lunes, 25 de mayo de 2015

KARAMAKATE Y EL RETO DE LA SUPERVIVENCIA HUMANA

Con ocasión de la película “El abrazo de la serpiente”
KARAKAMATE Y EL RETO DE LA SUPERVIVENCIA HUMANA
Bogotá, 25 de mayo de 2015
Karamakate – el último chamán de un pueblo amazónico – es buscado por Manduka, un indio escapado de la esclavitud. Él estaba a manos de los caucheros y un aventurero alemán lo liberó. El germano de nombre Theodor Van Martius, sufre una extraña enfermedad adquirida durante su aventura exploratoria por el Amazonas. Acuden ante el poderoso y – aún joven - médico tradicional indígena en busca de curación.
El chamán comprende de inmediato que es la selva la que ha enfermado al extranjero. La causa no es otra que la incapacidad del explorador de entender a la naturaleza salvaje. Su concepción depredadora, agresiva, de explotación y aprovechamiento irracional de los recursos naturales, genera automáticamente la reacción defensiva de la selva. 
Karamakate descubre en el cuello un collar de su tribu e interroga al enfermo. Éste le cuenta que tuvo contacto con ellos y que siguen vivos. El chamán les dice a Manduka y a Van Martius que la única forma de curarlo es buscando una planta sagrada de nombre “Yakruna” y que deben buscarla en el sitio donde su pueblo habita.
Así se inicia la aventura relatada en la película de Ciro Guerra con título “El abrazo de la serpiente”. Es una extraordinaria historia que se desarrolla principalmente en los ríos amazónicos, atravesando increíbles paisajes y lugares de enorme belleza. El film es presentado en blanco y negro en su mayor parte, y así, resalta de una forma impresionante la integración del ser humano con la naturaleza, los ritmos y movimientos del agua, la lluvia, la exuberancia de la selva, y todo el entorno natural que se muestra en medio de un viaje épico en canoa por briosos caudales y hermosos parajes.
Pero la historia se complementa con una narración paralela, simultánea, continua y discontinua, con elementos y figuras que asemejamos a lo que describe la “complejidad no lineal”. 40 años después de ese primer encuentro entre el chamán, el explorador Theodor y su guía-amigo Manduka, otro investigador de las plantas, el etnobotánico americano Evans, apoyándose y guiado por los libros publicados en Alemania después de la muerte de Van Martius, va en búsqueda de Karamakate y de la yakruna.
Él cree, de acuerdo a las conclusiones que dejó escritas el aventurero alemán, que esa planta sagrada tiene la cualidad de purificar el caucho y convertirlo en un material, que por sus características físicas, podría ser fundamental para ganar la guerra. El momento es la primera guerra mundial y el caucho era un elemento fundamental en el conflicto bélico.
Es en ese marco que se narra la historia personal de Karamakate. Se muestra en su contacto y confrontación con los dos científicos “blancos”, la visión “en vivo y directo” de un representante de los indios, su cosmovisión, sus propios conflictos internos y su evolución mental. No se idealiza a nadie, ni al indio ni al blanco ni a la selva. Se retrata al chamán en su relación y dinámica con su extinto pueblo y el sufrimiento por haberse convertido en un “chullachaqui”, que es una especie de “alma análoga”, un cascarón vacío de ser humano, privado de emociones y recuerdos, un ser alienado.
De igual manera se muestran en la película los estragos causados por la “colonización cauchera”, las violaciones y distorsiones criminales causadas por los “hermanos” capuchinos, “los curas”, que en su labor de evangelización cristiana prohíben a los “naturales” hablar en su propia lengua y pensar como indígenas. Las miserias de las religiones punitivas, desconocidas por los indígenas amazónicos, son mostradas con una crudeza sorprendente. 
La clave de la historia consiste en que Karamakate, en la tarea de buscar la planta sagrada (yakruna) va descubriendo lo que Manduka ya había entendido de tiempo atrás. Que la salvación de la selva, o sea, de toda la naturaleza y el mundo, incluyendo el ser humano mismo, no podía realizarse sin lograr que el “hombre blanco” comprendiera la integración absoluta que existe entre la naturaleza y el hombre.
Así va llegando a la conclusión que la resistencia india podía adquirir nuevas formas en las que ya el “hombre blanco” no sería su enemigo – como él identificó a Van Martius antes de su muerte (la boa depredadora) –, sino que el objetivo se podría conseguir “haciendo soñar” al “blanco”, que así se convertiría en agente de salvación de la humanidad entera.
Ese aprendizaje de Karamakate pasa por el momento en que el chamán se niega a entregarle la yakruna a Van Martius. Quema la planta frente a los ojos del explorador y lo deja morir. Pero 40 años después, frente al botánico Evans, a pesar de la codicia y espíritu utilitarista occidental mostrado por el norteamericano, decide preparar un brebaje con la planta sagrada para “hacer soñar” al extranjero blanco, no sin antes tener una confrontación mortal con él.
De esa forma se va llegando al emocionante desenlace de la historia Karamakate. Él derrota su propio “chullachaqui”. Recuerda su pasado lleno de sabiduría ancestral indígena y realiza un gesto de inmensa humanidad. Logra que Evans “sueñe”, que se identifique con el jaguar americano, reciba el “abrazo de la serpiente”, vea con sus ojos salvajes la inmensidad de la selva y del universo, y logre comprender la inmensa responsabilidad que tenemos los humanos frente a la naturaleza, que es parte de la salvación de nosotros mismos.
En esa parte final también se muestra cómo Van Martius, aún sin consumir la bebida de yakruna, en el filo o umbral de la muerte, logra también soñar, breve y levemente, con el jaguar. Allí, en ese sueño conjunto y unificador de Theodor y Evans, sale a relucir la visión integradora de la tierra, el cosmos, el universo. Se muestra la conexión entre la forma como los indígenas americanos veían el cielo, las estrellas,  las constelaciones, las galaxias. Las figuras y los colores vivos de las culturas amerindias se muestran en su nitidez y similitud con las fotografías más avanzadas del universo cósmico realzadas por la NASA.
En esta película, que es toda una obra de arte, se puede apreciar vívidamente, la confrontación y a la vez, el encuentro, por un lado, entre el pensamiento mágico de los pueblos ancestrales americanos, mostrado y estudiado entre otros por Carlos Castaneda (“Las enseñanzas de Don Juan”), y por el otro, el pensamiento lógico-racional del mundo occidental heredero de los griegos, pero desviado hacia el determinismo por la racionalidad judeo-cristiana.
Algunos comentaristas reducen el contenido de la película a una denuncia – hecha con voz propia por los indios – de las violaciones, vejaciones, arrasamiento y exterminio sufrido por los pueblos amazónicos a manos de los diferentes tipos de colonizadores. Eso es cierto. Pero es mucho más. Es la reivindicación de la sabiduría ancestral indígena, la vigencia de su visión ecológica que era fruto de su interrelación natural con la selva. Pero además, es un mensaje directo a la sociedad humana en el sentido de aprovechar ese conocimiento mágico, holístico, cósmico e integral, para diseñar un pensamiento avanzado que nos permita enfrentar el reto de garantizar la sobrevivencia humana frente al enorme y criminal deterioro ambiental causado por el sistema capitalista, depredador y despiadado.

Al final del film ocurre algo maravilloso. Evans le comparte casualmente al chamán la música de "La Creación" de Haydin y entonces Karamakate entiende perfectamente que los "blancos" también son capaces de "soñar", y por ello cambia su actitud. Ciro Guerra, el director de la obra explica esa escena diciendo: "subraya que el arte es un camino y aunque en nuestra sociedad lo veamos como un entretenimiento, es algo mucho más profundo. los indígenas lo reconocen muy bien y el arte occidental les genera mucho respeto, porque sienten que allí, también, hay una voz". 
Las ciencias de la complejidad avanzan hoy en día en esa dirección. Por ello diría que esta es una película hecha con una visión “cuántica”. Es el primer film realizado por un colombiano que alcanza una dimensión universal y de gran proyección hacia el futuro.    

sábado, 23 de mayo de 2015

URIBE YA ES EL CO-PILOTO DEL "PROCESO DE PAZ"

URIBE YA ES EL CO-PILOTO DEL "PROCESO DE PAZ"
Bogotá, 23 de mayo de 2015
Es un hecho. El llamado “proceso de paz” adquiere nuevamente la dinámica “uribista”. Se convierte en un proceso de pacificación. La unificación estratégica entre Santos y Uribe – ordenada por el gobierno de los EE.UU. (http://bit.ly/1Lpyceb) – se materializa en hechos políticos y en eventos militares.
El "enroque" realizado por el presidente Santos al designar a Luis Carlos Villegas (exembajador en EE.UU.) como ministro de Defensa y el nombramiento de Juan Carlos Pinzón (exministro de defensa) como cabeza diplomática en Washington, es la ratificación de los cambios que están en plena marcha por orden de la cúpula estadounidense.
El “hombre fuerte” de Uribe dentro del gobierno es premiado con ese alto cargo político ante el gobierno “gringo” y un hombre del empresariado nacional es colocado al frente de la guerra. Es una jugada muy bien calculada para recuperar la confianza de militares y empresarios. A la vez, es un mensaje directo de que se acata la política del garrote y la zanahoria. Claro, con el énfasis táctico en la ofensiva militar contra la guerrilla.
Es en ese marco como se planificó y ejecutó – con precisión estratégica y con objetivos políticos precisos – el operativo en Guapi (Cauca) que produjo la muerte de 26 guerrilleros de las FARC. El recado es evidente. Es la última acción de Pinzón y la herencia para Villegas: “Ojo por ojo, diente por diente”. La guerrilla dio de baja a 11 militares; el gobierno cobra más del doble. Santos sube la ceja y Uribe sonríe. El “dúo dinámico” de la guerra se torna efectivo y las encuestas repuntarán en favor de la venganza y la retaliación.
Es por ello que las FARC han decidido suspender el cese de fuegos unilateral que habían declarado desde hace 6 meses. Se ven “obligados” a hacerlo, y “contra nuestra voluntad tenemos que proseguir el diálogo en medio de la confrontación” han dicho en su comunicado (http://bit.ly/1FKCjn0).
Ahora viene la etapa de ablandamiento en el terreno militar que siempre ha sido una exigencia de Uribe y de los militares. Es una nueva fase de la guerra. Pero no está dirigida a suspender o sabotear los diálogos con la insurgencia. Su objetivo es, por un lado, generar un ambiente para acabar de arreglar los entuertos entre Santos y Uribe (militares), y por el otro, debilitar aún más a la guerrilla tanto en lo político como en lo militar.
Ellos saben que tienen la excusa perfecta. Las FARC según el establecimiento “quebrantó la confianza al violar su cese de fuegos” con el ataque de Buenos Aires (Cauca) del pasado mes de abril. Y lo principal, están seguros que si los comandantes insurgentes se levantan de la mesa de diálogos, su derrota política será todavía más profunda.
En el escenario de la guerra tal parece que el gobierno ha aprovechado el tiempo para continuar con la infiltración de la guerrilla, mejorar su capacidad tecnológica y de inteligencia para realizar operaciones – casi quirúrgicas – como las que realizaron contra Raúl Reyes, el “Mono Jojoy”, Alfonso Cano y, ahora, la de Guapi.   
Por ello es un error plantear que el régimen “santista” sufre una “profunda crisis”. Por el contrario, a pesar de que tienen al frente una crisis fiscal y económica en incubación, han unificado posiciones al interior del establecimiento oligárquico, devolvieron el golpe en el terreno bélico, tienen el respaldo pleno del gobierno de Washington, y se preparan para derrotar al movimiento democrático y a la izquierda en las elecciones locales y regionales de octubre de 2015.
Las FARC fueron empujadas a romper el cese de unilateral de fuegos. El conflicto armado sufrirá una nueva escalada. La crisis económica y fiscal requiere distractores y justificaciones. Un verdadero clima de paz pareciera alentar a los movimientos sociales a desencadenar sus fuerzas y el gobierno no puede reprimir tan abiertamente con la justificación de que son protestas infiltradas por la insurgencia.
Por ello la tarea del movimiento democrático y de la izquierda es continuar presionando para que los diálogos de La Habana continúen y lleguen lo más pronto posible a acuerdos definitivos. Y paralelamente, unificar sus fuerzas para presentar candidatos nítidamente alternativos a los partidos tradicionales, neoliberales y corruptos.
Uribe ya es el co-piloto del proceso de pacificación del país que hasta hace poco se mostraba como proceso de paz. Las alianzas de los partidos democráticos y de izquierda con sectores “santistas” contra Uribe, ya no tienen ninguna justificación.
Los movimientos y partidos alternativos, democráticos y de izquierda deben mostrar abiertamente su identidad transformadora, civilista, pacífica y revolucionaria. Deben presentar candidatos y programas de gobierno que con toda claridad enfrenten la política neoliberal y antipopular del actual régimen. Sin dudas ni ambigüedades.


lunes, 18 de mayo de 2015

ANTE TODO DEMOCRACIA Y LIBERTAD

ANTE TODO DEMOCRACIA Y LIBERTAD

Bogotá, mayo 18 de 2015

Lo nuestro es ir construyendo un Nuevo Proyecto Político. Creemos que en lo que existe actualmente hay gente muy importante, valiosa, entregada, heroica, persistente, inteligente, experimentada, todo lo que se quiera, pero – lastimosamente – la mayoría se basa en matrices y paradigmas del siglo XIX y XX, o sea, son deterministas de diferente tipo.

La primera matriz, la que ha hecho más daño porque es el gran limitante para construir verdaderos y profundos procesos democráticos consiste en que se alimenta y predomina un espíritu de redentor, mesiánico, liberador y salvador.  

Ello fruto de la herencia religiosa que se camufla de acción política. Por ello esas personas desarrollan acciones y constituyen movimientos basados en minorías vanguardistas. La teoría y hasta la “ciencia” es convertida de esa manera en DOCTRINA. Las minorías iluminadas que se convierten en élites necesitan de una “verdad” para poder dominar, dirigir, conducir y finalmente imponer disciplina. ¡Sobre todo disciplina y orden![1]

Por ello pongámosle cuidado a los movimientos y organizaciones que - así sea respetuosamente – ante todo le solicitan a sus simpatizantes y colaboradores “de manera encarecida acogerse a nuestras políticas”. Allí se muestra un temor grande, un querer “imponer” desde un principio, un terror inmenso a la libertad y a la creatividad. Allí ya se coloca el “freno de mano”. Es decir, hay un pequeño grupo que elabora las políticas y los demás deben hacer caso.  

Por el contrario, para construir una verdadera fuerza democrática que logre recoger al 99% de la población que necesita el CAMBIO, la DEMOCRACIA, la LIBERTAD, la CREATIVIDAD y la CONSTRUCCIÓN COLECTIVA, se requiere “soltar la idea central” y dejar que esa idea sea apropiada por miles y hasta millones de personas. Que la gente apoye y empuje desde su perspectiva e intereses, que se desarrolle el movimiento con dinamismo y fuerza social. Seguramente se presentarán muchos errores y deficiencias que sólo se corregirán sobre la marcha con participación amplia y diversa, debate y democracia.

Ese limitante ha impedido – no sólo en Colombia sino en América Latina y el mundo –, desarrollar verdaderos movimientos democráticos que crean en la gente, que estimulen la verdadera participación, que sean efectivamente libertarios y transformadores. Y es por ello, por esa matriz, que las cúpulas de los partidos van degenerando los procesos revolucionarios. Primero, se impone el burocratismo. Después, cuando el “poder” ya no se puede repartir entre “todos”, los burócratas se convierten en dictadores y autócratas. Y claro, todo se hace en nombre de los ideales, de la doctrina, de los intereses superiores, de la democracia y la justicia. ¡Ay… de quienes se atrevan a cuestionar el dogma y al jefe!

Hay que identificar los paradigmas ideológicos que están detrás de esa matriz. El “partido”, que lo sabe todo, lo planifica todo, lo prevé todo, y claro, termina castigando todo. El “líder" y/o “caudillo” que no se equivoca, que debe ser endiosado, que es “perfecto”, al que hay que “seguir” porque es una especie de “iluminado”. Y claro, inmediatamente aparecen los áulicos que se encargan de rodear y manipular al “gran dirigente”.   

Así, en esa dinámica se olvidan estos amigos de cualquier sentido de modestia, humildad, verdadero espíritu crítico y autocrítico, y mucho menos se estimula la democracia, la participación, la apertura mental, la experimentación, y la creatividad. El control y la disciplina son sus palabras preferidas.

Por ello en Colombia, país religioso hasta el fanatismo, la izquierda – armada y desarmada – heredó ese tipo de fundamentalismo mesiánico que llevó al extremo de las vanguardias que se disputaban, a mano armada, quienes eran los escogidos para “liberar al pueblo”. Esa es la razón de que nuestra izquierda sea profundamente conservadora y en gran medida “temida” por un sector importante de la sociedad.

Se olvidaron del principal llamado que hacía la Primera Internacional: “La emancipación de los trabajadores es obra de los trabajadores mismos”. Y también hicieron a un lado el contenido de los versos de su himno que decían: “No más salvadores supremos/ni césar, ni burgués, ni dios/pues nosotros mismos haremos/nuestra propia redención!”

Esa matriz está siendo superada por los nuevos movimientos que han empezado a surgir en el Siglo XXI. No por los que se autodenominan “Socialismo del Siglo XXI” en América Latina que tienen la misma matriz, sino por aquellos procesos que están naciendo de las nuevas revoluciones que se han vivido a partir del levantamiento y rebelión árabe de 2011, los “indignados españoles” y Ocupa Wall Street (“Somos el 99%”). De alguna manera los neo-zapatistas han avanzado en esa dirección, bajo su propia herencia y tradición indígena.

En ellos se promueve la Democracia Directa, la democracia ciudadana y el poder popular. Y aunque no se desconoce la “democracia representativa”, porque se es consciente que hay que aceptar el sentido de la verdadera representación, se proponen modificarla, hacerla efectivamente representativa, quitársela al poder del capital. Por ello se lucha por acceder a la institucionalidad existente o sea, el Estado Heredado, no para perfeccionarlo ni destruirlo abruptamente, sino para subordinarlo, limitarlo en sus aspectos negativos, y ponerlo, así sea parcialmente, al servicio de los intereses de las mayorías, siempre con la presión “desde abajo”.

Seguramente será todo un aprendizaje, un nuevo camino, un hacer colectivo, que nos va a permitir superar esas falsas democracias que hoy están al servicio del capital financiero, pero también, nos van a evitar caer en las dinámicas autoritarias en que degeneró la supuesta “democracia socialista” que – en verdad –, nunca tuvo una verdadera concreción porque el “Partido” (o mejor, la burocracia del partido, la “nomenklatura”) rápidamente se apoderó y anuló los incipientes organismos que estimulaban y construían democracia directa.

Entonces, la idea es tener un pie en la institucionalidad existente con visión y práctica de “nuevo gobierno”, y el otro pie, en la Democracia Ciudadana, con visión de “Verdadero Poder”. Seguramente esa dualidad se mantendrá por un buen tiempo – tal vez mucho – pero serán otros factores, que son de más largo aliento, los que definitivamente harán a un lado la misma “democracia” y surgirán nuevas formas de auto-gobierno.

El Pro-común Colaborativo que hoy surge alrededor del “Internet de las Cosas”[2] y los “gobiernos de los bienes comunes” que existen en muchas partes del mundo, nos irán dando la pauta de cómo resolver el gran dilema histórico, que es hacer coincidir el interés individual con el colectivo.  


[1] Se puede profundizar en esta idea abordando el estudio del texto “Elogio de la dificultad” de Estanislao Zuleta, destacado pensador colombiano. http://bit.ly/1BdpL5n
[2] Rifkin, Jeremy. “La sociedad de coste marginal cero – El internet de las cosas, el pro-común colaborativo y el eclipse del capitalismo”.  Editorial Paidós, Barcelona, septiembre de 2014.

domingo, 17 de mayo de 2015

LA TERCERÍA EN EL CAUCA Y LA NECESIDAD DE CAMBIAR EL PARADIGMA PRODUCTIVO

LA TERCERÍA EN EL CAUCA Y LA NECESIDAD DE CAMBIAR EL PARADIGMA PRODUCTIVO

Bogotá, 17 de mayo de 2015

La propuesta de la TERCERÍA en el departamento del Cauca es necesaria y viable frente a la crisis de liderazgo de los partidos tradicionales. Sin embargo se necesita de un gobernante con un perfil completamente nuevo, diferente a los políticos existentes en la actualidad.

Ese perfil debe corresponder a las características de la población caucana que en su gran mayoría son pequeños y medianos  productores del campo y de la ciudad. Es decir, debe ser un empresario exitoso, ojalá del sector agropecuario, de naturaleza comunitaria o asociativa, con una mirada globalizada de la economía, con capacidad empresarial y productiva y, claro, logros qué mostrar.

Y en el Cauca los hay, pero les da miedo enfrentarse a las mafias politiqueras y de otro tipo que merodean por la administración pública. Si la TERCERÍA consigue un candidato con ese perfil las cosas serán mucho mejores y seguras.   

Es muy importante que seamos conscientes de la enorme posibilidad de que los medianos y pequeños productores agrarios y urbanos lleguen a SER GOBIERNO DEPARTAMENTAL en cabeza de un candidato con ese perfil.

Así, el pueblo caucano podría impulsar políticas centradas en resolver problemas estructurales que no sólo tiene el Cauca, Colombia y gran parte de América Latina, sino, incluso, hacer una contribución mundial a la construcción de una nueva forma de enfrentar a los grandes monopolios transnacionales y construir – de verdad – Autonomía Económica y Soberanía Alimentaria.

Parece una locura decirlo, pero es así. En el Cauca existen todas las condiciones para impulsar políticas dirigidas a promover la organización y asociación de los pequeños y medianos productores agrarios – especialmente cafeteros, paneleros, y en menor medida cacaoteros, pequeños ganaderos, yuqueros, piscicultores, lecheros y otros, para industrializar y procesar las materias primas que ya producimos.

No para seguir exportando una mayor cantidad esas materias primas sino para acceder a los mercados internacionales para vender directamente nuestros propios productos procesados, utilizando la más alta tecnología de punta (cafés, licores con base en la caña panelera y otras materias primas como el chachafruto, carne y leche procesada, chocolates, trucha y tilapia, almidón industrial, etc.), y con esos recursos obtenidos en la metrópoli capitalista, construir una infraestructura productiva para recuperar nuestra Soberanía Alimentaria.   

Es bueno recordar que actualmente consumimos maíz, trigo, plátano, frutas, otra gran cantidad de productos, y hasta café, importados especialmente de EE.UU, pero también de Chile, Ecuador y otros países. Así... ¿Cómo podremos progresar?

Eso sólo lo podemos hacer si llegamos al Gobierno Departamental con decisión y confianza en el pueblo. Si tuviéramos ese candidato con ese perfil, habría organizado equipos de profesionales que elaboren los perfiles de los proyectos, establezcan los contactos con las organizaciones y los principales líderes de los productores, traer asesores nacionales e internacionales y proponerle de frente un verdadero cambio a los caucanos.  ¡Pero no es tarde!! 

Es evidente que con los candidatos que están sobre la palestra eso es muy difícil de hacer. Principalmente porque no saben de producción, no tienen experiencia en organización comunitaria en el terreno de la producción, su formación (casi todos son abogados) no les permite tener nuevas visiones y además, ya lo han demostrado siendo gobernantes o siendo parte de algunos gobiernos, por cuanto no han mostrado ninguna posición de ruptura y ni siquiera distanciamiento con lo tradicional.

¿Por qué un plan de industrialización apoyado y protagonizado por los pequeños y medianos productores es una contribución importante? Porque en ninguna parte se ha intentado. En Venezuela con todo el dinero que tuvieron fracasaron porque no tenían claridad. El problema no es seguir produciendo más materias primas, el problema es disputarle los mercados internacionales al gran capital financiero, especialmente allá en el mismo terreno de los países súper-desarrollados. Y eso se puede hacer.

Si es necesario aliarnos con capitalistas para tener mayor seguridad y aprender, pues hay que hacerlo. Ya mismo, si queremos y tenemos voluntad política podemos procesar y producir nuestro propio alcohol, con el que se produce el aguardiente caucano, que es totalmente importado de Ecuador, y lo podemos hacer con base en la producción de melaza,  que la pueden producir los 14.000 paneleros que tenemos, lo cual sirve además para regular el precio de la panela.

Esos capitalistas aliados (temporales mientras aprendemos y consolidamos los negocios) pueden ser de cualquier parte del mundo (China, Rusia, Brasil o los mismos EE.UU. o Europa) pero es indudable que un plan de esa naturaleza debe contar con el apoyo de los gobiernos, tanto nacional, departamental como de los municipales.

Y ello lo podemos luchar, como gobierno departamental y como organizaciones agrarias. Unidos en el mismo objetivo. Si el gobierno subsidia a los grandes empresarios, como a los cañeros y palmeros... ¿Por qué no vamos a luchar por esos subsidios para que por lo menos en las primeras etapas del proceso de industrialización y de posicionamiento internacional, los campesinos organizados puedan competir en esos mercados globales?

Y en las demás áreas de la administración pública y del desarrollo social, económico y ambiental, un Candidato Empresario apoyado en el movimiento social puede hacer bellezas en la construcción de vías, acueductos, proyectos de electrificación, la prestación de los servicios de salud y la defensa de nuestro medio ambiente. El pueblo caucano tiene innumerables ejemplos de cómo han construido acueductos, ejecutado proyectos de vivienda y procesos productivos, en donde han reducido la corrupción a cero y se han logrado los objetivos con eficiencia y ahorro.

Lo más importante del momento es encontrar ese candidato y rodearlo con optimismo para hacerle ver que la tarea es posible y que existen todas las condiciones para tener éxito.

Una nota final. La renuncia de Genaro Muñoz de la gerencia de la Federación Nacional de Cafeteros parece que tiene como razón la de presentarse como candidato a la gobernación. ¡Eso sería muy bueno! Así, nuestro candidato de la TERCERÍA podría enfrentarse a un representante genuino de la burocracia cafetera que siempre – además de vivir como reyes con enormes sueldos y primas –, han estado al servicio de los grandes productores, de los exportadores monopólicos y de las transnacionales que procesan y se enriquecen con nuestro café.   


Así por lo menos la confrontación política sería más clara y meritoria. La visión del empresario de los pequeños y medianos productores enfrentada a la de los grandes burgueses que han entregado todas nuestras riquezas al capital transnacional. ¡Sería para alquilar balcón!

miércoles, 13 de mayo de 2015

TODO A FAVOR DEL TRIUNFO DE UNA TERCERÍA EN EL CAUCA

TODO A FAVOR DEL TRIUNFO DE UNA TERCERÍA EN EL CAUCA
Bogotá, 13 de mayo de 2015
Qué buena noticia que un grupo de ciudadanos haya propuesto la necesidad de construir una “tercería” frente a los dos candidatos a la gobernación del Cauca que están en contienda. ¡Ya era hora que alguien sacara la cabeza por los caucanos!
Existen importantes factores que hacen que una tercería tenga todas las posibilidades de triunfo en ese departamento. Sobre todo, si es una “tercería” que enfrente a la politiquería tradicional, al clientelismo, el gamonalismo, la ineficiencia y la corrupción. Además, que sea construida con la participación del pueblo.
Esos factores están relacionados con nuestro inmediato pasado. En las elecciones de marzo de 2014 el pueblo caucano derrotó a las principales figuras de la “casta” política tradicional del Cauca. Los Aurelios (viejo, el nuevo no se le ha medido a una elección), los José Daríos, los Jesús Ignacios, las Esmeraldas, todos fueron derrotados en justa lid.
Ello llevó a que el senador Luis Fernando Velasco Chávez, quien posaba de ser renovador de la política liberal, se aliara con el representante John Jairo Cárdenas Morán, quien llegó a la política “de carambola” debido a la muerte intempestiva de Felipe Fabián Orozco y, de la mano de Roy Barreras, uno de los políticos “travestis” más hábiles y cínicos de los últimos tiempos en Colombia.
Ellos – Velasco Chávez y Cárdenas Morán – se pusieron al frente de una “convergencia parlamentaria” de la que hicieron parte los representantes Crisanto Pizo Mazabuel, Carlos Julio Bonilla y Oscar Ospina Quintero. ¿Qué prometían? Acabar de enterrar políticamente a esos cadáveres de gamonales que el pueblo derrotó en las elecciones parlamentarias.
Ellos, los 3 congresistas liberales, uno de la U y el otro Verde, coaligados en “convergencia”, también pretendían recoger el espíritu de Paz y “anti-uribista”, demostrado por la absoluta mayoría del pueblo caucano, que en las elecciones presidenciales de la segunda vuelta dieron un contundente mandato por la Paz y contra la violencia.
Pero sólo bastó un gesto del “mariscal” Temístocles Ortega, actual gobernador del departamento, para que la tal “convergencia” se diluyera. Velasco Chávez y los liberales se dejaron comprar con ofrecimientos pueriles. La Alcadía de Popayán para la hermana de “Chuspas”, la de El Tambo para Crisanto y la de Santander de Quilichao para Bonilla.
John Jairo Cárdenas quedó en el aire, se arrimó a un candidato a la gobernación desconocido pero “con plata y emisora”, y después volvió a hacer las paces con su “archienemigo” Aurelio Iragorri para tratar de enfrentar la coalición “titista” y disputarse el control de las regalías, que es lo que los trasnocha a todos.
El representante verde Oscar Ospina quedó a la deriva. No sabe a dónde arrimarse pero la “tercería” podría ser una buena oportunidad para hacerle ver a su electorado que tiene algo de principios y de ética política.
Y en el caso del actual gobernador, elegido por las “organizaciones sociales” con el aval de la ASI, con el apoyo de Iragorri, y por debajo de cuerda por Jesús Ignacio García, no pasa nada. Es pura retórica, ningún cambio, juega con la consigna de la Paz y le amaga a todo el mundo. Sólo trabaja para él. Sólo él.    
La “tercería” tiene todo a su favor porque:
-       Los candidatos actuales no saben ni hablar. El uno es un típico “mandadero” y el otro cree que puede mandar porque tiene “plata”.
-       El pueblo caucano ya identificó a toda la “manguala” politiquera. Los “jóvenes” renovadores no fueron capaces de enterrar a los viejos gamonales, prefirieron enterrarse con ellos.
-       La gente exige candidatos que respondan a las necesidades de las amplias mayorías, que enfrenten los graves problemas que sufre el pueblo, la amenaza de la mega-minería, los conflictos inter-étnicos y culturales, el atraso histórico, el desempleo rural y urbano, la crisis del sector agropecuario, la incapacidad para industrializar y procesar nuestras materias primas, la corrupción y la ineficiencia en el manejo de la administración pública.
Si los ciudadanos y ciudadanas que se han puesto al frente de construir esa “tercería” actúan con sabiduría y prudencia, si se apoyan en las gentes de los municipios y en la gran cantidad de jóvenes profesionales y trabajadores de Popayán, y por sobre todo, confían en la capacidad del pueblo, en las enormes energías que están contenidas en las fibras subterráneas de nuestra sociedad caucana, seguro que van a escoger una persona idónea, limpia, transparente y por sobre todo, valiente, que se ponga al frente del pueblo para derrotar plenamente a la vieja y a la nueva “casta política caucana”.
Que no forcejeen por avales, los partidos democráticos y de izquierda harán cola por darle ese aval al candidato escogido. Que no se afanen por presentar muy rápido ese candidato, ojalá lo escojan democráticamente faltando pocos días para el término de la inscripción (25 de julio), para que el “movimiento por la tercería” se desarrolle plenamente. Ojalá lo escojan de frente a la gente, en una asamblea representativa de los municipios y de las organizaciones sociales y políticas que apoyen ese esfuerzo.
Así, mostrarán otro estilo, otra dinámica, otro espíritu. No será escogido a dedo ni en reducidos conciliábulos.  Y lo principal, que durante ese tiempo (mes y medio), elaboren un programa de gobierno que recoja los anhelos de nuestro sufrido pueblo caucano.
El terreno está desbrozado. Nos lo prepararon ellos, los politiqueros caucanos. Ahora hay que sembrar sangre nueva. Adelante con esa “tercería” que promete ser otro verdadero “florazo” que le da el pueblo caucano a sus incapaces elites políticas.                    


miércoles, 6 de mayo de 2015

EL AGUA "ENDIABLADA"


Cuentan que un trabajador social europeo llegó a una aldea árabe muy antigua y apartada de la civilización. Los aldeanos sufrían graves problemas de salubridad. Las enfermedades de origen hídrico tenían alta incidencia entre la población infantil. Él iba con la misión de ayudarles a construir un acueducto. Hasta ese momento la población se abastecía de agua tomándola de una pila que quedaba en el centro del pueblo.
Después de discutir el problema la gente se organizó, diseñaron la forma de construir un acueducto por gravedad, trayendo el agua desde varios kilómetros de distancia. Así se hizo. En poco tiempo se construyó un moderno acueducto y se inauguró con tremenda fiesta. Satisfecho el cooperador internacional regresó a su casa.
Se acordó de ese pueblo en unas vacaciones. Después de 20 años regresó a ver qué había pasado con la obra y a saludar a los amigos que había dejado. Cual no sería su sorpresa cuando encontró el acueducto abandonado. ¿Qué había sucedido? Se imaginó lo peor. La indolencia, la pereza, o la ignorancia no les permitieron hacerle mantenimiento, supuso. Y, claro – se dijo a sí mismo -, lo dejaron acabar. Una rabia inmensa le fue creciendo en el alma que se le iba convirtiendo en furia sin control.
Cuando finalmente habló con la gente se sorprendió mucho más. Un hombre anciano le contó lo que había sucedido. Al principio todo era normal, la gente estaba feliz. Después de un tiempo atacó a la aldea una epidemia de mal genio, nadie se soportaba, cada cual andaba por su lado, las peleas eran a diario y los conflictos hicieron que mucha gente empezara a irse. Trajeron a un experto en psicología social que de poco sirvió. Se hicieron rituales, le rezaron a Alá, y emplearon toda clase de exorcismos. Alguien pensó que de pronto el agua estaba contaminada, y aunque le hicieron los exámenes de toxicología y no encontraron nada, decidieron suspender el servicio a ver qué ocurría.
La gente volvió a la pila de agua y en pocas semanas la comunidad estaba tranquila. Hoy se hierve el agua, algunos tienen unos filtros, y se han controlado las enfermedades gastrointestinales. “La gente se acuerda de usted”, le dijo el viejo al extranjero, “pero todos lo excusan diciendo… ¿cómo iba a saber que el agua estaba ‘endiablada’?”
Un poco acongojado el atónito y estupefacto hombre se integró con la gente. Participó en diferentes actividades sociales pero siguió pensando en el problema. ¿Qué había sucedido realmente? Después de reflexionar sobre el asunto llegó a la siguiente conclusión: Al eliminar la necesidad de acudir a la pila, se había prescindido del espacio donde realizaban sus vínculos esenciales. Allí intercambiaban en forma natural, compartían desde chismes hasta cosas materiales. Era en ese sitio donde resolvían sus disputas, se enamoraban, socializaban. Era normal que se desequilibrara la vida de esa comunidad al producirse ese vacío. El recoger el agua de la misma forma durante siglos hacia parte fundamental de sus vidas.
Él nunca tuvo en cuenta algo tan sencillo, pero tan básico. “Ellos” creían que el agua estaba “endiablada”, pensó. Estuvo tentado a presentarles su explicación del fenómeno dado que su “racionalidad positivista” lo impulsaba a combatir la superchería. Pero se detuvo. ¡No seas tan bruto!, se dijo reprendiéndose. No iba a cometer el mismo error dos veces.
Aunque sabía que estaban equivocados se consoló a sí mismo diciéndose que en el fondo, más equivocado estaba él. Llegó a la conclusión que lo principal fue que los pobladores encontraron una “solución propia”. Fue un gran aprendizaje.

martes, 5 de mayo de 2015

URIBE SE TREPA AL CARRO DE LA PAZ

El imperio ordena la política en Colombia…

URIBE SE TREPA AL CARRO DE LA PAZ

Bogotá, 5 de mayo de 2015

“No ver la vida en movimiento nos lleva a estar retrasados frente a lo que ocurre. Esa es la base del pesimismo y la eterna queja”.

Introducción

Es un hecho: Santos y Uribe caminan hacia la unidad estratégica. El acuerdo entre las dos fracciones de la oligarquía (grandes latifundistas-burgueses agrarios y gran burguesía trans-nacionalizada) va en el sentido de reforzar la “Paz” que ellos necesitan. Pero además, le harán frente unidos a la situación económica y política, no sólo en lo nacional sino también en lo regional e internacional. Uribe pondrá unas condiciones, Santos otras, pero el acuerdo está cercano. Así lo ordenó el imperio del Norte. Ante ese mandato “no hay tutía que valga”: La burguesía cortesana y el latifundismo obsecuente tienen que hacer caso. “Donde manda capitán no manda marinero”.

Tres elementos entraron en  juego durante los últimos 15 días que contribuyeron con la concreción de esa voluntad norteamericana: los 21 militares muertos en el Cauca (usados por Uribe para arrinconar a Santos); los altos funcionarios de Uribe condenados por la Corte Suprema de Justicia (usados desde la sombra por Santos para arrinconar a Uribe); la enorme caída de la imagen de Santos y del respaldo al proceso de Paz. Resultado: saldo a favor de Uribe.

¿Cómo compensar las fuerzas? Santos rehabilita a Uribe diciendo – a través de Néstor H. Martínez – que “Uribe es un patriota” y “que no es enemigo de la paz” (http://bit.ly/1DLntX6). Todo apunta a que el gobierno de Santos va a aceptar los inamovibles de Uribe: 1. Cese de actividades bélicas por parte de las FARC (que ya es un hecho); 2. Concentración de tropas con verificación; y 3. Aceptación de mínimos de justicia, es decir, cárcel para los comandantes de la guerrilla.

Así, el proceso de Paz entrará en una nueva crisis que será aprovechada por Uribe para arrinconar más a Santos y subirse elegantemente al carro de la Paz. Santos acaba de mostrar – una vez más – el cobre. Su pasado uribista es un ancla oscura y pesada que le impidió avanzar con decisión hacia una paz plena y digna.  La presión democrática en favor de la Paz debe mantenerse pero ahora el énfasis debe recaer en denunciar los nexos de Uribe y Santos, en sus intereses comunes y en la necesidad de la movilización contra sus políticas neoliberales y antipopulares.

Lo determinante: La política estadounidense

En Panamá se oficializó la política estadounidense de “distensión forzada” con el bloque de países latinoamericanos encabezados por la ALAC, UNASUR, el ALBA y un conjunto de naciones que han asumido una política propia frente al debilitamiento económico y político de los EE.UU. Estos gobiernos, pueblos y países latinoamericanos intentan construir soberanía política y autonomía económica apoyándose en las inversiones rusas, chinas, iraníes, etc., y en el poder “sub-imperial” de Brasil. Aprovechan la agudización de las contradicciones geo-estratégicas entre los bloques económicos globales para consolidar su independencia e integración.

El gobierno de los EE.UU. encabezado por Obama llegó a la conclusión – después de grandes aventuras y reveses en Afganistán, Irak, Siria, Libia y Ucrania –, que en América Latina no existen condiciones para realizar a corto plazo una intervención militar directa. Es por ello que oficializaron un proceso de distensión con Cuba, acercamientos con Venezuela, y acuerdos diplomáticos con Brasil para tratar de recuperar o estabilizar relaciones económicas y políticas con la región, tomar aire y ganar espacio, abriéndole campos y dinámicas a la Alianza del Pacífico. Así, rediseñan su estrategia. 

Obama tuvo que enfrentar a los republicanos y convencerlos de que se trata de una pausa táctica pero es evidente que no van a renunciar a desarrollar paralelamente sus prácticas subversivas para desestabilizar las economías de aquellos países donde sus gobiernos no se amolden a sus “sugerencias” (reales imposiciones). Tampoco desisten de la infiltración, el saboteo político y mediático, la financiación de fuerzas “democráticas” (derechas camufladas y vestidas de “ciudadanías neutrales”, etc.), y tratarán de aprovechar las contradicciones entre intereses regionales (Ej. Táchira y Zulia en Venezuela; Guayaquil en Ecuador; Santacruz de la Sierra en Bolivia, etc.), intereses étnicos (indígenas, afros, mestizos), generacionales u otro tipo de diferencias sociales para promover enfrentamientos y disturbios. Ha sido su conducta reiterada.

De hecho ya lo hacen con suficientes recursos tecnológicos y monetarios en Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia y otros países, y están logrando importantes avances aprovechando las vacilaciones y errores de los partidos y frentes políticos democráticos que presionados por las burguesías locales y permeados por fenómenos de corrupción, han permitido que las derechas retomen la iniciativa política mientras los pueblos y los trabajadores entran en ciertas conductas cercanas al escepticismo y la desmoralización política.

Esa nueva política imperial es una de las causas de que en Colombia esté en pleno desarrollo un realineamiento de las fuerzas políticas oligárquicas. Uribe y Santos están en trance de acercamiento y unidad (http://bit.ly/1GVyl8n).

El caso colombiano     

Colombia – así sea en medio de la guerra – se ha convertido en un país de gran importancia económica y política para la región. No sólo compite con Argentina por ser la tercera economía de América Latina, después de Brasil y México, sino que desde el punto de vista político lidera la Alianza del Pacífico, ocupa la secretaría de UNASUR, y hace cola ante la OCDE para ser recibida dentro del club de las 34 naciones “con mejores prácticas económicas”. Es decir, juega a dos bandas con la asesoría y la dirección estadounidense.

La burguesía trans-nacionalizada – encabezada por el actual presidente Juan Manuel Santos – se la jugó por la negociación política con las FARC para lograr la terminación del conflicto. Son inmensos los intereses de los inversionistas internacionales para apoderarse (“en Paz”) de grandes territorios y enormes riquezas naturales, así como para explotar el turismo, los mercados locales y la mano de obra. Necesitan una “paz a su medida” para impulsar un “proceso democrático” que sirva para asimilar a su legalidad y a la economía formal a la población de zonas marginales que es controlada por la insurgencia y lograr un clima óptimo para la inversión capitalista.

Ese “proceso de Paz” no pudo ser concertado inicialmente con Uribe. El expresidente era presionado por los grandes latifundistas, burgueses agrarios, poderosos mineros ilegales, mafias narcotraficantes y militares corruptos que viven de la guerra. Por eso se opuso a los diálogos desde un principio. Su temor consistía en que las fuerzas democráticas pudieran romper los diques de ese “proceso democrático controlado” y desarrollaran un fuerte movimiento que pudiera llevar al esclarecimiento de la verdad histórica del conflicto armado. El peligro para Uribe era que dicho movimiento terminara juzgándolo – a él y a sus cómplices – por los graves crímenes cometidos durante el auge de la guerra paramilitar contra la guerrilla.

Sin embargo son los intereses transnacionales los que se imponen. El gobierno de Santos diseñó una estrategia para distanciarse hábilmente de las cúpulas mafiosas y paramilitares y ha utilizado el aparato judicial – desde la sombra –, para arrinconar a Uribe, juzgando y llevando a la cárcel a casi toda la plana mayor de funcionarios de la entraña uribista, lo que ha sido su carta para neutralizar al expresidente y obligarlo a buscar acuerdos. Por eso, a medida que el lazo de la justicia se acerca a su cuello, Uribe ha tenido que cambiar su comportamiento.

Por un lado, ha confeccionado ataques a los diálogos de La Habana mediante saboteos y provocaciones orquestadas desde el interior de las filas militares, y ha utilizado los graves errores de las FARC para desprestigiar al gobierno y al proceso de Paz, lo que le ha permitido mantener y aumentar su capital político. Pero al mismo tiempo, ha presentado propuestas en favor de la salida negociada al conflicto, las cuales se hicieron públicas al final de la campaña presidencial de su candidato Zuluaga. De ser un absoluto opositor a los diálogos pasó – paulatinamente – a plantear unos puntos inamovibles que son sus cartas de negociación para subirse al carro de la Paz por la puerta delantera, con la posibilidad de convertirse en copiloto.

El resultado de ese juego de ajedrez no va a ser otro que la impunidad para Uribe, la rebaja de penas para sus cómplices ya condenados, el tratamiento suave para los que van a regresar del exilio y la impunidad para los altos mandos militares comprometidos con el paramilitarismo y los crímenes de guerra. La ley de “punto final” con base en un diseño especial de “justicia transicional” que incluya a los jefes insurgentes, es lo que al final terminará por aprobarse en nombre del patriotismo y de la democracia.

Pero en el fondo estos son los elementos secundarios. Estos aspectos – aunque parezcan determinantes – son los menos importantes para el gran capital. Esta recomposición entre “comadres” como los calificó un analista (http://bit.ly/1FLYwiR), es lo que tienen para despistar a la opinión pública. Lo más importante y fundamental es impedir que las fuerzas democráticas colombianas – que en la anterior campaña electoral crecieron al calor de la lucha por la Paz y reivindicando la justicia social – no tengan ninguna posibilidad de crecimiento y de triunfo político. No era posible para la oligarquía ofrecerle a los demócratas y a la izquierda la cabeza de Uribe como premio a su insistencia por la Paz y la Reconciliación.

Y a la par con esa preocupación está la situación económica en declive, con un desplome del 40% de las exportaciones, la caída de los precios del petróleo, el bajón en la inversión extranjera y la crisis fiscal del Estado. Todo ello al juntarse, no le permitirá al gobierno cumplir en lo más mínimo con sus promesas de inversión social durante la etapa de los post-acuerdos (post-conflicto). Eso ya lo estamos comprobando con la respuesta del gobierno al actual paro magisterial. El tratamiento a los conflictos sociales que están represados va a ser la dilación, la mentira, el engaño, y finalmente, la represión. Y para enfrentar esa situación es indispensable que se unan las dos fracciones de la oligarquía. ¡El palo no está para hacer cucharas!

Consecuencias para la izquierda

Al interior de la izquierda surgió un debate – aún no resuelto – sobre naturaleza de las diferencias entre Uribe y Santos. Para el MOIR (Robledo) “Santos es igual a Uribe”. Fue la razón para llamar a votar en blanco en la 2ª vuelta presidencial de 2014. Según el senador polista, no había diferencias entre ellos. Para Clara López y los sectores llamados “progresistas” sí existían contradicciones. Santos es – según ellos – respetuoso de la legalidad democrática se había distanciado de la mafia paramilitar. Por ello creían que la contradicción entre Uribe y Santos era irreconciliable y se hacían ilusiones con Santos sobre su voluntad de Paz y su compromiso con la democracia formal (burguesa). Ambos sectores – según mi opinión – tienen un enfoque unilateral.

Nuestra posición es diferente. Uribe representa al latifundismo y a la gran burguesía agraria, profundamente reaccionaria, anti-democrática y anti-comunista a morir. Por ello, no estaban dispuestos a ceder en lo más mínimo frente a reivindicaciones sectoriales de los campesinos y colonos de las zonas marginales del país. Además, están obsesionados con las revoluciones democráticas de América Latina y sienten que el “castro-chavismo” es el “comunismo del siglo XXI”. Para ellos la única vía es el exterminio y la tierra arrasada. Son los “neo-conservadores” colombianos. Están apoyados por los sectores más retrógrados de los republicanos estadounidenses y por la ultra-derecha latinoamericana y española.  

Santos – en cambio – representa a la burguesía trans-nacionalizada, moderna, globalizada, que en otros países usa la democracia formal (restringida en Colombia) para mantener la estabilidad y la “paz” para poder explotar eficazmente a los trabajadores y someter a los pueblos. En el caso colombiano esa gran burguesía siempre se sometió a los mandatos de sus “mayores” latifundistas y grandes terratenientes y sólo hasta ahora, intenta una nueva vía para superar una guerra que le estorba y que les impide explotar con mayor eficiencia las riquezas de nuestro país y la mano de obra trabajadora. Santos es taimado, no es frentero, posa de decente y legalista, aparenta ser reformista y progresista, pero en verdad es frío, calculador y no vacila – al igual que Uribe – en utilizar el crimen y la trampa para lograr sus intereses de clase.

Finalmente la burguesía trans-nacionalizada ha impuesto su punto de vista y sus intereses. No sin los pataleos y forcejeos del latifundismo uribista. Obama intervino y el conflicto intra-oligárquico va a ser superado.      

La realidad va a obligar a los dos sectores de la izquierda a replantear sus posiciones. El hecho es que quienes apoyaron a “Santos contra Uribe” (entre los que me incluyo) se posicionaron ante la opinión pública como verdaderos estadistas que antepusieron sus intereses particulares en favor de la Nación y la Paz. Al empujar a Santos hacia la firma de los acuerdos – además de ayudar a desenmascarar al mismo Santos – también presionaron a Uribe. Las condenas a los ministros y ex-funcionarios de Uribe, y demás verdades que se están conociendo, son en gran parte fruto de esa actitud.

Para los sectores que votaron en blanco – que no apoyaron a Santos – va a ser una especie de “teníamos la razón”. Sin embargo, si no captan la vida “en movimiento”, tampoco podrán responder correctamente a la nueva situación. Algunos de estos sectores colocarán el énfasis en que es más importante condenar a Uribe que salir del conflicto armado y así, podrán convertirse en aliados de los sectores guerreristas que prefieren “seguir la guerra otros 100 años” a permitir que la sociedad perdone a TODOS los que cometieron crímenes. De lado y lado.

Los primeros deben desechar sus ilusiones en Santos. Los segundos, aprender a que las más mínimas fisuras son aprovechables. Ambos tendrán que unificarse para presionar a las FARC y a Santos-Uribe para firmar la terminación del conflicto armado y para profundizar la lucha contra el modelo neoliberal. A la vez, para impedir que una falsa “apertura democrática” – cocinada al calor del proceso de Paz – se convierta en una trampa para engatusar al pueblo con veleidades oportunistas. Si ello se logra, se aclara el camino.       

Conclusiones y propuestas

La oligarquía y el imperio han redefinido su estrategia. La “Paz” va, pero a su medida. Los acuerdos en las cúpulas de las clases dominantes podrán acelerar la dinámica de los diálogos – en medio de la guerra – y todo dependerá de la guerrilla. La mayoría de la sociedad – derechizada por los últimos acontecimientos – apoyará al “nuevo dúo dinámico” de la Paz y la insurgencia tendrá que evaluar entre asegurar lo ya firmado o mantenerse en la vía armada.

Lo que ocurre entre Santos y Uribe no es una vuelta a atrás. A pesar de que Uribe retomó la iniciativa parcial por efecto de los errores de las FARC y las vacilaciones de Santos (dejarse provocar en el terreno de operaciones y no depurar las fuerzas militares de mandos uribistas), finalmente – debido a la presión que tiene Uribe de la justicia – éste se va a trepar al carro de la Paz.

¿Qué le conviene al movimiento democrático? Que se firme la Paz. Así sea limitada y programada en favor del gran capital. Así se aprueben perdones y reconciliaciones de apariencia. Pero lo que es bien cierto, y así no lo quieran reconocer las clases dominantes, ese paso hacia la terminación del conflicto armado será un triunfo de los demócratas y le abrirá un espacio inmenso a la organización y a la movilización popular, que ya no tendrá encima el “sambenito” de ser acusada de estar infiltrada por la guerrilla. No será un camino de rosas pero al menos nos quitamos ese “karma” de encima.

Lo importante es también entender que el principal escenario de la lucha cambió. El eje ha ido pasando de lo rural a lo urbano, y de lo armado a la protesta civil y a la acción política electoral. La protesta de los maestros – casi todos “profesionales precariados” – es una muestra de las verdaderas movilizaciones populares del siglo XXI en Colombia. Como lo fue la movilización estudiantil de 2011 y como lo fueron los “cacerolazos” de solidaridad con el paro agrario en 2013. Desgraciadamente la dirigencia de izquierda todavía los dirige y maneja con enfoques y criterios del siglo XX, o sea, con una visión “estatista”, sectorial, reivindicativa y estrecha[1].

Lo inmediato es desarrollar una estrategia política que combine la participación electoral (la defensa de los avances sociales en el caso de Bogotá) con la construcción de procesos ciudadanos y comunitarios que vayan más allá de lo electoral. Conformar espacios participativos en los barrios y localidades, con espíritu unitario, en donde las fuerzas democráticas (independientes, alternativas, progresistas y de izquierda) tanto de carácter social como político profundicen en el esfuerzo de crear nuevas formas de democracia – “desde abajo” – directa, deliberativa, social, ciudadana, comunitaria y popular.

Es claro que en esa dinámica tienen cabida los revolucionarios socialistas, comunistas, libertarios y aún, anarquistas, que quieran integrarse al “movimiento democrático” para contribuir desde las bases a construir esas nuevas formas de democracia. Para ello tenemos que trabajar con los dos pies, uno puesto en lo institucional y el otro, en la organización popular. En un espacio con visión de gobierno, en el otro con concepción de Poder.

Muchas personas y sectores políticos no ven los acercamientos y niegan la posibilidad de la unidad táctica y estratégica entre Uribe y Santos. He allí el detalle de no entender la dinámica de la vida en permanente movimiento. Realmente… ¡Nunca hay vuelta a atrás!

[1] La lucha de los “profesionales de la educación”, en la que deberían estar involucrados todos  los profesores, del sector estatal y privado, universitarios y de educación primaria y secundaria, hace parte de las luchas del “nuevo proletariado”, de los “profesionales precariados”, y deben contar con una orientación más política, que involucre al conjunto de la sociedad, que plantee por encima de todo el debate sobre  la naturaleza y la calidad de la educación. Como lo intentaron hacer los estudiantes universitarios en 2011, aunque esa lucha también quedó a mitad de camino.   

jueves, 30 de abril de 2015

URIBE Y SANTOS EN TRANCE DE UNIDAD

URIBE Y SANTOS EN TRANCE DE UNIDAD
Bogotá, 30 de abril de 2015
Que el expresidente Uribe se reúna intempestivamente con el principal ministro de la Presidencia, Néstor Humberto Martínez, después del encuentro que habían tenido la “Tutina” y Lina, esposas de las cabezas del santismo y el uribismo, es un síntoma de cómo las fuerzas del establecimiento oligárquico han empezado a medir y a calcular – no sin cierto temor – el crecimiento de las fuerzas democráticas en el país. La alerta está cantada y los intereses estructurales que ambos representan – latifundismo y burguesía trans-nacionalizada – se empiezan a juntar de nuevo. Esa ha sido la historia de siempre en Colombia.
¿Qué ocurre con Uribe y Santos? Nada más y nada menos que al primero se le acerca el lazo de la justicia al cuello. Sus cómplices deben estar presionando con mucha fuerza desde el exilio y la cárcel. Eso atemoriza a Uribe y pone nervioso a Santos. Son grandes los secretos y crímenes de Estado que ambos ocultan. Muchas cosas oscuras pasaron por sus manos. Son demasiados los riesgos que tienen si tensionan al máximo la cuerda. Todo apunta a que sus patrones mayores del Norte les dieron la orden de aflojar y llegar a acuerdos. Como hacen entre demócratas y republicanos en los EE.UU.
Pero eso no es lo más grave. El proceso de Paz necesita a un Uribe para que el establecimiento en su conjunto sea el ganador. Las clases dominantes no pueden darse el lujo de permitir que las fuerzas democráticas o las de la insurgencia aparezcan como triunfantes ante un sector de la oligarquía (Uribe). Los EE.UU. ratificaron en Panamá su apoyo a la negociación con las FARC en el marco de la distensión estadounidense con Cuba y es por ello que la orden perentoria a Uribe y a Santos es la de asumir una férrea disciplina oligárquica. El latifundismo y la gran burguesía trans-nacionalizada necesitan priorizar sus intereses vitales y el imperio marca la pauta estratégica e  impone el orden.
Pero además, lo que más les preocupa es la situación económica. Vientos fuertes de crisis se avizoran en el panorama. Ya se presentan fuertes marejadas en el terreno de las finanzas estatales. Se está desinflando la burbuja inmobiliaria (vivienda) en la que se pretendía soportar el plan de desarrollo del segundo gobierno de Santos. Otras burbujas que se apoyaban en el mercado de automóviles y productos tecnológicos ya muestran su agotamiento. Las tarjetas de crédito ya no soportan la artificial bonanza de un mercado en proceso de cierre. Las ventas han empezado a derrumbarse. A ello se suma el fuerte déficit de la balanza de pagos que refleja la crisis del sector productivo colombiano que depende en grado sumo de los ingresos del petróleo y el sector minero. La caída de los precios del petróleo han golpeado con fuerza los ingresos del Estado y el futuro en ese campo no es promisorio.
Además, la política se torna compleja para las clases dominantes. Los sorpresivos resultados de las elecciones internas del Polo Democrático Alternativo – con más de 400.000 votos – los ha alarmado al máximo. Ellos contaban con que ese partido estaba en agonía. Ahora se encontraron con la candidatura de Clara López para la Alcaldía de Bogotá. Ella cabalga sobre una “ola mediana” que se formó fruto de la unidad de la izquierda en la 1ª vuelta presidencial del año pasado. Esa ola posteriormente se potenció en la 2ª vuelta con la consigna de la lucha por la Paz. Esa situación les ha hecho entender que hay que arremeter unidos contra los avances de los sectores democráticos y populares. Saben que las jornadas de los estudiantes en el 2011, el rechazo a la reforma de la justicia, los paros agrarios en 2013 y la actual protesta de los maestros, si encuentran respaldo y posibilidades de desarrollo en una Convergencia Democrática, van a desencadenar fenómenos políticos que no sólo serán el soporte para mantener el control de la administración capitalina sino que se pueden convertir en un posible antecedente de triunfo para el 2018.
Y es que ellos sí son absolutamente conscientes que el futuro de Colombia se define en gran parte en Bogotá. Todo apuntaba hasta hace unos pocos días que en las elecciones de octubre de 2015 se enfrentarían 3 bloques, dos de derecha y uno de izquierda. Pero es evidente que el uribismo y el santismo por separado le otorgan una enorme ventaja a una convergencia democrática encabezada por Clara López. Es por eso que los acercamientos entre Peñalosa y Pardo se han acrecentado, pero es indudable que un acuerdo de mayor tamaño se cocina entre bastidores. No es casual la gestión de Roy Barreras ante Uribe: los mandaderos no actúan por sí mismos. Santos y el gobierno de los EE.UU. son los verdaderos mandantes de esas gestiones.
Es por ello que… ¡ha llegado la hora y el momento de las definiciones...!!
El verdadero “centro político” que construyeron hace 8 años Antanas Mockus, Lucho Garzón, Sergio Fajardo y Enrique Peñalosa ha desaparecido del escenario político. Garzón y Peñalosa fueron cooptados por la casta política tradicional. Mockus a regañadientes se resiste después de su contrato con el gobierno de Santos y trata – al igual que Fajardo – de mantenerse en el campo independiente refugiándose en un pequeño partido, la Alianza Social Independiente, que es una amalgama informal e inorgánica de toda clase de expertos negociantes de la política “alternativa”, muy al estilo de los que sobreviven todavía en la cúpula burocrática de la Alianza Verde (dueños de Opción Verde).  
La izquierda, progresistas, "verdes-sociales", alternativos, independientes, liberales sociales, tendrán que unificarse, y no tienen otro candidato/a más viable para la alcaldía de Bogotá que Clara López, con todos los defectos que ella pueda tener o que le achacan sus críticos de oficio. Para triunfar deberán disputarle a los otros dos bloques (santismo y uribismo en proceso de fusión) un gran sector de la clase media que está indecisa. Ese bloque democrático liderado por la izquierda tendrá que hacer un trabajo pedagógico para convencer a esas clases medias que la “inversión social sí paga” y que sus dirigentes tienen la decisión de rectificar su desempeño administrativo mejorando su capacidad gerencial y atendiendo problemas urgentes que requieren medidas de choque (movilidad, seguridad, ambiente).
El paro de los educadores es otro elemento que está ayudando a clarificar la política. Santos, ahora en la dinámica de unidad de acción con Uribe, con la intención de “hacerse pasito”, es decir, para buscar la mejor forma de perdonar los crímenes al expresidente y atenuar las penas a sus cómplices – entre ellos –, los militares, tiene que ser EMPUJADO y FORZADO a hacer la PAZ por las fuerzas democráticas. Dicha presión debe incluir la más amplia movilización contra sus políticas neoliberales y anti-populares. Esa dinámica social y política va a obligar a Petro y a algunos sectores que se hacían ilusiones con Santos, a integrarse – ojalá más temprano que tarde – al bloque democrático que lidera la izquierda en Bogotá.
En el resto del país seguro que habrá que barajar de nuevo. La alianza del santismo y el uribismo – en ciernes – clarificará la política de los sectores democráticos y populares. La lucha por la Paz sigue siendo una bandera viable. El voto táctico y consciente por Santos, potenció a las fuerzas democráticas pero también sirvió para agudizar las contradicciones entre Uribe y Santos. Hasta donde era posible y táctico lograrlo. Dicha estrategia sirvió para fortalecer la imagen de estadista de Clara López, y la convirtió en un gran capital político que es fundamental en las elecciones locales y regionales de octubre de 2015, y que son determinantes de cara al 2018.
Robledo va a salir a decir… ¡Se los dije, “Santos es igual a Uribe”! Pero no. No es así. Santos y Uribe son diferentes. El uno representa al latifundismo, el otro al gran capital trans-nacionalizado. Pero ambos, cuando surgen amenazas de los sectores populares y democráticos, se unifican alrededor de sus intereses oligárquicos y pro-imperiales.
Lo principal en el campo democrático es que no se crea que esta situación es resultado de la acción de la guerrilla, como ya lo pregonan ciertos sectores triunfalistas cercanos a ella. Las fuerzas amigas de la insurgencia pueden ser muy buenas para organizar marchas y concentraciones masivas (no tan grandes como se pregonan), con base en una militancia bien financiada y disciplinada, pero están muy lejos de poder obtener el respaldo electoral de amplios sectores de la población que tienen muchas reservas frente a su comportamiento degradado durante el conflicto y a su insondable y desconocida visión de gobierno.
El bloque democrático debe construir un amplio movimiento ciudadano de carácter social, poli-clasista y plural, que – como ya lo hace Clara López – convoque a todas las fuerzas de la civilidad y de las nuevas ciudadanías emergentes (ambientalistas, mujeres, jóvenes, LGTBI, ciclistas ecológicos, animalistas, practicantes del hip hop y el rap, movimientos culturales, profesionales precariados, etc.) que están ansiosas por participar y construir el cambio en nuestro país y ayudar a sacarlo de su sempiterno y eterno atraso.

La fusión entre el uribismo y el santismo (en desarrollo) debe interpretarse como el último esfuerzo por impedir la Paz que necesita Colombia. Esa Paz con justicia social  ya empezó a ser construida desde la Bogotá Humana y va a tener continuidad con un gobierno democrático liderado por una izquierda moderna y ciudadana como la que representa Clara López. ¡Así debe ser!