miércoles, 27 de enero de 2021

Duque y Uribe, el mal gobierno frente al 2022

 

Duque y Uribe, el mal gobierno frente al 2022

Popayán, 27 de enero de 2021

El presidente Duque cree que gobierna y que lo hace bien. O parece creer que actuando como si todo estuviera bien, la mayoría de los colombianos van a pensar igual. Todos sus ademanes, mensajes, decisiones y acciones están pensadas para enviar esa imagen. Para él y sus colaboradores, los cientos de líderes asesinados o los 52 mil muertos por Covid-19 no existen o no se siente responsable de ellos. El vive en su programa de televisión, es su realidad virtual.    

Pero, su principal mentor no piensa igual. Por algo dijo… “¡Cuidado con el 22!”

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Hay que recordar que Duque se hizo elegir con la actitud-discurso de Fajardo, las intenciones-odios de Uribe y el temor-miedo a Petro (supuesto “castro-chavismo”). Ha tratado de mantener la imagen de moderación del primero; cumplir solapadamente los mandatos del segundo; y desgastar al tercero, su contendor. No ha logrado tales propósitos.

En realidad el gobierno de Duque es un desastre, no solo por el manejo que ha hecho de la pandemia sino por las acciones que ha realizado. Casi todo le ha salido mal. No ha logrado los efectos deseados. Su gobierno es reactivo, no tiene agenda propia, es un desorden completo. Sus salidas en falso y llamados a la unión, no entusiasman a nadie.  

El listado de fracasos es protuberante, veamos algunos:

a) Prometió tumbar a Maduro; lo intentó pero todo salió mal. En el camino cayó el Grupo de Lima; Trump se limitó a amagues y “fuegos artificiales”; la OEA manipulada por Almagro se ha debilitado y los “neo-cons” de La Florida, que eran sus patrocinadores, hoy están fuera de la Casa Blanca. Se quedó solo mientras Maduro empieza a ser reconocido en Europa.

b) Se propuso destruir la Justicia Transicional para garantizar la impunidad de Uribe y demás cómplices. Todos los ataques han sido infructuosos, esa jurisdicción de justicia hoy está fortalecida a nivel nacional e internacional, y el referendo que pretende unificar las cortes no tiene posibilidad alguna en un año pre-electoral como el 2021.  

c) En lo económico no da pie con bola. La economía naranja se quedó en planes; la pandemia vino a agudizar los problemas que heredó; los recaudos cayeron, la recesión es evidente, el desempleo se disparó y el Estado está en bancarrota. Ahora está “feriando” los bienes-activos del Estado (Ecopetrol, ISA) para sobreaguar las finanzas pero el barco está desfondado.

d) En el manejo de la pandemia las cosas no marchan mejor. Al inicio aprobó cuarentenas prematuras más por la presión de la alcaldesa de Bogotá que por convicción propia; no trazó un plan de emergencia para enfrentar la situación en forma integral; luego flexibilizó las restricciones para reactivar la economía y provocó la actual crisis hospitalaria; y para rematar, ha perdido lo poco que le quedaba de credibilidad con el asunto de la compra de vacunas.

e) En las relaciones internacionales los resultados son dramáticos. La torpeza es mayúscula. Se la jugó con Trump y ganó Biden; atentó contra la JEP y la comunidad internacional la apoya; sus amigos regionales no pueden con su propio país (Bolsonaro, Piñera, etc.), y está aislado. Con diplomáticos del talante de “Pachito” Santos, la Blum y Ordóñez, no podía esperarse otro resultado.   

f) En lo político logró el apoyo de Cambio Radical, los liberales con César Gaviria a la cabeza, y el grueso del Partido de la U, pero no ha podido aprobar iniciativas legislativas importantes. Lo que realmente les interesaba era monopolizar los órganos de control (procuraduría, contraloría, defensoría) y la Fiscalía General de la Nación, con el objetivo de resistir hasta el 2022 y retener la presidencia a punta de burocracia, corrupción y clientelismo.

Así, entonces, de la moderación de Duque solo quedó la pose; desnudó su carácter derechista haciéndole mandados mal hechos a Uribe; y no logró debilitar a Petro, a pesar qué el líder del progresismo también tiene sus propios problemas.

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Con ese balance general, que si fuera más detallado revelaría mayores falencias, graves delitos, terribles crímenes y torpezas a granel, se podría pensar que las fuerzas democráticas tienen servida la mesa para acceder al gobierno. Y en realidad, el panorama es prometedor.

Todos los sectores políticos que no están con el gobierno de Duque saben que la tarea es derrotar definitivamente la amenaza autoritaria de Uribe en 2022. El problema consiste en que existen diversas miradas respecto de cómo hacerlo y hasta donde avanzar.

Las fuerzas del llamado “centro” temen desencadenar un proceso que conduzca a afectar poderes que ellos no están dispuestos a enfrentar. Es lo que ocurre con las Empresas Públicas de Medellín EPM, en donde los contratistas del Grupo Empresarial Antioqueño GEA han quedado en evidencia frente al manejo del proyecto Hidroituango, y los llamados “tibios” han sido desenmascarados por los acontecimientos.

No obstante, de acuerdo a lo que se puede percibir, tanto en Colombia como en el mundo, se viene acumulando y potenciando un estallido social de amplias proporciones y de gran profundidad. Los efectos de la recesión económica que venía de atrás y que ha sido agudizada por la pandemia van a generar fuertes tensiones en la sociedad.

Pienso que ese estallido social será un factor que va a “reordenar” la política en Colombia. El tal “centro” va a explosionar y las verdaderas fuerzas democráticas van a ser puestas a prueba. Es posible que si la movilización social no tiene las condiciones para estallar en las calles, pueda ser canalizada hacia los escenarios electorales, y determinar los resultados de las elecciones de 2022.

Claro, hay que saberlo hacer, con paciencia y sabiduría, sin oportunismo y sin afanes protagónicos, con visión de mediano y largo plazo. Y promover la organización popular, única forma de darle continuidad a los procesos de transformación.    


jueves, 14 de enero de 2021

La insurrección triunfante: un análisis marxista


 La insurrección triunfante: un análisis marxista

Ya sea planificado o estocástico, fue un golpe de estado

Paul Mason

Londres, 12 de enero de 2021

Esta es la transcripción de mi primer podcast de 2021, el comienzo de una serie que voy a hacer este año en la preparación de mi nuevo libro "Cómo detener el fascismo", publicado por Allen Lane en mayo de 2021.

Los acontecimientos del 6 de enero en el Capitolio de los Estados Unidos todavía están siendo investigados, y hay mucha especulación sobre la relación entre la planificación, la espontaneidad, los diferentes grupos involucrados, la aplicación laxa o cómplice de la ley y las intenciones de la administración Trump.

Ha llevado a respuestas de la izquierda que van desde "fue un intento de golpe de estado, encarcelarlos a todos por sedición" hasta la afirmación de que, un poco como Baudriallard con la guerra de Irak, fue todo un espectáculo y nunca sucedió realmente. Y mucho de esto está siendo impulsado por las confusiones, sobre la naturaleza de la administración Trump, y lo que es el fascismo, y si la izquierda puede apoyar la represión del Estado, etc, etc.

Mientras nosotros los periodistas tratamos de llegar a los hechos, es importante darse cuenta de que el FBI, la NSA y probablemente numerosas agencias de inteligencia extranjeras, tendrán una imagen completa de las comunicaciones en el día. Ellos y las empresas tecnológicas están por delante de nosotros, y sin recurrir a la especulación, hay que leer la evidencia como una serie de llamadas de alarma como al menos potencialmente significando que la amenaza de un golpe de estado era real.

Así que en esta conferencia, quiero recapitular lo que sabemos sobre la estrategia de Trump para mantenerse en el poder. Medir eso contra un análisis de clase de Trump, y finalmente hablar de las teorías de izquierda del fascismo, y las teorías académicas, y por qué algunas de ellas no explican lo que está pasando, y pueden llevar a las tácticas equivocadas.

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Lo que sucedió el 6 de enero de 2021 tiene que situarse en su contexto. Trump sabía que existía el peligro de perder las elecciones. Sin embargo, su mayor carta de movilización resultó ser Black Lives Matter, y el subsiguiente verano y otoño de violencia cuando la policía y las milicias de derecha atacaron el movimiento BLM. Básicamente, un montón de blancos, y no sólo blancos sino hispanos conservadores, vieron el BLM y se dieron cuenta de que existía la posibilidad de que lo que WEB Du Bois llamaba "el salario de la blancura" quedara sin pagar.

En el otoño de 2020 Trump estigmatizó con éxito a todos los movimientos antirracistas activos, y de hecho a toda la oposición, como antifa violenta, que a su vez prometió repetidamente designar como terrorismo. Luego asoció sistemáticamente a Biden y Harris con el socialismo. BLM y antifa. Dándose cuenta de que no iba a ganar las elecciones, también dirigió al Servicio Postal de los EE.UU. en una operación de supresión de votantes a nivel nacional, para minimizar el voto por correo.

Mucho antes de las elecciones, la estrategia estaba clara. Tuvo que movilizar a racistas asustados, incluidos millones de no votantes; tuvo que deslegitimar los votos por correo; y tuvo que construir un movimiento de masas preparado para activarse en el momento en que perdiera la presidencia, para obligar al Tribunal Supremo, o a las legislaturas estatales, o a los electores infieles, o en última instancia a las fuerzas armadas, a intervenir para mantenerlo en el poder.

Lo que construyó el movimiento fue la fusión del movimiento MAGA, junto con las milicias y grupos fascistas preexistentes, con la mucho más amplia teoría de la conspiración de QAnon.

QAnon proporcionó el mito soreliano. Georges Sorel, el anarquista convertido en nacionalista reaccionario en la Francia anterior a 1914, argumentó que los movimientos de masas necesitan una mitología, no un razonamiento - la mitología no es sólo una historia, sino una historia en la que se vive. QAnon, que es co-creado por sus creyentes, funcionó perfectamente: dice que hay una cábala liberal de pedófilos con base en Hollywood y Washington que busca la vida eterna cosechando la sangre de los niños, y que Trump está secretamente en guerra con ellos y pronto lanzará una ofensiva que los pondrá en Guantánamo.

Por cierto, como todas las teorías de conspiración fascista, era una fantasía sobre lo que la gente quiere que ocurra. Goebbels solía decir: todo lo que los nazis sabemos sobre el poder, nos lo enseñaron los judíos. De la misma manera, se podría imputar a los conspiradores, "todo lo que sabemos acerca de cómo gobernar América nos lo enseñaron los chupasangres asesinos de niños de Hollywood" - es una fantasía sobre cómo quieren gobernar, no cómo son gobernados.

Desafortunadamente millones de personas se han visto atraídas a pensar de esta manera, y ahora tenemos legisladores y canales de medios de comunicación dedicados a difundir esta mierda.

El punto es que QAnon fue el radicalizador. Porque toma los prejuicios existentes - contra los negros, el antirracismo, la democracia o el fascismo abierto - y acorta los plazos de forma masiva. La mayoría de los fascistas modernos, como veremos, buscan una guerra civil étnica global a largo plazo. Su estrategia fue esperar y prepararse - por lo tanto "prepararse" como una subcultura política. La mayoría de las milicias dirán: somos pacíficos hasta que vengan por nuestros derechos de la Segunda Enmienda. Pero QAnon dice que no, que vendrá antes del 20 de enero de 2021. Por eso el FBI lo identificó como una amenaza terrorista.

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Así que llegamos a la noche de las elecciones y Trump pierde. Creo que descubriremos que lo que sucede a continuación siempre fue el plan. Declararon que estaban ganando hasta que llegaron los votos postales falsos o ilegales. Crearon una narración de la elección robada. Hubo una "oleada de protestas fuera de los centros de votación, así como amenazas contra los funcionarios electorales". La narración de StopTheSteal comenzó la noche y luego fue alimentada por la mayoría de las secciones del partido republicano, con sólo 27 miembros del Congreso reconociendo la victoria de Biden a principios de diciembre. En las protestas de Stop The Steal durante diciembre, los grupos armados tomaron, según el grupo de monitoreo de ACLED, un papel más amplio: 8% de todas las manifestaciones de la derecha tenían presencia de milicias armadas, en comparación con alrededor de 2-3% durante la mayor parte del año.

Para el 3 de diciembre "Las peleas callejeras han estallado en múltiples manifestaciones de los Proud Boys en todo el país desde las elecciones, incluyendo en Carolina del Norte, Nueva York, California y Washington, DC".

Pero mientras tanto hay una operación paralela para tomar el control ejecutivo del aparato estatal coercitivo. Trump despide al Secretario de Defensa, al Subsecretario y a muchos funcionarios que los aplaudieron al salir del edificio. Despide a su jefe de ciberseguridad. Directores superiores de seguridad nacional. Y en octubre ya había firmado una orden que le daba derecho a purgar hasta el 88% de la administración pública por motivos políticos.

Luego, el 12 de diciembre, Trump pierde el caso de Texas en la Corte Suprema. 127 miembros del Congreso firmaron la demanda de Texas - pero una vez que la pierde, su equipo legal se desmorona, se obtiene el comienzo del reconocimiento de la victoria de Biden por parte del GOP en el Capitolio

Pero el movimiento en sí mismo tiene su propia lógica. Una vez despojado de cualquier esperanza de ganar en los tribunales, sólo puede detener a Biden impidiendo o interrumpiendo la confirmación de la votación del Colegio Electoral el 6 de enero y eso se convierte en el foco.

Mientras tanto, el 18 de diciembre Trump celebra una reunión furiosa con la gente más loca a su alrededor - Guliani, Flynn, Sidney Powell. donde discuten dos cursos de acción; a) nombrar a Powell - que es un completo conspirador - como consejero especial para investigar la elección robada; b) declarar la ley marcial. Trump en realidad tuitea que los informes sobre la ley marcial eran noticias falsas, pero los informes de prensa lo ponen ahí. Significativamente, también fue el 18 de diciembre que Trump anunció el 6 de enero la manifestación "Detengan el robo", diciendo "Estén allí: será salvaje".

En respuesta, hubo dos intervenciones de militares de alto rango: el 18 de diciembre, cuando el Secretario del Ejército y el Jefe del Estado Mayor emitieron una declaración diciendo que los militares no tenían ningún papel en la resolución de las elecciones; y luego, el 3 de enero, los diez ex secretarios de defensa vivos emitieron una advertencia codificada contra la participación de las fuerzas armadas.

No sabemos si había un plan, o si lo que pasó el 6 de enero fue un "motín estocástico", incitado por poderes, usando intermediarios y retórica. Pero hay una lógica. Si puedes invadir el Capitolio, realmente interrumpir los procedimientos, tomar miembros claves del Congreso, puedes presionar a Mike Pence, el VP, para que se niegue a firmar los papeles de confirmación, o puedes robar los votos electorales reales (que estaban presentes), y así puedes desencadenar la intervención Federal para mantener el orden. No sería un golpe militar, pero reabriría la posibilidad de la ley marcial en la propia DC, durante la cual Trump podría mantener a la gente en las calles, desafiando los llamados a ceder el poder.

¿Está lo suficientemente loco para hacerlo? La gente a su alrededor lo está, porque como veremos tienen mucho que perder. La gente en las calles - eso es lo que activamente pidieron. Y la gente que hizo el negocio fueron, como ahora está claro, endurecidos, armados y organizados supremacistas blancos, antisemitas y fascistas.

Así que todo esto nos lleva a tener que revisar rápidamente nuestras respuestas a la pregunta: ¿qué representa Trump y cuál es su proyecto?

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Al principio fue bastante fácil, aunque al centro liberal le llevó mucho tiempo resolverlo. Trump llegó al poder representando algo que no hemos tenido en el mundo desarrollado durante toda la era neoliberal: una fracción de la burguesía.

En la era neoliberal, debido a que el beneficio se canalizaba a través del sistema financiero mundial, hubo lo que Marx llamó "comunismo capitalista" - la recompensa es proporcional al riesgo, hay igualdad de condiciones, la globalización es un ganar-ganar para los ricos.

Una vez que el neoliberalismo se derrumba, después de 2008, una fracción de la élite corporativa emerge que no quiere jugar en igualdad de condiciones. Quieren duplicar la privatización, desregulación, etc., pero quieren seguir el proyecto neoliberal a escala nacional, no global. Eso es en parte lo que Brexit era - romper las reglas basadas en el orden global multilateral - y es lo que el proyecto de Trump era; proteccionismo comercial, recortes de impuestos, así como la inflación de los precios para los ricos.

Si miras a la gente que lo apoyó inicialmente, es capital monopolístico privado - los jefes de casino, los financiadores de cobertura como Robert Mercer, y es el sector de las PYMES, es la industria de seguridad y vigilancia, y son los combustibles fósiles.

Crean un proyecto nacionalista neoliberal. Toman los restos de la derecha libertaria, o al menos de la mayoría de sus seguidores, y los convierten al autoritarismo, de la misma manera que Mencius Moldbug y Peter Thiel se convierten en autoritarios efectivamente monárquicos después de 2007/8. Y muchos capitalistas americanos de servicio se inscriben. Hay una ruptura significativa con la fórmula económica neoliberal: consiguen que la Reserva Federal monetice la deuda y siguen acumulando deuda. Así que este es un proyecto nacionalista autoritario de derecha alimentado por la deuda. Dejan de intentar mantener un orden global basado en reglas y vuelven a la política de la Gran Potencia.

Eso no es fascismo. Pero si buscas una base económica para lo que pase después tienes que recordar que un capitalismo autárquico, financiado por el estado - en la forma del Frente Harzburg en Alemania - es exactamente lo que produjo a Hitler. Hitler fue permitido en el poder porque habiendo tratado de hacer nacionalismo económico con un parlamento y una constitución, resultó más fácil hacerlo con una democracia destrozada y campos de concentración.

Lo que tenemos que preguntarnos es: ¿por qué y con qué objetivo la administración Trump pasó de su proyecto de neoliberalismo aislacionista, autoritario y alimentado por la deuda al intento de aferrarse al poder en un golpe de estado?

Primero, la criminalidad. Numerosas personas de la administración fueron condenadas y luego perdonadas: Stone, Flynn, Manafort, etc. Es seguro asumir que Trump intentará perdonarse a sí mismo y a su familia, porque es probable que se hayan producido delitos penales, ya sea con respecto a la seguridad nacional, o de puro soborno. La gran señal para el cambio en la naturaleza del régimen fue la convención de los republicanos, celebrada contra la ley en la Casa Blanca, en la que principalmente participó la familia trastornada de Trump.

La oferta a los aislacionistas, y a los mafiosos y a los fondos de cobertura fue: el segundo mandato será una dinastía familiar, la monarquía originalmente llamada por Moldbug hace una década y media.

Hay un punto en el que preguntar "¿cuál es su relación con el capital?" se vuelve menos importante que "¿cuál es su relación con el capitalismo?"

Una de las características de las nuevas formas autoritarias de poder de la derecha - Trump, Orban, Bolsonaro, Putin, Duterte - es que tiene que llegar a ser impensable que alguna vez dejen el cargo. Esto se debe a que el radicalismo de la sociedad, y las necesidades apremiantes de hacer frente al cambio climático y la bioseguridad de Covid, significan que sin autoritarios en el poder se tiene el fin de la industria de los combustibles fósiles en una generación, la propiedad y el control estatal del sistema energético, reducciones masivas en la industria aérea, prohibiciones de la deforestación, etc.

Así pues, la trayectoria de esta fracción de capital -al igual que en la Alemania de los años treinta- va desde "el sistema actual no funciona; así es como mantenemos lo que tenemos" hasta una versión radicalizada que tiene que impedir cualquier transferencia democrática de poder a políticos no oligárquicos, incluso a unos tan pro-capitalistas como Biden/Harris.

Creo que para algunas partes del GOP, no reconocer la elección fue una táctica para deslegitimar la administración de Biden y preparar un nuevo camino hacia el poder en 2024. Lo aceptaron metafóricamente. Desgraciadamente eso no es cierto para muchos en la base.

En la base - y aquí es donde realmente hay que abandonar todas las teorías marxistas aprendidas de memoria de los años 30 - la base es completamente autónoma del capital. La base es impulsada, como dijo Wilhelm Reich, por algo mucho más poderoso que la lealtad al capital: es impulsada por el miedo a la libertad. Su preocupación número uno es el BLM, y la posibilidad de la liberación negra. Ven a la policía, la delgada línea azul con licencia para asesinar a los negros, como la última línea de defensa. Y para ellos, la perspectiva de que incluso un gobierno liberal moderado asegure que el estado de derecho prevalezca, es el fin del mundo. Y su mayor preocupación es el fin de la economía de los combustibles fósiles, el fin del patriarcado y la opresión de las mujeres, el fin del racismo estructural, el privilegio de los blancos, los derechos de propiedad, etc.

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He estado leyendo y monitoreando el derecho de los EE.UU. para mi libro y lo que noté en el último trimestre de 2020 fue el aumento de las narrativas de la píldora negra. La píldora roja es cuando despiertas a la realidad alternativa creada por la ideología de la extrema derecha. La píldora negra es un código para cuando la extrema derecha sabe que va a perder, y entra en una situación desesperada, y contempla el suicidio - que al igual que con los nazis tiene la intención de destruir el mundo, no sólo a ti mismo. Incluso gente como James Lindsay, un propagandista no violento y antidespertador que comienza tratando de defender la verdad sólo del postmodernismo, dice ahora - casi hemos perdido, los liberales y los wokes casi han ganado.

La base es masiva; 10 millones de nuevos votantes votaron por Trump en 2020; el 45% de los votantes republicanos apoyaron el asalto al Capitolio. QAnon es una ilusión masiva con millones de seguidores. Fue creado en los medios sociales y por medios como Fox News, y a través de la propia Presidencia, que se convirtió en un importante proveedor de desinformación.

¿Esa base masiva merece ser llamada fascista? Desafortunadamente su núcleo es activa y conscientemente fascista, pero al igual que con Hitler y Mussolini, la gran parte de ella son individuos de la clase media baja y la clase obrera no organizada - que es grande en los EE.UU. - que tienen una ideología reaccionaria, y lo que es más importante, están atrapados en el mundo de la teoría de la conspiración.

Desde la Guerra Fría hemos tendido a separar las teorías de conspiración y el fascismo - así que tuvimos muchas conspiraciones de extraterrestres y OVNIs pero no muchos neonazis - pero en el clásico apogeo del fascismo, especialmente en Alemania, las teorías de conspiración fueron cruciales para el ascenso del nazismo. Los protocolos de los ancianos de Sion crearon lo que Hannah Arendt llama "el mundo de la mentira" en las mentes de las masas que apoyaban al fascismo.

Uno de los grandes problemas del marxismo clásico era que tendía a subestimar la importancia de este utópico y hermético ecosistema de mentiras. Asumió que podía ser destruido por la lucha o la realidad económica. Como dijo Reich, mientras los nazis corrían por la sangre y la tierra leíamos las estadísticas económicas a multitudes de desempleados, que sabían que el capitalismo estaba en crisis y querían una respuesta, no un análisis.

Qanon y el movimiento MAGA y la mezcla de ciencia racial y misoginia violenta y antisemitismo y antiglobalización y antidespertar es una lógica sellada e impenetrable que la gente ha creado, como escribí en Clear Bright Future, porque la ideología neoliberal se ha derrumbado y el yo neoliberal está en crisis.

Lo que no estoy diciendo es que este es un movimiento pequeño burgués que representa los intereses de clase autónomos de la burguesía - eso fue más o menos lo que los marxistas ortodoxos críticos consiguieron en los años 30. Estoy diciendo, como Reich y Fromm dijeron, este es un fenómeno arraigado en jerarquías más profundas que la clase, a saber, la familia y la supremacía racial, que preceden al capitalismo y toman una forma capitalista específica.

Tenemos que enfrentarlo: hay una base de masas plebeya para el fascismo americano, y Trump ha elegido dirigirla, aunque su propio proyecto político y modus operandi no fue inicialmente fascista, y aunque hay poco apoyo entre la élite corporativa dominante para ese proyecto.

Entendamos el proyecto fascista, si lees toda la mierda de la Nueva Derecha, quieren una guerra civil étnica global que revierta la historia a una serie de sociedades étnicamente puras, pre-capitalistas o pre-modernas. Y están preparados para esperar el momento adecuado. Lo que quieren por ahora es mantener a gente como Trump, Orban, Bolsanaro en el poder, y operar en el espacio provisto.

Tienen que ser, a medio plazo, desescalados, desactivados, disueltos... pero a corto plazo tienen que ser derrotados. Y pueden serlo. Pero si derrotamos este golpe, o una serie de golpes, hay una larga ruta constitucional hacia el poder para la extrema derecha americana que todavía tiene que ser detenida...

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Quiero pasar ahora a algunos de los desafíos que esto plantea a la izquierda, a nivel de estrategia y análisis.

La definición marxista clásica del fascismo, formulada por Dimitrov en 1935 para justificar el Frente Popular, es bastante inútil. El fascismo, dice, es "la dictadura abierta y terrorista de los elementos más reaccionarios, más chauvinistas y más imperialistas del capital financiero":

".... El fascismo no es un poder que esté por encima de la clase, ni un gobierno de la pequeña burguesía o del lumpen-proletariado sobre el capital financiero. El fascismo es el poder del propio capital financiero".

Fue una definición polémica construida para atacar toda percepción razonable. Porque el fascismo, tanto en Alemania, Italia, Austria, etc., operaba de manera autónoma de los grandes, incluso del capital financiero.

Esta comprensión, de que el fascismo no era sólo "un poco autónomo" de las fuerzas de clase, sino que potencialmente era totalmente autónomo, tuvo un precio muy alto en los movimientos laborales italianos y alemanes. Porque tiende a contrarrestar uno de los principios del marxismo, que todo está enraizado en el interés de clase.

Pero hay una explicación igualmente marxista o materialista de por qué partidos como el PND de Mussolini y el NSDAP de Hitler podrían dictar a la élite, crear nuevas élites, establecer diferentes agendas para las élites e incluso reprimir sus intereses económicos.

El fascismo es el miedo a la libertad; es un fenómeno ideológico y social de masas que casi siempre se desencadena cuando la gente ve la libertad a su alcance.

En el siglo XX los agentes de la libertad fueron la clase obrera organizada; en el siglo XXI, la posibilidad de la libertad surge no sólo de los movimientos de la clase obrera sino del movimiento plebeyo masivo y en red - Black Lives Matter, Me Too, Fridays for the Future... si lo piensas bien, estos movimientos están desafiando algo aún más arraigado en la sociedad de clases que la explotación de clases - a saber, la opresión de género y el racismo estructural.

Así que cuando escucho a la gente de la izquierda decir "los eventos del 6 de enero no pueden haber sido un golpe porque la burguesía americana no necesita el fascismo, porque la clase trabajadora no está al borde del poder", sólo digo que lean mejores libros y estudien la historia y la realidad.

El 6 de enero fue un intento de golpe de estado, en el sentido de que fue diseñado para desencadenar la ley marcial y la suspensión de la transición. Ahora mismo en Gab, los cantos etc, la gente está fantaseando con algo mucho más grande: los primeros actos de una Guerra Civil 2.0. Lo que queda es trazar la cadena de mando o influencia desde el círculo íntimo de Trump hasta los Chicos Orgullosos, las milicias y los congresistas de ultraderecha que parecen haber instigado la manifestación; y por qué se rompió la cadena de mando formal que debería haber desplegado la Guardia Nacional.

Una vez que se acepta que era grave, se puede ver por qué tantos de la derecha republicana se distanciaron de ella: porque el propio GOP no es fascista; está inflado por el fascismo pero sigue siendo una herramienta de gobierno para el capitalismo estadounidense en muchos estados. Si hay un barómetro de lo que la derecha actual del capital financiero quiere es lo que dice Fox y lo que hace el senador Tom Cotton de Arkansas. Ambos se han distanciado de Trump - y se puede ver el comienzo de un nuevo proyecto de derecha, en torno al autoritarismo constitucional.

En cuanto a la gente que dice: la violencia fue principalmente performativa - por lo que no puede haber sido un verdadero intento de golpe de estado. Eso no es el punto de lo que la violencia nazi y fascista. A menudo fue performativa. Por ejemplo - y hay muchos en Cómo detener el fascismo - Italo Balbo, el teniente de Mussolini en Ferrara, cuando sus camisas negras fueron prohibidas de llevar garrotes, asaltaron una pescadería, tomaron bacalao salado de un metro de largo y lo llevaron por toda la ciudad, atacando a izquierdistas y sindicalistas con pescado seco.

La violencia fascista es siempre performativa, simbólica y es una norma ética. La violencia no es el fin, para muchos es un fin en sí mismo, una forma de auto-expresión, por lo que muchos de ellos quisieron tomar auto-imágenes.

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Entonces, ¿qué hacemos? Hay una reticencia comprensible a fortalecer el poder del Estado, porque tiene demasiado poder, pero la democracia constitucional americana está cerca de romperse - porque la constitución no fue diseñada para una posición en la que una fracción de la burguesía quiere usar sus disposiciones para erosionar el estado de derecho.

Puedo entender la posición leninista: el estado es un brazo de la burguesía, queremos aplastarlo - pero en el siglo XX frente al fascismo, todos los partidos marxistas que realmente se encontraron en el extremo receptor encontraron a) la violencia antifascista no es suficiente - no puede igualar la violencia fascista en su carácter ofensivo, móvil, mercurial b) hay que llamar al estado a defender la democracia y el estado de derecho.

Los socialistas alemanes tenían incluso una milicia entrenada en el tiro al blanco por la policía, que controlaban en el estado de Prusia. Es cierto que los partidos comunistas de ultraizquierda tenían políticas de resistencia violenta, lo cual estaba justificado, pero nunca fue una estrategia para derrotar al fascismo.

En mi libro, Imaginen un caso fuerte de que el Tercer Periodo de la Comintern, clase contra clase, identificando al liberalismo como lo mismo que al fascismo fue algo decisivo en las victorias del fascismo. Pero a nuestro alrededor podemos ver que partes de la izquierda cometen el mismo error: equiparar a Hillary Clinton y Trump, negarse a llamar a la policía para cumplir con su deber, diciendo - "tal vez no deberíamos deslegitimar la sedición en caso de que nosotros también seamos tildados de sediciosos".

Bueno, te enfrentas a la clase capitalista. O bien adoptamos una estrategia de derrocamiento, y buena suerte con eso frente a 75 millones de votantes armados de Trump, o bien entendemos las divisiones en el seno de la clase dominante, utilizamos el espacio que la democracia permite a la izquierda y al movimiento obrero para movilizarse y defendemos lo que tenemos.

Arendt describió el fascismo como "la alianza temporal de la élite y la mafia". Eso es literalmente lo que pasó el 6 de enero: Josh Hawley golpeando el aire, Kimberley Guilfoyle haciendo piruetas, mientras que los ex-locos del servicio son fusilados en el Capitolio.

Las lecciones de Europa en los años 30 son: lo único que late y la alianza de la élite y la mafia es una alianza temporal del centro y la izquierda. Y que cuando eso ocurre, como en Francia y España entre 1934 y 1936, no sólo se ganan elecciones sino que se puede crear una cultura popular antifascista de masas.

No fue la alianza electoral formal entre los liberales socialistas y comunistas la que derrotó al fascismo francés, sino el movimiento de masas de base que se unió a pesar de los rígidos límites del partido - y en mi libro y en algunas futuras conferencias mostraré cómo lo hacemos hoy.

Mientras hablo, parece que las milicias, tal vez sin el propio Trump, escenificarán otra gran provocación violenta en los tres días previos a la inauguración. Lo único que quiero que la gente se aleje de esto es: aunque sea performativo es real; aunque no haya una sección importante de la élite que quiera el fascismo, no significa que el fascismo sea imposible.

Y que nosotros, la izquierda, necesitamos construir desde abajo un movimiento por la cultura y los valores democráticos, sin importar lo cínicos que seamos sobre su contenido bajo gente como Clinton, Obama y Biden.

Sucedió antes de la pandemia


SUCEDIÓ ANTES DE LA PANDEMIA

Popayán, 14 de enero de 2021

Con ocasión de la muerte del negro Wilson en las calles de Popayán, voy a relatar una anécdota ocurrida con otro negro querido, el poeta Elvio Cáceres, gran amigo, coterráneo de mi barrio Alfonso López. "Sucedió antes de la pandemia" (como me imagino que de ahora en adelante se va a decir durante mucho tiempo), y la comparto con ustedes.

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Sucede que por internet conocí a un profesor de literatura cubano que vino a la ciudad de Popayán a participar en un encuentro latinoamericano de literatura. El me escribió por el correo electrónico y me dijo que quería conversar un rato conmigo. Ya había terminado el seminario y quería salir un rato a conocer algo de este entorno citadino.

Caminamos por el centro histórico de la ciudad y lo invité al Café Colombia, antes de que se convirtiera en un casino, para que nos tomáramos un aguardiente caucano y calentar la sangre y la conversación. Él, un profesor cubano, antillano, caribeño y de espíritu abierto, aceptó de buena gana.

Estábamos en una animada charla cuando apareció el amigo Elvio Cáceres. Para quienes no lo conocen es un negro alto, de buen talante, alegre y cariñoso, vendedor ambulante y poeta de altos quilates, que recorre las calles de día y de noche vendiendo toda clase cachibaches para poder sobrevivir, frecuentando bares y cantinas, y de vez en cuando se clava entre pecho y espalda sus buenos aguardientes y rones.

Elvio ha publicado varios libros de poemas y, es para mí uno de los mejores poetas que conozco, aunque no soy experto en el tema. Debo reconocer que algunos intelectuales y profesores payaneses valoran su trabajo literario, lo apoyan y le han colaborado para sus publicaciones. En alguna ocasión que con algunos jóvenes organizamos un evento de lectura de poemas en el auditorio que existe donde estaba la antigua piscina de Pueblito Patojo, que contó con la presencia de William Ospina, invité a Elvio a que nos acompañara, y de verdad que se lució con su arte poético y brilló al lado del invitado principal. Nuestro poeta negro y callejero estaba feliz y por poco "se sale de la ropa".

Volviendo al momento con el profesor cubano, Elvio también se tomó algunos tragos y, en medio del entusiasmo espirituoso provocado por el licor, lo estimulé a que le declamara algunos de sus poemas a mi amigo venido de Cuba. Lo hizo de inmediato con mucho entusiasmo y con su virtuosismo conocido, dejándole una buena impresión al profesor de literatura, quien conmocionado porque un extraordinario poeta tuviera que ganarse la vida como vendedor ambulante, le dijo a Elvio lo siguiente:

- Hombre compañero, si vivieras en Cuba el gobierno te patrocinaría y podrías dedicar tu vida a producir más literatura y arte, y seguramente publicarías mucho más.

Y remató, después de una breve pausa, seguramente entusiasmado por los aguardientes y por el momento que estaba pasando, diciendo:

- Si tú quieres, ahora que regrese puedo hacer trámites ante el gobierno y mi universidad para ver la posibilidad de que viajaras y te instalaras en nuestro país. ¡Sé que es posible!

Al escuchar estas palabras a Elvio le brillaron los ojos de felicidad, alguna lágrima alcanzó a aparecer, mostró esa sonrisa amplia y sincera que siempre porta, se tomó su buen tiempo, y luego miró al profesor con cierta tristeza y algo de ironía. Finalmente le respondió así:

- ¡Ah! ¡Qué bueno fuera! Muchas gracias profesor por ese ofrecimiento, pero no puedo siquiera considerar su oferta. Si lo aceptara y me fuera para Cuba... ¿cómo podría seguir haciendo poesía?

El profesor quedó más maravillado con esa respuesta que con la misma poesía de Elvio. Cada vez que me escribe me pregunta por él. Recuerdo que alguna mercadería le compró a nuestro vendedor ambulante, pero sé que el solo ofrecimiento ha sido uno de los mejores premios que ha recibido en su vida mi querido amigo poeta negro y payanés.

 


lunes, 26 de octubre de 2020

¿CUAL ES LA ESENCIA Y EL DERROTERO DEL “AUTO-GOLPE” URIBISTA?


 ¿CUAL ES LA ESENCIA Y EL DERROTERO DEL “AUTO-GOLPE” URIBISTA?

Popayán, 26 de octubre de 2020

Uribe necesita un “auto-golpe” para acabar con la JEP y, por ahí derecho, desconocer las Cortes Judiciales.

Es la única manera que tiene de garantizar su impunidad y no volver a la cárcel (así sea a El Ubérrimo).

¿Cuál es el Plan que debemos develar? ¿Cuál es el derrotero planeado?

Uribe quiere convencer a los grandes potentados empresariales que ese camino es necesario para evitar que el "castro-chavismo" llegue al gobierno en 2022.

Pero no toda la casta dominante está de acuerdo con esa idea, y de allí el desespero de Uribe.

El grueso de la oligarquía sabe que Uribe tiene un interés particular (su impunidad) y no van a atentar contra su "débil democracia", que les sirve para engañar al pueblo.

Por ello, Uribe utiliza al gobierno de Duque para fraguar una gran provocación policial y militar, para imponer una "conmoción interior" y poder cerrar el Congreso, intervenir las Cortes, censurar a las Redes Sociales, controlar totalmente los medios de comunicación, perseguir y encarcelar a los líderes de la oposición y del movimiento social, e imponer un poder autoritario y dictatorial.

Cómo parte de su plan, Uribe ya lanzó la propuesta de impulsar y organizar un Referendo Constitucional para reformar la Justicia.

La gran provocación policial y militar ya está en marcha. Los asesinatos de líderes sociales y de oposición hacen parte de ese plan. Lo ocurrido en Bogotá el pasado 9 de septiembre es parte de ese operativo de infiltración de la protesta social y provocación de hechos y desmanes violentos (asonadas, saqueos, asesinatos).

El que el Ejército Oficial permita que los Grupos Armados Ilegales de todos los colores, orígenes, siglas y pelambres sigan creciendo en las regiones y haciendo de las suyas, es parte de ese Plan preconcebido.

Y tienen cómo provocar miedo entre los empresarios y pequeños y medianos productores, con la amenaza del “castro-chavismo”, cuyo mejor ejemplo es lo que ocurre en Venezuela, que muchos colombianos ven pasar a diario por el frente de sus casas (in-migrantes sin rumbo y sin futuro).

Por ello, las fuerzas democráticas no podemos caer en la trampa. Ni dejarnos asustar y paralizar, pero tampoco caer en la desesperación y el aventurerismo.

Hay que impulsar y organizar la protesta social, hacerla más masiva y más política, centrando las consignas en lo principal como lo acaba de hacer La Minga: Defensa de la Vida, la Democracia, la Paz y el Territorio.

Pero, a la vez, blindando nuestras movilizaciones contra la infiltración policial y la provocación violenta, como también nos lo mostró La Minga.

Pero tampoco caer en la trampa de impulsar consignas y propuestas que crean tensiones anti-democráticas, como querer "tumbar" a Duque o "revocarlo".

Hay que entender que ellos son los que están desesperados, ellos día a día se desgastan y saben que los demócratas nos vamos a unir en 2022 y que van a perder el Gobierno (y posiblemente sus mayorías parlamentarias).

Por ello, el tiempo está a nuestro favor.

Y los demócratas también tenemos el deber de construir un programa democrático y una fórmula presidencial para 2022 que envíe ese mensaje de serenidad y paz, de construcción tranquila de una sociedad de progreso y de beneficio colectivos.

Una fórmula presidencial y un grupo de candidatos al Parlamento para concretar nuevas mayorías ciudadanas, que desarrolle una campaña electoral sin formas estridentes, sin generar tensiones crispantes, sin revanchismos obsesivos, sin poses caudillistas y mesiánicas, que -en últimas- son del mismo tenor "uribista" y, por ello, le hacen el juego al desesperado Uribe que necesita de una contraparte que genere miedo y terror.

Duque y el uribismo día a día, hora a hora, sufren un enorme desgaste y ellos lo saben.

El tiempo de la verdadera democracia ha llegado a Colombia, pero saliendo de una guerra de más de 70 años no puede ser un salto al vacío. Tiene que ser un paso firme y claro pero paciente y sereno.

jueves, 1 de octubre de 2020

¿EL URIBISMO PLANEA UN “AUTO-GOLPE DE ESTADO”?

 

 ¿EL URIBISMO PLANEA UN “AUTO-GOLPE DE ESTADO”?

Popayán, 1 de octubre de 2010

En Colombia todo apunta a que el gobierno de Duque y el uribismo no tienen otro camino que crear un caos artificial para intentar dar un golpe de Estado desde el mismo gobierno. Ya el senador Iván Cepeda denunció que el gobierno “se estaría planteando la posibilidad de recurrir a la figura de estado de excepción para afectar la independencia judicial, limitar la protesta social e intentar amordazar la oposición política”. Y tiene toda la razón, hay que alertar.

¿Por qué el gobierno y el uribismo se ven obligados a dar un “auto-golpe de Estado”?

Venimos planteando que Uribe necesitaba apoderarse del gobierno para desde ese nivel del Estado destruir el proceso de paz, desmantelar la JEP, y tratar de apoderarse de las Cortes Judiciales, ya fuera mediante la cooptación de los magistrados o creando una “Corte Única” bajo su control. Todo para garantizar su impunidad e impedir un juicio justo y transparente.

En realidad Uribe impuso a Duque pero sus planes desestabilizadores no se han concretado. No ha logrado destruir totalmente el proceso de paz aunque lo ha puesto en grave riesgo con la colaboración de algunos comandantes farianos que de forma irresponsable le hacen el juego al regresarse al monte después de haber dado “papaya” en la legalidad (cayeron en trampas montadas por la CIA y por la Fiscalía en las que algunos jefes guerrilleros mostraron graves falencias).

Tampoco ha podido destruir la JEP. Al contrario, la dinámica de ese organismo en la búsqueda de la verdad se ha fortalecido. Se ha presentado una importante rectificación de los dirigentes de las Farc (encabezados por Timochenko), que han empezado a reconocer los “errores” cometidos durante el conflicto y aceptar que se presentaron verdaderos crímenes de lesa humanidad que fueron uno de los factores que contribuyeron a descomponer sus filas, deslegitimar la acción armada y desprestigiar su lucha política ante el grueso de la población colombiana.

Y tampoco ha podido impulsar la “Constituyente” para reformar la justicia, dado que la Corte Suprema no cayó en la trampa de abrogarse ese juicio después de que Uribe renunció a su curul en el Senado. Esa institución judicial procedió a trasladar a la justicia ordinaria (Fiscalía) la mayor parte de las investigaciones y casos jurídicos que comprometen a Uribe con el paramilitarismo, dejando al uribismo sin argumentos para atacar de frente y deslegitimar el poder judicial.

No obstante, Uribe sabe que el caudal y la contundencia de las pruebas que tiene la justicia en su contra es muy grande y que le quedará muy difícil a los jueces hacerse los de la vista gorda. Pero lo que más les preocupa es la posibilidad de perder las elecciones en 2022, dado que de todas formas el poder ejecutivo es en Colombia una herramienta muy poderosa para garantizarse la impunidad y contar con aliados cómplices como las agencias de inteligencia de los EE.UU.

Los uribistas son conscientes que este gobierno no puede presentarle resultados positivos al pueblo colombiano, y que, por el contrario, el acumulado de errores, falencias, alevosías, atropellos, abusos y verdaderos crímenes que se han cometido durante este período de gobierno, le han generado un enorme desprestigio. Además, que la protesta social –contenida por la pandemia y el confinamiento– no solo va a crecer sino que pondrá en grave riesgo la continuidad de su gestión. Saben que entramos en un “momento límite y crítico”.

Es por esa razón que el gobierno se ha trazado una estrategia maquiavélica y artera para manipular la protesta social, infiltrarla con cuerpos policiales especializados en la provocación (como ya lo hizo en el pasado durante el Paro Nacional de noviembre de 2019), y generar violencia de todo tipo (o apariencia de violencia) para crear rechazo entre el grueso de la población (vandalismo, asonadas, destrucción de bienes públicos, saqueos indiscriminados, muerte y terror, real o ficticia).

Uribe y Duque desean fervientemente que en Colombia la oposición y los movimientos sociales levanten la consigna de la renuncia de Duque. Quieren que las izquierdas y los demócratas se lancen en forma aventurera a fragmentar la débil democracia que existe en este país. Saben de antemano que la protesta callejera se puede infiltrar y manipular y desean que los demócratas nos desesperemos al nivel de romper con la institucionalidad vigente.

Los uribistas saben que en las próximas elecciones serán derrotados por una gran coalición de “centro-izquierda” alejada de extremismos insulsos que ya se viene configurando en la mente de amplios sectores políticos. Por ello, se requiere de un consciente refrenamiento y un control democrático estricto y disciplinado, que rechace la aventura golpista que impulsan ciertos sectores afanados que le hacen el juego a la derecha golpista de Duque-Uribe.

El cuadro se completa cuando Iván Márquez y Jesús Santrich piden la renuncia de Duque armados hasta los dientes. Petro llama a la desobediencia civil y la Minga Social y Comunitaria asume esa consigna para la protesta que se va a lanzar desde el próximo 10 de octubre. Tenemos sectores dentro del movimiento social que quieren hacer un juicio a Duque para luego exigirle su renuncia.

Esa actitud parece lógica ante un gobierno inepto, débil, corrupto y criminal, pero en realidad no existen las fuerzas unidas y organizadas para llevarlo a un fin constructivo y creativo. Las fuerzas de la muerte serían las beneficiarias de esa orgía de violencia.

Paralelamente, el Ministro de Defensa desde hace unos días ha perfeccionado su discurso en donde plantea que todas esas protestas son dirigidas o manipuladas por el ELN y las disidencias de las FARC, y que todo ello es un plan desestabilizador que tiene cómplices y agentes dentro de la Corte Suprema de Justicia y que cuenta con la dirección de políticos “incendiarios” que quieren provocar el caos.

Están armando el entramado golpista; tienen cuerpos de policía especializados en generar el caos y hacer saqueos y asonadas. El uribismo sabe que poco a poco se ha ido aislando y sólo espera dar el zarpazo. No olvidemos, que lo ocurrido el 9 de septiembre fue un complot septembrino provocado por la misma policía tanto desde las filas de los manifestantes como desde los cuerpos de la fuerza pública. Manipulan todo, desde el infantil afán de figurar de supuestos comandantes del ELN hasta la senil demencia de los viejos comandantes de las Farc.  

No podemos hacerles el juego. Debemos llamar y apoyar la protesta masiva y pacífica, pero dirigida y conducida con paciencia estratégica y con grandeza democrática. Hay que rechazar totalmente el Desespero Cortoplacista e idear una verdadera Desobediencia Civil de largo aliento, colocando la reconciliación y la paz como principal objetivo de nuestro sufrido pueblo.

Hay que derrotar toda clase de golpismos, los conscientes y programados, y los inconscientes y aventurados. 


miércoles, 19 de agosto de 2020

URIBE: ENTRE LA IMPUNIDAD Y LA DERROTA POLÍTICA

URIBE: ENTRE LA IMPUNIDAD Y LA DERROTA POLÍTICA

Popayán, 19 de agosto de 2020

En anteriores artículos planteamos que Álvaro Uribe Vélez después de ser presidente de Colombia tendría como una única tarea la de garantizar su impunidad. Y que ese objetivo se le convertiría en una obsesión hacia el futuro.

Por el tamaño y trascendencia de sus crímenes se vería obligado a amarrarse al Poder, tanto político como económico. Y así ha sucedido con la ayuda de cómplices y aliados.

Ahora, con la renuncia a ser Senador de la República para impedir que la Corte Suprema de Justicia lo juzgue y pueda condenar, Uribe confirma que su principal preocupación es la de mantener una suerte de privilegio que lo coloque por encima de la ley y de la justicia. 

En lo inmediato lo va a lograr. Pero a pesar de todo, perderá poder y en el mediano plazo la correlación de fuerzas va a cambiar, siempre y cuando los demócratas no vuelvan a caer en sus trampas mediáticas y juegos sucios de opinión.  

La jugada de Uribe está dirigida a esquivar a sus actuales jueces para librarse de la cárcel. Y además, le hace creer a sus aliados del Centro Democrático y de las derechas continentales (y de España) que puede impulsar, construir y ganar un Referendo Constitucional para reformar la justicia colombiana y adecuarla a la medida de sus intereses criminales. 

Pero él sabe que no cuenta con la suficiente fuerza política para hacerlo. Les miente y los manipula para cuidar sus espaldas.

Mucho más, cuando la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia no tiene otro camino que trasladar su caso a la Fiscalía (justicia ordinaria) porque el delito que cometió no tiene relación estrecha con las funciones de Senador. El fuero –entonces– ahí no juega.

Ese acto de los magistrados que lo juzgan actualmente le garantizará a Uribe su libertad e impunidad dado que la investigación queda en manos de una institución (fiscalía) que manejan sus cómplices y aliados.

Pero ese hecho, a la vez, impedirá que esas derechas continentales –apoyadas por el gobierno de los EE.UU.– pueda lograr el propósito de arrodillar estructural y absolutamente a la justicia de Colombia.

Gana una batalla pero no la guerra. Obtiene una victoria táctica (la de su impunidad temporal) pero obtiene una derrota estratégica (el poder político) que se concretará en las elecciones de 2020, siempre y cuando los demócratas colombianos (y los de las izquierdas incluidos) comprendan esa paradoja.

Aunque Uribe y las derechas continentales encabezadas por los neo-cons estadounidenses (Pence y Pompeo) hacen fuerza para que los magistrados de instrucción de la Corte Suprema de Justicia caigan en la trampa, eso no va a ocurrir. Esos jueces saben que no pueden dar motivo a esas fuerzas antidemocráticas para posicionar esa iniciativa reformista que –sólo centrada en ese tema – podría ser la carta de salvación de esas derechas políticas.

Lo anterior sólo se puede entender dentro del marco general de la estrategia uribista. Uribe tenía que aferrarse al poder porque al desaparecer el falso fantasma de las Farc (sobredimensionado por el mismo uribismo), los dolientes de los miles de muertos causados por Uribe (o sea, sus verdaderos fantasmas y enemigos) empezarían a acosarlo desde todos los ámbitos de la vida.

Por ello, hoy la principal tarea de las izquierdas colombianas es evitar la “reencarnación aparente” de las Farc en nuevos protagonistas políticos. Ello por cuanto Uribe necesita ese tipo de reciclaje para seguirlos usando como amenaza “castro-chavista”. 

Es necesario entender que las fuerzas reaccionarias necesitan con desesperación de “nuevos fantasmas” para seguir metiendo miedo y temor entre los propietarios, especialmente, entre pequeños y medianos. Cómo será que colocan a Petro como ideólogo de Biden (¡qué ridiculez!).

Menos mal que los magistrados de la Corte Suprema de Justicia van a dar una lección de paciencia estratégica que impedirá que los planes neo y pro-fascistas de Uribe puedan hacerse realidad. Y muchos políticos colombianos deberán tomar nota de ello. 

viernes, 7 de agosto de 2020

Uribe “preso”, los demócratas colombianos y la asamblea constituyente


Uribe “preso”, los demócratas colombianos y la asamblea constituyente

Popayán, 7 de agosto de 2020

Inicio este artículo con un comentario fuerte y polémico. Aclaro, no es un recurso para llamar la atención. Corresponde a un sentimiento que vengo acumulando desde el mismo 4 de agosto del presente año cuando la Corte Suprema de Justicia de Colombia emitió orden de captura con detención domiciliaria contra el ex-presidente Álvaro Uribe Vélez con cargos por fraude procesal y manipulación de testigos.

Es un hecho extraordinario en un país acostumbrado a la impunidad de los “de arriba” que debe ser valorado en toda su dimensión, sin exageraciones y falsas expectativas.

Me digo a mi mismo: Hay gente ingenua que cree que la justicia colombiana va a condenar “de casualidad” a Uribe al estilo como los gringos apresaron a Al Capone o como la oligarquía peruana detuvo a Alberto Fujimori, que son casos totalmente diferentes que muchos analistas utilizan como referentes. Anhelan que Uribe sea juzgado “de chiripa”, por “los laditos”, algo así como en un “juego de suerte”. ¡Qué ingenuidad! Juzgar de verdad a Uribe implica derrotar –de plano– a los EE.UU. y a toda la casta dominante colombiana.

La orden de detención domiciliaria

La orden mencionada hace parte de un proceso jurídico originado por el mismo Uribe cuando denunció al congresista Iván Cepeda Castro de sobornar y manipular a testigos del caso de paramilitarismo que compromete a su hermano Santiago y a la hacienda “Guacharacas” de propiedad de la familia Uribe Vélez. Es una decisión preventiva (cautelar) dirigida a evitar la interferencia del poder político y estatal del ex-mandatario (Duque es su pupilo) en la siguiente fase de investigación y juicio que ha iniciado ese organismo judicial con base en una amplia recopilación de pruebas documentales y testimoniales.

Ese fallo es una acción similar a la que se emitió contra Andrés Felipe Arias (alias “uribito”) por razones similares con el argumento de que el acusado podría huir o influir en su favor en el proceso. Entonces, hubo rechazo y frustración entre los sectores democráticos del país, mientras  ahora, se ha desencadenado un total apoyo basado en la llamada separación de los poderes y en la aspiración de que la “independencia de la justicia” se haga realidad.

Ni Colombia ni la justicia son independientes

Es importante, por otro lado, recordar que la historia de la justicia en Colombia ha sido bastante negativa, por parcializada y subordinada al poder y al capital (como en todo el mundo). En muy pocas ocasiones los órganos judiciales han sido independientes; prueba de ello es que los autores intelectuales de los crímenes de lesa humanidad cometidos a la sombra del Estado desde mediados del siglo XX, nunca han sido enjuiciados ni condenados. Los llamados “perpetradores de alto nivel” jamás han sido siquiera “tocados”.

Éste caso –el de Álvaro Uribe Vélez– pareciera ser el primero de ese tipo, y ello explica las reacciones, totalmente sobredimensionadas, desde mi punto de vista, tanto por quienes adversan la decisión como por los que la apoyan.

En este sentido es necesario insistir en que Colombia nunca ha sido un país autónomo e independiente. Siempre un Imperio, sea el español o el inglés  y desde principios del siglo XX, el norteamericano, han determinado el actuar de las llamadas “instituciones nacionales” y nada se ha hecho sin su aprobación. Aun así, se ha creado el mito de la “democracia más estable de América Latina”.

Además, en la actual coyuntura también es importante traer a la memoria que Álvaro Uribe Vélez tuvo el apoyo total del gobierno de los EE.UU., de sus agencias de inteligencia y de numerosas empresas transnacionales para ensangrentar a Colombia durante más de 3 décadas (que fue continuidad de lo que se inició con el asesinato de Gaitán en 1948), con la participación de la mayoría de la clase dominante de este país. Él fue la cabeza de esa campaña criminal pero no actuó solo; fue una verdadera alianza mafiosa transnacional la que se ensañó contra el pueblo colombiano y lo llevó a una situación de absoluta indefensión y parálisis, aprovechando los graves errores políticos cometidos por la insurgencia colombiana.  

Por todo lo anterior, es claro que el principal “capo” mafioso y paramilitar de Colombia (Uribe) tiene muchas formas y herramientas para chantajear a todos sus cómplices y va a librarse de cualquier condena en su contra. Y por ello, la batalla para lograr que sea procesado y penado por sus crímenes implica mucho más que apoyar a unas precarias instituciones “democráticas” y requiere desarrollar con consistencia un movimiento social y político que comprenda y aborde la complejidad del asunto.

El derrotismo de los sectores democráticos y la situación actual

A los demócratas colombianos, especialmente a los de las izquierdas, les quedó el complejo de culpa de haber perdido con Uribe una confrontación que –en últimas– no decidía nada importante para el país como era la oficialización de la entrega y desmovilización de las Farc sin modificar ni el modelo de desarrollo dependiente y neoliberal y menos la estructura capitalista y colonial del Estado colombiano.

Esas fuerzas políticas no han evaluado a fondo las causas que llevaron a la derrota del “SI” en el referendo de la “paz” de octubre de 2016. Por ello, a pesar de que amplios sectores populares han mostrado en los últimos años un creciente distanciamiento de las políticas impuestas por el gran capital, dichos sectores políticos no logran entender la dinámica del momento.

Es indudable que tanto en el terreno de lo político “real” (conciencia) como de lo “formal” (electoral), las manifestaciones de rechazo a los partidos tradicionales y del establecimiento neoliberal (incluyendo al uribismo) ha venido expresándose de muchas maneras.

En las elecciones presidenciales de 2018 el uribismo tuvo que hacer grandes malabares para hacerse con la presidencia “en cuerpo ajeno” y solo fue la división de las fuerzas democráticas lo que permitió que Duque fuera elegido. Y en las elecciones regionales y locales de octubre de 2019 esa tendencia se fortaleció.

Además, el llamado “paro nacional” que se realizó entre el 25 de noviembre y el 20 de diciembre de ese mismo año demostró esa inconformidad, fue una masiva protesta que contó con el apoyo y la participación de amplios sectores sociales, especialmente de importantes niveles de las clases medias de las grandes ciudades, entre las cuales se destacó la movilización creativa y versátil de los trabajadores que identifico como “profesionales precariados”.

El problema consiste en que tanto los demócratas en general como los de las izquierdas, al diseñar toda su estrategia política alrededor de lo electoral, se ven obligados a confiar y fortalecer la supuesta institucionalidad democrática, y quedan entonces subordinados a la fuerza de la tradición del capital y de la institucionalidad colonial que sólo ha cambiado de nombre (¡ni siquiera de forma!). ¡Ahí pierden!

La propuesta uribista de una Asamblea Constituyente y cómo “cogerles la caña”

En Colombia se dice “coger la caña” a lo que en otras partes del mundo se denomina “tomar por verdad lo que el otro dice”. “Coger por la palabra al contrario y colgarlo con ella”, decía un teórico y político famoso cuando proponía hacer un ejercicio táctico como el que propongo se debería realizar en esta coyuntura colombiana.

Pues bien, algunos sectores uribistas desesperados por lo que está ocurriendo con la detención de Uribe y con lo que avanza con la Jurisdicción Especial de Paz, han lanzado la propuesta de convocar una Asamblea Constituyente con la tarea exclusiva de “reformar la justicia”, a lo que le agregan su propuesta de “unificar y crear una sola Corte, y de paso, acabar con la JEP”.

Pienso que las fuerzas democráticas deben superar su derrotismo y creer en su propia fuerza. Sin abandonar la presión sobre la Corte Suprema de Justicia y la estrategia jurídica que ha encabezado el senador Iván Cepeda Castro, pienso que debe evaluarse la posibilidad de aceptar el reto de la convocatoria de Asamblea Constituyente planteado por el Centro Democrático (uribismo) pero proponerla con un sentido amplio para abordar todos los temas importantes y trascendentales para el país, el pueblo y los trabajadores.

Se trataría de abrir el panorama político y constitucional para debatir los graves problemas que tiene la nación en el terreno del modelo productivo dependiente y extractivista, el poder omnipotente de la banca y el sistema financiero, el monopolio de la tierra y la terrible depredación de nuestros recursos naturales, y demás problemas estructurales acumulados a lo largo de 3 décadas de neoliberalismo y toda una historia de economía y poder colonial-capitalista.

En forma resumida planteo lo que podrían ser logros para nuestro pueblo y país si se impulsara una propuesta de este tipo:

1.    Aprender a manejar tácticamente la convocatoria de ANC para posicionar temas que la oligarquía colombiana y el imperio han logrado imponer como “prohibidos”. (No importa tanto si en lo inmediato se concreta o no, todo depende de la correlación de fuerzas).

2.    Desmitificar la Constitución de 1991, que se presenta como una “gran conquista democrática” cuando en realidad tanto la casta dominante, las derechas recalcitrantes y los EE.UU., la han utilizado para aplicar toda su política neoliberal.

3.    Rescatar la idea de impulsar un verdadero “Proceso Constituyente Desde Abajo” que se venía construyendo y que en un momento de debilidad del candidato presidencial de la Colombia Humana, Gustavo Petro, echó al traste por intereses electoreros de ocasión.

4.    Contribuir a “DESURIBIZAR” la política colombiana que al girar alrededor de este personaje que se convirtió en un instrumento distractor en favor de los grandes poderes oligárquicos e imperiales, lo que les ha servido para engañar al pueblo y a los trabajadores, haciéndoles creer que el principal problema es el llamado “conflicto armado” cuando éste fue resultado de una estrategia de mayor calado, donde Uribe solo fue una ficha manipulable y manejable que –de alguna manera– se les salió de las manos, pero que en ningún momento ha sido el factor determinante.

Finalmente, es muy importante concluir que debemos rechazar con todas nuestras fuerzas la idealización de las llamadas instituciones democráticas, olvidando la historia y los intereses imperiales y oligárquicos que siempre no sola han subordinado a esos organismos judiciales sino que han violado las normas, leyes, Constituciones, y han recurrido a la violencia y al crimen para impedir que el pueblo defina su destino.


Y es necesario reiterar una verdad que es fundamental en el momento actual: Todo lo que debilite la confianza, voluntad y fuerza organizada del pueblo es ganancia para sus enemigos. ¿Confianza en la justicia? 

martes, 28 de julio de 2020

NO QUEREMOS MÁS LIMOSNAS… ¡QUEREMOS TRABAJAR!

Pancarta de comunidades de barrios del norte de Popayán (Cauca-Colombia)
NO QUEREMOS MÁS LIMOSNAS… ¡QUEREMOS TRABAJAR!

Popayán, 28 de julio de 2020

“Si aceptamos que el concepto de “trabajar” es sólo ganarnos el sustento diario, significa que ya estamos perdidos”

Anónimo

Comparto dos notas relacionadas con el momento actual que vive el mundo y la necesidad de romper esquemas y conductas que nos involucran en discusiones “teoricistas” y “bizantinas” e impiden el diálogo abierto y franco que nos debe llevar a la acción práctica y conjunta. A veces, en medio de la acción colectiva, van surgiendo nuevas pistas…

Tensión y división

Todo el mundo está demasiado tenso como para escuchar al otro...

Unos, no creen que exista el coronavirus.

Otros, lo aceptan pero se dividen en dos bandos:

Los que creen que es fabricado por el ser humano y los que piensan que es obra de la naturaleza.

Los primeros, se dividen entre los que piensan que fue obra de Bill Gates, de los chinos, del ejército estadounidense, etc.

Los segundos, se diferencian entre los que piensan que es una pandemia más y los que creen que es obra del desequilibrio eco-social causado por el capitalismo depredador de la naturaleza

Unos más, se dividen de acuerdo al remedio o la “cura” que proponen (remedios caseros, Ivermectina, Remdesivirm, Interferón, Hidroxicloroquina, Dióxido de Cloro, etc.)

Otros más, se dividen entre quienes creen que puede haber vacuna y los que lo ven improbable o imposible (“no existen verdaderas vacunas contra la gripe, VIH, y como el virus muta, la inmunidad es relativa”, afirman estos últimos basados en informes científicos).

La tensión crece mientras cada gobierno financia a sus propias empresas (privadas o estatales) para ganar la carrera contra el SARS-CoV-2, sin que la ONU o la OMS puedan hacer nada para impulsar acciones conjuntas y colectivas para fabricar una verdadera vacuna o algún medicamento efectivo.

Y en lo político sí que es cierto. En la mayoría de países crece la tensión, nadie escucha al otro; o eres “trumpista” o eres “anti”; o eres “uribista” o eres “anti”. No hay término medio.   

No obstante, hay que construir puentes para que el interés general y el bien colectivo pueda encontrar un clima de diálogo tranquilo y serio, y las grandes mayorías puedan decidir con conocimiento y sabiduría.

Es evidente que en un ambiente tenso y enrarecido... ¡nunca llegará esa “luz”! Seguiremos por las mismas... ¡en la oscuridad y el caos...!

El asistencialismo paternalista y nuestras izquierdas

El actual capitalismo “senil” utiliza el asistencialismo paternalista para domesticar a las mayorías populares en los países dependientes que viven de la simple exportación de materias primas. Y tal parece, en otros países en donde el desempleo estructural se va convirtiendo en una constante para millones de personas, dicha política ha empezado a aplicarse.

Inventan programas denominados “transferencias focalizadas en dinero o en servicios” (bonos, subsidios, auxilios) para asistir a la población “vulnerable” que vive en la informalidad absoluta, sin que esos recursos sirvan para crear fuentes de trabajo que dignifiquen a las personas y ayuden a convertirlas en sujetos creativos y pensantes.

Nos calman el hambre para que nos conformemos con ser vendedores ambulantes o mototaxistas u otros “oficios” fácilmente reemplazables y “desechables”, realizando trabajos que no dignifican la vida sino que nos llevan al límite de la indigencia y la desesperación.

Y lo más grave es que existen algunas izquierdas que “copian” esa estrategia creyendo que eso es “socialismo” o “progresismo”.

Por esa razón es que esas “izquierdas” nunca han cuestionado al capitalismo, nunca se han propuesto transformaciones radicales, solo plantean “pequeñísimas reformas”, “paños de agua tibia”, “lo políticamente correcto”, “lo posible”.

Hay que recordar que Uribe en Colombia fue uno de los primeros gobernantes que se le salió del redil al Banco Mundial y que aprovechó los altos precios del petróleo de la primera década del siglo XXI para “universalizar” los subsidios cuando creó “familias en acción” y los “guardabosques”.

Luego, la izquierda latinoamericana le copió, y presentó esa política como propia.

Hoy frente a la pandemia Covid-19 y a la crisis económica (hambruna, desempleo, quiebra de pequeñas y medianas empresas) se plantea la propuesta de la “renta básica” pero –pareciera– se concibe dentro de esa concepción paternalista y asistencialista.

Es interesante recordar que el presidente Roosevelt planteó la política del “New Deal” (1933) frente a las consecuencias de la crisis económica de 1929, pero lo hizo con una visión y práctica muy diferente a la que hoy se propone. Así no fuera revolucionaria era realmente "progresista".

Esos inmensos recursos invertidos por el Estado se canalizaron hacia formas de trabajo concreto y no a limosnería y promoción de la indigencia. Se pagaron durante varios años salarios dignos a 4 millones de trabajadores para reforestar y recuperar el sector agropecuario, y se aprobaron subsidios para fortalecer procesos productivos sin que fueran administrados por la banca privada.

Es por ello que debemos plantearnos de nuevo el debate frente a los subsidios. Ya Alberto Acosta y John Cajas Guijarro en Ecuador habían planteado la discusión pero, creo que se quedó corta.

Y además, es necesario reafirmar que es totalmente justificado que cuestionemos a quienes a nombre del socialismo o del progresismo terminan haciendo lo que promueven los “neoliberales recalcitrantes”, que con el argumento de la “reactivación económica” aprueban “paquetes de ayuda a los pobres” que solo sirven para alentar un supuesto y artificial consumo y cuyos recursos vuelven –vía pública o privada– a las arcas de las instituciones financieras.

Lo que debe quedar más claro todavía es que es necesario y urgente recuperar nuestra perspectiva anticapitalista y postcapitalista para orientar las luchas que se avizoran en el inmediato futuro.