jueves, 22 de junio de 2023

El fracaso de la alianza con la burguesía burocrática

 

El fracaso de la alianza con la burguesía burocrática

Popayán, 22 de junio de 2023

Los últimos acontecimientos (hechos reales, concretos y tozudos) que ratifican el debilitamiento parcial del gobierno de Petro son relativamente fáciles de explicar. Es el fracaso de la aplicación práctica de una política que, en general, está bien pensada y formulada, pero que no cuenta con una visión estratégica para impulsarla en correspondencia con lo planteado.

Los hechos son evidentes. El trámite legislativo de las reformas sociales (salud, laboral, pensional) ha sido obstaculizado en el Congreso y el resultado de tanto trabajo es una verdadera derrota para el gobierno y la bancada del Pacto Histórico. Los avances logrados con la aprobación de la reforma tributaria y el Plan Nacional de Desarrollo han sido –en parte– dilapidados, fruto de una visión equivocada.

Otros sucesos están a la vista. Entre ellos, los graves errores de funcionarios de alto nivel que han sido explotados con eficiencia y efectividad por los enemigos y los medios de comunicación. Crisis ministeriales que dejan mal sabor de boca porque muestran improvisación administrativa, afanes innecesarios y métodos errados y caprichosos, lo que genera incertidumbre entre las propias fuerzas.

Para algunos, tales fracasos y derrotas parciales son resultado de las alianzas con políticos corruptos (Barreras, Benedetti, etc.). Otros, resaltan el papel de Petro y su personalidad hermética y poco comunicativa con sus ministros. Unos más, responsabilizan a los aliados y a los contradictores políticos, entre ellos, el gran poder económico y los medios de comunicación.

Los hechos son los hechos y deben ser asimilados. Todos los factores juegan, pero la tarea principal es identificar, por un lado, el movimiento de la vida, o sea, la lucha y los intereses de clases y sectores de clase, y por el otro, la correspondencia (o no) entre nuestras ideas y acciones para incidir en esa lucha social y política. Se trata de entender la trama y la complejidad de la vida.

La política formulada por el gobierno progresista

En Berlín (FES), el presidente Petro ratificó su idea central: En los países periféricos –como Colombia– es posible y necesario impulsar la industrialización del aparato productivo combinada con una transición urgente y decidida hacia fuentes de energía no fósil (“descarbonización”). A nivel global, por el contrario, el capitalismo está en proceso de autodestrucción y anomía; degrada a la sociedad y a la naturaleza.

Para impulsar ese proceso, hay que romper con los paradigmas tradicionales. Las izquierdas (o “progresismos”) deben proponer un plan a corto plazo (10 años) para evitar la hecatombe ambiental y la extinción de la vida humana en la tierra. “Hay que volver a soñar” y superar la idea de que “por decreto se puede acabar el mercado”, y, por tanto, unificar y liderar a la humanidad en torno a una acción de salvamento.

Además, insistió en la idea que la transición energética es mucho más que el simple cambio tecnológico. No basta que los grandes conglomerados que monopolizan las energías fósiles (carbón, petróleo y gas) inviertan en energías limpias y renovables, sino que dicho cambio debe incluir importantes transformaciones frente a las necesidades de las comunidades y de la vida en general. Es el modelo de vida el que tiene que cambiar (decrecimiento diferenciado y sostenible).

Es claro que, para impulsar esa política en nuestro país, los progresistas (o “izquierdas”) tendrían que encontrarse con los sectores o sujetos sociales que, por su propia naturaleza, por su historia y sus prácticas productivas y culturales, estén interesados en impulsar dichos cambios. Y, en Colombia, afortunadamente tenemos por doquier a dichos sectores sociales y productivos.

Solo hay que revisar el último informe sobre el avance de nuestras exportaciones “no tradicionales”. Existen numerosos pequeños y medianos productores rurales y urbanos, empresarios de diferentes niveles, que le aportan a la economía colombiana un importante valor agregado en varios sectores y ramas de la producción diferentes a las economías depredadoras. Dichos sectores deben ser ganados para esa política y es posible hacerlo porque la economía extractivista y rentista no tiene futuro. Además, están en desarrollo y avance importantes experiencias comunitarias en agroecología, manejo y defensa del agua, y otras similares.  

Las alianzas del gobierno progresista y el primer gabinete de coalición

Decíamos en anteriores artículos que la dinámica para lograr la “paz santista” en Colombia (o sea, derrotar a Uribe) nos condujo a la conformación “de hecho” de una “alianza interclasista”. El triunfo electoral de Petro fue en gran medida resultado de ese proceso. Pero no fue un triunfo contundente. La ventaja fue mínima y el Pacto Histórico llegó en minoría al Congreso.

En consecuencia, se conformó una “amplia coalición de gobierno” en donde estaban representados amplios sectores populares, las burguesías emergentes (agraria-rural y citadina, de origen legal e ilegal, y otras), la burguesía burocrática y algunos sectores de la oligarquía financiera. Decíamos que dichos sectores se sumaron para impulsar algunos cambios y, a la vez, defender sus intereses.

Fue lo que ocurrió y había que enfrentarlo. El primer gabinete de Petro representaba esa diversidad. José Antonio Ocampo (hacienda) y Cecilia López (agricultura), representaban una clase “casi inexistente”, la antigua y débil burguesía industrial, heredera de López Pumarejo, Lleras Restrepo y Echavarría Olózaga. Eran ministros de la escuela “cepalina” y fueron nombrados autónomamente por Petro.   

La burguesía burocrática obtuvo varios cupos en el Congreso, en algunos ministerios y en la diplomacia. Alejandro Gaviria (educación), así estuviera cerca de César Gaviria, jefe del partido liberal, representaba a la oligarquía financiera, y de acuerdo a lo conocido, no fue nombrado como resultado de un acuerdo con algún partido político. Fue una deferencia de Petro con quién lo apoyó en la última fase de su campaña.

Los sectores populares tenían su cuota con algunos ministerios, en instituciones nacionales (tierras, víctimas, etc.), en el Congreso y en la diplomacia. Los trabajadores y sindicatos, especialmente, los del Estado (maestros, trabajadores de la salud, etc.) tenían en Gloria Inés Ramírez (trabajo), Carolina Corcho (salud) y Patricia Ariza (cultura), una representación clave de cara a las “reformas sociales”.

Esa composición burocrática, más allá de ciertas presiones y tensiones, era necesaria e indispensable para contar con mayorías parlamentarias y arrancar la gestión gubernamental con cierta estabilidad. Sirvió para aprobar la reforma tributaria, lograr el Pacto con los ganaderos (Fedegan) y avanzar con el Plan Nacional de Desarrollo. “Logramos generar confianza en el país”, decía Ocampo por entonces.

Las reformas sociales y la alianza con la burguesía burocrática

A pesar de que teórica y correctamente el presidente Petro y varios dirigentes del Pacto Histórico plantean que el proceso de cambio en Colombia contempla una fase de transición que puede durar varios períodos de gobierno, en la práctica no se ha diseñado una estrategia coherente con esa idea. Por el afán de presentarle al pueblo resultados inmediatos, el gobierno progresista se traicionó y aceleró.

Petro se dejó presionar y llevar a la idea tradicional de que durante el primer año se debían realizar las principales transformaciones para aprovechar la existencia y “fuerza” de la “coalición de gobierno”. Se entró en afanes y aceleres innecesarios para sacar adelante las “reformas sociales”; se priorizó como “único” el escenario legislativo y prevaleció la alianza con la burguesía burocrática y su “familia” más cercana, la burocracia sindical (que representa escasamente al 4% de los trabajadores).

Se desechó o aplazó el acercamiento con la burguesía emergente de carácter productivo, los pequeños y medianos productores (rurales y urbanos), y los profesionales precariados, muchos de ellos emprendedores y asalariados, que también se expresaron en el “estallido social” (2019-2021) pero que, definitivamente, tienen otros intereses y lecturas que los alejan de las visiones tradicionales de la izquierda. Algunos puntos de la reforma laboral los afectan negativamente, y, sobre todo, se distancian de los enfoques asistencialistas de los “subsidios para población vulnerable” (tema por desarrollar en otro escrito).   

Una errada lectura de la evolución y naturaleza de las clases sociales en Colombia (y en el mundo) llevó a fortalecer la alianza con sectores burocráticos, parasitarios e improductivos, que no son ni siquiera “progresistas” y menos revolucionarios. Son sectores débiles y volátiles, proclives a la corrupción, que juegan al mejor postor, y son fácilmente manipulables por la oligarquía financiera, como lo ha comprobado con creces la praxis social y política de los últimos meses (caso Benedetti).

Así, fruto de querer derrotar a la oligarquía financiera en temas tan sensibles como afectar sus intereses en el manejo de los enormes fondos de la salud (EPS) y fondos de pensiones (AFP), usando como principal instrumento una precaria coalición de gobierno basada en la alianza con la burguesía burocrática, el gobierno de Petro se ha auto-saboteado y puesto diversas zancadillas, que indudablemente lo han debilitado frente a sus propias bases sociales y frente a sus contradictores y enemigos.

No se puede desconocer que el gobierno y Petro ha realizado ingentes esfuerzos durante estos diez (10) meses por cumplir con sus propuestas de cambio y de beneficio para los sectores populares. No obstante, la línea estratégica escogida, la alianza con la burguesía burocrática que es insaciable y que se ha incrustado hábilmente en las regiones dentro de las fuerzas del Pacto Histórico y de las organizaciones sociales, es el principal problema que se observa y que debe ser atacado y solucionado con urgencia.

El futuro inmediato y el peligro del “golpe duro”

Si Petro y toda la dirigencia del Pacto Histórico logran entender que el Congreso no tiene por qué ser el principal escenario de lucha, van a poder explorar y explotar otros escenarios regionales, sociales y productivos (y una efectiva lucha contra la corrupción), que son nuestros verdaderos escenarios de lucha, de fortalecimiento de la fuerza social y política, y de una alianza de clases efectivamente progresista y transformadora.

Si se apoyan de verdad en la gente como ha planteado Petro en el discurso del 7 de junio (“asambleas populares”), se puede retomar la iniciativa y pasar a una “ofensiva sistemática y pausada”, “seria y consistente”. Si ese viraje se hace entre julio y agosto (así sean sólo señales en esa dirección), ello puede movilizar a las organizaciones sociales e incidir positivamente en las elecciones locales y regionales. Lo cual, sería muy importante hacia el inmediato futuro.

Para hacerlo, es importante sintonizarse con amplios sectores populares. Muchos de ellos no entienden cómo un “gobierno del cambio” se esfuerza tanto por cumplir la regla fiscal incrementando el precio de la gasolina para llenar el hueco fiscal creado por el anterior gobierno en el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles, mientras no ataca de frente la corrupción administrativa que se roba –según cálculos– más de 50 billones de pesos anuales.

Así, teniendo en cuenta la realidad existente en las llamadas “instituciones del Estado”, las “asambleas populares” no pueden ser “agencias del Pacto Histórico y/o del gobierno”, o una “guardia pretoriana” de Petro, sino que deben ser construidas con autonomía, amplias e independientes, no politiqueras, cualificadas y diversas en torno a sectores priorizados y fundamentales, “con dientes” y efectivo “poder vinculante”.

No deben ser grandes asambleas para “botar corriente” y proponer “nuevas leyes”. Tienen que ser espacios donde se debatan temas concretos que tengan posibilidades de convertirse en “política pública de hecho”, o sea, que se traduzcan en proyectos e inversiones públicas apoyándose en la gente. Y si se requieren declaratorias de “emergencia económica y social” para hacerlas realidad, Petro debe actuar con decisión y contundencia. Lograría un apoyo mayoritario y recuperaría la iniciativa política.

Todo esto es posible si hay un cambio en la visión de los dirigentes sociales y populares. Deben entender que su papel no es estar a la cola del gobierno y el parlamento sino al frente de la sociedad.

De no corregir el rumbo, de mantenerse la idea de que con la fuerza acumulada hasta ahora (que está en franco deterioro) o de que la alianza con la burguesía burocrática se garantiza el logro de las transformaciones propuestas, en poco tiempo (meses) se pueden crear las condiciones para que los sectores más extremos de los grandes terratenientes y de la oligarquía financiera, pasen de la estrategia del “bloqueo” y “golpe blando” a la del “golpe duro”.

El diseño lo tienen claro y lo han experimentado. Si logran unir la inconformidad popular frente a temas como el aumento del precio de la gasolina (ya los taxistas y moto-taxistas están programando “paros” y protestas) con otros temas coyunturales, y consiguen movilizar –como lo han empezado a hacer– mayores fuerzas sociales contra el gobierno, van a tratar de provocar disturbios y generar muertos para achacárselos al gobierno y, generar desestabilización y caos.

Los intentos del Fiscal por vincular a Petro con hechos dolorosos como la muerte violenta (suicidio) del coronel Ojeda, que fue utilizado –fanática y obsesivamente– como consigna en las marchas de la oposición del pasado 20 de junio, muestran lo que esos sectores extremos son capaces de hacer para defender sus intereses. De hecho, la “revolución de color” está en marcha y hay que estar alerta. 

miércoles, 14 de junio de 2023

Perdidos en la selva

Los niños indígenas amazónicos, Lesly, Soleiny, Tien Noriel y Cristin Neriman

Perdidos en la selva

Popayán, 15 de junio de 2023

Cuatro niños indígenas de la etnia murui sobrevivieron a un accidente de avioneta en medio de la selva amazónica. Estuvieron “perdidos” durante 40 días hasta que fueron localizados por guardias indígenas que ayudaban a las fuerzas del ejército colombiano a “rescatarlos”. Lesly, la niña de 13 años se convirtió para todo el país en una heroína al ser capaz de mantener con vida a sus hermanitos menores, después de haber visto morir a su madre y tener que enfrentar una situación difícil que no está clara para quienes no hacen parte de su familia.

Fue un hecho que llenó de alegría al pueblo colombiano. Pareciera que de una u otra manera todos los colombianos nos identificamos con ellos. Nuestra gente necesita de vez en cuando una noticia positiva como ésta que, sin proponérselo, le quitó brillo y visibilidad al acuerdo logrado por el gobierno de Petro y el ELN de iniciar un “cese de fuegos”, que fue anunciado con bombos y platillos desde La Habana.

También invisibilizó la noticia de la muerte violenta del coronel de la Policía Óscar Darío Dávila Torres, quien estaba siendo indagado por el caso de las interceptaciones telefónicas ilegales a Marelbys Meza, exniñera de Laura Sarabia, exjefa de Gabinete de Gustavo Petro, hecho que viene a ser un nuevo capítulo siniestro de la novela en que se convirtió todo ese escándalo que también protagoniza el exembajador en Venezuela, Armando Benedetti.  

Tres hechos sorprendentes. ¿La vida y la muerte en un juego macabro? Para quienes no conocemos la selva y la vida humana que allí existe, lo ocurrido con los niños indígenas nos parece un milagro. Para quienes les hacen seguimiento a los procesos de “paz” con el ELN, también les parece una maravilla que hayan firmado la tregua. Y para todo el país, la muerte violenta del coronel –que el gobierno calificó como suicidio– es un hecho inverosímil similar a la muerte del señor Jorge E. Pizano cuando el Fiscal General era Néstor Humberto Martínez Neira.

Sin embargo, aunque son hechos que parecen inconexos, los podemos conectar con nuestra imaginación. Lo ocurrido con los niños es el triunfo de la vida sobre la muerte. El cese de fuegos firmado por los “elenos” le abre la vía a la vida y le cierra la puerta a la muerte Y, en el caso del coronel de la policía, la muerte se impone sobre la vida. Pero lo que realmente los conecta es la sorpresa, lo inesperado, el misterio, y como en Colombia y el mundo lo que se ha impuesto es la incertidumbre y el miedo, la gente queda pendiente del siguiente capítulo.

Ya los medios están detrás de los familiares de los niños indígenas para inmiscuirse en sus conflictos íntimos para acabar con la magia y la espiritualidad que habían mostrado los pueblos indígenas como parte de su cultura y su vida. Ya las casandras y enemigos de la “paz total” están a la expectativa de cuándo algún frente guerrillero del ELN viola el "cese de fuegos". Y ya la prensa y la Fiscalía especulan sobre las causas de la muerte violenta del coronel para tratar de comprometer al gobierno y al presidente Petro con ese hecho doloroso y triste.

Así, en medio de hechos milagrosos, sorprendentes e inesperados, los colombianos (y el mundo en general) terminamos perdidos en la “selva de las noticias”, enredados en la maraña de mentiras e intrigas, anegados hasta el alma por las “fake news”, enceguecidos por la manipulación de los medios del gran capital, conducidos hacia la oscuridad y el precipicio.

Quieren matar la vida e imponer la muerte. Saben que el miedo y la incertidumbre son el mejor antídoto contra la libertad, la autonomía y la felicidad emancipadora. ¡No podemos permitírselo! Los niños indígenas nos ayudaron a los colombianos a descubrir la biodiversidad de nuestras selvas, la fortaleza de nuestra gente, la riqueza de nuestros ancestros, las ganas de vivir y pervivir, y las enormes potencialidades que tenemos cuando nos conectamos con nuestra humanidad-animalidad creativa y resiliente. Cómo dice Petro, Colombia es una potencia mundial de la vida. 

 

miércoles, 7 de junio de 2023

Golpes blandos y duros

 

Golpes blandos y duros

Popayán, 7 de junio de 2023

                                             Una cosa es andar despacio para no tener que retroceder a cada rato, y otra, es ceder ante el contrario creyendo que así se avanza.

Más allá de crisis ministeriales, bloqueos judiciales y parlamentarios, ataques del Fiscal y la Procuradora y de la guerra mediática contra el gobierno de Petro, incluyendo el escándalo-novela de su jefe de gabinete (Laura Sarabia) y del ex-embajador en Venezuela (Armando Benedetti), ha llegado el momento de hacer un balance de lo ocurrido en estos 10 meses.

El presidente ha dicho que sufre un “golpe blando”. Es lo normal y lo que ha ocurrido con todos los gobiernos de izquierda y/o progresistas en América Latina. Si las oligarquías no pueden tumbar a los nuevos gobernantes con el “blando” intentarán con el “duro”. Es algo comprobado y no debe sorprender. No sabemos si los dirigentes del Pacto Histórico son conscientes de esa realidad.

Nosotros sí sabemos que la oligarquía no va a ceder su poder y sus privilegios “por las buenas”. Somos conscientes que las clases dominantes son capaces de violar su propia legalidad cuando lo consideren necesario. Está demostrado que cuando pierden una parte de su Poder (gobierno) se esfuerzan al máximo por preparar las condiciones para recuperarlo, por las buenas o por las malas.

Es lo que está ocurriendo desde el primer día que se posesionó Petro. Usan a diario y en forma sistemática la guerra jurídica, el saboteo parlamentario y el cerco mediático. Y, por tanto, si somos conscientes de ello, había que diseñar una estrategia para avanzar con consistencia en la principal tarea del momento: acumular fuerza para consolidar un bloque social y político capaz de enfrentar las fuerzas que se oponen al cambio. No solo las fuerzas económicas sino también las culturales.

Pensar que con la fuerza de la mitad de la población que vota, que es una cuarta parte del total de los posibles electores, y con el apoyo de quienes marchan ocasionalmente en las calles (que ya no son ni el 15% de los que se movilizaron durante el “estallido social”) se van a conseguir los cambios que requiere este país, es partir de un presupuesto errado y falso. Es pecar de ingenuidad.

La correlación de fuerzas del momento (coyuntural)

En Colombia no se ha terminado de construir ese bloque social que pueda convertirse en sujeto político de la transición democrática. El presidente Petro actúa como si ya estuviera construido.

Importantes sectores populares (campesinos, indígenas, afros, y un sector de los trabajadores asalariados y estudiantes) sobre todo del Caribe, Pacífico, otras zonas periféricas y algunas ciudades, mantienen su apoyo al gobierno (por ahora).

Existen otros sectores informales (mineros artesanales, cocaleros, vendedores ambulantes, moto-taxistas, etc.) que están a la expectativa, pero con la inflación y el aumento del precio de la gasolina están entrando en la franja de los escépticos (y muy rápido pueden ser ganados por la oposición).

Los pequeños productores agrarios y el grueso de los “profesionales precariados” (parte de las llamadas “clases medias”), a los cuales Petro no les ha hecho ni un gesto, están en proceso de alejamiento del gobierno. Algunos ya están en la oposición.

Estos sectores sociales son muy importantes a todo nivel (económico, político y cultural) y no han sido ganados para el proceso de cambio. Sin ellos, impulsar las reformas en salud, laboral y pensional (que en algunos aspectos los afectan en forma negativa), es un verdadero suicidio.

En términos políticos durante estos 10 meses de gobierno la “coalición de gobierno” se ha reducido bastante. Los partidos tradicionales (liberal, conservador y de la U) se han retirado. Los “verdes” se dividieron entre los que apoyan al gobierno y los que lo adversan. Los partidos de la oposición (CD, CR, otros) medianamente se han fortalecido. En el Pacto Histórico han surgido fisuras.

El “bloque parlamentario” que parecía una aplanadora dentro del Congreso ya no existe. Las reformas sociales están –de hecho– aplazadas o ralentizadas. La oligarquía y sus partidos políticos han percibido cierta debilidad y ahora van por todo. Van a tratar de transformar el debilitamiento del gobierno en un triunfo electoral en las elecciones locales y regionales, usando principalmente el tema de la seguridad como ya lo hacen los gobernadores de los departamentos.

Si se produce una derrota del Pacto Histórico en octubre/2023 y ésta es similar a las de Chile y España, el golpismo se va a exacerbar y entraremos en una fase de desestabilización (en la que “suavemente” ya estamos). El bloqueo y la guerra judicial, parlamentaria y mediática entrará en la fase de la “revolución de color” que seguramente será reforzada desde Washington.

¿Sirve la teoría del “golpe blando” para derrotar el “golpe duro”?

La teoría del “golpe blando” parece ser una excusa para no reconocer los errores estratégicos cometidos por Petro, que no quiere aceptar. Es posible que ese proceso esté en desarrollo, pero, lo más seguro es que las clases dominantes estén pensando a mediano plazo y, por ahora, están en la tarea de fortalecer sus propias fuerzas mientras debilitan y desesperan a Petro.

Los estrategas de la oligarquía colombiana saben que el “golpe blando” en Colombia no tiene muchas posibilidades de éxito dado que ni el poder judicial ni el legislativo pueden “tumbar” a Petro en poco tiempo. Tienen la experiencia de Samper en 1994 y del mismo Petro en 2014. Además, ni ellos mismos se imaginaban que debilitar a Petro iba a ser tan fácil y tan rápido.

Por ello, antes de avanzar en la idea que aspiro a aportar para el necesario debate, se deben identificar los errores cometidos por el gobierno, diferenciando los que son evidentes y visibles de los que tienen que ver con la estrategia, aunque están completamente conectados.

Los errores visibles se pueden resumir así:

-       Se generó mucha expectativa y poco se ha cumplido. “El que mucho abarca poco aprieta”.

-       Se priorizaron reformas legales sin tener mayorías en el Congreso. “Ensillar sin tener las bestias”.

-       Se habla de paz pero se cazan peleas a todo dar. “Antes que armas tomar todo se ha de intentar”.

Los errores de fondo son repeticiones de experiencias vividas en países vecinos:

-       Se mantiene una visión insurreccional. Se habla de transición, pero no se la define con claridad.

-       No se han identificado los cambios ocurridos en la sociedad. Perdura una visión “campesinista”.

-       No existe una propuesta para las “clases medias”. Así, las empujamos al lado de la oligarquía.

-       Se concibe al Estado (gobierno) como el escenario principal. La gente debe “apoyar” y esperar.

-       Caemos en el asistencialismo y paternalismo. No hemos diseñado “subsidios productivos”.

De no rectificar el rumbo, seremos nosotros mismos los que les ayudamos a las clases dominantes en su tarea golpista. No se trata de retroceder o de ser “moderados” como algunos proponen. Se trata de ser consecuentes con el programa de impulsar la industrialización y la transición energética, que es una causa que unifica a amplios sectores de la sociedad colombiana y crea condiciones perdurables (“sostenibles” social, económica y ambientalmente) para resolver paulatinamente los demás problemas históricos.

Se impone la tarea urgente de buscar y encontrarse con los pequeños productores agrarios y con los profesionales precariados, que son los únicos sectores sociales y productivos que están en capacidad de impulsar esa política que trazó Petro en su campaña pero que se ha quedado en simple discurso. Y para hacerlo, no se necesitan nuevas leyes sino acciones prácticas de gobierno. ¡Rectificar es posible!


martes, 30 de mayo de 2023

La “paz total” frente a la historia

 

La “paz total” frente a la historia

Popayán, 30 de mayo de 2023

No había querido escribir sobre la “paz total” y el conflicto armado (guerra interna). No tanto porque no tuviera nada que decir sino porque tocaba ser prudente frente a un tema tan complejo y que en Colombia (y el mundo) compromete tantos intereses visibles y ocultos.

Mucho más cuando desde antes del proceso de paz escribí diversos artículos distanciándome tanto de los “pazólogos” institucionales (santistas y anti-santistas) como de los “no institucionales” (ONGs., simpatizantes y teóricos de las guerrillas, cristianos, etc.).

La diferencia que planteaba en ese momento se puede resumir en la siguiente cita:

En Colombia finalmente se va a sellar un acuerdo de Paz entre las Farc y un gobierno que representa fielmente a la burguesía transnacionalizada (“nacional” y global). No será la “paz” que muchos idealizan. Será una “paz perrata”, “a medias”, calculada y al servicio del gran capital que necesita un “buen ambiente para la inversión”.

En Colombia idealizamos la guerra para sacar fruto de ella. También sublimamos la paz para manipularla. Ahora, los capitalistas transnacionales que utilizaron el conflicto armado, quieren ganar más con la paz y la van a hacer a su medida. El país –como el resto del mundo– seguirá en guerra, una “comible” como la de México o Brasil (más delincuencial que “política”), pero ni la Nación ni el pueblo saldrán beneficiados inmediatamente en nada. Para el movimiento popular –a mediano plazo– puede ser un paso adelante, pero depende cómo afrontemos el mal llamado “post-conflicto” (Rebelion.org., 2013).

Además, no quiero entrar en el coro de los opositores a Petro que ya empiezan a pedirle su renuncia porque la “paz total” no avanza, cuando durante más de cuatro (4) décadas los actores armados estatales, paramilitares y guerrilleros mantuvieron a este país al borde del desastre total. Olvidan esos críticos que tamaño problema hace parte de la estructura colonial y capitalista de nuestro país, y que todos los gobiernos anteriores lo alimentaron de diversas formas.

Además, nuestro país ha acumulado –por siglos– todos los factores que producen y mantienen la guerra interna: a) Territorio estratégico y presencia de intereses imperiales; b) Abundantes recursos naturales, pobreza y desigualdad; c) Conflictos étnicos y sociales de larga data; d) Estado frágil y deslegitimado; e) Recurrencia de guerras internas; y f) Presencia de economías ilegales.    

Un breve recorderis sobre lo planteado

En forma de síntesis lo que he venido sosteniendo es que:

-  El conflicto armado fue provocado e instrumentalizado por el imperio y la oligarquía desde 1948.

-  La resistencia armada campesina fue una reacción lógica y necesaria a la agresión oligárquica.

-  Dicha resistencia campesina se fue transformando en guerrillas “ideológicas”.

-  Las guerrillas no eran una amenaza para el régimen, pero servían para “meter miedo”.

-  Su accionar “insurgente” era utilizado para reprimir al movimiento popular y asesinar dirigentes.

-  Las guerrillas se fueron convirtiendo en una especie de “policía rural” en zonas de colonización.

-  Las Farc cambiaron de estrategia en 1982. Allí iniciaron su creciente degradación política.

-  La “lectura insurreccional” del paro cívico de 1977, los aisló de su base social y de la sociedad.

-  El “delirio triunfalista” los empujó a “militarizar” y “despolitizar” su rebeldía insurgente.

-  La prioridad de las Farc en las siguientes décadas fue crecer a todo “costo” y “fuego”.

-  En 1998 –en lo militar– las Farc habían logrado triunfos contundentes y una “ventaja estratégica”.

-  El Plan Colombia y los diálogos del Caguán (1998-2002) develaron su debilidad política.

-  Después de 2002 vino la “ofensiva uribista” (paramilitar) y, luego, la “paz santista” (neoliberal).

-  Durante todo ese período hasta 2016, las Farc continuaron con su proceso de degradación política y se ganaron el rechazo de la mayoría de la población.

-  La “paz santista” sólo tenía como objetivo desmovilizar y desarmar a las Farc, sin realizar cambios importantes en lo económico y político.

-  Luego de 2016, no existía una fuerza social y política capaz de hacer cumplir los acuerdos.

-  Ello explica la elección de Iván Duque (2018-2022). Su mandato era sabotear el proceso de paz.

-  Ante el incumplimiento del Estado era natural que las “disidencias” de las Farc y el Eln se rearmaran y fortalecieran. Mucho más con el “combustible” del narcotráfico y la minería ilegal.

-  En el ciclo de violencia que surge después de la degradación de las guerrillas y de los paramilitares (2010), predominan las lógicas delincuenciales que hacen parte de dinámicas internacionales.

-  Hoy el gobierno de Petro tiene que enfrentar todo ese largo y complejo acumulado histórico.

-  Para hacerlo con eficacia y legitimidad, el gobierno progresista tenía que convocar a todas las fuerzas sociales y políticas de la sociedad colombiana para construir una política de Estado.

-  Hoy se requiere un gran diálogo nacional para evaluar lo ocurrido y diseñar una nueva estrategia.

-  Durante estos primeros nueve (9) meses del gobierno de Petro se han repetido los mismos errores cometidos por el gobierno de Santos.

Sobre la “paz total” de Petro

Observamos una gran falencia. No existe un análisis teórico –serio y profundo– que plantee una crítica consistente a la “política de paz” de Santos (que era la política de un sector de la oligarquía y del imperio) y de procesos anteriores como el de Betancurt (1982) y Barco (1989-1990).

Al no existir ese balance crítico bien trabajado y sustentado, se impulsa un “proceso de paz” por parte del actual gobierno que tiene grandes limitaciones conceptuales y metodológicas, dado que no logra definir con claridad, la naturaleza del ciclo de violencia que estamos viviendo.

Se están cometiendo los mismos “errores” que cometió Santos. Aunque para un sector de la oligarquía fue un triunfo desarmar a las Farc, para el grueso del pueblo colombiano no ha significado un importante logro ni ha traído beneficios tangibles.

Así, se han generado expectativas falsas; se ha hecho politiquería y demagogia; se ha caído en cortoplacismos e improvisaciones; y no se ha logrado un serio compromiso de las comunidades.

Las preguntas claves a responder son: ¿Qué diferencias esenciales hay en este proceso de paz con respecto al anterior? ¿Cómo construir una política de seguridad que se corresponda con las metas sociales del gobierno y de la sociedad? ¿Es la política de paz una política de gobierno o de Estado?

Nota de actualidad: Frente a la hostilidad del Fiscal Barbosa, de la Procuradora Cabello y, ahora, del Consejo de Estado, el presidente Petro no puede caer en una “guerra de nervios” que pretende aislar al gobierno del conjunto de la sociedad y crear un ambiente de crisis e incertidumbre. Temas gruesos como la producción, el empleo, la comida, la seguridad, la reforma agraria, los servicios públicos, etc., requieren construir lo que Petro planteó en sus inicios: un pacto nacional y social. 

martes, 16 de mayo de 2023

Lo ocurrido en Chile y lo que pasa en Colombia


 Lo ocurrido en Chile y lo que pasa en Colombia

Popayán, mayo 16 de 2023

Lo ocurrido en las elecciones para conformar el Consejo Constituyente en Chile, en donde la derecha extrema logró un triunfo importante, ha sido interpretado por analistas y actores políticos de diferente manera. Para unos es un castigo al gobierno de Boric; para otros, es la profundización de “un giro a la derecha” del pueblo chileno; y para algunos más, es resultado de que la “potencia destituyente” que se expresó desde 2019 no encuentra una clara concreción política: al no convertirse en “potencia constituyente”, facilita el empotramiento de la “potencia restauradora”.

Desde Colombia, en donde vivimos un “estallido social” similar al chileno (2021) pero menos potente y sostenido, observamos algunas falencias puntuales de carácter político que se hacen más visibles en el país austral que en el granadino. Una de ellas, la más evidente, consiste en que los partidos de la “Concertación” (izquierda, centro-izquierda y centro), no solo defraudaron los anhelos de cambio del pueblo chileno, sino que se debilitaron al extremo de no estar en capacidad de canalizar las protestas sociales hacia un verdadero proyecto político transformador.

En la dinámica del “estallido social” –a diferencia de lo que ocurrió en Colombia– dichos partidos absolutamente “institucionalizados” y “domesticados” por el neoliberalismo imperante, no estuvieron a la altura del reto, no tenían la autoridad para orientar la protesta y tampoco pudieron deslindarse a tiempo de algunas tendencias que degeneraron en “extremismos identitarios”.  

La fallida canalización del “estallido social” usando la convocatoria a una Convención Constitucional para redactar la nueva Carta Política, que en gran medida se corresponde con las concepciones y costumbres políticas propias del período de la “Concertación”, no solo fue orquestada y ejecutada en alianza con las derechas, sino que se hizo a espaldas del grueso de la población. El “fetichismo legalista” se puso al servicio del “extremismo identitario”.

El “extremismo identitario” surge de la separación artificiosa y sectaria de las dinámicas de construcción de identidad de sectores sociales específicos como etnias, mujeres, jóvenes, migrantes, etc.  que los lleva a colocar sus intereses por encima de los de la sociedad, se desligan de los intereses de clase y fácilmente se dejan provocar y separar del conjunto de la población.

El extremismo identitario se expresa como: a) Etnicismo fundamentalista y autonomista; b) De género, mediante un “feminismo machista” y/o “machismo feminista”; c) De edad, por medio del síndrome de Adán o infantilismo insurreccional, que se propone “refundar todo”; d) Otros “identitarismos victimizantes” relacionados con la migración y la cultura de las personas.

El “fetichismo legalista” aparece cuando se cree que, cambiando la Constitución Política o las Leyes, automáticamente se cambia la realidad. Las clases dominantes han aprendido a jugar con ese engaño como lo hicieron en Colombia en 1991. Y, de alguna manera, los proyectos políticos populares y de izquierda de América Latina han caído en esa trampa del “legalismo jurídico”.

De cómo la derecha chilena aprovecha el “extremismo identitario” y el “fetichismo legalista”

Es fácil observar cómo los “partidos de la Concertación” no fueron capaces de controlar las fuerzas y las representaciones “identitarias” en la Convención Constitucional y dejaron que las “causas sectoriales” se extralimitaran en su ejercicio “legalista” y "maximalista". ¡Querían cambiarlo todo, pero en el papel!

Así, mientras las “falsas izquierdas chilenas” se solazaban en la “orgía constitucional”, las derechas utilizaron la justa lucha de los Mapuches para meter miedo –a través de los medios de comunicación– contra el separatismo y la división de la Nación, al estilo de lo que hizo la derecha española con el “independentismo catalán” para debilitar a Podemos.

Utilizó el “feminismo radical” para horrorizar y asustar al grueso de la población cristiana y tradicional “en defensa de la familia y de la vida”, al estilo de lo que hizo Álvaro Uribe Vélez en Colombia para derrotar el referendo de la Paz (2016).

Instrumentalizó el “radicalismo provocado” de la juventud de la “primera línea” para identificar la protesta social con el “vandalismo” y la “violencia”, como parcialmente lo hizo la derecha colombiana en 2021-22, especialmente en Cali y algo en Bogotá.

De la misma forma, promovieron la xenofobia contra los migrantes venezolanos incentivando un arrollador “nacionalismo neo-fascista” que los colocó como los guardianes de la “nación”, al estilo de lo que hizo Trump en USA y las derechas extremas en Europa.

La extrema derecha chilena triunfó armando ese “coctel neo-fascista” sin que existiera una fuerza política que tuviera la claridad y la madurez para unificar las justas luchas de los indígenas, las mujeres, los jóvenes y los migrantes, con la lucha de los trabajadores y del conjunto del pueblo chileno. Tal unificación era necesaria para avanzar hacia un efectivo “proceso constituyente” de mediano plazo, que promoviera y profundizara la organización popular de amplio espectro, en donde un firme y valiente gobierno progresista podría ser un buen ayudante.

La situación en Colombia (síntesis)

En Colombia la situación es algo diferente. Después de 200 años de vida republicana es el primer gobierno de “izquierda progresista” que rige en este país. Todavía los partidos no están tan desgastados y debilitados como en Chile. Y, además, Gustavo Petro –hay que reconocerlo– no sólo se involucró de lleno en la dinámica del “estallido social” sino que tuvo la capacidad de influir sobre él y se deslindó a tiempo de algunas prácticas violentas, que así fueran provocadas por el gobierno, también fueron estimuladas por grupos armados de diferente origen (guerrillas, “paras”, grupos delincuenciales, extremistas infantiles, etc.).

Algunos de los integrantes del Pacto Histórico no son conscientes de esa situación. Por ello, existen todavía muchos desvaríos “radicales” y refundacionales que vienen de la herencia y tradición guerrillerista, y pueden generar –en poco tiempo– una situación similar a la de Chile. La oligarquía juega a desesperar a la cabeza del gobierno progresista, y Petro pareciera caer en la trampa, queriendo acelerar las reformas “sociales” sin contar con una fuerza social y política mayoritaria. También el “fetichismo legalista” está en nuestros genes y, a veces, nos traicionan.

Sin embargo, una de las áreas en donde podemos afirmar que el gobierno de Petro ha sido consecuente con sus postulados programáticos, es la política internacional. Si en los “frentes internos” (legislativo y de ejecución del presupuesto gubernamental), el gobierno de Petro actuara como lo hace en el “frente externo”, seguro ya se hubiera ganado un aplauso general del pueblo y de la sociedad colombiana. Todavía no lo logra.

Por ello, a continuación, se presentan algunas ideas relacionadas con esa gestión internacional.

La iniciativa del gobierno colombiano frente a Venezuela

Con ocasión de las acciones que realiza Gustavo Petro para que Venezuela se reintegre a la Comisión Interamericana de DD.HH., se reestablezca plenamente la democracia en ese país, y el gobierno de los EE.UU. suspenda el bloqueo económico (sanciones) que le impuso al país y pueblo hermano desde 2014, no se han hecho esperar los diversos y contradictorios adjetivos y calificaciones que van desde el aplauso y apoyo hasta el insulto y la oposición abierta.

Quienes en las pasadas elecciones de 2022 rechazaron a la “derecha uribista”, respaldan la gestión. Al contrario, los Marco Rubio y Andrés Pastrana le dicen a Biden que tenga cuidado con Petro, que es un “agente del caos”; Guaidó, quien habla por Leopoldo López, afirma que es un “mandadero de Maduro”; y algunos “izquierdistas” colombianos afirman que es “alfil del imperio”.

Y son muchos más los que denigran y se exaltan porque Petro hace lo que está fuera de sus líneas de comportamiento tradicional (“derecha” o “izquierda”) por avanzar hacia la democracia y la paz. Todos ellos reviran frente a la posibilidad de encontrar soluciones pacíficas y democráticas para nuestros pueblos y nuestra región sin entender que los beneficios son evidentes. Entre otros están:

Uno, al pueblo colombiano le interesa que el país vecino supere sus problemas políticos y económicos. Mejoraría la producción y el comercio mutuos. Muchos migrantes venezolanos regresarían y las presiones sobre el empleo y los servicios públicos se aliviarían, aunque hay que reconocer que esa migración ha traído beneficios para nuestra economía y capacidad productiva.

Dos, la lucha contra las economías ilegales y los grupos armados que se alimentan de ellas, no solo contaría con un aliado interesado y comprometido, sino que se fortalecería la capacidad de la sociedad y de las fuerzas de seguridad para contribuir con las metas de la “paz total”.

Tres, se avanzaría en la tarea de integrar a los países y pueblos latinoamericanos sobre la base de una política de “no alineamiento” con ninguna potencia imperial, a fin de fortalecer el “mundo multipolar” que ya está en marcha, sobre principios democráticos y de soberanía.

Cuatro, se neutralizaría a las derechas golpistas que, con ocasión de lo sucedido en Perú y Chile, no cejan en su empeño de “defenestrar” (tumbar) a los gobiernos progresistas usando ya sea la guerra jurídica (Lawfare) y mediática, o la fuerza de ejércitos reaccionarios (Bolivia).

No debemos perder de vista que la hegemonía y el poder estadounidense está siendo retado y socavado por la crisis sistémica del capitalismo a nivel global y por nuevas alianzas geopolíticas (China-Rusia; Irán-Arabia Saudita; BRICS, etc.). En ese contexto es interesante recordar las palabras de Fidel Castro cuando analizaba el futuro de los conflictos mundiales. Decía: “Estaríamos felices de que el imperialismo se suicidara, pero ojo, que no nos caiga encima”. Es mucho decir.

Por ello el enfoque calculado y pausado de Petro, es el más acertado para un proceso que recién está en ciernes y cuyo desenlace será muy conflictivo y cruento. Y ese es el mismo enfoque que se requiere para avanzar también en lo interno: “Vísteme despacio, que tengo prisa”.

Referencias bibliográficas (links)

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Figueroa Cornejo, A. (2023). Elección constitucional: El momento caótico. Recuperado de: https://rebelion.org/eleccion-constitucional-el-momento-caotico/

González Farfán, C. (2023). “El Consejo Constitucional será un laboratorio para la ultraderecha”. Entrevista con el investigador chileno Arnaldo Delgado. Recuperado de: https://rebelion.org/el-consejo-constitucional-sera-un-laboratorio-para-la-ultraderecha/?fbclid=IwAR3Kn6lKWHnTRWzHKdu7HChX6VeLzEVZRNfvhu1qtynPa-IUzJn74h-c4LU

El País (2023). Petro pide cambiar la carta democrática de la OEA para reintegrar a Cuba y Venezuela. Artículo de Jun Diego Quesada. Recuperado de: https://elpais.com/america-colombia/2023-04-19/petro-interviene-en-la-oea-la-institucion-que-salvo-su-carrera-politica-quiero-que-venezuela-y-cuba-la-integren.html

El Tiempo (2023). “Cuidado, presidente Biden: Gustavo Petro es un agente del caos”. Columna de opinión de Marco Rubio. Recuperado de: https://www.eltiempo.com/mundo/eeuu-y-canada/el-presidente-biden-debe-tener-cuidado-con-petro-marco-rubio-760897?fbclid=IwAR2jEWA6d_Cl08B3uqjB9TmesgpUWT3W7oNVQiCe3xdQv4Z1ZzSTlxh9yuk

El País. Internacional (2023). Guaidó:No sé si Maduro engaña a Petro o es al revés, honestamente”. Artículo de opinión de Juan Diego Quesada. Recuperado de: https://elpais.com/internacional/2022-11-05/guaido-le-ganaria-a-maduro-en-unas-elecciones-pero-a-el-le-ganaria-hasta-un-perro.html?fbclid=IwAR2jEWA6d_Cl08B3uqjB9TmesgpUWT3W7oNVQiCe3xdQv4Z1ZzSTlxh9yuk

Monereo, M. (2023). ¿Estamos ante el inicio de una tercera guerra mundial? El Viejo Topo. Recuperado de: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/estamos-ante-el-inicio-de-una-tercera-guerra-mundial/

El Heraldo (2023). ¿Quién es John Marulanda, el coronel (r) que habló de “defenestrar” a Petro?. Recuperado de: https://www.elheraldo.co/colombia/john-marulanda-el-coronel-r-que-hablo-de-defenestrar-al-presidente-gustavo-petro-1000217

Valdés Paz, J. (2021). No hay nada desconectado cuando se hace política. La Tizza. Recuperado de: https://medium.com/la-tiza/no-hay-nada-desconectado-cuando-se-hace-pol%C3%ADtica-6a9baee877e8

miércoles, 10 de mayo de 2023

Colombia: ¿Refundación o transición?

 

Colombia: ¿Refundación o transición?

            Popayán, 10 de mayo de 2023

Hemos venido insistiendo en que para darle continuidad al proceso de cambio que lidera en Colombia el presidente Gustavo Petro, se hace necesario ampliar y consolidar el espectro de clases y sectores sociales que apoyan al gobierno. En la actualidad, de acuerdo a nuestra percepción y a encuestas y sondeos, la favorabilidad del primer mandatario ha mermado y, ello, debe preocupar.

También, hemos planteado que existen condiciones externas e internas que explican la aparición y crecimiento de cierto escepticismo e incertidumbre frente al gobierno. Por un lado, los efectos negativos de la recesión económica global, la guerra Rusia-Ucrania y la inflación mundial y, por el otro, los problemas acumulados y las enormes expectativas sobre la nueva administración que han sido aprovechadas por la oposición mediática para desgastar su imagen.

Igualmente, hemos señalado algunas causas de ese “desgaste” que tienen que ver con la acción errática del Presidente y del Pacto Histórico, que en gran medida se justifican por cuanto corresponden a un proceso político relativamente nuevo y a la situación real de un país y una sociedad en movimiento y transformación, que sólo en medio de la “praxis” se puede reconocer y abordar con acierto mediante el diseño y el ajuste continuo de la política y la comunicación.

Para ilustrar la particularidad del momento que vive el país, acudimos a la categoría de “alianza interclasista” que surgió en Colombia con ocasión del proceso de paz con las Farc, liderado por un sector importante de la oligarquía financiera y de la burguesía burocrática, y que fue apoyado por gran parte de la población colombiana, a excepción de los terratenientes despojadores de tierra y de sectores sociales muy golpeados y resentidos con las guerrillas izquierdistas.

Así mismo, explicamos el triunfo electoral del Pacto Histórico como la continuidad del proceso anterior encabezado por el expresidente Santos y que fue saboteado durante el gobierno de Duque. Lo anterior esclarece y explica la derrota del candidato uribista (Fico Gutiérrez) y la posterior disputa presidencial entre candidatos que apoyaban el “cambio” y la paz (Hernández y Petro).

No obstante, lo ajustado de los resultados electorales y la composición social y territorial de la votación nos lleva a plantear que la correlación de fuerzas a favor de una transformación estructural es limitada y precaria, y, por tanto, el ejercicio de gobierno es fundamental para romper con el equilibrio estratégico entre quienes apoyan el cambio y quienes lo adversan.

Esa “alianza” se ha tensionado en los últimos meses por la presentación y trámite legislativo de las reformas de salud, laboral y de pensiones que inquietan a sectores financieros y burocráticos, y por algunos pronunciamientos sobre la suspensión de contratos de exploración petrolera y gasífera u otras iniciativas que afectan intereses oligárquicos (política económica, servicios públicos, etc.).

Es necesario recordar que las clases y sectores sociales que apoyaron a Petro fueron los campesinos, indígenas y comunidades negras del Pacífico, Costa Caribe y departamentos de la Colombia profunda, periférica y fronteriza. Los trabajadores, las clases medias y sectores de la burguesía emergente lo hicieron parcialmente, destacándose la votación en Bogotá.

En cambio, quienes se alinearon con la oposición a Petro fueron las castas dominantes (oligarquía financiera, grandes terratenientes, burguesía agraria y lo más corrupto de la burguesía emergente) y los pequeños y medianos productores agrarios, localizados en las regiones de más alto desarrollo económico y con gran tradición “paisa”, que fueron fuertemente afectados por las acciones irracionales de la insurgencia fariana (ver mapa 1).

Mapa 1. Resultados electorales – Presidencia de la República – Colombia, junio de 2022

Fuente: El País

Por ello, si el gobierno quiere impulsar seriamente la industrialización de nuevo tipo y una transición ecológica hacia fuentes de energías limpias, tendrá que atraer a los únicos sectores que –en verdad– tienen la necesidad, el interés y las condiciones para hacerlo de una forma asociativa, eficiente, con tecnologías de punta, no-asistencialista y relativamente rápida y sostenible.

Esos sectores o sujetos sociales del “cambio progresista” son los pequeños y medianos productores, especialmente los agrarios, y los “profesionales precariados” (que algunos ubican dentro de las “clases medias”), porque aun sin el apoyo de los anteriores gobiernos, han construido una economía productiva relativamente democrática y rentable con base en sus propios esfuerzos y recursos.

Y la punta de lanza de dichos sectores sociales está plasmada en diversos proyectos (individuales y comunitarios) que existen a lo largo y ancho del país en agroecología, turismo ecológico, agricultura urbana, educación social-popular, acueductos comunitarios, salud preventiva y medicina ancestral, y muchas más experiencias alternativas, que son la vanguardia y potencia transformadora de la verdadera revolución que necesita Colombia y el mundo.

Nota sintética sobre el momento actual (por desarrollar)

A diferencia de quienes tienen una lectura insurreccional del “estallido social” de 2019-2021, pensamos que en Colombia no estamos en un momento “refundacional” y tampoco “de-constituyente”. Sólo estamos frente a un “umbral de transición”, en donde un gobierno progresista (y las clases y sectores sociales que los representa y apoyan) tiene la oportunidad de construir un verdadero “pacto histórico” que debe ir más allá de lo electoral y coyuntural.

Mientras se mantenga dividida y enfrentada la sociedad colombiana entre la nación paisa y santandereana de raigambre “blanco-español” (conservadora) y la nación mestiza y periférica de origen “indio y negro” (liberal), que ha sido la condición para que exista una casta oligárquica que reproduce la dominación colonial, racista, patriarcal, clerical y capitalista, y que ha dado origen a una estructura social diferenciada y fragmentada, no podremos construir una verdadera Nación y desencadenar la energía creadora de un Pueblo unido alrededor de objetivos transformadores.

El programa construido por Petro y el Pacto Histórico tiene los componentes teóricos y políticos para avanzar en esa dirección, pero de acuerdo a nuestra percepción, no se ha roto totalmente con las visiones insurreccionales y “refundacionales”. No hemos asimilado las experiencias de otros países en donde unas “minorías iluminadas” en nombre de los trabajadores y de los pueblos quisieron “cambiar el mundo”, derrocar a las clases dominantes y “por decreto”, cambiar el modo de producción capitalista. No lo lograron; el pasado regresó por la puerta de atrás.

El voluntarismo y la impaciencia se juntaron para crear un imaginario “cortoplacista” que nos llevó a fracasos y derrotas históricas. Son lecciones que no podemos dejar pasar. “Del afán solo queda el cansancio” reza el dicho popular. Lo que hoy ocurre en Chile y está en desarrollo en Ecuador, Bolivia, Brasil, etc., es parte de lo mismo. Y si en Colombia no evaluamos y aprendemos, le llevaremos agua al molino de las derechas guerreristas que están al acecho. 

miércoles, 3 de mayo de 2023

Petro rompe la coalición y busca al pueblo

 

Petro rompe la coalición y busca al pueblo

Popayán, 3 de marzo de 2023

¿Qué ocurrió durante las últimas semanas en las instancias del gobierno de Colombia? ¿Qué llevó al presidente Petro a oficializar con un “tuit” que no iba más la coalición con los partidos tradicionales aliados (La U, conservador y liberal) y a modificar la composición del gabinete ministerial? ¿Cómo se explica la salida de ministros claves? ¿Qué consecuencias tendrá?

Ocurrió lo que se preveía. Una vez se agitara la “alianza interclasista” se harían evidentes las limitaciones de la “coalición amplia” y se alteraría el tablero político. Aun así, esa primera etapa de gobierno –más corta de lo imaginado– deja realizaciones significativas (reforma tributaria, avances en el plan de desarrollo y reforma agraria), y también, valiosas enseñanzas.

El sacudón de la “alianza interclasista” fue causado por la reacción contra la reforma del sistema de salud por parte de la oligarquía financiera y de la burguesía burocrática que manejan y se alimentan de los recursos del sector (EPS). Sin embargo, algunos errores cometidos en el trámite legislativo agudizaron la confrontación política y obligaron a Petro a generar un “remezón ministerial” para ajustar las cargas políticas a la nueva realidad.

No quiere decir que esta sui generis y tácita alianza de clases y sectores sociales que existe en este momento en Colombia, esté totalmente fracturada. La oligarquía financiera que lideran los dueños de los grandes grupos económicos e inversionistas extranjeros, y que en política está representada por los expresidentes Gaviria y Santos, sabe que no pueden romper totalmente con Petro por diversos factores que es interesante analizar. Veamos:

-       Necesitan una relativa estabilidad ante la incertidumbre y nerviosismo que existe a nivel global. No es sólo la guerra Rusia-Ucrania y el peligro de recesión, sino que les inquieta la fragmentación, la quiebra del mundo unipolar (USA) y el impacto del cambio climático.

-       Son conscientes que en Colombia se requieren algunos cambios y reformas para desactivar la bomba social y económica que está detrás del “estallido social” de 2021.

-       Saben que un enfrentamiento abierto con el gobierno progresista sería una oportunidad para que las “derechas e izquierdas extremas y armadas” incendien de nuevo a este país.

-       Al igual que el gobierno de EE.UU., aspiran a que Petro logre reintegrar a Venezuela al sistema interamericano, tanto en el aspecto político como en el campo de la economía.

-       Usan el bloqueo institucional y el pánico económico “controlado” para desesperar a Petro, desgastar sus reformas y crear condiciones políticas para impedir la continuidad de su proceso de cambio hacia el futuro (o sea, en los siguientes períodos de gobierno).

Petro es consciente de ese panorama conflictivo e inestable. Sabe que necesita alianzas y apoyos de diverso tipo. Requería un ministro de Hacienda como José A. Ocampo para aprobar la reforma tributaria y de una Cecilia López en Agricultura para posicionar la reforma agraria. Desgraciadamente, ambos no podían avanzar y arriesgar y le tocó reemplazarlos en medio del remezón político. En el caso de la ministra Corcho y de Prada (Interior) la situación fue diferente, se desgastaron en su relación con el Congreso y salieron sacrificados.

Lo interesante del aprendizaje de estos ocho (8) meses tiene que ver con la conciencia de que se requiere acumular mayor fuerza social y política para enfrentar la estrategia “desgastante” de las castas dominantes. Es claro que, el Pacto Histórico con una representación minoritaria en el Congreso, se mueve en un terreno pesado y fangoso. Y aunque ha logrado develar las fisuras y divisiones al interior de los partidos tradicionales (especialmente el Liberal), pareciera que no le alcanza para aprobar las “reformas sociales”. Es posible que “pasen parcialmente” pero cediendo en aspectos fundamentales. En ese caso es mejor hundirlas.

Lo importante es no caer en el aventurerismo. Petro ha mostrado ante el país y el mundo su voluntad de cambio y de beneficio a los sectores más humildes y excluidos de la población. Tiene logros qué mostrar y un régimen presidencialista que le otorga poderes por explorar y avanzar. Debe persistir y realizar una mayor pedagogía para que la frustración que acumule el pueblo no se canalice contra su gobierno sino contra aquellos que obstaculizan el cambio.

Lo aprendido en esta primera fase debe servir para corregir y ajustar la estrategia. Deberá buscar otros sectores sociales y económicos que han estado históricamente abandonados por los anteriores gobiernos (pequeños-medianos productores agrarios y los “profesionales precariados”) que pueden ser atraídos con propuestas concretas y viables, y, que no requieren mayores reformas legales, pero si mucha paciencia y sentido práctico.

Sólo si gana el respaldo de esos sectores sociales y mantiene su base social y política, podrá colocar la correlación de fuerzas a su favor y destrabar esta especie de “empate técnico” que tenemos en la actualidad. Es el reto hacia adelante tanto de Petro como de la base progresista.