domingo, 7 de diciembre de 2014

PACIENCIA ESTRATÉGICA

Dar forma al “movimiento democrático”…
PACIENCIA ESTRATÉGICA
Popayán, 7 de diciembre de 2014  
En política – como en la vida – si no se hacen bien las cosas, en cualquier momento los errores revientan y se pagan. Si no se construye unidad con base en una fuerte y consistente identidad ideológica, necesariamente se terminará en indecisiones, desgastes, parálisis, y finalmente, la división y la dispersión. No hay posibilidad de hacer trampa. La forma debe estar completamente integrada al contenido. No se puede caminar por desechos para  llegar más rápido o hacer más fácil la tarea. No podemos auto-engañarnos. En cualquier momento salta la liebre. No por mucho madrugar amanece más temprano. 
Es lo que ha pasado con el Polo Democrático Alternativo y se repetirá – invariablemente – con la Alianza Verde. La división manifestada en las pasadas elecciones en ambos partidos es una ratificación de esas verdades de sentido común. Igual circunstancia está viviendo el partido liberal. Los pocos socialdemócratas que quedan en ese partido están migrando hacia nuevos escenarios para no quedar enterrados con sus rancios jefes neoliberales. La renuncia de Alpher Rojas Carvajal, ex-director Nacional del Instituto del Pensamiento Liberal a la militancia en ese partido (http://on.fb.me/1I1fnyc) es parte de ese proceso.
Lo interesante de estos intentos fallidos es que dejan importantes lecciones que estamos aprendiendo. En forma sintética presentamos algunas de ellas:
1.    No son suficientes los pactos o convenios programáticos. Siempre habrá interpretaciones, énfasis, manejos y aplicaciones diferentes de acuerdo a la formación ideológica de las fuerzas y personas que participan de la experiencia política.
2.    No son suficientes los reglamentos y estatutos. Si no existe una fuerte identidad ideológica, esas reglas no servirán para nada.
3.    Se requiere un diseño estratégico unificado. Es necesario construir conjuntamente unos objetivos, metas precisas, fases y procedimientos. Es indispensable un plan concertado. Es el verdadero combustible del proyecto.  
Éste último aspecto ha sido poco trabajado en Colombia. En el PDA se juntaron fuerzas que todavía creen en (o sueñan con) la insurrección civil popular. También se sumaron diversos sectores que – así no lo acepten públicamente –, no han renunciado a la lucha armada. Además, ya estaban en el PDI los que decididamente están por la vía electoral. Es más, al interior de cada uno de esos sectores existen diferencias que no se han aclarado. ¡He allí el detalle!
Por la importancia que este tema tiene para poder constituir en el inmediato futuro un nuevo proyecto político que le de forma al “movimiento democrático” o Partido del Pueblo, que ya existe en el corazón y en la conciencia popular (http://bit.ly/1vN8JGt), intentaremos formular una visión de lo que podría ser ese diseño estratégico, de acuerdo a las experiencias exitosas que están desarrollando los pueblos de América del Sur, y claro, con base en nuestras condiciones particulares.
Historia y diseño estratégico
Después de la caída del bloque socialista en la Europa Oriental, la geopolítica mundial cambió (1989). La lucha armada como herramienta de revolución social y política no tuvo – a partir de ese momento –, razón de ser. El imperio tenía todas las herramientas y fuerza para derrotar esos intentos por medio de la instrumentalización de los conflictos. Así, diseñaron la estrategia de los “conflictos de baja intensidad”, las guerras de 4ª generación y las “guerras sucias”. Así ocurrió en Colombia. Sólo ahora algunos caen en cuenta. Son los tozudos hechos que nos atropellan. La insurrección zapatista lo comprendió muy bien y se transformó oportunamente en un levantamiento simbólico, basado fundamentalmente en la fuerza organizativa de los pueblos indios. Y allí están, tirando del carro de la historia. 
Vienen entonces durante los años 90s del siglo XX y principios del XXI, los levantamientos populares civilistas que respondían a la profunda crisis económica que trajo la aplicación de las políticas neoliberales. El primero fue en 1989 en Venezuela (“El Caracazo”) pero en Colombia se vivía ya ese proceso que era canalizado de alguna manera por los movimientos insurgentes sin conseguir éxitos contundentes. El proceso constituyente impulsado y manipulado por la oligarquía en 1991 fue una respuesta táctica a dicho ascenso de las luchas populares en Colombia.
Es sobre esa oleada de luchas populares como se va diseñando la estrategia popular y democrática para derrotar políticamente a las oligarquías y al imperio utilizando las vías electorales. Chávez inicia ese proceso en Venezuela en 1999, que ha sido continuado por Lula y Dilma en Brasil, los Kirchner en Argentina, Evo en Bolivia, Correa en Ecuador, de alguna manera la Bachelet en Chile y el Frente Amplio (Vásquez-Mujica) en Uruguay.
A pesar de las diferencias que tienen estos procesos fruto de las particularidades de cada país y de los movimientos populares comprometidos – unos más avanzados que otros –, unos con bases rurales, indígenas y campesinas, otros con el apoyo de los trabajadores y sectores urbanos, lo cierto es que el diseño estratégico tiene enormes similitudes de las cuales es válido aprender.
Veamos el caso de Venezuela. Después de salir de la cárcel en 1994 Chávez se dedica a construir el núcleo del Movimiento V República, recogiendo de aquí y de allá, sin colocarse como meta la unificación formal de la izquierda. Ese núcleo diseña la estrategia que no se puso como  objetivo – en lo inmediato – la derrota del imperio y mucho menos una revolución socialista. El objetivo central era derrotar a los partidos tradicionales oligárquicos (Adecos y Copeyanos, AD y COPEI), castigarlos por su descomposición y corrupción. Sólo eso. Y para ello había que juntar a todas las fuerzas democráticas decentes que existían en Venezuela. Luis Miquelena – un liberal decente – era el principal aliado político de Chávez.
En cada país ha ocurrido un proceso similar. En algunos países en donde la correlación de fuerzas lo permitía y exigía, como Venezuela, Ecuador y Bolivia en donde las fuerzas del cambio ya se habían constituido en gobierno, se impulsa la convocatoria de Asambleas Constituyentes para consolidar y profundizar las transformaciones por la vía revolucionaria institucional, no sin ciertas dificultades creadas por las fuerzas contrarrevolucionarias que intentaron asaltar la voluntad popular con golpes de Estado. En los otros países los cambios son paulatinos y lentos, pero allí van, poco a poco, consolidando las fuerzas y los procesos.
Lo interesante es tener claro el objetivo. En Colombia se quiere derrotar los TLCs, hacer la reforma agraria democrática, impulsar un reordenamiento territorial descentralizado, derrotar las políticas neoliberales privatizadoras en educación, salud y servicios públicos y demás reivindicaciones populares, y todo ello se quiere hacer de una vez. Sin estrategia y sin plan. Quien no incluya uno de esos puntos es “un moderado” o peor, “un conciliador”. Y es por ello que no se pone como primer, principal y único objetivo la derrota política de los partidos que representan los intereses de la oligarquía. Ser gobierno debe ser la prioridad, con un programa muy amplio, que enamore a las grandes mayorías de nuestro país, que le apunte ante todo a la corrupción, a la ineficiencia y al clientelismo de los partidos tradicionales y de los “nuevos”, que hacen parte del establecimiento oligárquico.
Por ello hemos fracasado, porque queremos hacer todo de una vez, porque no hemos construido una visión estratégica. Hay que ir paso a paso, con “paciencia estratégica”. Apoyando a Mockus ya habríamos derrotado a los partidos tradicionales y estaríamos ahora  o saliendo de Mockus o haciéndolo avanzar hacia lo social. Pero no, plantear eso era una blasfemia. Chávez sólo enfrentó al imperio después del golpe de Estado de abril de 2002. Correa y Evo avanzaron en su estrategia después de haber derrotado los intentos golpistas de la vengativa oligarquía imperial.
Además, en el caso de Colombia, la oligarquía ha podido identificar a la izquierda con una insurgencia degradada que convirtió a los campesinos medios y ricos en su objetivo militar y económico. Ello les ha dado enormes ventajas hasta el punto de que un proyecto fascista y paramilitar estuvo a punto de apoderarse totalmente del aparato estatal a nombre de la seguridad de los colombianos y como punto de defensa “patriótico” ante la supuesta amenaza “castro-chavista”.
Es por ello que el “movimiento democrático” en Colombia debe sumar las fuerzas políticas y sociales que con toda claridad y transparencia estén decididamente por las vías electorales institucionales y que además su práctica real respalde esa decisión. Y para hacerlo más creíble debe concertar esa estrategia anti-oligárquica con algunas fuerzas del establecimiento burgués que les interese el proyecto. Empresarios cansados de la corrupción, liberales socialdemócratas cansados de neoliberalismo, profesionales de todas las áreas que sufren la precariedad de los empleos y el monopolio de los contratos, científicos e intelectuales inconformes con la mediocridad de nuestros gobernantes, mucha pero mucha gente puede subirse con tranquilidad a ese proyecto de Nación que podría emular la famosa frase de Gaitán: “¡Por la restauración moral de la República!”. Nada más, por ahora.
El año 2015 debe ser utilizado para construir las bases de ese “nuevo movimiento político”. Con 100 líderes y liderezas jóvenes de todo el país, asesorados por una retaguardia intelectual que debe dejarle el protagonismo a la juventud, se podría arrancar a principios de 2016. Ya los veteranos tuvieron su turno y no lo aprovecharon. Los unos, por no ser decididamente anti-neoliberales (Mockus). Los otros por no aceptar la realidad del mundo globalizado (Robledo). Unos más, por no deslindarse de una guerrilla degradada y desprestigiada (Piedad Córdoba, PC y demás). Y todos, por no enviar un mensaje de verdadero sentido democrático, por no leer la necesidad de construir serios movimientos políticos y no empresas electorales con dueño y patrocinador particular.
El programa casi que está a la vista: construir democracia para el ciudadano del común; golpear la corrupción donde es más visible (altos sueldos y primas de los congresistas y magistrados); recuperar lo público sin caer en el estatismo paternalista; defender el medio ambiente sin ninguna clase fundamentalismos ecologistas; impulsar la industrialización de nuestras materias primas y apropiarnos de la comercialización internacional de nuestros productos que está en manos de las grandes transnacionales; recuperar un mínimo de legislación laboral que proteja a millones de trabajadores precarizados en sus condiciones laborales; pero todo en el marco de un mundo capitalista que no vamos a cambiar de un momento para otro.
En el marco de las elecciones locales y regionales se puede construir este proceso. En esa dinámica hay que impulsar las más amplias coaliciones para derrotar a la casta política tradicional – incluyendo el uribismo –, y a la vez ir juntando esa dirigencia joven que está frustrada dentro de los actuales proyectos políticos. Desgraciadamente, lo que podríamos considerar como lo más avanzado del “movimiento democrático” – el “progresismo-petrista” que está al frente de la administración distrital de Bogotá –, también tiene graves falencias y vicios caudillistas, burocratismo, estrechez de miras, cerramiento grupista y sectario, y ausencia de una verdadera estrategia colectiva. Petro es el caudillo y sus áulicos cierran todos los espacios como lo están comprobando una serie de activistas sociales y culturales de Bogotá.

Combinar el conocimiento y la experiencia reflexiva de veteranos dirigentes e intelectuales con la creatividad y el entusiasmo juvenil, deberá ser la fórmula que durante el año 2015 nos permita y facilite la creación de un gran equipo de jóvenes políticos que dinamicen la vida política del país a partir de 2016. Si nos lo proponemos, lo lograremos. 

viernes, 28 de noviembre de 2014

PETRO DEBE APOYAR A CLARA


PETRO DEBE APOYAR A CLARA
Popayán, 28 de noviembre de 2014
En los próximos días Gustavo Petro tomará una decisión vital. Tiene que ver con la candidatura a la Alcaldía de Bogotá. Apoya a Clara López o se va con candidato propio. Será algo determinante frente a su aspiración presidencial para 2018. Si se equivoca una vez más – como ocurrió en la primera vuelta de las pasadas elecciones –, sus posibilidades de ser Presidente de Colombia serán muy remotas.
Todo indica que la lucha por la primera magistratura en el próximo período va a estar completamente abierta. La mayoría de partidos saldrá con candidato propio. Ya lo anunció el Partido de la U. Cambio Radical prepara a Germán Vargas Lleras. El liberalismo tiene varios prospectos. El Centro Democrático de Uribe estará en primera fila. Sergio Fajardo buscará el aval de la ASI y Petro será el candidato de la Alianza Verde. El Polo ya tiene a Robledo como pre-candidato. Todos buscarán conformar amplias coaliciones. Esa será la apuesta ganadora.
Los candidatos que ya marcan el paso para esa elección son Sergio Fajardo y Germán Vargas Lleras. El actual Gobernador de Antioquia saldrá de esa administración con una opinión favorable, sin mucho desgaste y se presentará como el fiel de la balanza para continuar con el “post-conflicto”. Vargas Lleras, por su cuenta, tratará de recoger los frutos de la inversión del gobierno Santos en vivienda e infraestructura vial, aunque con la crisis en los precios del petróleo – que son determinantes en las cuentas fiscales del Estado – no va a tener una ruta cierta ni pavimentada. Su raigambre de derecha puede darle ciertas posibilidades de recoger fuerzas uribistas, pero su horizonte no se ve despejado.
En el caso de Petro su situación es dramática. Viene sufriendo un sostenido desgaste después de haber derrotado el complot para derrocarlo. El deterioro de la imagen de su gestión es resultado de un acumulado de errores político-administrativos y de problemas estructurales de la ciudad. Lo arbitrario de la destitución y la solidaridad generada, los habían mantenido ocultos. Pero a medida que pasa el tiempo han salido a flote una serie de dificultades que al final del mandato serán cobrados con virulencia por sus enemigos y contradictores.   
Se podrían enumerar las siguientes complicaciones: la inestabilidad y poca continuidad en la gestión administrativa basada en el pobre perfil técnico de sus funcionarios; la falta de claridad en la prórroga de los contratos de Transmilenio; las denuncias de corrupción – no comprobadas pero sí muy publicitadas – relacionadas con la familia Alcocer, cuñados del Alcalde; los distanciamientos de personajes importantes como Antonio Navarro y el concejal Carlos Vicente de Roux; y la acumulación de problemas de movilidad e inseguridad que han sido explotados por los medios de comunicación en contra de la imagen del alcalde capitalino.
Es por ello que Petro debe apoyar a Clara López en su aspiración a la Alcaldía de Bogotá para el período 2016-2019. Empezará – con ese gesto – a construir una gran coalición democrática para 2018, a la cual tendrá que sumar a liberales independientes y social-demócratas, y al resto de fuerzas alternativas y de izquierda que se la jugaron por la Paz en las elecciones de 2014. Clara – así haya sido parte del gobierno de Samuel Moreno – tiene todas las condiciones para derrotar al uribismo. Dejó una buena imagen en su gestión y ha mostrado ser inteligente y preparada para ejercer ese cargo.
Si por falta de visión política, soberbia, mala asesoría, o todo junto, Petro decide en contrario y apoya a otro candidato, lo más seguro es que la Alcaldía de Bogotá caerá en manos del uribismo o de la clase política tradicional. Si ello se da, los ciudadanos independientes de la capital – en su mayoría tirados al progresismo y a la izquierda – no se la perdonarían nunca. Allí Petro cavaría su propia tumba política.

Hay que impedir que el triunfalismo autista que portan una serie de burócratas que rodean a Petro lo lleven a asumir actitudes arrogantes y sectarias que mucha gente le adjudica. La Bogotá Humana tiene en Clara López una buena continuadora. Así lo ha afirmado la dirigente polista, con la precisión de que rectificará en aquello que considere inconveniente para la ciudad y sus habitantes.

viernes, 18 de julio de 2014

EL "PARTIDO DEL PUEBLO" EXIGE UNIDAD, DIRECCIÓN Y AUDACIA

EL “PARTIDO DEL PUEBLO” EXIGE UNIDAD, DIRECCIÓN Y AUDACIA

Popayán, 18 de julio de 2014  

Las fuerzas democráticas fueron determinantes en la elección del presidente Santos. Actuaron como el “Partido del Pueblo”. Es la expresión profunda de una conciencia popular y nacional en desarrollo y construcción. Ese partido, constituido por gentes con actitud independiente, alternativa, progresista y/o de izquierda va más allá de los partidos y movimientos constituidos. Actúa a veces siguiendo las orientaciones de sus principales líderes pero también desconoce sus decisiones cuando estas son erradas o confusas.   

Ese “Partido del Pueblo” votó por verdes, progresistas, polistas, liberales demócratas, upecistas, movimientos étnicos y otros, en las elecciones parlamentarias de marzo de 2014. Luego, apoyó decididamente a Clara López y Aída Abella en la 1ª vuelta presidencial y finalmente respaldó la re-elección de Juan Manuel Santos, pensando en la Paz y en el rechazo radical al candidato de Uribe. El “Partido del Pueblo” se expresó con coherencia y continuidad.

Esas fuerzas democráticas han mostrado vocación democrática en los últimos años. Se ha ido acumulando una masa crítica que representa lo más avanzado y consciente de la sociedad colombiana. Dicha población va a ser decisiva para resolver – a favor del pueblo y de la Nación – el desenlace del conflicto armado. Falta que la dirigencia democrática sea capaz de potenciar su fuerza y constituirse en un movimiento unificado y organizado.

Siguiendo ese trasegar, lo más cualificado del movimiento democrático se ha organizado en un Frente Amplio por la Paz y da sus primeros pasos para “configurar  una gran fuerza política que acumule los esfuerzos de las organizaciones, movimientos y partidos políticos de izquierda, independientes y progresistas  para disputar el poder político y aportar a la construcción de la paz con justicia social”.[1]

En forma correcta se ha contextualizado el nuevo Frente respecto del momento político. Se caracteriza como la sumatoria de fuerzas alternativas, progresistas y de Izquierda. Se definió su Plataforma de Lucha inmediata y se trazó un plan de acción. De manera precisa se afirma que “El respaldo al presidente Santos en las urnas no se puede confundir con la adhesión a su concepto de Paz. Por el contrario existen diferencias de enfoque y de contenido, lo que obliga a las fuerzas de izquierda  a  buscar  una mejor correlación de fuerzas en vías de lograr una verdadera Paz, estable y duradera, fundamentada en reformas y aperturas democráticas de la vida social, económica, cultural y política.”[2]   

Estos pasos iniciales en la construcción de una organización unificada que le dé concreción al Partido del Pueblo deben acelerarse al máximo. Las fuerzas democráticas se enfrentan a dos bloques oligárquicos que tienen planes contrarios a los intereses populares y nacionales. Esas fuerzas oligárquicas tienen la ventaja de tener el poder económico y político, tienen estructura, saben para donde van y mantienen la iniciativa. Santos, al frente de la burguesía transnacionalizada y Uribe a la cabeza del latifundismo reaccionario.

El “bloque santista” aspira a colocar el proceso de Paz al servicio de la profundización del modelo neoliberal, como ya lo viene haciendo. Pretende cooptar a una parte de las fuerzas democráticas como base fundamental para sustentar falsas y limitadas reformas de la institucionalidad democrática burguesa, de la política agraria y de drogas de uso ilícito, para impulsar planes, programas y proyectos focalizados a zonas de colonización en donde ha persistido el conflicto armado, pero sin tocar para nada la estructura neoliberal del régimen capitalista.

El “bloque uribista” – alentado por los resultados electorales que ni ellos mismos se lo esperaban –, no está a la defensiva. Tiene la enorme ventaja de contar con una dirección fuertemente centralizada y aspira a que el gobierno y la guerrilla continúen cometiendo los mismos errores que le permitieron crecer políticamente al uribismo[3]. Ahora esos errores los pretenden canalizar hacia dos tareas centrales: fortalecer los grupos paramilitares especialmente en zonas de conflicto como el Cauca, Nariño, Valle, Guajira, Norte de Santander, etc., y derrotar a las fuerzas de la Paz a la hora de refrendar los acuerdos.  

Cada bloque oligárquico ya tiene preparados sus proyectos de ley sobre reforma política y electoral, judicial, tributaria, educación y salud. Tanto Santos como Uribe tienen definidas sus estrategias y movimientos tácticos, han identificado sus prioridades y pretenden colocar a las fuerzas democráticas a su servicio. El uribismo ya aprendió a encauzar para sí los esfuerzos de un sector de la oposición de izquierda (MOIR-Dignidades) y el santismo aspira a que quienes lo apoyaron electoralmente se muestren condescendientes con su propuesta neoliberal – sin ir más allá –, por temor al chantaje de la guerra.

El gran reto para el “Partido del Pueblo” es no caer en la sumisión de la “democracia” ante el liberalismo. Ya Santos lanzó su jugada de nombrar a Ernesto Samper como Secretario General de UNASUR. Seguramente nombrará a algún “independiente”, “alternativo”, “progresista” o “de Izquierda” en el gabinete, y lo hará no porque vaya a cambiar su rumbo neoliberal sino para utilizar nuevos “angelinos” o “luchos”. Es su apuesta.

Y eso Santos lo puede hacer porque el Movimiento Democrático o el “Partido del Pueblo” peca todavía de timidez, vacilación, inseguridad y falta de audacia política. Caemos todavía en una serie de confusiones que nos impiden actuar como “bloque democrático” y por ahora, actuamos para nosotros mismos, nos refugiamos en nuestras propias fuerzas y no nos arriesgamos. Entre esas confusiones podríamos señalar las siguientes:

1. Creer que proponer cambios estructurales a Santos y a la Nación, es apoyarlo. 2. Pensar que exigirle participación de alto nivel en su gobierno, es plegársele. 3. Considerar que tratar de concretar nuestras propuestas – así sean parciales – siendo parte de un gobierno neoliberal, nos desfigura como alternativa.

Para poder avanzar el “Partido del Pueblo” – ahora representado por el Frente Amplio por la Paz – debe construir nuevos paradigmas, nuevas miradas, arriesgadas actitudes y visión de Estado, ganas de liderar a la Nación y llegarle al conjunto del pueblo, rompiendo con viejos esquemas y superando tradicionales temores.

Para hacerlo debemos clarificar aspectos como los siguientes:

1. No es lo mismo presentar nuestras propuestas a toda la sociedad que hacerlo retando al contradictor político que nosotros escojamos. La acción política es proponer y obligar al contrario a reaccionar. Desenmascarar a Santos con nuestras propuestas es la tarea central, a la vez que se invisibiliza y se neutraliza al uribismo. Se llama, tomar la iniciativa.  

2. Si Santos no acepta es problema de él. Nuestras propuestas quedarán posicionadas como alternativa real en los ojos y en la mente de la Nación y el Pueblo. Significa, ponernos al frente.

Lo anterior parte de entender que hoy se ha impuesto a nivel mundial un régimen neoliberal global por encima de los Estados nacionales. Todos los gobiernos (incluyendo los de Maduro, Correa, Evo, Castro, Ortega, etc.) lo que hacen es desarrollar aspectos parciales de una política social y "nacional" que se juega a diario entre la cooptación neoliberal y la acumulación de fuerzas, lo que implica construir "desde abajo" cambios post-capitalistas: Democracia Directa como expresión de poder popular; "nuevas economías" solidarias que se desconecten del control financiarizado; nuevos desarrollos culturales que ataquen el concepto de “progreso” y logren enfrentar el consumismo fetichista; y otros.

Es por ello que todo depende – no tanto de los gobiernos y de los ejercicios en los parlamentos burgueses – sino que, tanto el proceso de Paz como la democratización del país, se van a lograr por efecto de la acción revolucionaria que se realice desde las bases sociales, lo que exige la más amplia unidad de las fuerzas que hacen parte del Movimiento Democrático y una máxima claridad en nuestra estrategia. Ese es el reto.



[1] El Frente Amplio por la Paz, contexto, carácter, plataforma y tareas: http://alainet.org/active/75472&lang=es

[2] Ídem., documento citado.

[3] Los errores que ha cometido el gobierno y la guerrilla son básicamente los siguientes: El gobierno: generar expectativas de Paz inmediata, colocándole plazos y fechas a los diálogos y acuerdos; mantener un Ministro de Defensa (de guerra) uribista lo que no permite la depuración de las fuerzas armadas y liquidar las Bacrim; banalizar e identificar la terminación del conflicto con la conquista de la Paz. La guerrilla: No asimilar interiormente su derrota política fruto de haberse dejado degradar en medio del conflicto; creerse más víctimas que victimarios; pensar que todavía pueden representar políticamente al conjunto del pueblo; mantener formas de lucha que afectan a la población civil y a la naturaleza; trasladar mecánicamente formas de dirección política vertical y autoritaria propias de la guerra a la dinámica de la organización y movilización social.    

lunes, 30 de junio de 2014

SANTOS, FRENTE AMPLIO POR LA PAZ Y MOVIMIENTO DEMOCRÁTICO

SANTOS, FRENTE AMPLIO POR LA PAZ Y MOVIMIENTO DEMOCRÁTICO
Bogotá, junio 30 de 2014
El movimiento democrático colombiano le dio el triunfo al presidente Santos el 15 de junio pasado. Fue sin condiciones ni pactos previos. Sin embargo, los resultados forjaron una nueva realidad política en Colombia. Los votos de una ciudadanía madura y sensata decidieron que Santos debe ponerse a la cabeza del Frente Amplio por la Paz. Dicha orden surge de los votos más conscientes y limpios de la sociedad colombiana.
Al darle ese mandato, el movimiento democrático se puso al frente de la lucha contra Uribe. En esa tarea desplazó a Santos y, a la vez, se convirtió en su jefe. Simultáneamente, hizo a un lado a las FARC enviándoles un mensaje contundente – no de respaldo – sino de conminación a que deben firmar pronto la terminación del conflicto armado.
El problema actual consiste en que los principales líderes del movimiento democrático no son lo suficientemente conscientes de que ese movimiento existe y que ha acumulado la fuerza para liderar al conjunto de la sociedad colombiana en su lucha por la Paz y la Democracia. Los dirigentes de las fuerzas independientes, alternativas, progresistas y de izquierda, al estar divididos y dispersos, no perciben todavía la fuerza de esa corriente.
Esos líderes y liderezas son los/as que tomaron la determinación de llamar decididamente a la población a “votar por Santos contra Uribe”, por la conquista de la Paz y en defensa de la democracia. Se destacan Clara López, Carlos Gaviria, Aida Abella, Gustavo Petro, Iván Cepeda, Antanas Mockus y Claudia López, pero es claro que hacen parte del movimiento democrático otros/as dirigentes que aunque tenían dudas terminaron por aceptar que ese paso era absolutamente necesario.
Pero el movimiento democrático en Colombia va más allá de sus dirigentes. Está conformado por unos tres millones de personas que tienen sus raíces en el M19 y la UP de los años 80s y 90s del siglo pasado (XX),  que tiene su nicho principal en Bogotá y en algunas regiones (Nariño, Costa Caribe, Valle, Cauca y otras ciudades). Fueron los que eligieron como gobernadores de sus departamentos a Parmenio Cuéllar, Floro Tunubalá y Guillermo Alfonso Jaramillo en el año 2000.
Esa ciudadanía independiente ya se expresaba en la elección de Mockus y Peñalosa, se fue alineando a la izquierda eligiendo a Lucho Garzón y Samuel Moreno y ratificó su decisión apoyando a Gustavo Petro en 2012. Igualmente, se manifestó con la votación por Carlos Gaviria en 2006, hizo parte de la “ola verde” y ahora se dejó sentir con su voto contra Uribe y por la Paz.
El movimiento democrático también se manifiesta como movilización social aunque no todos los que protestan por necesidades sectoriales son parte del movimiento democrático. Por ejemplo, muchos de quienes participaron en el paro cafetero y agrario de 2013 fueron canalizados por Zuluaga, lo que deja ver todavía la debilidad del movimiento social y la necesidad de cualificar políticamente esas luchas. No contribuye en ese avance la actitud de algunas organizaciones y partidos que anteponen intereses económicos sectoriales a la lucha democrática del pueblo colombiano.
Hacen parte del movimiento democrático las mujeres y sectores LGTBI en su lucha por igualdad de género y contra la discriminación; los ambientalistas por el respeto de la naturaleza y la preservación de nuestros recursos naturales; los jóvenes con sus expresiones culturales de diverso tipo; los animalistas en contra de los manejos crueles a los animales; los intelectuales progresistas y científicos sociales con sus aportes teóricos al desarrollo de nuestra identidad y la crítica al modelo neoliberal y al capitalismo depredador. Igualmente, los trabajadores del campo y de la ciudad alimentan con sus luchas ese movimiento.
A la vanguardia del movimiento democrático se encuentra un sector de la población que podríamos denominar el “nuevo proletariado”. Son trabajadores calificados, profesionales y técnicos, en su mayoría jóvenes citadinos, pero que por sus condiciones laborales – muchos de ellos desempleados o trabajando en la informalidad – son parte de los “precariados”[1]. Por primera vez se manifestaron masivamente con los “cacerolazos” de solidaridad con el paro agrario en agosto de 2013 y lo volvieron a hacer con las movilizaciones de diciembre de 2013 y enero de 2014 contra el Procurador y de apoyo a Petro.
Como se puede observar, el movimiento democrático requiere con urgencia la unidad de sus principales líderes y el diseño de una estrategia conjunta y colectiva. Para potenciarse en el momento actual, el movimiento democrático necesita concentrarse en dos grandes temas: La terminación consensuada del conflicto armado y la defensa de la democracia.
Dicha estrategia no puede negar la realidad política expresada el 15 de junio de 2014. El pueblo le otorgó un mandato a Santos y el movimiento democrático debe, no sólo estar a su lado en la ejecución de esa política, sino que tiene que empujarlo, presionarlo, hacerlo el líder del Frente Amplio por la Paz, para poder resolver el problema central de la coyuntura.
Si Santos avanza en la dirección correcta, si se construye una Gran Coalición Democrática por la Paz, si se aprueban las políticas sociales y económicas que requiere la verdadera Paz, si Santos en verdad “traiciona a su clase”, Colombia se enfilará hacia la resolución estructural de sus problemas históricos y un burgués estaría liderando la revolución democrática. No es lo más probable pero no podemos desecharlo a priori.
Si no lo hace, si no rompe ni con su política neoliberal ni con los lazos que lo atan al uribismo, si no se arriesga a ponerse a la cabeza del movimiento democrático, éste pasará por encima de él y su liderazgo será barrido por la dinámica popular. Quedará desenmascarado ante el conjunto del pueblo y su oportunidad habrá sido desaprovechada. La forma como se desarrolle ese proceso aún no la sabemos. Podrá ser por medio de una gran movilización popular al estilo boliviano o ecuatoriano o el paso hacia la modernidad y cambio social se puede dar en las elecciones de 2018.
Todo depende de la decisión de los principales líderes del movimiento democrático. Si después de haber elegido a Santos se acobardan y se echan para atrás, si simplemente se van a la oposición, si no entienden que las contradicciones hoy se juegan en el terreno de la política, si no comprenden que lo inmediato es la derrota del uribismo y del latifundismo clerical y reaccionario, si se dejan enredar por posiciones economistas y fundamentalistas, si los paralizan los escrúpulos falsamente moralistas, se perderá una ocasión única para avanzar hacia la efectiva Paz y hacia una consistente apertura democrática.
Es urgente la unidad de los dirigentes más destacados del movimiento democrático. Es perentorio presionar a Santos con una propuesta de alto nivel político y de carácter de Estado. El momento exige pasar por encima de intereses estrechamente partidistas que ya fueron superados por la realidad del movimiento.
Santos va a querer cooptar a los dirigentes del movimiento democrático entregándoles algún ministerio pero para convertirlos en nuevos “angelinos” o “luchos”. La tarea es impedir esa farsa y para hacerla se requiere una iniciativa unificada que comprometa al gobierno con un verdadero programa de transformación estructural para construir la Paz.
Si el movimiento democrático no lo hace, Santos podrá hacer apariencia de reformismo sin realizar verdaderas reformas, como ya lo viene haciendo. Eso hay que impedirlo.




[1] Precariados: clase de desempleados y trabajadores que se encuentran en situación de precariedad prolongada por su bajo nivel de ingresos y por la incertidumbre sobre su futuro laboral.

martes, 7 de enero de 2014

EL EFECTO PSICOLÓGICO DEL “INCIDENTE PETRO”


EL EFECTO PSICOLÓGICO DEL “INCIDENTE PETRO”

Popayán, 7 de enero de 2014

Para incomodidad de muchos partidos políticos y candidatos a elecciones parlamentarias de 2014, éstas estarán atravesadas por el “incidente Petro”. Los comicios para revocar o confirmar el mandato del actual alcalde de Bogotá serán el 2 de marzo. Gustavo Petro lanzará oficialmente su campaña el viernes 10 de enero en la concentración popular que se realizará en la Plaza de Bolívar. De ahí en adelante gobernará en medio de la campaña.

Todos los actores políticos de la capital del país van a quedar subsumidos por esa dinámica. El SI o el NO van a polarizar a los diferentes partidos y candidatos que no podrán esquivar este problema. Muchos intentarán pasar de agache. Otros, la mayoría – oportunistas o no – se alinearán por el NO. Y los uribistas pura sangre encabezarán el SI. Será un verdadero pulso por la democracia en donde la creatividad de la juventud se expresará con plenitud.

Es por ello que el Procurador tiene ante sí un verdadero dilema. Tiene que decidir entre hacer efectiva la destitución del alcalde bogotano antes del 2 de marzo o esperar los resultados de ese evento electoral. No hay que olvidar que Ordoñez y sus cómplices son los elementos más conscientes del peligro de permitir que se crezca la “ola petrista”.

Él sabe que si decide ratificar la decisión antes del 2 de marzo va a provocar una pequeña “ola multicolor” de indignación que se verá reflejada en las elecciones parlamentarias en favor de la izquierda. Sin embargo, en su cálculo político es consciente que es mucho más peligroso que sea la ciudadanía la que refrende el mandato al alcalde capitalino. La “ola democrática” podría ser arrasadora y llevárselos por delante.

Por esa razón el Procurador va a rechazar la recusación que le ha presentado la defensa de Petro. En una carrera afanosa, va a corroborar muy rápidamente la destitución, tal vez, rebajándole unos años a la inhabilidad. Y Santos será el que tenga que definir si acata la solicitud del Procurador con el costo político que tenga para su reelección.

Se equivocan quienes se han imaginado una salida “suave” a este complejo problema. Se engañan quienes ilusamente piensan que la derecha fascista va a dejar pasar esta oportunidad de golpear los anhelos populares de democratización del país. De paso “le miden el aceite” a Santos y desestabilizan los diálogos de Paz.  

El efecto psicológico del “incidente Petro” está vivo. Para algunos sectores de la oligarquía es motivo de estrés. Quisieran – como lo expresa el editorialista de El Espectador (04.01.2014) – que “actuara con grandeza y serenidad”, que no recurriera al pueblo, que no lo movilizara ni le echara discursos, porque según ellos “no le servirá de nada”.

Para otros sectores de la oligarquía el problema es de impaciencia y desespero. Tienen afán de sacar a ese “populista” que se atrevió a tocar sus intereses. Creen que si identifican a Petro con Chávez van a poder neutralizar su política pero se equivocan totalmente. Sólo lograrán hacer vivo el instinto popular que les decía en su intimidad que Chávez no debería ser tan malo si ésta oligarquía lo atacaba con tanta saña.

Para algunos políticos de izquierda – aunque no lo pueden decir – la situación es incómoda. Muchos de ellos, compañeros de Petro, pensaban que la oligarquía ya les había perdonado su antigua rebelión armada y que, como lo han hecho en los últimos 22 años, podrían hacer política de una forma moderada, con tranquilidad. Ellos no quieren hablar de revolución, ni de lucha de clases, creen todavía en la buena voluntad de los burgueses “progresistas” y por ello, todavía no asimilan el “caso Petro”. En el fondo creen que Petro se equivocó y por ello califican el fallo como “exagerado”. ¡No saben qué hacer!

En la otra orilla de la izquierda está el Polo-MOIR. Para este partido el “incidente Petro” es una verdadera “papa caliente”. Sus principales dirigentes no logran entender que al frente de esta embestida bestial no sólo está el Procurador sino que es todo el régimen oligárquico quien la dirige. No se dan cuenta que su objetivo no es tanto Petro sino que quieren aplastar el incipiente auge de la lucha popular que está en ascenso.

Las recientes disputas y los resentimientos acumulados en su confrontación con Petro parecieran convertirse en un gran obstáculo psicológico para el Polo. No han logrado reconocer plenamente que éste ha sido el primer alcalde que se ha enfrentado a la privatización de los servicios públicos y que ha retado al establecimiento neoliberal. Si la dirigencia del Polo no hace un esfuerzo mental por superar rápida y oportunamente esa especie de tara ideológica que le impide sumarse a un amplio movimiento en defensa y ampliación de la precaria democracia existente, el daño que se auto-infringirá será inmensamente grande.

&&&&&&&&&&

Hasta ahora sólo algunos sectores de la juventud de Bogotá están reaccionando como tiene que ser. La campaña por impedir la destitución de Petro y lograr la confirmación de su mandato deberá desplegar la más amplia resistencia civil. Hay que hacer todos los esfuerzos por mantener y fortalecer la movilización popular en todas las zonas de la ciudad. El alcalde deberá seguir gobernando y paralelamente, el pueblo deberá convocarlo a grandes concentraciones en cada una de las 20 localidades.

Esa resistencia civil deberá mantener el carácter pacífico, como ha sido hasta ahora. Tendrá que utilizar las más creativas formas simbólicas. Será una campaña pedagógica en donde el pueblo descubra los avances de la “Bogotá Humana”. Adquirirá la forma de una verdadera fiesta democrática en donde debe predominar el no partidismo pero tendrá que ser incluyente, sabiendo que paralelamente están en juego las campañas al Congreso.

El objetivo es aislar y poner contra la pared al uribismo más retrógrado y guerrerista. ¡No pasarán! ¡Petro no se va!

jueves, 2 de enero de 2014

LA LUCHA POR DEMOCRACIA POLÍTICA Y LA CONSTITUYENTE

LA LUCHA POR DEMOCRACIA POLÍTICA Y LA CONSTITUYENTE

Popayán, 2 de enero de 2014

En Colombia han evolucionado en el tiempo dos sectores de izquierda que se diferencian en la forma como relacionan la política y la economía.

Un sector se ha caracterizado por reducir la política a la lucha económica y social. Menosprecia así la lucha por la democracia política.

El otro sector se ha distinguido por limitar la política a la lucha por derechos plasmados en la norma constitucional. Sobreestima de esa manera, la lucha por la democracia política.

El uno menosprecia la lucha por la democracia política. El otro la supervalora. Allí radican sus diferencias, confrontaciones y actual distanciamiento.

El primer sector cae en el economismo; el segundo se enreda en el democratismo. Ninguno ha podido fundir lo social con lo político y avanzar en la conquista de transformaciones estructurales de la sociedad y del Estado.

Hoy la situación del país está creando las condiciones para que esas vertientes confluyan. El pueblo empieza a entender que si derrotamos la falsa democracia existente, se desencadenarán las transformaciones estructurales en lo económico y social.

Si logramos unir esos dos sectores de la izquierda colombiana, la lucha por la defensa de la democracia adquirirá la forma de lucha contra el neoliberalismo.

Para los primeros ese avance significará descubrir que la soberanía nacional va más allá de la economía. Para los segundos ese paso les revelará que los derechos y libertades requieren de una base económica democrática para convertirse en hechos y conquistas efectivas.

Para los primeros será entender que fue un error no haber participado en la Constituyente de 1991 para hacer evidente y visible su posición nacionalista y anti-neoliberal.

Para los segundos será la confirmación de que en la Constituyente de 1991 fueron ilusos e ingenuos, creyendo que la oligarquía iba a respetar un supuesto acuerdo de voluntades.

Para unos y otros será entrar en una etapa de creación, de soltar amarras y buscar nuevos horizontes. Los primeros podrán hacerse entender de las capas medias de la sociedad y los segundos podrán encontrarse plenamente con los sectores populares.

Para el pueblo en general será un avance decisivo. Combinaremos la lucha por soberanía popular con la lucha por soberanía nacional. Se hará indisoluble e indetenible el nuevo sujeto social que requiere esta fase de la lucha revolucionaria en Colombia.

Los dos sectores son, por un lado, los herederos de Francisco Mosquera organizados en el MOIR, fuerza predominante en el Polo, y por el otro, los herederos de Jaime Bateman Cayón, antiguos militantes del M19, hoy llamados Progresistas.

Los sectores más avanzados de cada fuerza, deben influir para producir ese encuentro transformador y creativo.

De darse ese desarrollo, el MOIR entenderá que la política imperial, colonialista, se concreta también en el conflicto armado y en la propiedad monopólica de la tierra.

Por su parte, los Progresistas comprenderán que el modelo neoliberal – en sí mismo – es la negación de cualquier tipo de democracia.

Esta divergencia es el resultado de una mirada unilateral sobre la naturaleza del derecho y la ley. Sabemos que el hecho precede al derecho pero, la ley también se convierte en herramienta de dominación o de liberación. Depende de quién tenga el poder político para utilizarla: la oligarquía o el pueblo.

Los unos quieren obtener resultados económicos y sociales inmediatos sin transformar las leyes. Temen a las posibles desviaciones reformistas y al peligro de la cooptación.

Los otros, por el contrario, reducen la lucha a los cambios en las normas (Constituciones Políticas) sin percatarse que ellas solas no son soporte de cambios reales. Lo comprobamos a lo largo de los últimos 22 años.

Hoy – con el “incidente Petro” – podemos decir que se hacen visibles las limitaciones de ambas posiciones, pero afloran sus potencialidades.

Los Progresistas desde 1991 creían en la buena fe o voluntad de un sector “progresista” de las clases dominantes (sector que encabezaba en aquel tiempo Álvaro Gómez Hurtado). En la actualidad, cuando a la burguesía le estorba hasta la “acción de tutela”[1], se puede comprobar que la oligarquía colombiana en su totalidad es profundamente reaccionaria.

El MOIR desde siempre ha pensado que la participación en los gobiernos locales era un esfuerzo perdido ya que las estructuras anti-democráticas nacionales hacían imposible cualquier avance contra el neoliberalismo. Ahora – con la experiencia de Petro –, podemos ver que es posible atrevernos a desmontar el engranaje privatizador que los capitalistas han organizado en municipios y distritos, ya que ello se convierte en punto de avance en la conciencia popular sobre los alcances del modelo impuesto y los intereses en juego.

Por ello – y es paradójico constatarlo – Petro se ha alejado de los Progresistas, ha dado un paso hacia la izquierda revolucionaria y, tal vez sin quererlo, está contribuyendo a que la dirigencia del MOIR reflexione más profundamente sobre su estrategia y de un paso adelante en la lucha por democracia política.

Otros sectores de la izquierda social en construcción (Marcha Patriótica, Congreso de los Pueblos, y demás procesos locales y regionales), deben contribuir para que ese encuentro se produzca. La construcción de un movimiento por la defensa y ampliación de la escasa y precaria democracia existente debe ser ese punto de confluencia.

Allí volverán a saltar nuevas diferencias que seguramente serán secuelas del pasado. Pero ellas deberán ser tratadas en el marco de una nueva fase de la lucha que nos va a traer nuevos retos y aprendizajes.       

&&&&&&&&

Es fundamental la aclaración de este tema frente a los retos del actual proceso de Paz.

Existen sectores de izquierda – entre ellos las FARC – que proponen la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente para refrendar los acuerdos que se firmen en La Habana. Esa posición parte de suponer que la correlación de fuerzas sería favorable al pueblo.

Hemos afirmado que en Colombia se ha iniciado un nuevo auge de las luchas populares.  En ese sentido planteamos que el proceso de acumulación de fuerzas es todavía incipiente e inmaduro. Se necesita una verdadera conducción revolucionaria que evite la provocación guerrerista pero – a su vez – defienda la independencia ante la cooptación política.

Plantear en este instante la convocatoria a una Constituyente es repetir los errores de 1991. Es redundar en la ilusión de creer que la aprobación de nuevas normas constitucionales – sin derrotar políticamente a la oligarquía, sin desplazarla del poder político –, ello de por sí va a ser garantía de cambios estructurales en la sociedad y el Estado colombiano.  

El proceso de acumulación de fuerzas populares requiere tiempo y claridad política. En las condiciones actuales una Constituyente sólo serviría para abortar el proceso de acumulación de fuerzas y de avance revolucionario en Colombia.

Se constituiría en una trampa política e ideológica por cuanto las conquistas estarían limitadas por una correlación de fuerzas favorable a la oligarquía y al imperio en donde – como se observa en los avances de los acuerdos de La Habana y en los resultados de las luchas populares – la esencia del modelo no ha sido derrotada.

Es decir, una Constituyente en este momento sólo serviría para legitimar política e ideológicamente un paquete de reformas limitadas que corresponden a un desfase existente entre las posibilidades reales de una guerrilla activa en lo militar pero débil en lo político, y entre un movimiento popular en ascenso pero con grandes limitaciones en unidad y organización.

Las lecciones de los “procesos de cambio” de América Latina y de todas las revoluciones en el mundo – confirmadas recientemente en Egipto y en Túnez – nos indican que primero debemos desplazar del poder político a la oligarquía, llegar a ser un fuerte gobierno popular, y sólo después, convocar al constituyente primario para aprobar una carta política que abra compuertas hacia cambios y transformaciones estructurales de largo plazo.

Diciéndolo en términos concretos, las fuerzas populares no están en condiciones de colocar las mayorías en esa supuesta Constituyente, y por tanto, allí se concretaría un nuevo pacto de clases en donde el pueblo volvería a estar subordinado a los intereses capitalistas, como ocurrió en 1991.

Las fuerzas revolucionarias debemos combatir la ilusión legalista y constitucionalista, principal obstáculo ideológico en la tarea de construir independencia y autonomía política frente a la oligarquía.

Que la interferencia política e ideológica de las fracciones burguesas – “nacional” y “burocrática” –, sea plenamente derrotada al interior del movimiento revolucionario.

Que la lucha por soberanía nacional se funda con la lucha por soberanía popular, única garantía de que la hegemonía de los trabajadores y campesinos pobres se ponga a la cabeza de un gran frente por la democracia, la Paz y la justicia social.

“No por mucho madrugar amanece más temprano” es el refrán que se nos pretende aplicar cuando éste “cae como anillo al dedo” a la propuesta prematura de la Constituyente.



[1] Acción de Tutela en Colombia es el mismo Derecho de Amparo, que es un mecanismo extraordinario para proteger los derechos fundamentales "cuando quiera que éstos resulten vulnerados o amenazados por la acción o la omisión de cualquier autoridad pública".

sábado, 28 de diciembre de 2013

POR UNA DEMOCRACIA AUTÉNTICA Y POPULAR

Organizar un amplio movimiento de defensa de la democracia

POR UNA DEMOCRACIA AUTÉNTICA Y POPULAR

Popayán, 28 de diciembre de 2013  

En Colombia para construir Paz se requieren transformaciones estructurales en el ámbito político, económico y social. Esas transformaciones siempre han sido aplazadas o saboteadas. La violencia ha sido una forma que ha utilizado la oligarquía para evadir cualquier tipo de concesión pero también ha usado la falsa democracia para engañar al pueblo.

En la actual coyuntura política, cuyo elemento principal es la creciente inconformidad del pueblo, la oligarquía no tiene clara la fórmula para detener ese proceso – paulatino – de indignación nacional y popular.

La inconformidad no es sólo contra una “democracia” que no funciona. El pueblo tiene en la mira – desde hace rato – a la élite financiera que se lucra y enriquece descaradamente, año tras año, acaparando y monopolizando la riqueza nacional.

Pero también está harto de la entrega de nuestras riquezas naturales al capital extranjero. Ha identificado – igualmente – cómo se privatizan los servicios públicos para entregárselos a unas mafias empresariales que han construido verdaderos emporios económicos explotando a los usuarios de la energía eléctrica, el agua, el aseo y el gas, en numerosas ciudades.

Las masas populares odian también a las élites políticas que aprueban leyes contra el pueblo y a la vez, obtienen enormes sueldos y primas por actuar contra el interés colectivo además de ser intermediarios de grandes contratos amparados por la corrupción más aberrante.

El “incidente Petro” ha confirmado lo que muchos ya sabían. El alcalde de Bogotá tocó grandes intereses. No sólo lo castigan por haberse atrevido a tocar “su legalidad” (artículo 333 de la Constitución Política que garantiza la propiedad privada y la “libertad económica”) sino, lo más grave para la oligarquía, con su atrevimiento le ha mostrado al pueblo que ese camino es posible y viable. Por ello lo destituyen e inhabilitan por 15 años.

Las movilizaciones sociales que arrancaron desde 2008 y que a partir del 2011 han mantenido una dinámica ascendente hasta alcanzar su clímax en el paro nacional agrario de agosto de 2013, son la constatación de que el pueblo ha iniciado un despertar progresivo que ya está anunciando cambios trascendentales en la situación política colombiana.

Pero se requiere una fuerte voz que le muestre un camino claro al pueblo. Los partidos de izquierda vacilan entre organizar un gran movimiento en defensa de la escasa democracia existente o mantenerse en la dinámica del voto para llegar al congreso y a la presidencia de la república por la vía electoral. Oscilan entre el camino revolucionario que las masas ya exigen y el sendero reformista que sus limitadas pretensiones les imponen.

El pueblo se enfrenta a dos estrategias de las facciones en que está dividida la oligarquía. Uribe sabe que en Colombia la más mínima apertura democrática puede poner en peligro los intereses de su clase, y por ello, busca sabotear el proceso de Paz, provocar al pueblo sin que éste todavía tenga la consistencia para sostener un efectivo levantamiento y, cercenar por medio de la violencia cualquier tipo de avance revolucionario.

Santos, al contrario de Uribe, está intentando una solución de apariencia reformista. La burguesía transnacionalizada sabe que se acercan nubes negras en el terreno de la economía, la crisis agraria se va a profundizar y entienden que la mejor carta es compartir el poder con una "izquierda domesticada" que les ayude a "gestionar el post-conflicto".

Ser conscientes de esa diferencia no significa que apoyemos a Santos para derrotar a Uribe. Por el contrario, lo que necesitamos es unificar al movimiento popular y a la dirigencia revolucionaria para que impulse la más amplia movilización con base en una estrategia correcta, tanto para derrotar la provocación guerrerista como para desenmascarar la táctica de cooptación del movimiento popular.

El mayor peligro del momento consiste en que una buena parte de la izquierda está en la dinámica de apoyar en una eventual 2ª vuelta electoral a Santos y de participar en su gobierno para "gestionar la Paz". Muestran a todas luces una posición conciliadora, le temen a una verdadera rebelión popular y transitan por el camino de la institucionalidad burguesa. Dentro de esa estrategia también aparece la propuesta de convocar una Asamblea Nacional Constituyente. 

Por el contrario, desde nuestra perspectiva, la tarea central es dedicarnos con urgencia y todo el fervor revolucionario posible, a organizar las fuerzas proletarias y a unirlas con los campesinos pobres y medios, primero, para evitar cualquier intentona dictatorial y militarista que pueda planear Uribe y la cúpula militar, y segundo, para desenmascarar ante el pueblo la enorme debilidad de la burguesía "democrática" que encabeza Santos, que no es capaz de realizar los cambios estructurales que la Nación requiere.

Para poder aplicar una estrategia de ese tipo, los trabajadores y campesinos pobres debemos levantar un programa revolucionario, que enfrente a ambos sectores de la burguesía y también devele las vacilaciones de la democracia pequeño-burguesa. Por ello, a la vez que se reivindica la Paz y la defensa de la democracia, el movimiento popular debe poner al frente otros puntos como la nacionalización de los recursos naturales, la des-privatización de las empresas de servicios públicos, la renegociación de los TLCs., la industrialización de nuestras materias primas, la democratización de la propiedad de la tierra y la estatización total de los servicios de educación y salud.  

En relación al "incidente Petro" la estrategia de Santos desnuda su enorme debilidad. Usando al Fiscal General busca debilitar la posición del Procurador para llegar a una fórmula "conciliadora" que sería destituir a Petro pero – por ahora – no inhabilitarlo. Buscan así calmar el “tierrero” que se les ha formado para después por medio de la Contraloría y de la misma Fiscalía, condenarlo penalmente y dañarle su imagen política. Esa jugada tramposa debemos denunciarla y evitar que esa solución haga carrera entre los sectores más moderados de las filas de Petro.

La crisis es institucional, económica, política y social. El pueblo necesita una vanguardia revolucionaria que lo encabece y le señale la dirección correcta. La movilización y la lucha directa están a la orden del día. Al calor de la unidad y de la movilización debemos construir Comités Revolucionarios que sean el germen de un poder revolucionario que construya una autentica democracia popular, vía revolucionaria. Es hora de avanzar por ese camino.  

domingo, 22 de diciembre de 2013

LA ASTUCIA DE URIBE Y LA DEBILIDAD DE SANTOS

LA ASTUCIA DE URIBE Y LA DEBILIDAD DE SANTOS

Popayán, 23 de diciembre de 2013 

La estrategia del uribismo está en marcha. Tiene como eje minar al máximo la confianza de la población en el proceso de Paz, única carta fuerte que tiene el presidente Santos. Está dirigida a debilitar – hora a hora –, la credibilidad del gobierno.

Con cálculo político y mucha filigrana, el ex-presidente Uribe ha lanzado desde hace varios meses una ofensiva contra Santos. Él es su cabeza en el terreno político, en lo militar es el ministro de Defensa Pinzón y en el campo jurídico el procurador Ordoñez. Mientras tanto reservan al candidato presidencial Oscar Iván Zuluaga para evitar cualquier desgaste.

Primero fue responsabilizar al actual gobierno de la pérdida de territorio con Nicaragua. Después fue la denuncia de un plan de las FARC para atentar contra Uribe, el Fiscal General y “Pacho” Santos. Luego vino la destitución del alcalde de Bogotá Gustavo Petro. Ahora, acusan al gobierno de conformar un “cartel de la re-elección”. Ya deben estar planeando un auto-atentado para dinamitar los diálogos de Paz.

El gobierno cae fácilmente en la trampa. Es una administración débil y pusilánime. No tiene confianza en sí misma. Está infiltrada por el uribismo. Se ha desgastado en una suma de errores. Negocia el apoyo a sus iniciativas con toda clase de politiqueros y mantiene la “unidad nacional” pegada con “mermelada” burocrática. Además, tiene tras de sí el ojo inquisidor del Procurador y los militares. Su indecisión y temor surge a la vista.

Respecto al conflicto con Nicaragua, Santos amenazó con hacer públicas las actas de la comisión de Relaciones Exteriores pero después se echó para atrás. Cedió totalmente ante la presión de Uribe de no acatar el fallo de la Corte Penal Internacional, cuando en un principio su idea era aceptar la realidad y negociar con el gobierno nicaragüense.

Frente a la denuncia de los atentados que estaría preparando la Columna Móvil “Teófilo Forero” contra personalidades políticas, el gobierno le dio total validez y montó un show mediático. Poco después Santos planteó en forma tímida que se trataba de “viejos planes” ya conocidos por la inteligencia militar, pero no desmintió plenamente a su ministro.

En cuanto al “incidente Petro”, el Presidente se “lava las manos” diciendo que hay que acatar el fallo y respetar las instituciones. Sin embargo, por medio del Fiscal intenta debilitar la posición del Procurador porque sabe que si es obligado a destituir al Alcalde ello le acarreará un grave daño electoral.

En relación a la denuncia de tráfico de influencias y el otorgamiento de auxilios económicos a congresistas para amarrar el apoyo a su reelección, el mismo Fiscal General ha salido a defender al gobierno justificando los “cupos indicativos” o auxilios parlamentarios. Mientras, el ministro del Interior contra ataca sin mayor convicción.

Estos golpes del uribismo dirigidos a Santos sólo son parte del calentamiento. La cabeza de lista al Senado del Centro Democrático se enfrenta así al primer mandatario, como parte de su astuta estrategia para conseguir un importante triunfo en las elecciones legislativas del 9 de marzo. El gobierno va a la zaga, reacciona a la defensiva y muestra gran debilidad.

Mientras tanto la izquierda y la centro-izquierda no muestran un comportamiento coherente. El Polo Democrático Alternativo que se autodenomina como el único partido de oposición termina colgado del carro del uribismo, claro, sin quererlo. La Alianza Verde (incluyendo a la UP y otros grupos), al apostar todo al proceso de Paz acaba enganchada al desvencijado coche del santismo, también, sin proponérselo. Están en un emparedado.  

Las FARC tampoco saben qué hacer. Un día ceden en la mesa de negociaciones para mostrar avances en los acuerdos, luego realizan el brutal atentado de Inzá, al día siguiente declaran una tregua por 30 días, después se sorprenden de la destitución de Petro y finalmente, terminan quejándose de los zigzagueos de Santos. Son un cometa al viento.

Los primeros meses del año 2014 van a ser determinantes para el futuro de Colombia. El proyecto de guerra uribista amenaza con crecerse ante la debilidad manifiesta de Santos y la impotencia de la izquierda que no atina a definir una estrategia unificada que se convierta en verdadera alternativa de cambio.   

Santos cree que cediéndole terreno al uribismo va a poder reelegirse. Uribe sabe que de lograrse un acuerdo de Paz, su futuro y el de sus cómplices es incierto, ya que puede terminar en la cárcel como sucedió con Fujimori. El “incidente Petro” está en el centro del conflicto, es un pulso que se está jugando entre la democracia y el autoritarismo.

Sólo si se evita la destitución de Petro y se derrota la revocatoria de su mandato, la democracia puede tomar la iniciativa. De no conseguirse ese objetivo, el proyecto criminal de la mafia uribista va a estar a un paso de recuperar el poder. De ese tamaño es el reto.


El 10 de enero de 2014 es una fecha trascendental. El pueblo bogotano y las fuerzas democráticas de todo el país deben dar una demostración contundente de lucha por la defensa de la democracia y la conquista de la Paz. La presión popular debe mantenerse y fortalecerse. No hay caminos intermedios ni salidas conciliadoras.