miércoles, 18 de enero de 2017

CONVERGENCIA CIUDADANA PARA DERROTAR LA CORRUPCIÓN

CONVERGENCIA CIUDADANA PARA DERROTAR LA CORRUPCIÓN

Bogotá, 18 de enero de 2017

La precandidata a la presidencia de la república por la Alianza Verde, Claudia López, ha anunciado que se está construyendo una convergencia para presentar una candidatura independiente en 2018 con fuerzas políticas alternativas. Es una excelente noticia. Y es muy alentador que uno de los temas centrales para consolidar esa unión sea la lucha contra la corrupción político-administrativa. Es garantía de deslinde con el uribismo y el santismo.

Son dos grandes pasos que van en la dirección correcta. El primero, la “convergencia independiente” debe alimentarse mucho más desde abajo. No es suficiente el acuerdo “por arriba”. Debe construirse un gran movimiento ciudadano y social que sirva para movilizar a las grandes mayorías abstencionistas. Sólo un movimiento de ese tipo puede ser el soporte de verdaderos cambios en nuestro país y en el mundo.

Y en el caso de la lucha contra la corrupción, la misma Alianza Verde ha lanzado una campaña nacional para realizar una Consulta Nacional Anti-corrupción, para lo cual se han propuesto recoger 5 millones de firmas. Proponen una serie de reformas como la limitación a un máximo de tres períodos para corporaciones públicas, transparencia en el manejo de lo público, cárcel sin reclusión especial para corruptos y rebaja de sueldos a los congresistas.

Algunas de esas iniciativas coinciden con puntos de lucha propuestos por el Movimiento Social E-24 y otras organizaciones que han llamado a la movilización contra la reforma tributaria el próximo domingo 22 de enero. Si se está pensando en construir una amplia convergencia, el contenido de la consulta anticorrupción debería ser consensuado para fortalecer la lucha contra la corrupción mucho más allá de simples cambios normativos.   

Para en verdad luchar y derrotar la corrupción político-administrativa hay que ir mucho más allá. Hay que acabar con el vínculo entre poderosos intereses privados y la política. Se debe garantizar la financiación total de las campañas políticas por parte del Estado, acceso igualitario a los medios de comunicación, limitar al máximo el tiempo de las campañas y hacerlas austeras y baratas. Hay que terminar con los cupos indicativos o auxilios parlamentarios. Se debe reformar totalmente el aparato de justicia (infiltrado de corrupción) y realizar cambios sustanciales en la legislación sobre veedurías y control social y ciudadano.

Pero lo más importante consiste en intervenir el alto nivel de la contratación pública. No es posible que la política petrolera siga en manos del ejecutivo sin tener un verdadero control del Congreso y de la sociedad. Hay que cerrar la puerta giratoria que usan los altos funcionarios del Estado, que cuando renuncian se vinculan de inmediato a las empresas transnacionales y poderosos monopolios. Llevan información privilegiada y un gran poder burocrático que ponen al servicio de intereses privados, muchas veces, extranjeros.

Y finalmente, todo ello debe ser complementado con la organización de un gran movimiento para ejercer un nuevo tipo de control social, permanente, incisivo, “con dientes”, que actúe desde la licitación y adjudicación de los contratos hasta su liquidación, participando activamente en el proceso de la ejecución de los mismos. De lo contrario, ese cáncer de la administración pública no podrá ser ni siquiera medianamente “tocado”. Hay que recordar que el capitalismo es esencialmente corrupto y corruptor. Esa lucha no es fácil. 

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado


lunes, 9 de enero de 2017

HAY QUE SUPERAR LA IDEOLOGÍA DE LA DERROTA

HAY QUE SUPERAR LA IDEOLOGÍA DE LA DERROTA

Popayán, 9 de enero de 2017

“Los ‘marxistas’ no han salido de la lógica de la derrota”.

Carlos Pérez Soto

El capitalismo actual –“senil”, “tardío” y en proceso de auto-destrucción– es la negación de la democracia, la libertad y el desarrollo humano. La igualdad y la justicia social dentro de la lógica de acumulación capitalista son solo una ilusión. Incluso la “equidad” y la “inclusión social”, eufemismos inventados por los teóricos pagados por el capital, son simples fantasías para engañar incautos. Algunos teóricos sociales lo previeron desde el siglo XIX cuando la centralización del capital mostró esa forzosa e inevitable tendencia. Esa verdad irrefutable es hoy reconocida por la ciencia, la academia y los políticos más concienzudos del mundo.

Lo grave de la situación es que ni los dueños de las corporaciones transnacionales capitalistas pueden hacer algo. Dentro de la lógica de acumulación inercial del capital, ni ellos ni sus administradores, incluyendo a los gobernantes de los Estados –independiente de que sean neoliberales, “comunistas” o “progresistas”–, pueden detener ese rumbo. La maquinaria de destrucción masiva que es la economía crematística del siglo XXI, no tiene control. Devasta sistemáticamente la naturaleza, descompone y degrada a la humanidad y destruye riqueza para garantizar el movimiento del capital. Nadie puede controlar las fuerzas destructivas que se han desatado en el planeta. Es un demonio sistémico imparable.

Esta realidad ya ha sido reconocida por famosos multimillonarios (Bill Gates, entre otros) y muchos teóricos y economistas que hacen parte del establecimiento oficial que domina el mundo financiero[1]. Ellos han planteado de diversas maneras la necesidad de una intervención urgente del Estado en la economía. Sin embargo, no saben cómo hacerlo. Por el contrario, fuerzas sociales, económicas, políticas y culturales empujan por soluciones inmediatistas de tipo “ultra-nacionalista” que van –sin quererlo– a desatar fenómenos que acelerarán el proceso destructivo. El Brexit en Reino Unido y la elección de Trump son solo su inicio. Políticos de derechas protofascistas estimulan sentimientos de odio nacional, religioso, étnico y homofobias fundamentalistas entre los sectores sociales más golpeados por la crisis. 

El escenario del futuro –si no surge la contraparte social y revolucionaria que lo impida– es la aparición de ciudades y regiones con nuevos tipos de “guetos”, amuralladas y controladas militarmente, en donde se impida el acceso de los inmigrantes, pobres y vagabundos. En realidad, ya existen ese tipo de espacios vedados y exclusivos dentro de muchas ciudades del mundo. El fraccionamiento de la sociedad y la desintegración de las naciones actuales, es un proceso que ya está en marcha. Frente al caos y a la crisis, ricas provincias, estados y regiones, promueven la separación y la independencia. En California (EE.UU.) y en Cataluña (España) son temas públicos en las campañas políticas. Las propuestas xenófobas y discriminatorias del presidente electo de los EE.UU., van en esa dirección. No exageramos.

Los más avanzados teóricos marxistas y de otras corrientes de pensamiento crítico del capitalismo[2] lo han anunciado desde hace varias décadas. Sin embargo, los partidos de izquierda y los movimientos sociales –con contadas excepciones– parecieran no reaccionar. Solo muy pocos políticos, especialmente aquellos veteranos que nada tienen que perder, como el uruguayo “Pepe” Mujica, lo plantean abiertamente. Ese era el gran mérito de los fallecidos Fidel Castro y Hugo Chávez, que hoy tienen en el Papa Francisco una especie de sustituto y émulo en cuanto a denunciar ante el mundo algunos de estos problemas, pero con la gran diferencia que el prelado católico no trasciende más allá de la retórica cristiana.

Mientras los políticos fascistas no tienen ningún escrúpulo en estimular los nacionalismos étnicos y religiosos, los socialdemócratas y socialistas no han logrado superar el “síndrome de la derrota”. No se atreven a plantear un cuestionamiento radical al sistema capitalista porque tienen miedo de ser identificados como “estalinistas”, “estatistas”, “autoritarios” u otros calificativos que los propagandistas del gran capital usan para aislarlos y derrotarlos. Y como nuestros políticos de izquierda piensan básicamente en la siguiente elección, quedan paralizados frente a una realidad creciente que es aprovechada por la derecha extrema.

El problema de fondo es que no hemos construido la idea, el “orden imaginado”, la “fórmula de la esperanza” y la “narrativa apasionada” que respalde y soporte la alternativa viable al sistema dominante y destructor que nos arrasa. Hay esbozos iniciales, ideas diversas, prácticas sectoriales, propuestas en borrador, pero –en verdad– no tenemos la teoría y el programa acabado, consistente y coherente, que nos permita unificar a los demócratas, progresistas, humanistas, ambientalistas, socialistas y comunistas, que están dispersos en múltiples y variados movimientos, partidos y grupos, sin un “común hacer”.

El otro problema a resolver es la actitud frente a los cambios estructurales. Los ideólogos del capitalismo han logrado vender la idea de que “toda revolución conduce a la dictadura”. Mientras ellos imponen en todas partes la “Dictadura del Capital” con fachada democrática o con forma de gobiernos “comunistas” (capitalismo asiático), y además, imponen su orden acudiendo a los poderosos aparatos policiaco-militares y a su maquinaria de inteligencia y control masivo de la población, los políticos “progresistas” tienen miedo de ser tachados de “anti-democráticos” porque medianamente aprietan con normas y leyes a los grandes medios de comunicación o intentan detener los omnipotentes poderes de los conglomerados transnacionales capitalistas que hoy dominan todos los campos de la vida en el planeta.

Y además, hasta la idea de la necesidad del “partido” ha sido demolida por la propaganda contra-revolucionaria. Mientras el gran capital actúa con la más absoluta centralización, entre los “progresistas” y los “revolucionarios” se ha sembrado la idea de que la simple organización atenta contra la democracia. Hasta esos niveles ha penetrado la “ideología de la derrota”.  

Es indudable que se requiere un sacudón, un remozamiento, un replanteamiento general, para poder responder a los retos del inmediato futuro. El “acontecimiento” que muchos esperaban ha tocado nuestras puertas. ¿Sabremos responder?

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado      



[1] Joseph E. Stiglitz, Paul A. Samuelson, Edmund S. Phelps, Robert E. Lucas, Paul Krugman y Reinhard Selten.
[2] Las principales corrientes de pensamiento crítico y anticapitalista que hoy se mueven en el mundo están representadas por los siguientes teóricos y pensadores: a) Slavoj Zizek, marxista libertario y psicoanalista-lacaniano que aplica sus ideas a la política y a la crítica de la ideología capitalista; b) Chantal Mouffe y Ernesto Laclau, teóricos de la "democracia radical"; c) Immanuel Wallerstein ("sistema-mundo"), John Holloway ("hacer la revolución sin tomar el poder") , Raúl Zibechi y los neo-zapatistas, teóricos de un tipo de autonomismo anti-capitalista; d) Noam Chomsky, demócrata liberal-radical, revolucionario, lingüista y analista crítico; e) David Harvey, Giovanni Arrighi, Jorge Beinstein, Yanis Varoufakis, István Mészáros, Álvaro García Linera, Boaventura de Souza Santos, Heinz Dieterich y otros marxistas, con excelentes aportes; f) Toni Negri y Michael Hardt, teóricos del Imperio y la "multitud"; g) Los pensadores críticos "de-coloniales" latinoamericanos como Aníbal Quijano, Enrique Dussel, Walter Mignolo, teóricos de cierto "indigenismo andino", el "anti-extractivismo" y la economía del decrecimiento; h) Jeremy Rifkin y Elinor Ostrom, no-marxistas, teóricos del "pro-común colaborativo" y el "gobierno de los bienes comunes"; i) Las numerosas corrientes ecologistas y ambientalistas; j) Las corrientes tradicionales de las izquierdas (marxistas, leninistas, maoístas, trotskistas) y anarquistas. Hay muchos más pensadores en Asia, África, América Latina, EE.UU. y en Europa, pero estos son los más conocidos. Todos tienen ideas muy elaboradas que hay que valorar y recoger. 

viernes, 6 de enero de 2017

¿SUPERAREMOS LA POLARIZACIÓN EN 2017?

¿SUPERAREMOS LA POLARIZACIÓN EN 2017?

Popayán, 6 de enero de 2017

“Divide y vencerás”

El 2 de octubre pasado arrancó la lucha por la presidencia de la república en Colombia. Se definirá en 2018. Dos bloques se enfrentaron en el plebiscito. Hay muchas lecturas pero un único resultado.

Santos y Uribe aspiran a que ese pulso se mantenga. Supuestamente, entre la paz y la guerra. Lo mismo quieren los titiriteros que manejan los hilos detrás del telón. Poderosos grupos económicos e intereses ocultos jugaron simultáneamente en los dos bloques. “Van a la fija”, diría un observador cualquiera.

Tal aspiración consiste en mantener la polarización en torno a la forma como se termina el conflicto armado entre el Estado y las guerrillas. El gobierno trata de agrandar los logros de la paz; Uribe, intentará crecer artificialmente a las FARC. El terreno es el mismo; quien juegue allí, lo hará bajo sus reglas.

Quienes aprovechan políticamente esa tensión buscan atraer a otras fuerzas para su causa particular. Uno, atrae a Vargas Lleras con su Cambio Radical hacia la extrema derecha. El otro, quiere mantener a su lado a los demócratas, incluida a la “izquierda”, sin cambios de ningún tipo. Ofrecer la vicepresidencia será la carta (cebo) que ya les ha funcionado (Angelino). Es su apuesta para aderezar la fórmula “reformista”.  

A quienes viven de y promueven la confusión, no les interesa el resultado final. La polarización política es su gran inversión y su cobertura. Su interés es impedir que los temas fundamentales se coloquen en el centro del debate político. Nada que tenga que ver con democracia, economía, lo social y la cultura.

En el año 2017 se definirá ese pulso. Es algo paradójico: la consolidación de la paz depende que el tema político vaya más allá de la implementación de los acuerdos. Allí estará el quid del asunto.

El uribismo quiere limitar los debates a la minucia relacionada con la desmovilización y la entrega de armas. Su objetivo es re-potenciar la “amenaza castro-chavista” que el 2 de octubre se desdibujó en el imaginario colectivo. El avance del proceso –si se hace bien– diluirá esa figura siniestra que fue utilizada para generar miedo. Es determinante no hacerles el juego. El triunfalismo fariano debe aflojar.

Todo dependerá de los demócratas y de las fuerzas sanas de la nación. Su tarea inmediata es impedir que la polarización continúe distrayendo a los colombianos. Su labor fundamental es desencadenar un movimiento democrático que hasta ahora ha sido saboteado por las fuerzas retardatarias con esa trampa.

Esas fuerzas retardatarias actúan en una doble instancia. Unas posan de “reformistas” pero no reforman nada (más allá de normas en el papel). Las otras se dicen “defensoras” de la moral, la tradición, la familia y la propiedad, pero su característica principal es la inmoralidad y el crimen. Ellas, a veces, se entrelazan.

En el fondo ambos sectores coinciden “en lo fundamental”: impedir el desarrollo de la democracia y conservar su Poder. La esencia de su práctica y acción política es mantener la dominación capitalista, colonial, patriarcal, racista, clasista, corrupta, clientelista y discriminatoria. Es su doble juego.

La oligarquía colombiana ha jugado a lo mismo desde las épocas de la conquista. El policía bueno y el malo. Y, se han turnado. Desde la resistencia de La Gaitana y Calarcá, desde la rebelión de Benkos Biohó, desde los alzamientos Wayuu y Nasa y desde la Revolución Comunera de Galán, aprendieron a la perfección a combinar la zanahoria y el garrote. Y siguen haciéndolo cada vez mejor.

Algo que les ayuda, y mucho, es el espíritu cortesano que se construyó entre los sectores subalternos. Las élites en el poder aprendieron a provocar alzamientos armados, parciales y controlados, que dejaban prosperar a voluntad para identificar y desaparecer a enemigos camuflados. Lo han hecho y repetido a lo largo de la historia. La falsa polarización ha sido su principal instrumento. Y lo intentarán una vez más.

Sin embargo, lo que mostró el 2 de octubre va en sentido contrario. La polarización fue derrotada. Todo dependerá de la capacidad y actitud de los demócratas. Si se construye una “Tercería” y maneja con visión de mediano plazo, se ayudará a que por fin Colombia supere la trampa ideada por las castas dominantes durante siglos. 

Y, así, la democracia asomará su rostro esperanzador. ¿Podremos hacerlo?

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado       

miércoles, 4 de enero de 2017

2017: Organizar la protesta social y derrotar el oportunismo y la manipulación uribista

2017: ORGANIZAR LA PROTESTA SOCIAL Y DERROTAR EL OPORTUNISMO Y LA MANIPULACIÓN URIBISTA

Popayán, 4 de enero de 2017

“Con una hábil manipulación de la prensa, pueden hacer que la víctima parezca un criminal y el criminal, la víctima.”

Malcolm X

Todo indica que este año va a ser de luchas y protestas en Colombia frente a decisiones de un gobierno acorralado en lo económico y fiscal.

Existe y va a crecer la inconformidad popular frente a los efectos de la reforma tributaria, el irrisorio aumento del salario mínimo, la no aprobación de la rebaja en el aporte de salud de los pensionados (12 a 4%), la objeción presidencial a la eliminación del cobro por reconexión de servicios públicos y otras medidas de ese tipo.

Sin embargo, hay que organizar y orientar con claridad nuestras luchas para impedir que el "uribismo" sea el que se fortalezca con base en el oportunismo y la manipulación. No se puede olvidar que existen intereses de grandes empresarios y fuerzas oscuras que quieren pescar en río revuelto.

La tarea entonces es organizarnos y ponernos de acuerdo para identificar con toda seriedad los objetivos de la acción social y política. Las fuerzas sanas de la nación deben unificarse y ponerse al frente de la lucha social para fortalecer un "movimiento social y ciudadano" que canalice todos los esfuerzos hacia el 2018, para superar la polarización entre Santos y Uribe, derrotar a todos los corruptos y consolidar la paz en Colombia.

La irreflexión acalorada y el espontaneísmo caótico sólo le llevará agua al molino a los "Trumps colombianos" que conspiran en las sombras con multimillonarios (Ardila Lulle, Sarmiento Angulo, Gillinski, Slim, etc.) y demás fanáticos guerreristas para aprovechar la confusión.

Ojo, mucho ojo... "ellos" están organizados y tienen inmensos recursos para infiltrar y manipular las luchas populares. Ya lo han demostrado. No podemos ser ingenuos pero tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados.

Nota: A todos mis lectores y lectoras les deseo un fructífero 2017. En realidad no me gusta celebrar ese “interruptus” artificial del tiempo, que ha sido utilizado por todos los poderes establecidos para hacer ostentación de su dominio (hoy encabezado por el Mercado). Hay una ilusión manipulada en esas fechas que son diferentes en muchas culturas y tradiciones. Pero bueno… ¡es la costumbre y somos animales de costumbres! Saludos.
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jueves, 22 de diciembre de 2016

NI UNA PALABRA SOBRE EL NARCOTRÁFICO

NI UNA PALABRA SOBRE EL NARCOTRÁFICO

(Artículo publicado el 9 de agosto de 2010 que vuelvo a publicar con ocasión de las palabras del presidente Santos en Oslo en relación a la "guerra contra las drogas")

La oligarquía colombiana quiere lavarse la cara de la mafia, pero no están dispuestos a renunciar a los recursos económicos que genera la economía criminal. Así lo demuestra el discurso de posesión de Juan Manuel Santos. Ni un “mu” sobre el asunto.
Para justificar su doble moral y cinismo, el presidente electo nos lanzó una adulación que sonó a insulto: “Los colombianos nos parecemos mucho a Álvaro Uribe Vélez”. La mayoría de los presentes - de su misma ralea -, aplaudieron rabiosamente.
Y es cierto. La sociedad colombiana está penetrada por el narcotráfico. El clorhidrato de cocaína es el principal producto de la economía colombiana. Ocupa un lugar especial en las exportaciones; encauza significativos recursos de insumos químicos y armas; inyecta descomunales capitales al sistema financiero nacional e internacional; dinamiza en las regiones el trabajo rural, el comercio y el transporte; activa todo el aparato judicial dado que es la principal causa directa e indirecta de delitos y crímenes; y estimula toda clase de “productos” culturales como novelas, música y otras “expresiones artísticas”.
Luis Carlos Galán Sarmiento en la década de los 80s del siglo pasado se enfrentó con valentía al problema. Representaba los intereses de la débil burguesía nacional que se resistía a ese fenómeno. La oligarquía lo traicionó, fue cómplice de su asesinato y decidió continuar con la alianza mafiosa que desde 1980 consagraron los ex-presidentes Turbay Ayala y López Michelsen en nombre de todo el establecimiento dominante.
Galán no podía entender que detrás de esa industria criminal existían intereses geopolíticos de amplio espectro. Creía que sólo era un tema de capos y mafiosos sin imaginar que era una herramienta imperial de intervención económica, política y territorial. Cuando empezaba a entenderlo, lo mataron. Los grupos guerrilleros y la izquierda legal todavía no lo descubren. Son inconscientemente conniventes.
Muy pocos sectores sociales se han enfrentado con decisión a ese problema. El año pasado el pueblo Nasa de los municipios caucanos de Jambaló y de Toribío se lanzó en una campaña de erradicación de los cultivos de coca pero se quedaron solos. Nadie los acompañó. Ellos constatan con desesperación que esa economía ilegal acaba con los lazos sociales y culturales de su pueblo. Sin embargo, su lucha local - valiente y casi suicida -, es infructuosa. Tienen que entender que es parte de una política imperial de amplia cobertura. La acción para acabar con ese flagelo debe ser de esa misma naturaleza.
Los ambientalistas colombianos y, gran parte de los activistas del mundo entero, saben que la producción y procesamiento de hoja de coca en Latinoamérica es uno de los más letales factores de deforestación, depredación y contaminación de nuestras selvas y bosques tropicales pero, hasta el momento no se han concertado acciones de denuncia a nivel orbital. Hay temores y también esquemas mentales que no lo han permitido.
La izquierda tradicional, que lucha por soberanía nacional - contra los TLCs y demás formas económicas de dominación del imperialismo -, frente al narcotráfico no dice nada. Explica el fenómeno como una consecuencia de la aplicación del “modelo capitalista”, lo define como un “resultado de la crisis de la economía agraria y campesina”, y por tanto, no lo concibe como instrumento en manos del imperio.
El tema es incómodo para todos. Carlos Ledher, uno de los primeros capos narcos que se destapó con su “Movimiento Latino Nacional”, predijo que en un futuro los insurgentes en Colombia se iban a financiar con dichos recursos. Lo que no podía imaginar era que esa economía ilegal iba a ser instrumento mortal de su degradación política.
Muchos sectores campesinos han aprendido a subsidiar su precaria economía con recursos provenientes de “jornalear raspando hoja de coca” (proletarios raspachines), o de algunos “ejercicios de cocina”, que consiste en procesar la base de cocaína en su primera etapa de transformación química. Igual, comerciantes pequeños y medianos son fundamentales para irrigar esos dineros hacia el resto de la economía nacional e internacional.
Los grandes capos de EE.UU., Europa, Japón, Rusia y China, y los todopoderosos dueños de Wall Street, que son quienes finalmente manejan el 90% de las ganancias que genera esa industria criminal, incluyen en los costos de producción los sobornos, crímenes, asesinatos, desplazamiento forzado, el aparato judicial y carcelario, y la misma guerra. Y no es de ahora. Desde la misma guerra del opio en China esa era su lógica de enriquecimiento. Los principales productos americanos del siglo XIX como el caucho, la quina, el añil, el tabaco, después el petróleo, siempre estuvieron salpicados por el crimen y la sangre de nuestros pueblos colonizados. Nosotros ponemos los muertos, ellos se quedan con las ganancias.
Hoy el nuevo gobierno promete Paz y reconciliación sin tocar para nada al narcotráfico. La situación de México es una muestra de que ello es imposible. Santos – al igual que muchos de sus antecesores -, recogiendo demagógicamente las propuestas del candidato del Polo Gustavo Petro, ofrece tierras, créditos, asistencia técnica para los campesinos, sin explicar cómo va a conseguir que los productos agrícolas puedan competir en un marco de economía globalizada, acuerdos de “libre comercio” y abandono total del campo por parte del Estado.   
Colombia nunca podrá alcanzar la “prosperidad democrática” con ese cáncer en su organismo. Más de 30 años de evolución de esa enfermedad han hecho metástasis pero se quiere ocultar sus graves consecuencias en todos los campos, especialmente en la economía, la política y la cultura.
Las nuevas generaciones colombianas, los empresarios nacionales que han empezado a recuperar algo de la dignidad que demostró Luis Carlos Galán, y los trabajadores del campo y de la ciudad, debemos adelantar una verdadera campaña contra esa economía ilegal. Sólo si los pueblos somos superiores moralmente a nuestros opresores, podremos derrotar sus políticas y su sistema de vida.
Es claro que el único camino es la legalización mundial de las drogas. Es la única forma de regularizar y controlar la producción de la hoja de coca, acabar con el tráfico ilegal, controlar y despenalizar el consumo, quitarle la financiación a la violencia y destinar los recursos que se gastan en la represión a las drogas, tanto en la recuperación de nuestras laceradas economías como en la rehabilitación de los enfermos-adictos.
Rompamos con la complicidad y el silencio. Los “narcos”, pequeños y grandes, así sean indeseables, son sólo un subproducto del verdadero problema. 

jueves, 15 de diciembre de 2016

EL RETO DE LA “PAZ NEOLIBERAL”

Al cierre de un año difícil…

EL RETO DE LA “PAZ NEOLIBERAL”

Popayán, 15 de diciembre de 2016

Siempre que tenemos la chaqueta rota
Venís corriendo y decís: esto no puede seguir así
¡Hay que remediarlo por todos los medios!
Y corréis llenos de celo a los patrones
Mientras nosotros, helados, esperamos.
Y luego volvéis, triunfantes
Y nos mostráis lo que habéis logrado:
Un pequeño parche.
Muy bien, ahí está el parche
¿Pero dónde se ha quedado la chaqueta?

Bertolt Brecht

La “fiesta” en Oslo fue por todo lo alto. Además de los actos protocolarios, abrazos y sonrisas, pomposos discursos y la entrega del premio Nobel, se realizó una entusiasta marcha de antorchas, diálogos bilaterales del mandatario colombiano con altos dignatarios noruegos y una gira “triunfal” por varios países europeos para socializar el nuevo acuerdo con diversos gobiernos a fin de ratificar los apoyos económicos prometidos para financiar el “posconflicto”.

El escritor Héctor Abad Facio-Lince en su columna de El Espectador (http://bit.ly/2gsihqP), rebosante de entusiasmo escribió una inspirada pieza literaria en cuatro actos, hace una reseña del proceso de paz y resalta la habilidad, firmeza y valentía del “presidente de la paz”. En su frenesí pacifista lo eleva a nivel de figura histórica. Al final, en el epílogo, para calmar conciencia y no ir a quedar mal con el futuro, le pide a Santos que deje de ser Santos para poder rematar su obra. Buen recurso para impedir que la sanción de la historia caiga sobre él o sobre su escrito.   

Olvida el novelista que la “valentía” de Santos se apoya en las “donaciones para la paz” que ha ofrecido la “comunidad internacional” para garantizar las inversiones de los grandes emporios capitalistas que tienen puesta la mira en el petróleo de los Llanos del Yarí, las tierras de la Orinoquía, la biodiversidad de la Amazonía y del Chocó Biogeográfico, la riqueza de regiones con gran potencial turístico, y el apetecible mercado de 45 millones de personas. Para tal fin, ya se confeccionó la teoría de la “nueva economía”, se ideó la política de la reforma tributaria estructural, se elaboraron los planes y se firmaron los convenios para hacer realidad la “bonanza de la paz”. Con ese incentivo hasta el cobarde más temeroso se convierte en un osado combatiente.   

Esa es la esencia de la “paz neoliberal”. Los símbolos utilizados y los mensajes enviados en la entrega del Nobel así lo muestran. Otra evidencia es lo que se ocultó en esa ceremonia. Solo una pequeña mención a la voluntad de paz de los contrincantes; ninguna evocación a las víctimas del paramilitarismo; menos, alguna referencia a los crímenes de Estado. Lo “feo” y molesto debe esconderse debajo de la alfombra. Claro, es la derrota de las FARC. No con la pax romana como quería Uribe sino con la promesa de ríos de leche y miel que intentan borrar cualquier vestigio de rebeldía. Es el triunfo del gran capital sobre la ilusión justiciera. Y no podía ser de otra manera.

Por ello, cuando se habla de la “implementación de los acuerdos”, lo fundamental es saber quién y con qué visión realizará esa tarea. La respuesta será la que determine que se consolide efectivamente lo avanzado. Si la “paz chiquita” –como la llama correctamente Gustavo Petro–, se transforma en paz grande y completa, podremos cantar victoria. De resto, todo será flor de un día. O damos el paso inmediato hacia la construcción de democracia o se incubará una nueva guerra que solo será la continuidad de la que hoy existe. Esa es la principal razón por la que la batalla política de 2018 es tan importante.

Soslayar la importancia de esa contienda electoral por visiones estratégicas de largo plazo, o porque lo que se pactó es una “paz neoliberal”, o por otras razones que no se pueden hacer explícitas, no es la mejor actitud para el momento. Vana es la ilusión de quienes creen que esas inversiones extranjeras no son importantes. Quien quiera gobernar en los próximos 20 años y cumplir con lo acordado en La Habana, tendrá que lidiar con esa realidad. Lo que hay que garantizar es que el gran capital respete las normas ambientales existentes, contribuya con impuestos similares a los que pagan en otros países de la región y cumpla con los derechos laborales de los trabajadores. Nada más pero nada menos.

Y para que eso se pueda cumplir, a nivel interno tenemos que derrotar en las próximas elecciones a todas las “patotas corruptas” que giran alrededor del “santismo” y del “uribismo”. Ellas no se enfrentan por visiones diferentes de país como lo quieren hacer creer con ideas sobre la paz o la patria que, ingenuamente, corean muchos ilusos, despistados o interesados de menor nivel. Lo que en verdad se disputan con dientes, uñas y garras, son las coimas, los sobornos y las migajas que les entrega el gran capital. Ese es el núcleo de la polarización entre Santos y Uribe que ellos pintan y ocultan con frases demagógicas.  

Y una vez saquemos del gobierno a las burocracias corruptas, paralelamente, poco a poco, con el margen que nos queda, con paciencia y visión estratégica, debemos organizar a los pequeños y medianos empresarios, a los productores del campo y de la ciudad, a los científicos y tecnólogos, a los trabajadores y comunidades de todos los niveles, para iniciar la recuperación del aparato productivo destruido, la re-creación de los lazos comunitarios devastados, la re-constitución de nuestras culturas lesionadas y el rescate de todo lo bueno que teníamos.

La tarea es recuperar todo lo que fue arrasado por más de 60 años de guerra que, ante todo, fue la labor demoledora de un capitalismo depredador y salvaje que con rostro de neoliberalismo criminal pasó por encima de nuestro país como una avalancha de destrucción y horror durante las últimas tres décadas y media. Y claro, en medio de ese esfuerzo restaurador, avanzar por nuevos caminos de autonomía, integración regional y construcción de nuestro propio modelo de vida y equidad social. 

Héctor Abad Facio-Lince tiene razón en un aspecto. El final de toda obra es muy importante. Y por ello, el epílogo de la paz debemos escribirlo los pueblos. Santos ya hizo la parte que le correspondía. No puede ni podía hacer más. Y no es un problema personal. Su naturaleza de clase, su entorno politiquero y corrupto, la fragilidad y tensión política del momento y, sobre todo, la debilidad y falta de claridad de la dirigencia democrática (y de izquierda), contribuyeron a que su desempeño fuera no sólo gris y profesional sino que no tuviera ni un leve cariz de calor popular y menos de sentido social. Eso es lo que tenemos y somos. 

El año 2017 nos espera para preparar esa trascendental batalla política. El 2 de octubre quedó atrás. No podemos repetirlo en 2018.


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

domingo, 11 de diciembre de 2016

EL DEBATE INTERNO DE “PODEMOS”: BUEN ESPEJO PARA VERNOS

EL DEBATE INTERNO DE “PODEMOS”: BUEN ESPEJO PARA VERNOS

Popayán, 11 de diciembre de 2016

Al interior del importante proyecto político Podemos (España) está en desarrollo un fuerte debate entre diferentes puntos de vista y tendencias de cara a la convocatoria de su Asamblea o congreso interno. La prensa burguesa intenta aprovechar la crispación que se nota en algunos de sus dirigentes que se expresan a través de elaborados artículos y “tuits”. Quieren meter inquina con la intención de dividir a los integrantes de ese “novel” partido político que ha sido un ejemplo estimulante para la juventud de Europa, América Latina y muchos lugares del mundo.

Lo que ocurre en España es de una importancia cardinal. Sirve de referente para la tarea que tenemos entre manos en Colombia. Es bueno recordar que desde la existencia del partido bolchevique ruso (hace más de 100 años) no existía en Europa un partido político que surgiera con tal fuerza como fruto de las combativas luchas sociales (15M) de los trabajadores y clases medias precarizadas, afectadas por la crisis económica y las políticas capitalistas (ajuste neoliberal), y sobre todo, con la cualificada y numerosa participación de jóvenes intelectuales con gran formación teórica y compromiso político, en medio de una coyuntura de gran perturbación política global.

Hoy se enfrentan 3 corrientes de pensamiento y acción al interior de Podemos. Una, es la que encabeza Pablo Iglesias; otra, la de Íñigo Errejón; y una tercera, la tendencia “anticapitalista”. La lucha por el “poder” está al rojo vivo con ocasión de la próxima asamblea partidaria denominada “Vistalegre II”. Independiente de los contenidos de las tres posiciones, pareciera que “lo nuevo” vuelve a enredarse con “lo viejo”. Por ello, es necesario analizar esa disputa interna que tiene que ver con uno de los problemas a resolver por todos los demócratas y revolucionarios del mundo entero, si queremos responder a los retos que tenemos enfrente.  

Un breve resumen de la situación se puede sintetizar así: existe un sector que impulsa la “moderación” del programa de Podemos para “no asustar” a las mayorías de la sociedad que todavía están influidas por el pensamiento de la derecha franquista y neoliberal. Su propuesta tiene por objetivo acceder con prontitud al gobierno central para resolver los problemas urgentes y graves que sufre la población. La dificultad consiste en que, como le ocurrió a Syriza en Grecia y a los gobiernos progresistas de América Latina, podrán acumular una importante fuerza electoral pero –de un modo u otro– tienen que implementar las políticas neoliberales y realizar los ajustes fiscales y económicos que impone el gran capital. O sea, a la larga, quedan colgados de la brocha frente al enorme y aplastante poder capitalista global. Éste siempre logró domesticar la “rebelión populista”.

Los otros dos sectores, con ciertos matices y diferencias entre ellos, más o menos plantean que se debe mantener un programa contra-ajustes y anti-neoliberal de profundo contenido estructural. Que paralelamente, se debe desarrollar una estrategia de mediano plazo profundizando las relaciones con las bases y organizaciones sociales para que cuando se llegue a ser gobierno, se tenga el suficiente apoyo organizado (mucho más allá de los votos), para poder transformar la sociedad (sobre todo la economía) tanto “desde arriba” (Estado heredado) como “desde abajo” (nuevas formas de “democracia directa, deliberativa, colaborativa, etc.).

Los que aspiran a ser gobierno “rapidito”, quieren que en las elecciones del congreso interno participen ampliamente todos los “simpatizantes” que deseen hacerlo y que no se cierre el censo electoral durante el transcurso del Congreso. Los “otros”, impulsan una participación más cualificada de los militantes activos e inscritos. Desde mi propio punto de vista, estos son aspectos “no antagónicos” de la acción política y, por tanto, con el respeto que se merecen estos jóvenes dirigentes de tan valiosa experiencia, ambos sectores caen en un error de fondo.

Para ilustrar ese “error” me apoyo en lo que ocurre en Colombia. Frente a la posibilidad de que en el año 2018 tengamos que escoger entre un candidato “santista” y un “uribista” (ambos neoliberales), o sea, que los demócratas y la izquierda tengan que decidir entre “lo malo” y “lo peor”, algunas personas y sectores políticos estamos impulsando la necesidad de construir un “nuevo movimiento” que se proponga la construcción de una “Tercería Ciudadana y Democrática” (amplia coalición de los demócratas y la izquierda) para poder derrotar la polarización que le conviene al establecimiento oligárquico. Un gran obstáculo para hacerlo sería caer en la trampa “reduccionista” en que está enredado Podemos. En gran medida ha sido nuestra constante.

Ese “nuevo movimiento” no puede exigirle a la “tercería” que asuma un programa absolutamente anti-neoliberal. Con sólo que levante un programa “democrático” basado en la lucha contra la corrupción y el cumplimiento de los acuerdos con las FARC, podría ayudarnos a avanzar. La derrota de la “polarización distractora y desgastante”, ya sería un paso muy importante. Ese sería el “gobierno de transición” que piden los ex-comandantes farianos y sería un paso muy importante.

Y en esa eventualidad, el “nuevo movimiento” no tendría necesidad de “moderar” su programa. Incluso si ese programa fuera de carácter anticapitalista, no tendría por qué ser escondido o “tapado” o “camuflado”. En nuestro caso colombiano, podemos apoyar una “programa táctico moderado” y, a la vez, hacer conocer e impulsar nuestras propuestas estratégicas haciendo ver que la lucha contra la corrupción y la “paz” requieren –para ser sostenibles y efectivas a largo plazo– de la profundización de la lucha contra las causas estructurales que generan corrupción y violencia. Pero podemos ir paso a paso. (Ej. A la lucha contra la corrupción hay que “ponerle dientes”, construir nuevas formas de veeduría y control social que incidan sobre la ejecución de proyectos).

El problema surge –como le ocurrió al Polo Democrático Alternativo– cuando las diferencias de concepción política se quieren resolver con medidas administrativas (sanciones, expulsiones, aplicación de estatutos, normas, etc.) o con “pulsos de poder” mediante la realización de elecciones internas. Estos métodos multiplican las rencillas, agudizan las fricciones, acrecientan los orgullos y las rivalidades, y generan graves divisiones y resquebrajamientos. En realidad, la única solución es ampliar y profundizar el debate, y llegar a acuerdos sanos y transparentes. Siempre, si hay voluntad y madurez, se pueden construir consensos.

Desgraciadamente, como lo comprobamos en nuestro país, por el camino que van los amigos de Podemos van a terminar divididos. Mucho más si permiten el “bombo” y la intervención interesada y amañada de los medios de comunicación reaccionarios, que como ocurrió en Colombia con el Polo, lo dividieron y manipularon desde afuera. Hoy vuelve y juega, y en 2017, veremos nuevamente a los “medios” empujando por los “moderados”, “racionales”, “pragmáticos” en contra de los “radicales”, “extremistas” y “ortodoxos”.

Lo interesante es que podemos, a la vez, ser una cosa y la otra. “Realistas moderados” frente a las fuerzas que actualmente tenemos y al poder que tienen los grandes capitalistas. Y, “realistas radicales” frente a la urgente necesidad de construir un gran movimiento que aglutine al 99% de la población mundial para enfrentar la realidad de un capitalismo senil y decadente que es el principal peligro que amenaza la sobrevivencia global de la humanidad. Si sabemos hacerlo, no sólo mantendremos la unidad sino que lo haremos sin ocultarnos, sin detenernos ni frenarnos.  


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado  

lunes, 5 de diciembre de 2016

¿Y VIVIREMOS "EN PAZ" HASTA QUE VUELVA LA GUERRA?

¿Y VIVIREMOS “EN PAZ” HASTA QUE VUELVA LA GUERRA?

Popayán, 5 de diciembre de 2016

“Andando aprendemos a caminar… sólo hay que dar el primer paso”.

LFDG

Para dar el salto cualitativo que nuestro país necesita –hacia una “paz estable y duradera”– hay que recuperar la política para la gente.

Y hay que colocar la VERDAD por encima de todo. La “verdad verdadera”, no la oficial.

Así sea una verdad dolorosa y “políticamente incorrecta”. Hay que hablar “a calzón quitao”.

Necesitamos una política altamente irreverente, que anule el cortesanismo y la hipocresía propia de esta "república de mentirijillas".

Hay que seguir la línea de Jaime Garzón. Él se vio obligado a decir las verdades usando el humor para que no lo mataran. Y sin embargo, lo mataron.

Pero ahora, debemos atrevernos a mostrar las cosas como son. De lo contrario no va a pasar nada en nuestro querido y sufrido país.

Y viviremos “en paz” pero sin superar el miedo.

Y viviremos “en paz” pero seguiremos “echando la basura debajo de la alfombra”.

Y viviremos “en paz” mientras los corruptos siguen robándose hasta nuestra dignidad.

Y viviremos “en paz” mientras siguen asesinando a nuestros dirigentes populares.

Y viviremos “en paz” mientras los Santos y los Uribes siguen entregando las riquezas de nuestro país al mejor postor.

Y viviremos “en paz” hasta que aparezca la próxima guerra.


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

martes, 29 de noviembre de 2016

ESTAMOS OBLIGADOS A INTENTARLO DE NUEVO

“Otro mundo es posible”…

ESTAMOS OBLIGADOS A INTENTARLO DE NUEVO

Popayán, 29 de noviembre de 2016

“Uno de nuestros mayores errores al principio, y muchas veces a lo largo de la Revolución, fue creer que alguien sabía cómo se construía el socialismo.”

Fidel Castro

Uno de los dirigentes de talla mundial que más insistió en los peligros de una extinción abrupta y súbita de la especie humana fue Fidel Castro Ruz. La humanidad en la segunda década del siglo XXI está enfrentada a los riesgos que genera un capitalismo senil y decadente. Desde un cataclismo planetario ocasionado por el desequilibro ambiental; una guerra o un accidente nuclear que provoque una gran hecatombe atómica; o el impacto global de una epidemia planetaria que puede desatarse de la fuga de un virus de laboratorio o de un virus prehistórico liberado por el deshielo de los casquetes polares, son amenazas ciertas y latentes que penden sobre nuestras cabezas y las de las nuevas generaciones.    

De acuerdo a dichas alertas que tienen base científica comprobada, si la humanidad no actúa de consenso y con cierta urgencia para detener y reversar los efectos del calentamiento global y de la carrera armamentística nuclear, corremos el riesgo de una posible extinción masiva. Ya ocurrió con muchas especies animales desparecidas de la tierra en el remoto pasado. Además, millones de personas sufren todo tipo de enfermedades mentales fruto de los efectos del consumo obsesivo y compulsivo de mercancías, las innumerables adicciones psicóticas, la crisis existencial, el auto-aislamiento y la misoginia (en medio del auge de la comunicación digital). Una parte de la población vive en “estado permanente de miedo e inseguridad” que es resultado de los efectos de una economía crematística que no tiene sentido ni control.

No estaban equivocados los pensadores que construyeron la utopía del “otro mundo posible”. Ya existen las condiciones materiales para superar esa máquina de destrucción masiva que es el capitalismo. El nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, las tecnologías y el pensamiento humano, han alcanzado el perfeccionamiento suficiente y necesario para garantizar el bienestar a toda la población humana. Sin embargo, no hemos logrado resolver los problemas éticos, teóricos y políticos que impiden que lo más avanzado de la humanidad se decida a retomar las banderas de la “revolución anti-capitalista”. Pensando en ello, a continuación, se plantean en forma sintética, algunos temas a resolver en un nuevo intento que estamos obligados a impulsar. Frente al precipicio es forzoso intentarlo otra vez.

“Revolución sistémica” y “revolución política”

Es necesario tener clara la diferencia entre lo que es una “revolución sistémica” y lo que es una “revolución política”. Una revolución sistémica es el paso de un modo de producción a otro, ejemplo, del feudalismo a capitalismo, y en ese proceso están implícitos muchos factores que influyen para que esos cambios estructurales se presenten y consoliden. Entre ellos, las transformaciones tecnológicas que determinan en buena medida las relaciones entre los mismos humanos, entre los humanos y la naturaleza, y entre los humanos y el pensamiento, lo cual genera cambios en la naturaleza del trabajo, las relaciones sociales mismas, el carácter del Estado y los cambios culturales.

Uno de los grandes errores que cometieron los revolucionarios de los siglos XIX, XX y principios del XXI, fue creer que las revoluciones políticas, por sí mismas, y sobre todo usando el Estado “heredado”, podrían hacer la revolución socialista y comunista pasando por encima de unas condiciones predeterminadas, y por ello, terminaron forzando las cosas y estrellándose con aspectos culturales y materiales que no podían cambiar de un momento para otro. Si tenemos claro ese aspecto, podremos adecuar nuestra acción o gestión del Estado heredado tanto a las limitaciones materiales y culturales existentes como a las fuerzas reales y transformadoras que hayan surgido en la sociedad. Combinar, casi “fundir”, revolución y reforma es la fórmula indicada, pero el problema es elaborar las herramientas conceptuales y reales para hacerlo. No es fácil.

Una “revolución política” es básicamente la construcción de una nueva hegemonía social, política y cultural que logre desplazar del poder político a una clase o grupo de clases que habían cimentado una hegemonía anterior. Dichas revoluciones se realizaron en el siglo pasado por medio de insurrecciones populares (algunas armadas o no), pero al no tener claro el problema “sistémico” de fondo y el problema de la “hegemonía”, degeneraron en gobiernos autoritarios y en dictaduras, y no consiguieron construir nuevas formas de democracia que fueran reemplazando o transformando la democracia representativa, o construyendo nuevas formas de democracias que ya han existido en diferentes momentos de la civilización humana.

En este punto debemos tener en cuenta el “pro-común colaborativo” como ejemplo de “otro tipo” de democracia basada en los “gobiernos de los bienes comunes”, que fueron inventados por comunidades productoras y consumidoras de diversas regiones y culturas planetarias. Mi planteamiento es que nuestra lucha en términos estratégicos debe concebirse en la dinámica de impulsar relaciones y economías de carácter colaborativo y en función de construir lo que algunos teóricos han definido como “pro-común colaborativo” (Rifkin, Ostrom).

Las concepciones mesiánicas y la auto-organización

Un nuevo intento revolucionario de los trabajadores y de la sociedad humana por edificar una sociedad post-capitalista debe cuestionar todas las concepciones mesiánicas que se basan en creer que la humanidad va a poder construir algún día una especie de paraíso en donde no habrán conflictos ni precariedades. Esa idea es la que ha llevado a la mayoría de revolucionarios a creerse una especie de “salvadores supremos”, a querer “hacerle la revolución al pueblo” como por encargo, y a cometer tantos errores subsecuentes.

Ser conscientes de ello nos permite diseñar un pensamiento y una acción en donde las transformaciones que estamos planteando, o sea, construir relaciones, economías y culturas colaborativas que promuevan y vayan constituyendo y perfeccionando “pro-comunes colaborativos”, no sean para después, para cuando tengamos el “poder”, sino que podemos hacerlo desde ya en nuestro entorno, familia, barrio, sector productivo, etc., lo cual nos lleva a lo que algunos llaman visión y acción “glocal”, o sea, actuar en lo local con pensamiento global y actuar en lo global con pensamiento local.

Sin embargo, en muchas de las concepciones y prácticas que promueven esta visión se cae muy comúnmente en una especie de “autonomismo”, en un “comunismo utópico”, en querer construir algo nuevo, colaborativo y ecológico sin tocar para nada las condiciones reales y concretas que impone el poder del capital y el poder del Estado que está a su servicio, y entonces, dichos proyectos se aíslan del conjunto de la sociedad, e incluso, en algunos casos pueden terminar siendo utilizados por los bloques imperiales para debilitar procesos de transformación de alcance nacional o regional.

La solución no es otra que los procesos de “auto-organización” tengan su propia dinámica autónoma e independiente del Estado, para evitar la cooptación, el burocratismo, la dependencia, el paternalismo, etc., pero sin renunciar a la lucha por controlar y contar con el apoyo del Estado, sobre todo para neutralizar la acción de los grandes monopolios capitalistas que siempre tratarán de ahogar y destruir cualquier experimento económico-social y cultural que atente contra sus lógicas de acumulación.

No suplantar a la sociedad

Esa nueva tentativa transformadora y civilizatoria debe cuestionar las formas organizativas de las fuerzas revolucionarias que en nombre de la democracia o del centralismo, o de su combinación, terminan reemplazando a la sociedad, asumiendo determinaciones trascendentales sin consultar ni involucrar a las mayorías, y por tanto, en esa dinámica, la acción política, la gestión administrativa, el control social, terminan concentrados en funcionarios y grupos especializados.

En esa dinámica, se debe resolver el problema de las formas de representación, los límites que hay que colocarle, la temporalidad, la revocación del mandato, las condiciones para estimular la participación amplia de las personas y comunidades, y por tanto, buscar formas de organización que al mejor estilo de los neo-zapatistas mexicanos conviertan en norma cultural lo de “mandar o actuar obedeciendo”, “convencer y no vencer”, “proponer y no imponer”, “bajar y  no subir”, “construir y no destruir”, “representar y no suplantar” y “servir y no servirse”[1].

El eterno problema del “Poder”

El otro tema que sólo se plantea pero no se desarrolla es el debate sobre el Estado y el Poder. Queda pendiente. Un resumen sobre los aspectos principales de ese debate que tiene que ver en lo fundamental con aquellas corrientes de pensamiento que reducen el “poder” a la “cosa”, o sea, al aparato estatal, y aquellos que lo reducen a la “relación de dominación”. En uno u otro caso, esa reducción lleva a graves problemas y allí es donde radica la dificultad. Quienes reducen el “poder” al aparato estatal creen que las transformaciones se pueden hacer por decreto, “desde arriba”. Quienes reducen el “poder” sólo a la “relación”, desconocen la fuerza material del Estado (ejército, burocracia, fuerza económica), creen poder hacerlo todo "desde abajo", y de una u otra forma, son derrotados, neutralizados o cooptados. Es muy importante ese tema que ha sido tratado parcialmente por Álvaro García Linera en diversos eventos, y que está en el centro de todos los fracasos de los llamados “procesos de cambio”.

Reflexionando sobre estos temas, Fidel Castro lo dijo en sus últimas actuaciones públicas: “(…) uno de nuestros mayores errores al principio, y muchas veces a lo largo de la Revolución, fue creer que alguien sabía cómo se construía el socialismo.”[2]  

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado



[1] Lemas y principios de los gobiernos autónomos construidos por comunidades indígenas chiapanecas en México con la orientación y colaboración del EZLN.
[2] Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba, en el acto por el aniversario 60 de su ingreso a la universidad, efectuado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005.

viernes, 25 de noviembre de 2016

¡NINGUNA ILUSIÓN EN LA FALSA PAZ!

¡NINGUNA ILUSIÓN EN LA FALSA PAZ!

Popayán, 25 de noviembre de 2016

El pasado jueves 24 de noviembre se firmó el “acuerdo definitivo” para la terminación del conflicto armado con las FARC en el escenario del Teatro Colón de Bogotá.

Allí, Timoleón Jiménez, alias “Timochenko”, planteó que “Destacamos la importancia que tendría para el país la conformación de un gobierno de transición cuyo propósito fundamental sea el cumplimiento cabal de los acuerdo de la Habana, el cual debería estar integrado por todas las fuerzas y sectores que han trabajado sin tregua por ellos.”

De acuerdo a esa idea de las FARC la tarea para 2018 es unirnos con “todos los del SI” (incluyendo a los corruptos y “santistas”) para implementar la paz neoliberal firmada mediante la elección de un “gobierno de transición”.

Esa propuesta no sólo es funcional al régimen existente sino que es poner en bandeja de plata el gobierno en 2018 al “uribo-varguismo”, dado que es darle continuidad a la estrategia que llevó a los demócratas colombianos a la derrota del 2 de octubre.

Por el contrario, otros sectores ciudadanos y de colectivos de jóvenes estamos planteando que hay que buscar la manera de derrotar la falsa polarización entre Santos y Uribe. Para hacerlo hemos propuesto construir una “Tercería Ciudadana y Democrática” que aglutine a todas las fuerzas que queremos la paz pero que consideramos que la única garantía de construirla es derrotando a la casta política corrupta dominante.  

Hay que explicar y hacer entender que sólo un gobierno que esté muy lejos de la corruptela “uribista” y “santista”, podrá en verdad, no sólo implementar los acuerdos sino llevarlos mucho más allá. De lo contrario, todo se quedará en palabras, discursos, pliegos firmados y una “paz” de papel, como la Constitución de 1991.

Pensamos que el momento político en Colombia es óptimo para organizar un “movimiento”, ojalá encabezado por jóvenes, que con autonomía e independencia frente a lo existente (incluyendo a la izquierda tradicional, armada y desarmada, y en la dinámica de construir a mediano plazo un Nuevo Proyecto Político), irrumpa en la política nacional y con una acertada estrategia (incluyendo la presentación de un candidato “outsider”) presione la conformación de esa “Tercería Ciudadana y Democrática”.

Dicha “tercería” puede aglutinar a todas las fuerzas decididas a superar la polarización entre los corruptos "santistas" y "uribistas", y que pueda acceder al gobierno en 2018 con una propuesta que rompa con la dinámica actual, condición indispensable para implementar plenamente los acuerdos de paz pero, además, avanzar en temas no contemplados en ese pacto como la política productiva, ambiental, empleo, salud, educación, etc.

La propuesta de Timochenko es “más de lo mismo”, es oficializar y darle continuidad a la alianza política que teniendo todo a su favor provocó la derrota del SI y, con ello, se le facilita el camino y el triunfo del “uribo-varguismo” que está en construcción y al acecho.

Hay que decir que la implementación de los acuerdos de paz será una farsa, una pantomima, un engaño, una trampa, mientras no logremos derrotar a la casta política corrupta. Eso debe quedar muy claro.

Un ejemplo de esa situación es la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras aprobada el 10 de junio de 2011 (¡hace ya 5 años!), que no se ha cumplido en lo más mínimo, y ahora, con los “reparos” de Uribe aprobados en los “nuevos acuerdos”, será mucho más difícil su cumplimiento (http://bit.ly/2gI88WR).

Hechos y no palabras. Si hubiera voluntad política se organizaba a los campesinos despojados, se los protegería con el ejército y se recuperarían las tierras. Pero Santos ni ningún político de su camada va a hacer eso... ¡nunca lo harán!

El problema no es de leyes ni de reformas. Es de intereses de clase y de voluntad política. ¡Ninguna ilusión en la falsa paz!

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado