viernes, 18 de marzo de 2016

DIEZ VERDADES SOBRE LA DERROTA DE COLOMBIA EN LA CIJ DE LA HAYA

DIEZ VERDADES SOBRE LA DERROTA DE COLOMBIA EN LA CIJ DE LA HAYA

Popayán, 18 de marzo de 2016

Sobre la derrota de Colombia en la Corte Internacional de Justicia deberíamos saber que:

- Colombia siempre ha sido instrumento de EE.UU. para hacer el trabajo sucio frente a Nicaragua, guerra del Corea, presencia en Israel-Palestina.

- El tratado de 1928 entre Colombia y Nicaragua se hizo cuando EE.UU. tenía invadida a Nicaragua. Se hizo para defender los intereses imperiales.

- Por eso ni Colombia ni los EE.UU. han firmado el Tratado del Mar.

- Detrás de la disputa por el mar territorial en el Caribe están los intereses de las grandes transnacionales petroleras estadounidenses.

- Colombia siempre ha tenido abandonado al pueblo de San Andrés y Providencia. Sólo le interesaba como puerto comercial para cobrar impuestos y, después, por el problema del narcotráfico.

- La oligarquía colombiana nunca consideró revisar el Tratado Bárcenas-Esguerra de 1928, porque se cree superior a Nicaragua y porque los EE.UU. nunca se lo permitió.

- Ahora, cuando ya no tienen nada que hacer, después de invertir 22.000 millones de pesos en asesorías jurídicas, tienen que llegar obligadamente a acuerdos con Nicaragua.

- El pueblo de San Andrés y Providencia tiene derecho a su autonomía, en donde los derechos de los raizales sean reivindicados plenamente.

- Ésta oligarquía -encabezada por los Santos, Uribes, Pastranas, etc.- no tiene dignidad ni nunca ha defendido la soberanía nacional.

- La izquierda tradicional en general hoy se muestra timorata y no aprovecha el tema para educar al pueblo porque teme perder votos, pero los verdaderos demócratas no pueden ayudarle a la casta dominante a seguir engañando al pueblo.
E-mail: ferdorado@gmail.com /Twitter: @ferdorado

martes, 15 de marzo de 2016

SI FUÉRAMOS SERIOS...

Si fuéramos serios... 
(Con ocasión del Paro Nacional del 17 de marzo de 2016 en el Cauca)
Si fuéramos serios
De verdad serios... 
En el Cauca... 
Allá... allá en la montaña
Un solo punto debería unirnos
No más minería con máquinas
No más minería depredadora
No más minería...! 
Que degrada no sólo a la tierra y el agua
Sino también el alma de la gente
Que prostituye a nuestras comunidades
Que financia la guerra
Que es peor que la peste

Si fuéramos serios
De verdad serios
Saldría la gente de Mercaderes 
A recuperar su río Hato Viejo 
Se movilizarían La Sierra y El Tambo 
Para defender el Esmita y Quilcacé
Estarían al frente Almaguer y Bolívar 
La Vega, Santa Rosa, Rosas y Sucre
Protegiendo el Gran Macizo
Y la gente del Pacífico 
Denunciando 
Lo que ya ocurrió con el río Sambingo
Y todo... todo el Cauca 
Con Suárez, Buenos Aires y Quilichao 
Deteniendo el desastre ambiental 
Que nos desgarra y lastima

Si fuéramos serios
De verdad serios
Indios y mestizos, negros y blancos
Campesinos y citadinos
Saldríamos unidos
A parar tanta desvastación y ruina
Que a diario 
Frente a nuestros ojos
Nos hace sentir indignos
De esta tierra hermosa
Que no merece en verdad
Tanta ruina, caos y adversidad

Si fuéramos serios...

TRUMP, EL SUEÑO AMERICANO Y EL PARAÍSO PERDIDO

TRUMP, EL SUEÑO AMERICANO Y EL PARAÍSO PERDIDO
Marzo 15 de 2016
Después de probar con Barack Obama –un negro de Chicago de origen keniano– el pueblo norteamericano va a elegir a Donald Trump, un multimillonario estadounidense, con alma de tahúr y cara de truhan, como presidente de los EE.UU.
Una parte de los estadounidenses aspira con esa elección, poder recuperar la grandeza de su nación, restablecer el “sueño americano”, revivir el “destino manifiesto”, negar la decadencia de su imperio, restaurar la “supremacía blanca” y acariciar nuevamente el paraíso perdido.
Algunas personas, entre ellas el presidente del Ecuador Rafael Correa, consideran que esa elección sería positiva para los pueblos del mundo porque, según ellos, los unificaría y se crearían condiciones para imponerle al imperio estadounidense un ambiente de paz.  
De acuerdo al pensador colombiano Estanislao Zuleta[1], se debe desechar la idea de que algún día haya “paz”. El ser humano es socialmente conflictivo dice Freud, y eso lo trabaja Zuleta.
La “paz” sería el trámite sin violencia de los conflictos, pero siempre habrá alguien que quiera usar la violencia. No siempre la violencia es física, seguramente las guerras del futuro, que ya las estamos viendo, serán virtuales, dirigidas fundamentalmente a destruir ilusiones. Ej.: La violencia de la “troika” financiera europea contra Grecia es peor que una agresión bélica, y qué decir la que se utiliza contra otros países y pueblos mucho más débiles...!
La idea de la “paz absoluta” –que lograría el comunismo– se le ha achacado a Carlos Marx pero en realidad fue construida por Federico Engels cuando escribió “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, con base en un plan que había elaborado Marx para el cuarto tomo de El Capital. Es de un idealismo enorme y ha hecho mucho daño. Zuleta le llama “El país de Cucaña” refiriéndose al mito europeo del paraíso anhelado.
Para muchos, ese paraíso son los EE.UU. Pero la verdad, ese país siempre ha sido un “estercolero”. Lo que pasa es que han sido capaces de presentarlo como el “sueño americano”. Eso lo hicieron desde un principio como herederos europeos para no reconocerse como europeos, para negar la ansiedad y la depresión que les ha generado la búsqueda de ese “paraíso perdido”. El que llega allá, después de haber caído en esa trampa, le da pena decir la verdad, igual que los migrantes fundadores.
Y lo más grave, es que están consiguiendo que todo el mundo caiga en esa trampa sin necesidad de ir allá porque ellos han logrado expandir ese “estercolero” a todo el mundo. El que cae en esa trampa por querer construir el “sueño americano”, se siente inmigrante en su propio país, insatisfecho por no conquistar el “progreso” y la “modernidad”.
Algunos viejos pensionados estadounidenses y europeos –como ya no tienen nada que perder–, están llegando a países latinoamericanos y asiáticos a vivir sus últimos años en el verdadero paraíso que todavía tenemos por acá, en donde no tenemos “tiempo”, no corremos en busca de nada...
Que ellos elijan a Trump como su presidente sólo es una prueba de eso.
E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado



[1] Pensador colombiano (1935-1990). https://es.wikipedia.org/wiki/Estanislao_Zuleta 

lunes, 14 de marzo de 2016

AHORA EMPIEZA LO BUENO… ¡A CONSTRUIR DEMOCRACIA DE VERDAD!

Las FARC, los “Terrepaz” y la complejidad del momento actual…

AHORA EMPIEZA LO BUENO… ¡A CONSTRUIR DEMOCRACIA DE VERDAD!

