miércoles, 30 de junio de 2021

¿Cómo canalizar políticamente el estallido social?


¿Cómo canalizar políticamente el estallido social?

Popayán, 30 de junio de 2021

En anterior artículo se plantearon algunas ideas sobre la caracterización de la protesta que se manifestó en Colombia como un estallido social. En otro texto, se detallaron los principales actores sociales, se presentó una periodización, se describieron las actitudes políticas y las propuestas para la juventud rebelde, y surgió la pregunta sobre quién podrá canalizar la fuerza desplegada.

Estamos ahora viviendo la 4ª etapa planteada en la periodización. El gobierno y las derechas (algunas vergonzantes disfrazadas de “centro”) se aprovechan de las escaramuzas que quedan después de un estallido de ese tipo. Provocan y permiten que jóvenes “radicalizados” protagonicen situaciones de degradación y desgaste para desprestigiar la lucha y descalificar a las fuerzas políticas que han apoyado decididamente la protesta.

Como lo hemos planteado anteriormente, el carácter diverso de esta lucha y la confluencia caótica de fuerzas e intereses, genera condiciones para que la energía vital y masiva del movimiento se agote en un momento dado. Mantener artificialmente el “estallido” solo lleva a hacerle el juego a quienes desde un principio lo infiltraron para generar violencia y tratar de deslegitimar la lucha popular ante los ojos de la mayoría de la población.

Por ello, las fuerzas democráticas, progresistas y de izquierda que han apoyado el movimiento de protesta deben convencer a algunos sectores de la juventud rebelde que hay que “parar y respirar”. No solo se trata de reflexionar, evaluar, organizar y preparar nuevas batallas sino que efectivamente hay que reaccionar frente a la pandemia. La Covid-19, con sus variantes incluidas, está disparada y nos obliga a pausar la lucha y a cambiar de estrategia.

En el artículo de referencia quedó -más o menos- planteada la idea de que en lo inmediato debemos actuar en dos niveles: a) Fortalecer la organización popular y ciudadana mediante el impulso de asambleas populares con visión de autogobierno, poder paralelo o contrapoder; y b) Consolidar la organización política para disputar la dirección del Estado heredado, cuidándonos de caer en ilusiones vanas, de convertirnos en “administradores” del gran capital y en “desmovilizadores” y “domesticadores” de la lucha popular.

Las siguientes ideas van en esa dirección e inauguran lo que podríamos denominar como aportes a la estrategia y al programa. Está claro que seguir “atados” a la dinámica del “estallido” solo servirá para que nuestras fuerzas se desgasten inútilmente.

¿Cómo ser anti-post-capitalistas dentro del capitalismo?

La única estrategia revolucionaria que es posible impulsar en este instante en Colombia consiste en apoyarse en los dos sectores sociales que están interesados en desarrollar una política de transformación del aparato productivo tanto con visión de industrialización de nuestras materias primas como de romper con el modelo energético dependiente de los combustibles fósiles.

Esos dos sectores son los pequeños y medianos productores agropecuarios (cafeteros, paneleros, arroceros, paperos, lecheros, cacaoteros, fruticultores, yuqueros, plataneros, piscicultores, etc.) y el precariado profesional, sobre todo el que puede aplicar sus conocimientos técnicos en esas actividades productivas transformadoras.

La estrategia revolucionaria consiste en impulsar una política “desde abajo” y “por arriba”. O sea, desde las organizaciones sociales y paralelamente desde el Estado (si se logra acceder al aparato de gobierno). Así, se pueden aprobar nuevos tipos de incentivos a la industrialización, toda clase de estímulos a la asociatividad colaborativa con criterios empresariales, rediseñando los subsidios gubernamentales y la inversión social rompiendo con enfoques asistencialistas y paternalistas.

Uno de los puntos del Pliego de Emergencia planteado por el Comité Nacional de Paro como es la “renta básica”, permite clarificar nuestra posición. Dicha iniciativa tiene un carácter asistencialista y hasta populista (por eso hasta Uribe la apoya a su manera). Es posible que en un país de Europa dicha política cuente con las fuentes fiscales para sostenerla, pero la economía colombiana no tiene la capacidad competitiva a nivel global para financiar un gasto de ese tipo.

Claro, estamos hablando dentro del marco del capitalismo que es donde estamos parados y lo estaremos todavía durante mucho tiempo. Y por ello podemos afirmar que la prioridad a todo nivel es invertir en transformar el aparato productivo, industrializar nuestras materias primas, construir una matriz energética “limpia” basada en recursos renovables, y generar una economía apoyada -principalmente- en asociaciones de los pequeños y medianos productores.  

Esto lo vienen entendiendo los dirigentes progresistas de países como Bolivia y Ecuador. Saben que ahora no cuentan con los recursos que generaba la bonanza de los precios de las materias primas, especialmente del petróleo y gas, que sirvieron para financiar una serie de subsidios que crearon la ilusión de que millones de personas salían de la pobreza o ascendían a ser clase media, y que por ello, deben impulsar políticas de mediano plazo para transformar sus aparatos productivos.

Por otro lado, es importante hacer notar que en Colombia contamos con una pequeña y mediana producción de alimentos y otras materias primas que nos ofrece una gran oportunidad. Ese factor productivo ha sido comprobado ahora durante la pandemia, en donde el sector agropecuario colombiano, especialmente el de los pequeños y medianos productores, ha sido uno de los que mejor ha enfrentado la situación de emergencia sanitaria y crisis económica en América Latina.

Es por ello que las organizaciones de base que se deben potenciar son las que agrupan a los sectores sociales mencionados. Existen gran cantidad de asociaciones de pequeños y medianos productores agrarios, que defienden los territorios y los recursos naturales, y, aunque es muy difícil organizar al “precariado profesional”, si se impulsan efectivas y prácticas estrategias, planes, programas y proyectos productivos, culturales, educativos y de innovación tecnológica adecuada a la realidad de nuestro país y el mundo, se pueden organizar cientos de miles de profesionales y tecnólogos. 

En el caso de las organizaciones tradicionales hay que generar un debate amplio y profundo sobre su carácter estrecho, puramente reivindicativo, que se limita a dinámicas de presión al gobierno, con concepciones asistencialistas y dependientes. Estamos en mora de abordar ese tema a fondo que salió a relucir durante el Paro. Casi todas sus acciones se reducen a representar intereses sectoriales que los aíslan del conjunto de la sociedad, mostrando una escasa actitud transformadora frente a su trabajo en concreto (incluyendo al magisterio y a FECODE).

Y ese debate debe incluir a las organizaciones políticas que aunque tienen vínculos con los movimientos sociales no logran relacionar y fundir su acción con políticas de transformación estructural. Por un lado hacen “sindicalerismo” y “gremialismo”, y por el otro, reducen la lucha política al “electorelismo”, situación que los lleva al “cretinismo parlamentario” (lo que explica que el Comité Nacional de Paro terminó convirtiéndose en una especie de ayudante de los parlamentarios de “oposición”, transformando los pliegos de exigencias en “proyectos de ley”).   

Esa dinámica “dicotómica” o binaria, lleva a los dirigentes “políticos” a convertirse en “aspirantes a burócratas”. Por ello, su perfil en su mayoría es de abogados, politólogos y contratistas de ONGs, expertos en DD.HH. y en la “paz”, pero desligados de las necesidades productivas y materiales de las gentes.  Por otro lado, los economistas, contadores públicos, ingenieros, tecnólogos, etc., son formados con la mentalidad y lógica del Gran Capital, al servicio de conglomerados transnacionales y del mismo “Estado heredado”. Este debate debe desarrollarse al interior de los movimientos sociales y de las universidades públicas y privadas.

La experiencia de países como Ecuador y Bolivia nos muestra las limitaciones de llegar al  gobierno sin desarrollar una estrategia “desde abajo”. En Colombia tenemos una oportunidad con ocasión del estallido social de 2021, su impacto político y las lecciones que elaboremos sobre la marcha. 

jueves, 24 de junio de 2021

¿Qué nos queda del estallido social?

 

En Colombia: respirar, evaluar, aprender y avanzar  

¿Qué nos queda del estallido social?

Popayán, 24 de junio de 2021

Es cierto que muy pocas personas esperaban que el estallido social que explotó en Colombia se presentara con la fuerza y amplitud con que se desplegó. No obstante, algunos centros de estudio y analistas de prensa de variada orientación lo habían previsto y pronosticado.

Ahora, que la protesta masiva que arrancó el 28 de abril entró en una fase de agotamiento a pesar que se mantuvo entre altas y bajas a lo largo de casi dos meses, es necesario respirar, reflexionar, evaluar y sacar lecciones, a fin de fortalecer y avanzar con la lucha popular.

Analizar un evento tan  complejo como el llamado Paro Nacional es una tarea bien difícil. No solo porque aún está en desarrollo sino porque al participar múltiples fuerzas y sectores -que están en juego, algunos ocultos o camuflados- se pueden mal interpretar ciertas afirmaciones. De todas formas, hay que atreverse, como ya se hizo cuando abordamos el tema de los bloqueos.

Es importante hacer notar que este tipo de estallidos sociales no son exclusivos de Colombia. Acontecimientos similares los vienen protagonizando los pueblos y los trabajadores desde 2011 con la “Primavera Árabe”, el 15M de España, el “Occupy WS” en USA, los “chalecos amarillos” en Francia, lo sucedido en Ucrania, Nicaragua, Hong Kong, El Líbano, Chile y muchos otros países.

Claro, hay que identificar y profundizar sobre las causas inmediatas que detonaron esos movimientos y precisar cuáles fueron las fuerzas sociales y políticas que finalmente los canalizaron, pero es indudable que la juventud rebelde del siglo XXI ha sido la protagonista central y principal.

Los principales actores sociales

Han sido muy variadas las fuerzas sociales que desplegaron su fuerza a lo largo de estos meses en Colombia, que son -en verdad- continuidad del 28N de 2019. Veamos:

El primer y principal actor social es el grueso de la población que rechazó la reforma tributaria propuesta por Duque y su ministro de Hacienda. Esa gran mayoría que ha sido medida por diversas encuestadoras de opinión ha apoyado decididamente la protesta pero -en general- no está de acuerdo con los “bloqueos” de vías y carreteras como formas de lucha.

Un segundo protagonista son las organizaciones sociales de trabajadores estatales, maestros, transportadores, indígenas, campesinos, cocaleros, estudiantes, etc. que aunque contribuyen con su fuerza movilizada al desarrollo del “paro”, al priorizar intereses sectoriales y formas  de lucha tradicionales, a la larga y en el fondo, debilitan el carácter político del movimiento.

En tercer lugar, se destaca el “precariado citadino técnico-profesional” que se movilizó masivamente desde noviembre/2019 en las grandes ciudades, mediante concentraciones y marchas periódicas. Es un importante sector de los trabajadores que poco a poco está desarrollando una visión, un programa y una acción alrededor de temas como la defensa de la vida, la profundización de la democracia a todo nivel, la consolidación de la paz, la defensa del medio ambiente, la lucha de género e identidades, etc. Es pertinente tener en cuenta que ese precariado no puede “parar” (o paralizar la producción) al estilo del proletariado tradicional, dado que muchos de ellos son trabajadores asalariados de empresas o del Estado o pequeños emprendedores que laboran en condiciones de extremada precariedad laboral.  

Y en cuarto lugar, están los contingentes de la juventud más beligerante que provienen de sectores populares, estudiantes radicalizados, barras bravas de equipos de fútbol y otros grupos que podríamos caracterizar como “el precariado informalizado”. Son jóvenes desempleados o en edad de estudiar que no lo pueden hacer porque no cuentan con los recursos económicos para hacerlo. Ellos necesitaban liberarse del confinamiento obligado por la pandemia, encontrarse con  sus pares en la lucha -principalmente- contra la policía y visibilizarse mediante concentraciones y barricadas en “puntos de resistencia”. También se habían mostrado en noviembre de 2019 pero lo hicieron con más contundencia a partir del 20 de septiembre de 2020 durante el levantamiento en Bogotá contra la policía y los CAIs[1].

Cada sector ha colaborado con esta lucha a su manera, cada uno tiene su propio balance, incluyendo algunos sectores que aparecían de nombre en el Comité Nacional de Paro CNP pero que no desplegaron toda su fuerza en esta ocasión (cafeteros, paneleros, arroceros, etc.).

Periodización del proceso de lucha

La movilización social que denominamos “estallido” se inicia el 28 de abril ante la convocatoria del Comité Nacional de Paro que en noviembre de 2019 y mayo de 2020, había presentado pliegos de exigencias al gobierno. La respuesta a la convocatoria fue masiva y beligerante. El motivo inmediato fue el rechazo generalizado a la reforma tributaria presentado al Congreso por el presidente Duque y su ministro de Hacienda.

A partir de ese momento se pueden observar tres fases en el movimiento. Una, desde el 28 de abril hasta el 3 de mayo, día en que se integran La Minga Indígena y los gremios de los transportadores especialmente en Cundinamarca, Boyacá, Nariño, Huila, Santander y el Eje Cafetero, que impulsan cierres de vías generalizados en coordinación con pequeños y medianos productores agrarios. Paralelamente el movimiento en las ciudades se generalizaba frente a la represión brutal y criminal por parte del gobierno. 

Una segunda fase va desde el 4 de mayo hasta el 25 y 26 de mayo en que el gobierno obliga al Alcalde y al Arzobispo de Buenaventura y a delegados de los manifestantes de esa ciudad a firmar un acuerdo para empezar a despejar las vías mediante “cordones humanitarios” para facilitar el abastecimiento de alimentos, medicinas y combustibles. A la sombra de ese acuerdo firmado con presencia del presidente Duque, que luego fue desconocido por el mismo gobierno, se inicia la ofensiva de las fuerzas retrógradas y oscurantistas.

A la madrugada del mismo día, Duque aprueba el decreto de “Asistencia Militar” que lanza desde Cali para acabar con los bloqueos que persistían en el suroccidente del país, convoca “marchas del silencio” en varias ciudades (que les fracasan), e inician la contraofensiva contra el movimiento popular utilizando “civiles” armados (paramilitares) no solo para atacar a los manifestantes (entre ellos La Minga en Cali) sino para realizar toda clase de asonadas contra alcaldías en La Plata (Huila), Jamundí, Yumbo y Tuluá (Valle), en donde provocan incendios y toda clase de desmanes para desprestigiar la protesta popular.

A partir de esos días de finales de mayo se entra en la fase de lo que podría llamarse como “desescalamiento” del movimiento, que desafortunadamente se dejó llevar al terreno de mantener o despejar los “bloqueos” o cierres de vías, cuando las grandes movilizaciones y concentraciones pacíficas habían demostrado su eficacia.

Durante este período el gobierno jugó a las llamadas “negociaciones” que solo han sido una maniobra de distracción mientras utilizaba fuerzas de choque, unas infiltradas en las protestas y otras del lado de la policía, para justificar el trato de guerra que le dio al llamado “terrorismo vandálico” promovido y orquestado por el mismo Estado.

A partir de ese momento los muchachos de Cali y de otras regiones son los que mantienen la iniciativa de la protesta mientras que el Comité Nacional de Paro, por la falta de reacción frente a la estrategia de violencia y terror que desarrolla el gobierno, se fue quedando a la deriva de los acontecimientos.

Y a pesar que las grandes mayorías han valorado y apoyado enormemente el movimiento de protesta y sus logros[2], el gobierno y los medios de comunicación tratan infructuosamente de posicionar la idea de que el “paro fracasó” o de que terminó “desgastado”, o que fue obra de políticos “oportunistas” y “pirómanos” que quieren “incendiar al país” y desestabilizarlo motivados por intereses electorales.

Esta sería la cuarta fase del “estallido”, o sea, la de la lucha política por valorar (negativa o positivamente) lo ocurrido a lo largo de estos casi 60 días.

Las respuestas a la “rebelión juvenil”

Cómo el gobierno y la derecha uribista no han logrado imponer su lectura de que el “estallido social” fue obra del “castro-chavismo internacional”, se ha tratado de “sectorizar” la protesta y de llevarla a ofrecer soluciones a los jóvenes rebeldes, que según esa visión lo que exigen se reduce a estudio y empleo.

Frente a ese tema se han expresado más o menos 4 tipos de respuestas que corresponden a actitudes políticas y a lecturas filosóficas, algunas de las cuales -pienso- no se excluyen totalmente:

1. La asistencialista burguesa, que le llaman de responsabilidad social corporativa, que les ofrece  a los jóvenes programas de “educación, empleo, recreación, cultura, etc.”, para “mejorar” las condiciones de explotación y dominación  sin tocar para nada la estructura capitalista y menos impulsa transformaciones de carácter civilizatorio frente a la dominación patriarcal, la economía crematística, la cultura del progreso, el consumismo, etc.;

2. La asistencialista progresista, que les ofrece casi lo mismo pero ejecutada desde y por el Estado, por medio de gobiernos “democráticos”, aunque en el discurso pueda que prometan “cambios estructurales” pero impulsadas desde la institucionalidad existente (le llamo, el modelo progresista de la gestión del “Estado heredado”);

3. La insurreccional del tipo de “revolución proletaria-bolchevique”, que es la fórmula clásica de las revoluciones del siglo XX para transformar el mundo (“si derrocamos a la oligarquía financiera podremos imponer o construir -desde el poder- el socialismo y/o comunismo”);

4. La “autonómica”, que propone fortalecer los procesos de organización popular (“asambleas populares auto-convocadas”, cabildos indígenas, consejos comunitarios, etc.), aprovechar el estallido social para canalizar la energía desatada hacia la construcción paciente y sistemática de “auto-gobiernos”, “contra-poderes”, “poder paralelo desde-abajo”, para acumular verdadera fuerza popular y socavar el sistema capitalista (y patriarcal, depredador, etc.), construyendo desde ahora y en la práctica nuevas relaciones sociales colaborativas que rompan con la lógica del capital.

De acuerdo a lo observado hasta ahora, en las actuales condiciones políticas y organizativas de los sectores populares de Colombia, las respuestas o lecturas 1 y 2, van a confluir y/o coincidir en ofrecer soluciones “viables”, “posibles”, que ya se están orquestando por medio de los “diálogos y conversaciones” locales y regionales entre los gobiernos y los jóvenes declarados en rebeldía.

Es posible que en el año 2022, una fórmula política progresista logre acceder al gobierno y se convierta en el instrumento temporal para ofrecer e implementar ese tipo de “soluciones”, con todas las limitaciones del caso y su papel desmovilizador.

La respuesta-lectura 3, posiblemente entusiasme a los jóvenes más emocionales, inmediatistas y cortoplacistas, pero no pasarán de ser minorías al estilo de las que entre 1960 y 1990 se lanzaron al “monte” para dirigir la insurrección y hacer la revolución armada.

Y la 4, puede captar a algunos dirigentes juveniles (y a algunos más maduros) que deberán conectarse en su praxis (práctica-teórica) con otros procesos de organización y de construcción de pensamiento crítico a nivel latinoamericano y global, para consolidar ese camino.

No obstante, la profunda crisis del sistema capitalista y de la civilización del “crecimiento material ilimitado”, será el fuego que alimentará nuevos estallidos sociales que necesariamente se irán convirtiendo en verdaderos levantamientos, que harán confluir -de una manera nueva y totalmente revolucionaria- a todas estas respuestas-lecturas y miradas descritas para diseñar y construir verdaderas soluciones.

Todo depende de qué lectura se imponga en los balances y conclusiones que se elaboren en el inmediato futuro.

Sobre el “estallido social”

Decíamos en texto anterior que este movimiento de protesta era a la vez un “paro, huelga, estallido, minga, insurrección y fiesta popular”. No obstante, pienso que el carácter principal es el de un “estallido social”. Es indudable que se produjo una “explosión”; la inconformidad y el miedo fueron superados por la indignación y la rebeldía. Durante unos días se alcanzó a desplegar una fuerza telúrica que movilizó a millones de personas en cientos de municipios, y que además, conmovió a todo un país y el mundo.   

El paro y la huelga fueron parte del acontecimiento pero fueron relativamente débiles. Sólo algunos sectores de los docentes y otros trabajadores del Estado hicieron huelga. El “paro” en algunos sectores de la producción fue obligado por los bloqueos de diverso tipo que se realizaron en algunas regiones. La Minga se hizo ver en las calles de Cali en apoyo a los jóvenes rebeldes pero terminó en un bloqueo de carretera. La insurrección fue parcial y localizada, sin dirección ni objetivo. La fiesta popular fue una realidad de arte y creatividad pero fue manchada de sangre y muerte por parte de un Estado criminal.

Tres posiciones políticas (que vienen de atrás y tienen su historia y prácticas concretas) se manifestaron durante el transcurso de estos días de protesta popular en Colombia.  

La que trató de convertir el estallido en “levantamiento popular” para tumbar a Duque. Es la visión insurreccional que intenta que todo levantamiento se convierta en una “revolución clásica”, en donde cada grupo que impulsa esa posición tiene sus propias expectativas, que van desde una revolución democrática a una socialista o comunista. Dichos sectores o grupos demostraron que no tenían ni la fuerza ni la organización para lograrlo.

La que pretendía canalizar el estallido social hacia las elecciones del año 2022. Tampoco demostró tener la capacidad para conducir el movimiento y evitar que la estrategia gubernamental de infiltración, provocación, violencia asesina y falsa negociación lograra, de alguna manera, sus propósitos de desgaste y debilitamiento del movimiento.

La que plantea como principal tarea promover el encuentro entre los diversos sectores que han venido participando en el “paro”, para iniciar un proceso de organización masiva y superar la visión inmediatista y coyunturalista que lleva a colocar como prioridad la negociación con el Estado. Esta última posición ha logrado algunos avances con la propuesta de construir las Asambleas Populares, pero todavía está en una fase inicial.

La pregunta que queda planteada es: ¿Quién o quienes canalizarán el estallido social?  Sólo el tiempo permitirá responderla.



[1] CAI: Centro de Atención Inmediato de la policía nacional.

[2] Los logros concretos del movimiento son evidentes: el gobierno retiró la reforma tributaria y la reforma de la salud fue derrotada en el Congreso; renunciaron por efecto del “paro” los ministros de Hacienda, Relaciones Exteriores y el Embajador en EE.UU.; se posicionó una agenda social en educación, ayudas a pequeños y medianos productores durante la pandemia, planes y programas de empleo para jóvenes, y otras iniciativas que el gobierno pretende liderar. Y por sobre todo, se ha hecho evidente la enorme desigualdad e inequidad que existe en Colombia y el gobierno de Duque está completamente desprestigiado a nivel interno y externo. (Nota del Autor).  


jueves, 10 de junio de 2021

Algunos logros del estallido social en Colombia

 

Algunos logros del estallido social en Colombia

Popayán, 10 de junio de 2021

Hemos caracterizado la formidable movilización social que está en desarrollo en Colombia desde el 28 de abril del corriente año (2021) como un estallido social. Son más de 42 días de marchas, plantones, concentraciones, bloqueos de vías y carreteras de diversa naturaleza e impacto, en donde la constante ha sido la represión violenta y criminal por parte del Estado, y en donde el apoyo de la población ha sido mayoritario y visible.

A pesar que el Comité Nacional de Paro (CNP) conformado por las centrales obreras, sindicatos y otras organizaciones sociales no ha suspendido el movimiento, que La Minga Indígena con sectores campesinos y cocaleros agrupados en torno al “Pacto Social”, y los Jóvenes Rebeldes en proceso de articulación en la Unión de Resistencias, han decido mantener activa la movilización callejera, es evidente que la protesta entró en una fase de agotamiento que no sabemos si en el corto plazo pueda reactivarse o vuelva a brotar más adelante.

Antes de avanzar sobre una evaluación que permita construir algunas lecciones, es necesario reiterar varios aspectos importantes sobre los logros de esta estupenda y entusiasmadora experiencia de lucha social, política y cultural que han protagonizado millones de colombianos, a fin de realizar un análisis que debe ir más allá de los balances puntuales y coyunturales.

Tal evaluación queda pendiente para futuros escritos y debe contener como mínimo una periodización del proceso de lucha con sus antecedentes, la descripción de los actores sociales y políticos protagonistas, el análisis de las actitudes desarrolladas por las fuerzas más organizadas, una caracterización más detallada de lo que llamamos “estallido social”, un balance de las estrategias impulsadas por las organizaciones políticas que influyen en el movimiento social colombiano frente a la estrategia del Estado (y de los diferentes sectores de las castas dominantes), y unas lecciones que sirvan para preparar las fuerzas populares para los nuevos retos que están encima. Todo para alimentar el necesario y fraternal debate.

Los logros

Hay que decir que el estallido social mismo es un gran logro en una sociedad que por vivir en medio de la violencia había caído en una especie de inercia y letargo. El impacto y la duración del movimiento sólo se pueden explicar por el amplio y masivo apoyo que ha tenido de gran parte de la sociedad, aún de aquellos sectores que rechazan algunas formas de lucha como los bloqueos o cierres de vías o carreteras, pero que son conscientes de las causas estructurales que han generado tal grado de inconformidad y protesta.  

Se destacan las expresiones artísticas de la juventud que están en el centro de las protestas, que en realidad son verdaderos performances y obras de arte en donde se involucran miles de personas, especialmente jóvenes y mujeres. Ha sido un fenomenal y creativo proceso de encuentro entre diferentes sectores sociales que poco a poco se está profundizando a medida que la solidaridad y apoyo ha requerido de acciones más visibles y decididas.

La forma como los logros políticos y reivindicativos han sido arrancados al gobierno sin necesidad de negociar formalmente -al mejor estilo de lo ocurrido recientemente en Chile- son aspectos a señalar y analizar, por cuanto se corresponden con la potencia del movimiento y con la diversidad y complejidad de los actores comprometidos. Es más, el estallido social alcanzó a acorralar al gobierno y colocarlo en “estado de renuncia”, pero en realidad el grueso de las personas que apoyaban la protesta no estaban interesadas en aventuras insurreccionales.

La reacción violenta del gobierno que ha incluido la acción asesina de la policía y la utilización de civiles armados (paramilitares) y que produjo más de medio centenar de jóvenes protestantes asesinados, no sólo generó una profunda crisis de gobernabilidad en el país hasta el punto de que las castas dominantes recurrieron a la militarización de las regiones y ciudades más movilizadas, sino que, trajo como consecuencia el desenmascaramiento del gobierno a nivel internacional. Ha quedado claro que este gobierno hace parte de un régimen antidemocrático y violador de los derechos humanos.

El mayor logro hasta ahora alcanzado es la conciencia adquirida en el proceso del despliegue de la fuerza popular y algunas nuevas formas de organización que están en pleno surgimiento, como son las Asambleas Populares que están proceso de construcción y organización, y que de lograr consolidarse y hacerse permanentes, podrán constituirse en los gérmenes de un verdadero poder paralelo, expresiones de una efectiva autonomía e independencia política, y en órganos de poder popular que rompan con el control institucional que ha predominado y limitado al movimiento social y político de nuestro país. 

Un recorderis pertinente

Este proceso de movilización social y política ha centrado su lucha en enfrentar al Gobierno de Duque (Uribe). No obstante, es necesario entender que estamos frente a un  Régimen criminal y mafioso. Dicho régimen debe ser caracterizado y entendido para poderlo derrotar. Por ello es necesario clarificar las diferencias entre régimen y gobierno.

El régimen político tiene que ver con el carácter del ESTADO que en Colombia es “colonial-capitalista-oligárquico”. El actual gobierno de Uribe-Duque hace parte de ese régimen pero tiene sus particularidades. Ejemplo, tiene diferencias con el gobierno de Santos, así sean mínimas.

A Duque lo controla una alianza mafiosa-terrateniente mientras que el gobierno de Santos era liderado por la oligarquía-capitalista transnacional que acepta a las mafias pero no las quiere al frente del poder político, no por pruritos o valores morales sino por intereses geopolíticos.

Es decir, el régimen político es una formación de tipo estructural-sistémico mientras los gobiernos son grupos de personas que representan clases y sectores de clase (partidos) que gestionan sus intereses desde el aparato de gobierno (responden a intereses particulares y a momentos coyunturales).

Estos aspectos de la naturaleza del Estado debemos estudiarlos más al detalle para no caer en idealismos que frustren más adelante nuestras expectativas. Es necesario, por tanto, entender que, aún si el progresismo colombiano accede al gobierno tendrá que diseñar una estrategia para convivir dentro de ese Régimen Político. Es decir, deberá desarrollar formas de socavarlo y superarlo, o de lo contrario terminaremos en un callejón sin salida.

Ese es el problema que los gobiernos progresistas y de izquierda de América Latina (y Grecia y parcialmente España) se han encontrado y no han podido enfrentar ni resolver. Es un tema a profundizar si no queremos terminar “adornando” el régimen colonial-capitalista-oligárquico con algunas flores progresistas y limitarnos a gestionar el “Estado Heredado” sin hacerle un solo rasguño al Gran Capital (dentro del cual está el capital de las mafias).

La iniciativa que el estallido social acaba de dejar sobre el escenario de lucha es que el pueblo y los jóvenes movilizados deben construir Asambleas Populares (permanentes), o sea, “poderes paralelos” (desde abajo), gobiernos autónomos, formas de organización independiente de la institucionalidad existente, para poder avanzar hacia cambios verdaderamente estructurales.

Es un  asunto que debe debatirse con toda seriedad.

jueves, 27 de mayo de 2021

Colombia: Un estallido social que nos hace soñar

Colombia: Un  estallido social que nos hace soñar

Popayán, 27 de mayo de 2021

El alzamiento popular denominado “Paro Nacional” que está en desarrollo en Colombia desde hace casi un mes, es un verdadero estallido social que se manifiesta de diversas formas.

Ha sido una verdadera explosión de creatividad rebelde -especialmente juvenil y de género- en donde el arte a todo nivel (música, grafitis, danza, performance, etc.) se convirtió en instrumento de expresión de la inconformidad que estaba contenida por el miedo y la incertidumbre.  

Es, a la vez, una huelga parcial de trabajadores del Estado; un “paro forzado” de importantes sectores de la producción debido al bloqueo de vías dentro de las ciudades y de carreteras troncales; y es una gran minga comunitaria de indígenas, campesinos y afros, en regiones de tradición de lucha como Cauca, Nariño, Huila, Putumayo, Catatumbo y otras.

Pero también es una infinidad de marchas y concentraciones de trabajadores, estudiantes y población en cientos de cabeceras municipales; y una insurrección relativamente espontánea de jóvenes valientes de barrios populares en grandes ciudades y de millares de pobladores en medianos y pequeños municipios, que le están dando vida a nuevas formas de organización.

Seguramente este acontecimiento es mucho más que la suma de todas estas formas de acción popular. Es una expresión de rebeldía de un pueblo que ha vivido en las últimas décadas (y desde siempre) en medio de diversos y agudos conflictos sociales, políticos y culturales - armados y desarmados- que influyen de una u otra manera en sus dinámicas.

Esta explosión social es resultado de un acumulado de luchas de largo aliento y otras recientes entre las cuales se destacan la Minga Comunitaria del Suroccidente y el Paro de los corteros de caña de 2008, el Paro Agrario de 2013, los Paros Estudiantiles de 2016 y 2018, y el gran Paro Nacional de noviembre de 2019, que no logró tener continuidad en 2020 por el impacto de la pandemia.

Existe un consenso general en cuanto a las causas de esta potente explosión de rebelión popular. Colombia es el país más desigual e inequitativo de la región; inmensas riquezas y grandes extensiones de las mejores tierras están en manos de unas pocas familias y grupos económicos, mientras más de la mitad de la población vive en la pobreza y la miseria.

Las castas dominantes colombianas han impuesto desde siempre un régimen criminal que combina la más abierta dictadura violenta con una institucionalidad aparentemente democrática que se basa a enfrentar pueblo contra pueblo, aprovechándose de la gran diversidad étnica y cultural que existe entre amplios sectores de la población colombiana, y en la aplicación de elaboradas estrategias para radicalizar a los sectores más avanzados, aislarlos y golpearlos.

No obstante, ese tipo de control pareciera estar agotándose por efecto de dos (2) fenómenos socio-económicos que están en desarrollo en las últimas décadas, que se han expresado con  toda potencia en el actual estallido social, y que hasta ahora no se habían manifestado debido al efecto de contención causado por la economía del narcotráfico y el conflicto armado.

Uno de ellos, consiste en el fortalecimiento económico, social y cultural de los pequeños y medianos productores agrarios (cafeteros, arroceros, paneleros, lecheros, fruticultores, cacaoteros, etc.) que han empezado a cuestionar el poder corporativo que desde finales del siglo XIX construyó la oligarquía que los sometía a ser simples productores de materias primas. Hoy ellos avizoran la posibilidad de convertirse en actores de una nueva economía que avance hacia la industrialización de sus productos, dado que la economía basada en la extracción de materias primas (petróleo, carbón, oro) entró en profunda crisis.

Y el otro fenómeno, es la aparición de una inmensa capa de “nuevos trabajadores” (el precariado o proletariado del siglo XXI) que está compuesto principalmente por jóvenes profesionales, unos asalariados y otros “emprendedores”, que son los sectores que sufren con mayor impacto tanto el desempleo como la precarización laboral, pero además, son sectores fuertemente explotados por los bancos que se apropian de su trabajo y escasas ganancias.

Estos fenómenos hacen parte de la realidad global de un mundo que no ofrece ninguna oportunidad de vida a las nuevas generaciones. Esa juventud es consciente de la quiebra moral del modelo de acumulación capitalista que sustenta una crisis civilizatoria que ha puesto a la humanidad de cabeza frente al futuro inmediato. Ellos han empezado a entender que el gran capital nos conduce a un suicidio colectivo, perciben un “no futuro” que los abruma y sienten que el riesgo de la extinción como especie es algo posible e inmediato.

Y así los jóvenes colombianos no lo expresen en sus relatos y pliegos de exigencias, lo manifiestan en sus expresiones artísticas y creativas consignas aunque todavía estén en una fase de consciencia instintiva y sensitiva. Ya avanzarán con mayor consistencia.

Sobre lo coyuntural

Algunos analistas plantean que el gobierno de Duque provocó consciente y calculadamente al pueblo con la agresiva reforma tributaria, igual a lo que hicieron con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, ante la certeza de que iban a perder las elecciones en 2022 si Colombia se mantenía en paz.

Es decir, así el estallido social sea auténtico y justo, podría haber sido provocado y manipulado para poder remplazar al “enemigo interno”. Hasta hace pocos años eran las Farc y ahora ese enemigo es Gustavo Petro, un político que se ha mostrado como un candidato presidencial imparable frente a la incapacidad de un gobierno como el de Duque.  

De acuerdo a esa perspectiva, esas castas oligárquicas están implementando un guion dirigido  a convertir la protesta ciudadana en una verdadera guerra fratricida. La combinación de infiltración, provocación, represión oficial y asonadas pagadas, estaría dirigida a radicalizar a los protestantes, aislarlos de las mayorías y golpear a las fuerzas más avanzadas.

La diversidad de actores sociales y la relativa falta de coordinación (y dirección) les habría facilitado el juego de combinar la represión más brutal con las dilatadas negociaciones para alargar el conflicto social -especialmente los bloqueos- y así agotar a amplios sectores de la población que apoyan el “paro” pero que se cansan muy rápido al tener que sufrir la inmovilidad y el desabastecimiento de alimentos, combustibles y medicinas.

Así pareciera que el gobierno empieza a ganar la iniciativa. Es posible que el bloque de poder dominante logre resultados inmediatos en cuanto a derrotar por la fuerza del terrorismo de Estado al movimiento popular pero el proceso de rebelión social que se ha iniciado no tiene reversa, como no lo tiene en América Latina y en todo el mundo. El modelo capitalista basado en el capital financiero que destruye la naturaleza, a la sociedad y al trabajo humano, no tiene salida hacia el futuro. Pero además, la civilización basada en la economía crematística y en el patriarcado, ha entrado en una fase de agotamiento y crisis sistémica.

A pesar de que esas previsiones sean posibles, no sabemos de antemano el desenlace. Si como ocurrió en Chile, los efectos de la rebelión democrática logran afirmarse en la consciencia colectiva, el pueblo colombiano derrotará en las urnas en 2022 la estrategia de guerra y de muerte implementada por la oligarquía.

Todo es posible cuando entramos en un nuevo umbral y hemos visto el miedo de frente.  
 

miércoles, 19 de mayo de 2021

Un estallido social que descubre la potencialidad popular

Un estallido social que descubre la potencialidad popular 

Popayán, 19 de mayo de 2021 

En Colombia está en desarrollo un estallido social en donde se combinan toda clase de actores sociales; salen a relucir frustraciones y aspiraciones de diverso tipo que se habían represado en el tiempo; se utilizan formas de lucha históricas y tradicionales y aparecen otras formas de expresión creativas que surgen al calor del momento, y a pesar del miedo acumulado durante décadas de violencia, pareciera estar desatándose un acontecimiento socio-político y cultural de dimensiones históricas. Todo, en medio de la pandemia. 

Es interesante identificar las diversas miradas con que se lee este acontecimiento. Cada quien interpreta el hecho con la mirada que ha construido desde antes y, por tanto, a veces es difícil captar lo que está naciendo. Cada quien quiere “vivir” en lo nuevo sin renunciar (“morir”) a lo viejo. Y allí surge un conflicto entre lo que está apareciendo y lo que está muriendo. Entre lo nuevo y lo viejo. Y en ese ejercicio es importante lograr ver cómo lo nuevo se retroalimenta de lo viejo y cómo lo mejor de lo viejo se convierte en lo mejor de lo nuevo. Pero también, puede ocurrir lo contrario y entramos entonces en el “eterno retorno”. 

De acuerdo a mi lectura -que puede estar equivocada- nuestro estallido social tiene formas rebeldes y creativas pero su contenido formal es de tipo reivindicativo y reformista. Tiene un trasfondo anti-sistémico, de rebelión anti-patriarcal, de insurgencia juvenil y de género, de incertidumbre por el futuro (crisis ambiental, económica, moral, consumismo, etc.), pero ese trasfondo está allí semioculto, se expresa en formas artísticas, en gestos y señales, pero no se manifiesta como contenido concreto y actuante del estallido social. 

Una mirada positiva del momento 

A pesar de los asesinatos de jóvenes, de las violencias desatadas y provocadas por el mismo Estado y Gobierno, el Estallido Social está logrando avances sustanciales que deben valorarse. 

No valorar los triunfos que se van logrando lleva al desespero y a la aventura. 

Duque ha tenido que ceder en puntos importantes y va a tener que ceder mucho más, porque ha cometido demasiados errores. Lanzar su aparato represivo contra el pueblo y asesinar tantos jóvenes, ha sido uno de sus más graves yerros. 

Ellos, Uribe y Duque, no midieron el apoyo popular y ciudadano que tiene el movimiento y, tampoco, han contemplado el contexto internacional que lo tienen en contra. Biden, ONU, UE, los tienen en la mira. 

Duque ha tenido que ceder en aspectos importantes para el momento. Retiró la Reforma Tributaria, renunció a Carrasquilla y la Blum, aprobó -así sea parcialmente- la matrícula cero, y en lo de la reforma de la salud ya le tiró toda la responsabilidad al Congreso. 

Y lo más importante, aceptó negociar. 

Pueda que su intención sea desgastar y seguir desatando la violencia para generar un caos mayor y provocar a algunos sectores que participan del movimiento de protesta para intentar una salida de fuerza (conmoción interior o golpe de Estado). 

Creo, desde mi perspectiva, que eso ya no es posible. No han logrado posicionar la idea de que el estallido social está dirigido por el "castro-chavismo" (o "petro-madurismo") y que hace parte de un complot internacional. 

Esa idea solo se la creen ellos. 

Y es por ello que las fuerzas democráticas deben ser las mayores defensoras de la precaria institucionalidad existente. Hay que obligar a Duque -en medio de su debilidad y torpeza- a que termine su mandato. 

Querer tumbarlo solo sería una torpeza al mejor estilo de Guaidó. 

Uno de los aspectos más importantes a resolver en esas negociaciones es la reforma de la Policía y la investigación de los asesinatos realizados por la fuerza pública en este último año. 

Para ello se debe conformar una Comisión Especial con participación de la Comunidad Internacional como lo han propuesto una serie de personalidades. 

De resto, creo que vamos entrando en una fase de desenlace positivo para nuestro pueblo, en donde un gobierno débil puede ser instrumento para aislar a Uribe y a sus secuaces. 

Es claro que el ministro de “defensa” Molano y su general Zapateiro deben salir del gobierno. 

Convertir los bloqueos en Asambleas Populares 

Para seguir avanzando en esta especie de “guerra de posiciones” que el gobierno ha planteado, en donde ha surgido una situación de “dualidad de poder”, los bloqueos de carreteras se van convirtiendo en un problema para la continuidad y fortalecimiento del estallido social. 

Se ha venido planteando que esta forma de lucha (bloqueos) puede transformarse sobre la marcha en Asambleas Populares en barrios y comunas, veredas y corregimientos, municipios y departamentos, que tiendan a convertirse en expresiones de “poder popular”. 

Dichas asambleas populares pueden desarrollar tareas importantes: 

- Integrar a la lucha a nuevos contingentes de la población para realizar en forma periódica masivas concentraciones en las ciudades que mantengan la presión sobre el gobierno sin afectar la movilidad y el abastecimiento de alimentos, medicinas, combustible, etc. 

- Constituir organismos populares de carácter “constituyente” o formas iniciales de un “contrapoder” que sea garante del cumplimiento de los acuerdos que se logren en las negociaciones con el gobierno o de los logros que se conquisten sobre la marcha independientemente de la forma como el gobierno las conceda. 

- Darle continuidad al estallido social hacia el futuro como expresión organizada del encuentro entre los más diversos sectores que apenas se conocen y que pueden trazarse multiplicidad de acciones sociales, políticas y culturales para materializar los sueños de cambio que han surgido en medio de esta lucha y fiesta popular. 

- Proyectar hacia el futuro transformaciones de mayor calado que son necesarias para garantizar que los logros del “paro” nacional no se queden en el papel.

jueves, 22 de abril de 2021

Petro y Bateman, dos momentos y una continuidad

Jaime Bateman y Gustavo Petro

Petro y Bateman, dos momentos y una continuidad

Popayán, 22 de abril de 2021

La pasada semana pasó sin pena ni gloria el 19 de abril. Este año no fue una fecha muy recordada ni conmemorada. Fue el día de 1970 que la oligarquía colombiana ejecutó un fraude monumental contra el exgeneral Gustavo Rojas Pinilla, candidato de la Alianza Nacional Popular ANAPO, partido político que fundó en compañía de su hija María Eugenia.

Pero también fue el día escogido por Jaime Bateman y un grupo de revolucionarios soñadores que en 1974 lanzaron el Movimiento 19 de abril (M-19) con una campaña publicitaria muy particular promoviendo un veneno para “matar ratas”. Fue una guerrilla urbana que realizó acciones espectaculares para hacer una pedagogía política bastante eficaz para su tiempo.  

En este corto artículo se rememora ese momento y sobre todo se recuerda la personalidad de su fundador y principal ideólogo político, Jaime Bateman, para relacionarlo con el momento actual y buscar la continuidad de ese proceso en Gustavo Petro, principal dirigente de la Colombia Humana, quien fue militante de ese movimiento siendo casi un adolescente.

El momento -como siempre- era de lucha y auge popular. Eran tiempos de luchas campesinas e indígenas en los territorios y de obreros en las ciudades. La ANUC estaba al frente, en 1971 se había fundado el CRIC, se fortalecía FECODE y se avanzaba con el “sindicalismo independiente” hacia la fundación de la CUT. En 1977 se realizó el gran paro cívico nacional.

En ese marco apareció el M19 siguiendo el estilo y formas de las guerrillas urbanas de Uruguay, Argentina y otros países, como los Tupamaros y los Montoneros. Sin embargo, esta “guerrilla” tenía unas particularidades únicas: no levantaba un programa socialista sino democrático; no se alineaba con la URSS o China sino que se deslindaba levantando un programa nacional-popular; no llamaba a la guerra sino a la paz y al diálogo.

En 1990, luego de más de una década de lucha -con aciertos y errores- el M19 logra un acuerdo de paz con el gobierno de Virgilio Barco, se desmoviliza y se integra a la lucha por transformar a Colombia aceptando participar con las reglas de un Estado que se define como una “democracia restringida”. Ese proceso de paz al que se suman otras pequeñas guerrillas, es el detonante para la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente en 1991.

A partir de ese momento la lucha política en Colombia cambia de escenario. Bateman había muerto misteriosamente en 1983, la oligarquía durante esos años asesinó a miles de militantes de la Unión Patriótica y a 4 candidatos presidenciales importantes (Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa, Luis Carlos Galán y Carlos Pizarro), pero a pesar de todo, las fuerzas democráticas insistieron y se aprobó una nueva Constitución como un pacto de paz.

Más allá de sus posiciones políticas, que para su tiempo fueron precursoras y de avanzada democrática, lo que caracterizó a Bateman fue su gran sentido de la oportunidad histórica, sus esfuerzos por conectar con la mentalidad y las necesidades de la gente, su irreverencia costeña, su espíritu democrático y la alegría revolucionaria que trasmitía, y por sobre todo, su sentido práctico para generar organización “no burocrática”.

Quien tuviera una idea o un plan interesante, relativamente viable, que más o menos se correspondiera con los objetivos y metas propuestas por el M19, recibía tanto del “comandante Pablo” como de los demás dirigentes un “¡Hágale hermano!, pero tenía la obligación de hacerse responsable de la tarea hasta sus últimas consecuencias. Así construyó Bateman una organización que más que en ideas se apoyaba en una fuerte y efectiva “red de afectos”.    

En 1980 Bateman a la cabeza del M19 lanzó la iniciativa del “diálogo nacional”. Dicho diálogo fue rechazado por el grueso de la oligarquía y las guerrillas “comunistas” no entendieron ese mensaje/estrategia, como tampoco lo comprendieron cuando esa “conversación nacional” se realizó -parcialmente- al calor de la asamblea constituyente.

Gustavo Petro en lo fundamental se ha mantenido dentro de esa línea. Tal vez no ha logrado construir una organización nacional como lo fue el M19 pero ha ayudado a desencadenar un movimiento popular que poco a poco va cuajando alrededor del Pacto Histórico que se ha convocado, y que se está impulsando y construyendo. La esencia del “diálogo” es igual pero ahora el “pacto” tiene claramente identificados a quienes no podrán ser parte del mismo.

Hoy el momento es diferente al que protagonizó el M19 pero las tareas centrales son las mismas. Si se observa hacia atrás con una mirada crítica pero realista, podríamos decir que finalmente los sueños y la estrategia planteada por Bateman -después de 4 décadas de haberse propuesto- tiene todas las condiciones para empezar a materializarse.

Si el Pacto Histórico se retroalimenta de los frustrados “diálogos nacionales y regionales” que se han realizado en el pasado, y si no se asume como una tarea definitiva o como una meta final, sino como un proceso que se irá desarrollando en el tiempo (más allá del ejercicio electoral o de las ejecutorias de un gobierno), es muy seguro que después de tantas frustraciones y violencias, el pueblo y la sociedad colombiana aprendan a dialogar y a avanzar en paz.

Seguramente Jaime Bateman Cayón si estuviera vivo diría… ¡Palabra que sí!

E-mail: ferdorado@gmail.com /  

 

martes, 20 de abril de 2021

¡Larga vida y salud para Gustavo Petro!

¡Larga vida y salud para Gustavo Petro!

Por Rafael Alban (abril de 2021)

A mis viejos amigos de la vieja guardia marxista que saltó a la vida política con el movimiento estudiantil de los años 70s, no les gusta ni les ha gustado nunca Gustavo Petro. Si alguna vez han tenido que votar por él lo han hecho a disgusto y obligados por las circunstancias. Pero Petro no es santo de la devoción de  la izquierda ortodoxa, aquella que sentó de una vez y para siempre la estrategia de la revolución colombiana: el Partido, el Frente Popular, el Ejército del Pueblo y adelante con la guerra popular y prolongada hasta la victoria final. Como las cosas no salieron así, están convencidos que no nos equivocamos nosotros sino que se equivocó la Historia.

La principal acusación que el marxismo ortodoxo le enrostra a Gustavo Petro es que es un caudillo que desprecia las instancias organizativas y es por lo tanto un déspota antidemocrático que concentra en su propia persona todo el poder y la representación de la Colombia Humana. Recuerdan con razón la tragedia de la desaparición de Gaitán y la histórica frustración que eso significó para los anhelos de paz, justicia y democracia del pueblo colombiano.

La esencia del marxismo es "el análisis concreto de la situación concreta". Nada más lejos del marxismo que los dogmas y las fórmulas de aplicación universal e infalible. Eso es lo que han olvidado nuestros viejos bolcheviques: que no estamos en Dinamarca sino en Cundinamarca. Olvidan que américa latina es un continente de apenas 500 años, que fue conquistado y sometido a sangre y fuego por la espada y la cruz, y que desde un principio se estableció en nuestro suelo una radical división entre españoles e indios, entre amos y esclavos, entre indios tributarios y encomenderos, entre criollos y chapetones, entre realistas y patriotas, entre centralistas y federalistas, entre bolivarianos y santanderistas, entre Gólgotas y Draconianos, entre godos y liberales... es decir que nuestra historia ha sido un proceso ininterrumpido de exclusión, negación y eliminación del otro, donde ha primado la confrontación y no el consenso, donde nunca se ha experimentado la democracia y donde la polarización es el método que han usado las clases dominantes para dividir al pueblo y mantener mediante la violencia su poder. ¿Qué otra cosa más que el caudillismo podía producir América Latina, una tierra de caudillos militares y gamonales?

Trasplantamos acríticamente a nuestros nacientes países la teoría del partido político del proletariado -la más alta expresión de la organización política de clase- a naciones en formación, semifeudales, donde nunca existió el proletariado como clase para sí, con conciencia de su rol histórico como liberadora de todas las clases y de la construcción de un Estado popular. Olvidamos que nuestros pueblos nunca tuvieron la experiencia histórica de los pueblos europeos, con sus guerras religiosas, sus imperios y sus luchas contra el absolutismo de los reyes y por la democracia. Es decir, olvidamos la experiencia histórica de los pueblos europeos en la construcción del capitalismo y la democracia. Olvidamos que en nuestra américa nunca hubo un Aristóteles ni un Copérnico ni un Martín Lutero ni un Diderot, y por lo tanto nunca se formó en nuestros pueblos la experiencia de luchas y la conciencia política que nos permitieran dar el salto cualitativo hacia la construcción de una conciencia democrática de la soberanía popular. ¿Qué otra cosa que caudillos podrían surgir en estas condiciones?

Sí, Gustavo Petro es un caudillo, pero es NUESTRO caudillo. Es lo que ha producido nuestra Historia, que casi nunca se somete al dictamen de las ideologías. Gustavo Petro no tiene partido sino caudas, no convoca militantes sino electores, se enfrenta el solo como un superhéroe, contra las fuerzas coaligadas del establecimiento y el narco-paramilitarismo (hoy en el poder) en una lucha titánica y temeraria que nuestro pueblo educado en la promesa de un mesías identifica como su salvación.

Pero el liderazgo de Gustavo Petro no ha surgido por casualidad. No olvidemos que surge a la vida política en la ANAPO, el partido del dictador y caudillo militar Rojas Pinilla. Recordemos que la consigna del M-19 era  "Con el pueblo, con las armas, con María Eugenia al Poder". El M-19 nunca emprendió la tarea de construcción de partido, dada la diversidad de vertientes ideológicas que convergieron en su alzamiento y rebeldía. Pero Petro fue más allá: emprendió una lucha en solitario contra la parapolítica y logró a base de tesón, de inteligencia y valentía asestarle históricos golpes a la oligarquía que desde entonces lo señala como su máximo enemigo. El debate parlamentario de Petro contra la parapolítica es comparable al debate de Jorge Eliecer Gaitán contra la Masacre de las Bananeras. En ambos casos el pueblo identificó a un líder valeroso y comprometido con sus anhelos y capaz de hacerlos realidad. Nació el caudillo, y con él el pueblo dio un paso de gigante en la identificación y comprensión de sus tareas históricas.

Luego vino la Alcaldía de Petro en Bogotá y con ella la santa alianza de todas las fuerzas del establecimiento y de la reacción para hacerle imposible gobernar la capital. Pero Petro demostró que es posible gobernar con la gente y para la gente. Y en esta lucha de Petro contra la oligarquía el pueblo lo acompañó, se movilizó en defensa de la Bogotá Humana y logró derrotar todas las perfidias y felonías de los enemigos del Alcalde. El resultado de esta confrontación histórica fue el rompimiento definitivo del pueblo bogotano con los partidos del establecimiento y la consolidación de Petro como el líder nacional en que el pueblo ha cifrado sus esperanzas.

La campaña presidencial del 2.018 fue el despertar histórico de la voluntad y posibilidad de poder del pueblo colombiano. Las caudalosas manifestaciones, la claridad del mensaje y el entusiasmo fervoroso de las masas populares hacían presagiar una victoria, que hoy sabemos que obtuvimos pero que fue escamoteada por la corrupción de los políticos y el dinero de las mafias.

Somos ocho millones de votos en la Colombia Humana, una fuerza formidable a pesar de que nos asesinen sistemáticamente a nuestros líderes sociales. Una fuerza inatajable que crecerá con la crisis de ingobernabilidad y corrupción que carcome las bases mismas del establecimiento.

Todos los caminos conducen a Petro a la presidencia en el 2.022. Colombia será azotada por una crisis sin precedentes que afectará todas las relaciones sociales y económicas y que obligará a un gran timonazo en la conducción nacional.

Al frente de ese proceso estará Gustavo Petro como personero y representante de los más caros anhelos nacionales. Petro es la esperanza de los excluidos y olvidados de nuestro pueblo. Por eso la salud de Petro es la salud de la patria y de la paz.

¡Larga vida y salud para Gustavo Petro!

miércoles, 14 de abril de 2021

Las elecciones en Ecuador-Perú y el progresismo en Colombia


Las elecciones en Ecuador-Perú y el progresismo en Colombia 

Popayán, 14 de abril de 2021

El pasado 11 de abril se realizaron las elecciones presidenciales en Ecuador y Perú. Muchas lecciones se pueden sacar de esos procesos electorales y políticos. Lo ocurrido en esos países ratifican varias tendencias que se han observado en el mundo y ocurren en Colombia.

Los llamados “partidos políticos” se han convertido en “cascarones” que aúpan diversas tendencias y liderazgos. La revolución tecnológica y de las comunicaciones ha creado condiciones para que surjan nuevas formas (precarias) de acción política. Los dirigentes construyen su “identidad personal” y buscan el favor de los electores en forma directa sin pasar por el partido u organización.

El debilitamiento organizativo de los partidos hace que la Ideología y los Programas Políticos sean difusos, eclécticos y hasta incoherentes. La acción política se ha “banalizado” y “precarizado”, la forma se impone sobre los contenidos y el espectáculo electoral anula o minimiza los principios y los propósitos programáticos. Tanto en Ecuador como en Perú se observa ese fenómeno.

Los “dirigentes” y candidatos que han triunfado con ocasión de esta situación se comportan más como “payasos” que como políticos formados; ello explica las elecciones de Trump, Bolsonaro, Bukele, Duterte, etc. Ante el deterioro de la calidad de los candidatos y gobernantes surge la proliferación de aspirantes como ha ocurrido en esos países y sucede en Colombia.

Toda esta situación le sirve al Gran Capital que utiliza “mandaderos” de todos los colores para administrar la “renta pública” y distraer a la gente, mientras el verdadero Poder Financiero hace y deshace a todo nivel (como se ha hecho evidente con la Pandemia). Sin embargo, al final la calidad tiene que imponerse y nuevas formas de acción política tendrán que desarrollarse en donde se combine la fuerza organizada “Desde Abajo” con la acción política en los ámbitos institucionales.

Las elecciones de Ecuador-Perú y las lecciones para Colombia

Lo ocurrido en los países vecinos lleva a hacer algunas comparaciones que deben tener en cuenta las particularidades de cada país y sirven como ejercicio diferenciador. Veamos:

1) Lo ocurrido en Ecuador ya pasó en Colombia en 2018. Es una lección aprendida de cómo las fuerzas democráticas no tienen por qué dejarse llevar a una confrontación “suicida” mientras descuidan al opositor principal (acá Uribe, allá Lasso y Fujimori).

Así Petro, que en nuestro caso es una especie de Yakú Pérez y Andrés Arauz combinados, porque es un progresista que ha construido un programa anti-extractivista, plurinacional y anti-patriarcal, no tiene por qué depender de acuerdos con el “centro” que ha empezado a ser un “centro-derecha” sino impulsar su política con toda decisión y sin temores.

2) Las elecciones del 2022 en Colombia se parecen a las de Perú y Ecuador en la cantidad de candidat@s y tendencias dado que esa multiplicidad de aspiraciones han surgido por el vacío de poder que se ha presentado en estos países. En Colombia porque “el que dijo Uribe” (Duque) es un gobernante torpe e infantil, en Ecuador pasó algo similar con Lenin Moreno (“el que puso Correa”), mientras que en Perú la sucesión de destituciones ha hecho que muchos políticos se pregunten: “Si todos estos tipos han podido ser presidentes... ¿por qué yo no?”.

3) Comparando con el Perú, Petro -más o menos- se puede asimilar a la sumatoria de Pedro Castillo y Verónica Mendoza. No obstante, hay que tener en cuenta que en Colombia las derechas están más desgastadas y el progresismo de izquierda tiene un mayor espacio ganado en los últimos años.

4) La diferencia con Perú (o similitud) es que acá en Colombia la primera vuelta (que se ha convertido en un filtro de candidatos) se va a realizar en 2 fases: una, será en la consulta inter-intra-partidista programada para marzo/22, y la otra, que es la propia primera vuelta en mayo/22.

Este breve ejercicio tiene que ver con la naturaleza de las tareas que Petro y quienes se están sumando al Pacto Histórico debemos impulsar. Si se parte de entender que estamos en un “nuevo momento político” diferente al de 2018, debemos concentrarnos en hacer conocer la verdad sobre el candidato progresista y desmontar las mentiras que se dicen sobre él.

Esa es la tarea central: hacer conocer el programa y las ideas formuladas por Petro y retroalimentarlas (aterrizándolas en cada región y/o localidad) en el intercambio con las gentes.

Por todo lo anterior, Petro no se debe incomodar porque surjan otras candidaturas de género, etnia o sector social. Incluso, él puede estimular con toda tranquilidad la aparición de ese tipo de aspiraciones porque esos esfuerzos y ejercicios electorales -a la hora de la verdad- le suman en vez de restarle.

Es otra forma de construir el Pacto Histórico sin acudir a acuerdos burocráticos con fuerzas que -como se demostró en 2018- están más cerca de las derechas que del progresismo y de las izquierdas. Petro puede comportarse desde ahora como un gran estadista. Tiene todas las condiciones, formación teórica y experiencia, para ser un presidente con gran liderazgo regional y mundial.

miércoles, 7 de abril de 2021

Dos momentos, dos procesos: Gaitán y Petro

Dos momentos, dos procesos: Gaitán y Petro

Popayán, 7 de abril de 2021

El próximo 9 de abril se cumple el 73° aniversario del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Desde 1936 los terratenientes habían desatado una violencia sistemática contra los campesinos colombianos con ocasión de la ley 200 que fue una tímida reforma agraria aprobada por el gobierno de Alfonso López Pumarejo. Allí tenemos los orígenes de la violencia que aún hoy sufrimos.

A partir de ese contexto realizamos una reflexión histórico-política que relaciona dicho momento con la situación actual que vive Colombia en 2021. Revisamos esa historia para identificar semejanzas y diferencias pero, principalmente, para aprender de los acciones de los actores sociales, colectivos e individuales, que protagonizaron tales hechos.

Sabemos que es una apuesta arriesgada por todo lo trágico y dramático que hay detrás de esa historia, y porque de inmediato surge el riesgo de la repetición histórica, el miedo a que el ciclo se repita y el pueblo colombiano tropiece con la misma piedra. ¡Nos arriesgamos!

Los momentos electorales: Gaitán y Petro

Hemos afirmado que Colombia vive un “nuevo momento político” de cara a las elecciones de 2022. El político progresista Gustavo Petro hoy es un candidato viable y fuerte para la Presidencia después de realizar un ejercicio importante en 2018, en donde la casta dominante ayudada por el llamado “centro” no solo trampeó esa elección mediante el fraude y la compra de votos sino que usó la fábula del “castro-chavismo” para meterle miedo a la población.

De igual manera, después de 1946 Jorge Eliécer Gaitán se proyectaba como futuro presidente de Colombia al frente ya no sólo del partido liberal sino de un movimiento antioligárquico. Ese hecho ocurría después de que la oligarquía utilizó al político de origen libanés Gabriel Turbay, con un historial importante dentro del partido liberal y en la gestión gubernamental de la época, para dividir a las fuerzas liberales y facilitarle la elección al partido conservador.

En ambos casos los dos líderes populares (Gaitán y Petro) logran construir un electorado propio y se convierten en el objetivo a derrotar. Gaitán no sólo se había “apropiado” del partido liberal sino que contaba con seguidores dentro de los conservadores. Y ahora, Petro con su propuesta de Pacto Histórico ha empezado a construir una coalición de amplio espectro social y político que atrae a dirigentes y electores de diversos sectores y se convierte en una alternativa cierta de poder.

Los personajes y sus luchas: Petro y Gaitán

En ambos casos, tanto Gaitán como Petro, construyeron un liderazgo nacional durante un largo período de luchas políticas y sociales con base en una permanente acción proselitista y en una preparación teórica y conocimiento de la realidad. El primero se destacó desde cuando en el Congreso de la República denunció con valentía y brillantez la “masacre de las Bananeras” (1928), y el segundo, cuando enfrentó a los políticos vinculados, perpetradores y promotores de los grupos paramilitares durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez (2006-7).

En forma similar, Gaitán y Petro, son políticos con características particulares que los distancian de las fuerzas tradicionales, tanto de derecha como de izquierda. Gaitán tenía ideas socialistas, se identificaba con los trabajadores, campesinos y sectores oprimidos, pero no compartía la deriva autoritaria que había hecho carrera en la Unión Soviética. Esa posición y su forma de liderar, que era calificada de caudillista, hizo que los comunistas de la época no solo lo vieran como un rival sino que lo convirtieron en un verdadero enemigo.

Así mismo, Petro en la actualidad propone desarrollar el capitalismo para sacar al país de la premodernidad pero, a la vez, impulsa la democratización de la propiedad de la tierra y la industrialización del proceso productivo. En ello, se plantea superar la economía extractivista y enfrentar el cambio climático. No pretende instaurar el socialismo y llama a construir una efectiva e incluyente democracia. También muestra un liderazgo arrollador, algo personalista, se ha mostrado hasta ahora incapaz de generar una organización fuerte y estable, y se ha enfrentado en diversos momentos con las fuerzas tradicionales de izquierda, que le piden ser más vertical frente al gobierno de los EE.UU. y le cuestionan, como hicieron los comunistas con Gaitán, ciertas veleidades y acercamientos a políticos tradicionales (Santos).

Las dos coyunturas históricas: 1930 y 1991

Lo más interesante de este ejercicio tiene que ver con la coyuntura histórica que vivió Gaitán y la que hoy protagoniza Petro. Es importante anotar antes de avanzar que si el análisis se centra únicamente en el comportamiento de los partidos y/o movimientos o en las acciones, cualidades y defectos de los dirigentes, las conclusiones siempre serán una distorsión de la realidad. Es decir, si no se ubican los actores individuales en el contexto de la lucha de clases y en el marco de la dinámica de los movimientos sociales, ello no servirá para orientar la acción actual.

Veamos entonces algunas coincidencias y similitudes de esas coyunturas de los años 30-40s del siglo XX y en la de los años 90s e inicios del XXI. También trataremos de precisar las diferencias. La primera gran coincidencia consiste en que tanto Gaitán como Petro son fruto de procesos sociales y políticos en donde una hegemonía política es derrotada. En 1930 se oficializa la caída de la hegemonía conservadora ante el empuje principalmente de las masas obreras y la rebelión de sectores indígenas y campesinos en su lucha por la tierra y sus derechos.

Igual ocurre en 1991, en donde la hegemonía de los partidos tradicionales del Frente Nacional entra en crisis y esas agrupaciones políticas se ven empujadas a promover algunos cambios presionados por los numerosos paros cívicos, movilizaciones sociales y el actuar de la insurgencia, que por entonces todavía no se había degradado políticamente en medio de un conflicto que posteriormente fue permeado por el narcotráfico y por los intereses de las empresas transnacionales que poco a poco instrumentalizaron la guerra en su beneficio.

En 1930 el partido liberal representaba -en cierto grado- a una débil y vacilante burguesía que intentó tímidamente enfrentar a los grandes terratenientes y liderar a los sectores populares para modernizar el Estado. No obstante, los capitalistas de entonces no tenían la fuerza social y política para liderar una verdadera “revolución en marcha” (dixit López Pumarejo), y lo que intentaban en verdad era impedir que los trabajadores y campesinos (indígenas, negros y mestizos) pudieran desarrollar un proyecto político propio.

Un buen instrumento para cumplir esa tarea fue el partido comunista que orientado desde Moscú aplicaba la política de los “frentes populares”, o sea, de alianza entre los trabajadores y las burguesías “antifascistas”. Gaitán se deslinda de esa política. Él había observado cómo los principales dirigentes del Partido Socialista Revolucionario PSR (Tomás Uribe Márquez y otros) habían sido relegados y estigmatizados como “anarquistas” por negarse a ir a la cola de la burguesía y por ello intenta crear su propio partido UNIR. No logra ese propósito debido a que el grueso de la población rural se mantenía bajo el control de los partidos tradicionales, especialmente en las áreas de mayor desarrollo económico en donde los terratenientes y comerciantes habían construido formas de control corporativo en alianza con la iglesia y los gremios productivos (ejemplo, la Federación Nacional de Cafeteros fundada en 1927).

En cambio, y allí está la gran diferencia con la época actual, en estos tiempos el control social y político de la oligarquía está resquebrajado y sólo se sostiene con la política de miedo que encabeza Uribe apoyándose en los errores de la insurgencia armada. La urbanización del país ha hecho que aparezcan nuevos sectores sociales en las grandes ciudades que es lo que ha permitido que surjan fuerzas políticas independientes de los partidos tradicionales y que éstas, a pesar de la política de miedo, estén hoy en plena expansión y fortalecimiento como se puede comprobar revisando las elecciones de los últimos años.

En este análisis es importante recordar que la débil y vacilante burguesía industrial que sobrevivía en los años 80s del siglo pasado (XX) es totalmente derrotada y hasta desaparecida por la aplicación de las políticas neoliberales. La gran paradoja consiste en que es el hijo del burgués que encabezaba la “revolución en marcha” de la época de Gaitán quien le da la estocada final a la clase social que lideraba su padre (Alfonso López Pumarejo) en la anterior coyuntura. Él es el gran diseñador de la política neoliberal en Colombia y el promotor de la alianza con las mafias narcotraficantes. Es el gran enterrador de los restos de la “burguesía nacional”. No es otro que Alfonso López Michelsen.

Es decir, en 1930 la burguesía industrial de Colombia está un poco a la ofensiva, en crecimiento y tratando de ocupar su lugar político. Por el contrario, en 1991 esa clase social es derrotada, es subordinada y absorbida por los capitalistas transnacionalizados (muchos de los cuales son a la vez grandes terratenientes), que lo hicieron privatizando y saqueando las empresas estatales y nacionales que se habían construido en la fase anterior con los esfuerzos de millones de colombianos, y además, sin ningún rubor fortalecen sus bancos con los dineros del narcotráfico.

Una aproximación al momento actual

Hoy la nación colombiana no tiene futuro en manos de la oligarquía que se sostiene a punta de violencia, corrupción, alianzas mafiosas y entrega de la riqueza al gran capital global. Desde los tiempos de Gaitán la burguesía colombiana mostró su incapacidad para liderar un proyecto nacional y fue cómplice del asesinato del caudillo popular en 1948, acción planificada desde el imperio estadounidense que tuvo la aprobación del conjunto de las castas dominantes. Por ello la gran tarea sigue siendo la “restauración moral de la república” que impulsaba Gaitán.

El drama descrito por Gaitán en la siguiente cita sigue siendo vigente: “En Colombia hay dos países, el país político y el país nacional, el país político que piensa en sus empleos, en su mecánica y en su poder y el país nacional que piensa en su trabajo, en su salud, en su cultura, desatendidos por el país político. El país político tiene rutas distintas a las del país nacional. ¡Tremendo drama en la historia de un pueblo!”[1].

Durante estos 73 años el país sufrió un conflicto armado promovido e instrumentalizado por el imperio y la alianza burgués-terrateniente en el poder, mientras los sectores populares no lograban construir procesos y liderazgos que se propusieran un proyecto de nación que le ofreciera a los sectores productivos y a los trabajadores del campo y de la ciudad, una vía para construir una base económica propia, industrializada, moderna, con visión ecológica, en democracia y en paz.

Ese ideal que era el mismo de Jorge Eliécer Gaitán hoy se está concretando en cabeza de Gustavo Petro.

Conclusiones por desarrollar

  •  Petro pareciera transitar por caminos similares a los de Gaitán pero tiene mejores condiciones para construir un proyecto independiente de los partidos tradicionales. ¡Hay que hacerlo bien, sin ambigüedades y sin sectarismo!
  • El alzamiento popular de corto plazo, sin sujeto social cohesionado y sin conducción política que protagonizó el pueblo colombiano después del asesinato de Gaitán, demuestra que se hace necesario ir más allá de la estructura y de la práctica electoral. ¡Hay que derrotar las visiones cortoplacistas y coyunturalistas!
  • La crisis actual no es sólo de los partidos tradicionales sino de toda la sociedad colombiana y de la humanidad en general, como lo demuestra la actual pandemia. Por ello, se requiere que el Pacto Histórico propuesto por Petro sea concebido y construido con los mejores hombres y mujeres de esta nación. Si logramos hacerlo estaríamos dándole continuidad y concreción a los sueños de “un hombre que era un pueblo”[2].



[1] Alocución de Gaitán el 20 de abril de 1946 en el Teatro Municipal de Bogotá.

[2] “Yo no soy un hombre, soy un pueblo”, frase que utilizaba Gaitán en sus discursos.