Popayán, 1º de octubre de 2010
[1] Frase Delfín Tenesaca de Ecuarunari, cuestionando ese tipo de alianzas. Ver: http://www.kaosenlared.net/noticia/delfin-tenesaca-hay-diferencia-gobierno-pero-no-apoyamos-dictadura-ni-

EL VÍNCULO DIALOGANTE Y CUÁNTICO
Popayán, 27 de septiembre de 2010
ü Casi todos enviamos mensajes pero no dialogamos.
ü Estamos acostumbrados a que los demás nos den la razón.
ü Si las personas que se relacionan no están dispuestos a re-elaborar lo que piensan con base en lo que el otro le transmite, no habrá diálogo.
ü Si los individuos se ponen de acuerdo en forma absoluta, se acaba el diálogo.
ü El diálogo sólo perdura si las personas que lo utilizan lo ven como una herramienta creativa.
ü Si el diálogo se utiliza para satisfacer egos, rápidamente se marchita.
ü Siempre habrá puntos de discordia que deberán ser explorados y profundizados por medio del diálogo, que son los puntos que hacen creativa y fructífera la relación.
ü Una relación de ese tipo – creativa y fructífera para los dialogantes – se va convirtiendo en un verdadero vínculo “cuántico”.
ü Las personas terminan siendo cómplices y exploradores de sus desacuerdos más que de sus coincidencias. Así, la relación se vuelve fluida.
ü Se va convirtiendo en una relación con una base común – interés mutuo – pero en donde los dialogantes tienen cierta percepción no explícita de sus vacíos, falencias, debilidades y hasta temores, y de los del "otro", pero no los utiliza para “ganar” la discusión sino para ayudarlo a avanzar.
ü Si esa percepción – que puede bordear intimidades - se hace explícita, puede perder la magia. Sólo un alto nivel de confianza sería el complemento.
ü No es fácil conseguir un grado de relación de este tipo. Se necesita cierta predisposición, sensibilidad, capacidad crítica y mucho amor humano para construir este tipo de vínculo dialogante.
ü Nuestro pueblo necesita que construyamos vínculos de esta clase.
ü Una fuerza construida con esos vínculos es indestructible. Lo demás se diluye.
Con ocasión de la muerte del“Mono” Jojoy…
EL TRIPLE SALTO MORTAL QUE PETRO NUNCA DIO
Popayán, 15 de septiembre de 2010
“La confianza produce muchas veces la lealtad”, Séneca
En la entrevista con Rocío Londoño publicada en Razón Pública[1] con el título de “Tenemos que escaparnos del escenario del Polo”, Gustavo Petro presenta su mirada sobre la evolución del Polo, hace un balance de las pasadas elecciones y presenta su visión sobre la construcción de un “proyecto democrático que respete la multiplicidad”.
De acuerdo a su recuento él nunca se ha equivocado. Son los demás lo que lo hacen. Al no asumir una posición auto-crítica termina justificándose. Así no aprende ni puede enseñar. Se niega y anula a sí mismo. Impide que su inteligencia y capacidad pueda colocarse al servicio del proyecto político de amplio espectro que pregona y que – indudablemente -, es necesario para avanzar.
Lo que no dice Petro es que la alianza que predomina en el Polo entre la izquierda tradicional y el clientelismo polista (anapo-samperista), se consolidó gracias a él. En el I Congreso del Polo un sector con vínculos y arraigo en el movimiento social se aglutinó alrededor de Petro con el nombre de “socialismo siglo XXI”. Este bloque en alianza con los sectores más consecuentes del antiguo M-19 podía haber jugado como factor de equilibrio y de dinamización del Polo. La verdad, no se hizo el más mínimo esfuerzo por consolidarlo.
Asimismo, Petro en el proceso de convertirse en candidato presidencial/2010 alimentó - seguramente sin querer -, a quienes después lo neutralizaron. Antes del II Congreso del Polo negoció con los hermanos Moreno y con Dussán. El voto por el Procurador Ordóñez hizo parte de esos acuerdos. En diciembre/08, creyéndose mayoría dentro del Partido envía una carta a César Gaviria - presidente por entonces del partido liberal -, planteándole la “convergencia interpartidista”. Ello acrecienta la pugnacidad interna. Los demás integrantes del Polo lo perciben como rueda suelta. No se construye confianza. Es lo mismo que acaba de ocurrir con el electo presidente Santos.
El resto es lo conocido. Jugar con un pie adentro y otro afuera. Manejar el chantaje de irse o de quedarse. Se reivindica la democracia pero no se la sufre. Para ser candidato Petro hizo hasta lo imposible. Renunció a una parte de su programa. Cedió en lo programático a la izquierda tradicional después de haber ganado la consulta. Redujo sus propuestas a la “equidad social” dejándole el tema de la “legalidad democrática” a Mockus, cuando él había ayudado a construir ese concepto en su lucha contra el paramilitarismo y la parapolítica uribista.
Petro resigna la propuesta de “convergencia democrática” al darse cuenta que los “verdes” lo rechazan. Le ayuda a la izquierda tradicional a colocarle obstáculos a una posible alianza con los liberales. Ellos (Pardo) en enero de 2010 estaban dispuestos a jugársela en una consulta que coincidiera con las elecciones de marzo. Petro se sintió débil frente a la maquinaria liberal y no facilitó el acuerdo. Colocó por delante temas como la lucha contra las bases militares gringas y el TLC. Fue el primer torpedo real a la unidad anti-uribista.
Ya en campaña lo que se había sembrado fue cosechado. La mayoría del Partido sólo acompaña a Petro a partir del momento en que Mockus – torpemente – ataca al Polo. Se diseña la estrategia de convertir a los “verdes” en el contradictor principal para recuperar electores y superar el umbral del 4%. Cualquier asomo de convergencia quedó enterrado.
En el balance posterior a elecciones Petro vuelve a equivocarse. Desconoce el aporte de la izquierda tradicional a su campaña. Es claro que no le debe nada al “anapo-samperismo” que ya estaba arrimándose a Uribe para salvar el compromiso con el Metro de Bogotá. Esa incorrecta evaluación es lo que lleva a Petro a creerse el dueño de los 1,4 millones de votos. Se va solo a hablar con Santos repitiendo el error de no concertar con su partido. Vuelve y tropieza con la misma piedra.
La propuesta de “frente democrático” siempre ha sido correcta. Pero de esa forma es imposible construirla. Petro acaba de enviar una carta a los verdes, ASI y Podemos Cali. Desconoce en ella a su partido. Plantea temas que él cree prioritarios pero no muestra espíritu de convergencia sobre otros asuntos que los demás movimientos consideran importantes. Por ello no ha recibido – hasta ahora – la más mínima respuesta. Además, los otros partidos no quieren enfrentarse con la oficialidad del Polo ni involucrarse en una trifulca ajena.
Para poder construir un “proyecto democrático” hay que revisar lo sucedido. Todos nos hemos equivocado. Si no se construyen confianzas no hay nada. Así los “verdes” y el Polo hayan obtenido una votación “interesante”, hoy tenemos un panorama bien difícil de cara a las elecciones regionales: Un Santos a la ofensiva sin que aparezca una verdadera oposición que lo apriete y desenmascare. Un Uribe a la sombra medrando y esperando un nuevo turno. Un Polo sin norte llamando a enfrentar al gobierno sin poder hacerlo. Unos “verdes” que perdieron la “ola” y todavía no se han dado cuenta. Un Petro queriéndole “coger la caña” al gobierno pero sin ninguna fuerza real.
La única propuesta importante a destacar en la entrevista mencionada es lo que Petro denomina “territorializar la política”. Es lo que intentamos hacer en el Cauca y lo que asoma la cabeza en la Costa Caribe. Ojalá todos los partidos que quieren construir un país diferente ayuden a aclarar los objetivos del proyecto democrático. Si queremos acertar el año entrante hay que construir confianzas. Pero lo que debe quedar claro es que nadie puede ser vetado de antemano. Menos la izquierda tradicional (PC-Moir) que de una u otra manera sigue resistiendo la avalancha neoliberal. Seguro con errores y deficiencias pero, al fin y al cabo… ¿quién puede tirar la primera piedra?
PAGINAS SOBRE EL CAUCA (I)
Popayán, septiembre de 2010
El Cauca es un laboratorio de lucha social y política. En los últimos 50 años se han presentado diversas fases y ciclos de ese movimiento. Luchas visibles y calladas. Experiencias organizativas de diverso tipo. Ejercicios de gobierno local y regional. Recuperación de territorio por parte de los pueblos indígenas pero también pérdida de economías “propias” como las de las comunidades afro-norte-caucanas[1].
Avances y retrocesos. Triunfos y derrotas. Encuentros y desencuentros. Aprender de esa rica experiencia nos permite mejorar nuestra práctica actual y aportar a la construcción de la Patria Grande Latinoamericana avizorando un futuro post-capitalista. Solo lo haremos si somos conscientes de todo lo que somos.
La compleja diversidad de nuestra población – que en teoría es una riqueza potencial –, ha sido manipulada y convertida en un obstáculo para el avance. Las causas y circunstancias son muchas, pero el aspecto principal es la ausencia de democracia participativa. El menosprecio al pueblo por una clase dominante con mentalidad “colonial” se concreta en exclusión y discriminación racial, social y política. Es la base institucional de una existencia inequitativa e injusta que nos enfrenta y divide.
Una población supremamente heterogénea se encuentra en este espacio de 29.000 kms². Los pueblos “nativos” – originarios – de diversas etnias (Misak, Nasa, Kokonuco, Totoró, Eperara-Shapidara, Polindara, Ingano, y otros) constituyen sociedades en resistencia y en pleno desarrollo. Están ubicados en las montañas de la cordillera central y occidental, y algunos núcleos en la Costa Pacífica y la Bota Caucana.
Los pueblos “traídos”, afrodescendientes y yanaconas, múltiples en su procedencia y en su proceso de asentamiento regional. Las comunidades negras tienen cuatro centros de cohesión: el Norte del Cauca, la Costa Pacífica, el Valle del Patía e Itaibe en Tierradentro. Los yanaconas están ubicados en siete municipios del Macizo Colombiano, tienen cabildos en Cali y Popayán. Todos ellos están en proceso de auto-reconocimiento y construcción de identidad.
Los pueblos “surgidos” o “nacidos”, constituidos por los campesinos mestizos de todos los colores. La mayoría tiene origen autóctono. Otros han llegado en múltiples y continuas migraciones internas y externas. En Popayán, otros núcleos urbanos y alrededor de la carretera panamericana habita la mayor proporción de mestizos de ascendencia yanacona. Existen núcleos poblacionales de raíces “paisas” en el norte del Cauca (Corinto, Caloto), El Tambo (Playarrica, Costanueva, Huisitó), y múltiples migraciones nariñenses, huilenses y de otros departamentos. Esta población ha resistido en forma callada, aparentemente resignada, explotando en forma periódica en verdaderos levantamientos sociales como las marchas de La Salvajina (1984-86), el Paro de Rosas (1991), y la movilización del Suroccidente colombiano (1999).
Finalmente, quedan los “residuos” de la casta castellana dominante, parte de la cual se trasladó y asentó en Cali. Está representada por unas pocas familias que han mantenido “el linaje”. Pero le sobrevive una racionalidad aristocrática clasista que en algunos sectores subordinados se manifiesta en lo que denomino el “espíritu cortesano”. Éste se expresa de dos formas: por un lado, una actitud acomodaticia de quienes labran su ascenso social de manera conformista aceptando la dictadura de quienes manejan el Estado con carácter patrimonial; y por otra, una minoría que asume el camino de la “indocilidad anarquista”, que ha hecho de Popayán – al igual que Buga o Pamplona – una fuente de surgimiento de una intelectualidad rebelde que se manifiesta en diversas disciplinas (arte, crítica política, ambientalismo, y otras) pero que ha tenido grandes dificultades para encontrar una ligazón con el movimiento social.
A pesar de lo particular que podría parecer el Cauca – en verdad –, somos un reflejo de la Nación colombiana. Somos un “sancocho” al que le falta un hervor: no termina de cocinarse. Pero hoy, se dan todas las condiciones para que esa gran diversidad encuentre un punto de unidad. El fuego para fundir todas nuestras etnias, culturas y mestizajes es la necesidad de defender nuestros recursos naturales amenazados por la voracidad capitalista transnacional. La mano del cocinero que mueve el “revuelto” – evitando que se pegue en el fondo y se queme – es la conciencia de que existen los acumulados de resistencia social y política capaces de darle forma a un Nuevo Proyecto Político.
Cada sector étnico cultural – indio, afro, mestizo –; cada clase social – trabajadores, campesinos, sectores medios e intelectualidad citadina –; así seamos originarios, nativos, traídos, surgidos o allegados, podemos aportar en la construcción de la identidad caucana, y de paso ayudar a materializar nuestra nacionalidad colombiana que, es a la vez, parte de nuestro ser indo-afro-euro-americano.
En ese proceso debemos repotenciar lo mejor que tenemos, reconocer nuestras tres raíces, sin menospreciar ninguna de ellas. Sólo así, el “sancocho” podrá estar a punto, conseguir el sabor ideal y generar un gusto especial que será el motor de nuevas luchas y conquistas de alto valor ético colectivo y vital.
Si ponemos por delante los objetivos comunes y subordinamos los intereses particulares – sin necesidad de negarlos -, podremos lograrlo. ¡Intentémoslo!
[1] Las comunidades negras del Valle del río Palo en Caloto-Guachené y zonas aledañas construyeron a partir de mediados del siglo XIX la economía campesina libre más exitosa de América Latina. De allí surgió la fuerza económica que le dio vida a Puerto Tejada y en gran medida a Cali. Fue destruida por invasión de la plantación cañera capitalista de los ingenios azucareros.


CONTINÚA CON MÁS FUERZA LA RESISTENCIA CIVIL Y NO PAGO DE LA ENERGIA EN EL CAUCA
Silvia (Cauca), agosto 26 de 2010.
La lucha por el derecho a la energía es ahora contra la Multinacional ASHMORE ENERGY INTERNATIONAL A.E.I. representada en el Cauca por la COMPAÑÍA ENERGÉTICA DE OCCIDENTE.
La audiencia pública realizada el día 25 de agosto en el Municipio de Silvia, constituye el primer acercamiento oficial entre LA COORDINADORA DE LA ENERGIA y representantes de las directivas de la COMPAÑÍA ENERGÉTICA DE OCCIDENTE subsidiaria de la Multinacional ASHMORE ENERGY INTERNATIONAL A.E.I. El gerente de esta compañía quien estaba citado a la audiencia, no se hizo presente y por lo tanto no se llegó a ningún acuerdo frente a las exigencias de este movimiento.
Estas exigencias se resumen en cuatro puntos: a) condonación total de las deudas de los usuarios de los sectores populares, b) tarifas de $44/Kwh, c) Devolución de la Hidroeléctrica de la SALVAJINA y las 8 PCHs (pequeñas centrales hidroeléctricas) y d) indemnización a los caucanos por el robo continuado de la energía producida en el departamento.
Las anunciadas rebajas buscan calmar y desmovilizar la lucha de la coordinadora para luego, en el futuro cuando todo se calme volver a subirlas. Estas tarifas en nada solucionan el problema social e histórico creado en el departamento con el saqueo de nuestras fuentes de generación y el tratamiento abusivo por parte del gobierno nacional y el CARTEL DE LA ENERGÍA.
Sin embargo rescatamos el pronunciamiento del director de la oficina de Atención al cliente de la citada multinacional, Dr. Juan Pablo Constain quien se comprometió públicamente a respetar la RESISTENCIA CIVIL al corte del servicio por parte de las comunidades en el departamento del Cauca.
Es de resaltar que la audiencia pública contó entre otros, con una importante participación de delegados de la COORDINADORA DE LA ENERGÍA de los municipios de Piendamó, Jambaló y Popayán; de los resguardos de Guambia, Pitayó y la MARIA-Piendamó como también de la zona campesina de Usenda. Se hicieron presentes con su respaldo el alcalde de Silvia y miembros del concejo municipal de Jámbalo y Silvia.
Los delegados y La comunidad allí reunida, ratificamos nuestra decisión y determinación de continuar y ampliar la RESISTENCIA CIVIL y no pago del servicio de energía eléctrica, igualmente notificamos a ASHMORE ENERGY INTERNATIONAL A.E.I., que nuestra lucha es indefinida e irá hasta el final.
Solo derrotando el negocio….conquistaremos el derecho!!!
LA COORDINADORA DE LA ENERGIA

Popayán, 26 de agosto de 2010
La fuerza política de Uribe consiste en que convenció a la mayoría de los colombianos de que todo lo que hizo – incluyendo los crímenes –, lo realizó en beneficio de la “patria”, y que el fin justifica los medios.
Ha conseguido que el país lo sienta como un héroe que es víctima de las circunstancias. Según esa matriz de pensamiento, todos los colombianos somos culpables por dejar crecer la “amenaza terrorista” y, no sólo nos merecemos la tragedia vivida, sino que debemos premiar – y perdonar - a quien lideró la alianza criminal.
La habilidad de Uribe – a diferencia de Fujimori – consistió en que involucró en la ejecución de los delitos a mucha gente: campesinos ricos y medios, a la clase política tradicional, a los grandes empresarios y hacendados, a ejecutivos de empresas transnacionales y a altos funcionarios del gobierno de los EE.UU.
Ello explica que el Departamento de Estado de los EE.UU. esté haciendo lobbypara posicionar a Álvaro Uribe Vélez como candidato a la presidencia de Naciones Unidas, en reemplazo del coreano Ban Ki-moon. Sería la carta imperial a la posible elección del brasileño Ignacio Lula Da Silva. Los perpetradores de la empresa criminal se cubren la espalda protegiendo a Uribe.
La vinculación del ex-presidente colombiano como profesor visitante en la Georgetown University, y la designación como vicepresidente del comité especial que investigará el ataque israelí a la “Flotilla de la Libertad”, serían los primeros pasos para llevarlo a esa importante posición. El objetivo: otorgarle inmunidad frente a cualquier tipo de proceso judicial que le pueda iniciar la Corte Penal Internacional.
En Colombia se desarrolló una sistemática guerra contra el pueblo a la sombra de la lucha anti-subversiva. Tres componentes tenía la cadena criminal: losverdugos, paramilitares y militares de niveles medios y bajos; los jefes de los verdugos, con Uribe a la cabeza de la cúpula de altos mandos militares, políticos y funcionarios; y los perpetradores, empresarios nacionales y extranjeros que se lucraron de todos los negocios, tierras, grandes proyectos y contratos que se movieron y – aún se mueven – al son de ese conflicto.
Es necesario entender que el poder imperial estadounidense aprovechó la debilidad de una oligarquía antinacional y corrupta - representada en Uribe -, para diseñar un plan integral de intervención territorial, que además de apoderarse plenamente de nuestras riquezas convirtió a Colombia en la principal punta de lanza contra las revoluciones nacionalistas que hoy encabezan en América Latina los pueblos venezolano, boliviano y ecuatoriano.
La resistencia y el trabajo sacrificado de miles de colombianos que no bajaron la guardia frente a la amenaza y la muerte, y la valentía de unos magistrados de la Corte Suprema de Justicia que no se dejaron amedrentar, pusieron en evidencia el tamaño y la brutalidad de los crímenes, y tanto el gobierno de Washington como las cúpulas capitalistas colombianas se percataron a tiempo de la imposibilidad de continuar con esa fórmula.
Hoy los verdaderos perpetradores de los crímenes juegan una nueva partida. Necesitan arreglar las cargas entre ellos, sacrificar a unos cuantos cómplices, comprar a contradictores sobornables, y quitar del camino a enemigos peligrosos. A la sombra de un gobierno de “buenas maneras”, con el supuesto “respeto a la institucionalidad”, en medio de la diplomacia y la lisonja, ya están rediseñando su nueva ofensiva contra lo que realmente les preocupa: que la verdadera conciencia nacional coja fuerza entre el pueblo colombiano.
Por ello, más allá de que Uribe sea o no condenado y castigado en el corto plazo – que debe serlo algún día -, la tarea principal es sacar a flote la maraña de intereses nacionales e internacionales que han estado – y están – detrás del holocausto colombiano.
Las víctimas de la atroz guerra que hemos vivido en los últimos 30 años sólo podrán ser reivindicadas, si su memoria sirve para derrotar políticamente a quienes a nombre de la “patria” – por codicia y afán de poder –se pusieron al servicio de intereses imperiales extranjeros.
Cómo lo demuestra la historia de tantos países, especialmente los del Cono Sur de América, si los perpetradores y verdugos siguen al frente del Estado, seguirán echando a la hoguera unos “cuantos perros flacos” mientras ellos disfrutan de las mieles del poder. Los Sabas Pretelt y los José Obdulios, siguen en la fila. Que no se nos pierda el gran objetivo.

Según la oligarquía, Colombia ya está en “post-conflicto”
¡A RADICALIZARNOS POR LA PAZ!
Popayán, 15 de agosto de 2010
La clase dominante mantiene a nuestra sociedad “al borde de un ataque de nervios”. De la agudización del conflicto se pasa a la distensión, de la tregua al post-conflicto, y de allí, a una nueva exacerbación de la guerra. Es la “estrategia de la tensión”[1]. En ese ir y venir liquida a enemigos y contradictores políticos. Domina al mejor estilo del “macho controlador” que se aprovecha de las debilidades de su insegura mujer.
Desde tiempos de la Colonia, la oligarquía neo-granadina disfruta el poder usando la misma fórmula. Ha perfeccionado ese arte que le permite jactarse de tener la “democracia más antigua y estable de Latinoamérica”. Estimula y mantiene guerras solapadas y utiliza rebeliones controladas. Los gringos también han ayudado y aprendido en ese ejercicio de guerra irregular o guerras inteligentes de 4ª generación.
Arte practicado desde la conquista. Algunos pueblos originarios nunca fueron totalmente derrotados. Empero, las clases poderosas lograron dividir y debilitar a los pueblos indígenas. En nuestra región (Cauca), Sebastián de Belalcázar, lugarteniente de Francisco Pizarro, consiguió consolidar una alianza con pueblos nativos encabezados por los Chisquíos y, con ejércitos “yanaconas”[2], derrotó a la Gran Confederación de pueblos indios que se formó alrededor del hoy llamado Valle de Pubenza (Popayán y alrededores).
A algunos pueblos los “domesticaron” hasta hacerles perder su identidad. Llegaron a acuerdos con otros para aprovechar sus habilidades y recursos. A los que no podían derrotar, los “corrieron” hacia zonas marginales. Y a los más “peligrosos”, los exterminaron. Doctrina religiosa, guerra, enfermedades y toda clase de trampas, engaños y emboscadas fueron sus armas. Todo ello manteniendo las buenas costumbres castellanas y realizando cada año las pulcras y sagradas procesiones de Semana Santa.
No obstante, nuestros pueblos mestizos, afros, indios, de todos los colores y combinaciones, siguen resistiendo. Y también, aprendiendo.
La receta actual
Para la oligarquía y el imperio, Colombia ya está en “Post-conflicto”. La “unidad nacional” busca reintegrar a quienes se estaban alejando del bloque hegemónico: neoliberales, estatistas, burócratas, corruptos, mafiosos. Ya arrimó toda la tropa de dirigentes cortesanos que se cansaron de hacer oposición. No se necesitaba mucho esfuerzo. Son compadres.
También necesitan neutralizar a quienes en serio quieren construir un partido burgués. Les tiran mendrugos y mensajes conciliadores. Uno que otro puesto importante hará vacilar a aquellos que no quieren “embarrarse de pueblo”. Ese es el tire y afloje con el “sector democrático” del Polo y con los “verdes”. Tienen piezas y personas utilizables. Ya se cocinan las alianzas para gobernaciones y alcaldías. Algo deben ceder.
A los más rebeldes de la oposición no domesticable, les dan un tratamiento diferenciado. Los inofensivos, que se especializan en hacer excelentes debates en el Congreso pero que, - de allí no pasan -, los utilizan para decorar el entramado democrático, mientras se jubilan. A los más “radicales”, que eventualmente se salen de la norma, los desaparecen. Siempre habrá un nivel de desorden controlado para que ocurra uno que otro “accidente” o un “atentado terrorista sin origen determinado”.
Así han actuado y seguirán actuando. Es la constante histórica en Colombia. Conflictos, distensiones, treguas, post-conflictos, y nuevos conflictos. Círculo vicioso del caos intervenido y manipulado. Caldo de cultivo para personajillos con ínfulas de grandes hombres, pero con visión de corto plazo. Los grandes “cacaos”[3] y sus asesores gringos son los que mandan. Los presidentes sólo son mandaderos de un conglomerado plutocrático que ha ido adquiriendo formas corporativas “modernas”.
Por ello es que en estas tierras neo-granadinas - hasta la izquierda - le tiene miedo a la aparición de un verdadero caudillo popular.
La receta a veces falla
De vez en cuando, los controles fallan y se llega a extremos. En 1781, un movimiento rebelde (comunero) se salió del molde. El escarmiento fue brutal. En 1854, el general Melo se tomó la presidencia. Fue desterrado. En 1948, una verdadera amenaza “mestiza” (Gaitán) puso en jaque a la oligarquía. Después de 62 años no hemos superado el duelo.
En 2002 apareció una “nueva versión de libertador” – de origen mafioso - con ganas de pacificar definitivamente al país. Su meta era el 2019. Se creyó el cuento de que la oligarquía y el imperio lo apoyarían incondicionalmente. El pueblo, que lo sintió sincero y comprometido, se ilusionó también. Cerró los ojos y soportó inconcebibles y escandalosos crímenes con tal de alcanzar la Paz. Pero no. Ese camino era inviable.
Ahora vuelve la fórmula de la distensión, la tregua, el post-conflicto controlado. Quieren abrir la puerta del diálogo a cuenta gotas. La verdadera bandera de la Paz es peligrosa. Ellos necesitan de la guerra. Quieren esperar a que el pueblo se olvide de la meta “uribista”. Necesitan que la guerrilla se ilusione nuevamente, se tome un respiro. Que no se le vaya a ocurrir hacer la Paz de verdad.
Santos ya se siente en el post-conflicto. Debe mantener la ofensiva militar para calmar al “uribismo furibundo”: unos - los menos -, que en verdad creen en el exterminio; otros - la mayoría -, que viven de la guerra. Pero, los fondos económicos se agotan. Él sabe que los atentados de su mano derecha sirven para “ablandar” su mano izquierda. Quienes ayer lo atacaban por ser el ordenador de los “falsos positivos”, hoy se solidarizan con su política de distensión y su supuesto “respeto a la institucionalidad”.[4] Una política, dos estrategias.
Mientras pasan el mal momento económico restablecen relaciones con los vecinos. Ya llegará la ocasión de retomar la función de peón del imperio contra la revolución bolivariana. Así Santos tendrá la oportunidad de cumplir sus sueños de ser el Tony Blair o el Aznar de Latinoamérica. Mientras… nuevos territorios y riquezas se entregarán a la inversión extranjera. ¡Gracias a Dios, vuelve la normalidad!, dicen los oligarcas “decentes”.
Radicalismo pacifista
Desde el campo popular necesitamos romper el círculo vicioso. Decidirnos autónomamente por la Paz. Demandar con decisión a la insurgencia hacer actos de Paz, empezando por la liberación de rehenes y secuestrados. Exigir al gobierno el fortalecimiento de la justicia – con tutela internacional - para acelerar la condena de los criminales de guerra y sus cómplices que desde el Estado han delinquido durante los últimos 25 años.
Entre tanto hay que debatir a nivel de la sociedad los temas fundamentales para aclimatar una Paz duradera. Si en verdad quieren “diálogo nacional” hay que discutir sobre el modelo de desarrollo, economía del narcotráfico, equidad, tierras, tipo de Estado, tantos y cuantos temas, que deben ser trabajados, dilucidados, socializados.
Todos esos temas – si logramos desencadenar un verdadero movimiento democrático - deberán ser decididos por la sociedad, mediante mecanismos participativos, en un tiempo prudencial, sin que ello dependa de los acuerdos que deban hacer los actores bélicos del conflicto para integrarse a la sociedad.
Si nos radicalizamos por la Paz, manteniendo una posición autónoma y equilibrada frente a quienes desde vertientes opuestas han hecho la guerra, vamos a poder romper con el círculo del “conflicto controlado” que es la herramienta que le ha permitido a la oligarquía dominar por tantos siglos. Si tomamos partido por uno u otro bando, entraremos en su juego.
Que no nos de temor al radicalizarnos por la Paz. El círculo está casi roto, hay que volverlo añicos.
[1] Cívico, Aldo. “¿Estrategia de la tensión?”, El Espectador, domingo 15 de agosto de 2010.
[2] “Yanaconas”, categoría o nivel social subordinado del imperio Inca, que los españoles utilizaron como nombre genérico para designar a pueblos dominados que iban anexando a sus ejércitos para invadir otros pueblos y dominar nuevos territorios.
[3] Grandes “cacaos” se le llama en Colombia a las cabezas visibles de los grandes grupos económicos: Luis Carlos Sarmiento Angulo, Julio Mario Santodomingo, Carlos Ardila Lulle, y Sindicato Antioqueño.
[4] Palabras de Clara López Obregón, presidenta del Polo en el programa Hora 20 de Caracol Radio (04.08.10).