Marzo 14 de 2016

“La realidad es siempre tan obstructiva”

Eric Ambler

Se viene la parte final de la terminación del conflicto armado. El proceso de acuerdo entre el gobierno y la guerrilla de las FARC entra en su fase más delicada. Se aproxima la toma de decisiones más importantes. La desmovilización y la ubicación de los guerrilleros en proceso de reintegración a la sociedad son parte sustancial del cese al fuego bilateral y definitivo. Es, por tanto, el nudo gordiano del fin de la guerra entre la insurgencia y el Estado.

En pocas semanas o tal vez días, empezarán a movilizarse diversas comunidades en el Cauca para presionar al gobierno para impedir que sus fincas, tierras y territorios, queden incluidas en las zonas de ubicación que la guerrilla exige para garantizar su seguridad durante el proceso de desmovilización, dejación de armas e integración a una vida pacífica. Será un pulso que tomará por sorpresa, no sólo a la sociedad en general sino a los dirigentes de la misma insurgencia. 

El tema que trataré en este artículo es considerado “tabú” entre algunos sectores de la “izquierda tradicional” y entre las organizaciones sociales que tienen influencia social y política entre campesinos mestizos, indígenas y afrodescendientes. Lo abordaré con una visión histórica general pero a la vez, lo ubico en el departamento del Cauca, que es donde cuento con la experiencia y el conocimiento directo del asunto.

En este escrito se hace visible y analiza el conflicto por el territorio que –en forma callada pero profunda– se presenta entre las comunidades rurales de ese departamento. Dicho conflicto se despliega tanto entre diversos sectores, principalmente campesinos mestizos e indígenas, como entre la población de diversas e importantes zonas frente a las FARC. El Cauca es escenario de esa lucha, en donde los terratenientes del norte del Cauca, los herederos de los antiguos latifundistas de Popayán, los enemigos del “proceso la paz”, la misma guerrilla y las comunidades rurales y agrarias van a ser protagonistas de primera mano.

La necesaria historia para comprender la situación actual

Las guerrillas de las FARC a lo largo de la historia han vivido tres fases de desarrollo que se configuran en tres áreas diferentes de influencia territorial y tres clases de comportamiento frente a la población de las regiones de relativo control insurgente. Las separamos así: 1. Fase de gestación y nacimiento; 2. Fase de fundación y primera expansión; 3. Fase de crecimiento acelerado y expansión territorial por todo el país.

La primera fase, su gestación y surgimiento, se origina desde antes de la “violencia de los años 50s” del siglo pasado. En los alrededores del Volcán del Huila (suroriente del Valle, nororiente del Cauca, suroccidente del Tolima y noroccidente del Huila) confluyeron campesinos mestizos de origen paisa desheredados y desplazados del Eje Cafetero con indígenas pijaos y nasas. Más adelante llegan a esta región montañosa, huyendo de la violencia pero en resistencia activa, dirigentes del movimiento campesino de Sumapaz y gentes influidas por el movimiento obrero de los años 20s (PSR) que tiene su expresión más visible en los “bolcheviques del Líbano”. Como todos los estudios, relatos y escritos sobre el origen de las FARC lo reconocen, es su zona de presencia histórica por excelencia. Allí existe una fuerte tradición de lucha, resistencia y autonomía indígena y campesina.

Las FARC, al igual que el Partido Comunista en los años 30s y 40s, tuvieron desencuentros con las comunidades nasas que iniciaron desde los años 60s un proceso de reconstrucción de sus sociedades, culturas y autoridades propias. Pero, es desde 1983, cuando se inició el proceso de expansión acelerado de las FARC. Ya desde años atrás se acumulaba el conflicto que tuvo su momento más dramático con la masacre de Los Tigres en donde fueron asesinados varios comuneros a manos de la guerrilla[1]. Sin embargo, a pesar de los fuertes enfrentamientos, la guerrilla logró mantenerse en la región apoyándose en la población más pobre que por diversos motivos sobrevive apoyándose en los ingresos obtenidos de los cultivos de uso ilícito.

Otra zona histórica con presencia de las FARC que tiene particularidades especiales surgió de las colonizaciones paisas de población y guerrilleros liberales de los años 47-48 que se ubicaron en Corinto, Caloto, Miranda y Toribío, en el norte del Cauca y, también, en la región de Huisitó, municipio de El Tambo (Cauca). Son regiones de presencia histórica de la guerrilla en donde cuentan con bases de apoyo ligadas a la economía del narcotráfico.   

La segunda fase se inicia desde 1964 y va hasta 1983. En esta etapa de lucha los campesinos liberales gaitanistas que durante la violencia “liberal-conservadora” mostraron mayor autonomía, que se habían ubicado en las localidades de Marquetalia, Riochiquito, El Pato y Guayabero, son obligados a convertirse en una guerrilla móvil ante la arremetida del ejército oficial con la implementación del Plan LAZO. Así, se crean formalmente las FARC y a lo largo de los siguientes años amplían su radio de acción hacia zonas de colonización del Meta y Caquetá. Allí las FARC se relacionan básicamente con colonos y empiezan a actuar como pequeños grupos más parecidos a una “policía rural” que a un ejército popular. Consiguen mantener su dinámica de guerrilla que expresa en lo fundamental la resistencia campesina como lo plantea su programa agrario. Durante esta fase también logran establecer algunas bases de apoyo en regiones como Urabá, Noreste Antioqueño y Bajo Cauca, el Magdalena Medio y otras zonas en donde históricamente algunos sectores cercanos a la guerrilla tenían influencia política.

A partir de 1983 viene la fase de expansión acelerada. El auge y las campañas político militares del M19, el balance triunfalista de tipo insurreccional que se hace del Paro Cívico Nacional de 1977 y otros factores de similar tipo, convencen a la dirección de las FARC que existían condiciones para iniciar un proceso de crecimiento en todo el país. A partir de allí la naturaleza de las FARC cambia radicalmente. Se convierte en un ejército en formación y desarrollo pero sin la capacidad ideológica y organizativa para realizar un trabajo político consistente y cualificado con la población. Utilizan el proceso de paz con el gobierno de Belisario Betancur para avanzar en su propósito, implementando en la práctica la estrategia de la “combinación de las formas de lucha”. Se aprueba la utilización generalizada del secuestro y la extorsión como forma de presionar el pago de los “impuestos revolucionarios” y se decide gravar con el “gramaje” a la cadena de producción de la base de coca y cocaína, que estaba en pleno desarrollo en diversas regiones donde tenían presencia.

En muchas regiones, para poder crecer, reclutar masivamente a jóvenes campesinos, financiar sus arcas, abastecer sus tropas y armarse con equipos modernos, se hacen acuerdos con narcotraficantes que a su sombra y bajo su protección se convierten en poco tiempo en terratenientes –como ocurrió en el Magdalena Medio–. Esta gente poco después se convierte en el principal enemigo de las FARC por cuanto se cansan de pagar impuestos. Es así como se alían con el ejército y constituyen los primeros núcleos de paramilitares con la financiación del Cartel de Medellín y el apoyo político de la derecha extrema de ese tiempo. Se inicia la llamada “guerra sucia” y los militantes legales de la Unión Patriótica se convierten en las principales víctimas.    

