miércoles, 2 de octubre de 2019

GLOBALISTAS Y NACIONALISTAS DEL SIGLO XXI

Soros y Trump

GLOBALISTAS Y NACIONALISTAS DEL SIGLO XXI

Popayán, 1 de octubre de 2019

Con el fin de contribuir con la comprensión de la aparente división que existe entre “globalistas” y “nacionalistas” al interior del bloque transnacional del Gran Capital (oligarquía financiera global), presento las siguientes ideas que tienen que ver con la comprensión de la naturaleza del neoliberalismo que prefiero denominar como globalización neoliberal[1].

Estas ideas sirven para tratar de entender –más allá de falsos y artificiales sesgos ideológicos– el proceso de crecimiento económico capitalista que se ha presentado en Oriente (incluyendo a China, Corea del Sur, Indonesia, Malasia, Singapur, Taiwán, India, Vietnam, etc.) y el declive y/o estancamiento del capitalismo en Occidente (incluyendo a los EE.UU., Europa y Japón).

Así mismo, se trata de mostrar los límites de los análisis geopolíticos. Pienso que debemos recuperar los análisis de clases (sin desconocer las herencias culturales e históricas) para aceptar que el capitalismo es el modo de producción imperante en todo el mundo y que la contradicción capital-trabajo sigue siendo la determinante y la fundamental.

La reestructuración post-fordista   

En los estudios sobre la globalización neoliberal (“neoliberalismo”) siempre se resaltan las políticas de privatización, flexibilización laboral, empequeñecimiento y “modernización” del Estado, etc., etc. Creo que se debe tener en cuenta lo relacionado con la “reestructuración post-fordista”, que fue un proceso de “transectorización del proceso productivo[2]” con la aplicación de las nuevas tecnologías y los nuevos métodos de organización del trabajo, proceso que arrancó entre 1970 y 1980 con el “toyotismo[3]” y demás experimentos hechos por los empresarios estadounidenses y desarrollados inicialmente en Japón, y que continuó con los avances de las 3ª y 4ª revoluciones industriales y tecnológicas. Ese proceso de transformación del proceso productivo fue la base real que sostenía y requería de las demás iniciativas de la globalización neoliberal o “neoliberalismo”.  

La reestructuración del proceso productivo consistió en el desmantelamiento de la manufactura e industria centralizada (en las áreas y lugares donde lo podían hacer, incluyendo los países latinoamericanos), la deslocalización de la industria (interna y externa, nacional e internacional), y la descentralización y la desconcentración de los procesos productivos y administrativos. Todo ello correspondía a la necesidad de sobre-explotar la mano de obra, aumentar la tasa de ganancia y la rentabilidad tanto del capital variable como del constante, y apropiarse de la riqueza y mercados de los países de la periferia capitalista que se habían descolonizado formal y políticamente, con las revoluciones nacionalistas de países de África y Asia en las décadas anteriores (algunas pintadas de “comunistas” y “socialistas”).

Este proceso es muy importante de resaltar porque es uno de los aspectos determinantes del proceso de globalización neoliberal. El conocimiento de ese fenómeno estructural puede ayudar a explicar la  reacción nacionalista en EE.UU., Reino Unido y Europa (Trump, Brexit y demás), que cuenta con amplios apoyos sobre todo entre los trabajadores industriales que perdieron sus empleos y formas de vida, y entre los productores agrícolas que se beneficiaban directamente de los mercados internos de aquellos países que se habían industrializado durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras tres cuartas partes del siglo XX. Ello se puede comprobar identificando las bases de apoyo político de Trump entre los núcleos de población del llamado “cinturón del óxido” y los Estados del “medio oeste” de los EE.UU., lo que también es fácil ubicar en el Reino Unido con las bases sociales de apoyo del Brexit[4].

Es interesante hacer notar cómo algunos países del Lejano Oriente que recibieron las enormes inversiones en infraestructura y tecnología, independientemente de su orientación ideológica, de su pasado colonial o de la dependencia de una u otra potencia económica y política (USA, UE o Rusia), contaban con las condiciones económicas, políticas y hasta culturales para responder positivamente a las necesidades del gran capital. Es decir, podían ofrecer mano de obra barata, gran flexibilidad en la normatividad ambiental y disciplina de hierro para los trabajadores. Pero, a la vez, los gobiernos de esos países se cuidaron de que los Estados impulsaran políticas relativamente autónomas en la política monetaria y en ciertos aspectos de su economía nacional, lo que les permitió proteger su mercado interno y construir su propia base industrial y tecnológica.

Políticas nacionalistas, nuevo eje de acumulación de capital y América Latina

En nuestros países latinoamericanos no existían las condiciones políticas y económicas para aplicar esa política “nacionalista”. Pongo las comillas porque dicha política se aplicó incluso en países que eran  subordinados a EE.UU. como Corea del Sur y otros, pero lo que es común a todos ellos es que sus Estados, más allá de que fueran de “izquierdas” o “derechas”, no practicaban la “democracia occidental”; en lo fundamental eran gobiernos autoritarios, dictaduras personalistas o gobiernos de “partido único”. Y, aunque dicho proceso estuviera supeditado a la globalización neoliberal y hasta se alimentara de ella, les permitió a dichos países construir sus propias bases económicas industrializadas, y asimilar y apropiarse de tecnologías de punta que habían sido monopolio de los países capitalistas de Occidente.

En América Latina las oligarquías conservadoras de formación colonial no podían objetivamente impulsar un proceso parecido. Su poder político era muy débil y frágil, su “patriotismo” es retórico y su racionalidad económica es parasitaria, quieren vivir de la renta. Paradójicamente fue Pinochet en Chile el que intentó hacer algo parecido a los países del Lejano Oriente pero, en la práctica, solo desarrolló lo que los EE.UU. le dejaron hacer. Otras dictaduras militares de Sudamérica como la del Brasil y algunos gobiernos “populistas”, también lograron implementar algunas políticas de industrialización pero, solo fueron esfuerzos residuales del proceso de sustitución de importaciones que se plasmaron en algunos proyectos siderúrgicos, producción de automóviles con auto-partes producidas en EE.UU. o Europa, y algunas industrias textiles y de alimentos. En general, el gran capital desmontó sus industrias en todos los países de América Latina y solo en algunos países se instalaron industrias de maquila y otras modalidades de súper-explotación de los trabajadores. El énfasis se colocó en las industrias extractivas de materias primas.

A manera de reflexión       

En 1980, siendo obrero en una fábrica de zapatos en Bogotá, Croydon del Pacífico del Grupo Uniroyal, que también tenía plantas de producción de llantas de caucho, vivimos el proceso de desmantelamiento de la factoría que alcanzó a tener más de 2000 obreros. Con algunos intelectuales, entre quienes destaco a mi amigo Héctor León Moncayo (“Moncayito”), empezamos a estudiar y a entender el problema, a comprender el proceso de “transectorización del proceso productivo”, y hasta realizamos huelgas para tratar de impedirlo, pero era algo indetenible. Después, hemos logrado entender como este proceso era lo central en toda esa transformación estructural del capitalismo, y como las medidas concertadas en el Consenso de Washington solo eran un complemento para adecuar los Estados a sus necesidades, con las privatizaciones y demás políticas. Dichas políticas no sólo se impulsaron en la periferia capitalista (o países del “tercer mundo” como se decía en aquellos tiempos) sino también en los países del centro capitalista, aunque lo hicieron con más tacto y más despacio porque en dichos países los trabajadores tenían mayores herramientas para defenderse como lo explica y reseña con detalles el ya desaparecido teórico italiano, Giovanni Arrighi, en varios de sus textos[5].

Estudiar y debatir sobre estos procesos de transformación de los procesos productivos es muy importante porque permite demostrar que la “hegemonía de Occidente” está en declive y decadencia, no principalmente por factores “geopolíticos” (estratégicos, políticos, militares, etc.) sino por la deriva que asumió la crisis estructural del capitalismo (que se manifestó en la crisis del petróleo de los años 70s), que obligó a los capitalistas a construir nuevos centros industriales y tecnológicos (“deslocalización a nivel global”), y que ello no se presentó por obra de “otros” sino por necesitad vital de los mismos capitalistas “globalistas” (es su momento). Y ello tiene que ver con demostrar, que el intento de reversar ese proceso (idea de Trump, Johnson y otros) no solo es contraproducente para ellos mismos sino que es una tarea infructuosa.

Además, a los capitalistas “globalistas”, cuya cúpula está concentrada en menos de 50 familias de multimillonarios del mundo entero, que en esencia controlan las redes globales del gran capital y tienen inversiones entrelazadas e imbricadas tanto en Oriente como Occidente, no les interesa una desestabilización de su economía que ponga en peligro su dominio aunque permiten las tensiones entre países para desinformar, engañar y manipular a los pueblos y a los trabajadores, y por ello, de alguna manera permiten que esos falsos nacionalismos tomen auge, y hasta los aprovechan para obtener más ventajas para sus inversiones y proyectos de expoliación y despojo de territorios y de materias primas estratégicas.    

Por otro lado, esta temática tiene que ver con que si China y otros países como la India o Corea del Sur, quieren convertirse en las nuevas potencias económicas (como lo están haciendo), tienen que hacerlo sobre la base de la súper-explotación de los trabajadores, lo que inevitablemente genera reacciones masivas y beligerantes de los trabajadores o de otros sectores víctimas de sus políticas y agresiones. Un ejemplo es lo que ocurre actualmente en Hong Kong, donde el problema de fondo son los bajos ingresos y la escasez de empleo “de calidad”, con la particularidad de que en esa ciudad y región, los trabajadores y jóvenes tienen “ciertos grados de libertad” para expresar su protesta que pareciera centrarse en una lucha contra el gobierno chino pero que en el fondo deja ver las contradicciones y conflictos de clase que están latentes y ocultos en toda la gran nación china. Otra cosa es que EE.UU. y otras potencias de Occidente quieran aprovechar esas protestas para hacer demagogia "antichina", lo que es aprovechado por el gobierno chino para reprimir esas expresiones de inconformidad y engañar al pueblo chino continental.

Todo lo anterior nos lleva a concluir que en dichos países de Oriente (sean gobernados por “pro-capitalistas” o por “comunistas” o “socialistas”) no se puede esquivar la lógica del capital en su proceso de crecimiento y ensanchamiento de su poderío económico. Lo que tampoco se puede negar es que dicho “proceso económico” hace parte de su “lucha nacional” en contra de las potencias económicas tradicionales (de Occidente, principalmente) que se disputan los mercados y el control de regiones estratégicas ricas en materias primas. Pero, así mismo, se puede concluir que los trabajadores y los sectores sociales subordinados de esas sociedades y del mundo entero, no tienen, en dichos modelos y experiencias, las soluciones de fondo para superar un modo de producción basado en la explotación del trabajo y en la depredación irracional de la naturaleza.

Por el contrario, podemos decir que la “línea” que surgió en Oriente, la del “capitalismo asiático” (ya probado parcialmente en Japón), en donde el Gran Capital utiliza unos Estados que heredaron las tradiciones despóticas de sus pasado ancestral y lo combinan con una particular forma de capitalismo salvaje, empieza a ser mirado con buenos ojos por los capitalistas en general, tanto “globalistas” como “nacionalistas”, lo que se expresa en la lucha política actual en todo el planeta, y se va a agudizar más en la medida en que estalle la crisis económica y financiera que se viene incubando a la sombra de la llamada “guerra comercial y tecnológica” entre EE.UU. y China.

Es indudable que la única manera de superar los graves problemas que vive la humanidad, tiene que pasar por replantear el “modelo” (o modo) de producción y de consumo capitalista. No tenemos absolutamente claro como surgirá el “postcapitalismo” pero lo que si podemos asegurar, a partir de estas reflexiones, es que continuar “emulando” y “compitiendo” con las potencias de Occidente en su mismo terreno para continuar con la carrera infinita hacia el “progreso” y el “crecimiento”, colocando a la cabeza de los pueblos y de los trabajadores a los multimillonarios como “grandes generales o timoneles”, como lo propone Heinz Dieterich para México[6] (Carlos Slim) y lo hacen en la práctica los “comunistas” chinos, no nos llevará a construir una sociedad más justa y equitativa pero si nos conducirá hacia la extinción de la vida humana en la tierra.

E-mail: ferdorado@gmail.com 



[1] Thomas Friedman (2017). La Tierra es plana. Breve historia del mundo globalizado del siglo XXI. Es un interesante libro sobre la globalización que aunque no es crítico aporta una buena visión panorámica sobre ese proceso.

[2] Transectorización de los procesos productivos: Fue el proceso implementado por los capitalistas para utilizar toda la capacidad instalada de las unidades productivas (secciones, talleres, etc.) que estaban contenidas dentro de una fábrica o factoría, para acabar con los “tiempos muertos o negros”, automatizar las unidades de montaje reduciendo al máximo a los trabajadores operarios, trasladando las áreas de la producción manufacturada hacia zonas rurales o hacia países con regímenes políticos que les garantizara una sobre-explotación de los trabajadores. Así, muchas de esas unidades productivas se convirtieron en “negocios” específicos y particulares, puestos al servicio simultáneo de diversas industrias o áreas económicas, aumentando la productividad del trabajo y garantizando mayor rentabilidad a sus inversiones. (Nota del Autor).     
   
[3] El toyotismo es una relación en el entorno de la producción industrial que fue pilar importante en el sistema de procedimiento industrial japonés, y que después de la crisis del petróleo de 1973 comenzó a reemplazar al fordismo como modelo referencial en la producción en cadena. (Nota del Autor).

[5] Arrighi, Giovanni (1937-2009). Importante intelectual italiano. Entre sus principales obras están “Dinámica de la crisis global” (2005), “Caos y orden en el sistema-mundo moderno” (2001), “Adam Smith en Pekín” (2007), “El largo siglo XX” (2014).  Ediciones Akal.


viernes, 27 de septiembre de 2019

¿ECHARÁN A LA CÁRCEL A URIBE?


¿ECHARÁN A LA CÁRCEL A URIBE?

Popayán, 27 de septiembre de 2019

Ahora que se acerca el tan esperado 8 de octubre de 2019, en donde Álvaro Uribe Vélez –ex-presidente y hoy senador de la república– deberá comparecer ante la Corte Suprema de Justicia en calidad de investigado y acusado de manipulación de testigos, crecen las expectativas, pronósticos y apuestas sobre si será llamado a juicio y/o encarcelado.

Ha circulado profusamente por las redes un artículo publicado en Las2Orillas por Álvaro Leyva Durán titulado “Terco Uribe. Como una mula”, en donde con la frase “somos briznas de hierba”, da a entender que por el hecho de que la Justicia Especial de Paz (JEP) se ha fortalecido y está operando, la Ley “va a tocar y a zarandear” a Uribe.

Cuanto quisiéramos que a Uribe le echaran mano ahora mismo pero, no soy tan optimista. Apoyamos, por supuesto, todos los esfuerzos que han hecho instituciones y personas para conseguir que los órganos de justicia lo investiguen y lo juzguen. Como lo ha hecho Iván Cepeda, quien ha entregado parte de su vida en tan valiente acción que merece todos los aplausos.

Repito, no soy optimista. La condición sine qua non para que a Uribe lo investiguen, condenen y encarcelen, es que sea derrotado políticamente y que su poder (legal e ilegal) sea desmantelado. Sin que se cumpla esa condición será imposible que este personaje pague por sus crímenes.

Uribe sabe mucho. Tiene secretos y pruebas que comprometen a gente poderosa tanto de Colombia como del exterior. Y además, es una ficha y agente de inmensos poderes geopolíticos de Washington, Miami, Madrid, etc., que tendrían que ser debilitados para poder actuar contra él.

Además, la oligarquía colombiana es muy indolente y cobarde. Se requiere de un verdadero movimiento popular para empujarla y obligarla a respetar los “mínimos democráticos de legalidad”. Y, por otro lado, los agentes menores que podrían ser testigos contra Uribe, o son delincuentes o tienen miedo de que los maten a ellos o a sus familias.

Y el caso no es similar al de Fujimori en Perú como sugieren algunos analistas. Allá el “chinito” se le rebeló a los gringos y a la oligarquía, y por eso, las está pagando caro. Aquí no.

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Para entender este asunto hay que enmarcarlo en la geopolítica global. Todos los poderes necesitan un enemigo externo para apuntalar su poder interno. Los poderosos de EE.UU. necesitan generar conflictos manejables (Irán, Venezuela, Siria, Corea del Norte) para engañar al pueblo estadounidense con la amenaza de Rusia y China. E igual, los poderosos de China y Rusia, requieren de lo mismo. Es posible que –de alguna manera– estén hasta de acuerdo.

Y en Colombia, la oligarquía necesita que las Farc y el Eln sigan activas para meter miedo con el tema de que son aliados de Venezuela, Cuba y Nicaragua. Y, en medio de la distracción, siguen haciendo sus negocios a la sombra de tensionar a la gente con la “política” y esos cuentos chinos.

Actualmente, les va muy bien a los empresarios. Hacen grandes inversiones en la Orinoquía y Amazonía y su poder se ensancha y fortalece. No obstante, si la OCDE, FMI, BM, evaluaran seriamente la economía colombiana (como lo hacen con Venezuela y otros países) ya habrían creado un gran escándalo porque todos los indicadores de la economía colombiana son negativos.

La balanza de pagos (exportaciones/importaciones), el déficit fiscal (deuda pública/ingresos fiscales del Estado), la devaluación del peso, el empleo, etc., todo es negativo. Pero, eso no se siente porque ningún organismo multilateral tiene en cuenta los dineros que irrigan el narcotráfico y la minería ilegal hacia la economía legal. Toda Colombia es una “lavandería”.

De tal manera, que para los poderosos todo está más o menos bien. Y, además, tienen a los Fajardos y los Robledos para mantener divididos a los demócratas y a las izquierdas, y cuentan con sus grupos delincuenciales (Rastrojos, Pelusos, “Gaitanistas”, etc.) que cuando ellos quieren, los utilizan para sus tareas “políticas”, caso de Guaidó.

Por todo lo anterior, pienso que la situación de ellos (Uribe, oligarcas, mafiosos, etc.) no es desesperada. Y cuando algo los “acosa”, queman un “fusible” o le echan carroña a las fieras, como ocurrió con “Uribito” o puede pasar con el exfiscal Martínez Neira.

Empero, hay que seguir en la lucha. No pretendo desanimar a nadie.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Blog:   





miércoles, 25 de septiembre de 2019

ATÓNITOS Y ASUSTADOS


ATÓNITOS Y ASUSTADOS

Popayán, 17 de septiembre de 2019
Los niñ@s y jóvenes encabezados por Greta Thumberg a nivel mundial han lanzado una voz de auxilio y de emergencia en defensa de la vida (“Viernes por Futuro[1]). Tienen toda la razón y merecen nuestro respeto y admiración. No obstante, como muchos de ellos lo saben, no es solo el cambio climático lo que nos amenaza. La humanidad está hoy frente a lo desconocido.

Se puede captar el miedo al caos, a la destrucción, al vacío, al control total[2]. No existen verdades fiables ni nada de dónde agarrarse. De la confianza total en la ciencia se ha pasado a un escepticismo creciente que mueve a millones de personas a buscar seguridad en nuevas y viejas religiones, o a emigrar hacia otras regiones y territorios en busca de protección y “progreso”. El  “capital” y el “mercado” usados como dioses crearon el demonio del “consumismo compulsivo” que ha llevado al ser humano a estar más solo y desvalido que nunca.     

Así, la economía está entrampada[3] y gira sobre sí misma entre recesiones y crisis económicas y financieras que enriquecen cada vez más a unas cuantas familias de multimillonarios que controlan el mundo entero; el modelo productivo y de consumo ha creado desequilibrios ambientales que ponen en peligro la continuidad de la especie humana sobre la tierra; y la crisis existencial y de valores se manifiesta a todo nivel con fenómenos como la depresión, adicciones de todo tipo, suicidios a granel, guerras manipuladas, inseguridad progresiva, divertimiento obsesivo, etc., etc.

En los últimos 40 años se han producido en el mundo una serie de cambios formidables a una velocidad inusitada. La humanidad no estaba preparada para asimilarlos. La tercera y cuarta revolución tecnológica[4] (en pleno avance) hicieron estallar en mil pedazos la globalización neoliberal. Pero, es el mismo capitalismo el que está en jaque y, en gran medida, el modelo de civilización patriarcal basado en la economía crematística (enriquecimiento individual) enfrenta una avalancha de presiones excepcionales que aceleran la conflictividad humana.

Los cambios lentos (contradicciones ralentizadas y ocultas) que se habían acumulado durante los siglos precedentes a nivel de las relaciones entre las personas y clases sociales (dominación y explotación), entre diversas culturas y etnias (racismo), entre hombres y mujeres (patriarcalismo), entre adultos y jóvenes (autoritarismo), entre el trabajo manual y el intelectual (monopolio del conocimiento), entre heterosexuales y diversidades de género (homofobias), entre los seres humanos y la naturaleza (utilitarismo irracional), han explotado en estas últimas cuatro décadas de una forma concentrada y nos colocan en una dimensión desconocida.

Y, la humanidad está atónita y asustada.

La ilusión de que el capitalismo traería progreso para toda la humanidad se fue desmoronando durante el siglo XX. Desde la crisis económica de 1929, llamada la Gran Depresión, pasando por la 2ª guerra mundial, la “guerra fría” y la globalización neoliberal que se impulsó desde los años 70s del siglo pasado, hasta el momento actual en donde la decadencia del imperio estadounidense es la cuota inicial de una confrontación geopolítica a “varias bandas” (multipolar), el capitalismo ha mostrado sus enormes limitaciones. También, el socialismo “estatista” (soviético) se vino abajo en 1989 para pesar y desilusión de amplios sectores de trabajadores y pueblos oprimidos que pensaban que era el camino para superar el capitalismo imperante. Y esas ilusiones y utopías todavía no encuentran un nuevo relato esperanzador y entusiasmador. Estamos a la defensiva en medio de un mar turbulento y agitado sin rumbo ni brújula.  

La ciencia tradicional, la que heredamos de la ilustración y de la revolución francesa, que fue el punto de apoyo para el desarrollo del capitalismo y los intentos de construcción del socialismo, hoy se encuentra subsumida y condicionada por el poder económico y político, y puesta al servicio instrumental de la tecnología. Y, aunque han aparecido las “ciencias de la complejidad”, la mecánica cuántica, la teoría de sistemas, la complejidad no lineal, la teoría del caos, la cibernética y las neurociencias, todavía no tenemos una filosofía que sistematice y traduzca esos avances científicos, los conecte con la vida práctica y los ponga al servicio de la transformación social.

Además, desapareció del panorama de las luchas de resistencia el sujeto social que supuestamente era portador del cambio revolucionario. El proletariado industrial y los trabajadores manuales (operativos) fueron reemplazados por máquinas y dispersados en las industrias  y manufacturas que aún sobreviven en el centro y en la periferia capitalista o están empleados y desperdigados en el área de los servicios y el comercio. Los nuevos trabajadores (cognitariado-precariado) están concentrados en la industria del conocimiento, la información, las comunicaciones y el entretenimiento, y aún no son conscientes de su posición subordinada dentro del aparato que los exprime y engulle como simples operadores de software. La inteligencia artificial es su perspectiva inmediata, y a la vez, su propia competidora y depredadora. Otros sectores como los pueblos indígenas resisten en las fronteras liminales del mundo capitalista, pero aunque son unos valiosos y valientes esfuerzos, son excepcionales y marginales.

La aparición de gobernantes tipo Trump (EE.UU.), Duterte (Filipinas), Salvini (Italia), Orbán (Hungría), Bolsonaro (Brasil), Johnson (Reino Unido), y de nuevos nacionalismos de gran potencia en USA, Rusia, China, India y Europa, en donde se entrelazan todo tipo de concepciones políticas de derecha y ultra-derecha (y fascistas), corresponde a la reacción clásica de las castas dominantes ante el panorama descrito. Esas élites temen el “desorden” y el “caos”, e impulsan entre los sectores más atrasados de la sociedad concepciones políticas basadas en el miedo y el odio, para que exijan y legitimen el orden y autoridad despótica, la defensa de la familia tradicional, la represión y la destrucción de cualquier forma de democracia. Necesitan el “control total” y el disciplinamiento colectivo.

Lo interesante del momento es que millones de niñ@s y de jóvenes (alentados por abuel@s y algunos padres “radicales”) se han empezado a movilizar y a organizar por una causa que es concreta y tangible, como es la lucha contra el cambio climático causado por la acción antrópica irracional[5]. Es muy importante que esa lucha “ambientalista” no se utilice como instrumento político-electoral y no se le ayude a las derechas abstrusas y reaccionarias a sectarizar y aislar tan importante y necesario esfuerzo.


Para responder a tamaño reto, inaplazable y urgente, hay que tratar de unificar al 99% de la humanidad en torno a dicha causa, y en medio de ello, ir construyendo una nueva “narrativa”, una cosmovisión alternativa, unos principios éticos transformadores, una “espiritualidad materialista” que mueva mentes y corazones, un programa y una  estrategia que respete al individuo y al colectivo, y que potencie lo mejor de los seres humanos existentes, que es ese “ser social y colaborativo” que está allí –acumulado, a la sombra, invisible, subyacente– esperando el momento de salir a flote para materializarse en reciprocidad y colaboración. 


E-mail: ferdorado@gmail.com


[2] Ver: “Edward Snowden: “Los gobiernos están empezando a delegar su autoridad a las grandes plataformas tecnológicas”: http://cort.as/-Rat_

[3] Ver: OCDE: “La economía global está estancada en una trampa de bajo crecimiento: Se requiere que los formuladores de políticas actúen para cumplir sus promesas, afirma la OCDE en sus Perspectivas Económicas más recientes”: http://cort.as/-RasD

[4] La tercera revolución tecnológica es la conjunción del avance de las tecnologías de la computación, las comunicaciones digitales, el desarrollo de Internet y de las energías renovables, mientras que la cuarta revolución tecnológica es la confluencia de las neurociencias, la nanotecnología, la computación cuántica y la inteligencia artificial. (Nota del Autor).  

[5] Impacto humano sobre el medioambiente, influencia antrópica o antropogénica o impacto ambiental, es el conjunto de efectos producidos por las actividades humanas en el medio ambiente terrestre. (Nota del Autor).

viernes, 13 de septiembre de 2019

Lo de Guaidó y Los Rastrojos, es tan escabroso, grave y escandaloso...


Lo de Guaidó y Los Rastrojos, es tan escabroso, grave y escandaloso...

Popayán, 13 de septiembre de 2019

... porque permite ver -nítidamente- las relaciones íntimas entre toda la ultra-derecha estadounidense, española y latinoamericana con el paramilitarismo colombiano. 

Los Pence, Pompeo, Bolton, Rubio, Uribe, Vargas-Llosa, Aznar, Almagro, etc., etc. (y tantos idiotas útiles que les colaboraron con el "concierto humanitario"), han quedado al descubierto pero, si no se hace algo unificado y fuerte, no pasará de ser una anécdota de twitter e instagram. Una "incomodidad" como titula la prensa bogotana.

No obstante, pareciera que los intereses electoreros del momento le impiden a los demócratas colombianos (Petro, Robledo, Claudia, Navarro, etc.) unificar sus fuerzas y generar una acción contundente, que sirva de cobertura y de refuerzo a la programada comparecencia de Uribe en calidad de acusado e indagado por la Corte Suprema de Justicia. 

Se debería conformar una gran Comisión Civil de carácter global (internacional) para investigar ese asunto, con el más amplio apoyo de intelectuales, académicos, dirigentes sociales y sectores políticos democráticos de Colombia, los EE.UU., España y América Latina, y la participación de juristas de reconocido prestigio. 

A esa acción conjunta habría que invitar a todos los "tibios" para desenmascararlos de una vez por todas. 

Es el momento de una gran ofensiva democrática que enlace la causa de la paz con la derrota de los guerreristas de todos los pelajes y colores. 

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Elecciones en Cauca y Popayán: poco ruido y menos nueces

Entre "Chuspas" y "Tito"

Elecciones en Cauca y Popayán: poco ruido y menos nueces


Popayán, 11 de septiembre de 2019

El ambiente electoral en el departamento del Cauca de cara a los comicios regionales y locales ofrece una serie de contrastes que a primera vista parecen inexplicables.

En un departamento impactado por el narcotráfico, la minería ilegal, la violencia reciclada luego de la desmovilización de las Farc, la precariedad de las pequeñas economías campesinas y agrarias, y el crecimiento de la delincuencia y la inseguridad en todos los ámbitos, la ciudadanía no muestra ningún entusiasmo frente a las propuestas de los candidatos y partidos políticos.

En una región donde las organizaciones sociales se hacen sentir con movilizaciones, bloqueos de carreteras y diversas formas de protesta, la campaña electoral no ha logrado motivar a la población y transcurre sin pena ni gloria. Entre bostezos, falsas peleas y cortesanismos a granel.

En Popayán se inscribieron 11 candidatos para la alcaldía por diferentes partidos y convergencias, de los cuales, si acaso se destacan dos (2) de ellos, sin que eso signifique que los payaneses estén polarizados por una u otra propuesta. Y a nivel departamental, son 5 los candidatos pero solo dos (2) concentran el apoyo de la mayor parte de las agrupaciones políticas.         

La situación se puede describir así:

a) Existe escaso interés y poco entusiasmo electoral entre el grueso de la ciudadanía frente a los candidatos, los partidos políticos y las convergencias existentes.  

b) Se nota una gran incapacidad de los candidatos y de los partidos políticos de captar la atención y el apoyo de los electores.

c) El petrismo y uribismo que polarizaron a la opinión pública en 2018, hoy no cuentan en la región con expresiones políticas que planteen ideas claras y movilicen entusiasmos definidos.

d) Los principales problemas que afectan al departamento y municipios son abordados en forma general y no se perciben propuestas concretas que diferencien nítidamente a los candidatos (as).

Alguien decía que la competencia a nivel departamental no era un enfrentamiento entre los candidatos inscritos para disputar la Gobernación sino entre los patrocinadores de ocasión. Los dos postulados más opcionados responden a intereses de los principales senadores caucanos (Velasco y Ortega), que en 2015 fueron aliados e impusieron un gobernante compartido (Campo).

A nivel de Popayán, la confrontación por la alcaldía gira alrededor de los mismos intereses personales y de estrechos grupos de contratistas, pero ante el escepticismo y la incredulidad de amplios sectores populares de la ciudad, y la posibilidad de hacer una campaña con menos recursos económicos, la inflación de ilusiones electorales parece haberse disparado.

Es sencillo: son los mismos con las mismas; ayer estaban unidos, hoy están enfrentados; detrás o al lado de las alianzas de conveniencia se encuentran los herederos de los viejos gamonales clientelistas y corruptos, que en el pasado fueron derrotados pero que los “sectores alternativos” dejamos respirar y revivir. En el pasado (2000), “casamos el tigre y nos asustamos con el cuero”.

Los Iragorris, González y Chaux Mosqueras, Jesús Ignacios, etc., siguen allí –detrás– mandando y ordenando. Las fuerzas sociales y los partidos que se dicen “alternativos” no fuimos capaces de construir nuevos liderazgos y nuevas formas de acción política. La ausencia de unidad y la falta de claridad política nos condenan a soportar el pasado gamonalista. ¡Es una desgracia!    


lunes, 2 de septiembre de 2019

El “socialismo del siglo XXI” embiste contra la resistencia zapatista

AMLO y Slim salvan a la 4ta Transformación (Artículo http://cort.as/-P5ak)
 El “socialismo del siglo XXI” embiste contra la resistencia zapatista

Popayán, 2 de septiembre de 2019

El principal teórico del “Socialismo del Siglo XXI”, Heinz Dieterich Steffan, ha lanzado a nombre de la alianza entre AMLO y SLIM en México, una ofensiva ideológica y política contra los indígenas del sur de México (“neo-zapatistas”) que resisten la ofensiva del gran capital y se defienden frente al despojo y al arrasamiento de su territorio. También, ataca a sus aliados a quienes califica de “mercaderes de derechos humanos” y de “ultraizquierda dogmática”.

El capitalismo global desde hace varios años impulsa una ofensiva contra los pobladores del sureste de México. Ahora lo hace con más estrategia y arrogancia, que se concreta en un cerco a todo nivel: 1. Economía del narcotráfico; 2. Megaproyectos; 3. Programas institucionales de la 4ª Transformación de AMLO. Es lo mismo que ocurre en Suramérica. A nombre del progreso y la prosperidad arrasan con ecosistemas, tierras y pueblos indígenas, sin ningún rubor.

El narcotráfico divide, descompone y degrada a las comunidades, ya sea con dinero, chantaje o violencia estructural. En México se apoya en las mafias mexicanas que tienen gran experiencia desde cuando reemplazaron en ese negocio a las mafias colombianas. Los megaproyectos energéticos y de infraestructura se colocan al servicio inmediato de los agro-negocios y del turismo global pero, a mediano y largo plazo, la meta es controlar los inmensos y ricos recursos de agua y biodiversidad que existen tanto en la Selva Lacandona como en la Amazonía, Orinoquía, el Gran Pantanal y el Acuífero Guaraní.

En el caso de México, ese cerco envolvente contra los pueblos chiapanecos que han decidido construir en su territorio “otra forma de vida”, se hace utilizando la economía capitalista formal y no formal, legal e ilegal, “nacional” y “transnacional”, y como cobertura se utiliza la política denominada como la 4ª transformación de México (AMLO).

El “desarrollismo progresista” de Dieterich, es la misma fórmula que lidera la burguesía globalista china que a nombre de su pueblo y de Marx, aplica el “capitalismo asiático” (economía neoliberal + autocracia “comunista”). Según el sociólogo de la UNAM, por el solo hecho de que China compita con parcial éxito con los EE.UU. y Europa en el campo de la reproducción del capital, debemos considerar a ese país y a su dirigencia (Xi Jinping) como la vanguardia de los pueblos oprimidos del mundo entero.

En esa dinámica, el “ideólogo” del “socialismo del siglo XXI” concluye que los indígenas neozapatistas y todos aquellos que los apoyan, son agentes de una versión nueva de la “revolución de colores” contra AMLO. Así, coloca a Carlos Slim como el abanderado de la prosperidad que sacará de la pobreza a los mexicanos. Lo que no puede explicar es cómo ocurrirá tal cosa o por qué toda la riqueza de los multimillonarios, sean de México, China, Rusia, EE.UU. o Europa,  lo único que generan es pobreza, depredación, despojo y guerras.   

Dieterich cae en una distorsión de valores. Es una especie de “delirio neoliberal” tipo Deng Xiaoping (1978), que puede llevar a que la 4ª Transformación requiera su propia “Masacre de Tiananmen” (1989) o su “Matanza de Tlatelolco” (1968), para barrer de la faz de la tierra a quienes no quieren el “bienestar” que ofrecen los gobiernos “desarrollistas”. Según este “teórico”, el PIB de México debe crecer al 4% para poder sacar a los pobres de la miseria.     

En gran medida es el mismo proceso que ha ocurrido en la Amazonía y Orinoquía, hoy en cabeza de Jair Bolsonaro pero, ayer, alimentado por los gobiernos “progresistas” que le dieron (y le dan) “viento y aliento de izquierda” al fuego de los agro-negocios y megaproyectos, tanto en Brasil como en Venezuela, Bolivia y Ecuador. Así, podemos decir: “Nadie sabe para quién trabaja”.

Son las distorsiones que los pueblos y trabajadores sufrieron con los “socialismos del siglo XX” o “socialismo estatistas” o “socialismos desde arriba”, que en aras de lograr los objetivos de los “planes quinquenales”, la “industrialización acelerada”, la “emulación de Occidente”, se sacrificaron durante décadas para dejarle a las nuevas generaciones un “paraíso terrenal” o el “comunismo”, y terminaron construyendo un sistema burocrático y parasitario que cuando se derrumbó se convirtió en el “reino de los nuevos multimillonarios”.      

Es necesario que los pueblos indígenas chiapanecos y aliados mexicanos e internacionales, impulsen una estrategia que involucre al resto del pueblo mexicano; que para “romper el cerco” se desarrolle una verdadera “batalla de ideas” en los más amplios espacios de México y el mundo. Es indispensable que no se dejen arrinconar en su territorio sino que hagan valer su papel de cuidadores y protectores de la naturaleza.

Lo que está en juego no es solo la “selva” y sus recursos. Lo que está en desarrollo es un verdadero exterminio étnico y social, que utiliza un “cerco ideológico y real” que avanza a pasos agigantados. Está muy bien lo que han hecho recientemente los pueblos “zapatistas” y aliados locales, que amplían consistentemente su control territorial con fuerzas organizadas, pero ante tamaña ofensiva, no es suficiente. El “cerco” es sistémico y mortal.

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viernes, 30 de agosto de 2019

De la “revolución” a la inmolación



De la “revolución” a la inmolación

Popayán, 30 de agosto de 2019

“Cuando algo va mal,
podemos dar fe de nuestra devoción a la causa,
asumiendo con prontitud la responsabilidad por el fracaso,
salvando con ello la pureza del propio proyecto revolucionario.”
S. Zizek

Ayer, 29 de agosto de 2019, Iván Márquez, Jesús Santrich y otros comandantes de las FARC, relanzaron la lucha armada en Colombia mediante un video donde anuncian esa decisión. Su manifiesto es creíble si se tiene en cuenta la historia de lucha de los principales comandantes que participaron de ese acto.

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Cuando algo va mal… (es porque la oligarquía y el imperio no cumplieron pero, se olvida que el pueblo tampoco se movilizó en apoyo a su proyecto);

… podemos dar fe de nuestra devoción a la causa… (causa que es hacerle la revolución al desvalido e ignorante pueblo);

… asumiendo con prontitud la responsabilidad por el fracaso… (Iván Márquez había dicho que no debían haber entregado las armas y se hizo “responsable” de ello);

… salvando con ello la pureza del propio proyecto revolucionario (ahora se entra en la fase del sacrificio, de la inmolación, que ya había anunciado Santrich desde la cárcel).

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Sabíamos que la oligarquía y el imperio no iban a cumplir, el problema es que existió entre la dirigencia fariana la ilusión de que si lo harían (esa ingenuidad es muy difícil de reconocer y explicar).

Sabíamos que la mayoría del pueblo los rechazaba, no solo por el trabajo ideológico de sus enemigos, sino por los graves crímenes cometidos en la fase de la degradación de la guerra (es muy difícil reconocer con seriedad la causa de esa degradación, porque implica –allí sí– asumir una responsabilidad concreta, no tanto por los crímenes en sí mismos, sino por los errores de tipo estratégico cometidos en ese proceso que son la causa de la “instrumentalización” imperial y oligárquica).

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Es una experiencia de la cual debemos aprender todos. Hay una especie de “devoción” en toda esta historia. Sigue la lógica del “pecado original”: es mejor que yo sea completamente culpable antes de que la “causa revolucionaria” (la entrega total, el sacrificio, la inmolación, el suicidio) sea puesta en entredicho. “Prefiero morir a reconocer que estaba equivocado, no tanto en la meta (la justicia social) sino en la forma en que luché por ella”.  

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Por ello, se oculta la verdadera causa de la derrota. No es otra que asumir la “revolución” como si fuera la tarea de unos pocos “héroes” (salvadores supremos), o sea, con la concepción “cristiana” y religiosa que es la que predomina en el ELN desde su fundación y en casi toda la “izquierda revolucionaria” de América Latina.

El problema tampoco es resuelto por los otros dirigentes de las FARC, que se suman a la lucha electoral y legal sin la más mínima crítica a su comportamiento anterior, que fue impulsar la lucha armada de unos pocos, sin construir base social permanente. Esa lucha armada fue “instrumentalizada” por el imperio y la oligarquía y, hasta ahora, no se conoce un balance crítico  de ese proceso por parte de sus protagonistas.

Y la misma actitud de “liberadores supremos”, predomina en casi todos los dirigentes de izquierda, progresistas y demócratas, que creen que con “hacerse elegir” y llegar a la administración del Estado, van a resolverle los problemas al pueblo.

Y por allí seguimos… cambiando de camiseta y de rótulo, pero en las mismas de siempre.


miércoles, 28 de agosto de 2019

¿Podremos derrotar a corruptos y guerreristas en las elecciones de octubre de 2019?


¿Podremos derrotar a corruptos y guerreristas en las elecciones de octubre de 2019?

Popayán, 28 de agosto de 2019

No acostumbro a analizar la política electoral de nuestro país o del mundo citando con nombre propio a los protagonistas individuales. Creo que esas figuras o personas son un resultado de la acción de las fuerzas sociales profundas, que expresan diferentes y antagónicos intereses de clases y/o identidades históricas de tipo político, nacional, étnico, de género, edad y cultura.  

No obstante, dadas las circunstancias previas a las elecciones para elegir autoridades regionales y locales, especialmente, las que se viven en torno a la elección para la Alcaldía de Bogotá, es necesario mencionar los nombres propios de los actores políticos más relevantes, por cuanto se han convertido en un factor importante a resaltar. La actitud individual, a veces, es definitiva.

Por la forma como se dieron las elecciones presidenciales de 2018 y por la manera como ha “gobernado” o desgobernado Duque, pensé –con cierta ingenuidad– que las fuerzas que siempre he identificado en el campo de la democracia, se iban a unificar para derrotar contundentemente al “uribismo” y neutralizar las tendencias autoritarias que juegan dentro del gobierno.  

Identifico como fuerzas de la democracia a aquellas que luchan por construir un ambiente institucional que nos permita resolver los grandes y graves conflictos acumulados por siglos, apelando a la confrontación pacífica de las ideas y sin recurrir al ventajismo (corrupción). Es decir, sin armas y sin trampas. Y, ello no implica negar los antagonismos históricos que debemos resolver por vías democráticas, uniendo a las mayorías y sin necesidad de exterminar al contrario.

Dentro de esas fuerzas ubico a quienes hacen parte del Polo Democrático Alternativo, Alianza Verde, Colombia Humana, Compromiso Ciudadano, MAIS, UP, sectores liberales independientes y otros grupos que participan en lo electoral. En el caso de FARC, a pesar de los esfuerzos hechos por sus principales dirigentes, hay muchos “grises” en su entorno.

El principal factor que identifico como obstáculo para conseguir ese avance democrático es el comportamiento “infantil” de Gustavo Petro, líder de la llamada Colombia Humana, que se cree dueño de los votos de las personas que lo apoyaron en la importante (y que, parecía “histórica”) jornada electoral de junio de 2018. El triunfalismo se le subió a la cabeza y no lo deja pensar.

Además, y en relación con ese factor, no ha existido un esfuerzo sostenido durante este año por construir un proyecto democrático y progresista, que fuera garantía para construir convergencias o alianzas políticas en los departamentos y municipios, basadas en programas construidos colectivamente y en formas transparentes y requisitos éticos para escoger a los candidatos (as).

Ese proceso democrático- progresista contaba con óptimas circunstancias para aglutinar a fuerzas de “izquierda” y democráticas populares. Los objetivos planteados por Petro en la campaña electoral, que se pueden sintetizar en la lucha por democracia, paz, cambio del modelo de desarrollo, defensa del medio ambiente, educación y salud públicas, eran un gran punto de apoyo.

No se trataba, de crear un nuevo partido o de acabar con los existentes, pero sí de construir un proceso político, juntar a las fuerzas que se convirtieron en la base organizada de la campaña de Petro, que provenían de diversas tendencias y grupos que eran proclives y factibles de acercarse y “articularse”. Unir a lo más cercano para actuar con seriedad frente a los posibles aliados.

Ese espacio democrático-progresista, más o menos unificado, habría sido un buen referente en las elecciones regionales, para “unir a lo más progresista” de este país. Claro, sin renunciar a alianzas con “verdes”, “polistas”, “fajardistas”, “izquierdistas”, y hasta con liberales independientes, aislando al uribismo, al “gavirismo-charista”, al “vargas-llerismo”, al “santismo-corrupto”, etc.

Y de paso, combatir el personalismo, el caudillismo y todos los vicios de la política tradicional que han empezado a treparse de frente al interior de las fuerzas progresistas y de izquierda. 

Claro, todavía hay tiempo para reflexionar y rectificar. Aunque... ¡no mucho!     

jueves, 8 de agosto de 2019

COLOMBIA: NI NACIÓN, NI REPÚBLICA, SOLO UNA SIMPLE COLONIA

COLOMBIA: NI NACIÓN, NI REPÚBLICA, SOLO UNA SIMPLE COLONIA

Popayán, 8 de agosto de 2019

Se celebran en Colombia 200 años de la independencia y la “fundación” de la república. Se hizo la independencia formal de España pero no se constituyó una Nación. Son cosas diferentes que muchos confunden, por ignorancia o conveniencia. Tiempo después, la oligarquía criolla nos entregó al imperio inglés y, después, al norteamericano (1903).

Es cierto que funcionamos como un país, tenemos una economía construida por nuestra gente (así sea subordinada a las potencias) y portamos una particular y compleja identidad (que nos hace “seres especiales”), pero no somos una verdadera Nación. Somos una colonia y el “Caín de América”. Con siete bases militares gringas y gobiernos títeres, no podemos creernos “independientes”. Las derechas oligárquicas, patriarcales, racistas y clericales, nos usan como cabeza de playa en la región. Y la resistencia interna es exterminada a sangre y fuego, a pesar que la oligarquía afirma que tenemos “la democracia más antigua del continente”.    

Para entender por qué hemos llegado a la actual situación, es interesante comprender lo que en verdad ocurrió en el pasado. A principios del siglo XIX, el grueso del pueblo mestizo, de origen indígena, afro y “blanco pobre”, no tenía la más mínima oportunidad de decidir con autonomía sobre la llamada “revolución” de independencia. Estaban sometidos al poder omnipotente de los grandes terratenientes y esclavistas mineros, sin posibilidad de hablar y menos de decidir.

Sólo en muy pocas regiones de la Nueva Granada existían núcleos de pueblos rebeldes que podían decidir su “propio hacer” frente a la guerra que enfrentaba a los llamados “patriotas” con los “realistas”. Eran pueblos indios y negros que no habían sido completamente derrotados y mantenían una relativa autonomía para poder decidir qué partido tomar.

En el suroccidente colombiano, el pueblo Nasa, que era el único que mantenía una relativa autonomía, se dividió. Unos apoyaron a los “patriotas”, otros a los “realistas”. En el Patía, la gran mayoría de negros rebeldes, que tenían una alianza de vieja data con pueblos sindaguas (awas), y en Nariño, la mayoría de los indígenas pastos y quillacingas, se pusieron del lado de los realistas. Conocían a los encomenderos criollos y sabían que eran peores que los administradores del rey. Era natural que desconfiaran de la “independencia”.

Para los actuales “ciudadanos” colombianos y muchos políticos y académicos, influidos por el falso nacionalismo que ha sido utilizado en Colombia para engañar, la actitud “progresista” tenía que ser la “patriótica”. Apoyar el rey de España es considerado una “traición” y es inconcebible que pueblos negros o indígenas pudieran ser “realistas”.

No obstante, si nos colocamos en el “cuero” de esos pueblos, los 200 años de independencia no les ha significado gran cosa. No han podido ampliar o fortalecer su autonomía, y siguen en peligro de ser exterminados o “extintos”. Las leyes que se aprueban en “su favor”, como las que se aprobaron en tiempos de la “república”, se convierten en trampas y retrocesos.

La particularidad y complejidad colombiana (historia muy resumida)

En el territorio que los españoles denominaron la Nueva Granada (actual Colombia), durante la conquista y colonización, se encontraron con la existencia de un pequeño “imperio” muisca, en la altiplanicie cundi-boyacense en el centro de esa región, rodeado de cientos de pueblos indígenas indómitos y rebeldes, en medio de una geografía y naturaleza exuberante y agreste.

Se enfrentaban a tres cordilleras gigantescas; dos océanos (atlántico y pacífico) que nos conectan con Centroamérica, las Antillas y Sudamérica y nos hacen ser un cruce de caminos y migraciones amerindias (y actuales), y a bosques y selvas impenetrables donde los indígenas se refugiaban (y después lo hicieron los “negros cimarrones”).

Poco a poco fueron colonizando el territorio y esclavizando a la población. Esas oligarquías coloniales vivían aisladas en sus ciudades, rodeadas de la resistencia de los indios. En Popayán, se protegieron con sus aliados “yanaconas” traídos de Perú y Ecuador; en Bogotá tenían acuerdos con los indios muiscas mientras los aculturizaban; en Cartagena se hacían proteger por mestizos-negros domesticados, y en Antioquia, los hijos de hombres blancos e indias (mestizos) les servían de protección y mano de obra de haciendas y minas.

En el caso de Antioquia, cuando los mestizos crecieron, fueron expulsados de las haciendas por medio de la “colonización paisa” hacia Caldas, Risaralda, Quindío, y norte del Valle, y de allí hacia más abajo, Tolima, Huila, Caquetá, Putumayo, zonas del Cauca, y los Llanos. No obstante, esos mestizos de origen paisa, se volvieron liberales en su contacto cotidiano con los pueblos pijaos, cuyabros, calimas, nasas y demás, rebeldes por naturaleza. (Es la avanzada más subversiva de nuestro pueblo pero deben controlar el “resentimiento” para conectarse al resto).  

Así continuó la colonización en Colombia, proceso que no ha terminado. Nunca hubo reforma agraria sino que empujaron con la violencia a campesinos y colonos hacia tierras baldías. De tal manera que en Colombia siempre existió una élite de origen español, una gran base de mestizos domesticados (de origen yanacona, muisca y blanco), y una gran cantidad de pueblos indios rebeldes pero desunidos y dispersos, que siempre se enfrentaban con los “capataces”, o sea, con el “colchón de amortiguamiento” que habían construido los criollos para defenderse de los “malos cristianos”, los “bandidos, vagabundos e insurgentes”.

Así, los criollos herederos de los españoles no estaban en capacidad de construir una Nación y menos una república democrática. Para ellos era mejor mantener el control en las diversas regiones e impedir la unión de los pueblos rebeldes que podían influir en sus aliados domesticados, los “indios buenos”, y poner en peligro su hegemonía. Por ello, necesitaban un aliado imperial en caso de una rebelión generalizada como ocurrió con Jorge Eliécer Gaitán. Alguien de antaño decía que “la oligarquía colombiana le teme más al pueblo que al imperio”.  

Conclusión

Seguir haciéndole creer a nuestra gente que en verdad hubo una efectiva independencia y que se fundó una República, es caer en la trampa de los poderosos. Hay que sintonizarse con nuestro pueblo que instintivamente sabe que siempre fue una mentira. Por ello la gente aclama con más exaltación el triunfo de un deportista salido y surgido de sus entrañas, que la supuesta independencia que muy pocos sienten de verdad y que pocos celebran con entusiasmo.

La tarea que tenemos por delante es fundar en serio la Nación y construir la República. No será nada fácil. Para hacerlo no podemos seguir luchando solo contra los “capataces” (Uribes, Santos, etc.), apoyándonos solo en un sector de los pueblos más rebeldes (Nariño, Guajira, alrededores del Volcán del Huila, y Bogotá). Nos toca diseñar una estrategia envolvente, paciente, inteligente, sin “vivezas” y sin “saltos al vacío” (supuestas “constituyentes”, etc.), que solo conducen a más guerras fratricidas y a desgastes innecesarios.

Hay que romper con la repetición compulsiva que nos conduce a una constante trágica: a) alzamiento rebelde; b) acuerdo de paz; c) falsa constitución; y d) nueva guerra.

Es lo que ocurrió con algunas guerrillas, que se dedicaron a acosar a campesinos ricos y medios en muchas regiones, sin apuntarle a los lacayos mayores y al imperio, generando la base social de lo que hoy es el “uribismo”. Eso no podemos repetirlo. Hoy está apareciendo una juventud que marca la pauta, que quiere cambios concretos en la vida real y no solo en las leyes (que siempre se quedan en el papel). 

Esa juventud no quiere más de lo mismo, así se vista de “nuevo” y "progresista".
   
E-mail: ferdorado@gmail.com