sábado, 29 de junio de 2019

Lo real, lo complejo y lo concreto


Lo real, lo complejo y lo concreto


Popayán, 29 de junio de 2019

Toda realidad es concreta y singular

Las teorías son sólo aproximaciones

Puntos de apoyo o bastones

Para aproximarnos y no tropezar torpemente con ella



Sin embargo...para introducirse en su concretud

Para sorprenderse con su complejidad y belleza

Tenemos que transformarla

Enfrentarnos con ella y sufrir...



Y no es fácil... es muy difícil

La realidad es monstruosa y agresiva

Especialmente porque siempre la provocamos

Con nuestra ignorancia y estupidez



Sólo cuando aceptamos la complejidad

Cuando nos arriesgamos a enfrentar la realidad

Sin prejuicios y verdades absolutas

Ella nos trata bien y nos premia con amor.


lunes, 24 de junio de 2019

El autismo y el desatino controlado

Ritual del pueblo Yoeeme o Yaqui

El autismo y el desatino controlado

Popayán, 24 de junio de 2019

Hay que ser un autista para tratar de ser cuerdo en el mundo actual. Es tal la cantidad de información que nos bombardea a diario y la velocidad en la que aparentemente se mueve la gente, que si no colocamos una barrera consciente que nos facilite regular el contacto con ese alocado mundo, terminamos actuando como verdaderos idiotas.

El autista parece un idiota, pero no lo es. El autista tiene un filtro mental que le impide desarrollar relaciones “normales” con los demás. Es una ventaja. Ellos piensan fija y obsesivamente un problema hasta encontrar una solución o realizan una actividad hasta terminarla. El idiota actual (la mayoría de nosotros), vive pendiente de todo y se relaciona con todo, pero ni piensa ni actúa con cabeza propia. Es un verdadero autómata.  

Un antropólogo irreverente no reconocido por la academia tradicional, de nombre Carlos Castaneda, apoyándose en la forma de pensar del pueblo Yaqui (norte de México y sur de los EE.UU.) recomienda perfeccionar el uso del “desatino controlado” para poder soportar los retos de la vida. Es el arte de entender que todo es valioso, pero nada es importante.

¿Cómo hacerlo? Primero, entender que la vida en sociedad es una estafa permanente. Todos mentimos y dejamos que nos mientan para poder sobrevivir. Es el mundo de la hipocresía legalizada por normas sociales. Desde niños nos adiestran para aceptar lo que los adultos nos imponen. Los padres aparentan ser felices para no traumatizar al niño, y por ese camino, todos terminamos aceptando como regla general unas relaciones esquizofrénicas.

Hay que comprender lo que es el éxito, palabra peligrosa que viene de “exit” que, en inglés, significa “salida”. El éxito es la ilusoria fuga del mundo de la gente “media” o “mediocre”, por no decir, fracasada. Para lograrlo hay que aceptar las reglas, saber representar el papel para que otros se sientan reflejados en el actor (o actriz) y atenúen sus frustraciones con el triunfo del otro, que lo asimilan como propio. Y de paso, se organizan enormes negocios, la gran mayoría verdaderas estafas, con base en necesidades creadas y manipuladas.  

Ese mundo, basado en la necesidad de enriquecimiento individual (crematística) no va a cambiar fácilmente y tiende a la autodestrucción. Mucha gente vive de él, vive contenta con esa farsa y lo defiende a muerte. Por ello, se requiere el segundo paso del desatino controlado. Implica aceptar esa realidad que nos impone cantidad de situaciones que no son importantes pero que debemos aceptar para poder actuar con sentido de “lo valioso”.

El tercer paso es actuar, sin juzgar, sin desechar a ninguna persona, sin creernos por encima de nadie, y desarrollar los máximos esfuerzos por hacer lo correcto, lo indispensable, lo necesario, lo realmente importante. Y para poder soportarlo, genuinamente, hay que asumir en serio la vida, pero no tan en serio al ser humano. Y para lograrlo, debemos ser “guerreros”.

No es fácil. Hay que empezar por dejar de mentirnos a nosotros mismos. Si superamos la prueba, avanzaremos. Si no lo logramos es porque queremos tener “éxito” en un mundo donde el triunfo se basa en la corrupción y la compra de consciencias. El único triunfo verdadero sería una efectiva revolución de “los de abajo”, pero no para querer ingresar en el mundo de “los de arriba” sino para destruirlo.

Por ello se requiere el arte del desatino controlado. Para que la “salida” signifique un verdadero cambio y el triunfo sea social y colectivo. El solo proponerse esa meta, es el primer paso para combinar con creatividad lo que es aceptar el mundo existente y, a la vez, actuar para cambiarlo, sin pretender que es algo que se pueda hacer en forma individual.

La mayoría de quienes lo intentan, renuncian muy fácilmente y se entregan (acomodan al sistema imperante) o se encierran en un mundo de fantasía (involución individual, suicidio, locura, droga, religión o política obsesiva). Solo los “guerreros” siguen e insisten, y descubren su camino.   

sábado, 22 de junio de 2019

XI JINPING A LA CABEZA DE LA BURGUESÍA GLOBAL CONTRA TRUMP


XI JINPING A LA CABEZA DE LA BURGUESÍA GLOBAL CONTRA TRUMP

Popayán, 22 de junio de 2019


XI JINPING A LA CABEZA DE LA BURGUESÍA GLOBAL

Popayán, 22 de junio de 2019

En 1989 se derrumbó la URSS y se oficializó la caída del “socialismo de Estado”. La globalización neoliberal parecía alzar vuelo a todo vapor; no obstante, 18 años después, la crisis económica y financiera (2007-8) introdujo al mundo del capital en una fase de grave recesión permanente. En ese entorno, el “capitalismo asiático” de China ha entrado en escena con relativa fuerza y ha puesto en jaque la hegemonía estadounidense y de occidente.

La reacción de algunos sectores capitalistas de EE.UU. y de países europeos (Brexit) ha sido renegar de la globalización neoliberal y promover –precipitada e impulsivamente– una política proteccionista que intenta revertir los efectos negativos que trajo la globalización para determinados sectores de la industria y la manufactura de sus países. Los trabajadores de vieja generación (fordistas) apoyan esa política que adquiere forma “nacional-populista”.

La mayor parte de la “izquierda socialista” –sin el referente de los trabajadores o de otros sectores sojuzgados– se puso detrás de la burguesía global. Para no quedar bajo la dirección de los Obama, Clinton o Merkel, colocan a los líderes de las potencias orientales (Xi, Putin) al frente de los intereses “progresistas” de la humanidad. Según ellos, son los únicos que pueden derrotar al “nuevo fascismo” que encabeza Trump, Bannon, Salvini, Bolsonaro, etc.

En esa línea se pronuncia el creador del sello del “Socialismo del siglo XXI”, Heinz Dieterich Stefan, en su último artículo titulado “Trump pierde Guerra imperialista contra China”, en la que presenta una interesante información que, sin embargo, nos lleva a una interpretación muy diferente a la del sociólogo alemán, no reducida a los análisis geopolíticos.

¿En realidad que es lo que está ocurriendo?

La burguesía china, que durante este período aprovechó una serie de ventajas comparativas (inversión extranjera, protección y subsidios estatales, mano de obra súper-barata, permisividad en temas ambientales y otras), ha construido una línea globalista “hacia afuera” y un relato nacionalista “hacia adentro”, para contrarrestar la agresiva política de Trump. En ese sentido, Xi Jinping encabeza actualmente a toda la burguesía financiera globalizadora tanto de EE.UU. como de Europa y del mundo (en Colombia es Santos y casi toda la “izquierda”, la que se identifica con dicha política).

Pero no seamos ingenuos, esa alianza no se hace en favor de los intereses de la humanidad y menos de los intereses de los trabajadores u otros sectores oprimidos. Es, simplemente, lo que tiene que hacer la burguesía china para avanzar hacia un mundo multipolar en donde sus inversiones tienen que abrirse más espacio global. Pero tratar de presentar ese comportamiento como beneficioso para los trabajadores no solo es cándido, sino que puede ser provocador.

Hay quienes ante la dispersión y debilidad organizativa de los trabajadores (que algunos ya enterraron o desconocen su existencia), aspiran ilusamente que sean las burguesías las que resuelvan los problemas entre ellas. Por ello, colocan a Putin y a Xi, como la cabeza del supuesto frente anti-imperialista que hay que organizar contra Trump, ya no para avanzar hacia modelos de sociedad que –por lo menos– enfrenten los graves problemas estructurales que vive la humanidad sino solo para salvar y proteger las reglas “racionales” que le sirven a la burguesía financiera para mantener su estabilidad global.

En vez de denunciar que el uso de la fuerza, la imposición unilateral de aranceles, el chantaje comercial y tecnológico, y la amenaza de confrontación bélica, así como el uso criminal de los medios de comunicación para atacar y derrotar a los enemigos del nuevo poder que se tomó la dirección política del imperio estadounidense, los teóricos de “izquierda” al servicio de la burguesía globalista, llaman –ahora– a defender las reglas de las instituciones financieras que dominan el mundo (ONU, OMC, FMI, etc.). Ahora sus aliados son Obama, Clinton, Merkel o Lagarde. Además, hasta los citan en sus escritos.

En América Latina ocurrió otro tanto. Las burguesías emergentes de la región aprovecharon las luchas populares, especialmente de sectores sociales relegados y excluidos del mundo del capital (indígenas, campesinos, trabajadores informales, etc.), para acceder a los gobiernos y establecer lo que ellos llaman “socialismo”. En realidad, ese socialismo no tiene nada que ver con la “apropiación social y colectiva de la riqueza creada por la sociedad”, sino se reduce al viejo Estado de Bienestar que la burguesía creó después de la 2ª guerra mundial para contrarrestar el “socialismo de Estado” de la URSS y demás países.

A ello se han reducido las pretensiones de los “socialistas” actuales. Consiste solo en un capitalismo que ofrece servicios mínimos de “salud”, “educación”, agua potable, electricidad y vivienda a la población pero que no cuestiona para nada el modelo de civilización y de “desarrollo” que destruye la vida a todos los niveles (pueblos, comunidades, naturalezas, pensamientos, sentimientos). Es el modelo de la inequidad (monopolios), desigualdad (pobreza camuflada con cifras en medio de inmensas fortunas de millonarios y mega-millonarios), injusticia (ley solo para los pobres), sobre-explotación (a todo nivel), etc. No obstante, la crisis sistémica de reproducción del capital es tan profunda que ni siquiera les permitió a los “progresistas latinoamericanos” sacar adelante ese intento de reforma. AMLO ya es el nuevo ejemplo.    

La derrota histórica de los trabajadores durante el siglo XX y principios del XXI, no ha sido aún asimilada por cuanto seguimos pensando con las herramientas epistemológicas del pasado. Pero las ciencias de la complejidad en desarrollo, las nuevas miradas filosóficas no reduccionistas ni dualistas, y las luchas de “los de abajo” (mujeres, jóvenes, ecologistas, hackers libres, nuevos trabajadores, etc.) vienen en nuestro auxilio.

Además, las soluciones que propone Trump y sus supuestos opositores (que en realidad solo son rivales), son solo flor de un día. La crisis económica y política se va a seguir agudizando. La mínima tasa de ganancia del capital obliga a las burguesías a violar sus propias normas y legalidades. Por ello, se requiere no arriar las banderas “anti-sistémicas” sino levantar nuevas consignas de carácter civilizatorio[1], que solo pueden alzar los trabajadores y pueblos oprimidos para responder a los nuevos retos de la lucha que está en pleno desarrollo.


[1] Un ideario civilizatorio a trabajar debería tener en cuenta: miradas complejas, no lineales; planetarias, no nacionalistas; colaborativas y comunitarias, no colectivistas; humanistas, no “multi-culturalistas”; ecologistas, no anti-tecnológicas; post-generistas, no feministas; espirituales pero científicas; postcapitalistas, no anti-capitalistas; post-extractivistas, no anti-extractivistas; utilitaristas y prevenidas frente al Estado, no estatistas ni anti-estatistas; y, en general, miradas críticas, que rechacen las teorías generalizantes y valoren lo concreto.

miércoles, 19 de junio de 2019

En Colombia… ¿Por qué pasa lo que pasa?


En Colombia… ¿Por qué pasa lo que pasa?

Popayán, 19 de junio de 2019

De acuerdo con parte de lo planteado por Alberto Pinzón Sánchez en su acertado artículo “El ‘fujimorazo’ colombiano”. No obstante, no plantea el interrogante y la respuesta a… ¿por qué pasa lo que pasa?.

Lo planteado por el autor se puede sintetizar así:

-   La “lucha” entre Uribe y Santos se da entre dos fracciones de la oligarquía que “seguían dos caminos distintos para liquidar a las guerrillas insurgentes”.

-   El proceso de terminación del conflicto armado (llamado “proceso de paz”) no cuestionó “la orientación general del Estado que siguió siendo la de contrainsurgencia dictada en Washington”.

-     Un sector de la antigua guerrilla de las Farc terminó defendiendo el Estado social de Derecho, que en realidad no existe como tal y tan solo es la fachada de una dictadura criminal disfrazada de democracia.

-    La política de contrainsurgencia sigue adelante y se la aplican no solo a los guerrilleros sino a quien “se les oponga o potencialmente se vaya a oponer, incluso a los que les piden clemencia de rodillas”.

-     Para enfrentar el momento Uribe intenta aplicar un “fujimorazo”, o sea, a través de un referendo quiere legitimar un golpe de Estado y destruir la fachada de democracia que existe en Colombia (imponer el “Estado de opinión”, acabar la JEP, crear una sola Corte).

¿Por qué pasa lo que pasa?

Si no intentamos explicarnos por qué ocurren las cosas, la realidad puede ser interpretada de cualquier manera. Para algunos es responsabilidad absoluta del imperio y la oligarquía, dado que “son malos por naturaleza”. Así se puede explicar la “perfidia” y justificar nuestra ingenuidad. O, para otros, es culpa del pueblo colombiano que es “por naturaleza” arrodillado, ignorante, cortesano, etc., etc.

Es necesario, entonces, plantearnos esa pregunta. De lo contrario, no podremos salir de la falsa disyuntiva entre Uribe/Santos, guerra/paz, honradez/perfidia, traición/consecuencia, “paz imperfecta”/“paz con justicia social”, a la que Pinzón Sánchez le agrega una “Asamblea Nacional Constituyente amplia y democrática” como supuesta panacea que lo solucionaría todo.

Esas falsas disyuntivas ahora enfrentan a los antiguos jefes guerrilleros y sus simpatizantes entre Timo y Márquez, entre los que se “arrodillan” y los que se niegan a hacerlo, entre los traidores y los consecuentes, entre los ingenuos vergonzantes y los ingenuos arrepentidos.

La instrumentalización imperial y oligárquica del conflicto armado

En un artículo del 18 de noviembre de 2013 que titulé “Guerra degradada y paz ‘perrata’” planteaba cómo el imperio estadounidense y la oligarquía colombiana lograron instrumentalizar el conflicto armado que ellos provocaron pero, también, insistía en que nosotros les facilitamos la tarea.  

Decía –por ese tiempo– que “nuestra guerra nunca fue resultado de una gran insurrección popular” y, agrego ahora, no pudimos desarrollar una estrategia que comprometiera a nuestro pueblo con la rebelión armada. Esa es la única forma de impedir que la gente se ilusione con “salvadores supremos” y que crea inocentemente que “alguien” nos van a hacer la revolución “desde arriba” (ya sea porque se “toman el poder” o por medio de “una verdadera Solución Política al conflicto”, como lo sueña todavía Pinzón S).

Por ese simple detalle, por creer que un pequeño grupo de valientes iluminados puede resolverle los problemas a la gente, no solo han fracasado procesos transformadores en Rusia, China, Vietnam, etc., sino que también están siendo derrotados los proyectos “progresistas” y “revolucionarios” que ilusionan a los pueblos con “milagros” que, no ocurrirán mientras la misma gente –los “ciudadanos”, las comunidades y los individuos– no tomemos el pasado, presente y futuro en nuestras propias manos.  


E-mail: ferdorado@gmail.com

martes, 11 de junio de 2019

UNA NIÑA ROMPE CON EL ESPACIO-TIEMPO ELITISTA Y PATRIARCAL

UNA NIÑA ROMPE CON EL ESPACIO-TIEMPO ELITISTA Y PATRIARCAL

Popayán, 11 de junio de 2019

“No hemos venido aquí a rogar a los líderes mundiales que se preocupen. Nos han ignorado en el pasado y nos volverán a ignorar. Nos hemos quedado sin excusas y nos estamos quedando sin tiempo. Hemos venido aquí para hacerles saber que el cambio está llegando, les guste o no. El verdadero poder pertenece a la gente”.

En las pasadas semanas una niña sueca, Greta Thumberg, diagnosticada con “trastorno de espectro autista”, logró movilizar en Europa a un millón y medio de estudiantes de secundaria en la llamada “huelga estudiantil contra el cambio climático”. Empezó sola hace un año y se ha hecho notar.  

Independientemente de quien sea ella, donde viva, si es blanca, negra o amarilla, si es de familia acomodada o no, con su llamado urgente y planetario a la acción de niños y niñas, rompe con el espacio y tiempo normales. Destruye el espacio-tiempo elitista y patriarcal.

Es una niña, pequeña pero fuerte, sola pero decidida y arriesgada, y se ha hecho escuchar porque se ha apoyado en sus iguales y con un discurso retador y frentero.

Llama a la acción urgente, es YA, es HOY, no hay tiempo, y a una acción planetaria, no solo en Europa o América Latina, ni solo en un país o localidad. Llama a la acción global.

Ella nos hace ver que todo está conectado; glaciares y casquetes polares, bosques y selvas, ríos y mares, no tienen dueños. Son de todos y de nadie; si no nos apropiamos de ellos, si los dejamos en manos de los capitalistas, somos cómplices de su destrucción y de nuestra muerte como especie.

La combinación de urgencia con totalidad que ella representa, rompe con la actitud conservadora que hasta ahora se ha impuesto, promovida por la llamada “responsabilidad social y empresarial”, que hace hincapié en las acciones locales y resignadas. Ella rompe con el tiempo tranquilo, con la continuidad sumisa, con el espacio-tiempo tradicional y normal.  

Reta el tiempo patriarcal dominante, desenmascara el “futuro de muerte” (extinción) que sus padres les estamos heredando a hijos y nietos. Dice: “¡No tenemos tiempo!”. El tiempo ya no está en nuestras manos, hemos obligado a que la naturaleza se deshaga de nosotros. Y lo está haciendo.

Es, en verdad, un grito desesperado. Y no lo dice un poeta o cualquier loquillo callejero. Lo dice una niña normal, de un país relativamente rico, de una región acomodada. Sin embargo, así sea por las redes sociales o por la televisión, se puede ver que ella siente en sus entrañas y en su íntimo ser, el horror y la destrucción que hemos causado. Y expresa la (des)esperanza con total nitidez.

Reta el espacio patriarcal conservador, no llama a votar sino a protestar y a movilizarnos masivamente. En su caso llama a una huelga estudiantil que tiene como pregunta de fondo... ¿para qué estudiar? Y, además, se interroga y nos confronta… ¿Para qué elegimos gobernantes si dejamos que hagan lo que les impone el capital depredador?

Al apoyarse en los niños y niñas, lanza una bofetada a los adultos, nos reta a reaccionar. Ella y las nuevas generaciones son parte de esa naturaleza que se está deshaciendo del mundo heredado. Son nuestra propia conciencia que nos mira con los ojos perplejos de la ingenuidad perturbada.  

Greta Thumberg es un casquete polar que se descongela aceleradamente; ella es una porción de agua contaminada de los ríos que exige pureza, transparencia y fluidez; es una parte de las selvas que gritan con desesperación ante la indolencia de los que no reaccionamos ante su destrucción progresiva. ¡Ella es la hija y nieta de todo el mundo! No podemos ignorarla.

E-mail: ferdorado@gmail.com

jueves, 6 de junio de 2019

¿TODO ESTÁ BIEN?

¿TODO ESTÁ BIEN?

Popayán, 6 de junio de 2019

¿En qué momento los oprimidos y excluidos del mundo perdieron la esperanza? ¿En qué instante del siglo XX se diluyó la utopía? ¿Cuándo y porqué se incubó y desarrolló la oleada ultra-conservadora que hoy encabezan Trump, Duterte, Salvini, Orban, Uribe y Bolsonaro?

Solo si buscamos la respuesta a esos interrogantes en nuestro propio hacer, entenderemos lo ocurrido a lo largo de más de doscientos años de luchas revolucionarias y de resistencia de los trabajadores y los pueblos en este convulsionado planeta. Y, posiblemente, estaremos en mejores condiciones de mirar hacia adelante en esta segunda década del siglo XXI.  

Hay que recuperar la mirada de largo aliento. El período de tiempo que va desde la revolución francesa (1789), la revolución de independencia estadounidense (1783), y las rebeliones indígenas y comuneras (1781) precursoras de la independencia de los pueblos latinoamericanos, hasta nuestros días, es relativamente corto respecto del extenso devenir de la humanidad.

En el camino se han presentado numerosas revoluciones, rebeliones y alzamientos. Nos hemos ido encontrando entre sur y norte; occidente y oriente; negros, blancos, amarillos y cobrizos; mujeres, hombres y nuevos géneros; naciones, pueblos, etnias y culturas; racionales, irracionales, espirituales, mágicos y brujos. ¿La aldea global nos dará una nueva perspectiva?

Es cierto que la resistencia y la rebelión continúan. No obstante, hay que reconocer que el gran capital nos tiene a la defensiva. La revolución proletaria de octubre de 1917 fue un punto culminante que desencadenó una oleada de revoluciones populares, anticoloniales y anti-imperialistas que impactaron el mundo en el siglo XX. Pero, algo se rompió en el camino.

La denominada revolución de 1968 fue uno de los últimos estertores libertarios en Occidente; mientras, al otro lado del mundo, se vivía en paralelo la llamada revolución cultural china. Ambas parecen haberse perdido en los recovecos de la historia… ¿O no?

En la actualidad podemos enumerar con los dedos de una sola mano las resistencias organizadas y sostenidas conscientemente por pueblos rebeldes. Los indígenas del sur de México, los kurdos de Rojava y los mapuches de Chile, parecieran ser los únicos ejemplos. Protestas puntuales y actividades políticas dirigidas a ser “solo” gobiernos, se han convertido en una dinámica institucionalizada y controlada por el Poder del capital. ¿Acaso no podemos romper con ello?

Los alzamientos populares de América Latina fueron canalizados hacia procesos electorales y ejercicios de gobiernos progresistas y de izquierda que han mostrado enormes limitaciones. Dejaron numerosas lecciones que todavía están por sistematizar. Igual pasó con la primavera árabe o con el movimiento de los indignados. ¿Fueron llamaradas de hoja de lata? ¿Cómo avanzar?

Impune e injustamente apresan a Lula y a Assange, y no pasa nada. Algunos se ilusionan con la “resistencia” del gobierno bolivariano, la reelección de Evo y el regreso de Cristina, pero no podemos negar que –a pesar de la crisis sistémica del capital– los oprimidos y excluidos estamos a la defensiva. Muchos ni siquiera son conscientes de la opresión y la exclusión.

No es casual que la mayoría de los filósofos actuales sean pesimistas y escépticos; muchas personas ya sienten el control total de “Matrix”; las derechas clericales hacen fiesta acusando al “marxismo cultural” de todo lo que ellos ven como pecado y castigo; y la desesperanza y falta de utopía lleva a millones de personas a buscar el consuelo en el consumo obsesivo, el placer artificial, las drogas, el suicidio, las nuevas religiones y el “oráculo virtual” en todas sus presentaciones.

El “mundo líquido” de Bauman pareciera diluir los vínculos humanos y las ansias de cambio y transformación. No obstante, también parece que el viejo topo sigue cavando, esta vez en forma de mujer libertaria, de indígena rebelde, de inmigrante resistente, de joven artista, de hacker colaborativo y de viajero soñador. ¿Ellos podrán sacudir y mover al trabajador aislado y sometido?

Las ciencias y las filosofías del siglo XX y XXI siguen aportándonos nuevas miradas, viejos esquemas se resquebrajan ante las nuevas realidades, la lucha por sobrevivir como especie y por preservar la vida en la tierra parece alimentar una nueva utopía que ya moviliza a millones de jóvenes quinceañeros y puede despertar a quienes han aceptado la narcotización existencial como forma de vida.

¿Podremos reaccionar? ¿Cómo hacerlo? O… ¿Todo está bien?

E-mail: ferdorado@gmail.com

miércoles, 29 de mayo de 2019

LA MÁQUINA CAPITALISTA SE RENUEVA


LA MÁQUINA CAPITALISTA SE RENUEVA

Popayán, 29 de mayo de 2019

Algunas personas le temen a la máquina cuántica que con inteligencia artificial controlará la vida humana. El problema es que no hemos caído en cuenta que esa “máquina” existe hace mucho tiempo. En realidad, no es una máquina sino un sistema complejo que nadie construyó y, además, que no es inteligente ni es artificial. Se llama capitalismo.

Es la forma de vivir que la humanidad construyó a lo largo de siglos, a imagen y semejanza de sus deseos de dominación. Y, tal parece, está en permanente perfeccionamiento. No sabemos si los humanos podrán desentrañar sus mecanismos antes de que ese sistema “autómata” nos lleve a la extinción. Empero, es importante saber que existe y nos controla.

Ese modo de producir o sistema de vida asimila toda clase de ideas, comportamientos, inventos y culturas de los disímiles grupos humanos que encuentra en su camino arrasador, aprendiendo de cada nueva experiencia. Su único propósito, si así se puede llamar, es su propia reproducción infinita. Y cada día exige más energía e incrementa su velocidad.

En realidad, desde que apareció la propiedad privada y la economía crematística (hace 2.800 años) basada en el enriquecimiento individual, ese sistema inició su construcción. Con cada invento tecnológico se fue perfeccionando y haciéndose más anti-humano. La ley del más fuerte fue llevada a sus extremos con la aparición del patriarcalismo y se instauró la primera forma de esclavismo que fue el de las mujeres. A partir de allí, seguimos todos en fila.

El capitalismo clásico apareció en Europa en el siglo XVI y está en plena expansión por todo el planeta. En el siglo XVIII aprovechó las revoluciones burguesas liberales para potenciar su desarrollo, haciéndole creer a la gente que el crecimiento económico (o “progreso”) sería el soporte de la libertad, la fraternidad y la igualdad. Lo mismo hizo con las revoluciones proletarias y nacionalistas del siglo XX, ampliando su cobertura y fuerza.

Durante el siglo XX, los capitalistas y asesores creyeron que podrían dominar al capital. Idearon teorías que podrían evitar las numerosas y graves crisis económicas y financieras que habían sufrido en siglos anteriores. Luego de la crisis de 1929 apareció la variante keynesiana como respuesta al “capitalismo de Estado” que habían instaurado los rusos en la URSS, y que pareció funcionar luego de la segunda guerra mundial. No obstante, la crisis de 1973 los aterrizó y golpeó con fuerza y los obligó a inventar el neoliberalismo (Friedman).

Pero nada ha servido, la máquina sigue su dinámica destructora y todas las teorías económicas fracasaron con la crisis de 2008. En el siglo XXI se evidencian problemas nuevos y más graves. La globalización neoliberal creó nuevas dificultades de tamaño planetario que tienen como base la absoluta irracionalidad del sistema con la preponderancia y hegemonía del capital financiero que impone su dinámica parasitaria, paralizante y auto-destructiva.

El desequilibrio ambiental que pone en peligro la vida humana en la tierra; la mentalidad criminal introducida en la economía y la política que amenaza sus formas de control social; la descomposición creciente de la sociedad de consumo que crea un ambiente de frustración y desmoralización en amplias capas de la población; las prácticas de despojo de recursos naturales y la acumulación por desposesión ante la ralentización negativa de la tasa de ganancia del capital; todo ello y mucho más, obliga a las castas capitalistas a inventar sobre la marcha nuevas formas de dominación y control presionados por la “máquina”.

Tal parece que los ideólogos del gran capital han descubierto en el “capitalismo asiático” y en el “modelo chino”, la forma ideal para reemplazar el “Estado de Derecho”, que ya no funciona en Occidente. No significa que alguien lo haya diseñado. La “máquina” se va amoldando y desde las entrañas del experimento “socialista-comunista” surgió una combinación que ninguna mente humana podría sospechar, por lo menos, para enfrentar esta etapa en donde los problemas se han potenciado y las soluciones exigen “mano dura”.

Los burócratas chinos con la ayuda de los teóricos globalizadores crearon (sin darse cuenta) una especie de “neoliberalismo de Estado” que combina cuatro características que para los neoliberales occidentales era imposible de imaginar: 1. Liberalización de la economía (libre mercado/ bajos salarios); 2. Estado despótico pero asistencialista (prohibición de la huelga/subsidios universales a servicios públicos, educación y salud); 3. Relato mítico nacionalista con florituras “marxistas” (el “sueño chino”/socialismo con particularidades chinas; una nación, dos sistemas); 4. Disciplinamiento cultural y consumista basado en el ideario confuciano (“enriquecerse es bueno”, “ahorrar es ético”, “obedecer es un deber”).[1]

En la práctica, es una nueva versión de los viejos imperios dinásticos y despóticos que oprimían a los campesinos chinos, pero los trataban bien y les garantizaban la protección de los ataques de enemigos extranjeros (manchúes, mongoles). Hoy, ante la guerra tecnológica y comercial que les ha planteado Trump, el presidente Xi Jinping llama a los trabajadores “a hacer nuevos sacrificios” para mantener la soberanía china y su “modelo socialista”.

En próximos artículos presentaremos la reconstrucción de ese proceso que en lo teórico ha combinado las ideas de Marx con las de Hayek y otros pensadores. Y podremos ver cómo al interior de China, al igual que en los EE.UU. y demás países, la contradicción entre “globalistas” y “nacional-populistas” está en pleno furor ante el auge de los actuales gobernantes que usan las consignas de “USA first” (Trump), el “gran sueño chino” (Xi) o la “gran madre Rusia” (Putin), para engañar a sus propios pueblos.



[1] Referencias bibliográficas: Karl, Rebecca (2015) “Pequeño gran hombre”; Szelényi, Iván (2016) “Capitalismos después del comunismo”; Chaohua, Wang (2016) “La primera revolución china”; Anderson, Perry y Chaohua, Wang (2017) “Dos revoluciones comunistas en el siglo XX”; Nolan, Peter (2019) “El PCCH y el ancien régime”; Connery, Christopher (2019) “Ronald Coase en Pekín”. Revista NLR.

viernes, 24 de mayo de 2019

URIBISTAS, NO URIBISTAS Y ANTI-URIBISTAS, TRAS EL PODER LOCAL Y REGIONAL

La coyuntura política nacional y su influencia en las elecciones regionales y locales

URIBISTAS, NO URIBISTAS Y ANTI-URIBISTAS, TRAS EL PODER LOCAL Y REGIONAL 

Popayán, 24 de mayo de 2019

Los intentos del gobierno de Duque –hasta ahora infructuosos– dirigidos a “hacer trizas el proceso de paz” crearon un clima de tirantez y pugnacidad que ha obligado a todos los partidos y sus líderes a tomar posiciones definidas frente a esa pretensión desestabilizadora.  

Ese proceso creó tensiones, reacomodamientos y fisuras al interior de todas las cofradías políticas. Aparecen nuevas alianzas como la de César Gaviria con los Char en la Costa Caribe y otros reagrupamientos que todavía no se hacen públicos. Es un fenómeno pocas veces visto en la política colombiana de cara a las elecciones regionales y locales.  

Si bien, las elecciones para alcaldías y gobernaciones tienen su propia lógica y mecánica, que es fruto de la historia local y regional, del trabajo de los actores sociales y políticos, y de las rivalidades personales que se acumulan con el tiempo, en esta ocasión se percibe con mayor nitidez la influencia de la política nacional en las dinámicas municipales y departamentales.

Tres (3) clases de agrupaciones políticas actúan como atractores en ese sistema dinámico que es la lucha electoral. Y aunque se presentan variantes en cada municipio y departamento, cada fuerza de atracción se hace sentir sobre la política local y regional. No es una regla rígida y fija, pero inevitablemente marcará tendencias visibles y medibles.

Esas fuerzas son: el uribismo, el no-uribismo y el anti-uribismo. Alrededor del uribismo se están alineando los conservadores, los grupos evangélicos y las fuerzas políticas más corruptas de cada localidad o región. El atractor principal es el odio al “petrismo”, a la izquierda y las prebendas que les ofrecen desde el gobierno de Duque. Chantajean con recursos económicos y fuerza coercitiva.

En torno al “no-uribismo” se concentran los liberales gaviristas, vargas-lleristas y santistas clientelares. En aquellos departamentos y municipios donde tiene fuerza el partido liberal, Cambio Radical o la U, podrán atraer a sectores de centro-izquierda e izquierda en los casos donde los uribistas estén muy fuertes y arrolladores. Claro, todo dependerá de la calidad y seriedad de los candidatos y de la forma como se construyan los acuerdos.  

Alrededor del “anti-uribismo” se han venido unificando las fuerzas de Alianza Verde, Polo Democrático, Colombia Humana, Mais, UP y otras expresiones sociales y políticas democráticas y anti-clientelistas. En las zonas y regiones donde tienen candidatos viables y competitivos, pueden atraer a liberales independientes, y a dirigentes de Cambio Radical y de La U que se han mostrado en esta coyuntura en favor de la continuidad del proceso de paz.

Claro, es inevitable que muchos dirigentes y candidatos de partidos “no-uribistas” y “anti-uribistas” se presten para hacer alianzas corruptas y oportunistas con fuerzas y candidatos uribistas para obtener cargos burocráticos y/o contratos. Gentes sin escrúpulos hay en todas partes.

No obstante, el hecho de que Uribe haya expuesto abiertamente su talante autoritario y espíritu vengativo, hará que las bases y dirigentes medios de los partidos y movimientos políticos democráticos estén más prevenidos y vigilantes respecto del comportamiento de sus dirigentes. Lo que se juega en estas elecciones va a tener importantes consecuencias en el inmediato futuro.  

Poco a poco la gente despierta. Uribe mostró sus afilados dientes y mucha gente está alerta. Si los dirigentes demócratas y progresistas se hacen los desentendidos, en octubre podrán pagarlo caro y tendrán la ocasión de confirmar esa verdad. Los “tibios” y oportunistas están en la mira.   

E-mail: ferdorado@gmail.com

martes, 21 de mayo de 2019

EL ERROR NO FUE HABER ENTREGADO LAS ARMAS

EL ERROR NO FUE HABER ENTREGADO LAS ARMAS

Popayán, 21 de mayo de 2019

Los principales dirigentes de las Farc todavía no se percatan que fueron derrotados políticamente. En realidad, fue una auto-derrota largamente labrada por ellos mismos. Y aunque pueden seguir afirmando de por vida que no fueron vencidos en la guerra, eso no servirá de nada. Tienen con urgencia que explicarse lo que ocurrió y el cómo sucedió.  

Dos actitudes predominantes han surgido al interior del llamado “partido de la rosa” o Fuerza del Común. La de quienes priorizan la acción política desde el Congreso y desde allí pretenden defender el proceso de paz, y la de quienes llaman lastimera e infructuosamente a que el pueblo se movilice por la paz, como lo hace Iván Márquez en su último comunicado.

El problema es que si no evalúan las causas de su derrota política… ¿cómo podrían contribuir al triunfo de la paz? Ambos grupos de dirigentes de la antigua guerrilla fariana, aún no reconocen la causa de su derrota. Es urgente que lo hagan.

Entre esos errores se destacan los siguientes:

El primero, creer en la palabra de una oligarquía que solo estaba interesada en desarmarlos. El segundo, que esa oligarquía no es monolítica y que en su interior –desde la Colonia– medran gentes que siempre se han encargado de pasar por los cuchillos a los rebeldes. Y aunque los Santos actúen con aparente buena voluntad y buenos modales, a la hora de la verdad no les importa la forma como los Uribes cobran su venganza. Algunos gestos ya hacen desde su cómoda posición, pero de allí no pasan porque entre ellos no se pisan los callos.

El tercero, no entender que debido al proceso de degradación política de la guerrilla colombiana, ocurrido durante los últimos 35 años, la gran mayoría del pueblo colombiano los adversa y, solo algunos sectores rurales que necesitan de los servicios de una “policía rural”, extrañan su ausencia por temas de seguridad, pero no se van a hacer matar por su proyecto político, que, últimamente, solo estaba en la cabeza de algunos dirigentes y en los textos escritos de las Conferencias pero, eran olvidados al otro día de haberse aprobado.

Y el cuarto y, más importante de todos, no comprender que la lucha armada para poder “triunfar” en la época del capitalismo neoliberal y despótico en que vivimos, debe estar absolutamente sostenida por un pueblo organizado y ligada a la defensa de un territorio, y que su soporte más importante no son ni siquiera los fusiles sino la capacidad política de quienes han asumido el camino de la rebelión para defender su autonomía, como lo demuestran los pueblos indígenas del sur de México y los Kurdos del Norte de Siria.

Coloco “triunfar” entre comillas porque son conquistas parciales, verdaderas gestas de firmeza social y política, que las grandes potencias económicas y los gobiernos de las “naciones subordinadas” deben reconocer y respetar, no porque quieran sino porque en la geopolítica global no pueden avasallar y masacrar a esos pueblos insurgentes, que representan la resistencia y los anhelos de millones de personas que quisieran imitarlos en su lucha pero, que, al no poder hacerlo, por lo menos se solidarizan abiertamente con esos atrevidos y valerosos pueblos que son un faro de dignidad y de valor humano en medio del océano de injusticia, inequidad y despojo que se vive a lo ancho y largo del planeta.

Gustavo Petro tiene razón cuando en un trino le dice a Iván Márquez que “el error no es dejar las armas, el error es no estar al frente de la sociedad para defender la paz”. La verdad es que quienes hoy muestran su ingenuidad quejándose lastimeramente de la perfidia del Estado y se aíslan de la lucha política abierta, con su actitud le ayudan a Uribe a desprestigiar a la JEP y debilitan la acción de los magistrados de las Cortes Judiciales que se la están jugando, no por las Farc como quieren hacer ver los uribistas, sino por una doctrina jurídica de paz construida al calor de los acuerdos. Márquez debería asumir su curul de senador y el Paisa tendría que presentarse a la JEP, y demostrar que están dispuestos a cumplir con su palabra.

Claro, tendrán que hacerlo con mucha cautela y sapiencia. “No dar papaya”, no confiar ni en su propia sombra, porque como ocurrió con Jesús Santrich, detrás de él mismo estaba el “judas” Marlon Marín, dispuesto a traicionarlo en las primeras de cambio. Ese es otro error, antes de desmovilizarse deberían haber depurado sus filas de tanto vividor y negociante que se les subió a su “proyecto” en la época de las “vacas gordas”.

Las Farc parecen haber llegado tarde y despistados a la lucha política legal, pero si rectifican a tiempo, pueden hacer su aporte. Claro, si olvidan su “ego” y aterrizan en la dura realidad.

E-mail: ferdorado@gmail.com

viernes, 17 de mayo de 2019

EL URIBISMO SE COMPORTA COMO SI FUERA OPOSICIÓN

Álvaro Uribe, Néstor H. Martínez y Mike Pompeo

EL URIBISMO SE COMPORTA COMO SI FUERA OPOSICIÓN

Popayán, 17 de mayo de 2019
La renuncia irrevocable de Néstor Humberto Martínez a la Fiscalía General de la Nación refleja una particularidad de la política en Colombia que se presenta también en gran parte del mundo. Se da cuando sectores minoritarios aprovechan coyunturas especiales para acceder a los gobiernos.

El uribismo es y actúa como una minoría. En las elecciones de 2018 logró construir una mayoría con Duque para derrotar a Petro (usando el miedo al “castro-chavismo”), pero siguió actuando como una minoría y ahuyentó a sus aliados liberales, vargas-lleristas y santistas.

Hoy no existen mayorías sólidas en Colombia. Existe una mayoría coyuntural que se formó como reacción a la torpeza de Duque y Uribe de querer destruir el Tribunal que administra y opera la Jurisdicción Especial de Paz (JEP). Pero es una mayoría precaria e inestable.

Quienes quieran construir mayorías para consolidar el frágil y cuestionado “proceso de paz”, tendrán que pensar muy bien la forma de hacerlo. Hay que tener en cuenta que en Colombia nunca han existido mayorías reformistas, lo que es parte de nuestros problemas estructurales e históricos.

Bolívar no logró construir en la Nueva Granada (Colombia) ni siquiera una minoría. En el siglo XIX y XX, los liberales reformistas y el único liberal revolucionario (Gaitán) no pudieron construir mayorías. Gaitán iba en esa dirección y por eso lo mataron. Las mayorías siempre han sido retrógradas.

En la actualidad, la minoría uribista va a centrar todos sus esfuerzos en construir nuevas mayorías para neutralizar y cooptar el aparato judicial (altas Cortes), y si no lo pueden hacer, intentarán desprestigiar y destruir la institucionalidad existente usando “todas las formas de lucha”. En gran medida, ya lo hacen. Su situación es realmente desesperada.

Su principal aliado es el actual gobierno de los EE.UU. El ex–fiscal Martínez se convirtió, dada su naturaleza corporativista, mafiosa y criminal, en su principal agente dentro del gobierno, y lo seguirá siendo fuera de él. Pero al igual que Guaidó en Venezuela, no será suficiente. Los neocons de Florida necesitan más, mucho más.

La gran paradoja en Colombia es que el uribismo controla el gobierno, pero se comporta como si fuera oposición. Significa que se ha ido conformando una efectiva mayoría social e institucional, pero todavía los demócratas no son muy conscientes de ella. A veces, por impaciencia y torpeza, se auto-sabotean y colocan trampas.

Son sectores, en la otra orilla del uribismo, que no logran compaginar lo que es la inmediatez del deseo con la trascendencia del anhelo[1], y por eso, le hacen –sin querer– el juego al uribismo.   

E-mail: ferdorado@gmail.com


[1] Zuleta, Estanislao (1982). “Sobre la lectura”.