viernes, 1 de octubre de 2010

NOTAS SOBRE EL GOLPE EN ECUADOR

NOTAS SOBRE EL GOLPE EN ECUADOR

Popayán, 1º de octubre de 2010
La acción “provocadora” y audaz del presidente Correa frente a la rebelión policial abortó el curso del golpe militar en el Ecuador. La rápida y oportuna reacción al declarar la emergencia interior e implantar el control total del Estado sobre las comunicaciones radiales y televisivas, fue fundamental para derrotar a las fuerzas complotadas de la oligarquía y el imperio.
El golpe tenía la siguiente secuencia: radicalizar a la policía infiltrada por la oposición de derecha; movilizar a sectores de los trabajadores del Estado y a sectores indígenas en “solidaridad” contra la Ley de Servicio Civil, aprovechando los recientes enfrentamientos con el gobierno; generar desórdenes y saqueos; neutralizar al conjunto de la población; “crear” mediáticamente un vacío de poder, y rematar con la intervención del ejército.
Diversos hechos lo prueban. El apoyo formal, tardío, y después condicionado a la “revisión de la Ley” de la cúpula militar (General Gonzáles). Las declaraciones de Gilmar Gutiérrez, cabeza de la oposición, llamando a “buscar una salida institucional a la ingobernabilidad”. El lanzamiento del libro “El Gran Hermano”. La intentona golpista fue coordinada, simultánea en varias ciudades y, contó con la participación de sectores radicalizados minoritarios del estudiantado (de derecha y de “izquierda maoísta”).
La experiencia del Ecuador deja ver las debilidades de nuestros procesos de cambio en América Latina. La base social de nuestras “revoluciones” es realmente débil. Además, falta claridad política frente a los intereses del imperio y de las oligarquías, y la forma ladina y artera como actúan para defenderlos.
30 años de neoliberalismo han dejado a un sector de los trabajadores del Estado (salud, educación, empresas de servicios) amarrados a sus “derechos laborales adquiridos”. Son trabajadores a la defensiva, en donde ha hecho carrera una mentalidad reaccionaria, gremialista, egoísta, estrecha.
El movimiento indígena – influido por posiciones “indigenistas” y “anti-extractivistas” y, en parte, por la acción ideológica y política de la infiltración pagada de los gringos – ha jugado en este caso en contra de la tarea principal: consolidar la independencia nacional.
Su dirigencia ha vacilado en un momento clave. Sus mismas bases sociales muy seguramente - con su instinto popular -, les van a cobrar políticamente sus “errores”.
Los “socialistas de palabra” también hacen su labor de confusión cuando – realmente - hay muy poco por socializar.
El grueso de la población – el proletariado “informalizado” (obreros, microempresarios, trabajadores de la economía “informal”, desempleados, etc.) – es la verdadera base de nuestras revoluciones, a la cual hay que organizar y plantearle la construcción de una economía “propia”, nacional, democratizada, solidaria, de resistencia, comunitaria, diversificada. Es la parte compleja de la tarea.
Si a este sector de la población sólo se le llega desde el Estado con la ampliación de la cobertura de los servicios públicos (agua, electricidad, salud, educación, saneamiento básico, etc.) y no se lo organiza alrededor de verdaderos y efectivos proyectos de producción a todos los niveles, esa base social se va a mantener al lado de la revolución en forma precaria. Un apoyo de esa naturaleza es estructuralmente débil. Es una especie de “clientelismo estatal de nuevo tipo”, que no sólo es un soporte efímero e inestable para el proceso de cambio sino insostenible hacia el futuro. La debilidad que empieza a mostrar el proceso venezolano está relacionada con este problema.
Los servicios sociales estatales necesitan una base productiva real para poder sostenerse en el tiempo. No tener en cuenta este aspecto fue uno de los grandes pecados de la experiencia socialista del siglo XX.
A una sociedad como la del Ecuador – para hacer esa recuperación de la base productiva – le toca temporalmente “formar alianzas amplias con grupos de derecha (léase capitalistas nacionales y extranjeros) en la minería, en el petróleo, agro-negocios, etc.”[1]
De no hacerlas, rápidamente el Estado entraría en insolvencia y las mismas masas populares tumbarían al gobierno. Esa es parte de nuestra realidad “post-neoliberal”.
La falla del presidente Correa y del Movimiento Alianza-PAIS, consiste en que no han hecho explícita esa alianza que hay que establecer – incluso -, con sectores muy poderosos. Es parte del riesgo que tiene que ser asumido en una situación como la actual, y por tanto, o falta divulgar la estrategia o no la tienen bien clara. El vice-presidente García Linera en Bolivia es quien mejor hace conciencia sobre esa realidad de nuestros procesos.
El grueso de la dirigencia y base social, tanto de los trabajadores del Estado como del movimiento indígena – con la excepción de los que están siendo infiltrados por el imperio con toda clase de ONGs pagadas por la USAID – puede entender, compartir e impulsar dicha estrategia, y para ello el gobierno de Correa debe mejorar su capacidad de diálogo, recuperar el “carácter constituyente” del proceso y no caer en actitudes sectarias y/o autoritarias.
Es urgente - prioritario, esencial -, hacer seguimiento y analizar el comportamiento de las diferentes clases sociales y sectores de clase, y de sus respectivas expresiones políticas, frente a este “golpe de mano abortado pero no derrotado”.
Desde el Brasil, Lucio Gutiérrez tenía todo el libreto claro y completo. Su hermano quería oficializarlo en la Asamblea Nacional. El curso de los acontecimientos les malogró sus planes siniestros. El pueblo ya cobrará su traición.
NOTA: Santos tiene la orden gringa de “liderar” a la UNASUR. Se coordinó con Alan García y Sebastián Piñera, y actuaron rápido. Van a comportarse como “caballos de Troya”. Están trabajando una especie de “nuevo nacionalismo tibio” para llevar a la Unasur a negociar con los EE.UU.

[1] Frase Delfín Tenesaca de Ecuarunari, cuestionando ese tipo de alianzas. Ver: http://www.kaosenlared.net/noticia/delfin-tenesaca-hay-diferencia-gobierno-pero-no-apoyamos-dictadura-ni-

lunes, 27 de septiembre de 2010

EL VÍNCULO DIALOGANTE Y CUÁNTICO

EL VÍNCULO DIALOGANTE Y CUÁNTICO

Popayán, 27 de septiembre de 2010

ü Casi todos enviamos mensajes pero no dialogamos.

ü Estamos acostumbrados a que los demás nos den la razón.

ü Si las personas que se relacionan no están dispuestos a re-elaborar lo que piensan con base en lo que el otro le transmite, no habrá diálogo.

ü Si los individuos se ponen de acuerdo en forma absoluta, se acaba el diálogo.

ü El diálogo sólo perdura si las personas que lo utilizan lo ven como una herramienta creativa.

ü Si el diálogo se utiliza para satisfacer egos, rápidamente se marchita.

ü Siempre habrá puntos de discordia que deberán ser explorados y profundizados por medio del diálogo, que son los puntos que hacen creativa y fructífera la relación.

ü Una relación de ese tipo – creativa y fructífera para los dialogantes – se va convirtiendo en un verdadero vínculo “cuántico”.

ü Las personas terminan siendo cómplices y exploradores de sus desacuerdos más que de sus coincidencias. Así, la relación se vuelve fluida.

ü Se va convirtiendo en una relación con una base común – interés mutuo – pero en donde los dialogantes tienen cierta percepción no explícita de sus vacíos, falencias, debilidades y hasta temores, y de los del "otro", pero no los utiliza para “ganar” la discusión sino para ayudarlo a avanzar.

