miércoles, 18 de noviembre de 2015

COLOMBIA: ¿PUEBLO INDOLENTE?

Popayán, 17 de noviembre de 2015
Algunos dicen que nuestro pueblo es indolente y merece vivir como está: manipulado, desorientado, desconcertado, explotado y demás.
Pero pienso lo contrario. Ese “pueblito indolente” como lo llaman algunos, ha dado más muestras de rebeldía y dignidad de lo que muchos piensan.
Qué decir de la revolución de los comuneros, las guerras de independencia, la “quintiniada”[1], la masacre de las bananeras, la violencia de los años 50s, las luchas campesinas e indígenas que no han cesado nunca, el paro cívico de 1977, y en general, las luchas de resistencia heroicas y calladas que nuestro pueblo ha desarrollado a lo largo de los tiempos.
Gaitán, lo entendió... sin embargo falló con su egolatría y soberbia (parecida a la de Petro, se sentía de una clase superior, tenía cierto complejo arribista) que era la base de su caudillismo, la incapacidad para crear organización y equipos colectivos. Confió en la “sensatez” de la oligarquía y el imperio, y claro, dio papaya. ¿Culpa de quién? ¿Del pueblo?
Camilo Torres Restrepo, a pesar de su genio, capacidad y espíritu de sacrificio, se ilusionó con una insurrección popular que sólo estaba en su cabeza.
Jaime Bateman, que era genial como los anteriores, se confió de sus amigotes burgueses y el imperio lo asesinó como lo hizo con Roldós y Torrijos. Confiaba en la burguesía, su social-bacanería no lo dejó ser tan consciente de su fuerza y del inmenso apoyo popular que tenía detrás de sí. Lo poco o mucho que hoy administran Navarro y Petro, realmente viene de la fuerza popular que logró generar este mago.
Y qué decir de Marulanda, era fruto de este pueblo... un estadista natural surgido en el monte, en la resistencia alimentada de espíritu indígena y verraquera “paisa”.
Y seguiría la cuenta, cada dirigente del PSR, PCC, MOEC, ELN, EPL, FARC, MOIR, M19, y de la izquierda legal de ahora, representa las diversas fuentes rebeldes y revolucionarias de nuestro pueblo, pero cada uno, un poco más o un poco menos, nos hemos equivocado.
¡No el pueblo...! Éste es inmensamente superior a sus dirigentes como lo sabía Gaitán, y si hoy está “postrado” y “humillado” es porque no somos capaces de interpretarlo y él no ve una salida... prefiere esperar...
Ya vienen los jóvenes a darle la mano... ya vienen!!!!
E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado



[1] Rebelión indígena en las regiones del Cauca y Tolima encabezada por Manuel Quintín Lame Chantre, y protagonizada por pueblos nasas, pijaos, paniquiteños, totoróes, jebalás, noviraos, guanacas, yalcones y otros, entre 1910 y 1918.   

martes, 17 de noviembre de 2015

“PARIS EN LLAMAS”: TERROR AL SERVICIO DE LA DESINFORMACIÓN Y EL SAQUEO

Popayán, 20 de noviembre de 2015
“No hay temor alguno en el amor”
I Ching
“La dictadura con guantes de terciopelo inicia su marcha”
Thierry Meyssan
“El enemigo de nuestro enemigo, es peor que nuestro enemigo”, dice Anthony Cordesman del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales refiriéndose al Emirato Islámico de Irak y Siria (ISIS) y al presidente sirio Bashar al Assad. (http://bit.ly/1lyzU6h). Así de compleja es la realidad del mundo actual.
Y el presidente ruso Vladímir Putin en la pasada Asamblea General en Nueva York dirigiéndose a los gobiernos de los países occidentales que alimentan la guerra en el Próximo y Medio Oriente, les pregunto en tono de reproche: “¿Se dan cuenta de lo que han hecho?” (http://bit.ly/1QSydwx)    
La respuesta –en parte– nos la dan los hechos ocurridos en París el pasado 13 de noviembre. Pero también, lo sucedido 2 días antes en Beirut (Líbano), la actual toma de un hotel de turismo en Bamako (Malí), y tantos hechos luctuosos que giran alrededor de la intervención militar directa de los EE.UU., la OTAN, Rusia y China en la guerra de Siria.
Todo ello nos obliga a reflexionar sobre la actual situación. Mucho tiene que ver con nuestra región latinoamericana y colombiana. Todo está conectado, solo falta “ver”.
Breve pero necesaria historia
Los imperios europeos después de la primera guerra mundial desmembraron lo que quedaba del imperio otomano. Crearon una serie de “países o naciones” artificiales e incentivaron las diferencias históricas que existían entre la infinidad de pueblos que habitan esa región (árabes, persas, medas, kurdos, afganos, semitas, palestinos, turcos, etc.) y entre las diferentes tendencias religiosas, especialmente entre los musulmanes chiitas y sunníes.
Toda esa intervención y repartimiento giró alrededor de apoderarse del petróleo y controlar una región que siempre –desde que se conoce la historia–, ha sido parte vital y estratégica del mundo. Allí se concentran todas las civilizaciones del continente euro-asiático, es el núcleo de la ruta de la seda, y los estrechos de Ormuz y del Suez son paso obligado por mar.
Sin embargo, después de la segunda guerra mundial surgió en el mundo árabe un fuerte movimiento nacionalista que siguió los pasos independentistas de la India, China, Corea y Vietnam. El egipcio Gamal Abdel Nasser y el tunecino Habib Bourguiba fueron sus principales figuras. El “panarabismo” influyó en todo el mundo árabe y musulmán. Fue un proceso parecido al que vive hoy América Latina. Surgieron partidos políticos nacionalistas como el Baaz en Irak y Siria, y después aparecieron líderes como Muammar Kadhafi.
Durante la segunda mitad del siglo XX –a pesar de las contradicciones internas, las rencillas y las divisiones–, los países árabes productores de petróleo consiguieron mantener una relativa autonomía política frente a los gobiernos y grandes consorcios capitalistas, que forcejeaban por someter a esos pueblos y gobiernos para tener un control absoluto de los hidrocarburos.
La revolución islámica iraní en 1979 contra el Sha Mohammad Reza Pahlevi, fortaleció la Organización de Países Exportadores de Petróleo que había sido creada en 1962. A pesar de la guerra y a causa de ella, dichos gobiernos comprobaron la importancia de controlar la producción de hidrocarburos para manejar a su favor el precio internacional de los combustibles. Posteriormente, en 2001, con el empuje que le da el presidente Chávez a la OPEP, el petróleo alcanza precios que incomodan en grado sumo a los gobiernos corporativos de las potencias económicas de occidente.    
De cómo los imperios instrumentalizan la “primavera árabe”
A principios de 2011 explotan las contradicciones sociales, políticas y culturales en el mundo árabe. La crisis económica y la política anti-inmigrante de los países europeos, fueron su principal detonante. Jóvenes tunecinos y después egipcios, encabezan la rebelión contra sus propios dictadores. Se desarrollan verdaderas revoluciones democráticas pero no existían fuerzas organizadas progresistas que las apoyaran y condujeran. La izquierda tradicional estaba casada con los residuos de los viejos gobiernos nacionalistas que habían mutado hacia la autocracia y la corrupción. Se presenta un vacío de poder que es el origen del actual caos.
Los imperios aprovechan la ocasión. Al principio vacilan pero muy rápidamente se dan cuenta que pueden canalizar esos movimientos en su favor. No van a permitir que surjan movimientos democráticos laicos y respetuosos de las diversas religiones, que pusieran en peligro el relativo control que tenían. Empero, ven la oportunidad de desestabilizar la región para debilitar los gobiernos y recuperar totalmente su control. Arabia Saudí fue su gran aliado. 
Muammar Kadaffi les ayuda involuntariamente. Su reacción violenta y criminal ante la provocación organizada en Bengazi por los EE.UU., que usa comandos de Al Qaeda y militantes salafistas, es el motivo que presentan ante la comunidad internacional para legitimar su “intervención humanitaria”[1]. Dicha política está basada en la teoría del “paternalismo liberal” que diseñaron sus asesores expertos en “genocidio y teorías conspirativas”.
Finalmente, lo aprendido en Vietnam, Centroamérica, Colombia, Kosovo, Afganistán, Irak y Libia es lo que están aplicando en Siria con lujo de detalles. 
Enemigos creados para generar miedo
El Emirato Islámico de Irak y Siria (DAESH o ISIS) es una creación del gobierno de los EE.UU., hoy sostenido por poderosos inversionistas de Arabia Saudí y Qatar. Eso ya lo sabe todo el mundo pero lo tratan de ocultar. Hoy ese poder tiene control territorial en Irak y Siria, cobra impuestos, explota y vende petróleo a Turquía y otros países, y ha construido una especie de “franquicia del terror” que actúa en muchas partes del mundo.
Lo anterior se explica porque el poder capitalista global necesita de un enemigo tenebroso y lóbrego. Ellos mismos lo construyeron. Su objetivo es atemorizar a sus propios pueblos. Tratan de ocultar la grave situación económica y ambiental que vive el mundo. Quieren tapar la crisis sistémica que vive el capitalismo. Y claro... justificar su intervención armada en la región más estratégica del continente euroasiático.
Dentro de su estrategia mediática han logrado que los medios de comunicación valoren las cosas de una forma totalmente ilógica y desproporcionada. Si un joven suicida, apasionado y desorientado asesina a inocentes en las calles de una ciudad del mundo “desarrollado” usando una capucha y alguna arma... ¡es un terrorista desalmado...!
Pero, si el presidente de una poderosa nación ordena matar a cientos de miles de personas inocentes utilizando drones y bombas de destrucción masiva... ¡es un defensor de la democracia, la libertad y la cultura universal…!
Siembra vientos y cosecharás tempestades
Debemos recordar en forma reiterativa que los EE.UU. y Europa arrasaron desde hace un siglo con los pueblos del Norte de África y del Medio Oriente. Recientemente Libia, Egipto, Sudán, Afganistán, Irak, Siria y Palestina han vivido verdaderas guerras de despojo.
Hoy esos pueblos –en medio de su desesperación y dolor–, devuelven los golpes de múltiples maneras. No es algo consciente ni planificado pero es contundente y real. Entre esas reacciones están las migraciones masivas hacia Europa que nadie puede detener. También, la violencia fanática e indiscriminada que se origina en el odio y el resentimiento.  
El infierno creado por los imperios toca a sus puertas. Es lo que ocurre independientemente de nuestra voluntad.
La ignorancia es atrevida
Muchos europeos y norteamericanos creen que en los países “desarrollados” viven “bien” o más o menos “bien” (con comodidades) porque son más inteligentes, más disciplinados y trabajadores que las personas de otros continentes.
No saben o se hacen los locos, que sus imperios (inglés, norteamericano, francés, holandés, alemán, español) se enriquecieron robando y saqueando los recursos y el resultado del trabajo de los países de los demás continentes.
No saben o no quieren saber que los más grandes terroristas son sus propios gobiernos.
Por eso, cuando el mundo “civilizado” no reacciona... todo se desata. ¿Quién es el pueblo sojuzgado? 10 millones de desplazados y 220 mil muertos en Siria, generan todo tipo de barbarie. ¿Justa o injusta? El mundo se ha degradado y los pueblos hemos dejado pasar mucha agua bajo el puente.
El problema no es religioso. Estos muchachos suicidas no son ni siquiera “fundamentalistas”. Son jóvenes frustrados y manipulados que quieren pasar a la otra vida haciendo algo heroico.  Ellos no son el verdadero problema, es todo el entorno global, imperial, colonial, el consumismo alienante, la crisis del capitalismo, la falta de valores, lo que crea estos fenómenos.
Y en últimas, son esos mismos gobiernos y la gran burguesía financiera los que se aprovechan para hacer creer a su población que es una lucha entre el “bien” y el “mal”, entre la democracia y el autoritarismo, entre la libertad y el fanatismo, entre “occidente” y “oriente”.
Y claro que no es así. Sin embargo, lo real, es lo que ocurre y golpea. A quienes más les conviene entender lo que ocurre de verdad es a los europeos, para que enfrenten a sus propios gobiernos criminales.
La gravedad del momento y un punto de quiebre
El mundo está al borde de una guerra generalizada, más cruel y degradada que la que viven y sufren los pueblos del Norte de África y del Medio Oriente.
Los pueblos y los trabajadores del mundo entero no deben caer en la trampa de solidarizarse e igualar a todas las víctimas sin explicar las causas, los causantes y los verdaderos perpetradores del llamado “terrorismo islámico”, que son los mismos gobiernos de los EE.UU. y Europa (OTAN).
Una política de apaciguamiento hacia los EE.UU. y hacia Europa sólo agrandará el problema.
Las víctimas del mundo desarrollado no son víctimas del terrorismo islámico. Son víctimas de sus propios gobiernos, de la manipulación de los medios y de su propia indiferencia con unas guerras que les permiten a sus gobiernos y clases dominantes, expoliar a los pueblos de otras naciones y con esa riqueza calmar a sus pueblos con pequeñas dádivas.
La solidaridad que se requiere debe partir de la denuncia de los verdaderos criminales, de los que crearon y utilizaron a Osama Bin Laden, de los que financian al Estado Islámico, que son los que posan de demócratas y defensores de la libertad.
El llamado a la Paz debe estar dirigido a los gobiernos de los países agresores. Obama, Merckel, Hollande, Cameron, Rajoy, etc., son los responsables de la violencia que hoy sufren millones de inocentes, entre ellos, las víctimas de París.
La situación en Siria evoluciona a pasos agigantados y… es muy grave...!
Muchos analistas relacionan la situación de Siria con la de la desmembrada Libia. Hace cuatro años todas las potencias –incluidas Rusia y China– se coaligaron para derrocar y sacrificar a Kadhafi. Sin embargo, ahora es más grave. Por entonces, Rusia y China consiguieron morder algo del petróleo y de los negocios de Libia.
Además, el momento daba para que la rebelión árabe creciera y a esas potencias tampoco les interesaba un levantamiento general en la región. También, la posible desestabilización económica era su prioridad. No la querían ni soportaban. Por ello negociaron con la OTAN, y... Libia fue repartida y descuartizada una vez más.
Ahora con Siria la situación es mucho más compleja. Rusia y China no pueden ceder. Es territorio de su influencia. El petróleo es poco pero los intereses geo-estratégicos son muchos. No pueden dejar colgado a Al Assad y a Irán.
Es evidente, Rusia ataca a ISIS pero lo hace para sostener su influencia en Siria. Si Al Assad llegara a caer (que es poco probable pero no imposible), Putín necesita sostener un gobierno aliado o cercano. Allí está la complejidad del asunto.
Es seguro que ese conflicto seguirá calentándose. EE.UU. ya sabe cómo es el negocio, por eso quiere moderar a Europa y llegar a acuerdos con Rusia.
Pero Francia y los países europeos son los que están recibiendo la presión de los inmigrantes sirios, árabes y africanos, y del llamado "terrorismo islámico".
Y el DAESH o Estado Islámico de Irak y Siria sabe dónde golpear.
El seguimiento a éste conflicto es apasionante. Allí se desnudan todas las contradicciones del mundo contemporáneo, el posterior a la caída del muro de Berlín. La gran burguesía financiera global no logra ponerse de acuerdo. Los bloques geo-políticos se fracturan y el mundo puede estallar...!
A manera de conclusión
Los imperios aprendieron a instrumentalizar a su favor todo tipo de conflicto armado.
Lo que hacen en el Próximo y Medio Oriente lo perfeccionaron en conflictos anteriores.
Ya no les importa si los “guerreros” tienen ideología, religión, nacionalidad, etnia u otros intereses. Los utilizan primero y después los desechan.
Sus fines son diversos y complejos:
- Degradar la guerra y quitarle apoyo popular a todos los combatientes;
- Apoderarse de los recursos naturales debilitando al máximo el poder de negociación de los gobiernos, así sean sus “amigos”;
- Generar caos y desesperación para poder intervenir desde afuera;
- Arrodillar al máximo a los gobiernos y a la población;
- Desinformar y aterrorizar a su propia gente con amenazas externas;
- Destruir infraestructura para hacer más dependientes las regiones intervenidas y volver a “reconstruir” con sus propios contratistas;
- Tensionar y llenar de nervios a las personas para:
1. Bajarle la moral e incentivar el pesimismo;
2. Que se sienta insegura, se encierre y sospeche de todo el mundo;
3. Que acepte intervenir todas las comunicaciones y acabar con la intimidad;
4. Hacerla dependiente de todo tipo de adicciones que es la base del consumismo obsesivo: alcohol, droga, religión, entretenimiento, comida, trabajo, artificios electrónicos, pornografía, etc.;
5. Acabar con el pensamiento crítico[2];
6. Militarizar el mundo.
Y seguramente, tienen muchos más objetivos... ¡algo debe hacer la humanidad para derrotar ese “Leviatán”!
Hasta la paz de Colombia se juega en esos escenarios
Nota: Colombia no puede hacer la paz interna para involucrarse en la guerra del Medio Oriente como lo pretende el presidente Santos. Debemos decir NO a la participación de tropas colombianas bajo el mando de la OTAN.
E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado



[1] Sunstein, Cass R. y Vermeule, Adrian. “Conspiracy Theories”.  Harvard Law School, 2008.

[2] Los creadores del “liberalismo paternalista” plantean las siguientes fórmulas para aplicar a su propia población: 1. El gobierno puede prohibir las teorías conspirativas; 2. El gobierno podría imponer una especie de impuesto, financiero o de otro tipo, a quienes difundan tales teorías; 3. El gobierno podría implicarse en un contradiscurso para desacreditar las teorías conspirativas; 4. El gobierno podría contratar partes privadas creíbles para que se impliquen en un contradiscurso; 5. El gobierno podría implicarse en la comunicación informal con las terceras partes y estimularlas. Óp. Cit. “Conspiracy Theories”.  

lunes, 16 de noviembre de 2015

Reflexiones de una colombiana en París

Todo pasa a través de una pantalla. La del celular, a eso de las 10 y media, cuando supe por un post de El País que algo grave estaba pasando en el centro de París. La del televisor, donde las imágenes desplegaban la tensión de los policías al exterior del Bataclan, el terror de los que habían logrado escapar, lo indecible de los que yacían en el piso. Prácticamente no he salido desde que todo ocurrió. Sólo a la oficina de correos. Todo parecía normal en mi barrio, comercios abiertos, filas matutinas en las panaderías, gente paseando a sus perros. Pero aunque no he salido mucho de mi casa, he participado del terror a través de mis pantallas.

En la madrugada, después de que ya se había “dado de baja” a los asesinos y la situación en la sala de conciertos estaba bajo control, nos fuimos a dormir. Una colombiana y un polaco que se encontraron en París. Horas antes, cuando Hollande anunció el cierre de fronteras nos miramos y no tuvimos que decir nada. Somos inmigrantes, como tantos otros habitantes de esta ciudad y lo que pasó ayer nos afecta, nos duele, nos da miedo. Tal vez porque París es un corazón del mundo. Tal vez porque el mundo es un solo corazón que late fuerte y entero. Tal vez porque ambas cosas son ciertas y entonces, al miedo le sigue el dolor. Por los que murieron este viernes en París, por nuestros amigos que lograron escapar con vida del concierto y que ahora nos hablan con voz temblorosa por el teléfono. Pero también por los Otros.

Para continuar esa experiencia mediada por las pantallas, al día siguiente Facebook explotaba de publicaciones, estatus y discusiones acaloradas en torno a los hechos en París. Al lado de los que se solidarizaban sin reparos con las víctimas francesas y sus familias, estaban los que no podían impedirse el llamar la atención sobre la desproporción entre la importancia acordada a la tragedia en Francia y la que se le da a otras ocurridas en otros lugares del mundo. Algunos hablaban de hechos concretos: las explosiones en Beirut, dos días antes, que habían dejado 45 muertos, los cientos de miles de muertos y los millones de desplazados en Siria. Otros se contentaban con sospechar la existencia de otras tragedias que serían totalmente ignoradas por los medios de comunicación. Y unos cuantos más comenzaban precoces campañas de solidaridad con poblaciones árabes y musulmanes susceptibles de sufrir persecución y discriminación. La mayoría dejando en evidencia, sin embargo, la crasa ignorancia que sobre esos Otros se cultiva.

Los Otros. No hablemos ni siquiera del “enemigo común” actual en esta parte del mundo, el Estado Islámico, o de sus soldados, los jóvenes que día a día son manipulados psicológicamente en Francia, reclutados para morir matando. Ni siquiera hablemos ahora de ellos, demasiado ajenos al corazón de los ciudadanos de bien en este momento.

No, hablemos de esos Otros que surgen difusamente en los estatus de Facebook. Porque estas tragedias que ocurren en las grandes metrópolis del mundo siempre imponen el tema de todas las demás que se han ignorado antes. Hablemos de todos esos que sospechamos sufriendo, de todos esos ignorados por los que tanto se indignan algunos en Facebook. ¿Quiénes son ellos? ¿Los sirios? ¿Los nigerianos? ¿Los que mueren día a día en la Guajira? 

Son Ellos. Son una palabra que se queda corta para aprehender el miedo y el dolor, los matices de cada conflicto. Son lo que se esconde detrás de la ilusión de una realidad única, global y redonda que construimos con nuestras pantallas. Son los que habitan, como nosotros, otros fragmentos de una realidad que forzosamente hemos de experimentar a pedazos. 

El sábado, un analista político decía en un panel televisivo que los franceses no se han dado cuenta de que su país está en guerra. El primer ministro también lo afirmó categóricamente, en televisión: “estamos en guerra”. Internet retoma esas declaraciones, las transforma, las agranda, las minimiza, les da una pluralidad de sentidos. Quizás algunos de esos Otros tomen forma al volverse parte de ese nosotros que está en guerra.

De cualquier forma, es el momento –siempre lo es- de aprender a servirnos de los medios de comunicación, en un sentido amplio y actual: la prensa, la televisión, la radio, internet, las redes sociales. Es el momento –hace tiempo lo es- de comprender que ellos no pueden darnos más que visiones fragmentadas de la realidad, incluso los mejores de ellos. Es nuestra responsabilidad individual el ser conscientes de ello, el escoger bien nuestras fuentes de información, el diversificarlas. Pero sobre todo, es nuestra responsabilidad ser conscientes de los muros que se construyen en el discurso y que transforman a esos Otros en seres inaprehensibles para nuestro pensamiento. 

El sábado en la noche vi que unos vecinos del edificio de enfrente habían puesto una velita en el alféizar de la ventana. Internet me contó que era una tendencia en París, poner una velita en la ventana en memoria de las víctimas. Yo también prendí mi velita, yo también me asomé a la ventana y me sentí triste. Es el pedazo de realidad que me toca a mí, que me afecta, que me da miedo, que me preocupa, no puedo salirme de mi posición en el mundo tampoco. 

Mientras termino de escribir nos preparamos para salir a visitar a un amigo que logró escapar con vida del Bataclán. Esa noche había ido a ver los Eagles of Death Metal y alcanzó a presenciar los primeros momentos de la balacera, hasta que el amigo con el que estaba reaccionó y lo instó a intentar escapar, como lograron hacerlo varias personas antes de que los hombres armados tomaran control del lugar. El sábado por fin hablamos por teléfono con él. Su voz temblaba, no parecía el mismo. 

Tomado de Semana.com: http://www.semana.com/mundo/articulo/terrorismo-en-francia-reflexiones-de-una-colombiana-en-paris/450066-3

sábado, 14 de noviembre de 2015

El fracaso de las minorías iluminadas


Popayán, 14 de noviembre de 2015

El "buen partido" (Nuevo Proyecto Político) está en construcción. 
Por ahora la principal tarea es impulsar una "corriente de pensamiento" que contribuya a aclarar - ojalá - todos los temas, incluyendo las características de ese proyecto, su relación con el movimiento social organizado y no organizado, su relación con el "poder", tanto con el "Estado heredado" como con el "Estado" que se requiere construir para derrotar la resistencia del capital.
En todos estos temas hay que replantear muchas cosas sobre todo el fracaso de las revoluciones políticas que son "dirigidas" y "conducidas" por minorías supuestamente iluminadas, sabias y eternamente "certeras", que es lo que ha llevado a tantos errores y horrores.
Estudiar, probar, ensayar, errar y corregir rápidamente, volver a mirar, estimular el pensamiento crítico, aprender de todos incluyendo de los capitalistas y burgueses, que hasta ahora, y esto puede sonar a blasfemia, es la clase más revolucionaria de la historia y a la vez, se ha ido convirtiendo en la más reaccionaria y criminal.

Atentados en París: acción criminal y grito de desesperación

Popayán, 14 de noviembre de 2015
Además de condenar el "extremismo" hay que explicarlo.

 Lo que todas las potencias (occidentales y orientales) hacen con Siria, no tiene nombre. Un pueblo acorralado y desesperado produce crímenes y tragedias como las ocurridas en París. 

Si EE.UU., que no está invadido ni agredido, genera criminales psicóticos a cada rato, que decir de un pueblo y una nación que ha sido arrasado. 

Son más de 220 mil muertos y 10 millones de desplazados. 

Sin justificar este tipo de hechos contra inocentes, lo que estamos apreciando es un grito de desesperación suicida. 

En el fondo esos jóvenes suicidas están pidiendo ayuda, así como lo hacen esos sociópatas estadounidenses que asesinan "sin razón" en medio de su locura.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

DIÁLOGO ENTRE UN REALISTA Y UN INQUIETO...

Por: Fernando Dorado, activista social

Realista: Es preferible una "paz neoliberal" ("perrata", limitada) a un conflicto armado instrumentalizado por el gran capital.

Un inquieto: ¿Pero sin devolver una hectárea? ¿Sin reparación? ¿Las 6 millones de víctimas que se vayan para el semáforo? ¿Y las 6 millones de hectáreas para los 100 ricos?

R: Por ahora sí. No hay de otra. No depende de nosotros, es la correlación de fuerzas. Para lograr lo que Usted pide habría que esperar a hacer la revolución democrática que intervenga y acabe con el gran latifundio. Y esa revolución no se pudo hacer por la vía armada. Por el contrario, esa vía armada bloqueó cualquier posibilidad de cambio.  

UI: Y.. ¿entonces?

R: Lo que se necesita es despejar el terreno (transición) para poder más adelante, recuperar pacíficamente esas tierras y muchas más para los campesinos y productores agrarios.

UI: ¿Por qué ahora no se puede?

R: Por ahora no hay fuerza para lograrlo. Si la hubiera, si el pueblo tuviera esa fuerza, si los campesinos estuvieran organizados o los desplazados permanentemente movilizados, los acuerdos de la Habana serían diferentes.

¿Me dejo entender? Son los hechos, no dependen de nuestra voluntad. La tarea del momento es política, es RECUPERAR por parte de las fuerzas democráticas y populares, la bandera de la paz, y construir reconciliación para garantizar una convivencia pacífica. Aislar y derrotar a los guerreristas, es la tarea del momento.


UI: Uff... si, entiendo. La sola paz ya es un triunfo. El conflicto armado fue utilizado para despojar al campesino y al indígena. Ahora hay que cambiar de estrategia para recuperarlas. Por eso es que no quieren la paz. He entendido.

E-mail: ferdorado@gmail.com – Twitter: @ferdorado

domingo, 1 de noviembre de 2015

"MARGUERITE", COLOMBIA Y LOS COLOMBIANOS

Por Fernando Dorado, activista social
Se presenta en Bogotá “Marguerite”, una extraordinaria película francesa[1]. Cuenta la historia de una rica baronesa que ama la música y cree tener voz de soprano. Su esposo, empleados, sirvientes y favorecidos de sus donativos, le siguen el juego. El engaño es fruto de cierta lástima y solidaridad sincera pero también, del interés trivial de quienes le acolitan el delirio.
Su insistencia por convertirse en estrella de ópera la lleva a confrontarse con un público real. Frente a él, en medio de una situación ridícula y grotesca, hace un último esfuerzo y logra un instante de maravilloso desempeño musical. Eso la convence de ser quien cree ser. Al final, en un gramófono escucha su estridente voz. No aguanta la verdad y fallece. De lo cómico se pasa a la tragedia; de lo prosaico a lo sublime; de la vida a la muerte. Solo queda la tristeza.
La lección es evidente: casi todos inventamos representaciones basadas en nuestra necesidad de reconocimiento. Diferentes entornos y situaciones nos hacen creíble la personificación idealizada. Si tenemos el talento o la capacidad para representar ese papel, todo irá bien. Si es un auto-engaño, nos estrellamos contra el mundo. Sufrimos y hacemos sufrir a otros.
Esa situación relatada de manera magistral por el cineasta francés me lleva a pensar en la tragedia colombiana. Colombia toda y muchos colombianos pareciéramos sufrir de ese espejismo. Nos creemos “la más antigua y estable democracia de América Latina” pero a la vez sufrimos “el conflicto armado sin negociar más antiguo del mundo”[2].
Cada cuatro años creemos tener la “mejor selección del mundo” y nos vemos como campeones pero, la realidad nos pone a tierra con crueldad: o no pasamos de las eliminatorias o ni siquiera llegamos a octavos de final. Y siempre le achacamos la culpa a “otros”, un árbitro, la mafia de la FIFA o algo parecido.
Colombia y los colombianos sufrimos la enfermedad bipolar o tripolar. A diario desvariamos. En medio de nuestra tragedia vivimos felices. Por algo el programa más popular es “sábados felices”. Convertimos nuestros dramas de violencia y narcotráfico en unos novelones exitosos que producen miles de millones de pesos a sus productores e inversionistas. “¡Somos un caso!”, decimos.    
Y al igual que Marguerite vivimos momentos sublimes pero instantáneos. No “coronamos”: siempre dejamos la tarea empezada. La “revolución en marcha” de López Pumarejo; la “restauración moral de la república” de Gaitán; el “acuerdo sobre lo fundamental” de Álvaro Gómez Hurtado y el M19 que le dio vida a la Constitución de 1991. Ojalá el actual proceso de paz no sea otra frustración.      
Y en política nos ocurre lo mismo. Tenemos por ahí a quién se creía el gran estratega de la revolución, construyó tácticas y estrategias que jamás consiguieron el favor de nadie y de pronto, se encuentra solo y desvalido por la séptima como cualquier parroquiano. O aquel, que se sentía predestinado a ser presidente de la República y –hasta buenas ideas tenía–, pero fue incapaz de armar un equipo, le dio por mirar a todo el mundo desde la altura de sus ilusiones y, súbitamente, la realidad lo despierta convertido en un exalcalde más.
Ahora tenemos frente a nuestros ojos a quienes se sienten salvadores de nuestro pueblo. Sueñan con una entrada triunfante a Bogotá. Creen que saben cantar y que están sintonizados con el pueblo. Una corte de áulicos les alimenta el mito heroico. Algunos de ellos son sinceros y honestos porque viven con intensidad la quimera. Otros, simplemente les interesa mantener el espectáculo porque se aprovechan de él. Igual que en la cinta.
Los siento tan lejos de la realidad que me aterroriza su reacción… cuando despierten. El verdadero reto será cuando se encuentren con el grueso de la sociedad civil. Ojalá en el camino vayan encontrando sinceros amigos que los hagan aterrizar. Si ello no ocurre el desenlace puede ser fatal. La realidad es cruel y a veces, insoportable.
Que lo diga Marguerite y quienes han visto la película.
Bogotá, 1° de noviembre de 2015
Email: ferdorado@gmail.com – Twitter: @ferdorado




[1] Marguerite (2015), sexto largometraje del prolífico realizador Xavier Giannoli.             
[2] Vicenç Fisas, director de la Escuela de Cultura y Paz de Barcelona. “Anuario de Procesos de Paz”, Barcelona, 2012. 

UN BURGUÉS DECENTE


Por Fernando Dorado

Un sector de la élite colombiana quiere, por fin, construir algo de decencia en nuestro país.

El último burgués de ese tipo fue Luis Carlos Galán S., pero su propio partido penetrado de mafias e intereses burocráticos lo traicionaron. Y lo mataron.

La izquierda armada y desarmada no comprendió esa lucha y también lo dejó solo.

Unos, prefirieron aliarse con políticos que después se convirtieron en ideólogos del paramilitarismo.

Otros, miraron para otro lado y creyeron que la mafia les quitaba un fuerte rival "burgués".

Ahora de cara al post-conflicto hay que tener en cuenta esa experiencia.

No se trata de ninguna "burguesía nacional" ni de una "burguesía revolucionaria". Solo una burguesía más o menos decente.

Claro, no es ningún Santos, ni Gaviria, ni Samper, los representantes de esa "burguesía decente"... son otros que apenas sacan la cabeza.

Bogotá, 1° de noviembre de 2015

sábado, 31 de octubre de 2015

ELECCIONES Y LECCIONES



Por Campo Elías Galindo


La siguiente evaluación de la participación electoral de la Izquierda en campañas electorales, no está referida a los resultados cuantitativos que se obtengan; son unas consideraciones sobre concepciones y procesos, y no sobre cifras; totalmente independiente del número de votos o de curules que se alcansen. Este esbozo analítico es crítico, pero no pretende que los resultados del domingo lo validen o invaliden. Ni me quitarán ni me darán la razón.


Para qué la participación electoral? Cuando hace algunas décadas, las organizaciones de la Izquierda discutían y analizaban sus propios asuntos, si participar o no en elecciones, el para qué y el cómo, eran temas apasionantes que se debatían una y otra vez. Hoy, las militancias han abandonado ese y otros debates cruciales, pues la formación política no hace parte de sus agendas. Consecuencia de ello, hay una gran confusión entre muchos sobre las funciones, los alcances y las posibilidades de la lucha por representaciones dentro del estado para una estrategia transformadora.



Lo palpamos claramente en esta campaña. Todos naturalmente quisimos “arañar” pedacitos de la administración pública, pero muy pocos sabían para qué ni con qué posibilidades o implicaciones. Con intuición y  buena voluntad se respondían los interrogantes, si es que se hacían… Nadie, antes de lanzar candidatos hizo un balance de lo que han sido los gobiernos “progresistas” de América Latina, o de Bogotá, o el desempeño de nuestros diputados y concejales actuales o anteriores. Todo lo vemos al derecho, bello y digno de imitar, especialmente si esa es la “orientación” que proviene de las sacrosantas direcciones nacionales.



No faltan quienes siguen creyendo que un giro es un proceso acumulativo de toma de posiciones dentro del estado hasta que lo podamos poner al servicio de las mayorías. Hacia allá creen marchar cuando luchan por una alcaldía o una curul cualquiera. Como no hay debate, no se sabe si estamos ante la ignorancia, la ingenuidad, o incluso, frente a una convicción.

  
Lo territorial. La literatura política contemporánea, y la de Izquierda, se llenó en las últimas décadas de territorio. Lo que actualmente no tenga el adjetivo “territorial” se considera fuera de foco, incompleto o abstracto. Ello tiene razones profundas asociadas a las resistencias mundiales contra el proyecto de la globalización neoliberal.


En nuestro medio, ese lenguaje satura nuestros planteamientos y nuestras consignas (“la defensa del territorio” por ejemplo), pero la comprensión de lo territorial es lamentable y se está volviendo un slogan incorporado a la fuerza para aparentar autoridad argumentativa. En nuestras campañas electorales funcionó así:


A pesar de que esta campaña era para elección de autoridades departamentales, municipales y submunicipales, o sea “territoriales”, brillaron por su ausencia los proyectos propiamente “territoriales”. Es decir, no hubo elaboración de línea política local, y en cambio, las organizaciones desempolvaron un repertorio de consignas desarticuladas, muy pocas enfocadas a la situación concreta del territorio que se pretende transformar. Suele decirse que las líneas nacionales se adaptan a lo regional y lo local, pero ello se ha convertido en un comodín. Esa teoría de la adaptación es facilista, y simplemente justifica la desidia mental para no acometer el estudio y la lucha política en los planos más inmediatos, que es donde ella tiene consecuencias prácticas y personales.

Nuestras campañas cayeron en la trampa de las causas particulares. Especializarse en la defensa de sectores o consignas específicas es válido, mucho más si se trata de causas tan nobles como el sindicalismo, el campesinado, la educación, la salud, el ambientalismo o minorías sociales. Pero abandonar las causas generales, olvidarse del conjunto, negarse a los proyectos de región y de ciudad para este evento concreto, es hacerle una concesión al mandato neoliberal de confinarnos en los microterritorios y delegarles a sus mandatarios el pensamiento y las actuaciones globales. Si nuestros concejales, diputados y demás elegidos, no tienen vocación de estado y no van a las corporaciones públicas a pelear las orientaciones generales del municipio y el departamento, terminarán como funcionarios del alcalde y el gobernador de turno. Una oposición sin proyecto nunca será seria.


De manera que, la Izquierda nuestra no ha podido decirle a la ciudadanía local cuál es la Urbe que quiere y por la cual convoca a luchar; no tiene proyecto de ciudad; no nos cabe la ciudad en la cabeza. De igual manera ocurre en los departamentos, las subregiones, comunas y todo aquello que llamamos “territorialidad”. Nuestro lenguaje sobre lo territorial es un auténtico palabrerío. Sin proyectos territoriales, no se entiende cómo hace la Izquierda para participar en unas elecciones de autoridades locales.

  

La burguesía colombiana carece de “enemigo interno”. La ausencia de proyecto territorial, tanto de región como de ciudad, imposibilita a la Izquierda local para desarrollar una oposición seria a las élites empresariales que desde el siglo XIX hegemonizan la política, la economía y la cultura. Las militancias locales no entienden las particularidades sociales, históricas ni económicas de la dirigencia regional, por lo cual practican la teoría de la “adaptación” de lo nacional a lo local de una manera mecánica. Resultado de lo anterior, nunca dan en el blanco, o mejor dicho, su blanco no está por estas comarcas. A la burguesía criolla, el discurso de la Izquierda “le resbala”, no la toca.



Los Grupos Financieros y Empresariales hegemoniza como quiere la política regional, financia las campañas electorales, es quien realmente da avales y dirime las disputas entre los políticos regionales; es el dueño del proyecto de región y del proyecto de ciudad hoy vigente entre nosotros, pero nuestra Izquierda no sabe qué es el la Élite o no se interesa por saberlo ni cómo funciona. Sobra que hablemos de las relaciones de ese monstruo político-económico con los partidos a nivel nacional y local, con las ONGs, los altos funcionarios, las comunidades, y de su inmensa capacidad de cooptación. Los grupos empresariales sí podrían decir que, no tiene enemigos a la izquierda.



Otra distorsión “territorial”. Sobre lo territorial, hay otra distorsión más que inunda nuestros discursos. Es el sesgo desarrollista, ambientalista y economicista que impide aterrizar ese tema en su relación intrínseca con la lucha por el poder. Quien tiene vocación de estado,  asocia el tema de la territorialidad primero que todo, con el del orden público y de la seguridad, pues el orden público es ante todo un orden territorial que rige en un país, una región o una localidad. Todo gobernante lo sabe. Sin control territorial no hay gobierno posible; por lo tanto el problema real del territorio, es el problema del poder político y viceversa.



Los temas del territorio y la territorialidad no empiezan por el medio ambiente ni por el desarrollo económico. Empiezan por el orden público, especialmente en un país como el nuestro, donde hemos vivido un conflicto armado de más de 5 décadas cuya esencia misma, es una disputa territorial.



Siendo el orden público el tema territorial por excelencia, no se entiende cómo una Izquierda tan “territorial” no levanta propuestas audaces sobre ese asunto básico, y le sigue dejando el tema a las otras fuerzas políticas, que no dejan de especializarse en las problemáticas de violencia, convivencia e inseguridad. Nuestros relatos sobre la inseguridad, especialmente urbana, rayan en la pobreza. Analizamos la inseguridad y los temas de la violencia en las ciudades como un reflejo nítido del conflicto armado nacional; como si este se trasladara mecánicamente de las áreas rurales a las urbanas. Así nos ahorramos el esfuerzo de investigar, desentrañar la particularidad y proponer algo propio que se salga del círculo vicioso del aumento del pie de fuerza y las tecnologías represivas al servicio de los autoritarismos.



Debemos entender primero, que el tema de la seguridad es el tema territorial por excelencia; y segundo, que él no es de derecha ni de izquierda; lo que es de derecha o de izquierda es su enfoque. Termina siendo un contrasentido enarbolar propuestas sobre medio ambiente, desarrollo económico y paz, aunque les pongamos el adjetivo “territorial”, si no decimos nada o decimos poco sobre orden público y seguridad ciudadana. 



Voto preferente o ego preferente. El método del voto preferente cae como anillo al dedo al fraccionamiento de la Izquierda en nuestro medio. Muchos lo consideran muy “inteligente” porque les ahorra el esfuerzo de discutir, acordar, planificar conjuntamente, y sobre todo, el de renunciar a los egos y los delirios vanguardistas diseminados por todas las organizaciones. Las “cabezas de ratón” juegan a todas sus anchas y mientras una próxima reforma política prohíbe la metodología “inteligente”, la ratonera devora toda posibilidad de proyecto unitario, tan urgente en esta coyuntura de transición de la guerra a la paz en Colombia. 



Un obstáculo a la unidad ha sido la ausencia de debate entre los colectivos y al interior de ellos. Cada quien construye en silencio su propia exclusividad y nadie se atreve a ponerla en juego. La construcción de la unidad solo es posible en un ambiente de discusión e intercambio de puntos de vista, que incomoda a muchos compañeros.



El otro problema, característico del espíritu de secta predominante, es el afán de ajustar cuentas, así vengan desde el siglo pasado; el desvelo de unos por atajar a otros; cierto ambiente de carnicería que se agudiza hacia afuera y hacia adentro de las organizaciones cuando de certámenes electorales se trata; una especie de “todo vale” para salirse cada cual con la suya. Nunca la Izquierda se parece tanto a la Derecha como en unas elecciones de autoridades locales.



La pregunta que cabe es, por el objeto de la disputa. ¿Cuál es ese preciado trofeo que está en juego? Parece ser que es una foto en primera página, alguna entrevista radial o televisada, el manejo de un presupuesto público o una nómina burocrática. Todo podría ser legítimo, si por lo menos estuviera al servicio de un proyecto debatido y conocido por todos. Pero es eso lo que no hay: política.


Nada “despeluca” tanto a la Izquierda como una coyuntura electoral. Ella trastoca sus prioridades, mete sus principios al congelador, colecciona enemigos, inventa alianzas espurias y al final, sale destrozada. Lo más grave es que como estamos en un país hiper-electoral, cuando trata de reaccionar y curar sus heridas, ha empezado la campaña siguiente. La Izquierda en Colombia es una sobreviviente no solo de la guerra sucia contrainsurgente, sino también de las campañas electorales.