sábado, 13 de noviembre de 2010

EL CAUCA ESTÁ MADURO PARA GRANDES TRANSFORMACIONES

EL CAUCA ESTÁ MADURO PARA GRANDES TRANSFORMACIONES

Popayán, 11 de noviembre de 2010

El pueblo y los demócratas caucanos tenemos todas las condiciones para derrotar políticamente a los partidos tradicionales en las elecciones regionales de 2011. Lo principal es tener plena conciencia de esa posibilidad.

Las razones que sustentan esa afirmación van más allá de los aspectos electorales. En el Cauca las clases dominantes – los grandes terratenientes herederos de los encomenderos españoles – siempre utilizaron los partidos políticos liberal y conservador para engañar y dominar a los pueblos y comunidades. Hoy, los Iragorri y otros socios menores se han alineado con el “uribismo” pero, en la práctica, son lo mismo.

En esta región esa clase social “hacendataria” nunca pudo construir una economía moderna. Ha sido siempre parasitaria. Atesoró riquezas representadas en tierras, dinero en bancos y control de mano de obra indígena, negra y mestiza en calidad de servidumbre. En los años 70 del siglo XX todavía existían terrajeros y apareceros. La visión empresarial nunca fue el fuerte de la oligarquía payanesa.

Cuando las comunidades indígenas recuperaron las tierras de carácter estratégico ubicadas en las planicies altas de la cordillera central como el Valle de las Papas, Coconuco, Paletará, Gabriel López-Malvazá, Guambía y Caldono, que son aptas para la ganadería y la agricultura de clima frío, la aristocracia payanesa se entregó totalmente a la oligarquía vallecaucana. Ya venía en ese proceso durante todo el siglo pasado.

Ese hecho se consolidó a finales de los años 80 y principios de los 90 con el pacto entre Aurelio Iragorri Hormaza, Fernando Londoño Capurro (Asocaña) y Humberto Peláez. Los dos primeros fueron presidentes del Senado en períodos sucesivos (1992-94) y al otro lo ubicaron en el Parlamento Latinoamericano. La entrega de nuestros recursos (Salvajina, energía, carbón, biodiversidad, aguas, bosques, etc.) y la aprobación de la Ley Páez al tamaño de las necesidades del gran capital vallecaucano, quedó allí finiquitada.

Hoy esa alianza ha sido ampliada a la participación de las grandes transnacionales – sobre todo mineras - hasta el punto que el actual gobernador se plantea, como si fuera un gran descubrimiento, que la tarea de su gobierno es “recuperar el potencial minero del departamento del Cauca”. Es una vergüenza. Ante su incapacidad y quiebra histórica no tienen otra carta que intentar regresarnos a épocas coloniales.

Nuevas fuerzas, nuevas realidades

Ante el debilitamiento económico de los grandes terratenientes en el Cauca se ha venido presentando una verdadera revolución democrática en el terreno de la economía. Al quebrarse la estructura de dominación de carácter colonial desde los años 80 – a excepción de las tierras planas del norte del departamento monopolizadas por los ingenios azucareros del Valle – ha venido avanzando en forma paulatina pero sostenida, un campesinado cafetero y panelero, que hoy es la principal fuerza económica del departamento.

82.000 familias caficultoras tienen hoy sembradas más de 100.000 hectáreas de café. El promedio de tierra por predio es un poco mayor a una hectárea. La producción ya es la tercera del país. Además de estar asociados en la Federación de Cafeteros miles de pequeños productores mestizos e indígenas se han organizado en empresas de carácter comunitario como Cosurca, Fondo Páez, Cencoic, Nuevo Futuro, y otras muchas formas de organización, para hacer valer la calidad de sus cafés especiales y la tecnología orgánica que se utiliza en la región.

Fue un esfuerzo titánico de décadas. Ellos mismos, en sus migraciones anuales al Eje cafetero como “cosecheros” fueron ahorrando capital y aprendiendo la tecnología. Trajeron el café caturra y lo defendieron durante mucho tiempo ante la presión de los técnicos de la Federación que siguiendo instrucciones nacionales los presionaban para cambiar hacia la “variedad Colombia”, los obligaban a tumbar el sombrío (árboles) y así, depender de los insumos agroquímicos. De esa manera los campesinos construyeron con sus manos, sudor y sabiduría la economía cafetera de la cual hoy se jactan quienes no les ayudaron por entonces y por el contrario estuvieron convenciéndolos de sembrar morera, higuerilla, cardamomo, frutales, y cuanto “producto tropical” se les ocurría. Menos mal el campesino caucano no les hizo caso.

Ese logro intenta ser canalizado en la actualidad por las viejas clases dominantes. Sobre ese esfuerzo escaló a la Gerencia General de Fedecafé un caucano, Genaro Muñoz – conservador hasta los tuétanos -.[1] Al lado de los caficultores y paneleros se mantienen campesinos paperos, horticultores, pequeños ganaderos, artesanos, comerciantes, mineros, todos sufriendo las consecuencias de las políticas neoliberales y la crisis del sector agropecuario, algunos canalizando de infinidad de maneras recursos de la economía del narcotráfico que irriga toda la economía regional, así el grueso de esos recursos se vaya para los EE.UU. y Europa. De esta forma, con mucho sacrificio y gran creatividad se mantiene aún el control del territorio en manos de miles de pequeños y medianos productores agropecuarios.

Muchas familias campesinas caucanas hoy combinan su permanencia en el campo con diversas actividades de rebusque en las ciudades, que se han ensanchado en forma desproporcionada. El crecimiento de la población, la crisis económica y el impacto de la violencia se han acumulado para hacer de este departamento una verdadera “bomba social”. Desde las ventas ambulantes hasta el moto-taxismo pasando por miles de pequeños negocios le sirven a la población para resistir el impacto de un modelo de desarrollo que juega en contra suya y a favor del gran capital. Pero, allí están, resistiendo y construyendo alternativas en un movimiento callado pero profundo que es la base de nuestra afirmación inicial. Las condiciones están dadas para un salto cualitativo.

La estrategia del terror, la división y el enfrentamiento

Los representantes desclasados de la antigua aristocracia caucana por su cuenta hicieron alianzas desde el siglo XX con sectores de la mafia. Ya se ha comprobado la alianza familiar entre Juan José Chaux Mosquera y la mafia de la Costa representada en los hermanos Zúñiga de Santa Marta. Pero no fue un fenómeno individual. En su caída económica y social la degeneración de esa clase fue total. La corrupción en el manejo del Estado se acrecentó, a principios del siglo XXI trajeron el Frente Calima de la AUC para aterrorizar a campesinos e indígenas, la masacre de El Naya fue una de sus primeras acciones, y así ocuparon toda la franja de la cordillera occidental desde Buenos Aires, Suárez y Santander de Quilichao en el norte hasta Balboa y Mercaderes pasando por Morales, Cajibío, parte de Popayán, El Tambo, Timbío y Patía, realizando diversas incursiones sobre el Macizo Colombiano.

Pero el campesinado caucano resistió. Las anteriores avanzadas migratorias hacia Cali y Popayán, y la gran movilidad de este sector social se convirtieron en una fortaleza para resistir. La gente salía, se desplazaba individualmente, pero siempre volvía a su finca. Además, el paramilitarismo en el Cauca – a excepción de lo que ocurrió en la zona de Ortega en el municipio de Cajibío que fue un caso especial – no fue autóctono. Era importado. Costeños y paisas eran sus combatientes mercenarios. Era costoso y no era sostenible. Hoy existen en forma de Rastrojos y otras bandas que se disputan con la guerrilla el control territorial del narcotráfico.

Por ello, la cúpula de los partidos tradicionales se trazó la estrategia de enfrentar a indios con mestizos y negros. Chaux Mosquera creó artificialmente en 2002 una organización campesina – Fedecampo - para que supuestamente los campesinos se defendieran de los atropellos y de la voracidad territorial de los indígenas. Desde la época de la Asamblea Constituyente se había lanzado una gran campaña contra las reivindicaciones de los pueblos originarios. El eje de dicha campaña fue el trabajo de diversas corporaciones financiadas por Cartón Colombia, la Fundación Carvajal, ASOCAÑA, con la asesoría del CIAT y otros entes gubernamentales, tomando como escenario principal los municipios de Piendamó, Caldono, Silvia, Totoró e Inzá.

Es evidente que ciertas posiciones estrechas dentro del movimiento indígena han ayudado a que esa estrategia les haya dado ciertos resultados entre los sectores más atrasados del campesinado. Pero diversas señales alientan a pensar que tanto campesinos mestizos e indígenas están encontrando fórmulas de acercamiento y entendimiento que se expresan sobre todo a nivel local. Hay que ayudar para que ese proceso avance y se consolide.

Unidad en la diversidad frente al problema de la producción

El mantenimiento y desarrollo de una economía campesina parcelaria (mestiza, indígena y afro) en una amplia región del Cauca que abarca una franja de 35 kms. de lado y lado de la carretera panamericana, que requiere cada vez más servicios públicos domiciliarios (agua potable y energía eléctrica) es un elemento de máxima importancia. Es urgente que desde el Estado se aprueben políticas públicas que contribuyan con el fortalecimiento de esa economía, pero además, es necesario construir una visión alternativa al modelo de desarrollo predominante en el país.

Esa es la importancia de la próxima coyuntura electoral. El Cauca, en cabeza de una alianza entre los sectores medios de las ciudades (clase media y trabajadores del Estado cada vez más golpeados) con el campesinado mestizo, indígena y afro, sumándole el proletariado cañero del norte del Cauca, puede hacer un aporte muy grande a la Nación colombiana. Ante la aplanadora neoliberal que se observa en el resto del país, lo que suceda en Suroccidente Colombiano va a ser determinante hacia el futuro.

El campesinado mestizo – cafetero en su mayoría – debe entender que la fórmula de convertir el Cauca en una gran mina a cielo abierto no es la solución para sus problemas sino parte de una estrategia de apropiación territorial por parte del gran capital, que va a llevarlo a su extinción. Así mismo, las comunidades indígenas deben comprender que necesitan diseñar un modelo de producción agropecuaria que combine el cuidado y la preservación de la naturaleza, el fortalecimiento de su cosmovisión ancestral, sus costumbres y lazos comunitarios con formas modernas de organización empresarial para aprovechar las potencialidades que ya han venido descubriendo y construyendo.

Ya en municipios como Caldono se observa esa alianza estratégica. Las bases campesinas afro y mestizas más libres de Pescador y Siberia – representadas en la alcaldesa Enelia Salinas – impulsan una alianza con el grueso del movimiento indígena en ese terreno de la producción y la economía, lo que está consolidando un frente político para mantener esa alcaldía en manos de fuerzas alternativas.

Es lo que hay que hacer en todo el departamento. Sólo que todos debemos convencernos de que es posible.


[1] Las circunstancias del mundo globalizado en forma paradójica han colocado a este heredero de los grandes terratenientes caucanos a la cabeza de los productores cafeteros frente a la voracidad de las grandes transnacionales tostadoras y comercializadoras del grano que en alianza con los grandes exportadores colombianos quieren acabar con la médula espinal de la Federación de Cafeteros de Colombia que es el Contrato de Administración del Fondo Nacional del Café.

miércoles, 20 de octubre de 2010

PROGRESAR A PARTIR DE LO PROPIO

PROGRESAR A PARTIR DE LO PROPIO (“NUESTRO”)

Popayán, octubre 20 de 2010

Popayán es la segunda ciudad con más desempleo del país. 18,2% es la cifra. Una de cada 5 personas no encuentra trabajo. Eso sin contar el empleo disfrazado: rebusque, ventas ambulantes, moto-taxismo, que es el refugio de miles de familias pobres. El desplazamiento por efectos económicos y sociales en el Cauca es la principal causa. También la violencia. Las consecuencias están a la vista: urbanización acelerada, descomposición social, delincuencia, inseguridad en las ciudades, avance de la economía del narcotráfico (coca, amapola, marihuana).

¿Cuál es el verdadero problema? El modelo de desarrollo impuesto en Colombia acaba con el empleo productivo. La crisis del sector agropecuario se agudiza. El pequeño y mediano productor y el empresariado medio, sea caficultor, panelero, papero, ganadero, floricultor, industrial, comerciante, etc., está siendo ahogado por la política estatal que entrega condiciones excepcionales a los grandes monopolios nacionales y extranjeros mientras le niega apoyo al productor colombiano.

Hay políticos que han promovido los mega-proyectos, “call centers” (centros de llamadas internacionales), y otros proyectos de ese tipo como solución. Sus intenciones son loables pero no tienen claro el problema. La forma como se construyó el Centro Comercial Campanario y como quieren acabar la Galería del barrio Bolívar, son ejemplos. Un inversionista de otro departamento diseña el proyecto, contrata los créditos y lo ejecuta. Los comerciantes de Popayán son sus clientes y los consumidores los que pagan. Aparentemente se crea empleo pero un estudio juicioso debe demostrar que por cada empleo precario que se “crea” allí, se destruye un empleo formal que antes mantenía un comerciante raizal o tradicional de Popayán. Sólo es una ilusión, sin desconocer la estética y la comodidad del centro comercial.

Una asociación de comerciantes de Popayán podría haber construido el “Campanario”. Con asesoramiento y apoyo técnico del Estado. Un socio estratégico habría sido necesario para tener el respaldo ante el capital financiero pero bajo un convenio equitativo y justo. De esta forma se hubiera eliminado el intermediario quien monopoliza las ganancias. Es otra fórmula para impulsar proyectos de desarrollo que no desplacen ni acaben con lo nuestro. Por el contrario, que lo potencien.

Hoy Campanario es un centro comercial que mueve economía. Es cierto. Es bonito y cómodo. Pero la percepción que tienen quienes allí tienen sus negocios es que su esfuerzo alimenta exageradamente las arcas de la transnacional Carrefour que gana sólo con el nombre (franquicia) y para el capitalista antioqueño quien “nos hizo el favor de construirnos el Centro Comercial”, como dicen quienes no pueden procesar la realidad con mirada crítica.

El debate sobre el modelo de desarrollo debe estar en el centro de la próxima campaña electoral para elegir autoridades regionales y locales. Es un debate crucial que se esquivó durante la campaña presidencial. Las preguntas son: ¿Cómo progresamos de verdad? ¿Cómo generamos empleo digno, bien pagado - no precario ni temporal -, para poder vivir bien? ¿Cómo hacemos para explotar en nuestro beneficio nuestras inmensas riquezas sin tener que entregárselas a otros (extranjeros)? ¿O nos contentamos con las migajas (regalías) que ellos nos quieran tirar? ¿Cómo progresar a partir de lo propio o de lo nuestro?

Bucaramanga con menos del 10% de desempleo demuestra que otro modelo productivo es posible. Ese ejemplo lo aplican todos los días los habitantes de Popayán con sus pequeños negocios y tiendas, ventas de arepas, chorizos, y demás productos en los barrios de la ciudad. Pero no tienen apoyo del Estado. Por el contrario los persiguen y acosan con normas y requisitos que nunca le aplican a los grandes monopolios y transnacionales. Para los poderosos… todo, para nuestra gente…¡nada!

Nota: En Cali, los habitantes de los barrios San Antonio y Libertadores desarrollan con gran creatividad y mucho trabajo, una experiencia de resistencia económica. Ese ejemplo nos sugiere otras formas de democracia social y económica. Además, protege y promueve la cultura de una comunidad que se niega a ser desplazada por el falso progreso y la modernidad depredadora y alienante. Son experiencias a fortalecer y seguir.

viernes, 15 de octubre de 2010

APRENDIENDO DE LA EXPERIENCIA DEL ECUADOR

Aprendiendo de la experiencia de Ecuador

TESIS SOBRE LA LUCHA LATINOAMERICANA

Por: Tito Pulsinelli y Fernando Dorado

Las lecciones que deja la experiencia de Ecuador (30-S) son muy valiosas. El comportamiento de las diferentes clases y sectores sociales y de los partidos o expresiones políticas que las representan frente al golpe cívico-militar en desarrollo - abortado pero no derrotado -, deja ver con más claridad el panorama y nos permite reafirmarnos en algunas tesis que hemos planteado con anterioridad.[1]

La complejidad de la situación actual
Los pueblos latinoamericanos avanzan en la conquista de su autonomía e independencia apoyándose en gobiernos nacionalistas que enfrentan una situación muy difícil y compleja.

El aspecto principal de esa situación es la imposición a lo largo de la dominación colonial y neocolonial de unas economías dependientes basadas en la extracción de recursos naturales energéticos para abastecer el mercado mundial (petróleo, gas, agro-combustibles), la producción de materias primas básicas como café, madera, flores, coca, frutas y otros productos tropicales, etc., y la adecuación de toda la infraestructura productiva (IIRSA) para profundizar la explotación minera, apropiarse de nuestra biodiversidad (tierras, bosques, agua, biomasa, aire, sitios turísticos, etc.) y de nuestros mercados (de servicios, energía, telefonía, medios de comunicación, comercios, transportes y demás).

Durante los últimos 30 años de neoliberalismo la plutocracia capitalista de diversas potencias (estadounidense y europea, principalmente española) ha destruido las pocas industrias y manufacturas de productos intermedios que se construyeron durante el siglo XX, se apropiaron de las empresas rentables estatales y privadas, y adecuaron el Estado a sus necesidades reduciéndolo a ser intermediario y guardián de sus inversiones capitalistas (legislación neoliberal, tecnocracia ejecutiva y aparato militar servil).
El Banco Mundial y demás organismos de planificación y control económico mundial diseñaron políticas “públicas” dirigidas a “modernizar” la capacidad productiva de la mano de obra nativa mediante una serie de programas educativos y tecnológicos para promover el “emprendimiento empresarial”. Así se consiguió que amplios sectores de la población productiva se convirtiera en “socio de segunda” de las grandes transnacionales mediante la creación de cientos de miles de microempresas (Pymes) integradas a la gran cadena productiva monopolizada por el gran capital.
Para atenuar los efectos de la aplicación de ese modelo se aprobaron políticas asistenciales para “sectores vulnerables”. Su fin: “atender” a la población pauperizada y empobrecida de zonas rurales y “cordones de miseria” de las ciudades. Este sector de la población es una verdadera “carga improductiva” para la sociedad y un gran problema para los gobiernos progresistas y nacionalistas amarrados a las inversiones transnacionales y a las políticas de sometimiento y condicionamiento del gran capital. En caso de que los gobiernos quieran ir más allá en nacionalizaciones y expropiaciones, el bloqueo financiero del mundo capitalista llevaría a estos Estados débiles y dependientes a quedar sin los fondos suficientes para sostener importantes servicios sociales, desprotegiendo a millones de personas que dependen de “subsidios estatales”, que son las migajas que en forma de impuestos “aportan” los capitalistas. Sólo Venezuela – por ahora – puede hacerlo, y eso, con algunas limitaciones.
Colombia, Perú y México son los mejores ejemplos del grado de avance de este modelo que todavía se va a profundizar más valiéndose de la estrategia de intervención política y territorial que se impulsa a la sombra de la supuesta lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. La “re-primarización de la economía” es un hecho consumado y los planes inmediatos están en la dirección de ensanchar la inversión y fortalecer todavía más la dominación política y territorial.
Las clases y sectores sociales frente a los gobiernos nacionalistas
En la mayoría de países sudamericanos la fuerza social que ha posicionado a gobiernos nacionalistas y democráticos está constituida por los sectores que más han sentido los efectos de las políticas neoliberales de los últimos 30 años.

Allí está el “proletariado informalizado” compuesto por los escasos obreros industriales que quedan, los trabajadores con contratación laboral precaria, desempleados, técnicos y profesionales asalariados, micro-empresarios, y toda una gama de trabajadores de servicios, comercio, transporte y sector informal, como son los vendedores ambulantes, moto-taxistas, y actividades similares. Muy pocos tienen algún nivel de organización y, por ello han encontrado en las elecciones la única forma de expresar su inconformidad y protesta. Este es el sector mayoritario de la población y tiene presencia en áreas urbanas y rurales, y en todos los sectores de la economía. Constituyen la base social de las revoluciones “ciudadanas”, “bolivarianas” y democrático-nacionalistas.

A su lado se han puesto – en forma tímida y a la defensiva – los trabajadores de las empresas y entidades del Estado. Apoyan a los gobiernos nacionalistas para defender sus reivindicaciones laborales conseguidas durante el período del “precario Estado de bienestar”. Sin embargo, cuando los nuevos gobiernos por necesidades colectivas han tenido que recortarles algunos derechos - que son “privilegios” frente al resto de la población -, reaccionan de una forma estrecha, individualista, egoísta e inmediatista. Cuando la lucha se agudiza sus cúpulas dirigentes giran hacia al campo contra-revolucionario mientras que las bases aceptan la necesidad de ajustar la disciplina de trabajo o el recorte de algunas de sus condiciones laborales.

La “izquierda tradicional” que tiene allí sus principales bases sociales, en gran medida y con contadas excepciones, se ha plegado al espontaneísmo reivindicativo de estos sectores de los trabajadores del Estado y ha contribuido a generar confusión y confrontación, ayudándole a las oligarquías, a la derecha y al imperio a debilitar a los gobiernos nacionalistas acusándolos de ser neoliberales y privatizadores. Estas “izquierdas” no dirigen, son conducidas.
En la lucha contra el neoliberalismo también han sido factores sociales importantes los campesinos y las clases medias, los pequeños y medianos empresarios en vías de proletarización y empobrecimiento, y otros sectores de la pequeña burguesía en decadencia. Estos sectores apoyan a los gobiernos nacionalistas con la ilusión de reconstruir un “capitalismo democrático” que les permita retomar el camino del “progreso y la prosperidad” con la aspiración de convertirse en grandes capitalistas. En la medida en que la lucha por la soberanía nacional se hace más intensa la mayoría de los pequeños productores pobres y medios se mantienen al lado de la revolución mientras que una minoría de los más ricos y acomodados tienden a plegarse a los sectores oligárquicos y al imperio. El tacto, la política gradual y el sentido de Nación por parte de la dirigencia política revolucionaria pueden jugar un papel importante para neutralizar esa tendencia.
La “problemática” de los pueblos originarios (indígenas)
Una parte de los sectores sociales subordinados - sobre todo en Bolivia, Perú y Ecuador -, está integrada por los pueblos indígenas que aspiran a la autonomía y a la reconstitución de sus economías, culturas y nacionalidades. Son en esos países importantes contingentes de resistencia y lucha contra las oligarquías y contra el capitalismo neoliberal.

Sin embargo, hay que decir que en América del Sur y Colombia se ha idealizado el “ayllu” y el “resguardo” como categorías de un supuesto colectivismo o socialismo incaico. [2] A su interior existe una verdadera lucha de clases. El mundo capitalista circundante ha penetrado en las sociedades indígenas de las Américas abriendo una zanja entre las elites y la base social. Las relaciones capitalistas “calladamente” influyen en los pueblos nativos. El trabajo asalariado está camuflado bajo la presentación “comunitaria”. Existen variadas formas de explotación de la fuerza de trabajo que son parte de acumulación de capital.
“La minga” y otras formas de trabajo “solidario” no son equitativas. La distribución de la tierra – en muchas regiones - es injusta o está monopolizada por algunas familias. Hay problemas de diverso tipo al interior de las comunidades indígenas que se materializan en enfrentamientos por la repartición de la tierra, competencia insana por acceder a cargos de autoridad o de gobierno para obtener beneficios individuales o de familias, y crece el aprovechamiento no ético de recursos públicos y/o colectivos. Las relaciones sociales comunitarias se han debilitado. Se ha mermado la fuerza política real y moral de las autoridades propias y la tradición ancestral está en franco deterioro.
Algunos dirigentes del movimiento indígena representan intereses de clase dentro de sus propias comunidades. Son personas predispuestas a dejarse utilizar de la oligarquía y el imperio. Son directivos de “organizaciones sociales” que han devenido en ONGs que a su vez son simples empresas operadoras de “proyectos de desarrollo”. Son agencias de control económico e ideológico. Se han convertido en intermediarios de la “cooperación internacional” que estimulan la dependencia y el paternalismo entre la población cautiva. Al frente de ellas se colocan personas “desclasadas”, profesionalizadas en su papel de “dirigentes”, verdaderos burócratas.
Entre los sectores elitistas de la dirigencia indígena ha hecho carrera la opción de colocar las legítimas reivindicaciones étnicas y culturales por encima de la independencia nacional de cada país y de la construcción de la Patria Grande Latinoamericana. “Revivir la gran Nación Aymará-Quechua” es una consigna atractiva. Aprovecha sentimientos racistas acumulados por siglos de opresión y discriminación, ejercidas por parte las elites oligárquicas que han permeado a sectores medios de la población blanca y mestiza influida por esa ideología excluyente. La tarea de reconstruir la Abya Yala[3] se presenta entonces como la principal - casi única - tarea revolucionaria.

Dicha política se presenta con la forma de una concepción anticapitalista, anti-extractivista, anti-desarrollista. Las fuerzas del separatismo han logrado una confluencia táctica con el “antropologismo social” del mundo industrializado que es incapaz de ver a los indígenas de carne y hueso de hoy. Se imaginan a los pueblos originarios como un “todo indistinto”, en una dimensión sin tiempo, en donde no hay diferencias entre los descendientes del poder concentrado de los Incas y Aztecas, y aquellos que huyeron hacia la Amazonía o resistieron en la periferia abrupta de esos imperios. Se desconoce la temperie social y cultural de estas latitudes que no es socialmente idéntica.

Esa concepción antropologista se alimenta de la denominada “cosmovisión ancestral”, donde confluyen una serie de teorías bien intencionadas pero que - desde nuestra perspectiva -, son idealistas y atemporales. Entre ellas se destaca un nuevo humanismo utópico, la “economía descalza” de Max-neef, la teoría de la “Decolonialidad del poder” de Aníbal Quijano, y toda una serie de planteamientos que finalmente – así no lo pretendan – terminan aislando a los pueblos indígenas del resto de población afrodescendiente, mestiza y blanca, que observa como la dirigencia de una parte de los pueblos originarios juega como factor de división y no de unidad de los pueblos.

La situación en Colombia y perspectivas

En Colombia el movimiento indígena surgió con una concepción integral de la lucha (CRIC, 1971). Sus fundadores planteaban: “Somos colombianos, somos campesinos, y somos indios”. Tal formulación era una verdadera plataforma política de alianzas. “Los indios no seremos libres si la Nación colombiana no se independiza del imperialismo”, afirmaban. “Nunca recuperaremos de verdad nuestro territorio si no se conquista una reforma agraria democrática”, era otro de sus lemas. Y agregaban que “mientras Colombia sea excluyente y antidemocrática no podremos reconstruir nuestros pueblos, naciones y culturas”.

Tal vez como fruto de ese legado ha habido una reacción a dicha tendencia “indigenista”. La Minga de Resistencia Social y Comunitaria, que es la fuerza principal en el Congreso de los Pueblos que se acaba de realizar en Bogotá del 8 al 12 de octubre, ha orientado a sus bases a buscar una compenetración con otros sectores sociales.[4] Sin embargo, todavía pesa al interior de estos procesos concepciones abstencionistas y aparentemente “apolíticas”, que no le permiten a los movimientos sociales desarrollar una estrategia para ganar a la mayoría de la población para, por un lado, fortalecer la lucha por el poder político del Estado, y por el otro, impulsar un proceso sostenido y de mediano plazo en la dirección de construir nuevas relaciones sociales y políticas plenamente incluyentes y democráticas.

Esta última circunstancia es una heredad de la concepción insurreccional que aspiraba a derrotar total - y de un tajo - a las fuerzas oligárquicas y pro-capitalistas. La experiencia histórica demuestra que ello no es posible, que se requiere una mirada y un esfuerzo de mediano y largo plazo, que hay que consolidar las fuerzas sociales y materiales para hacer bien la tarea. Además, la correlación de fuerzas actual nos obliga a diseñar una estrategia múltiple, que se apoya en la institucionalidad vigente, que explota la civilidad y legalidad burguesas, que neutraliza la violencia oligárquica con la apropiación por parte de los pueblos de las vías pacíficas, eleccionarias, profundizando la democracia representativa para construir paralelamente una efectiva democracia participativa “desde abajo”.

Ello implica construir Hegemonía Social Popular en una situación de dualidad de poder, en donde las fuerzas revolucionarias y transformadoras deben tener “cierta paciencia” para ganar con consistencia a las inmensas masas populares – del campo y de la ciudad – que han sido “informalizadas” por más de 30 años de neoliberalismo, y que requieren no sólo de un proceso pausado y lento de trabajo organizativo sino en lo fundamental, contar con un Estado que utilice los recursos nacionales existentes para reconstituir con ellos una nueva base económica propia, democratizada, sostenible social y ambientalmente, integrada a la región latinoamericana pero ligada al mundo, y dirigida con capacidad política soberana frente al bloqueo imperial y oligárquico.

Solo si el “partido nacional” pone a la defensiva y delimita la hegemonía del “partido imperial”, se asegurará el control de los recursos estratégicos y hará viable la redistribución de la riqueza social. No es el momento de las pequeñas patrias, ni de la federación étnica ni del contrapoder regional al estilo neo-zapatista. Es hora de la soberanía nacional y de la Patria Grande.
Conclusiones
Creemos que los procesos de cambio que encabezan Chávez, Correa y Evo, tienen en lo fundamental claridad sobre muchos de los aspectos planteados pero no han hecho la suficiente retroalimentación y pedagogía popular para involucrar en su estrategia nacional democrática “neo-desarrollista” al conjunto de la dirigencia social-popular de los trabajadores y demás sectores sociales, y por ello, los “procesos constituyentes” se han limitado a impulsar las políticas y programas de los gobiernos nacionalistas.

Ello explica - en parte - la resistencia que diversos sectores sociales han manifestado frente a los métodos anti-democráticos, autoritarios y burocráticos que algunos gobiernos utilizan en su gestión gubernamental. Sin embargo, en otros casos la intransigencia ha venido de la dirigencia “inmediatista” de los trabajadores del Estado – pedaleados por algunos partidos de “izquierda” – o de la élite separatista indígena.
Se requiere un viraje importante en esta materia. La iniciativa popular debe tomar fuerza. Las organizaciones sociales que verdaderamente estén por derrotar el capitalismo y por superar la dependencia de las economías extractivistas deben involucrarse de lleno en la tarea de construir nuevas formas productivas que no sólo sirvan de base a una efectiva independencia y autonomía sino que estén en la dirección de salirse de la lógica del mercado capitalista especulativo. Para ello se requiere más que voluntad.
Es necesario pensar en el conjunto de la población y trazarse un plan serio y consistente. Se debe explorar, recoger, sistematizar y estudiar concienzudamente las experiencias exitosas y fracasadas de construcción de economías “propias”, solidarias, agro-ecológicas, “de resistencia”, “alternativas”. Debemos asimilar y empezar a aplicar los contenidos teóricos de la “economía de equivalencias”[5] que se viene desarrollando e impulsando por diferentes escuelas de pensamiento y práctica científicamente socialista del mundo.[6]
No es haciéndole el juego al imperio estadounidense como los pueblos indígenas van a conseguir su liberación o como los trabajadores del Estado van a mantener sus conquistas laborales. Ellos juegan a “balcanizar los Andes”[7] o a dividir el frente de las clases subordinadas para derrotar la actual lucha latinoamericana contra la dominación imperialista. Nosotros tenemos que apoyarnos en los gobiernos democrático-nacionalistas para construir las bases materiales de la nueva sociedad post-capitalista. De allí que… O nos unimos o fracasamos.
[1] Pulsinelli, Tito y Dorado, Fernando. “América Latina: Imperialismo, socialismo, indigenismo”.
[2] El “socialismo incaico” de que hablaba Mariátegui no existía en ese entonces ni mucho menos existe ahora. http://www.fondodeculturaeconomica.com/prensaDetalle.asp?art=31234
[3] Abya Yala es el nombre dado al continente americano por la etnia Kuna de Panamá y Colombia antes de la llegada de Cristóbal Colón y los europeos. Literalmente significaría “tierra en plena madurez” o “tierra de sangre vital”. El nombre también fue adoptado por otras etnias americanas. Hoy en día diferentes organizaciones, comunidades e instituciones y representantes de etnias originarias de todo el continente prefieren su uso para referirse al territorio continental, en vez del término "América". El uso de este nombre es asumido como una posición ideológica por quienes lo usan, argumentando que el nombre "América" o la expresión "Nuevo Mundo" serían propias de los colonizadores europeos y no de los pueblos originarios del continente.
[4] Ver: Resolución del Congreso de los Pueblos, Bogotá 8 al 12 de octubre de 2010. “Propuesta de país para una vida digna”. http://ukhamawa.blogspot.com/2010/09/colombia-congreso-de-los-pueblos.html
[5] Heinz Dieterich en el Socialismo del Siglo XXI propone un modelo económico que no esté basado en el precio de mercado, fundamento de la economía de mercado y del capitalismo, a los que considera fuentes de las asimetrías sociales y de la sobre explotación de recursos naturales. http://www.puk.de/de/nhp/579-el-socialismo-del-siglo-xxi-la-economia-de-equivalencias.html
[6] Dieterich, Heinz. Las bases científico-filosóficas del Socialismo del Siglo XXI. http://www.socialismoxxi.org/index1.htm
[7] Philip Goldberg, especialista en limpieza étnica y separatismo, fue trasladado a la embajada de La Paz después de una estadía en los Balcanes, donde contribuyó al nacimiento del Kosovo, único estado de la OTAN.

miércoles, 6 de octubre de 2010

ECUADOR: ¿INTENTO DE GOLPE O MOTÍN?

Debate en Ecuador después del Golpe…

¿INTENTO DE GOLPE O MOTIN?

Popayán, 6 de octubre de 2010

Quienes afirman que en Ecuador no hubo un intento de golpe de Estado plantean que se trató sólo de un “motín policial en defensa de sus derechos laborales”. Si sólo era una reclamación y protesta laboral - “una huelga de policías”- …

¿Por qué…?

¿Por qué lo hicieron de forma “complotada”? ¿Por qué utilizaron las armas y la logística de la institución policial? ¿Por qué y con qué intenciones se tomaron los aeropuertos? ¿Por qué no se quemaron etapas y se dieron pasos normales - pacíficos e institucionales -para obtener satisfacción a sus reivindicaciones? ¿Por qué no prepararon a la población para afrontar una situación tan anormal y caótica?

¿Por qué no accedieron a dialogar de frente con el Presidente, dejarlo explicar el contenido de las normas aprobadas y plantear abiertamente sus solicitudes? ¿Por qué no hubo una cabeza visible – oficial – del movimiento, y muchos de los “agitadores” asumieron una táctica insurreccional y subversiva? ¿Había interés genuino por ganar la solidaridad de la población? O, ¿existía un interés oculto por generar un desorden mayúsculo?

¿Acaso querían generar un patrón de desorden e ingobernabilidad que ha sido la matriz utilizada por la oposición de derecha ecuatoriana en los últimos tiempos para atacar al gobierno? ¿Por qué se usa una forma “laboral” para impulsar esta revuelta armada? ¿Se quería explotar la solidaridad de los trabajadores del Estado y de sectores indígenas que estaban “chocados” con el gobierno?

¿En qué momento la teoría que la “revolución ciudadana” es sólo un vehículo de las políticas neoliberales – anti-laborales, privatizadoras, extractivistas – fue aceptada por un sector de dirigentes sociales y una justificación para apoyar este tipo de aventura? ¿Ha existido un amplio debate sobre la actitud política frente al gobierno de Correa?

El papel del ejército

Quienes menosprecian el papel de la opinión pública y de la acción activa de la población en respaldo de una gestión gubernamental como factor determinante – básico – para detener o hacer fracasar un Golpe de Estado, plantean que lo definitivo es el “poder del fusil”.[1] Olvidan que la utilización del fusil se desarrolla en un contexto político concreto.

Se pone de ejemplo el golpe de Venezuela (2002) y el papel del ejército bolivariano para reversarlo. Se olvida mencionar aspectos determinantes que crearon condiciones políticas, emocionales, mediáticas, para que sectores del ejército tomaran la determinación de reinstalar al presidente Chávez en el palacio de Miraflores. No se menciona el suceso clave que desencadenó el contragolpe político-mediático-militar-popular de abril de 2002.

Éste ocurre cuando Isaías Rodríguez, Fiscal General de entonces, cita a todos los medios de comunicación, que ya estaban controlados por los golpistas, para oficializar su entrega. El “gancho” era garantizar el respeto a su vida e integridad personal. Aprovecha ese medio y momento único para hacerle saber a la población que el presidente Chávez no había renunciado, estaba vivo y llamaba a resistir. Ese fue el momento de inflexión del golpe. A partir de allí el pueblo venezolano, incluyendo los militares patriotas, supieron qué debían hacer.

En el golpe de Honduras, Zelaya quiso profundizar el proceso de cambio mediante la consulta ciudadana. Confió en el papel “institucional” del ejército. Permitió que las fuerzas golpistas tomaran la iniciativa sin contar con las suficientes reservas para generar un contragolpe. La resistencia popular fue neutralizada. Su fuerte no era Tegucigalpa sino las regiones. La ingenuidad de la dirigencia “zelayista” les dio a los golpistas el suficiente espacio y tiempo para consolidar su golpe de mano.

En Ecuador, el golpe no progresó porque el conjunto de la población entendió – por los antecedentes históricos y por la actitud intrépida y decidida de Correa – que una rebelión armada de la policía no podía permitirse. Que si se dejaba avanzar, se transformaría rápidamente en un golpe militar. Fue así que la cúpula del ejército se dio cuenta que de materializar el golpe, el contragolpe ciudadano – y de sectores de la misma policía y del ejército - iba a ser contundente. Por ello se vieron obligados a abortarlo.

Otros actores, entre ellos dirigentes sociales del Ecuador, viven hoy un momento difícil que es especial para aprender. ¡Y hay que hacerlo rápido! Con fuego no se puede jugar. Los intereses geopolíticos en juego en esta coyuntura de Latinoamérica están muy por encima de las reclamaciones laborales o sectoriales de los trabajadores del Estado o de los pueblos indígenas ecuatorianos. Sin querer decir que no sean importantes.

Si la dirigencia social no se ubica en el contexto político del momento van a terminar siendo utilizados por sus peores enemigos. Después de usarlos los van a convertir en uno de sus primeros objetivos a arrasar y destruir. La dirigencia de la “revolución ciudadana” también debe reaccionar. Debe separar el trigo de la maleza, no entrar en pánico, no dejarse aislar, apoyarse en la población en general para recuperar el espacio y el tiempo perdido.

Indigenismo separatista vs. Soberanía nacional [2]

El debate de fondo que debe adelantarse con todos los dirigentes del movimiento indígena ecuatoriano y latinoamericano es si la reivindicación del “nacionalismo étnico indígena”, la creación de la “gran nación quechua-aymará”, es la principal tarea del momento. Parece que el "indigenismo separatista" está llegando a extremos. Luis Macas en una entrevista al periodista italiano F. Grimaldi dice abiertamente que lo prioritario - para ellos - es la reunificación de la etnia del área incaica, y que esto tiene prioridad sobre la cuestión de la soberanía nacional.

Es importante subrayar las razones de la memoria histórica: todas las heroicas sublevaciones indígenas anticoloniales fueron aplastadas hasta que se conformó una alianza social y política que abarcó al conjunto de fuerzas que lograron derrotar a la corona española. Hoy esta contradicción sigue vigente: Estado nacional soberano en un bloque regional latinoamericano autónomo e independiente, ó Nuevo Consenso de Washington re-actualizado.

El Estado pluri-nacional sólo será realidad conquistando nuestra soberanía frente al imperio estadounidense. Que la estrategia de los Balcanes (Kosovo) no tenga su réplica en los Andes suramericanos. Sólo la más absoluta unidad de los pueblos nos garantizará el triunfo sobre la oligarquía entreguista y sobre la plutocracia imperial.

Es urgente, necesario y vital que este debate se abra, desarrolle y profundice. Desde México hasta Chile pasando por Centroamérica, Colombia y Perú, contamos con ricas experiencias. ¡Que no se pierdan!

[1]Ver: Dieterich, Heinz. “Masas y Armas en el Golpe de Quito”. http://www.kaosenlared.net/noticia/masas-armas-en-golpe-de-quito

[2] Ver: Latinoamérica: Imperialismo, socialismo, indigenismo. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=96511

viernes, 1 de octubre de 2010

NOTAS SOBRE EL GOLPE EN ECUADOR

NOTAS SOBRE EL GOLPE EN ECUADOR

Popayán, 1º de octubre de 2010
La acción “provocadora” y audaz del presidente Correa frente a la rebelión policial abortó el curso del golpe militar en el Ecuador. La rápida y oportuna reacción al declarar la emergencia interior e implantar el control total del Estado sobre las comunicaciones radiales y televisivas, fue fundamental para derrotar a las fuerzas complotadas de la oligarquía y el imperio.
El golpe tenía la siguiente secuencia: radicalizar a la policía infiltrada por la oposición de derecha; movilizar a sectores de los trabajadores del Estado y a sectores indígenas en “solidaridad” contra la Ley de Servicio Civil, aprovechando los recientes enfrentamientos con el gobierno; generar desórdenes y saqueos; neutralizar al conjunto de la población; “crear” mediáticamente un vacío de poder, y rematar con la intervención del ejército.
Diversos hechos lo prueban. El apoyo formal, tardío, y después condicionado a la “revisión de la Ley” de la cúpula militar (General Gonzáles). Las declaraciones de Gilmar Gutiérrez, cabeza de la oposición, llamando a “buscar una salida institucional a la ingobernabilidad”. El lanzamiento del libro “El Gran Hermano”. La intentona golpista fue coordinada, simultánea en varias ciudades y, contó con la participación de sectores radicalizados minoritarios del estudiantado (de derecha y de “izquierda maoísta”).
La experiencia del Ecuador deja ver las debilidades de nuestros procesos de cambio en América Latina. La base social de nuestras “revoluciones” es realmente débil. Además, falta claridad política frente a los intereses del imperio y de las oligarquías, y la forma ladina y artera como actúan para defenderlos.
30 años de neoliberalismo han dejado a un sector de los trabajadores del Estado (salud, educación, empresas de servicios) amarrados a sus “derechos laborales adquiridos”. Son trabajadores a la defensiva, en donde ha hecho carrera una mentalidad reaccionaria, gremialista, egoísta, estrecha.
El movimiento indígena – influido por posiciones “indigenistas” y “anti-extractivistas” y, en parte, por la acción ideológica y política de la infiltración pagada de los gringos – ha jugado en este caso en contra de la tarea principal: consolidar la independencia nacional.
Su dirigencia ha vacilado en un momento clave. Sus mismas bases sociales muy seguramente - con su instinto popular -, les van a cobrar políticamente sus “errores”.
Los “socialistas de palabra” también hacen su labor de confusión cuando – realmente - hay muy poco por socializar.
El grueso de la población – el proletariado “informalizado” (obreros, microempresarios, trabajadores de la economía “informal”, desempleados, etc.) – es la verdadera base de nuestras revoluciones, a la cual hay que organizar y plantearle la construcción de una economía “propia”, nacional, democratizada, solidaria, de resistencia, comunitaria, diversificada. Es la parte compleja de la tarea.
Si a este sector de la población sólo se le llega desde el Estado con la ampliación de la cobertura de los servicios públicos (agua, electricidad, salud, educación, saneamiento básico, etc.) y no se lo organiza alrededor de verdaderos y efectivos proyectos de producción a todos los niveles, esa base social se va a mantener al lado de la revolución en forma precaria. Un apoyo de esa naturaleza es estructuralmente débil. Es una especie de “clientelismo estatal de nuevo tipo”, que no sólo es un soporte efímero e inestable para el proceso de cambio sino insostenible hacia el futuro. La debilidad que empieza a mostrar el proceso venezolano está relacionada con este problema.
Los servicios sociales estatales necesitan una base productiva real para poder sostenerse en el tiempo. No tener en cuenta este aspecto fue uno de los grandes pecados de la experiencia socialista del siglo XX.
A una sociedad como la del Ecuador – para hacer esa recuperación de la base productiva – le toca temporalmente “formar alianzas amplias con grupos de derecha (léase capitalistas nacionales y extranjeros) en la minería, en el petróleo, agro-negocios, etc.”[1]
De no hacerlas, rápidamente el Estado entraría en insolvencia y las mismas masas populares tumbarían al gobierno. Esa es parte de nuestra realidad “post-neoliberal”.
La falla del presidente Correa y del Movimiento Alianza-PAIS, consiste en que no han hecho explícita esa alianza que hay que establecer – incluso -, con sectores muy poderosos. Es parte del riesgo que tiene que ser asumido en una situación como la actual, y por tanto, o falta divulgar la estrategia o no la tienen bien clara. El vice-presidente García Linera en Bolivia es quien mejor hace conciencia sobre esa realidad de nuestros procesos.
El grueso de la dirigencia y base social, tanto de los trabajadores del Estado como del movimiento indígena – con la excepción de los que están siendo infiltrados por el imperio con toda clase de ONGs pagadas por la USAID – puede entender, compartir e impulsar dicha estrategia, y para ello el gobierno de Correa debe mejorar su capacidad de diálogo, recuperar el “carácter constituyente” del proceso y no caer en actitudes sectarias y/o autoritarias.
Es urgente - prioritario, esencial -, hacer seguimiento y analizar el comportamiento de las diferentes clases sociales y sectores de clase, y de sus respectivas expresiones políticas, frente a este “golpe de mano abortado pero no derrotado”.
Desde el Brasil, Lucio Gutiérrez tenía todo el libreto claro y completo. Su hermano quería oficializarlo en la Asamblea Nacional. El curso de los acontecimientos les malogró sus planes siniestros. El pueblo ya cobrará su traición.
NOTA: Santos tiene la orden gringa de “liderar” a la UNASUR. Se coordinó con Alan García y Sebastián Piñera, y actuaron rápido. Van a comportarse como “caballos de Troya”. Están trabajando una especie de “nuevo nacionalismo tibio” para llevar a la Unasur a negociar con los EE.UU.

[1] Frase Delfín Tenesaca de Ecuarunari, cuestionando ese tipo de alianzas. Ver: http://www.kaosenlared.net/noticia/delfin-tenesaca-hay-diferencia-gobierno-pero-no-apoyamos-dictadura-ni-

lunes, 27 de septiembre de 2010

EL VÍNCULO DIALOGANTE Y CUÁNTICO

EL VÍNCULO DIALOGANTE Y CUÁNTICO

Popayán, 27 de septiembre de 2010

ü Casi todos enviamos mensajes pero no dialogamos.

ü Estamos acostumbrados a que los demás nos den la razón.

ü Si las personas que se relacionan no están dispuestos a re-elaborar lo que piensan con base en lo que el otro le transmite, no habrá diálogo.

ü Si los individuos se ponen de acuerdo en forma absoluta, se acaba el diálogo.

ü El diálogo sólo perdura si las personas que lo utilizan lo ven como una herramienta creativa.

ü Si el diálogo se utiliza para satisfacer egos, rápidamente se marchita.

ü Siempre habrá puntos de discordia que deberán ser explorados y profundizados por medio del diálogo, que son los puntos que hacen creativa y fructífera la relación.

ü Una relación de ese tipo – creativa y fructífera para los dialogantes – se va convirtiendo en un verdadero vínculo “cuántico”.

ü Las personas terminan siendo cómplices y exploradores de sus desacuerdos más que de sus coincidencias. Así, la relación se vuelve fluida.

ü Se va convirtiendo en una relación con una base común – interés mutuo – pero en donde los dialogantes tienen cierta percepción no explícita de sus vacíos, falencias, debilidades y hasta temores, y de los del "otro", pero no los utiliza para “ganar” la discusión sino para ayudarlo a avanzar.

ü Si esa percepción – que puede bordear intimidades - se hace explícita, puede perder la magia. Sólo un alto nivel de confianza sería el complemento.

ü No es fácil conseguir un grado de relación de este tipo. Se necesita cierta predisposición, sensibilidad, capacidad crítica y mucho amor humano para construir este tipo de vínculo dialogante.

ü Nuestro pueblo necesita que construyamos vínculos de esta clase.

ü Una fuerza construida con esos vínculos es indestructible. Lo demás se diluye.

viernes, 24 de septiembre de 2010

¡VAYA CONFLICTO TAN DIFICIL DE ENTENDER!

Con ocasión de la muerte del“Mono” Jojoy…

¡VAYA CONFLICTO TAN DIFICIL DE ENTENDER!

Popayán, 24 deseptiembre de 2010

A mucha gente en el exterior le queda difícil entender la situación colombiana. En la reciente posesión de Juan Manuel Santos el presidente del Congreso Armando Benedetti mencionó que Colombia era el 2º país más desigual de América y citó numerosas y contundentes cifras sobre los niveles de pobreza e inequidad en que vive la mayoría de los colombianos. Tal intervención no fue del gusto del presidente saliente Álvaro Uribe Vélez, y seguramente los potentados colombianos en Miami, New York, Madrid y Barcelona deben haber dicho al unísono: “¡Qué impertinencia!”

En contraste los medios de comunicación presentan a diario las cifras de las exorbitantes ganancias obtenidas en Colombia por las empresas transnacionales y los 5 grupos económicos “nacionales” que monopolizan la riqueza nacional. También se reporta a diario cómo el capital extranjero se apodera de los recursos naturales de importantes regiones del país mediante una estrategia de intervención territorial que aprovecha la debilidad de una sociedad que anhela un efectivo progreso pero que es manipulada políticamente por una oligarquía que consiguió presentar a la guerrilla como el principal enemigo del país.
El mundo se sorprende al escuchar noticias tan contradictorias. El evidente impacto de la economía del narcotráfico; la permanente violencia guerrillera, paramilitar y delincuencial, tanto en el campo como en las ciudades; la visible corrupción política y administrativa a todos los niveles del Estado; las denuncias de los “falsos positivos” o asesinatos de jóvenes para ser presentados como bajas guerrilleras; el escándalo de las “chuzadas” o interceptaciones ilegales de las comunicaciones privadas de magistrados, dirigentes de la oposición y periodistas que comprometen al saliente gobierno de Uribe. En fin, la percepción es de una sociedad en descomposición y un “Estado fallido”.
En cualquier otro país con las condiciones de Colombia la rebelión no sólo se justificaría sino que sería aplaudida y apoyada. ¿Qué pasó en nuestro país con la lucha armada revolucionaria para que la muerte de un comandante guerrillero como el “Mono”Jojoy sea celebrada jubilosamente no sólo por la oligarquía y el imperio sino por una buena parte de nuestro pueblo? Explicarlo no es fácil, y entenderlo para quien no lo haya vivido es todavía más difícil.
Trazando una explicación: breve reseña
Para entender qué ha pasado con la guerrilla colombiana hay que retrotraerse a la década de los años 60. En esos años se superpusieron dos tipos de lucha: a) la resistencia armada campesina gaitanista, liberal, en declive después de batallar por más de una década tras el asesinato de Gaitán (1948). b) La insurgencia revolucionaria de amplios sectores de la juventud y la intelectualidad colombiana estimulada por el triunfo de la revolución cubana (1959).

La oligarquía temerosa que “una chispa pudiera encender la pradera” decide aniquilar cualquier tipo de agrupación guerrillera. En 1961 se ofreció un proceso de reinserción que no fue considerada por los líderes campesinos ante los asesinatos de Guadalupe Salcedo, Dulmar Aljure y otros dirigentes traicionados por sus jefes políticos liberales. Por ello, el gobierno de Guillermo León Valencia (1962-66) decide atacar y arrasar militarmente a las llamadas “repúblicas independientes” que eran un reducto de campesinos en resistencia ubicados en Riochiquito (Cauca), Marquetalia (Tolima), y El Pato y Guayabero (Meta).
En respuesta defensiva los principales dirigentes agrarios encabezados por Pedro Antonio Marín (Manuel Marulanda Vélez), Ciro Trujillo, Ciro Castaño y otros, se agrupan, deciden resistir y se “enmontan”. De allí surgen las FARC. Su base social fue durante mucho tiempo el campesinado desplazado hacia la frontera agrícola que sufrió la violencia hacendataria de los años 50s, “chulavita”, conservadora, de esa época de terrorismo terrateniente. Ese fue su fuerte y retaguardia estratégica.
Por otro lado, la joven dirigencia revolucionaria colombiana de entonces no tenía una estrategia unificada. Unos creían en la teoría “foquista”, veían el triunfo a corto plazo. En esa dinámica entra el ELN cuando invita al cura Camilo Torres a alistarse. Otros se plantean la tesis maoísta de la “guerra popular prolongada”. Intentan crear zonas o bases de apoyo en el nordeste antioqueño (EPL) sin percatarse que la oligarquía y el imperio estadounidense tenían un fuerte control sobre las principales áreas del territorio.
Otro sector, de origen obrero-sindical (MOIR) rechaza el camino del “guerrillerismo guevarista pequeñoburgués”, como lo denominó su principal dirigente Francisco Mosquera. Se plantean una línea de trabajo paciente con las masas, participan desde 1970 en las elecciones y se trazan una estrategia de acumulación de fuerzas hacia una eventual insurrección popular que sería la base de una “revolución de nueva democracia”. Su gran falencia: definir a la URRS (“social-imperialismo soviético”) como el principal enemigo de la humanidad lo que los llevó a un duro enfrentamiento con el Partido Comunista y las FARC.
Los dirigentes de las FARC ya eran guerrilleros cuajados en la lucha armada. Fueron obligados a construir una guerrilla “andante”, una “autodefensa campesina móvil”, que sería – según ellos - una especie de retaguardia armada del pueblo a la espera de un levantamiento popular. Es en defensa de su vida que ellos actúan. Así se va conformando el planteamiento y la práctica de la “combinación de las diferentes formas de lucha”.
En 1970 la oligarquía desconoce la elección presidencial del general Gustavo Rojas Pinilla. Jaime Bateman Cayón, un extraordinario dirigente comunista formado en las FARC, reacciona a tal hecho y con un grupo de jóvenes con formación militar y de intelectuales socialistas que se habían afiliado a la Anapo [1], lanzan el movimiento político-militar denominado M-19. Ellos planteaban que la lucha guerrillera campesina era desgastante, que se requería estimular al pueblo con un proyecto que mostrara vocación de poder, de ser gobierno, y para ello era necesario impactar con acciones y mensajes políticos a la población de las ciudades.
En retrospectiva todas esas estrategias eran relativamente válidas. Fueron una expresión de lucha de las diferentes clases y sectores sociales, de sus particulares condiciones de vida y de sus miradas políticas diversas. Sin embargo, el entorno internacional y la falta de madurez de la dirigencia revolucionaria convirtieron esas diferentes experiencias de resistencia en un terreno fértil para la rivalidad y el sectarismo. Ese enfrentamiento se refleja todavía en las expresiones políticas legales que tuvieron allí su origen.
En la década de los años 80s las múltiples formaciones guerrilleras obligan a las clases dominantes a diseñar una estrategia de Paz en el gobierno de Belisario Betancur (1982-86). La oligarquía tiene en ese instante graves problemas de gobernabilidad. El ajuste impuesto por el FMI como parte de la política neoliberal diseñada por los gobiernos de Reagan y Tatcher les augura mayores problemas. Se podría decir que la insurgencia revolucionaria tenía a principios de la década de los años 80 una situación estratégica inmejorable. ¿Qué pasó entonces?
El factor de la economía del narcotráfico y los errores de la insurgencia
Desde los años 70 se inicia en Colombia el cultivo, procesamiento y tráfico de marihuana y de cocaína. El poder narco de la familia Ochoa Vásquez y de Carlos Ledher estaba en surgimiento. A su sombra aparecía Pablo Escobar y Rodríguez Gacha. La guerrilla nunca se percató que una actitud connivente con la mafia narcotraficante iba a constituirse en su gran traspié. La oligarquía colombiana y – seguramente el gobierno de los EE.UU. – dejaron que ese fenómeno mafioso creciera y se reprodujera. Ya tenían la experiencia de Laos y Camboya.

En la región del Magdalena Medio conformada por zonas aledañas al río Magdalena de los departamentos de Cundinamarca, Tolima, Caldas, Antioquia, Boyacá, Santander y sur de Bolívar, se produce una confluencia muy especial. Dineros de la mafia compran la protección temporal de la guerrilla para apropiarse de grandes haciendas que en pocos años se convierten en la base territorial del paramilitarismo. Allí nace el MAS (Muerte a Secuestradores) y se entrenan los cuadros militares de las futuras “Autodefensas Campesinas”. Yair Klein y otros mercenarios israelíes acompañados de altos mandos militares colombianos fundan los campos de entrenamiento paramilitar.
Un poder oscuro y criminal se fortalece a la vista de la insurgencia. Nunca se pensó que la oligarquía tuviera la capacidad de utilizar hábilmente diversas alianzas con la mafia para desaparecer – asesinando – a dirigentes demócratas liberales como Luis Carlos Galán y a líderes de izquierda como Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro. Ellos fueron la cuota inicial de la posterior masacre de más de 3.000 militantes de la Unión Patriótica, de otras organizaciones de izquierda y de muchos funcionarios honestos que se atravesaron en su camino. Entonces como ahora, la mafia hizo el trabajo sucio.
Es de anotar que en regiones como el Cauca y Nariño, en donde los “cultivos de uso ilícito” han sido parte de la economía campesina (indígena, afro y mestiza) desde hace más de 30 años, no surgió el terrateniente mafioso. Ello explica que el fenómeno del paramilitarismo no adquiriera una forma autóctona porque no tuvieron base de apoyo. Los frentes de las AUC (Calima, y otros) que actuaron en la región suroccidental de Colombia estaban integrados por gente traída de otras regiones, especialmente de la Costa Caribe y Antioquia.
Lo demás ya es suficientemente conocido. A partir de los años 90 en Antioquia se consolida la convergencia entre la elite política terratenientes (Uribe), la cúpula estratégica del paramilitarismo (Carlos Castaño), y un grupo de intelectuales surgidos en la izquierda resentidos con las FARC [2]. Esa alianza obtiene el visto bueno y la financiación de los empresarios y el apoyo de la cúpula militar.
La estrategia de la guerrilla fariana, al convertir al campesinado rico y medio en su objetivo militar (objeto de su política de impuestos, secuestro, extorsión, etc.), y una lectura incorrecta de su capacidad militar, que había sido obtenida y financiada gravando la economía del narcotráfico, le ayudó a la oligarquía a convertirlos en el enemigo número uno del pueblo colombiano. Los ataques indiscriminados a pueblos en donde la población civil era sacrificada, los continuos bloqueos a vías, retenes y la práctica de las “pescas milagrosas” (secuestros masivos), fueron dándole a las clases dominantes el motivo y la forma de aislar a la guerrilla de las bases sociales que los apoyaban aún en la época de las negociaciones de Paz con el presidente Pastrana (1998-2002).
En ese proceso de diálogo la oligarquía logró mostrarse magnánima y ansiosa por firmar la Paz. Despejó una amplia región del sur de Colombia (El Caguán) y dialogó con la guerrilla durante tres (3) años. Mientras tanto firmaban el Plan Colombia con el gobierno de los EE.UU. y se preparaban para lanzar la supuesta “ofensiva final”.
El prometido desenlace y la dinámica hacia el futuro
El gobierno de Uribe – sobre ese acumulado – prometió derrotar a las FARC y erradicar el narcotráfico en un año. Ocho años duró en el gobierno usando y manipulando la lucha “anti-terrorista”. Santos ha llegado para continuar su obra. La muerte del “Mono” Jojoy sólo es un accidente más en una guerra irregular que se alimenta de la economía del narcotráfico. Hace parte de una estrategia de dominación colonial y neo-colonial que somete a nuestro país, se apodera y expolia las riquezas y el trabajo de nuestra gente, y además, se presenta como el gran aliado salvador frente al “terrorismo”.

Desde hace 8 años nos tienen “engatusados” con la destrucción total de las FARC. Cada golpe contra la guerrilla está fríamente calculado para que sirva a ese objetivo mediático. No es casual que el presidente Santos estuviera en Nueva York participando de las sesiones de la ONU y tuviera programada la entrevista con Obama. Seguirán montando nuevos shows para poder anular la capacidad de reflexión de nuestro pueblo. La guerra anti-terrorista es la mejor fórmula para presentar a la antinacional oligarquía colombiana como la gran defensora de la Patria.
Además, esa campaña mediática también les sirve para intentar ocultar los graves crímenes cometidos durantelos últimos 30 años usando de fachada la lucha contra la subversión. Hoy más que nunca necesitan tapar sus delitos, que han empezado a ser develados y denunciados ante la justicia internacional, empezando por las desapariciones del Palacio de Justicia que comprometen a la alta cúpula militar.
Pero son otros los problemas que a los actuales gobernantes les preocupa. El ajuste que el gobierno prepara en el terreno económico, el re-direccionamiento de los recursos de las regalías petroleras y mineras para enmascarar el déficit presupuestal, la reforma de la salud que urgen para cubrir la grave crisis financiera de ese sector, el apretón en impuestos que van a tener que aplicar dada la situación fiscal que tiene el gobierno, el crecimiento del desempleo, las nuevas condiciones que tienen que ofrecer a las inversiones extranjeras especialmente en contratación laboral y costo de la mano de obra, la reacción de la población a dichas “reformas”, todo ello y mucho más, es lo que en verdad les inquieta.
Los demócratas colombianos no podemos confundirnos. No se puede negar que la estrategia de degradación de la guerra planificada por el imperio y la oligarquía acudiendo a la economía del narcotráfico no tuvo una respuesta política e inteligente de parte de la insurgencia. No es posible ocultar la crueldad y la brutalidad de muchas de las acciones de la guerrilla. Por ello, ni celebramos ni justificamos la muerte de campesinos a los que les tocó ser sujetos de una guerra atroz, impuesta, manejada y manipulada desde el exterior.
Hoy el pueblo colombiano necesita la Paz para quitarse el velo que le impide ver la realidad. Observamos con lástima y preocupación cómo la dirigencia insurgente – por sí misma – es incapaz de salir de esa trampa. Tienen con qué seguir resistiendo, lo hacen con convicción de lucha, han entregado su vida en esa guerra y frente a las condiciones económicas y sociales de la población, no ven otro camino más que morir en su ley.
Sólo un gran movimientodemocrático que tenga claridad frente a los orígenes del conflicto armado y a su evolución posterior, puede sacarnos de esta tragedia histórica. La conquista de la Paz, la eliminación de la economía del narcotráfico que nos degrada como Nación, el rescate de nuestra soberanía y la construcción de una democracia incluyente, siguen siendo las tareas inmediatas de la sociedad colombiana.
En ese proceso político civilista tendremos que construir escenarios de Paz, haciéndoles entender a los jefes guerrilleros que su estrategia armada hoy en día sólo le sirve a los enemigos de nuestro pueblo.
[1]ANAPO: Alianza Popular Nacional, partido político fundado por Gustavo Rojas Pinilla en 1953.
[2] Un grupo de intelectuales salidos de la regional del Moir son los ideólogos de Uribe.