En esta fase las FARC se expanden en nuevos territorios llegando durante los años 90s a ser un verdadero ejército que logró, en determinadas regiones, pasar de una lucha móvil de guerrillas a desarrollar una guerra de movimientos. En esta etapa logran darle golpes contundentes a las fuerzas armadas oficiales en Nariño, Putumayo, Caquetá, Meta, Guaviare y Guainía. Estamos hablando de mediados de años 90s en donde la dirigencia de las FARC considera que han logrado un estado de equilibrio estratégico frente al Estado.

Sin embargo, ese rápido y fenomenal crecimiento y expansión se hace –en lo fundamental–, sin el apoyo consciente y organizado de la población. A donde llegan se comportan como un “ejército de ocupación”. En algunas regiones se enfrentan con los terratenientes pero la mayoría de ellos ya no habitan en el campo. Por ello, la confrontación se presenta con los campesinos ricos y medios. Así, se van generando las condiciones para una guerra territorial de aparatos armados entre la guerrilla y los grupos paramilitares, que más que combates directos tiene como componente el control militar y económico de la población con todos los problemas que ello implica.

Durante las últimas tres décadas, se presenta un fenómeno socio-económico en las zonas controladas por las FARC, especialmente en aquellas donde la economía del narcotráfico y más adelante, la minería ilegal, progresan y se consolidan. La acumulación de capitales les permite a los campesinos ricos de esas regiones invertir en ganadería, después en minería y más adelante en propiedad raíz e inversiones financieras fuera de las zonas de colonización. Se constituye así un sector de lo que es una “burguesía emergente”. Es la clase social dominante en esas regiones, y son el principal soporte social –más estable– de las actuales FARC.

Los campesinos pobres de esas regiones y los jornaleros de la coca o “raspachines”, son sectores de clase subordinados y se “mueven” alrededor de esos intereses. En las movilizaciones “campesinas” de 2013, en el marco del paro agrario, cada campesino rico era el que financiaba la presencia y participación de un número determinado de campesinos pobres pero principalmente de jóvenes jornaleros o “raspachines”. La propuesta de las “zonas de reserva campesina” tiene la intención de “rectificar” ese proceso real que genera la evolución de la vida, pero todo apunta a que serán escenario de fortalecimiento de esa burguesía emergente.

La expansión de las FARC en el caso del Cauca

En la primera fase las FARC se localiza en pequeñas áreas del nororiente del Cauca y de Huisitó, municipio de El Tambo. En la segunda, avanzan principalmente hacia varios municipios de la cordillera occidental como Argelia, Balboa, Patía, Morales y Suárez. Además, localizan un frente en la Bota Caucana y organizan varios bloques móviles. En la tercera, avanzan hacia los municipios de la Costa Pacífica como López de Micay, Timbiquí y Guapi, controlando amplios territorios ricos en minería de oro y expandiendo la economía del narcotráfico. Es la fase en donde también se explayan hacia la Costa Pacífica nariñense y el piedemonte de la cordillera occidental de ese departamento.

Dado que en esas nuevas regiones no existía un trabajo político consistente, las relaciones con la población nativa han sido conflictivas. Al principio las comunidades campesinas los aceptaban para combatir la delincuencia común y el abigeato. Pero, con el pasar del tiempo la guerrilla se fue convirtiendo en un poder opresivo. Las juntas de acción comunal y otras organizaciones campesinas perdieron su autonomía. En algunas zonas imponían candidatos a Concejos Municipales, Asamblea Departamental y Alcaldías. En otras, llegaban a acuerdos con politiqueros tradicionales para impedir el fortalecimiento de movimientos campesinos y cívicos que mostraban autonomía y manejo ético de los presupuestos municipales. Y claro, la confrontación –aunque callada y soterrada–, se ha presentado a lo largo de los años.

En el municipio de Patía, en donde con la fuerza de su trabajo político pero también del amedrentamiento de la población habían logrado imponer por varios períodos alcaldes y mayorías en el Concejo, se pudo evidenciar cómo en las últimas elecciones locales –ya con los diálogos y proceso de paz en marcha–, la población tanto del municipio como de la cordillera patiana (occidental), se resistió a las orientaciones, órdenes y presiones de la guerrilla, y los resultados fueron adversos a la insurgencia. Es sólo una muestra de lo que se empieza a vivir en otras regiones y zonas del Cauca.

La propuesta de los “Terrepaz” y las “Zonas de Reserva Campesina” en el Cauca      

La guerrilla de las FARC presentó en la mesa de la Habana en el mes de noviembre de 2015 la propuesta de conformar hacia el futuro lo que denominan Territorios Especiales para la Construcción de la Paz (“Terrepaz”). Es el plan de lo que llaman “normalización territorial para la transformación de las FARC-EP y su tránsito hacia convertirse en una organización abierta”[2]. Es indudable que para terminar la guerra es necesario organizar unas zonas en donde los guerrilleros cuenten con seguridad y protección y no se reduzcan –como quiere Uribe–, a unas “cárceles con cielo abierto” como las han calificado los comandantes insurgentes.

Sin embargo, para que esos territorios no se conviertan en zonas de escenario de conflicto con las comunidades, es necesario que la población sea consultada, sin tener la presión armada de la guerrilla. Y allí es donde se va a complicar el panorama. Debido al comportamiento impositivo, autoritario y muchas veces violento y antidemocrático que han asumido las FARC en su proceso acelerado de expansión territorial, han lastimado, atropellado y vejado a amplios sectores de la población campesina que hoy se resiste a hacer parte de las “Terrepaz” y de las “ZRC”.

En el caso del Cauca ya se han empezado a movilizar las comunidades de algunos municipios del Macizo Colombiano, El Tambo, Patía, Morales, Cajibío, y las comunidades indígenas del Norte del Cauca están alerta y a la expectativa. El problema consiste en que si las organizaciones con tradición de trabajo comunitario no reaccionan a tiempo y con claridad política, van a ser unas supuestas organizaciones “campesinas” e “indígenas”, creadas por fuerzas uribistas apoyadas por grandes empresarios, terratenientes y políticos corruptos desde Popayán, Santander de Quilichao, Cali y Bogotá, las que aúpen, incentiven, manejen y canalicen ese conflicto latente y en desarrollo.

Si las organizaciones sociales y partidos políticos que apoyan el proceso de terminación negociada del conflicto armado y que tienen influencia en el Cauca, con la colaboración del Gobernador, los alcaldes, el gobierno nacional y la misma dirigencia insurgente, trabajan el tema con sinceridad y franqueza, si la guerrilla reconoce sus errores y fallas en el tratamiento de la población rural de diferentes regiones, si se impone la madurez y el espíritu de reconciliación que se pregona, se pueden construir acuerdos participativos y democráticos y, por tanto, se impedirá que los enemigos de la paz se aprovechen de esta situación para agudizar conflictos y “pescar en rio revuelto”.

Ojalá se actúe con la madurez y la sindéresis que se requiere en un momento tan difícil y delicado como el que vive el país y la región. Se podría decir que el “post-conflicto” ya es un hecho. Lo que podemos concluir es que no habrá un verdadero desarrollo territorial en Colombia sin que primero, se acuerde y se logre la terminación del conflicto armado y, segundo, sin que la gente tenga posibilidades de construir democracia con base en la autonomía de sus organizaciones.

La contradicción entre “zonas de concentración” y los “Terrepaz” 

En la propuesta planteada por las FARC existen elementos sustanciales para construir unos acuerdos consensuados con las comunidades. En el punto sobre “la naturaleza y criterios básicos para la conformación de los Terrepaz” se afirma: “Los territorios especiales para la construcción de la paz, constituyen el espacio social y geográfico para la transformación integral de las FARC-EP en su dimensión territorial, en lo político, lo económico, lo social y cultural, habitados por excombatientes, familiares y allegados, y los ciudadanos vecinos del lugar, dentro del orden constitucional surgido del proceso de diálogos y las formas de organización política y social que se derivan del ejercicio de la democracia directa, autogestionaria y comunitaria, a través de cabildos o asambleas populares”.

El problema es garantizar el ejercicio pleno de esa democracia directa mientras la guerrilla esté armada y tenga la posibilidad de ejercer presión real sobre la voluntad de las comunidades con base en ese poder de coerción. Es la principal contradicción a resolver. Para la guerrilla lo ideal es que todas las zonas en donde han tenido presencia sean a la vez las áreas de concentración para la desmovilización y dejación de armas porque abandonar algunas de esas regiones temporalmente sería una concesión inaceptable. Para los enemigos de la paz, tal situación crearía condiciones para copar las áreas despejadas con grupos paramilitares u otras fuerzas que están reactivando. Para el Estado sería la “recuperación” del territorio con base sólo en la ocupación militar. Para algunas comunidades que no están conformes con la presencia y el control de las FARC, sería una “liberación”. He ahí la complejidad de la situación.

Por ello se requiere un acuerdo político entre las fuerzas vivas de las regiones, que tengan conocimiento efectivo de la realidad y voluntad de construir paz y convivencia. Con voluntad y claridad política… ¡todo se puede!     

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado





[1] Más de cien muertos significó para las comunidades indígenas este enfrentamiento, que incluyó hechos tan dramáticos
como la masacre de Los Tigres, el 3 febrero de 1981 en el resguardo de La Aurora, municipio de Santander de Quilichao, en donde fueron asesinados por el Sexto Frente de las FARC, siete indígenas acusados de cuatreros y desertores, entre los que se encontraba el dirigente local José María Ulcué, antiguo miembro del Partido Comunista y a quien se responsabilizaba por la pérdida de influencia del Partido en la región. Después han continuado los asesinatos y atropellos hasta años recientes. Ver: “Nuestra vida ha sido nuestra lucha” – Resistencia y memoria en el Cauca Indígena. Informe del Centro de Memoria Histórica. Director General: Gonzalo Sánchez Gómez

[2] Propuesta quinta sobre el “Fin del Conflicto”, referida a la definición de Territorios Especiales para la Construcción de la Paz (TERREPAZ). Rebelión 27 de noviembre de 2015. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=206143 

jueves, 10 de marzo de 2016

CUALQUIER NOCHE PUEDE SALIR EL SOL (DESDE ANDALUCÍA, ESPAÑA)

Cualquier noche puede salir el Sol

Por: Marcos González Sedano                                                              Andalucía (España), 10-03-2016

Andaba yo paseando por la playa, cuando me acordé de aquel 15M del año 2011 y de Jaume Sisa; de él, el título del artículo.

Antes de aquel famoso día andábamos un grupo de amigos y amigas sevillanos intentando sacar a la calle nuestra indignación. Hicimos intentos de todos los colores, pero fue en un encuentro en el local alternativo de la Tabacalera, en Madrid, cuando uno de los pocos jóvenes que se encontraba presentes nos hizo la propuesta de formar parte de los convocantes de la movida del 15M. Hubo bastantes reticentes entre la vieja guardia, pero al final acordamos sumarnos.

Lo ocurrido después ya lo conocen ustedes. La Puerta del Sol y miles de asambleas en el conjunto del Estado Español y fuera de él, donde nuestra comunidad de emigrantes lo decidió.

Para mí, aquel día se dio un salto cualitativo y cuantitativo. Pasamos de la indignación y la falta de respuestas, que no obteníamos de los viejos aparatos políticos y sindicales, a encontrarnos en la calle, organizándonos en las plazas.  Habíamos iniciado un proceso de empoderamiento. Nuestro objetivo no era alcanzar las estrellas, sino paralizar las atrocidades que los de arriba, las élites, las clases dominantes, estaban llevando a cabo sobre nosotros: parar los desahucios, las privatizaciones y el deterioro de lo público, la contra reforma laboral en marcha…queríamos una democracia real y decidir nosotros en el marco de un Proceso Constituyente, desde abajo.

Así que después del 15M vino la Marcha de los Mineros sobre Madrid, el día diez de julio de 2012, Rodea el Congreso el 25 de septiembre de 2012, Asedia el Congreso el 25 de abril de 2013, Las Marchas de la Dignidad el 22 de marzo de 2014 y, en medio de todos estos momentos, un sinfín de movilizaciones de Las Mareas, verdes, blancas y sindicatos…

Hasta el 22 de marzo de 2014, millones de personas en el Estado Español, se habían auto-organizado y movilizado, con la colaboración de organizaciones de carácter menor, desbordando a las organizaciones del Régimen Español.

Posiblemente el millón de personas que se congregaron en Madrid el 22M hizo que las alarmas rojas del Estado y la élite se encendieran. Pero… ¿qué ocurrió después?

Se paralizaron todas las movilizaciones igual que cuando un árbitro pita el final del partido. Nos fuimos al descanso con unas elecciones europeas, muy deslegitimadas entre los de abajo, pero que sirvieron para el lanzamiento de un nuevo partido, Podemos, que en el imaginario del 15M representaba una forma de canalizar sus aspiraciones.

El 19 de junio de ese mismo año, tras una larga campaña de desvelar parte de las verdades del Monarca, Juan Carlos I abdica y sube al trono su hijo, Felipe. El joven Felipe VI, llega al trono al mismo tiempo que irrumpen en el escenario político con fuerza, otros dos jóvenes españoles, Albert Rivera y Pablo Iglesias.

En mayo de 2015, parte de las energías del 15M hacen un intento de convertir las elecciones municipales en plataformas de empoderamiento ciudadano dirigido por los movimientos sociales.  Pero la lucha por la hegemonía entre Podemos e IU que se encuentran preparando las elecciones generales, dan al traste con ello en la mayoría de las ciudades, fundamentalmente en Andalucía.

El 20 de diciembre de 2015, se celebran elecciones generales y se rompe el bipartidismo, pasando a ser las formaciones que encabezan Rivera e Iglesias, la balanza de las cortes españolas, uno por la derecha y el otro…

Desde el 20 de diciembre hasta hoy, hemos vivido en torno a la elección del nuevo presidente un folletín por entregas, mañana tarde y noche. Donde todo tipo de posible intervención en el tema por parte de la plebe, la mayoría los de abajo, el pueblo, se reduce a contemplar el espectáculo.

Evidentemente estos no eran nuestros sueños y mucho menos los de Don Quijote.

Después de las elecciones europeas, se terminaron las movilizaciones y la expresión de los de abajo en la calle, para dar paso al partido, a los nuevos líderes.

El 31 de diciembre de 2015 en Madrid, en una acto para mostrar músculo, Pablo Iglesias sentenció: “Hoy no estamos aquí para protestar, estamos aquí para decir que el momento es ahora”, refiriéndose a las elecciones generales.

Dónde quedaban las palabras aquel mismo día de Iñigo Errejón: “Un país sólo se pone en pie si se pone en pie su gente”, o las de Juan Carlos Monedero: “Sabemos que haciendo lo mismo es imposible lograr un cambio”. Y sin embargo, hasta hoy lo que está claro es que estamos dentro de la lógica de la segunda Transición Borbónica.

En estas circunstancias posiblemente mi amigo Eduardo diría algo así como… “y de lo nuestro que hay”.

Dónde quedó el 15M y nuestras aspiraciones, que no eran las de tomar el cielo, sino tan sencillas como: “No queremos ser marionetas en manos de políticos y banqueros. Democracia real, paralización de los desahucios (solo en Andalucía se han abierto expedientes de ejecución hipotecaria a 18, 623 familias), retirada de la ley mordaza, paralización de la privatización de los servicios públicos y los despidos de los trabajadores, retirada de la contrarreforma laboral, recuperación de la soberanía económica, renta básica, proceso constituyente”… ¿Qué hay de lo de los de abajo? ¿Por qué hemos paralizado las movilizaciones, si los de arriba, la oligarquía, sigue con su plan de expropiación de los recursos vitales del Pueblo, los de abajo? ¿Hemos aprendido algo de lo ocurrido con Syriza? 

El Pueblo, que es el único soberano, no delega su soberanía; en todo caso, le impiden que la ejerza, y él sólo tiene un par de caminos para expresarse: presionando en la calle a las élites para que cambien sus políticas, o abriendo un Proceso Constituyente. En ambos casos las movilizaciones de los de abajo, el pueblo, son determinantes. Lo demás…ya Bernardo Bertolucci, en su película, Novecento, nos lo explicó.


Cualquier noche de estas, puede que volvamos a Sol.

lunes, 7 de marzo de 2016

NINGUNA ILUSIÓN EN EL GOBIERNO DE SANTOS

La protesta se justifica…
NINGUNA ILUSIÓN EN EL GOBIERNO DE SANTOS
7 de marzo de 2016
En este mes de marzo se entrelazan en Colombia dos procesos paralelos: la firma de la terminación negociada del conflicto armado y la movilización social contra diversas políticas del gobierno.
Lo ideal es que esos procesos convergieran. Pero, varios factores influyen para que eso no ocurra. Al contrario, tanto el gobierno como algunos sectores políticos plantean que una fuerte movilización social puede debilitar al gobierno, fortalecer a los enemigos de la paz y poner en riesgo el “proceso”.
Presentamos unas ideas a fin de desvirtuar esos temores. A la vez, impulsar y fortalecer una posición política que respalde el fin negociado de la guerra pero desde la independencia crítica.    
La iniciativa ciudadana
En Colombia crece la protesta social. Numerosas manifestaciones de inconformidad han sido canalizadas por la juventud citadina. Ha sido el factor social dinamizador que obligó a las direcciones de las centrales obreras a convocar un Paro Nacional para el 17 de marzo. Dicha iniciativa ha aglutinado a numerosas organizaciones sociales y generado expectativa entre la población.  
Todo apunta a que se están dando las condiciones económicas, sociales y políticas para que las fuerzas populares desplieguen su potencia transformadora acumulada desde septiembre de 2008. Por entonces –durante el segundo gobierno de Uribe–, coincidió el paro de los corteros de caña de azúcar con la Minga Indígena, y se inició un ciclo de ascenso de la lucha popular.
Esa gesta obrero-indígena encontró continuidad en la movilización estudiantil de 2011; luego vino la derrota de la reforma a la justicia en 2012; después, el paro cafetero, minero y agrario en 2013, y en 2014, el rechazo nacional a la destitución arbitraria del alcalde de Bogotá. Ahora, a principios de 2016, se nota una incipiente pero sostenida lucha social en Bogotá y en otras ciudades.
Varios hechos y decisiones del actual gobierno de Santos alimentan y justifican la protesta. En primer lugar, la corrupción a todos los niveles, en Saludcoop, Reficar, Justicia, Congreso, Policía, y Defensoría del Pueblo. Luego, –en cascada–, la carestía de la vida, el aumento irrisorio del salario mínimo, el abusivo precio de la gasolina, el anuncio de nuevos impuestos, la venta ilegal de bienes públicos como ISAGEN, el impacto del deterioro ambiental y el aumento del desempleo.
Son síntomas de una doble crisis, económica y energética, que agrava la situación fiscal del gobierno y desnuda la acción de un Estado depredador, al servicio de un modelo extractivista, que crea una situación explosiva en el país.
Sin embargo, notamos con preocupación que la dirigencia de diversas organizaciones sociales y políticas se muestra poco dispuesta a desencadenar el potencial de la lucha popular y ciudadana. La causa principal de esta indecisión es la enorme confusión a propósito del denominado “proceso de paz”, que aparece como pieza central en el devenir de la coyuntura política.
¿De qué paz se trata?
Es evidente que la casta dominante y el imperio estadounidense han trazado una estrategia para instrumentalizar a su favor el anhelo de paz del pueblo colombiano. Así, aprovechando la debilidad política de las FARC, lograron imponer una agenda limitada en las negociaciones de La Habana. Pero, además, tratan de presentar el contenido de esos acuerdos como una trascendental reforma democrática que haría posible la conquista de una paz duradera y estable.
Bajo la cobertura de esa ilusión “reformista” pretenden implementar la segunda fase –más virulenta y agresiva– de políticas neoliberales que ya se iniciaron con la venta de ISAGEN y tienen lista con la Ley ZIDRES. 
Con todo, los acuerdos parciales hasta ahora logrados, benefician –por lo menos en el papel–, a comunidades y habitantes de zonas de colonización. Ésta población marginada ha sufrido el impacto del conflicto armado a lo largo de seis décadas y merece resolver, así sea sólo parcialmente, sus problemas históricos. Sin embargo, este componente de los acuerdos, que es justo y necesario, no alcanza para que los resultados de la negociación sean presentados como una reforma democrática.  
La disputa por la hegemonía política
La complejidad del momento consiste en que la supuesta voluntad reformista del gobierno es adversada por su antiguo socio, el expresidente Uribe, quien trata de explotar sentimientos primarios de la población que fue afectada por la guerrilla en medio de la degradación de la guerra. Además, él interpreta y presenta los acuerdos como una claudicación del Estado ante la insurgencia y como una concesión inaudita a lo que denomina como “proyecto castro-chavista”.
Pero la verdad es que la burguesía transnacional –representada por Santos–, ha impuesto su hegemonía. Tiene el apoyo total del gobierno de los EE.UU. y de la Unión Europea, consiguió el compromiso de la ONU, tiene el concepto positivo de la Corte Penal Internacional y el soporte incondicional de la CELAC y UNASUR. Toda la comunidad internacional ha dado el visto bueno a los diálogos y al proceso de paz, lo que es uno de los grandes logros del gobierno.
A nivel interno, Santos aisló finalmente a Uribe. La mayoría de terratenientes, grandes ganaderos y burguesía agraria, incluidos los dueños de los ingenios azucareros que estaban distanciados del gobierno, ya están comprometidos con la política de pacificación concertada. La Asociación de Oficiales Retirados aceptó el contenido de la justicia transicional acordada en La Habana, que era la principal preocupación de los militares (http://bit.ly/1TlSj4K). Así, el expresidente intenta recuperar la iniciativa política, aprovechando inoportunas decisiones de la Fiscalía General como la detención de su hermano Santiago Uribe, pero sus reacciones ya no tienen la fuerza del pasado, son gestos incoherentes y pataleos para negociar su propia impunidad.          
Es indudable que el gobierno y la guerrilla han cometido diversos errores durante este difícil proceso. Burdos intentos de hacer política partidista por parte del gobierno, la misma guerrilla y sus aliados, generan rechazo entre la población. Dichos errores fueron capitalizados por el “uribismo” para fortalecer temporalmente su posición guerrerista. Sin embargo, lo que se revela –en general–, es la existencia de un marcado escepticismo frente al llamado “proceso de paz”. Tantas décadas de violencia, diversos intentos de paz fallidos, y la permanencia de los factores sociales y económicos que originaron el conflicto, fortalecen los sentimientos de incredulidad que sólo podrán ser superados por la firma del acuerdo y hechos concretos hacia el futuro.
Así las cosas, no se corresponde con la verdad plantear que la protesta popular puede influir negativamente en el denominado “proceso de paz” o que pueda vigorizar a las fuerzas opuestas a la terminación negociada del conflicto armado. Por el contrario, debemos ratificar nuestro apoyo al fin de la guerra pero, a la vez, insistir en que la única forma de garantizar el logro de una verdadera paz es el fortalecimiento autónomo e independiente del movimiento social y popular.
Independencia política para garantizar la continuidad de la lucha
Una cosa es apoyar el fin negociado de la guerra y otra, muy diferente, avalar los acuerdos.  Involucrarse en el contenido de lo pactado es un error. Es creer que de allí puede salir algo “progresista” o “democrático” que beneficie al pueblo. Hay que apoyar en forma genérica ese proceso para que termine la guerra, pero mantener nuestra total independencia. Y es que en la práctica, es un acuerdo entre actores que, después de tres años de negociaciones, no han logrado recoger el interés ni conquistar el respaldo de las mayorías nacionales. ¿Por qué? Porque no las representan. Por el contrario, agencian intereses sectoriales. Eso hay que decirlo y reiterarlo.   
La gran burguesía transnacional necesita despejar de la violencia guerrillera amplios territorios de nuestro país para profundizar sus inversiones en agro-negocios, megaproyectos energéticos y mineros, turismo, biodiversidad y otros. La burguesía emergente surgida en zonas de colonización a lo largo de 40 años de acumulación de capitales, primero de la economía del narcotráfico y, después, de la minería ilegal, necesita integrarse a la economía global y a los mercados. Los terratenientes y la burguesía agraria, de origen colonial y esclavista, que seguía a Uribe y se oponía a los acuerdos con la guerrilla, finalmente dio un viraje y se sumó al proceso, porque sus intereses de clase no están en riesgo.
Por lo tanto, para construir claridad debemos separar esos temas. Quienes quieren utilizar la movilización para debilitar al gobierno frente al tema de la paz, ya jugaron y perdieron. Pero igual, aquellos que intentan canalizar la lucha social para respaldar el proceso de paz, le hacen un flaco favor al gobierno porque, así no lo quieran, debilitan la protesta. A no ser que lo hagan conscientemente para fortalecer su posición en la coalición de gobierno y en el “pacto de paz” que Santos ha construido para ganar gobernabilidad a punta de ofrecimientos burocráticos.    
Por todo lo anterior, hay que llamar a los dirigentes de las organizaciones sociales y políticas de carácter popular y democrático a deslindarse de las componendas burocráticas que está impulsando el gobierno para debilitar la protesta social, a explicar con sentido pedagógico a sus bases la particularidad del momento actual y a preparar con entusiasmo y convicción el paro del 17 de marzo como un paso hacia un Gran Paro Nacional Indefinido que obligue al gobierno a replantear su política económica y social.     
¡Si al fin concertado de la guerra!
¡No a las falsas ilusiones en el gobierno de Santos!

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

jueves, 3 de marzo de 2016

A 20 DÍAS DEL ACUERDO DEFINITIVO

A 20 DÍAS DEL ACUERDO DEFINITIVO

Marzo 4 de 2016

Todo apunta a que los próximos 20 días serán de infarto en Colombia. En estas tres semanas se concentrarán todas las manifestaciones de intemperancia y fanatismo de la derecha guerrerista, las expresiones ensoñadoras de un gobierno que ofrece de la noche a la mañana el paraíso de la paz, las exigencias de un pueblo inconforme que está planteando en las calles reivindicaciones concretas desde el 24-E, y los gritos lastimeros y conciliadores de quienes piensan que cediéndole al gobierno o al uribismo es como se domará la bestia de la guerra.    

A medida que se acerque el 23 de marzo muchos se pondrán nerviosos, unos se crisparán, otros harán apuestas, unos más prepararán viaje, otros organizarán fiesta, algunos alistarán sus fierros, otros chequeras, mientras las mayorías se mantendrán a la expectativa para confirmar –entre escépticos e incrédulos–, que la “paz” si es posible, así sea por ahora un silenciamiento de los fusiles de las FARC en medio del resonar de los revólveres del ELN, que no quiere ser barrido del escenario y se resiste mostrando unos colmillos que no pasan de ser dientes de leche.  

La tensión de los últimos días arrancó con el “conejo” de El Conejo (Guajira). Se llegó al acuerdo de que la pedagogía de la paz de la guerrilla se haría en silencio, al interior de sus batallones y compañías y sin medios de comunicación. Y será intensiva porque queda poco tiempo. Es lo correcto y pertinente. No era prudente repetir la experiencia de la UP. Ni para unos ni para otros.

Ahora la cuerda se templó con la detención de Santiago, el hermano mayor del expresidente Uribe. Los políticos del Centro Democrático acusan al gobierno de perseguidor y violador de los derechos humanos. No recuerdan cuando su jefe político fungía como Presidente que no sólo mandaba a detener sin orden judicial a decenas de dirigentes y activistas populares sino que a muchos los mataban y desaparecían impune y miserablemente.

Después de que se firme el “pacto de paz” la tensión que se origine por la detención de políticos, empresarios, militares u otros agentes del Estado comprometidos con el paramilitarismo o con actos criminales, se centrará en si están relacionados o no con el conflicto. Y de esa manera, poco a poco, la nueva institucionalidad de la justicia transicional se irá abriendo paso en medio del posible resurgir de nuevos grupos paramilitares que –en forma suicida– algún torpe militar o un fanático uribista organice o promueva en alguna región.

Hay gente que quiere que el pan se queme antes de salir del horno. Pero la verdad... el Imperio global ya tomó su decisión y “no hay tutía que valga”.

Después de la firma –si es que se rubrica en esa fecha– vendrán las normales refriegas, los amagues de incumplimiento, las amenazas de parte y parte, las verificaciones y presiones, pero una vez decidida y firmada, no hay formas de arrepentirse. ¡El que se baje del acuerdo pierde… no hay camino de regreso! El objetivo está a la vista: la política sin armas. Eso es lo central.

Lo más seguro es que otro tipo de Bacrim surgirá y se fortalecerá. Combatientes de la guerrilla no comprometidos con el proyecto político no van a renunciar a su forma de vida delincuencial y las condiciones existentes en el país, que no cambiarán de un día para otro, se lo facilitan. Seguirán existiendo durante varios años las condiciones que permitieron la violencia. La debilidad del Estado, la imposibilidad de un control absoluto del territorio, la permanencia de la economía del narcotráfico y de la minería ilegal, y se fortalecerán otras prácticas ilegales como la extorsión y el tráfico de armas y de personas –tanto en el campo como en ciudades–, como ocurre en México o Brasil. Todos esos fenómenos tendrán a los colombianos en ascuas preguntándose si finalmente se podrá conquistar la verdadera paz. Será la “paz perrata” dándonos en la cara.

Ello será así y debemos prepararnos para enfrentar esa situación. La política del Estado, listo para ofrecer mayores incentivos al gran capital para que venga a invertir en la explotación, expoliación y despojo de nuestras riquezas y nuestras tierras, crea esas condiciones para que al lado de esa nueva fase de entrega de nuestros recursos naturales, prospere todo tipo de violencia delincuencial que sólo oculta la crisis social de un país que ya empezó a sufrir las consecuencias represadas de la recesión mundial. Ésta se inició entre 2007-8 con la implosión de la burbuja inmobiliaria en EE.UU. y Europa, con la crisis de la deuda soberana en varios países del viejo continente, además de la recesión de más de una década de Japón y la que está empezando a sufrir China y otros países periféricos como Brasil, China y Sudáfrica. Ya nos afecta y nos afectará muchos años.

Pero lo importante es que la “paz política” prospere y se afinque. Los tres nuevos sujetos sociales de la Colombia del siglo XXI ya han hecho su aparición y van a jugar sus cartas sin recurrir a la violencia. Ya empezó el juego sin que muchos se percataran: el Nuevo Proletariado (profesionales precariados) poniéndose al frente de trabajadores informalizados y desempleados construyendo su Nuevo Proyecto Político en las calles; la “burguesía emergente” buscando en partidos tradicionales de derechas, centros e izquierdas como acceder al Estado para legalizar y consolidar sus capitales; y la burguesía transnacionalizada, apoyándose en las inversiones extranjeras para seguir manteniendo su poder financiero buscando en las clases dominantes tradicionales y, también, de acuerdo a las coyunturas, en las subalternas, quien le pueda administrar mejor sus grandes negocios.

En 10 o 15 años se podrá hacer un balance de la “paz neoliberal” que logrará imponer Santos. Los grandes terratenientes se habrán alineado con la burguesía transnacional para consolidar sus agro-negocios, mientras que los pequeños y medianos productores convertidos en “proletarios con finca” estarán al lado de los trabajadores de la ciudad luchando por conseguir cambios drásticos en su forma de vida. Indígenas y negros mirarán hacia atrás evaluando si pudieron defender en paz sus territorios y si lograron reconstruir sus economías y culturas.

Colombia –si se firma la “paz imperfecta” entre el gobierno y las FARC– tendrá que cambiar. Lenta pero inexorablemente lo hará. Para bien o para mal. ¡Ya lo veremos!     

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado   

  

lunes, 29 de febrero de 2016

NUEVOS SUJETOS SOCIALES DE CARA AL SIGLO XXI

Colombia: “Nuevos” sectores de clase en lucha…

NUEVOS SUJETOS SOCIALES DE CARA AL SIGLO XXI

29 de febrero de 2016

“Las clases son grandes grupos de personas que se diferencian entre sí por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción, por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo, y, por el modo y la proporción en que perciben parte de la riqueza social. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse el trabajo de otro por ocupar puestos diferentes en un régimen determinado de economía social”.

V. I. Lenin

En los últimos 25 años han emergido en Colombia tres sectores de clase diferenciados:

- Una burguesía transnacionalizada conformada por los grandes grupos económicos (los Sarmiento Angulo, Santodomingos, Gillinski, Ardila Lulle, Sindicato Antioqueño, etc.), que en alianza con grandes conglomerados transnacionales (Chevron, Claro, BBVA, P&G, Nestlé, Movistar, etc.) se apoderaron de la casi totalidad de la riqueza privada, gremial (cafetera), comunitaria (pensiones, cesantías, empresas de servicios públicos) y estatal, construida por los trabajadores y empresarios colombianos hasta 1990. Esa burguesía transnacional se apropió también –vía bancos– de una gran parte de los recursos generados por la economía del narcotráfico y hoy está representada fundamentalmente por la burguesía financiera dueña de los grandes bancos y entidades financieras. Para hacerlo se valieron de engañar al pueblo con una supuesta democratización del país planteada en el papel con la Constitución de 1991, a cuya sombra, implementaron el primer paquete neoliberal con la “apertura económica”, incluida.  

- Una burguesía emergente (mestiza, indígena, negra) totalmente diferente de la burguesía tradicional (heredera de las castas coloniales "aristocráticas”) por su origen de clase y étnico, surgida de la acumulación capitalista realizada por pequeños y medianos productores del campo y de la ciudad, surgidos tanto de economías legales como ilegales (café, ganadería, comercio, narcotráfico, minería ilegal y otras áreas). Hoy esa burguesía emergente está legalizando sus capitales e invirtiendo en las grandes y medianas ciudades en diferentes campos de los servicios y el comercio. Políticamente es oportunista y acomodaticia como ninguna, juega con la derecha, centro y hasta con la “izquierda”.  

- Un Nuevo Proletariado ("profesionales precariados") representado por jóvenes profesionales, tecnólogos y técnicos, en su mayoría asalariados, mal pagados, tercerizados, desempleados y oprimidos por el gran capital. Entre ellos los más visibles son los médicos y profesionales medios de la salud, los profesores universitarios, los trabajadores contables, los ingenieros varios, los trabajadores del entretenimiento y la comunicación, los trabajadores de los grandes contratistas del Estado, e infinidad de profesionales que sobreviven de pequeños "emprendimientos" totalmente subordinados por las cadenas productivas monopolizadas por las grandes compañías transnacionales. Políticamente se había expresado tímidamente en 2010 con la “ola verde” con Antanas Mockus pero, ahora con el Movimiento E-24, lo hace con independencia, autonomía y con compromiso social.

Estos tres sectores de clase son los sujetos sociales que determinarán el futuro de Colombia en los próximos 15-20 años. Las clases y sectores de clase tradicionales jugarán su papel pero subordinados a estos nuevos sujetos sociales.

El "proceso de paz" es expresión política del forcejeo de la burguesía emergente pero bajo la dinámica y con la forma aparente de la confrontación entre los sectores de clase tradicionales (terratenientes, burguesía tradicional, campesinos, colonos y proletarios del campo ("raspachines").

En realidad, la burguesía transnacionalizada ha diseñado una nueva estrategia para implementar el 2° paquete neoliberal –más dañino y virulento–. Utiliza las necesidades económicas y políticas de esa burguesía emergente y aprovecha la cobertura del llamado “proceso de paz” para engañar con nuevas promesas reformistas y democráticas que sólo se plasmarán en el papel (vía “plebiscito” o una nueva ANC). Por medio del gobierno Santos usa la debilidad política de las FARC que tiene la necesidad urgente de presentar los “acuerdos de paz” como un gran triunfo de la democracia.  

El “nuevo proletariado” no está preparado para enfrentar ese reto inmediato pero ya ha dado señales de que no se deja engatusar del todo. Habrá que ver su evolución.


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jueves, 25 de febrero de 2016

LA METAMORFOSIS DE LOS GOBIERNOS “PROGRESISTAS”

Las derrotas electorales de los “gobiernos del cambio” en América Latina

LA METAMORFOSIS DE LOS GOBIERNOS “PROGRESISTAS”

25 de febrero de 2016

Hemos planteado que el llamado declive de los gobiernos progresistas y de “izquierda” en Sudamérica –entre ellos los últimos 3 gobiernos de Bogotá–, no sólo era previsto sino inevitable. La mayoría de analistas niegan el derrumbe. Desconocen las derrotas electorales sucedidas en serie en Bogotá, Argentina, Venezuela, y ahora, Bolivia.

La causa principal de ese proceso de desgaste y debilitamiento político de los llamados “procesos de cambio” consiste en la inexistencia de una concepción y una práctica verdaderamente revolucionarias que, en medio de la gestión pública del Estado “heredado”, consiga desarrollar y potenciar la capacidad organizativa y transformadora de la población en general.

Por el contrario, desde los gobiernos se coopta a las organizaciones y dirigentes, se debilitan los movimientos sociales y se cercena su autonomía. Además, los gobernantes pierden la capacidad crítica e intentan –infructuosamente– convertir el Estado heredado en la principal herramienta de transformación. Así, políticos revolucionarios se convierten en administradores conservadores.

En la base teórica de esa deficiencia está el desconocimiento del enorme poder de la burguesía financiera global. No somos conscientes de cómo funciona ese dominio. Creemos poder derrotar las políticas neoliberales sin enfrentar el capitalismo sistémico. No entendemos que nuestras sociedades y economías sufren –en forma absoluta– ese control global y que los aparatos “nacionales” de gobierno son parte de ese imperio. No importa quién y con qué ideas llegue a administrarlos, está maniatado por el libreto neoliberal.

Pero además, se confunde Poder con gobierno. Así muchos de los gobernantes afirmen que tienen esa claridad, se comportan como “salvadores supremos”. Se cree –ilusamente– que el acceder a los gobiernos los convierte automáticamente en un “factor de poder y de cambio”. En vez de plantearse un plan para enfrentar gradualmente las causas sistémicas de nuestra dependencia, se implementan políticas no sostenibles ilusionando al pueblo en forma demagógica.

Al sobredimensionar su poder, los “gobiernos del cambio” implementaron dos acciones que se complementan pero que no son perdurables. Por un lado, aprovecharon la coyuntura de los altos precios de las materias primas que se presentó en la primera década del siglo XXI para renegociar las condiciones contractuales y/o tributarias para el capital transnacional. Con los recursos así obtenidos, se intentó garantizar una cobertura universal en servicios públicos para la población mediante el uso de diversas formas de subsidios. Escasos recursos fueron usados para transformar el aparato productivo y construir una base financiera independiente o alterna.

Los “gobiernos del cambio” no previeron ni calcularon la respuesta política del gran capital, y menos, las reacciones económicas que vendrían cuando la bonanza de los precios de las materias primas se viniera abajo, como está sucediendo. En la práctica, el mismo tipo de ajuste que le aplicaron al gobierno de Siryza en Grecia, se ha empezado a implementar gradualmente desde las metrópolis capitalistas en contra de los “procesos de cambio” en América Latina.

Al colocar el énfasis en la gestión del Estado heredado, al debilitar o destruir –conscientemente o no– a los movimientos sociales, al desestimar el poder global del capital generando ilusiones vanas entre el pueblo, al utilizar los programas sociales en forma clientelar para sostenerse en la lucha electoral, al no calcular la verdadera correlación de fuerzas, los “gobiernos del cambio” de América Latina prepararon las condiciones para su auto-derrota.

Además, no se ha teorizado sobre la aparición de los nuevos sujetos sociales que han surgido en nuestras sociedades. El “nuevo proletariado” de la fase post-fordista (profesionales precariados, trabajadores tercerizados, desempleados e informales) y la burguesía emergente (mestiza, indígena y negra), surgida de economías agrarias y mineras, unas legales y otras ilegales (narcotráfico), ofrecen nuevos retos a las fuerzas del cambio que no han sido dilucidados.

Seguramente vendrán nuevas oleadas de luchas populares que enfrentarán a las fuerzas de la nueva derecha neoliberal que se vienen entronizando en los gobiernos de América Latina o desafiarán a aquellos gobiernos “progresistas” que se sostengan pero que se vean obligados a aplicar el recetario neoliberal, como ya viene sucediendo en varios países.

Tal situación nos obliga a replantearnos todo. “Empezar de nuevo pero no de cero” como dijo Jorge Giordani en Venezuela. Sin embargo, podemos plantearnos –desde ya–, unas metas que pueden constituirse en estrategias para enfrentar el reto de fusionar la lucha anti o post-neoliberal con las tareas anti o post-capitalistas. Sólo enumeraré algunas de esas labores teórico-prácticas:

-       Revisar a fondo el fenómeno de la financiarización de la economía y desentrañar con precisión los mecanismos de control del capital global. Debemos ser absolutamente conscientes de que los esfuerzos nacionales y regionales tienen que enmarcarse en una estrategia mundial. Yanis Varoufakis con su “Minotauro global” ha hecho una extraordinaria contribución al tema.   

-   Estudiar el surgimiento de nuevas economías colaborativas en el seno del capitalismo como resultado del enorme desarrollo de las fuerzas productivas. Jeremy Rifkin con su libro “Sociedad de coste marginal cero” entrega muchas pistas para ser tenidas en cuenta por los movimientos revolucionarios.

-    Analizar formas concretas de “democracia directa” que la humanidad ha construido a lo largo de diferentes épocas. El “pro-común colaborativo” y los “gobiernos de los bienes comunes” son un buen ejemplo. Esas experiencias pueden ser adecuadas e implementadas desde los movimientos y organizaciones sociales con el apoyo de los gobiernos. Elinor Ostrom hace unos muy interesantes aportes con sus investigaciones.

-   Retomar el debate sobre la esencia y naturaleza del Poder y el Estado. Muchos estudiosos y dirigentes están trabajando el tema pero a veces sus aportes son desconocidos por los luchadores prácticos.  

-     Avanzar sobre la investigación sistemática de los nuevos sujetos sociales que han aparecido en el mundo como efecto de las transformaciones en la economía y en el aparato productivo global. Retomar el análisis de clase con nuevos enfoques sociales y culturales.

-   Replantearnos el tema de la relación entre los partidos, los movimientos sociales y la acción política-administrativa dentro los Estados heredados a fin de evitar la burocratización de los procesos y la desnaturalización de las organizaciones políticas y sociales del pueblo.

-      Volver sobre el debate del papel limitado de las revoluciones políticas frente a los cambios que se presentan en otras áreas del desarrollo de la sociedad humana como las relaciones sociales, la técnica, el trabajo, la cultura, etc.

Y claro, todo esto y mucho más tendremos que hacerlo en medio y al servicio de las luchas sociales y políticas que están en pleno desarrollo en el mundo, recuperando el espíritu crítico y el entusiasmo revolucionario que sólo se alimenta “desde abajo”.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado