jueves, 26 de mayo de 2022

El gobierno de Petro y Francia frente a América Latina

 

El gobierno de Petro y Francia frente a América Latina

Popayán, 26 de mayo de 2022

Estamos en la recta final de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia. Todo indica que el próximo domingo 29 de mayo se confirmará la tendencia hacia el cambio político que se viene percibiendo desde hace varios años y que con el estallido social tuvo un importante complemento e impulso en 2021.

De acuerdo a todos los pronósticos y a diversas encuestas publicadas a fines de la semana pasada, lo más avanzado del pueblo representado por el Pacto Histórico y sus candidatos, Gustavo Petro y Francia Márquez, obtendrán un triunfo electoral que es inédito en la historia política de este país, en donde la rancia oligarquía nunca ha sido derrotada electoralmente.

La expectativa es si el progresismo obtiene más del 50% de los votos o se debe esperar al 19 de junio para la 2ª vuelta que enfrentaría a quienes ocupen los 2 primeros puestos. Además, se ha apretado la disputa por definir el rival de Petro ante el ascenso de Rodolfo Hernández, un “outsider” que amenaza con desplazar a Federico Gutiérrez, candidato del continuismo.

El interés por un posible triunfo del progresismo en Colombia supera las fronteras de nuestro país. El hecho de que desde hace más de un siglo la casta dominante colombiana sea incondicional y esté al servicio de la política imperial de USA, hace que esa contingencia genere gran tensión política en Latinoamérica y buena parte del mundo occidental.

El ascenso, regreso o mantenimiento de gobiernos de izquierda y progresistas en Perú, Chile, Honduras, México, Bolivia y Argentina, sumado a la posibilidad de que Petro gane y que Lula sea elegido en octubre, hace que las élites (pro) imperiales se pongan nerviosas ante un potencial acuerdo con los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela, y un eventual alineamiento con China y Rusia, en medio de una coyuntura de guerra en Ucrania.

Es indudable que la elección de Petro y Francia inyectará un aire fresco a América Latina, tanto a nivel de gobiernos de izquierda y progresistas como de los movimientos sociales, y aun cuando su posición no es de enfrentamiento con el gobierno de los EE.UU., va a ayudar a generar un nuevo proceso de unión entre los pueblos y países, de cara a problemas comunes que sufre la humanidad como la crisis ambiental y alimentaria, la estanflación que vive buena parte del mundo y la agudización de los conflictos geopolíticos ante el debilitamiento del imperio estadounidense.

Las fuerzas políticas que integran el Pacto Histórico tienen grandes retos y enormes desafíos en el inmediato futuro. Entre ellos, uno de los principales es impedir que los movimientos y organizaciones sociales pierdan su autonomía por efecto de la cooptación de sus dirigentes como ha ocurrido en países vecinos, en donde al ser parte del “Estado heredado” se han desmovilizado y debilitado las fuerzas sociales y los mismos procesos de cambio han sufrido retrocesos sustanciales.

El reto inmediato es gobernar y contribuir con el fortalecimiento de las fuerzas del cambio. Si queremos impulsar la industrialización del aparato productivo y el cambio de la matriz energética con fuentes de energía limpias y renovables, la principal tarea será fortalecer y consolidar las fuerzas económicas, sociales, políticas y culturales que tienen interés en avanzar en esa dirección.

Las experiencia de los gobiernos progresistas y de izquierda -un poco en negativo- nos muestran el camino. Algunos de esos desafíos son: 1. Fortalecer y mantener la unidad interna; 2. Construir y desarrollar direcciones colectivas; 3. Derrotar tendencias burocráticas propias y de los aliados; 4. Impedir y/o neutralizar las prácticas corruptas; 5. No caer en provocaciones; 6. Apoyarse en la gente; 7. Profundizar la democracia a todos los niveles; 8. Convertir las políticas asistencialistas existentes (subsidios) en instrumentos de cambio; 9. No confundir Gobierno con Estado y Poder.

Nota: Si Hernández supera a Gutiérrez -haya o no 2ª vuelta- debe leerse en positivo. Sería una enorme derrota para Uribe, Duque y todas las mafias electorales que están detrás de “Fico”. Calificar a Hernández de “uribista” sería un error así ese candidato tenga veleidades autoritarias y tendencias claramente “derechistas”. Otro reto hacia el futuro es impedir el surgimiento de los Bolsonaros o Bukeles en nuestro país. Todo está en nuestras manos. 

jueves, 5 de mayo de 2022

¡Claro que quieren matar a Petro!


 ¡Claro que quieren matar a Petro!

Popayán, 4 de mayo de 2022

Vivo en un lugar que al igual que en Cartagena se manifiesta la más nítida expresión de la naturaleza de la casta oligárquica que ha dominado desde siempre en Colombia. Usaré una de las características urbanas de esta ciudad, Popayán, para tratar de explicar por qué las clases dominantes colombianas recurren a la violencia y a la perfidia para derrotar cualquier proyecto político que amenace con afectar sus intereses y privilegios.

En esta ciudad el aeropuerto fue construido en 1949 a menos de un (1) kilómetro del “centro histórico”. Allí vivieron hasta los años 80s del siglo XX los herederos de los grandes terratenientes y esclavistas del “Gran Cauca”. Esa jurisdicción correspondió a casi la mitad del territorio nacional hasta 1903. Y lo curioso es que el aeródromo ocupa todavía ese lugar. A su lado, está el batallón del ejército en donde funciona la IX Brigada, una de las más grandes del suroccidente colombiano.

Esas instalaciones aéreas y militares ocupan un sector estratégico y son uno de los principales obstáculos para el desarrollo urbanístico de la capital caucana. Constituyen un inexplicable tapón para el crecimiento armónico y ordenado de la ciudad. Los urbanistas que conocen del tema así lo certifican. ¿Cuál es la razón de esa cercanía? ¿Qué tiene que ver ese hecho con la psicología de la oligarquía colombiana? ¿Cuál es la relación con la posibilidad de que asesinen a Gustavo Petro?

Cuando los españoles fundaron la ciudad en 1537 lo hicieron expulsando a los pueblos indígenas que habitaban este territorio. Para hacerlo, trajeron consigo a miles de “yanaconas” reclutados en Perú y Ecuador. Desde el principio fue un “fuerte militar y eclesiástico”. Instalaron pequeños “pueblos yanaconas” en los alrededores de la ciudad para protegerse de los “nativos”. No obstante, esa casta aristocrática vivía en permanente estado de angustia ante la posibilidad de que sus “protectores” se aliaran con los “indios malos” para destruir e incendiar la ciudad.

Tenían en mente lo ocurrido con la ciudad de Caloto que fue quemada y destruida 7 veces por indígenas nasas que no permitían que en su territorio se estableciera esa “avanzada de colonización y muerte”. La dejaron tranquila solo hasta que se estableció en la zona plana del norte del Cauca. Esa fue la razón por la cual la casta dominante de Popayán localizó el aeropuerto y el batallón lo más cercano posible a sus viviendas para poder huir oportunamente cuando se produjera el alzamiento indígena que los perseguía como una pesadilla. Y tal hecho sucedió pero no como lo imaginaban. Los pueblos indios recuperaron sus tierras y no les preocupó para nada la ciudad.

Y así es como ha vivido la oligarquía colombiana. Llena de temor y al borde de un ataque de nervios ante la posibilidad de una rebelión popular. Su más grande temor es que indios, negros y mestizos se unifiquen con los “blancos pobres” para cuestionar su poder. Y es la razón de que reaccione con tanta violencia cuando surgen proyectos democráticos y plebeyos. Los asesinatos de Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán, y numerosos candidatos presidenciales durante la década de los años 80s y 90s del siglo pasado (XX), son la demostración de esa actitud psicótica y criminal. 

Hoy Petro se proyecta como el próximo presidente de Colombia. Representa a fuerzas democráticas y populares que son una amenaza para esa casta dominante. El candidato de la oligarquía no da la talla. El denominado “centro” se difuminó fácilmente. Los ataques del gobierno Duque en vez de debilitar al candidato progresista, lo fortalecen. No valen campañas de miedo ni trampas, mentiras y embustes. Es un hecho que registran hasta las encuestas contratadas y manipuladas por el establecimiento oficial y los medios de comunicación comprados y a su servicio.

En cualquier otro país una situación de este tipo sería algo normal y no llegaría a los extremos que se viven en Colombia. Aquí, los niveles de beligerancia no tienen límites. El gobierno interviene impunemente en la campaña electoral. La cúpula de militares corruptos confrontan al candidato de la oposición. Y, lo más preocupante, la dirigencia del Pacto Histórico denuncia un plan para atentar contra la vida de su candidato. Es algo gravísimo teniendo en cuenta los antecedentes históricos.

Esta realidad lacerante obliga a que los sectores democráticos tensionen sus fuerzas. Hay que impulsar campañas de solidaridad a nivel internacional y asumir las más exigentes medidas de seguridad y de cuidado. Tanto Petro como Francia pueden realizar una campaña virtual usando los medios digitales y llamar al pueblo a apropiarse de la campaña en forma masiva y creativa. Es un deber velar por su vida y evitar que la oligarquía nos lleve a un nuevo baño de sangre.   

Sabemos que el acceso al gobierno por parte de fuerzas democráticas y populares es el paso inicial para derrotar políticamente a las fuerzas de la muerte y de la corrupción. Se trata de empezar a desarmar materialmente a quienes no quieren la paz ni la reconciliación. No es una tarea fácil pero debe asumirse dentro del marco institucional existente, con absoluto espíritu democrático y total seriedad. Conocemos los riesgos y dificultades que ello implica pero no existe otro camino.

¿Cuáles son las circunstancias que hacen que sea tan difícil para la clase dominante colombiana –“aliada estratégica” del gobierno de los EE.UU.- aceptar que un gobierno progresista logre llegar a la primera magistratura de la nación?

Primero, esa oligarquía sabe que este país es un volcán que ha acumulado demasiada energía potencial y que cualquier válvula de escape se puede convertir en una explosión de grandes dimensiones. El nivel de pobreza, desigualdad e injusticia son su principal combustible.

Segundo, una buena cantidad de empresarios, terratenientes y políticos corruptos están comprometidos con los graves crímenes que se cometieron a la sombra de la guerra contra la insurgencia. El juicio que hoy tiene contra las cuerdas al expresidente Uribe los tiene nerviosos sobre lo que les podría ocurrir si un gobierno progresista fortalece en verdad el aparato de justicia.

Tercero, les preocupa el futuro de los enormes negocios (globales y locales) que giran alrededor de la economía del narcotráfico y de la violencia que se alimenta de esos recursos. No les cabe en la cabeza que un gobierno que ellos no controlan pueda develar el entramado de intereses oscuros que se han armado entre las cúpulas económicas, políticas, militares y las mafias narcotraficantes.

Cuarto, sus patrones estadounidenses están preocupados frente al momento geopolítico global. La guerra en Ucrania, la crisis económica (estanflación), el cambio climático y demás variables que prevén una aguda inestabilidad política mundial, los pone a la defensiva frente a la posibilidad de que un gobierno progresista ponga a Colombia a la cabeza de un nuevo alinderamiento de América Latina por fuera del control del imperio norteamericano.  

No es casual, entonces, que acusen a Petro de ser “una amenaza para la democracia”, “un enemigo de la nación”, “un peligro para las instituciones” y demás apelativos descalificadores y ofensivos. Y todos sabemos que en un país en donde los grupos armados ilegales tienen un amplio control territorial y comprobadas relaciones con cúpulas de las fuerzas militares del Estado, esas denominaciones se constituyen en un abierto llamado y en una orden de atentar contra Petro.  

Por todo lo anterior, hay que reiterar que la oligarquía colombiana siempre ha actuado de esa manera sin que sus altos representantes se “unten” de sangre. Así es como han defendido sus intereses y privilegios frente a quienes ellos consideran sus enemigos. Y también, debemos decir que todas las clases dominantes del mundo lo hacen cuando lo pueden hacer. Solo que unos son más taimados que otros. Y los taimados son mucho más peligrosos.

No obstante, no podemos caer en la provocación o en el terror. Todo apunta a que las fuerzas de la vida pueden derrotar política y electoralmente a las fuerzas de la muerte. Y de acuerdo a todas las evidencias, pueden hacerlo en la primera vuelta (29 de mayo). El momento es crucial para avanzar por vías democráticas y pacíficas, apoyándonos en la organización y la movilización popular y desechando cualquier tipo de aventura.

¡Colombia va ser una potencia de la vida y va a derrotar la muerte!

Nota: La extradición de afán y a las carreras de alias “Otoniel”, es una confirmación más del miedo que tiene el establecimiento corrupto y mafioso de que se conozca la verdad. Se asimila a la desaparición de alias “Matamba”. Todo es oscuro con este gobierno.   

miércoles, 20 de abril de 2022

Francia Márquez, una construcción y realidad social

 

Fotografía tomada de Semana Rural

Francia Márquez, una construcción y realidad social

Popayán, 20 de abril de 2022

“En un universo en el que todos buscan el rostro de la verdad debajo de la máscara, la mejor manera de descarriarlos es llevar puesta la máscara de la verdad”.

Slavoj Zizek

“Es la única que pasea a la noche en pleno día. Y desde entonces, se salió de la fila, arrebató su antorcha y mostró sus dientes”

                                                               Fernando Maclanil

Algo entusiasmador ocurre en Colombia. Es la primera vez -en mucho tiempo- que “los de arriba” están asustados con la voz de alguien “de abajo” que habla por “los nadies”. Tal vez desde los tiempos de Gaitán no ocurría ese fenómeno. Aunque ahora es más dramático dado que Francia Márquez, quien es esa voz, en realidad no tiene otro poder más que el de ser ella misma.

Francia y los nadie

La irrupción de Francia Márquez en la política colombiana ha sido una verdadera “bomba”. Lo es, porque nadie se lo esperaba. Poco a poco, en los debates de campaña y entrevistas con los medios de comunicación, la fueron reconociendo. Su acento caucano, sus “otras” expresiones (“los nadie”, “las mayoras”, etc.) y la inteligencia y firmeza al responder, llamaron la atención y generaron simpatía.

Además, es una mujer en un país machista; negra en una sociedad racista; campesina y minera en un sistema excluyente y depredador; víctima del conflicto armado en un régimen guerrerista; madre cabeza de familia en un Estado que desconoce y no cuida a las gentes humildes y trabajadoras; y luchadora ambientalista en un país que asesina a diario a sus líderes sociales.

Francia se formó como lideresa social a partir de sus experiencias familiares y comunitarias en Suárez, un municipio del Cauca (Colombia). Afinó sus cualidades enfrentando los megaproyectos minero-energéticos depredadores como la represa de la Salvajina (hidroeléctrica) y la gran minería legal e ilegal, que arrasa con las formas de vida que han construido sus pueblos ancestrales. 

Existe bastante información sobre su vida y pasado reciente. Seguramente no conocemos lo suficiente sobre los valores éticos y humanos que recibió de su familia y comunidad. Estudió la carrera de Derecho en Cali con mucho sacrificio y esfuerzo, siendo ya parte de un proceso de organización comunitaria. En la actualidad impulsa el movimiento “SoyPorqueSomos”.

Ha popularizado el concepto de “Vivir Sabroso” que es similar al “Buen Vivir” de los indígenas. Se trata de no negar los deseos y disfrutar con alegría de lo que somos; de transformar el mundo ahora y ya; de no separar lo pequeño de lo grande; de dejar de correr detrás de la ilusión de la riqueza cuando estamos en medio de ella. “Vivir sabroso” es vivir sin miedo; es pensar y actuar juntos. Es una filosofía que está por concretarse en un mundo súper-acelerado, triste, insípido y soso.

Francia y la política actual

La irrupción de Francia (y lo que ella representa) en la política colombiana se puede asimilar a la aparición del M19 en 1970. En esa época, dicho movimiento fue expresión de un sector de las clases medias citadinas que impactó en toda la Nación. También, es comparable con la incursión del movimiento indígena en los años 80-90s del siglo pasado (XX), con ocasión de las luchas por la tierra, culturas, lenguas y costumbres, y su aporte en la Asamblea Constituyente.

Es importante recordar que los trabajadores colombianos asalariados habían irrumpido en la política en los años 20 y 30 del siglo XX, pero no lograron construir una identidad política propia. Igual los campesinos desde 1936. Sus luchas fueron canalizadas por los partidos tradicionales y no pasaron de la lucha gremialista y economista (sin visión propia, sin proyecto de largo aliento).

Ahora, Francia Márquez ha llegado hablando de “los nadie”, “los invisibles” y “los ninguneados”. Con un nuevo lenguaje y una estética de ruptura con el establecimiento clasista, racista, patriarcal y excluyente, esta mujer ha logrado desencadenar una nueva mística y un enorme entusiasmo entre amplios sectores del pueblo que no se siente representado por nadie.

Ese pueblo que en las estadísticas aparece como los “informales”, desempleados, marginados y “sin datos”, es el que empieza a tener consciencia de sí mismo cuando escucha a Francia. Se ve y se siente interpretado e interpelado por ella. Y ella los menciona a todos, todas y todes; negros, indios y mestizos; mujeres, jóvenes y diversos; los sin empleo y sin vivienda digna. “Los nadie”.

Y por ello, el movimiento que ella representa es realmente “algo nuevo” que está por desarrollarse. Es una expresión viva y concreta del estallido social que recientemente vivió nuestro país.

Diferencias visibles

Francia Márquez llegó al Pacto Histórico en un momento oportuno, inyectó mística y entusiasmo en sus filas y marcó algunas diferencias que señalamos en forma sintética:

-  Francia es parte de un movimiento étnico (afro) pero su discurso es social y amplio.

-  Su visión y acción enfrenta al sistema, al modelo y al régimen, y no solo a un gobierno.

-  Unifica diversas causas que otros “sectorizan” (clase, etnia, mujer, víctimas, jóvenes, etc.).

-  Participa en la política electoral pero no se deja imponer prácticas y cálculos electorales.

-  Utiliza un lenguaje popular y directo pero envía mensajes con profundidad ética y filosófica.

-  Convoca a organizarse a todo nivel para transformar la sociedad y no solo a las instituciones.   

La acción de Francia se ha podido potenciar y visibilizar porque -a diferencia de anteriores procesos- en la actualidad existe un entorno político de carácter nacional y global (con el tema del cambio climático) que es fruto de un camino recorrido que se ha concretado en el Pacto Histórico.   

En ese sentido, Gustavo Petro ha sido determinante en ese proceso porque ha ayudado a unificar a casi toda la izquierda y progresismos y se han podido agrupar una serie de fuerzas no solo políticas sino de movimientos y organizaciones sociales, experiencia que supera lo ocurrido en el pasado.

Expectativas hacia el futuro

En cuanto a las expectativas se pueden plantear algunas ideas a la espera de que:

1. Francia sea bien aprovechada en lo que resta de la campaña electoral y en el fortalecimiento del Pacto Histórico. Tal parece que la dinámica de los acuerdos políticos con “fuerzas tradicionales” no ha podido compaginarse plenamente con la tarea de seguir buscando el apoyo de “los de abajo” con decisión y transparencia.  

2. Lo que representa Francia hacia el futuro, o sea, un verdadero rompimiento y deslinde con las prácticas políticas tradicionales, logre consolidarse en Colombia. Ello incluye muchas de las actitudes de nuestras “izquierdas” y fuerzas alternativas que han venido siendo influenciadas por la tradición clientelar y el burocratismo cuando se llega a instancias de gobierno.

3. Que las ideas, prácticas y comportamientos políticos de Francia, que han mostrado un enfoque diferente (diverso, plebeyo y firme), una ética exigente (viva y presente) y una estética retadora (colorida, alegre, de ruptura, sin complejos), logren cuajar en procesos de organización popular que enfrenten -en verdad- las causas estructurales que hoy conducen a la humanidad a la hecatombe ambiental y a la extinción como especie. Se requiere una actitud “antisistémica”.   

martes, 5 de abril de 2022

Lo que se mueve bajo la superficie

 

Gigantesca manifestación realizada en el monumento a Los Héroes en Bogotá, el sábado 15 de mayo de 2021 en protesta contra el impopular gobierno neoliberal de Iván Duque

Lo que se mueve bajo la superficie

Popayán, 5 de abril de 2022

Para quienes no conocen la estructura del Estado colombiano es difícil comprender lo importante que es acceder a la presidencia de la república. No es un asunto menor[1]. Por ello en este país la oligarquía y la casta política tradicional no duda en hacer hasta lo imposible -fraude o asesinato- para evitar que los sectores populares puedan elegir a uno de los suyos en ese cargo.

Ellos saben que un ejercicio de ese tipo puede ser una válvula que desencadene un movimiento social y político que ponga en peligro muchos de sus privilegios históricos. Son conscientes del grado de pobreza, desigualdad, inequidad e injusticia que existe en este país y temen que un gobierno democrático sea rebasado o superado por una avalancha de tipo popular.

No obstante, la actual dirigencia progresista sabe que los cambios estructurales no se pueden realizar de un día para otro. Son conscientes que el camino insurreccional nos llevaría a nuevas guerras, al bloqueo imperialista y a la derrota. Y por ello, se plantean construir a mediano plazo un futuro común con los trabajadores y pueblos latinoamericanos, una economía productiva y sostenible (social y ambientalmente) y una democracia participativa como instrumento político.

Es importante subrayar que en la mayor parte del territorio colombiano subsiste una dominación colonial en donde los herederos de la vieja aristocracia terrateniente y esclavista utilizan al Estado para controlar a la población mediante una especie de clientelismo burocrático, corrupto y mafioso, que interviene en todos los aspectos de la vida económica, social, política y cultural de las gentes.

En las regiones donde el desarrollo capitalista ha reducido ese control (Bogotá, Cali y otras ciudades), y en las zonas en donde  las comunidades campesinas, indígenas y afros han construido procesos de organización popular (Nariño, Cauca, Putumayo, parte del Tolima, Huila y Boyacá, etc.), se ha transitado por caminos de emancipación social. En otras regiones, especialmente las golpeadas por las Farc, ese control se mantiene aunque se observan avances libertarios sustanciales.

Sin embargo, se debe señalar que la violencia ha sido la herramienta preferida por la casta dominante colombiana para impedir el avance de los trabajadores y los pueblos. Desde siempre esa oligarquía terrateniente de origen esclavista (que hoy es una oligarquía financiera transnacional) ha usado la provocación violenta para generar alzamientos prematuros, para aislarlos y golpearlos, y así, ha desaparecido a los dirigentes populares mediante la persecución y el asesinato selectivo.

Lo hicieron durante la revolución comunera (1781), en los primeros años de la guerra de independencia (1810-13), en la época de las sociedades democráticas y la acción del general José María Melo (1854), en los tiempos de la “guerra de los mil días” (1899-1902), durante las huelgas “salvajes” de finales de la década de los años 20s del siglo XX (masacre de las Bananeras), y antes y después de asesinar a Jorge Eliécer Gaitán (1948). Ha sido la constante en nuestra historia.

Hoy, luego de 70 años de conflicto armado, en donde esa oligarquía consiguió instrumentalizar la acción de las guerrillas insurgentes para impedir la organización y la acción masiva de los sectores populares, se están presentando las condiciones para dar un salto de calidad, emulando en parte a los pueblos latinoamericanos vecinos, pero a la vez, tratando de superar esas experiencias con base en una serie de acumulados históricos que es necesario valorar y precisar[2].

Por ello, la dirigencia progresista y de izquierda ha diseñado una estrategia para acceder por vías pacíficas a la presidencia de la república, establecer un “gobierno de transición” hacia la democracia y la paz, e iniciar un proceso tranquilo y paciente de transformación de la sociedad, que incluye el concepto del “buen vivir” o el “vivir sabroso” que ha planteado Francia Márquez. “Convertir a Colombia en un potencia mundial de la vida”, es su consigna principal.

Es indudable que hoy tenemos una extraordinaria dupla de dirigentes que encarnan lo mejor de nuestro pueblo. Petro y Francia representan lo más avanzado de los trabajadores, mujeres y jóvenes de nuestras ciudades y de las comunidades campesinas, indígenas y negras, que han desarrollado durante las últimas dos (2) décadas luchas sociales de gran importancia regional y nacional[3]. Su propuesta programática recoge esas causas y plantea las principales soluciones.

La coyuntura de la primera vuelta y cómo ampliar la coalición

En esta coyuntura el Pacto Histórico afronta un problema táctico. Para derrotar al candidato “uribista-duquista” (Fico Gutiérrez) se necesita sumar por lo menos 6 millones de nuevos electores con relación a lo obtenido el 13 de marzo/22. Y, a pesar del extraordinario entusiasmo y de la enorme mística que ha desatado la candidatura a la vicepresidencia de Francia Márquez, todos son conscientes que para obtener el triunfo en la 1ª vuelta se debe ampliar la coalición.

En ese sentido, aunque la mayoría de los dirigentes del Pacto Histórico tienen claro que se deben hacer esfuerzos para obtener el apoyo del Partido Liberal, no todos sus integrantes entienden la importancia de esa tarea. Es evidente que mientras César Gaviria sea su líder (expresidente que implementó las políticas neoliberales en 1990), tendrán que hablar con él y llegar a acuerdos. Es bueno tener en cuenta que una parte de los senadores liberales elegidos y la mayoría de los representantes a la Cámara liberales (electos) ya están con Petro, en parte, forzados por las bases sociales o por su propia convicción, pero el significado de un apoyo oficial es muy importante.  

Las llamadas líneas rojas que ha colocado Gaviria no tocan en lo esencial las reformas planteadas por el Pacto Histórico como son los cambios a las EPS, fondos de pensiones privados, reforma tributaria progresiva, industrialización del aparato productivo, etc. Además, no se ha pensado impulsar una Constituyente debido a que la Carta Política de 1991 tiene un margen de desarrollo por vía legislativa, y menos se va a proponer la reelección presidencial (que fue propuesta de Uribe), que son asuntos que preocupan a algunos sectores del liberalismo.

Es más, hacer público esos posibles acuerdos -así Gaviria le saque el cuerpo a la alianza- es beneficioso para el Pacto Histórico por cuanto se envía un mensaje de tranquilidad a un conjunto de personas que militan en diferentes partidos o que no militan en ningún partido pero que pueden ser influenciados por las campañas engañosas y las mentiras que utilizan los contradictores de Petro para meter miedo con base en las supuestas pretensiones autoritarias y antidemocráticas del candidato del Pacto[4].

Igualmente, llegar a acuerdos con los liberales no implica que el Pacto Histórico se someta a la voluntad de sus aliados pero si le garantizaría una gobernabilidad suficiente a un eventual gobierno de Petro. Lo principal que se debe entender es que un “gobierno de transición” requiere de una gran convergencia política y social para consolidar la paz, fortalecer la participación democrática, y avanzar -con calma y tranquilidad- hacia los cambios que nuestro pueblo necesita y requiere.

Es clave comprender que el hecho de buscar un acuerdo con esos sectores “tradicionales” es también un mensaje público sobre el talante democrático del Pacto Histórico y sus candidatos. Y no es un asunto menor cuando los contradictores de derechas y guerreristas tratan de posicionar la idea -como lo lograron hace 4 años (2018)- de que “Petro es una amenaza para la democracia colombiana”, y ante la posibilidad cada vez más cercana de su triunfo electoral, han iniciado una campaña agresiva que incluye amenazas y llamados a “armarse” para defender la libertad.

El triunfo del Pacto Histórico está cada vez más cerca pero su dirigencia no puede dejarse provocar, aislar o tensionar. La alegría y la creatividad que ha mostrado nuestra juventud en las movilizaciones sociales debe seguir estando al frente de la campaña electoral como garantía de victoria.


[1] El régimen “presidencialista” en Colombia le otorga un enorme poder a quien lo ejerce, dado que tiene en sus manos una serie de herramientas para colocar a los demás poderes (legislativo, judicial, público y electoral) bajo su tutela. Los denominados “cupos indicativos” o cuotas parlamentarias, le da una gran capacidad para cooptar a senadores y representantes a la Cámara, y la forma como se eligen los magistrados, fiscal, procurador, contralor, defensor del pueblo y otros órganos de control, le permiten incidir en forma determinante en su selección, elección y nombramiento.    

[2] Existen acumulados organizativos entre las comunidades indígenas, negras y campesinas, en sus luchas medio-ambientales y en defensa del territorio; también están en construcción nuevos procesos de organización entre los jóvenes, las mujeres, y los profesionales precariados de las ciudades; y existen importantes experiencias productivas entre los pequeños y medianos productores agropecuarios. Además, el hecho de contar con una Constitución Política relativamente avanzada, nos libra de caer en el “fetichismo de la Ley” y nos coloca en la tarea práctica de combinar la institucionalidad existente (así sea colonial y capitalista) con las acciones propias y concretas de la gente.     

[3] En 2008 la Minga Social y Comunitaria y el paro de los corteros de caña; en 2011 y 2018, las grandes movilizaciones estudiantiles universitarias; en 2013, el paro cafetero y el paro nacional agrario; en 2017, el paro cívico de Buenaventura y Quibdó; en 2019 y 2021, el paro nacional contra la reforma tributaria que se convirtió en un verdadero “estallido social” que impactó a todo el país durante varios meses. Y en medio de estas luchas se han desarrollado innumerables luchas locales o regionales por servicios públicos, contra los proyectos minero-energéticos que degradan nuestra naturaleza, por sustitución de cultivos de uso ilícito, y otra serie de causas particulares.

[4] Todos los medios de comunicación del “uribismo” (ej. Periódico Debate) y la intervenciones del candidato Gutiérrez, plantean que Gustavo Petro es “castro-chavista”, comunista, “prorruso”, enemigo de la democracia y demás embustes.

miércoles, 30 de marzo de 2022

El poder de los nadie y de los ninguneados

 

Foto: Pixabay

El poder de los nadie y de los ninguneados

Popayán, 30 de marzo de 2022

Lo más interesante de lo que ocurre en Colombia es que se está desmitificando la acción política, incluyendo, la política electoral.

Muchas personas se hacen activistas del Pacto Histórico pero sin convertirse en “operadores políticos”. Usan el “voz a voz” como su instrumento más efectivo para conseguir nuevos votos.

La irrupción de Francia Márquez en la acción política colombiana ha imprimido un nuevo espíritu en las gentes del común, en los “nadie”, que ella reivindica y representa.

Esa corriente de aire fresco ha logrado superar el “antiuribismo” que se respiraba en la campaña oficial de Petro para inyectarle una dosis de “anti neoliberalismo”.

“Los de abajo”, los que como Francia han luchado contra todas las minerías (legales e ilegales) y los megaproyectos que arrasan con nuestros bosques y ríos, están felices con ese aire confrontador.

Los usuarios de los servicios públicos (electricidad, agua, aseo, telefonía, salud, etc.) que pagan altas tarifas a emporios de capitalistas que se apoderaron de “lo público”, son los más comprometidos con esta lucha porque aspiran a cambios reales en esas materias.

Los caficultores veteranos que fueron testigos de cómo -durante el gobierno de César Gaviria- se destruyó y privatizó la riqueza de su gremio (banco cafetero, flota mercante, aerolínea, etc.), están contentos de que se desenmascare a ese “neoliberal”.

Los campesinos que sufrieron la destrucción de las instituciones que les prestaban servicios de crédito (Caja Agraria), asistencia técnica (Ica, Fondo-Dri) y mercadeo (Idema), no han olvidado a quien les decía “bienvenidos al futuro” pero los introdujo en un pasado oscuro y tenebroso. 

Y en fin, tantas personas que se frustraron luego de que la Constitución de 1991 fue convertida en un instrumento de los poderosos para enriquecerse a costa de “lo público”, han renovado sus fuerzas y su entusiasmo para no apoyar “más de lo mismo”.

El salto de calidad que se ha generado en las bases sociales que participaron en el “estallido social” de 2019-21, está superando las expectativas de quienes colocaban el acento de la campaña del Pacto en la lucha contra el “uribismo” y llamaban a conciliar con los “falsos liberales”.

Los nadie, los ninguneados, los invisibles, saben que Uribe logró permear a la oligarquía colombiana, a campesinos ricos y medios golpeados por las guerrillas, y a casi toda la clase política colombiana, y que esos sectores deben ser atraídos pero sin engaños ni falsedades.

De esos políticos permisivos con el uribismo sólo se “salvan” algunos que han rectificado en el tema de la “paz” que en su gran mayoría ya están con el Pacto. No obstante, unos pocos de ellos, en su afán de “ganar” olvidan que ahora se trata de construir la “paz grande”.

Esos políticos deben profundizar en su espíritu autocrítico, y si realmente quieren contribuir con el nuevo período en que está entrando nuestro país y el mundo, deben valorar el aporte de la “nueva sangre” que viene desde abajo, de muy abajo, que “llama las cosas como son así sepan a requesón”.

El reto de los “operadores políticos” del Pacto Histórico es lograr conectarse con el espíritu de quienes están llegando ahora a la campaña electoral, que son la garantía de poder derrotar la abstención y transitar por nuevos caminos de transformación (por arriba y desde abajo).

Y hacia el futuro, asimilando la experiencia de los pueblos latinoamericanos debemos ser conscientes que los cambios que requiere nuestro país y el mundo, van mucho más allá de las decisiones que se tomen desde el Gobierno. Que si no nos apoyamos en la fuerza de la gente “de abajo”, organizada o no, todo puede quedar en el papel como la Constitución de 1991.

Y reflexionar y entender que para enfrentar el Poder Global de la oligarquía financiera hay que cuidarse de la “cooptación”, que consiste en separar al “político” de las bases sociales, haciéndole creer que sólo con leyes y decretos se va transformar una realidad de explotación del trabajo y de expoliación de la riqueza social (recursos naturales).

Ese es el reto que tenemos por delante. Valorar a los nadie, a los ninguneados de siempre.  

 

miércoles, 23 de marzo de 2022

El Pacto Histórico con Francia y Petro empieza a hacer historia

 

Francia Márquez y Gustavo Petro

El Pacto Histórico con Francia y Petro empieza a hacer historia

Popayán, 23 de marzo de 2022

Un amigo que jugaba muy bien el billar siempre que hacía una extraordinaria jugada decía: “Al saber lo llaman suerte”. No obstante, sabía que en momentos determinados algo que podría llamarse “suerte” le ayudaba a ganar. Quienes juegan le llaman “estar enchufado”.

Hoy el progresismo y las izquierdas colombianas están “enchufadas”. No se trata de suerte ni de coincidencia -como decía mi amigo- sino de la confluencia de varios factores que lo hacen posible. La agudización de las malas condiciones de vida; la fusión de inconformismo, indignación y conciencia política; y la existencia de acumulados organizativos, han generado una situación nueva. 

En un artículo de hace más de un año (06.03.2021) planteamos que habíamos entrado en Colombia en un “nuevo momento político”. El tema de la “paz pequeña” (desmovilización de las Farc) estaba básicamente superado y para garantizar la “paz grande” se requería el cambio del modelo económico y político. En eso estamos en la actualidad.

Decíamos (entre otras cosas) que “el bloque de poder oligárquico está debilitado”, “las clases medias empiezan a girar hacia el progresismo”, “la pandemia ayudó a desnudar nuestras miserias”, “la crisis de los partidos políticos obliga a que surjan nuevas expresiones políticas” y “existen evidencias que las mujeres y los jóvenes serán determinantes para ese nuevo momento”.

Después del estallido social y del intento fallido de las castas dominantes de hacer creer que era “una estrategia subversiva para destruir la institucionalidad democrática”, se puede afirmar que vivimos ese nuevo momento político. Los resultados de las elecciones del pasado 13 de marzo confirman la existencia de un proceso con fuertes raíces sociales, que -por desgracia- el conflicto armado instrumentalizado por el imperio (y el narcotráfico) no dejaba apreciar y desencadenar.

Gustavo Petro y Francia Márquez, los dos precandidatos ganadores dentro del Pacto Histórico, encarnan esas dinámicas sociales que son complejas y no-lineales. Cada cual representa en su particularidad la diversidad de luchas populares que -afortunadamente- confluyen en la coyuntura actual pero que tienen orígenes, esencias y naturalezas diferentes.

Dos visiones que deben encontrarse

Todo apunta a que en Colombia se empieza a plasmar un proceso político que intenta combinar -en forma creativa- el trabajo gris y cotidiano de construir formas de poder popular con la acción electoral para poner a nuestro servicio la institucionalidad existente, sin pretender transformarla de un día para otro y sin abandonar la lucha por cambiar la sociedad a partir de “autogobiernos”.

Esa tarea está en el centro de los debates de las luchas populares, progresistas y de izquierda que están en desarrollo en América Latina y el mundo. Actualmente existen 2 tipos de procesos que parecen antagónicos (los “autonómicos” vs. los “institucionalizados”) debido -en lo fundamental- a que las distintas experiencias hasta ahora ejecutadas han llevado a la cooptación y debilitamiento de los movimientos populares por parte del Estado en manos de gobiernos progresistas.

En forma panorámica podemos afirmar que  Evo y Linera en Bolivia se dejaron cooptar, aunque los movimientos sociales bregan “desde abajo” por rectificar; Correa nunca tuvo una estrategia popular, quiso hacerlo todo desde el Estado (desde arriba); Lula, desarrolló una práctica muy similar a pesar de la existencia de “los sin tierra”. Ahora arranca Boric en Chile pero existe una dislocación con el movimiento popular que no está muy organizado, a excepción del pueblo mapuche. El peligro de las experiencias como las de Lula y Correa es que le preparan el camino a los Bolsonaros.

Desde otra perspectiva, está la valiosa experiencia de los “neozapatistas” mexicanos que, aunque se sostienen en sus dinámicas locales, parecieran aislarse en su “autonomismo” y se desconectan de la vida y del pueblo de la nación mexicana y del mundo. En Colombia, la experiencia indígena y afro está en medio de la lucha por autonomía y un proceso de cooptación institucional sin que haya habido todavía un gobierno progresista. Es una realidad compleja por definir y explicar.

Sin embargo, todo eso puede cambiar si se evalúan seriamente los procesos anteriores y se logra aclarar el problema. Por lo general, se le echa la culpa a los “políticos” y se exculpa “a priori” a la dirigencia “social”. Ello lleva a asumir una conducta “purista”, facilista y de aislamiento. Se le deja el espacio abierto a todo tipo de oportunistas sin darles la lucha en su terreno, y luego, cuando la burocratización y la corrupción han hecho carrera, se dice olímpicamente… “¡se los dijimos!”.

Es por ello que debemos impulsar un debate más profundo sobre el carácter y la naturaleza del Estado, y desarrollarlo con la gente, sin temores ni fundamentalismos, sin verdades eternas y con espíritu de aprendizaje. La vida de los pueblos y la sobrevivencia de la humanidad nos obliga.  

Francia y Petro frente a las leyes (escritas y no escritas) y a la historia

Francia Márquez ha sido escogida como candidata a la vicepresidencia en fórmula con Gustavo Petro. Ella se formó en un proceso netamente “social” de campesinos y mineros negros del Cauca, mientras que él, de origen popular de un barrio de Zipaquirá (Cundinamarca) fue formado en “política” partir de su militancia en el M19, guerrilla democrático-nacionalista de los años 70s y 80s. Cada uno tiene su propia historia de luchas valiosas y meritorias.

Encontramos en la acción política de Francia unas características particulares. Su “éxito” electoral -hasta ahora- consiste en comportarse como lo que es, sin máscaras ni poses. Es una auténtica “outsider” muy diferente a tantos candidatos que hoy posan de “antipolíticos” sin serlo, y por ello no pueden competir con ella. Ella es transparente y espontánea; ellos turbios y predecibles.

Francia es una rebelde pacífica que actúa dentro del sistema. Alguien que dice las cosas sin cálculo pero con convicción; una persona que actúa rigiéndose por una ley que no está escrita (Ubuntu) y por eso, ella no se traiciona. Sus ideas de igualdad, dignidad y justicia social están alimentadas por prácticas reales y vitales, que la comprometen con causas de pueblo y de humanidad.

Ella está protagonizando algo inédito, algo transformador en sí mismo, algo nuevo, porque su actuar en todo sentido se sale de la política tradicional. Su lucha por los derechos de los excluidos, de las mujeres y de género, de los jóvenes, de las víctimas del conflicto armado y por el cuidado de la naturaleza, no surgen de los libros y las teorías sino de su propia vida y la de su gente.  

En cambio, Petro tiene que jugar a lo tradicional, tiene que actuar con base en la ley escrita, y de alguna manera se traiciona (ojalá lo haga conscientemente) porque la imagen que le han construido es la de ser un guerrillero  y un comunista. No obstante, también se la ha jugado toda su vida, enfrentando el paramilitarismo y a la corrupción, desafiando a la oligarquía y al uribismo, y construyendo un programa que contempla transformaciones importantes para la sociedad tanto en lo nacional como regional (latinoamericano) y global (mundial).

La contradicción a resolver en medio de la práctica, tanto por ellos como por los movimientos sociales y políticos, ha sido planteada por Francia en sus intervenciones. Es, a la vez, una consigna de los jóvenes colombianos: “No solo se trata de cambiar de gobierno (subsistema del Estado heredado) sino que la tarea es cambiar la sociedad”. No se niega a participar en un gobierno pero sabe que la acción principal no es “administrativa”. No se trata de “hacerle el favor” al pueblo desde el Gobierno o de ilusionarlo con leyes y decretos que van a cambiar su realidad. Se trata de aprovechar esos espacios institucionales para fortalecer la organización popular y la sociedad civil.

Recorderis  

Es importante recordar que todo acto verdaderamente transformador se funda en una ley que no está escrita. Todas las civilizaciones y sociedades tuvieron sus leyes no escritas, de carácter comunitario y colectivo, que se parecen mucho entre sí. Cuando las sociedades se dividieron en clases y/o castas y surgieron los gobernantes, llámense reyes, emperadores, marajás, jeques, incas, aztecas, etc., llamaron a los hombres sabios de su época y les pagaron para que escribieran los “libros sagrados”. Desde ese momento esas leyes perdieron su carácter colectivo y comunitario. Fueron instrumentalizadas por el poder de un sector minoritario de la sociedad: los poderosos, los hombres, los “sabios”, los opresores, los que mandan.

No obstante, esas leyes están allí. Existen en la memoria colectiva. Hacen parte de la humanidad y de la tradición de muchos pueblos ancestrales. Hoy, dichas leyes son indispensables para restaurar la vida y construir un futuro digno para el conjunto de los seres humanos. Francia Márquez, cuando rememora sus ancestros nos recuerda esas leyes no escritas. Y en eso consiste su fuerza

miércoles, 16 de marzo de 2022

Colombia: ¡El pueblo no se rinde, carajo!

 

Francia Márquez del movimiento Soy porque Somos

Colombia: ¡El pueblo no se rinde, carajo!

Popayán, 16 de marzo de 2022

Los resultados electorales del pasado 13 de marzo/22 reflejan las dinámicas sociales, políticas y culturales que evolucionan en Colombia. Las fuerzas del cambio lograron importantes avances mientras las fuerzas del statu quo parecen resistir la ofensiva progresista y popular. Para hacerlo, recurren con descaro a las herramientas “institucionales” que han construido durante el largo período de dominación oligárquica que estimula la corrupción y la trampa, como son la compra de votos, el clientelismo estructural, los miedos inducidos, la violencia sistémica, las mafias extorsionistas y el fraude electoral, que en esta ocasión parece haber sido en grande.  

Daniel Coronell en su reporte periodístico resume lo ocurrido con bastante exactitud: “Los triunfadores fueron el Pacto Histórico y las maquinarias políticas tradicionales”. Unos, con el triunfo de Petro y Francia en las consultas presidenciales, y las otras, que consiguieron mantener sus mayorías en el Congreso aunque con algunos reacomodamientos y fisuras. Igualmente, la compilación de las cifras que realiza Fernando Antonio Cuervo en el periódico Desde Abajo muestra los votos obtenidos por los diferentes candidatos, partidos, coaliciones y movimientos.

En este escrito nos centramos en lo ocurrido con el Pacto Histórico. Lo relacionado con las derechas y el “centro” ocurrió (más o menos) lo que previmos en artículo anterior: Afirmamos que el Centro Esperanza sufriría un duro golpe y que la coalición de derechas obtendría resultados aceptables.

El Pacto Histórico y el estallido social

Tabla 1. Votación por la consulta presidencial del Pacto Histórico por departamento (región)

Departamento

Votantes

% del total de votos

Departamento

Votantes

% del total de votos

Amazonas

5.519

10,65%

Guaviare

7.682

11,87%

Antioquia

405.740

8,00%

Huila

120.615

13,70%

Arauca

16.222

7,63%

Guajira

87.874

13,64%

Atlántico

328.869

16,35%

Magdalena

143.138

13,99%

Bogotá

1.205.594

20,20%

Meta

103.698

13,28%

Bolívar

257.611

15,24%

Nariño

313.171

26,54%

Boyacá

115.342

11,58%

Norte de Santander

85.247

6,57%

Caldas

75.210

9,28%

Putumayo

56.476

23,36%

Caquetá

33.350

10,76%

Quindío

52.712

10,80%

Casanare

33.857

11,14%

Risaralda

103.257

12,38%

Cauca

269.493

26,44%

San Andrés

4.240

8,25%

Cesar

143.387

16,51%

Santander

224.321

12,65%

Chocó

70.781

21,25%

Sucre

146.514

20,04%

Consulados

47.207

5,19%

Tolima

126.447

11,32%

Córdoba

216.293

16,38%

Valle

690.068

18,80%

Cundinamarca

307.624

14,86%

Vaupés

2.493

10,66%

Guainía

2.733

8,56%

Vichada

3.493

6,56%

Subtotal

3.534.832

 

 

Total

5.806.278

 

Fuente: Registraduría Nacional del Estado Civil (se toman los resultados de todos los votantes incluyendo tarjetas no marcadas y votos nulos, porque muestra que era la intención votar por el PH)

Se puede observar que el suroccidente colombiano (Nariño, Cauca, Chocó, Putumayo y Valle) al igual que Bogotá, obtienen porcentajes altos, por encima del 20% del total de votantes habilitados. En un segundo nivel están los departamentos de la Costa Caribe que superan casi todos los 13 puntos porcentuales, a excepción de Sucre (la tierra de Petro) que logró el 20%. En un tercer lugar están los departamentos del centro del país (Cundinamarca, Tolima, Boyacá, Santander y otros) con porcentajes superiores al 10%. Por último están regiones como Antioquia, Norte de Santander y los departamentos de la periferia, en donde el uribismo es todavía fuerte, por efecto, principalmente, de la acción torpe y criminal de las Farc durante el conflicto armado.

El análisis de las cifras por región y sector social permite observar un fenómeno que está a la vista. Las regiones donde el Pacto Histórico obtuvo resultados importantes son las mismas en donde el estallido social (2019-2021) fue más masivo y organizado. La participación de los jóvenes y de las mujeres fue la nota destacada pero parece que en el actual proceso electoral esa participación juvenil y femenina está a medio camino. Ese es el reto, entusiasmarlos (as) y derrotar la abstención.  

La votación por Francia Márquez y lo que representa para el Pacto Histórico

La candidata por el movimiento “Soy porque Somos”, Francia Márquez, con una mínima experiencia electoral, obtuvo una extraordinaria votación de 783.160 votos. Ella es una dirigente social, afro, ambientalista y víctima del conflicto armado, que se ha destacado en la campaña por representar a los que llama “los nadies”. Ese resultado es el tercero (3°) entre todos los precandidatos que participaron en las consultas interpartidistas, superando incluso a Sergio Fajardo (723.084), ganador de la consulta del Centro Esperanza, quien ha participado en múltiples campañas, además de haber sido Alcalde de Medellín y gobernador de Antioquia.

Ese resultado va a obligar a Gustavo Petro a designarla como su candidata a la Vicepresidencia, aunque el candidato progresista argumenta que dicho cargo es una carta de negociación para ampliar la coalición del Pacto Histórico de cara a ganar en primera vuelta. Si no lo hace en la actual coyuntura, sería como pegarse un tiro en un pie. Ella ha planteado con mucha gallardía y dignidad que “no llegó a dicho proceso por un cargo”, pero, no obstante, luego del resultado obtenido el 13 de marzo/22, las expectativas entre las comunidades negras de este país, las mujeres y los jóvenes, es muy alta. Todos y todas van a presionar para que ella sea la designada, no tanto por la “distinción” sino por el papel que ella puede jugar en estos dos (2) meses de campaña electoral y hacia el futuro.

Francia ha demostrado que no tiene techo. Venía creciendo día a día y puede seguir en esa dinámica. Es emocionante imaginarla con su investidura de candidata a la vicepresidencia recorriendo el país, la Costa Pacífica y Caribe, moviendo a la gente en los barrios populares más pobres de las grandes ciudades, haciendo pedagogía política con base en su propia vida, sus experiencias y palabra, y haciendo un ejercicio político de nuevo tipo. Esta hermosa y valiente mujer puede hacer una campaña electoral que va más allá de los votos, porque más que cambiar gobierno lo que necesitamos cambiar es la sociedad. Esa fue la consigna de los jóvenes de la movilización de noviembre de 2019, y es lo que ella ha venido planteando. Francia es la persona y la dirigente que puede encarnar y conectar el entusiasmo, la alegría y la beligerancia del estallido social con las dinámicas electorales, y darles un sentido más trascendental.

Sería un ejemplo de lo que hasta ahora no se ha intentado en Colombia y en América Latina. Se trata de colocar los procesos electorales “institucionales” al servicio de la lucha directa, de la organización y de la movilización social, de la construcción de autonomías populares, “desde abajo”, y a la vez, lograr la participación de millones de personas en las elecciones, derrotando el abstencionismo electoral. Además, los dirigentes del Pacto Histórico deben tener en cuenta que en las elecciones de primera vuelta los acuerdos entre partidos políticos no son determinantes. En esta fase de la carrera presidencial el voto de opinión es esencial para conquistar a las mayorías.

Y de llegar a ese cargo, estoy seguro que su desempeño sería muy diferente a la de todas las vicepresidentas del mundo entero. Su principal labor sería continuar educando a nuestra gente; haciendo pedagogía política más allá de lo que es la política tradicional. Con su ejemplo, su valentía, su producción intelectual que se apoya en sus ancestros y en su cosmovisión ecológica del cuidado, y con su sencillez y poder de convencimiento que ya ha demostrado, nos ayudará enormemente a transitar por nuevos caminos. ¡Sería maravilloso!

La consigna de “El pueblo no se rinde, carajo”, que Francia y las comunidades afro han posicionado en marchas y protestas, ha empezado a resonar con mayor fuerza al interior del Pacto Histórico y de la sociedad. Y así, podremos lograr que -como ella lo dice al final de sus intervenciones- “la dignidad se haga costumbre”.