ü Si esa percepción – que puede bordear intimidades - se hace explícita, puede perder la magia. Sólo un alto nivel de confianza sería el complemento.

ü No es fácil conseguir un grado de relación de este tipo. Se necesita cierta predisposición, sensibilidad, capacidad crítica y mucho amor humano para construir este tipo de vínculo dialogante.

ü Nuestro pueblo necesita que construyamos vínculos de esta clase.

ü Una fuerza construida con esos vínculos es indestructible. Lo demás se diluye.

viernes, 24 de septiembre de 2010

¡VAYA CONFLICTO TAN DIFICIL DE ENTENDER!

Con ocasión de la muerte del“Mono” Jojoy…

¡VAYA CONFLICTO TAN DIFICIL DE ENTENDER!

Popayán, 24 deseptiembre de 2010

A mucha gente en el exterior le queda difícil entender la situación colombiana. En la reciente posesión de Juan Manuel Santos el presidente del Congreso Armando Benedetti mencionó que Colombia era el 2º país más desigual de América y citó numerosas y contundentes cifras sobre los niveles de pobreza e inequidad en que vive la mayoría de los colombianos. Tal intervención no fue del gusto del presidente saliente Álvaro Uribe Vélez, y seguramente los potentados colombianos en Miami, New York, Madrid y Barcelona deben haber dicho al unísono: “¡Qué impertinencia!”

En contraste los medios de comunicación presentan a diario las cifras de las exorbitantes ganancias obtenidas en Colombia por las empresas transnacionales y los 5 grupos económicos “nacionales” que monopolizan la riqueza nacional. También se reporta a diario cómo el capital extranjero se apodera de los recursos naturales de importantes regiones del país mediante una estrategia de intervención territorial que aprovecha la debilidad de una sociedad que anhela un efectivo progreso pero que es manipulada políticamente por una oligarquía que consiguió presentar a la guerrilla como el principal enemigo del país.
El mundo se sorprende al escuchar noticias tan contradictorias. El evidente impacto de la economía del narcotráfico; la permanente violencia guerrillera, paramilitar y delincuencial, tanto en el campo como en las ciudades; la visible corrupción política y administrativa a todos los niveles del Estado; las denuncias de los “falsos positivos” o asesinatos de jóvenes para ser presentados como bajas guerrilleras; el escándalo de las “chuzadas” o interceptaciones ilegales de las comunicaciones privadas de magistrados, dirigentes de la oposición y periodistas que comprometen al saliente gobierno de Uribe. En fin, la percepción es de una sociedad en descomposición y un “Estado fallido”.
En cualquier otro país con las condiciones de Colombia la rebelión no sólo se justificaría sino que sería aplaudida y apoyada. ¿Qué pasó en nuestro país con la lucha armada revolucionaria para que la muerte de un comandante guerrillero como el “Mono”Jojoy sea celebrada jubilosamente no sólo por la oligarquía y el imperio sino por una buena parte de nuestro pueblo? Explicarlo no es fácil, y entenderlo para quien no lo haya vivido es todavía más difícil.
Trazando una explicación: breve reseña
Para entender qué ha pasado con la guerrilla colombiana hay que retrotraerse a la década de los años 60. En esos años se superpusieron dos tipos de lucha: a) la resistencia armada campesina gaitanista, liberal, en declive después de batallar por más de una década tras el asesinato de Gaitán (1948). b) La insurgencia revolucionaria de amplios sectores de la juventud y la intelectualidad colombiana estimulada por el triunfo de la revolución cubana (1959).

La oligarquía temerosa que “una chispa pudiera encender la pradera” decide aniquilar cualquier tipo de agrupación guerrillera. En 1961 se ofreció un proceso de reinserción que no fue considerada por los líderes campesinos ante los asesinatos de Guadalupe Salcedo, Dulmar Aljure y otros dirigentes traicionados por sus jefes políticos liberales. Por ello, el gobierno de Guillermo León Valencia (1962-66) decide atacar y arrasar militarmente a las llamadas “repúblicas independientes” que eran un reducto de campesinos en resistencia ubicados en Riochiquito (Cauca), Marquetalia (Tolima), y El Pato y Guayabero (Meta).
En respuesta defensiva los principales dirigentes agrarios encabezados por Pedro Antonio Marín (Manuel Marulanda Vélez), Ciro Trujillo, Ciro Castaño y otros, se agrupan, deciden resistir y se “enmontan”. De allí surgen las FARC. Su base social fue durante mucho tiempo el campesinado desplazado hacia la frontera agrícola que sufrió la violencia hacendataria de los años 50s, “chulavita”, conservadora, de esa época de terrorismo terrateniente. Ese fue su fuerte y retaguardia estratégica.
Por otro lado, la joven dirigencia revolucionaria colombiana de entonces no tenía una estrategia unificada. Unos creían en la teoría “foquista”, veían el triunfo a corto plazo. En esa dinámica entra el ELN cuando invita al cura Camilo Torres a alistarse. Otros se plantean la tesis maoísta de la “guerra popular prolongada”. Intentan crear zonas o bases de apoyo en el nordeste antioqueño (EPL) sin percatarse que la oligarquía y el imperio estadounidense tenían un fuerte control sobre las principales áreas del territorio.
Otro sector, de origen obrero-sindical (MOIR) rechaza el camino del “guerrillerismo guevarista pequeñoburgués”, como lo denominó su principal dirigente Francisco Mosquera. Se plantean una línea de trabajo paciente con las masas, participan desde 1970 en las elecciones y se trazan una estrategia de acumulación de fuerzas hacia una eventual insurrección popular que sería la base de una “revolución de nueva democracia”. Su gran falencia: definir a la URRS (“social-imperialismo soviético”) como el principal enemigo de la humanidad lo que los llevó a un duro enfrentamiento con el Partido Comunista y las FARC.
Los dirigentes de las FARC ya eran guerrilleros cuajados en la lucha armada. Fueron obligados a construir una guerrilla “andante”, una “autodefensa campesina móvil”, que sería – según ellos - una especie de retaguardia armada del pueblo a la espera de un levantamiento popular. Es en defensa de su vida que ellos actúan. Así se va conformando el planteamiento y la práctica de la “combinación de las diferentes formas de lucha”.
En 1970 la oligarquía desconoce la elección presidencial del general Gustavo Rojas Pinilla. Jaime Bateman Cayón, un extraordinario dirigente comunista formado en las FARC, reacciona a tal hecho y con un grupo de jóvenes con formación militar y de intelectuales socialistas que se habían afiliado a la Anapo [1], lanzan el movimiento político-militar denominado M-19. Ellos planteaban que la lucha guerrillera campesina era desgastante, que se requería estimular al pueblo con un proyecto que mostrara vocación de poder, de ser gobierno, y para ello era necesario impactar con acciones y mensajes políticos a la población de las ciudades.
En retrospectiva todas esas estrategias eran relativamente válidas. Fueron una expresión de lucha de las diferentes clases y sectores sociales, de sus particulares condiciones de vida y de sus miradas políticas diversas. Sin embargo, el entorno internacional y la falta de madurez de la dirigencia revolucionaria convirtieron esas diferentes experiencias de resistencia en un terreno fértil para la rivalidad y el sectarismo. Ese enfrentamiento se refleja todavía en las expresiones políticas legales que tuvieron allí su origen.
En la década de los años 80s las múltiples formaciones guerrilleras obligan a las clases dominantes a diseñar una estrategia de Paz en el gobierno de Belisario Betancur (1982-86). La oligarquía tiene en ese instante graves problemas de gobernabilidad. El ajuste impuesto por el FMI como parte de la política neoliberal diseñada por los gobiernos de Reagan y Tatcher les augura mayores problemas. Se podría decir que la insurgencia revolucionaria tenía a principios de la década de los años 80 una situación estratégica inmejorable. ¿Qué pasó entonces?
El factor de la economía del narcotráfico y los errores de la insurgencia
Desde los años 70 se inicia en Colombia el cultivo, procesamiento y tráfico de marihuana y de cocaína. El poder narco de la familia Ochoa Vásquez y de Carlos Ledher estaba en surgimiento. A su sombra aparecía Pablo Escobar y Rodríguez Gacha. La guerrilla nunca se percató que una actitud connivente con la mafia narcotraficante iba a constituirse en su gran traspié. La oligarquía colombiana y – seguramente el gobierno de los EE.UU. – dejaron que ese fenómeno mafioso creciera y se reprodujera. Ya tenían la experiencia de Laos y Camboya.

En la región del Magdalena Medio conformada por zonas aledañas al río Magdalena de los departamentos de Cundinamarca, Tolima, Caldas, Antioquia, Boyacá, Santander y sur de Bolívar, se produce una confluencia muy especial. Dineros de la mafia compran la protección temporal de la guerrilla para apropiarse de grandes haciendas que en pocos años se convierten en la base territorial del paramilitarismo. Allí nace el MAS (Muerte a Secuestradores) y se entrenan los cuadros militares de las futuras “Autodefensas Campesinas”. Yair Klein y otros mercenarios israelíes acompañados de altos mandos militares colombianos fundan los campos de entrenamiento paramilitar.
Un poder oscuro y criminal se fortalece a la vista de la insurgencia. Nunca se pensó que la oligarquía tuviera la capacidad de utilizar hábilmente diversas alianzas con la mafia para desaparecer – asesinando – a dirigentes demócratas liberales como Luis Carlos Galán y a líderes de izquierda como Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro. Ellos fueron la cuota inicial de la posterior masacre de más de 3.000 militantes de la Unión Patriótica, de otras organizaciones de izquierda y de muchos funcionarios honestos que se atravesaron en su camino. Entonces como ahora, la mafia hizo el trabajo sucio.
Es de anotar que en regiones como el Cauca y Nariño, en donde los “cultivos de uso ilícito” han sido parte de la economía campesina (indígena, afro y mestiza) desde hace más de 30 años, no surgió el terrateniente mafioso. Ello explica que el fenómeno del paramilitarismo no adquiriera una forma autóctona porque no tuvieron base de apoyo. Los frentes de las AUC (Calima, y otros) que actuaron en la región suroccidental de Colombia estaban integrados por gente traída de otras regiones, especialmente de la Costa Caribe y Antioquia.
Lo demás ya es suficientemente conocido. A partir de los años 90 en Antioquia se consolida la convergencia entre la elite política terratenientes (Uribe), la cúpula estratégica del paramilitarismo (Carlos Castaño), y un grupo de intelectuales surgidos en la izquierda resentidos con las FARC [2]. Esa alianza obtiene el visto bueno y la financiación de los empresarios y el apoyo de la cúpula militar.
La estrategia de la guerrilla fariana, al convertir al campesinado rico y medio en su objetivo militar (objeto de su política de impuestos, secuestro, extorsión, etc.), y una lectura incorrecta de su capacidad militar, que había sido obtenida y financiada gravando la economía del narcotráfico, le ayudó a la oligarquía a convertirlos en el enemigo número uno del pueblo colombiano. Los ataques indiscriminados a pueblos en donde la población civil era sacrificada, los continuos bloqueos a vías, retenes y la práctica de las “pescas milagrosas” (secuestros masivos), fueron dándole a las clases dominantes el motivo y la forma de aislar a la guerrilla de las bases sociales que los apoyaban aún en la época de las negociaciones de Paz con el presidente Pastrana (1998-2002).
En ese proceso de diálogo la oligarquía logró mostrarse magnánima y ansiosa por firmar la Paz. Despejó una amplia región del sur de Colombia (El Caguán) y dialogó con la guerrilla durante tres (3) años. Mientras tanto firmaban el Plan Colombia con el gobierno de los EE.UU. y se preparaban para lanzar la supuesta “ofensiva final”.
El prometido desenlace y la dinámica hacia el futuro
El gobierno de Uribe – sobre ese acumulado – prometió derrotar a las FARC y erradicar el narcotráfico en un año. Ocho años duró en el gobierno usando y manipulando la lucha “anti-terrorista”. Santos ha llegado para continuar su obra. La muerte del “Mono” Jojoy sólo es un accidente más en una guerra irregular que se alimenta de la economía del narcotráfico. Hace parte de una estrategia de dominación colonial y neo-colonial que somete a nuestro país, se apodera y expolia las riquezas y el trabajo de nuestra gente, y además, se presenta como el gran aliado salvador frente al “terrorismo”.

Desde hace 8 años nos tienen “engatusados” con la destrucción total de las FARC. Cada golpe contra la guerrilla está fríamente calculado para que sirva a ese objetivo mediático. No es casual que el presidente Santos estuviera en Nueva York participando de las sesiones de la ONU y tuviera programada la entrevista con Obama. Seguirán montando nuevos shows para poder anular la capacidad de reflexión de nuestro pueblo. La guerra anti-terrorista es la mejor fórmula para presentar a la antinacional oligarquía colombiana como la gran defensora de la Patria.
Además, esa campaña mediática también les sirve para intentar ocultar los graves crímenes cometidos durantelos últimos 30 años usando de fachada la lucha contra la subversión. Hoy más que nunca necesitan tapar sus delitos, que han empezado a ser develados y denunciados ante la justicia internacional, empezando por las desapariciones del Palacio de Justicia que comprometen a la alta cúpula militar.
Pero son otros los problemas que a los actuales gobernantes les preocupa. El ajuste que el gobierno prepara en el terreno económico, el re-direccionamiento de los recursos de las regalías petroleras y mineras para enmascarar el déficit presupuestal, la reforma de la salud que urgen para cubrir la grave crisis financiera de ese sector, el apretón en impuestos que van a tener que aplicar dada la situación fiscal que tiene el gobierno, el crecimiento del desempleo, las nuevas condiciones que tienen que ofrecer a las inversiones extranjeras especialmente en contratación laboral y costo de la mano de obra, la reacción de la población a dichas “reformas”, todo ello y mucho más, es lo que en verdad les inquieta.
Los demócratas colombianos no podemos confundirnos. No se puede negar que la estrategia de degradación de la guerra planificada por el imperio y la oligarquía acudiendo a la economía del narcotráfico no tuvo una respuesta política e inteligente de parte de la insurgencia. No es posible ocultar la crueldad y la brutalidad de muchas de las acciones de la guerrilla. Por ello, ni celebramos ni justificamos la muerte de campesinos a los que les tocó ser sujetos de una guerra atroz, impuesta, manejada y manipulada desde el exterior.
Hoy el pueblo colombiano necesita la Paz para quitarse el velo que le impide ver la realidad. Observamos con lástima y preocupación cómo la dirigencia insurgente – por sí misma – es incapaz de salir de esa trampa. Tienen con qué seguir resistiendo, lo hacen con convicción de lucha, han entregado su vida en esa guerra y frente a las condiciones económicas y sociales de la población, no ven otro camino más que morir en su ley.
Sólo un gran movimientodemocrático que tenga claridad frente a los orígenes del conflicto armado y a su evolución posterior, puede sacarnos de esta tragedia histórica. La conquista de la Paz, la eliminación de la economía del narcotráfico que nos degrada como Nación, el rescate de nuestra soberanía y la construcción de una democracia incluyente, siguen siendo las tareas inmediatas de la sociedad colombiana.
En ese proceso político civilista tendremos que construir escenarios de Paz, haciéndoles entender a los jefes guerrilleros que su estrategia armada hoy en día sólo le sirve a los enemigos de nuestro pueblo.
[1]ANAPO: Alianza Popular Nacional, partido político fundado por Gustavo Rojas Pinilla en 1953.
[2] Un grupo de intelectuales salidos de la regional del Moir son los ideólogos de Uribe.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

EL TRIPLE SALTO MORTAL QUE PETRO NUNCA DIO

EL TRIPLE SALTO MORTAL QUE PETRO NUNCA DIO

Popayán, 15 de septiembre de 2010

“La confianza produce muchas veces la lealtad”, Séneca

En la entrevista con Rocío Londoño publicada en Razón Pública[1] con el título de “Tenemos que escaparnos del escenario del Polo”, Gustavo Petro presenta su mirada sobre la evolución del Polo, hace un balance de las pasadas elecciones y presenta su visión sobre la construcción de un “proyecto democrático que respete la multiplicidad”.

De acuerdo a su recuento él nunca se ha equivocado. Son los demás lo que lo hacen. Al no asumir una posición auto-crítica termina justificándose. Así no aprende ni puede enseñar. Se niega y anula a sí mismo. Impide que su inteligencia y capacidad pueda colocarse al servicio del proyecto político de amplio espectro que pregona y que – indudablemente -, es necesario para avanzar.

Lo que no dice Petro es que la alianza que predomina en el Polo entre la izquierda tradicional y el clientelismo polista (anapo-samperista), se consolidó gracias a él. En el I Congreso del Polo un sector con vínculos y arraigo en el movimiento social se aglutinó alrededor de Petro con el nombre de “socialismo siglo XXI”. Este bloque en alianza con los sectores más consecuentes del antiguo M-19 podía haber jugado como factor de equilibrio y de dinamización del Polo. La verdad, no se hizo el más mínimo esfuerzo por consolidarlo.

Asimismo, Petro en el proceso de convertirse en candidato presidencial/2010 alimentó - seguramente sin querer -, a quienes después lo neutralizaron. Antes del II Congreso del Polo negoció con los hermanos Moreno y con Dussán. El voto por el Procurador Ordóñez hizo parte de esos acuerdos. En diciembre/08, creyéndose mayoría dentro del Partido envía una carta a César Gaviria - presidente por entonces del partido liberal -, planteándole la “convergencia interpartidista”. Ello acrecienta la pugnacidad interna. Los demás integrantes del Polo lo perciben como rueda suelta. No se construye confianza. Es lo mismo que acaba de ocurrir con el electo presidente Santos.

El resto es lo conocido. Jugar con un pie adentro y otro afuera. Manejar el chantaje de irse o de quedarse. Se reivindica la democracia pero no se la sufre. Para ser candidato Petro hizo hasta lo imposible. Renunció a una parte de su programa. Cedió en lo programático a la izquierda tradicional después de haber ganado la consulta. Redujo sus propuestas a la “equidad social” dejándole el tema de la “legalidad democrática” a Mockus, cuando él había ayudado a construir ese concepto en su lucha contra el paramilitarismo y la parapolítica uribista.

Petro resigna la propuesta de “convergencia democrática” al darse cuenta que los “verdes” lo rechazan. Le ayuda a la izquierda tradicional a colocarle obstáculos a una posible alianza con los liberales. Ellos (Pardo) en enero de 2010 estaban dispuestos a jugársela en una consulta que coincidiera con las elecciones de marzo. Petro se sintió débil frente a la maquinaria liberal y no facilitó el acuerdo. Colocó por delante temas como la lucha contra las bases militares gringas y el TLC. Fue el primer torpedo real a la unidad anti-uribista.

Ya en campaña lo que se había sembrado fue cosechado. La mayoría del Partido sólo acompaña a Petro a partir del momento en que Mockus – torpemente – ataca al Polo. Se diseña la estrategia de convertir a los “verdes” en el contradictor principal para recuperar electores y superar el umbral del 4%. Cualquier asomo de convergencia quedó enterrado.

En el balance posterior a elecciones Petro vuelve a equivocarse. Desconoce el aporte de la izquierda tradicional a su campaña. Es claro que no le debe nada al “anapo-samperismo” que ya estaba arrimándose a Uribe para salvar el compromiso con el Metro de Bogotá. Esa incorrecta evaluación es lo que lleva a Petro a creerse el dueño de los 1,4 millones de votos. Se va solo a hablar con Santos repitiendo el error de no concertar con su partido. Vuelve y tropieza con la misma piedra.

La propuesta de “frente democrático” siempre ha sido correcta. Pero de esa forma es imposible construirla. Petro acaba de enviar una carta a los verdes, ASI y Podemos Cali. Desconoce en ella a su partido. Plantea temas que él cree prioritarios pero no muestra espíritu de convergencia sobre otros asuntos que los demás movimientos consideran importantes. Por ello no ha recibido – hasta ahora – la más mínima respuesta. Además, los otros partidos no quieren enfrentarse con la oficialidad del Polo ni involucrarse en una trifulca ajena.

Para poder construir un “proyecto democrático” hay que revisar lo sucedido. Todos nos hemos equivocado. Si no se construyen confianzas no hay nada. Así los “verdes” y el Polo hayan obtenido una votación “interesante”, hoy tenemos un panorama bien difícil de cara a las elecciones regionales: Un Santos a la ofensiva sin que aparezca una verdadera oposición que lo apriete y desenmascare. Un Uribe a la sombra medrando y esperando un nuevo turno. Un Polo sin norte llamando a enfrentar al gobierno sin poder hacerlo. Unos “verdes” que perdieron la “ola” y todavía no se han dado cuenta. Un Petro queriéndole “coger la caña” al gobierno pero sin ninguna fuerza real.

La única propuesta importante a destacar en la entrevista mencionada es lo que Petro denomina “territorializar la política”. Es lo que intentamos hacer en el Cauca y lo que asoma la cabeza en la Costa Caribe. Ojalá todos los partidos que quieren construir un país diferente ayuden a aclarar los objetivos del proyecto democrático. Si queremos acertar el año entrante hay que construir confianzas. Pero lo que debe quedar claro es que nadie puede ser vetado de antemano. Menos la izquierda tradicional (PC-Moir) que de una u otra manera sigue resistiendo la avalancha neoliberal. Seguro con errores y deficiencias pero, al fin y al cabo… ¿quién puede tirar la primera piedra?


martes, 14 de septiembre de 2010

PAGINAS SOBRE EL CAUCA (I)

PAGINAS SOBRE EL CAUCA (I)

Popayán, septiembre de 2010

El Cauca es un laboratorio de lucha social y política. En los últimos 50 años se han presentado diversas fases y ciclos de ese movimiento. Luchas visibles y calladas. Experiencias organizativas de diverso tipo. Ejercicios de gobierno local y regional. Recuperación de territorio por parte de los pueblos indígenas pero también pérdida de economías “propias” como las de las comunidades afro-norte-caucanas[1].

Avances y retrocesos. Triunfos y derrotas. Encuentros y desencuentros. Aprender de esa rica experiencia nos permite mejorar nuestra práctica actual y aportar a la construcción de la Patria Grande Latinoamericana avizorando un futuro post-capitalista. Solo lo haremos si somos conscientes de todo lo que somos.

La compleja diversidad de nuestra población – que en teoría es una riqueza potencial –, ha sido manipulada y convertida en un obstáculo para el avance. Las causas y circunstancias son muchas, pero el aspecto principal es la ausencia de democracia participativa. El menosprecio al pueblo por una clase dominante con mentalidad “colonial” se concreta en exclusión y discriminación racial, social y política. Es la base institucional de una existencia inequitativa e injusta que nos enfrenta y divide.

Una población supremamente heterogénea se encuentra en este espacio de 29.000 kms². Los pueblos “nativos” – originarios – de diversas etnias (Misak, Nasa, Kokonuco, Totoró, Eperara-Shapidara, Polindara, Ingano, y otros) constituyen sociedades en resistencia y en pleno desarrollo. Están ubicados en las montañas de la cordillera central y occidental, y algunos núcleos en la Costa Pacífica y la Bota Caucana.

Los pueblos “traídos”, afrodescendientes y yanaconas, múltiples en su procedencia y en su proceso de asentamiento regional. Las comunidades negras tienen cuatro centros de cohesión: el Norte del Cauca, la Costa Pacífica, el Valle del Patía e Itaibe en Tierradentro. Los yanaconas están ubicados en siete municipios del Macizo Colombiano, tienen cabildos en Cali y Popayán. Todos ellos están en proceso de auto-reconocimiento y construcción de identidad.

Los pueblos “surgidos” o “nacidos”, constituidos por los campesinos mestizos de todos los colores. La mayoría tiene origen autóctono. Otros han llegado en múltiples y continuas migraciones internas y externas. En Popayán, otros núcleos urbanos y alrededor de la carretera panamericana habita la mayor proporción de mestizos de ascendencia yanacona. Existen núcleos poblacionales de raíces “paisas” en el norte del Cauca (Corinto, Caloto), El Tambo (Playarrica, Costanueva, Huisitó), y múltiples migraciones nariñenses, huilenses y de otros departamentos. Esta población ha resistido en forma callada, aparentemente resignada, explotando en forma periódica en verdaderos levantamientos sociales como las marchas de La Salvajina (1984-86), el Paro de Rosas (1991), y la movilización del Suroccidente colombiano (1999).

Finalmente, quedan los “residuos” de la casta castellana dominante, parte de la cual se trasladó y asentó en Cali. Está representada por unas pocas familias que han mantenido “el linaje”. Pero le sobrevive una racionalidad aristocrática clasista que en algunos sectores subordinados se manifiesta en lo que denomino el “espíritu cortesano”. Éste se expresa de dos formas: por un lado, una actitud acomodaticia de quienes labran su ascenso social de manera conformista aceptando la dictadura de quienes manejan el Estado con carácter patrimonial; y por otra, una minoría que asume el camino de la “indocilidad anarquista”, que ha hecho de Popayán – al igual que Buga o Pamplona – una fuente de surgimiento de una intelectualidad rebelde que se manifiesta en diversas disciplinas (arte, crítica política, ambientalismo, y otras) pero que ha tenido grandes dificultades para encontrar una ligazón con el movimiento social.

A pesar de lo particular que podría parecer el Cauca – en verdad –, somos un reflejo de la Nación colombiana. Somos un “sancocho” al que le falta un hervor: no termina de cocinarse. Pero hoy, se dan todas las condiciones para que esa gran diversidad encuentre un punto de unidad. El fuego para fundir todas nuestras etnias, culturas y mestizajes es la necesidad de defender nuestros recursos naturales amenazados por la voracidad capitalista transnacional. La mano del cocinero que mueve el “revuelto” – evitando que se pegue en el fondo y se queme – es la conciencia de que existen los acumulados de resistencia social y política capaces de darle forma a un Nuevo Proyecto Político.

Cada sector étnico cultural – indio, afro, mestizo –; cada clase social – trabajadores, campesinos, sectores medios e intelectualidad citadina –; así seamos originarios, nativos, traídos, surgidos o allegados, podemos aportar en la construcción de la identidad caucana, y de paso ayudar a materializar nuestra nacionalidad colombiana que, es a la vez, parte de nuestro ser indo-afro-euro-americano.

En ese proceso debemos repotenciar lo mejor que tenemos, reconocer nuestras tres raíces, sin menospreciar ninguna de ellas. Sólo así, el “sancocho” podrá estar a punto, conseguir el sabor ideal y generar un gusto especial que será el motor de nuevas luchas y conquistas de alto valor ético colectivo y vital.

Si ponemos por delante los objetivos comunes y subordinamos los intereses particulares – sin necesidad de negarlos -, podremos lograrlo. ¡Intentémoslo!



[1] Las comunidades negras del Valle del río Palo en Caloto-Guachené y zonas aledañas construyeron a partir de mediados del siglo XIX la economía campesina libre más exitosa de América Latina. De allí surgió la fuerza económica que le dio vida a Puerto Tejada y en gran medida a Cali. Fue destruida por invasión de la plantación cañera capitalista de los ingenios azucareros.

lunes, 30 de agosto de 2010

CAUCA: SEÑOR GOBERNADOR, POR DIGNIDAD… ¡RENUNCIE!


CAUCA: SEÑOR GOBERNADOR, POR DIGNIDAD… ¡RENUNCIE!

Popayán, 30 de agosto de 2010

Formalmente, el Gobernador del Cauca Guillermo Alberto Gonzáles Mosquera está destituido. Sólo lo sostiene una triquiñuela legal. No aparecen los $16.000 millones de la salud y la educación depositados en Probolsa. Los escándalos en la Secretaría de Salud salen a flote. La prometida inversión en agua potable va a cuenta gotas. Además, la administración del Cauca aparece entre las 3 más ineficientes y corruptas del país.

Para completar el presidente Santos le dio una bofetada pública en el evento ‘Acuerdo para la Prosperidad’ que se realizó en Popayán el pasado fin de semana. Dijo: “El Cauca infortunadamente, tiene unos índices relativos muy altos en materia de pobreza. Para darles un ejemplo, a nivel nacional está del orden del 45 por ciento; en el Cauca está alrededor del 70 por ciento. Es el segundo departamento más pobre del país, después del Chocó.” Y añadió: “lo mismo sucede con la pobreza extrema.”[1]

Es una verdadera tragedia. En medio de la riqueza, la mayoría de los caucanos somos pobres o indigentes. Mientras Smurfit Kappa-Cartón Colombia y los grandes ingenios azucareros (Incauca y La Cabaña) hacen parte de las empresas con mayores índices de rentabilidad, la miseria crece en el Cauca. Mientras la transnacional Anglo Gold Ashanti se apodera de ricos yacimientos de oro desplazando violentamente a mineros y campesinos de sus territorios, cientos de miles de caucanos deben migrar a las ciudades o dedicarse obligatoriamente a sembrar o a “raspar” matas de coca.

Y ello podría ser peor si no es por la capacidad de resistencia y creatividad de nuestra gente. 83.000 familias de pequeños y medianos caficultores hacen su mejor esfuerzo por sostener sus cultivos, igual que 11.000 paneleros y más de 4.000 pequeños ganaderos, que están siendo acosados por la revaluación de la moneda y por la política económica neoliberal, incluyendo las normas “sanitarias” dirigidas a sacarlos del mercado.

Las cifras lo dicen todo. Es el fracaso histórico de una clase dirigente y de sus mandaderos cortesanos de ocasión, que prometen y prometen mientras recogen las migajas que les tiran los empresarios desde el Valle del Cauca, Antioquia, Bogotá, y desde el exterior. Es la demostración que se requiere mucho más que una “reingeniería técnica” en la administración departamental. Se necesita un cambio total, transformador, radical.[2]

Los empresarios caucanos y el conjunto de la población caucana debemos revisar qué está pasando. La descomposición social, la disparada de la delincuencia en los centros urbanos, y todos los problemas que se reflejan en las cifras y estadísticas, son consecuencia de un modelo de desarrollo que estimula la quiebra del pequeño productor agrícola y, lo obliga a desplazarse a la ciudad. Por ello necesitan “titular” los predios, para que puedan vender a los grandes empresarios y multinacionales. Así sacaron del campo a los campesinos negros del norte del Cauca.

Ha llegado la hora de cambiar esa tendencia. Debemos apropiarnos de nuestras riquezas y nuestro territorio. Tenemos que diseñar nuestro propio desarrollo. No cambiar el oro por el moro, no satisfacernos con una pocas regalías que se las lleva el viento y la corrupción. Los caucanos podemos revertir ese proceso, para poner de verdad “arriba el Cauca”, pero no en las cifras de pobreza, misería y corrupción.

Señor Gobernador, por dignidad, ¡renuncie!

[1] El Liberal: http://www.elliberal.com.co/index.php?option=com_content&task=view&id=34813&Itemid=85

[2]Las gobernaciones y asambleas departamentales sólo son “cascarones vacíos” al servicio del clientelismo y la politiquería. Si desaparecieran, ni nos daríamos cuenta
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sábado, 28 de agosto de 2010

CONTINÚA CON MÁS FUERZA LA RESISTENCIA CIVIL Y NO PAGO DE LA ENERGIA EN EL CAUCA

Silvia (Cauca), agosto 26 de 2010.

La lucha por el derecho a la energía es ahora contra la Multinacional ASHMORE ENERGY INTERNATIONAL A.E.I. representada en el Cauca por la COMPAÑÍA ENERGÉTICA DE OCCIDENTE.

La audiencia pública realizada el día 25 de agosto en el Municipio de Silvia, constituye el primer acercamiento oficial entre LA COORDINADORA DE LA ENERGIA y representantes de las directivas de la COMPAÑÍA ENERGÉTICA DE OCCIDENTE subsidiaria de la Multinacional ASHMORE ENERGY INTERNATIONAL A.E.I. El gerente de esta compañía quien estaba citado a la audiencia, no se hizo presente y por lo tanto no se llegó a ningún acuerdo frente a las exigencias de este movimiento.

Estas exigencias se resumen en cuatro puntos: a) condonación total de las deudas de los usuarios de los sectores populares, b) tarifas de $44/Kwh, c) Devolución de la Hidroeléctrica de la SALVAJINA y las 8 PCHs (pequeñas centrales hidroeléctricas) y d) indemnización a los caucanos por el robo continuado de la energía producida en el departamento.

Las anunciadas rebajas buscan calmar y desmovilizar la lucha de la coordinadora para luego, en el futuro cuando todo se calme volver a subirlas. Estas tarifas en nada solucionan el problema social e histórico creado en el departamento con el saqueo de nuestras fuentes de generación y el tratamiento abusivo por parte del gobierno nacional y el CARTEL DE LA ENERGÍA.

Sin embargo rescatamos el pronunciamiento del director de la oficina de Atención al cliente de la citada multinacional, Dr. Juan Pablo Constain quien se comprometió públicamente a respetar la RESISTENCIA CIVIL al corte del servicio por parte de las comunidades en el departamento del Cauca.

Es de resaltar que la audiencia pública contó entre otros, con una importante participación de delegados de la COORDINADORA DE LA ENERGÍA de los municipios de Piendamó, Jambaló y Popayán; de los resguardos de Guambia, Pitayó y la MARIA-Piendamó como también de la zona campesina de Usenda. Se hicieron presentes con su respaldo el alcalde de Silvia y miembros del concejo municipal de Jámbalo y Silvia.

Los delegados y La comunidad allí reunida, ratificamos nuestra decisión y determinación de continuar y ampliar la RESISTENCIA CIVIL y no pago del servicio de energía eléctrica, igualmente notificamos a ASHMORE ENERGY INTERNATIONAL A.E.I., que nuestra lucha es indefinida e irá hasta el final.

Solo derrotando el negocio….conquistaremos el derecho!!!

LA COORDINADORA DE LA ENERGIA

jueves, 26 de agosto de 2010

URIBE… ¿A LA PRESIDENCIA DE NACIONES UNIDAS?

Popayán, 26 de agosto de 2010

La fuerza política de Uribe consiste en que convenció a la mayoría de los colombianos de que todo lo que hizo – incluyendo los crímenes –, lo realizó en beneficio de la “patria”, y que el fin justifica los medios.

Ha conseguido que el país lo sienta como un héroe que es víctima de las circunstancias. Según esa matriz de pensamiento, todos los colombianos somos culpables por dejar crecer la “amenaza terrorista” y, no sólo nos merecemos la tragedia vivida, sino que debemos premiar – y perdonar - a quien lideró la alianza criminal.

La habilidad de Uribe – a diferencia de Fujimori – consistió en que involucró en la ejecución de los delitos a mucha gente: campesinos ricos y medios, a la clase política tradicional, a los grandes empresarios y hacendados, a ejecutivos de empresas transnacionales y a altos funcionarios del gobierno de los EE.UU.

Ello explica que el Departamento de Estado de los EE.UU. esté haciendo lobbypara posicionar a Álvaro Uribe Vélez como candidato a la presidencia de Naciones Unidas, en reemplazo del coreano Ban Ki-moon. Sería la carta imperial a la posible elección del brasileño Ignacio Lula Da Silva. Los perpetradores de la empresa criminal se cubren la espalda protegiendo a Uribe.

La vinculación del ex-presidente colombiano como profesor visitante en la Georgetown University, y la designación como vicepresidente del comité especial que investigará el ataque israelí a la “Flotilla de la Libertad”, serían los primeros pasos para llevarlo a esa importante posición. El objetivo: otorgarle inmunidad frente a cualquier tipo de proceso judicial que le pueda iniciar la Corte Penal Internacional.

En Colombia se desarrolló una sistemática guerra contra el pueblo a la sombra de la lucha anti-subversiva. Tres componentes tenía la cadena criminal: losverdugos, paramilitares y militares de niveles medios y bajos; los jefes de los verdugos, con Uribe a la cabeza de la cúpula de altos mandos militares, políticos y funcionarios; y los perpetradores, empresarios nacionales y extranjeros que se lucraron de todos los negocios, tierras, grandes proyectos y contratos que se movieron y – aún se mueven – al son de ese conflicto.

Es necesario entender que el poder imperial estadounidense aprovechó la debilidad de una oligarquía antinacional y corrupta - representada en Uribe -, para diseñar un plan integral de intervención territorial, que además de apoderarse plenamente de nuestras riquezas convirtió a Colombia en la principal punta de lanza contra las revoluciones nacionalistas que hoy encabezan en América Latina los pueblos venezolano, boliviano y ecuatoriano.

La resistencia y el trabajo sacrificado de miles de colombianos que no bajaron la guardia frente a la amenaza y la muerte, y la valentía de unos magistrados de la Corte Suprema de Justicia que no se dejaron amedrentar, pusieron en evidencia el tamaño y la brutalidad de los crímenes, y tanto el gobierno de Washington como las cúpulas capitalistas colombianas se percataron a tiempo de la imposibilidad de continuar con esa fórmula.

Hoy los verdaderos perpetradores de los crímenes juegan una nueva partida. Necesitan arreglar las cargas entre ellos, sacrificar a unos cuantos cómplices, comprar a contradictores sobornables, y quitar del camino a enemigos peligrosos. A la sombra de un gobierno de “buenas maneras”, con el supuesto “respeto a la institucionalidad”, en medio de la diplomacia y la lisonja, ya están rediseñando su nueva ofensiva contra lo que realmente les preocupa: que la verdadera conciencia nacional coja fuerza entre el pueblo colombiano.

Por ello, más allá de que Uribe sea o no condenado y castigado en el corto plazo – que debe serlo algún día -, la tarea principal es sacar a flote la maraña de intereses nacionales e internacionales que han estado – y están – detrás del holocausto colombiano.

Las víctimas de la atroz guerra que hemos vivido en los últimos 30 años sólo podrán ser reivindicadas, si su memoria sirve para derrotar políticamente a quienes a nombre de la “patria” – por codicia y afán de poder –se pusieron al servicio de intereses imperiales extranjeros.

Cómo lo demuestra la historia de tantos países, especialmente los del Cono Sur de América, si los perpetradores y verdugos siguen al frente del Estado, seguirán echando a la hoguera unos “cuantos perros flacos” mientras ellos disfrutan de las mieles del poder. Los Sabas Pretelt y los José Obdulios, siguen en la fila. Que no se nos pierda el gran objetivo.

domingo, 22 de agosto de 2010


SANTOS: ¿GOBIERNO REFORMISTA?

Popayán,agosto 20 de 2010


El gobierno del presidente Santos posa de “reformista” pero mantiene lo esencial de la política “uribista”. Ha presentado un conjunto de iniciativas y generado expectativas. Para actuar con acierto hay que identificar las motivaciones y la naturaleza de esos cambios.

No basta decir que es un gobierno continuista. El grueso de la población, así haya votado o no por Santos, anhela un cambio de rumbo. Ello no se puede desconocer. Tampoco sirve ilusionarse ingenuamente con los cambios y ayudarle a la oligarquía a engañar al pueblo.

Además, para convencer a millones de personas que no tienen mayores elementos de racionalidad política o económica, hay que ir más allá de los discursos o escritos, por más elaborados que éstos sean. Se requiere actitud y riesgo político.

Una mirada a las “reformas”

La orientación de los cambios que el gobierno entrante impulsa en el campo de las relaciones internacionales, justicia, tierras, víctimas, respeto a la oposición política y derechos humanos, refleja que las clases dominantes necesitan desatar el nudo gordiano que heredaron de Uribe, que les causa enormes dificultades con la comunidad internacional.

Quieren resolver los problemas que causó la captura del Estado por parte de la mafia, sin tocar para nada la economía del narcotráfico. Van a tratar de limpiar la imagen de ilegalidad y connivencia con el crimen, pero aspiran a esconder impunemente su propia complicidad. En esa tarea están dispuestos a convertir en “chivo expiatorio” al mismo Uribe y a sus cómplices. La oligarquía y el imperio no guardan lealtades.

Las demás “reformas”, como la de las regalías, el plan de choque frente al empleo y a la salud, y otras políticas económicas anunciadas, responden a la profunda crisis fiscal del Estado y a los efectos económicos – entre ellos la revaluación de la moneda -, de la política de apertura total y entrega de los recursos mineros y petrolíferos a la inversión extranjera.

Esos efectos los sufren los empresarios nacionales, exportadores de productos básicos y manufacturas. Generan desempleo y desmejoran, aún más, las condiciones de vida de los trabajadores colombianos. Para atenuar la situación restablecen las relaciones con Venezuela, se propone un subsidio para bajar costos de la energía eléctrica para las empresas, y un plan de formalización de micro-empresas, que se pinta como estímulo al empleo, pero que no pasará de ser un maquillaje a las cifras de empleo informal.

Otras iniciativas como la de acabar con la Comisión Nacional de Televisión, la creación de los nuevos ministerios (justicia, trabajo, vivienda), la reforma política y a la justicia, y otras, son sólo distractores de ocasión para acicalar su imagen “reformista”.

Nuestra actitud y acción política

El gobierno de Santos no es un gobierno reformista. Está proponiendo “reformitas” para engañar y engatusar incautos. Si - por ejemplo -, presentara una verdadera reforma para el sector agropecuario, tendríamos que llamar a acompañar esa política, porque ello traería importantes beneficios para el pueblo, y nos permitiría avanzar como Nación.

Juan Camilo Restrepo, ministro de Agricultura, en el debate sobre tierras convocado por Iván Cepeda y Wilson Arias del PDA y Guillermo Rivera del Partido Liberal, presenta sus ideas como la gran política de restitución de tierras y de desarrollo rural. Deja ver que el gobierno está decidido a entregar tierras. Pero, como lo demostró el senador Jorge Enrique Robledo en el debate sobre presupuesto para el sector agrícola, no cuenta con los recursos – ni con la voluntad política - para apoyar de verdad al sector agropecuario. [1] Elmismo ministro va a ser un idiota útil y, si es serio, debería terminar renunciando.

Santos quiere presentar ínfimos cambios como reformas. ¿Qué hacer? No basta decir que este gobierno es continuista y que no va a hacer nada. Eso suena a conformidad y negativismo. Para el grueso de la población hay que mostrar otra actitud. Debemos presentar – desde la oposición – un conjunto de iniciativas concretas, de cara al país y a la sociedad en general.

Por lo anterior es importante resaltar la intervención en el debate sobre garantías para la oposición del senador Camilo Romero del PDA. “No vamos a ser un adorno de la democracia” dijo con firmeza y carácter. En seguida el debutante parlamentario apuntó: “Como oposición tenemos el deber de hacerle cumplir las promesas al gobierno”.

En su intervención Camilo Romero dejó ver que piensa en grande: ser gobierno. Consecuente con ello le planteó al Ministro del Interior Germán Vargas Lleras, que a la hora de elaborar el Estatuto de Oposición piensen en el futuro “cuando a Ustedes les va a tocar hacer oposición”. Es una nueva actitud.

Si el gobierno promete empleo, desarrollo agropecuario, democracia, justicia, etc., debemos organizar autónomamente a nuestro pueblo para exigirle que cumpla con sus ofrecimientos, así nosotros sepamos que no puede hacerlo. Es algo lógico y simple en política.

Además, un partido que aspire a gobernar debe ir más allá. Debe contar con su propia agenda, parlamentaria y extra-parlamentaria, nacional e internacional. No se concibe como un partido democrático no presenta soluciones al problema de la economía del narcotráfico, cuando hasta el cantante Juanes, se atreve a plantear - desde México -, el tema de la legalización o regulación de las drogas.

Tampoco se entiende que los demócratas colombianos dejemos casi sola a Piedad Córdoba en la lucha por la Paz. Es necesario actuar en este terreno con contundencia. En forma autónoma e independiente frente a los actores de la guerra, debemos radicalizarnos y arriesgarnos por la Paz. [2] La Nación y el pueblo lo quieren y necesitan.

[1] “Con este presupuesto tan ridículo el agro no será una locomotora del desarrollo sino un Renault 4”. Ver: http://www.moir.org.co/Con-este-presupuesto-tan-ridiculo.html

[2] “A radicalizarnos por la Paz”. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=111463

domingo, 15 de agosto de 2010

¡A RADICALIZARNOS POR LA PAZ!

Según la oligarquía, Colombia ya está en “post-conflicto”

¡A RADICALIZARNOS POR LA PAZ!

Popayán, 15 de agosto de 2010

La clase dominante mantiene a nuestra sociedad “al borde de un ataque de nervios”. De la agudización del conflicto se pasa a la distensión, de la tregua al post-conflicto, y de allí, a una nueva exacerbación de la guerra. Es la “estrategia de la tensión”[1]. En ese ir y venir liquida a enemigos y contradictores políticos. Domina al mejor estilo del “macho controlador” que se aprovecha de las debilidades de su insegura mujer.

Desde tiempos de la Colonia, la oligarquía neo-granadina disfruta el poder usando la misma fórmula. Ha perfeccionado ese arte que le permite jactarse de tener la “democracia más antigua y estable de Latinoamérica”. Estimula y mantiene guerras solapadas y utiliza rebeliones controladas. Los gringos también han ayudado y aprendido en ese ejercicio de guerra irregular o guerras inteligentes de 4ª generación.

Arte practicado desde la conquista. Algunos pueblos originarios nunca fueron totalmente derrotados. Empero, las clases poderosas lograron dividir y debilitar a los pueblos indígenas. En nuestra región (Cauca), Sebastián de Belalcázar, lugarteniente de Francisco Pizarro, consiguió consolidar una alianza con pueblos nativos encabezados por los Chisquíos y, con ejércitos “yanaconas”[2], derrotó a la Gran Confederación de pueblos indios que se formó alrededor del hoy llamado Valle de Pubenza (Popayán y alrededores).

A algunos pueblos los “domesticaron” hasta hacerles perder su identidad. Llegaron a acuerdos con otros para aprovechar sus habilidades y recursos. A los que no podían derrotar, los “corrieron” hacia zonas marginales. Y a los más “peligrosos”, los exterminaron. Doctrina religiosa, guerra, enfermedades y toda clase de trampas, engaños y emboscadas fueron sus armas. Todo ello manteniendo las buenas costumbres castellanas y realizando cada año las pulcras y sagradas procesiones de Semana Santa.

No obstante, nuestros pueblos mestizos, afros, indios, de todos los colores y combinaciones, siguen resistiendo. Y también, aprendiendo.

La receta actual

Para la oligarquía y el imperio, Colombia ya está en “Post-conflicto”. La “unidad nacional” busca reintegrar a quienes se estaban alejando del bloque hegemónico: neoliberales, estatistas, burócratas, corruptos, mafiosos. Ya arrimó toda la tropa de dirigentes cortesanos que se cansaron de hacer oposición. No se necesitaba mucho esfuerzo. Son compadres.

También necesitan neutralizar a quienes en serio quieren construir un partido burgués. Les tiran mendrugos y mensajes conciliadores. Uno que otro puesto importante hará vacilar a aquellos que no quieren “embarrarse de pueblo”. Ese es el tire y afloje con el “sector democrático” del Polo y con los “verdes”. Tienen piezas y personas utilizables. Ya se cocinan las alianzas para gobernaciones y alcaldías. Algo deben ceder.

A los más rebeldes de la oposición no domesticable, les dan un tratamiento diferenciado. Los inofensivos, que se especializan en hacer excelentes debates en el Congreso pero que, - de allí no pasan -, los utilizan para decorar el entramado democrático, mientras se jubilan. A los más “radicales”, que eventualmente se salen de la norma, los desaparecen. Siempre habrá un nivel de desorden controlado para que ocurra uno que otro “accidente” o un “atentado terrorista sin origen determinado”.

Así han actuado y seguirán actuando. Es la constante histórica en Colombia. Conflictos, distensiones, treguas, post-conflictos, y nuevos conflictos. Círculo vicioso del caos intervenido y manipulado. Caldo de cultivo para personajillos con ínfulas de grandes hombres, pero con visión de corto plazo. Los grandes “cacaos”[3] y sus asesores gringos son los que mandan. Los presidentes sólo son mandaderos de un conglomerado plutocrático que ha ido adquiriendo formas corporativas “modernas”.

Por ello es que en estas tierras neo-granadinas - hasta la izquierda - le tiene miedo a la aparición de un verdadero caudillo popular.

La receta a veces falla

De vez en cuando, los controles fallan y se llega a extremos. En 1781, un movimiento rebelde (comunero) se salió del molde. El escarmiento fue brutal. En 1854, el general Melo se tomó la presidencia. Fue desterrado. En 1948, una verdadera amenaza “mestiza” (Gaitán) puso en jaque a la oligarquía. Después de 62 años no hemos superado el duelo.

En 2002 apareció una “nueva versión de libertador” – de origen mafioso - con ganas de pacificar definitivamente al país. Su meta era el 2019. Se creyó el cuento de que la oligarquía y el imperio lo apoyarían incondicionalmente. El pueblo, que lo sintió sincero y comprometido, se ilusionó también. Cerró los ojos y soportó inconcebibles y escandalosos crímenes con tal de alcanzar la Paz. Pero no. Ese camino era inviable.

Ahora vuelve la fórmula de la distensión, la tregua, el post-conflicto controlado. Quieren abrir la puerta del diálogo a cuenta gotas. La verdadera bandera de la Paz es peligrosa. Ellos necesitan de la guerra. Quieren esperar a que el pueblo se olvide de la meta “uribista”. Necesitan que la guerrilla se ilusione nuevamente, se tome un respiro. Que no se le vaya a ocurrir hacer la Paz de verdad.

Santos ya se siente en el post-conflicto. Debe mantener la ofensiva militar para calmar al “uribismo furibundo”: unos - los menos -, que en verdad creen en el exterminio; otros - la mayoría -, que viven de la guerra. Pero, los fondos económicos se agotan. Él sabe que los atentados de su mano derecha sirven para “ablandar” su mano izquierda. Quienes ayer lo atacaban por ser el ordenador de los “falsos positivos”, hoy se solidarizan con su política de distensión y su supuesto “respeto a la institucionalidad”.[4] Una política, dos estrategias.

Mientras pasan el mal momento económico restablecen relaciones con los vecinos. Ya llegará la ocasión de retomar la función de peón del imperio contra la revolución bolivariana. Así Santos tendrá la oportunidad de cumplir sus sueños de ser el Tony Blair o el Aznar de Latinoamérica. Mientras… nuevos territorios y riquezas se entregarán a la inversión extranjera. ¡Gracias a Dios, vuelve la normalidad!, dicen los oligarcas “decentes”.

Radicalismo pacifista

Desde el campo popular necesitamos romper el círculo vicioso. Decidirnos autónomamente por la Paz. Demandar con decisión a la insurgencia hacer actos de Paz, empezando por la liberación de rehenes y secuestrados. Exigir al gobierno el fortalecimiento de la justicia – con tutela internacional - para acelerar la condena de los criminales de guerra y sus cómplices que desde el Estado han delinquido durante los últimos 25 años.

Entre tanto hay que debatir a nivel de la sociedad los temas fundamentales para aclimatar una Paz duradera. Si en verdad quieren “diálogo nacional” hay que discutir sobre el modelo de desarrollo, economía del narcotráfico, equidad, tierras, tipo de Estado, tantos y cuantos temas, que deben ser trabajados, dilucidados, socializados.

Todos esos temas – si logramos desencadenar un verdadero movimiento democrático - deberán ser decididos por la sociedad, mediante mecanismos participativos, en un tiempo prudencial, sin que ello dependa de los acuerdos que deban hacer los actores bélicos del conflicto para integrarse a la sociedad.

Si nos radicalizamos por la Paz, manteniendo una posición autónoma y equilibrada frente a quienes desde vertientes opuestas han hecho la guerra, vamos a poder romper con el círculo del “conflicto controlado” que es la herramienta que le ha permitido a la oligarquía dominar por tantos siglos. Si tomamos partido por uno u otro bando, entraremos en su juego.

Que no nos de temor al radicalizarnos por la Paz. El círculo está casi roto, hay que volverlo añicos.



[1] Cívico, Aldo. “¿Estrategia de la tensión?”, El Espectador, domingo 15 de agosto de 2010.

[2] “Yanaconas”, categoría o nivel social subordinado del imperio Inca, que los españoles utilizaron como nombre genérico para designar a pueblos dominados que iban anexando a sus ejércitos para invadir otros pueblos y dominar nuevos territorios.

[3] Grandes “cacaos” se le llama en Colombia a las cabezas visibles de los grandes grupos económicos: Luis Carlos Sarmiento Angulo, Julio Mario Santodomingo, Carlos Ardila Lulle, y Sindicato Antioqueño.

[4] Palabras de Clara López Obregón, presidenta del Polo en el programa Hora 20 de Caracol Radio (04.08.10).