miércoles, 6 de marzo de 2019

TEMÍSTOCLES ORTEGA “TOCADO” OTRA VEZ POR LA CORRUPCIÓN


TEMÍSTOCLES ORTEGA “TOCADO” OTRA VEZ POR LA CORRUPCIÓN

Popayán, 6 de marzo de 2019

Nuevamente aparece Temístocles Ortega o “Tito” –como lo llaman sus amigos– relacionado con escándalos de corrupción en este país y el Cauca. Ahora se conoce del apoyo a su pasada campaña de Carlos Julián Bermeo, fiscal de segundo nivel de la JEP comprometido en una operación delictiva de sobornos y narcotráfico, al lado del famoso “Tuerto” Gil, un personaje descompuesto de la política colombiana. Además, el actual representante Faber Muñoz hace parte de ese “combo” y de sus prácticas corruptas (https://goo.gl/b7CD5R).

No cae bien este tipo de noticias en las toldas del exgobernador y senador Ortega Narváez. Mucho más cuando entramos de lleno en la campaña electoral y “Tito” aspira a conservar el control de la Gobernación del Cauca, no solo para mantener el poder sino para ocultar otros escándalos y delitos que le respiran en la nuca, como el sonado caso de Indeportes, del que se libró de ser investigado y enjuiciado por su cercana amistad con Leonidas Bustos, el jefe del Cartel de la Toga.

Además, ese entramado de corrupción en el que abiertamente Ortega Narváez se introdujo, lo obligó a arrimarse y buscar el aval en Cambio Radical, para asegurar la protección del actual Fiscal General Néstor Humberto Martínez y de su actual jefe político Germán Vargas Lleras. Así, “Tito” mostró su verdadera naturaleza corrupta, que hábilmente había logrado camuflar desde 1992, cuando fue elegido primer gobernador del Cauca por elección popular.

Desde ese tiempo Temístocles Ortega logró utilizar las causas sociales propias del movimiento social caucano para mostrarse como un político liberal-progresista mientras seguía –por debajo de la mesa– siendo un cuadro de la politiquería caucana al lado de Aurelio Iragorri Hormaza, Jesús Ignacio García y Guillermo Alberto Gonzáles, a quien salvó de ir a la cárcel por el famoso robo de “Probolsa”, usando ardides jurídicos e influencias construidas cuando fue magistrado del Consejo de Estado.  

Usando ese doble perfil, ese doble rostro, uno de liberal progresista y el otro de experto clientelista y manipulador del poder, “Tito” se dio las mañas para engañar a importantes dirigentes indígenas y sociales que le dieron en 2011 el respaldo de la ASI.  Con ese aval fue elegido por segunda vez como primer mandatario del departamento. Con esa práctica tiene todavía a muchas gentes engañadas, jugando a varias bandas para mantenerse al frente de la política local y regional.

En la actualidad, cuando la mayoría de la población está esperando que las fuerzas sociales, alternativas, progresistas, de izquierda y liberales honestos, conformen una gran convergencia política para derrotar a toda la clase política corrupta tradicional, tanto a la que quiere revivir a personajes como Juan José Chaux Mosquera (preso por paramilitarismo) como a Jesús Ignacio García Valencia (quemado en 2014), se hace necesario separar la paja del grano para impedir que los mismos de siempre sigan al frente de la administración pública local y regional.

El Cauca ha dado señales en los últimos años que quiere un verdadero cambio. La lucha por la paz y por los intereses de las grandes mayorías que aspiran a resolver los eternos problemas de la región, exige desenmascarar a personajes tan dañinos como Ortega Narváez. Se necesitan nuevos liderazgos honestos y éticos para enfrentar la pobreza, desigualdad, discriminación, exclusión, y, sobre todo, para resolver los problemas relacionados con el aparato productivo, la crisis del sector agropecuario, la falta de empleo, y la necesidad de industrializar nuestras materias primas para entrar de verdad en una etapa de progreso y desarrollo integral.

Los “Titos”, “Fabers”, “Palomas” y demás personajillos deben ser derrotados. Es el momento.  

martes, 5 de marzo de 2019

SE AGOTA EL SHOW MEDIÁTICO “GUAIDÓ-MADURO”


Entre saltos y sobresaltos pre-fabricados…  

SE AGOTA EL SHOW MEDIÁTICO “GUAIDÓ-MADURO”

“Lo que no sabemos es más importante que lo que sabemos”.

Nassim Nicholas Taleb

En Colombia –y en el mundo– el transcurso de los acontecimientos pareciera estar montado en un tirabuzón. Hechos que parecen aleatorios entran en juego en forma intempestiva y cambian de un momento a otro el ritmo y la dirección de los sucesos.

Es como si una mano invisible actuara tras bambalinas y torciera el curso de los hechos. Durante algunas semanas se vive la gratificante sensación de una nueva dinámica, pero un “imprevisto” evento hace que la novedad se desvanezca y la dura realidad –que siempre estuvo allí– se imponga.

Eso ocurre porque confiamos excesivamente en la información que nos llega y creemos en demasía en lo inmediato. La “lucha” ya no es sostenida y planeada, sino que depende de los estados de ánimo y la manipulación de los medios. El inmediatismo y la sorpresa se apoderó de nuestras vidas.

Veamos unos ejemplos en Colombia:

¿Qué pasaría si la Corte Suprema llamara a juicio a Álvaro Uribe Vélez? ¿Por qué no ocurre?

¿En qué estaríamos si no se produce el atentado terrorista del 17-E? ¿Por qué ocurrió?

¿Qué pasó con el escándalo de corrupción de Odebrecht que comprometía al Fiscal General y amenazaba con enlodar y encausar a Luis Carlos Sarmiento Angulo, el gran “cacao”?

¿Qué ocurrió con los suicidios y las muertes accidentales, los audios y videos comprometedores, las apresuradas declaraciones del Fiscal, que hacían presagiar que algo grande se iba a destapar?

¡Nada! Apareció Guaidó y todo cambió, mucho más en Colombia que en Venezuela.

Duque se convirtió en un santiamén en el adalid de la democracia y la libertad. De ser el sub-presidente de Colombia pasó a ser, junto al auto-proclamado Guaidó, el líder de la ayuda humanitaria que salvaría de la hambruna y la muerte al pueblo hermano y vecino. ¡Un milagro!

La expectativa hoy en Colombia ya no es cuándo será el juicio de Uribe, o qué otro político o empresario aparecerá comprometido con el caso de Odebrecht, o cuando extraditarán de EE.UU. a “uribito” Arias, o cuándo renunciará el Fiscal Martínez Neira. En 40 días todo cambió.

Ahora la pregunta impuesta por los medios de comunicación es… ¿cuándo caerá Maduro? Y, hasta importantes dirigentes “progresistas” caen en la trampa y se suman al coro de los que creen que la democracia y la libertad llegarán a Venezuela de la mano de los Bolton, Rubios y Pence.

Mientras tanto, se desmonta lo poco que avanzó el “proceso de paz” y se revive la “seguridad democrática”. Se fabrican operativos (“falsos positivos judiciales”) usando el caso Santrich para desprestigiar y desmontar la JEP, se aplica la estrategia de borrar la verdad de la memoria histórica y se imponen reformas tributarias a la sombra del Plan de Desarrollo.

Hay que mirar con cierto detalle las cosas para descubrir el hilo conductor. La mano visible del Fiscal General siempre está detrás de “lo imprevisto” pero la efectiva trama “invisible” se teje en Washington y Miami. Hay que ir más allá de las campañas mediáticas, romper con lo que creemos saber y atrevernos a reconocer que caminamos con los ojos vendados.

Por ello, hay que dejar de vivir del cuento, salir del estado mental que se alimenta de inmediatismo y ajustar nuestra práctica. No será a punta de twitter ni solo con plantones como cambiaremos la relación de fuerzas e incidiremos en la realidad. Se requiere mucho más, bastante más.

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En pocas semanas desapareció la dinámica democrática que dejó el año pasado (2018). Los vientos frescos que se agitaron al calor de la lucha contra la corrupción, contra el modelo de desarrollo depredador del medio ambiente y por la educación pública (paro estudiantil universitario), parecen haber dado lugar a las corrientes de aire antidemocráticas de la guerra, la muerte y el horror.

Pero ese ambiente artificial que gira alrededor del fenómeno distractor (“caída de Maduro”) pareciera haber llegado a un límite el pasado 23 de febrero. Ni el promocionado concierto de Richard Branson, ni la campaña de la “ayuda humanitaria”, ni los gritos estridentes del Grupo de Lima desde Bogotá, han logrado cambiar la relación de fuerzas en Venezuela. Maduro sigue allí.

Y ahora… ¿vendrá la destorcida?

No es casual que reviente el nuevo escándalo de corrupción creado por la Fiscalía, usando dineros públicos para falsos sobornos y agentes encubiertos de la DEA y CIA, que compromete al “Tuerto” Gil y a un fiscal de la JEP de segundo nivel.

Es una buena señal. Se agota el señuelo de Venezuela y la atención vuelve a centrarse en nuestra realidad interna. El “sueño feliz del vecino” no dura para siempre y no puede tapar nuestras propias pesadillas. La película está terminando y el velo empieza a correrse.

A partir del mes de marzo entramos de lleno en la campaña de las elecciones regionales y locales. ¿Cómo influirán los hechos y las dinámicas que hemos vivido en el terreno nacional e internacional en las alianzas y convergencias que se configuraron en las elecciones de 2018?

Pienso que entre las fuerzas democráticas se va a imponer en muchas regiones la experiencia y la madurez. Nuevas convergencias, más amplias y fuertes, se van a configurar en municipios y departamentos para unir a las fuerzas de la paz, de la lucha contra la corrupción y por justicia social.

Las movilizaciones sociales y las protestas ciudadanas van a desenmascarar la falsa imagen de un Duque “democrático y humanitario” y van a ayudar a que la política pise terreno firme. Es en esa tensión entre lo mediático y lo concreto, como se desarrollará la campaña para elegir gobernadores y alcaldes en Colombia.

El agotamiento del “show mediático” Guaidó-Maduro juega en contra de corruptos y guerreristas.

E-mail: ferdorado@gmail.com

viernes, 1 de marzo de 2019

¿JAGUAR? NO… SIMPLEMENTE HIENAS


En respuesta al artículo “Venezuela y su jaguar” de mi joven amigo Carlos E. Duque…

¿JAGUAR? NO… SIMPLEMENTE HIENAS

Popayán, 1 de marzo de 2019

Los EE.UU. no pueden asimilarse al Jaguar en ningún sentido (https://goo.gl/67rGca). Ellos en su esencia no son “americanos” ni “nativos”, son europeos e invasores, exterminaron a los nativos en el territorio que invadieron. Se podrían asimilar a las “hienas” (ingleses, franceses, holandeses) por ser ladronas y carroñeras.

El águila siempre ha sido identificada con los Imperios, desde Persia y Roma y, también, entre los Aztecas (y Mochicas, antecesores de los Incas), que conformaron un poder que impuso sus garras sobre pueblos indios sometidos (por ello no se puede idealizar todo lo “indígena americano”, por cuanto existían, a la llegada de los europeos, múltiples pueblos en diversos estadios de desarrollo).

Sobre las “presas” tengo dudas. Todos los seres vivos pueden ser presas de un depredador; la depredación y la lucha hacen parte de la vida. Resistir y defenderse, incluso hasta derrotar y “matar” al depredador, no tiene nada que ver con culturas patriarcales. Los débiles y oprimidos (entre ellos las mujeres) tienen el derecho de organizarse y juntarse para defenderse y pervivir, y lo importante es que en ese proceso no se degraden moralmente, sino que crezcan como seres humanos, sin perder su sentido de integración y pertenencia con la vida (naturaleza) en general.

Hoy, pensando a futuro, la mejor derrota que le podamos causar a los enemigos de la vida (depredadores) es su “muerte política y moral”. Las guerras impuestas por los depredadores se juegan en el terreno de lo virtual y los medios, y allí se impone para los débiles y oprimidos nuevas concepciones verdaderamente transformadoras, que cuestionen el patriarcalismo como un “todo” que incluye la preponderancia de la economía crematística, que es la causa de que el “patriarca macho depredador” se haya impuesto sobre la “matriarca hembra cuidadora”, al convertir a la Familia como parte de su propiedad privada.

Estamos de acuerdo en que hay que rechazar y derrotar dentro de nosotros mismos “lo patriarcal” pero, hay que ir mucho más allá; se debe enfrentar la vida hoy con un sentido anti-capitalista y post-capitalista, y también anti-imperialista y anti-colonialista (frente a los imperios colonialistas revividos por la crisis del capitalismo y la decadencia de la hegemonía estadounidense).

Eso pensamos más allá de las analogías y animalogías.


martes, 26 de febrero de 2019

EL VIACRUCIS DE DUQUE Y URIBE


Interviniendo en la casa vecina para ocultar los problemas de la propia…

EL VIACRUCIS DE DUQUE Y URIBE

Popayán, 26 de febrero de 2019

La novatada no se puede ocultar. La “cumbre” del Grupo de Lima en Bogotá, con la presencia del Vicepresidente Mike Pence de USA y el “autonombrado” Guaidó, no pasó de ser un sainete repetitivo de amenazas y anuncios en el aire, cada vez menos concurrido, en donde los neocons gringos y uribistas colombianos no lograron aprobar la intervención armada en Venezuela. Las caras largas, la frustración y el desespero, fueron la constante de ese evento.     

Duque vive su tragedia al terminar siendo un simple mandadero de Trump mientras Uribe forcejea para impedir la extradición desde los EE.UU. de Andrés Felipe “uribito” Arias, en quien ve reflejado su propio drama. Teme que la Justicia Transicional (JEP) se fortalezca o, que, en su deficiencia, la Corte Penal Internacional logre construir un caso contra él; pero lo que más lo horroriza es que un gobierno progresista pueda acceder al poder en 2022.

Es importante recordar que Duque desde principios de su período gubernamental se quiso mostrar deslindado de Uribe, pero no pudo mantenerlo. Su imagen venía en barrena dentro del mismo “uribismo” y, por ello, aprovechó el atentado del ELN para cambiar su estrategia e inició el camino de mostrarse como lo que es: peón del imperio y de Uribe quien, a través de Carlos Holmes, Francisco Santos, Marco Rubio y otros funcionarios, le impuso la agenda de guerra. Y es que objetivamente no tienen otra salida. La “paz”, así sea mínima, no es su terreno.

Solo a partir del 17 de enero Duque logró romper la tendencia a la baja en la opinión pública y con su discurso contra Maduro recuperó parte del apoyo de quienes lo eligieron. Pero no es gran cosa. En la medida en que los esfuerzos del imperio estadounidense por derrocar al presidente Maduro sean derrotados o neutralizados, la necesidad de la guerra se les vuelve más urgente, dado que, si no logran crear un ambiente de desestabilización en la región, no podrán acabar con la JEP, como es la pretensión de Uribe (https://goo.gl/paExmS).

Pero, además, el otro tema de fondo es la enorme crisis fiscal que tratan de ocultar. Duque en su reciente viaje a EE.UU., fue obligado a acudir a Nueva York para tranquilizar a las calificadoras de riesgo que están preocupadas por el peligroso desbalance entre el tamaño de la deuda pública (interna y externa) y el bajo desempeño de las finanzas del Estado colombiano. Esa gestión la hizo después de recibir órdenes de Trump y le dieron un bajo perfil.

Por esa razón quieren aprobar en el Plan de Desarrollo una reforma tributaria camuflada. Amagaron con recortar los subsidios al consumo de energía eléctrica y gas a los estratos 1, 2 y 3, pero ante el rechazo generalizado se echaron para atrás. Paralelamente, con la nueva clasificación de la “clase media” por parte del DANE, en la que ubican a quien obtenga ingresos superiores a $450.000 mensuales, van a intentar una nueva re-estratificación de los predios urbanos para legalizar –por otra vía– ese recorte de los subsidios a los servicios públicos.

En Colombia la lucha política está completamente definida. Los “medias tintas” y “tibios” no encuentran sitial en el actual entramado. En las elecciones regionales y locales se enfrentarán los dos bloques que se expresaron en los pasados comicios presidenciales: por un lado, el “uribismo” y sus aliados corruptos y de derechas, y por el otro, las fuerzas democráticas, progresistas y de izquierda. Pueda que aparezcan más opciones, pero la dinámica lleva a la polarización.  

El pulso por mantener la JEP, contra la extradición de Santrich y por la orientación pluralista del Centro de Memoria Histórica, ya mostró esa dinámica. La tarea del momento es fortalecer la presión internacional ante la Corte Penal Internacional y la ONU, que son los únicos organismos internacionales que defienden los acuerdos firmados con las Farc. Los demás organismos como la OEA, se han alineado con la estrategia de intervención en Venezuela. La destrucción de la JEP en Colombia está subordinada a esa meta.

Uribe ya negoció su impunidad con los gringos y Duque lo único que hace es el mandado. Por esa razón también quieren incentivar la guerra interna, hacer crecer artificialmente al ELN y otros grupos armados ilegales, y si pueden, utilizarlos para crear incidentes en las fronteras. Estos próximos 15 días son claves; si Venezuela resiste pacíficamente y no logran provocar la acción militar, Duque no va a poder objetar la JEP y tendrá que empezar a recular en muchos otros asuntos.

La movilización contra la guerra y la movilización social están a la orden del día. Los problemas que afectan a los productores de café, a campesinos e indígenas y productores de coca, y otros sectores sociales a los cuales este gobierno no les puede cumplir, van a obligar en el corto plazo a que amplios sectores sociales se movilicen y desenmascaren a un gobierno que se dedica a intervenir en los problemas de los vecinos para esquivar la responsabilidad con su propio pueblo.

Esa es la contradicción central que hoy vive Colombia. No puede haber ninguna vacilación frente a las pretensiones de Duque y Uribe de desestabilizar la región para salvar su propio pellejo. Lo que se impone es la fraternización en la frontera y la derrota de la mentira.

Nota: Fueron los “guarimberos” mercenarios los que incendiaron las tracto-mulas con alimentos y medicinas en los puentes fronterizos con Venezuela que cargaban también elementos para el terrorismo callejero. Existen videos donde se ve a los mercenarios reclamándole a un diputado venezolano por no haberles cumplido con el pago. Muchos de esos “guarimberos” eran paisas contratados para atacar a la fuerza armada de Venezuela con la complicidad de policías y el ejército colombiano. Ver: https://goo.gl/nYehGe

E-mail: ferdorado@gmail.com

martes, 19 de febrero de 2019

NO CEDER AL CHANTAJE IMPERIAL


NO CEDER AL CHANTAJE IMPERIAL

Popayán, 19 de febrero de 2019

La agresiva campaña impulsada por Trump (manipulado por asesores neocons) para derrocar al presidente Maduro de Venezuela, crea una de aquellas situaciones en las que no hay posibilidad de ser “medias tintas” o neutral Se está de acuerdo o no con el chantaje; así de sencillo.

El chantaje dice: Si Maduro no renuncia y si no se convoca nuevas elecciones, lo derrocamos. Y rematan: “Están sobre la mesa todas las opciones”, o sea, “es a las buenas o a las malas”.

Indudablemente es una situación muy compleja. Hay que revisar la historia y abordar la trama de la vida en su múltiple complejidad para no caer en posiciones mecánicas y lineales. Pienso que los intelectuales de avanzada que firman esta declaración internacional sobre Venezuela (https://goo.gl/E4xhix),  a pesar del tacto y la argumentación expuesta, ceden a la encerrona.

El chantaje es usado por Trump para atacar al senador demócrata Bernie Sanders que está a la cabeza de quienes exigen aumentar los impuestos a los “ricos” (multimillonarios que son el 1% de la población). Trump parece no ser consciente de los planes de los Pence, Pompeo, Rubio y demás oscuros personajes que son agentes de los que en la sombra manejan el “Estado profundo” de USA.

El chantaje ha sido utilizado por los gobiernos del imperio desde 1959 cuando Fidel Castro a la cabeza del pueblo cubano derrocó al dictador Fulgencio Batista. Y continuó con el chantaje al gobierno sandinista de Nicaragua cuando en 1978 derrocaron a Anastasio Somoza, otro dictador a sueldo de Washington. Ha sido siempre su instrumento de amenaza y extorsión.

Pero en el caso de Venezuela la situación es más dramática y paradójica. En abril de 2002, solo tres (3) años después de la elección del presidente Chávez, sin mediar presiones, amenazas o chantajes, el imperio norteamericano orquestó y efectuó un golpe de Estado con algunos elementos de la oligarquía parásita de ese país. Dicho intento fue derrotado por el pueblo venezolano con un contragolpe social y político que significó una dura derrota para el gobierno de Bush (EE.UU.).

A lo largo de 16 años la oposición golpista no pudo derrotar al “chavismo”. Cuando en diciembre de 2015 obtuvo mayorías en la Asamblea Nacional, el presidente de ese organismo (Ramos Allup) anunció que en menos de 6 meses “saldrían de Maduro”. A partir de ese instante, el gobierno inició lo que llamo “deriva autoritaria”, monopolizó el TSJ, destituyó a la Fiscal Ortega, convocó una ANC y adelantó las elecciones presidenciales, a las cuales la oposición no acudió.

Si la oposición hubiera desarrollado a partir de ese momento (2015) una estrategia democrática y pacífica, muy seguramente “otro gallo cantaría”. Lo más seguro es que hubieran derrotado al gobierno en elecciones. Pero las derechas venezolanas no son autónomas, son entreguistas y pro-imperiales. Sus “guarimbas”, tácticas, discurso, todo es elaborado por las agencias de inteligencia estadounidense como lo demuestran Cohen y Blumenthal en este texto (https://goo.gl/sF9PRs).

Para completar el cuadro deben analizarse otros factores internos y externos. A pesar de los “errores” cometidos por la dirigencia de Cuba, Nicaragua y Venezuela, como sus prácticas autoritarias de gobiernos acosados por el imperio, en su gestión gubernamental lograron construir una base social que valora sus esfuerzos y no acepta imposiciones extranjeras; por primera vez en su vida, han accedido a servicios sociales de calidad (educación, salud, vivienda, otros) y, por ello, apoyan a sus gobiernos más allá de formalidades “democráticas” y presumidas “libertades”.

Además, la injerencia de los EE.UU., aunque se disfrace de defensa de los DD.HH. y de ayuda humanitaria, tiene un claro e innegable objetivo geopolítico. Lo ocurrido en Afganistán, Irak, Irán, Libia, Siria, etc., lo demuestra. Utilizan la “democracia” y “libertad” para derrocar “dictadores no sumisos” al poder imperial de USA, pero una vez logrado el propósito no pueden ser coherentes con su discurso. La vindicta y la desaparición física de sus adversarios ha sido su práctica probada.

Hoy los países que sufrieron la “intervención humanitaria” de la OTAN, viven una situación de desmembramiento territorial y desestabilización política que es utilizada por “Occidente” (EE.UU. y UE) para expoliar sus riquezas y tratar de impedir la expansión en esas regiones de otras potencias económicas (Rusia, China, India) que, aunque no utilizan políticas imperialistas, compiten con fuerza económica y aprovechan la decadencia estadounidense. Es lo que ellos no quieren aceptar.

De acuerdo a Thierry Meyssan (Red Voltaire) esa es la estrategia de los EE.UU. Quieren destruir los precarios Estados “nacionales” de Latinoamérica. Ese es el objetivo de la guerra que inicia por Venezuela, sigue con Cuba y Nicaragua, pero pretende desestabilizar toda la región e impedir que nuevos gobiernos “progresistas” (llamados por ellos “socialistas”) se consoliden en México, surjan en Colombia y Perú o recuperen los gobiernos en Ecuador, Brasil, Argentina o Chile.

Por ello hay que identificar las estrategias de las oligarquías de cada país. Utilizan la “amenaza castro-chavista” para montar gobiernos más autoritarios que aquellos que quieren derrocar; como ocurre en Colombia y Brasil, en donde los gobiernos de Duque y Bolsonaro impulsan políticas para cerrar todas las vías democráticas frente a la resistencia popular que está en proceso de estallar como reacción al deterioro de la situación económica y la crisis fiscal que viven sus Estados[1].

¿Por qué los intelectuales no exigen nuevas elecciones en Honduras, Brasil, Paraguay o Guatemala en donde han ocurrido golpes de Estado o hechos de corrupción que generan grandes dudas sobre la legitimidad de sus gobiernos? ¿Por qué los EE.UU. apoyan a regímenes autócratas como los de Arabia Saudita y otros, que violan flagrantemente los derechos humanos y niegan la libertad de sus ciudadanos? ¿Por qué no se cuestiona la democracia de EE.UU. en donde los mecanismos electorales no reflejan la voluntad de la mayoría de los votantes?   

¿Creen los intelectuales que cediendo al chantaje se va a parar la guerra regional? ¿Será que la oposición golpista de Venezuela de un momento para otro se convertirá en un dechado de democracia o en agentes de la supuesta libertad? ¿Por arte de magia el imperio va a desechar sus prácticas golpistas e injerencistas? ¿Quiénes han invertido miles de millones de dólares para apoderarse de las reservas de petróleo y de minerales de Venezuela, de la noche a la mañana van a respetar la autonomía de los pueblos y la autodeterminación de las naciones?

No será así, queridos amigos intelectuales. No podemos ser ilusos. La vida es más cruel, dura, difícil, injusta y compleja con respecto de lo que nos dice la teoría y, así no sea lo ideal y perfecto, para no quedar del lado del histórico enemigo de los pueblos latinoamericanos y de sus oligarquías criminales, hay que resistir y rechazar el chantaje. Así no nos guste Maduro o su política.

Si para impedir la guerra hay que recurrir al apoyo de Rusia y China, con el fin de equilibrar las fuerzas geopolíticas, hay que hacerlo. Hay que desenmascarar la falsa “ayuda humanitaria” que es una herramienta de guerra en manos del imperio. Y en lo interno, el pueblo venezolano debe organizarse con autonomía para retomar las banderas de un verdadero movimiento que, como dice Boaventura de Souza Santos, “revolucione la democracia y democratice la revolución”.

No dudemos; hay que rechazar de plano el chantaje imperial de la mafia que gobierna los EE.UU.

Nota: En Colombia, Uribe cede al chantaje gringo. Va a incendiar el país y ponerlo al servicio de la guerra para impedir su extradición a los EE.UU. y/o detener los numerosos juicios que lo comprometen con el narcotráfico, con los miles de asesinatos del paramilitarismo, con la manipulación de testigos y la interceptación de comunicaciones de políticos y periodistas.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado   



[1] El Plan de Seguridad y el Plan de Desarrollo de Duque en Colombia es autoritario y antidemocrático; se promueve la guerra interna y externa; se crean grupos masivos de informantes, se niega la consulta previa a comunidades, se fortalecen los aparatos represivos, y se persigue a la oposición usando una Fiscalía y órganos de control politizados.   

lunes, 11 de febrero de 2019

DUQUE VIAJA A RECIBIR ÓRDENES DE TRUMP

DUQUE VIAJA A RECIBIR ÓRDENES DE TRUMP

Popayán, 11 de febrero de 2019

El presidente Duque viaja ésta semana a Washington. Recibirá órdenes de Trump para continuar la campaña de desestabilización del gobierno de Venezuela. A cambio, los EE.UU. no sancionarán al gobierno colombiano por sus incumplimientos en las metas de erradicación de cultivos ilícitos. 

Duque acude en medio de una visible debilidad. No logra consolidar la coalición de gobierno ante la rebeldía de los socios que lo ayudaron a elegir. Además, los impactos negativos causados por el traumático proyecto de Hidroituango (obra emblemática de su tutor Uribe), y las oscuras actuaciones de la ministra de Justicia y el presidente del Senado (Macías) contra la JEP, frenaron en seco el crecimiento de su imagen que venía en ascenso después del atentado del ELN.

Va a entrevistarse con Trump para oficializar su papel subordinado en la intervención imperial que avanza en Venezuela y en la región, que es su caballito de batalla y su único asidero. Pero Duque tendrá que ser muy cauto frente al grave error cometido por Guaidó que ha generado una fuerte reacción entre los demócratas estadounidenses al “autorizar” imprudentemente la intervención armada de los EE.UU. en su país. (https://goo.gl/aGvd5M).

Debo aclarar que no soy “madurista” ni fui “chavista”; siempre advertí que detrás de Chávez estaba una “burguesía emergente” que aspiraba a controlar el aparato de Estado (entre ella, la cúpula del ejército) pero, también, observaba con expectativa a un pueblo ilusionado con la “revolución bolivariana” que –infelizmente– no fue capaz de aprovechar ese período de tiempo (casi 15 años) para empezar (por lo menos) a construir una economía diversificada no dependiente del petróleo.

Muchos allá, en Venezuela, de los que hipócritamente hoy se rasgan las vestiduras no dijeron ni pío cuando tuvieron oportunidad de participar en la burocracia “chavista” o en los inmensos negocios que hicieron con la bonanza de los precios del petróleo. Hoy se suman al llamado a la intervención armada extranjera sin ningún rubor y sin responsabilizarse de nada.

Por eso las mayorías populares no les creen, aunque tampoco le creen a Maduro. La gente quiere la paz, la convivencia y soluciones reales a los problemas concretos causados tanto por el bloqueo económico y el saboteo imperial-oligárquico como por la ineficiencia y corrupción del gobierno. 

Tampoco soy pro-imperio, mucho menos pro “vieja MUD” ni pro “nueva-MUD”, ésta última encabezada por Marco Rubio y Leopoldo López (Guaidó), que incita a la guerra por orden de las mafias legales e ilegales que controlan el “Estado profundo” en los EE.UU. Esas mafias globales viven su propia crisis ante la aparición de un mundo multipolar que no quieren aceptar (China, Rusia, India, Irán, etc.) y de un pueblo estadounidense que poco a poco va abriendo los ojos.

No quiero guerra para nuestra región (norte de Sudamérica y el Caribe) y espero que los venezolanos sean capaces de encontrar una salida pacífica.

En Colombia, los que quieren la guerra son los que impulsan la economía extractivista (petróleo, minería, megaproyectos, carbón, oro, agro-combustibles, etc.). Promueven la guerra con la expectativa de participar –al lado de los capitalistas gringos y europeos– de una “partecita” del botín energético, como socios menores y mendicantes. Ya preparan sus contratistas y mercenarios para hacerlo (https://goo.gl/MXRYM2) y han ubicado todas sus fichas en Cúcuta, centro operativo del complot injerencista. En la actualidad utilizan la supuesta “ayuda humanitaria” para provocar un incidente fronterizo y justificar la intervención militar (https://goo.gl/9yJA7T).

Es tal la crisis fiscal y presupuestal del gobierno colombiano que han negociado con Trump su participación en la guerra contra Venezuela y Cuba, a cambio de que los estadounidenses no impongan sanciones ni insistan (por ahora) en la “lucha contra las drogas” que no tienen cómo financiar. Saben que ese “negocio” aporta más de 5 puntos al PIB, dinamiza la economía y engorda las arcas de banqueros. Además, quieren vender otro 10% de Ecopetrol, no saben qué otros activos públicos vender, y a corto plazo no tienen cómo aplicar más impuestos. Tienen la presión de las agencias calificadoras de riesgo a las que Duque tratará de calmar en ese viaje a EE.UU.

Quieren la guerra, desean incendiar su propia casa para ocultar la grave situación que tienen a todo nivel, y piensan que al lado de Trump tienen garantizado el “seguro contra-incendios” que pague la indemnización de la catástrofe.  Y ello, porque en Colombia se les acaba el petróleo, se le cierran los mercados al carbón, y las comunidades en general, rechazan la mega-minería y los mega-proyectos depredadores de la naturaleza como Hidroituango, Santurbán, El Quimbo y otros.

Necesitan la guerra para acusar a todos los demócratas de apoyar la “dictadura” de Maduro. “Dictadura” que deja que Guaidó y los integrantes de la Asamblea Nacional anden como “pedro por su casa” con sueldos oficiales, amplia cobertura de medios de comunicación y hagan llamados al ejército a derrocar al presidente, cuando en Colombia los opositores son perseguidos y acusados de atentar contra las instituciones democráticas por denunciar la corrupción. Si pudieran, ya los habrían asesinado como matan a diario a líderes sociales en todo el territorio nacional.

La paradoja es que en Colombia son los campesinos medios y pobres los que sostienen la economía (café, panela, frutales, aguacate, piscicultura, etc.), incluyendo la “coquera”, y en las ciudades, los pequeños y medianos empresarios (y toda clase de rebuscadores creativos y trabajadores formales e informales) son los que generan empleos productivos, mientras los grandes banqueros y mafias de todos los colores siguen enriqueciéndose en medio de la corrupción más terrible.

Mientras la “emergencia humanitaria” se vive en Colombia desde hace décadas, como lo que ocurre en la Guajira con la muerte de cientos de niños por desnutrición, o en la zona noreste de Antioquia impactada por las obras de Hidroituango, o en la Costa Pacífica (Buenaventura, Tumaco, etc.) en donde la violencia y la miseria se entrelazan de forma dramática contra las comunidades pobres, el gobierno colombiano promueve la “ayuda humanitaria” con Venezuela, a fin de crear condiciones para incendiar la región.

Pero, no podrán, no lo lograrán.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

domingo, 3 de febrero de 2019

DESENMASCARAR EL COMPLOT IMPERIAL Y EXIGIR LA INTERVENCIÓN DE LA ONU

El eje injerencista de Miami-Bogotá-Madrid-Este de Caracas, debe ser detenido…

DESENMASCARAR EL COMPLOT IMPERIAL Y EXIGIR LA INTERVENCIÓN DE LA ONU

Popayán, 3 de febrero de 2019

En menos de 2 años (18 meses), la situación del pueblo venezolano ha cambiado drástica y dramáticamente. El conflicto que se desarrolla en Venezuela ya no les compete solo a los venezolanos porque hoy es un problema regional y global. Todo el mundo tiene los ojos puestos en ese país suramericano y caribeño, a la espera de uno u otro desenlace.

Tampoco están en juego ni la democracia ni los derechos humanos (como algunos “ingenuos” creen), dado que, en toda guerra como la que está en operación, se anulan y sesgan totalmente esas categorías conceptuales haciéndolas depender de la interpretación de cada bando.

Incluso, la soberanía no se ejerce hoy plenamente: las fuerzas armadas venezolanas y la población mantienen precariamente el control territorial, pero la soberanía económica ha sido gravemente lesionada por las políticas desacertadas del gobierno. Dichas políticas han sido causadas, en parte, por la presión y el cerco imperial pero también, por errores conceptuales y por la corrupción administrativa de la burocracia enquistada en el régimen.

La soberanía política también ha sido gravemente afectada tanto por el gobierno como por la oposición golpista.El gobierno debilita la soberanía popular al ser incapaz de resolver los problemas vitales de la población (alimentación, medicinas, servicios públicos, transporte, etc.), y la oposición, al vender la idea de que el gobierno estadounidense y sus socios injerencistas intervienen para “restablecer la democracia” y “acabar con la dictadura”.

La nueva generación de derechistas golpistas ha llegado a los extremos de izar las banderas de EE.UU. y de Israel en sus eventos, dejando ver que solo son títeres de un plan de intervención extranjera. Y en medio de su desesperación, importantes sectores sociales asimilan esa idea.

Desde mediados de 2017 la estrategia de la derecha golpista cambió en cabeza de Leopoldo López y sus asesores gringos (encabezados por Marco Rubio). Se dedicaron a ganar tiempo y a complotar y acumular fuerza desde afuera de Venezuela.

Igualmente, la situación de la política interna de los EE.UU. evolucionó hacia el caos que no controla Trump, sino que lo controla a él, y las fuerzas reaccionarias estadounidenses lideradas por Mike Pence, Mike Pompeo y el mismo Rubio, han logrado un alto nivel de incidencia en la política para América Latina.

Ahora ejecutan su plan: una guerra de intervención en Venezuela y en toda la región.

De acuerdo a todas las informaciones, mensajes, gestos y señales, Trump piensa que, solo con presión diplomática, cerco económico y amenazas de guerra (“fuegos artificiales”), van a doblegar al gobierno de Maduro y al ejército bolivariano. Es también lo que algunos ingenuos presidentes y sectores políticos de la región y del mundo creen a pie juntilla.

Pero el núcleo “neocon” que maneja los hilos de la conspiración, que utiliza esa guerra para también desmoronar (“impeachment”) al mismo gobierno de Trump, y desestabilizar toda la región desde México hasta Bolivia, que está en coordinación con Steve Bannon, John Bolton, Eliott Abrams, Álvaro Uribe Vélez y la élite anticubana de Miami-Madrid, parece estar decidido a todo. Traman y complotan por debajo de la mesa, presionan gobiernos y chantajean a mafias de todas clases y colores para comprometerlas en su aventura.

Estas nuevas condiciones nos llevan a replantear algunas ideas que han sido superadas por la realidad.

Las condiciones internas de Venezuela que hacían imposible una guerra de intervención imperial, pasaron a ser irrelevantes ante una estrategia de intervención y desestabilización regional de carácter imperialista. Esas condiciones internas consistían en que no existe una tradición guerrerista entre el pueblo venezolano, no hay una división tribal ni territorial que puedan aprovechar o estimular, el ejército bolivariano está unificado y cuenta con una tradición anti-imperialista, y la elite parásita de oposición no tiene la capacidad para encabezar una rebelión armada.

Sin embargo, esas condiciones cambiaron con la intervención extranjera que viene impulsando la cúpula guerrerista de la región y de EE.UU. Al estar en la agenda del plan desestabilizador una serie de objetivos que van más allá de Venezuela, todos los análisis y expectativas cambian de manera drástica.

Esos objetivos son: a) el derrocamiento por la fuerza del presidente Maduro y la apropiación por parte del gran capital (especialmente de EE.UU.) de las riquezas petroleras y minerales de Venezuela; b) la destrucción de los acuerdos de paz con las Farc, la agudización de la guerra interna irregular y el debilitamiento de las fuerzas democráticas y progresistas en Colombia; c) el cerco y acoso al gobierno de Cuba, Bolivia y Nicaragua; d) el aislamiento regional del gobierno de AMLO de México; e) la nueva política de expoliación de los recursos naturales de la cuenca del Amazonas, en cabeza del gran capital global, el nuevo gobierno de Brasil y los gobiernos extractivistas del Grupo de Lima.

Si estamos en lo correcto, no serán los ejércitos de ningún país los que se comprometan en la guerra. Los grandes “contratistas del terror” tienen listas miles de tropas de mercenarios y sus empresas de destrucción y de “re-construcción” tienen el panorama claro sobre los intereses, contratos, subcontratos, sobornos y toda clase de repartimientos entre las fuerzas interesadas en apropiarse de los inmensos recursos energéticos de la región. Colombia “exporta” miles de mercenarios desde 2011 que “trabajan” a bajo costo para empresas privadas de los EE.UU. comprometidas en las guerras del Medio Oriente y África (https://goo.gl/yBSuQD).  

Pareciera que la cúpula madurista-cabellista del gobierno venezolano dejó crecer el “enano”. La “casa por cárcel” de Leopoldo López ha sido uno de los “nodos golpistas” donde se construyó toda la infraestructura de comunicaciones y el diseño estratégico que sirvió de plataforma política al desconocido y novel Guaidó, con la sombra y cobertura de la acción de una Asamblea Nacional pagada con los recursos económicos del pueblo venezolano.

Hoy las fuerzas democráticas, patrióticas, revolucionarias y anti-imperialistas de toda América Latina tenemos la obligación de enfrentar ese plan de muerte. Y para hacerlo hay que tener claros los análisis de clase y geopolíticos. Ya no sirve hablar de “no intervención” cuando todas las potencias, de una manera u otra, tienen “velas en ese entierro”. Ya es algo tarde pedir “democracia” cuando ni en EE.UU. ni en Europa la democracia se respeta en lo más mínimo. ¿Cómo exigir democracia cuando en América Latina los “golpes blandos” han sido la constante? ¿Qué moral o ética tienen los gobiernos de Colombia, Honduras, Paraguay, Brasil o Perú para exigir “democracia”? 

Cuando las fuerzas políticas internas de Venezuela están –más allá de las apariencias– absolutamente debilitadas frente al conjunto y mayorías de la población, plantearse salidas “democráticas” inmediatas, es otorgarles grandes ventajas a las fuerzas golpistas de derecha.

Las fuerzas del gobierno están débiles por el enorme desgaste, ejercicio de represión y caos económico acumulado; y las de la oposición no logran fortalecerse por su actitud golpista, entreguista y antipatriótica.

El objetivo central, entonces, es desenmascarar el complot imperial y evitar el escalamiento de la guerra.

El gobierno de Maduro tiene que replantear su estrategia y buscar nuevos aliados dentro y fuera de Venezuela. Y las fuerzas democráticas de la región deben conformar un Frente contra la guerra imperialista y oligárquica, llamando sin temores ni ambigüedades a Rusia, China y otras potencias a intervenir en la solución pacífica y consensuada de este conflicto.

Solo una intervención externa e internacional, posiblemente coordinada y articulada por la ONU, en donde las fuerzas políticas, sociales y del ejército venezolano tengan una representación amplia y cualificada, que a la vez sea un verdadero proceso de paz, puede ayudar a resolver ese conflicto inducido desde lo más reaccionario y codicioso del imperio estadounidense.

Los demás escenarios no lograrán detener la voracidad del imperio. Hay que retomar la iniciativa principalmente soberanista.

Nota: La llamada “ayuda humanitaria” es una estrategia de la guerra de intervención. Hoy el eje Miami, Bogotá, Madrid y “este” de Caracas concentra sus esfuerzos en la ciudad de Cúcuta. La pregunta que surge es: ¿Por qué los gobiernos injerencistas y las grandes fundaciones “humanitarias” que están detrás de los “contratistas del terror”, no auxilian a los cientos de miles de migrantes centroamericanos que huyen hacia EE.UU. o a las decenas de miles de africanos que buscan un mejor vivir en Europa? ¿Acaso es una inversión en Venezuela y Colombia que van a capitalizar con los contratos de la destrucción y re-construcción de esos países?

E-mal: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado   

   
     

miércoles, 30 de enero de 2019

NUEVAS PRÁCTICAS POLÍTICAS COLABORATIVAS


Frente a la crisis de los modelos tradicionales de acción política…  

NUEVAS PRÁCTICAS POLÍTICAS COLABORATIVAS

Popayán, 30 de enero de 2019

Frente a lo que ha ocurrido en Cuba, y lo que sucede actualmente con Venezuela y Nicaragua, pero también, a lo acaecido con los gobiernos progresistas de América Latina (y también con Podemos en España y Syriza en Grecia), es necesario reflexionar para tratar de superar los análisis tradicionales y contribuir con la búsqueda y tránsito por caminos nuevos. Hay que partir de aceptar que, en los últimos 150 años de lucha, los trabajadores y pueblos oprimidos hemos fracasado frente a un capitalismo que se renueva a diario. En ese sentido planteo unas reflexiones sobre el tema en forma sintética.

Contrario a lo que planteó Marx, se piensa (a veces, es una creencia) que el socialismo y comunismo solo se pueden construir usando el aparato de Estado o desde ese ámbito. Es decir, actuando “desde arriba”, sin involucrar a la gente en la tarea de construir nuevas relaciones sociales de producción y de vida o creyendo que ello se logra con normas y leyes. Y siempre, el Estado nos coopta, nos encierra, y nos pone al servicio del gran capital sin que podamos construir algo seriamente alternativo o “post-capitalista” (Mason). Lenin lo alcanzó a visualizar, aunque era la primera experiencia de estar al frente de un Estado y, por lo menos, dejó formulada (parcialmente y en desarrollo) la llamada Nueva Política Económica, pero no hubo en ese momento un sector social y una fuerza política capaz de avanzar en esa dirección con apertura mental y espíritu crítico. El nacionalismo gran-ruso se impuso y se puso al servicio del gran capital, y la expectativa transformadora se fue diluyendo.

A partir de ese accionar, que se hace exclusivamente a nivel del Estado, necesariamente se termina por involucrarse en el conflicto geo-político entre las potencias económicas y políticas (militares). Actualmente, frente a la crisis económica acumulada, ese conflicto se agudiza entre el bloque occidental (EE.UU., Europa) y el bloque oriental (Rusia, China, otros), y los países débiles y dependientes de acuerdo a sus conveniencias tienen que alinearse con unos u otros para no ser “devorados”. Y al introducirnos en esa dinámica, perdemos los verdaderos objetivos de la causa transformadora, comprometiéndonos en carreras armamentistas, alianzas ideologizadas o geográficas, “solidaridades” interesadas, bloques y guerras geopolíticas, dependencias camufladas, etc. Y son los pueblos los que sufren.

La visión que se viene trabajando y construyendo por parte de nuevos pensadores y prácticos de la acción revolucionaria, para intentar enfrentar y superar ese problema que es recurrente y frustrante, consiste en realizar el trabajo político en dos grandes terrenos o espacios interrelacionados: el estatal o institucional, por un lado, y el societal o no-institucional, por el otro. Además, impulsando una dinámica que logre coordinar esas tareas que deben tener un grado de separación formal para lograr sus objetivos. Ellas son:

a) Disputar el control del Estado con una política democrática amplia y relativamente “moderada”, con gente conocedora del aparato estatal para aprovechar las pocas fisuras existentes sin dejarnos llevar a una confrontación total y desigual, dado que los capitalistas globales (que juegan al interior de todas las potencias y de todos los países) nos pueden bloquear y debilitar fácilmente. En ese terreno deben fijarse como metas las de avanzar con consistencia y paciencia en el manejo ético de lo público, ampliar y mejorar la democracia representativa y también la participativa (hasta donde se pueda), e ir debilitando paso a paso los monopolios para abrirle espacio a las economías colaborativas (Rifkin, Ostrom). Para hacer ese trabajo se requiere entender la naturaleza del capital financiero global, identificar sus relaciones e imbricaciones que influyen y determinan todos los ámbitos de las sociedades y pueblos del planeta, y no hacernos ilusiones cortoplacistas. Para llevar a cabo esa tarea se necesita más bien poca gente, especializada y honesta, pero que esté subordinada y de alguna manera “controlada” y asesorada, por una organización política que tenga sus raíces y fuerza dentro del movimiento social, y sea poseedora de un alto nivel de pensamiento científico y crítico. Es decir, tener dentro del Estado una avanzada de buenos burócratas, que sepan cuál es su papel en ese espacio y lo desarrollen con eficiencia y efectividad.

b) El grueso de los dirigentes más preparados deben concentrarse en “construir desde abajo”, en el “barro” de la lucha social, un poco al estilo de lo que hacen los “neo-zapatistas” en el sur de México, o los kurdos en Rojaba, o los mapuches en Chile (y algo los nasas en el Cauca), pero con una visión más amplia y más actualizada en cuanto al desarrollo de las economías colaborativas que vienen surgiendo dentro del mismo capitalismo. Este trabajo es más cotidiano y gris, menos heroico pero más efectivo, y debe hacerse a todo nivel, en lo político (nuevas formas de autogobiernos), económico (economías asociativas y colaborativas con alto nivel de desarrollo tecnológico y prácticas ecológicas), en lo cultural (concepciones holísticas e integrales del mundo que sean la base de un nuevo paradigma “espiritual”), en lo científico (desarrollo de las ciencias de la complejidad), y en otras áreas.

Los amigos llamados “de-coloniales”, que impulsan el denominado “giro ontológico decolonial”, están también en esa búsqueda, pero pienso que caen, algunas veces, en una especie de romanticismo idealista y de ensueño ancestral, y se cierran y aíslan mental y prácticamente frente a lo que ocurre en el mundo, intentando construir experimentos solo “desde abajo” (autonómicos), que son fácilmente cooptados o bloqueados por el gran capital financiero. Caen en lo contrario de los llamados “estatistas” y se aíslan del conjunto de la vida concreta y global.

La idea central en construcción, que se corresponde más a lo que planteó Marx pero que integra nuevas ideas de numerosos teóricos de la complejidad, parte de entender que los modos de producción (entre ellos el capitalismo) no se transforman solo por la acción política (revoluciones, que son inevitables) sino que entran en juego muchas más transformaciones de carácter cualitativo y cuantitativo (en la técnica, trabajo, producción, consumo, cultura, relaciones entre las personas, el Estado y sus normas, relaciones con la naturaleza, etc.), que en general son lentas y no dependen de la voluntad de las personas. Pero, si entendemos o nos acercamos a la comprensión de la existencia de ese devenir que está compuesto de flujos y multiplicidades complejas, nuestra acción concreta y temporal (los pocos años que vivimos individualmente) puede incidir de una forma más efectiva en el largo plazo, contribuyendo con el avance de la humanidad en la búsqueda y construcción de una vida “más humana” y, también, “más animal”. Y sin obsesionarnos con el “país de Cucaña” o el “paraíso terrenal”.

Hoy surgen entre la juventud una serie de experiencias políticas que pretenden superar esas limitaciones de los antiguos partidos obreros, “marxistas-leninistas”, de las insurgencias guerrilleristas, y de los partidos exclusivamente electorales, que hoy están en crisis en todo el mundo. Bienvenidas esas experiencias, que insisten en superar el caudillismo y avanzar en prácticas colectivas y colaborativas. Destaco en Colombia la aparición de Activista.org.co.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado  

martes, 29 de enero de 2019

HACIA UNA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA Y SOBERANA EN VENEZUELA

Gral. Isaías Baduel, Gral. Miguel Roriguez Torres y Rafael Ramírez

Hacia una transición democrática y soberana en Venezuela

Militares venezolanos entregan a Maduro

Por: Heinz Dieterich

1. Pacto con la Casa Blanca

La declaración del Ministro de Defensa de Venezuela, General Vladimir Padrino López, de que la FANB "es una Fuerza Armada humanista, respetuosa del estado de derecho, la democracia y los derechos humanos" (28.1.), señaliza a Washington, que han aceptado la oferta imperial de sacrificar a Maduro, a cambio de impunidad para ellos. Su mensaje, de que la institución ha "respetado los derechos humanos" y que "el cuerpo castrense continuará trabajando en defensa de la soberanía nacional", manda dos mensajes adicionales a la Casa Blanca: no vamos a matar por Maduro y, no traten de invadir el país, porque iríamos a la guerra.

2. Oferta imperial irresistible

Esta decodificación del discurso de Padrino López es evidente, cuando se lee la oferta original imperialista, expresada por el Jefe del U.S. Southern Command, el Comando Sur de los Estados Unidos, almirante Craig Faller:

"Hay dos maneras de resolver este tipo de problemas. En 1989 nosotros sacamos a Manuel Noriega de Panamá. Y en 1994 depusimos al presidente de Haití… Por otro lado, al final de la década de los 80 cuando Ferdinand Marcos tenía cientos de miles de manifestantes protestando en las calles de Filipinas, nosotros organizamos su salida y le garantizamos a Marcos que no sería enviado de nuevo a Filipinas para ser juzgado allí por los crímenes cometidos. Creo que esa es la vía para salir de Maduro. Tal vez se la puedan proponer alguien cercano a él de otro país… pero necesitamos darle una salida en la que no sea obligado a regresar, y así, posiblemente, salir de este problema sin violencia".

Con un plan contundente, dijo, "no habría violencia", y añadió que tampoco sería necesario el uso "de fuerzas de guerra". "Para lograr el control de las Fuerzas Armadas, es necesario que se le den garantías a los altos mandos, que son esencialmente corruptas. Maduro los está comprando. Pero, para acabar con esa falsa lealtad a Maduro es necesario darles alguna forma de amnistía. Y eso es muy importante. Solo (funcionará), si ellos están convencidos de que la amnistía es verdadera". Es obvio, que se convencieron.

3. La Troika post-Maduro

Mientras Maduro, en su mente infantil-positivista juega a la guerra en la torreta de un tanque, y Diosdado Cabello --el preeminente intrigante anti-comunista de derecha del proyecto de Chávez-- está negociando la fase post-Maduro con los títeres caraqueños de Washington y los militares, la apremiante tarea de la salvación nacional queda diáfanamente clara: la intervención de un Bloque Nacional Patriótico (BNP) en la configuración concreta de las condiciones de transición. La salida de Maduro generará un gran vacío de poder, que no se puede permitir sea llenado por la nueva troika del poder imperial: Juan Guaidó, Leopoldo López y Antonio Ledezma.

4. La batalla decisiva de la guerra

Toda estrategia de salvación posible de los intereses populares y de la soberanía nacional de Venezuela tiene que partir de las siguientes realidades.

1. A la luz de la correlación de fuerzas geopolíticas y nacionales, es obvio, que Maduro perdió la guerra del regime change de Washington, como Yanukovich la perdió en Ucrania. No tiene más salvación que la de una salida negociada al exilio. China, por principios de su política exterior, no le dará asilo político. Moscú es posible en una negociación entre Trump y Putin. Cuba también es posible, pero debería cobrarle el favor a Trump con la congelación del Título tres de la Ley Helms Burton, durante el resto de su mandato.

2. No hay forma de evitar que la actual fase de transición culmine en elecciones generales.

3. Toda negociación con el Imperio y sus títeres gira, en consecuencia, en torno a las condiciones de la transición, que determinan, a su vez, la situación post-guerra o post-madurista del país. En términos militares, la batalla decisiva de la guerra es la actual batalla por la transición.

5. Aparece Mao Zedong

Sólo quedan dos poderes primarios de negociación de la transición dentro de Venezuela: la embajada de Washington y las Fuerzas Armadas venezolanas (FANB). Todo lo demás que existe es secundario. Abstrayendo de la embajada, el centro de gravitación de la batalla para todos los actores es el poder de fuego de las FANB: para los sectores maduristas, las fuerzas patrióticas y chavistas y las fuerzas exógenas: Rusia, China y Cuba. La alianza con las FANB se vuelve determinante, porque una vez más se verifica el aforismo de Mao Zedong: "El poder político nace de los cañones de los fusiles."

6. Decálogo de la Salvación Nacional

Para el pueblo y las fuerzas patrióticas venezolanas es primordial entender, que sólo le queda la "solución sandinista" de 1989, para salvar sus legítimos intereses. Esto significa en concreto, que tiene cuatro imperativos para la fase de transición.

1. Organización de las elecciones bajo una estructura transparente y democrática, que no puede ser manipulada por ninguna de las fuerzas en pugna.

2. Sustitución de la camarilla militar Padrino López-Reverol-Ceballos, por una dirección militar colectiva, formada por los generales de la resistencia democrática y bolivariana, Miguel Rodríguez Torres, Raúl I. Baduel, Cliver Alcalá y otros. Padrino López puede ser miembro de este colectivo que toma las decisiones por voto de mayoría. Este alto mando queda en el poder durante los siguientes cinco a diez años, porque es la única manera, de impedir una matanza de la derecha en la fase post-Maduro. Una estructura semejante conducirá a la policía nacional.

3. Para salvar a PdVSA es necesario poner a Rafael Ramírez a su cabeza.

4. Con vista a la campaña presidencial, Rafael Ramírez sería el único candidato de unión progresista y patriótica disponible, y con la experiencia nacional e internacional necesaria, para conducir el país hacia su refundación.

7. Alianza con China y Rusia

Para esta alianza de negociación con Washington (Guaidó, López) es fundamental que Rusia y China estén presentes. Venezuela ya no es más que un peón geopolítico y geoenergético en la gobernanza mundial y el naciente orden multipolar. De ahí, que para contrarrestar el poder geostratégico del eje imperialista –Estados Unidos, Unión Europea, Japón y sus vasallos latinoamericanos-- en la negociación, es imprescindible contar con el poder económico, político y militar de Rusia y China. Se trataría, entonces, de una "solución sandinista geopolítica", que reflejara las realidades de poder globales y nacionales del momento actual.

Como en cualquier negociación, no se conseguirá el cumplimiento de todas las demandas propias, frente al adversario. Sin embargo, sólo entrando en negociaciones con Washington con una estrategia concreta de este tipo y con el Bloque Nacional Patriótico (BNP), con su doble cabeza de lanza blindada –la Fuerza Armada y la Fuerza Geopolítica Mundial-- se puede evitar las peores consecuencias de la catastrófica derrota, que ha causado la mafia burguesa madurista y sus panegiristas de la izquierda global oportunista, en la Patria Grande.