viernes, 11 de septiembre de 2015

¿EN QUE RÍO NAVEGABA EL PRESIDENTE CHÁVEZ?

Una mirada crítica de la “revolución bolivariana”…

¿EN QUÉ RÍO NAVEGABA EL PRESIDENTE CHÁVEZ?

Bogotá, 11 de septiembre de 2015

Vamos a intentar hacer un ejercicio de análisis de lo que ocurre con el llamado “proceso de cambio bolivariano” en Venezuela. Lo hacemos con ocasión del conflicto que se ha desencadenado con el gobierno de Colombia, y en el marco de la situación de los “procesos de cambio” en América Latina y el mundo.

No se trata de desconocer las intenciones y los avances sociales del proceso bolivariano. Tampoco defiendo a la oligarquía colombiana y su supuesto nacionalismo, menos su demagógica defensa de los DD.HH. de los migrantes colombianos expulsados de Venezuela.

Lo que cuestiono es la dirección que ha tomado el gobierno bolivariano y su actual política que le hace el juego no sólo al falso nacionalismo de Uribe sino también a la “tercera vía” de Santos.

Presento una visión crítica no tanto para señalar errores sino para comprender la dinámica de los procesos. Colombia va a avanzar inevitablemente por nuevos caminos. Necesitamos aprender y ojalá, superar las falencias de nuestros vecinos.

Pero es indudable que algo está fallando. Si el fenómeno que aquí identificamos y analizamos se está replicando en los demás países, es porque existe una falla sistémica. Trataremos de dilucidarla.

Unas preguntas a manera de introducción

¿Qué río transitamos? ¿Para dónde vamos? ¿El río que navegaba el presidente Chávez –sin que él tampoco supiera exactamente adonde lo llevaría– es el mismo que aquel que sobreagua la actual dirigencia bolivariana?

La misma pregunta debemos hacerla para los procesos que lideran Correa, Evo, Dilma, la Kichner o Tabaré.

Todos esos procesos nacieron de la inconformidad popular y las ganas de transformar el mundo. Por eso el río era “revolucionario”. Había un sentimiento grande por derrotar la oligarquía, el imperio, el neoliberalismo e iniciar a dar pasos anti o post-capitalistas.

¿Hoy esa inconformidad se mantiene? ¿Los pocos o muchos avances sociales han servido para hacer más consciente a nuestros pueblos de la necesidad de seguir adelante? ¿Hoy seguimos con el mismo fervor de Chávez buscando la integración de los pueblos y naciones latinoamericanas?

O... ¿por el afán de presentar resultados inmediatos y sostenernos en el gobierno hemos perdido el norte y hemos cambiado de río? ¿El río es el mismo pero las aguas son diferentes?

Todo parece que se ha reducido a procesos electorales para elegir unas personas que representan y gestionan “desde arriba” el “cambio”. Y entonces... ¿en qué momento el papel protagónico del pueblo quedó atrás?

La idealización de Chávez y el Socialismo del Siglo XXI
“Hemos visto cómo esas idealizaciones vuelven sobre los momentos de la lucha, sobre los medios, y terminan también siendo idealizaciones del presente en la figura de la institución fantasmalizada eficaz: el partido, la iglesia... Son muy conocidos los crímenes y las orgías de terror a que se entregan estas organizaciones que persiguen un estado perfecto y cuántas veces, a nombre de la negación de toda violencia, se pasa a una violencia sin límite. No sobra insistir que el proceso de idealización no se refiere solamente al objeto bueno, sino igualmente al objeto malo; es frecuente que los dioses de las religiones abolidas se conviertan en los demonios de las nuevas religiones. Esto se ve también en política”.
Estanislao Zuleta en “Tribulación y felicidad del pensamiento”.

Para algunos “chavistas” –venezolanos o no– el presidente Chávez desde que inició su proyecto tenía claro para donde iba a conducir el “proceso de cambio”. ¿Será eso cierto?

No lo creo. El conocer-transformar y el conocer a un más alto nivel con base en la experiencia para así poder profundizar los cambios revolucionarios, está en la base teórico-práctica de una auténtica revolución. No hay fórmulas preconcebidas por más científicas que pretendan ser. Sólo en medio de la práctica social los dirigentes y las masas aprenden y avanzan. Así lo enseña la historia.

Es importante recordar que el movimiento socio-político de inconformidad popular y la resistencia a las políticas neoliberales que impulsaban los partidos oligárquicos venían de atrás. Tuvieron su expresión explosiva en el “Caracazo” (1989).

Chávez tuvo la capacidad de organizar un movimiento político que identificó con precisión en el momento oportuno las reivindicaciones del movimiento popular y diseñó la estrategia para derrotar por la vía electoral –después del intento fallido de golpe militar– a los partidos oligárquicos.

Pero Chávez hablaba de una tercera vía diferente al socialismo y al capitalismo. Sólo años después de que el pueblo derrotó el golpe militar de 2002 y de lograr la dirección hegemónica de la PDVSA, empezó a hablar de “Socialismo del Siglo XXI”, tomando la frase del teórico alemán-mexicano Heinz Dieterich Steffan. Sin embargo su idea de socialismo era una idea en construcción, con una mirada propia latinoamericana y cristiana, “en permanente formación y aprendizaje”.

El presidente Chávez traza entonces una estrategia política que tenía como eje principal la construcción de la Patria Grande Latinoamericana y, en el caso particular de Venezuela, la  “siembra del petróleo”. Independencia política y desarrollismo económico, eran los dos componentes fundamentales. El protagonismo popular (la “democracia protagónica”) era esgrimido como una fórmula para construir democracia directa pero nunca tuvo los desarrollos prácticos “desde abajo”.

De acuerdo a su visión, tal esfuerzo de integración regional y de construcción de autonomía económica, requería de una alianza entre los trabajadores, los sectores populares y las burguesías “nacionales” capaces de romper con la hegemonía estadounidense. Tal alianza la planteó e intentó plasmar en varias ocasiones sin mayor éxito. Chávez intuía que los trabajadores y sectores populares contaban con la capacidad instintiva para apoyar el proceso desde las bases pero su desarrollo político-organizativo era limitado y no existía la dirigencia formada para ir más allá. Y estaba en lo cierto. 

Sin embargo, la realidad está demostrando que las cosas son mucho más complejas. Las burguesías “nacionales” latinoamericanas –incluyendo las brasileñas, argentinas y uruguayas– no asumieron el reto a fondo. Su entreguismo e individualismo histórico se lo impidieron. Fue así como una parte de esa burguesía se lanzó a la oposición franca al proyecto integracionista. Incluso, parte de esa oposición oligárquica utilizó estrategias golpistas con el apoyo de EE.UU. en países como Venezuela, Ecuador y Bolivia.

Pero otras fracciones de la oligarquía y de la burguesía se introducen de diversas maneras en la dirección de los “procesos de cambio” o conviven con ellos aprovechando las políticas de los gobiernos “revolucionarios” (http://bit.ly/1Nmnp7T). También, la burguesía burocrática que es la que cambia de camiseta con más facilidad, se trepa al carro de la “revolución”. Otros sectores capitalistas y una burguesía emergente surgida de medianos productores y empresarios, algunos provenientes de economías ilegales y paralelas, también se van enganchando a los gobiernos progresistas. En Venezuela esa burguesía está estrechamente entrelazada con sectores del ejército.

Ese proceso de alianza parcial que sectores burgueses realizan con los sectores populares lo hacen con la intención de reemplazar y quitarle el control sobre la renta estatal (petrolera, gasífera, minera, etc.) a la gran burguesía. Sin embargo, de una u otra manera se dan las formas de frenar los “procesos de cambio”. Y en verdad que lo han logrado, con la colaboración –consciente o inconsciente– de los dirigentes progresistas. Los lazos que se van creando en medio de la gestión del Estado heredado, los procesos de contratación, el diseño de políticas públicas, la interacción entre la administración estatal y los intereses particulares que se concretan en miles de conexiones e imbricaciones, las relaciones entre empresarios y funcionarios proclives a la corrupción y al burocratismo, van minando la resistencia de los “cuadros revolucionarios” que, si no están preparados ideológicamente o se han alejado de sus organizaciones sociales a las que pertenecían, sucumben ante los “dardos almibarados” del gran capital.

Esa situación se presenta con diversas particularidades en cada país, en donde el peso de esa burguesía emergente se siente en diferentes temas: escándalos de corrupción, oposición a procesos de desprivatización de empresas públicas, rechazo al desarrollo de la plurinacionalidad, acentuada defensa del extractivismo depredador, limitación de los derechos de las organizaciones sociales, uso de la represión abierta ante protestas populares, presencia creciente de burocratismo, y otros lastres del pasado. En todos los países donde los gobiernos progresistas están al frente de los “procesos de cambio” se han presentado estas situaciones.

Finalmente, fruto de esa tensión entre diversas clases y sectores de clase, que se dan tanto al interior de los gobiernos como fuera de ellos, las políticas más importantes del “socialismo del siglo XXI” se han reducido a intentos de renegociación de la deuda pública (externa e interna), la renegociación de contratos con las transnacionales capitalistas, incremento de algunos impuestos y la inversión de una parte de las rentas del Estado en programas sociales. Éstas inversiones se centran en servicios de salud, educación, vivienda, saneamiento básico y ayudas para sectores de la población más pobre que no se diferencian en nada de las llamadas “transferencias monetarias condicionadas para población en condición de vulnerabilidad” diseñadas por el Banco Mundial.

No se desconoce que el monto y la cobertura de dichos programas fueron incrementados y ampliados por los gobiernos progresistas pero, el modelo es el mismo. Asistencialismo y paternalismo con retórica revolucionaria. En últimas, más de lo mismo (bonos, misiones, subsidios). La inversión en planes y programas productivos se ha limitado a construir algún tipo de infraestructura, crear algunas cooperativas y nacionalizar unas empresas, pero no se ha atacado con fuerza y determinación integracionista la dependencia que existe de la exportación de materias primas y el escaso desarrollo tecnológico e industrial. 

El auge en los precios internacionales del petróleo y de los commodities creó la falsa ilusión de que esa era la vía del desarrollo. Los afanes de aislar políticamente al imperio estadounidense también llevaron a Chávez a crear bloques regionales como Petrocaribe, absolutamente dependientes del petróleo y del poder económico de Venezuela. La ilusión sirvió para calmar el hambre del pueblo pero no para fortalecer su capacidad organizativa ni para construir y consolidar un amplio equipo de dirigentes formados y capacitados para profundizar la revolución. Ya había sucedido en la URSS, Europa Oriental, Vietnam y China; ahora se repite.     

Es así como los “revolucionarios bolivarianos” terminaron administrando el Estado heredado, cuyo carácter colonial-capitalista le determina su condición de aparato burocrático, ineficiente, derrochador y profundamente corrupto. La carrera por ganar las continuas y seguidas elecciones locales, regionales, legislativas y presidenciales propició que casi la totalidad de los dirigentes “chavistas” se dedicaran a “gestionar la revolución por arriba” mientras el pueblo quedaba como espectador y simple votante. Se intentó resolver el problema colocándole el mote de “socialista” a cualquier idea o iniciativa, paralizando la capacidad crítica de las masas populares que identificaron socialismo con asistencialismo estatal.  

Pero además, la verdad, no se hicieron serios esfuerzos por avanzar en una creciente integración política, económica, empresarial y financiera de las naciones de Sudamérica. No porque el presidente Chávez no se lo propusiera sino porque la correlación de fuerzas de los gobiernos progresistas frente a la burguesías de los diversos países (incluyendo Venezuela), y la falta de claridad y voluntad de los dirigentes progresistas para fortalecer al movimiento popular, impidieron que los planes integracionistas tuvieran concreción real.

No se construyeron las herramientas económicas y políticas para hacer realidad la Patria Grande Latinoamericana. En el papel quedaron formuladas las propuestas: un banco fuerte e independiente del FMI, una moneda única regional, una política fiscal apropiada, una infraestructura petrolera, de transporte y comunicacional común. Nunca fue posible proponer la constitución de unas empresas transnacionales “propias” para poder competir en el mundo globalizado, menos que éstas empresas fueran incorporando un componente accionario en manos de los trabajadores y de los pequeños-medianos productores organizados. En general, la mayor parte de las propuestas que se hacían se quedaron en planes y en una retórica integracionista radical pero insulsa.

Hoy tenemos la arremetida imperial y cada uno tira para su lado. La ofensiva del imperio en el terreno económico se ha centrado por ahora en la reducción artificial de los precios del petróleo para golpear a Rusia e Irán, pero de contragolpe afecta también a países como Venezuela, Ecuador, Brasil y Bolivia. La Patria Grande Latinoamericana está en veremos y no se observan ni los liderazgos ni los sujetos sociales capaces de darle un segundo aire a tan magna tarea. Los gobiernos se enfrentan a enormes desgastes en todos los terrenos y como pasa con Maduro, debe recurrir al “nacionalismo estrecho” provocando y utilizando el conflicto con Colombia para tratar de atenuar su crisis interna. Es lamentable que eso ocurra. 

Chávez fue un extraordinario líder popular. Formuló e impulsó con valentía y decisión un plan anti-imperialista para América Latina. El tiempo y la vida no le alcanzaron, pero su proyecto estaba determinado por unas condiciones estructurales de las sociedades y por unos limitantes ideológico-políticos que él posiblemente detectó pero no podía superar sólo con voluntad y entrega revolucionaria.

Heinz Dieterich Steffan ha venido planteando desde hace casi una década la caída del régimen “chavista”. Su crítica se ha centrado en la incapacidad de la dirigencia bolivariana de comprender su propuesta “científica” del “Socialismo del Siglo XXI”, que él considera era una fórmula aplicable en Latinoamérica tanto para derrotar el imperialismo como para avanzar en la construcción del “Bloque Regional de Poder”.

No vamos a controvertir ese planteamiento porque sería como enfrentar un acto de fe con otro. Sin embargo es necesario plantear que los seres humanos, las sociedades y sus dirigentes, de alguna manera responden a ciertas condiciones estructurales que determinan en parte sus acciones, y además, que los desarrollos de las ideas políticas e ideológicas, lo que Dieterich denomina “ignorancia política” (http://bit.ly/1MhiiXX) , también cumplen su papel en el devenir histórico y su estado de desarrollo exige una explicación histórica y “científica”. Las mayorías sociales piensan como viven. Generalmente la gente no vive como piensa, aunque existen excepciones notables. Es precisamente lo que se debe transformar.

Desarrollaremos en una segunda parte de este artículo el análisis de las condiciones estructurales y las limitaciones político-ideológicas de los procesos de cambio en América Latina, que nos ayuden a entender el devenir negativo, antipopular y anti-democrático de los ejercicios de gobierno de nuestros pueblos y países vecinos.

Esperamos aprender para poder navegar en “ríos revolucionarios” que por lo menos nos aproximen a los océanos que los trabajadores y los pueblos siempre han aspirado llegar. Por lo menos es nuestra pretensión poder avizorar y ojalá llegar a nadar en ellos… océanos de apropiación colectiva de nuestro destino. “¡No más salvadores supremos!”


E-mail: ferdorado@gmail.com / @ferdorado  

viernes, 28 de agosto de 2015

¿YA NO ES EL IMPERIO EL PRINCIPAL ENEMIGO DE LA "REVOLUCIÓN BOLIVARIANA"?

¿YA NO ES EL IMPERIO EL PRINCIPAL ENEMIGO DE LA "REVOLUCIÓN BOLIVARIANA"?

Bogotá, 28 de agosto de 2015

"La teoría del complot tiene el peligro de velar las causas profundas de los problemas y desdibujar la realidad."

François Houtart

El presidente Chávez consideraba a Uribe un "peón del imperio". Y estaba en lo cierto. Uribe en ese momento tenía el Poder y el gobierno. EE.UU. lo respaldaba y contaba con una fuerza paramilitar organizada que, a su vez, era apoyada por el ejército oficial. La mayoría de empresarios y terratenientes nacionales y extranjeros habían decidido jugársela con su política guerrerista. Además, aprovechó los graves errores de la guerrilla para construir un fuerte apoyo popular que es lo único que parcialmente le queda en la actualidad.

Ahora, las circunstancias son diferentes. La estrategia imperial no está centrada en una intervención armada inmediata en Venezuela y menos desde el exterior. Eso es cosa del pasado. Las "revoluciones de colores" son su método actual. Para ello están implementando la guerra económica –la de verdad–, que tiene como eje el auto-abastecimiento de petróleo utilizando la tecnología del fracking (gas de esquisto), bajar artificialmente los precios internacionales del combustible y, de contrapeso, debilitar la economía de países productores de hidrocarburos como Venezuela, Ecuador, Irán y otros.

De esa manera, preparan condiciones para generar la inconformidad popular, estimulando sobre todo a las clases medias para derrotar o derrocar a los gobiernos "indóciles" o que muestren cierto grado de independencia y autonomía. Los estrategas del imperio han aprendido de experiencias pasadas (Cuba, Nicaragua, Vietnam) en cuanto a entender que las operaciones armadas imperialistas con fuerzas extranjeras o mercenarias generan fuertes resistencias nacionalistas que no son fáciles de derrotar.

Esa nueva estrategia imperial requiere de los pueblos y gobiernos que desean mantener su independencia y soberanía, unas respuestas internas de carácter integral. No basta la alerta sobre la intervención extranjera. Se necesita coherencia en el manejo económico, construir una base productiva propia, apoyarse realmente en el pueblo para profundizar la revolución democrática en todos los aspectos: sociales, económicos, culturales, políticos e incluso espirituales. Para ello se necesita coherencia ideológica y estrategia política.

La "pequeña" guerra económica interna en Venezuela, que causa escasez y desabastecimiento de algunos productos, es resultado, por un lado, de la incapacidad del gobierno para organizar a la población para construir un nuevo aparato productivo y, simultáneamente, controlar el comercio exterior apoyándose en empresas sociales (cooperativas, mutuales, solidarias) y en monopolios estatales. Pero por otro lado, dicha guerra económica es producto de la resistencia de la burguesía parasitaria que se niega a aceptar su derrota política y económica, y utiliza todos los mecanismos legales e ilegales para mantener un negocio lucrativo y especulativo de importación de mercancías del exterior. La burguesía emergente también quiere heredar ese fabuloso negocio y desde el gobierno ha saboteado la línea que trazó el presidente Chávez.  

Estas verdades las conocen y las repiten a diario los principales dirigentes bolivarianos de Venezuela. Lo dejó escrito y grabado en sus discursos el presidente Chávez. Pero no ha sido fácil implementarlas por cuanto la burguesía emergente ha ido copando los espacios de dirección del "proceso de cambio", y ella no está interesada en profundizar la revolución. Sólo le interesa mantenerse en el gobierno, controlar la renta petrolera y reemplazar a la burguesía parasitaria entreguista y pro-imperialista.

Maduro es consciente de esta situación. Sin embargo, debido al deterioro de la situación interna, se ve obligado a recurrir al nacionalismo estrecho, a la demagogia anti-colombianista que todos los gobiernos venezolanos –de derecha o de izquierda– han utilizado en el pasado para ganar apoyo popular y triunfar en las elecciones.

Es por ello que Maduro hizo lo que hizo.

La campaña contra el paramilitarismo y la delincuencia de origen colombiano

Ahora Maduro quiere convertir a Uribe en el enemigo principal. Con la consigna de que la causa de los problemas de Venezuela está en la acción paramilitar que llega desde Colombia, y la utilización por esas fuerzas ilegales del contrabando, el bachaqueo y todo tipo de delitos, se pretende radicalizar a los venezolanos contra el supuesto enemigo externo, que ya no es el imperio sino un debilitado Uribe. Éste lo único que está buscando con su pataleo es negociar su propia impunidad y la de sus cómplices, y aprovecha el momento para generar ruido. Nada más.

Estudios muy serios de académicos venezolanos demuestran que la presencia de diferentes clases de violencias y de diversas expresiones de la delincuencia, no sólo se observa en la frontera con Colombia sino que está presente en todo el territorio nacional venezolano. Y además, identifican como las causas más visibles, primero, el deterioro de la situación económica del país y, segundo, a la corrupción de las mismas fuerzas armadas (Guardia Naciona y Ejército) y de las autoridades civiles (Ver. http://bit.ly/1NYyjPu).

Para enfrentar estos flagelos se requiere una política integral de seguridad que obliga al Estado a apoyarse en el pueblo. Pero esa línea política, que ideó el presidente Chávez, implicaba atacar al burocratismo, la corrupción y los intereses de la burguesía emergente, y ello no ha sido ni va a ser posible en el corto plazo. Es más fácil utilizar un enemigo externo, discriminar y golpear a inermes colombianos de la frontera, hacer apariencia de mano fuerte, mostrar shows mediáticos y paralelamente, engrandecer a Uribe.

Las consecuencias para el gobierno de Santos y el proceso de paz

El actual "incidente" con Venezuela, va a traer consecuencias inmediatas para el proceso de paz en Colombia. Es un hecho que el cierre de la frontera de forma unilateral es un acto inamistoso y grave. Afecta a colombianos y venezolanos de la frontera, lesiona intereses económicos, deteriora la confianza entre los dos gobiernos, y – de la forma como se realizó la expulsión de más de un millar de colombianos – es una violación flagrante de los derechos humanos de esas personas inmigrantes y desplazadas.

Santos, así él no lo quiera ni Maduro tampoco, es el gran damnificado. Su debilidad es manifiesta y trágica. Su cara de susto y la actitud temerosa de sus funcionarios en el discurso del pasado martes 25 de agosto, así lo delata. Le faltó decir que el presidente Maduro no le pasa al teléfono. Lo único que Santos realmente ofreció en esa intervención televisada, fue conseguir camiones y permiso con el gobierno de Venezuela para ayudarles a los colombianos a traer sus "corotos". ¡Qué desgracia y qué indignidad!

El presidente colombiano ha quedado en medio de un emparedado. Está atrapado entre la teoría del complot imperial y paramilitar, que respalda el expresidente Samper desde la UNASUR, las FARC y algunas fuerzas políticas de izquierda colombianas, y los análisis de diversos sectores políticos que identifican los problemas de Venezuela con la corrupción, la mala gestión económica, el derroche, la agudización de la dependencia del petróleo, el fracaso en la generación de nuevas áreas productivas y el paternalismo excesivo, entre otras.

Así, el presidente Santos ha mostrado una enorme indecisión y debilidad. No pudo identificar a tiempo que Maduro va con todo pensando en las elecciones de diciembre. Creía –equivocadamente–, que un tratamiento diplomático prudente y bilateral podría hacer recapacitar al gobierno venezolano para reabrir la frontera y darle un tratamiento legal y humanitario a los inmigrantes colombianos, especialmente a los ilegales e indocumentados. Pero se equivocó de cabo a rabo.   

Se argumenta que Santos actuaba de esa manera para proteger el "proceso de paz". Sin embargo, los hechos demuestran que el mayor riesgo para ese proceso es la inmensa debilidad de Santos. Ahora, su posición se ha debilitado más, mucho más cuando las FARC han salido a respaldar al gobierno bolivariano. La tensión entre los dos gobiernos y países va a crecer, y la paz negociada entrará en un enfriador por un buen lapso de tiempo.

Uribe ha recibido un segundo aire de Maduro, una oportunidad de oro, no para sabotear el proceso de paz sino para debilitar a Santos. Así podrá obtener mayores ventajas en el proceso de negociación de su impunidad.

Mientras tanto, la crisis económica y fiscal que avanza a diario en ambos países le pondrá su toque de realismo a un ambiente político cada vez más caldeado y confuso, en donde la polarización juega a favor de quienes acusan a Santos de frágil e incoherente. La tormenta recién arrecia y el grifo que abrió Maduro tal vez se convierta en un río y en una avalancha. Ojalá no sea así.     

NOTA: Los medios de comunicación colombianos han hecho su fiesta contra el régimen bolivariano. Ahora son solidarios con los colombianos expulsados de Venezuela pero nunca han dicho nada con los expulsados y desplazados de El Quimbo, Ituango, indígenas de Corinto o "invasores" de lotes en muchas ciudades que son desalojados a sangre y fuego.


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

martes, 18 de agosto de 2015

ECUADOR: UN MEDIDOR DE LOS “PROCESOS DE CAMBIO”

ECUADOR: UN MEDIDOR DE LOS “PROCESOS DE CAMBIO”
Popayán, 18 de agosto de 2015
Lo que está ocurriendo en Ecuador es el más perfecto medidor de la evolución de los denominados “procesos de cambio” de América Latina, especialmente de Sudamérica. Nos sirve, así mismo, para entender la situación que viven los gobiernos de Maduro y Rousseff, y avizorar lo que puede suceder en Bolivia, Argentina, Uruguay y Chile. Pero también es un referente para países como México, Colombia, Perú, Paraguay, El Salvador y otros.
Ello es así porque en   Ecuador es donde la derrota de la oligarquía tradicional y el ascenso al gobierno de la denominada “revolución ciudadana” encabezada por el actual presidente Rafael Correa, tuvo como antecedente una sostenida rebelión popular liderada por los pueblos indígenas que fue capaz de derrocar consecutivamente a tres presidentes de corte neoliberal (Mahuad, Bucaram y Gutiérrez) durante la década de los años 90s del siglo XX.
Fue por eso que el gobierno progresista contó desde el principio con un fuerte apoyo popular que fue la base para lograr importantes realizaciones políticas y administrativas. Se aprobó la más avanzada Constitución Política en cuanto a plurinacionalidad, derechos de la naturaleza y reivindicación del Sumak kawsay (“Bien o Buen Vivir”). Se pudo plantear la moratoria de la Deuda Pública, la auditoría y renegociación de la misma, el desalojo de la base militar de Manta por USA, el asilo político para Julián Assange, director de WikiLeaks y otra serie de confrontaciones con el imperio estadounidense, especialmente.
Por ello es tan importante hacer el seguimiento a lo que ocurre en Ecuador.
El paro, las movilizaciones y protestas
Dos tipos de movilización contra el gobierno de Correa se han entrelazado en este mes de agosto. Una, proviene de las protestas de junio frente a los intentos del gobierno de gravar la plusvalía y las herencias, qué hábilmente fue manipulada por la oligarquía y la derecha tradicional. La otra, recoge la inconformidad de sectores sociales como los indígenas, trabajadores del Estado y pensionados que se sienten afectados por políticas del gobierno.
Lo observado durante la marcha del 13 de agosto es que el llamado al Paro Nacional no tiene la fuerza suficiente para “desestabilizar” al gobierno. Los manifestantes en Quito fueron entre 100 y 150 mil, según diversos cálculos. Los bloqueos de carreteras se localizaron principalmente en el suroriente del país pero no tuvieron la contundencia mostrada durante los levantamientos indígenas de finales del siglo pasado. Además, el movimiento mismo es una sumatoria de reivindicaciones sectoriales sin cohesión política.
El gobierno llamó a realizar una contra-marcha con concentración en la Plaza de la Independencia, frente al Palacio de Carandolet, que contó con participación de algunas organizaciones sociales adeptas al gobierno que movilizó aproximadamente 35.000 personas, según los cálculos más optimistas. Allí intervino el presidente Correa afirmando que el “paro era un fracaso” y que tenía un carácter desestabilizador. 
Motivos de las actuales protestas
Los indígenas plantean que Correa no ha desarrollado la Constitución en el tema de la plurinacionalidad. Según su percepción, no se ha avanzado en la reforma agraria, la ley de aguas beneficia a los grandes empresarios agrarios y los proyectos extractivistas minero-energéticos avanzan sin ofrecer garantías sociales y ambientales. Los trabajadores están inconformes por la política de fijar topes salariales y pensionales. Plantean la aprobación de un Estatuto Orgánico de Trabajo. Además apoyan a los pensionados en su rechazo al recorte del 40% del subsidio hecho por el gobierno al Instituto Ecuatoriano de Seguros Sociales IESS, lo que consideran es una “estatización” abusiva de ese instituto.
Lo que de alguna manera unifica a estas protestas, es su oposición a las enmiendas constitucionales (http://bit.ly/1IXiUxM) que el gobierno impulsa en la Asamblea Nacional, en donde tiene las mayorías necesarias para aprobarlas, entre las cuales la más importante es la de la reelección indefinida. Detrás de ese objetivo está la matriz ideológica que ha construido la oligarquía y el imperio usando los medios de comunicación en el sentido de que el gobierno de Correa es una dictadura, que es un gobierno autoritario, que el ejecutivo ha monopolizado los poderes judicial, legislativo y electoral, y que ha cercenado las libertades públicas, especialmente el derecho a la “libre información” (libertad de prensa).
Causas de las protestas
Ya en junio se habían presentado numerosas protestas contra los proyectos de ley de impuestos a la plusvalía y a las herencias que obligaron al gobierno a modificar algunos aspectos de esas normas. Sin embargo Correa se había reafirmado en su posición de aprobarlas con el argumento de que sólo afectan al 2% de la población. “Se busca redistribuir la riqueza y dichas leyes no afectarán a la clase media ni pobre, sólo a los ricos” (http://bit.ly/1IXilEb).
Ahora, en agosto, frente a la movilización de los indígenas, trabajadores y pensionados, el presidente Correa se ha mostrado intransigente. Desde hace varios meses el FUT y diversas organizaciones sociales y de los trabajadores han presionado al gobierno para llegar a acuerdos, pero no han encontrado una disposición gubernamental de diálogo, a pesar de que en junio el gobierno llamó al diálogo pero bajo el presupuesto de que no iba a echar atrás sus iniciativas de ley.
El presidente Correa caracteriza toda protesta con intentos golpistas y desestabilizadores dirigidos por la oligarquía y la derecha tradicional. Sobre la base de encuestas que le dan una favorabilidad superior al 60%, ha asumido una actitud que muchos califican de “prepotente y soberbia”. El antecedente de esa actitud, sobre todo frente a la dirigencia indígena y de algunas organizaciones sindicales orientadas por sectores de izquierda, es que Correa no perdona las alianzas que esos dirigentes hicieron en el pasado con agrupaciones políticas de derecha y sus relaciones con ONGs financiadas desde el exterior. Así, las bases sociales pagan por los errores de sus directivas.
El entorno internacional
La actual situación no se puede entender si no identificamos la nueva estrategia imperial para el continente americano. Consiste en combinar la “normalización” de relaciones diplomáticas con los diferentes países, entre ellos Cuba, Brasil y Venezuela, pero a la vez, profundizar la guerra económica que mediante diversas acciones adelanta a nivel global.
Así, la recolonización imperial del sub-continente latinoamericano asume nuevas facetas. Su actitud en la Cumbre de Las Américas en Panamá el pasado mes de abril, lo corrobora. Lo ocurrido en Cuba con la reapertura de la embajada de los EE.UU. es un triunfo de la revolución cubana pero es, además, una jugada estratégica del imperio. La crisis económica es la que juega detrás y la confrontación geopolítica entre los bloques de poder global es lo que está a la orden del día.
La estrategia civilista y pacífica de los pueblos sudamericanos obligó a Obama a cambiar su estrategia. Ahora la guerra económica es más efectiva. Sabe que China y Rusia avanzan en la región. La caída de los precios internacionales –forzada por los EE.UU. (fracking y alianza estrecha con Arabia Saudita) –, y la correspondiente revaluación del dólar y devaluación de nuestras monedas, ha disparado hacia arriba la Deuda Pública de todos los países dependientes. Además pone en muchos aprietos fiscales inmediatos a países como Ecuador, que no puede devaluar su moneda porque su economía está “dolarizada”.
En todos los países latinoamericanos esa “guerra económica” que se entrelaza con la crisis económica global que viene desde 2007 (recesión en Europa, Japón, Rusia y China), se ha empezado a sentir con relativa fuerza. Todos los gobiernos preparan reformas tributarias y ajustes fiscales. Es lo que ha obligado al gobierno del Ecuador a impulsar esas leyes que aprueban nuevos impuestos y reestructuran un instituto tan sensible como el IESS. Hay que recordar que Ecuador es la “Grecia latinoamericana” al tener su moneda amarrada al dólar.
La situación interna
Es claro que la dolarización de la economía del Ecuador no la hizo Correa. Sin embargo, la sufre y debe afrontar sus consecuencias. Ello permite explicar por qué Correa ha tenido que aplicar políticas que empiezan a tocar a sectores populares y que muchos califican como neoliberales. No es un asunto de culpas o buenas intenciones. Son hechos objetivos.
Uno de los problemas que se observan en Correa y demás “procesos de cambio” es que al llegar al gobierno pierden la capacidad crítica y empiezan a ubicar a todos los que cuestionen sus políticas como enemigos, traidores y golpistas. Y claro, esa actitud los separa inmediatamente de los movimientos y organizaciones sociales que contribuyeron con la derrota de la oligarquía y que han adquirido una relativa autonomía.
Al actuar de esa manera “defensiva” empiezan a transitar por el camino de cederle terreno a sectores de la burguesía “emergente” que se introduce en los procesos de cambio para detenerlos y convertirlos en herramientas para canalizar la renta petrolera y el presupuesto estatal hacia sus intereses (en todos los países ha aparecido esa burguesía “emergente” que le disputa el control de esa renta a la oligarquía tradicional).
En esa dinámica están los gobiernos de Bolivia, Venezuela y Ecuador. La neutralización del proceso de cambio a manos de sectores burgueses ha impedido la profundización de la “revolución”: la reforma agraria ha quedado paralizada, la plurinacionalidad se quedó en el papel, las organizaciones sociales se han dividido y el movimiento popular se ha debilitado. Ante la presión del imperio y el capital transnacional, los gobiernos tienen que retroceder. Y entonces, todo empieza a depender del caudillo y de la “gestión por arriba”.
Las clases y sectores de clase, los movimientos sociales y los partidos políticos
De manera breve y sintética presentamos una mirada sobre este tema. En los países en donde el pueblo derrotó plenamente a la oligarquía y a la derecha tradicional usando su propia legalidad, o sea, las elecciones, como Venezuela, Ecuador y Bolivia, se han presentado fenómenos muy similares. La oligarquía tradicional se atrincheró en regiones en donde es fuerte política y económicamente: Táchira-Zulia en Venezuela, Guayaquil en Ecuador y Santa Cruz de la Sierra en Bolivia.
Esa oligarquía tradicional está representada por la burguesía transnacionalizada, más comercial que productiva, y antiguos terratenientes hoy reconvertidos en grandes empresarios del campo. Fueron derrotados políticamente, desplazados del gobierno, pero conservan su fuerza económica y un gran poder político que se apoya en instituciones gremiales, la iglesia, sectores conservadores de la justicia y, sobre todo, en los medios de comunicación. El nuevo “partido de la desinformación” es el que unifica a los diversos partidos políticos que representan a esa vieja, entreguista y antinacional oligarquía.
Por otro lado, aparece lo que denominamos “burguesía emergente”. Está compuesta por sectores de la burguesía burocrática, algunos empresarios díscolos e independientes, nueva burguesía surgida de la acumulación de capitales provenientes del narcotráfico, minería ilegal y otras actividades “no lícitas”. Esta burguesía emergente se “pega” muy rápidamente al proceso de cambio. Ven la oportunidad de disputarle la renta petrolera y minera a la gran burguesía, controlar y manejar en su beneficio el presupuesto estatal y frenar algunas políticas “revolucionarias” que podrían afectarlos. Apoyan las políticas que salvaguardan la producción nacional pero no ven con buenos ojos las medidas que los aíslen del mercado internacional. La política monetaria y laboral hace parte de las tensiones con los dirigentes “del proceso”, y en el caso de Bolivia y Ecuador, la política indígena es uno de los motivos de mayor tensión dentro y fuera del gobierno, especialmente el derecho a la consulta previa.
La pequeña burguesía, las capas medias de pequeños y medianos productores, comerciantes  y profesionales precariados (nueva clase trabajadora o nuevo proletariado), tanto de la ciudad como del campo, ya sean “blancos”, mestizos, indígenas o afrodescendientes, se constituyen en la base social más fuerte del proceso de cambio. En Venezuela los jóvenes profesionales no han sido jalonados totalmente por el “chavismo” por cuanto la influencia ideológica de la burguesía parasitaria pro-norteamericana los ha podido neutralizar, con la consigna de que Venezuela va a quedar aislado del mundo al estilo cubano.
Los trabajadores asalariados en general apoyan los procesos de cambio. Los desempleados y sectores informales cogen para donde el viento tira con más fuerza. Los subsidios son su gancho pero éstos pueden ser ofrecidos también por la derecha, como ocurrió en Colombia con Uribe. Los trabajadores del Estado (educación, salud y de servicios públicos), acostumbrados a décadas de manejo burocrático del Estado, reaccionan en forma dual. Apoyan la desprivatización de entidades y la “recuperación de lo público” pero cuando los gobiernos aprietan exigiendo mayor calidad, más disciplina y responsabilidad en la prestación de los servicios públicos, se ponen a la defensiva y muchas veces se enfrentan a los gobiernos con actitudes sectoriales y estrechas (sindicaleras) que en ocasiones son utilizadas por la derecha para poner en aprietos a los gobiernos.
Ese comportamiento de las diferentes clases y sectores de clase se manifiesta en la actitud de los movimientos sociales y partidos políticos. La verdad es que en ninguno de los países de la región se aprecia madurez en ese terreno. Los movimientos sociales se han vuelto añicos fruto de la división y dispersión de los partidos políticos que influyen en ellos. Los gobiernos, por afanes electoreros –base mal entendida de su poder– cogen el camino más fácil y cooptan dirigentes mediante ofrecimientos burocráticos u otros métodos no muy dignos o non sanctus, dividiendo y debilitando al movimiento popular.
Algunos sectores de izquierda que construyeron sus bases durante los últimos 40 años al interior de los trabajadores del Estado no logran entender el momento y vacilan entre reducir su acción a defender los estrechos intereses de esos trabajadores o disputarle la dirección del proceso a la pequeña-burguesía. La mayor de las veces terminan por aislarse de los “movimientos democráticos” que se forman como expresión política de los “procesos de cambio” y se lanzan a la oposición, aislándose del conjunto de la población, supuestamente en defensa de la revolución anti-imperialista, proletaria y socialista.
Otros partidos de izquierda, con fuerza en sectores barriales o campesinos, se suman a los “procesos de cambio” pero en calidad de acompañantes, colaboradores, solidarios, sin arriesgarse a disputar la dirección del movimiento, básicamente porque no logran superar el “síndrome de oposición” y no tienen iniciativa política. Se limitan a repetir su credo marxista pero no elaboran ni presentan propuestas para enfrentar el duro reto que es ser gobierno de unos países subordinados al gran capital financiero internacional, endeudados, des-industrializados y completamente dependientes de los ingresos del petróleo, gas u otras materias primas.
En ese marco los partidos de la oligarquía, burguesía emergente, clases medias y sectores populares se van alineando en dos grandes bloques: los que están en el gobierno y los que están contra el gobierno. Esa polarización impide que las voces críticas se hagan escuchar. Y en esa tragedia, la estrategia electoral, el inmediatismo, las lealtades obsecuentes y cómplices, el coyunturalismo y el pragmatismo se van imponiendo. Ello explica las alianzas que han realizado en Ecuador dirigentes indígenas y líderes sindicales de izquierda con la derecha golpista de Nebot. Y también nos permite entender –aunque no justificar–, las alianzas que se dieron en las elecciones pasadas en Bolivia, entre el MAS y agentes de la oligarquía derechista en varias provincias y municipios.      
El balance del momento actual
La mayoría de la población hoy está con Correa. Esas mayorías valoran positivamente las   realizaciones en diferentes áreas de su administración. Su gobierno ha manejado mucho mejor que los venezolanos el auge de los precios del petróleo y los commodities. Ha mostrado capacidad de ejecución e iniciativa política. Construye y muestra obras. Se comunica con la gente y no se esconde. Evo Morales lo emula y ambas poblaciones los premian.
Sin embargo Correa no tiene un proyecto revolucionario. No se apoya de verdad en movimientos sociales autónomos o en una “ciudadanía” organizada o en proceso de organización. Un “nuevo clientelismo” estatal ha sacado la cabeza. Por más retórica revolucionaria que dispare en sus discursos, al igual que hacia Chávez, su práctica se basa en la gestión, más de las veces burocrática que transparente y ética, de un Estado Heredado de tipo “colonial”[1]. Su proyecto es desarrollista burgués con retórica nacionalista, anti-imperialista y supuestamente socialista. Igual que Maduro y Evo.
Así mismo, la dirigencia indígena –desde mi perspectiva– no tiene claridad. Ha cometido muchos errores. Es conservadora y sectorial. Un sector de ellos está infiltrado por ONGs “indigenistas” que pueden, si no lo son ya, convertirse en agentes, conscientes o inconscientes, de la estrategia imperial que trata de “balcanizar” los países que están en proceso de independencia. Así lo han hecho en Libia, lo hacen en Siria y el Medio Oriente, y lo trabajan en Colombia y en Bolivia.
Algunos sectores intelectuales, que contribuyen con el movimiento social y popular, que fueron protagonistas en la elaboración y aprobación de la Constitución, creen ilusamente que el movimiento de protesta actual se hace para rescatar lo aprobado en Montecristi. Sin embargo esa visión sólo la comparte un pequeño núcleo de dirigentes que, según veo, políticamente no son muy duchos. Caen de cierta manera en una especie de “legalismo constitucional” y tienden al “fundamentalismo ambientalista” que los lleva a aislarse del conjunto de la población que comprenden fácilmente a Correa cuando éste plantea que si no se extrae el petróleo, el oro o el cobre… ¿con qué dinero o recursos el gobierno va a pagar la nómina estatal, a entregar los subsidios o a realizar obras?
Las posibles soluciones
Las alternativas son varias y claro, no son fórmulas que puedan resolver los problemas de un momento para otro, pero esas soluciones deben surgir de procesos de concertación con la población organizada que muestren una dirección de cambio. Una de las fórmulas no es otra que fortalecer la “democracia con el pueblo”, ser más autocríticos, aceptar que existen sectores “opositores no golpistas” y llegar a acuerdos con ellos, e incluso, así no se llegue a acuerdos, asumir una actitud diferente a la que se asume con la verdadera derecha golpista. Es claro que la dirigencia de las organizaciones sociales también ha cometido graves errores pero las bases sociales no tienen por qué pagar los platos rotos.
Pero además, los pueblos y los gobiernos deben entender que sin la construcción y consolidación de un Bloque Latinoamericano o por lo menos, Sudamericano, nuestros países quedan sometidos a los imperios (EE.UU - UE), y también a las nuevas potencias Rusia y China. La burguesía de Brasil también sueña con convertirse en un sub-imperio. El problema es que los gobiernos progresistas, al no lograr construir un movimiento social fuerte y coherente, rápidamente les cede espacios de poder y de gobierno a las burguesías locales y el proyecto regional muere. Sólo Chávez era realmente consecuente con ese proyecto.
Hoy los gobiernos progresistas están a la defensiva y no perciben que algunas reivindicaciones populares como plurinacionalidad, reforma agraria, control social y ambiental del extractivismo, construcción de bases industriales propias, más democracia, respeto a la autonomía de las organizaciones sociales, no sólo son razonables sino necesarias, y que debe haber una concertación en torno de ellas para ir avanzando paulatina pero consistentemente en políticas anti-neoliberales que avizoren –con paciencia, prudencia y capacidad de aprendizaje– caminos y procesos post-capitalistas.
No se puede “saltar al vacío”. No es posible romper con el sistema capitalista de un momento a otro, y menos en cada país por separado. El bloque regional tendría que construir paulatinamente nuevas formas de economía. Organizar grandes empresas transnacionales pero latinoamericanas del petróleo, gas, energía eléctrica, café, banano, cobre, oro, turismo, construcción de infraestructura, procesadoras y comercializadoras a nivel internacional de productos elaborados  a partir de nuestras materias primas, ojalá gestionadas y administradas con enfoques y prácticas de “Pro-comunes colaborativos”, donde sean mayoría los pequeños y medianos productores y los trabajadores, y en donde los Estados nacionales asociados en una gran Confederación o Patria Grande Latinoamericana sirvan de soporte financiero, técnico y legal.
En ese proceso tendríamos que avanzar con mucha flexibilidad, apoyándonos en alianzas estratégicas con sectores de las burguesías locales pero paralelamente construyendo procesos organizativos de los trabajadores y pequeños productores que vayan más allá de la protesta y construyan Democracia Directa (pro-comunes colaborativos) en todas las áreas de la vida social.
Ello es posible hacerlo. Todo depende de la actitud, no sólo de los gobiernos sino principalmente de la dirigencia de los trabajadores y del pueblo. De lo contrario, ayudaremos – seguramente en forma involuntaria e inconsciente – al regreso de la oligarquía neoliberal o a la conversión de los “procesos de cambio” en bonapartismos latinoamericanos.
E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado
http://aranandoelcieloyarandolatierra.blogspot.com/2015/08/ecuador-un-medidor-de-los-procesos-de.html#.VdNJ3rJ_Oko



[1] El concepto de Estado Colonial se plantea a partir de la visión de Aníbal Quijano. “Colonialidad del Poder”.     

jueves, 13 de agosto de 2015

¿QUÉ PASA EN ECUADOR?

¿QUÉ PASA EN ECUADOR?
Agosto 13 de 2015
Marchas y convocatoria de Paro Nacional por parte de organizaciones indígenas y de trabajadores del Estado (Coordinadora de Movimientos Sociales, la Organización Sindical Única de Trabajadores del Ministerio de Salud (Osumtransa), la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y la Confederación de Organizaciones Campesinas, Indígenas y Negras), en contra de políticas del gobierno de Correa.
La izquierda tradicional apoya la convocatoria. La derecha tradicional está a la expectativa y juega a la sombra. Muchas organizaciones sociales cooptadas por el gobierno no apoyan o se han quedado estáticas. El gobierno se radicaliza y califica el movimiento como "desestabilizador". Algunos sectores del movimiento social llaman a Correa a renunciar pero no es la posición oficial del movimiento (http://bit.ly/1KjZOzN). ¿Qué es lo que ocurre?
El asunto es complejo. Correa nunca logró construir un movimiento social y político que se propusiera derrotar plenamente el neoliberalismo con visión post-capitalista. Su liderazgo personal es el jalonador. Se convirtió en un caudillo. El movimiento social y la izquierda "estatista" se aislaron muy rápido del "movimiento ciudadano" y se lo dejaron a gentes con ideas anti-politiqueras pero sin una clara definición ideológica (al estilo en Colombia de Claudia López o de Sergio Fajardo). El anti-neoliberalismo y la plurinacionalidad de Correa se quedaron en retórica, y frente a la terminación del auge ascendente de los precios del petróleo y commodities, Correa ha tenido que retomar algunas de las políticas del BM y del FMI que en un principio fueron objeto de su ataque.
Sin embargo (al igual que sucedió en Colombia con el paro agrario), es la derecha corrupta y oligárquica (encabezada allá por Nebot, y aquí por Uribe) la que pretende canalizar políticamente esas protestas. El paro nacional en Ecuador no tiene la fuerza suficiente, se apoya en la posibilidad de bloqueos y cierres de carreteras por pueblos indígenas, pero éstos también están divididos.
Lo que ocurre en Ecuador es una lección para todos. Si el "anti-neoliberalismo" se limita y queda reducido a pequeñas reformas y aprobación de subsidios (supuesta re-distribución de la riqueza), y no se apoya en un fuerte y organizado movimiento social para avanzar hacia cambios estructurales (incluyendo la conformación de la Patria Grande Latinoamericana y la construcción de una base económica propia), tarde que temprano será neutralizado por el gran capital financiero transnacional que va "ahogando" los "procesos de cambio", como viene ocurriendo en Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia y el mismo Ecuador.
Los gobiernos progresistas van mostrando sus limitaciones políticas, ideológicas y prácticas, pero también, la izquierda tradicional no está a la altura de coger y levantar la posta del cambio. Ésta se "amarra" a reivindicaciones sectoriales de los trabajadores estatales y el grueso de la población la identifica con una especie de "sindicalismo estrecho y burocrático".
Por ello se requiere un "nuevo paradigma social y humano" para desbrozar el camino.
Un nuevo paradigma social y humano está en pleno desarrollo...
Se propone fortalecer el Pro-común colaborativo del Siglo XXI. Éste tiene una amplia experiencia acumulada por la humanidad. Su sentido es comunitario y social. Asume con creatividad el inmenso desarrollo de las fuerzas productivas, no le teme a los avances tecnológicos sino que los utiliza para construir democracia directa a todos los niveles.
Ese paradigma recoge los trabajos sobre el "gobierno de los bienes comunes" que combina la gestión integral de la vida social de los seres humanos y su relación con la naturaleza aplicando los avances científicos de las ciencias de la complejidad.
La acción real de millones de personas que ya construyen pro-comunes colaborativos en diversos campos de la vida humana deberá ser complementada por la acción consciente de las mayorías que deben reorientar la acción del Estado y ponerlo al servicio de los intereses colectivos, sin caer en ilusiones estatistas, sin confundir lo público con lo estatal.
Actualmente trabajamos en la tarea de construir –sin  negar los desarrollos anteriores (religiones, filosofía, cristianismo, humanismo, marxismo, anarquismo, etc.)– las bases de ese "nuevo paradigma". Y lo haremos sin pretensiones doctrinarias ni deterministas. No creemos en verdades eternas e inmodificables.
En esa dinámica –sólo como referentes–, recomendamos la lectura del libro de Jeremy Rifkin "La sociedad de coste marginal cero" y de Elinor Ostrom "El gobierno de los bienes comunes".
E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

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lunes, 10 de agosto de 2015

LA VIGENCIA DEL PENSAMIENTO DE FRANCISCO MOSQUERA

LA VIGENCIA DEL PENSAMIENTO DE FRANCISCO MOSQUERA 
Por Fernando Dorado, militante del PTC
El pasado 1° de agosto se cumplieron 21 años del fallecimiento de Francisco Mosquera Sánchez, fundador del MOIR y del Partido del Trabajo de Colombia, destacado dirigente del proletariado y el pueblo colombiano, quien dedicó su vida a la construcción de un partido político que contribuyera a la transformación democrática de nuestro país, lograr la soberanía nacional y avanzar –de acuerdo a nuestras particularidades– hacia una sociedad socialista, justa, equitativa y liberadora de la creatividad humana y popular.
Hoy que Colombia se acerca a la solución política negociada del conflicto armado y que se empiezan a generar condiciones para que los sectores populares y la sociedad en general puedan –después de más de 60 años de violencia– participar plenamente en la vida política de nuestra Nación, se hace necesario identificar los principales aportes teóricos y las enseñanzas prácticas que nos dejó este extraordinario dirigente, para así mismo, con esa contribución, abordar con mayor claridad y capacidad los retos que tenemos hacia el futuro.
En primer lugar podemos decir que “Pacho” Mosquera fue uno de los pocos revolucionarios marxistas –que en su época– se enfrentó a la oleada de falso radicalismo que invadió las mentes de casi la absoluta mayoría de dirigentes y organizaciones que enfrentaban al imperialismo estadounidense, a las oligarquías entreguistas y pretendían conquistar la independencia política y la soberanía nacional.
Ese falso radicalismo que rayó con el “infantilismo de izquierda” convirtió a la revolución cubana en una fórmula mecánica para ser aplicada en los países de América Latina y del Tercer Mundo, y sobre todo, elaboró la tesis de que la principal forma de lucha era la armada, desechando como “mamertismo” u oportunismo, la utilización de las elecciones u otras formas de lucha legal. A su lado apareció la “teoría del foco insurreccional” y el cortoplacismo –el ver a la revolución a la vuelta de la esquina– hizo carrera entre la mayoría de las organizaciones y militantes revolucionarios de la época (años 60s del siglo XX).
Frente a esa avalancha de abstencionismo paralizante, que aislaba a los revolucionarios del conjunto de la población, se alzó la voz –casi solitaria– de Pacho Mosquera. Así, en medio de una permanente y persistente lucha ideológica y política, fue construyendo una fuerza organizada que se apoyó, principalmente en sectores obreros y en una parte del estudiantado revolucionario, y estableció las bases de un verdadero partido proletario.
Pero Mosquera no se limitó sólo a combatir esas tendencias aventureras que llamaban a la insurrección sin tener en cuenta la situación real, la correlación de fuerzas y las condiciones particulares del desarrollo histórico de nuestro país. A la par, usando métodos revolucionarios, enfrentó las prácticas políticas que al impulsar la participación electoral sacrificaban la independencia política de los trabajadores colocándose a la cola de la burguesía.  Mosquera demostró cómo esas prácticas eran herencias mal asimiladas de los denominados “frentes populares” que se constituyeron a nivel mundial en los años 30s y 40s del siglo XX para derrotar el fascismo.
Esa gran contribución y enseñanza histórica de ese pensador, práctico y organizador revolucionario que era Pacho Mosquera sigue siendo vigente en la actualidad. Por un lado, la vida demostró que el camino insurreccional –así existieran motivos para alzarse en armas– no era el adecuado para la nación colombiana. La práctica concreta demostró que tanto la oligarquía como el imperialismo estadounidense tenían las condiciones no sólo para neutralizar a las fuerzas insurrectas sino que estaban en capacidad de convertir ese conflicto armado en herramienta o instrumento para derrotar cualquier proceso de cambio que se desarrollara en Colombia.
Fue así como en medio de esa guerra protagonizada por guerrilleros y soldados en su gran mayoría de origen campesino, los grandes terratenientes y empresarios nacionales y extranjeros se apropiaron de inmensos territorios e invaluables recursos naturales. Han usado la llamada lucha contra-insurgente para despojar a campesinos e indígenas de sus tierras. Degradaron calculadamente a niveles inimaginables la lucha armada para utilizar la consigna de la “lucha anti-terrorista” para poner en marcha un brutal y criminal aparato paramilitar que usaron para exterminar toda expresión de lucha y resistencia social. De esa manera  asesinaron miles de dirigentes sindicales y populares con el argumento de que eran agentes o colaboradores de la subversión armada.
Esa fue la estrategia, diseñada y financiada por el imperio estadounidense, para convertir a todo un país en su principal lacayo en América Latina. Instrumentalizaron el conflicto armado a su favor para impedir que un movimiento civilista enfrentara y derrotara  las políticas neoliberales y anti-populares como ha sucedido en otros países latinoamericanos. Esas políticas fueron impuestas a la sombra de la lucha contra la guerrilla desde finales de la década de los años 80s del siglo XX.
Y claro, Francisco Mosquera vislumbró esa situación y anunció, casi que proféticamente, que los EE.UU., vendrían por todo, como está sucediendo. “Vienen por la tela, el telar y la que teje” escribió en el número 34 de la Tribuna Roja en 1979. Y más adelante, evaluando la caída de la Unión Soviética y del Bloque Socialista de  Europa Oriental, formuló su mayor aporte teórico a la revolución colombiana, planteando que el blanco de la lucha se había reducido a las cúpulas plutocráticas de la burguesía financiera y que era necesario organizar el más amplio “frente único patriótico de salvación nacional”.
Ese aporte y enseñanza está vigente. Ahora, de cara a la terminación del conflicto armado debemos tener en cuenta esas lecciones políticas que nos dejó el camarada Mosquera. Debemos impulsar la más amplia unidad de todos los sectores sociales y políticos que aspiran a re-construir nuestro país en paz, a conquistar la soberanía política para avanzar en la construcción de autonomía económica, y que entienden que la principal e inmediata tarea es construir democracia a todos los niveles, depurar la democracia representativa y avanzar hacia nuevas formas de democracia directa, deliberativa, participativa y ciudadana.
Son numerosas e importantes las enseñanzas de Francisco Mosquera en el terreno de la economía política, la historia, su visión internacionalista, la táctica y la estrategia. Se debe resaltar su convicción leninista de que “sin teoría revolucionaria no existe movimiento revolucionario” y su compromiso con la juventud sobre la base del planteamiento de que “no se puede transformar el mundo sin el concurso de los jóvenes”.
Debemos recuperar y repensar esas magníficas enseñanzas de Mosquera para, asimilando aportes y contribuciones de otros pensadores, políticos y revolucionarios colombianos como Jorge Eliécer Gaitán, Antonio García Nossa, Camilo Torres, Estanislao Zuleta, Orlando Fals Borda y otros muchos, potenciar y perfeccionar nuestra práctica política para responder con eficacia a los innumerables y complejos problemas que tenemos por delante, hoy que el capitalismo vive una profunda crisis que incluso pone en entredicho la sobrevivencia de la humanidad ante el peligro de guerras nucleares o una hecatombe ambiental.  
A realizar ese esfuerzo y tarea teórico-práctica llamamos a la intelectualidad, a los académicos veteranos y jóvenes, y a los luchadores revolucionarios que por un motivo u otro se han quedado en el camino por cansancio o escepticismo. Sabemos que Francisco Mosquera, desde donde esté, nos acompañará e iluminará con su espíritu y lucidez proletaria y revolucionaria. ¡Eso esperamos!        
Cali, 10 de agosto de 2015
E-mail: ferdorado@gmal.com / Twitter: @ferdorado


        

lunes, 20 de julio de 2015

EL VIEJO ROMÁN CAJIAO

EL VIEJO ROMÁN CAJIAO

Conocí al viejo Román Cajiao cuando se acercaba a sus 60 años. Era un campesino negro de cuerpo menudo que vivía en la vereda Caponera al norte del municipio de Caloto, muy cerca de la localidad de Villarrica. Era el administrador del acueducto interveredal que prestaba servicio a otras veredas vecinas como Guabito, Barragán y Quintero. El acueducto funcionaba mediante el sistema de bombeo, contaba con un tanque elevado y el agua no era de la mejor calidad.

Me recibió en la entrada de su humilde casa de habitación. A pesar de su figura menuda tenía unos gruesos brazos y unas manos enormes. Transpiraba fortaleza y tranquilidad. Su mirada serena e inteligente generaba – al instante – confianza y certidumbre. Representaba con nitidez a su raza. La bondad le brotaba en forma natural. A veces reía burlonamente mostrando sus fuertes dientes que ya estaban un poco amarillentos pero que – al igual que todos sus congéneres –, era uno de sus motivos de orgullo. “Hasta ahora no he perdido ni una muela” decía con su voz ronca, gruesa y espesa, que me recuerda a los cantantes de jazz de los EE.UU. En fin, don Román Cajiao era todo un personaje.

Cajiao era el típico campesino que se resistió a la invasión de la caña de azúcar. Era un ejemplo de perseverancia por defender su “finca tradicional”. Hizo hasta lo imposible por evitar que su familia desistiera de la lucha por defender su tierra y terminara por vender su predio a uno de los ingenios azucareros del Valle o a algún testaferro enviado por ellos. Me relataba decenas de casos de cómo habían engañado a sus vecinos o conocidos para obligarlos a vender. Utilizaron hasta la Caja Agraria para endeudar a los campesinos para sembrar cultivos transitorios como maíz, millo, sorgo o la misma caña, los “orientaban” con mala fe y los llevaban a la quiebra sabiendo que detrás venían los grandes terratenientes comprando las hipotecas. Así se apoderaron de las tierras, aprovechándose de la ingenuidad de los campesinos negros de la región.  Todo ello está contado con mucho detalle en los libros escritos por Miguel Taussig, un australiano que en los años 70 realizó investigación social en la región y que se hizo llamar Mateo Mina. Don Román lo conoció personalmente dado que vivió en la vereda Caponera durante una parte del tiempo que estuvo investigando en la zona.  

El viejo Cajiao era un hombre maravilloso. Daba el pecho sin una queja. Sabía que moriría en su terruño y que nadie lo sacaría de allí. Por eso rodeó su finca de árboles frutales, entre ellos de aguacate, para tratar de evitar la “plumilla” de la caña y los vapores contaminantes que los agroindustriales cañicultores utilizaban para fumigar las extensas áreas sembradas en caña que rodeaban las pequeñas fincas de los campesinos negros que resistían en forma paciente, callada y valerosa. Asesoraba y animaba a sus vecinos para no aflojar, encabezaba los pleitos por el manejo del agua, realizaba gestiones para mejorar los servicios públicos, estaba pendiente del funcionamiento de la escuela y del puesto de salud, y buscaba asistencia técnica para tratar de mantener y mejorar los cultivos asociados a la finca tradicional y alternativos a la caña. Su maravilla – desde mi punto de vista – consistía en su inmensa facultad de ponerse en los zapatos del otro.

Él me enseñó la capacidad de perdón que es uno de los sentimientos que portan los descendientes de los esclavos negros traídos desde el África. No lo dicen pero he descubierto que guardan ese sentimiento al interior de sus almas. Muchos confunden esa actitud con la conformidad o la pasividad abyecta. Pero no, el negro es de por sí orgulloso. Tiene conciencia de su fuerza. A veces le capto una especie de temor o miedo a  liberar su energía reprimida, que él sabe que puede lastimar a otros.

Durante las guerras de independencia los contingentes guerreros conformados por hombres adultos y jóvenes negros denominados “los macheteros” del Patía y del Cauca (que eran del norte del Cauca), nombres que hoy portan en sus insignias algunos batallones del ejército colombiano, eran muy apetecidos por los caudillos militares de la época. La tradición del machetero surgió del arte de la vara que desde tiempos inmemoriales practicaron los pueblos africanos. Era un arte de la guerra mediante el cual se disciplinaba al niño desde su más tierna edad. Todavía lo practican los Massai y otros pueblos en lo profundo del África Central y en Etiopía.

Los españoles les cambiaron la vara por la espada y más adelante, en forma espontánea el “arte de la esgrima” se convirtió en una tradición negra de nuestras regiones. En la guerra, la fuerza y velocidad de un machete eran superiores al arcabuz, que al ser disparado por su portador, si no conseguía dar en el blanco o inutilizar a su oponente, perdía su eficacia. Son famosas las aventuras y peripecias de afamados macheteros que mataron con su filo certero a decenas de oponentes antes de ser heridos o muertos en combate. 

El viejo Cajiao sabía eso y mucho más. Al igual que don Sabas Casaram, un viejo patriarca negro quien fue cadete y perteneció al Batallón Presidencial, que murió no hace mucho tiempo en Puerto Tejada, tenían en alta estima su raza y su nobleza de siempre. Era otro hombre sabio, oriundo de Buenos Aires, con una gran cultura y una memoria prodigiosa. Siempre reivindicó al negro por encima de quienes tanto los lastimaron. Me haría largo en mencionar nombres de hombres y mujeres notables de nuestra gente negra, nobles de corazón a quienes siempre llevaré en mi mente. No puedo dejar de mencionar a Luis David Mosquera, una especie de historiador natural del Patía. Tampoco puedo olvidar a don Ramón Ibarra, a quien conocí con una edad de más de 100 años montando de a caballo y visitando sus varias mujeres y sus numerosos hijos a lo ancho y largo del Valle del Patía. Menos olvidaré a Inocencia Balanta, maestra de escuela de El Ciprés descendiente de los negros cimarrones del Palenque del Castigo (Capellanías) o a Julio Mosquera de los negros de Jamundí y Timba pero que había migrado al sur de El Tambo.

El verdadero Amador Carabalí era un negro curtido de sufrir, campesino de Quilcacé quien me contó historias de lucha y de sufrimiento que nunca se borrarán de mi mente porque hacen parte de mí. A ellos y a tantos amigos y amigas de la zona sur del municipio de El Tambo, les dedico este capítulo.

martes, 14 de julio de 2015

EL MUNDO CAMBIA A PASOS ACELERADOS

EL MUNDO CAMBIA A PASOS ACELERADOS
- Euroasia - encabezada por Rusia y China - es el nuevo poder hegemónico global.
- Europa se hunde como proyecto solidario (humilla y sacrifica a Grecia).
- EE.UU. agacha la cabeza y hace a un lado a Israel (acuerdo con Cuba e Irán).
- América Latina se libera de EE.UU. (pero le falta consolidar su unión).
- La crisis económica y financiera global se profundiza (más desempleo y pobreza).
- El sujeto social que emerge es el cognitariado precariado ("profesionales precariados" que es el mismo proletariado de siempre pero con una nueva forma).
- Una contra-economía paralela post-capitalista surge paulatinamente aprovechando la tercera revolución tecnológica (los "prosumidores"-productores y consumidores a la vez- usando el Internet de las Cosas recrean el Pro-común Colaborativo que es una nueva forma de socialismo).
Colombia también cambia... termina el conflicto armado y se prepara para construir verdadera democracia.
Espere los desarrollos de esta idea...http://redsomosciudadanos.blogspot.com/

lunes, 13 de julio de 2015

GRECIA Y EL MOVIMIENTO GLOBAL DE RESISTENCIA

De cómo los “maximalistas de izquierda” convierten el NO en SI
GRECIA Y EL MOVIMIENTO GLOBAL DE RESISTENCIA
Bogotá, 12 de julio de 2015
El pueblo griego emitió un contundente NO a la política de austeridad que viene imponiendo la “troika” compuesta por el FMI, el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Europea (CE).
Los alcances y límites del NO
Hay quienes interpretan el NO como un salto al vacío. Lo relacionan con alguna de estas situaciones: 1. Negarse a pagar totalmente la deuda o declararla absolutamente impagable. 2. Salirse de la Unión Europea y del Euro. 3. Derrocar a la oligarquía griega y “hacer” la revolución socialista. 4. Entregarse totalmente a la órbita de Rusia, China y los BRICS.
La verdad es que el referendo que impulsó y logró el NO, es una estrategia política para ganar tiempo. La intención visible para el pueblo griego que lo apoyó es  renegociar y reestructurar la deuda en mejores condiciones, lograr la condonación de una parte de ella, y sobre todo, impulsar un movimiento en toda Europa contra el poder omnímodo de la “troika”, contra la política de recortes sociales y la llamada “austeridad”.
Además, el gobierno de Tsipras ha puesto la lucha por “democracia real” en primera línea. Al convocar al pueblo a pronunciarse mediante un referendo está enfrentando la esencia de la democracia representativa. La consulta popular es una figura que se asemeja a una gran Asamblea Pública, eje central de la democracia directa que le dio vida a esta forma de gobierno que inventaron los griegos.
La campaña por el “NO” derrotó la campaña del miedo desarrollada por el gran capital. El pueblo griego venció a los partidos y a los medios de comunicación oligárquicos, a todos aquellos que temían perder lo mucho o poco que poseen ante la eventualidad de salir del “euro” y, a los escépticos y pesimistas que existen en todas partes.
Es preciso entender –para no transformar el triunfo en derrota–, tarea en la cual los “maximalistas” son expertos, que por ahora, las transformaciones estructurales que golpeen al neoliberalismo y al mismo capitalismo, no podrán ser ni siquiera planteadas en el inmediato futuro, por cuanto el gran capital tiene arrinconado al pueblo griego. Se necesita respirar, tomar aliento y buscar la forma de reaccionar a la ofensiva. Por ahora, nos tienen a la defensiva.
Además, la trampa en que están metidos los pueblos de los países económicamente más débiles de Europa hace imposible una solución por separado. El poder del “euro”, en manos principalmente de los bancos alemanes, transfiere permanentemente riqueza de los países pobres a los ricos, renta del trabajo al gran capital. El problema es de todos los europeos. El pueblo helénico dio un primer paso en la dirección correcta, pero puede –indudablemente– salir sacrificado. No obstante, ya mostró con valentía un camino a seguir.
La crisis económica –que no es sólo una crisis financiera coyuntural sino una manifestación más de la crisis sistémica del capitalismo– ha empujado en ese mismo sentido a amplios sectores sociales de varios países europeos y del mundo que sufren las políticas de austeridad impuestas por la burguesía financiera y el imperio capitalista.
Los alcances y límites de los gobiernos democráticos y progresistas
Es indispensable entender que ni Syriza ni ningún gobierno democrático –tanto en Europa como en América Latina– está en condiciones, ahora, YA, de romper y enfrentar al poder del capital financiero con medidas anti-capitalistas. No pueden lanzarse a aventuras individuales y correr el riesgo de tener que enfrentar bloqueos financieros y económicos como el que ha sufrido Cuba durante más de 50 años. Por eso se requiere mucho tacto, prudencia y gran visión estratégica.
Lo que vienen haciendo los gobiernos democráticos y progresistas de América Latina –en  términos estrictamente económicos– es lo que se puede hacer. Renegociar contratos con empresas transnacionales, imponer condiciones sociales y ambientales a los proyectos mineros y petroleros, iniciar procesos de industrialización y fortalecimiento de bases económicas “propias”, atender con subsidios la población más pobre y reversar los procesos de privatización atacando a los grandes monopolios.
Se podría hacer mucho más si existiera voluntad política para fortalecer la integración regional frente al imperio y al gran capital financiero pero, ello depende en lo fundamental del movimiento social y político de carácter democrático y de izquierdas. Su tarea es transformar consistentemente la correlación de fuerzas en favor del pueblo, aislando y neutralizando a los sectores burgueses que se “colinchan” de muchas formas en los procesos de cambio y obstaculizan el avance. Hay que aprovechar la “pausa anti-neoliberal” para construir nuevas formas de democracia política, económica y cultural, fortalecer la organización y la movilización popular y, avanzar con paso firme hacia transformaciones más profundas.
Claro, sin hacerse ilusiones en el “Estado heredado” que sigue siendo una herramienta del gran capital. Éste no ha perdido el Poder sino sólo el gobierno. Para desgracia de los pueblos la dirigencia democrática ha caído en la ilusión “institucional”. Esa es la causa principal de los procesos de burocratización y “cooptación” del movimiento popular, para beneplácito del establecimiento burgués y frustración de los trabajadores y comunidades de base.
El precario equilibrio de la economía y el movimiento global de resistencia
Es claro que existen condiciones objetivas para impulsar cambios revolucionarios en el mundo. La recesión de la economía en China es un hecho, los precios del petróleo siguen cayendo, ya nadie desconoce el caos ambiental producido por el cambio climático, y la crisis económica mundial se profundiza. El poder financiero es un castillo de naipes soportado en el juego especulativo de bonos financieros y en un mercado bursátil virtual.
El precario equilibrio de la economía global necesita a diario nuevos “estímulos extras” para controlar medianamente la crisis. Utiliza la inyección de recursos públicos al sistema financiero privado, promueve guerras destructivas para generar proyectos de reconstrucción, crea y explota noticias sobre descubrimientos tecnológicos, usa éxitos económicos pre-fabricados de una u otra empresa, impone recortes de conquistas sociales, y traza múltiples formas de evitar la hecatombe.
Sin embargo las condiciones subjetivas no están a la altura de la crisis. Los partidos políticos de izquierda tradicional miran hacia atrás. Todavía se piensa con enfoques nacionalistas y “estatistas”. Los nuevos movimientos recién aparecen y les falta madurar. La gente no tiene todavía conciencia anti-capitalista. La lucha por rescatar la democracia pareciera ser la primera prueba de fuego. Se debe depurar la democracia representativa, construir nuevas formas de democracia directa, deliberativa y participativa, y fortalecer el pro-común colaborativo.
A pesar de todo un gran movimiento continental y mundial está en plena gestación. Es necesario visualizar ese movimiento y empezar a concretarlo. Dicho movimiento tiene como protagonista principal a los pueblos de América Latina que están luchando y derrotando las políticas neoliberales. Esa corriente internacional no será en el inmediato futuro un movimiento único o dirigido por determinadas fuerzas. Será la sumatoria flexible y plural de muchos esfuerzos locales, regionales, continentales y globales. Unos por mayor democracia, otros ambientalistas, unos más por “antiglobalización”, los ya existentes por “auditoría” de la deuda pública, y los más, por derrotar las políticas neoliberales para avanzar hacia una sociedad “post-capitalista”. 
Lo ocurrido en Grecia es una señal y un síntoma. La vida empuja, ella misma nos obliga a cambiar. ¡Hay que acelerar el paso...!
Nota: Los “maximalistas de izquierda” tratan a los demócratas y progresistas que llegan a los gobiernos como oportunistas, reformistas, quinta columnas de la burguesía y demás epítetos de ese estilo. Incluso, muchos de ellos no están de acuerdo con la vía electoral y civilista. Pero cuando éstos llegan al gobierno les exigen ésta vida y la otra, y si no “decretan” la revolución o se lanzan a aventuras individuales, los tratan de traidores y renegados.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

miércoles, 8 de julio de 2015

EL SUJETO SOCIAL DETRÁS DE PODEMOS Y SYRIZA

El sujeto social detrás de Podemos y Syriza

ES EL PROLETARIADO BAJO UNA NUEVA FORMA

Bogotá, 8 de julio de 2015

Lo ocurrido en Grecia es parte de una subversión pacífica que se impone en el mundo como parte de la rebelión popular contra el poder financiero. Acudir al referendo es volver a la “democracia directa”. La que usaron hace 2500 años los labradores del campo y artesanos griegos contra la oligarquía ateniense.

En España se va en la misma dirección. Convertir el fervor de los “indignados”, con sus acampadas y asambleas populares, en un movimiento que usa las elecciones para derrotar en su terreno a los partidos tradicionales (PP y PSOE) –que son verdaderas herramientas de las cúpulas financieras de Europa–, no sólo es genial sino efectivo y revolucionario.

Los antecedentes de esos procesos son las revoluciones árabes de 2011 (Túnez y Egipto) y los experimentos sociales de Islandia e Irlanda que enfrentaron, a su manera, el poder del capital financiero. Pero lo interesante es que un nuevo sujeto social está detrás de Syriza y Podemos: el “nuevo” proletariado del siglo XXI o “cognitariado precariado”.

Esas acciones, lideradas por partidos de izquierda, nóveles y renovadores, han sido posible porque están sustentadas en el espíritu de millones de jóvenes que hacen parte –tal vez sin darse cuenta– de un cambio no sólo generacional sino social y político que está en el centro y en el eje de esas transformaciones revolucionarias.

Mientras el grueso de los trabajadores clásicos, los de las viejas factorías y sectores tradicionales de la producción centralizada, los que hacen parte del antiguo sindicalismo “obrero”, están a la defensiva, pegados de lo poco que queda del “Estado de Bienestar” y, por tanto, vacilantes o francamente contrarios a la actitud de los nuevos movimientos, como lo acaban de demostrar en el referendo griego votando por el “SI”, la mayoría de los jóvenes que son “profesionales precariados” o lo van a hacer muy pronto, votaron valientemente por el “NO”.  

Ese “nuevo proletariado” viene mostrándose en el mundo desde hace varios años. Está encabezado por el “sumun” consciente de esos trabajadores del conocimiento y la información, que son los profesores universitarios –“intelectuales”, les llaman algunos-, que concentran en sí mismos tres condiciones importantes: son parte del “cognitariado”, tienen formación política y sufren las consecuencias de las políticas que convirtieron a las universidades y al sector educativo en fábricas de “profesionales precariados”, con bajos salarios, contratos tercerizados, muchos de ellos desempleados o en el “subempleo”, y en condiciones absolutas de “proletarización”.

Ellos fueron en los países árabes el factor dinamizador de la revolución democrática que quedó a medio camino. Esos profesionales precariados habían sido expulsados en su mayoría de Europa por la aplicación de las políticas anti-inmigración. Tienen una visión globalizada del mundo y manejan la información y las redes sociales a su antojo. Allí están, ahora invisibilizados por la represión, las luchas fratricidas entre sectas y partidos políticos nacionalistas, pero evolucionando hacia una consciencia cada vez más universal, social y anti-capitalista.

En Colombia ese “nuevo proletariado” se expresó en 2010 con la “ola verde”. También fue liderado por un profesor universitario –Antanas Mockus–, pero la formación política neoliberal de este personaje, su historia familiar de “lituano perseguido” por el poder estalinista de la URSS, hizo imposible que ese movimiento juvenil avanzara hacia el encuentro con “lo social” y “lo verdaderamente público”. Pero por allí están esos jóvenes profesionales precariados colombianos, buscando y encontrando nuevos espacios de acción.

Ese es uno de los componentes sociales del “movimiento democrático” que en Europa y en el mundo entero está enfrentando el poder coaligado del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Central Europeo y la cúpula política y militar de la OTAN.

Ese movimiento todavía no enfrenta ese poder omnímodo del gran capital con una actitud “socialista” o “anticapitalista” como algunos viejos “marxistas” –que añoran las viejas luchas proletarias del siglo XX– lo quisieran. Pero con sólo profundizar la democracia representativa haciendo uso del “mandar obedeciendo” o acudiendo a referendos populares, como acaba de ocurrir en Grecia, están desbrozando el camino de nuevas y futuras luchas que prometen cambios trascendentales en sus países y en el mundo.


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado