miércoles, 30 de septiembre de 2015

NO ILUSIONARNOS PERO NO DEJARNOS PROVOCAR

Visiones diferentes que se aproximan…

NO ILUSIONARNOS PERO NO DEJARNOS PROVOCAR

Bogotá, 30 de septiembre de 2015

Cuatro artículos de referencia sirven para plantear este debate:

1. Proceso de paz, lucha de clases y las batallas del posconflicto - José Antonio Gutiérrez (http://bit.ly/1VmRvhL).

2. La verdadera lucha por la paz recién comienza… Paz… ¡a la vista! - Fernando Dorado (http://bit.ly/1N0KvCw)

3. El Tribunal de paz y los crímenes de Uribe Velez - Horacio Duque (http://goo.gl/d8uA3T)

4. La terminación del conflicto armado es un paso fundamental para la construcción de paz en Colombia – Yezid García Abello (http://goo.gl/Z2gzaS)

¿Cuál es la diferencia? ¿En qué se aproximan?

a) Para algunos, la terminación del conflicto armado entre el Estado y la insurgencia de las FARC, ya es la paz. Para otros, terminar el conflicto armado sólo crea las condiciones para empezar a derrotar políticamente a un sector de la oligarquía (el latifundismo mafioso y criminal que encabeza Uribe) y sólo es el inicio –bastante precario– de la verdadera lucha por la paz (que nunca acaba).

b) Para unos, toda la oligarquía debe y puede ser derrotada en la Mesa. Para otros, la gran burguesía transnacionalizada y el imperio obtendrán su “paz neoliberal”. El pueblo tendrá la posibilidad de fortalecer su lucha política por transformaciones democráticas. No es una situación que la puedan determinar unos u otros, no es un problema de voluntad, es un hecho real que es resultado de la correlación de fuerzas existentes. No va a ser superable en seis (6) meses. 

c) Para algunos, el Tribunal de Paz acordado debe juzgar y castigar a Uribe por sus crímenes. Para otros, lo más importante es la derrota política de Uribe que se logrará sólo con la concreción de un clima de reconciliación y convivencia que incluye el perdón. El principal castigo de Uribe será su derrota política, la cárcel para él y sus cómplices es algo totalmente secundario. A corto plazo, algunas condenas sólo serán aplicables para algunos militares, agentes del Estado y guerrilleros gravemente encauzados.  

d) Dice Gutiérrez que “No hay que caer en la ilusión burguesa de que con el fin del conflicto armado se le acabará a la oligarquía la “excusa” para criminalizar al movimiento popular y para reprimir”. Sin embargo, la verdad es que la “excusa” si se le acaba, lo que no significa que la oligarquía vaya a acabar con sus grupos criminales y vaya a dejar de reprimir. Así la burguesía firmara ese compromiso en la mesa, no lo va a llevar a la práctica. Ello obliga a las fuerzas insurgentes que se desmovilizan y entran en la “legalidad”, y también a los que ya estamos en ella, a diseñar estrategias civilistas muy cuidadosas para, por un lado, proteger sistemáticamente a nuestros dirigentes (como se protegió a Fidel y a Chávez), no “dar papaya”, no diluir todas las fuerzas en la lucha electoral, no caer en el cretinismo parlamentario, no creer en la voluntad pacifista de la oligarquía y del imperio, pero a la vez, aprovechar al máximo las condiciones de legalidad que se han conquistado para avanzar.

Debemos recordar que fue la oligarquía la que diseñó la forma de obligar al pueblo liberal-socialista en 1946-48 a insurrectarse y alzarse en armas. Lo hizo conscientemente para poder descabezar el movimiento que estaba con Gaitán a un paso de ser gobierno, y despojar violentamente a los campesinos de sus tierras. Es lo que se denomina como “instrumentalización del conflicto armado”. El viejo Manuel lo decía siempre: “Nos obligaron a enmontarnos”. Otros revolucionarios, más jóvenes e idealistas, confundieron esa resistencia armada y la convirtieron en una copia mal ejecutada de la revolución cubana. Lo real es que la oligarquía colombiana, en 1948, se adelantó más de una década a la historia y diseñó la forma de abortar esa revolución que se estaba incubando en Colombia. 

Las FARC saben que para avanzar hacia unas condiciones mínimas para poder hacer política legal y abierta, a Santos y al imperio les toca negociar con Uribe. Es más, Uribe patalea sólo para poder negociar su impunidad. Allí está el meollo del asunto. La derrota de Uribe tendrá que ser en las urnas. Él tratará de desestabilizar el proceso pero el gobierno de los EE.UU. y la gran burguesía colombiana ya están jugados. Es posible que en 2018 a la izquierda le toque obligatoriamente llamar a votar por “otro” Santos y que haya que pensar en participar con nuestro propio programa en ese gobierno que tendrá que implementar los “post-acuerdos”. Y ello no significa que el movimiento popular sea cooptado, es otra estrategia, es otra visión, muy diferente a la que hasta ahora ha desarrollado la izquierda en Colombia, que se ha caracterizado por su “infantilismo de izquierda” y algo de “anarquismo ilustrado”.

El debate recién empieza. La derrota política del “uribismo” será un avance enorme para el pueblo colombiano. La gran burguesía se ve obligada a contribuir con esa derrota pero va a querer canalizarla hacia sus intereses. Los Lleras, los Santos y los Echandías de los años 48 (o sea, los Lleras, los Santos y los Gaviria, de ahora) van a querer aliarse con los Laureanos Gómez (Uribes, de ahora), para volver a masacrar al pueblo si ven que las fuerzas democráticas se abren paso. Las provocaciones, los asesinatos, las masacres y las traiciones estarán allí, preparándose en la sombra. El arte ahora es no dejarnos empujar a la “ilegalidad”, no dejarnos “enmontar” nuevamente, no caer en las provocaciones, pero tampoco jugar todas nuestras fuerzas en esa tarea legal-electoral. El trabajo organizativo en las bases populares siempre será necesario y fundamental.

Una enorme capacidad estratégica se requiere para actuar con inteligencia, paciencia y sagacidad. Los puñales de la intolerancia penden sobre la cabeza de los revolucionarios mientras que las espadas de la paz en manos del pueblo pueden derrotar a los enemigos de la democracia. Todo depende de nosotros. Seguir quejándonos de la maldad de la oligarquía colombiana (dixit, William Ospina - http://goo.gl/iw5JrU), es como pedirle a esa misma oligarquía que deje de ser lo que es. Eso sí es una ilusión. Somos nosotros los que tenemos que conocer la esencia de esa oligarquía, su carácter ladino y criminal, que también tiene sus enormes debilidades y fisuras, para poder derrotarlos.

¡Esa es la tarea!... y el debate sirve para eso.


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

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