jueves, 7 de octubre de 2021

El Pacto Histórico y las “otras democracias”

Concentración con jóvenes en Bogotá y encuentro con el pueblo Misak

El Pacto Histórico y las “otras democracias”

Popayán, 7 de octubre de 2021

En Colombia estamos ad portas de elegir el primer gobierno “de ruptura” desde que surgió este país a la vida como una supuesta república independiente en 1819. Las fuerzas sociales y políticas, y los dirigentes comprometidos con el denominado “Pacto Histórico” (PH) -encabezados por Gustavo Petro- tienen la oportunidad de empezar a cambiar realmente esa historia.

Ese proceso se está concretando en una múltiple y variada confluencia de fuerzas políticas y sociales. Esa es la particularidad y el acontecimiento que se destaca en la actualidad. En ese espacio se están encontrando sectores políticos de izquierda, progresistas y liberales independientes con diversas expresiones del movimiento social que participaron en el reciente “estallido social”.  

Se debe resaltar que la mayoría de candidat@s que participarán en la consulta popular del Pacto Histórico en marzo de 2022, son dirigentes formados en el movimiento social y en la lucha política que confrontó durante los últimos 40 años la política de neoliberal que impuso la oligarquía con ocasión de la Constitución de 1991. Han luchado contra la privatización de las empresas estatales y de los servicios públicos, el despojo de tierras a los campesinos, los megaproyectos depredadores de la naturaleza, el paramilitarismo criminal, y por paz y democracia.

En los primeros ejercicios públicos que se realizan para posicionar ese esfuerzo de “juntanza” (como dice Francia Márquez), entre los que se destacan las concentraciones masivas de Cali, Barranquilla, Popayán, Pasto y Bogotá, se nota el esfuerzo por mantener el espíritu del estallido social, en donde los jóvenes han sido los principales protagonistas. Igualmente, se hace un importante trabajo pedagógico por divulgar las principales propuestas del Pacto Histórico.

Así mismo, se vienen realizando una serie de encuentros (unos más visibles y amplios, otros menos publicitados y sectoriales) con importantes sectores de la sociedad como los pueblos indígenas (nasas, wayuu, misak), sindicalistas, comunidades negras, empresarios de diferente tipo y otros, lo que implica un esfuerzo importante que más adelante dará sus frutos.  

Es indudable que ese encuentro entre “lo social” y “lo político” genera una serie de tensiones entre los participantes en el Pacto Histórico. Lo interesante del asunto es que dentro de esas mismas concentraciones y encuentros se empiezan a construir “otras formas de democracia” que serán decisivas para tratar de “gobernar” este conflictivo e ingobernable país, en la medida en que se logre llegar a la Presidencia y se consiga una importante representación en el Congreso.

Con ocasión de que se empiezan a hacer visibles esas “otras democracias” en el proceso de construcción del Pacto Histórico (directa, ilustrada, representativa-designada, deliberativa, plebiscitaria, consultiva, etc.) que son formas de democracia desdibujadas y casi anuladas por la “democracia-liberal” (que es de carácter “eleccionario”, en donde el pueblo delega su poder y entrega una serie de privilegios a los elegidos), planteo las siguientes ideas (en forma sintética) para intentar alimentar el debate dentro de ese proceso y encuentro político-social.

Otras democracias y sus orígenes históricos

Antes de avanzar es importante presentar una breve idea de lo que son cada una de estas “otras democracias” y su vigencia actual.

La “directa” no es solo la asamblea popular (“ágora”) sino la misma movilización social (el paro, la huelga, la minga, la protesta, el plantón o mitin, el bloqueo, etc.). La “ilustrada” va desde el consejo de sabi@s o ancian@s hasta los centros de pensamiento, núcleos de expertos y demás formas de producción colectiva de conocimiento (¿partido?). La “deliberativa”, “plebiscitaria” y “consultiva” son formas de participación comunitaria con diversa connotación según su aplicación.

Es importante recordar cómo la revolución francesa (1789) fue una verdadera revuelta popular y proletaria pero dirigida por la burguesía. Esa clase dominante que reemplazaba a los señores feudales reinventó la democracia griega y la “puso de cabeza” porque necesitaba presentar el “poder monárquico” de los nuevos reyes capitalistas (y sus representantes políticos) con cierto aire de igualdad, fraternidad y solidaridad.

Inventaron la “democracia liberal” que es fuertemente representativa y eleccionaria. Así, relegaron y anularon la democracia directa y otras formas de democracia. Descartaron las formas de gobierno que mantenían el espíritu de participación popular como era la “representatividad designada”, en donde los funcionarios (“magistrados”, funcionarios, burócratas) eran controlados por el pueblo, sus cargos eran revocables, no tenían privilegios, y así, crearon una “falsa democracia” en donde el pueblo (ahora, ciudadanos individuales) entrega su poder a los “elegidos” y “electos”.

La revolución rusa también fue un alzamiento proletario y campesino (1917). Fue dirigido por la pequeña-burguesía que fue cooptada por el poder autocrático-burocrático “heredado” del zarismo. Ese sector de clase desde su ejercicio de poder acabó con lo poco de democracia directa, ilustrada y representativa que estaba surgiendo en los “soviets” (comités de obreros, campesinos y soldados). De esa manera impusieron “desde arriba” la disciplina taylorista del trabajo fabril creyendo ingenuamente que estaban construyendo el “socialismo”.

En realidad, mediante ese “sistema socialista” impulsaron una especie de acumulación forzada de Capital, que cuando agotó todas sus posibilidades, cuando se desintegró la URSS a partir de 1989, fue expropiado y apropiado (robado) por la nueva burguesía burocrática gran-rusa que surgió en ese sistema llamado “socialismo real” o “capitalismo de Estado”. En esa experiencia de “construcción de socialismo” todas las “democracias” fueron desconocidas y anuladas.

Hoy en el mundo la democracia representativa-eleccionaria ha quedado reducida a sostener una burocracia parasitaria totalmente subordinada al gran capital financiero y especulativo. En América Latina y recientemente en Grecia y España, los pueblos y los trabajadores han intentado utilizar esa “falsa democracia” para realizar transformaciones importantes en sus sociedades y países.

No obstante, lo han hecho sin desarrollar esa esas “otras democracias”, e incluso, en medio de su inexperta gestión del Estado “heredado” (capitalista, colonial, burocrático, etc.), lo que han logrado es debilitar (cooptar, burocratizar) los procesos de organización y lucha popular que sirvieron para encumbrar a algunos dirigentes en  posiciones de gobierno (se debe recordar siempre que el “gobierno” sólo es un “subsistema” dentro del aparato de poder del Gran Capital).

Esperemos que la experiencia de Pacto Histórico en Colombia continúe avanzando con los procesos de organización popular que se manifestaron en el “estallido social” y con los esfuerzos por desarrollar esas “otras democracias” (directa, ilustrada, deliberativa, etc.) que están apareciendo en forma creativa en medio de la construcción de esa juntanza político-social.

Seguramente la tensión entre quienes privilegian la “democracia representativa” y quienes aspiran a empoderar las “otras democracias”, va a seguir apareciendo al interior de las fuerzas participantes. Lo importante es que se avanza por un terreno nuevo, en donde se puede aprender mucho, siempre y cuando, el debate fraternal y la paciencia sirvan para unificar las fuerzas y aclarar el camino. 

viernes, 1 de octubre de 2021

¿Resetear la economía o la sociedad?

 

¿Resetear la economía o la sociedad?

Popayán, 1° de octubre de 2021

Tal parece que una crisis financiera (con sus efectos sociales y económicos) de dimensiones inimaginables se acumula y se va a desencadenar a nivel global. Los síntomas se manifiestan en muchos lugares y escenarios del mundo en medio de la pandemia y de las nuevas migraciones (y protestas) masivas que estallan por todas partes.

El gran capital continúa su proceso de concentración en pocas manos a unos niveles extremos e increíbles pero, a la vez, en medio de la dinámica especulativa, se genera una mayor inestabilidad en el mundo financiero (un multimillonario puede ganar o perder miles de millones de dólares, euros, rublos o yuanes en unos pocos minutos).

Se observa -y es una de las preocupaciones de gran parte de los analistas económicos- la “sobreproducción” de moneda (en diversas presentaciones y formas físicas, bursátiles y digitales) como consecuencia de las medidas que los gobiernos han tenido que tomar para tratar de atenuar los efectos de una crisis económica que desde 2008 (y aún antes) se acumulaba de diversas formas (“burbujas” inmobiliarias y de consumo masivo de todo tipo de productos que son formas de “alimentar” y sostener artificialmente la dinámica de acumulación capitalista) y que la pandemia ha sacado a flote con mayor impacto y visibilidad.

Poderosos e importantes Estados, cientos de gobiernos y numerosas corporaciones capitalistas están sobre-endeudadas y la “liquidez” del sistema (en todo el mundo, incluyendo a China, India, Rusia, Europa, EE.UU., etc.) entra en cuidados intensivos, sin que existan “unidades de cuidados intensivos” para ofrecerle “oxígeno” a tales pacientes.

Y la situación de cientos de millones de personas de los países y regiones “dependientes” es cada vez más crítica, expresándose en formas de protesta e inconformidad, dentro de las cuales las migraciones masivas son una forma más de manifestarse.

La oligarquía global -con sus contradicciones internas y división entre “globalistas” y “nacionalistas de gran potencia”- se debate entre “resetear la economía” buscando atenuar la crisis por medio de “reformas progresistas” o “resetear la sociedad”.

El FMI propuso hace poco un “paquete de políticas” para enfrentar los “factores asociados a la pandemia” que se parece a los programas “sociales” de los gobiernos “progresistas” de América Latina, y que muchos gobiernos acosados por las circunstancias se han visto obligados a asumir -como el de Colombia- pero que en realidad no solucionan nada sino que son “paños de agua tibia”, dado que en última instancia todas esas “inversiones sociales” pasan por la intermediación de los bancos y entidades financieras (en realidad no quieren solucionar los problemas sociales agudizados por la pandemia sino “salvar a sus bancos”).

Y paralelamente, otros sectores de la oligarquía global planean la generación de nuevas guerras y/o provocar “catástrofes” masivas para “resetear la sociedad”. Claro, su intención es agudizar los conflictos entre potencias mundiales, reajustar las relaciones internacionales, y tensionar el ambiente geopolítico para negociar en mejores condiciones entre las grandes corporaciones capitalistas y sus gobiernos, y a la vez, distraer al gran público con falsos enemigos y nuevos miedos.   

El problema es que desde los pueblos y los trabajadores no tenemos conciencia global de esta situación, creemos que cada país o nación es una “isla” o un caso aparte, y en general, no tenemos una estrategia global.

Y aunque se hacen intentos por comprender lo que está ocurriendo, dado que se generan condiciones reales para actuar a un nivel más amplio, en temas como la crisis económica global, la crisis ambiental y de cambio climático, el auge de las economías criminales, la precariedad y los límites de la acción política tradicional, etc., todavía los partidos y movimientos políticos de corte popular o “revolucionario”, no encontramos la forma de actuar “a todo nivel”, “desde abajo” y “por arriba”, con visión global y local, desde “fuera” y “dentro” de la institucionalidad que, queramos o no, existe y decide sobre la vida y el futuro de la humanidad.

Pareciera que nos falta “resetear” nuestras formas de pensar y de actuar.

viernes, 17 de septiembre de 2021

¿La oligarquía colombiana apoyará una fórmula de “centro”?

Luis Carlos Sarmiento Angulo, Carlos Slim y sus diversos candidatos

Notas de coyuntura electoral 2022

¿La oligarquía colombiana apoyará una fórmula de “centro”?

Popayán, 17 de septiembre de 2021

Los hechos y evidencias

Una serie de hechos y señales ocurridos recientemente nos llevan a prever nuevas actitudes de parte de las castas dominantes de este país. Tal parece que para impedir la llegada al gobierno de la izquierda progresista (Petro) y, a la vez, construir una salida “digna” al expresidente Uribe, impulsarán una fórmula electoral similar a la de Santos pero con una presentación “alternativa” o del supuesto “centro”.

Ellos son:

- Crisis de liderazgo de los candidatos de todas las derechas visibles (CD, CR, la U, liberales, conservadores, etc.);

- La propuesta de amnistía de Uribe y el anuncio de que en esta ocasión no apoyará a ningún candidato;

- La visible promoción y entusiasmo de los medios de comunicación ante la candidatura de Alejandro Gaviria;

- Los tejemanejes por debajo de cuerda de César Gaviria para “colarse” por debajo de la mesa en el “centro”; 

- El debilitamiento de la candidatura de Sergio Fajardo y los nuevos alineamientos de figuras importantes de los Verdes con Alejandro Gaviria;

- El mensaje “tranquilizador” y “unitario” de Mockus y Navarro, figuras prominentes de la Alianza Verde, en el sentido de que aspiran a ser gobierno a toda costa, así sea a la cola de la “derecha camuflada de centro” (estrategia impulsada por Podemos en España);

- El surgimiento de nuevas listas a Senado dentro del Pacto Histórico, que refleja una dispersión de fuerzas, desnudando que no existe una estrategia clara y consensuada;

- El “reacomodo” hacia el “centro” de los “liberales rebeldes” que siempre han sido burócratas y sirvientes del gran capital (los Galán, Lara, Velasco, Cristo, Samper, De la Calle, etc.).

Los polos de atracción

Esos acontecimientos confirman la perfilación de los 3 polos de atracción que habíamos previsto anteriormente:

a) La izquierda y el progresismo con la propuesta del Pacto Histórico;

b) El “centro” (en donde se unirán algunos políticos de “centro-izquierda” y de “centro-centro”, con cierto sesgo puramente anti-petrista y anticomunista, acogiendo en forma camuflada al viejo y corrupto liberalismo con Alejandro Gaviria a la cabeza. Tal parece que la Coalición de la Esperanza agrupará a todas esas “fuerzas” y personalidades políticas; y,

c) Todas las derechas clientelares juntas, en donde el CD y Uribe serán una parte importante pero ya no determinante. Los Federico Gutiérrez, Char, Peñalosa y demás precandidatos se agruparán en una coalición de derechas y clientelar. 

Las perspectivas político-electorales

A la izquierda progresista le tocará diseñar una estrategia inteligente y diferente (o sea, “no más de lo mismo”) para llegarle al pueblo abstencionista y antipolítico. Se puede observar que el Pacto Histórico dentro de las alianzas formales y partidistas, ha llegado a un techo o límite de sumatoria de fuerzas.

Hasta ahora la estrategia “caliente” (confrontadora, “al ataque”, beligerante) de Gustavo Petro, alimentada por algunos dirigentes bien intencionados que caen en triunfalismos idealistas (como ocurrió en el transcurso del Paro Nacional), produce el alejamiento de esa coalición de las clases medias y del “profesional precariado” más maduro. Ello se refleja en el “nuevo aire” que respira el llamado “centro”, que apuesta por atraer a dichos sectores.

Faltando todavía un buen trecho de tiempo (en realidad, sólo son 6 meses para las elecciones de Congreso que será como una especie de “primera vuelta adelantada”), me atrevo a plantear que el grueso de la oligarquía “globalizada” (los Sarmiento, Slim, Gilinsky, etc.), va a jugar sus cartas en favor de un gobierno de “centro”, con un candidato como Alejandro Gaviria (o alguien similar), para contrarrestar y derrotar a Petro y ofrecerle una salida “digna” a Uribe[1].

Por ello, lo más seguro es que las elecciones presidenciales de 2022 enfrentarán en la primera vuelta a candidatos de estos 3 polos de atracción (y algunos otros “sueltos” pero no trascendentes), y en la segunda vuelta (definitiva) al candidato de la “izquierda progresista” (Petro) con el candidato del llamado “centro” que tendrá una fuerte influencia de derecha.

El reto está planteado. La supuesta “unidad alternativa” antes de la primera vuelta es una ilusión. No corresponde a los intereses de las clases y sectores sociales en lucha (que se expresaron con toda nitidez durante el “estallido social”), y tampoco a la evolución que han sufrido en estos últimos años las diversas fuerzas, grupos y personajes políticos que juegan en el escenario electoral.

Lo interesante del momento es tener claro el panorama y actuar en consecuencia.


[1] El expresidente Uribe se ha visto obligado a seguir en la vida política porque tiene graves casos judiciales que lo acosan y persiguen por su papel en el surgimiento y fortalecimiento del paramilitarismo, las miles de desapariciones y el asesinato de civiles no beligerantes haciéndolos pasar como bajas en combate por parte del Ejército durante sus gobiernos, y muchos otros crímenes. Sin embargo, él no actuó solo, fue apoyado por el imperio estadounidense, grandes empresas transnacionales y el conjunto de la clase dominante colombiana. En verdad fue solo un mandadero eficiente, mafioso y criminal del poder oligárquico. No obstante, esa oligarquía sabe que no puede sostenerlo en el poder, que tienen que hacerlo a un lado pero garantizarle impunidad, dado que les hizo enormes “favores” durante la guerra contrainsurgente y conoce muchos secretos.  

jueves, 9 de septiembre de 2021

El Pacto Histórico y sus antecedentes históricos (1) (Gaitán, Camilo y Bateman)

 

Jorge Eliécer Gaitán, Camilo Torres Restrepo y Jaime Bateman Cayón 

El Pacto Histórico y sus antecedentes históricos (1)

(Gaitán, Camilo y Bateman)

Popayán, 9 de septiembre de 2021

Durante gran parte del siglo XX en Colombia se hicieron intentos de lograr (o forzar) un “Pacto Histórico”. Se intentó movilizar a las grandes mayorías para derrotar a la oligarquía dominante (colonial, capitalista y mafiosa). Fueron gestas políticas dirigidas a superar el régimen autoritario y excluyente que es soporte de la inequidad y la injusticia existente. Se trataba de develar y superar la dictadura criminal que aparenta y posa de ser la “democracia más antigua de América Latina”.  

Esos intentos fueron encabezados por Jorge Eliécer Gaitán en los años 40s, quien logró mostrar la brecha entre el “país nacional” y el “país político”; en la década del 60 fue el sacerdote Camilo Torres quien se echó al hombro la construcción del “Frente Unido del Pueblo”; y Jaime Bateman Cayón en los años 80s propuso el “Sancocho Nacional” para presionar un Diálogo Nacional e iniciar un proceso de refundación de la Nación en democracia y en paz.

Todos esos intentos lograron momentos sublimes de participación y movilización popular, dejaron huella en la memoria de nuestro pueblo pero fueron abortados por la acción criminal de la oligarquía y el imperio. No obstante, desde el campo popular y de sus dirigentes también tuvimos falencias y cometimos errores que le facilitaron la tarea a la casta dominante.       

El Pacto Histórico que se impulsa en la actualidad intenta retomar diferentes aspectos y propuestas de esas importantes experiencias políticas, que de una u otra manera han marcado nuestro devenir histórico y político. Sin embargo, es necesario profundizar en el conocimiento de esos hechos, ubicar su contexto, identificar aciertos y errores, y analizar su evolución para poder “re-crear” ese legado con claridad y creatividad.

Antes de avanzar en ese ejercicio es pertinente aclarar el concepto de “pacto”. El análisis de los procesos de cambio (“revoluciones políticas”) nos permiten concluir que después de llegar a los máximos niveles de tensión, confrontación y desenlace, se hace necesario un pacto social y político entre las clases y/o sectores sociales enfrentadas para avanzar con los cambios propuestos. Eso no significa que, como lo plantean algunos amigos de la “ortodoxia “marxista”, todo pacto lleva a la conciliación de clases o es una traición a los principios, sino que es el resultado de aceptar que no podemos desaparecer materialmente a los contrarios y que se puede y debe avanzar en democracia.

En algunas ocasiones, las fuerzas “triunfantes” han intentado hacerlo; han “decretado” la desaparición de las clases derrotadas o han anulado cualquier posibilidad de acción política de quienes se resisten a los cambios; pero lo que enseña la historia es que ese acto de negación lleva a instaurar regímenes autocráticos y dictatoriales, que tampoco resuelven el problema. La vida ha demostrado que frente a un triunfo de ese tipo, que de entrada se muestra débil y precario, las clases sociales hegemónicas en lo político-cultural terminan trepándose al Estado por la “puerta de atrás”, logrando sus propósitos a la sombra del nuevo “poder revolucionario”[1].

Por ello, se hace necesario re-pensar nuestras estrategias, re-tomar las enseñanzas del pasado, y re-crear nuestras ideas y formas de acción a fin de no tropezar con las mismas piedras u obstáculos. A continuación se hace un breve repaso crítico de esos anteriores intentos de “pacto histórico” (Gaitán, Camilo, Bateman), a fin de aprender de tales sucesos pasados. Como se observará, algunos de los problemas que sufre el actual proceso, ya tuvieron antecedentes en el pasado.

Gaitán y la estrategia electoral

Siendo senador liberal, Gaitán se hizo conocer a nivel nacional con el debate de la masacre de las Bananeras (1929). Luego, intentó construir un movimiento independiente de los partidos tradicionales (liberal y conservador) con la UNIR[2]. Pronto se dio cuenta que era imposible construir en esa coyuntura un movimiento independiente y regresó al partido liberal. Desarrolló una estrategia audaz e inteligente siendo ministro en los gobiernos de Alfonso López Pumarejo y Eduardo Santos, impulsando con autonomía e independencia sus  propuestas sobre derecho laboral y educación pública.

Incómodos con el trabajo político de Gaitán ambos presidentes lo expulsaron de sus respectivos gobiernos y así logró construir su propio movimiento “gaitanista” que en la década de los años 40s se convirtió en la principal corriente dentro del partido liberal. Durante ese tiempo develó la falsedad de la “revolución en marcha” de López Pumarejo, que amagaba con un proceso de industrialización del país mientras no enfrentaba con seriedad y consecuencia las políticas contra el pueblo que imponía el imperio estadounidense y los grandes terratenientes. 

Cuando Gaitán estaba a punto de convertirse en presidente de la república fue asesinado el 9 de abril de 1948 y el movimiento popular fue manipulado por la oligarquía para degenerar en violencias “vandálicas” durante el “Bogotazo” y promover un alzamiento armado que dio origen, primero, a las guerrillas liberales controladas por la dirigencia liberal oligárquica, y luego, a las guerrillas gaitanistas que poco a poco se convirtieron en las futuras Farc.

Diversas e importantes lecciones quedaron de ese proceso. La división en el campo popular jugó su papel porque impidió que otros sectores (entre ellos los comunistas) pudieran crear una fuerte organización de base. Aunque Gaitán la proponía -como hace ahora Petro- nunca se impulsó con suficiente decisión y visión estratégica. Todo giraba alrededor del caudillo, él diseñaba las propuestas, las tácticas electorales y las alianzas, sin que existiera una estructura organizada que le ayudara a prever el comportamiento de sus contradictores (algo muy similar ocurre ahora).

El movimiento gaitanista fue eminentemente electoral pero -teniendo en cuenta el contexto de la época- superaba ese escenario dado que era una verdadera experiencia revolucionaria alimentada por las propuestas anti-oligárquicas de Gaitán, que en los hechos abría y fortalecía la participación y movilización popular en la lucha política. Aunque ese proceso partía de su militancia liberal poco a poco permeaba a importantes sectores populares del conservatismo y de otros sectores no politizados, y por ello, rompía en la práctica con el estrecho marco electoral.

Esa situación era todo lo contrario de lo que sucede ahora. En la actualidad la dinámica electoral de los partidos, grupos y movimientos sociales y políticos que hacen parte del Pacto Histórico está “aprisionada” por un ambiente electoral desgastado, dominado por candidaturas personalistas, sectoriales (étnicas, víctimas), grupismos y divisiones de todo tipo, que es rechazado por las grandes mayorías que se expresaron en el reciente estallido social. Ese aspecto pareciera ser el gran obstáculo para que ese proyecto represente -en sí mismo- un  efectivo movimiento transformador.

En ese terreno se debe ser muy claro y diferenciar a quienes son los protagonistas del “movimiento” y quienes pueden ser aliados. Es la dinámica misma, las “formas” como se construye el proceso, lo que aclara ese asunto. Y por ello se deben impulsar prácticas diferentes de apoyo al Pacto Histórico, enfrentando de hecho y no solo de palabra, la politiquería y el clientelismo de nuevo tipo que – de una u otra manera- hace carrera dentro de los partidos y grupos llamados “alternativos”. Hay que organizar la “gran carpa” del Pacto Histórico, más allá de aspiraciones y candidaturas individuales o de grupo, y en las regiones unificar -de verdad- a los diversos sectores sociales que necesitan cambios estructurales en lo político, económico y social.  

No tener clara esa situación nos conduce a relajar los principios éticos y la disciplina de quienes impulsan verdaderas transformaciones. Si ello ocurre, fácil e imperceptiblemente se cae en prácticas grupistas y personalistas, se entra en la rebatiña por las listas y el orden de las mismas, aparece la división y la dispersión, y ello debilita el mismo ejercicio electoral. Además, allí está el germen del grave problema que han sufrido todos los movimientos progresistas y partidos de izquierda cuando llegan a los gobiernos como ha ocurrido en Venezuela, Brasil, Ecuador, Argentina y Bolivia (y parcialmente en España y Grecia). Toda clase de arribistas y trepadores se cuelan en las filas de los partidos y movimientos, generan graves distorsiones y protagonizan perjudiciales actos de corrupción, lo que debilita los procesos de cambio y provocan “auto-derrotas”, como lo hemos apreciado y comprobado.

Claro, el verdadero antídoto está en la autoorganización de base, en que paralelamente y como tarea central, se impulsen procesos de “autogobierno” dentro de las organizaciones sociales. Francia Márquez, una extraordinaria dirigente caucana, de las comunidades negras (afro) y de las víctimas del conflicto armado, en su discurso y práctica impulsa esa estrategia pero todavía no se diferencia en las “formas electorales mismas” y su discurso puede ser “cooptado” por las prácticas electoreras. En ese sentido, se requieren formas de control popular -con autonomía e independencia- sin plegarse al electorerismo personalista.

La propuesta es que debemos apropiarnos del Pacto Histórico con iniciativas de base y no solo ir detrás de las prácticas tradicionales o a la cola de los candidatos. Lo más importante es que la “mecha” prenda en la gente, el mayor logro es que cualquier persona “por sí misma” haga cosas, se organice, comparta y genere procesos. Si lo logramos, Gaitán, Camilo y Jaime estarán felices allá donde estén.

Nota: En el siguiente artículo continuaremos con el análisis comparativo abordando la experiencia del Frente Unido de Camilo Torres y el “Sancocho Nacional” de Jaime Bateman. Abordaremos el problema de la “unidad de la izquierda” y de la “unidad del pueblo”, de la “extremada confianza” que nuestros dirigentes han tenido en la oligarquía criminal lo que les ha facilitado la tarea de asesinarlos o desaparecerlos, del electorerismo y el “cretinismo parlamentario”, y otros temas relacionados con nuestras luchas.


[1] Es lo que finalmente ha sucedido en todos las experiencias socialistas del siglo XX. Se desarrolló el capitalismo y se renovaron los “nacionalismos de gran nación” al calor de las luchas proletarias y populares, y luchan anticoloniales.  

[2] UNIR: Unión Nacionalista Independiente y Revolucionaria, fue un partido político colombiano fundado en 1933, por Jorge Eliécer Gaitán y otros liberales de izquierda, en defensa de los sectores populares y separados del Partido Liberal.


miércoles, 25 de agosto de 2021

Colombia y Afganistán: verdades y mentiras “globalizadas”

 

Fotografía tomada de El Nacional

Colombia y Afganistán: verdades y mentiras “globalizadas”

Popayán, 25 de agosto de 2021

“Frente a las ‘verdades de la guerra’ de Creonte y a lo que éstas lógicamente implican, Antígona no puede permanecer callada”. George Steiner

“Las crisis mundiales han sido siempre resultado de la concentración real de la riqueza y del ajuste forzoso de las contradicciones de la economía burguesa”. David Harvey

La pandemia Covid-19 ha mostrado el alto nivel de interdependencia que existe entre las economías de los países, regiones y corporaciones capitalistas del planeta. No solo en términos de producción y de comercio sino principalmente en lo financiero. Una muestra de ese fenómeno se presentó durante los primeros meses de confinamiento de la población china: el impacto negativo para la economía mundial fue tan evidente y fuerte que la supuesta “guerra comercial y tecnológica” que Trump anunciaba contra China quedó “suspendida”, perdió piso y se quedó en el aire.  

No obstante, la economía especulativa basada en la confianza inversionista y estabilidad financiera que los capitalistas y sus gobiernos sostienen de diversas formas (deuda pública, emisión de dinero, reformas tributarias, etc.) les ha funcionado a las mil maravillas en plena pandemia. Es un sector muy beneficiado al igual que la industria farmacéutica y las tecnologías de la información y comunicación (TICs) que han vivido una verdadera bonanza económica durante la pandemia.

La oligarquía financiera global comprobó lo que sus asesores les repetían desde 2007-8. Ahora son más conscientes de la extraordinaria vulnerabilidad de su “sistema” (así sean estadounidenses, europeos, rusos, chinos, iraníes, etc.), y en medio de la crisis (que es real, “real” y Real[1]), se han apoyado entre ellos como nunca[2]. La vida ha demostrado que las “guerras” actuales son limitadas, parciales y medidas, que solo son “formas de amenaza” y de “mostrarse los dientes” mientras a espaldas de los pueblos (ciudadanos, consumidores, clientes, etc.) negocian en la Bolsa y Bancos.   

Ello tiene grandes implicaciones para los pueblos y los trabajadores. La mirada de Lenin es un referente en esta materia. Él sabía que los conflictos intra-capitalistas e inter-imperialistas que generaron las “guerras mundiales” del siglo XX, tenían sus límites. Y, por tanto, llamaba a aprovechar esas extraordinarias circunstancias, dado que en la medida en que los pueblos y los trabajadores nos uniéramos de verdad, ellos tendrían que colocar sus intereses sectoriales y “nacionales” en un segundo plano, mostrando sus intereses de clase. Ese hecho sería -en sí mismo- un material invaluable para impulsar la lucha emancipatoria de los sectores oprimidos.

Afganistán y el triunfo de los globalistas

Los globalistas de todo el mundo triunfaron con la salida de las tropas de los EE.UU. de Afganistán. Ellos ahora no conciben el “territorio” y las “riquezas naturales” como lo hacían los viejos imperialismos coloniales. Pienso, también, que la nueva fase de acumulación por desposesión planteada por David Harvey está empezando a ser replanteada. Los dueños de las grandes corporaciones que controlan la estructura financiera, energética e informática del planeta están actuando de una manera nueva. Sus guerras son más virtuales que “físicas”: son verdaderos libretos para nuevas series de Netflix.

Podemos afirmar que hoy los enfrentamientos entre las élites de USA, UE, China, Rusia, India, Irán, etc., tienen como principal objetivo el de engañar a sus propios pueblos. El manejo de la pandemia Covid-19 ha demostrado que las contradicción entre los capitalistas que -a veces- se muestran como rivales en torno a intereses de sus antiguas naciones de origen, no es la contradicción fundamental de la sociedad capitalista (nunca lo ha sido, a veces, en determinadas coyunturas podía ser calificada como la contradicción principal para ser utilizada en favor por los trabajadores y pueblos oprimidos)[3].

Los globalistas de todo el mundo han triunfado (Trump solo fue un “accidente”). Su principal preocupación va a ser preservar la vida humana sobre la tierra manteniendo y fortaleciendo la Dictadura del Capital, mientras desarrollan las ciencias y las tecnologías para explotar materias primas de otros planetas. Los dirigentes más sagaces con sus “tanques de pensamiento estratégico” ya están diseñando su propia política para “mitigar” el cambio climático. Era de esperarse.

Y paralelamente, intentan perfeccionar el control volitivo de los humanos, que como lo ha demostrado el manejo de la pandemia Covid-19, se fundamenta en estimular toda clase de tensiones y enfermedades mentales, logrando que el miedo y la ansiedad sirvan para que las gentes no vean más allá de sus pantallas de teléfonos móviles y televisores de última generación, programando o canalizando los “estallidos sociales” para desfogar y controlar la conflictividad acumulada.

Todo va bien para los capitalistas globalistas del mundo entero. Los Soros, Clinton, Gates, Obama, Xi, Wu, etc. están felices mientras el resto de la humanidad sufre la incertidumbre del “no saber”.

Algunas mentiras y verdades sobre lo ocurrido en Afganistán y en Colombia

- Que el gobierno de los EE.UU. es enemigo de Al Qaeda y de los “talibanes”. La realidad es que ellos han sido su instrumento político y herramienta de desestabilización regional (algo muy similar ocurrió en su momento con las guerrillas colombianas);

- Que los EE.UU. invadieron Afganistán en 2001 para perseguir a Osama Bin Laden. La verdad es que él era un espía de la CIA, un  agente árabe-estadounidense y siempre actuó bajo el mando de ellos (en Colombia no han necesitado “invadir”, han tenido bases militares y han intervenido en este país desde principios del siglo XX);

- Que los EE.UU. salieron de Afganistán porque los talibanes los derrotaron. La realidad fue que se acordó su salida, Trump negoció con los “rebeldes” y desconoció a sus “aliados” afganos desde hace más de un  año. Biden solo cumplió ese acuerdo (en Colombia el gobierno de USA estuvo detrás de Santos en el llamado “proceso de paz” y pactó con las Farc en La Habana sin tocar para nada la estructura económico-política que es la base real de la economía del narcotráfico);

- Que el gobierno colombiano les va a dar “refugio temporal” a los afganos colaboradores de las tropas estadounidenses que huyen de Kabul, y que lo hace por solidaridad y en defensa de los DD.HH. En verdad, esa acción es obligada y responde a una orden de Biden, que la cumplirán gobiernos de países tan débiles y entregados como Kosovo, Albania, Colombia y otros.

Son muchas más las mentiras y verdades sobre Afganistán. Es igual que en Colombia, en donde una insurrección campesina terminó convertida (transformada, instrumentalizada) en una supuesta “guerra contra el narcotráfico”. En realidad, se utilizó a una guerrilla degradada para convertir a Colombia en el principal productor de cocaína del mundo como se utilizó el “conflicto” con los talibanes para convertir a Afganistán en el principal productor de heroína.

En próximo artículo abordaremos el tema de cómo la narrativa “globalista” es el principal obstáculo que impide que el pueblo colombiano logre descubrir la “verdad verdadera”, que debe ser el principal instrumento para desenmascarar los intereses de una oligarquía colonial, capitalista, globalizada, pro-imperial, mafiosa y criminal, que ha pretendido construir una “paz” a la medida de sus intereses.



[1] La crisis es real porque importantes áreas y sectores de la producción, los servicios y el consumo se han paralizado o se han afectado de muchas formas generando desempleo, hambre y desesperación entre amplios sectores de la población; es “real” porque ha sido manipulada para generar desinformación y miedo y, sobre todo, para legitimar formas de control mental e ideológico entre las gentes; y es Real porque la pandemia ha puesto de manifiesto para el conjunto de la humanidad una realidad que va más allá de la coyuntura (así sea interpretada de mil maneras desde lo económico, político, ambiental, cultural, religioso, étnico, civilizatorio, etc.). (Nota del Autor).

[2] El escenario más visible de ese apoyo y concertación entre las oligarquías financieras globales ha sido la Organización Mundial de Salud (OMS). Los grandes negocios de la pandemia han tenido la bendición de los supuestos “gurúes” de la ciencia, la medicina y la salud pública. La historia no los absolverá. (Nota del Autor).  

[3] Lenin en 1916 lo tenía claro en su texto sobre el imperialismo, y también frente al Tratado de Brest-Litovsk, pero los “marxistas-nacionalistas gran-rusos” distorsionaron sus ideas y se olvidaron de que la contradicción fundamental es entre el capital y el trabajo. Hoy las “guerras inter-imperialistas” son totalmente secundarias frente a la nueva situación que vivimos (solo sirven para mantener los viejos nacionalismos de gran potencia), cuando las grandes corporaciones capitalistas transnacionales están entrelazadas y sostienen en forma imbricada una estructura financiera global, de la que dependen todos ellos (Ej., los principales acreedores de los EE.UU. son China y Japón). Incluso, frente al agotamiento de las fuentes de energía de origen fósil están entrando en el terreno de los acuerdos globales, como lo comprueba la situación de Venezuela, Irak, Afganistán, etc. “Se reparten el mundo” decía Lenin, a veces forcejean entre ellos pero son gajes del oficio. Lo de Afganistán fue un acuerdo, que seguramente tendrá su contraparte china y rusa en otras partes del mundo o allí mismo. (Nota del Autor).


Sobre la autocracia de Daniel Ortega en Nicaragua


El debate en la izquierda internacional

San Sebastián, agosto de 2021

A las izquierdas del Foro de Sao Paulo

Valiente y significativa denuncia sobre lo que ocurre en Nicaragua con la autocracia de Daniel Ortega y su esposa. 

Por Iosu Perales

Al poco de saber la marcha al exilio de Mónica Baltodano y su familia, me he sentado ante el ordenador y me he puesto a escribir, sin un guión previsto, sin un plan organizado para elaborar un documento. De manera bastante improvisada y con el pensamiento puesto en la reacción crítica que debiera tener la izquierda y que no lo tendrá, salvo honrosas excepciones. 

Seré claro desde el principio. Creo y siento que una parte no pequeña de la izquierda latinoamericana está desactivada intelectualmente, al igual que su proyecto político. Donde debiera prevalecer un pensamiento crítico, de combate, prevalece una posición conservadora que no se corresponde con pasados heroicos.

Dolorosa separación

Nicaragua y más exactamente el comportamiento político y ético de Daniel Ortega y Rosario Murillo, pone a prueba a las izquierdas de América Latina. O despliegan una crítica que restituya la razón de ser de su misma existencia, el ejercicio de la verdad como fuente revolucionaria y solvencia moral, o persisten en una idea preconcebida que todo lo explica culpando de nuestros males a factores externos que siempre son y serán una amenaza (el imperialismo), pero que no pueden utilizarse como cortina de humo para tapar nuestros errores. 

¿Qué hizo que un tipo como yo, vinculado a la revolución sandinista desde hace más de treinta y cinco años, cambiara su posición sobre Daniel Ortega y lo que representa? ¿Cómo pudo ser que una revolución admirada terminará siendo denunciada por brillantes intelectuales? Lo hizo el ya fallecido Eduardo Galeano que había sido amigo íntimo de Tomás Borge. Y el Sub comandante Marcos y el zapatismo; y José Pepe Mújica; y Noam Chomsky; y Boaventura do Santos; y el colombiano Gustavo Petro; y el teólogo Leonardo Boff; y recuerdo especialmente a Marta Harnecker que meses antes de morir quiso traducir al inglés uno de mis artículos críticos sobre Nicaragua para distribuirlo. Y lo hizo. A nadie de izquierda, en su sano juicio, se le ocurriría relacionar a alguno de estos nombres con intereses foráneos.

Podría citar una gran cantidad de personas de izquierda que, como yo, han suscrito artículos y declaraciones pidiendo a Ortega que libere a los presos políticos, se lleve a la justicia a los responsables de los tiroteos contra gente indefensa en abril de 2018 y que el gobierno dialogue y negocie una salida democrática con otras fuerzas sociales y políticas del país. Recuerdo ahora la primera declaración que firmé en 2006. La compartí con personas tan honorables como Miguel Núñez, octogenario condecorado por la revolución sandinista, siempre leal al principio de decir la verdad. Ya entonces denunciamos lo que tenía todo el aspecto de ser un gobierno autócrata, tal y como el paso del tiempo ha puesto de relieve.

Lo cierto es que principales aliados del gobierno de Ortega, durante los últimos 11 años, y hasta el estallido social de abril de 2018, eran los banqueros, los principales empresarios del país y las dirigencias del Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP). Juntos venían dándole rango constitucional a su “modelo de alianzas”. Ortega al frente del Estado garantizaba estabilidad social y oportunidades para hacer negocios y enriquecerse como nunca, tanto él como sus socios del gran capital (familia Pellas, por ejemplo). Ortega, como caudillo, armonizaba su proceder neoliberal con paliativos sociales de corte clientelar y asistencial para el sostenimiento de su base electoral. Algunos intelectuales de derecha llegaron a calificar esos manejos como “populismo responsable”.

Tratados de libre comercio y buena nota del FMI.

Lo cierto es que, hasta el 18 de abril de 2018, las relaciones de Ortega con Estados Unidos eran notablemente buenas. No podía ser de otra manera, pues privilegió todas las políticas de libre mercado: los tratados de libre comercio, las facilidades para las maquilas y las concesiones sin condiciones al capital extranjero. Además, aplicó con mano dura las políticas migratorias gringas, y por la frontera sur de Nicaragua no se colaba nadie que pudiera tener planes de emigrar a Estados Unidos. Ortega convirtió los límites nicaragüenses en el deseado muro de Trump. Igualmente, el orteguismo autorizó la presencia militar estadounidense y la acción de la DEA en Nicaragua con el pretexto del combate a la narcoactividad. Por todo ello llevó a Nicaragua a obtener las mejores notas del FMI, del Banco Mundial y del BID. Las relaciones de los últimos 11 años con Estados Unidos fueron de las más cordiales, basadas en el principio de que lo que importaba era lo que el gobierno nicaragüense verdaderamente hacía, no lo que aparentaba hacer, y menos lo que ocasionalmente decía.

Llegó lo de abril de 2018 y la fachada del régimen comenzó a fracturarse. 

Protestas de la gente, desde abajo.

Las protestas contra la disminución de las pensiones en un 5%, y contra el aumento de las cotizaciones de los trabajadores y empresarios al INSS, debiera haber conducido a la apertura de un diálogo con las partes sociales interesadas. También debieron ser debatidas como exigen las leyes de Nicaragua en la Asamblea Nacional, pero se pretendieron imponer por decreto presidencial. Es verdad que el Gobierno reculó ante la oleada de protestas, pero los manifestantes en lugar de guardar las pancartas las sacaron de nuevo a las calles y plazas, extendiendo sus reivindicaciones al cuestionamiento de Daniel Ortega y Rosario Murillo. 

Una parte muy importante del pueblo sintió que era la hora de exigir cambios radicales en las políticas de Daniel y la Chayo, así como la liberación de los presos. Y es que en el orden social nada estaba cambiando en el país, si no es a peor, en una economía que funciona bajo la obediencia al Fondo Monetario Internacional, y por consiguiente aumenta las desigualdades sociales. La estrategia del asistencialismo siempre otorga ventajas a un gobierno, pero es poco recomendable cuando se trata de transformar la sociedad.

No, no estamos en ninguna segunda etapa de la Revolución, no se están realizando transformaciones que consoliden en Nicaragua un sistema de justicia social. Todo lo contrario: se ha fortalecido, como nunca antes, un régimen económico-social corrupto en el que los pobres están condenados a rebuscarse la vida en trabajos informales, precarios, por cuenta propia o a trabajar por salarios miserables y en largas jornadas, condenados a emigrar a otros países en busca de trabajo, condenados a pensiones de jubilación precarias. Se trata de un régimen de inequidad social con un creciente proceso de concentración de la riqueza en grupos minoritarios. Algunos portavoces de grupos que apoyan incondicionalmente a la pareja gobernante Ortega-Murillo aluden a una supuesta mejoría de la realidad económica y social de la población. No es verdad. Han mejorado los leales al régimen, y muy poco.  Sin embargo, ni siquiera unos posibles avances sociales justifican la violación sistemática de los DDHH y la represión continuada y arbitraria que practica el Gobierno. 

En segundo lugar, se ha profundizado la subordinación del país a la lógica global del capital. Nicaragua, se ha ido entregando a las grandes transnacionales y a los capitales extranjeros, que llegan a explotar riquezas naturales o a aprovecharse de la mano de obra barata, como sucede en las zonas francas. El caso más patético de esta lógica entreguista del país y de sus recursos es la concesión a un empresario chino de la construcción del Canal Interoceánico. Pero ha habido previamente muchas otras concesiones mineras, forestales, pesqueras, en la generación de energía, que han ido ocupando todo el país.

En tercer lugar, el actual sistema económico-social imperante en Nicaragua trata de reducir a la mínima expresión las resistencias sociales. Por otro lado, se ha desarrollado un desmedido proceso de concentración de poder en la pareja Ortega-Murillo y su círculo más cercano. Es un poder que amenaza con destruir todo vestigio de institucionalidad democrática. Ahora mismo Nicaragua funciona como se hubiera un partido único, con algún partido “zancudo” dando cobertura al régimen. El régimen funciona con círculos concéntricos: el más pequeño formado por Ortega-Murillo y algunos familiares y amigos de siempre; el segundo círculo el de algunos veteranos leales en el ejército y la policía; el tercero por los secretarios del partido en los territorios; el cuarto el de grupos milicianos a las órdenes de Rosario Murillo.

El golpe que nunca existió

Pero ¿qué pasó realmente aquel ABRIL de 2018? Leí la declaración de La Habana del Foro de Sao Paulo y me tuve que frotar los ojos. En ella se avalaba la versión de Ortega-Murillo, completamente insostenible desde el uso de la razón. Puedo entender que se tratara de echar una mano al verdadero poder de Nicaragua y sus prácticas represivas, pero no al precio de negar el sentido común. 

Ortega-Murillo, la pareja gobernante afirmó que se trataba de una tentativa de golpe de Estado. El caso es que un hubo un golpe parlamentario y de los jueces en Brasil para eliminar a Dilma Rousseff; hubo golpes parlamentarios en Honduras y Paraguay, para quitar de presidentes a Zelaya y Lugo. Pero, en Nicaragua toda la fuerza está concentrada en el Gobierno. El ejército, la policía y el propio parlamento son fieles a Ortega-Murillo (71 parlamentario de 92). ¿Son los golpistas lo estudiantes? ¿Dónde están y quiénes son? ¿Son las madres que se manifestaron en Managua desafiando a los francotiradores? ¿Dónde están las armas de los golpistas? Qué más quisiera Daniel Ortega que presentar golpistas y armamento en los medios de comunicación. Pero no los hay. Otra cosa es que la inteligencia de EEUU trate de aprovechar la ola de la protesta popular para infiltrar su propaganda, pero esto es siempre esperable y no modifica la idea de que el famoso golpe es un invento para dar cobertura a lo que está pasando durante los últimos tres años: la persecución y detención de cientos de jóvenes bajo la acusación de terroristas. Recuerdo que en la URSS el régimen utilizaba el lenguaje del marxismo para justificar un capitalismo de Estado. Pasa igual en Nicaragua con el lenguaje antiimperialista de Ortega para justificar la concentración de poder. 

Lo cierto es que da la risa calificar de golpe de Estado a los acontecimientos de abril de 2018. Nadie con sentido común podemos avalar semejante tesis. Insisto, ¿es alguien capaz de identificar a los golpistas? ¿de mostrar sus armas?

Me parece tan ridículo afirmar lo de golpe como decir que la acusación de Zoilamérica de abusos sexuales fue un montaje de la CIA. Nadie va a ser más radical que yo mismo en lo que tiene que ver con la condena de las políticas de EEUU, pero decir que todo aquello que hacemos mal es como consecuencia de la obra del imperialismo, es una cortina de humo que nos impide acceder a un diagnóstico de lo que realmente está sucediendo.    

Mújica, Galeano, Saramago.

En contraste con la reunión de aquel Foro de Sao Paulo en La Habana, en esos mismos días, José Mújica, ex presidente de Uruguay afirmó: "En Nicaragua gobierna una autocracia". Como se sabe es el régimen político en el que una sola persona gobierna sin someterse a ningún tipo de limitación. Es sinónimo de dictadura. Sus palabras fueron: "Un sueño se desvía, hay una autocracia. Perdieron el sentido de la vida quienes ayer fueron revolucionarios", afirmó en relación a Ortega, y luego pidió que dejara la presidencia de su país. Mucho antes, en agosto de 2008, el escritor Eduardo Galeano, también uruguayo, a propósito del juicio promovido por el gobierno de Daniel Ortega contra el monje y poeta Ernesto Cardenal, escribió: "Toda mi solidaridad para Ernesto Cardenal, gran poeta, espléndida persona, hermano mío del alma, contra esta infame condena de un juez infame al servicio de un infame gobierno". En esos mismos días, José Saramago gran escritor y comunista, calificó a Ortega de indigno de su propio pasado. Al menos en la izquierda también hay voces luminosas, pensé cuando escuché estas reacciones. 

La grandeza de la izquierda reside en la capacidad de verdad que sepa soportar. Pero con frecuencia la verdad, o no se reconoce o se silencia.

Las jornadas de abril 2018 fueron terribles. Según datos cruzados de diferentes organismos de DDHH fueron entre 325-350 las personas asesinadas. De ellas un 85% por el régimen y un 15% por grupos violentos contra policías y paramilitares. El caso es que el Gobierno de Daniel Ortega tenía y tiene la responsabilidad de velar por la vida de todas las víctimas,  incluso si hubiera señales –que no las hay- de que las protestas obedecieran a directrices violentas. No se puede quitar la vida con la única finalidad de sembrar el terror. 

La izquierda, como portadora de valores humanistas no tiene nada que ganar con quienes desprecian la vida de otros. 

Algunos nombres objeto de la represión.

Con el corazón en la mano. Conocemos a la mayoría de  personas perseguidas y muchas ya detenidas en régimen de aislamiento, la izquierda del Foro de Sao Paulo sabe quiénes son Víctor Hugo Tinoco, el exgeneral Hugo Torres, Dora María Téllez, Ana Margarita Vijil, Mónica Baltodano, Sergio Ramírez, Julio López, Irving Dávila, Tamara Dávila, Suyen Barahona, Gioconda Belli, Henry Ruiz, Edgar Tijerino, los hermanos Mejía Godoy, Norma Helena Gadea, René Vivas, Víctor Tirado, los hermanos Carrión (Luis ya exilado), los hermanos Cardenal ya fallecidos, todos ellos auténticos sandinistas, como el comandante Henry Ruiz. ¿Podemos creer que son traidores a la patria, como proclama Daniel Ortega? ¿Qué están al servicio de Estados Unidos?

Contra ellos y lo que representan va la represión, así como contra una larga lista de opositores liberales, conservadores, sandinistas disidentes, todos los cuales están en su derecho de organizarse y presentar candidaturas para las elecciones de noviembre. También empresarios son perseguidos y detenidos. Con una excepción:  las grandes fortunas nacionales son tratadas con guante blanco.

A muchas de las personas detenidas y encarceladas de se les imputa arbitrariamente delitos de traición a la patria, una figura jurídica, creada ad hoc, que permite a Ortega y Murillo ordenar nuevas detenciones cada día, y convertir en delito la libertad de expresión.  Ortega trata de deshumanizar a la oposición afirmando “no son oposición, son criminales”. Terrible. Muchas de las detenciones se producen bajo la presunción de culpabilidad. No hay aplicación de la ley, hay venganza y ajustes de cuentas. Una mayoría abrumadora de dirigentes sandinistas de los años setenta y ochenta han abandonado el partido FSLN, sin dejar de ser sandinistas, críticos con la concentración de poder de la pareja gobernante. Una pareja en la que Ortega pone la venganza y Murillo el esoterismo.

Repito: La izquierda no tiene nada que ganar con Daniel Ortega. Y lo que es peor, la defensa de su política de asalto y violación a los derechos humanos mancha también la historia colectiva de las izquierdas. 

La verdad es siempre revolucionaria.

Reconozco que durante años he sido participe de un comportamiento de la izquierda que consiste en callar, silenciar y dar la espalda a realidades que no nos gustan criticar porque entendemos, erróneamente, que al hacerlo perjudicamos a nuestra causa. La declaración que firmamos en 2006 un grupo de personas vinculadas a la historia de la solidaridad con Nicaragua no me exime de responsabilidad. Debería haber sido partícipe de ese principio ético de que la verdad es siempre revolucionaria. Realmente, lo que nos hace daño es tapar y justificar actuaciones de la izquierda que deben ser criticadas por otras izquierdas. Desde una posición sana, deberíamos interesarnos en esclarecer la verdad, para fortalecernos política y moralmente.

El caso es que nos encontramos en un escenario político surrealista.  La pareja gobernante parece querer instaurar una dinastía en el poder, al punto de que sus propios hijos ocupan de manera irregular responsabilidades de Estado por mandato autocrático, sustituyendo en viajes oficiales a ministros e incluso al canciller. Lo cierto es que todo el poder está concentrado en la familia Ortega-Murillo y en un pequeño grupo de incondicionales que alimentan la existencia de un caudillaje que les proporciona seguridad para ejercer de cargos públicos con derecho a mejorar su patrimonio. Como afirma el histórico guerrillero Henry Ruiz, «ya no hay ideología, no hay mística, no hay normas, no hay debate, no hay nada». Pero este vacío no impide que con el lenguaje del antiimperialismo Ortega siga manteniendo un ascendente significativo sobre una amplia parte de la sociedad. En parte por apoyos que vienen de tiempos de la revolución, en parte por una práctica de clientelismo que se alimenta de un asistencialismo en forma de pequeños lotes agrarios, de láminas de zinc, de bicicletas, y otras donaciones cubiertas hasta ahora con dinero procedente de la generosidad petrolera venezolana. Además, favores personales, premios y castigos, que se completan con una vigilancia diaria a través del cinturón de hierro tejido por la vicepresidenta Rosario Murillo, que ha sabido crear una fuerza social que presta servicios al Gobierno bajo la fórmula de participación ciudadana.

El mítico comandante Henry Ruiz, el más veterano de la guerrilla en la montaña, lo denuncia: «Al principio nos pareció que su programa apuntaba a una economía de desarrollo nacional. Fue un espejismo. Se fue rapidito al INCAE para asegurar a los grandes empresarios nacionales que respetaría sus negocios e impulsaría privatizaciones. Ustedes hagan la economía y yo haré la política, les dijo».

¿Por qué seguir callando?

¿Por qué falta valor en la izquierda para reconocer el mensaje abrumador de los hechos? ¿por qué seguir callando?

La autocrítica nos hace fuertes, la autocomplacencia nos da fachada sin cimientos; pronto se derrumba por su propio peso.

En la izquierda hay mucho conservador. Ser de izquierda no es sinónimo de ser revolucionario, ni siquiera en América Latina. En cambio, ser revolucionario es siempre ser de izquierdas. 

La gran reserva estratégica de la izquierda reside en no fallar al pueblo, en la credibilidad, en decir la verdad, en ser una fuerza  valiente, transparente. Por eso la autocrítica es tan necesaria. Y lo es porque la sociedad que perseguimos sólo se podrá lograr si nuestros actos, nuestras acciones, nuestras palabras, van en consonancia con lo que decimos. Las falsas retóricas nos alejan de nuestra función educadora de la sociedad.

No podemos aceptar que se nos asocie con un proyecto represivo que violenta los DDHH, la libertad de expresión, y los derechos civiles y políticos de sectores de la población nicaragüense. La represión sobre el pueblo es lo contrario de lo que predicamos y por lo que luchamos. Tapar comportamientos erráticos de la izquierda nos intoxica y nos resta toda credibilidad.

La izquierda, las izquierdas, defendemos la libertad y como dijo Rosa Luxemburgo en “Reforma o revolución” la libertad lo es especialmente para quienes piensan distinto. 

Tras las experiencias negativas de países del Este, las y los revolucionarios no podemos ser asociados con esas realidades. Precisamente, los Derechos Humanos son hoy una agenda aliada de la izquierda y de los revolucionarios. En el mundo derechista que vivimos, bajo el poder de mafias financieras, los DDHH son una oportunidad, un programa para la izquierda. Pues bien, los DDHH no se respetan en Nicaragua. Las izquierdas debemos levantar la bandera de los DDHH que debe ser innegociable.

Cronológicamente no sé cuándo empezó este deterioro de la pareja Ortega-Murillo. Pero el pacto con Arnoldo Alemán fue una decisión que ha marcado para siempre a Daniel Ortega. Negoció su acceso al poder con un corrupto condenado en los tribunales, así como con el sector más conservador de la Iglesia Católica, a cambio de votar en contra de una ley de aborto terapéutico. La conversión de Daniel, sus repentinas apariciones dominicales televisadas en la catedral, incluso con Lenin Cerna, me parecieron patética. Nada creíble, puro oportunismo. ¿Es normal que un partido que se auto considera de izquierda proclame que el país es oficialmente cristiano? “Nicaragua cristiana, solidaria y socialista”, es la divisa del Gobierno. Semejante confesionalismo en pleno siglo XXI, es inaceptable, pues es mera manipulación de las emociones populares. Ciertamente, mueve a la vergüenza este sesgo seudo religioso. Rosario Murillo, la vicepresidenta, ha creado una especie de evangelio propio, invoca a Dios y la Virgen y reviste de misticismo a su compañero, Daniel Ortega: "Dios" y "Daniel". Este "evangelio" choca con la cultura democrática, incluso con los valores de la izquierda. El providencialismo y el caudillaje es un mal que ha hecho mucho daño en América Latina. 

Izquierda y conservadurismo.

Termino. Desde algunas voces de la izquierda se defiende al régimen de Daniel Ortega aludiendo a que con la derecha sería peor o que la lucha contra el neoliberalismo justifica la utilización de cualquier medio, a tal punto que la crítica a lo nuestro se interpreta como un regalo al enemigo. Con frecuencia la izquierda latinoamericana ha caído en un pragmatismo funcional para defender causas indefendibles sin explorar en explicaciones sin trampas que permitan alcanzar el conocimiento objetivo de la realidad Por esa razón, ha tolerado la supresión de la libertad en nombre de la libertad. Y ha tolerado la corrupción y despotismo de algunos de sus líderes, por ejemplo de Ortega, en nombre de la necesidad urgente de acceder o mantenerse en el poder. Pero una moralidad que corrija el mundo que vivimos no se puede construir a partir del despotismo y la corrupción.

El espíritu conservador en la izquierda se manifiesta habitualmente en la incapacidad de cultivar un sentido de la crisis, una atención crítica continuada a lo que sucede en la vida real. Se prefiere obviar los hechos, enmarcarlos en todo caso en un cuadro explicativo unilateral y acrítico, con tal de salvar unas categorías ideológicas y políticas ya obsoletas. Este espíritu conservador no está preparado para revisar legados ideológicos y producir ideas e imágenes más ricas y adecuadas a nuevas situaciones. Convierte lo revolucionario en una pieza arqueológica en lugar de hacer de ello una palanca para, si hace falta, recomenzar de nuevo. Es verdad que la idea de criticar lo propio no tiene una historia muy extensa y la del pensamiento crítico menos todavía, pero las gentes de izquierda necesitamos recorrer un camino que nos libere de camisas de fuerza intelectuales que nosotros mismos hemos construido, mediatizados por nuestros propios temores. 

La Nicaragua que fue y la de hoy

Muchas voces de izquierda tienen una opinión anticuada sobre la realidad de Nicaragua. Anticuada porque pertenece a lo que fue, no a lo que es en la actualidad. Es una construcción ideológica la que expresan esas voces, no parten de los datos, más bien los obvia porque sólo así la ideología intervenida por ideas preconcebidas puede prevalecer. Me da pena, pues la nueva sociedad deseable necesita más que nunca construirse desde los datos de una realidad viva, sea la que sea. Yo, con humildad, aconsejaría a los defensores de Ortega que vayan estos días a Nicaragua. Que hablen si quieren con las autoridades, pero que hablen también con la gente, que vayan a las universidades y barrios, que dialoguen con los pobladores y escuchen sus testimonios que denuncian el despliegue de fuerzas paramilitares y las redadas contra opositores por el hecho de serlo. Vayan, vayan a Nicaragua, y sean consecuentes con la idea de que la verdad es siempre revolucionaria.

¡Viva Sandino!

miércoles, 11 de agosto de 2021

Las elecciones de 2022 en Colombia serán un reflejo del estallido social

 


Las elecciones de 2022 en Colombia serán un reflejo del estallido social

Popayán, 12 de agosto de 2021

En la caracterización del estallido social que “explotó” en Colombia desde noviembre de 2019 hasta junio de 2021 (interrumpido por la pandemia) hemos alertado sobre la tendencia a idealizar los estallidos al confundirlos con “levantamientos” y/o revoluciones.

Numerosos estallidos sociales se han presentado últimamente en el mundo. Muchos de ellos fueron canalizados por los imperios, las oligarquías y las fuerzas conservadoras (Egipto, Libia, Siria, etc.). En Colombia, los estallidos sociales -desde siempre- han sido derrotados a punta de “plomo” por las castas dominantes y, luego, han sido “volteados” y puestos a su servicio para eternizar su poder.

Por ello, hemos insistido hasta la saciedad en algunos de estos aspectos:

Que fue un “estallido”, y por tanto, no fue programado ni controlado por nadie. Que a lo largo de los días, semanas y meses, la naturaleza del estallido fue cambiando de acuerdo a la dinámica y evolución de los sectores sociales en juego (y de la respuesta del gobierno).

Que detrás de ese fenómeno había un acumulado de causas justas y conflictos de diversa naturaleza. Fue una importante expresión de la diversidad y multiplicidad de fuerzas, movimientos y organizaciones sociales y políticas. Pero, para que ese potencial se convierta en algo transformador se hace necesaria una efectiva dirección política (formal y/o no formal).

Hemos planteado que la falta de dirección política no es un problema solo de tipo “organizativo” sino, fundamentalmente, de no contar con un objetivo claro y unificado. Es evidente que cuando las fuerzas del cambio portan algún grado de madurez pueden -sobre la marcha- dotar al movimiento de objetivos claros y conducirlo hacia triunfos que sirvan para acumular fuerzas.

Tal situación no se presentó en Colombia. Unos, querían tumbar a Duque; otros, derrocar al Régimen; unos más, negociar pliegos sectoriales; otros más, obtener réditos electorales; y algunos más, empoderarse en territorios para controlar y ampliar sus negocios mafiosos y oscuros.

Se ha demostrado que estaba más preparado el gobierno y la oligarquía (y el Imperio) que las fuerzas populares. El gobierno (“uribismo”) infiltró las marchas y protestas para generar violencia; desacreditar y desgastar la protesta social; aislar y golpear a los sectores más “radicales”; asesinar jóvenes y crear terror con sus fuerzas policiales y paramilitares.

Y luego, finalmente, culpar a los sectores políticos de izquierda de todo lo ocurrido. En esa tarea están logrando relativos éxitos. Y, además, no podemos negar que algunos “grupos” que vienen de atrás (“ayer”) con sus concepciones y “sueños insurreccionales” (dado que no han evaluado en su fracasado trasegar guerrillerista) han influido en algunos sectores de la juventud y le han hecho el juego a las derechas y al gobierno con acciones aventureras y hasta suicidas.

Hoy que estamos en la fase de “aprovechamiento político” del estallido social es necesario reflexionar. No quiero desanimar a nadie pero, es indudable que algunos errores que se vienen cometiendo le están facilitando el trabajo sucio y criminal a la oligarquía, que va consiguiendo la deslegitimación y el desprestigio de las luchas populares. A pesar nuestro.

Poco a poco las castas dominantes van unificando sus posiciones de derecha y de supuestos “centros”, para derrotar una vez más en las urnas los anhelos de transformación que se expresaron masiva y creativamente en los primeros momentos del estallido social.

Un aporte “algo diferente” a la reflexión

Al interior de los sectores que se han agrupado alrededor del Pacto Histórico se presenta en la actualidad un fuerte debate sobre la decisión (ya tomada) de organizar una lista “cerrada” para el Senado (“cámara alta” del Parlamento). En mi opinión el verdadero problema es clarificar qué imaginario estamos construyendo para “enamorar” a las mayorías de la sociedad y cómo nos va “leyendo” la gente del común.

No obstante, asumo el análisis de lo que está ocurriendo; tanto de la evaluación del Paro Nacional (estallido ) como de los escenarios de participación en las elecciones legislativas y presidenciales del año entrante (2022), aplicando -breve y sintéticamente- el enfoque planteado por George Steiner con ocasión de su estudio de la “Antígona” de Sófocles.

En su obra el escritor inglés plantea lo que considera son los cinco (5) conflictos (relaciones) que determinan -desde siempre- la condición humana: entre individuo y sociedad; mujeres y hombres; adultos y jóvenes; vivos y muertos; y humanos y dioses.

Durante el estallido social se expresaron de muchas formas esos conflictos y relaciones. En sus inicios se movilizó la multitud como un “todo”, las mayorías colombianas, más allá de clases y sectores, géneros, etnias, culturas y/o religiones, se expresaron y arrumaron a Duque.

Poco a poco, la relación individuo/colectivo se fue expresando en su diversidad y particularidad. No existía la fuerza cohesionadora del “colectivo-social” y allí, los intereses individuales-sectoriales fueron debilitando la enorme fuerza inicial.

Es normal que ello ocurra en una sociedad como la nuestra, que desde antes de la invasión europea y de la colonización ibérica-castellana, ya era muy diversa y compleja. Pero además, se fue haciendo más diversa y compleja a lo largo de estos siglos, lo cual es positivo si lo valoramos en su potencialidad pero, a la vez, si contrarrestamos a la oligarquía que azuza y utiliza las diferencias para generar enfrentamiento y división.

A manera de brochazos rápidos veamos cómo se expresaron las otras cuatro “relaciones-conflictos” durante el estallido social y cómo juegan en la conformación de las listas del Pacto Histórico para las elecciones de 2022.

Las mujeres irrumpieron como nunca durante las protestas de estos casi dos años de movilización social. Fueron grandes protagonistas en marchas, en los “performances artísticos” en las calles, en las ollas comunitarias, y en general en todas las acciones de protesta.

Es posible que a la hora de transformar esa fuerza real de las mujeres en representación política suceda lo que ocurrió en Chile en donde ellas fueron mayoritarias a los hombres. Todo depende de las “formas” que se asuman en la conformación de las listas y de la decisión de ellas mismas.

Lo mismo ocurrió y puede suceder con los jóvenes. No obstante, se ha presentado una especie de idealización de algunos sectores de la juventud agrupada en la “primera línea”. El “síndrome de Adán” se ha querido estimular para intentar desechar las experiencias de luchas pasadas. El mismo gobierno juega a agudizar la contradicción entre jóvenes y viejos, e intenta “gremializar” a los jóvenes, como dice un amigo, con falsas propuestas de participación y empleo.  

El conflicto-relación entre vivos y muertos se manifestó, entre otros fenómenos, con la desmontada (y en algunos casos) destrucción de estatuas y monumentos durante marchas y protestas. Otro compañero ha realizado un muy interesante debate y trabajo sobre dichos eventos y actitudes.

Y lo mismo, afloró y sigue aflorando la contradicción-relación entre humanos y dioses. La “tensión callejera” y muchos rituales de diverso tipo muestran como las gentes van derrocando ídolos e íconos pero en medio de la pandemia y de la indignación, se presentan manifestaciones de nuevas espiritualidades que se expresan ahora como “vitalismos” y “animismos” de nuevo tipo.

Por ello, por todo lo anterior y por muchos otros fenómenos y sucesos que se quedan en el tintero, afirmo que “las elecciones de 2022 serán un reflejo del estallido social”.

Habrá de todo: alineados con la izquierda, desalineados, progresistas, organizaciones y movimientos sociales, “outsiders”, “centros” y “descentros”, liberales y conservadores residuales de todo tipo trepados y “colgados” de proyectos de diferente color y sabor.

También surgirán independientes de todas clases, “primeras y segundas líneas”, y de seguro, “votos en blanco” y abstencionistas radicales y tradicionales. Tal vez, como ocurrió en Chile, muchos de esos “independientes” sean los que salven la “papeleta” de las tendencias progresistas y democráticas que están en la mente de mucha gente.

Es lo normal, y así y todo, el pueblo y la sociedad colombiana van a avanzar. No como lo quisiéramos pero se avanzará. Hay que ayudar como ciudadanos de a pie. Hay muchas formas de colaborar. Sin  tanto fanatismo ni sectarismo. Con tranquilidad y creatividad, como si estuviéramos “marchando”. Ojalá superando tanto vicio y espíritu “grupista”.

Las derechas están en problemas, tendrán que unirse y mostrarán todo el cobre y su podredumbre. Por algo su “sub-presidente” está preocupado y patalea como un tonto. Es bueno que patalee, no hay que tomarlo tan en serio.

Algunos escenarios posibles en la Colombia de 2022

1. Se genera el “efecto Chile”: la derecha se debilita, la izquierda se fortalece pero el “centro independiente” logra mayorías “moderadas”.

2. Se presenta el “fenómeno Ecuador”: la derecha se debilita pero gana por causa de la división de la izquierda.

3. Se da el “proceso de Bolivia”: la derecha y el “centro” se debilitan y la izquierda gana con estrategias y posiciones “moderadas”. 

4. Se presenta el “fenómeno Perú”: en 1ª vuelta hay gran dispersión y en la 2ª se enfrentan los “extremos” con candidatos minoritarios; gana la izquierda por estrechísimo margen.

5. Se repite la “Colombia de 2018”: La derecha se debilita, la izquierda crece pero el “centro” ayuda a que la derecha gane usando su disfraz (como pasó hace 4 años).

En esta última versión pueden darse dos (2) variantes:

a) Que gane un candidato similar a Duque (el que diga Uribe); o

b) Que gane un “antiuribista” parecido a Santos.

En Bolivia y Ecuador el “centro” es muy débil; en Chile, el “centro” se muestra más independiente; en Perú, el “centro” es disperso, indefinido y corrupto; y en Colombia, el “centro” es relativamente fuerte por miedo a las Farc. En Perú la derrota de Sendero Luminoso fue hace 30 años.       

Notas:

El Espectador (10.08.2021). “El petrismo y Gustavo Bolívar “financian a los vándalos”: Claudia López”. https://www.elespectador.com/bogota/el-petrismo-y-gustavo-bolivar-financian-a-los-vandalos-claudia-lopez/

El Espectador (05.08.2021). “Pacto Histórico se la juega por lista cerrada al Senado y en cremallera”. https://www.elespectador.com/politica/pacto-historico-se-la-juega-por-lista-cerrada-al-senado-y-en-cremallera/

Steiner, G. (1987). Antígonas. Editorial Gedisa. http://juliobeltran.wdfiles.com/local--files/cursos:ebooks/Steiner_Ant%C3%ADgona

BBC (19.05.2021). “Elecciones en Chile: ‘El problema de la subrepresentación de las mujeres no era cultural, sino un tapón de los partidos políticos que bloqueaban su ingreso’”. Fernanda Paúl

BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-57170732

El Unicornio (21.06.2021). “La Conquista: ni leyenda rosa ni leyenda negra”. Jorge Senior. https://www.elunicornio.co/la-conquista-ni-leyenda-rosa-ni-leyenda-negra/