jueves, 30 de abril de 2015

URIBE Y SANTOS EN TRANCE DE UNIDAD

URIBE Y SANTOS EN TRANCE DE UNIDAD
Bogotá, 30 de abril de 2015
Que el expresidente Uribe se reúna intempestivamente con el principal ministro de la Presidencia, Néstor Humberto Martínez, después del encuentro que habían tenido la “Tutina” y Lina, esposas de las cabezas del santismo y el uribismo, es un síntoma de cómo las fuerzas del establecimiento oligárquico han empezado a medir y a calcular – no sin cierto temor – el crecimiento de las fuerzas democráticas en el país. La alerta está cantada y los intereses estructurales que ambos representan – latifundismo y burguesía trans-nacionalizada – se empiezan a juntar de nuevo. Esa ha sido la historia de siempre en Colombia.
¿Qué ocurre con Uribe y Santos? Nada más y nada menos que al primero se le acerca el lazo de la justicia al cuello. Sus cómplices deben estar presionando con mucha fuerza desde el exilio y la cárcel. Eso atemoriza a Uribe y pone nervioso a Santos. Son grandes los secretos y crímenes de Estado que ambos ocultan. Muchas cosas oscuras pasaron por sus manos. Son demasiados los riesgos que tienen si tensionan al máximo la cuerda. Todo apunta a que sus patrones mayores del Norte les dieron la orden de aflojar y llegar a acuerdos. Como hacen entre demócratas y republicanos en los EE.UU.
Pero eso no es lo más grave. El proceso de Paz necesita a un Uribe para que el establecimiento en su conjunto sea el ganador. Las clases dominantes no pueden darse el lujo de permitir que las fuerzas democráticas o las de la insurgencia aparezcan como triunfantes ante un sector de la oligarquía (Uribe). Los EE.UU. ratificaron en Panamá su apoyo a la negociación con las FARC en el marco de la distensión estadounidense con Cuba y es por ello que la orden perentoria a Uribe y a Santos es la de asumir una férrea disciplina oligárquica. El latifundismo y la gran burguesía trans-nacionalizada necesitan priorizar sus intereses vitales y el imperio marca la pauta estratégica e  impone el orden.
Pero además, lo que más les preocupa es la situación económica. Vientos fuertes de crisis se avizoran en el panorama. Ya se presentan fuertes marejadas en el terreno de las finanzas estatales. Se está desinflando la burbuja inmobiliaria (vivienda) en la que se pretendía soportar el plan de desarrollo del segundo gobierno de Santos. Otras burbujas que se apoyaban en el mercado de automóviles y productos tecnológicos ya muestran su agotamiento. Las tarjetas de crédito ya no soportan la artificial bonanza de un mercado en proceso de cierre. Las ventas han empezado a derrumbarse. A ello se suma el fuerte déficit de la balanza de pagos que refleja la crisis del sector productivo colombiano que depende en grado sumo de los ingresos del petróleo y el sector minero. La caída de los precios del petróleo han golpeado con fuerza los ingresos del Estado y el futuro en ese campo no es promisorio.
Además, la política se torna compleja para las clases dominantes. Los sorpresivos resultados de las elecciones internas del Polo Democrático Alternativo – con más de 400.000 votos – los ha alarmado al máximo. Ellos contaban con que ese partido estaba en agonía. Ahora se encontraron con la candidatura de Clara López para la Alcaldía de Bogotá. Ella cabalga sobre una “ola mediana” que se formó fruto de la unidad de la izquierda en la 1ª vuelta presidencial del año pasado. Esa ola posteriormente se potenció en la 2ª vuelta con la consigna de la lucha por la Paz. Esa situación les ha hecho entender que hay que arremeter unidos contra los avances de los sectores democráticos y populares. Saben que las jornadas de los estudiantes en el 2011, el rechazo a la reforma de la justicia, los paros agrarios en 2013 y la actual protesta de los maestros, si encuentran respaldo y posibilidades de desarrollo en una Convergencia Democrática, van a desencadenar fenómenos políticos que no sólo serán el soporte para mantener el control de la administración capitalina sino que se pueden convertir en un posible antecedente de triunfo para el 2018.
Y es que ellos sí son absolutamente conscientes que el futuro de Colombia se define en gran parte en Bogotá. Todo apuntaba hasta hace unos pocos días que en las elecciones de octubre de 2015 se enfrentarían 3 bloques, dos de derecha y uno de izquierda. Pero es evidente que el uribismo y el santismo por separado le otorgan una enorme ventaja a una convergencia democrática encabezada por Clara López. Es por eso que los acercamientos entre Peñalosa y Pardo se han acrecentado, pero es indudable que un acuerdo de mayor tamaño se cocina entre bastidores. No es casual la gestión de Roy Barreras ante Uribe: los mandaderos no actúan por sí mismos. Santos y el gobierno de los EE.UU. son los verdaderos mandantes de esas gestiones.
Es por ello que… ¡ha llegado la hora y el momento de las definiciones...!!
El verdadero “centro político” que construyeron hace 8 años Antanas Mockus, Lucho Garzón, Sergio Fajardo y Enrique Peñalosa ha desaparecido del escenario político. Garzón y Peñalosa fueron cooptados por la casta política tradicional. Mockus a regañadientes se resiste después de su contrato con el gobierno de Santos y trata – al igual que Fajardo – de mantenerse en el campo independiente refugiándose en un pequeño partido, la Alianza Social Independiente, que es una amalgama informal e inorgánica de toda clase de expertos negociantes de la política “alternativa”, muy al estilo de los que sobreviven todavía en la cúpula burocrática de la Alianza Verde (dueños de Opción Verde).  
La izquierda, progresistas, "verdes-sociales", alternativos, independientes, liberales sociales, tendrán que unificarse, y no tienen otro candidato/a más viable para la alcaldía de Bogotá que Clara López, con todos los defectos que ella pueda tener o que le achacan sus críticos de oficio. Para triunfar deberán disputarle a los otros dos bloques (santismo y uribismo en proceso de fusión) un gran sector de la clase media que está indecisa. Ese bloque democrático liderado por la izquierda tendrá que hacer un trabajo pedagógico para convencer a esas clases medias que la “inversión social sí paga” y que sus dirigentes tienen la decisión de rectificar su desempeño administrativo mejorando su capacidad gerencial y atendiendo problemas urgentes que requieren medidas de choque (movilidad, seguridad, ambiente).
El paro de los educadores es otro elemento que está ayudando a clarificar la política. Santos, ahora en la dinámica de unidad de acción con Uribe, con la intención de “hacerse pasito”, es decir, para buscar la mejor forma de perdonar los crímenes al expresidente y atenuar las penas a sus cómplices – entre ellos –, los militares, tiene que ser EMPUJADO y FORZADO a hacer la PAZ por las fuerzas democráticas. Dicha presión debe incluir la más amplia movilización contra sus políticas neoliberales y anti-populares. Esa dinámica social y política va a obligar a Petro y a algunos sectores que se hacían ilusiones con Santos, a integrarse – ojalá más temprano que tarde – al bloque democrático que lidera la izquierda en Bogotá.
En el resto del país seguro que habrá que barajar de nuevo. La alianza del santismo y el uribismo – en ciernes – clarificará la política de los sectores democráticos y populares. La lucha por la Paz sigue siendo una bandera viable. El voto táctico y consciente por Santos, potenció a las fuerzas democráticas pero también sirvió para agudizar las contradicciones entre Uribe y Santos. Hasta donde era posible y táctico lograrlo. Dicha estrategia sirvió para fortalecer la imagen de estadista de Clara López, y la convirtió en un gran capital político que es fundamental en las elecciones locales y regionales de octubre de 2015, y que son determinantes de cara al 2018.
Robledo va a salir a decir… ¡Se los dije, “Santos es igual a Uribe”! Pero no. No es así. Santos y Uribe son diferentes. El uno representa al latifundismo, el otro al gran capital trans-nacionalizado. Pero ambos, cuando surgen amenazas de los sectores populares y democráticos, se unifican alrededor de sus intereses oligárquicos y pro-imperiales.
Lo principal en el campo democrático es que no se crea que esta situación es resultado de la acción de la guerrilla, como ya lo pregonan ciertos sectores triunfalistas cercanos a ella. Las fuerzas amigas de la insurgencia pueden ser muy buenas para organizar marchas y concentraciones masivas (no tan grandes como se pregonan), con base en una militancia bien financiada y disciplinada, pero están muy lejos de poder obtener el respaldo electoral de amplios sectores de la población que tienen muchas reservas frente a su comportamiento degradado durante el conflicto y a su insondable y desconocida visión de gobierno.
El bloque democrático debe construir un amplio movimiento ciudadano de carácter social, poli-clasista y plural, que – como ya lo hace Clara López – convoque a todas las fuerzas de la civilidad y de las nuevas ciudadanías emergentes (ambientalistas, mujeres, jóvenes, LGTBI, ciclistas ecológicos, animalistas, practicantes del hip hop y el rap, movimientos culturales, profesionales precariados, etc.) que están ansiosas por participar y construir el cambio en nuestro país y ayudar a sacarlo de su sempiterno y eterno atraso.

La fusión entre el uribismo y el santismo (en desarrollo) debe interpretarse como el último esfuerzo por impedir la Paz que necesita Colombia. Esa Paz con justicia social  ya empezó a ser construida desde la Bogotá Humana y va a tener continuidad con un gobierno democrático liderado por una izquierda moderna y ciudadana como la que representa Clara López. ¡Así debe ser!

viernes, 27 de marzo de 2015

DERROTAR A LA BURGUESÍA CORTESANA

Unificar al movimiento democrático...
DERROTAR A LA BURGUESÍA CORTESANA
Bogotá, marzo 25 de 2015
Los demócratas y los revolucionarios colombianos hemos fallado en el conocimiento de nuestra realidad. Hemos copiado teorías producidas para otras naciones o pueblos. Se ha tratado de encuadrar la realidad haciéndola coincidir artificialmente con teorías preconcebidas. Se han idealizado sectores sociales y personas, para apegarnos a ellos y a sus ideas, sin asumir posiciones críticas transformadoras de nuestro pensamiento y acción. Y por ello, nos hemos equivocado.
Uno de los problemas serios que no hemos logrado resolver es el de identificar con claridad una estrategia que nos permita unificar a las fuerzas del cambio. No hemos logrado desentrañar la doble naturaleza de la oligarquía. Por ello construimos e incentivamos falsas ilusiones en supuestos comportamientos “democráticos”, “progresistas” y/o “nacionalistas” de parte de algunos sectores de las clases dominantes. Y esa idea nos ha dividido.
Hoy estamos en la antesala de un hecho histórico: la superación – así sea parcial – de un conflicto armado que nos ha consumido durante 69 años, si tomamos como referencia las primeras embestidas violentas de los “chulavitas”[1] contra los campesinos que en 1946 se expresaban organizadamente por el acceso y la distribución democrática de la tierra.
Lo especial del momento es que si no tenemos claro quiénes son sinceramente los amantes de la Paz y de la democracia, podremos repetir experiencias que en el pasado nos condujeron a enormes derrotas, basadas – fundamentalmente – en la división de los sectores populares. Comprender la naturaleza de la burguesía colombiana es vital para construir la unidad de las fuerzas democráticas y diseñar una política correcta para poder avanzar.
La naturaleza antinacional y antidemocrática de la burguesía colombiana
La burguesía colombiana nació en el seno de la oligarquía terrateniente. Es la hija menor del gran latifundio colombiano. Además, creció a la sombra del poder de los imperios. Primero, a la cola del imperio británico. Después, bajo la tutela del imperio estadounidense o gringo[2]. Por ello, no es una burguesía nacional. ¡Nunca lo será!
A diferencia de lo ocurrido en Brasil, Uruguay y Argentina, en donde durante el siglo XIX arribaron migrantes europeos que traían el espíritu emprendedor y la iniciativa creadora de una burguesía en ascenso, en los países andinos – Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia – las burguesías nativas heredaron el espíritu aristocrático y colonial,  las costumbres burocráticas y parasitarias, y el comportamiento clientelar de las elites españolas.  
Reconocer la naturaleza de esa clase capitalista, su condición dependiente, su carácter débil, su esencia cortesana, su ideología reaccionaria, su cobardía genética, es fundamental, determinante y decisorio para resolver el problema que tenemos entre manos: terminar el conflicto armado e iniciar la construcción de una verdadera Nación en democracia.
Esa burguesía – a pesar de los atisbos progresistas de algunos industriales antioqueños[3] – nunca fue capaz de enfrentar a sus primos mayores, los grandes terratenientes. Tímidamente planteó en 1936 y 1968, unas limitadas reformas agrarias que fueron frenadas sin mucho esfuerzo por la clase latifundista. Sólo a finales de los años 80s del siglo XX, la burguesía dio muestras de algún grado de dignidad y coherencia – a través de un solitario Luis Carlos Galán Sarmiento –, enfrentándose aisladamente al imperio y a la corrupta oligarquía en el terreno de la lucha contra las mafias narcotraficantes. Por eso lo mataron.
Las erradas lecturas de la izquierda
La izquierda colombiana durante el siglo XX se equivocó varias veces en esta materia. La primera, cuando el Partido Comunista en la década de los años 30, se puso a la cola de la “revolución en marcha” de Alfonso López Pumarejo siguiendo las orientaciones de construir los llamados “Frentes Populares contra el Fascismo”. Se creyó por entonces en la supuesta voluntad reformista de un sector de la burguesía. ¡Grave error!
La desgracia es que ese error fue continuado con acomodaticias interpretaciones  sobre la existencia de una burguesía democrática y otra reaccionaria. Ello se presentó debido a que durante el período del Frente Nacional (1958) se fortaleció una burguesía burocrática – en su mayor parte liberal – que utilizó el discurso de Gaitán para engañar al pueblo, con promesas de cambio social y el chantaje del fascismo conservador. Hernando Agudelo Villa fue el adalid teórico de esa corriente política que finalmente claudicó ante la burguesía trans-nacionalizada durante el gobierno de Ernesto Samper Pizano.    
Otra, cuando Francisco Mosquera, fundador y principal dirigente del MOIR interpretó dogmáticamente la estrategia de la Nueva Democracia de Mao Tsé Tung (válida para China donde efectivamente existía una burguesía nacionalista) y demostró equivocadamente – para sí mismo y para su partido –, la existencia de una “burguesía nacional”. Su demostración la hizo a partir de análisis eminentemente económicos que desconocieron en forma determinista los aspectos históricos, las influencias culturales coloniales, los amarres ideológicos conservadores y los entrelazamientos que siempre han existido entre burgueses y grandes latifundistas en nuestro país.
La burguesía colombiana ha tenido numerosas contradicciones y motivos para enfrentarse con el imperio estadounidense. Pero nunca lo hizo. Siempre agacharon la cabeza y llenaron sus bolsillos con pequeñas dádivas imperiales. Primero, cuando los estadounidenses segregaron a Panamá y nos pagaron una miserable compensación. Luego, cuando se apoderaron del petróleo a través de las ventajosas concesiones otorgadas por gobiernos entreguistas. Más adelante, cuando nos impusieron el paquete neoliberal iniciado con la apertura económica. Simultáneamente, cuando aprobaron la “guerra contra las drogas”. Y ahora, cuando a la sombra del Tratado de Libre Comercio imponen condiciones onerosas a la economía nacional que impiden cualquier desarrollo autónomo y llevan a la quiebra a numerosos sectores industriales y agrarios.
La naturaleza servil, parasitaria y entreguista de la burguesía colombiana siempre la condicionó para que después de algunas quejas lastimeras y pataleos efímeros – que al final demostraron que eran simples pantomimas para engañar al pueblo fingiendo actitudes nacionalistas – terminara negociando con el imperio y aceptando sus imposiciones. Es una realidad inocultable que ha sido demostrada por la historia.
“Pacho” Mosquera lo preveía y decía en 1978: “Esta burguesía le teme más al pueblo que al imperio”[4]. Pero posteriormente – en la década de los años 80s –, olvidó esa verdad. Fue así como concertó alianzas con sectores profundamente reaccionarios (Hernando Durán Dussán, J. M. Arias Carrizosa) que fueron los precursores de Uribe en su lucha, no contra el imperio estadounidense sino contra el “social-imperialismo soviético” y las FARC, consideradas por el teórico “moirista” como los principales enemigos de la humanidad y de la Nación colombiana. Así, de ésta manera, profundizó su error. 
¿Qué importancia tiene en este momento este tipo de análisis?
Mucha y grande. Las izquierdas en Colombia están divididas precisamente por las diversas interpretaciones que hay de ese problema.
El MOIR mantiene su posición de que existe una burguesía nacional y ha mostrado – después de la muerte de su fundador en 1994 – gran disposición a entablar alianzas sobre todo con la burguesía agraria con la consigna de la “defensa de la producción nacional”. En el pasado Paro Nacional Agrario de 2013, actuando a través de las “Dignidades Agropecuarias”, privilegió la unidad de acción con la burguesía agraria encabezada por Uribe, por encima de cualquier acuerdo con las organizaciones campesinas que luchaban por una reforma agraria democrática. Pero lo más grave, cedió ante los intereses de los grandes productores agrarios (cafeteros, especialmente) que privilegiaban la concertación con el gobierno de subsidios y otras prebendas económicas, renunciando a la lucha por la revisión del TLC en asuntos urgentes y graves para el sector agropecuario.
Por otro lado, los Progresistas, encabezados por Gustavo Petro, consideran a Juan Manuel Santos como un “burgués progresista” por el hecho de estar impulsando el llamado “proceso de Paz” con las FARC y porque se enfrentó a Álvaro Uribe Vélez. Esa teoría se construyó desde los tiempos de los acuerdos que el M19 realizó con Álvaro Gómez Hurtado en el marco de la Asamblea Nacional Constituyente, en donde se hablaba de una “burguesía decente” y otra “militarista y autoritaria”. Es así como Antonio Navarro, Camilo González Posso y Gustavo de Roux, – a nombre del AD-M19 y a la luz de esa teoría – integraron el gobierno de César Gaviria como Ministros de Salud y legitimaron la reforma neoliberal de la Salud denominada Ley 100 de 1993. Fue una verdadera traición.
Y finalmente, otros sectores de izquierda y demócratas, consideran que la “burguesía burocrática” que últimamente han encabezado políticamente el ex-presidente Ernesto Samper Pizano y Horacio Serpa Uribe, es potencialmente “revolucionaria” porque en sus discursos y planteamientos abogan por un Estado interventor, se han destacado por la “defensa de los derechos humanos”, la superación del conflicto por la vía política negociada y el respeto de los procesos de cambio que adelantan los pueblos vecinos. Pero esta “burguesía burocrática” nunca ha enfrentado con seriedad la política neoliberal. Fueron incluso blandos con Uribe. Serpa representó a ese gobierno ante la OEA y Samper ha dado muestras de enormes vacilaciones frente a las políticas antipopulares de Santos.  
¿Qué nos dice la experiencia de los países vecinos que tienen características similares a las nuestras? ¿Qué podemos aprender de ellos?
La experiencia de los países andinos
Las revoluciones democráticas en marcha en América Latina han mostrado el carácter de las burguesías locales y nos enseñan claramente qué camino seguir. En Venezuela, Ecuador y Bolivia, fueron los sectores populares los que se levantaron contra las oligarquías y desencadenaron los procesos revolucionarios, unos más profundos que otros, pero todos con la constante de que las burguesías de esos países se plegaron a los intereses de las oligarquías entreguistas y mostraron su naturaleza antinacional y antidemocrática.
En Venezuela sólo un sector minoritario de los liberales – encabezados por Luis Miquelena – se colocó del lado de Chávez pero rápidamente, en 2002, con ocasión del golpe de Estado, retroceden y se pasan al lado de la burguesía parasitaria y del imperio estadounidense. En ese país fue el núcleo popular apoyado por militares nacionalistas el principal eje social y político del proceso revolucionario triunfante y en desarrollo. 
En Bolivia, en donde se presenta el proceso de resistencia más avanzado contra el neoliberalismo, son las masas populares encabezadas por los habitantes de la ciudad de El Alto y de la provincia de Cochabamba, acompañadas por movimientos campesinos, mineros e indígenas, quienes derrocan al presidente Lozada y derrotan políticamente a la oligarquía boliviana. La burguesía boliviana, ubicada principalmente en el departamento de Santa Cruz, se opone a la revolución y solo 10 años después, ha concertado una especie de tregua con el gobierno de Evo Morales, pero su intención es frenar el proceso revolucionario y pactar nuevos acuerdos con el sub-imperialismo brasileño que tiene gran influencia en esa región.
En Ecuador la situación es similar. La “Revolución Ciudadana” tiene sus bases sociales entre campesinos, indígenas y población pobre y de clase media de las grandes ciudades, cansadas de la politiquería tradicional y de la entrega de los recursos naturales a las grandes transnacionales extranjeras. La burguesía siempre estuvo con la oligarquía y el imperio.
En Perú y Colombia la interferencia de la lucha armada – degradada por el imperio y por las posiciones militaristas de la insurgencia – han impedido que los sectores populares impongan su hegemonía social y política y arrastren a la izquierda hacia verdaderos y profundos procesos de cambio y transformación.
Otros sectores sociales potencialmente revolucionarios
Por otro lado, es importante destacar la existencia de tres sectores sociales que tienen en Colombia una importancia primordial. Uno es, el de los pequeños y medianos empresarios y productores industriales y agrarios. No son propiamente burgueses, son pequeños burgueses. Este sector se puede unir a las masas populares alrededor de un programa contra la corrupción, la politiquería, el clientelismo, la falta de transparencia y la ineficiencia político-administrativa de la casta política. Ya se han expresado de diferentes maneras pero la izquierda los asusta con sus posiciones nacionalistas estrechas y con sus predicamentos “estatistas”. Este sector social – en esencia pequeño-burgués – defiende el capitalismo y le teme a lo que fue el socialismo en el siglo XX en Rusia. Sin embargo, es una fuerza potencialmente revolucionaria y democrática.
Otro sector es el de los trabajadores del Estado (educación, salud y servicios). Estos trabajadores son los que mantienen – precariamente – al movimiento sindical. De ser vanguardia de las luchas populares durante las décadas de los años 70s y 80s del siglo pasado, hoy están a la defensiva ante la ofensiva privatizadora que ha desarrollado la burguesía trans-nacionalizada. Es el sector de clase más propicio a entablar alianzas con la “burguesía burocrática” con la que coincide en construir un Estado interventor, paternalista y asistencialista. Para que estos trabajadores retomen la iniciativa debe impulsarse una especie de reingeniería mental y política para involucrarlos en un proceso que rompa con la ilusión remota del “Estado de Bienestar” y los integre a las nuevas corrientes de cambio. En Ecuador y Bolivia están enfrentados con los gobiernos de Correa y Evo. 
Y finalmente están los “profesionales precariados”, la Nueva Clase Trabajadora, el “nuevo proletariado”, los “proletarios con título” y los “proletarios con emprendimiento”. Son millones de profesionales y técnicos que a pesar de su capacitación profesional están cada vez en condiciones similares o peores a la de los trabajadores asalariados. La mayoría no son propietarios de medios de producción o si los tienen – ej., un pequeño emprendimiento – están completamente subordinados y al servicio de las grandes transnacionales y de la burguesía financiera. En su mayoría dependen de un salario, trabajan con la mente, el conocimiento y la información, y sus ingresos se reducen año tras año. Sus condiciones laborales cada día se hacen más difíciles. La constante son los contratos temporales bajo la modalidad de “contratos de prestación de servicios”. Los que tienen una pequeña empresa trabajan 14 o 16 horas diarias, viven endeudados y pagan altos impuestos. Muchos se encuentran desempleados o hacen parte del subempleo estructural que existe en Colombia.
Estos tres sectores pueden jugar un papel importante en esta fase de la revolución colombiana pero se debe entender que los pequeños productores y los “profesionales precarizados” no son totalmente nacionalistas, al estilo de las revoluciones nacionalistas del siglo XX. Son conscientes de la globalización de la economía y de una u otra manera sobreviven en medio de ella, tienen una mentalidad cosmopolita y global, están desarrollando otra visión del desarrollo económico, empiezan a madurar nuevos métodos para romper el monopolio de las grandes transnacionales, aspiran a contar con la ayuda del Estado pero no en términos de expropiaciones y control estatal de la economía como ocurre en Venezuela. Ya empiezan a mostrar nuevas dinámicas económicas (pro-común colaborativo, economía de equivalencias, solidaridades transversales, prácticas de “bienes comunes”, manejos novedosos del internet y las comunicaciones) que requieren de nuevas miradas y concepciones políticas adecuadas por parte de los demócratas y la izquierda.[5]
La nueva estrategia y la coyuntura electoral de la Alcaldía de Bogotá
Los demócratas colombianos y particularmente la izquierda bogotana tienen la oportunidad de desarrollar una nueva estrategia política en la actual coyuntura electoral de 2015 para gobiernos locales y regionales.
Esa estrategia consiste en hacer los máximos esfuerzos por unificar a todos los sectores independientes, alternativos, socialdemócratas, liberales sociales, progresistas y de izquierda, alrededor de una candidatura políticamente viable.
En esta contienda la teoría del enemigo principal – Uribe –, no aplica. La contradicción principal está entre quienes quieren profundizar los cambios y transformaciones de tipo social y aquellos que desean regresar la rueda de la historia para colocar la administración capitalina al servicio de los partidos políticos corruptos aliados de todo tipo de monopolios y mafias. Poco a poco los que se lucran de la propiedad de la tierra, los dueños de los grandes negocios de la construcción, los que controlan el manejo y van por la privatización de las empresas de servicios públicos, los que impulsan un modelo de ciudad al servicio del gran capital, y en general, los que están jugados por derrotar la política de la “Bogotá Humana”, se están unificando, muestran su verdadero rostro y tratan de aprovechar algunas falencias gerenciales del actual alcalde Petro para derrotar a la Izquierda.
Por ello la prioridad para las fuerzas democráticas es la unidad entre el Polo Democrático Alternativo, los Progresistas-petristas, los Progresistas de Alianza Verde, la gente de la ASI y otros sectores ciudadanos organizados que recogen numerosos sectores de la población que luchan por conquistar espacios democráticos como las mujeres, los ambientalistas, los LGTBI, los animalistas, los ciclistas ecológicos, los trabajadores de la cultura, y en general la juventud capitalina. Hay mucho por explorar en esa unidad que no debe limitarse a los partidos políticos organizados. El potencial es enorme si se mira más allá de las estructuras tradicionales y se exploran las llamadas “nuevas ciudadanías”[6].
Rafael Pardo podrá presentarse como “progresista” pero siempre ha demostrado que está al servicio de las políticas neoliberales. Además está preso de las fuerzas más corruptas de la Unidad Nacional. Y por otro lado, así llegara a acuerdos con la izquierda, muchos de sus votantes van a preferir votar por un candidato de la derecha, así sea un uribista. Es mejor que Pardo canalice individualmente esos votos e impida que el “frente contra la izquierda” que empuja Enrique Peñalosa y Carlos Fernando Galán, se convierta en una realidad.
La unidad de las izquierdas y el centro-izquierda puede ser la antesala de un Gran Frente o Coalición Democrática para el 2018 que garantice el triunfo de las fuerzas democráticas.
¿Cómo hacerlo? Básicamente entendiendo la urgencia de la unidad y la pertinencia de llegar a acuerdos. Clara López debe entender que el proyecto político de la “Bogotá Humana” tiene elementos de máxima importancia que deben defenderse. Y Petro debe comprender que la única forma de darle continuidad y mejorar ese programa, es con la izquierda unida en su conjunto.
Descartar las ilusiones en los supuestos sectores “nacionalistas”, “progresistas” y o “democráticos” de la burguesía, es el aspecto principal. Derrotar los egos y las prevenciones, es parte de esa tarea. Precisar los contenidos de los programas para tener bases ciertas para los acuerdos es el paso siguiente e inmediato. Definir procedimientos, nombrar compromisarios de gran experiencia y credibilidad, y de frente a la población, reconocer los errores que se hayan cometido, son pasos fundamentales para retener la Alcaldía de Bogotá en cabeza de los sectores democráticos y de izquierda, en beneficio de la mayoría de los bogotanos.
Si lo hacemos de esa manera, daremos un paso importante en el camino de llegar al gobierno nacional en 2018.
Idea estratégica por desarrollar
Acceder al gobierno local, departamental y nacional no es suficiente para resolver los problemas que ha generado la política neoliberal y para enfrentar la crisis sistémica y ambiental que es el resultado catastrófico del modo de producción capitalista vigente. Se requiere paralelamente desarrollar un proceso de construcción de Democracia Directa. Álvaro García Linera habla de la “democracia de la calle”, de la “democracia plebeya” pero la reduce a una especie de ayudante de la democracia representativa, para garantizar una “nueva gobernabilidad”[7].
En Colombia se puede y debe construir una corriente anti-sistémica (anti-capitalista y post-capitalista) que haga parte del “movimiento democrático”, que actúe con “paciencia estratégica”[8], ayude a derrotar a los partidos tradicionales, construir verdadera Paz y desencadenar un proceso de democratización del país.
Ese será el tema de un próximo artículo: ¿Pueden y deben los revolucionarios anti-capitalistas hacer parte del “movimiento democrático”?    




[1] Chulavitas: fuerzas armadas – oficiales y paramilitares – que utilizó el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez contra los campesinos que luchaban por la tierra.  

[2] Gringo: Palabra utilizada por el pueblo mexicano ante la invasión estadounidense de su territorio. “Green-go”, o sea, “verdes váyanse”, era la frase utilizada durante la guerra de los EE.UU. contra México que despojó a éste último país de lo que hoy son los estados de California, Nuevo México, Arizona y Texas.

[3] La excepción de esos industriales fue Hernán Echevarría Olózaga, pero el conjunto de la burguesía antioqueña demostró ser profundamente reaccionaria.

[4] Francisco Mosquera. “Lecciones de táctica y de lucha interna”. 1978

[5] Jeremy Rifkin. “La sociedad de coste marginal cero. El Internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo”. Editorial PAIDÓS – Estado y Sociedad. Barcelona, España. 2014

[6] García Abello, Yezid. “Las nuevas ciudadanías”: https://yezidgarciaconcejal.wordpress.com/2015/03/26/las-nuevas-ciudadanias/

[7] Álvaro García Linera:  http://www.telam.com.ar/notas/201503/97925-garcia-linera-bolivia-america-latina.html  

[8] Fernando Dorado. “Paciencia estratégica”: http://alainet.org/es/active/79309

lunes, 9 de marzo de 2015

ACERCA DE LA MUERTE DE JORGE ELIÉCER GAITÁN

 Lunes, 02 Marzo 2015 

«El 9 de abril de 1948, a la una y diez minutos de la tarde, fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán Ayala, el caudillo, sin duda alguna el dirigente político más importante del siglo veinte en Colombia.»

Por Gabriel Ángel

Colombia es un país de frustraciones, por eso no tiene nada de extraño que quien mejor supo interpretar los anhelos de cambio y de justicia social arraigados en su pueblo, desapareciera de manera súbita cuando todo indicaba que sería el próximo Presidente de la República. Para entonces nuestro país se contorsionaba en un poderoso impulso transformador. Eran un hecho las formidables jornadas de la clase obrera pujando por el reconocimiento de sus derechos con un notable sentimiento antiimperialista, en tanto que en la Colombia rural, los campesinos libraban verdaderas batallas por la tierra contra el latifundio. Burgueses y terratenientes cerraban filas alrededor de sus dos partidos tradicionales, inyectando de visceral fanatismo a sus seguidores, en una puja por el control absoluto del poder del Estado. Los conservadores habían monopolizado el gobierno durante más de 40 años hasta 1.930. Y los liberales recién habían perdido el poder tras 16 años de sucesivos gobiernos.

El momento político era angustioso. Ospina Pérez presidía el ejecutivo para el partido conservador que no quería ceder esa posición. Los liberales la habían perdido porque una disidencia surgida en su seno posibilitó la victoria de su único contrincante. Ese disidente fue Gaitán, quien ahora, debido al triunfo arrollador de sus listas en las elecciones al Congreso en 1947, se había tomado la dirección oficial del partido y ganado el derecho a ser el candidato a la Presidencia. Gaitán tenía ideas que resultaban muy raras para la tradicional dirigencia burguesa del liberalismo. Y abiertamente escandalosas para la elite conservadora. Hablaba de la oligarquía liberal conservadora y decía que el hambre de los conservadores y liberales del pueblo no tenía color político, por lo que estos deberían unirse contra esa oligarquía. Se metía en las huelgas de los obreros para apoyarlos, aunque las dirigieran comunistas, y movía a la organización de los campesinos contra el latifundio.

Además Gaitán sentía una profunda aversión por la forma como las grandes compañías norteamericanas saqueaban las riquezas naturales de nuestro país, al tiempo que aplicaban condiciones de abierta explotación con la mano de obra colombiana. Sus denuncias en el Parlamento sobre la masacre de las bananeras no habían sido simples arrebatos juveniles. En sus últimos días tomó muy en serio la idea obrera de crear una empresa colombiana de petróleos en lugar de prorrogar la concesión a la Tropical Oil Company. El gobierno de los Estados Unidos se mostraba empeñado en adelantar una campaña anticomunista que impidiera la filtración de esas ideas en toda América. Por eso promovió la creación de la Organización de Estados Americanos, como una especie de pacto continental por el que los países de su interés inmediato se comprometieran a perseguir en su territorio a todos aquellos que resultaran sospechosos de tener inclinaciones marxistas. Ya se había puesto en marcha la aplicación de la doctrina de Seguridad Nacional. Recién habían sido fundados el Consejo Nacional de Seguridad y la Central de Inteligencia Americana, organismos encargados de cumplir esa tarea.

 El Partido Comunista Colombiano, por entonces una organización joven, había perdido el contacto con el Partido Comunista de la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial. Al igual que todos los partidos comunistas latinoamericanos, consultaba y recibía orientaciones del Partido Comunista de los Estados Unidos, encabezado por un señor Browder, quien originó una corriente reformista que se llamó browderismo. Fueron ellos quienes aconsejaron a los comunistas colombianos no apoyar a Gaitán en las elecciones presidenciales de 1946, cuando se lanzó como candidato disidente del liberalismo, en oposición a Gabriel Turbay, el candidato oficial. Este hecho representó quizás el error político más grande cometido por los comunistas colombianos en su historia. El Partido Comunista había nacido al calor de las luchas obreras y campesinas de los años treinta, contaba con muchas simpatías en esos sectores. Su respaldo a la candidatura de Gabriel Turbay resultó incomprensible para millares de campesinos y obreros que se decepcionaron por completo de él.

La oligarquía liberal conservadora odiaba a Jorge Eliécer Gaitán, lo consideraba además un intruso, un aparecido. No tenía origen ilustre ni riquezas, ni apellidos. Ni siquiera el color blanco en la piel. Tenía aspecto de indio. Por eso en sus editoriales en la prensa lo bautizaron como el Negro, el Indio, y le achacaron todos los vicios posibles, tanto a él como a sus seguidores. Decían que todos los delincuentes eran gaitanistas. Y lo acusaron de fascista, de demagogo, de comunista, de embaucador. Lo caricaturizaban de manera infamante. Gaitán decía que no era un hombre, que era un pueblo e hizo de ¡A la carga! su grito de combate. Gilberto Viera, dirigente comunista y patriarca del partido, fallecido no hace mucho tiempo, decía que el Partido Comunista había restablecido y mejorado sus relaciones con Gaitán poco antes de su muerte, luego de una remezón interna que cambió la dirección reformista influenciada por el browderismo. Al parecer la rectificación fue tardía.

Los gringos organizaron en Bogotá la Conferencia Panamericana, de donde surgiría la OEA, su instrumento anticomunista. El gobierno colombiano invitó a la conferencia a todas las personalidades del país, excepción hecha de Gaitán, jefe del liberalismo y virtual Presidente de la República. Una organización estudiantil latinoamericana con sede en Cuba pensó en organizar una cumbre estudiantil paralela al evento continental. Uno de sus representantes fue Fidel Castro, quien era apenas un muchacho de 23 años. Fidel y otros de sus compañeros se entrevistaron con Gaitán de manera breve y estaban citados en su oficina el 9 de abril a las dos de la tarde para conversar más largamente. Durante el gobierno de Mariano Ospina Pérez se desató una persecución violenta contra el pueblo liberal y comunista. En varios departamentos del país comenzaron los crímenes contra familias enteras, en los cuales aparecían involucrados siempre los jefes conservadores locales y la policía del régimen, conocida como la Chulavita.

Gaitán denuncia esta política de sangre y clama por la paz. Dos meses antes de su asesinato organiza la llamada Marcha del Silencio, cuando pronuncia su inmortal Oración por la Paz. Quien le disparó a Gaitán fue Juan Roa Sierra, linchado casi de inmediato por la multitud enardecida que estalló en forma espontánea tras el hecho. Lo que nunca determinaron los jueces e investigadores es quién estuvo realmente tras el crimen. El gobierno y la prensa se apresuraron a acusar a los comunistas. Todo con el fin de atizar la violencia contra ellos. El pueblo colombiano no necesitó pruebas para entender que el homicidio tuvo su origen en la oligarquía que combatió siempre Gaitán y en el Imperialismo que ponía en práctica su guerra preventiva. Dicen que el asesinato quedó impune. No es cierto, el pueblo entero se alzó, aunque no haya triunfado en su momento. Pero la lucha por que se haga justicia aún está vigente y cada día toma más fuerza. Las ideas del caudillo siguen vivas, el comandante en jefe de las FARC-EP fue uno de los miles de campesinos que se sumó a las guerrillas organizadas para enfrentar la violencia descarada del régimen tras la muerte de Gaitán. Y los millares de guerrilleros farianos disparan sus fusiles para hacer posible la Colombia Nueva, esa que no pudo ver Gaitán pero que verá sin duda su pueblo.

Casona, 9 de abril de 2004

viernes, 6 de marzo de 2015

LAS CICLOVÍAS BOGOTANAS: UN PROCOMÚN COLABORATIVO EN CONSTRUCCIÓN

El papel del Estado… ¿hasta dónde intervenir?

LAS CICLOVÍAS BOGOTANAS: UN PROCOMUN COLABORATIVO EN CONSTRUCCIÓN

Bogotá, 6 de marzo de 2015

Uno de los temas más importantes en el debate político actual – no sólo en Colombia sino a nivel mundial –, es el que tiene que ver con la función del Estado dentro de la sociedad. Definir el grado, nivel y tipo de intervención en asuntos económicos, sociales y culturales ha sido un problema de talla mayor que sigue siendo motivo de grandes debates.

Trataré de abordar ese debate a partir de un ejemplo concreto: las ciclovías de Bogotá. El objetivo es aportar a la construcción de la visión programática del Nuevo Proyecto Político, dado que es un tema de fuerte discusión que requerirá de serios estudios y análisis profundos para dilucidar y decidir el asunto.

Las ciclovías bogotanas 

Da gusto ver cómo cientos de miles de bogotanos todos los domingos se toman las calles designadas por el Distrito para ser utilizadas como ciclovías. Salen a caminar, trotar, patinar, montar en cicla o triciclo, desplazarse en sillas de ruedas o en cuanto aparato se inventan, para gozarse ese día de asueto. Es una verdadera fiesta de integración ciudadana. Personas de la tercera edad, “viejos otoñales” pero jóvenes de espíritu, se colocan sudaderas y patines “en línea”, y salen a competir con jóvenes, niños y adultos, o simplemente a “hacerse ver”.

Mujeres de múltiples edades, estratos sociales, hermosas y bellas, altas o bajitas, esbeltas o gruesas, desfilan por esa enorme pasarela que atraviesa la ciudad, en una especie de rito o ceremonia de culto al cuerpo, al deporte, a la vida sana o simplemente para sentir el aire bogotano sobre sus caras. Es disfrutar la libertad de ser “uno más” en ese rio humano que se forma por las calles cada fin de semana. Hombres de diversas características, etnias, culturas, edades, pobres y ricos, trabajadores y empleadores, desempleados o ejecutivos estresados por su actividad empresarial, sudan la camiseta para “sacarse malos humores” o para atacar ansiedades y angustias acumuladas durante la semana.

Marchan por las ciclovías bogotanas gentes felices formando una masa amorfa de espíritu y energía social. Cada uno en su individualidad y particularidad haciendo parte de un enjambre humano multicolor y versátil. Unos son esnobistas y exhibicionistas, otros pasan por anónimos y, unos más, casi invisibles. Todos se entrecruzan, van en una u otra dirección, pero participan de un movimiento energético impresionante. Se conjuga deporte, entretenimiento, diversión y fiesta. Alegres, relajados, realizados y contentos de sentirse identificados en el esparcimiento sano. Es, indudablemente, un espacio y momento de inclusión social, de integración colectiva, de auto-reconocimiento.

Pero lo más interesante es que van apareciendo normas de comportamiento construidas por la misma gente. Si desfilan con animales o mascotas, recogen discretamente sus deposiciones. Se respetan las normas de tránsito y se procura mantener un “orden dentro del desorden”. Surgen lazos de solidaridad con los más débiles, ancianos y niños. Si alguien se marea o desmaya todo el mundo se preocupa y ayuda. Se defiende el espacio público y por ello aparecen normas de comportamiento que se sostienen, mantienen y perfeccionan con base en el control social. Es una creación colectiva permanente, casi espontánea, que aparece por necesidad, que se renueva y recrea cada domingo.

En la práctica va apareciendo un “Pro-común Colaborativo”[1] que va reemplazando al Estado delegatario. La verdadera y creativa participación ciudadana y comunitaria empieza tener vida propia. La auto-regulación y la cultura ciudadana van haciendo inocua la intervención del Estado. “Ya no se necesitan tantos policías” dice la gente. Rara vez se presenta un robo. Se aprende a respetar y a convivir en colectivo. Además, las ciclovías bogotanas son un campo para el desarrollo de la economía popular. Mucha gente obtiene ingresos de la venta y comercio de variadas mercancías, productos y servicios. Es una experiencia de la cual aprender y “extrapolar” hacia otras áreas de la vida social.

El papel del Estado    

¿Qué hizo el Estado en este caso? Puso a disposición de la población un bien público: las calles pavimentadas y vigiladas. Esas vías, durante el resto de días – lunes a sábado –, se convierten en propiedad “casi” privada de los dueños y usuarios de vehículos, que en gran medida se apoderan  de ese bien público. El transeúnte queda relegado durante esos días a atravesar esas avenidas en medio de esa atronadora, desafiante y atemorizante avalancha  de metal y combustible, subiendo puentes elevados o caminando por las áreas destinadas a transitar cuando el semáforo lo señala, las llamadas “cebras”. El automóvil es durante casi toda la semana el amo, el dueño y señor de la vía, y el transeúnte queda a expensas de ese tremendo poder.

El Distrito Capital aprobó y reglamentó ese derecho desde 1974. Colocó la infraestructura, las reglas y las condiciones para que cualquier persona se apropie de ese espacio y lo haga suyo. Esa misma acción podría hacerse en todos los campos de la vida económica, social y cultural. Si se le generan condiciones a la gente, ésta responde en forma creativa y dinámica. Claro está que mucha gente no usa ese espacio – ciclovías – por pereza, ignorancia o por que físicamente no puede, tiene que trabajar, está enferma, no tiene asegurada la comida u otras causas. El Estado debe investigar esas causas y ayudar – de alguna manera – a que la mayoría de la gente lo haga, disfrute de ese derecho y beneficie sin ningún costo su salud física y mental. Es un aporte a la economía y el bienestar social.

En el caso de la producción hay ejemplos en Colombia y en el mundo de que el Estado puede promover con subsidios indirectos, crédito barato y oportuno, precios de sustentación y otros estímulos no paternalistas ni asistencialistas, para que la población organice empresas o negocios – individuales o colectivos; privados, cooperativos o mixtos – para producir bienes o servicios y así generar empleos y garantizar sus ingresos. Para ello se requiere combatir los monopolios y oligopolios que son obstáculos que impiden el desarrollo de economías de equivalencias y otras formas de democratización de los procesos productivos. 

La izquierda “estatista” no ha evaluado los errores cometidos en el siglo XX y pareciera tropezar con la misma piedra. La estatización de la vida económica es un fracaso. La planificación estatal es necesaria pero no puede ser absoluta. Ahora hay mejores condiciones (comunicaciones, informática, internet) para planificar pero no se requiere de la intervención directa del Estado en todos los campos de la economía. A medida que la sociedad vaya construyendo “procomunes colaborativos” en nuevos espacios de la economía, el gran capital tendrá que ceder espacios. Es la lucha que ya se está llevando a cabo en todo el mundo.

En Colombia ya existen “procomunes colaborativos” de hecho. Cooperativas, asociaciones, ligas de usuarios, mingas, trabajos comunitarios, redes o cadenas de personas que se hacen préstamos de dinero sin ningún interés, están surgiendo por doquier, así como a nivel mundial el “Internet de las Cosas” (IdC)[2] va creando un nuevo tipo de economía que indudablemente requiere de que las mayorías se apropien del Estado, lo modifiquen con procesos de democracia directa, y derroten los intereses mezquinos del gran capital financiero que lo domina todo y subordina los intereses de la sociedad a la obtención de riqueza para unos pocos potentados.

Un Nuevo Proyecto Político necesita de nuevos enfoques para resolver los problemas álgidos de gobernanza y la administración de los bienes comunes. El agua, la energía, el aire, el espacio público, la salud, la educación, la protección del medio ambiente, el transporte y la movilidad, hacen parte de los “bienes comunes”. Habrá que luchar para que el Estado intervenga en esos terrenos garantizando universalidad, gratuidad para los sectores menos favorecidos, buena calidad en la prestación de los servicios, oportunidad y acceso general, respeto a los derechos de los trabajadores y tarifas proporcionales a los ingresos de la población.   

Está demostrado que el “libre mercado” no existe. La ley de la oferta y la demanda siempre beneficia al más fuerte. Pero la intervención absoluta del Estado tampoco resuelve los problemas. Se requiere mayor creatividad para enfrentar los retos del futuro. La iniciativa individual y colectiva exige libertad y motivación. Allí cabría la frase que muchos le achacan a Dios: “Ayúdate que yo te ayudaré”. El Estado en manos de las mayorías debe ofrecer las condiciones para que las gentes en libertad, desarrollen toda su creatividad para construir procesos económicos, sociales y culturales que vayan ganándole espacio a la racionalidad capitalista y, simultáneamente, construyan niveles crecientes de equidad, igualdad, solidaridad y bienestar colectivo. Si nos lo proponemos… lo haremos.        



[1] El “procomún” (traducción al castellano del “commons” anglosajón), es un modelo de gobernanza para el bien común. La manera de producir y gestionar en comunidad bienes y recursos, tangibles e intangibles, que nos pertenecen a todos, o mejor, que no pertenecen a nadie. Un antiguo concepto jurídico-filosófico, que en los últimos años ha vuelto a coger vigencia y repercusión pública, gracias al software libre y al movimiento open source o al premio Nobel de Economía concedido a Elinor Ostrom en 2009, por sus aportaciones al gobierno de los bienes comunes.

[2] Jeremy Rifkin. “La sociedad de coste marginal cero. El Internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo”: http://bit.ly/1BfVgsi

viernes, 27 de febrero de 2015

LA TRAGEDIA DE LAS FARC

LA TRAGEDIA DE LAS FARC

Bogotá, 27 de febrero de 2015
El llamado “proceso de Paz” entra en fases definitivas. El gran dilema de la dirigencia de las FARC es entender la lógica de las clases dominantes colombianas. Sólo así podrán salirse del libreto trazado y no hacerles el juego. A esa elite plutocrática sólo le interesa garantizar la rentabilidad de sus inversiones y hacer apariencia de democracia. Nada más. Es su obsesión y su razón de ser. Lo demás es retórica, trampa, estrategia, mañas y truculencia.  
En Colombia la oligarquía muy pocas veces llama a la reconciliación. Ahora lo hace no porque quiera sinceramente la “Paz”. Es la economía la que obliga. Dice Estanislao Zuleta en su obra donde analiza la obra de Shakespeare: “Lo terrible es que también la petición de reconciliación se puede aprovechar como un arma para el combate”[1].
Siempre ha sido así. Desde sus orígenes la casta dominante que se formó en Colombia cimentó una naturaleza criminal especial: es psicópata y bipolar. Ha usado la doble personalidad para engañar a las clases dominadas. Una para tender la mano, otra para blandir el garrote y el puñal. Lo hicieron con los indios que resistieron la invasión. Lo repitieron con los alzamientos de negros esclavos. Lo perfeccionaron en la “Revolución de Los Comuneros”: mientras el Arzobispo Caballero y Góngora negociaba con los rebeldes en Zipaquirá, las fuerzas de la represión ejecutaban sobre seguro y a traición a José Antonio Galán.
Un tiempo después, a la sombra de falsos llamados a la paz y reconciliación, acosaron a Bolívar hasta llevarlo a la depresión y la muerte. Más adelante obligaron al exilio al General José María Melo, asesinaron al coronel Avelino Rosas y a Rafael Uribe Uribe. Lo mismo ocurrió con Jorge Eliécer Gaitán. Y luego masacraron a los guerrilleros liberales desmovilizados a finales de los años 50s del siglo XX. Y en la década de los 80s asesinaron a cuatro candidatos presidenciales de la oposición política y a miles de sus militantes.
De acuerdo a Estanislao Zuleta en su análisis sobre el Poder, en éste… “sólo hay dos cosas: producir temor y halagar intereses” [2]. Así lo han hecho en Colombia. “A Dios rogando y con el mazo dando”. Siempre han tenido figuras políticas para desempeñar ambos papeles: Laureano Gómez y Alfonso López Pumarejo en los años 30 y 40; Turbay Ayala y Belisario Betancur en los 80s; Cesar Gaviria y Andrés Pastrana, por un lado y Ernesto Samper, por el otro, en los 90s; y ahora, Uribe y Santos. Uribe es el que genera miedo y temor, Santos halaga intereses para cooptar al “movimiento democrático”. Es la misma fórmula con nuevas figuras. Es un libreto conocido.
La receta les ha dado resultado porque las fuerzas democráticas no han logrado desentrañar esa lógica. Hemos respondido en forma programada: o el levantamiento provocado y fácilmente controlable, o la conciliación cortesana y resignada. Ante lo malo y lo peor, como ocurrió el año pasado, tuvimos que escoger “lo menos peor”. Por eso, en medio de su confusión algunas fuerzas democráticas justifican esa decisión tratando de lavarle la cara a Santos. Hacen pactos a espaldas de la sociedad supuestamente para garantizar la “Paz” y le generan ilusiones “reformistas” al pueblo. Caen en la trampa de creer en la existencia de una “burguesía progresista” y otra “reaccionaria”. Con esa idea los sectores populares se han puesto a la cola de la oligarquía.
La decisión correcta es “cogerle la caña” a una de esas personalidades para demostrar que son una sola entidad. No porque sea una mejor que la otra, sino porque una de ellas representa para nosotros la oportunidad de avanzar. Hasta ahora sólo Jorge Eliécer Gaitán logró diseñar otra respuesta política y derrotarlos en su terreno: las elecciones. Por eso lo mataron a mansalva. Él falló en que no creyó que fueran tan crueles y asesinos. Su fórmula fue apoyar desde su autonomía a López Pumarejo y Eduardo Santos, participando en su gobierno, con el único objetivo de construir su PROPIA FUERZA. Sin embargo mantuvo grandes distancias con la orientación política de esos gobiernos y renunció a su cargo de Ministro de Trabajo y Educación (respectivamente), cuando desde la presidencia le bloquearon sus propuestas. Así avanzó en la construcción del “movimiento gaitanista”. Fue una obra de arte.
El año pasado (2014) una parte de las fuerzas democráticas y la misma insurgencia apoyaron a Santos en las elecciones. Lo hicieron pero sin estrategia. El error no es haberlo apoyado, fue hacerlo sin decisión y seguridad. Se actuó en forma vergonzante cuando lo que había que hacer era seguir el ejemplo de Gaitán. Exigirle a Santos participación en su gobierno y al calor de esa exigencia, hacer conocer al pueblo y a la sociedad nuestras propuestas transformadoras. Así supiéramos que no nos iban a dar participación, había que cobrar públicamente esa ayuda. Se trata de enfrentar al gran capital en su terreno, sin temor, con decisión y firmeza.
La tragedia de las FARC
¿Cuál es la tragedia de las FARC? Que ellos finalmente se dieron cuenta que la guerra sólo beneficia a las clases dominantes. Que la acción armada está agotada. Que les llegó el momento de cambiar la forma de lucha. El problema es que ellos no pueden aceptar que después de tanto sacrificio, su desmovilización no se concrete en conquistas sociales y económicas para el pueblo. Y por ello tratan de hacer malabarismos para conseguirlo.  
Pero el verdadero problema es otro. Su lucha – por más heroica que haya sido – se basaba en fundamentos equivocados. Se le quiso “hacer la revolución al pueblo”. Entregarle la victoria como por encargo sin que éste se lo hubiera pedido. Ha sido un sacrificio individual o de grupo aislado de las masas. La verdadera acción revolucionaria no es hacerle la revolución al pueblo. La tarea es organizar a ese pueblo para que él mismo haga “su propia revolución”. Allí está la matriz equivocada.
Hoy – si continúan en la dinámica en que están en La Habana – van a seguir en lo mismo: manteniéndose en el marco de un levantamiento controlado y relativamente marginal o, conciliando con la burguesía una falsa democracia en el marco de una “Paz perrata”[3] (http://bit.ly/18u7aWh). Terminarán, como ha pasado en todos los “procesos de Paz” en Colombia, haciéndole el juego a una oligarquía que llama a la reconciliación cuando prepara la traición. En este caso la felonía no es contra los dirigentes de la insurgencia porque ya no necesitan desaparecer o asesinar a ningún guerrillero desmovilizado. La oligarquía sabe que éstos – por más que se esfuercen –, no van a poner en peligro sus intereses porque el grueso del pueblo no los va a seguir.
La “traición” ya no va a ser para los que hagan la “paz”. La trampa consiste en que a la sombra de la “falsa Paz” introducen “sin dolor”, la segunda fase de la globalización neoliberal. Es lo que estamos viendo con la propuesta de Plan Nacional de Desarrollo planteado por el gobierno Santos al Congreso de la República. La mayor parte del presupuesto lo ponen al servicio de las inversiones de las grandes empresas transnacionales en minería, infraestructura vial y energética, y agro-negocios. Es una bofetada a cualquier proceso de Paz serio, creíble y sostenible.
Y es por ello que la dirigencia de las FARC debe pensar en entregar la posta a nuevas generaciones. No se trata de que se jubilen o renuncien a la lucha, pero sí es hora de revisar más a fondo su práctica. Tienen necesariamente que aceptar su derrota política para poder entregarle al pueblo colombiano una lección que nos sirva hacia el futuro. Sin lavarle la cara al gobierno, sin prestarse a componendas pacifistas que ocultan la verdadera violencia colonial e imperial, oligárquica y capitalista.
De ese replanteamiento tendrá que surgir una nueva política. Posiblemente ya no en cabeza de ellos. Las nuevas generaciones están ávidas de que se les suelte la rienda. Nuevos movimientos políticos están apareciendo por doquier. La juventud necesita una buena asesoría, de gente veterana que acepte que su momento ya pasó y que con humildad se ponga al servicio de nuevas miradas y mejores prácticas, verdaderamente democráticas y colectivas.
Ahora necesitamos una política de nuevo tipo. Una nueva forma de acción política. Que recoja el valor y la entrega de los luchadores de la UP y el partido comunista. Que recree la ética, la transparencia y la cultura ciudadana que mostró Mockus en su momento sublime de la primera alcaldía de Bogotá. Que retome la claridad conceptual de carácter democrático que era la principal carta del Carlos Gaviria de 2006. Que explote la defensa de lo público y la capacidad de riesgo que ha demostrado Gustavo Petro. Pero que supere esa dinámica dispersa y desintegrada. Que convierta todo ese importante legado en un nuevo movimiento que lleve a la sociedad colombiana a entender que todos “Somos Ciudadanos” y que unidos, podremos cambiar y transformar este país.
La tragedia de las FARC consiste en que navega en un barco que ya no controla y les da temor tirarse al mar sin salvavidas. Si lo hacen, si se lanzan a la acción política civilista con humildad – tal vez –, el pueblo les ofrezca un flotador. Pero ya no será el de ellos, será el de un pueblo que aprende de ese esfuerzo fallido que desconoció el principal legado de Marx: “La emancipación de los trabajadores es obra de los trabajadores mismos”[4].
La tragedia de las FARC puede convertirse en comedia y drama. De ellos depende que su desmovilización e ingreso en la lucha política abierta y legal sea un paso que le permita a nuevos actores políticos lograr lo que ellos no pudieron: conseguir que el pueblo y la sociedad se apropien plenamente de la actividad política y la pongan al servicio de las mayorías.    

[1] Zuleta, Estanislao. “Shakespeare: una indagación sobre el poder”.  Universidad del Valle, 2015. p. 21
[2] Ídem, Óp. Cit. p. 27
[3] Dorado, Fernando. “Guerra degradada y paz perrata”: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=176957
[4] Marx, Carlos. “Estatutos generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores”. 1871