lunes, 9 de septiembre de 2013

MOVIMIENTO AGRARIO... ¡A AVANZAR Y GANAR ESPACIO POLITICO!

MOVIMIENTO AGRARIO… ¡A AVANZAR Y GANAR ESPACIO POLÍTICO!
Popayán, septiembre 9 de 2013
Sin haber terminado el paro nacional agrario ya ha obtenido resonantes e importantes triunfos. Colocó en boca de todo el mundo el tema de los efectos desastrosos que han ocasionado los Tratados de Libre Comercio a la economía nacional y campesina, y puso en evidencia la nefasta política agraria neoliberal que se aplica en Colombia. Es un hecho histórico.
El gobierno - agobiado por la fuerza del paro agrario y acorralado por sus propios errores –, ha lanzado el “salvavidas” de un supuesto “Pacto nacional por el sector agropecuario y el desarrollo rural” convocando a gobernadores, partidos políticos, académicos, gremios y organizaciones agrarias para formular una política para “convertir el sector, no en un foco de pobreza, sino en un centro de equidad y prosperidad”.
Los dirigentes del movimiento agrario se debaten entre asistir o no a esta convocatoria que ha lanzado el gobierno para el próximo 12 de septiembre/2013. Al estar involucrados en el desarrollo del paro, en su logística, recibiendo garrote físico y estar pendientes de su desenlace en las mesas de negociación, pareciera que los dirigentes campesinos no se han percatado de la enorme tronera que han abierto en la opinión pública nacional.
Hay que hacer conciencia que el gobierno no aprende ni rectifica. Al nombrar a Rubén Darío Lizarralde, gerente de Indupalma como Ministro de Agricultura, muestra que no piensa ni por un instante modificar su política, y por el contrario aspira a profundizar el desarrollo agrario basado en las grandes inversiones agro-industriales ofreciéndoles a los pequeños y medianos agricultores ser “socios menores” de sus grandes agro-negocios.
También, frente a los Tratados de Libre Comercio TLCs el gobierno es inflexible. En eso toda la oligarquía está unida. Uribe dijo: “Ojo con cerrar la economía”. Ellos no rectificarán hasta que el conjunto del pueblo colombiano no reaccione y los derrote plenamente.   
Por eso, precisamente por eso, es que la fuerza acumulada por el paro agrario – que está atesorada fundamentalmente en la mente y el sentimiento de millones de colombianos solidarios –, debe convocar abiertamente al pueblo colombiano para que se pronuncie democráticamente en respaldo de las iniciativas campesinas.
Con ese único objetivo hay que asistir a la convocatoria que ha hecho el presidente Santos. No para hacerle el juego a su reelección sino para presentar nuestras propias propuestas campesinas a la Nación. Tenemos la obligación de hacerlas conocer por los medios de comunicación, siendo conscientes de que los representantes de los movimientos y organizaciones agrarias son las estrellas del momento.
Entre las propuestas que podrían ser presentadas está la de realizar una Consulta Popular o un Referendo que decida básicamente tres temas:
1.    Si el pueblo colombiano quiere o no que los Tratados de Libre Comercio sean renegociados en el tema agrícola y en lo relativo a la propiedad intelectual, especialmente la problemática de las semillas.
2.    Si el pueblo colombiano apoya o no el diseño de una política agropecuaria basada en el apoyo de la economía campesina.
3.    Si el pueblo colombiano rechaza o no la política de legalizar las adquisiciones indebidas de tierra que han realizado empresas como Rio Paila y otras grandes empresas capitalistas nacionales y extranjeras en la “altillanura” oriental y otras regiones.  
Hay que asistir a dicha convocatoria para aguarle la fiesta a la oligarquía. Hay que estar ahí  para denunciar la maniobra que están montando para engañar una vez más al pueblo. Hay que asistir allí – donde van a estar todas las cámaras prendidas – para hacer el “show agrario”, reivindicar la ruana boyacense, el poncho llanero, los símbolos campesinos y potenciar el “cacerolazo” a niveles institucionales.
No es el momento de timideces ni de abstencionismos. Es el momento de potenciar la fuerza de los paros a un nuevo nivel – el de la política –, el de conquistar a las mayorías nacionales. El movimiento agrario – en sus diversas vertientes y expresiones – debe colocar su propia agenda política para las próximas elecciones.
La tarea del momento es avanzar y ganar nuevos espacios. No hacerle el juego al gobierno dejándolo con las manos libres para que organice falsos “pactos” que sólo son demagógicos y electoreros. Hay que coparle todos los terrenos. Esa es la obligación de los dirigentes del movimiento agrario que no se deben agotar exclusivamente en negociaciones infructuosas con el gobierno. La obra principal del momento es fortalecerse en un nuevo terreno de lucha que es la disputa abierta por una Gran Consulta Ciudadana y Popular (o Referendo) por la renegociación de los TLCs y la aprobación de una política agraria basada en el apoyo a la economía campesina.

Hay que aprovechar plenamente la proyección que ha logrado el movimiento agrario en el corazón de los colombianos y hacer nuestras las herramientas de la democracia participativa para derrotar a la oligarquía. ¡No lo dudemos! 

domingo, 8 de septiembre de 2013

LECCIONES DEL PARO NACIONAL AGRARIO: HORA DE LA AUDACIA REVOLUCIONARIA

Lecciones del Paro Nacional Agrario: hora de la audacia revolucionaria

CONSULTA POPULAR SOBRE LA REVISIÓN DE LOS TLCs

Popayán, 8 de septiembre de 2013

El paro nacional agrario y popular ha entrado definitivamente en su etapa de desenlace. El gobierno ha aceptado en Popayán organizar otra mesa de negociación con representación de  los campesinos movilizados especialmente de los departamentos del Suroccidente Colombiano (Putumayo, Caquetá, Huila, Tolima, Cauca y Nariño) aunque allí estarán incluidas otras regiones donde se mantienen combativas movilizaciones que están coordinadas por la Mesa de Interlocución Agraria MIA como el Meta, Guaviare, Santander y Antioquia.

Todavía es temprano para hacer un balance de los resultados de esta grandiosa, magnífica, potente, beligerante e histórica lucha en la que confluyeron dos sectores diferentes de los campesinos colombianos (por un lado, productores agropecuarios especializados en cultivos permanentes y transitorios, y por el otro, campesinos colonos de zonas periféricas), sin desconocer la participación de mineros tradicionales y transportistas. En la mesa de Tunja está en desarrollo la negociación y en la mesa de Popayán recién se inician los contactos entre gobierno y la dirigencia campesina.

Sin embargo podemos hacer un balance de la participación y de la posición que asumieron las clases y sectores de clase comprometidos en esta confrontación, e igualmente del proceder de las correspondientes expresiones políticas en esta coyuntura de avance revolucionario de nuestro pueblo. El paro agrario puso a prueba a todas las fuerzas, clases y sectores de clase, y mostró las cualidades así como las falencias de las fuerzas revolucionarias, de los conciliadores y de los enemigos del pueblo.

Primero exploremos la actitud de las clases dominantes. Los terratenientes y empresarios del campo incluyendo algunos antiguos campesinos ricos, representados por Álvaro Uribe y José Félix Lafaurie (Centro Democrático, un sector del partido de la U y un sector de los conservadores), que habían apoyado decididamente el paro cafetero de febrero-marzo de 2013, en ésta ocasión apoyan de palabra el paro agrario pero paralelamente llaman la atención sobre el peligro de "cerrar la economía".

Cuando la lucha se planteó por subsidios, los grandes productores de café estuvieron del lado de la protesta y colaboraron sobre todo económicamente para sostener el movimiento. Pero ahora, cuando el movimiento agrario asume la lucha contra los Tratados de Libre Comercio TLCs o su renegociación, aparentan apoyar el paro para no perder votos pero en la práctica muestran todo su carácter entreguista y pro-estadounidense, y dan la orden de no participar activamente. Ello influyó en la participación del resto de caficultores como ya lo habíamos referido en el artículo “La fuerza e impacto del paro nacional agrario”.[1]

Ello se explica por cuanto los EE.UU. son su principal aliado contra el "terrorismo" de las FARC, que al lado del bolivarianismo latinoamericano ellos consideran su principal enemigo.[2] Además, sabían que de triunfar el paro, la izquierda (Polo-MOIR) por un lado, y por el otro, Marcha Patriótica, serían los sectores políticos que cosecharían frutos con mayor consistencia.

