacífico, la sustitución de cultivos debe ser agroindustrial. La agroindustria permite crecer en ingresos, pero debe ser propiedad del campesino, y esto implica romperle un adoctrinamiento a nuestro técnicos y economistas que creen que la industria es separada de la agricultura. Y que la industria es para grandes capitales y la agricultura para pequeños campesinos. Así no se puede sustituir la hoja de coca. Con estas tres políticas le quitamos población a la mafia y pierde su poder. Son políticas sociales y no militares.

Usted ha dicho que su programa no es de izquierda ni socialista. ¿Qué es, entonces?

No es socialista. Y lo de izquierda depende de cómo ustedes conciban esa palabra. Desde Einstein, los puntos geográficos se han movido. Lo que hoy se llama el centro era la izquierda hace un siglo. Ese es el avance de las sociedades. Hannah Arendt, que no es propiamente de izquierda, decía que la nación se construye cuando los campesinos levantan la bandera nacional. ¿Y cuál es la bandera nacional? La tierra. Que se vuelva de clase media. Eso en los tiempos de la Revolución francesa era de izquierda, pero aquí dicen que es de extrema izquierda. No, eso es un principio de igualdad y humanidad.

¿Cree que el discurso antipetrista tiene origen en el clasismo?

Claro, pero no desde el punto de vista de clases sociales propias del capitalismo, pues si alguien debería apoyar mis programas son los capitalistas, porque les estoy abriendo el mercado. Cuando decimos: ponerle impuesto a la tierra fértil improductiva, lo que estamos haciendo es ingresando la tierra al mercado de tierras. Cuando no se logra eso estamos en el feudalismo. Colombia tiene mucho del feudalismo, somos la tercera sociedad más desigual del mundo, eso no responde al capitalismo sino a la premodernidad, y lo que se configura no son exactamente clases sociales sino castas. De hecho, los mayores productores de Colombia no son ricos, ni en la ciudad ni en el campo: un arrocero de 50 hectáreas no es un rico ni un cafetero, no son latifundistas. En general son pequeñas y medianas propiedades. En las ciudades como Bogotá o Bucaramanga, los puestos de trabajo productivos los tiene un señor que tiene un garaje, abre una industria en su casa, hace papas fritas. Lo que tenemos es un grupo de élite que se ha apropiado del poder a partir de la corrupción y la violencia, y su hilo unificador no es su postura ante los medios de producción sino su linaje, su color de piel, su apellido, su abolengo. Eso ni siquiera es clasismo, aparece en Game of Thrones, es la exclusión de una sociedad feudal.

¿Qué es eso del capitalismo democrático del que ha hablado?

La sociedad colombiana se parece a la italiana, más que a la española, en su capitalismo, que es incipiente. El capitalismo en Colombia no está en el poder político. Al contrario, sobrevive a trancas y mochas en medio de los TLC, de los impuestos. Ese mundo del capitalismo en Colombia no es democrático, porque es el del mundo cafetero, de los arroceros, de la producción agraria o de la pequeña industria bogotana o santanderana; ese es el mundo que queremos proteger y desarrollar. Por eso no soy populista. Queremos llevarlo al poder. Es ahí donde la mentira uribista ha hecho su mayor esfuerzo. El uribismo sabe que yo voy es por el latifundio, es decir, la base premoderna de su proyecto político, pero como los latifundistas son 11.000 y no ganan elecciones, entonces han utilizado la mentira de que yo soy socialista y les voy a quitar las empresas.

Usted habla de un acuerdo sobre lo fundamental, una expresión de Álvaro Gómez Hurtado, quien representa a un sector conservador que parece distante de sus ideas...

El M-19 fue heredero de un filón histórico que arranca con el general Rafael Uribe Uribe, por no mencionar al expresidente José María Melo y a Manuel Murillo Toro —los radicales liberales—, y que termina con Gaitán. Ahí hay una larga historia de luchas frustradas. Nosotros somos hijos de eso; la violencia interrumpe las reformas, las luchas toman distintos rumbos y terminamos nosotros, los jóvenes del M-19, derogando la Constitución de 1886. Logramos el triunfo que no pudo Uribe Uribe, ni López Pumarejo, ni Gaitán. Ese es nuestro filón. Si usted ve del otro lado, están las fuerzas que se amarraron a defender esa Constitución, los que mataron a Gaitán, a Rafael Uribe Uribe, los que desataron la violencia, y ahí estaba Álvaro Gómez, que representaba el llamado laureanismo. Hijos de eso son Ordóñez, Londoño Hoyos y la familia Gómez. Pero en el caso de Álvaro Gómez, era un hombre brillante y tiene mucha diferencia con Álvaro Uribe. El conservatismo de Gómez era de quilates políticos, intelectuales y sociales, no el que apoya hoy a Uribe, quien es simplemente el representante del narcotráfico en la política. ¿Qué tipo de sociedad sigue a un narcotraficante vuelto político? Eso no era Álvaro Gómez; a él lo seguía una fuerza conservadora, pero racional. Era un hombre valioso. A él lo secuestro el M-19 e inmediatamente entraron en comunicación con Pizarro y hubo un entendimiento. Ambos fueron asesinados por los mismos. Y la Constitución de 1991 se hizo gracias a un pacto entre Álvaro Gómez y el M-19. Juntos éramos la mayoría absoluta, mayoría que no se utilizó para perseguir a nadie, chuzar a los opositores, cerrar cortes. Ni con los militares, con quienes habíamos hecho la guerra, hubo irrespeto. Allí hubo un pacto fundamental, un acuerdo en términos democráticos con una derecha, que era Gómez, y con una izquierda, que era el M-19. Pero mataron a Gómez, al M-19 y hundieron al país en el paramilitarismo. Y ahora muchos conservadores que apoyaban a Gómez terminaron apoyando ese paramilitarismo, que hundió el pacto del 91. La Constitución ordena al Estado ponerse al servicio de la ciudadanía, pero lo que se hizo fue poner a la ciudadanía al servicio de la mafia. El pacto sobre lo fundamental no es más que la aplicación de la Constitución de 1991.

¿Y ahí cabe Álvaro Uribe?

Yo lo invitaría. Eso sí, teniendo claro que es el representante del latifundio improductivo. La invitación que le haría es a que modernicemos la tierra en Colombia sin matarnos.

¿Por qué se desmontó de la idea de una constituyente?

Porque no es necesaria. Lo que necesitamos es implementar la Constitución de 1991. En su momento pensé que debía ser una constituyente acotada a unos temas: salud, educación, justicia, política, etc., pero con el resultado del 11 de marzo, las ciudadanías dieron el primer campanazo, que fue que la bancada mayoritaria del Senado ya no era el uribismo ni los partidos tradicionales, sino la bancada alternativa. Eso da una opción de que las reformas que se necesitan se pueden impulsar en el Congreso.

¿Esos cambios también obedecen a las adhesiones que viene recibiendo?

Claro, en parte las alianzas entre sectores exigen un acercamiento de posiciones. Duque lo hizo en su estilo: atrajo a todas las maquinarias, no quedó ni una por fuera. Las asociaciones para delinquir de la política están con él. Y yo quise convocar a las fuerzas de la ciudadanía que se expresaron en las urnas. Ese es un pluralismo, una nueva forma de gobernar. La pregunta es: ¿cuál de los dos va a ganar: las ciudadanías o las maquinarias? Si las ciudadanías se abstienen, se autoderrotan. No es que las maquinarias sean capaces de derrotarnos, ya están perdidas, casi agónicas, están de papaya, pero las ciudadanías se pueden autoderrotar. El voto en blanco es una autoderrrota. La falta de confianza en Petro es la trampa para dividirnos. Si no podemos es sólo por una razón: que las ciudadanías voten en blanco o se abstengan.

¿No es lamentable que esta campaña gire en torno a “nos vamos para el castrochavismo o para una dictadura uribista”?

Pues el castrochavismo es falso, en cambio la dictadura uribista es cierta.

¿Qué les responde a los que lo califican de populista, mesiánico y caudillista?

Caudillista es un poco de celos, ¿no? Porque ellos mismos no son capaces de convocar y la política es convocar a la ciudadanía. Me lo dijo Pizarro una vez en uno de nuestros agarrones. Él me estaba indicando que el papel del liderazgo es convocar y yo convoco hoy multitudes. A veces me asusta. Pero eso no me hace caudillo, eso me hace un dirigente que tiene un peso específico en este momento de la historia, y lo hago valer. Claro, otros no tienen esa misma posibilidad, entonces les da celos y le dicen caudillo al que llena la plaza. Todos tenemos celos, pero dejarse ganar de eso es una manera pequeña de ver la política. Ahora, el tema del populismo tiene que ver con un esquema de ideas, porque puede haber un populista que no llena ni la cocina de su casa. Entonces, lo primero que hay que preguntarle a un ciudadano es qué entiende por populismo. Unos lo confunden con oratoria. Otros con demagogia, que es proponer lo irrealizable. Y todas las cosas que hemos propuesto nosotros son realizables. Incluso las que no pudimos cumplir en Bogotá son absolutamente realizables. Un metro subterráneo, ¿es que eso es irrealizable? Estaba el estudio, estaba la plata, estaba todo para iniciar la construcción. ¿Qué lo volvió irrealizable? Una decisión del Gobierno Nacional para que Petro no empezara por razones políticas. Y después, una decisión de la sociedad bogotana de elegir como alcalde al que iba a matar el metro subterráneo. Pero decir que un metro subterráneo no es realizable es no entender el manejo de los recursos públicos y de la movilidad de Bogotá. ¿Es realizable la universidad pública y gratuita? Otros países lo han hecho. El gran pacto después de la Segunda Guerra Mundial en Europa fue tener universidad pública y gratuita, hace 70 años. Y esa es una de sus grandes condiciones de avance social y económico. En América Latina existe la universidad pública y gratuita; en Argentina, por ejemplo. ¿O si no por qué tantos colombianos se van para Argentina si no es por eso? Lo podemos hacer, vale $14 billones. Reformando las pensiones, pasando al modelo de pilares, es decir, haciendo que los cotizantes hoy de cuentas de ahorro individual y coticen en Colpensiones en un porcentaje, liberamos $13 billones y financiamos la universidad pública y gratuita.

¿Acabando los fondos privados?

No acabándolos sino haciéndolos complementarios, no competitivos. Por eso se llama pilares. El primer pilar es el del reparto simple, es decir, lo de la cotización de ese primer pilar paga inmediatamente pensión, no va a una cuenta de ahorro individual. Pero adquiere el derecho a la pensión el que cotiza ahí, que no lo tiene la cuenta de ahorro individual. En la cuenta de ahorro individual no hay derecho a la pensión, sólo hay pensión si se ahorró tanto y eso depende del nivel de salario. La mayoría nunca va a tener pensiones en las cuentas de ahorro individual.

¿Y lo de mesiánico?

Eso apareció porque hablé en un discurso sobre el pasaje bíblico de Moisés y la partitura de las aguas. Y ya sabía yo que iban a decir eso. He traído varias frases de la Biblia. Primero, porque la leo, no soy ateo. Segundo, porque es parte de la historia de un pueblo y hay una sabiduría ahí expresada. Y, por ejemplo, “te ganarás el pan con el sudor de tu frente” es una frase que repito y es la base de la teoría económica moderna: el trabajo. Son cinco siglos de esclavitud, un pueblo que empieza a reconocerse y a pensar cómo liberarse de la esclavitud. Aparece Moisés, los convoca y se escapan, y terminan atrapados entre el mar y el faraón. Entonces Moisés divide las aguas y pasan a la tierra de la libertad. En mi discurso hablo de eso mismo y lo asimilo con el pueblo colombiano. Por eso digo que hay que partir las aguas de la historia y quien puede hacer eso es el pueblo. Ahí, simplemente poniendo cuidado a mi discurso, hubieran sabido que no soy mesiánico.

¿Le obsesiona ser presidente?

No, nunca pensé en eso. En toda la etapa de mi vida política apoyé a otros: a Navarro, a Pizarro, a Lucho Garzón, a Carlos Gaviria. Y terminé siendo por primera vez candidato presidencial en 2010. Cuatro años después voté por Santos.

¿Y se arrepiente?

No, porque voté para que hiciera la paz con las Farc y la hizo. Me guste o no, cumplió. Voté por Santos exclusivamente por eso. Y empezaron ahí los amigos de Robledo a decir “la mermelada, el ministerio”. ¿Cuál ministerio, cuál mermelada? Santos fue el que me destituyó. Ahora voto por mí.

Y en el ámbito de la financiación y donaciones de su campaña, ¿cómo le ha ido? En Cuentas Claras aparece que tiene un crédito de $12.000 millones y una donación de $4 millones...

Sí, la primera parte de la campaña fueron las firmas. En el pasado, en la lejanía, a uno se le va olvidando, pero nosotros no pudimos tener plata en las firmas. Y eso es parte de la debilidad de la campaña de hoy, porque nosotros arrancamos con cero, entonces yo abrí una opción tecnológica, crowdfunding. Logramos $30 millones y el banco nos cerró la cuenta en medio de la campaña. Claro, pudimos gastar los 30 en una recolección de firmas, pero fue un golpe bajo. No fuimos los grandes recogedores de firmas, pero fueron las más baratas. Casi las hicimos con cero pesos. Después saltamos a la primera vuelta, ahí ya están los mecanismos legales. ¿Qué nos pasó? No encontrábamos que nos dieran crédito, y nosotros viendo que la campaña nada que arrancaba y pensando en pasar a segunda vuelta. Al principio fue así y fuimos sintiendo el calor popular. Yo empecé caminando calles, como es mi estilo. Cuando llegamos un día a Valledupar y no pude avanzar cuatro meses de la cantidad de gente. Ahí empezaron las manifestaciones y comenzó una llenadera de plaza pública, un huracán. Ahí ya empezaron a ablandarse las fuentes del crédito y conseguimos uno por $12.000 millones. No me hubiera cogido ventaja Fajardo la última semana si hubiéramos tenido más dinero. Recogimos la mitad del tope y eso fue lo que gastamos. Y pasamos ahora a la segunda y en este momento estamos buscando el dinero.

¿Ya han tenido donantes particulares?

No hemos hecho énfasis en eso. Primero por el peligro. Hay gente que ha dicho “queremos donar”, pero yo prefiero la independencia, sobre todo al tratarse de un cargo como la Presidencia. El presidente debe ser independiente.

¿Por qué cree que le tienen tanto temor los empresarios?

No son los empresarios, son los magnates. Dividamos ese mundo en dos: el de los magnates, que son unos cinco y no me quieren porque las grandes fortunas en Colombia, esos grandísimos capitales, que los ponen entre los hombres más ricos del mundo, se han hecho sobre la base de ventajas sobre el Estado. ¿Quién perdió con la privatización de la banca, las pensiones y los servicios públicos? Esas son grandes fortunas amasadas no a partir del desarrollo tecnológico o el emprendimiento, sino a partir de ventajas sobre el Estado. Entonces no me quieren, no porque yo les vaya a expropiar ni nada de eso, sino porque voy a poner el Estado al servicio de la ciudadanía, y lo demostramos en Bogotá. Yo no puse la ciudad al servicio de esos cinco magnates. Ahora, el otro mundo es el de los empresarios de verdad, que es un mundo de pequeños, de estrato 3 y 4. No tienen el poder, no manejan el Estado. Sobreviven resistiendo. Es un capitalismo balbuceante que sobrevive, a duras penas, entre las mafias, la premodernidad y la corrupción. Ese mundo no es enemigo mío per se, y muchas veces ha votado por mí. Sino que hoy es el objeto de toda la campaña de mentiras del uribismo, el mismo estilo que utilizó en el No y el que aprendió con el DAS siendo gobernante Uribe. ¿Cómo un aparato estatal con mucho poder económico puede destruir la imagen de una persona? Ese aprendizaje lo reprodujeron en el plebiscito contra la paz y ahora lo hacen contra Petro: frases como “Petro es ateo y va a quemar 1.500 iglesias”, o que soy multimillonario, que tengo casas en Miami... Yo sólo tengo una casa, endeudada. La deuda es más por problemas de pago, falta de prevención. Las mentiras básicas sobre la expropiación. Entonces a un pequeño empresario le dicen: “es que Petro es como Chávez y le va a quitar la empresa”. Él no se acuerda que yo siendo alcalde no le quité la empresa —si es de Bogotá—. Al contrario, pusimos unas cosas que se llaman Zascas, que era vincular gente con saberes en Europa y Asia, pero eso causa miedo y el miedo lo lleva a no decir Petro, y al no decir Petro queda el país en manos de la corrupción.

