sábado, 15 de octubre de 2016

COMUNICADO DE LA JUVENTUD MOVILIZADA POR EL FIN DE LA GUERRA



POR TODO LO QUE NOS UNE Y EN CONTRA DE TODO LO QUE NOS SEPARA

Los jóvenes de Colombia, los del SÍ y los del NO, los indecisos y los abstencionistas, reclamamos hoy nuestra vocería como ciudadanos en un momento crucial para el futuro del país. Que el mundo sepa que somos dueños de nuestro futuro y que no permaneceremos impávidos mientras otros deciden por nosotros.

Los jóvenes de Colombia hemos crecido en un entorno de violencia, odio y destrucción pero, aun así, comprendemos que nada de eso es “normal”. Y, lo que es más, ese no es el futuro que queremos para nosotros ni para nuestros hijos. Pese a las balas, las minas y las bombas, aún sentimos el dolor del otro y no reconocemos enemigos dentro de las fronteras de nuestra patria.

Los jóvenes de Colombia no tenemos en mente la próxima campaña presidencial, ni nos interesa fortalecernos políticamente, ni pretendemos complacer a alguna porción del electorado. Pensamos solo en nuestro futuro, en el país en el que queremos vivir, y en las vidas que podemos salvar si trabajamos unidos.

Los jóvenes de Colombia invitamos a nuestros padres, madres, abuelas y abuelos para que nos acompañen en esta lucha sin otra bandera que la de la Nación, sin otro partido que el de la reconciliación, y sin arma distinta a la razón. Exigimos que el centro de este proceso sigan siendo las víctimas y no los cálculos políticos, puesto que a aquellas no les podemos fallar. 

Los jóvenes de Colombia confiamos en que el resultado del pasado domingo 2 de octubre no fue un portazo a la paz, sino una verdadera oportunidad para superar la polarización que tanto daño le hace al país, para tender puentes y hallar puntos de encuentro. Porque, aunque tengamos diferencias, no estamos divididos: todos somos Colombianos, todos queremos la paz y entre todos debemos construir un diálogo efectivo y eficaz para lograr un acuerdo viable, legítimo y duradero.

Los jóvenes de Colombia queremos que nuestros líderes, las FARC, e incluso el ELN, vean en el hecho político del pasado domingo, una oportunidad para que actúen con ese horizonte y aprovechen las alternativas que nos ofrece el Estado de Derecho para encontrar el camino incluyente hacia la paz.

Por eso los jóvenes de Colombia, sin ninguna estrategia, sin dobles intenciones, sin odios ni rencores, les exigimos a nuestros dirigentes y a quienes el día de hoy tienen incidencia en nuestro destino que no sean inferiores al compromiso histórico que se les ha otorgado. Confiamos en que tendrán todos, incluidas las FARC, la grandeza para mostrar el amor que dicen sentir por nuestro país cediendo, negociando y conversando como lo que somos: hermanos colombianos.

¡QUE LA PAZ SEA LA VICTORIA DE TODOS!

Por todo lo anterior, los JÓVENES DE COLOMBIA:

1. Rechazamos todo tipo de violencia cualquiera que sean las ideologías o intereses que pretendan justificarla.

2. Exigimos el respeto de los derechos humanos en Colombia.

3. Reiteramos que el Derecho a la paz es de obligatorio cumplimiento y no aceptaremos que se siga vulnerando.

4. Exigimos que se mantenga el cese bilateral al fuego como garantía para los ciudadanos y como expresa voluntad de la búsqueda negociada del fin del conflicto.

5. Creemos firmemente en el diálogo nacional como medio efectivo para encontrar el camino hacia la construcción de paz. Por ello, consideramos que las negociaciones con las FARC y el ELN no se deben abandonar.

6. Demandamos enérgicamente al Estado y sobre todo a la ciudadanía, reconocer la importancia de la participación ciudadana y hacer uso responsable de esta.

7. Reiteramos la necesidad de escuchar la voz de todos los colombianos, especialmente, la de los habitantes del campo, quienes han sido los más afectados por el conflicto y los más olvidados por nuestra nación.

8. Exhortamos a la reconciliación del país, que solo es posible entendiendo la necesidad de reconocer la diferencia y convivir en paz en medio de esta.

viernes, 14 de octubre de 2016

LA CAÍDA DE LOS DEMÓCRATAS Y LA IZQUIERDA EL 2-O

LA CAÍDA DE LOS DEMÓCRATAS Y LA IZQUIERDA EL 2-O

Popayán, 14 de octubre de 2016

“Pero no deja de ser alentador advertir que esta vez no les fue posible polarizar a los colombianos.”

William Ospina

Si Santos perdió el plebiscito del 2-O contra todo pronóstico, la izquierda colombiana extravió su alma y su capacidad crítica durante ese proceso. Mientras Uribe ganaba precaria y tramposamente esa elección, los demócratas perdían la vergüenza al no ser capaces de idear una estrategia para deslindarse del gobierno. No se necesitaba mucho, sólo era decisión.

¿Por qué ocurrió esta situación? ¿Por qué los demócratas y la izquierda desaprovecharon la ocasión de hacer notar su posición política y su mensaje ante la población colombiana? ¿Por qué renunciaron a jugar un papel preponderante y visible en la lucha por la terminación negociada del conflicto armado en Colombia? ¿Acaso no era su consigna de toda la vida?

Esta es la tragicomedia más incomprensible de todo lo que ocurrió el 2 de octubre pasado. No se trata de “egos” como muchas personas creen. Todos sabíamos que hacer protagonismo individual o partidista no era muy conveniente ni para la causa del SI ni para quien lo hiciera. Algunos partidos o figuras políticas lo hicieron pero tal parece que su acción no fue la más efectiva.

Se intuía y se propuso que una campaña por el fin del conflicto tenía que ser liderada por un auténtico movimiento ciudadano. Pero nadie lo promovió. Además, como el gobierno monopolizó los recursos económicos estatales, los partidos políticos quedaron maniatados. Una campaña electoral es costosa y más “costosa” si los votos no se pueden “cobrar”, de acuerdo al utilitarismo que predomina en todos los partidos. He allí un problema y un dilema. Pero si hubiera existido claridad y voluntad ese asunto se habría resuelto con facilidad. No obstante, ese limitante sirvió para justificar la pasividad. Es parte del drama y la comedia.

Es tragicómico porque es un hecho triste que causa risa. En este caso sarcástica. Algunas organizaciones de la izquierda más cercana a la insurgencia que contaron con recursos económicos para la campaña, se dedicaron a realizar marchas para mostrar su “poder” (más rural que urbano), lo que generaba un triunfalismo infundado en las fuerzas del SI, mientras provocaba resentimiento y envalentonamiento en las huestes del NO, que denunciaban que esas actividades se realizaban con recursos gubernamentales o con dineros aportados por la insurgencia. O sea, tales acciones causaban un efecto totalmente contrario al que se perseguía.

Pero lo más cruel y lo que explica realmente la derrota es la confusión ideológica.

Hay organizaciones que sobredimensionan las fuerzas de Uribe para seguir cómodamente al lado de la burguesía burocrática. Esa actitud se convirtió en costumbre, tradición y traición. Se hacen las alianzas más estrambóticas y se utilizan los argumentos más ridículos para pelechar en los puestos y contratos con la excusa del “coco uribista”. Se necesita la sombra del fascismo para “calmar conciencia” y creerse ellos mismos unos “sacrificados”. Cuando la dictadura de Pinochet ese fenómeno fue muy visible en Chile, hasta el punto que se elaboraron chistes crueles con historias y anécdotas verídicas. Dueños de ONGs se enriquecieron “luchando contra la dictadura”, acumulando dineros de cooperación y solidaridad internacional. Aquí, con la “lucha por la paz y contra Uribe” ha ocurrido algo similar.

Existen otro tipo de situaciones conflictivas que generan confusión. La de la izquierda que nunca se alzó en armas, que se enfrentó política e ideológicamente con las FARC y que sufrió agresiones de la insurgencia en muchas regiones del país. La del progresismo que justificadamente cuestionó los crímenes y excesos cometidos por la guerrilla durante las diferentes fases de degradación de la guerra. La de los demócratas que saben que la superación del conflicto armado es una condición indispensable para construir democracia pero no tienen claro en qué momento y por qué causas la guerrilla se convirtió en un obstáculo de esa lucha. Todas esas situaciones y muchas más creaban dudas y confusión.   

Por ello los mensajes y discursos que impulsaban el SI, eran tan diversos y contradictorios. En vez de concentrarse en el “fin negociado del conflicto armado”, se enredaron con el tema de la “paz”. Por eso surgió el lema de la “paz pura y simple”. Algunos no querían deslindarse del gobierno, otros no podían hacerlo y unos más, no fueron capaces. No se logró construir una narrativa con un mensaje de futuro y esperanza. En muchos casos el llamado a apoyar el SI se promocionaba diciendo que era para derrotar o desarmar a las FARC. En fin, era un NO invertido, o un SI vergonzante, que fácilmente podía convertirse en un NO contundente o en abstención.

Pero el grave problema consistió –como siempre– en la división, dispersión y ausencia de debate colectivo que hubiera podido ayudar a aclarar el problema. Ni siquiera al interior del Polo, Alianza Verde y los Progresistas, se desarrolló una discusión sistemática para unificar el contenido y la forma de desarrollar la campaña por el SI. Las diversas tendencias, grupos y subgrupos tenían sus propias lecturas y, tal vez conscientes de esa realidad, no se hizo el esfuerzo para construir esa estrategia unificada. Ello explica que fuera el presidente Santos el que encabezara el SI, y con sus torpezas demagógicas ayudara al triunfo del NO.

Todo lo anterior revela en gran medida la ausencia de liderazgos demócratas, de izquierda y progresistas en las movilizaciones que han surgido después del 2-O. También, que el único mensaje sea el de “Acuerdo YA”, sin mayor contenido. Los jóvenes presionan al gobierno, a Uribe y a las FARC para que se pongan de acuerdo. No quieren más guerra, se solidarizan con los campesinos e indígenas, pero hasta allí llegan. Y no podía ser de otra manera. Los demócratas, la izquierda y los progresistas no sembraron más. Y para completar, todos ilusamente creen que la juventud movilizada los apoya… ¡Hasta el gobierno y las FARC!  

Lo que es evidente es que el ambiente político ha quedado abierto hacia el futuro, especialmente hacia el 2018. La polarización Santos-Uribe, sufre en el post-plebiscito un mayor desgaste. Poco a poco se aclara que el uribismo “puro” no representa ni encabeza totalmente a los que votaron por el NO (18,7%). El “coco uribista” utilizado por sectores de la izquierda para justificar su alianza con Santos, se va desdibujando. Además, el bloque “santista”, ya desgastado con los resultados del 2-O, va a sufrir nuevos deterioros en lo inmediato con la aplicación de la reforma tributaria, el aumento ínfimo del salario mínimo y la crisis fiscal.

El surgimiento de una nueva alternativa política queda servida sobre la mesa. El 2-O fue una prueba no superada para la clase política colombiana. Todos quedaron al borde del nocaut. Se necesita que un “nuevo movimiento” se apoye en un “outsider” que tenga una narrativa que enamore a los jóvenes, que nos vincule a la modernidad que pasó por encima del país sin tocarlo, que nos ayude a visualizar y diseñar la democracia que necesitamos, que abra las compuertas para los “invisibles” de que habla William Ospina en su último artículo (goo.gl/Q8mN6O) y que nos entusiasme de verdad para construir una “paz estable y duradera”.

En fin, se necesita un mensaje de futuro y esperanza que durante todo este proceso nadie logró ni elaborar ni posicionar.


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

miércoles, 12 de octubre de 2016

LOS COMPLEJOS DE CULPA DE UNA “PAZ HERIDA”

LOS COMPLEJOS DE CULPA DE UNA “PAZ HERIDA”

Popayán, 12 de octubre de 2016

Mucha gente no entiende cómo el gobierno de Juan Manuel Santos no logró sacar adelante el Plebiscito para refrendar los acuerdos con las FARC, si contaba con el apoyo de los EE.UU., Europa, la ONU, la OEA, los gobiernos de los países vecinos, la gran mayoría de empresarios colombianos, los nuevos terratenientes agroindustriales con excepción de los dueños de los ingenios azucareros del Valle del Cauca, todos los partidos tradicionales y alternativos (Polo, Verde, Progresistas) y la gran mayoría de organizaciones sociales de campesinos, indígenas, obreros y trabajadores del Estado. No podía perder pero perdió y con él, la causa del fin de la guerra. Es algo realmente difícil de entender y de explicar.

Alguien ajeno a todo este asunto pensaría en forma lógica que Uribe es un mago. Así haya sido con engaño mediático, ganó. Santos también utilizó la mentira, pero como ya había mentido tanto, nadie le creía. Al contrario, su demagogia generaba rechazo. La situación era fácil para el opositor porque sólo tenía que empujar verdades a medias basadas en hechos reales mientras que Santos tenía que hacer promesas que no tenían ninguna base real. La mayoría de la gente no sabe bien lo que es esa guerra, no la diferencia mucho de la violencia delincuencial cotidiana que sabe que no va a terminar así se desmovilice la guerrilla. Eran ilusiones contra realidades las que se enfrentaban.  

Por supuesto que todo el diseño del plebiscito fue un embuste. Una trampa politiquera en la cual la izquierda fue cómplice y cegatona. Se bajó el umbral de una forma ridícula, desestimulando al elector. Se acomodó la pregunta de una forma vulgar para no mencionar a las FARC como si fueran la peste e introducir la palabra “paz”. No se aprobaron recursos públicos porque la campaña supuestamente era pública y el gobierno representaba lo público. Todo el aparato estatal y gubernamental se puso al servicio de esa causa. Y como era una causa justa todo ese conjunto de medidas realmente parcializadas debían ser apoyadas. En nombre de la paz se legitimó una trampa gobiernista y se aceptó la más burda politiquería. Una causa noble se embadurnó de lodo.

Y los demócratas y la izquierda se hicieron los locos. ¡Todo vale en aras de la paz! Cuando todo el país está pidiendo la renovación de la actividad política, la lucha por la paz se trivializó de tal manera que la corrupción asomó su tétrico rostro. El proyecto político-electoral de la insurgencia tuvo un bautismo “maluco”, con aires de politiquería y total ausencia de ética. Por el desayuno sabremos cómo será el almuerzo. Es una verdadera desgracia.    

Después de lo ocurrido el 2 de octubre pareciera que una parte de la población, especialmente los jóvenes que quieren la paz pero que no fueron convencidos por esa campaña demagógica, incluidos muchos de los que votaron por el NO, sintieron complejo de culpa. Habían visto tantos políticos, funcionarios de gobierno y grupos de gente impulsando el SI, habían observado tantas marchas por la paz y tanta propaganda por radio y televisión, que creían a ojo ciego que el SI ganaba sobrado. Y luego, después de perdido el plebiscito, cuando anuncian que el premio Nobel de Paz le fue otorgado a Santos, se les crece ese sentimiento y asumen una actitud de conmiseración con el Presidente y de solidaridad con su supuesta “entrega y trabajo sacrificado por la paz”.

Tal actitud se deja ver en las movilizaciones estudiantiles, sociales y de las víctimas para presionar por el fin de la guerra. Las críticas a Santos empiezan a ocupar un segundo lugar, no son bien vistas, son tachadas de envidia, mezquindad y “mala leche”. El espíritu cortesano aparece en todo su esplendor. El gobierno tratará de sostener ese sentimiento “solidario” y va a aprovechar ese clima de simpatía para tratar de salir bien librado del “impasse”.

Así, una actitud coherente de rechazo al engaño se convierte por efecto del fracaso de una justa causa a manos de un gobierno incapaz, en una especie de culpa ajena. Y del otro lado, al descubrirse las artimañas propagandísticas que utilizó la campaña del NO para llenar de miedo y odio a millones de personas, también se siente un ambiente de frustración. Si la guerrilla se hubiera distanciado totalmente del gobierno y no se hubiera prestado en medio del triunfalismo para ese “circo de la paz”, tal vez hubiera salido como la única verdaderamente ganadora de toda esa serie de torpezas e incoherencias. Lo mismo hubiera podido pasar con una izquierda autónoma y ética, que apoyara el SI pero lejos de tanta farsa.    

La derrota de la polarización entre Santos y Uribe que se presentó el 2 de octubre se intenta ocultar en forma artificial aprovechando la nueva oleada de lucha por una paz “herida” que no sabemos si logrará movilizar a los abstencionistas. De todas formas, como lo plantean las Autoridades Indígenas Tradicionales de Colombia (Región Cauca) en un extraordinario comunicado (http://bit.ly/2d73uA6), en esas manifestaciones en marcha debemos presionar a todos los actores del proceso, al gobierno, a las FARC y a Uribe, para ponerle fin a la guerra de una vez por todas.

Es realmente triste que todo esto haya ocurrido. Una causa justa como es el fin del conflicto armado terminó saboteada por la incapacidad del gobierno, el triunfo pírrico de Uribe basado en la desinformación y el engaño, y todo esto adobado con un inmerecido premio de consolación para Santos. Ya lo habíamos previsto: “Una guerra sin espíritu y sin alma” va dejando el escenario sin pena ni gloria (http://bit.ly/18u7aWh).

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

martes, 11 de octubre de 2016

COMUNICADO DE AUTORIDADES TRADICIONALES INDÍGENAS EN COLOMBIA REGIONAL CAUCA

AUTORIDADES TRADICIONALES INDÍGENAS EN COLOMBIA REGIONAL
CAUCA

A LA OPINIÓN PÚBLICA NACIONAL E INTERNACIONAL

Si hay alguien en Colombia que tenga autoridad y razones para luchar y exigir la paz y mostrar estragos y heridas de la guerra, somos los pueblos indígenas.

Desde el momento de la invasión y conquista de nuestros territorios y aniquilamiento de nuestras comunidades y pueblos, la violencia y la guerra de los de arriba, hasta hoy, nos sigue dejando víctimas, sea por esa misma vía o por el hambre a que estamos sometidos.

En este último proceso de guerra y violencia, muchos de nuestros comuneros fueron asesinados; jóvenes reclutados por uno u otro bando; territorios y comunidades utilizados como escenarios de guerra, bombardeados y sometidos a duras restricciones para realizar las actividades comunitarias normales.

Por estas y muchas otras realidades y situaciones que nos ha tocado vivir hasta estos años recientes, en la lucha por la recuperación de las tierras, territorios y derechos políticos y sociales que nos han pertenecido, desde 1.981, en posición pública expresamos y exigimos el respeto a nuestros pueblos, comunidades, formas propias de lucha, y exigimos el retiro de todas esas fuerzas beligerantes de dichos territorios. De manera clara y contundente expresamos que esa guerra, como venía imponiéndose ya en ese momento, no nos pertenecía, no contribuía a la solución de los problemas que teníamos, y que al contrario, era un obstáculo para el avance de nuestro Movimiento.

Por eso, a nosotros no nos ha costado ningún esfuerzo entender que, no solo teníamos razón desde ese momento, sino que en el fondo, lo que exigíamos ya desde ese entonces, era ponerle fin a un conflicto armado que no lo necesitábamos ni lo queríamos, ni nosotros ni el pueblo colombiano; que no nos servía para luchar por nuestros derechos ni al pueblo colombiano para luchar por los suyos; que políticamente había perdido su razón de ser; y que lo único que hacía era servir de pretexto a los mercaderes de la guerra para hacer negocio y a los terratenientes, a los narcotraficantes y demás reaccionarios para despojar a los campesinos e indígenas de sus tierras.

Por eso, veíamos con mucha esperanza y hemos apoyado las negociaciones de La Habana con el propósito de ponerle fin a ese conflicto. Aunque hayan vacíos y aspectos que no compartimos de esos acuerdos, creemos que son necesarios y es el camino para ponerle fin a ese conflicto armado. La consecución de la paz es otra cosa y otro capítulo. Esa, ni se firma ni se decreta ni se negocia. Esa será el resultado de otros procesos de transformaciones políticas y sociales muy diferentes. Pero en el momento, ante la delicada situación creada por los resultados negativos del plebiscito nuestra respuesta y exigencia, no pueden ser otras distintas a declarar con toda seguridad y convicción:

Que apoyamos y exigimos el respeto a los acuerdos de La Habana. Que todos, pueblo colombiano y pueblos indígenas, nos levantemos masivamente a exigir la terminación de ese conflicto. Nada de “Acuerdos Nacionales” de los de arriba para prolongar y enredar los Acuerdos de La Habana y seguir pisoteando a los de abajo. Estas élites dominantes de nuestro país no pueden seguir manipulando a su antojo el inmenso dolor de los millones de víctimas, entre las cuales estamos nosotros y desde hace mucho tiempo. Que tanto los promotores del SI como los del NO, lo que persiguen es mantener su dominio intacto sobre nuestros pueblos; pero particularmente los del NO, representan a los sectores políticos y económicos más recalcitrantes, fanáticos y reaccionarios. Que es urgente y necesario que sobre la base de la más amplia movilización popular para desbaratar las maniobras que están haciendo para abortar el proceso, nos preparemos consiente, seria y muy ordenadamente para propinarles la más estruendosa derrota en el 2018, especialmente a ese sector recalcitrante, empeñado en perpetuar la guerra y el dolor de nuestros pueblos.

No nos dejemos enredar por tantos “sabios” que han resultado en el momento y tanta “sabiduría” derramada por los micrófonos y las pantallas de la TV. No nos dejemos mover de nuestro posición de lucha como la hemos traído y el de la terminación de este conflicto ya. Rompamos los corrales, los cercos y las barretas entre nosotros mismos que los beneficiarios de ese conflicto han ayudado a crear y sostener para dividirnos, aislarnos, separarnos y podernos mantener dispersos en pensamiento acción y organización. Luchemos por construir unos nuevos fundamentos políticos de unidad. 

Revisemos con seriedad y sinceridad nuestras experiencias pasadas y cómo estamos trabajando ahora. Construyamos un nuevo ambiente en la relaciones entre nosotros mismos y desechemos lo que no nos sirve. De otra manera, los de arriba nos seguirán sometiendo, con guerra o sin ella. No les sigamos haciendo el servicio.


Colombia, octubre 8/2016

lunes, 10 de octubre de 2016

NUEVO FRENTE NACIONAL: UN “PACTO DE PAZ” ENTRE LAS CASTAS CORRUPTAS

NUEVO FRENTE NACIONAL: UN “PACTO DE PAZ” ENTRE LAS CASTAS CORRUPTAS

Popayán, 10 de octubre de 2016

El premio Nobel de la Paz para el presidente Santos llegó con un mensaje bien claro. El plazo para llegar a acuerdos con Uribe se agotará a finales de noviembre. Cuando Santos vaya a Estocolmo el 10 de diciembre no puede ir con el conflicto “vivo”.

De lo contrario, el gran capital internacional quedaría muy mal parado y los inversionistas noruegos en Colombia estarían muy nerviosos e incómodos.

Por ello, poco a poco irá apareciendo el rostro de un "nuevo" pacto entre élites oligárquicas, un acuerdo entre "cúpulas dominantes", un “pacto de paz entre las castas corruptas”. Para entender cómo se formó el anterior pacto es interesante revisar la historia de cómo se formó el Frente Nacional de 1957.

Lo importante ahora no es que ese pacto no se haga. Se va a dar de todas maneras. Lo de verdad importante es que el pueblo movilizado obligue a esas fracciones del bloque de poder dominante a pactar entre ellas, y que los demócratas y la izquierda no se enreden en ese acuerdo, que lo aceptemos por la necesidad de salir de la guerra pero que no lo legitimemos con nuestra presencia. Ellos de todas formas lo harán, es su necesidad.

Por eso recomiendo leer este aparte de la historia nacional. Los Lleras y los Laureanos en 1957, que decían que se iban a matar entre ellos, que se quemaron las sedes de los periódicos, y decían que se odiaban (como ahora Santos y Uribe), se unieron cuando les convino. Y la izquierda en ese momento no sabía qué hacer. Terminó a la cola de los liberales y después del MRL.

Los estudiantes universitarios en medio de su entusiasmo fueron manipulados por los liberales y conservadores para tumbar al general Gustavo Rojas Pinilla, en cuyo gobierno se fue incubando un raro espécimen de movimiento popular, con gaitanistas de ciudad que no se fueron para el monte a guerrear e infiltraron un proyecto populista de origen conservador. ¡Cosas de la política colombiana! La historia siempre es particular y concreta.

Recordemos que de esa “dictadura rojista” surgió la ANAPO, partido político que les ganó las elecciones a la oligarquía, y el fraude hecho por el gobierno de Carlos Lleras Restrepo –el 19 de abril de 1970–, dio origen y nacimiento al M19.

De igual manera en 1990 los estudiantes también fueron manipulados para darle vida a la Constituyente de 1991. A la sombra de ese nuevo “pacto de paz” nos impusieron el primer paquete neoliberal, colocando de comodín desde entonces a la izquierda legal y domesticada.

Pero ahora las condiciones son diferentes. Los resultados del Plebiscito del 2 de octubre demuestran que el santismo y el uribismo no son mayorías. Son minorías precarias y la polarización entre ellos ya terminó.

Ese resultado es el que los obligará a unirse, claro, en medio de apariencias de peleas y de confrontaciones para la tribuna. No hay que creer en ese teatro. Es pantomima.

Un nuevo amanecer para el pueblo poco a poco se va fraguando. Lo definitivo es tener claridad de cómo actuar. Para eso es importante revisar la historia y no dejarnos utilizar de las élites y castas dominantes.

Aquí un link sobre esa parte de nuestra historia: http://www.banrepcultural.org/node/32857


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

viernes, 7 de octubre de 2016

EL PELIGRO DE LA GUERRA Y EL PROCESO CONSTITUYENTE

EL PELIGRO DE LA GUERRA Y EL PROCESO CONSTITUYENTE

Popayán, 6 de octubre de 2016

El triunfo del NO en el plebiscito trajo un momento especial a Colombia. Paradójicamente antes del Plebiscito el movimiento social estaba “acomodado”, desganado, sin convicción. El peligro de que la guerra continúe o que las cúpulas dominantes se coaliguen contra el pueblo, ha puesto en alerta a mucha gente. Las expresiones juveniles y estudiantiles de esta semana, son parte de ese fenómeno. La movilización social es la única herramienta que queda para darle continuidad al “proceso de paz” y reconducirlo por caminos realmente “constituyentes” de hegemonía popular.

1.    Realismo mágico y “nuevo” Frente Nacional

El 2 de octubre apareció en Colombia –una vez más– el rostro del realismo mágico Lo inconcebible se hizo realidad. Los acuerdos para el fin del conflicto armado firmados con bombos y platillos en Cartagena el pasado 26 de septiembre entre el gobierno y las FARC, no consiguieron la aprobación mayoritaria en el plebiscito refrendatario. Un NO precario y minoritario (18,7%) se impuso sobre el SI por escasos 54 mil votos. La abstención fue del 63%. La desinformación, el miedo y la indiferencia, ahogaron el anhelo de paz. El triunfalismo le cobró factura al gobierno y a las FARC. Un Gabo triste sonrió socarronamente desde el más allá.

Nadie –ni siquiera el adivino más osado– hubiera previsto ese resultado. El asombro en el país y el mundo fue general. Los mismos promotores del NO fueron los más sorprendidos. El gobierno y sus aliados no lo podían creer. Las FARC, como un náufrago, se aferraron a los acuerdos como a un flotador. Enfrentan un limbo político y jurídico. Su sometimiento a la institucionalidad y su paso a la legalidad, aprobada en la X Conferencia de esa organización, sólo aguantó 6 días. Los acuerdos y procedimientos para implementarlos quedaron sin piso jurídico (http://bit.ly/2cT96Oz).

El gobierno no se cae porque a nadie le conviene. No existe una fuerza política que pueda y quiera forzarlo, aunque su debilidad es enorme. Además, los buenos modales se imponen en el ambiente cortesano de la clase política colombiana. De inmediato, el gobierno de los EE.UU. envió a Bernard Aronson a Cuba para tranquilizar a los dirigentes farianos y reforzar el apoyo al gobierno de la comunidad internacional. Uribe, asumió de inmediato la imprevista responsabilidad que le otorgó la nueva situación y pasó a la ofensiva diplomática con mucha decencia pero pensando en 2018. El presidente Santos reconoció su derrota y abrió el diálogo directo con su antecesor y opositores.

Todo el mundo propuso crear un Gran Pacto Nacional para salvar el proceso de paz. Era lógico. La oposición uribista había ajustado su mensaje en la campaña plebiscitaria promoviendo la “paz sin impunidad” y su convicción de “corregir” el proceso. Esa misma noche planteó su disposición al diálogo. El gobierno, que sabe lo difícil que es negociar con las FARC (llevan más de 4,5 años) y que tiene el mandato del capital internacional y de la mayoría de empresarios nacionales para terminar la guerra, no se iba a echar para atrás. Saben que la paz neoliberal está “de un cacho” y que esa oportunidad no se podía desaprovechar. El premio Nobel llegó de Estocolmo como “mandado a hacer” para contrarrestar el pesimismo y “¡quedar divinamente!”. 

Así, intentan construir en forma taimada –"songosorongo" como dicen los indígenas caucanos– un nuevo “frente nacional”. El leitmotiv del anterior fue la dictadura del general Rojas, el de ahora, el fin de la guerra que el anterior frente nacional incubó hace 60 años. ¡Pero no lo lograrán!

2.    Las reacciones políticas y jurídicas

Las reacciones de los sectores políticos y sociales, a pesar del consenso sobre la necesidad del gran pacto nacional, tienen sus peculiaridades. La totalidad de sectores dicen colocar el interés general por encima de intereses particulares pero –en la intimidad– todos están pensando en la campaña electoral de 2018. Esa causa estuvo incrustada en la agenda de la campaña del plebiscito pero no era reconocida por ninguno. Nadie lo acepta pero todos lo saben. Gajes de la policía colombiana. Sin embargo, es importante reconocer que existen variadas posiciones porque detrás de ellas se pueden identificar las diferentes concepciones políticas y las diversas miradas sobre la situación.

Las FARC, las organizaciones políticas y sociales de su entorno, y los sectores políticos que se entusiasmaron con la posibilidad de lograr en forma inmediata una “paz pura y simple”, se aferran a los acuerdos firmados. Acusan al “uribismo” de manipular fraudulentamente a los electores, lo cual fue reconocido por Juan Carlos Vélez, jefe de la campaña del NO (http://bit.ly/2dfRybt). En la práctica, no reconocen los resultados del plebiscito y aspiran a mantener las cosas como están. Lo mismo ocurre con políticos del círculo gubernamental y otros sectores que proponen repetir el plebiscito, aprobar los acuerdos mediante cabildos abiertos, “tutelatones” o demandas jurídicas.

Otras fracciones políticas proponen al gobierno reabrir las negociaciones con las FARC e integrar a la delegación gubernamental a delegados de los promotores del NO. Argumentan que el “uribismo” debe asumir su responsabilidad, enfrentar la negociación con la insurgencia y “sufrir el desgaste”. Sin embargo, dicha posición no tiene en cuenta que las pretensiones del ex–presidente Uribe y la mayoría de los promotores del NO van mucho más allá de unas simples “correcciones”. Por el contrario, cuestionan la médula del proceso como es la justicia transicional, el bloque de constitucionalidad y el tribunal especial para la paz. Su agenda es doble y de saboteo.

Existen otras posiciones pero no se expresan con claridad o no tienen fuerza. La propuesta de convocar una Asamblea Nacional Constituyente está en la mente de unos y otros. Siempre aparece como la fórmula salvadora. Si las cúpulas de la casta dominante se ponen de acuerdo, nada tiene de extraño que vuelvan a usarla para aprobar otra “histórica” Constitución para que todo siga igual o peor. Por ahora, la correlación de fuerzas los favorece totalmente. 

3.    La desconexión entre el proceso de paz y el movimiento social

José Antonio Gutiérrez en su artículo “El NO se impuso, ¿qué sigue?” publicado en Rebelion.org, plantea: “El triunfo del NO vuelve a demostrar que el proceso fue visto como un asunto distante para la mayoría de la población, como algo ajeno”. Sin embargo, no explica las causas de ese hecho.

No hay que olvidar que paralelo a la realización de los diálogos entre el gobierno y las FARC, el movimiento social colombiano –con el impulso que dejaron las jornadas de 2008 como la Minga social, el Paro de los corteros y la huelga judicial– desarrolló en los últimos 5 años importantes luchas contra las políticas neoliberales. El paro universitario estudiantil de 2011, el paro agrario, campesino y minero de 2013, las protestas contra los megaproyectos minero-energéticos en numerosas regiones del país, las mingas indígenas, la huelga magisterial de 2015, y muchas otras expresiones populares de resistencia, son pruebas fehacientes de lucha social permanente.

El problema es la desconexión existente entre la dinámica impuesta por el gobierno neoliberal de Santos en la mesa de negociaciones de La Habana y las necesidades y aspiraciones del movimiento social. El Estado aprovechó la debilidad política de la insurgencia y su necesidad de terminar el conflicto para imponer unos límites precisos que plantean que el modelo económico y la estructura del Estado no están en discusión ni son parte de la negociación. Pero además, la criminalización de la lucha social con el argumento represivo de la infiltración guerrillera de las organizaciones sociales y las diversas concepciones existentes en la izquierda sobre la lucha armada, impedían que el “proceso de paz” pudiera compenetrarse con el movimiento social y viceversa.

Tal situación se fue agudizando porque de una u otra forma la izquierda y gran parte del movimiento social se fue dejando permear de la política del gobierno sobre el llamado post-conflicto. Casi todas las organizaciones dejaron de pensar en las grandes transformaciones estructurales y entraron en la dinámica del diseño institucional neoliberal que el Estado empezó a diseñar en sus documentos CONPES, el Fondo de la Paz y demás entidades que ya vienen imponiendo la cultura de los proyectos que ya habían dejado trazadas las numerosas ONGs que se incrustaron en el movimiento social y que están a la expectativa de los supuestos “ríos de leche y miel” de dólares y euros que traerá el post-conflicto a Colombia.  

4.    El peligro del acuerdo entre cúpulas dominantes

Hasta el 2 de octubre el conjunto del movimiento social en Colombia no había percibido la importancia de terminar en forma negociada el conflicto armado. La ofensiva guerrerista de Uribe y la actitud complaciente (y hasta cómplice) de amplios sectores de los partidos tradicionales que hacen parte de la Unidad Nacional, puso en alerta a muchos sectores, militantes y activistas sociales que pensaban que la “lucha por la paz” era una tarea sencilla, limitada a organizar un evento o máximo una marcha, sin comprometerse a ir de casa en casa, de barrio en barrio, convenciendo a la gente para que votara por el SI. Todo se lo dejamos a la propaganda del gobierno.

Y sucede que la propaganda del gobierno y la actitud de la insurgencia no eran de lo mejor. En la última semana el “uribismo” aprovechó el triunfalismo de Santos y las FARC, que estaban festejando el triunfo antes de ganar el Plebiscito. En los Llanos del Yarí y en Cartagena la gente del SI celebraba mientras los promotores del NO penetraban las redes sociales, las emisoras populares y las sedes de las iglesias católicas y evangélicas de mensajes de odio, resentimiento, miedo y mentiras, basadas en algunos hechos reales pero presentados como si estuviéramos al borde del apocalipsis. Y les dio resultado. Ganó el NO, así hubiera sido un triunfo pírrico.

Ver el martes pasado a Uribe, Pastrana, el ex-procurador Ordóñez, Martha Lucia Ramírez y demás promotores del NO reunidos varias horas y, “a manteles”, con el presidente Santos, quienes eran supuestos enemigos a muerte, provocó en muchos dirigentes de izquierda y del movimiento social una gran sorpresa. Entendieron –y la gente sólo aprende por experiencia propia– que cuando la institucionalidad oligárquica está en peligro o en crisis, ellos se reúnen y fácilmente se ponen de acuerdo. Lo que muchos dirigentes habían alertado sobre la identidad de intereses entre Santos y Uribe quedó a la vista. La diferencia es de forma, o sea, el método para derrotar a la insurgencia: el uno, con decencia, ofreciendo espacios de gobernabilidad y algunos planes de inversión en zonas de colonización, y el otro, queriéndolos exterminar físicamente. Sólo son dos maneras diferentes para el mismo objetivo. Cómo sería el nerviosismo que había que, la prórroga parcial del cese de fuegos hasta el 31 de octubre, fue interpretada como un ultimátum. Pero… no, ¡era falsa alarma!

Pero no es falsa alarma. La oligarquía colombiana ya ha jugado muchas veces al Frente Nacional. Para desmontar el peligro popular que se estaba alimentando en medio y al calor de la “dictadura” de Rojas Pinilla se montó el plebiscito de 1957 que le dio vida al Frente Nacional, con el comodín del MRL. Pero esa figura ya había sido utilizada a principios de siglo XX. En los últimos 25 años ya hemos vivido con un frente nacional “no-reconocido”, desde 1991. Se turnaron el gobierno entre neoliberales puros y neoliberales vergonzantes (Gaviria-Samper). Siguió la transición de Pastrana en 1998 que le abrió el espacio para la alternación Uribe-Santos, todo ello con el comodín de la izquierda legal. Ahora preparan el "nuevo" con el comodín de las FARC reinsertadas.

5.    Asamblea Nacional Constituyente o Proceso Constituyente 

La crisis del Estado colombiano es profunda, sistémica, estructural. La gran burguesía y el imperio lo saben. Las finanzas públicas están en quiebra y la olla está raspada. Uribe también lo sabe pero necesita tensar la cuerda al máximo para negociar su propia impunidad. Es una lucha de vida o muerte, de sobrevivencia, y por eso la toma en serio. Si no logra negociar “por arriba”, su apuesta es recuperar el gobierno y no le importa regresar a la guerra. Su lucha tiene que presentarla como un “sacrificio por la patria” para que algunos militares despistados, muchos mafiosos que se apropiaron ilegalmente de tierras campesinas, uno que otro terrateniente y empresario realmente asustado por la “amenaza castro-chavista”, lo apoyen para engañar a millones de colombianos que tienen una fuerte tradición conservadora y clerical o que fueron –en verdad– fuertemente agredidos por la guerrilla en su época de “fiebre insurreccional” en medio de la guerra degradada.

Sin embargo, hoy no existe la fuerza social o política organizada que represente nítidamente los intereses populares que sea capaz de aprovechar la polarización entre dos sectores de las clases dominantes para derrotarlas políticamente y acceder al poder. Pero, igualmente, la lucha por la terminación del conflicto apoyándose en el sector “progresista” de la gran burguesía para derrotar al sector “guerrerista”, ha empezado a perder base teórica, política y social. La militancia social más consecuente está empezando a buscar una salida y pretende encontrarla en la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. Por ello el llamado a la movilización social.

Y en verdad, sólo podemos confiar en nuestras propias fuerzas. Pero no podemos caer en ilusiones. Una Constituyente convocada de inmediato bajo las reglas de la democracia representativa sólo les serviría a las clases dominantes para legitimar su “nuevo” Frente Nacional. La correlación de fuerzas no nos da. Lo comprobó el Plebiscito. Hay que diseñar otra estrategia. Tensionar al movimiento social para “salvar” el proceso de paz es la tarea urgente y del momento. Iniciar un Proceso Constituyente de nuevo tipo, impulsando la creación de Cabildos Ciudadanos permanentes en todos los municipios, acumular fuerza unitaria para ganar el gobierno en 2018 apoyándonos en la “burguesía emergente decente”, y acumular fuerza para construir la República Social, es la tarea pensada a mediano plazo pero empezando YA.

Así podremos derrotar la polarización entre los dos sectores de las clases dominantes (Santos-Uribe) que se ha venido expresando como confrontación pero que fácilmente se puede convertir en acuerdo (frente nacional). Ha llegado el momento de la Unidad Popular. ¡Hay que construirla! 


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miércoles, 5 de octubre de 2016

“CANTANDO LA TABLA”

“CANTANDO LA TABLA”

Popayán, 5 de octubre de 2016

La verdad es dura de reconocer pero hay que re-afirmarla:

No escarmentamos, no aprendemos, la "culpa" siempre es de otros.

Los graves errores de Santos y de las FARC durante el proceso de paz y la campaña del plebiscito fueron permitidos por todos los demócratas y la izquierda. No dijimos nada, fuimos cómplices. Y ahora queremos seguir por la misma.

Y esos errores crecieron y catapultaron el NO en la última semana.

¿Cuáles fueron? Politiquería y triunfalismo con la Paz

- Ofrecer esta vida y la otra con el cuento de la paz.

- No unificar un discurso "ciudadano" por el fin de la guerra, lejos y deslindados del gobierno (y su "patota" corrupta) y de las FARC.

- No unir a las fuerzas democráticas para actuar como una sola fuerza, con planes y organización, responsabilidad y seriedad.

- Dejar que los Gobernadores organizaran "falsas" marchas que daban imagen de mucha fuerza cuando en realidad eran una sumatoria de delegaciones municipales movidas por las alcaldías sin mucha convicción y fuerza. (Por aparentar fuerza se gastaron lo del transporte del día de elecciones).

- Celebrar antes de tiempo. La X Conferencia en Llanos del Yarí y el evento de la firma en Cartagena costaron miles de millones de pesos que hicieron falta el 2 de octubre para movilizar la gente en zonas rurales y ciudades. Ello generó mucho rechazo entre el pueblo y fue explotado hábilmente por Uribe y sus predicadores evangélicos.

Y ahora muchas personas le echan la culpa al pueblo "ignorante" y "guerrerista", todo lo justifican con las mentiras de Uribe (que sí las hubo), pero su mensaje manipulador tenía motivos y causas de dónde pegarse.

Sé que a algunos amigos no les gusta que alguien "cante la tabla". Pero alguien tiene que hacerlo.


Nota con algunas cifras: En Bogotá, el voto por el SI subió en 81.649 con respecto a los votos obtenidos por Santos en la segunda vuelta presidencial de 2014, mientras que el NO subió sólo 38.117 votos en comparación con lo obtenido por Zuluaga. Es el único caso de incremento de los votos por el SI en todo el país. La fuerza del voto de opinión por ambas propuestas (SI y NO). La debacle fue en las regiones, en Cauca se perdieron 77.000 y en Nariño 94.438 votos, que fueron los mejores desempeños. En la Costa Atlántica, también con la ayuda del Huracán Matthew, pero ante todo por la imprevisión y falta de organización de la campaña del SI, el desastre fue total. 

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MITOS Y FALSEDADES QUE DEJÓ EL PLEBISCITO

MITOS Y FALSEDADES QUE DEJÓ EL PLEBISCITO

Popayán, 5 de octubre de 2016

Hay una serie de mitos y "falsas verdades" en Colombia que sacó a flote el plebiscito del pasado 2 de octubre:

1.    Identificar la PAZ con la terminación del conflicto armado con las FARC (puede ser un primer paso pero nada más).

2.    Identificar a todos los que votaron por el SI con la Paz y a todos los que votaron por el NO con la guerra.

3.    Que la gente de las ciudades es indiferente con la causa de la paz (en Bogotá, Barranquilla, Cali, Tunja, Pasto, Popayán, Cartagena y muchas otras ciudades ganó el SI, y fueron las clases medias las que más aportaron al SI).

4.    Que la gente de las ciudades no ha sentido la guerra (existen más de 7 millones de desplazados por la violencia en las ciudades y muchos de ellos votaron por el NO).

5.    Que en todas las regiones periféricas azotadas por la violencia las mayorías apoyaron el SI (en casi todos los municipios del Huila, una buena parte de Caquetá, Meta y Tolima, incluyendo el municipio de Planadas donde nacieron las FARC, ganó el NO).

Una VERDAD que sí es verdad: en las regiones donde gana el SI con cierta contundencia es donde existe mayor madurez democrática y construcción de hegemonía popular: Bogotá, Cauca, Nariño, Chocó, Putumayo, Urabá y Noroeste antioqueño, y en muchos municipios graneados de otros departamentos.

Hay muchos más mitos de esos que le hacen daño a la reconciliación entre los colombianos y que deben ser superados para poder construir una "paz estable y duradera".

Es un deber superar la polarización y luchar llamando a todos los colombianos a consolidar los acuerdos y terminar este conflicto. Las FARC, el gobierno y los promotores del NO deben ponerse de acuerdo y la sociedad debe presionar para que sea pronto y se mantenga el Cese Bilateral de fuego.

Las otras metas de una Paz con justicia social, deben seguirse luchando hacia el futuro. El 2 de octubre se demostró que NO EXISTE UNA FUERZA DEMOCRÁTICA CONSOLIDADA para lograr esa meta en el corto plazo. Eso, creo, que quedó en absoluta evidencia.


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ACEPTAR LOS RESULTADOS DEL PLEBISCITO Y RECTIFICAR

ACEPTAR LOS RESULTADOS DEL PLEBISCITO Y RECTIFICAR…

Popayán, 5 de octubre de 2016

Para el análisis de los efectos jurídicos de que haya ganado el NO en el Plebiscito...
El artículo 3º de la Ley Estatutaria que aprobó el Plebiscito (y que fue declarada exequible por la Corte Constitucional) dice:
"Carácter y consecuencias de la decisión. La decisión aprobada a través del Plebiscito para la Refrendación del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, tendrá un carácter vinculante (para el Presidente) para efectos del desarrollo constitucional y legal del Acuerdo."
Significa que el acuerdo (tal como está) ya no tiene piso jurídico.
Si se quiere avanzar con el proceso de terminación del conflicto armado deben hacerse como mínimo algunos cambios en los Acuerdos y tiene que construirse un Gran Pacto Nacional que avale un nuevo procedimiento.
Si hay verdadera voluntad para coronar lo avanzado no se puede pretender hacer un cambio total de los contenidos de los Acuerdos, ni todo el mundo va a poder participar. Ya tenemos más de 4,5 años de negociaciones que no se pueden tirar a la caneca.
Hay que presionar desde la sociedad civil para que se resuelva el problema sin pretender que unos Acuerdos consolidados que se hicieron entre "cúpulas", puedan convertirse por arte de magia en algo perfecto.
Los que estábamos con el SI ya habíamos aceptado lo acordado; ahora, hay que acoger algunos cambios y eso tendrá que ser fruto de una negociación con los que impulsaron el NO, reconociendo su apretado triunfo pero sin sobredimensionarlo (18,5% de los electores).
Así iremos avanzando en la construcción de la paz. Si el SI hubiera ganado por un 0,5% estaríamos casi en las mismas.
Si los promotores del NO asumen una actitud de saboteo o de dilación, el gobierno y las FARC pueden modificar en forma unilateral los acuerdos y continuar con el trámite normal de los acuerdos y del proceso de paz con base en las funciones legales que tiene el Presidente de la República para realizar acuerdos de paz con actores armados ilegales.
Las FARC en los Acuerdo (punto 6, p. 192) aceptaron el Plebiscito como método de refrendación de los mismos. Si se quiere salvar el proceso hay que avanzar –sin renunciar a lo adelantado–, rectificando en forma ponderada.

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lunes, 3 de octubre de 2016

UN PLEBISCITO INNECESARIO Y MINORITARIO

UN PLEBISCITO INNECESARIO Y MINORITARIO

Popayán, 2 de octubre de 2016

Agradezco a mis amigas y amigos que a lo largo de estos meses –desde que Santos aprobó su famoso Plebiscito– han apoyado de diversas formas mis opiniones críticas sobre ese evento demagógico e innecesario. No son muchos (as) pero los valoro al máximo.

Siempre insistí en que estaba de acuerdo con la terminación negociada del conflicto armado con las FARC pero rechazaba en forma absoluta la utilización politiquera de la paz. Era necesario develar la pretensión de la oligarquía de engatusar al pueblo para que –a la sombra de la justa causa de la paz– pudiera legitimar e imponer hábilmente su 2° paquete neoliberal.  

Sé que mi posición era bastante difícil de entender y de sostener ante la avalancha mediática desarrollada alrededor del SI y el NO, y por ello, ofrezco disculpas a aquellas personas con las cuales se hubieren presentado roces o controversias por mi posición crítica.

La médula de mi crítica iba dirigida a aquellos sectores políticos que obsesionados por la necesidad de ejercer la actividad política en un ambiente sin armas (“pura y simple paz”), olvidaban que nuestro régimen político es una falsa democracia, agobiada por la corrupción y el clientelismo, y que por tanto, el Plebiscito sólo era un mecanismo de oportunidad que la oligarquía pretendía presentar como “histórico” para refrendar unos acuerdos limitados y amarrados a sus intereses capitalistas y neoliberales.

Para ello, argumentaba que Santos ya había recibido un respaldo mayoritario del pueblo colombiano en junio de 2014, qué él debía asumir su responsabilidad y que un Plebiscito de ese tipo, con un umbral minoritario (13%), no era la mejor herramienta para refrendar los acuerdos. Que sólo, en la medida en que las insurgencias se desarmaran y se reintegraran a la vida civil y a la lucha política legal, la sociedad iría asimilando y aceptando lo acordado.  

Denunciaba cómo el imperio y la oligarquía se estaban aprovechando de la debilidad política de la guerrilla y de su necesidad de salir de la guerra, para instrumentalizar los acuerdos en favor del gran capital, legitimando con un apoyo popular en las urnas, unos acuerdos que no representan –especialmente en el tema agrario– los intereses del campesinado y de la sociedad en general. Es un problema que queda planteado y por resolver.  

Uno de los aspectos que más cuestioné, una vez el Plebiscito fue una realidad (lo que me obligó a apoyar el SI en forma solidaria con el interés general), era que Santos con sus mentiras politiqueras le hacía mucho daño al SI, lo mismo que la actitud triunfalista y, a veces, prepotente de las FARC, que en su afán proselitista se equivocaba de continuo, y por ello, reforzaban y hacían crecer por efecto reflejo las fuerzas “uribistas” del NO.

Después denuncié que el interés de la casta dominante era agudizar la polarización y la división del pueblo. Hice notar como la principal tarea de César Gaviria fue provocar al ex-presidente Uribe para que finalmente se decidiera por el NO y desechara la abstención como opción, porque sabían que la crispación de los ánimos polarizados les permitiría superar el umbral apoyándose en la izquierda y otros sectores demócratas.  Lo que no calcularon era que el NO se les fuera a crecer. Para todos fue una sorpresa, hay que reconocerlo.

De igual manera –seguramente a veces de manera fuerte y tosca– les sugería a los dirigentes de las FARC reconocer sus numerosos errores (que muchas veces fueron graves crímenes en medio de la guerra degradada) y, de esa forma, pedirle perdón a la sociedad como una manera de construir un ambiente de paz, lo cual a su vez, se convertiría en un aspecto positivo y en una retribución benéfica en favor de su tránsito a la participación política legal. Muchos compañeros de izquierda y simpatizantes de las FARC asumían equivocadamente esas sugerencias como un injusto ataque a la guerrilla. No era esa la intención.

Debo aclarar que concibo el perdón como una importante herramienta política en manos de los sectores populares. Es un instrumento de alto valor espiritual para construir –en esta fase de la vida política del país– una verdadera reconciliación entre los colombianos y de unidad de la Nación. En ese sentido no es de mi interés exigirles a los representantes de la oligarquía que pidan perdón a las víctimas y a la sociedad, ya que ellos –por su naturaleza criminal– no son sujetos creíbles. La historia así lo certifica. Ahora, si lo hacen, es positivo pero no por ello se debe bajar la guardia.

Ahora bien, en la última etapa de este proceso eleccionario pude percibir –que a pesar de toda la campaña mediática por el SI y el NO–, las grandes mayorías del país no habían logrado ser persuadidas y entusiasmadas por la política del gobierno y de sus aliados alrededor del Plebiscito. Ese es un hecho que no dudo en calificar como algo positivo sino que además lo identifico como una gran oportunidad –esa sí histórica– para que los demócratas colombianos podamos superar la polarización entre dos sectores de la casta dominante que distorsiona la vida política de la Nación.

De acuerdo a los resultados de ayer, en que ganó el NO por 0,5% hay que ser ponderados. El NO sólo representa el 18,5% de los electores colombianos, no todos son “uribistas”, muchos votaron contra las FARC y contra Santos, y por ello no se puede sobredimensionar esa fuerza ni ubicar a todos los que apoyaron el NO en un único sector político. Lo mismo ocurre con los que apoyaron el SI. Sin dudar, me atrevo a afirmar que la polarización Santos-Uribe fue también la gran derrotada, aunque falta profundizar y agudizar esa tendencia.

Para consolidar esa “despolarización” del país se requiere un nuevo diseño estratégico, una revisión de las fuerzas sociales y políticas en relación al nuevo momento que se presenta, un análisis de la situación en que quedan las fuerzas del “santismo” y el “uribismo”, un inventario del comportamiento de las fuerzas democráticas, y así, trazar nuevos planes para avanzar por nuevos caminos. Lo que es evidente es que es posible derrotar en 2018 a la “patota” corrupta de Santos-Uribe pero hay que atraer y movilizar a las mayorías abstencionistas.

Los resultados de las elecciones del 2 de octubre de 2016 son un mensaje de máxima significación que debe ser leído con ojo crítico para unir a todas las fuerzas que realmente deseen construir la paz pero, ante todo, derrotar políticamente a la casta dominante que fue la principal causante de esta larga y cruel guerra que hemos tenido que soportar. Y para hacerlo, debemos ir paso a paso, sin acelerarnos ni afanarnos, sin querer salir de la “noche neoliberal” de un día para otro, y por tanto, hay que construir una estrategia inteligente y audaz para triunfar.

En 2018 hay que derrotar primero a los corruptos. Concentrar todas las fuerzas para sacarlos de los gobiernos. Si lo logramos, será un gran triunfo para las mayorías de nuestra sociedad que reclaman un manejo ético y transparente de la administración pública. Dentro de esas mayorías debemos garantizar la participación de amplios sectores sociales y políticos que todavía no comprenden la importancia de la soberanía nacional y de la superación de las políticas neoliberales pero que en medio de la democratización del país lo irán entendiendo.

Si hacemos bien esa tarea, que quedó a la orden del día con los resultados de la elección plebiscitaria del 2 de octubre, la siguiente fase de la lucha deberá contar con un programa de gran contenido social. Si no queremos seguir a la cola de la burguesía burocrática –como hasta ahora gran parte de la izquierda ha estado– hay que hacer el esfuerzo de juntar y unir las fuerzas de izquierda, los demócratas y los independientes para ofrecerle una alternativa a la Nación.


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado