miércoles, 5 de octubre de 2016

“CANTANDO LA TABLA”

“CANTANDO LA TABLA”

Popayán, 5 de octubre de 2016

La verdad es dura de reconocer pero hay que re-afirmarla:

No escarmentamos, no aprendemos, la "culpa" siempre es de otros.

Los graves errores de Santos y de las FARC durante el proceso de paz y la campaña del plebiscito fueron permitidos por todos los demócratas y la izquierda. No dijimos nada, fuimos cómplices. Y ahora queremos seguir por la misma.

Y esos errores crecieron y catapultaron el NO en la última semana.

¿Cuáles fueron? Politiquería y triunfalismo con la Paz

- Ofrecer esta vida y la otra con el cuento de la paz.

- No unificar un discurso "ciudadano" por el fin de la guerra, lejos y deslindados del gobierno (y su "patota" corrupta) y de las FARC.

- No unir a las fuerzas democráticas para actuar como una sola fuerza, con planes y organización, responsabilidad y seriedad.

- Dejar que los Gobernadores organizaran "falsas" marchas que daban imagen de mucha fuerza cuando en realidad eran una sumatoria de delegaciones municipales movidas por las alcaldías sin mucha convicción y fuerza. (Por aparentar fuerza se gastaron lo del transporte del día de elecciones).

- Celebrar antes de tiempo. La X Conferencia en Llanos del Yarí y el evento de la firma en Cartagena costaron miles de millones de pesos que hicieron falta el 2 de octubre para movilizar la gente en zonas rurales y ciudades. Ello generó mucho rechazo entre el pueblo y fue explotado hábilmente por Uribe y sus predicadores evangélicos.

Y ahora muchas personas le echan la culpa al pueblo "ignorante" y "guerrerista", todo lo justifican con las mentiras de Uribe (que sí las hubo), pero su mensaje manipulador tenía motivos y causas de dónde pegarse.

Sé que a algunos amigos no les gusta que alguien "cante la tabla". Pero alguien tiene que hacerlo.


Nota con algunas cifras: En Bogotá, el voto por el SI subió en 81.649 con respecto a los votos obtenidos por Santos en la segunda vuelta presidencial de 2014, mientras que el NO subió sólo 38.117 votos en comparación con lo obtenido por Zuluaga. Es el único caso de incremento de los votos por el SI en todo el país. La fuerza del voto de opinión por ambas propuestas (SI y NO). La debacle fue en las regiones, en Cauca se perdieron 77.000 y en Nariño 94.438 votos, que fueron los mejores desempeños. En la Costa Atlántica, también con la ayuda del Huracán Matthew, pero ante todo por la imprevisión y falta de organización de la campaña del SI, el desastre fue total. 

E-mail: ferdorado@gmail.com - Twitter: @ferdorado

MITOS Y FALSEDADES QUE DEJÓ EL PLEBISCITO

MITOS Y FALSEDADES QUE DEJÓ EL PLEBISCITO

Popayán, 5 de octubre de 2016

Hay una serie de mitos y "falsas verdades" en Colombia que sacó a flote el plebiscito del pasado 2 de octubre:

1.    Identificar la PAZ con la terminación del conflicto armado con las FARC (puede ser un primer paso pero nada más).

2.    Identificar a todos los que votaron por el SI con la Paz y a todos los que votaron por el NO con la guerra.

3.    Que la gente de las ciudades es indiferente con la causa de la paz (en Bogotá, Barranquilla, Cali, Tunja, Pasto, Popayán, Cartagena y muchas otras ciudades ganó el SI, y fueron las clases medias las que más aportaron al SI).

4.    Que la gente de las ciudades no ha sentido la guerra (existen más de 7 millones de desplazados por la violencia en las ciudades y muchos de ellos votaron por el NO).

5.    Que en todas las regiones periféricas azotadas por la violencia las mayorías apoyaron el SI (en casi todos los municipios del Huila, una buena parte de Caquetá, Meta y Tolima, incluyendo el municipio de Planadas donde nacieron las FARC, ganó el NO).

Una VERDAD que sí es verdad: en las regiones donde gana el SI con cierta contundencia es donde existe mayor madurez democrática y construcción de hegemonía popular: Bogotá, Cauca, Nariño, Chocó, Putumayo, Urabá y Noroeste antioqueño, y en muchos municipios graneados de otros departamentos.

Hay muchos más mitos de esos que le hacen daño a la reconciliación entre los colombianos y que deben ser superados para poder construir una "paz estable y duradera".

Es un deber superar la polarización y luchar llamando a todos los colombianos a consolidar los acuerdos y terminar este conflicto. Las FARC, el gobierno y los promotores del NO deben ponerse de acuerdo y la sociedad debe presionar para que sea pronto y se mantenga el Cese Bilateral de fuego.

Las otras metas de una Paz con justicia social, deben seguirse luchando hacia el futuro. El 2 de octubre se demostró que NO EXISTE UNA FUERZA DEMOCRÁTICA CONSOLIDADA para lograr esa meta en el corto plazo. Eso, creo, que quedó en absoluta evidencia.


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

ACEPTAR LOS RESULTADOS DEL PLEBISCITO Y RECTIFICAR

ACEPTAR LOS RESULTADOS DEL PLEBISCITO Y RECTIFICAR…

Popayán, 5 de octubre de 2016

Para el análisis de los efectos jurídicos de que haya ganado el NO en el Plebiscito...
El artículo 3º de la Ley Estatutaria que aprobó el Plebiscito (y que fue declarada exequible por la Corte Constitucional) dice:
"Carácter y consecuencias de la decisión. La decisión aprobada a través del Plebiscito para la Refrendación del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, tendrá un carácter vinculante (para el Presidente) para efectos del desarrollo constitucional y legal del Acuerdo."
Significa que el acuerdo (tal como está) ya no tiene piso jurídico.
Si se quiere avanzar con el proceso de terminación del conflicto armado deben hacerse como mínimo algunos cambios en los Acuerdos y tiene que construirse un Gran Pacto Nacional que avale un nuevo procedimiento.
Si hay verdadera voluntad para coronar lo avanzado no se puede pretender hacer un cambio total de los contenidos de los Acuerdos, ni todo el mundo va a poder participar. Ya tenemos más de 4,5 años de negociaciones que no se pueden tirar a la caneca.
Hay que presionar desde la sociedad civil para que se resuelva el problema sin pretender que unos Acuerdos consolidados que se hicieron entre "cúpulas", puedan convertirse por arte de magia en algo perfecto.
Los que estábamos con el SI ya habíamos aceptado lo acordado; ahora, hay que acoger algunos cambios y eso tendrá que ser fruto de una negociación con los que impulsaron el NO, reconociendo su apretado triunfo pero sin sobredimensionarlo (18,5% de los electores).
Así iremos avanzando en la construcción de la paz. Si el SI hubiera ganado por un 0,5% estaríamos casi en las mismas.
Si los promotores del NO asumen una actitud de saboteo o de dilación, el gobierno y las FARC pueden modificar en forma unilateral los acuerdos y continuar con el trámite normal de los acuerdos y del proceso de paz con base en las funciones legales que tiene el Presidente de la República para realizar acuerdos de paz con actores armados ilegales.
Las FARC en los Acuerdo (punto 6, p. 192) aceptaron el Plebiscito como método de refrendación de los mismos. Si se quiere salvar el proceso hay que avanzar –sin renunciar a lo adelantado–, rectificando en forma ponderada.

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lunes, 3 de octubre de 2016

UN PLEBISCITO INNECESARIO Y MINORITARIO

UN PLEBISCITO INNECESARIO Y MINORITARIO

Popayán, 2 de octubre de 2016

Agradezco a mis amigas y amigos que a lo largo de estos meses –desde que Santos aprobó su famoso Plebiscito– han apoyado de diversas formas mis opiniones críticas sobre ese evento demagógico e innecesario. No son muchos (as) pero los valoro al máximo.

Siempre insistí en que estaba de acuerdo con la terminación negociada del conflicto armado con las FARC pero rechazaba en forma absoluta la utilización politiquera de la paz. Era necesario develar la pretensión de la oligarquía de engatusar al pueblo para que –a la sombra de la justa causa de la paz– pudiera legitimar e imponer hábilmente su 2° paquete neoliberal.  

Sé que mi posición era bastante difícil de entender y de sostener ante la avalancha mediática desarrollada alrededor del SI y el NO, y por ello, ofrezco disculpas a aquellas personas con las cuales se hubieren presentado roces o controversias por mi posición crítica.

La médula de mi crítica iba dirigida a aquellos sectores políticos que obsesionados por la necesidad de ejercer la actividad política en un ambiente sin armas (“pura y simple paz”), olvidaban que nuestro régimen político es una falsa democracia, agobiada por la corrupción y el clientelismo, y que por tanto, el Plebiscito sólo era un mecanismo de oportunidad que la oligarquía pretendía presentar como “histórico” para refrendar unos acuerdos limitados y amarrados a sus intereses capitalistas y neoliberales.

Para ello, argumentaba que Santos ya había recibido un respaldo mayoritario del pueblo colombiano en junio de 2014, qué él debía asumir su responsabilidad y que un Plebiscito de ese tipo, con un umbral minoritario (13%), no era la mejor herramienta para refrendar los acuerdos. Que sólo, en la medida en que las insurgencias se desarmaran y se reintegraran a la vida civil y a la lucha política legal, la sociedad iría asimilando y aceptando lo acordado.  

Denunciaba cómo el imperio y la oligarquía se estaban aprovechando de la debilidad política de la guerrilla y de su necesidad de salir de la guerra, para instrumentalizar los acuerdos en favor del gran capital, legitimando con un apoyo popular en las urnas, unos acuerdos que no representan –especialmente en el tema agrario– los intereses del campesinado y de la sociedad en general. Es un problema que queda planteado y por resolver.  

Uno de los aspectos que más cuestioné, una vez el Plebiscito fue una realidad (lo que me obligó a apoyar el SI en forma solidaria con el interés general), era que Santos con sus mentiras politiqueras le hacía mucho daño al SI, lo mismo que la actitud triunfalista y, a veces, prepotente de las FARC, que en su afán proselitista se equivocaba de continuo, y por ello, reforzaban y hacían crecer por efecto reflejo las fuerzas “uribistas” del NO.

Después denuncié que el interés de la casta dominante era agudizar la polarización y la división del pueblo. Hice notar como la principal tarea de César Gaviria fue provocar al ex-presidente Uribe para que finalmente se decidiera por el NO y desechara la abstención como opción, porque sabían que la crispación de los ánimos polarizados les permitiría superar el umbral apoyándose en la izquierda y otros sectores demócratas.  Lo que no calcularon era que el NO se les fuera a crecer. Para todos fue una sorpresa, hay que reconocerlo.

De igual manera –seguramente a veces de manera fuerte y tosca– les sugería a los dirigentes de las FARC reconocer sus numerosos errores (que muchas veces fueron graves crímenes en medio de la guerra degradada) y, de esa forma, pedirle perdón a la sociedad como una manera de construir un ambiente de paz, lo cual a su vez, se convertiría en un aspecto positivo y en una retribución benéfica en favor de su tránsito a la participación política legal. Muchos compañeros de izquierda y simpatizantes de las FARC asumían equivocadamente esas sugerencias como un injusto ataque a la guerrilla. No era esa la intención.

Debo aclarar que concibo el perdón como una importante herramienta política en manos de los sectores populares. Es un instrumento de alto valor espiritual para construir –en esta fase de la vida política del país– una verdadera reconciliación entre los colombianos y de unidad de la Nación. En ese sentido no es de mi interés exigirles a los representantes de la oligarquía que pidan perdón a las víctimas y a la sociedad, ya que ellos –por su naturaleza criminal– no son sujetos creíbles. La historia así lo certifica. Ahora, si lo hacen, es positivo pero no por ello se debe bajar la guardia.

Ahora bien, en la última etapa de este proceso eleccionario pude percibir –que a pesar de toda la campaña mediática por el SI y el NO–, las grandes mayorías del país no habían logrado ser persuadidas y entusiasmadas por la política del gobierno y de sus aliados alrededor del Plebiscito. Ese es un hecho que no dudo en calificar como algo positivo sino que además lo identifico como una gran oportunidad –esa sí histórica– para que los demócratas colombianos podamos superar la polarización entre dos sectores de la casta dominante que distorsiona la vida política de la Nación.

De acuerdo a los resultados de ayer, en que ganó el NO por 0,5% hay que ser ponderados. El NO sólo representa el 18,5% de los electores colombianos, no todos son “uribistas”, muchos votaron contra las FARC y contra Santos, y por ello no se puede sobredimensionar esa fuerza ni ubicar a todos los que apoyaron el NO en un único sector político. Lo mismo ocurre con los que apoyaron el SI. Sin dudar, me atrevo a afirmar que la polarización Santos-Uribe fue también la gran derrotada, aunque falta profundizar y agudizar esa tendencia.

Para consolidar esa “despolarización” del país se requiere un nuevo diseño estratégico, una revisión de las fuerzas sociales y políticas en relación al nuevo momento que se presenta, un análisis de la situación en que quedan las fuerzas del “santismo” y el “uribismo”, un inventario del comportamiento de las fuerzas democráticas, y así, trazar nuevos planes para avanzar por nuevos caminos. Lo que es evidente es que es posible derrotar en 2018 a la “patota” corrupta de Santos-Uribe pero hay que atraer y movilizar a las mayorías abstencionistas.

Los resultados de las elecciones del 2 de octubre de 2016 son un mensaje de máxima significación que debe ser leído con ojo crítico para unir a todas las fuerzas que realmente deseen construir la paz pero, ante todo, derrotar políticamente a la casta dominante que fue la principal causante de esta larga y cruel guerra que hemos tenido que soportar. Y para hacerlo, debemos ir paso a paso, sin acelerarnos ni afanarnos, sin querer salir de la “noche neoliberal” de un día para otro, y por tanto, hay que construir una estrategia inteligente y audaz para triunfar.

En 2018 hay que derrotar primero a los corruptos. Concentrar todas las fuerzas para sacarlos de los gobiernos. Si lo logramos, será un gran triunfo para las mayorías de nuestra sociedad que reclaman un manejo ético y transparente de la administración pública. Dentro de esas mayorías debemos garantizar la participación de amplios sectores sociales y políticos que todavía no comprenden la importancia de la soberanía nacional y de la superación de las políticas neoliberales pero que en medio de la democratización del país lo irán entendiendo.

Si hacemos bien esa tarea, que quedó a la orden del día con los resultados de la elección plebiscitaria del 2 de octubre, la siguiente fase de la lucha deberá contar con un programa de gran contenido social. Si no queremos seguir a la cola de la burguesía burocrática –como hasta ahora gran parte de la izquierda ha estado– hay que hacer el esfuerzo de juntar y unir las fuerzas de izquierda, los demócratas y los independientes para ofrecerle una alternativa a la Nación.


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

viernes, 30 de septiembre de 2016

EL DÍA DESPUÉS Y LA TERCERÍA CIUDADANA

EL DÍA DESPUÉS Y LA TERCERÍA CIUDADANA

Popayán, 30 de septiembre de 2016

A partir del 3 de octubre próximo –una vez sean revalidados positivamente los Acuerdos para la terminación del conflicto armado en Colombia– se iniciará oficialmente la campaña presidencial para el año 2018. En el Plebiscito de este domingo se juega, en buena medida, parte de esa campaña electoral.

Los promotores del NO, que desde hace varias semanas se sienten perdedores y lo van a ser, usarán la muy segura alta abstención del domingo para justificar su oposición. Su principal propuesta electoral será la “renegociación de los acuerdos” y usarán la amenaza “castro-chavista” (las FARC convertidas en partido político), para “meter miedo”. Su pretensión será unificar a las derechas y mantener la polarización que impida la aparición de una “tercería”.

El gobierno y sus fuerzas neoliberales intentarán reducir el debate electoral a la “construcción de la paz” y al “cumplimiento de los acuerdos”. Con esa estrategia tratarán de impedir que los graves problemas que afectan a la población colombiana como la endémica corrupción político-administrativa, la economía que destruye el trabajo y la naturaleza, la crisis del sistema de salud, el fracaso del modelo educativo y otros, sean temas centrales de la discusión política.

Sin ninguna duda se puede prever que se producirá una recomposición al interior de la coalición de gobierno. Las fuerzas de izquierda reclamarán mayor presencia y las de derecha extrema –lideradas por Vargas Lleras– saldrán del gobierno a mediados de año para construir una nueva coalición en la que el “uribismo” encontrará su lugar. Todos los partidos políticos, en forma “fatal”, sufrirán el impacto de ese reacomodamiento. Será la constante del año 2017.

Los partidos más vulnerables a ese inevitable fenómeno serán la Alianza Verde y el Polo Democrático. Tres comportamientos serán los predominantes: uno, mantener la unidad para poder contar con un candidato presidencial que los represente y/o poder construir una “convergencia ciudadana”; dos, alinearse con la coalición de gobierno en torno al tema de la paz y el post-conflicto; y tres, apoyar al candidato de las derechas extremas en el caso de los “verdes” o alinearse con el proyecto “fariano” en el caso del Polo.    

¿Podrá surgir en Colombia una “tercería ciudadana” que impida que se mantenga en el país la polarización entre dos sectores neoliberales (Santos-Uribe) y evite que se convierta nuevamente en el factor determinante en la elección del presidente de la república en 2018? ¿Las fuerzas políticas que aspiran a pasar por en medio de esa polarización serán capaces de construir un “programa de transición” que las unifique para poder competir en condiciones de ganar?

Aún antes de realizarse el Plebiscito, independientemente de sus resultados, todo apunta a que Uribe y Santos se debilitaron enormemente. Si no fuera por las fuerzas de la ciudadanía movilizadas por la izquierda y por sectores independientes, el desgaste del gobierno en la campaña por el SI hubiera sido más grande. Y en el caso de Uribe, han sido las torpezas de Santos y de algunos miembros de las FARC, las que le han dado aire e impulso a las fuerzas del NO.  

Por ello, si se organiza una “tercería ciudadana” que presente un candidato (a) que no polarice entre “derecha” e “izquierda”, que ofrezca garantías de cumplimiento estricto de los Acuerdos, sin ventajas para nadie, sin revanchismos ni venganza, y que a la vez, se proponga enfrentar los problemas más sentidos por la sociedad (como el de la crisis de la salud, el deterioro del medio ambiente y la corrupción), ese movimiento y candidato tendrían muchas posibilidades de ganar.  

También depende de la actitud que esas fuerzas políticas asuman frente a los problemas que van a salir a flote en los próximos días. El primero, será la reforma tributaria que con el mote de “estructural” va a incrementar el IVA a la canasta familiar y a rebajar los impuestos a los grandes empresarios. El segundo será en diciembre, con el incremento del salario mínimo. Y el año entrante, “aparecerán” los problemas que habían estado represados u ocultos por el tema de la paz, que obligarán a todo el mundo a asumir una posición clara y visible.

¿Nuevamente las Centrales Obreras y las organizaciones sociales encabezadas por la “izquierda” saldrán con el argumento de que no se puede debilitar al gobierno porque de esa manera se ayuda a crecer al “uribismo”? ¿Se mantendrán una vez más las razones dentro de la izquierda y los sectores democráticos de que es mejor buscar pequeños arreglos y pactos con el gobierno para impedir que la protesta popular se vuelva a expresar con fuerza?

Esos son los dilemas del “día después”. ¡Amanecerá y veremos!


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miércoles, 28 de septiembre de 2016

EL PERDÓN ES UNA ARMA POLÍTICA DE ALTO CALIBRE

EL PERDÓN ES UNA ARMA POLÍTICA DE ALTO CALIBRE

Popayán, 28 de septiembre de 2016

Timochenko les pidió perdón a todas las víctimas. Sin decirlo, eso incluye a Uribe. Y Uribe... ¡no sabe qué hacer! Ese acto de grandeza descuadra la esencia de su discurso por el NO.

Ese mensaje (pedir perdón), por sí solo, va a conseguir más votos por el SI que cualquier otra campaña del gobierno o de la izquierda.

Lo que ocurre es que hay que interiorizarlo y trabajarlo mucho más. Si pido perdón, yo debo perdonar. ¿Podemos perdonar a Uribe y al resto de la oligarquía y al imperio?

Yo creo que sí. Pero no es del perdón cristiano del que hablo. Es un perdón mucho más elaborado. Significa entender las causas del conflicto y comprender los intereses de las clases sociales antagónicas.

El perdón es liberarnos del odio para poder "ver más allá", o sea, conocer de verdad.

Si yo odio a la oligarquía y al imperio es porque no los conozco. El odio nace del miedo a lo desconocido que me hace daño. Odiar sólo me lleva al desgaste y a reaccionar con emoción y sin cálculo. El odio es fácilmente manipulable.

Si yo perdono es porque he logrado entender la naturaleza de mi antagonista. Eso me hace más consciente de sus intereses, inclinaciones, fortalezas y debilidades. Y me prepara para derrotarlo sin aniquilarlo. Vencerlo sin matarlo.

El imperio y la oligarquía son criminales por naturaleza. Perdonarlos no significa olvidar su naturaleza. Por el contrario, el perdón nos hace más conscientes porque al eliminar el odio, se nos despeja la mente. Nos prepara para actuar mejor.

Si yo odio a mi contradictor o antagonista es porque creo que es "malo", porque él así lo quiere y entonces, creeré ingenuamente, que él puede cambiar. Y... bajaré la guardia. Pero no, el imperio y la oligarquía son criminales por naturaleza y nunca van a cambiar.

El perdón no es para cambiar la naturaleza de nuestro contradictor de clase. El perdón es para desnudar ante la sociedad la naturaleza criminal del imperio y la oligarquía.

El perdón es un valor moral de alta calidad para ganarnos a las mayorías de la sociedad y derrotar políticamente a ese contradictor.

Uribe - a pesar de sus graves crímenes - es también una víctima del conflicto y, ha sido un instrumento del gran capital. Si profundizamos en el valor político del perdón, vamos a poder identificar ante nuestro pueblo - en verdad - quienes son nuestros más grandes enemigos.

Sólo así podremos realmente avanzar. Lo que hizo Timochenko el 26 de septiembre en Cartagena es sólo el primer paso, seguro que de seguir por esa senda haremos cosas más increíbles.


¡Los jóvenes tienen la palabra!... porque tienen más limpio el corazón.

martes, 27 de septiembre de 2016

EL PERDÓN: LA PALABRA MÁGICA DE LA PAZ

EL PERDÓN: LA PALABRA MÁGICA DE LA PAZ

Popayán, 27 de septiembre de 2016

El momento clave y trascendente del evento de ayer (26.09.2016) durante la firma de los acuerdos de paz en Cartagena se presentó cuando el ex-comandante Timoleón Jiménez, principal dirigente de las FARC, pidió perdón a todas las víctimas de la guerra. Todos los asistentes se pararon de sus asientos y aplaudieron con pasión, emoción y entusiasmo. Se hubiera podido dirigir a toda la sociedad, pero es un gran paso hacia la construcción de la verdadera reconciliación. Quien solicita el perdón muestra humildad y esa es la grandeza que se requiere en nuestro país para romper el pasado de odio e ignorancia.   

La superación del conflicto armado en Colombia (y en cualquier parte del mundo) no es solamente que los fusiles que han estado activos en manos de combatientes de diferentes grupos armados (legales e ilegales) puedan declararse inactivos o incluso destruirse, sino que es necesario que la sociedad supere el estado mental y emocional que llevó a que el conflicto se desencadenara y causara tanto dolor y muerte.

En ese sentido para hacer y construir la paz se requiere que la mayoría de los colombianos nos asumamos como víctimas. Que interioricemos y usemos el dolor causado por los violentos como una herramienta de superación, y podamos –primero– perdonarnos a nosotros mismos. Es sabido que en un proceso como el vivido en Colombia, las víctimas al no entender la causa de la violencia tienden a culparse a sí mismas, lo toman como un castigo por ser malos e indignos o por tener genes violentos como lo plantean algunos fatalistas “ilustrados”.

Auto-perdonarse es liberarse de una carga psicológica muy grande. Es el primer paso para poder perdonar al “enemigo” o quienes considera los causantes del sufrimiento. En nuestro caso el perdón debe involucrar tanto a sí mismos como a quienes causaron directamente el daño o a quienes perpetraron los crímenes por los motivos que hayan sido (económicas, políticas, ideológicas, sociales, culturales o de cualquier otra naturaleza).

Superar los traumas y limitaciones mentales y emocionales que nos haya dejado la guerra mediante un proceso de reconocimiento y perdón, significa lograr transformar integralmente todo nuestro entorno familiar y social. Ello no es un hecho cualquiera. Es volver a tener sentido de Nación y de sociedad. Es reintegrar a la sociedad a individuos que por efectos del impacto de los crímenes y ofensas causados en el marco de una guerra totalmente degradada, cargan con el peso de la injusticia y la iniquidad sin otro camino que anularse como personas, guardando rencores que descargan contra sí mismos o contra sus congéneres, y por tanto, de lograrlo, sería liberar enormes cargas de energía positiva y creadora que potenciaría nuevas fuerzas y dinámicas de vida y de creación dentro de la sociedad colombiana.

El proceso de paz es de mucha importancia siempre y cuando, los sujetos participantes (o sea, todos los colombianos), logremos superar las prácticas tradicionales que llevan a considerar que el perdón es un acto de conmiseración con el victimario, cuando si efectivamente se enfrenta el problema vivido, lo que debe ocurrir es que surja desde las víctimas un movimiento transformador de la sociedad que unifique en un torrente de arrepentimiento y reconocimiento de los crímenes por parte de los victimarios, no porque se lo exija un poder externo o se lo imponga una ley, sino por la acción purificadora y transformadora de las víctimas que perdonan más allá de la reparación o del reconocimiento del otro.

Una experiencia de este tipo es importante para señalar un camino de verdadera y efectiva reconciliación que no incluye en ningún momento el olvido sino que significa la recreación de la memoria mediante un ejercicio de recuperación de lo sucedido –no para soslayarse en el dolor reviviéndolo de una forma masoquista–, sino comprendiendo las causas profundas que llevaron a unos seres humanos a perder su dignidad violentando a otras personas, muchas veces sin saber por qué, envueltos en un torbellino de placer morboso y/o de fanatismo manipulado.

Colombia necesita un trabajo de intervención psicosocial que se convierta en ejemplo para muchas personas y comunidades, y que con base en sus logros positivos y transformadores arrastre a cientos de miles de personas a seguir por ese camino de transformación mental, emocional y espiritual que logre consolidar la verdadera y duradera paz que necesita el país.

Con esas palabras el ex-comandante de las FARC ha iniciado ese trabajo de intervención psicosocial, que no debe ser una labor estrecha y reducida a las víctimas directas sino que debe ser un ejercicio dirigido a toda la sociedad colombiana. La política del perdón se pone a la orden del día.


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado 

domingo, 25 de septiembre de 2016

MENSAJE A TODOS LOS AMIGOS “MOSQUERISTAS”

MENSAJE A TODOS LOS AMIGOS “MOSQUERISTAS”

Popayán, 25 de septiembre de 2016

"El valor es hálito vital en todas las empresas desbrozadoras del progreso humano"

Francisco “Pacho” Mosquera

La tremenda tragedia de las FARC es que desde hace un buen rato han vivido con una mentira. Terminaron siendo una policía rural y un ejército de ocupación, y se habían convertido en los vigilantes de un nuevo proceso de acumulación de capital en las zonas de colonización (economía de narcotráfico). Sólo que su propia dinámica (inercia), su discurso y “fe”, les impedían ver esa realidad.

Los comandantes que se fueron para el exterior por efecto de la ofensiva uribista, desde la distancia, se dieron cuenta que las FARC ya no respondían a sus objetivos e ideales, que se habían convertido –con el tiempo– en una maquinaria armada al servicio de una nueva “burguesía emergente” y entonces decidieron, en acuerdo con esa burguesía que necesitaba legalizar sus capitales e integrarse a la sociedad y al mercado, impulsar un proceso de paz en serio (ya no como estrategia de acumulación de fuerza militar).

Apareció entonces Santos y su hermano, que tenía buena información y sabía que ellos estaban cansados de esa guerra y que no sabían cómo salir de esa trampa. Claro, como no querían ni podían tampoco tirar todo por la borda, pues se diseñó el “proceso”.

Realmente todo ha sido una enorme tragicomedia. Los gringos expertos en ese tipo de situaciones diseñaron la forma de embaucar al pueblo (más que todo a un sector de la izquierda que sueña con ver a Timochenko como presidente) para “pegar” a los acuerdos puntos que involucraran a toda la sociedad. Entre otros, la Reforma Rural Integral, que no es reforma, no es integral y es absolutamente neoliberal. Y de esa manera –paralelamente– abrir al gran capital todos los espacios legales y políticos para aplicarnos el segundo paquete neoliberal, más virulento que el primero.

Otro aspecto que hay que analizar es que para las FARC es un grave problema tener que pedir perdón, sólo lo hacen ahora puntualmente (lo de Bojayá, los 11 diputados, etc.) para tratar de conseguir algunos votos más en el Plebiscito. Pero los errores estratégicos que los llevaron a convertirse en todo lo contrario de lo que ellos querían ser (ejército libertador), no los pueden confesar, ya que ni siquiera se atreven a pensar en ese tema porque se les vendría abajo el escaparate mental e ideológico (se tendrían que cuestionar su concepción cristiana, mesiánica, militarista, autoritaria, etc.). Pero lo paradójico de todo es que si lo hicieran con verdadero espíritu de arrepentimiento, el pueblo inmediatamente entendería su tragedia y de verdad que los perdonaría y posiblemente los apoyaría electoralmente casi de inmediato.

El problema es que como no pueden hacerlo, se comportan como si hubieran triunfado (“siempre luchamos por la paz” y demás discursos que ocultan su crisis existencial), y ante esa imagen triunfadora que los vuelve prepotentes ante el pueblo, el rechazo se mantiene y puede hasta crecer. El espectáculo de la X conferencia y lo de mañana en Cartagena hace parte de ese espíritu vencedor (justificado en la burguesía y el imperio que tienen porqué celebrar y cínico-triunfalista en el caso de las FARC para mantener –según ellos– un perfil que les sirve para su entrada a la vida política legal). Aunque lo más probable es que ese tipo de eventos en vez de ayudar a la causa del SI, le merme unos cuantos votos y/o fortalezca el rechazo y la indiferencia entre el pueblo cansado de tanto “circo” y demagogia.

Por otro lado, en cuanto al tema de los muertos que se achacan a la resistencia fariana es al revés de lo que dice el gobierno: las FARC en sus tres versiones, o sea, la inicial guerrilla campesino-indígena de verdadera resistencia desde 1946 hasta 1964, la policía rural en que se convirtió de 1964 a 1983 y el ejército de ocupación que fue desde 1983 hasta 2015, ha evitado miles de muertos por efecto de violencias intra-comunitarias (peleas de embriagados en los festivales campesinos), o de delincuentes, o los que realizan los grupos paramilitares a favor de las empresas extractivas de materias primas (legales o ilegales), etc. Ellos actuaron como un "Estado ilegal pero complementario al existente", sin ninguna visión revolucionaria, con retórica "bolivariana" y práctica autoritaria y conservadora. Pero evitaron muertes y hay que reconocerlo. 

Realmente han habido muchas más muertes de dirigentes populares en la "legalidad ilegalizada" que en combate. Sin desconocer las que produjo el paramilitarismo (más que todo masacres de la población acusada de ser “colaboradora” de la insurgencia) en la disputa con la guerrilla por los territorios, los mercados de la coca y la minería ilegal, y el control de las comunidades. Por ello, en las zonas que ellos dejan, seguramente, se va a incrementar la violencia cotidiana, paramilitar, delincuencial y del ELN y los frentes farianos que no se van a desmovilizar. En las zonas de Balboa y sur del Cauca, ya existen grupos de ellos, disidentes, llamando a votar por el NO.  

Lo único positivo de que la guerrilla de las FARC se acabe o se desmovilice es que la oligarquía no va a poder criminalizar con el argumento de la "infiltración insurgente" a los dirigentes del movimiento popular y a la izquierda no armada (argumento que comparto con Jorge Robledo y Marcelo Torres para justificar el SI) aunque el imperio y la burguesía colombiana adiestrada por ellos, van a tratar de crear artificialmente (como ya lo vienen haciendo) un legal, pequeño y controlado "movimiento bolivariano" para cooptar y distraer al pueblo con un "coco" castro-chavista, financiado por ellos y la "burguesía emergente" que ellos representan, y así, tratar de mantener la polarización Santos-Uribe con un nuevo contenido y forma.

Sin embargo, si lo más sano y lúcido de la izquierda, del movimiento popular y de los trabajadores nos aliamos en 2018 con las expresiones políticas del otro sector de la "burguesía emergente" (que le llamo "decente" porque no quiere seguir pagando más impuestos para que se los roben los corruptos), podremos corregir el error histórico de Francisco “Pacho” Mosquera de preferir aliarse en 1986 con Arias Carrizosa y Durán Dussán en vez de hacerlo con Luis Carlos Galán y consolidar un “movimiento ciudadano” con el cual derrotar a las castas corruptas que nos gobiernan.

La población colombiana ya está buscando salir de esa polarización y si el sector que encabeza Robledo busca la manera de crear y fortalecer una alternativa diferente, lejos de las FARC y de la burguesía burocrática, podremos avanzar así sea con un gobierno "moderado", anti-corrupto en lo político-administrativo y que sea una transición hacia luchas anti-neoliberales y anti-capitalistas más adelante, quitándoles de inmediato a las cúpulas corruptas (santista o uribista) el manejo del post-conflicto, con el que pretenden engañar más de lo que han hecho con el cuento de la "paz".

Es claro que el pueblo no le va a dar de inmediato a la "izquierda" (sea cual sea), el manejo del post-conflicto, ya que sería para la sociedad como poner a los ratones a cuidar el queso. Desgraciadamente, así algunos sectores de izquierda no hayan tenido nada que ver con la guerra fratricida y degradada, la campaña mediática de la oligarquía afecta al conjunto de ese sector político. Por eso, hay que tener paciencia e inteligencia para afrontar la nueva situación que se presenta con la terminación del conflicto armado de las FARC.


Y por ello, claro que hay que apoyar el SI, sin embellecer los acuerdos, sin generar ilusiones entre el pueblo, sabiendo que el 3 de octubre debemos salir a unir a todos los colombianos, hayan votado SI, NO o se hayan abstenido, para enfrentar la reforma tributaria que ya tiene lista el gobierno y demás medidas contra los trabajadores, las clases medias y el pueblo en general que inevitablemente el gobierno va a aplicar para enfrentar su crisis económica y fiscal.  

jueves, 22 de septiembre de 2016

REVOCATORIO 2017: NEGOCIACIÓN Y CLAUDICACIÓN

REVOCATORIO 2017: NEGOCIACIÓN Y CLAUDICACIÓN

Popayán, 22 de septiembre de 2016

Con la programación por parte del Consejo Nacional Electoral de la recolección de las firmas del referendo revocatorio en Venezuela para finales del mes de octubre de 2016 y la fijación del evento eleccionario para el primer semestre del año entrante (2017) la situación se aclara en el hermano país. Mucho más con la aceptación de esas condiciones por parte de Henrique Capriles Radonski y la MUD. La “paz imperial” se impone en la región.  

Es totalmente lógico que al imperio estadounidense no le convenga sacar al presidente Maduro de una forma traumática o grotesca cuando en Colombia ha impulsado un proceso de paz absolutamente conveniente para sus intereses estratégicos. La recuperación de su hegemonía política (la económica realmente nunca estuvo en peligro) recurriendo a la política del “buen vecino” en su nueva versión de “intervenciones humanitarias” (Samantha Power) va viento en popa. No pueden hacer una cosa en Colombia y otra en Venezuela.

Además, las cúpulas del PSUV y la MUD, con mediación imperial y participación plena de grandes empresarios venezolanos, ya llegaron a acuerdos. La misma MUD (Ramos Allup) al aceptar conversaciones secretas con el gobierno desmovilizó a su gente. El "proyecto bolivariano" ya cayó, no formalmente pero sí de hecho. La política económica hace varios años cambió a favor del gran capital. Para el imperio y la burguesía parasitaria es mejor que los ajustes neoliberales los realice el mismo "chavismo". Ya se entregó el Arco Minero a transnacionales canadienses y PDVSA cada vez se amolda más a las imposiciones del gran capital. ¿Para qué más?

Los chinos y rusos por criterios geoestratégicos no se iban a meter a sostener un barco semi-hundido en una región que todavía no es estratégica para ellos. El gobierno de Maduro comprobó que no podía obtener financiación extranjera por esa vía y le tocó ceder espacios económicos a sectores empresariales que no les interesa la retórica “bolivariana” sino sus inversiones y ganancias. Los golpes sufridos por los gobiernos "progresistas" en Argentina y Brasil, y los acuerdos del imperio con Cuba y las FARC, fueron los pasos previos para moderar tanto a Maduro-Cabello como a Ramos Allup-Capriles Radonski.

Todo lo demás, revocatorio y "circo" es para distraer a los incautos.

Nota: Igual ocurre con el Plebiscito en Colombia. Fuegos artificiales, “paz” y “circo” pero sin pan ni tierra.  

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

miércoles, 21 de septiembre de 2016

SOCAVAR EL ESTADO COLONIAL Y FUNDAR LA REPÚBLICA SOCIAL

SOCAVAR EL ESTADO COLONIAL Y FUNDAR LA REPÚBLICA SOCIAL

Popayán, 21 de septiembre de 2016

Es inocultable el hecho de que los “procesos de cambio” que se iniciaron con la elección de Hugo Chávez en Venezuela en 1999, seguidos por los gobiernos de Lula en Brasil, Kirchner en Argentina, Correa en Ecuador, Evo en Bolivia y Lugo en Paraguay, no sólo viven un declive político sino que perdieron la iniciativa revolucionaria, reformadora o “progresista”. Los gobiernos y procesos están a la defensiva, no potenciaron los movimientos sociales que fueron su fuego y motor inicial, y hoy naufragan, sin base social, frente a la ofensiva imperial. Todos profundizan las políticas extractivistas, impulsan la economía dependiente basada en la exportación de materias primas y se aferran clientelarmente al Estado heredado que –por lo menos en el discurso– se propusieron democratizar desde adentro y desde arriba.

Por otro lado y en forma particular, lo que han demostrado los “procesos de cambio” de los países que han realizado procesos constituyentes (Venezuela, Ecuador, Bolivia), es que mientras no se rompa con la esencia colonial de las pseudo-repúblicas ("falsas republiquetas de papel") que nos dejaron de herencia todos los Santanderes latinoamericanos (leguleyistas) y no re-inventemos la democracia construyendo verdaderos Estados que se alimenten de los que realmente somos (indo-afro-euro-americanos), no podremos avanzar por caminos ciertos y sólidos de independencia, autonomía e integración regional (construcción de la Gran Patria Latinoamericana) y, mucho menos por la senda de la reivindicación y emancipación social. 

Es interesante revisar la historia. La fundación de los EE.UU., admirada y valorada positivamente en sus inicios por Carlos Marx, es un buen referente. Esos padres fundadores estadounidenses en verdad que sí inventaron. Crearon algo nuevo. No sólo adaptaron a su realidad los elementos de la democracia más avanzada de Inglaterra y Francia, sino que integraron a su sistema estatal algunos componentes de la organización política de la Confederación Iroquesa o "Alianza de los 7 pueblos" que existía alrededor de los grandes lagos, ubicada al lado y lado del río Hudson, hacia lo que hoy es Nueva York. Ellos revisaron esas formas de organización política que luego estudió L. H. Morgan e innovaron.    

Los fundadores de los EE.UU. retoman y recrean –entre otros– los siguientes aspectos: 1. La esencia de la Confederación, ya que los 7 pueblos eran diferentes, unos más grandes que otros, unos más poderosos que otros, pero en los Consejos tenían igualdad de representación. De allí sacaron la idea de la Unión de tipo confederativo y de elegir un senador por Estado. 2. Un jefe civil y un jefe militar para épocas de guerra supeditado al Consejo. La figura del fiscal y el procurador independiente y fuerte pareciera tener ese origen. 3. Los Consejos de ancianos y de ancianas, como últimos recursos para resolver litigios, que ellos lo asimilan a la poderosa Corte Suprema de Justicia. La sobriedad y la estabilidad de las normas indígenas les llamaron la atención y aprendieron de ese mundo que ellos mismos liquidaron. 

Nosotros en Colombia y en América Latina también tenemos en nuestro pasado aspectos interesantes en algunas formas de organización política de los pueblos amerindios. Las más rescatables son las que tenían los pueblos que vivían en "Comunidad" como los arahuacos, nasas, zenúes, wayuús, los mapuches en Chile y otras etnias que no habían sido dominadas por los imperios amerindios (aztecas, incas, muiscas). Además tenemos “El Común” que es una herencia ibérica de las resistencias populares que se enfrentaron al poder señorial y de los reyes, y que fueron la garantía para la defensa de la propiedad comunal y de las tierras ejidales. Algunos investigadores americanos tienen importantes referencias históricas con ocasión de los alzamientos populares de Colombia, Venezuela y Paraguay que se conocen como la "Revolución de los Comuneros" (1781).

Ante el fracaso de las malas copias de la democracia liberal francesa e inglesa que apenas han sido retocadas por reformas constitucionales y fallidos procesos constituyentes, los trabajadores y los pueblos latinoamericanos podemos proponernos el objetivo de realizar una verdadera refundación de nuestros Estados, adecuando todo ese trabajo a nuestras realidades presentes y a lo que se viene en el mundo del futuro, entre otras, la reaparición en medio del desarrollo capitalista de nuevas formas del “pro-común colaborativo” (Rifkin, 2014).

Para hacerlo necesitamos organizar un movimiento en grande, una “corriente de pensamiento latinoamericano”, que en parte ya existe pero que no se ha puesto objetivos y metas prácticas. Todos los aportes de la crítica a la colonialidad del poder, la filosofía de Dussel, las investigaciones históricas, antropológicas y sociológicas con visión “no-eurocéntrica”, las experiencias concretas y vívidas de nuestros pueblos indios, afros y mestizos, están allí para ser re-interpretadas y recreadas para convertirse en teoría viva de la transformación social, política y cultural de la región.

En el caso colombiano, ahora que entramos en una nueva fase de luchas populares con ocasión del fin del levantamiento insurgente y la superación concertada del conflicto armado, podemos pensar en un tipo especial de “período constituyente”, no de carácter coyuntural y afanado (como algunos políticos lo proponen como bandera estrictamente electoralista) sino pensando en la fundación de una auténtica Nación. Para hacerlo se necesitan por lo menos tres períodos de gobierno “alternativo”, derrotando primero a los burócratas corruptos de los partidos tradicionales, sacándolos del gobierno central y paulatinamente de los entes territoriales, sin proponernos mayores cambios en el Estado heredado sino utilizándolo con cierto pragmatismo durante por lo menos una década o más. “Socavar los Estados heredados” le llamo a esa tarea, e ir construyendo ese nuevo Estado social.

Solo necesitamos de unos gobiernos con cierto sentido ético-social, al principio bastante moderados para poder contar de apoyo con amplias convergencias sociales y políticas, sin ilusionar al pueblo con grandes cambios institucionales que ya sabemos que son delirios vanos, y con un gran sentido práctico y paciencia estratégica ir consolidando las fuerzas sociales y políticas para ir –poco a poco– profundizando la tarea de la creación de la 1ª República, que si lo hacemos bien tendría que ser una República Social.

La Asamblea Constituyente al final del proceso sería únicamente la oficialización legal de ese proceso transformador. Esa tarea, si la concebimos y entendemos la podemos iniciar desde ya, transformando a las organizaciones sociales en verdaderos órganos de poder y de gobierno, abandonando la práctica que se ha impuesto entre nuestros dirigentes de creer que sólo con recursos del Estado central capitalista podemos construir nuevas formas de economía y de verdadero desarrollo. Abandonar nuestras concepciones cortesanas y mendicantes está en la base de esa tarea verdaderamente revolucionaria.

La principal labor hoy en día es aprender –por la positiva– de los “procesos de cambio” que están a la defensiva en los países vecinos para no cometer los mismos errores. Está comprobado que el hecho de cambiar las normas mediante una Asamblea Constituyente no resuelve nada si detrás de esos cambios no existen procesos constituyentes populares, nuevas formas de gobierno popular, gérmenes de “gobiernos de los bienes comunes” y una fuerza imparable “desde abajo” que sea el soporte de esas transformaciones.

El camino de querer hacer la revolución “sólo” desde arriba ya había fracasado en la URSS. Lo que pasa es que olvidamos las lecciones históricas o las desconocemos.   


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado