martes, 25 de septiembre de 2018

TRUMP EN LA ONU: ENTRE RISAS, FRUSTRACIONES Y AMENAZAS


TRUMP EN LA ONU: ENTRE RISAS, FRUSTRACIONES Y AMENAZAS

Popayán, 25 de septiembre de 2018

El discurso de Donald Trump ante la 73ª Asamblea  de la ONU es la constatación de la crisis política de la globalización neoliberal y la decadencia del imperio estadounidense. Pero también, del caos económico y político que vive el planeta.

Es el primer presidente de USA que reta el poder de la Burguesía Financiera Global. Trump los llama “globalistas” porque no puede (o no logra) identificar a sus enemigos, que interna y políticamente son los Obama-Clinton pero que, en verdad, son todos los capitalistas que deslocalizaron las industrias y las manufacturas buscando obtener en los países de la periferia los rendimientos que no pueden obtener en las antiguas metrópolis híper-desarrolladas.

Por ello, Trump dispara su frustración contra Europa (Alemania), Rusia, China, Irán y… también lanza “fuegos artificiales” contra Venezuela para darles contentillo a sus aliados republicanos que son profundamente anti-cubanos y “anti-socialistas”.

Ese discurso desnuda el desconcierto que viven actualmente las clases dominantes de las potencias imperiales. La élite financiera no se explica cómo, porqué y en qué momento aparecieron en su interior los sectores políticos –como el de Trump y los del Brexit– que aprovechando la inconformidad de los trabajadores y de otros sectores sociales afectados por la globalización neoliberal, se apoderaron de sus gobiernos para destruir su orden global.

En su delirio “nacionalista” Trump quiere hacer creer que su gobierno en dos (2) años ha logrado lo que ningún presidente de los EE.UU. consiguió en toda su historia. El público que representa a los gobiernos de todo el mundo se burló del optimismo del gobernante estadounidense que pareció sorprendido por la reacción histriónica de los delegados.

Pero esa risa bien pudiera ser la de todo el planeta. Todo el mundo debe estar sorprendido de que el primer mandatario de la nación más poderosa del mundo, ridiculice y desconozca a las instituciones internacionales creadas por las grandes potencias después de la 2ª guerra mundial como la ONU, la Corte Penal Internacional, la OTAN y demás.  

Trump mencionó –tal vez en forma inconsciente– a los pocos países que le quedan como aliados seguros o aquellos que todavía necesitan su respaldo como Arabia Saudita, Israel, Polonia, Corea del Sur, India y Colombia, mostrando que efectivamente ya no considera a Europa o a Japón como sus amigos cercanos y confiables.

El ataque de Trump está dirigido contra los potentados transnacionales que desmantelaron sus empresas y las trasladaron a China o a otros países periféricos. Ellos también van a ser afectados por las políticas “nacionalistas” de Trump, que usa los aranceles para forzar negociaciones en la OMC o de carácter bilateral. Lo que ocurre es que Trump no los puede llamar por su nombre y por ello los llama chinos, mexicanos, hindúes o paquistaníes.

Por eso es que los “globalistas” encabezados por los dueños del complejo industrial-militar de los EE.UU., los monopolios informáticos de la red global de Internet y los poderosos medios de comunicación de “occidente”, quieren derrocar a Trump y lo acusan de ser aliado de Putín. Es todo un entramado difícil de entender con las premisas geopolíticas del siglo XX.

El discurso de Trump es histórico porque confirma que la guerra comercial y monetaria que estamos presenciando va en serio y va para largo, y que la globalización neoliberal que el mundo vive desde 1973 ha entrado en una fase crítica y caótica que va a generar nuevas formas de “neo” y “proto-fascismos” que pueden conducir al planeta a conflictos de mayor calado, incluyendo guerras de un carácter e impacto nunca visto.

Trump con su discurso confirma una vez más la necesidad que tienen los pueblos y los trabajadores de todos los países de construir “otras miradas” para no tener que alinearse y/ defender a los “fascismos nacionalistas” o a los “fascismos globalistas”. En gran medida, en muchos de nuestros países latinoamericanos ya está ocurriendo ese fenómeno de tener que escoger entre lo “malo” y lo “peor”. Entre las viejas derechas “compradoras” y entreguistas, y las “nuevas” derechas nacionalistas y anti-globalistas.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

miércoles, 19 de septiembre de 2018

GOBIERNO CÍNICO E IMPOTENTE EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO


Los primeros 45 días del gobierno de Iván Duque…

GOBIERNO CÍNICO E IMPOTENTE EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO

Popayán, 19 de septiembre de 2018

“Lo negativo funciona mejor que lo positivo, y así es como el mundo se convierte en una mierda”.

Jaron Lanier

Cinismo e impotencia son las características principales del gobierno de Duque en sus primeros 45 días. Cínico para posar como una nueva derecha “anti-corrupta” mientras nombra en altos cargos a personajes de dudosa conducta (Carrasquilla, ministro de Hacienda y Ordóñez, embajador en la OEA); e impotente, porque lo único que puede hacer es tratar de ganar tiempo ante los problemas que abruman al país y a su mismo gobierno.    

La forma como se hizo elegir explica esa situación. Se apropió demagógicamente de algunas propuestas de las fuerzas democráticas (ej., “lucha contra la corrupción”) mientras se rodeaba de las fuerzas retrógradas y politiqueras que siempre han gobernado a Colombia, estimulando y manipulando el miedo a la amenaza “castro-chavista” que supuestamente representa Petro.

Además, no solo heredó los problemas acumulados por el gobierno de Santos –incluyendo su cuestionado “proceso de paz”–, sino también sus formas de engañar con falsas posturas. Así, intenta ocultar sus esencias corruptas con poses demagógicas aprovechando el espíritu “formal” de la reciente Consulta Anticorrupción y cierta ingenuidad de sus promotoras que no van más allá de impulsar limitadas leyes que le sirven a Duque para ganar tiempo. 

No obstante, hay que reconocer que su elección fue respaldada por más de diez millones de electores clientelizados, manipulados y asustados. Además, es lo que aceptan tácitamente amplios sectores de abstencionistas que son mayorías ausentes e invisibles compuestas por personas escépticas, desconfiadas y refractarias a cualquier  propuesta política porque para ellas es “más de lo mismo”. Hay que preguntarse si esa actitud es atraso e indiferencia como muchos la identifican o hay que intentar nuevas formas de acción política que rompan con nuestra “zona de confort”.  

Duque fracasará porque no tiene cómo enfrentar (ni quiere, ni puede) las imposiciones del gran capital financiero; tampoco tiene la fuerza política ni la capacidad para reaccionar ante las “jugadas” (guerra comercial y monetaria) que realizan algunos sectores “nacionalistas” de las grandes potencias encabezadas por Trump, Putín y Xi en los EE.UU., Rusia y China, a las cuales pronto se sumarán nuevas fuerzas en Europa, Japón, y Asia. Serán las economías débiles de la periferia capitalista (como la de Colombia) las que paguen los platos rotos de ese conflicto económico global como ya se observa en Turquía y Argentina.

Duque solo podrá seguir haciendo gestos y amagues frente al narcotráfico y a la violencia sistémica que se alimenta de esa economía criminal; hará toda clase de simulaciones (reforma tributaria y otras) para manejar el déficit fiscal y el déficit de la balanza de pagos (exportaciones/importaciones y flujo de capitales); tendrá que lidiar con la inestabilidad de los precios de las materias primas (petróleo, café, oro, etc.); y deberá reprimir –como todos los gobiernos– la protesta social. De eso no hay ninguna duda. Y no es un problema de personas o de ministros sino un fenómeno de carácter estructural y crónico.

En la inercia de la “banda caminadora”

Un observador ajeno a la vida política nacional podría decir que después de elecciones los candidatos se mantienen por inercia sobre una especie de “banda caminadora”, cada uno creyéndose sus mentiras y/ o promesas, que tienen en común no decirle la verdad a la gente. Esa verdad consiste en que ni la corrupción, ni el cambio de la matriz productiva y energética, ni la paz, ni la justicia social, podrán ser logradas por la sola acción del gobierno y el Estado, independientemente de quién ocupe los principales cargos gubernamentales.

Mientras la población no se organice para cambiar las condiciones que reproducen un modo de producción y de consumo depredador y destructor de la vida, y no sea consciente que el actual régimen político (y su Estado) está al servicio de la acumulación de capital, no va a desencadenarse ninguna transformación efectiva. Eso ya lo han demostrado los ejercicios burocráticos (“desde arriba”) de los gobiernos progresistas y de izquierdas de América Latina, ratificando lo esencial de lo ocurrido en Rusia, Europa Oriental, China y otros países.

Otra situación sería si nuestros políticos plantearan con toda claridad a qué llegan a los gobiernos, sin generar expectativas falsas que son imposibles de cumplir desde un aparato de Estado que está absolutamente integrado y subordinado al capitalismo sistémico. Con solo que propusieran metas sencillas y viables, mostrando en la práctica cómo esas metas se hacen realidad con base en una verdadera participación ciudadana y popular, podríamos avanzar con pasos pequeños y certeros, y luego, acelerar el paso con base en una fuerza real y organizada.

Y en ese proceso lo principal es transformar nuestra mentalidad mendicante y asistencialista que es una herencia de las políticas “focalizadas” del neoliberalismo para poblaciones “vulnerables”, que fueron adoptadas por los gobiernos progresistas y de izquierda para sobrevivir a las dinámicas electorales populistas, construyendo –tal vez sin querer– “nuevos clientelismos” y debilitando de paso los procesos de organización popular y de base.

En Colombia pareciera que no vemos lo que ocurre en países vecinos. Nos negamos a evaluar las experiencias ajenas (Venezuela, Brasil, Ecuador, etc.) porque tenemos el complejo de ser parte de un país derechizado por 60 años de violencia que ha devenido en una especie de “Caín de América”, sin reconocer que ese destino es también obra de nosotros mismos.

Es urgente una revisión profunda de nuestros fundamentos ideológicos y políticos. Reproducimos al interior de nuestros proyectos políticos lo que decimos combatir: la anti-democracia, el caudillismo, el clientelismo y los arribismos de nuevo tipo, el afán de poder y el individualismo que es una manifestación de grandes vacíos en nuestra formación personal.

Es indudable que hay pequeños avances y triunfos efímeros (participación en la Consulta Anticorrupción) que, como se puede observar, son asimilados por el establecimiento oligárquico debido a que no existe una estrategia de mediano y largo plazo. Así, le hacemos el juego al cinismo de gente como Duque y nos involucramos en el ambiente de impotencia que respiran las mayorías, no solo de Colombia sino del mundo entero.

Eso explica el auge de las iglesias y falsos profetas, la búsqueda de fórmulas esotéricas y de toda clase de ideologías del Apocalipsis, que son síntomas visibles del fortalecimiento de los “neo” y “proto” fascismos que hacen carrera en Colombia y en todo el mundo.       

Nota: Entre los gestos y amagues que hará Duque está la campaña de agresión contra el gobierno de Maduro, que solo es parte de los “fuegos artificiales” de Trump para mantener contentos y bien pagos a los Marcos Rubios y los Almagros, y que seguramente Duque tratará de convertir en un clima de guerra entre Colombia y Venezuela para legitimar todo tipo de políticas regresivas y anti-populares. También le servirá a Maduro para mantenerse en el poder con base en su aparente “lucha anti-imperialista”.  

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

miércoles, 12 de septiembre de 2018

LA GRAN BURGUESÍA FINANCIERA GLOBAL


LA GRAN BURGUESÍA FINANCIERA GLOBAL

Popayán, 12 de septiembre de 2018

“Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no temas el resultado de cien batallas”.

Sun Tzu

La acción terrorista del 11 de septiembre de 2001 –hace 17 años– fue la primera acción político-militar de la Gran Burguesía Financiera Global GBFG. Independiente de si esa acción fue realizada por militantes árabes (suicidas y fanáticos de Al Qaeda) o por mercenarios internacionales o por fuerzas internas de las agencias de inteligencia de los EE.UU., desde ese día se hicieron visibles los intereses de esa casta plutocrática que acumula riqueza con base en la especulación, la guerra y la manipulación mediática[1].  

Esa Gran Burguesía Financiera Global nació a principios del siglo XX a la sombra de colonialismos e imperialismos; luego, pasó su adolescencia bajo la cobertura de las grandes potencias consolidadas después de las dos guerras mundiales, especialmente de los EE.UU. pero también de Rusia (URSS)[2]; y finalmente,  aceleró su formación apoyándose en las políticas monetaristas que acabaron con los acuerdos de Bretton Woods, alimentándose de cada crisis económica y financiera desde 1973 a 2008.

Solo si entendemos la naturaleza, el carácter, los intereses y forma de pensar y de actuar de esa ínfima y exclusiva casta social (GBFG), podremos entender los fenómenos sociales, económicos, políticos y culturales que ocurren hoy en todo el mundo y al interior de cada país y Estado “nacional”, sea del centro imperial o de la periferia capitalista, y re-pensar las estrategias para enfrentar ese monstruo que la humanidad ha creado en su loca e inconsciente carrera tras el llamado “progreso” y “desarrollo”.

Numerosos estudiosos han escrito sobre el tema desde áreas y campos de estudio diversos y especializados[3]. Importantes movimientos sociales y políticos se han enfrentado a esa burguesía global que se manifiesta de disímiles maneras pero nunca se muestra abiertamente. Mucha gente todavía se confunde con su accionar al no lograr ni siquiera identificarla y dispara su dotación contra fantasmas “nacionales” o “estatales”. Por supuesto, no dan en el blanco, desgastan sus fuerzas y siempre la fortalecen.

Es posible que esa GBFG ni siquiera se reconozca a sí misma. Además, si lo hiciera, políticamente sería un grave error. Es mejor conservar distractores “nacionales” y hacer creer que los Estados y los organismos internacionales (ONU, OMC, CPI, OIT, etc.) tienen el poder. De lo contrario, podrían colocarse en la mira de los millones de trabajadores desempleados y de los cientos de pueblos que sufren miserias y tragedias de diferente tipo a causa de su existencia. Su actuar transversal, subterráneo y en cabeza de “otros”, es una de sus principales y más importantes características.

Los pocos pero bien pagados estrategas y “Ceos” que están tras  esa casta social planetaria saben que la sola existencia de esa clase social ya es un problema. Que sus capitales y sistemas de acumulación se fueron formando sin que ellos fueran conscientes de tal engendro. Muchos de esos multimillonarios hacen esfuerzos por sentirse y mostrarse como estadounidenses, ingleses, alemanes, franceses, rusos, chinos, etc., pero cuando deben tomar una decisión financiera o económica tienen que olvidar esa condición o identidad. Por ello se refugian en el anonimato de las grandes e impersonales instituciones financieras.

No obstante, amplios sectores de la población han empezado a darse cuenta de esa situación. La llamada “revolución árabe”, el movimiento de los “indignados” en Europa (España, Grecia) y la oleada de “Ocupy Wall Stret” en EE.UU. y en el mundo en 2011, que fueron momentos culminantes posteriores a las grandes movilizaciones anti-globalización de finales del siglo XX y principios del XXI, fueron señales –débiles pero significativas– de la conciencia planetaria de su existencia. “Somos el 99% fue su lema.

Lastimosamente los gobiernos progresistas y de izquierda de América Latina no estuvieron a la altura de esas grandes movilizaciones populares al seguir identificando como su principal enemigo al llamado “imperialismo norteamericano”. Todavía hoy, después de las numerosas experiencias que desde 2001 han mostrado nítidamente la existencia de esa casta plutocrática mundial, la gran mayoría de pensadores revolucionarios de Latinoamérica siguen en esa línea de pensamiento que no les permite sintonizarse con los hechos que ocurren en el mundo entero y en la región.

Por ello no pueden entender la aparición de un Putín, Xi Jinping o Trump que enfrentan a su manera a la GBFG y su globalización neoliberal. Para hacerlo se apoyan en herencias “trascendentes” como los nacionalismos (rusos, chinos o estadounidenses), la religión (ortodoxa rusa, creencias y herencias tradicionales chinas y  el presbiterianismo fundacional norteamericano) y poder militar. Intentan  revivir la dinámica de su pasado imperial, aparentan golpear a la “gran oligarquía corrupta”[4] y logran entusiasmar amplios sectores de la población con lemas populistas como “Primero EE.UU.”, “Tu Rusia es mi Rusia” y “El sueño chino”.  

Esa GBFG es des-nacionalizada pero, a la vez, transnacional. Le apunta a intereses nacionales cuando le conviene pero en lo fundamental sus intereses son globales. Es eminentemente especulativa y monopólica pero sabe que no puede desprenderse totalmente del aparato productivo “real” (que transforma materias primas y trabajo manual) pero controla en forma sistémica e integral toda la dinámica productiva y acumula capital cediendo espacios de operación y administración a burguesías emergentes de muchas regiones y, aún, a sectores de trabajadores asociados pero subordinados a su poder financiero.

La desconcentración, descentralización, deslocalización y transectorización de los procesos productivos iniciados en la década de los años 70s del siglo XX en Japón (“toyotismo”[5]), súper-acelerados a nivel global con la revolución digital, telemática e informática de los años 90s, transformaron los grandes conglomerados familiares primero en “multinacionales” y después en “transnacionales”, creando un grado de imbricación y superposición de intereses, redes y relaciones que le dieron vida a esa máquina de especulación financiera que es el soporte real y virtual de esa nueva casta imperial.

Esa nueva y compleja “centralización” del capital que genera (y aprovecha) grandes crisis económicas y financieras ha revivido nuevas formas de acumulación por despojo y desposesión[6], desterritorialización[7] y robo descarado de grandes recursos naturales, recurriendo a nuevos tipos de guerras reales y artificiales para crear a su antojo “estados fallidos” y situaciones de tensión y desestabilización que colocan al servicio de sus manejos especulativos. Así han aparecido nuevas formas de esclavismo y manipulación de millones de trabajadores y consumidores, provocando fenómenos de gran impacto en la economía, el medio ambiente, la salud y todas las áreas de la vida de la humanidad[8].       

En lo fundamental esa GBFG es formalmente “anti-estatista”, porque no está interesada en regulaciones y controles pero, a la vez, sabe que requiere de unos Estados “nacionales” para controlar a la población, jugar a la democracia en donde sea necesario y provocar guerras y conflictos que garanticen el flujo de sus capitales en áreas estratégicas para su reproducción como la industria militar, las economías criminales e ilegales, el control de los medios de comunicación y de la moneda. Pero, en las últimas décadas ha descubierto que pueden utilizar Estados autocráticos para obtener mejores condiciones para explotar a los trabajadores usando a gobiernos “comunistas”, “nacionalistas” o a viejas dinastías absolutistas recicladas con visiones posmodernas que domestican el llamado “multiculturalismo”[9].

Esa GBFG ha construido una narrativa “trans-humanista” basada en los avances científicos y tecnológicos que promete superar los límites humanos: muerte, vejez, inteligencia y belleza. Busca la perfección racial, la carencia de sufrimiento y la satisfacción de todos los deseos.  Detrás de esa narración están los poderosos conglomerados empresariales de las “nuevas ciencias y tecnologías” (bio-neurología, nano-tecnología, bio-psicología, computación cuántica, entretenimiento digital, etc.). No es ciencia ficción es puro negocio, especulación financiera y manipulación política. Sueños para minorías “arribistas”.

La dispersión absoluta y la derrota de los trabajadores a nivel global, y el fracaso de los “socialismos estatistas” del siglo XX (y de los inicios del XXI), acompañada de la crisis de los paradigmas teóricos que sustentaban esas luchas y programas políticos[10], ha impedido que los “nuevos trabajadores” precarios, precarizados e informalizados que han surgido en todas las áreas de la vida humana, identifiquen con absoluta claridad a ese enemigo mortal y criminal de la humanidad. Todavía no “vemos” ese enemigo global y preferimos seguir “luchando” contra enemigos menores y subordinados.   

No obstante, nuevos fenómenos económicos, sociales, políticos y culturales están apareciendo paralelamente al surgimiento de esa casta financiera global. Los movimientos anti-globalización neoliberal, contra la discriminación étnico-nacional y cultural, de género y contra el patriarcalismo, las luchas ambientalistas y por la apropiación de los “bienes comunes”, las masivas migraciones y muchos otros fenómenos que ocurren a nivel global pero también en regiones y localidades, han sido el germen de nuevas formas de ver, sentir, interpretar y comprender esta dura y lacerante realidad del capitalismo realmente existente.

Ello es tema de nuevas reflexiones y germen de nuevos paradigmas que están en construcción en el mundo. Se intentará abordar esa temática en nuevos escritos.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado  



[1] “‘El capital ficticio’, que está en la base de esta forma de operar de la burguesía, nace de la incesante necesidad de crédito para la expansión y eliminación de rivales en la lucha inter-monopólica” (“El poder de la burguesía financiera” de Fernando Hugo Azcurra).

[2] Muchos herederos y teóricos de la antigua burguesía rusa conciben (y aplauden) la acción de los bolcheviques como una acción necesaria para superar el atraso económico de esa nación sumida en el “feudalismo oriental”. (Nota del Autor).  

[3] Entre los estudiosos del capitalismo financiero y la aparición de una burguesía global se pueden destacar a Antonio Negri y Michael Hardt con el “Imperio”; Saskia Sassen con “La ciudad global; William I. Robinson, David Harvey, Costas Lapavitsas, Yanis Varoufakis, Jorge Beinstein y muchos otros autores que hacen aportes importantes en esa dirección. También están los teóricos del “sistema-mundo capitalista” como Immanuel Wallerstein y Giovanni Arrighi, aunque su planteamiento ha sido cauto y medido frente a aceptar la existencia de una “casta financiera global”. (Nota del Autor).  

[4] Tanto en Rusia como en China se han lanzado campañas “anticorrupción” contra connotados multimillonarios rusos y chinos y sus colaboradores y agentes dentro del gobierno y el partido. Dichas campañas potenciaron políticamente a Putín y Xi Jinping pero ambos tienen poderosos aliados capitalistas dentro sus países. Trump hace alarde de enfrentar a Wall Street y al “Estado Profundo” y efectivamente diversas élites globalistas lo conciben como una amenaza. (Nota del Autor).  

[5] Proceso que se inició en Japón que se expandió por todo el mundo, denominado como “re-estructuración post-fordista”. (Nota del Autor).

[6] Ver: David Harvey en “El nuevo imperialismo” (2004), “El enigma del capital y las crisis del capitalismo” (2012), “El cosmopolitismo y las geografías de la libertad” (2017) y otros textos.

[7] Esa “desterritorialización” implica, también, nuevas formas de apropiación del territorio por las comunidades despojadas y desplazadas, aún en desarrollo. (Nota del Autor).

[8] Los enormes desequilibrios ambientales, energéticos, aparición de nuevas enfermedades, crisis alimentaria, descomposición moral, el auge de las economía criminales (tráfico de armas, drogas, personas, genes, apuestas ilegales, micro-crédito informal, pornografía, guerra informática, etc.) son manifestaciones del impacto que ha generado la aparición y fortalecimiento de la casta financiera global y su acción depredadora a nivel planetario, de lo cual existen múltiples, amplios y juiciosos estudios. (Nota del Autor).   

[9] La teoría del “capitalismo asiático” y las tendencias neo y proto-fascistas que pululan en todo el mundo parecieran ir en esa dirección. Es una nueva combinación del “neoliberalismo extremo” con gobernanzas autoritarias y militarizadas (de “izquierda” o de “derecha”). Es la re-creación a un grado superlativo de la teoría de Teng Siao de que “No importa que el gato sea blanco o negro mientras cace ratones”. (Nota del Autor).

[10] Es evidente que los paradigmas teóricos que se basaban en análisis geopolíticos y en los intereses de los Estados “nacionales” han hecho crisis, especialmente desde la llamada revolución (o “primavera”) árabe. Hoy esos paradigmas no saben cómo leer a Trump, Putin, Xi o cualquier otro líder representativo de intereses de clases o fracciones (y facciones) de clases que se enfrentan a la casta financiera global. Los mismos análisis que sirven para atacar a Trump sirven para justificar el apoyo a dictaduras como las de Ortega y Murillo en Nicaragua o para defender castas reaccionarias islámicas u otras lacras. En Colombia, dichos paradigmas teóricos no han podido caracterizar a Uribe y han sido la base teórica para aliarse con la burguesía transnacional para –supuestamente– superar la “pre-modernidad gran terrateniente”. (Nota del Autor).           

miércoles, 29 de agosto de 2018

¿CUÁNDO SE PERDIÓ LA MEMORIA Y EL RUMBO ESTRATÉGICO?


¿Cuándo se perdió la memoria y el rumbo estratégico?

Popayán, 29 de agosto de 2018

En Colombia recién se abre la posibilidad de debatir sobre la experiencia ocurrida con las Farc. De acuerdo a nuestra mirada y versión (que puede estar equivocada pero se debe demostrar su error), esa guerrilla pasó a partir de 1982 (aunque su deterioro venía desde atrás) de ser una representante armada de la auténtica y digna lucha campesina e indígena por la tierra, a convertirse en un cuerpo armado separado de la sociedad. Ese grupo armado, a partir de ese instante, desarrolló una estrategia básicamente militarista que fue –total y absolutamente– instrumentalizada por el imperio y la oligarquía. Esa “guerra” no solo se usó para neutralizar y debilitar las luchas populares y de los trabajadores colombianos sino para que el gran capital despejara y se apropiara de extensas regiones y territorios estratégicos ricos en recursos naturales (minerales, petróleo, gas, biodiversidad, turismo), despojando y desplazando a millones de campesinos, negros, mestizos e indígenas. La economía del narcotráfico fue la principal herramienta de intervención territorial y la guerra “contra-insurgente” su motivo.

Hay quienes fueron parte directa o indirecta de esa tragedia que hoy se niegan a reconocer esa deriva de la obra “insurgente”. Los entiendo. Piensan que cuestionar el papel de las Farc como representantes de las luchas populares es hacerles el juego a los enemigos de la causa transformadora de los pueblos y de los trabajadores pero no se atreven a hacerse preguntas simples y sencillas. ¿Por qué terminaron tan mal? ¿Por qué la mayoría de la sociedad colombiana los rechaza? ¿Por culpa de las clases dominantes y del imperio?

No niego, entonces, que los principales dirigentes y muchos de sus militantes y colaboradores de las Farc fueran luchadores populares bien intencionados y hasta heroicos. No obstante, señalo un momento (¡y vaya momento!) en donde perdieron el rumbo (1982). Y la gente en todo el país lo decía con claridad: “La guerrilla perdió su norte ideológico”. Pero lo más importante para poder avanzar es preguntarnos: ¿Qué tipo de problemas había en su formación política e ideológica que hizo posible que no solo perdieran la memoria sino también el “rumbo estratégico”?

Negar que fueran luchadores populares sería cerrar la puerta para plantearnos el problema ideo-político que es lo fundamental y nos sirve para avanzar en la actualidad.

¿Qué problemas existían en la formación de las guerrillas colombianas cuando llegó ese momento? ¿Qué limitantes políticos existían para que ellos no pudieran detectar que si seguían por el camino que diseñaron en 1982, iban a terminar en lo que ocurrió en 2017? Y claro, es necesario precisar que ese camino no fue escogido en forma aislada de la lucha de clases y de la situación del mundo y del país, ni de la estrategia utilizada por el enemigo, pero la concepción política e ideológica de los principales dirigentes es el aspecto determinante para definir y señalar ese “rumbo”.

Por ello, no es correcto negarse a hacer “recuentos parroquiales” y a detallar las “minucias” de los hechos ocurridos.  Es en la particularidad, en ese "síntoma", en donde precisamente podemos encontrar las respuestas al porqué se perdió el rumbo estratégico; es allí donde encontramos la “generalidad concreta”. Y eso solo se puede detectar “desde adentro” de la lucha de clases, participando en las luchas cotidianas de nuestro pueblo, no solo las luchas armadas y beligerantes, ni solo las electorales o las filosóficas, sino en “sus luchas”. Claro, ello nunca se podrá hacer desde un “Olimpo”.     

Toda esta reflexión y sus conclusiones (que siempre serán parciales y aproximadas), deben ponerse al servicio del movimiento real. El principal problema en nuestra formación ideo-política está presente (y mucho) en los movimientos, organizaciones y dirigentes actuales, independiente de si han renunciado (por táctica o por convicción) a algunas formas y métodos de lucha.

Uno de los componentes del problema ideo-político puede ser definido como la presencia (oculta, camuflada, negada y reprimida) de un núcleo religioso (cristiano) que está en la base filosófica de nuestra pretendida conquista de la “justicia social”. Esa meta es concebida –fruto de esa concepción cristiana– como un reemplazo ideal de la “justicia divina” y para poder lograrla siempre se requiere de los “intermediarios” entre ese núcleo divino y el pueblo, o sea, los liberadores, los héroes, los que se sacrifican, lo mártires, muchas veces con vocación suicida.

Y no es un problema sólo de los “materialistas dialécticos” colombianos o latinoamericanos. No, es un grave problema presente en gran medida en las luchas libertarias de casi todos los pueblos que han heredado los enfoques religiosos que se han camuflado de “filosofía materialista-dialéctica” y que, por falta de estudio y de debate abierto y sincero, no nos atrevemos a cuestionar. Y no solo ocurre en las culturas “occidentales” y/o “judeo-cristianas” sino también en las culturas “orientales” y en las llamadas “ancestrales”.

En muchos casos el “dios” todopoderoso y sapiente” es reemplazado por el “partido”, el “marxismo”, el mismo “pueblo”, o en otros, por la “madre tierra” o la “pacha-mama”, en donde el ser humano queda sometido a castigos y destinos sobre los cuales no tiene el más mínimo control. Por ello, por cuanto no hemos logrado superar muchos de esos valores heredados, la mayoría de nuestros líderes revolucionarios (muchas veces en contra de su voluntad pero también con su aceptación) terminaron pareciéndose a los “dioses”, “cristos”, “zares” y “reyes” que queríamos derrocar, olvidándose de la sencilla y práctica formulación de Marx: “La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos”.

Claro, es un problema que debe ser plena y ampliamente expuesto y profundizado para que la juventud que hoy toma el bando pueda en verdad superar esa dificultad y debilidad ideológica que, siempre estará por allí, camuflada de “jorobadito” que controla desde atrás la “máquina” que resuelve todos nuestros problemas[1].

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado


[1] Benjamin, Walter (1940) Tesis de la filosofía de la historia. Tesis 1.

miércoles, 22 de agosto de 2018

SUPERAR EL SÍNDROME DEL “TÍTERE” Y DEL “TRAIDOR”


SUPERAR EL SÍNDROME DEL “TÍTERE” Y DEL “TRAIDOR”
Popayán, 22 de agosto de 2018
“Ocurre a menudo que las esperanzas revolucionarias de las masas se realizan bajo formas reaccionarias”. A. Ciliga
“Hay más verdad en la máscara que llevamos, en el juego que jugamos, la ficción que obedecemos y seguimos, que en lo que se esconde bajo la máscara”. S. Zizek
En Colombia hizo carrera la idea de que Duque es un “títere”. Se basó en que Uribe lo “señaló” como pupilo. “El que dijo Uribe” era la frase usada para promover o descalificar su aspiración. Creativas caricaturas y virales “memes” ridiculizaban la capacidad del candidato. Como recurso electoral podría ser válido pero asumirlo como verdad es un error. Hoy Duque hace dudar a muchos con sus actuaciones como primer mandatario. Unos se ilusionan con una “traición” al estilo Santos y otros hacen fuerza por que el “titiritero” encarne en Duque.
Intentaremos demostrar que es una idea equivocada. Es el resultado de desconocer la historia y los intereses de clase que son el sustento de las actuaciones de las personas y su expresión política. Está en la base conceptual que sirvió para creer y afirmar que “Santos es igual a Uribe” o que “Santos traicionó a Uribe”. Es fruto de la práctica de no captar las diferencias o de hacerlas ver más grandes de lo que son, que es algo propio de la visión lineal y ahistórica.   
El origen y la evolución del “uribismo”
Hemos explicado en anteriores artículos que Uribe es resultado de la reacción de una parte de la población colombiana frente a los desafueros de las guerrillas contra campesinos ricos y medios en diversas regiones de Colombia en los años 80s y 90s del siglo pasado (XX). Es un fenómeno socio-político y cultural difícil de entender y aceptar por muchas personas y sectores políticos. Nada tiene que ver con la auténtica y digna lucha campesina por la tierra.
Uribe como ser político se hizo dentro de la clase política tradicional, fue alumno aventajado de dirigentes, ideólogos y personalidades liberales. Y como ser social, era parte de una familia de clase media que por las circunstancias de la vida terminó involucrada con las mafias narcotraficantes antioqueñas que tenían sueños de ser grandes hacendados.
El “uribismo” como corriente política intenta representar los intereses de sectores sociales que se colocaron como meta principal la derrota de las Farc pero, también, desplazar del poder del Estado a la llamada “oligarquía bogotana” que –según ellos– por incapacidad o cobardía habían permitido el crecimiento y poder de las guerrillas. Esos sectores eran los empresarios paisas; los campesinos ricos y medios de todo el país; y las familias católicas de Colombia.
Así, el “uribismo” logró integrar varias corrientes ideológicas que desde 1994 constituyeron un proyecto político de largo plazo. Ellas son: el chovinismo-nacionalista paisa, anti-comunista por esencia; el más radical izquierdismo anti-soviético y anti-fariano colombiano; el clericalismo católico del siglo XVIII; y los teóricos del “Estado comunitario”.
En su dinámica político-militar el “uribismo” consiguió unificar a diferentes fuerzas políticas de las regiones, tanto tradicionales como de movimientos cívicos y políticos emergentes que surgieron al calor de la lucha contra-insurgente que construyó verdaderos ejércitos para-militares con el apoyo de sectores oficiales (estatales e imperiales) y despojó de sus tierras y desplazó de territorios a millones de campesinos, indígenas, negros y mestizos.
Ese proyecto político-militar se apropió durante más de 20 años de importantes áreas del territorio colombiano y logró cooptar el aparato del Estado durante las últimas dos (2) décadas, logrando en cabeza de Uribe llegar a la presidencia de la república (2002) y controlar importantes sectores del Estado (ejército, congreso, cortes judiciales, órganos de control, fiscalía, etc.), y penetrar también en algunos sectores productivos vinculados al sector agrario.
En el proceso de derrotar políticamente a las Farc y debilitarlas militarmente, Uribe hizo múltiples alianzas y concesiones a la “oligarquía bogotana” que decía combatir y a otros sectores políticos que no eran parte de su proyecto inicial. En esa dinámica se convirtió en ficha subordinada del imperio estadounidense y fue utilizado para atacar el proyecto bolivariano de Chávez y de otros gobiernos “progresistas” o de izquierda de países vecinos, acusándolos de ser colaboradores de las Farc. Ha sido un “cachorro” con dinámica propia.
El declive del uribismo  
En medio de su “delirio autoritario” Uribe intentó una tercera elección que se iba a convertir en reelección indefinida, hecho que fue desautorizado por el gobierno estadounidense. Desde ese instante su proyecto político inició un paulatino declive. Los enfrentamientos e interferencias ilegales al funcionamiento de la Corte Suprema de Justicia y otros desmanes y crímenes cometidos desde y durante su gobierno lo fueron desgastando en el ámbito institucional e internacional. Los dueños de los bancos y grandes negocios se asustaron.
En la elección presidencial de 2010 no pudo elegir un sucesor de confianza y la clase hegemónica, la Gran Oligarquía Financiera Global en su capítulo colombiano, o sea, los Slim, Sarmiento Angulo, Ardila Lulle, Gilinski, Santodomingo, etc., impusieron la sucesión con Juan Manuel Santos para continuar la tarea de Uribe y desmontar el conflicto armado con las guerrillas para garantizar un nuevo ambiente de “paz” para las inversiones globalistas.
Una vez Santos inicia su gobierno, Uribe es desplazado del partido de la “U” fundado en alianza con los sectores más descompuestos de los partidos tradicionales. En 2012 organiza el “Frente contra el Terrorismo” y en 2013  creó el partido “Centro Democrático” con sus más cercanos colaboradores, disidentes conservadores y algunos miembros del M19 para participar en las elecciones de 2014. Desde 2012 se había declarado en oposición al gobierno de Santos cuestionando diversas políticas pero mantenía niveles claves de influencia dentro del ejército y algunas instancias del gobierno aprovechándose de las vacilaciones de Santos.
Durante los siguientes años las relaciones entre Uribe y Santos se hicieron más difíciles y controversiales. Altos funcionarios del gobierno de Uribe fueron enjuiciados, unos huyeron y otros fueron apresados, avanzó el proceso de paz con las Farc, las relaciones con los gobiernos de Venezuela, Ecuador y otros países se restablecieron y tranquilizaron, Colombia entró a ser parte de Unasur y la Alac, y Uribe terminó siendo la cabeza de la oposición.
Uribe obtuvo una importante votación para su partido en 2014 y fue elegido senador. Logró constituir una disciplinada bancada parlamentaria bajo su férreo mando y lideró una obcecada oposición a Santos. Su obsesión ha sido garantizar su impunidad frente al peligro de ser enjuiciado por los numerosos crímenes que se cometieron desde cuando fue Gobernador del departamento de Antioquia y en sus dos períodos como presidente de Colombia.
Uribe es consciente que de no contar con la fuerza política que construyó en este período y si no fuera portador de valiosa información que compromete a la casi totalidad de los estamentos del poder político y económico que se involucraron en la guerra contra-insurgente, incluyendo empresas extranjeras y agencias del gobierno de los EE.UU., ya hubiera sido sacado del escenario político y entregado a la justicia. Él lo sabe y mucha gente también.
Por ello, en la coyuntura de las elecciones de 2018, para Uribe era fundamental derrotar a las fuerzas políticas que realmente habían re-elegido a Santos en 2014, o sea, a los sectores democráticos de las clases medias que desde 2010 (Mockus) levantaron la lucha contra la corrupción y a los sectores democráticos de izquierda y progresistas que impulsaban la paz. De ello dependía su tranquilidad y la de muchos de sus cómplices y colaboradores.
¿Por qué ganó el “candidato de Uribe”?
Esas fuerzas democráticas que fueron fundamentales para la elección de Santos en 2014 para sostener y continuar el proceso de paz, nunca entendieron que debían mantener una actitud autónoma e independiente (deslindada) tanto del gobierno como de las Farc, para presionar con eficacia la solución negociada del conflicto armado, constituirse en la fuerza política para consolidar la paz, impedir el incumplimiento de los acuerdos y el regreso del “uribismo”.
Al no entenderlo, entregaron su fuerza electoral a Santos sin contraprestación alguna, permitieron su demagogia y politiquería con la paz, y facilitaron el trabajo político de  Uribe. Buena parte de las importantes luchas populares y movilizaciones sociales, entre ellas el paro cafetero y agrario de 2013, fue canalizado por el “uribismo” fortaleciendo su presencia en sectores de la población que fueron esenciales en la coyuntura política de 2018.
Además, las Farc en su embriaguez triunfalista de la “conquista de la paz”, desconociendo el rechazo generalizado que existía entre amplios sectores de la población, le ayudaron –torpe e ingenuamente– a Uribe y todos los sectores comprometidos con los crímenes de la guerra contra-insurgente, a posicionar la idea de que Santos le estaba entregando el país a las Farc y a una izquierda que iba a aplicar el tenebroso paquete “castro-chavista” en Colombia.
A pesar de todas esas torpezas, las fuerzas democráticas avanzaron en lo electoral pero no pudieron evitar que “el que dijo Uribe” fuera elegido presidente. Tres factores contribuyeron con ese avance: 1) El impacto de los escándalos de corrupción y la acción política que aprovechó esa circunstancia; 2) Los errores cometidos por los dirigentes de las Farc en su proceso de hacer política legal que ratificaron ante la opinión pública que no tenían respaldo popular y no constituían mayor peligro, y 3) Que los candidatos democráticos (Petro, Fajardo y De la Calle) se alejaron de cualquier compromiso con ese nuevo partido.
No obstante, Uribe entendió que al desaparecer la “amenaza castro-chavista” encarnada en las Farc, no podía ganar las elecciones con un candidato de su entraña. Por ello, desde septiembre de 2017 postuló a Duque como su candidato sacrificando a Oscar Iván Zuluaga y a otros copartidarios. Una vez Duque es escogido por el CD en un ejercicio de encuestas, organiza una coalición con conservadores (Pastrana-Martha Lucía) y otros sectores de la extrema derecha (ex-procurador Ordóñez) para realizar una consulta inter-partidista el 11 de marzo que se planteó como un plebiscito contra Petro, a quien señalaba como el sucesor de las Farc.  
Entre el 11 de marzo y el 27 de mayo los demócratas colombianos reviven la “patria boba”. Fajardo, el candidato del “centro” (Coalición Colombia) confronta a Petro con el discurso uribista permitiéndole a Duque que continuara ganando terreno con un discurso conciliador y “centrista”. Y Petro se concentró en atacar a Uribe acusando a Duque de ser su “títere” confirmando y reforzando su talante de izquierda “vengativa”. Uno de sus acompañantes anunciaba públicamente que su principal meta era “meter preso a Uribe”.
Uribe logra acuerdos con toda la casta política y con la oligarquía financiera para apoyar a Duque en la última fase de la campaña. Petro pasa a segunda vuelta y con las fuerzas democráticas que lo apoyan (un sector verde y polista) intenta presentar a Uribe como la gran amenaza para la democracia. No lo consigue; una parte de las fuerzas democráticas (fajardistas) apostaron por “lo malo conocido” (Uribe) frente a “lo bueno por conocer” (Petro) e inclinaron la balanza por Duque.
Después de las elecciones se quiere hacer creer que Duque ha moderado su posición frente a los acuerdos de paz o la reforma de la justicia por supuestas presiones del FMI. Esa actitud infantil menosprecia lo logrado por las fuerzas democráticas que nadie puede desconocer. Hay algo de esa actitud en la refrendación de la consulta anti-corrupción del próximo 26 de agosto, que “de hecho” las fuerzas democráticas ya votaron y ganaron en la primera vuelta (27-M). A veces no vemos “lo real” por estar pendientes de “lo formal” y, como en el plebiscito de la paz, nos desgastamos.   
La coyuntura actual
Para avanzar en el análisis de la coyuntura actual que tiene que ver con la caracterización del gobierno y la actitud de los demócratas (alternativos, progresistas e izquierdas) frente a la nueva situación, se presentan en forma resumida unas conclusiones y algunos otros elementos que se deben considerar para entender las particularidades del momento, no solo en el marco nacional sino regional (latinoamericano) y global. Veamos:
a)  El acuerdo hecho por Uribe con la casta política tradicional tiene como único objetivo detener el avance de las fuerzas democráticas y del proyecto político que lidera Petro.
b)  Para Uribe lo principal es garantizar su impunidad pero no renuncia a su proyecto político. Trata de asegurar lo primero sin olvidar lo segundo. 
c)   Uribe y Duque coinciden en lo fundamental; diseñaron su plan desde el año pasado (2017).
d) A Uribe le sirve que Duque aparente ser “títere” y amague con ser “traidor”. El engaño y negociación requieren de esos papeles y actuaciones.
e)  Uribe ya trabaja en paralelo con el gobierno y sus parlamentarios. Con Duque avanza hacia el “centro” (clases medias) y con la bancada mantiene a Petro tirado a la izquierda.       
f)   Uribe y Duque –por lo visto– “tacan” a dos o tres bandas. Tratarán de perfeccionar lo hecho por Santos profundizando sus políticas a favor del gran capital aunque tendrán que “defender” y “beneficiar” a empresarios y productores medios y pequeños.      
g)   Uribe y Duque inauguran en Colombia una “nueva derecha” que no solo posará de “anti-corrupta” sino que enfrentará de hecho algunas formas “pre-modernas” de hacer política.
h)  Esa “nueva derecha” es un fenómeno mundial (Trump, Putin, otros) y es resultado de la actual crisis de la globalización neoliberal. En Colombia recién asoma la cabeza.
i)  La política de industrialización de nuestras materias primas propuesta por Petro y recogida por Duque, tiene hoy condiciones nuevas de realización en el ámbito internacional.
j) Uribe y Duque tendrán que mantener un equilibrio entre tres sectores que los sustentan: la oligarquía financiera transnacional, la burguesía burocrática y los medianos empresarios y productores. No la tendrán fácil pero todo depende de la capacidad política de las fuerzas democráticas.
k) El gobierno colombiano no está en condiciones de involucrarse en aventuras bélicas frente a la crisis venezolana. Mientras Trump y Putin desactivan la guerra en Siria, en contravía con los intereses de la oligarquía financiera global, no existe la más mínima posibilidad de que se promueva –en el corto plazo– una acción de ese tipo en nuestra región.
l)  La “guerra contra las drogas” y la “nueva guerra post-farc” más degradada que la anterior va a proseguir su dinámica “irregular” mientras los diversos grupos armados ilegales seguirán asesinando “por contrato” a los luchadores sociales.
¿Qué hacer?
En Colombia las fuerzas democráticas siempre han sido cooptadas por la oligarquía y la “izquierda” ha sido utilizada para hacerlo. Pasó con López Pumarejo, López Michelsen y Juan Manuel Santos. Ello por cuanto no se ha luchado con autonomía e independencia. Han existido coyunturas de fraccionamiento de las clases dominantes que por erradas lecturas no fueron aprovechadas. La reforma agraria de Lleras Restrepo (1966) solo fue apoyada y utilizada por liberales progresistas y dirigentes campesinos e indígenas pero el grueso de la izquierda estaba en su proyecto insurreccional y la izquierda legal no supo qué hacer. Igual pasó con Luis Carlos Galán Sarmiento quien enfrentó con valentía a la oligarquía corrupta que se alió con las mafias narcotraficantes pero las izquierdas cortesanas no hicieron nada.
Hace 4 años los demócratas (incluida gran parte de la “izquierda”) se aliaron con Santos para derrotar a Uribe y alcanzar la paz. Se logró el desarme de las Farc pero no se derrotó a Uribe. La práctica demostró que Santos no era igual a Uribe y que Santos no traicionó a Uribe. Fue correcto apoyar a Santos en esa tarea pero no se hizo con la suficiente claridad, fuerza, autonomía e independencia. No se valoraron las fuerzas democráticas que fueron determinantes en la elección de Santos a quien se le entregó ese capital político con base en la idealización de la paz y del proceso. Un inexplicable triunfalismo obnubiló a muchas fuerzas políticas y todo ello se convirtió en un obstáculo que impidió un mayor avance.    
Además de liberarnos de esquemas que no nos dejan avanzar debemos superar las rigideces que nos impiden ser flexibles y eficaces. Estar atentos a los cambios que son presionados “desde abajo”, romper el “cascarón electoral”, superar los “egos” y cálculos electorales que nos dividen e impiden un debate abierto y fraterno. Hay que superar la estrategia puramente electoral de las fuerzas democráticas y volver sobre el movimiento social luchando contra el burocratismo y el “sectorialismo” que ha hecho un daño enorme.
En términos concretos hay que superar el “síndrome del títere y del traidor”. Hay que empujar no solo a Duque y a Uribe sino a todos los sectores que propongan iniciativas o reformas que sean convenientes para la sociedad y el pueblo. Hay que “coger por la palabra” a Duque no solo en temas “cosméticos” (no mermelada, anti-corrupción, respeto a la división de poderes, reforma política, etc.) sino también, y fundamentalmente, en temas gruesos como la industrialización de nuestras materias primas y el cambio de la matriz productiva y energética, impulsando proyectos concretos en las diversas regiones y con los pequeños y medianos productores (cafeteros, paneleros, arroceros, ganaderos, paperos, fruticultores, etc.) que son los más interesados en esa política. Los candidatos a alcaldías y gobernaciones deben recoger esas propuestas y desarrollar verdaderos y coherentes movimientos locales y regionales.
Hoy la fuerza de los sectores democráticos es suficiente para avanzar con consistencia en todas las áreas de la lucha política sin dejar de ser oposición y sin aflojar en la denuncia de quiénes son los que están detrás de la coalición de gobierno, cuáles son sus intereses y hasta donde pueden realmente llegar. Lo contrario es enconcharse con base en la idealización de los votos conseguidos en la reciente coyuntura electoral, ponerse a la defensiva y no entender la extraordinaria vulnerabilidad y precariedad de las fuerzas que sostienen a Duque y a Uribe.
Pero dicha acción exige serenidad, inteligencia y estrategia para dialogar e interactuar con la Nación y no solo con los sectores que ya están con nosotros.
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