jueves, 10 de marzo de 2016

CUALQUIER NOCHE PUEDE SALIR EL SOL (DESDE ANDALUCÍA, ESPAÑA)

Cualquier noche puede salir el Sol

Por: Marcos González Sedano                                                              Andalucía (España), 10-03-2016

Andaba yo paseando por la playa, cuando me acordé de aquel 15M del año 2011 y de Jaume Sisa; de él, el título del artículo.

Antes de aquel famoso día andábamos un grupo de amigos y amigas sevillanos intentando sacar a la calle nuestra indignación. Hicimos intentos de todos los colores, pero fue en un encuentro en el local alternativo de la Tabacalera, en Madrid, cuando uno de los pocos jóvenes que se encontraba presentes nos hizo la propuesta de formar parte de los convocantes de la movida del 15M. Hubo bastantes reticentes entre la vieja guardia, pero al final acordamos sumarnos.

Lo ocurrido después ya lo conocen ustedes. La Puerta del Sol y miles de asambleas en el conjunto del Estado Español y fuera de él, donde nuestra comunidad de emigrantes lo decidió.

Para mí, aquel día se dio un salto cualitativo y cuantitativo. Pasamos de la indignación y la falta de respuestas, que no obteníamos de los viejos aparatos políticos y sindicales, a encontrarnos en la calle, organizándonos en las plazas.  Habíamos iniciado un proceso de empoderamiento. Nuestro objetivo no era alcanzar las estrellas, sino paralizar las atrocidades que los de arriba, las élites, las clases dominantes, estaban llevando a cabo sobre nosotros: parar los desahucios, las privatizaciones y el deterioro de lo público, la contra reforma laboral en marcha…queríamos una democracia real y decidir nosotros en el marco de un Proceso Constituyente, desde abajo.

Así que después del 15M vino la Marcha de los Mineros sobre Madrid, el día diez de julio de 2012, Rodea el Congreso el 25 de septiembre de 2012, Asedia el Congreso el 25 de abril de 2013, Las Marchas de la Dignidad el 22 de marzo de 2014 y, en medio de todos estos momentos, un sinfín de movilizaciones de Las Mareas, verdes, blancas y sindicatos…

Hasta el 22 de marzo de 2014, millones de personas en el Estado Español, se habían auto-organizado y movilizado, con la colaboración de organizaciones de carácter menor, desbordando a las organizaciones del Régimen Español.

Posiblemente el millón de personas que se congregaron en Madrid el 22M hizo que las alarmas rojas del Estado y la élite se encendieran. Pero… ¿qué ocurrió después?

Se paralizaron todas las movilizaciones igual que cuando un árbitro pita el final del partido. Nos fuimos al descanso con unas elecciones europeas, muy deslegitimadas entre los de abajo, pero que sirvieron para el lanzamiento de un nuevo partido, Podemos, que en el imaginario del 15M representaba una forma de canalizar sus aspiraciones.

El 19 de junio de ese mismo año, tras una larga campaña de desvelar parte de las verdades del Monarca, Juan Carlos I abdica y sube al trono su hijo, Felipe. El joven Felipe VI, llega al trono al mismo tiempo que irrumpen en el escenario político con fuerza, otros dos jóvenes españoles, Albert Rivera y Pablo Iglesias.

En mayo de 2015, parte de las energías del 15M hacen un intento de convertir las elecciones municipales en plataformas de empoderamiento ciudadano dirigido por los movimientos sociales.  Pero la lucha por la hegemonía entre Podemos e IU que se encuentran preparando las elecciones generales, dan al traste con ello en la mayoría de las ciudades, fundamentalmente en Andalucía.

El 20 de diciembre de 2015, se celebran elecciones generales y se rompe el bipartidismo, pasando a ser las formaciones que encabezan Rivera e Iglesias, la balanza de las cortes españolas, uno por la derecha y el otro…

Desde el 20 de diciembre hasta hoy, hemos vivido en torno a la elección del nuevo presidente un folletín por entregas, mañana tarde y noche. Donde todo tipo de posible intervención en el tema por parte de la plebe, la mayoría los de abajo, el pueblo, se reduce a contemplar el espectáculo.

Evidentemente estos no eran nuestros sueños y mucho menos los de Don Quijote.

Después de las elecciones europeas, se terminaron las movilizaciones y la expresión de los de abajo en la calle, para dar paso al partido, a los nuevos líderes.

El 31 de diciembre de 2015 en Madrid, en una acto para mostrar músculo, Pablo Iglesias sentenció: “Hoy no estamos aquí para protestar, estamos aquí para decir que el momento es ahora”, refiriéndose a las elecciones generales.

Dónde quedaban las palabras aquel mismo día de Iñigo Errejón: “Un país sólo se pone en pie si se pone en pie su gente”, o las de Juan Carlos Monedero: “Sabemos que haciendo lo mismo es imposible lograr un cambio”. Y sin embargo, hasta hoy lo que está claro es que estamos dentro de la lógica de la segunda Transición Borbónica.

En estas circunstancias posiblemente mi amigo Eduardo diría algo así como… “y de lo nuestro que hay”.

Dónde quedó el 15M y nuestras aspiraciones, que no eran las de tomar el cielo, sino tan sencillas como: “No queremos ser marionetas en manos de políticos y banqueros. Democracia real, paralización de los desahucios (solo en Andalucía se han abierto expedientes de ejecución hipotecaria a 18, 623 familias), retirada de la ley mordaza, paralización de la privatización de los servicios públicos y los despidos de los trabajadores, retirada de la contrarreforma laboral, recuperación de la soberanía económica, renta básica, proceso constituyente”… ¿Qué hay de lo de los de abajo? ¿Por qué hemos paralizado las movilizaciones, si los de arriba, la oligarquía, sigue con su plan de expropiación de los recursos vitales del Pueblo, los de abajo? ¿Hemos aprendido algo de lo ocurrido con Syriza? 

El Pueblo, que es el único soberano, no delega su soberanía; en todo caso, le impiden que la ejerza, y él sólo tiene un par de caminos para expresarse: presionando en la calle a las élites para que cambien sus políticas, o abriendo un Proceso Constituyente. En ambos casos las movilizaciones de los de abajo, el pueblo, son determinantes. Lo demás…ya Bernardo Bertolucci, en su película, Novecento, nos lo explicó.


Cualquier noche de estas, puede que volvamos a Sol.

lunes, 7 de marzo de 2016

NINGUNA ILUSIÓN EN EL GOBIERNO DE SANTOS

La protesta se justifica…
NINGUNA ILUSIÓN EN EL GOBIERNO DE SANTOS
7 de marzo de 2016
En este mes de marzo se entrelazan en Colombia dos procesos paralelos: la firma de la terminación negociada del conflicto armado y la movilización social contra diversas políticas del gobierno.
Lo ideal es que esos procesos convergieran. Pero, varios factores influyen para que eso no ocurra. Al contrario, tanto el gobierno como algunos sectores políticos plantean que una fuerte movilización social puede debilitar al gobierno, fortalecer a los enemigos de la paz y poner en riesgo el “proceso”.
Presentamos unas ideas a fin de desvirtuar esos temores. A la vez, impulsar y fortalecer una posición política que respalde el fin negociado de la guerra pero desde la independencia crítica.    
La iniciativa ciudadana
En Colombia crece la protesta social. Numerosas manifestaciones de inconformidad han sido canalizadas por la juventud citadina. Ha sido el factor social dinamizador que obligó a las direcciones de las centrales obreras a convocar un Paro Nacional para el 17 de marzo. Dicha iniciativa ha aglutinado a numerosas organizaciones sociales y generado expectativa entre la población.  
Todo apunta a que se están dando las condiciones económicas, sociales y políticas para que las fuerzas populares desplieguen su potencia transformadora acumulada desde septiembre de 2008. Por entonces –durante el segundo gobierno de Uribe–, coincidió el paro de los corteros de caña de azúcar con la Minga Indígena, y se inició un ciclo de ascenso de la lucha popular.
Esa gesta obrero-indígena encontró continuidad en la movilización estudiantil de 2011; luego vino la derrota de la reforma a la justicia en 2012; después, el paro cafetero, minero y agrario en 2013, y en 2014, el rechazo nacional a la destitución arbitraria del alcalde de Bogotá. Ahora, a principios de 2016, se nota una incipiente pero sostenida lucha social en Bogotá y en otras ciudades.
Varios hechos y decisiones del actual gobierno de Santos alimentan y justifican la protesta. En primer lugar, la corrupción a todos los niveles, en Saludcoop, Reficar, Justicia, Congreso, Policía, y Defensoría del Pueblo. Luego, –en cascada–, la carestía de la vida, el aumento irrisorio del salario mínimo, el abusivo precio de la gasolina, el anuncio de nuevos impuestos, la venta ilegal de bienes públicos como ISAGEN, el impacto del deterioro ambiental y el aumento del desempleo.
Son síntomas de una doble crisis, económica y energética, que agrava la situación fiscal del gobierno y desnuda la acción de un Estado depredador, al servicio de un modelo extractivista, que crea una situación explosiva en el país.
Sin embargo, notamos con preocupación que la dirigencia de diversas organizaciones sociales y políticas se muestra poco dispuesta a desencadenar el potencial de la lucha popular y ciudadana. La causa principal de esta indecisión es la enorme confusión a propósito del denominado “proceso de paz”, que aparece como pieza central en el devenir de la coyuntura política.
¿De qué paz se trata?
Es evidente que la casta dominante y el imperio estadounidense han trazado una estrategia para instrumentalizar a su favor el anhelo de paz del pueblo colombiano. Así, aprovechando la debilidad política de las FARC, lograron imponer una agenda limitada en las negociaciones de La Habana. Pero, además, tratan de presentar el contenido de esos acuerdos como una trascendental reforma democrática que haría posible la conquista de una paz duradera y estable.
Bajo la cobertura de esa ilusión “reformista” pretenden implementar la segunda fase –más virulenta y agresiva– de políticas neoliberales que ya se iniciaron con la venta de ISAGEN y tienen lista con la Ley ZIDRES. 
Con todo, los acuerdos parciales hasta ahora logrados, benefician –por lo menos en el papel–, a comunidades y habitantes de zonas de colonización. Ésta población marginada ha sufrido el impacto del conflicto armado a lo largo de seis décadas y merece resolver, así sea sólo parcialmente, sus problemas históricos. Sin embargo, este componente de los acuerdos, que es justo y necesario, no alcanza para que los resultados de la negociación sean presentados como una reforma democrática.  
La disputa por la hegemonía política
La complejidad del momento consiste en que la supuesta voluntad reformista del gobierno es adversada por su antiguo socio, el expresidente Uribe, quien trata de explotar sentimientos primarios de la población que fue afectada por la guerrilla en medio de la degradación de la guerra. Además, él interpreta y presenta los acuerdos como una claudicación del Estado ante la insurgencia y como una concesión inaudita a lo que denomina como “proyecto castro-chavista”.
Pero la verdad es que la burguesía transnacional –representada por Santos–, ha impuesto su hegemonía. Tiene el apoyo total del gobierno de los EE.UU. y de la Unión Europea, consiguió el compromiso de la ONU, tiene el concepto positivo de la Corte Penal Internacional y el soporte incondicional de la CELAC y UNASUR. Toda la comunidad internacional ha dado el visto bueno a los diálogos y al proceso de paz, lo que es uno de los grandes logros del gobierno.
A nivel interno, Santos aisló finalmente a Uribe. La mayoría de terratenientes, grandes ganaderos y burguesía agraria, incluidos los dueños de los ingenios azucareros que estaban distanciados del gobierno, ya están comprometidos con la política de pacificación concertada. La Asociación de Oficiales Retirados aceptó el contenido de la justicia transicional acordada en La Habana, que era la principal preocupación de los militares (http://bit.ly/1TlSj4K). Así, el expresidente intenta recuperar la iniciativa política, aprovechando inoportunas decisiones de la Fiscalía General como la detención de su hermano Santiago Uribe, pero sus reacciones ya no tienen la fuerza del pasado, son gestos incoherentes y pataleos para negociar su propia impunidad.          
Es indudable que el gobierno y la guerrilla han cometido diversos errores durante este difícil proceso. Burdos intentos de hacer política partidista por parte del gobierno, la misma guerrilla y sus aliados, generan rechazo entre la población. Dichos errores fueron capitalizados por el “uribismo” para fortalecer temporalmente su posición guerrerista. Sin embargo, lo que se revela –en general–, es la existencia de un marcado escepticismo frente al llamado “proceso de paz”. Tantas décadas de violencia, diversos intentos de paz fallidos, y la permanencia de los factores sociales y económicos que originaron el conflicto, fortalecen los sentimientos de incredulidad que sólo podrán ser superados por la firma del acuerdo y hechos concretos hacia el futuro.
Así las cosas, no se corresponde con la verdad plantear que la protesta popular puede influir negativamente en el denominado “proceso de paz” o que pueda vigorizar a las fuerzas opuestas a la terminación negociada del conflicto armado. Por el contrario, debemos ratificar nuestro apoyo al fin de la guerra pero, a la vez, insistir en que la única forma de garantizar el logro de una verdadera paz es el fortalecimiento autónomo e independiente del movimiento social y popular.
Independencia política para garantizar la continuidad de la lucha
Una cosa es apoyar el fin negociado de la guerra y otra, muy diferente, avalar los acuerdos.  Involucrarse en el contenido de lo pactado es un error. Es creer que de allí puede salir algo “progresista” o “democrático” que beneficie al pueblo. Hay que apoyar en forma genérica ese proceso para que termine la guerra, pero mantener nuestra total independencia. Y es que en la práctica, es un acuerdo entre actores que, después de tres años de negociaciones, no han logrado recoger el interés ni conquistar el respaldo de las mayorías nacionales. ¿Por qué? Porque no las representan. Por el contrario, agencian intereses sectoriales. Eso hay que decirlo y reiterarlo.   
La gran burguesía transnacional necesita despejar de la violencia guerrillera amplios territorios de nuestro país para profundizar sus inversiones en agro-negocios, megaproyectos energéticos y mineros, turismo, biodiversidad y otros. La burguesía emergente surgida en zonas de colonización a lo largo de 40 años de acumulación de capitales, primero de la economía del narcotráfico y, después, de la minería ilegal, necesita integrarse a la economía global y a los mercados. Los terratenientes y la burguesía agraria, de origen colonial y esclavista, que seguía a Uribe y se oponía a los acuerdos con la guerrilla, finalmente dio un viraje y se sumó al proceso, porque sus intereses de clase no están en riesgo.
Por lo tanto, para construir claridad debemos separar esos temas. Quienes quieren utilizar la movilización para debilitar al gobierno frente al tema de la paz, ya jugaron y perdieron. Pero igual, aquellos que intentan canalizar la lucha social para respaldar el proceso de paz, le hacen un flaco favor al gobierno porque, así no lo quieran, debilitan la protesta. A no ser que lo hagan conscientemente para fortalecer su posición en la coalición de gobierno y en el “pacto de paz” que Santos ha construido para ganar gobernabilidad a punta de ofrecimientos burocráticos.    
Por todo lo anterior, hay que llamar a los dirigentes de las organizaciones sociales y políticas de carácter popular y democrático a deslindarse de las componendas burocráticas que está impulsando el gobierno para debilitar la protesta social, a explicar con sentido pedagógico a sus bases la particularidad del momento actual y a preparar con entusiasmo y convicción el paro del 17 de marzo como un paso hacia un Gran Paro Nacional Indefinido que obligue al gobierno a replantear su política económica y social.     
¡Si al fin concertado de la guerra!
¡No a las falsas ilusiones en el gobierno de Santos!

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

jueves, 3 de marzo de 2016

A 20 DÍAS DEL ACUERDO DEFINITIVO

A 20 DÍAS DEL ACUERDO DEFINITIVO

Marzo 4 de 2016

Todo apunta a que los próximos 20 días serán de infarto en Colombia. En estas tres semanas se concentrarán todas las manifestaciones de intemperancia y fanatismo de la derecha guerrerista, las expresiones ensoñadoras de un gobierno que ofrece de la noche a la mañana el paraíso de la paz, las exigencias de un pueblo inconforme que está planteando en las calles reivindicaciones concretas desde el 24-E, y los gritos lastimeros y conciliadores de quienes piensan que cediéndole al gobierno o al uribismo es como se domará la bestia de la guerra.    

A medida que se acerque el 23 de marzo muchos se pondrán nerviosos, unos se crisparán, otros harán apuestas, unos más prepararán viaje, otros organizarán fiesta, algunos alistarán sus fierros, otros chequeras, mientras las mayorías se mantendrán a la expectativa para confirmar –entre escépticos e incrédulos–, que la “paz” si es posible, así sea por ahora un silenciamiento de los fusiles de las FARC en medio del resonar de los revólveres del ELN, que no quiere ser barrido del escenario y se resiste mostrando unos colmillos que no pasan de ser dientes de leche.  

La tensión de los últimos días arrancó con el “conejo” de El Conejo (Guajira). Se llegó al acuerdo de que la pedagogía de la paz de la guerrilla se haría en silencio, al interior de sus batallones y compañías y sin medios de comunicación. Y será intensiva porque queda poco tiempo. Es lo correcto y pertinente. No era prudente repetir la experiencia de la UP. Ni para unos ni para otros.

Ahora la cuerda se templó con la detención de Santiago, el hermano mayor del expresidente Uribe. Los políticos del Centro Democrático acusan al gobierno de perseguidor y violador de los derechos humanos. No recuerdan cuando su jefe político fungía como Presidente que no sólo mandaba a detener sin orden judicial a decenas de dirigentes y activistas populares sino que a muchos los mataban y desaparecían impune y miserablemente.

Después de que se firme el “pacto de paz” la tensión que se origine por la detención de políticos, empresarios, militares u otros agentes del Estado comprometidos con el paramilitarismo o con actos criminales, se centrará en si están relacionados o no con el conflicto. Y de esa manera, poco a poco, la nueva institucionalidad de la justicia transicional se irá abriendo paso en medio del posible resurgir de nuevos grupos paramilitares que –en forma suicida– algún torpe militar o un fanático uribista organice o promueva en alguna región.

Hay gente que quiere que el pan se queme antes de salir del horno. Pero la verdad... el Imperio global ya tomó su decisión y “no hay tutía que valga”.

Después de la firma –si es que se rubrica en esa fecha– vendrán las normales refriegas, los amagues de incumplimiento, las amenazas de parte y parte, las verificaciones y presiones, pero una vez decidida y firmada, no hay formas de arrepentirse. ¡El que se baje del acuerdo pierde… no hay camino de regreso! El objetivo está a la vista: la política sin armas. Eso es lo central.

Lo más seguro es que otro tipo de Bacrim surgirá y se fortalecerá. Combatientes de la guerrilla no comprometidos con el proyecto político no van a renunciar a su forma de vida delincuencial y las condiciones existentes en el país, que no cambiarán de un día para otro, se lo facilitan. Seguirán existiendo durante varios años las condiciones que permitieron la violencia. La debilidad del Estado, la imposibilidad de un control absoluto del territorio, la permanencia de la economía del narcotráfico y de la minería ilegal, y se fortalecerán otras prácticas ilegales como la extorsión y el tráfico de armas y de personas –tanto en el campo como en ciudades–, como ocurre en México o Brasil. Todos esos fenómenos tendrán a los colombianos en ascuas preguntándose si finalmente se podrá conquistar la verdadera paz. Será la “paz perrata” dándonos en la cara.

Ello será así y debemos prepararnos para enfrentar esa situación. La política del Estado, listo para ofrecer mayores incentivos al gran capital para que venga a invertir en la explotación, expoliación y despojo de nuestras riquezas y nuestras tierras, crea esas condiciones para que al lado de esa nueva fase de entrega de nuestros recursos naturales, prospere todo tipo de violencia delincuencial que sólo oculta la crisis social de un país que ya empezó a sufrir las consecuencias represadas de la recesión mundial. Ésta se inició entre 2007-8 con la implosión de la burbuja inmobiliaria en EE.UU. y Europa, con la crisis de la deuda soberana en varios países del viejo continente, además de la recesión de más de una década de Japón y la que está empezando a sufrir China y otros países periféricos como Brasil, China y Sudáfrica. Ya nos afecta y nos afectará muchos años.

Pero lo importante es que la “paz política” prospere y se afinque. Los tres nuevos sujetos sociales de la Colombia del siglo XXI ya han hecho su aparición y van a jugar sus cartas sin recurrir a la violencia. Ya empezó el juego sin que muchos se percataran: el Nuevo Proletariado (profesionales precariados) poniéndose al frente de trabajadores informalizados y desempleados construyendo su Nuevo Proyecto Político en las calles; la “burguesía emergente” buscando en partidos tradicionales de derechas, centros e izquierdas como acceder al Estado para legalizar y consolidar sus capitales; y la burguesía transnacionalizada, apoyándose en las inversiones extranjeras para seguir manteniendo su poder financiero buscando en las clases dominantes tradicionales y, también, de acuerdo a las coyunturas, en las subalternas, quien le pueda administrar mejor sus grandes negocios.

En 10 o 15 años se podrá hacer un balance de la “paz neoliberal” que logrará imponer Santos. Los grandes terratenientes se habrán alineado con la burguesía transnacional para consolidar sus agro-negocios, mientras que los pequeños y medianos productores convertidos en “proletarios con finca” estarán al lado de los trabajadores de la ciudad luchando por conseguir cambios drásticos en su forma de vida. Indígenas y negros mirarán hacia atrás evaluando si pudieron defender en paz sus territorios y si lograron reconstruir sus economías y culturas.

Colombia –si se firma la “paz imperfecta” entre el gobierno y las FARC– tendrá que cambiar. Lenta pero inexorablemente lo hará. Para bien o para mal. ¡Ya lo veremos!     

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado   

  

lunes, 29 de febrero de 2016

NUEVOS SUJETOS SOCIALES DE CARA AL SIGLO XXI

Colombia: “Nuevos” sectores de clase en lucha…

NUEVOS SUJETOS SOCIALES DE CARA AL SIGLO XXI

29 de febrero de 2016

“Las clases son grandes grupos de personas que se diferencian entre sí por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción, por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo, y, por el modo y la proporción en que perciben parte de la riqueza social. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse el trabajo de otro por ocupar puestos diferentes en un régimen determinado de economía social”.

V. I. Lenin

En los últimos 25 años han emergido en Colombia tres sectores de clase diferenciados:

- Una burguesía transnacionalizada conformada por los grandes grupos económicos (los Sarmiento Angulo, Santodomingos, Gillinski, Ardila Lulle, Sindicato Antioqueño, etc.), que en alianza con grandes conglomerados transnacionales (Chevron, Claro, BBVA, P&G, Nestlé, Movistar, etc.) se apoderaron de la casi totalidad de la riqueza privada, gremial (cafetera), comunitaria (pensiones, cesantías, empresas de servicios públicos) y estatal, construida por los trabajadores y empresarios colombianos hasta 1990. Esa burguesía transnacional se apropió también –vía bancos– de una gran parte de los recursos generados por la economía del narcotráfico y hoy está representada fundamentalmente por la burguesía financiera dueña de los grandes bancos y entidades financieras. Para hacerlo se valieron de engañar al pueblo con una supuesta democratización del país planteada en el papel con la Constitución de 1991, a cuya sombra, implementaron el primer paquete neoliberal con la “apertura económica”, incluida.  

- Una burguesía emergente (mestiza, indígena, negra) totalmente diferente de la burguesía tradicional (heredera de las castas coloniales "aristocráticas”) por su origen de clase y étnico, surgida de la acumulación capitalista realizada por pequeños y medianos productores del campo y de la ciudad, surgidos tanto de economías legales como ilegales (café, ganadería, comercio, narcotráfico, minería ilegal y otras áreas). Hoy esa burguesía emergente está legalizando sus capitales e invirtiendo en las grandes y medianas ciudades en diferentes campos de los servicios y el comercio. Políticamente es oportunista y acomodaticia como ninguna, juega con la derecha, centro y hasta con la “izquierda”.  

- Un Nuevo Proletariado ("profesionales precariados") representado por jóvenes profesionales, tecnólogos y técnicos, en su mayoría asalariados, mal pagados, tercerizados, desempleados y oprimidos por el gran capital. Entre ellos los más visibles son los médicos y profesionales medios de la salud, los profesores universitarios, los trabajadores contables, los ingenieros varios, los trabajadores del entretenimiento y la comunicación, los trabajadores de los grandes contratistas del Estado, e infinidad de profesionales que sobreviven de pequeños "emprendimientos" totalmente subordinados por las cadenas productivas monopolizadas por las grandes compañías transnacionales. Políticamente se había expresado tímidamente en 2010 con la “ola verde” con Antanas Mockus pero, ahora con el Movimiento E-24, lo hace con independencia, autonomía y con compromiso social.

Estos tres sectores de clase son los sujetos sociales que determinarán el futuro de Colombia en los próximos 15-20 años. Las clases y sectores de clase tradicionales jugarán su papel pero subordinados a estos nuevos sujetos sociales.

El "proceso de paz" es expresión política del forcejeo de la burguesía emergente pero bajo la dinámica y con la forma aparente de la confrontación entre los sectores de clase tradicionales (terratenientes, burguesía tradicional, campesinos, colonos y proletarios del campo ("raspachines").

En realidad, la burguesía transnacionalizada ha diseñado una nueva estrategia para implementar el 2° paquete neoliberal –más dañino y virulento–. Utiliza las necesidades económicas y políticas de esa burguesía emergente y aprovecha la cobertura del llamado “proceso de paz” para engañar con nuevas promesas reformistas y democráticas que sólo se plasmarán en el papel (vía “plebiscito” o una nueva ANC). Por medio del gobierno Santos usa la debilidad política de las FARC que tiene la necesidad urgente de presentar los “acuerdos de paz” como un gran triunfo de la democracia.  

El “nuevo proletariado” no está preparado para enfrentar ese reto inmediato pero ya ha dado señales de que no se deja engatusar del todo. Habrá que ver su evolución.


E-mail: ferdorado@gmail.com /Twitter: @ferdorado 

jueves, 25 de febrero de 2016

LA METAMORFOSIS DE LOS GOBIERNOS “PROGRESISTAS”

Las derrotas electorales de los “gobiernos del cambio” en América Latina

LA METAMORFOSIS DE LOS GOBIERNOS “PROGRESISTAS”

25 de febrero de 2016

Hemos planteado que el llamado declive de los gobiernos progresistas y de “izquierda” en Sudamérica –entre ellos los últimos 3 gobiernos de Bogotá–, no sólo era previsto sino inevitable. La mayoría de analistas niegan el derrumbe. Desconocen las derrotas electorales sucedidas en serie en Bogotá, Argentina, Venezuela, y ahora, Bolivia.

La causa principal de ese proceso de desgaste y debilitamiento político de los llamados “procesos de cambio” consiste en la inexistencia de una concepción y una práctica verdaderamente revolucionarias que, en medio de la gestión pública del Estado “heredado”, consiga desarrollar y potenciar la capacidad organizativa y transformadora de la población en general.

Por el contrario, desde los gobiernos se coopta a las organizaciones y dirigentes, se debilitan los movimientos sociales y se cercena su autonomía. Además, los gobernantes pierden la capacidad crítica e intentan –infructuosamente– convertir el Estado heredado en la principal herramienta de transformación. Así, políticos revolucionarios se convierten en administradores conservadores.

En la base teórica de esa deficiencia está el desconocimiento del enorme poder de la burguesía financiera global. No somos conscientes de cómo funciona ese dominio. Creemos poder derrotar las políticas neoliberales sin enfrentar el capitalismo sistémico. No entendemos que nuestras sociedades y economías sufren –en forma absoluta– ese control global y que los aparatos “nacionales” de gobierno son parte de ese imperio. No importa quién y con qué ideas llegue a administrarlos, está maniatado por el libreto neoliberal.

Pero además, se confunde Poder con gobierno. Así muchos de los gobernantes afirmen que tienen esa claridad, se comportan como “salvadores supremos”. Se cree –ilusamente– que el acceder a los gobiernos los convierte automáticamente en un “factor de poder y de cambio”. En vez de plantearse un plan para enfrentar gradualmente las causas sistémicas de nuestra dependencia, se implementan políticas no sostenibles ilusionando al pueblo en forma demagógica.

Al sobredimensionar su poder, los “gobiernos del cambio” implementaron dos acciones que se complementan pero que no son perdurables. Por un lado, aprovecharon la coyuntura de los altos precios de las materias primas que se presentó en la primera década del siglo XXI para renegociar las condiciones contractuales y/o tributarias para el capital transnacional. Con los recursos así obtenidos, se intentó garantizar una cobertura universal en servicios públicos para la población mediante el uso de diversas formas de subsidios. Escasos recursos fueron usados para transformar el aparato productivo y construir una base financiera independiente o alterna.

Los “gobiernos del cambio” no previeron ni calcularon la respuesta política del gran capital, y menos, las reacciones económicas que vendrían cuando la bonanza de los precios de las materias primas se viniera abajo, como está sucediendo. En la práctica, el mismo tipo de ajuste que le aplicaron al gobierno de Siryza en Grecia, se ha empezado a implementar gradualmente desde las metrópolis capitalistas en contra de los “procesos de cambio” en América Latina.

Al colocar el énfasis en la gestión del Estado heredado, al debilitar o destruir –conscientemente o no– a los movimientos sociales, al desestimar el poder global del capital generando ilusiones vanas entre el pueblo, al utilizar los programas sociales en forma clientelar para sostenerse en la lucha electoral, al no calcular la verdadera correlación de fuerzas, los “gobiernos del cambio” de América Latina prepararon las condiciones para su auto-derrota.

Además, no se ha teorizado sobre la aparición de los nuevos sujetos sociales que han surgido en nuestras sociedades. El “nuevo proletariado” de la fase post-fordista (profesionales precariados, trabajadores tercerizados, desempleados e informales) y la burguesía emergente (mestiza, indígena y negra), surgida de economías agrarias y mineras, unas legales y otras ilegales (narcotráfico), ofrecen nuevos retos a las fuerzas del cambio que no han sido dilucidados.

Seguramente vendrán nuevas oleadas de luchas populares que enfrentarán a las fuerzas de la nueva derecha neoliberal que se vienen entronizando en los gobiernos de América Latina o desafiarán a aquellos gobiernos “progresistas” que se sostengan pero que se vean obligados a aplicar el recetario neoliberal, como ya viene sucediendo en varios países.

Tal situación nos obliga a replantearnos todo. “Empezar de nuevo pero no de cero” como dijo Jorge Giordani en Venezuela. Sin embargo, podemos plantearnos –desde ya–, unas metas que pueden constituirse en estrategias para enfrentar el reto de fusionar la lucha anti o post-neoliberal con las tareas anti o post-capitalistas. Sólo enumeraré algunas de esas labores teórico-prácticas:

-       Revisar a fondo el fenómeno de la financiarización de la economía y desentrañar con precisión los mecanismos de control del capital global. Debemos ser absolutamente conscientes de que los esfuerzos nacionales y regionales tienen que enmarcarse en una estrategia mundial. Yanis Varoufakis con su “Minotauro global” ha hecho una extraordinaria contribución al tema.   

-   Estudiar el surgimiento de nuevas economías colaborativas en el seno del capitalismo como resultado del enorme desarrollo de las fuerzas productivas. Jeremy Rifkin con su libro “Sociedad de coste marginal cero” entrega muchas pistas para ser tenidas en cuenta por los movimientos revolucionarios.

-    Analizar formas concretas de “democracia directa” que la humanidad ha construido a lo largo de diferentes épocas. El “pro-común colaborativo” y los “gobiernos de los bienes comunes” son un buen ejemplo. Esas experiencias pueden ser adecuadas e implementadas desde los movimientos y organizaciones sociales con el apoyo de los gobiernos. Elinor Ostrom hace unos muy interesantes aportes con sus investigaciones.

-   Retomar el debate sobre la esencia y naturaleza del Poder y el Estado. Muchos estudiosos y dirigentes están trabajando el tema pero a veces sus aportes son desconocidos por los luchadores prácticos.  

-     Avanzar sobre la investigación sistemática de los nuevos sujetos sociales que han aparecido en el mundo como efecto de las transformaciones en la economía y en el aparato productivo global. Retomar el análisis de clase con nuevos enfoques sociales y culturales.

-   Replantearnos el tema de la relación entre los partidos, los movimientos sociales y la acción política-administrativa dentro los Estados heredados a fin de evitar la burocratización de los procesos y la desnaturalización de las organizaciones políticas y sociales del pueblo.

-      Volver sobre el debate del papel limitado de las revoluciones políticas frente a los cambios que se presentan en otras áreas del desarrollo de la sociedad humana como las relaciones sociales, la técnica, el trabajo, la cultura, etc.

Y claro, todo esto y mucho más tendremos que hacerlo en medio y al servicio de las luchas sociales y políticas que están en pleno desarrollo en el mundo, recuperando el espíritu crítico y el entusiasmo revolucionario que sólo se alimenta “desde abajo”.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

martes, 23 de febrero de 2016

¿UTILIZAN “EL CONEJO” DE LAS FARC PARA HACERLE CONEJO A LA PAZ?


¿UTILIZAN “EL CONEJO” DE LAS FARC PARA HACERLE CONEJO A LA PAZ?

23 de febrero de 2016

Los diálogos de La Habana prácticamente están rotos. Santos con tono regañón mandó para Cuba a Márquez y a sus amigos, pero éstos no le han hecho caso.

El pulso está casado y mucha gente está nerviosa. Y Uribe, oportunistamente quiere pescar en río revuelto.

La mejor manera de apoyar el proceso de terminación del conflicto armado es asumiendo una posición crítica y no una actitud pusilánime.

Santos, Uribe, las FARC y la "gente nerviosa", han pretendido hacer política con el tema de la "paz" mientras el grueso de la gente está cansada de la corrupción, el alto costo de la vida, los bajos salarios, la amenaza de más impuestos, la entrega de nuestras riquezas al gran capital y el deterioro del medio ambiente.

La terminación del conflicto no necesita ni plebiscito ni asamblea constituyente. Sólo la voluntad política de las partes.

El pueblo necesita quitarse el estorbo de la guerra para avanzar en su lucha por reconstruir este país que se cae a pedazos y realizar una restauración moral.

La oligarquía colombiana está utilizando "El Conejo" de las FARC para intentar hacerle conejo a la terminación del conflicto armado. Hay que impedirlo.

La única forma de impedirlo es exigiendo el cierre de la guerra pero estando totalmente desligados, diferenciados y críticos tanto de Santos como de Uribe y las FARC.

Lo único que se observa en el panorama social y político en esa dirección es el esfuerzo de los y las jóvenes del Movimiento Social E-24, en formación.

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domingo, 21 de febrero de 2016

CAMILO TORRES: EL TABÚ DEL ELN

CAMILO TORRES: EL TABÚ DEL ELN

Febrero 21 de 2016

Está demostrado por diversos historiadores que el caso de Fabio Vásquez Castaño, primer comandante del ELN, era de psiquiatría. Su misticismo religioso cristiano, disfrazado de revolución, era extremo. Buena parte de la juventud latinoamericana compartió esa fiebre existencial –endiosando a Fidel y al Ché–, pero el caso de este jefe guerrillero era excesivo.

Y allí es donde entra a jugar el cura Camilo Torres. Era un aliado y un militante incómodo. Podía disputarle el liderazgo y hacerle sombra. Era mejor tenerlo como un mártir, un héroe asesinado por la oligarquía. Una víctima santificada por la opresión y la antidemocracia. Su desaparición física a manos de la fuerza pública podía ser un detonante de la inminente insurrección popular que de acuerdo al comandante Vásquez Castaño, estaba por darse.

Ese crimen se le convierte en un problema psicológico al ELN. El sacrificio de Camilo se vuelve un karma para esa organización. Los cuestionamientos a Fabio –única voz en ese grupo– por haber forzado la vinculación pronta del sacerdote bogotano al combate directo, bautizan desde el inicio al ELN. Surgió la malsana costumbre de identificar toda crítica con una supuesta insubordinación, cualquier comentario o reclamo con una labor de zapa divisionista y un enfoque político diferente con la traición. Por ello murieron Víctor Medina Morón, Julio César Cortes, Jaime Arenas, Ricardo Lara Parada y muchos más militantes.

Pero el problema va más allá. El sacrificio de Camilo tenía que expiarse. La “santidad” del cura guerrillero debía ser transferida a toda la organización. La lucha armada como método o forma de lucha política pasó a ser un dogma de fe, un objetivo en sí mismo, una identificación con la lucha revolucionaria. Nadie podía ser revolucionario sino expiaba sus pecados burgueses y pequeñoburgueses en el fuego purificador de la lucha armada. Era un bautizo de vida y una entrega revelada a la violencia liberadora.

La culpa del comandante la asumió toda militancia. Estuviera en el monte o en la ciudad. Igual como cuando una persona cree que fue el causante de la muerte de una persona querida y le teme hasta al recuerdo del fallecido. Lo hace porque de alguna manera en algún momento de su vida en común le deseó la partida abrupta por algún motivo. Y según se observa, todavía el ELN carga con ese exagerado amor que oculta el temor al castigo. La única forma de “revivirlo” y de “exculpar” su pecado es convirtiéndolo en un mito. Así sea un mito de muerte.

Ello explica que cada 15 de febrero los “elenos” revivan su duelo y conmemoren esa inmolación con más sacrificios. Humildes cristianos, policías y soldados, deben ser ofrendados a su dios, en una liturgia mística en donde, al igual que hace el cristianismo desde siempre, se asesina la imagen del enemigo y después todos comen “el cuerpo y la sangre de Cristo”, en un ritual lúgubre y sombrío que los compromete con una inevitable e histérica ofrenda por los pobres. Es una verdadera trampa patológica y una expiación continua, que no tiene fin.

Es una tragedia y un conflicto espiritual que linda con la locura. Todo, en nombre del pueblo.


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viernes, 19 de febrero de 2016

ESPÍRITU CORTESANO Y FALSA REBELDÍA

ESPÍRITU CORTESANO Y FALSA REBELDÍA

19 de febrero de 2016

Colombia se parece a un adolescente inseguro y con problemas neuróticos. Ya lo han dicho muchos pensadores y críticos pero, ahora, ad portas de la terminación del conflicto armado, debe ser reiterado para que seamos conscientes de la tarea que tenemos por delante.

Y no es un problema sólo de las castas dominantes. Es un tema que debemos reflexionar todos: poderosos y débiles, empresarios y trabajadores, opulentos y humildes, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, armados y desarmados. Es algo que hace parte de nuestra identidad que debe ser reconocido y desnudado para ser superado. Todos lo sufrimos en mayor o menor dimensión.  

Sólo si estamos dispuestos a hacer las paces con nosotros mismos podremos construir una verdadera paz.

Sólo si Uribe reconoce su carácter y brío vengativo contra las FARC, podrá ayudar a que las víctimas de la degradación de la guerra, puedan perdonar. Sólo si los comandantes guerrilleros reconocen que en medio de su euforia insurreccional (triunfante para ellos), intentaron engañar a su enemigo histórico y extralimitaron los alcances de la “violencia revolucionaria”, podrán contribuir a que las víctimas de la violencia paramilitar, también perdonen.

Sólo si la cúpula dominante tradicional reconoce que permitió y estimuló la economía del narcotráfico para incrementar sus arcas y convertirse en la burguesía trans-nacionalizada que hoy es, podrá realmente rectificar y ayudar a reencauzar la Nación por el camino de la reconstrucción productiva y la restauración moral.

Sólo si como pueblo reconocemos que hemos sido condescendientes –por temor, flojera, comodidad, oportunismo–, con todas esas prácticas corruptas, vejatorias, despojadoras y violentas, podremos aprovechar la pausa o tregua que se está pactando, para unirnos como un sólo ser y transformar democrática y civilistamente a Colombia.

En Colombia se combina –sin rubor ni pena– el espíritu cortesano con la falsa rebeldía (emocional e insulsa). Un día agachan la cabeza ante el poderoso y al día siguiente se rebelan. Nos las picamos de vivos y somos bobos. Atacamos al corrupto ajeno pero no vemos el que está a nuestro lado. Medimos con varas diferentes. “Duros” diciendo... “flojos” haciendo.

El espíritu cortesano nos lleva a usar la trampa para obtener nuestras metas. Cuando nos sentimos pillados, usamos la bravata y la violencia para tapar la falta. “Medimos al otro por los resultados mientras valoramos nuestras acciones por las intenciones” (Estanislao Zuleta). Por ello Colombia (como ahora México) ha sido tierra de extremos. “Nacionalistas” de camiseta pero “entreguistas” hasta el tuétano.

Los últimos hechos están marcados por esa doble moral. Por un lado se roban REFICAR, por el otro, venden ISAGEN. Le quitan el agua al pueblo wayuu mientras se la entregan a las empresas carboníferas y se rasgan las vestiduras por la muerte de un niño desnutrido. Utilizan el escándalo “sexual” para tapar la corrupción real. Conmemoran el sacrificio de Camilo asesinando humildes cristianos. Hacen la “paz” pero preparan la guerra. Algunas cúpulas convocan “paros” pero no sienten de verdad el espíritu de la protesta. Juzgan pero no quieren ser juzgados.

Todo es calculado... la norma general es: “¿Cómo voy yo?”

Nos falta desarrollar coherencia y conducta ética permanente. Pasamos del éxtasis revolucionario a la pasividad abyecta. Ojalá la juventud que aparece en el escenario social y político no caiga en esa dualidad que no nos ha dejado avanzar. Hay que romper con esas conductas.


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martes, 16 de febrero de 2016

EL MOVIMIENTO 24-E Y EL PARO NACIONAL INDEFINIDO

EL MOVIMIENTO 24-E Y EL PARO NACIONAL INDEFINIDO

16 de febrero de 2016

El gran acierto de los y las jóvenes que propusieron los 5 puntos de la lucha del 24 de enero del presente año es que es un intento de superar las luchas “sectoriales” que han sido la constante de las luchas sociales en Colombia.

Los puntos planteados[1] son de carácter e interés general. Son reivindicaciones que recogen la inconformidad generalizada. Esa es su fuerza pero también su debilidad. Mientras el grueso de los dirigentes sociales no entienda su carácter y pertinencia, no se avanzará.

Ello se debe a que el movimiento social organizado (sindicatos, centrales obreras y otras organizaciones campesinas y agrarias) no comprenden inicialmente este tipo de propuesta. Esas organizaciones se han acostumbrado a organizar luchas con otro tipo de lógicas.

La dinámica de las organizaciones sociales tradicionales es organizar un pliego de peticiones o exigencias recogiendo “puntos sectoriales” que afectan a diversos gremios. Por ejemplo, el pasado paro nacional agrario de agosto de 2013 recogió, por un lado, las reivindicaciones de los productores de café, papa, cebolla, leche, etc., que eran coordinados por las “dignidades agropecuarias”, y por el otro, los puntos de los campesinos, colonos y jornaleros agrícolas de zonas de colonización y otras áreas marginadas, liderados por la MIA.

Igualmente, en otras coyunturas se han construido pliegos de exigencias recogiendo algunas reivindicaciones que son generales, como el de reducir el precio de la gasolina y el diésel, pero los transportadores le han dado un manejo sectorial.

Esa estrategia tiene la ventaja de que se logra integrar una fuerza representativa de diversos sectores sociales, económicos, productivos y/o laborales, pero a la vez, tiene como gran inconveniente que el gobierno casi siempre logra desmovilizar a algunos sectores en forma parcial, generando división y desánimo, para finalmente derrotar políticamente las luchas.

Esta situación se debe en lo fundamental a que pesan más los intereses económicos sectoriales por encima de los intereses generales del movimiento popular. Además, no se construye una estrategia conjunta y unitaria, cada quien actúa como rueda suelta.

Por ello, en ésta ocasión, con la iniciativa propuesta por los y las jóvenes del movimiento 24-E, se puede cambiar esa dinámica sectorial y tratar de hacer algo diferente.

Los 5 puntos planteados deben ser vistos con una nueva visión. Son puntos para generar un movimiento de protesta más potente. Son reivindicaciones para tratar de movilizar a nuevos sectores sociales no organizados como los trabajadores del comercio, la informática, el entretenimiento, los “profesionales precariados”, los trabajadores informales, sectores de clase media cansados de la corrupción político-administrativa, etc.

Es por ello que hay que pensar en nuevas formas de lucha que vayan calentando el ambiente. Es más importante que cientos de miles de personas expresen su inconformidad con un gran cacerolazo o con otras formas de lucha simbólica a que, se realicen las marchas de siempre, con reducidos sectores de los trabajadores organizados.

Para hacerlo se requiere mucha voluntad política. Ponernos de acuerdo. Realizar en todas las ciudades una verdadera campaña de propaganda e información. Las centrales obreras si lo quisieran, pueden hacerlo en coordinación con la juventud que quiere luchar. Tienen los recursos y la infraestructura para hacerlo. Pero tienen que romper con la concepción predominante.

Hay que pensar en grande. Trazarse un plan de acción. Programar pequeñas acciones para hacer conocer el pliego único, llamando la atención de toda la sociedad, convocando a todo el mundo a movilizarse de múltiples formas, en preparación de un gran Paro Nacional Indefinido.

El paro de un día programado para el 17 de marzo es un paso adelante pero no es suficiente. Puede ser utilizado por lo más burocrático del movimiento sindical para salir del paso y a la hora de té, no hacer nada. Se requiere aprobar un plan de acción conjunto pensando en una acción permanente.

Hoy la lucha contra la corrupción puede ser más movilizador que cualquier otro pero ligándolo con los demás puntos. Se acaban de robar 4.000 millones de dólares en el negociado de la Refinería de Reficar y para llenar ese hueco van a tener que aplicar nuevos impuestos.

Además la crisis económica y fiscal se va a agudizar. Si sabemos trabajar unidos y con creatividad, es mucho lo que se puede hacer. Sin afanes ni desesperos pero con seriedad y compromiso.

El pliego propuesto por los y las jóvenes del 24-E tiene la gran ventaja de ser sencillo y simple. Debe ser visto como un pliego para la coyuntura, propagandístico, movilizador y dinamizador. Debe verse como un paso en la organización popular. No es todo pero si se construye una fuerza contundente y se logran pequeños y crecientes triunfos, el “movimiento” irá creciendo.

De eso se trata…!!!

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado




[1] Los 5 puntos son: 1. Aumento digno del salario mínimo; 2. No más impuestos contra el pueblo; 3. Reducción del precio de la gasolina; 4. No a la venta de Isagen; 5. No más corrupción. 

jueves, 4 de febrero de 2016

EL JOVEN ABOGADO DESCUBRE OTRO MUNDO

EL JOVEN ABOGADO DESCUBRE OTRO MUNDO

Calamar (Bolívar), 4 de febrero de 2016

Hace unos 40 años en una vereda del municipio de Totoró (Cauca) ocurrió un terrible asesinato. Un hombre anciano fue muerto de 78 cuchilladas. Era médico tradicional de una comunidad indígena. Los investigadores demoraron mucho para encontrar los culpables. Finalmente encausaron a 3 naturales y los hicieron confesar. Ellos decían que habían actuado en defensa propia, en defensa de su comunidad. Nadie les creyó. Sin embargo un joven abogado realizó una investigación minuciosa con un enfoque diferente, una mirada "no occidental", una perspectiva antropológica no tradicional. Él pudo demostrar que había sido una muerte ordenada por toda la comunidad ante una amenaza mortal que se cernía sobre todos los integrantes del resguardo. El thewala o chamán había desviado el camino y estaba usando sus conocimientos y energías para hacer daño. La forma como estaban dispuestas las heridas en el cuerpo y el número de ellas mostraban sin ninguna duda que había sido un ritual de muerte. El médico tradicional tenía 78 años y el número de puñaladas iba dirigido a evitar que el chamán viviera más allá de la muerte y siguiera haciendo daño. Los testimonios de gran parte de la comunidad –incluyendo familiares del muerto– sirvieron para que los tres autores materiales quedaran libres. Nuestro mundo es más complejo de lo que vemos a simple vista. Muchas cosas ocurren sin que las podamos entender… El joven abogado es un gran amigo mío quien hoy está muy enfermo y ayer cumplió años. A él le dedico este relato. Amén.


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