¿Cómo serían en un gobierno suyo las relaciones con Venezuela y Estados Unidos?

De independencia. Eso se llama soberanía, que Colombia en su vida republicana nunca ha tenido. El eje de la política internacional de Colombia, si yo soy presidente, es la lucha contra el cambio climático. Eso nos separa tajantemente de quienes defienden la continuidad de la producción de la extracción de petróleo en el mundo, y ahí están Trump, Maduro y Putin. Los rusos ya no son comunistas, son capitalistas, y de la peor especie. Entonces nosotros no tenemos por qué escoger entre capitalismo ruso y el capitalismo gringo, nosotros tenemos que escoger es la vida. Y la vida lo que marca en el campo internacional es la lucha contra el cambio climático. Nuestros aliados son el papa y muchísimas fuerzas sociales y gobiernos que están en esa lucha en la que entraríamos nosotros. Eso nos pondría en una distancia respecto a Maduro, Trump y Putin.

¿Y cómo sería la relación con las Fuerzas Armadas?

Las Fuerzas Armadas de hoy son las que hicimos en la Constitución del 91. Su raíz y legitimidad están ahí. En toda la experiencia desde la Constitución del 91 no he tenido nada conflictivo o roces con ellas. Obviamente, no las he gobernado, pero goberné la Policía en Bogotá y, contrario a lo que la prensa trató de irradiar, que había una pelea permanente, todos los lunes nos reuníamos y luchábamos conjuntamente. Y hay generales de la Policía que dicen que aprendieron de la Bogotá Humana. Tengo amistades con muchos de esos generales. Así que yo no veo mayor fractura entre instituciones como las Fuerzas Armadas o la Policía en un gobierno de la Colombia Humana.

¿Todavía hay temor por riesgo de fraude?

El fraude es permanente en Colombia. Nada han resuelto que impida eso. Fraude siempre ha existido, la compra de votos es fraude. En el caso concreto del software, no tuvieron auditoría ni la van a tener. Se negó el registrador a hacerla, que era nuestra petición central. Y en la práctica, la gente misma evidenció, mirando los famosos formularios E-14, que hubo fraude. Y ahora el fiscal dice que sí lo hubo, pero no dice cómo ni por qué. Ahora, ¿cómo se controla el fraude? Con vigilancia ciudadana. ¿Qué tan capaz es la vigilancia ciudadana? Pues ya lo veremos. Ha aumentado su capacidad. Nosotros solos, como fuerza política, ya controlamos 50.000 mesas y detectamos 4.000 adulteraciones de formularios E-14. Ahora vamos a intentar que sea mejor. Depende de la vigilancia ciudadana.

¿Qué tanta gobernabilidad cree que tendría en el Congreso?

No, la gobernabilidad no es dominar el Congreso, es al contrario. Domina el Congreso quien lo compra, y eso sí es falta de gobernabilidad: se llama delincuencia, es un crimen, un delito. Nosotros hemos tenido un régimen delincuencial. Lo de nosotros es el juego libre. Ahora, en relación con la justicia, lo que propone Duque es cerrar cortes y poner una justicia elegida y nombrada por él, por el uribismo. Eso tiene una razón: evitar el juicio sobre el expresidente Uribe que se sigue en estos momentos en la Corte Suprema de Justicia. Que, aunque tiene su raíz en los temas que yo denuncié sobre él y sus haciendas, tiene que ver con que cometió, como senador, nuevos delitos, tratando de impedir los testimonios de sus propios empleados, que dicen que, efectivamente, jefes paramilitares asesinaron, que eran sus empleados. Duque, si es presidente, controla el Congreso, porque esas bancadas que estaban con la paz, que hacen la mayoría, se pasan inmediatamente a su gobierno. Eso controlaría el 70 % del Congreso. Yo controlaría el 50 % + 1 para unos temas fundamentales, porque esas bancadas que hicieron la paz podrían ser proclives a apoyar las reformas que yo propondría.