miércoles, 11 de agosto de 2021

Las elecciones de 2022 en Colombia serán un reflejo del estallido social

 


Las elecciones de 2022 en Colombia serán un reflejo del estallido social

Popayán, 12 de agosto de 2021

En la caracterización del estallido social que “explotó” en Colombia desde noviembre de 2019 hasta junio de 2021 (interrumpido por la pandemia) hemos alertado sobre la tendencia a idealizar los estallidos al confundirlos con “levantamientos” y/o revoluciones.

Numerosos estallidos sociales se han presentado últimamente en el mundo. Muchos de ellos fueron canalizados por los imperios, las oligarquías y las fuerzas conservadoras (Egipto, Libia, Siria, etc.). En Colombia, los estallidos sociales -desde siempre- han sido derrotados a punta de “plomo” por las castas dominantes y, luego, han sido “volteados” y puestos a su servicio para eternizar su poder.

Por ello, hemos insistido hasta la saciedad en algunos de estos aspectos:

Que fue un “estallido”, y por tanto, no fue programado ni controlado por nadie. Que a lo largo de los días, semanas y meses, la naturaleza del estallido fue cambiando de acuerdo a la dinámica y evolución de los sectores sociales en juego (y de la respuesta del gobierno).

Que detrás de ese fenómeno había un acumulado de causas justas y conflictos de diversa naturaleza. Fue una importante expresión de la diversidad y multiplicidad de fuerzas, movimientos y organizaciones sociales y políticas. Pero, para que ese potencial se convierta en algo transformador se hace necesaria una efectiva dirección política (formal y/o no formal).

Hemos planteado que la falta de dirección política no es un problema solo de tipo “organizativo” sino, fundamentalmente, de no contar con un objetivo claro y unificado. Es evidente que cuando las fuerzas del cambio portan algún grado de madurez pueden -sobre la marcha- dotar al movimiento de objetivos claros y conducirlo hacia triunfos que sirvan para acumular fuerzas.

Tal situación no se presentó en Colombia. Unos, querían tumbar a Duque; otros, derrocar al Régimen; unos más, negociar pliegos sectoriales; otros más, obtener réditos electorales; y algunos más, empoderarse en territorios para controlar y ampliar sus negocios mafiosos y oscuros.

Se ha demostrado que estaba más preparado el gobierno y la oligarquía (y el Imperio) que las fuerzas populares. El gobierno (“uribismo”) infiltró las marchas y protestas para generar violencia; desacreditar y desgastar la protesta social; aislar y golpear a los sectores más “radicales”; asesinar jóvenes y crear terror con sus fuerzas policiales y paramilitares.

Y luego, finalmente, culpar a los sectores políticos de izquierda de todo lo ocurrido. En esa tarea están logrando relativos éxitos. Y, además, no podemos negar que algunos “grupos” que vienen de atrás (“ayer”) con sus concepciones y “sueños insurreccionales” (dado que no han evaluado en su fracasado trasegar guerrillerista) han influido en algunos sectores de la juventud y le han hecho el juego a las derechas y al gobierno con acciones aventureras y hasta suicidas.

Hoy que estamos en la fase de “aprovechamiento político” del estallido social es necesario reflexionar. No quiero desanimar a nadie pero, es indudable que algunos errores que se vienen cometiendo le están facilitando el trabajo sucio y criminal a la oligarquía, que va consiguiendo la deslegitimación y el desprestigio de las luchas populares. A pesar nuestro.

Poco a poco las castas dominantes van unificando sus posiciones de derecha y de supuestos “centros”, para derrotar una vez más en las urnas los anhelos de transformación que se expresaron masiva y creativamente en los primeros momentos del estallido social.

Un aporte “algo diferente” a la reflexión

Al interior de los sectores que se han agrupado alrededor del Pacto Histórico se presenta en la actualidad un fuerte debate sobre la decisión (ya tomada) de organizar una lista “cerrada” para el Senado (“cámara alta” del Parlamento). En mi opinión el verdadero problema es clarificar qué imaginario estamos construyendo para “enamorar” a las mayorías de la sociedad y cómo nos va “leyendo” la gente del común.

No obstante, asumo el análisis de lo que está ocurriendo; tanto de la evaluación del Paro Nacional (estallido ) como de los escenarios de participación en las elecciones legislativas y presidenciales del año entrante (2022), aplicando -breve y sintéticamente- el enfoque planteado por George Steiner con ocasión de su estudio de la “Antígona” de Sófocles.

En su obra el escritor inglés plantea lo que considera son los cinco (5) conflictos (relaciones) que determinan -desde siempre- la condición humana: entre individuo y sociedad; mujeres y hombres; adultos y jóvenes; vivos y muertos; y humanos y dioses.

Durante el estallido social se expresaron de muchas formas esos conflictos y relaciones. En sus inicios se movilizó la multitud como un “todo”, las mayorías colombianas, más allá de clases y sectores, géneros, etnias, culturas y/o religiones, se expresaron y arrumaron a Duque.

Poco a poco, la relación individuo/colectivo se fue expresando en su diversidad y particularidad. No existía la fuerza cohesionadora del “colectivo-social” y allí, los intereses individuales-sectoriales fueron debilitando la enorme fuerza inicial.

Es normal que ello ocurra en una sociedad como la nuestra, que desde antes de la invasión europea y de la colonización ibérica-castellana, ya era muy diversa y compleja. Pero además, se fue haciendo más diversa y compleja a lo largo de estos siglos, lo cual es positivo si lo valoramos en su potencialidad pero, a la vez, si contrarrestamos a la oligarquía que azuza y utiliza las diferencias para generar enfrentamiento y división.

A manera de brochazos rápidos veamos cómo se expresaron las otras cuatro “relaciones-conflictos” durante el estallido social y cómo juegan en la conformación de las listas del Pacto Histórico para las elecciones de 2022.

Las mujeres irrumpieron como nunca durante las protestas de estos casi dos años de movilización social. Fueron grandes protagonistas en marchas, en los “performances artísticos” en las calles, en las ollas comunitarias, y en general en todas las acciones de protesta.

Es posible que a la hora de transformar esa fuerza real de las mujeres en representación política suceda lo que ocurrió en Chile en donde ellas fueron mayoritarias a los hombres. Todo depende de las “formas” que se asuman en la conformación de las listas y de la decisión de ellas mismas.

Lo mismo ocurrió y puede suceder con los jóvenes. No obstante, se ha presentado una especie de idealización de algunos sectores de la juventud agrupada en la “primera línea”. El “síndrome de Adán” se ha querido estimular para intentar desechar las experiencias de luchas pasadas. El mismo gobierno juega a agudizar la contradicción entre jóvenes y viejos, e intenta “gremializar” a los jóvenes, como dice un amigo, con falsas propuestas de participación y empleo.  

El conflicto-relación entre vivos y muertos se manifestó, entre otros fenómenos, con la desmontada (y en algunos casos) destrucción de estatuas y monumentos durante marchas y protestas. Otro compañero ha realizado un muy interesante debate y trabajo sobre dichos eventos y actitudes.

Y lo mismo, afloró y sigue aflorando la contradicción-relación entre humanos y dioses. La “tensión callejera” y muchos rituales de diverso tipo muestran como las gentes van derrocando ídolos e íconos pero en medio de la pandemia y de la indignación, se presentan manifestaciones de nuevas espiritualidades que se expresan ahora como “vitalismos” y “animismos” de nuevo tipo.

Por ello, por todo lo anterior y por muchos otros fenómenos y sucesos que se quedan en el tintero, afirmo que “las elecciones de 2022 serán un reflejo del estallido social”.

Habrá de todo: alineados con la izquierda, desalineados, progresistas, organizaciones y movimientos sociales, “outsiders”, “centros” y “descentros”, liberales y conservadores residuales de todo tipo trepados y “colgados” de proyectos de diferente color y sabor.

También surgirán independientes de todas clases, “primeras y segundas líneas”, y de seguro, “votos en blanco” y abstencionistas radicales y tradicionales. Tal vez, como ocurrió en Chile, muchos de esos “independientes” sean los que salven la “papeleta” de las tendencias progresistas y democráticas que están en la mente de mucha gente.

Es lo normal, y así y todo, el pueblo y la sociedad colombiana van a avanzar. No como lo quisiéramos pero se avanzará. Hay que ayudar como ciudadanos de a pie. Hay muchas formas de colaborar. Sin  tanto fanatismo ni sectarismo. Con tranquilidad y creatividad, como si estuviéramos “marchando”. Ojalá superando tanto vicio y espíritu “grupista”.

Las derechas están en problemas, tendrán que unirse y mostrarán todo el cobre y su podredumbre. Por algo su “sub-presidente” está preocupado y patalea como un tonto. Es bueno que patalee, no hay que tomarlo tan en serio.

Algunos escenarios posibles en la Colombia de 2022

1. Se genera el “efecto Chile”: la derecha se debilita, la izquierda se fortalece pero el “centro independiente” logra mayorías “moderadas”.

2. Se presenta el “fenómeno Ecuador”: la derecha se debilita pero gana por causa de la división de la izquierda.

3. Se da el “proceso de Bolivia”: la derecha y el “centro” se debilitan y la izquierda gana con estrategias y posiciones “moderadas”. 

4. Se presenta el “fenómeno Perú”: en 1ª vuelta hay gran dispersión y en la 2ª se enfrentan los “extremos” con candidatos minoritarios; gana la izquierda por estrechísimo margen.

5. Se repite la “Colombia de 2018”: La derecha se debilita, la izquierda crece pero el “centro” ayuda a que la derecha gane usando su disfraz (como pasó hace 4 años).

En esta última versión pueden darse dos (2) variantes:

a) Que gane un candidato similar a Duque (el que diga Uribe); o

b) Que gane un “antiuribista” parecido a Santos.

En Bolivia y Ecuador el “centro” es muy débil; en Chile, el “centro” se muestra más independiente; en Perú, el “centro” es disperso, indefinido y corrupto; y en Colombia, el “centro” es relativamente fuerte por miedo a las Farc. En Perú la derrota de Sendero Luminoso fue hace 30 años.       

Notas:

El Espectador (10.08.2021). “El petrismo y Gustavo Bolívar “financian a los vándalos”: Claudia López”. https://www.elespectador.com/bogota/el-petrismo-y-gustavo-bolivar-financian-a-los-vandalos-claudia-lopez/

El Espectador (05.08.2021). “Pacto Histórico se la juega por lista cerrada al Senado y en cremallera”. https://www.elespectador.com/politica/pacto-historico-se-la-juega-por-lista-cerrada-al-senado-y-en-cremallera/

Steiner, G. (1987). Antígonas. Editorial Gedisa. http://juliobeltran.wdfiles.com/local--files/cursos:ebooks/Steiner_Ant%C3%ADgona

BBC (19.05.2021). “Elecciones en Chile: ‘El problema de la subrepresentación de las mujeres no era cultural, sino un tapón de los partidos políticos que bloqueaban su ingreso’”. Fernanda Paúl

BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-57170732

El Unicornio (21.06.2021). “La Conquista: ni leyenda rosa ni leyenda negra”. Jorge Senior. https://www.elunicornio.co/la-conquista-ni-leyenda-rosa-ni-leyenda-negra/

jueves, 29 de julio de 2021

Retos y tensiones en el Pacto Histórico

 

Francia Márquez, Gustavo Petro e Isabel Cristina Zuleta

Retos y tensiones en el Pacto Histórico

Popayán, 29 de julio de 2021

De mantenerse la dinámica electoral que está en desarrollo en Colombia, en los próximos comicios legislativos y presidenciales de marzo-mayo-junio de 2022 se enfrentarán tres proyectos y/o coaliciones políticas que concentran la atención y la fuerza electoral del país.

Es posible que participen más candidatos (as) como ocurrió en la 1ª vuelta de Perú y Ecuador. No obstante, se perfilan 3 coaliciones y sendas candidaturas sólidas y consistentes que representarán a sectores sociales y políticos que han venido acumulando fuerza y experiencia en las últimas décadas.

Las elecciones legislativas -por primera vez- van a servir de filtro para la primera vuelta presidencial. Las fuerzas que se han juntado alrededor del Pacto Histórico -propuesto e impulsado por Gustavo Petro- se han colocado el reto de lograr mayorías en el parlamento (Congreso).

Esa arriesgada y valiente apuesta ha obligado a los demás partidos a tener que aglutinar todas sus fuerzas para impedir que les debiliten su control en ese órgano de poder que históricamente ha sido monopolizado por quienes representan el establecimiento oligárquico.

Esa jornada electoral (marzo/22) servirá para disputar las mayorías en Senado y Cámara (baja) y también para escoger candidatos presidenciales por parte de las convergencias que están en proceso de conformación (consultas populares). Ese evento será una especie de 1ª vuelta “adelantada”.

Según como se desempeñen esas coaliciones en las consultas, más de un candidato puede quedar en la lona y ello hará que la verdadera primera vuelta se convierta en un escenario de máxima tensión y polarización. Quien no juegue bien en marzo podrá pagar los costos de sus errores en mayo. 

¿Cuáles son esas tres coaliciones y candidaturas consistentes? ¿Qué sectores sociales están en medio de la disputa? ¿Cómo juegan las fuerzas políticas? ¿Cuáles los retos para el Pacto Histórico?

Tres convergencias y tres candidaturas  

Tres convergencias se están configurando de cara a las elecciones de 2022: una, la del “pacto histórico” (PH) que aglutina a partidos de izquierda y progresistas, y a movimientos sociales. Ellos intentan canalizar la inconformidad mostrada durante el estallido social, y en medio de ese esfuerzo, atraer a la juventud, a las clases medias y a sectores del liberalismo “popular”.

Dos, la “coalición de la esperanza” (CE) que se autocalifica de “centro”. Tiene como soporte partidario a la Alianza Verde, a un sector separado del Polo Democrático hoy denominado “Dignidad”, a una agrupación sin personería jurídica liderada por Sergio Fajardo (compromiso ciudadano), e intenta aglutinar también a sectores liberales y otras fuerzas “moderadas”.

Y tres, una convergencia que todavía no asume una forma visible pero que -sin duda- se va a presentar. Estará conformada por partidos políticos tradicionales. Serán todas las derechas juntas. Por ahora se expresa con “amagues” y acuerdos entre exalcaldes, exgobernadores, candidatos conservadores y el uribismo. Es un proyecto a la defensiva; su único objetivo es derrotar a Petro.

Cada una de esas convergencias va a escoger candidato (a) único. El PH tiene a Gustavo Petro como su principal carta; la CE parece inclinarse por Alejandro Gaviria (“santista”) ante el desplome de la imagen de Sergio Fajardo; y las derechas no tienen otro más que a Germán Vargas Lleras.        

Los sectores sociales en disputa

La sociedad colombiana nunca se había expresado tan masiva y creativamente como durante el estallido social de mayo y junio de 2021. La inconformidad acumulada durante décadas -paralizada por el miedo y la violencia- afloró durante estos meses. No obstante, no se debe idealizar la protesta. No todos los que apoyaron el Paro Nacional van a apoyar a las fuerzas democráticas y/o progresistas. Como dijo Leonardo Padura refiriéndose a las recientes protestas del 11 de julio en Cuba, ese estallido fue un “alarido”, un grito atronador imposible de tapar, un llamado de atención.

Desde mi perspectiva, son dos grandes sectores sociales los que vienen marcando el futuro en Colombia. Son, los pequeños y medianos productores agrarios y los “nuevos trabajadores” precariados de las ciudades, especialmente los “profesionales precariados”. Son los sujetos sociales que requieren con urgencia cambios en el modelo productivo y van a pujar por lograrlos.

Los primeros, hasta ahora habían sido la base social del conservatismo (uribismo), pero la crisis económica y los problemas acumulados en el sector agropecuario los obligan a intervenir en política con expresiones propias. En Nariño, Boyacá, Santander, Tolima y Huila, esa situación se ha venido manifestando. Y por ahí se avanza en otros departamentos del Eje Cafetero y otras regiones.

Los segundos, desde la “ola verde” que lideró Mockus se habían expresado tímidamente. A lo largo de la segunda década del siglo XXI se alimentaron de nueva y combativa sangre juvenil (paros universitarios) e irrumpió con masivas movilizaciones en 2016 y 2019 en defensa del proceso de paz. En 2021 lo hicieron con una posición más elaborada frente a los problemas que vive la nación.

El resto de sectores sociales (campesinos y colonos, indígenas y afros, clases medias y empresarios de diverso nivel, etc.), de acuerdo a sus intereses y anhelos, se identificarán y alinearán con las fuerzas políticas que logren estar a la altura de sus expectativas. Mujeres y juventudes están activas y atentas, y hoy son grandes protagonistas no solo de la protesta sino de la acción política.

El reto de las fuerzas democráticas es convencer a las mayorías de que es posible superar la actual crisis económica, social, política, ambiental y cultural en forma “tranquila”, construyendo la paz, fortaleciendo la democracia y dentro de la economía de mercado. Para las derechas, el reto es convencer a las mayorías de que un gobierno de “izquierda-progresista” conducirá al país al caos.  

Con ese objetivo en mente intentan colocar a Cuba, Venezuela y Nicaragua como “espejo” de lo que podría suceder si se elige a “gente subversiva”. Por ello, responsabilizan a la izquierda y al progresismo de ser los causantes de la violencia (“vandalismo”) que se presentó en las últimas semanas del estallido social. Si lo logran, ese hecho influirá indudablemente en las elecciones/2022. 

Los retos del Pacto Histórico

El Pacto Histórico avanza con paso firme. Además de contar con los partidos y grupos de izquierda (Colombia Humana, Polo Democrático Alternativo PDA, Movimiento Alternativo Indígena y Social MAIS, Unión Patriótica UP, y otras agrupaciones), ha empezado a recibir nuevas fuerzas y expresiones del movimiento social. Igual, ha logrado atraer algunos políticos tradicionales comprometidos con el proceso de paz y a personalidades del mundo artístico, intelectual y otros.

Esta semana pasada se integró el movimiento “Soy porque somos” que tiene como pre-candidata presidencial a Francia Márquez, lideresa afro, ambientalista y de víctimas del conflicto armado. También se sumó al PH como candidata al Senado la reconocida dirigente Isabel Cristina Zuleta, líder de las luchas sociales por el agua, sobre todo las que han desarrollado los campesinos y comunidades del norte de Antioquia contra el proyecto de Hidroituango.

Ambas dirigentes expresaron con toda claridad que llegan al PH “con la misión de que los partidos políticos respeten a los movimientos sociales de base”, “que comprendan que la principal tarea es que cada colombiano (a) haga parte de una organización social” y “que las asambleas populares sean la principal fuente de construcción colectiva y de democracia directa”.

De acuerdo a una serie de hechos que vienen ocurriendo alrededor de la conformación del Pacto Histórico, que tienen que ver -en lo fundamental- con los esfuerzos que hace Gustavo Petro por atraer a sectores y personalidades de los partidos tradicionales, podemos sintetizar lo que son los retos y las tensiones que se generan al interior de ese proceso. Veamos:

-       Construir en verdad un “proyecto histórico” de transformación de Colombia (y el mundo) pero, a la vez, responder con sentido de oportunidad a la necesidad urgente de derrotar en las elecciones de 2022 al uribismo y a la oligarquía reaccionaria y guerrerista (apoyada por los neoconservadores estadounidenses e iberoamericanos).

Para hacerlo, se debe fortalecer política y organizativamente el “núcleo” en verdad histórico del proyecto, que hoy es encabezado por los liderazgos de los movimientos sociales (organizados y no organizados).

Dicha tarea es necesaria, por un lado, para que comprendan la necesidad de hacer alianzas con “políticos tradicionales” para poder sacar del aparato de gobierno al uribismo, y por el otro, para que nunca renuncien a jugar su papel de desarrollar nuevas formas de hacer política, como ya lo vienen haciendo las lideresas mencionadas.

Ello por cuanto -como lo hemos vivido en otros procesos políticos y sociales de países vecinos- la tendencia al burocratismo y a la cooptación institucional de los dirigentes populares durante la gestión de los gobiernos “alternativos” ha sido la constante, lo que ha debilitado tanto a las organizaciones y movimientos sociales como a los gobiernos mismos.

Por ello, en el proceso de construcción del Pacto Histórico se debe diferenciar muy bien, sin necesidad de sectarismos ni vetos, a quienes en realidad son aliados y a quienes propiamente están interesados en transformaciones estructurales  (que no se conseguirán de un momento a otro).

-       Construir un pensamiento de carácter histórico (teórico-práctico) que sirva de referente para avanzar con cierta coherencia tanto en la “gestión del Estado heredado” como en la construcción de un movimiento social y político que se coloque -en verdad- tareas transformadoras frente a los retos que hoy enfrenta la humanidad a nivel planetario.

Para lograrlo se necesita convocar a todas las vertientes de pensamiento que luchan por cambios que tienen que ver con la crisis de carácter civilizatorio que estamos viviendo. Es indudable que la civilización del patriarcado y de la economía crematística (capitalismo) nos han conducido a una situación en donde la misma sobrevivencia de la humanidad está en peligro.

Es evidente que un gobierno -por más revolucionario y/o progresista que sea- no va a poder resolver “desde arriba” los conflictos y problemas de un país dependiente y subordinado al gran capital, y que se requiere de un esfuerzo que movilice a toda la sociedad desde lo local, regional, nacional, continental y mundial, para poder derrotar las políticas de una oligarquía financiera global, que como lo estamos comprobando en plena pandemia Covid-19, coloca en primer lugar sus intereses mezquinos por encima de los intereses de la misma especie humana.

En el caso de Colombia existen muchas más tensiones frente a los retos que tenemos por delante, que se manifiestan en la estrategia electoral (selección de candidatos, alianzas, tipo de listas al Congreso, diferencias regionales, caudillismos, etc.) y en comportamientos políticos de tipo tradicional dentro de las fuerzas del Pacto Histórico (oportunismos, escaso debate interno, clientelismos de nuevo tipo, etc.), pero si se abordan con madurez y franqueza los dos aspectos planteados (tipo de proyecto y pensamiento crítico) se podrá avanzar por nuevos caminos.

En lo electoral, la prioridad del momento es derrotar al abstencionismo y entusiasmar a millones de personas que no votan porque están asqueadas de la política tradicional. Es el gran reto para el Pacto Histórico y genera tensiones entre lo “histórico” y la “oportunidad”.     

Notas:

Infobae (2021). “Angélica Lozano y Juanita Goebertus no descartan a Alejandro Gaviria como candidato para 2022”. 21 de Mayo de 2021. https://www.infobae.com/america/colombia/2021/05/21/angelica-lozano-y-juanita-goebertus-no-descartan-a-alejandro-gaviria-como-candidato-para-2022/

La Silla Vacía (2021). “Quien es quién: Alejandro Gaviria Uribe”. 23 de abril de 2021. https://www.lasillavacia.com/quien-es-quien/alejandro-gaviria-uribe

Revista Semana (2021). “La reflexión de Sergio Fajardo tras su desplome en la encuesta de Semana”. Yesid Lancheros, 17/05/2021. https://www.msn.com/es-co/noticias/nacional/la-reflexi%C3%B3n-de-sergio-fajardo-tras-su-desplome-en-la-encuesta-de-semana/ar-BB1gNYZO

Nodal (2021). “Cuba: Un alarido, por Leonardo Padura”. Julio 17 de 2021. https://www.nodal.am/2021/07/cuba-un-alarido-por-leonardo-padura/

Castro Moreno, S. (2020). “Formación, organización y acción colectiva. Luchas estudiantiles universitarias en 2011 y en 2018”. Trabajo de Grado. Universidad Pedagógica Nacional. Bogotá. https://n9.cl/5zh32

El Espectador (2021). “Francia Márquez oficializa su aspiración presidencial en el Pacto Histórico”. 21 de julio de 2021. https://www.elespectador.com/politica/francia-marquez-oficializa-su-aspiracion-presidencial-en-el-pacto-historico/

BBC Mundo (2018). “Francia Márquez, la mujer que puso en jaque a la minería ilegal y a las represas en Colombia y acaba de ganar el premio Goldman”. 25 abril 2018. https://www.bbc.com/mundo/noticias-43879742

Pluralidad (2021). “Isabel Cristina Zuleta, la líder antioqueña que defiende el agua”. Nación -07/06/2021. https://pluralidadz.com/nacion/isabel-cristina-zuleta-la-lider-antioquena-que-defiende-el-agua/

Palabras Mayores (2021). “Mensaje de Isabel Cristina Zuleta”. Video You Tube, 24 de julio de 2021. https://www.youtube.com/watch?v=_xQjrqaALd0


martes, 20 de julio de 2021

La potencia está allí y debe desplegarse

Tomada de Alainet

La potencia está allí y debe desplegarse

Popayán, 20 de julio de 2021

¡Cuánta potencia rebelde y capacidad creativa ha demostrado el pueblo colombiano! Teníamos represada esa energía por el miedo que nos habían inculcado a lo largo de tanto tiempo de guerra. Y por fin, se supera el temor y salen a relucir inimaginables formas de acción colectiva.

Para algunos lo máximo es la acción de los jóvenes de la “primera línea”. Es lo más nuevo, visible y representativo de estas jornadas. Pero, sin la “cocina” de atrás solo sería “llamarada de hojalata”.  A lo largo y ancho del país se destaca la acción organizada de millones de personas que son los anónimos de siempre. Es la fuerza contundente y silenciosa de los que no se ven pero son y están. 

Destaco la acción callada de cientos de miles de pequeños y medianos productores del campo que se movilizaron durante las primeras semanas pero se contuvieron para evitar un baño de sangre más grande. Al igual que la mayoría de trabajadores “precariados” de las ciudades: ¡No se dejaron entrampar! Son el grueso de quienes con su trabajo creativo sostienen este país.

Así mismo, hay que resaltar la acción de cientos de miles de pobladores del Valle y Norte del Cauca (herederos del antiguo proletariado cañero) que protagonizaron una gesta maravillosa de movilizaciones y bloqueos de vías. Paralizaron la producción de los ingenios azucareros e industrias de la región  (monopolios y enclaves  depredadores de la vida) y obligaron a empresarios a negociar en condiciones de fuerza popular. El pueblo negro (afro) mostró un nuevo sentir y hacer.

Y así podríamos detallar miles de acciones desarrolladas a lo largo y ancho del país, que mostraron la potencia de un pueblo que nunca -en realidad- ha sido derrotado, y que ha aprendido de la experiencia. Por ello, hubo contención, “refrenamiento”, control de la fuerza. El gobierno no logró “entrampar” al grueso de nuestra gente que detectó la provocación para generar nuevas guerras fratricidas y desgastantes.

Algunos sectores de nuestra juventud necesitada de desahogar tanta frustración e inconformidad, han mantenido la “tensión”. Se han echado la carga de dinamizar la lucha y aunque unos pocos se dejan llevar a la aventura, el grueso de la muchachada ha sabido mantener el movimiento. Crean símbolos de resistencia, se encuentran y debaten entre ellos, ridiculizan a diario a la casta dominante que pareciera temerle más a jóvenes “armados” de cascos y escudos que a las guerrillas del anterior período, y así, van construyendo su propia experiencia de lucha popular en las calles.

Ahora bien, en el nuevo momento en que hemos entrado (“pos-estallido”) se trata de convertir la potencia en verdadera fuerza transformadora. De la resistencia hay que pasar a la potencia del cambio. No podemos desgastarnos en la protesta sin fin y sin objetivos claros. Ya existen demasiadas evidencias de que se requiere una nueva estrategia para canalizar la fuerza demostrada y convertirla en logros de mayor alcance para nuestro pueblo.    

El gobierno y quienes están detrás de él (grandes poderes económicos, banqueros, terratenientes y mafiosos) provocaron la violencia y ocasionaron muertes para desacreditar a las fuerzas políticas que le respiran en la nuca desde hace algunos años. Ellos saben que en Colombia el aparato de gobierno  (presidencia y congreso) son importantes en esta falsa democracia y quieren debilitar de cara a las elecciones de 2022 a los sectores políticos que consideran -con toda razón- sus enemigos.

Y, mostraron durante estas semanas que están dispuestos a todo. Son criminales y cínicos. Usaron a la policía como cuerpos de choque, infiltraron las marchas, provocaron saqueos e incendios, mataron a decenas de jóvenes, diseñaron y ejecutaron autoatentados, criminalizaron la protesta social, usaron mentiras para hacer creer que detrás del estallido social no estaba la pobreza, la desigualdad y la dignidad de un pueblo, sino que intentaron culpar a Gustavo Petro (Colombia Humana) como el perpetrador de la violencia y el “vandalismo”. Y en parte, gobiernos locales como el de la alcaldesa “verde” de Bogotá les hacen el juego y se prestan a la maniobra.

Hoy tenemos dos tareas muy importantes. Una, fortalecer la organización popular, despacio y con  buena letra; la otra, desplazar a los criminales del poder gubernamental, que es la más urgente. Hay que quitarles a los asesinos las armas oficiales porque, si no, con ellas van a generar una nueva guerra y a ensangrentar de nuevo al país. Pero hay que hacerlo dentro de la institucionalidad, ganando a las mayorías, con inteligencia y paciencia estratégica.  

La enorme creatividad demostrada durante el estallido social debe ser desarrollada para generar un estallido político-electoral. Para hacerlo hay que “mapear” de nuevo el comportamiento de nuestra gente, tanto en la protesta como en la acción electoral. Comprender que la diversidad, multiplicidad y complejidad que se manifestó durante el “estallido”, puede manifestarse en la tarea electoral.

Para motivar el debate sobre ese tema me atrevo a plantear el siguiente interrogante…

Una pregunta “indiscreta”

¿Podría el Pacto Histórico (planteado e impulsado por Gustavo Petro y la Colombia Humana) organizar y presentar dos (2) listas al Senado para las elecciones legislativas de marzo de 2022?

Una, del tipo que ha planteado Margarita Rosa de Francisco, cerrada, tipo “cremallera”, con candidatas (os) de origen social, artístico-cultural, científico-intelectual, productivo-ecológico, etc. Esta lista podría ser respaldada por firmas para reiterar su origen y espíritu “independiente”.

Y la otra, recogiendo a las fuerzas políticas que confluyan, abierta y con voto preferente, con candidatas (os) de ColHuman, PDA, MAIS, UP,  algun@s “verdes”, y otras fuerzas que se sumen.

Ambas listas pueden y deben ser construidas con métodos y formas democráticas y participativas, con liderazgos consolidados, con los más amplios consensos y consultas de diverso tipo.

El estallido social ha mostrado que los partidos y grupos políticos existentes (así se digan “alternativos”) no son capaces de canalizar la amplitud, diversidad y complejidad de los sectores sociales que manifestaron su inconformidad y rebeldía durante estos meses.

Además, es evidente que están surgiendo nuevas formas de acción política (en medio de la pandemia) y que la gente quiere ver caras nuevas en la política (sean jóvenes o adultos). Los medios digitales y redes sociales serán claves en esas elecciones.

Pienso que hay potencial para ambas listas. Sé que no toda la izquierda le votaría a una lista encabezada por candidatos del tipo de Margarita Rosa (si ella finalmente aceptara) y que muchos de los electores de ese carácter tampoco lo harían por un dirigente de izquierda. Entonces, hay que idear formas de jalonar y entusiasmar a toda clase de gentes y potenciales electores.

Recordemos cómo bajo la dirección del “zorro” López Michelsen, los liberales usaron la operación “avispa” para colocar mayorías en la ANC  (1991 ). Acá no sería avispa, sino algo así como 2 bueyes de diferente clase jalando para el mismo lado.

Pienso que si se diseñara un ejercicio de ese tipo, con generosidad, flexibilidad e inteligencia, la participación en la Consulta Presidencial del Pacto Histórico en marzo/22 sería mucho más amplia y poderosa, de frente a la primera vuelta en mayo/22. ¡Necesitamos la creatividad al frente!

jueves, 15 de julio de 2021

Estallidos, levantamientos y nuevas estrategias

Fotografía tomada de http://loquesomos.org/

                            Estallidos, levantamientos y nuevas estrategias

Popayán, 15 de julio de 2021

Héctor León Moncayo en su texto “No es el último round”, publicado en Desdeabajo, plantea que para comprender la naturaleza de la masiva movilización social que ocurrió en Colombia hay que ubicarla en el marco del debilitamiento del régimen oligárquico y del modelo neoliberal. Cuestiona el concepto de “estallido” y habla de levantamiento popular.

Precisar esos conceptos es importante. Hemos planteado que un estallido social puede convertirse en un “levantamiento” y hasta en una verdadera revolución política. Eso depende de diversas variables. Dos de las más importantes son: una, el grado de debilidad del régimen, y dos, la capacidad de las fuerzas sociales y políticas interesadas en convertir el estallido en revolución.

También hemos expuesto que la forma como se desarrolló en Colombia esta particular explosión de rebelión popular se explica, por un lado, por la diversidad y multiplicidad de fuerzas que mostraron una potencia inusitada; y por el otro, por la falta de coordinación, dirección y objetivos claros. Alcanzó a meterle miedo a la oligarquía y sorprendió a propios y extraños.

Fue un  estallido porque no fue preparado, programado o direccionado. Sin embargo, es indiscutible que fue resultado de un acumulado histórico. Y claro, si hubiera existido una organización preparada para canalizar las energías y formas de organización que surgieron, seguramente se hubiera neutralizado la estrategia del gobierno y logrado mayores conquistas políticas.

Precisamente, porque no fue un levantamiento revolucionario, no generó en lo inmediato algún tipo de transformación en la estructura de dominación (Estado, poder). ¡Por ahora!

Tener claro lo anterior, comprender en detalle que la potencia mostrada -de alguna manera- está allí acumulada, es fundamental para entender que no se necesitan “nuevos rounds” de la misma naturaleza de los que se han presentado, sino que las fuerzas que aspiran a generar verdaderas transformaciones en la sociedad, deben cambiar su estrategia. ¡No dejarse entrampar!

Veamos el ejemplo de Chile. La vida demostró que el debilitamiento del régimen pinochetista y del modelo neoliberal era más profundo en ese país. Allá el estallido fue más fuerte y contundente. Podríamos decir que alcanzó a ser un “levantamiento” aunque no tuviera una “conducción formal”. El régimen sufrió un golpe y se produjo una fisura. Así Piñera se haya mantenido en el gobierno.

Pensamos que en Colombia los intentos frustrados de “conducir” el estallido por parte de diversos sectores (y viejas vanguardias) hacia un levantamiento popular o hacia negociaciones sectoriales, impidieron que el movimiento desarrollara toda su potencia y le facilitaron al bloque dominante la implementación de su estrategia de violencia, de muerte y de neutralización de la lucha.

Son paradojas que debemos dilucidar con base en la reflexión y el debate. Y aprender.     

Porque era claro que a la mayoría de los llamados jóvenes o a la mayoría de la gente no le interesaba derrocar o tumbar a Duque o al Régimen. No solo porque es evidente que no hay una organización revolucionaria para hacerlo sino porque la gran mayoría de la gente sabe que proponerse esa tarea en este momento nos llevaría a una nueva guerra. Esa es una de las diferencias con Chile.

Y nadie en Colombia -con suficiente razón e inteligencia- quiere otro conflicto armado.

Especialmente porque sería la oligarquía y el imperio (y las mafias de todo tipo) quienes la ganarían, ya que están preparados y hasta les conviene. Es posible que sea lo que busquen. Ello explicaría -entre otras cosas- las acciones criminales de la policía, los autoatentados en la frontera con Venezuela (base militar, vuelo en helicóptero de Duque, etc.) y los esfuerzos mediáticos que hacen por agrandar la presencia y las fuerzas del Eln y de las disidencias de las Farc.

Por todo lo anterior y lo planteado en anteriores artículos, podemos afirmar que gran parte de nuestro pueblo ha madurado con base en la experiencia, sabe que no hay que forzar las cosas, que ese tipo de aventuras solo favorecen a la oligarquía, y por ello, en muchas regiones “controlaron” el estallido, lo aprovecharon para forzar “negociaciones” locales de nuevo tipo, y realizaron otras formas de protesta y de organización que están por ser desarrolladas y consolidadas.

Durante los primeros días en muchos municipios los alcaldes sintieron la presión  popular y fueron obligados a colocarse al lado de la movilización. En  el caso del norte del Cauca las comunidades forzaron a las grandes empresas -que son un  verdadero “enclave industrial”- a comprometerse con reivindicaciones históricas relacionadas con el empleo de personas de la región y hacer aportes económicos a la infraestructura local. ¡Remplazaron al Estado por unos instantes!

Relacionado con ello, Moncayo (quien es un querido amigo) aborda la crítica al “legalismo” de las negociaciones y cómo esa dinámica le entrega la iniciativa al gobierno. Dice que le abre espacio al gobierno “hasta para que diseñe la forma de nuestras protestas”. Tiene toda la razón. Detrás de ese tema están los intereses sectoriales que predominan tanto en las organizaciones del CNP como en la Minga y otros sectores. Pero además, los jóvenes de las barricadas también están influidos por esa visión como se demostró en Cali, y, en parte, en Bogotá.

En ese aspecto podríamos decir que una cosa es negociar con el Estado en “su terreno” y con “sus tiempos”, y otra, es obligarlo a negociar cuando nos conviene y contamos con la suficiente fuerza.

Los nuevos retos

A diferencia de Moncayo me atrevo a pronosticar que no habrá “último round” (claro, la lucha continúa). Pueda que se presenten algunas escaramuzas posteriores pero serán marginales; fuera del “ring”. Ello, porque el CNP liderado por fuerzas de “centro”, decidió “institucionalizar” el “paro” presentando proyectos de ley a partir del próximo 20 de julio. Esa acción coloca al movimiento de protesta a la cola del Congreso y lo condiciona a los tiempos y formas legislativas.

Allí Petro quedó un poco “out” porque si insiste demasiado en ser el “campeón de la protesta”, va a complicar su esfuerzo y campaña electoral. Además, Duque -emulando a Piñera- intenta ahora apropiarse de las conquistas del “paro”. Va a presentar al Parlamento una reforma tributaria que “por primera vez va a ser pagada por los empresarios” y otras políticas “sociales” que hacían parte de los pliegos de exigencias.

En Chile, Piñera quiso hacer lo mismo, el pueblo “le cogió la caña” y se avanzó políticamente.

Oponerse a esas iniciativas del gobierno llevaría a las fuerzas democráticas, progresistas y de izquierda a aislarse del conjunto de la sociedad que, en lo fundamental, quiere trabajar y superar la pandemia en forma “tranquila”. Ya vendrán nuevos escenarios y momentos.

Eso lleva a pensar que a partir del 20 de julio, así se realice una gran movilización popular (que ojalá sea así), las fuerzas sociales y políticas que luchan por democracia, paz y por cambios de modelo (y ojalá anti y post capitalistas) deben cambiar de estrategia.

¿Cómo sería? Será tema de un próximo artículo.

jueves, 8 de julio de 2021

¿Qué nos mostró el estallido social en Colombia?

 

¿Qué nos mostró el estallido social en Colombia?

Popayán, 8 de julio de 2021

Hemos entrado en lo que llamo la “cuarta fase” del estallido social. Es la etapa que enfrenta a los diversos sectores sociales y políticos, a la sociedad y al Estado, a gobernados y gobernantes, en torno a aprovechar política (y electoralmente) esos acontecimientos inéditos.

Para los sectores más obtusos del gobierno, lo ocurrido fue un ataque sistemático y violento de grupos armados coordinados por “enemigos internacionales” del país y de la democracia que aprovecharon la protesta social para intentar desestabilizar a la nación e imponer una dictadura.

Para los sectores más fundamentalistas de la oposición al gobierno, fue un ataque sistemático y violento de grupos armados coordinados por “enemigos internos” de la paz y la democracia que aprovecharon la protesta social para desestabilizar a la nación e imponer una dictadura.

Para el gobierno (y el “uribismo”), el supuesto atentado contra la vida del presidente Duque hace parte de ese intento. Para la oposición (y el “petrismo”), el asesinato de líderes sociales y de más de 70 participantes en la protesta fueron parte de esa estrategia del gobierno y Uribe.

Para la “derecha extrema”, Gustavo Petro es la cabeza principal de ese complot, lo que -según  ellos- demuestra que sus aspiraciones políticas son peligrosas para la sociedad colombiana porque es un “dictador en potencia”. Para la “izquierda extrema”, Duque ya es dictador.

Quien se atreva a hacer la más mínima separación entre el conjunto de lo que fue la protesta social y los fenómenos particulares que condujeron a algunos sectores sociales hacia la violencia abierta o directa, puede ser señalado por ambas posiciones de traidor o de “tibio”.

Hasta el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos CIDH se queda corto para ellos. Para unos, faltó señalar la sistematicidad de la acción represiva y asesina del Estado; para otros, no se identifican las fuerzas oscuras que sistemáticamente actuaban contra el país.

No obstante, a pesar de esas interpretaciones, la realidad es menos plana y simple. Hay que intentar ir más allá para comprender el estallido social y lo que sacó a relucir sobre lo que realmente somos. Si no lo hacemos podemos terminar como Haití, aunque en gran medida ya lo parecemos.

Algunas pistas para entender el estallido social

En anteriores escritos se describieron algunos hechos comprobables que nos ayudan a ver la complejidad de la vida y de nuestra sociedad. Se presentan aquí en forma resumida:

-       El estallido social se produjo en gran parte del país y se realizó básicamente en forma pacífica.

-       Durante los primeros días fue una acción masiva y contundente que arrinconó al gobierno.

-       Con el paso del tiempo y la vinculación de sectores sociales y organizaciones específicas (indígenas, transportadores, maestros, etc.), la naturaleza del estallido se fue transformando.

-       De ser un estallido general se lo trató de conducir hacia intereses sectoriales y parciales. El estallido quiso ser paro, huelga, minga y/o insurrección pero, tampoco lo logró. Se fue disipando y cambiando de acuerdo a la región, ciudad o sector social. No hubo control ni dirección.

-       Rápidamente el gobierno reaccionó con violencia premeditada, infiltró el movimiento con grupos de provocadores y logró incidir en la pronta generación de violencia. El antecedente de ese comportamiento ocurrió en Bogotá en septiembre de 2020. Asonadas a alcaldías (Yumbo, Jamundí, La Plata, Tuluá) y saqueos de centros comerciales, fueron algunas de esas acciones orquestadas desde el gobierno. Los civiles armados en Cali que disparan contra integrantes de la Minga contando con la protección de la policía, es uno de los hechos más grotescos.

-       De igual manera, grupos armados ilegales de diferente naturaleza (“disidencias”, ex-Farc, Eln, mafias, narcos y delincuentes) penetran e infiltran la protesta en algunas ciudades y sectores, y “embarcan” a grupos juveniles en una confrontación inútil y desgastante con la policía (Esmad).

-       En algunas regiones en donde predominan los intereses de pequeños productores agrarios como Boyacá, Cundinamarca, Santander, Eje Cafetero, Nariño, y parcialmente en Huila y Cauca, y en donde se presenta cierto entrelazamiento con los gremios de transportadores, esas fuerzas sociales logran controlar el estallido, se moderan los bloqueos y poco después son suspendidos, y el grueso de la población se muestra expectante frente al desarrollo del movimiento.

-       En otras zonas como el Suroccidente colombiano, especialmente en el Valle del Cauca y el Norte del Cauca, el estallido evoluciona en forma diferente. Fuertes y beligerantes bloqueos de carreteras expresan la frustración y oposición de amplios sectores de la población contra el poder de los grandes ingenios azucareros y otras agroindustrias, que antes generaban empleo y riqueza social mientras en la actualidad son verdaderos oligopolios completamente deshumanizados que expolian el poco trabajo que generan y los recursos naturales de la región (tierra, agua). Además, en antiguos centros urbanos donde existía industria (Cali, Yumbo, Palmira, Buenaventura, etc.) el desempleo y la descomposición social hoy es estructural y escandalosa. Las mafias y grupos armados han encontrado allí un caldo de cultivo para construir poderes delincuenciales que juegan con el mejor postor y que son una verdadera amenaza para cualquier democracia.   

-       En el Cauca el llamado “paro nacional” es encabezado por el movimiento indígena (los Nasas con el cierre de ruta de la carretera panamericana y los Misak con actos simbólicos y movilizaciones masivas hacia Popayán) y se suman sectores de afrodescendientes, campesinos, y productores de coca de la cordillera occidental (Argelia, Huisitó-El Tambo). Algunas organizaciones de productores agrarios (cafeteros), campesinos y otros sectores sociales, intentaron convencer a la Minga de flexibilizar el bloqueo de la vía central por los efectos negativos que generaba para las mayorías de la región. No lo logran pero expresan su posición.    

-       En las principales ciudades donde se moviliza la juventud vale la pena diferenciar a dos sectores notorios y visibles. Los profesionales precariados (que algunos analistas identifican con “clases medias”) se movilizan en los primeros días pacífica y masivamente con arte y cultura. Luego, lo hacen periódicamente pero se van deslindando del movimiento. El otro sector de la juventud más beligerante en la forma de actuar, que utiliza las barricadas y bloqueos del transporte para hacerse visible y enfrentarse con la policía, tiene un  origen social más popular, la mayoría son influenciados por estudiantes ideologizados, y expresan una enorme frustración con lo que la sociedad y el sistema les ofrece. A lo largo del proceso terminaron “cargando” con la responsabilidad de mantener el movimiento (“el paro no para”), haciendo intentos por articularse entre ellos, organizarse y mantener algún tipo de dinámica identitaria (“jóvenes rebeldes”). Al final, en parte, cayeron en la trampa del gobierno de enfrentarlos con el Comité Nacional de Paro CNP.

-       El movimiento de protesta ha sido reconocido por casi todos los sectores políticos. Tirios y troyanos, derechas e izquierdas, y medios de comunicación, han justificado las causas económicas y sociales de ese acontecimiento. Sólo el uribismo más estrecho y torpe, desconoce esas causas y continúa achacando el origen de la protesta a la acción de fuerzas desestabilizadoras (“castro-chavistas”). La gran mayoría de la población apoyó la protesta y solo se desencantó y deslindó parcialmente por efecto de los actos de violencia y los bloqueos de vías que generaron graves problema en desabastecimiento de alimentos, medicinas y obstáculos totales para la movilidad. La protesta logró construir una agenda social para el futuro y hacer visibles la enorme desigualdad y pobreza existentes en nuestro país.  

Diversidad, complejidad, no linealidad y atractores extraños

Se puede afirmar que la protesta se manifestó en todo el territorio nacional, con ocurrencia especial en las grandes ciudades, y regiones particulares. Dice el informe de la CIDH que “el gobierno reportó que entre el 28 de abril y el 4 de junio, en el marco del paro nacional, se realizaron 12.478 protestas en 862 municipios de los 32 departamentos, que incluyen 6.328          concentraciones, 2.300 marchas, 3.190 bloqueos, 632 movilizaciones y 28 asambleas. El 89% de las protestas, esto es 11.060, se desarrollaron sin registrar hechos  de violencia” (párrafo 25).

Mientras en la Costa Caribe el “paro” se expresó con alguna fuerza en Cartagena y Barranquilla, en el resto de la región fue relativamente débil. En el Suroccidente Colombiano y el Catatumbo (Norte de Santander) se concentraron las acciones más “visibles” y “explotables” por el gobierno y las fuerzas políticas que necesitaban una mayor exacerbación del conflicto social.

Por otro lado, como ya lo hemos reiterado, la participación más organizada y masiva estuvo localizada en los departamentos del centro del país. En las grandes ciudades estuvo a cargo de los profesionales precariados, que se habían mostrado en noviembre de 2019, con sus movilizaciones festivas y su consigna central: “No se trata de tumbar al gobierno, queremos cambiar la sociedad”.

Es importante anotar en ese aparte que la diversidad social y regional de nuestro país parece todavía mantenerse a pesar de la gran movilidad social y la migración interna y externa que ha impactado a la sociedad colombiana en  las últimas siete décadas. Varias regiones superpuestas contribuyen con la enorme complejidad de nuestro pueblo; el desarrollo económico y social “no-lineal” nos sorprende a cada rato con variantes insólitas, vueltas y revueltas, que desconciertan hasta al más conocedor de nuestra realidad. Una sociedad cada vez más abigarrada parece estarse formando.

Esa diversidad abigarrada se puede observar en nuestras regiones. El suroccidente colombiano con su orígenes yanaconas, negros e indígenas nativos (nasa, misak); la región bio-pacífica principalmente afrodescendiente; el eje cafetero con su tradición blanca española y su marginal mestizaje afro-indígena; la planicie cundi-boyacense con su pasado muisca (chibcha) y la gran migración de todo el país hacia Bogotá; la región caribe en lo fundamental mestiza pero con gran tradición afro-indígena diversa, y su núcleos coloniales (Cartagena, Santa Marta, Mompós, etc.) pero con  una de las ciudades más modernas del país (Barranquilla); y los Santanderes blanco-españoles con herencias del Común rebelde traído de España. Y nos quedan los Llanos y el Tolima Grande con pasados de resistencia y las migraciones paisas que han marcado su destino.

A todo lo anterior debemos sumarle la evolución de la población citadina y urbana. Hoy Colombia está más abierto al mundo. Bogotá con su área metropolitana con más de 10 millones de habitantes es otro país dentro de la nación colombiana, muy cosmopolita y globalizado. Quienes han heredado la tradición insurreccional del pasado rural de este país se equivocan al creer que la juventud de esas grandes ciudades van a jalarle a una nueva guerra. Igualmente yerran las fuerzas conservadoras y guerreristas que aprovecharon en el pasado las aventuras armadas para inocularle al pueblo colombiano un  miedo alienante al cambio, después de haber asesinado a Jorge Eliécer Gaitán.

Es indudable que durante el reciente estallido social actuaron “atractores extraños”, que incidieron en la evolución del movimiento. Dichos atractores han surgido en Colombia en el seno de las mafias de todos los pelambres. Mafias del narcotráfico y mafias vinculadas a la gran propiedad terrateniente (algunas “legales” y otras “ilegales”). Los grandes terratenientes devenidos en capitalistas agroindustriales que no han superado la mentalidad colonial-esclavista son uno de esos  “atractores”, y los principales financiadores del proyecto político extremista y criminal vigente.

Ellos se han encontrado con las mafias de narcotraficantes que -a su vez- han construido a lo largo de cuatro décadas una identidad narco-violenta, vinculada a la tierra, a la especulación financiera y a la cultura del despojo brutal. Todas son fuerzas reaccionarias, patriarcales, clericales, racistas y pro capitalistas salvajes . Se identifican con los neoconservadores de EE.UU. u otros países como España, Brasil, México, Perú, Chile y Venezuela y se conciertan para impedir las transformaciones estructurales que requieren nuestros pueblos. Son fuerzas atadas al pasado de inestabilidad, guerra fratricida, entrega de nuestra soberanía a imperios extranjeros y clericalismo religioso a todo nivel.

Un cambio en las relaciones de producción en el campo

La oligarquía colombiana, heredera de las peores tradiciones coloniales de Europa (España), que se entroncó desde principios del siglo XX con el imperio estadounidense, siempre ha sabido jugar la carta de la división de los sectores populares para seguir dominando.

Esa oligarquía construyó durante el siglo XX una base social de campesinos medios y ricos (principalmente cafeteros) mediante una estrategia corporativa, que tuvo como eje central el Eje Cafetero y Antioquia. La iglesia católica siempre estuvo presente ese “pacto social” entre empresarios exportadores y medianos productores. Ese  acuerdo les permitió garantizarle a los productores la compra subsidiada del grano y que se sintieran como un  sector privilegiado. La oligarquía siempre los concibió como aliados frente a la amenaza de los campesinos sin tierra.   

A finales de la década de los años 80s, con la caída del Acuerdo Internacional del Café, ese control corporativo empezó a tambalear. Aunque los antiguos caficultores se movilizaron y presionaron al gobierno y a los grandes exportadores de café por mejores subsidios y otras reclamaciones, su visión y práctica estrechamente reivindicativa, no cuestionaba el poder corporativo y oligárquico. Y en paralelo, la burda estrategia de las Farc centrada en acosar a los campesinos medios y ricos, sirvió de cobertura para que la oligarquía colombiana mantuviera su control paternalista.

Lo que cambió esa situación fue un  fenómeno que la oligarquía no podía impedir. La caficultura colombiana, por efecto de la crisis de precios internacionales empezó a trasladarse de región. Del Eje Cafetero pasó a departamentos como Huila, Cauca, Nariño, Tolima, etc. en donde los pequeños y medianos productores (campesinos pobres) podían subsidiar los costos de producción con prácticas no ortodoxas y economía familiar, que los cafeteros paisas no podían emular.

De esa forma también se ensanchó a lo largo de los últimos 40 años una economía de pequeños y medianos productores más allá del café. Al lado de ellos han surgido decenas de miles de paneleros, pequeños ganaderos de doble propósito (leche y carne), arroceros, paperos, yuqueros, plataneros, cebolleros, fruticultores, cacaoteros, piscicultores, etc., que se han ido liberando del control corporativo de la oligarquía terrateniente y que, aunque se relacionan con la oligarquía financiera, no la ven como aliada. Es en gran medida su verdadero explotador y enemigo.

En la actualidad, esos pequeños y medianos productores están pidiendo pista para pasar a una economía que les permita industrializar sus materias primas y exportarlas directamente hacia los países industrializados, pasando por encima de las empresas transnacionales y otros intermediarios. Para hacerlo necesitan resolver tres temas centrales: a) democratizar la propiedad de la tierra; b) democratizar y abaratar el crédito productivo; y c) asociarse colaborativamente y aliarse con los profesionales precariados para tecnificar y mejorar su aparato productivo.

Ellos saben que la oligarquía terrateniente y financiera no puede enfrentarse o traicionar a los grandes emporios capitalistas de carácter corporativo que controlan el territorio y el mercado. Por ello, paulatina y pacientemente se han ido liberando de ese dominio y buscan alternativas políticas que los apoyen pero sin que ello signifique la estatización de la economía o un rompimiento total con la economía capitalista global. No les interesan experiencias como las de Cuba o Venezuela porque saben que el bloqueo del imperio sería la alternativa insalvable.

El eterno dilema colombiano

Es en ese marco de transformaciones socioeconómicas es donde debe ubicarse la estrategia de la oligarquía terrateniente y financiera durante el estallido social. Ellos temen perder el control de amplios sectores sociales que hasta ahora han sido su soporte de dominación. Haber perdido alcaldías claves como las de Bogotá, Medellín, Cali o Santa Marta, y departamentos como Boyacá, Magdalena y otros, a manos de nuevos sectores políticos, es un verdadero problema para quienes han monopolizado por siempre el poder presidencial en Colombia. Quieren meter miedo.

Es por lo anterior que las fuerzas políticas que empujan los cambios en nuestro país deben hacer el máximo esfuerzo por sintonizarse con esos sectores sociales, con sus anhelos y esperanzas, sin dejarse llevar a posiciones y -sobre todo- a formas de actuar que puedan ser manipuladas por quienes aprovechan los más mínimos errores para acusar de “comunistas” y “extremo-izquierdistas” a quienes vienen demostrando que aspiran a fortalecer la democracia y avanzar dentro del marco de la institucionalidad existente.

Mostrarse como los “campeones de la protesta” por encima de intereses reales y concretos de sectores productivos, como son los pequeños productores del campo y los profesionales precariados de las ciudades, es hacerse un harakiri. Es un verdadero suicidio. Es indudable que el estallido social colocó un punto alto en cuanto a propuestas de carácter social que han sido lideradas por Gustavo Petro, pero de allí a sentirse como un seguro triunfador hay mucho trecho.

El informe presentado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos CIDH colocó un punto de referencia importante frente a los retos que tienen las fuerzas políticas para canalizar los resultados y efectos del estallido social. Recién entramos en esa cuarta fase y hay que poner “cable a tierra” para  no errar. Los sueños insurreccionales deben dejarse definitivamente en el pasado y se deben asumir las principales tareas que quedaron planteadas por el movimiento real:

- Organizar y articular las fuerzas democráticas a fin de desalojar del aparato de gobierno a las fuerzas recalcitrantes de la oligarquía terrateniente y financiera; y,

- Desarrollar nuevas formas de organización popular “desde abajo” para no depender exclusivamente de la acción de los políticos profesionales y del Estado “heredado”.

Son tareas posibles y urgentes que no se contraponen a miradas y acciones de largo plazo. Todo a su tiempo.   

miércoles, 30 de junio de 2021

¿Cómo canalizar políticamente el estallido social?


¿Cómo canalizar políticamente el estallido social?

Popayán, 30 de junio de 2021

En anterior artículo se plantearon algunas ideas sobre la caracterización de la protesta que se manifestó en Colombia como un estallido social. En otro texto, se detallaron los principales actores sociales, se presentó una periodización, se describieron las actitudes políticas y las propuestas para la juventud rebelde, y surgió la pregunta sobre quién podrá canalizar la fuerza desplegada.

Estamos ahora viviendo la 4ª etapa planteada en la periodización. El gobierno y las derechas (algunas vergonzantes disfrazadas de “centro”) se aprovechan de las escaramuzas que quedan después de un estallido de ese tipo. Provocan y permiten que jóvenes “radicalizados” protagonicen situaciones de degradación y desgaste para desprestigiar la lucha y descalificar a las fuerzas políticas que han apoyado decididamente la protesta.

Como lo hemos planteado anteriormente, el carácter diverso de esta lucha y la confluencia caótica de fuerzas e intereses, genera condiciones para que la energía vital y masiva del movimiento se agote en un momento dado. Mantener artificialmente el “estallido” solo lleva a hacerle el juego a quienes desde un principio lo infiltraron para generar violencia y tratar de deslegitimar la lucha popular ante los ojos de la mayoría de la población.

Por ello, las fuerzas democráticas, progresistas y de izquierda que han apoyado el movimiento de protesta deben convencer a algunos sectores de la juventud rebelde que hay que “parar y respirar”. No solo se trata de reflexionar, evaluar, organizar y preparar nuevas batallas sino que efectivamente hay que reaccionar frente a la pandemia. La Covid-19, con sus variantes incluidas, está disparada y nos obliga a pausar la lucha y a cambiar de estrategia.

En el artículo de referencia quedó -más o menos- planteada la idea de que en lo inmediato debemos actuar en dos niveles: a) Fortalecer la organización popular y ciudadana mediante el impulso de asambleas populares con visión de autogobierno, poder paralelo o contrapoder; y b) Consolidar la organización política para disputar la dirección del Estado heredado, cuidándonos de caer en ilusiones vanas, de convertirnos en “administradores” del gran capital y en “desmovilizadores” y “domesticadores” de la lucha popular.

Las siguientes ideas van en esa dirección e inauguran lo que podríamos denominar como aportes a la estrategia y al programa. Está claro que seguir “atados” a la dinámica del “estallido” solo servirá para que nuestras fuerzas se desgasten inútilmente.

¿Cómo ser anti-post-capitalistas dentro del capitalismo?

La única estrategia revolucionaria que es posible impulsar en este instante en Colombia consiste en apoyarse en los dos sectores sociales que están interesados en desarrollar una política de transformación del aparato productivo tanto con visión de industrialización de nuestras materias primas como de romper con el modelo energético dependiente de los combustibles fósiles.

Esos dos sectores son los pequeños y medianos productores agropecuarios (cafeteros, paneleros, arroceros, paperos, lecheros, cacaoteros, fruticultores, yuqueros, plataneros, piscicultores, etc.) y el precariado profesional, sobre todo el que puede aplicar sus conocimientos técnicos en esas actividades productivas transformadoras.

La estrategia revolucionaria consiste en impulsar una política “desde abajo” y “por arriba”. O sea, desde las organizaciones sociales y paralelamente desde el Estado (si se logra acceder al aparato de gobierno). Así, se pueden aprobar nuevos tipos de incentivos a la industrialización, toda clase de estímulos a la asociatividad colaborativa con criterios empresariales, rediseñando los subsidios gubernamentales y la inversión social rompiendo con enfoques asistencialistas y paternalistas.

Uno de los puntos del Pliego de Emergencia planteado por el Comité Nacional de Paro como es la “renta básica”, permite clarificar nuestra posición. Dicha iniciativa tiene un carácter asistencialista y hasta populista (por eso hasta Uribe la apoya a su manera). Es posible que en un país de Europa dicha política cuente con las fuentes fiscales para sostenerla, pero la economía colombiana no tiene la capacidad competitiva a nivel global para financiar un gasto de ese tipo.

Claro, estamos hablando dentro del marco del capitalismo que es donde estamos parados y lo estaremos todavía durante mucho tiempo. Y por ello podemos afirmar que la prioridad a todo nivel es invertir en transformar el aparato productivo, industrializar nuestras materias primas, construir una matriz energética “limpia” basada en recursos renovables, y generar una economía apoyada -principalmente- en asociaciones de los pequeños y medianos productores.  

Esto lo vienen entendiendo los dirigentes progresistas de países como Bolivia y Ecuador. Saben que ahora no cuentan con los recursos que generaba la bonanza de los precios de las materias primas, especialmente del petróleo y gas, que sirvieron para financiar una serie de subsidios que crearon la ilusión de que millones de personas salían de la pobreza o ascendían a ser clase media, y que por ello, deben impulsar políticas de mediano plazo para transformar sus aparatos productivos.

Por otro lado, es importante hacer notar que en Colombia contamos con una pequeña y mediana producción de alimentos y otras materias primas que nos ofrece una gran oportunidad. Ese factor productivo ha sido comprobado ahora durante la pandemia, en donde el sector agropecuario colombiano, especialmente el de los pequeños y medianos productores, ha sido uno de los que mejor ha enfrentado la situación de emergencia sanitaria y crisis económica en América Latina.

Es por ello que las organizaciones de base que se deben potenciar son las que agrupan a los sectores sociales mencionados. Existen gran cantidad de asociaciones de pequeños y medianos productores agrarios, que defienden los territorios y los recursos naturales, y, aunque es muy difícil organizar al “precariado profesional”, si se impulsan efectivas y prácticas estrategias, planes, programas y proyectos productivos, culturales, educativos y de innovación tecnológica adecuada a la realidad de nuestro país y el mundo, se pueden organizar cientos de miles de profesionales y tecnólogos. 

En el caso de las organizaciones tradicionales hay que generar un debate amplio y profundo sobre su carácter estrecho, puramente reivindicativo, que se limita a dinámicas de presión al gobierno, con concepciones asistencialistas y dependientes. Estamos en mora de abordar ese tema a fondo que salió a relucir durante el Paro. Casi todas sus acciones se reducen a representar intereses sectoriales que los aíslan del conjunto de la sociedad, mostrando una escasa actitud transformadora frente a su trabajo en concreto (incluyendo al magisterio y a FECODE).

Y ese debate debe incluir a las organizaciones políticas que aunque tienen vínculos con los movimientos sociales no logran relacionar y fundir su acción con políticas de transformación estructural. Por un lado hacen “sindicalerismo” y “gremialismo”, y por el otro, reducen la lucha política al “electorelismo”, situación que los lleva al “cretinismo parlamentario” (lo que explica que el Comité Nacional de Paro terminó convirtiéndose en una especie de ayudante de los parlamentarios de “oposición”, transformando los pliegos de exigencias en “proyectos de ley”).   

Esa dinámica “dicotómica” o binaria, lleva a los dirigentes “políticos” a convertirse en “aspirantes a burócratas”. Por ello, su perfil en su mayoría es de abogados, politólogos y contratistas de ONGs, expertos en DD.HH. y en la “paz”, pero desligados de las necesidades productivas y materiales de las gentes.  Por otro lado, los economistas, contadores públicos, ingenieros, tecnólogos, etc., son formados con la mentalidad y lógica del Gran Capital, al servicio de conglomerados transnacionales y del mismo “Estado heredado”. Este debate debe desarrollarse al interior de los movimientos sociales y de las universidades públicas y privadas.

La experiencia de países como Ecuador y Bolivia nos muestra las limitaciones de llegar al  gobierno sin desarrollar una estrategia “desde abajo”. En Colombia tenemos una oportunidad con ocasión del estallido social de 2021, su impacto político y las lecciones que elaboremos sobre la marcha.