Esta es una importante lección – sobre todo – para las fuerzas de Izquierda que como el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario MOIR, se han hecho falsas ilusiones sobre el papel revolucionario de la “burguesía nacional” en esta etapa de nuestras luchas. Es importante anotar que la actual dirigencia de ese partido ha revisado y tergiversado las ideas sobre esta materia de su principal dirigente y fundador Francisco Mosquera (quien murió en 1994), cuando afirmaba que…

“Ayer hablábamos sobre la necesidad de la alianza con la burguesía nacional, y de ésta como posible aliada del proletariado en la revolución nacional y democrática, así no tuviera una manifestación muy clara, su carácter fuera vacilante y representara el ala derecha del frente patriótico. Hoy hacemos hincapié en que el frente no se puede guiar por los postulados programáticos reformistas de la burguesía nacional, así luchemos por conseguir un acuerdo con ella; pero un acuerdo revolucionario. Ayer luchábamos contra el sectarismo de quienes rechazaban todo compromiso, y nos tocó comenzar por probar la existencia misma de una burguesía que tenía contradicciones insalvables con el imperialismo y sus intermediarios. Hoy hay que insistir en que esa burguesía a veces le teme más al pueblo que al imperialismo, en que no podemos ceder ante sus tendencias derechistas, ni fomentar sus vacilaciones, ni permitirle la engañifa de que se pueden curar las actuales dolencias de la sociedad sin extirpar el origen de las mismas.”[3]

Ese abandono de las ideas de Francisco Mosquera es lo que ha llevado a la actual dirigencia moirista a otorgarle prelación a la asociación con la “burguesía nacional”, negándose a establecer una alianza con los campesinos pobres y el semi-proletariado, que en Colombia luchan por la tierra, contra la concentración de la propiedad latifundista y por la defensa del territorio y la producción campesina mestiza, indígena y afrodescendiente.

Este paro agrario ha colocado en el escenario político la lucha contra los TLCs, que es la profundización del neo-colonialismo que desde principios del siglo XX ha implementado el imperio estadounidense, pero que en el siglo XXI representa un nuevo tipo de dominación y explotación, mucho más efectiva y concentrada, por obra de los grandes conglomerados capitalistas transnacionales que han subordinado bajo sus intereses financieros en intrincadas y complejas formas, no sólo a los grandes capitalistas que ya constituyen una “burguesía transnacionalizada” (tipo Luis Carlos Sarmiento Angulo, Ardila Lulle, Argos y el Sindicato antioqueño, y muchos más grupos financieros) sino que absorben y supeditan bajo su control hasta a los pequeños y medianos productores rurales y urbanos.

Esa línea política errada que rechaza la alianza con los campesinos pobres y le otorga la dirección política de los movimientos reivindicativos a la “burguesía nacional” tiene su mayor expresión en este paro agrario en el acuerdo concertado entre los cafeteros del Huila y el gobierno nacional firmado en Neiva, que en síntesis consiguió ampliar el pago del PIC (Protección al Ingreso Cafetero) para el año 2014, la condonación de deudas bancarias hasta por un  monto de $20 millones de pesos, y algunas promesas sobre fertilizantes e insumos, pero que no contempla para nada la reivindicación planteada con las demás “dignidades” sobre la revisión de los TLCs. Tal acuerdo fue conseguido por la sacrificada lucha de cafeteros pequeños y medianos del Huila, que son la mayoría de los caficultores de ese departamento, pero sin el concurso activo de los grandes productores del tradicional eje cafetero que seguramente serán los principales beneficiarios de ese acuerdo.

Se puede afirmar que en este convenio se vuelve a imponer la visión economista de los grandes productores de café (“burguesía nacional”) y que los problemas de fondo de la caficultura colombiana, que tienen que ver con la aplicación de las políticas neoliberales, no se tuvieron en cuenta y ni siquiera aparecen entre los temas no acordados de la respectiva acta.[4]

En la práctica la lucha de las “dignidades” no se planteó en ningún momento la tarea de enfrentar la política de convertir a los campesinos y pequeños productores agrarios en “socios” subordinados a grandes empresas agro-industriales, que es la nueva modalidad de Cooperativas de Trabajo Asociado implementada por Indupalma en el Magdalena Medio y el departamento del Cesar por el nuevo ministro de Agricultura Rubén Darío Lizarralde, que es una forma de camuflar la proletarización de los campesinos y sobre-explotarlos de una manera que recuerda la relación que existía entre el antiguo terrateniente y el campesino aparcero (aparcería de nuevo tipo).

La potencialidad mostrada por el conjunto del movimiento campesino en este paro nacional agrario y popular, que se manifestó principalmente en cabeza de los pequeños productores (campesinos pobres y jornaleros del campo) obligará a revisar la actual política del MOIR y rescatar planteamientos de “Pacho” Mosquera como el siguiente:

“La gran propiedad territorial en Colombia es uno de los factores que más ha contribuido al encarecimiento de las cosas. La burguesía suspira por una modernización del campo sin tocar el régimen de explotación terrateniente, ni la dominación colonial, verdaderas trabas determinantes del estancamiento de la producción nacional y, desde luego, de la producción agraria. Ninguno de estos problemas son tocados por las soluciones reformistas de la burguesía.”
“¿Qué planteamos nosotros frente a este problema? La confiscación de la tierra de los grandes terratenientes y su repartición entre los campesinos que la trabajan. Es decir, planteamos una solución revolucionaria. Atacamos uno de los soportes del imperialismo, el poder y la riqueza de una clase intermediaria, que juega un papel clave en la expoliación de las clases populares en el país.”[5]   

Es evidente que la política actual del MOIR, de otorgarle la dirección política del movimiento a la “burguesía nacional”, no contribuyó a la unificación y centralización de las fuerzas comprometidas en el paro, y es la principal responsable de que no se hubiera avanzado más en poner contra las cuerdas a la “burguesía transnacionalizada” que es la que dirige y controla al gobierno de Santos. Sin embargo la lucha de clases se va a profundizar en el inmediato futuro. Los pequeños y medianos productores de café, papa, ganadería de doble propósito (leche y carne), cacao, arroz, hortalizas, frutales y otros productos, van a continuar sufriendo el impacto del modelo neoliberal depredador de la economía campesina, y van a protagonizar nuevas luchas que tendrán que involucrar a la población de las ciudades, como se presentó en ésta ocasión con la solidaridad protagonizada por miles de citadinos, que hasta ahora es un anuncio de lo que va a ser una verdadera alianza revolucionaria de las clases subordinadas de nuestro país.

En otros artículos trataremos sobre el comportamiento de la burguesía transnacionalizada, que defiende a ultranza el modelo neoliberal imperante y que como lo manifiesta el nombramiento como Ministro de Agricultura del gerente de Indupalma, no está dispuesta a reversar su política neoliberal sino a profundizarla, incluso apoyándose supuestamente en los acuerdos de La Habana con la guerrilla. También trataremos la actitud de la burguesía burocrática que ante la debilidad de la posición gubernamental consiguió nuevos espacios en la alianza oligárquica, que se concretan en el nombramiento de dos nuevos ministros dentro del gabinete de Santos, el de justicia Alfonso Gómez Méndez y el de Minas y Energía Amilkar Acosta, ambos de la línea política de Ernesto Samper, que van a ser utilizados para hacer apariencia de “estatismo” y de un supuesto “compromiso social”.

También analizaremos el comportamiento de las clases populares. Detallaremos la actitud asumida por los trabajadores del Estado (trabajadores de la salud, educación, sector petrolero) representados por las centrales sindicales, la actuación de los transportistas, de los pequeños y medianos mineros y los mineros tradicionales, la posición de las comunidades indígenas, especialmente las del Cauca (CRIC), la reacción de los jóvenes de clases medias y estudiantes que fueron la fuerza central de los “cacerolazos”, y la actitud expectante del resto de la población trabajadora (proletariado tradicional, “precariados” y trabajadores informales como los moto-taxistas y vendedores ambulantes).  

Adelantándonos a las conclusiones podemos decir que es urgente – en medio del trabajo cotidiano – abrir un debate sobre la orientación general del movimiento popular y las amplias posibilidades que existen de levantar una plataforma de lucha[6] que unifique a los sectores populares, colocándonos a la altura de los importantes avances revolucionarios mostrados por nuestro pueblo. La sumatoria mecánica de pliegos de exigencias sectoriales debe ser revisada y superada por el movimiento popular.

No sobra decir que el gobierno espera la participación de los sectores y organizaciones movilizadas en el “pacto nacional por el sector agropecuario y el desarrollo rural” que va a instalar el próximo 12 de septiembre en Bogotá. Considero que es importante asistir para dañarles la fiesta. Allí se pueden denunciar las trabas y las contradicciones que el gobierno presentó en las mesas de negociación. En ese escenario se debe llevar la propuesta de realizar una consulta popular sobre la necesidad de revisar los Tratados de Libre Comercio en materia agrícola y de propiedad intelectual (semillas).

Es hora de la audacia revolucionaria de las masas populares. La oligarquía en su conjunto está a la defensiva. Es el momento de colocar sobre la palestra política las iniciativas que se jugaron en este paro y que obtuvieron un amplio despliegue informativo y un apoyo creciente de amplios sectores de la sociedad. El gran encuentro de organizaciones sociales y populares debe ser convocado de inmediato y deben hacerse los mayores esfuerzos por construir la unidad, o por lo menos, conseguir la mayor coordinación entre los diferentes sectores populares.        



[1] Dorado, Fernando. “La fuerza e impacto del Paro Nacional Agrario”: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=172954

[2] La teoría de que las FARC es el principal enemigo del pueblo colombiano fue elaborada por el mismo Francisco Mosquera cuando planteaba que el principal enemigo de los pueblos del mundo era el “Social-imperialismo Soviético” y que las FARC eran una herramienta de ese imperio. Ésta teoría fue mejorada por ex-militantes del MOIR  que se convirtieron posteriormente en los ideólogos de Álvaro Uribe Vélez.

[3] Mosquera, Francisco. “Lecciones de táctica y de lucha interna”. http://www.moir.org.co/LECCIONES-DE-TACTICA-Y-DE-LA-LUCHA,1580.html

[4] Ver el acta firmada por las Dignidades Papera y Lechera en Tunja, y por Dignidad Cafetera en Neiva: https://www.facebook.com/MiCaficultura/timeline

[5] Mosquera, Francisco. Óp. cit.

[6] Hemos presentado los siguientes puntos como parte de esa plataforma de lucha: Nacionalización de los recursos naturales, especialmente los minero-energéticos; Renegociación inmediata de los Tratados de Libre Comercio; Moratoria y renegociación de la deuda pública (interna y externa); Política agraria democrática centrada en apoyo a la economía campesina; Reforma estructural de la Ley 100 de salud; Educación primaria, secundaria, y universitaria gratuita, de calidad y pagada por el Estado.

jueves, 5 de septiembre de 2013

EL GIRO A LA DERECHA DE ANTONIO NAVARRO

EL GIRO A LA DERECHA DE ANTONIO NAVARRO
Popayán, 5 de septiembre de 2013
La semana pasada se dio a conocer el texto del “Documento que sella la unión entre Verdes, Progresistas y Compromiso Ciudadano en un solo Partido”, y se anunció que estaban listos los negociadores o compromisarios para protocolizar esa unión.[1]
De acuerdo a ese contenido los Progresistas sólo actuarán en el congreso del Partido Verde como observadores. Formalmente les dan representación en la dirección nacional pero quienes aprueban la política son los actuales “verdes”. Para poder actuar en propiedad los Progresistas deberán – por un lado – obtener una buena representación en el Congreso y esperar hasta el siguiente Congreso a realizarse después de elecciones de 2014.
¿Puede el Partido Verde, así sea reforzado por Progresistas y Compromiso Ciudadano, convertirse en una alternativa real a los partidos del establecimiento – santistas y uribistas –? Esa es la pregunta central que debemos hacernos.
Si el acuerdo se hubiera construido con base en razones políticas y éticas, si constituyera una unidad con base en principios claros, si se hubiera dado un debate serio sobre los problemas fundamentales del país, si se tratara de una auténtica fusión entre la ética de la “ola verde” y el espíritu de la “defensa de lo público” de Progresistas, la respuesta sería positiva.
Pero no, la unión está centrada en resolver problemas de mecánica electoral. Es fruto de todos los pragmatismos reunidos. Es una aberración política.
El Partido Verde renunció hace rato a sus postulados éticos y los cambió por la “mermelada burocrática”. Así, participa fielmente en la unidad nacional santista. Quedaron atrás la ética política y el “no todo vale” de Mockus. El oportunismo burocrático se apoderó de un partido que nació con la consigna de luchar contra la corrupción y renovar las costumbres políticas. Todo se echó al olvido y se ahogó la fuerza espiritual que dio vida a la “ola verde”.
Ahora, un sector de Progresistas – encabezado por Antonio Navarro – con la idea de estar construyendo una “tercería”, se entrega afanosamente a unir el “desarrollismo urbano” de Enrique Peñalosa con la “Bogotá Humana” de Gustavo Petro. Nada más y nada menos.
Por ese camino – de no cuestionar el apoyo a Santos y de aceptar la oposición a Petro – la cúpula de Progresistas transita por el camino de desfigurar y renunciar a las herencias nacionalistas y democráticas que construyó el M-19. Y no consolidará la “tercería”. Terminará refugiándose en el único postulado que ha construido Sergio Fajardo: “Ni-ni”. Ni chicha ni limoná.
¿Puede un partido que apoya la actual gestión de Santos construir una alternativa creíble? ¿Puede convertirse en una “tercería” fuerte y contundente que compita con posibilidades reales de derrotar a la unidad santista y el centro democrático uribista? ¿Logrará Navarro entusiasmar a las bases Progresistas que ven que a diario los concejales “verdes” se dedican a atacar con saña al gobierno de Petro? Creemos que no. 
¿Cuáles son las consecuencias que tiene éste pacto político para la lucha por Paz, la democracia y la justicia social? Es evidente que es un golpe fuerte que atenta contra la posibilidad de conformar un bloque anti-neoliberal, realmente alternativo. Los Progresistas tenían a la mano la posibilidad de construir un bloque de izquierdas, que así en primera instancia no tuviera asegurada una votación suficiente – certeza que no la tiene nadie –, por lo menos partía de una posición coherente. Ya se había avanzado en la tarea de unificar una posición política entre diversas fuerzas de izquierda que además de luchar por la Paz con justicia social respaldaban la gestión de Petro al frente de la Alcaldía de Bogotá[2].
Navarro se equivoca en lo estratégico. Frente al desgaste evidente que sufre el presidente Santos – que posa de “centro” –, la mejor estrategia no es competir por ese “centro” sino unificar seriamente a la Izquierda para que se convierta en alternativa de poder para 2014.
Incluso, que Enrique Peñalosa compita con Santos por ese falso “centro” es favorable para un bloque de izquierdas. Se dispersan las fuerzas del establecimiento neoliberal y – como ocurrió con la elección de Petro – se le facilita a la izquierda acceder a la Presidencia de la República.
Si se concreta la “unión de centro-derecha” entre Progresistas, Verdes y Compromiso Ciudadano, la izquierda por obligación tendrá que presentar su propio (a) candidato (a), lo que disgrega y divide a las fuerzas democráticas. Ello nos coloca en inferioridad de condiciones, si se tiene en cuenta que el presidente Santos – a pesar de su desgaste – tiene a su favor todo el poder burocrático del Estado.
Esa errónea construcción estratégica le facilita al Centro Democrático presentarse como la oposición viable a Santos. En vez de centralizar toda nuestra fuerza en identificar a Santos y a Uribe como representantes de la política neoliberal (hoy en la mira de la población en general con ocasión del paro nacional agrario), se le hace el juego al uribismo que fija su oposición al gobierno en torno al proceso de Paz.
Por primera vez la Izquierda tiene la posibilidad real de colocar en la escena de la política nacional la esencia neoliberal de la clase política tradicional. Navarro, en vez de acentuar esa característica, en vez de mostrarse como alternativa social y popular al establecimiento neoliberal, gira a la derecha, se une con quienes siguen sosteniendo a Santos a pesar de la crisis política que vive su gobierno, y al igual como lo hizo cuando le aceptó el Ministerio de Salud a César Gaviria (1990), entra por la puerta de atrás (“verde”) a la coalición gobiernista.
Navarro no se da cuenta que en ésta ocasión la verdadera “tercería” tiene que ser de Izquierda. Su “síndrome anti-polista” no le permite reflexionar e ir más allá de la mecánica electoral. Ahora la tarea es de los “progresistas de base” que deben rechazar ese acuerdo y rectificar la tarea.
Nota 1: La potencialidad de la Izquierda se avizoró en las jornadas de solidaridad con el movimiento campesino agrario. Por fin estamos empezando a reconocer nuestras raíces campesinas. Es un paso en la construcción de identidad popular y nacional.
Nota 2: Navarro puede ser el candidato único de la Izquierda y jalonar a fuerzas “verdes” y a liberales y conservadores inconformes. De ganar, llegaría sin compromisos que lo aten al pasado.  


[2] Ver: Comunicado público “Llamamiento a los y las demócratas colombianos” suscrito por El Movimiento Progresistas, Vamos por los Derechos, País Común, Poder Ciudadano, Partido Comunista Colombiano, Unión Patriótica, Congreso de los Pueblos, Poder y Unidad Popular, Movimiento por la Constituyente Popular, Presentes por el socialismo, Revolución de la Esperanza y Polo al Sur. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=172113

martes, 20 de agosto de 2013

POR UNA NUEVA POLÍTICA POPULAR

POR Una nueva política POPULAR

Popayán, agosto 20 de 2013

El Polo Democrático Alternativo fue un buen intento por desarrollar en Colombia una nueva forma de hacer política. Recogía en su seno las iniciativas que se identificaban con la “franja amarilla” que apareció en la década de los años 90s del siglo XX. Se juntó el “progresismo” con la Izquierda e intentaron renovar la política en Colombia.

Sin embargo, algo falló.

Ahora estamos en otra etapa. La Izquierda – multifacética como corresponde a un país con un desarrollo desigual y complejo – estalló en sus diferentes corrientes y hoy busca en el movimiento social sus fuentes renovadoras y energías transformadoras.

El progresismo se refugia en gobiernos que considera “progresistas” y busca aliados en los “verdes” que surgieron como respuesta al vacío que empezaba a dejar el Polo. Por ese camino se irá diluyendo y será – a lo sumo – el sustituto del partido liberal. Hacia allá apunta.

Pero la necesidad de una “nueva política” sigue allí pendiente.

Muchos piensan que el error fue el programa del Polo, pero allí no está el problema. El programa del PDA recoge – en gran medida – las transformaciones que requiere el país. Democracia, soberanía, Paz, justicia social, defensa de lo público, transparencia, equidad.

Sin embargo, el diablo está en los detalles. En lo táctico no hubo acuerdo. Las prioridades nos dividieron. Para unos, era la soberanía nacional; para otros, Paz con justicia social; para otros más, la lucha contra la corrupción; y, para algunos mas, la defensa de lo público. Faltó diálogo sincero y franco, predominó la intemperancia, ganó el interés grupista y particular.   

Pero lo que más hizo daño fue la forma de hacer política. Se cayó en prácticas estrictamente parlamentaristas. Todo giraba – y aún es así – alrededor del “congresista”. Muchos para hacerse elegir recurrieron al clientelismo y la politiquería. Por ahí se filtró la corrupción y el grupismo rompió el saco. El individualismo se impuso sobre la causa colectiva.

Pero la vida jala y continúa.

Los pueblos, los trabajadores, las clases subordinadas, siguen allí, con sus diferencias y particularidades, empujando hacia adelante. La lucha por soberanía, que muchos le reclaman a la “burguesía nacional” se va concretando en reivindicaciones populares. Así ha ocurrido en diversos países de América Latina que están en proceso de consolidar su liberación nacional pero que paralelamente luchan por construir una sociedad post-capitalista.

Es importante recordar que en esos países (Venezuela, Ecuador, Bolivia), sólo cuando el pueblo derrotó políticamente a las oligarquías entreguistas, los medianos empresarios capitalistas se pusieron del lado del pueblo. Y lo hicieron para defender sus intereses. Hoy son una traba para el desarrollo de verdaderas revoluciones sociales: jalan hacia atrás, pujan por el pasado.

La dinámica de la lucha de clases en Colombia que ha sido dominada desde 1991 por un pacto de clases, entre la oligarquía y las capas medias de la población[1], tiende a romperse en pedazos por la irrupción en la política de los sectores sociales que siempre han estado subordinados y oprimidos. Indios, afrodescendientes y mestizos pobres, tanto de la ciudad como del campo, están construyendo nuevos caminos para decidir su futuro.

Su fuerza va a transformar las formas de hacer política.

La Marcha Patriótica, el Congreso de los Pueblos y otros procesos que están en construcción, son fruto y reflejo de ese movimiento social que, por ahora, se expresa en paros y protestas, pero que en poco tiempo se van a manifestar como movimiento político.

Y será, de nuevo tipo.

Esas nuevas expresiones políticas están por superar los errores cometidos por sus antecesores. Se trata de realizar un trabajo innovador en lo local y regional, combinado con un proceso de transformaciones a nivel nacional. Así se derrotará el parlamentarismo distorsionado, que ha devenido en una forma que el establecimiento oficial (colonial[2]) utiliza para cooptar las nuevas expresiones políticas. Las absorbe y cercena por la cabeza.

Ya existe el núcleo de ese proceso. Las comunidades indígenas vienen transformando su entorno. Van tras el espíritu de los “municipios rebeldes autónomos” de los neo-zapatistas mexicanos. En esa misma dirección deben transitar las Zonas de Reserva Campesina, sin pedirle permiso al Estado y colocando a la insurgencia en su verdadero lugar, creando nuevas formas de democracia directa y participativa.

A nivel urbano también se debe intentar ese camino transformador. El Estado colombiano deja abiertos grandes espacios para que una autonomía popular crezca en comunas y barrios populares. Ya existen gérmenes de importantes iniciativas en el terreno de la cultura y la comunicación. La resistencia civil que surge entre sectores populares contra los abusos de las empresas privatizadas de los servicios públicos también marcha en esa dirección.

La autonomía popular implica nuevas formas de poder democrático construidas en veredas y corregimientos, barrios y comunas, municipios y regiones. Significa también, idear modelos de desarrollo que rompan con la hegemonía capitalista imperial. La autonomía popular no negocia con el Estado, carcome y subvierte “desde abajo” las formas de dominación colonial y capitalista. 

En verdad, una nueva forma de hacer política está emergiendo.

Pero claro, no podemos renunciar a la lucha por el poder político central. No obstante, dicha lucha debe ser revisada. El aparato estatal colonial que existe es una verdadera trampa para quienes en nombre de los sectores populares llegan a esos escenarios. Debemos llegar allí con objetivos precisos: destruir la máquina estatal opresora y sustituirla por un sistema que se apoye progresivamente en la acción administrativa y coactiva de las masas.

La experiencia de los gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia nos muestran los nuevos retos que tenemos por delante. El Estado Colonial se resiste a desaparecer. Las fuerzas políticas que constituyeron los gobiernos “progresistas” no tenían fuertes lazos con los movimientos sociales y rápidamente han sido absorbidos por una dinámica burocrática. En Colombia esa experiencia ya se ha vivido en el ejercicio de los gobiernos locales y regionales.

La verdadera revolución social está pidiendo pista. Una nueva forma de hacer política se requiere para impulsarla.



[1] Pacto de clases de 1991 que le dio vida a la Constitución vigente. El M-19 representaba los intereses de las capas medias de la población (pequeña burguesía citadina, especialmente) que pactaron con la oligarquía y la burguesía burocrática una Constitución “garantista” que aprobó derechos en el papel y legitimó el neoliberalismo.    

[2] Cuando hablamos de “Colonial” nos referimos a la dominación económica, política, ideológica y cultural que el imperio capitalista impone de forma integral. Va más allá del viejo colonialismo.  Sin embargo, el Estado colonial de viejo tipo subsiste en los actuales Estados latinoamericanos con su patrimonialismo, burocratismo, leguleyismo, clientelismo, corrupción y otras características.  

martes, 13 de agosto de 2013

SANTOS: JUGADAS, ENGAÑOS Y APARIENCIAS

SANTOS: JUGADAS, ENGAÑOS Y APARIENCIAS

Popayán, agosto 12 de 2013

Se hacen por estos días balances de los 3 años de gobierno de Santos. Se colocan como aspectos “positivos” el inicio de los diálogos con las FARC, la distención con los órganos de justicia, la ley de víctimas y de restitución de tierras, y el restablecimiento de las relaciones con los países vecinos. De resto, la mayor parte de su gestión – reforma de la justicia, reforma tributaria, impulso de la “locomotora” minero-energética, promoción de la Alianza del Pacífico, aprobación e implementación de múltiples TLCs., manejo de los conflictos sociales y otros aspectos – es calificada como “negativa”.

Intentaremos hacer un balance con un enfoque diferente. Trataremos de responder los siguientes interrogantes: ¿Cuál es el carácter de clase que ha mostrado este gobierno a lo largo de los últimos tres años? ¿Qué sectores de la oligarquía colombiana apoyan sus políticas y cuales son sus intereses? ¿Cuáles son sus logros, desde el punto de vista de quienes apoyan al gobierno? ¿Cuál es el devenir de quienes adversan esa política?

El “viraje” frente a los 8 años de Uribe

La burguesía transnacionalizada – sector hegemónico al interior de la oligarquía colombiana – comprendió al final del 2° gobierno de Uribe que la ansiada pacificación por la vía militar no iba a ser posible. Pudo comprobar que la estrategia desarrollada contra la insurgencia – alianzas con narcomafias y uso sistemático de paramilitares –, no sólo descomponía su precaria “democracia” sino que creaba problemas con la comunidad internacional. Además, frente al cambio táctico-estratégico de la guerrilla, ésta ya no era efectiva.

Así mismo, se hizo evidente que los recursos comprometidos en la guerra contrainsurgente desequilibraban sus finanzas y mermaban sus ganancias. Además, la crisis económica mundial obligó al gobierno de los EE.UU. a recortar el nivel de ayuda financiera y militar. Pero, lo principal: la burguesía colombiana entendió que frente a la situación económica internacional se hacia necesario un viraje para garantizar condiciones óptimas para la inversión extranjera en áreas estratégicas como el sector minero-energético y la agroindustria. Por ello, antes de terminar su segundo gobierno, Uribe ya no era la ficha favorita para ejercer un nuevo período de gobierno. 

Esa burguesía – con asesoría gringa – pensó y diseñó el camino de la desmovilización de la guerrilla vía diálogos y negociación. No porque sea amante de la paz y de la convivencia sino porque sus necesidades materiales la obligaban a buscar esa alternativa. Y lo hacen sobre el convencimiento de que la estrategia utilizada desde el gobierno de Pastrana – pasando por los gobiernos de Uribe –, habían fortalecido al ejército, mermado las fuerzas guerrilleras, y por sobre todo, le habían quitado la bandera de la Paz a la insurgencia. Según sus cálculos, la derrota política obligaba a la guerrilla a concertar el fin del conflicto.

Con ese presupuesto Santos inicia su gobierno. Había que mostrar una cara humanitaria y para ello impulsó la ley de víctimas y de restitución de tierras. No importaba que el otro sector de las clases dominantes – grandes latifundistas y empresarios del campo gestores del paramilitarismo – se fuera a resentir. Tenían que aprobar esa política pero sin colocarle dientes ni herramientas. Por ello a lo largo de los años dicha ley no ha traído resultados efectivos para las víctimas y desplazados. Se trataba de un gesto. Nada más. Una jugada, un engaño, una apariencia.

Por ello calificar de “positiva” esa política es errado. Sus intenciones son oscuras; su fin, engañar. Están dispuestos a devolver algunas áreas despojadas por narcos y paramilitares pero en el fondo es una simulación de “reforma agraria” para simultáneamente entregar millones de hectáreas a los conglomerados capitalistas transnacionales (extranjeros y “nacionales”) que aspiran a “invertir” en el campo en grandes proyectos minero-energéticos, de agrocombustibles y agro-negocios industriales. La fórmula de la “asociación” entre campesinos y empresarios está en su cabeza.

Las investigaciones y denuncias realizadas por Wilson Arias, congresista del PDA, sobre el apoderamiento ilegal de tierras en la altillanura oriental por parte de Luis Carlos Sarmiento Angulo (Riopaila), Cargill y otras empresas nacionales y extranjeras, y la insistencia del gobierno por elaborar a las carreras una ley para legalizar dichas adquisiciones y convertirla en una política hacia el futuro, demuestran la anterior apreciación.

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales con Venezuela y Ecuador tenía esa misma lógica. Están dispuestos a “integrarse” con el resto de Sudamérica pero con la intención de aprovechar los beneficios comerciales, ser parte del bloque frente a otros polos de desarrollo e inversión mundial (Brasil, China, Rusia, etc.), pero a la vez, convertirse en “caballo de Troya” neoliberal y “librecambista”. Con esa intención construyen el eje México, Colombia, Chile y Perú, que hoy es la Alianza del Pacífico. Otra jugada, otro engaño, otra apariencia.  

Y el proceso de Paz va por el mismo atajo. La bandera de la Paz ha servido para que bajo su cobertura se impulsen políticas regresivas y anti-populares en todos los terrenos. Se realizan negociaciones en La Habana, se permite cierto proselitismo de las FARC, se posa de ser un gobierno “democrático” y de estar buscando la “reconciliación”, pero en los hechos – en la realidad – frente a amplios sectores populares que se han movilizado por justas reivindicaciones sociales, se contesta con dilación y represión. Otra jugada más, otro engaño, otra apariencia.

Los logros de Santos y de la burguesía transnacionalizada

Esa política de apariencias se patentizó durante la campaña electoral con el nombramiento como candidato a la Vicepresidencia de Angelino Garzón. Así consiguió resultados inmediatos: la elección de Santos. Ya en la presidencia, una vez posesionado, Santos da el “viraje” a nivel internacional reuniéndose con el presidente Hugo Chávez. Se distensionan las relaciones con Venezuela y más adelante con Ecuador. Se recoge parte del programa de Petro sobre las víctimas y las tierras, y se llama a constituir la “unidad nacional”. Se hacen todos los esfuerzos por mostrarse no sólo diferente sino contrario a Uribe, se restablecen relaciones con la Corte Suprema de Justicia y se nombra una Fiscal General (Viviane Morales) que inició su gestión llevando a la cárcel a algunos de los principales cómplices y compinches de Uribe.

Los logros para la clase dominante se pueden sintetizar así:

-       Neutraliza el aislamiento en que estaba el gobierno colombiano en el ámbito internacional, sobre todo en el terreno de la violación de los derechos humanos y asesinato de sindicalistas, que eran las principales trabas para la aprobación de los TLCs con EE.UU. y la UE.

-       Inicia la recuperación de las relaciones comerciales con los países vecinos Venezuela y Ecuador, y logra ser mirado con nuevos ojos por el bloque de Unasur, Mercosur y Celac.

-       Divide a la izquierda colombiana entre quienes califican como positivas esas políticas y quienes no perciben ningún cambio.

-       Consigue presentar su gobierno como “reformista” y “progresista”.
-       Inicia diálogos con la insurgencia con el mensaje de que está dispuesto a “jugársela por la Paz” y se muestra ante la opinión pública como el presidente que va a obtener la reconciliación sin sacrificar la “institucionalidad democrática”.

-       Envía un mensaje de tranquilidad y estabilidad a sus socios capitalistas transnacionales que están ansiosos por invertir en agro-negocios, infraestructura, exploración y explotación de petróleo y otras áreas estratégicas (mega-proyectos energéticos, minería, agro-combustibles, biodiversidad ambiental, comunicaciones, tierras, turismo, etc.).

-       Aprueba una reforma tributaria que otorga todas las ventajas al gran capital y descarga las obligaciones impositivas sobre los hombros de la clase media y los trabajadores.
Con el tiempo se ha hecho visible que su “reformismo” sólo eran jugadas, engaños y apariencias.

La encrucijada de la Paz y la movilización social

Faltando un año para terminar su gobierno, Santos se ve enfrentado a una situación muy particular. Sus logros, que desde los intereses de la burguesía transnacionalizada son notables, no le tienen garantizada la reelección. A medida que pasa el tiempo su popularidad se ha ido mermando y las luchas sociales – que empezaron lentamente y fueron estimuladas por la movilización estudiantil de 2011 – se han ido incrementando, no parecen decaer y por el contrario construyen mayores niveles de coordinación y contundencia.

Santos se ha encontrado en el tema de la Paz frente a una paradoja. En el país ha hecho carrera el escepticismo y la incredulidad. Es una situación propia de un país que ha vivido durante décadas en medio de la violencia. La desconfianza marca la tendencia mayoritaria. Por ello Santos enfrenta el “proceso de diálogos” al filo de la navaja. Mientras una gran mayoría de la población apoya la iniciativa de superar el conflicto por medio de la negociación con la guerrilla, a la vez, amplios sectores de colombianos no confían en la voluntad de Paz de la insurgencia y por ello no están dispuestos a conceder mayores ventajas para su inserción en la vida civil.

Y esa desconfianza se acrecienta con la oposición del ex-presidente Uribe. Éste dejó la presidencia siendo el supuesto “campeón anti-guerrillero” y se ha opuesto a los diálogos de Paz. Su argumento es que “se va a entregar el país a la guerrilla”, “se va a negociar el Estado” y “se les va a premiar con la impunidad”. Se refuerza así, la duplicidad entre esperanza e incredulidad.

La fórmula de negociar en medio de la confrontación también se ha vuelto un embrollo. Santos dice jugársela por la Paz pero le pone plazo a las negociaciones. Dialoga en La Habana pero trata a sus interlocutores como “bandidos” y “terroristas”. Habla de justicia social pero aplica políticas que agudizan la desigualdad y la injusticia. Se compromete a ampliar la democracia pero incumple los acuerdos que las organizaciones populares han concertado con su gobierno y reprime las protestas populares a sangre y fuego.

Sin embargo, es tal la urgencia por conseguir condiciones para la inversión capitalista que, la gran burguesía está dispuesta a ofrecer una Paz reducida a cambios no estructurales. Ellos tienen claro que no corren riesgos inmediatos ante la situación de “derrota política de la guerrilla”. Por ello se muestran dispuestos a “tragarse algunos sapos”. Esa burguesía no teme plasmar algunas reformas institucionales no determinantes. Está dispuesta a “compartir” ciertos espacios de poder con la guerrilla. Aprendieron del proceso constituyente de 1991. Mientras ellos tengan el poder, la ley puede “estirarse” sin ningún peligro. Otra jugada, otro engaño, otra apariencia.

El devenir desde la Izquierda

Desde las fuerzas de Izquierda – fuertemente divididas – no ha existido capacidad de reacción. Existen tres posiciones básicas: quienes en aras de la Paz le aceptan a regañadientes los engaños al gobierno; quienes recogen la bandera de la Paz y hacen esfuerzos porque la movilización social obligue a Santos a ceder cambios sustanciales en lo social, político y económico; y quienes al no ver diferencias entre Santos y Uribe – desde un principio – se oponen de plano a su política.

La primera actitud termina legitimando la política neoliberal de Santos. La segunda se ilusiona con el posible auge del movimiento social por la Paz, que hasta ahora sólo crece en torno a reivindicaciones concretas (zonas de reserva campesina y política agraria). Y la tercera actitud se contenta con ser oposición pero no logra canalizar el desgaste de Santos. 

Hace falta una política que consiga desenmascarar ante el pueblo esa estrategia de la burguesía que oculta sus verdaderos intereses detrás de poses reformistas. Hace falta la unidad de la Izquierda para actuar con más contundencia. Hace falta un bloque de izquierdas que impida que quien canalice la situación sea el derechista “Centro Democrático” de Uribe.

Por ello es urgente caracterizar al gobierno y al proceso de Paz. Hay que establecer la búsqueda de la Paz negociada como una política de Estado, que vaya más allá de un gobierno u otro. Se debe definir al gobierno de Santos como demagógico. Llegó el momento de las definiciones. En aras de conseguir la Paz no podemos permitir que se engañe al pueblo. El paro nacional agrario del próximo 19 de agosto obligará a las diferentes corrientes de Izquierda a asumir una posición: o están con el gobierno o se distancian de él. No hay término medio.

Paralelamente se requiere desarrollar una consistente labor política y social en las ciudades. La insurgencia pacífica de los pequeños y medianos productores del campo sólo será exitosa, siempre y cuando haya un levantamiento masivo de la población citadina. Temas como el desempleo, los servicios de salud, la educación, los servicios públicos, requieren nuestra atención y acción unificada. De lo contrario el alzamiento campesino será neutralizado y debilitado.

El auge de la rebelión popular estimula e impulsa las definiciones políticas.

viernes, 3 de mayo de 2013

Triunfalismo y prepotencia: malos consejeros


TRIUNFALISMO Y PREPOTENCIA: MALOS CONSEJEROS

Popayán, mayo 3 de 2013

Escuché las declaraciones de Jesús Santrich, comandante y delegado de las FARC en los diálogos de Paz de La Habana, en el sentido de que no se someterán a la justicia colombiana a la que descalifican para poder juzgarlos, y me sorprendí al no poder entender cuál era la intención de hacer – en este momento – ese tipo de declaraciones públicas.

Hemos reconocido que el conflicto armado que vive Colombia tiene orígenes auténticos – causas económicas, sociales, políticas y culturales – y que en determinados momentos de la vida de nuestra nación la rebelión armada no sólo fue necesaria sino justa.

Sin embargo, también es verdad que a lo largo de los años que llevamos en guerra – por diversos motivos que es necesario analizar y precisar – los métodos utilizados en la confrontación armada no sólo se degradaron a límites insospechados sino que en gran medida atentaron (y aún lo hacen) contra la justeza de las causas que explican la acción insurgente.

Es cierto que esa degradación fue provocada por el Estado y las fuerzas paramilitares, pero también es verdad que las fuerzas revolucionarias se dejaron llevar a ese terreno y cometieron graves crímenes – que así fueran involuntarios, aislados, ocasionales, etc. – quedaron en la memoria de los colombianos, con la ayuda de los medios que aprovechan cualquier ocasión para desacreditar a la insurgencia.

Que por parte del Estado (incluyendo el paramilitarismo) se cometieron gravísimos y numerosísimos crímenes, eso no está en duda. Aún se cometen. Pero la realidad es que ese Estado – a través de la política uribista – consiguió convencer a gran parte de la opinión pública que esas acciones eran reacciones (para ellos igualmente justas) contra la actividad insurgente.

Ahora entramos en el desenlace. Esa buena parte de la opinión pública (manipulada y todo) que justificó los crímenes del Estado paramilitar, debe ser convencida – por las fuerzas insurgentes – que estaba equivocada, que la causa de los rebeldes tiene una justificación ética y moral, y que en medio del fuego la degradación de la guerra se jugó de ambos lados.

Es por ello que las declaraciones del Comandante Santrich son inoportunas y nada políticas. Para recuperar credibilidad ante el pueblo colombiano se requiere gran humildad y reconocimiento de las “equivocaciones” que significan dolor y sufrimiento para miles de colombianos. Las víctimas – de todos los bandos – exigen y merecen respeto y consideración.

Paralelo a las declaraciones de Santrich, en Toribío (Cauca), las comunidades indígenas encabezadas por sus autoridades ancestrales juzgaron en audiencia pública – a la que asistieron más de 4.000 personas – a 2 milicianos de las FARC y los condenaron a 40 años de cárcel, que deberán pagar bajo la modalidad de “patio prestado” en prisiones oficiales, por el asesinato de su líder espiritual (The Wala) Benancio Taquinás en el municipio de Jambaló. Además en carta abierta a Timoleón Jiménez, máximo comandante de las FARC, el movimiento indígena caucano exige a la guerrilla un proceso de verdad, justicia y reparación.  

Es por este tipo de hechos contradictorios que podemos afirmar que de nada sirve el triunfalismo que no reconoce que políticamente la insurgencia debe recuperar un gran terreno político no sólo para que las mayorías populares les perdonen sus errores sino para que los acepten como posibles actores y portadores de soluciones para la situación de crisis que vive la Nación. De nada sirve la prepotencia que justifica los errores con base en los crímenes cometidos por su enemigo.

Esas actitudes sólo envían un mensaje negativo. Amparados en ese tipo de declaraciones, los promotores de la guerra montan todo tipo de campañas para afirmar que la insurgencia no reconoce a sus víctimas y que por tanto no son confiables a la hora de pactar acuerdos de Paz.

Ser juiciosos y objetivos con la realidad política del país es una de las condiciones para acertar. La mayoría de los colombianos quiere la Paz pero esa misma gente desconfía de la palabra de las FARC. La mayoría de los colombianos desea fervientemente la Paz pero no va a aceptar que el proceso de diálogos no concierte algún tipo de penas para quienes han cometido graves crímenes, así éstos posteriormente sean perdonados por algún mecanismo de la Justicia Transicional.

El triunfalismo y la prepotencia que lleven a desconocer estos aspectos básicos en la búsqueda de la Paz en Colombia, ya están contribuyendo a que los enemigos de la misma fortalezcan sus posiciones y debiliten las de quienes aspiramos a conseguirla.

Ser más prudentes y sensatos, aceptar los errores y culpas, reconocer a las víctimas y a sus dolientes, ser más humildes y fuertes de espíritu, son condiciones indispensables para que la insurgencia consiga una amplia y fuerte credibilidad pública, que a su vez se constituye en una condición indispensable para avanzar hacia la conquista de la Paz.

Tal tipo de declaraciones – que reflejan triunfalismo y prepotencia – le hace más daño a los diálogos que los torpedos que todos los días lanza la derecha uribista contra el proceso.   

viernes, 19 de abril de 2013

LA IMPORTANCIA DEL "CONGRESO POR LA PAZ"


LA IMPORTANCIA DEL “CONGRESO POR LA PAZ”

Popayán, 19 de abril de 2013

Se realiza en estos momentos el Congreso por la Paz en la ciudad de Bogotá (19 al 22 de abril/2013). Fue convocado por calificados movimientos y organizaciones sociales que han participado en los diferentes eventos nacionales y regionales dinamizados por el Congreso de los Pueblos. Cuenta también con la participación de otros procesos, movimientos y organizaciones político-populares que tienen presencia a lo largo y ancho del país.

La importancia de este evento – realizado después de la masiva Marcha del 9 de abril – más allá del número de delegados y participantes, está relacionada con la calidad de las conclusiones y los llamados que se hagan desde su seno. Es evidente que las fuerzas democráticas progresistas y revolucionarias de nuestro país requieren de sus aportes sustanciales para entender el momento y unificar posiciones políticas.

Posibles aportes sobre la Paz

De acuerdo a lo que han definido los eventos preparatorios del Congreso por la Paz realizados en las diferentes regiones y subregiones en que se desarrolló dicha labor, podemos adelantarnos a prever algunos aspectos que podrán ser contemplados y aprobados en tan trascendental evento. Veamos:

-       La Paz es un derecho humano fundamental que debe ser conquistado por los trabajadores y los pueblos. No es un problema secundario, es de gran trascendencia.

-       La Paz va más allá del silenciamiento de los fusiles. La salida negociada del conflicto armado es parte de ese proceso pero la conquista de la Paz implica transformaciones estructurales de nuestra sociedad y del Estado.

-       La lucha contra el modelo neoliberal y el sistema capitalista en auge en Colombia debe estar ligado y en concordancia con la lucha por la Paz.

-       Los intereses de los actores armados insurgentes en su proceso de reintegrarse a la lucha política civilista y pacífica no deben confundirse totalmente con los intereses de las amplias mayorías populares. La negociación que lleve al fin de conflicto armado sólo será un paso en la lucha por conquistar la Paz con justicia social.

-       Los resultados y transformaciones que se obtengan en la mesa de negociaciones de La Habana son insumos en la lucha por la Paz. Lo que se avance en ellas corresponderá a la correlación de fuerzas alcanzada en un momento dado pero no pueden confundirse con la totalidad de las aspiraciones transformadoras de nuestro pueblo.

-       La superación vía dialogada del conflicto armado y la integración de las fuerzas insurgentes a la lucha política civilista contribuirán sustancialmente en la creación de mejores condiciones para avanzar en la lucha por la transformación estructural del país, la derrota del modelo neoliberal y la construcción de salidas post-capitalistas. 

-       La lucha por la Paz es una tarea de gran magnitud que va más allá de cualquier campaña electoral. La conquista de la Paz no admite cálculos inmediatistas e intereses mezquinos de carácter electorero. 

El Congreso por la Paz y los retos del momento

La realización del Congreso por la Paz después de haberse realizado la masiva y multitudinaria Marcha por la Paz, la Democracia y la Defensa de lo Público es un hecho de fundamental importancia. Las conclusiones que apruebe podrán ser aportes de gran calado para el movimiento democrático progresista y revolucionario de la Nación colombiana.

El Congreso por la Paz debe recoger el espíritu y la fuerza de la Marcha. La marcha del 9 de abril mostró el camino de la inclusión de múltiples y diversas fuerzas sociales y políticas que confluyen alrededor de apoyar los diálogos de La Habana y de buscar la Paz para los colombianos. La marcha marcó un quiebre en la opinión pública a favor de la paz negociada.

El éxito del Congreso por la Paz depende de la claridad que aporten las conclusiones a la movilización social y la lucha por la Paz. Al interior de las fuerzas democráticas todavía existen vacíos, incomprensiones y vacilaciones frente a los diálogos y negociaciones del gobierno y la insurgencia en La Habana. No se entiende plenamente su relación con la tarea suprema de conquistar la Paz para los colombianos, y por ello su clarificación es la tarea política del momento.

Se trata de colocar en su lugar cada proceso relacionado con la búsqueda de la Paz. Valorar los avances de la mesa de negociaciones en su verdadera dimensión. Insistir en que el principal campo de acción está en el terreno de la movilización popular contra todas las políticas que desde el gobierno se siguen profundizando contra el pueblo. Seguramente los aportes del Congreso por la Paz irán en esa dirección.

Entender que la confluencia parcial y coyuntural que existe entre importantes fuerzas sociales y políticas de carácter popular con algunos sectores gubernamentales en torno a sacar adelante las negociaciones de La Habana (firma de la terminación del conflicto armado) no significa un respaldo a las políticas neoliberales que impulsa el gobierno. Es sólo una concurrencia parcial y circunstancial.

El Congreso por la Paz deberá tener plena conciencia de las fisuras que existen al interior de las fuerzas del establecimiento oligárquico en el terreno de la solución al conflicto armado. Comprender que el gobierno aspira a obtener la desmovilización de la insurgencia  con el mínimo de concesiones. A la vez entender que éste gobierno debe ser presionado desde la sociedad civil para que ese paso sea dado con el máximo de garantías para que las fuerzas insurgentes puedan hacer política por la vía pacífica y civilista.

A su vez, se trata de concebir las negociaciones de La Habana y la movilización popular por la Paz como procesos convergentes pero diferentes. La sociedad movilizada deberá tener la más amplia autonomía, independencia y auto-determinación y no puede estar condicionada por los intereses de los actores armados o por las partes en conflicto armado.

En últimas se trata de hacer aportes para unificar un gran escenario de luchas democráticas y populares entre las cuales la causa de la Paz y de la terminación consensuada del conflicto armado está entre las principales.

Estamos seguros que el Congreso por la Paz hará grandes contribuciones a la lucha del pueblo colombiano, por la Paz y la justicia social. 

viernes, 12 de abril de 2013

LA MARCHA POR LA PAZ: NI PLEBISCITO NI FRACASO, UN PASO ADELANTE


LA MARCHA POR LA PAZ: NI PLEBISCITO NI FRACASO, UN PASO ADELANTE

Popayán, 12 de abril de 2013

La Marcha por la Paz, la Democracia y la Defensa de lo Público realizada el pasado 9 de abril (2013) es un reflejo nítido de cómo se mueve la sociedad colombiana – las fuerzas sociales y políticas – frente al proceso de paz, y es un referente para prever lo que puede ocurrir hacia el futuro.

En cuanto a participación de manifestantes se debe destacar la movilización de Bogotá. La asistencia fue multitudinaria. Cientos de miles de personas desfilaron desde varios puntos de concentración en la ciudad. Sin embargo, a nivel nacional sólo en Pasto (Nariño), Puerto Asís y algunas otras capitales de departamento (Villavicencio, Bucaramanga, Pereira), la presencia de manifestantes fue importante.  

Se debe anotar que es la primera marcha en que se convoca a la ciudadanía en general a sumarse masivamente como apoyo al proceso de Paz que se lleva a cabo en La Habana (Cuba) para firmar el fin del conflicto. Como primer paso fue un pleno éxito.

No se puede afirmar que sea una marcha histórica. Se requiere mucho más. Deberá involucrar a varios millones de personas a lo largo y ancho del país. Se debe superar la movilización por la Paz de 1997 y la que convocó Uribe contra las FARC en 2008, para que se configure un verdadero plebiscito por la Paz. Sin embargo, esta manifestación es un gran avance en el esfuerzo de movilizar a la mayoría de colombianos en esa dirección.  

Evolución de las posiciones y actitudes

Además de la decisión mostrada desde un principio por los dirigentes de Marcha Patriótica y de la oportuna participación de Gustavo Petro en cabeza de la Alcaldía de Bogotá, lo sobresaliente de la jornada fue que el gobierno de Juan Manuel Santos – incluyendo los comisionados en la negociación de La Habana –, aunque un poco tarde, mostraron disposición de sumarse a la manifestación y convocar al pueblo colombiano a marchar.

En la práctica el presidente de la república no participó plenamente en la Marcha hacia la Plaza de Bolívar de Bogotá. Lo hizo simbólicamente en un desfile con funcionarios del Estado en honor a las víctimas que tuvo como punto de llegada el Centro de la Memoria Histórica en donde con Gustavo Petro sembraron un árbol en forma conjunta. Muestra Santos que todavía se deja presionar por quienes llaman a “no revolverse con terroristas o con quienes simpatizan con terroristas” y que le falta mayor decisión en la lucha por una paz negociada. Tantea el terreno pero poco a poco va soltando las amarras.

De todas maneras es un paso adelante por parte del gobierno. Éste empieza a decidirse a movilizar a la población civil frente al tema de la Paz. Ese paso es provocado por:

-       Los recios ataques contra el proceso de Paz que ha recibido de parte del uribismo y demás enemigos de las conversaciones de La Habana y la necesidad de buscar apoyo popular para el proceso mismo.

-       El convencimiento de que la firma de la terminación del conflicto armado con la guerrilla de las FARC (y más adelante con el ELN) no se va a lograr – como lo quisieran – en tiempos expeditos, rápidos y cortos.

-       La inminencia de una campaña electoral que ya está encima y que obliga a buscar a la población para refrendar los avances del proceso.

Que el gobierno haya pasado de una actitud vacilante y temerosa a una más decidida y resuelta es algo notable que va a facilitar los avances no sólo en la mesa de negociaciones, sino en el entorno social que esas conversaciones requieren para ir construyendo un clima apropiado para la conquista de la paz.

Se debe destacar también el respaldo a la política de paz que la plana mayor de los empresarios antioqueños organizados en Pro-Antioquia le otorgó al presidente Santos en Medellín en la misma fecha. Es un hecho significativo.

Marcha Patriótica logra un triunfo político importante al tomar la iniciativa y conseguir que otras fuerzas y gobiernos (nacional y distrital) se sumaran a la iniciativa. Como principal convocante Marcha Patriótica da un paso adelante al proponerse una acción de este tipo en unidad de acción con Progresistas de Petro y con el mismo gobierno nacional. Demuestra que no le teme a alianzas multipartidistas y que piensa en las amplias mayorías populares – las no organizadas – que deben ser convocadas con un espíritu amplio e incluyente.

Gustavo Petro jugó a unificar simbólicamente las dos marchas. Estuvo con Santos en el acto de las víctimas y se puso al frente de la marcha de la Plaza de Bolívar. Al lado de Piedad Córdoba lideró el llamado a unir a la mayoría de los colombianos en torno a la causa de la Paz sin mostrar temor o mezquindad frente al hecho de que un avance sustancial del proceso de Paz puede – objetivamente – disparar positivamente la campaña de reelección de Santos.

Mientras tanto el Polo Democrático Alternativo PDA se pronunció a favor del proceso de Paz pero no llamó a sus bases a participar de la marcha por el hecho de que el gobierno de Santos se había sumado a la convocatoria. Primó el temor de confundirse con quienes apoyan la reelección de Santos y renuncia – de hecho – a dar la lucha por la Paz en el terreno de la verdadera política que exige mayor capacidad de acción y de riesgo.

Balance estricto

Es necesario hacer un balance estricto para no hacer cuentas alegres y sobredimensionar voluntaristamente los hechos. Veamos:

-       A nivel nacional no se consigue movilizar al ciudadano del común. En Bogotá y Pasto el impacto es un poco mayor. Fue una prueba destacada pero no es suficiente para superar el escepticismo que todavía existe entre la población en general.

-       El gobierno de Juan Manuel Santos pasó raspando su primera movilización por la Paz. Centró su participación en el tema de las víctimas como contentillo para no asustar a las fuerzas militares. Sin embargo, da un paso adelante en la dirección correcta.

-       La actitud de la mayoría de alcaldes y gobernadores fue vacilante, calculadora y temerosa. El gobierno se movió muy tarde y no logró un impacto nacional generalizado.

-       Tres sectores se unieron en la marcha por la paz. Marcha Patriótica fue la convocante, Gustavo Petro y progresistas se sumaron con decisión, y al final, el gobierno nacional – presionado por los ataques uribistas – se decidió a convocar a la población a marchar.  

-       El Polo Democrático Alternativo una vez más se equivoca en materia grave. Se muestra temeroso, mezquino e inseguro. Privilegia la política coyuntural frente a una meta de gran y mayor calado como es la conquista de la Paz. Se aísla y termina confluyendo con el uribismo.  

Conclusión

Lo que interesa a los demócratas colombianos (progresistas y revolucionarios) es que Santos se comprometa a fondo con la causa de la Paz. Que sin ningún temor enfrente a los enemigos de la Paz en todos los terrenos. Que convoque masivamente a la población a sumarse a esa causa. Nos interesa llegarle a decenas de millones de colombianos, así lleguen a las marchas y demás eventos o escenarios de la mano del gobierno. No importa.

La causa de la Paz sólo se conseguirá con ese gran torrente de opinión pública y participación masiva de ciudadanos del común. Con las solas fuerzas "organizadas" ya sea de izquierda o de la democracia progresista, no alcanza. Además, sólo llegándole a esas amplias mayorías es que podemos avanzar como Nación y como fuerzas democráticas.

Petro – se puede decir – se sintoniza mejor que todos con los diferentes escenarios, el de la institucionalidad, incluyendo la militar (a la que hay que llegar) y con los sectores organizados. Al interior de la Marcha Patriótica falta algo de claridad sobre eso de “que apoyamos el proceso de conversaciones pero no apoyamos a Santos”. La realidad es que quien apoya el proceso de paz actual, apoya parcialmente a Santos (como lo hace con claridad Piedad Córdoba), pero otra cosa es que nos casemos o no con una posible candidatura de Santos.

Por todo lo anterior podemos afirmar que a la totalidad de la izquierda colombiana le hace falta una estrategia política unificada (incluyendo la electoral). Dicha estrategia le permitiría actuar con mayor coherencia y disposición en la lucha por ganar a la opinión pública y a las amplias mayorías populares. Esa estrategia le facilitaría enfrentar tanto a Santos como a otros sectores que están vacilantes o decididamente contra el proceso de paz.

Las fuerzas democráticas y de izquierda pueden colocar los cimientos de la justicia social en el proceso de Paz si desarrollan esa estrategia amplia e incluyente. De lo contrario todo se jugará y decidirá en el estrecho marco de la mesa de negociaciones de La Habana.  

P.D. Coincide la realización de la Marcha por la Paz con el fortalecimiento de la delegación de las FARC en la Mesa de conversaciones y negociaciones de La Habana con nuevos integrantes representativos de esa organización insurgente. Es una buena noticia.