viernes, 26 de agosto de 2011

TUMBANDO IDOLOS VIRTUALES Y DICTADORES REALES

La “Generación Matrix” saca la cara

TUMBANDO IDOLOS VIRTUALES Y DICTADORES REALES

Popayán, agosto 26 de 2011

“De cómo la caída de los símbolos de nuestra juventud contribuye al avance de las revoluciones”

La generación nacida después de la caída del muro de Berlín ha insurgido con fuerza planetaria. Rebeliones juveniles están en el centro de las revoluciones democráticas y levantamientos populares de los países árabes. Las manifestaciones de los “indignados” en España tienen su sello. Alrededor del mundo su presencia es evidente.

Nuevas expresiones políticas de la juventud se hacen notar. Son lideradas por jóvenes de nivel “social medio”. Son profesionales y técnicos que se enfrentan a condiciones laborales precarias y al desempleo. Su ideario no plantea alternativas anti-capitalistas aunque rechazan el “sistema”. No militan en partidos políticos pero exigen “¡Democracia Ya!”. Rechazan la corrupción y reclaman actitudes éticas en el manejo de lo público. Adoptan métodos pacíficos de protesta. Usan y dominan las redes sociales de internet: se comunican y convocan por esos medios.

Es la “Generación Matrix” que se salió del ordenador virtual (computador) y demanda su lugar en la tierra.

Ídolos virtuales y dictadores reales

Ya en anteriores artículos hemos caracterizado desde el punto de vista económico y social a estos jóvenes “proletarios con título” o “trabajadores informalizados”. Su alto nivel educativo, su visión globalizada del mundo y el acceso a la información, se ve enfrentado a la realidad de un sistema económico que se cae a pedazos y que empuja al planeta hacia la hecatombe ambiental que pone en peligro la sobrevivencia humana.

Poco a poco florece entre ellos el pensamiento crítico que es la antesala de la acción conciente. Esos jóvenes descubren a una sociedad que les ofrece la felicidad representada en grandes cantidades de mercancías promocionadas por los mass-media, y empiezan a rechazar el consumismo compulsivo que los hace adictos a toda clase de baratijas. Saben que el paquete de alcohol y drogas sirve para completar la dosis. “Hacen conciencia”.

Hasta hace poco tiempo sus héroes virtuales – a falta de los reales – eran Steve Jobs y demás innovadores de la informática, incluyendo a los “hackers”. Los percibían como rebeldes. A su lado estaban los artistas con sus manifestaciones metaleras, diabólicas y vampirescas. Hoy se transforman en expresiones culturales urbanas (Hip-hop, Reggaetón).

También tenían entre sus ídolos a novatos comisionistas de Bolsa que supuestamente ascendían en el entorno financiero a punta de inteligencia y audacia juvenil. Los grandes deportistas – como Beckam – que obtienen multimillonarios ingresos por concepto de sus habilidades atléticas y de su imagen publicitaria, hacían parte de esos referentes ideales.

Hoy borran esos íconos de su mente. Entienden que eran instrumentos – mandaderos y bufones –, de la gran oligarquía financiera que es la gran beneficiaria de ese mundo de ilusión. La dura realidad los ha aterrizado y los empuja hacia la acción política.

El estallido de rebeldía sólo se explica como resultado de la frustración. Millones de jóvenes del mundo industrializado y de cientos de ciudades de países dependientes – como El Cairo, Bombay o Porto Alegre –, que tienen altos niveles de formación académica y capacitación laboral, no encuentran las oportunidades que soñaron. Descubren en carne propia el capitalismo salvaje y brota la insubordinación civil de múltiples formas.

Después de tumbar a sus ídolos del pedestal de su pantalla, han emprendido la tarea de derrocar a los dictadores de verdad. Aliados con el resto de trabajadores y sus pueblos ya dieron cuenta de Ben Alí y Mubarack en Túnez y Egipto. Y seguro… caerán muchos más.

Pero… ¿descubrirán en el camino la “dictadura del capital”? ¿Hacia donde irán?

El futuro…

¿Qué pasará hacia el futuro con ésta ola juvenil rebelde que ya se manifiesta con cierta identidad?[1] ¿Se enredará en la trampa existencial en que cayó la juventud revolucionaria de Mayo de 1968? ¿Avanzará hacia luchas anti-capitalistas? ¿Cuál será su evolución?

Hoy el sistema capitalista no puede absorber esa fuerza novel de trabajo calificado. Los produce y a la vez, los expulsa del sistema productivo. Los saca de la economía formal – lanzándolos al infierno de la informalidad – y a la competencia con los trabajadores inmigrantes, que son los nuevos desheredados de la tierra.

Lo que muestran los hechos es que ésta generación rechaza todo lo que tenga que ver con el “socialismo estatista del siglo XX”. Para ellos representa la falta de libertades políticas, el burocratismo, la corrupción y el autoritarismo. Incluso, muchos de los déspotas árabes que están cayendo – de una u otra manera – se alimentaron de sus prácticas “nacionalistas”.

Tampoco entienden a sus padres “izquierdistas”. Éstos dicen luchar contra el capitalismo pero frente a la crisis fiscal de los Estados europeos y estadounidense asumen una posición “defensista”. Quieren salvaguardar sus conquistas laborales obtenidas durante la época del “Estado de Bienestar” que fueron financiadas a costa de la explotación colonial e imperialista de otras Naciones y pueblos y, en las últimas décadas, con base en la súper-explotación de los trabajadores inmigrantes. Eso los confunde.

Esa contradicción generacional (que oculta una diferencia de clase en desarrollo) explica que en éste instante existan dos expresiones divergentes, dispares, de la protesta social frente a la crisis actual. Por un lado, la de los jóvenes “indignados” y por el otro, la de los sindicatos y la izquierda tradicional. Una es de búsqueda, la otra mira hacia atrás.

La agudización de la crisis capitalista y el empeoramiento de las condiciones de vida de la población es el fuego que alimenta la caldera de descontento social. Pensamos que ésta juventud en poco tiempo – con su propia cabeza y pies –, va a avanzar hacia la búsqueda y concreción de transformaciones radicales de nuestra sociedad.

En medio del caos y el desorden las señales que envía la vida son alentadoras. Nuevos fenómenos sociales aparecen y crean expectativas que – a su vez –, exigen lentes y miradas de nuevo tipo.



[1] Los jóvenes y estudiantes chilenos acaban de hacer una demostración de independencia frente a otros sectores sociales.

viernes, 12 de agosto de 2011

LA CARRERA POR EL PODER EN BOGOTÁ: ¡EN TIERRA BATIDA!

LA CARRERA POR EL PODER EN BOGOTÁ: ¡EN TIERRA BATIDA!

Popayán, 12 de agosto de 2011

Una mirada a la evolución de los gobiernos del Distrito Capital en los últimos 25 años sirve para visualizar el tipo de gobernante que necesita Bogotá. Además, da pistas sobre las próximas elecciones de octubre y muestra tendencias para las presidenciales de 2014.

La evolución de las administraciones bogotanas

En forma sintética – corriendo el riesgo de pecar de simplismo – se puede elaborar el siguiente cuadro: De las realizaciones en vivienda e infraestructura de Andrés Pastrana (1988-90) y Caicedo Ferrer (1990-92), se pasó a la planificación y responsabilidad fiscal de Jaime Castro (1992-95). Mockus (1995-96) en su primer gobierno mantiene esa línea y le agrega cultura ciudadana. Peñalosa (1997-2000) aprovecha lo acumulado para invertir en infraestructura, movilidad y espacio público. El 2° gobierno de Mockus (2001-03) sigue ese paso e introduce más reformas neoliberales. Lucho Garzón (2004-07) enfatiza lo social que es continuado por Samuel Moreno (2008-11), más por obligación que por convicción.

Moreno es el único alcalde de estos últimos 20 años que no reafirma lo heredado ni le imprime sello propio a la administración. Pensando en la carrera presidencial del año 2014, Samuel hizo hincapié en la construcción del Metro y la ampliación de Transmilenio, y acudió a métodos que insuflaron la politiquería y el clientelismo.

Hay que precisar que los énfasis no son originales ni auténticos. Todos están enmarcados y hacen parte de los mandatos del Fondo Monetario Internacional FMI y el Banco Mundial BM, con algunas particularidades locales pero sin “tocar” la esencia de esas políticas: a finales de la década de los años 80, coletazo de inversiones de la deuda externa; década de los 90s, ajuste fiscal neoliberal; primera década del siglo XXI, políticas asistencialistas para enfrentar los impactos del paquete neoliberal en la “población vulnerable”.

Un Alcalde para la “descolonización”

Hoy es necesario un alcalde que re-cree lo mejor de ese ciclo y rompa con el Estado colonial. Que recoja el espíritu de planificación y responsabilidad fiscal pero con criterios autónomos; retome y amplíe la práctica de la cultura ciudadana empleándola en otros campos como lo social y ambiental; asuma una visión prospectiva de ciudad moderna, amable, turística y productiva; y desarrolle lo público-social sin identificarlo totalmente con lo “estatal”[1], para no enredarse en dinámicas burocráticas.

Se requiere un Alcalde que se ponga a tono con lo que ocurre en Sudamérica. Que abra un compás a la democracia participativa como una herramienta de lucha contra la corrupción y apropiación social (colectiva) de los “bienes comunes” de los bogotanos. Que responda con autonomía a las necesidades del conjunto de la población, de los empresarios nacionales que tienen su sede en Bogotá y en toda la región que va desde Boyacá hasta el norte del Tolima, Villavicencio y sectores del Magdalena Medio, que relacione los programas asistenciales en salud y educación con los procesos productivos de cientos de miles de pequeñas empresas urbanas y rurales que requieren de la inyección de capital, apoyo para asociarse empresarialmente y realizar esfuerzos consistentes para insertarse en el mercado regional sudamericano y latinoamericano.

Para “contrarrestar las políticas neoliberales nacionales”[2] se necesita un gobernante que desde la Alcaldía de Bogotá y su zona de influencia (casi el 25% de la población colombiana), contribuya a reimpulsar un proceso de industrialización de nuevo tipo de un importante sector de la economía, ya no bajo la tutela del FMI y el BM sino con el apoyo del Banco del Sur y de la UNASUR, en el marco de la decadencia estadounidense.

Para soñar con una Bogotá que sea una ciudad moderna y atractiva pero – a la vez – viable y vivible para el conjunto de su población se necesita planear, ahorrar, educar en responsabilidad social, invertir con eficacia en infraestructura necesaria, insistir en lo social con una visión no asistencialista y avanzar hacia una propuesta productiva que involucre conceptos de rentabilidad-sostenibilidad social y ambiental, economía de equivalencias y democracia participativa. Es lo ideal, no sabemos qué nos traerá la realidad.

Desorden en el partidor

La línea no-clientelista que se cultivó hasta el gobierno de Garzón no redujo la politiquería. Ésta se alimentó del ejercicio político nacional. Vinieron después las prácticas de la administración de Samuel que exacerbaron las apetencias grupistas-personalistas. Así, al no reafirmar con fuerza su disposición social y darle espacio a la corrupción, se generó un ambiente de desorden y vacío de poder. “La Alcaldía es terreno de nadie”, se decía.

Ante ese horizonte surge la consigna de… “¡todos podemos!”. Ello explica la cantidad de aspirantes. De la actual baraja de once (11) candidatos, tres (3) – Castro, Mockus y Peñalosa – vuelven a jugar. De acuerdo a lo escuchado hasta ahora, quienes quieren repetir lo hacen con las mismas banderas: Castro, planificación; Mockus, educación; Peñalosa, construcción y urbanismo. Nada nuevo.

Los otros candidatos con alguna opción como Petro, Gina Parody, David Luna, Carlos F. Galán, se han sumado a la “ola anti-corruptora”. En general no muestran nada novedoso. Aurelio Suárez, de la vertiente revolucionaria histórica de la izquierda también ha entrado a jugar. No es una figura conocida pero tiene la ventaja de contar con el respaldo de la actual administración del Polo. Los demás, no suenan. No jugarán un papel importante.

Las pistas y señales electorales

Lo ocurrido en la pasada campaña presidencial ofrece un marco de referencia. Habrá gran volatilidad en el comportamiento del electorado. Los medios de comunicación van a ser determinantes. El sube y baja de las encuestas va a marcar la pauta. Sin embargo, las tres tendencias que se manifestaron en las elecciones de 2010 van a volver a aparecer:

Una, la política tradicional, neoliberal. Peñalosa la encarna. Ha aglutinado a la “derecha verde”, al uribismo extremo, y algunos conservadores. Luna también compite allí. Dos, la tendencia de “centro”. Petro, Mockus, Gina Parody, Castro y Galán, se disputan esa franja. Ese electorado está escéptico frente a las incoherencias mostradas por los “verdes” y el Polo. Tres, la de izquierda, representada por el candidato “polista” que va a luchar contra la imagen negativa de corrupción que deja la administración de Samuel.

Una cuarta tendencia se insinúa: la apática. Abstención o voto en blanco. La dispersión de candidatos, la avalancha publicitaria, la debilidad de los partidos, las alianzas oportunistas, todo alimenta el escepticismo y la incredulidad. Así, los candidatos con mayor estructura como Peñalosa o con fuerza electoral propia como Petro y Mockus, serían los beneficiados.

Surgen las paradojas: Los acumulados sociales del Polo – a pesar de todo – serán un referente. Las herencias de Lucho son carga para Peñalosa. ¿El “puritanismo anti-corruptor” de Petro será su búmeran? ¿La imagen de “enterrador” de la izquierda le puede anular su perfil “social”? Así mismo, el desempleo y las afujías económicas de la población convertirían la cultura ciudadana en conciencia social, lo cual afectará a Mockus.[3] Igual, la tensión Uribe-Santos perturbará la campaña, especialmente al candidato “verde”.

La arena movediza de esta pista se va a poner cada vez más caliente. No sólo está en juego la administración de Bogotá, está en perspectiva la carrera por la presidencia de 2014. Cada fuerza, cada alianza, cada caballo, jinete, preparador y/o patrocinador hace parte de una lucha que inaugura el re-ordenamiento del desbarajuste político que se vive en el país.

Quienes consigan recuperar las banderas de la ética, la coherencia y el espíritu de transformación en la búsqueda de equidad y justicia social – en el mediano plazo – van a ser los triunfadores. Vamos pues… ¡En tierra batida…!



[1] No todo lo estatal es público. No todo lo privado es eficiente. Mientras se construye apropiación social colectiva, se pueden impulsar otras formas de acción: cooperativa, comunitaria, solidaria, asociativa.

[2] Ver: “Aurelio Suárez: Buscaremos contrarrestar las políticas neoliberales nacionales”. Entrevista con Juanita León. La Silla Vacía. http://www.lasillavacia.com/historia/aurelio-suarez-buscaremos-contrarrestar-las-politicas-neoliberales-nacionales-26182

[3] Mockus eliminó la Carrera Administrativa en el Distrito, impulsó procesos de privatización en la educación, persiguió con saña a los vendedores ambulantes y se caracterizó por su perfil neoliberal.

lunes, 8 de agosto de 2011

BOGOTÁ: EN LO SOCIAL ESTÁ LA CLAVE

Arranca la campaña para la Alcaldía…

BOGOTÁ: EN LO SOCIAL ESTÁ LA CLAVE

Popayán, 8 de agosto de 2011

La candidatura de Aurelio Suárez Montoya para la Alcaldía de Bogotá en representación del Polo Democrático Alternativo PDA, y el hecho de presentarse con unas propuestas concretas para el futuro de población capitalina, es el acontecimiento más novedoso de la campaña electoral que ahora entra en la recta final con la inscripción de los candidatos.

De acuerdo a la entrevista concedida a Juanita León publicada en el portal “La Silla Vacía”[1], sus iniciativas están dirigidas a “contrarrestar los efectos de las políticas neoliberales nacionales” sobre la ciudad. Esa decisión político-electoral refleja una nueva actitud de los sectores que lideran actualmente el partido de izquierda.

La dirigencia del MOIR – sector político al que pertenece el candidato polista – se negaba a participar en elecciones para cargos ejecutivos diferentes a la Presidencia de la República. Su tesis era que las administraciones locales y regionales no contaban con las herramientas para enfrentar las políticas diseñadas por el gobierno central, y por tanto, dichos gobiernos disminuían a las fuerzas de oposición en la realización de dichos ejercicios.

Que Aurelio Suárez como candidato del Polo para Bogotá esboce hoy una serie de proyectos puntuales para contrarrestar desde la administración distrital las políticas neoliberales dominantes, es un paso adelante de enorme importancia. Rompe con la actitud “contestataria” que le impedía a la izquierda impulsar una táctica de acumulación de fuerzas desde las regiones, y en general diseñar una estrategia revolucionaria “alterna” a la tradicional “línea insurreccional”.[2]

Las elaboraciones conceptuales de carácter estratégico y político que sustentan ese nuevo comportamiento político, por ahora no se conocen. La dinámica política que existe al interior del Polo, en donde los debates son realizados al interior de cada grupo o sub-partido, impiden – por ahora – conocer más a fondo esas reflexiones.

Sin embargo, el candidato del Polo va a tener una ventaja importante frente a sus competidores. Los programas sociales en las áreas de la educación, la salud y la nutrición infantil que se iniciaron en la administración de Lucho Garzón, y que fueron continuadas por el gobierno de Samuel Moreno, son su gran fortaleza. Es tarea de la administración distrital hacerlos más visibles ante el conjunto de la población. Los demás candidatos y agrupaciones políticas van a tener que actuar con mucho tacto y prudencia en ésta materia.

Falta formular una propuesta que involucre a la ciudadanía en una especie de veeduría sobre la ejecución, que neutralice los atributos neoliberales de la contratación pública. Es el aspecto central de un gobierno realmente participativo, que fue una de las grandes falencias de los dos gobiernos anteriores del Polo. Es la única herramienta efectiva de atacar la corrupción y garantizar la transparencia administrativa.

Por otro lado, el debate frente a la corrupción del llamado “carrusel de la contratación” no va a ser fácil descargarlo sobre un candidato de la tacha moral de Aurelio Suárez y del sector político que representa al interior del Polo. Mucho más cuando casi todos los partidos que hoy se desgarran las vestiduras denunciando a los Morenos, hicieron parte del anterior gobierno desde el Concejo y diversos cargos burocráticos.

Además, al presentar a un candidato “de partido” – con un programa nítidamente anti-neoliberal –, le facilita al Polo introducir temas de gran impacto político nacional. El impacto de la crisis capitalista, la guerra económica-monetaria mundial que incluye la estrategia de los TLC por parte de las potencias capitalistas para hacer más dependientes nuestras economías, y la decadencia del imperio estadounidense que está obligando a los países latinoamericanos a fortalecer su integración regional, son temas que se relacionan con la economía de los bogotanos y que los demás candidatos no manejan.

Va a ser muy interesante ver a Peñalosa defendiendo la gestión de Lucho Garzón y del Polo en el área social. Lucho está frente a una paradoja: entre más defienda sus realizaciones sociales más debilitará a su candidato. Mockus está en un emparedado, a lo único que podrá acudir será a su política de “cultura ciudadana” que es una fórmula del pasado y sin filo político. Los demás candidatos tratarán de centrar el debate en la movilidad, el Metro, Transmilenio y demás temas de infraestructura, que en la medida en que se entreguen las obras van a pasar a un segundo plano.

Así mismo, Petro va a tener que batirse “muy fino”. Él sacrificó el “legado social” del Polo en una jugada táctica para “limpiarse” de la corrupción infiltrada en el Polo. Ese legado ya lo había usado para debilitar a Mockus en la pasada campaña electoral. Ese lance – que tiene mucho de “viveza” –, le era necesario para ser candidato a la Alcaldía de Bogotá, proyecto que tenía en mente desde tiempo atrás. Ahora camufla “lo social” de “ambiental”.

Si Aurelio Suárez consigue centrar el debate público en el campo de lo social, podrá llegarle a los sectores más pobres de la población de Bogotá. Así, – al igual que hizo Uribe en su primera elección –, partirá de casi de “cero” en las encuestas pero dará el “batatazo” frente a las fuerzas dispersas de todos los que quieren “matar al Polo y comer de lo servido”.

Nota: No es bueno que Aurelio Suárez se desgaste atacando a Petro por los problemas internos sucedidos en el Polo. Eso ya es historia. La obsesión “anti-petrista” le quita perfil de estadista.



[1] Ver: “Aurelio Suárez: contrarrestaremos las políticas neoliberales nacionales”. Entrevista con Juanita León. La Silla Vacía.

[2] Cuando Lenin desarrolla la estrategia de la Nueva Política Económica NEP (1921-24) – ya al final de su vida –, alcanza a formular una nueva visión estratégica donde planteaba que en vez de “tomar el poder” había sido mejor “rodear la fortaleza para hacerla caer por sí misma”, y que fueron las circunstancias particulares de la revolución rusa, las que obligaron a los bolcheviques a apoderarse de un “Estado que no es el nuestro”. (Nota del Autor).

viernes, 5 de agosto de 2011

COLOMBIA: UN REPLANTEAMIENTO ESTRATÉGICO

A un año del “viraje santista”…

COLOMBIA: UN REPLANTEAMIENTO ESTRATÉGICO

Popayán, 5 de agosto de 2011

“A un año de la posesión de Santos, la fisura con Uribe se convierte en fractura al interior del bloque de poder oligárquico colombiano”.

En noviembre de 2010 se afirmó que ‘Santos sacrificaría a Uribe’[1]. Hoy es un hecho. Al bloque de poder le urgía re-legitimar el Estado. Su imagen democrática se había deteriorado. Hacer a un lado a la mafia era una prioridad. Claro, sin enfrentar el narcotráfico que – como lo insinúan las cifras de la Fiscal General[2] –, es un soporte importante de la economía colombiana.

Fue un “viraje” hecho en USA. Obama lo anunció cuando no respaldó la 2ª reelección de Uribe. Éste acusó el golpe pero no podía retroceder. Los crímenes lo atan al poder y es su trampa existencial. Quienes van sólo tras él – convertido en “chivo expiatorio” –, caen en esa trampa.

Hoy, gran parte de los empresarios nacionales y extranjeros – verdaderos determinadores de los gravísimos delitos cometidos – posan al lado de Santos como abanderados de la lucha contra la corrupción y defensores de los derechos humanos. Mientras encarcelan a los “Uribitos” y a otros mandaderos, ensanchan sus negocios, se apropian de los recursos naturales y aceitan sus “locomotoras”. A un año de su posesión, Santos vive una “luna de miel” con el poder.

Las reacciones al “viraje”

En Colombia han predominado dos posiciones frente al “viraje santista”: 1. “Santos es Uribe III” (negación); 2. “Santos es progresista” (sobre-dimensionamiento). Lo singular es que ambas – en parte – son “correctas”.

La 1ª caracterización es justa en lo estratégico: Santos es neoliberal. La 2ª es cierta en lo táctico: los cambios – así sean mínimos y formales – son un avance frente a Uribe. Si nos limitamos a lo estratégico, nos aislamos del conjunto de la población. Si nos reducimos a lo táctico, terminamos plegados a los intereses oligárquicos. Es apremiante fusionar creativamente esas dos posiciones.

La verdad es que el grueso de la población no entiende cómo se puede rechazar la ley de víctimas, la restitución de tierras a los campesinos desplazados, el entendimiento con las Cortes, la judicialización de los cómplices de Uribe, el destape de la corrupción administrativa y el restablecimiento de las relaciones con los países vecinos. Son medidas bien recibidas. Por lo demás, eran exigencias de la oposición. Lo que hay que reclamar es que se cumplan a plenitud y hacer ver sus limitaciones estructurales.

Santos acogió parte del programa que Petro propuso en campaña electoral. Recogió parcial y demagógicamente las banderas de los “verdes” contra la corrupción. Asimiló algunos postulados de los liberales y éstos, sin reato alguno, se sumaron a su “unidad nacional”. El gobierno ha tenido el camino despejado. Todos los agrupamientos políticos han sido – de una u otra forma – disminuidos. La “unidad nacional” ha cooptado liberales, verdes y “progresistas”. El uribismo extremo ha sido arrinconado. El Polo mantiene su núcleo de izquierda pero está a la defensiva.

A nivel internacional las reacciones han sido de otro tenor. Chávez y Correa restablecieron relaciones diplomáticas. Venezuela y Colombia comparten la presidencia de UNASUR. Los gobiernos de México, Chile y Panamá perciben al gobierno colombiano como un potencial cohesionador frente al avance de los gobiernos democrático-nacionalistas en Sudamérica. Mientras tanto, los EE.UU. y Europa – en medio de la crisis financiera y fiscal – sólo hacen promesas de “libre comercio” (TLCs) mientras enfrentan sus propios y graves problemas.

Ante esa realidad regional y mundial, la élite colombiana empieza a entender que su supervivencia no está garantizada totalmente al lado de Washington. Frente al derrumbe del dólar, Santos ha instado a los ministros de finanzas de América Latina a aprobar una respuesta común para salvar el valor de sus reservas monetarias. La visible “desestructuración”[3] de la economía estadounidense – que es parte de su decadencia imperial –, pareciera alentar al gobierno colombiano a buscar nuevos horizontes.

“Viraje a medias” o alternativa democrática

Los hechos confirman lo previsto, con algunas variantes. La oligarquía más reaccionaria, la cúpula de militares que viven de la guerra y otros sectores retrógrados, están al acecho. Marchan detrás de Uribe y del partido conservador. La defensa de la “seguridad democrática”, la custodia del fuero militar, la penalización del aborto y la prohibición del matrimonio entre parejas del mismo sexo, son temas con los que miden fuerzas. Se han dotado de una agenda cavernaria.

Sorprende la celeridad de los acontecimientos. En lo nacional e internacional. El “sacrificio de Uribe” – que veíamos como una aparente expiación – ha ido más allá. De fisura pasa a ser fractura. A la par, la crisis económica orbital, la decadencia estadounidense y la inestabilidad política mundial, muestran una evolución vertiginosa.

Es frente a la dinámica global-regional como se entiende la naturaleza del viraje político y se visualiza su desarrollo. Sólo siendo decididamente pro-activos podremos estimular su avance y consolidación. El interés de la Nación debe ser maximizado. La izquierda democrática tiene la oportunidad de convertir su oposición política en una propuesta de Estado. Para hacerlo se necesita gran visión estratégica y generosidad democrática.

Los temas de la Paz, la violencia asociada al narcotráfico, el modelo de desarrollo dependiente, la “reprimarización” de la economía, el fortalecimiento de la producción y el mercado interno en el marco de la integración latinoamericana, la efectiva lucha contra la desigualdad y la pobreza, son temas que deben hacer parte de un programa de transición que debe ser presentado a la Nación.

No se trata de plegarse a la “unión nacional” santista. La izquierda democrática – si replantea su accionar contestatario – puede aglutinar al movimiento social y hacer una gran convocatoria popular y ciudadana. El momento es propicio para mostrar iniciativa y capacidad de riesgo.

Los problemas de Santos

En lo interno Santos tiene su Talón de Aquiles. Prometió lo que no puede cumplir. “Trabajo, trabajo y más trabajo”. Por eso se esfuerza en “dorar la píldora” maquillando las cifras de empleo. Pero el pueblo en ese terreno no se deja engañar. La situación la vive en carne propia y la inocultable crisis capitalista la va a agudizar.

La realidad en ese terreno es explosiva. Los sectores más golpeados son los trabajadores calificados. Profesionales y técnicos sufren el deterioro de sus condiciones de trabajo. Muchos migrantes han retornado. Los contratos temporales, de “prestación de servicios”, las cooperativas de trabajo asociado, los múltiples y simultáneos empleos, los pagos por hora o a destajo, y demás formas de explotación, golpean por igual a los trabajadores de diversas ramas de la producción.

Y qué decir de los vendedores ambulantes y moto-taxistas. A lo largo y ancho del país son cientos de miles de familias las que dependen de estas actividades informales. El gobierno las presenta como formas de empleo y sub-empleo. Las ciudades son un polvorín en donde se afecta a los comerciantes formales y la lucha por el espacio público se torna infernal.

Es la hora de los trabajadores “informalizados”. Ellos requieren nuevas visiones de lucha y formas acción y organización adecuadas. Es importante destacar que estos sectores de trabajadores son los principales protagonistas de las revoluciones democráticas en los países árabes y en España. Y siguen allí, buscando cómo organizarse y cómo actuar en política.

En otros temas la posición de Santos no es sostenible. El rechazo generalizado a los mega-proyectos de minería a cielo abierto ha obligado al gobierno a trastabillar entre los intereses de las transnacionales y la defensa del medio ambiente. Así mismo, los trabajadores petroleros y mineros – caso de Puerto Gaitán – colocan en jaque la doble moral del gobierno: mientras hace propaganda a favor de los sindicatos para cumplir con los requisitos del TLC, reprime por la fuerza las luchas laborales por mejores condiciones de trabajo y, a la vez, se compromete con las multinacionales a darles todas las garantías para invertir en Colombia.

La necesidad de una pausa reflexiva

No conviene seguir en una carrera de obstáculos sin aclarar el horizonte. La democracia revolucionaria debe buscar alternativas. La dinámica parlamentaria ha mostrado sus limitaciones lo que no quiere decir que haya que abandonar ese terreno. Debe revisarse la forma como se está actuando. El “cretinismo parlamentario” y los “clientelismos de nuevo tipo” amenazan con desnaturalizar la acción de la izquierda democrática.

Es urgente construir un espacio amplio de debate reflexivo. No con base en mayorías o minorías sino abierto al análisis político y dirigido al diseño de las necesarias rectificaciones. La crítica y la autocrítica deben ser puestas en escena. Los errores cometidos – por unos y otros, y por todos – tienen causas profundas que deben ser puestas sobre la mesa.

La soberbia no es buena consejera. La huida hacia adelante debe parar. La pausa reflexiva es más que necesaria.



[1] Ver: “Santos sacrificará a Uribe”. http://www.telesurtv.net/secciones/opinion/84637-NN/santos-sacrificara-a-uribe/

[2] Ver: 'Cada año se lavan 8 mil millones de dólares en el país': Fiscal: http://m.eltiempo.com/justicia/en-colombia-se-lavan-us8-mil-millones-del-narcotrafico-al-ano-fiscal/10034984/1

[3] La “desestructuración” de la economía estadounidense es un hecho. Consiste – entre otros aspectos – en que la deslocalización del aparato productivo puesto en la periferia mundial está pasando la factura; el “libre comercio” ya no juega totalmente a favor de los estadounidenses; se profundiza la crisis del poder monopólico del capital financiero especulativo; se derrumba el sistema que parasita la economía mundial basado en el control de la moneda (dólar); la industria bélica y los costos de la guerra se neutralizan; y el Estado Federal naufraga frente a los intereses de los Estados que no están dispuestos a cargar con sus deudas. “La ‘desestructuración’ de la economía gringa es un hecho cumplido. Llegan a las primeras planas de los periódicos lo que en los últimos 8 años eran evidencias subterráneas, visibles sólo para unos pocos. Es la caída de los ‘dioses imperiales‘ que pasan al rango de simples y comunes mortales”. Tito Pulsinelli. “Brasil… ¡Un esfuerzo más para ser verdaderamente integracionista!” http://selvasorg.blogspot.com/2011/08/brasil-un-esfuerzo-mas-para-ser.html

domingo, 31 de julio de 2011

JOE ARROYO: AMOR, DOLOR Y CREACION

JOE ARROYO: AMOR, DOLOR Y CREACION

Popayán, julio 29 de 2011

De niño soñaba con ser un gran cantante. Encerraba su voz en un balde para escucharse a sí mismo porque los demás le decían que con esa voz chillona además de hacer mucha bulla no llegaría a ninguna parte. Los que sabían de música lo estimularon. Así empezó, aprendió y descolló. Se alimentó del folclor Caribe que armonizó con la salsa y herencias africanas para crear su propio género y estilo sonoro. Interpretó a su pueblo como el que más, convirtiendo el sabor amargo de la miseria y el amor incomprendido, en motivo de alegría y regocijo. Como hacen los verdaderos artistas.

Guardaba en su alma una inocencia propia de los puros que era a la vez el motor de su “dolor creativo”. Cómo nunca supo canalizar ese sufrimiento de una manera controlada, sus emociones explotaban convertidas en ritmo, poesía y melodía. Cuando la creatividad musical que era un paliativo no sirvió de mucho, recurrió a las drogas y al alcohol, que como todo calmante no sólo le amplificaba el sufrimiento sino que lo iba mermando en su natural disposición creativa y en su salud.

A pesar de “caer” en el infra-mundo, muy cerca de la locura y de la muerte, su pueblo lo premió con un amor inmenso que – hoy que “el Joe” ya no está – se desborda por todos los poros del territorio y abarca a las nuevas generaciones que no lo conocieron en vida. Joe Arroyo entró en el reino de los inmortales. Ni él mismo supo cuanto lo querían. Si lo hubiera adivinado, tal vez estaría vivo produciendo más y más música maravillosa. Pero vaya que es difícil percibir y sentir ese amor en medio de la fama. Se confunde con admiración e interés prosaico.

Ese reconocimiento popular que ha brotado como una avalancha de amor y dolor sólo fue alcanzado por Jorge Eliécer Gaitán en el último siglo. Así estamos de huérfanos y faltos de amor los colombianos, viviendo nuestras tragedias en medio del ron y de la rumba. Este sentimiento que el pueblo manifiesta por uno de los suyos – negro, salsero, sencillo, rebelde e inocente – es una pequeña muestra de la pasión subversiva que está por allí escondida en nuestro inconsciente colectivo. Ha brotado como un llamado de atención para quienes han cedido ante el “cortesanismo” y el arrodillamiento ante los poderosos. Es también una bofetada instintiva e involuntaria para todos aquellos – especialmente políticos – que buscan la fama sin saber lo que es sufrir.

Gloria eterna para “el Joe”. Ojalá el espíritu que rebrota en su pueblo motivado por su desaparición física, pueda ser canalizado hacia la conquista de metas que hagan posible que nuevos “Joes” surjan de lo más profundo de nuestro ser social y popular. Los necesitamos.

jueves, 28 de julio de 2011

LA “TRAMPA GEO-POLÍTICA” Y LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

La tragedia de la resistencia social en zonas de conflicto

LA “TRAMPA GEO-POLÍTICA” Y LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

Popayán, 28 de julio de 2011

Ayer (09.27.2011), en Popayán, el gobierno colombiano encabezado por su Ministro de Defensa inauguraba el Batallón de Alta Montaña para Tacueyó (municipio de Toribío), a donde envía a 800 jóvenes entrenados para matarse con otros tantos muchachos “enmontados” que militan en la guerrilla. Ambos bandos se baten a nombre de la “patria” dejando una estela de muerte y desolación entre las comunidades nativas.

En anterior artículo se describía la complejidad de la situación del departamento del Cauca (Colombia) en medio del conflicto armado y la presencia de la economía del narcotráfico.[1] En éste escrito insistimos en lo siguiente: Nos enfrentamos – querámoslo o no –, con manifestaciones de la economía legal e ilegal globalizada que utiliza poderosos estamentos político-militares supranacionales para imponer su control territorial.

La existencia y supervivencia de movimientos sociales alternativos de carácter popular – su organización y operatividad social –, en espacios donde están en disputa importantes reservas de recursos minerales y “cultivos de uso ilícito” (coca o amapola), implica un choque inevitable con estructuras de poder globalizadas y globalizantes, manifiestas o encubiertas, legalizadas o clandestinas.

La lucha comunitaria por la afirmación de derechos territoriales y la reivindicación a poder vivir en sintonía con valores no-capitalistas, nos lleva a pisar ese terreno y a enfrentar las reglas de juegos determinadas por esos poderes fácticos, paralelos y ocultos. Estos se ubican detrás o más arriba de las autoridades locales, regionales o nacionales, así éstas sean legitimadas con el voto y ejerzan formalmente la soberanía popular.

Es imprescindible entonces comprender que, la economía depredadora de materias primas estratégicas, de la biodiversidad y la producción ilegal-criminal de narcóticos, niega por todos los medios el derecho al maíz-agua-techo, o sea, impide la sobrevivencia de esos pueblos y arremete contra su resistencia comunitaria.

La explotación de coltán, petróleo, gas, oro o uranio pueden llegar hasta a borrar del mapa a los “consumidores de maíz”[2] y a la vida misma, no sólo en territorios específicos sino a nivel global.

El ciclo mafioso de la economía criminal y los minerales indispensables para sostener la lógica industrial de la química del petróleo (automovilística y armamentista) – que siempre se expande envolviendo a nuevos sectores productivos y territoriales – impone a los pueblos que limitan o compiten por su espacio de reproducción, una reglas inspiradas en la doctrina de las “operaciones bélicas con medios no-militares”.

Las mafias y las multinacionales extractivas gozan de la protección de los Estados y supra-Estados, y disfrutan de una amplia libertad de acción, otorgada por el imperio que atribuye valores estratégicos a los productos de estas corporaciones.

De hecho, nunca ha sido decomisado algún activo financiero en ningún banco estadounidense, que tienen el monopolio del lavado de dinero. El tráfico es lícito a condición que los capitales narcos ingresen en su red bancaria. Para eso se combate en Afganistán y en Colombia y se trafica en todo el mundo.

La “guerra asimétrica” o de "cuarta generación" – que ahora es de una “intensidad programada”[3] –, es aplicada a los sectores sociales, políticos o culturales que obstaculizan sus designios. Esta guerra se caracteriza por el despliegue simultáneo de una combinación de elementos como:

- Violencia real y mediática contra blancos prefabricados (talibanes, Al-Qaeda, Hussein, etc.) para hacer sentir su poderío militar.

- Intervención sobre objetivos y territorios estratégicos (petróleo, gas, oro, etc.) pero con cierto grado de control y “tacto” frente a intereses de otras potencias.

- Campañas mediáticas y propagandísticas que son utilizadas política e ideológicamente para engañar a la población de sus propios países imperiales y a la "opinión pública mundial".

- Guerras altamente destructivas para poder “reconstruir” y “reciclar” países o regiones enteras, apoderarse de los mercados, zonas turísticas y sectores de la producción.

- Subordinación e instrumentalización de conflictos locales e internos para hacerlos funcionales a su estrategia de control territorial aprovechando las fuerzas subversivas, los enfrentamientos tribales, las luchas autonómicas, diferencias étnicas y/o regionales, carteles de la droga, etc.

- Toda esa estrategia va dirigida a debilitar los Estados nacionales (“Estados fallidos”) y a los movimientos sociales para justificar la intervención político-militar de la “comunidad internacional”, legitimar las “ayudas humanitarias”, en donde logran neutralizar o paralizar la voluntad de otros bloques de países (como el BRICS en el caso de Libia) acudiendo al chantaje de “preservar la estabilidad económica”.[4]

Todo lo anterior en medio de una guerra mediática intensa, preventiva y persistente, que usa la guerra económica para mermar progresivamente los recursos naturales y monetarios de sus enemigos hasta llegar – cuando es necesario – a la intervención militar directa.

La guerra mediática es mucho más que diaria. Es una tarea sistemática y permanente de gran cobertura para desprestigiar, desmoralizar, aislar o disminuir la capacidad de resistencia de los gobiernos enemigos, no dóciles y/o “difíciles”.

Dicha estrategia apunta a intoxicar con información falsa a la dirigencia adversaria, sean Naciones, gobiernos u organizaciones populares. Así intentan alterar su percepción de la realidad, la lectura correcta de los eventos, desorientarlos y entorpecer el proceso de toma de decisiones. “Entrar en la cabeza” del enemigo al nivel más alto, para inducirlo a dar pasos falsos o a paralizar la correcta capacidad decisional.

Teniendo en cuenta lo anterior, no podemos actuar como ellos quieren que lo hagamos. Reducir nuestra acción política a la escala local cuando enfrentamos enemigos supranacionales, no sólo es errado sino suicida y mortal. Nuestras formas de lucha deben estar en sintonía con nuestras tradiciones y formas de ser, pero se deben adaptar a las circunstancias concretas. Esquivar o aprovechar creativamente el terreno que nos imponen, debe ser una de nuestras prioridades. El arco no puede lanzar un solo tipo de flecha, sino combinar todas las que dispongamos y las que tenemos que crear y alistar.

La combinación de factores de espacio-tiempo nos obliga a diseñar una estrategia que apunte – también – hacia afuera de nuestro territorio geográfico y social. Evitar que seamos encerrados en los límites locales es fundamental. Máxime cuando enfrentamos entidades supranacionales, moldeadas por patrones de conducta que responden a las “operaciones militares diferentes de la guerra convencional”.

Tenemos que pensar en términos que abarquen y fusionen la dimensión local con lo nacional e internacional, desplegando una acción que arrancando de lo político incluya lo social y cultural. La prioridad actual es la neutralización del prevaleciente componente “mediático”, pensando en llegarle a la sociedad nacional y al mundo con nuestra verdad.

Hay que construir y priorizar un pensamiento que apunte a proyectar nuestra presencia en los territorios (materiales, simbólicos, culturales, económicos) del enemigo imperial y oligárquico. Estamos obligados a actuar con apertura mental y generosidad democráticas, buscando aliados dispuestos a impedir que esta “trampa geo-política” continúe arrasando nuestros territorios y pueblos.



[1] Ver: “La complejidad del conflicto en el Cauca y la lucha por la Paz”: http://alainet.org/active/48151&lang=es

[2] Cuando hablamos de “consumidores de maíz” nos referimos a comunidades que se auto-abastecen en su base alimentaria con cultivos tradicionales cultivados y procesados por ellos mismos.

[3] La teoría y práctica imperial de los “Conflictos de Baja Intensidad”, desarrollada durante la “Guerra Fría” ha sido reemplazada por “Conflictos de Intensidad Programada”, donde usan todos los medios, con particular énfasis en la aplicación de métodos "no militares" y mediáticos.

[4] Frase utilizada por Barak Obama en todos sus discursos para justificar la intervención imperial en los recientes conflictos políticos árabes.

lunes, 25 de julio de 2011

ANTANAS... ¡SIGUE ADELANTE!

ANTANAS… ¡SIGUE ADELANTE!

Popayán, 25 de julio de 2011

Escribo sobre Antanas Mockus. Hoy está solo y me identifico con él. Lo apoyé para Presidencia. En ese entonces – contra la opinión de la mayoría de mis amigos/as de izquierda –, percibía que Mockus tenía serias preocupaciones sociales. Algo me decía que su “anti-polismo” le fue impuesto por Peñalosa y Lucho pero que no iba a transigir con la corrupción paramilitar de Uribe. Los hechos me han dado la razón.

Le pedí al Polo que lo apoyara. Sabía que era una ingenuidad. Lo hice porque sé que es un hombre “decente”. Lo defino como un “ético-moralista”. No me arrepiento.

Veía ese apoyo a Mockus como una forma de expiar los pecados de corrupción que ya eran visibles. Esa mácula no sólo está en el “anapo-samperismo” infiltrado en el Polo. Está presente en las alianzas con los Moreno-Dussán que aún siguen vigentes. Algunos pecadores – que hoy ya no están – quieren pasar de agache. A largo plazo eso no sirve.

Pero vuelvo sobre Antanas. Lo apoyé sabiendo de sus sesgos neoliberales y tendencias privatizadoras. Sé que es el resultado de su alergia al “estatismo soviético” que sufrió Lituania, el país de sus ancestros. No comparto su visión del progreso como fruto de la “libre competencia”, que hoy no existe. El monopolio se impone. Esa idea lo lleva a igualar la evasión de impuestos de un tendero con la de una gran transnacional. Es un error.

Voté por Mockus sabiendo que no iba a ganar. Supe que no podría estimular y canalizar la “ola verde”. Sólo un revolucionario lo haría. Y él no lo es. Sufre un conflicto entre razón y emoción. Su racionalidad lo amarra al orden, la Ley y la tradición; su emocionalidad lo empuja a ser un pedagogo con métodos lúdicos y culturales. Su mente es europea; su corazón, colombiano. Le falta la fusión-totalidad que lo haga fluir. A todos nos falta.

Voté por Mockus para apoyar a nuestra juventud. Me siento responsable de haberlos metido – heredarles – en un atolladero histórico. Actuaba en nombre de quienes no fuimos capaces de derrotar a los guerreristas (de izquierda y de derecha). Me sentía representando a los que no superamos los “estatismos” burocráticos (de derecha y de izquierda); a los que no vencimos los odios y las venganzas (de izquierda y de derecha); a los que dejamos crecer toda clase de corrupción (de derecha y de izquierda); y a los que no derrotamos las concepciones dogmáticas (de izquierda y de derecha). Por todos esos errores, pido perdón.

Hoy Mockus está solo y yo también. Intenté – y seguiré intentado – combinar contenidos políticos “polistas” con métodos “mockusianos”. Trataré de ser coherente en la tarea de armonizar metas y formas, fines y medios. No es fácil. Me falta mucho por aprender.

Los jóvenes en quienes pensaba parecen pocos. Sobre todo en Popayán y en el Cauca. O tal vez, no me conecto todavía con ellos. Pero los sigo buscando. Los que he encontrado están escépticos y no creen en nadie. Llaman al voto en blanco. Aspiro a que me conozcan un poco – no para que crean en mí –, sino par que confíen en ellos mismos.

Voy a ser candidato del Polo para el Concejo de Popayán. No pude convencer a mis amigos que era una buena opción para la Gobernación del Cauca. Agradezco a quienes a pesar de lo “quijotesco” de la acción, me apoyaron y ayudaron durante el tiempo que sostuve mi nombre para ese cargo. Créanme, no fue un esfuerzo en vano.

Realizamos y, seguiremos haciendo, un ejercicio que poco se intenta. Consiste en buscar a la ciudadanía de una forma libre y abierta. De interpretar un sentimiento de rebeldía; de poder “gritar” algunas verdades y decir… ¡aún estoy vivo! De hacerle saber a los demás que no quiero morirme sin hacer un esfuerzo más.

Un compañero me dijo que cómo iba “bajarme” de candidato a la Gobernación a candidato a Concejal. Ese “bajarme” me sonó a “rebajarme”. Ese comentario me incitó a participar en las próximas elecciones, a no cejar en el empeño. A no auto-derrotarme.

Además, la falta de recursos económicos ya no va a ser una excusa. Quiero obtener apoyo electoral fundado únicamente en trasmitir actitudes, sentimientos, ideas y propuestas. Trataré de conseguir “votos libres”, sin amarres ni promesas, sin pedirle el voto a nadie pero diciéndole entre líneas: “Elíjanme, intentemos rescatar el sentido de ciudadanía y la defensa de lo público”. Que va más allá de lo estatal.

Por ello planteo el siguiente lema: “¡NO VOTE POR MI… VOTE POR USTED!”

Lo más importante que aprendí durante las jornadas realizadas fue constatar que son ellos – los corruptos – los que, en verdad, tienen miedo.

El pueblo tiene miedo pero, es algo que le han sembrado con chantaje, aprovechando la ignorancia. En cambio, el miedo de ellos es insano. Surge de su enorme debilidad y su flaqueza moral.

martes, 19 de julio de 2011

LA COMPLEJIDAD DEL CONFLICTO EN EL CAUCA Y LA LUCHA POR LA PAZ

Atentados con carro-bombas en Toribío y Corinto

LA COMPLEJIDAD DEL CONFLICTO EN EL CAUCA Y LA LUCHA POR LA PAZ

Popayán, 20 de julio de 2011

Los carro-bombas detonados por las FARC el pasado fin de semana (09.07.2011) en los cascos urbanos de los municipios de Toribío y Corinto en el departamento del Cauca – al suroccidente colombiano –, que dejan graves secuelas de destrucción y terror, muertos, heridos, damnificados por pérdida de viviendas y sentimientos de rabia y frustración, muestran el grado de degradación del conflicto armado en la región y en el país.

Dos regiones del Cauca se destacan entre las más afectadas por esta ola de violencia. Una es la región montañosa del nororiente que rodea el Volcán del Huila. Contempla la parte alta de los municipios de Toribío, Corinto, Jambaló, Miranda, Caloto, Santander de Quilichao, Caldono y Páez, poblada principalmente por indígenas de la etnia Nasa. Allí confluyen los departamentos del Valle, Tolima, Huila y Cauca.[1]

La otra es la zona que va desde la vertiente occidental de la cordillera occidental hasta la Costa Pacífica. Abarca a los municipios de El Tambo, Balboa, Argelia, Timbiquí, Guapi, López de Micay, y envuelve hacia el norte del departamento – con su ola de terror y muerte –, a municipios como Morales, Suárez y Buenos Aires.

Hacen presencia grupos armados vinculados a los “Rastrojos” que se disputan el territorio con la guerrilla y las avanzadas del ejército oficial. Todo gira en torno al control del activo mercado del narcotráfico, de insumos, armas, droga, impuestos a los cultivos de uso ilícito, al procesamiento y comercio del clorhidrato de cocaína y de la minería de oro, que ha tenido un auge inusitado en los últimos tiempos.

No es casual que el Cauca esté en el ojo del huracán del conflicto. Convergen en esta región intereses económicos y territoriales de alto valor estratégico para capitalistas nacionales y extranjeros, conflictos sociales y culturales acumulados en el tiempo, y aspectos relacionados con la guerra que se libra entre la insurgencia armada y el Estado.

Para entender esta situación se debe revisar la historia y evolución del conflicto en esta región de Colombia. Allí coinciden un conjunto de fenómenos sociales, económicos, políticos y culturales que deben ubicarse en contexto, identificar sus orígenes y el acontecer de una guerra que ha sido alimentada a lo largo de siglos de discriminación, despojo, exclusión, y resistencia étnica, social y cultural.

El nudo estratégico del Huila-Tolima-Valle-Cauca

No es casual que Marquetalia y Riochiquito estén ubicadas en la región. Eran 2 de las 4 denominadas “repúblicas independientes”. Fueron centros de resistencia de campesinos liberales y comunistas a finales de la Violencia de los años 50s del siglo pasado. Allí nacieron las FARC en 1963. Arturo Alape narra en su libro “Tirofijo: los sueños y las montañas”[2], cómo Pedro Antonio Marín, alias “Manuel Marulanda Vélez”, a finales de los años 70 reconstruyó la estructura de la guerrilla recorriendo a pie este inhóspito e inconquistable corredor montañoso.

Pero hay que mirar más atrás. Durante la guerra de “conquista” y colonización española ésta zona se convirtió en refugio de cientos de familias y tribus yalcones, “pijaos”, nasas y “paeces”, que nunca fueron derrotadas. Sólo hasta 1911 el Estado colombiano – valiéndose de la prefectura de la Iglesia – pudo penetrar en áreas pobladas por comunidades indígenas nasas que eran calificadas como salvajes y rebeldes por defender su independencia y autonomía. Sin embargo, gran parte de ésta región – al igual que muchas otras del país – son verdaderas fronteras internas en las que el Estado apenas tiene un control esporádico y temporal cuando así lo requieren las circunstancias.

Además, en 1947 – cuando la “violencia liberal-conservadora” estaba en inicio y ascenso –, una numerosa población campesina de origen paisa fue trasladada a Corinto (y también a Huisitó, Playarrica y Costanueva, municipio de El Tambo). Era población desplazada de Antioquia y el Eje Cafetero que más adelante se constituyó en base de apoyo a guerrillas liberales. En su seno surgieron dos tendencias del liberalismo que marcaron durante la 2ª mitad del siglo XX el devenir del norte del Cauca: la que encabezó Humberto Peláez Gutiérrez, senador de la república, presidente del Parlamento Latinoamericano, aliado de la clase terrateniente del Valle y del Cauca, y Gustavo Mejía, dirigente campesino, militante y diputado del Movimiento Revolucionario Liberal, asesinado en 1974, quien fue uno de los fundadores del Consejo Regional Indígena del Cauca CRIC en 1971.

Hoy esta región está convulsionada. Los grandes terratenientes del Valle del Cauca – dueños de los ingenios azucareros más poderosos de América Latina – apuestan por la destrucción de la resistencia indígena que mantiene el control de áreas estratégicas por su riqueza hídrica y su potencialidad energética. Además, los empresarios del azúcar y el etanol, al sentir amenazada “su” propiedad monopólica de la tierra, alientan solapadamente – con el apoyo del gobierno – a comunidades negras afrodescendientes para que se conviertan en una barrera protectora de sus intereses territoriales frente a la “amenaza indígena”.

En ese marco, se sostiene una precaria y débil economía campesina que produce café, plátano, yuca, fique, tomate, frutas y otros productos de “pancoger”, que se entrelaza y subsidia con ingresos de la economía del narcotráfico. Dicha economía se realiza en pequeños mercados a donde llegan los escasos ingresos de los corteros de caña y otros jornaleros del campo. Cultivos de marihuana y coca sustentan laboratorios móviles donde se procesa la droga que a su vez es el soporte económico y financiero de una guerra que golpea principalmente a las comunidades rurales. La han vivido y soportado durante seis décadas continuas.

La coyuntura del conflicto en el nor-oriente caucano

Por las características del territorio y la población y, por la dinámica de la guerra que el Estado adelanta contra la insurgencia, era casi predecible que una parte de los jefes guerrilleros se vieran obligados a refugiarse en esta zona. Su desplazamiento hacia fronteras con Brasil, Venezuela o Ecuador, los aislaba de los frentes de guerra. Depender de la tecnología de comunicaciones era muy riesgoso como lo comprueban los operativos gubernamentales en donde el uso de tecnología de punta fue uno de los factores claves para que el ejército les asestara fuertes golpes en los últimos años.

Pero a todo lo anterior se suma un nuevo factor socio-político. Es una situación especial que ocurre al interior de las comunidades indígenas. Se acumuló durante varias décadas y consiste en que su lucha de resistencia ha entrado en una fase de estancamiento y crisis política e ideológica. Esa cruzada histórica de la población nativa tuvo un fuerte empuje con la fundación del CRIC (1971), lo que permitió a las comunidades recuperar gran parte de su territorio ancestral, y más adelante – con la aprobación de la Constitución de 1991 – obtener el reconocimiento formal de la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana, así como la organización de las Entidades Territoriales Indígenas ETIS.

La verdad es que las conquistas del movimiento indígena – territorio, defensa de su lengua y cultura, manejo y administración de recursos económicos del Estado (transferencias nacionales a través de los Cabildos), y el acceso a órganos de gobierno como alcaldías, concejos municipales, asamblea departamental y Congreso de la República por medio de la elección de sus propios representantes –, no se ha traducido en suficientes beneficios para el conjunto de la población. El impacto del modelo económico neoliberal profundizó la debilidad de la economía campesina e indígena que, es en gran medida, de subsistencia, y ha traído consecuencias funestas para el conjunto de la población.

Pero además, en la distribución, tenencia y disfrute de las tierras ancestrales y recuperadas, también existen irregularidades, inequidad y conflictos. No todo es color de rosa ni armonía al interior de los pueblos nativos. La influencia de la población campesina vecina o que habita en áreas de resguardo, que actúa con otros valores frente a la propiedad individual y a la producción agropecuaria, desnuda ante la población más pobre de las comunidades indígenas una serie de injusticias que se han acumulado a lo largo del tiempo.

De igual manera se presentan otras situaciones que han debilitado al movimiento indígena. Han hecho carrera – en forma parcial pero ostensible –, actitudes de corrupción y burocratismo en las organizaciones indígenas. No se ha enfrentado la política neoliberal en los servicios de salud y educación. Pero lo que es más grave, la forma autoritaria e inconsulta como se manejan los diversos programas ha generado no sólo inconformidad entre las bases comunitarias sino una profunda división que se expresa a diversos niveles.

Así, esa realidad contradictoria ha puesto en tensión a las fuerzas que evolucionan al interior de las sociedades originarias. Se enfrenta la formalidad de la propiedad colectiva con la realidad del disfrute concreto de los beneficios obtenidos por la lucha de las comunidades. Ante esa situación conflictiva, la dirigencia del movimiento indígena, las autoridades tradicionales y los gobernadores de Cabildos, no han reaccionado con la suficiente capacidad política y con métodos democráticos y participativos.

Un conflicto generacional está en la base de esta contienda comunitaria. La generación de dirigentes que lideró la recuperación del territorio en los años 70 y 80, que era muy compenetrada con sus raíces indígenas ancestrales en donde se destacaban los médicos tradicionales, fue reemplazada por la “generación de la Constitución del 91” que requería de conocimientos técnicos para el manejo de las transferencias y, de los “planes de vida” y sus “proyectos de desarrollo”. Esa nueva generación, formada en centros tecnológicos y universidades, carecía del espíritu esencial de sus “mayores”. No hubo continuidad en la formación de ese nuevo liderazgo.

Hoy las nuevas generaciones no están totalmente conformes con los resultados de la lucha. Muchos jóvenes están en la búsqueda de sus orígenes y raíces. Algunos, canalizan esa energía hacia el “rescate de su cosmovisión”. Otros, influenciados por la cultura occidental dominante pero – empujados por necesidades reales –, no sólo se muestran críticos sino que exigen resultados concretos para sus vidas. Se han generado así, condiciones para que los descendientes actuales de la población originaria busquen otras respuestas y alternativas de solución a sus problemas.

El auge de las religiones e iglesias – protestantes y evangélicas –, hace parte de esa búsqueda.[3] Pero así mismo, el espíritu rebelde del pueblo nasa encuentra en la insurgencia armada una vía de desfogue, que además cuenta con importantes recursos económicos y ofrece una solución inmediata para cientos de jóvenes que están enfrentados al desempleo, a la discriminación social y racial, y a la descomposición de sus comunidades y familias.

En ese contexto la insurgencia armada, especialmente las FARC, ha encontrado un caldo de cultivo óptimo para fortalecer su presencia en la región. El replanteamiento de su estrategia retornando a la “guerra de guerrillas”, a la organización de redes de milicianos y colaboradores, le dan una ventaja frente a un ejército acostumbrado a operativos en las selvas de los Llanos Orientales o a una policía que no sale de sus cuarteles blindados. Es importante recordar que el ejército en esas alejadas zonas usó la estrategia de “tierra arrasada” o encontraron comunidades cansadas de la guerra y dispuestas a colaborar en la lucha contra-insurgente.

Esas “ventajas comparativas” que las FARC han encontrado en esta región son casi únicas, excepcionales pero frágiles y temporales. Sólo una justa valoración política y un tratamiento no sólo militar, podría darle una real ventaja a la insurgencia. Lo sucedido en Toribío y Corinto sumado al tono de las “recomendaciones a la población civil colombiana”[4] indican lo contrario. Se nota desespero frente al cerco que el ejército despliega contra el comandante Cano en la otra vertiente de la cordillera central. Pero lo que es más grave es que se plantean un pulso militar con el Estado, en donde pretenden impedir que el gobierno instale guarniciones militares en áreas pobladas, colocando a las comunidades y las autoridades locales en el dilema de “si no estas conmigo, estás contra mí”. Las consecuencias podrían ser muy graves.

El conflicto en la Costa Pacífica

Mientras la guerra en el nor-oriente del Cauca se juega en torno a los conflictos sociales, el control territorial ancestral de los indígenas y la estrategia de supervivencia de las FARC, en la Costa Pacífica caucana, al igual que en la de Nariño, el fenómeno de violencia responde al control de la economía del narcotráfico que cuenta con extensas áreas, ríos y corredores geográficos que sirven de vías para la exportación del clorhidrato de cocaína. También, el auge de la minería ilegal que mueve importantes recursos ante la apreciación internacional de ese metal, es otro botín en juego.

Es una tragedia que lleva incubándose por más de cuatro décadas desde que la economía cafetera de los migrantes paisas que llegaron en los años 40 del siglo XX se vino abajo por efectos ambientales propios de un bosque primario que no soportó el impacto de los mono-cultivos que se explotaron durante más de 20 años. En la década de los años 70s apareció la marihuana y poco tiempo después llegó la coca y la guerrilla.

Conviven en ese territorio todos los grupos armados ilegales. El ejército y la policía de vez en cuando incautan laboratorios de droga y depósitos de insumos, y persigue, detiene o da de baja a integrantes de uno u otro bando. Sin embargo se nota cierta connivencia con la existencia y mantenimiento de los cultivos de uso ilícito, así en algunas regiones como Huisitó y Playarrica, en el municipio de El Tambo, se realicen erradicaciones manuales utilizando cuerpos especializados en dicha actividad.

Recientemente cientos de campesinos y jornaleros (“raspachines”) protagonizaron en la cabecera de ese municipio y en Popayán una masiva protesta que exigía al Estado y al gobierno la construcción de vías carreteables, proyectos sostenibles de sustitución de cultivos e inversión social en educación, salud y vivienda. Dicha movilización tuvo de por medio la “detonación” de un carro-bomba en la entrada de la capital del Cauca, que rápida y sospechosamente fue adjudicada al ELN por los altos mandos del Ejército. Se intentó – sin lograrlo - relacionar ese acto terrorista con la marcha y protesta campesina.

La verdad es que la economía de esta región depende en un alto porcentaje de la renta que genera el narcotráfico. Grandes cantidades de víveres, mercaderías e insumos se comercian desde los centros urbanos ubicados sobre la carretera panamericana – entre ellos Popayán y Cali –, hacia poblados ubicados en la región donde se cultiva la coca y se produce la cocaína. Cabeceras municipales como El Tambo, Balboa y Argelia así como corregimientos como El Mango, Sinaí, El Plateado, Huisitó y otras pequeñas localidades, se ven beneficiadas por la dinámica de sus mercados. En Nariño la situación es otra. Los recursos se irrigan hacia Tumaco y demás localidades ubicadas en la Costa Pacífica, dado que en ese departamento existe la carretera al mar, y la cercanía con el Ecuador facilita muchas operaciones financieras.

Todo lo anterior se traduce en una aparente bonanza económica para la región. Sin embargo el impacto social y cultural para los pueblos y comunidades afrodescendientes e indígenas es brutal. El dinero atrae toda clase de gentes. Fenómenos como la prostitución, el alcoholismo y todo tipo de descomposición social se hacen presentes al lado de la violencia y el desplazamiento forzado. Es una verdadera catástrofe social que seguramente traerá más desempleo, delincuencia y conflictos sociales en las ciudades a donde va llegando esta población desplazada del campo.

Estrategia de aniquilación de la resistencia social y de control territorial

Todo apunta a que – mirado en su conjunto – tal situación que se vive en el Cauca hace parte de un plan de gran envergadura que no es ajeno a lo que ocurre en México, Centroamérica, y varios países de Sudamérica como Colombia y Brasil, en donde la economía ilegal del narcotráfico se ha convertido en un factor de descomposición de la sociedad y de debilitamiento institucional de las Naciones.

Independiente de la voluntad de los actores del conflicto, legales e ilegales, de sus declaraciones y pronunciamientos políticos, los resultados de este conflicto se repiten de región en región de Colombia. Desde Urabá, el Chocó, pasando por el Magdalena Medio y la Costa Atlántica hasta llegar a las comarcas petroleras y carboníferas, los efectos de esta guerra son los mismos. Por un lado, la aniquilación física de la resistencia social, y por otro, el control territorial por parte empresas transnacionales especializadas en minería, explotación de la biodiversidad natural y cultivos para agro-combustibles.

A la resistencia comunitaria la liquidan o debilitan mediante la persecución o asesinato de sus dirigentes y activistas. Mediante el terror desplazan a las comunidades y destruyen sus lazos y tejidos comunitarios. La penetración y degradación cultural es otra herramienta. Además, promueven la división y el enfrentamiento entre las gentes, y recurren al soborno y a la degeneración política de sus dirigentes.

El control territorial lo obtienen luego. Permiten que la situación de “orden público” se torne “incontrolable”. Calculan que la economía tradicional campesina ya no tenga raíces ni dolientes. Preparan las condiciones políticas y de opinión pública para legitimar “la intervención del Estado en aras de restablecer la normalidad”. Así, la inversión extranjera se convierte en la “salvación” de esas regiones a fin de “generar empleo y asegurar ingresos para la población”. No es imaginación, es lo que se ha vivido en muchas zonas del país.

No es casual que el actual Gobernador del Cauca tenga entre sus prioridades la formalización y titulación de los predios campesinos no legalizados. Tampoco que esté aliado con la Anglo Gold Ashanti para fortalecer la exploración de oro en municipios como El Tambo, La Vega y otros municipios del sur del Cauca, y que ya se anuncien – con bombos y platillos – las campañas oficiales contra la “minería ilegal”.[5] Menos es casual que, en la actual coyuntura política, partidos políticos de origen oscuro tengan candidatos en esos mismos municipios haciendo campaña electoral con dinero a manos llenas.

¿Qué hacer?

Lo primero es ser conscientes del tamaño del problema y del reto. No es fácil salir de esta larga ola de violencia que desde un principio fue manipulada por intereses oscuros y siniestros. Cuatro generaciones de colombianos han vivido en guerra. Tenemos heridas abiertas, venganzas vigentes víctimas a granel, y actores tras bambalinas, que la alimentan y sostienen.

Después de los últimos 9 años de implementación de una supuesta estrategia de “aniquilación de las FARC”, de “conquista de la paz por la fuerza”, el vaivén de la historia colocará a la orden del día el tema de la “Paz negociada”. Es necesario retomar el debate nacional sobre este tema y buscar no sólo nuevas fórmulas de solución sino evaluar con seriedad los fracasos anteriores.

Comparto algunas tesis para alimentar el debate:

- El exterminio de los pueblos indígenas y de su resistencia ancestral, así como la despoblación de amplias regiones del Cauca (y de Colombia) ricas en recursos naturales, está en pleno avance. El conflicto armado colombiano – a pesar de sus orígenes y particularidades – ha sido involucrado y arrastrado hacia esa lógica transnacional.

- Existen poderosas fuerzas económicas y políticas de orden geo-político mundial que utilizan la guerra y el narcotráfico para dominar importantes regiones estratégicas del mundo. Debilitan a Naciones enteras, subordinan a sus Estados, compran a sus elites políticas, y fortalecen una economía ilegal con el tráfico de insumos y drogas, armas y activos financieros, que son parte medular de una economía capitalista global en crisis.

- Los EE.UU. están a la cabeza de esa política criminal que pretende prolongar su decadente hegemonía. Sin embargo, las cúpulas gubernamentales de la mayoría de países y de las grandes corporaciones financieras son cómplices de esa política, de sus ejecuciones prácticas y además, se benefician de sus resultados.

- En esa dinámica, los actores armados irregulares de todos los continentes y países –independiente de sus intenciones y discursos – son instrumentalizados, convertidos en factores manejables y subordinados, cuando pierden de vista los intereses del conjunto de la población y se dejan llevar a una lucha estrictamente militar, desgastante, degradada y degradante (Sendero Luminoso, Al-Qaeda FARC, ELN, etc.).

- En ese sentido, podemos afirmar que la política de guerra impuesta por el gobierno estadounidense desde 1998 (Plan Colombia) – con todo lo que ha implicado en gastos económicos, muerte y destrucción para la Nación colombiana – no tenía por objeto la derrota y destrucción total de las fuerzas insurgentes. Su meta es contenerlas, no acabarlas. Las necesitan activas como factor de distracción interna (disuasivo, “amenaza terrorista”, criminalización de la lucha social), para mantener su control político e ideológico, y consolidar la intervención territorial. Lo han logrado y perfeccionado en grado sumo.

- Así mismo, poderosos sectores económicos, políticos, militares y sociales colombianos se benefician de la dinámica de la guerra y de la economía del narcotráfico. Son enemigos de la Paz.

- Pero también, existen en Colombia sectores mayoritarios de la sociedad que quieren la Paz. Sólo si sus líderes entienden la esencia de la “trampa geo-política” de la que somos víctimas como Nación, podremos desencadenar las fuerzas para derrotar a quienes viven de la guerra.

- La insurgencia colombiana está presa de su historia, de su estrategia de guerra y es incapaz – por sí misma – de salir de esa dinámica inercial de violencia. Sólo un gran movimiento ciudadano que englobe al pueblo, incluyendo a los empresarios que identifiquen sus intereses nacionales, podrá impulsar una lucha sostenida para salir de ese atolladero histórico.

- Componentes internos de la insurgencia que han convertido la guerra en una forma de vida y, fuerzas externas que alimentan esa lógica perversa, además del tipo de formación política e ideológica de su liderazgo histórico, condicionan a esa dirigencia guerrillera y le impiden asumir una posición política que rompa con su aislamiento de la sociedad.

- La guerrilla debe ser consciente de su desgaste político. La fórmula de escalar la violencia para presionar una salida política negociada al conflicto, lo único que logra es un mayor debilitamiento de su capacidad de negociación. Además, le entrega herramientas a los enemigos de la Paz para mantener el statu quo de la guerra.

- La política de resistencia civil a la guerra y el no-alineamiento con ninguno de los actores armados – reivindicada valientemente e impulsada por las comunidades indígenas caucanas desde hace más de 25 años –, no ha logrado los resultados en cuanto a respeto de su territorio. No significa que no se mantenga la consigna pero es claro que no es suficiente.

- Las fuerzas democráticas de la sociedad colombiana que quieran crear un ambiente propicio para avanzar hacia una Paz negociada deben tener en cuenta en su accionar – entre otros aspectos – lo siguiente:

a) Que se plantee como una acción autónoma de la sociedad civil. Que no tenga el más mínimo sesgo a favor de uno u otro actor armado.

b) Que esté dirigida a fortalecer la unidad e independencia de la Nación colombiana.

c) Que se contemple el problema en toda su integralidad pero que se diseñen etapas y fases viables para poder avanzar.

d) Que no se justifique ningún tipo de acción contra la población civil y se rechacen con fuerza los métodos y acciones criminales que atentan contra la integridad humana.

e) Que la acción interna por la Paz en Colombia haga parte de un gran movimiento continental e internacional que involucre a todos los países que sufren el azote de los fenómenos de violencia mezclados con el narcotráfico.

Conclusión

La presión política sobre el gobierno y la insurgencia para detener el conflicto debe acrecentarse. Implica un esfuerzo que va más allá de lo local y regional. Debe ser liderado por representantes genuinos de las comunidades y debe tener una cobertura nacional e internacional. Pero además, no puede haber en esta tarea la más mínima señal de connivencia con la guerrilla.

De igual manera, se debe denunciar con toda la fuerza que las causas estructurales que provocan el desplazamiento y la violencia no sólo siguen vigentes sino que, hoy más que nunca, se agravan con la aplicación de políticas de entrega total de nuestros recursos a las transnacionales extranjeras. El actual gobierno del presidente Santos - a pesar de la aprobación de la ley de víctimas y de restitución de tierras a los campesinos desplazados con la cual intenta posar como “reformista” y defensor de los DD.HH. – mantiene, promueve y agencia dicha política anti-popular y anti-nacional.

La resistencia civil a la guerra deberá ir ganando batallas. La batalla inicial consiste en tener claridad frente al problema. De lo contrario, terminamos siendo utilizados por quienes viven de ella.


[1] En total son 18 municipios del Tolima, Huila, Valle del Cauca y Cauca involucrados en ese escenario.

[2] Alape Arturo, “Tirofijo: los sueños y las montañas”. Colombia: 40 años de luchas guerrilleras, Editorial 21, Buenos Aires, 1998

[3] El gobierno de Uribe - con la colaboración del gobierno departamental – aprovechó y estimuló a algunos líderes de esas iglesias para crear la OPIC (Organización Pluricultural Indígena del Cauca), en coordinación con dirigentes de “organizaciones campesinas” que utilizan un discurso “anti-indigenista” como herramienta de confusión y proselitismo entre la población mestiza, afro e incluso, indígena. (Nota del Autor).

[4] Ver: Comunicado del Comando Conjunto de Occidente: “A la población del municipio de Toribío”: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=132439

[5] En la actualidad de 36 títulos mineros vigentes en ejecución concedidos por Ingeominas en el municipio de El Tambo, la empresa Anglo Gold Ashanti tiene 9 contratos de concesión en un área de 20.514 has. y la Votorantim Metais de Colombia S.A. cuenta con 2 contratos en un área de 3.979 has., para la exploración y/o explotación de oro, cobre, zinc, asociados a platino, molibdeno, plata, plomo, hierro, níquel, y otros materiales. Además ha presentado a la fecha 37 solicitudes en curso para un área aproximada a otras 35.000 has de un total de 91 solicitudes presentadas. (Ver anexo listados obtenidos en Ingeominas).