viernes, 3 de mayo de 2013

Triunfalismo y prepotencia: malos consejeros


TRIUNFALISMO Y PREPOTENCIA: MALOS CONSEJEROS

Popayán, mayo 3 de 2013

Escuché las declaraciones de Jesús Santrich, comandante y delegado de las FARC en los diálogos de Paz de La Habana, en el sentido de que no se someterán a la justicia colombiana a la que descalifican para poder juzgarlos, y me sorprendí al no poder entender cuál era la intención de hacer – en este momento – ese tipo de declaraciones públicas.

Hemos reconocido que el conflicto armado que vive Colombia tiene orígenes auténticos – causas económicas, sociales, políticas y culturales – y que en determinados momentos de la vida de nuestra nación la rebelión armada no sólo fue necesaria sino justa.

Sin embargo, también es verdad que a lo largo de los años que llevamos en guerra – por diversos motivos que es necesario analizar y precisar – los métodos utilizados en la confrontación armada no sólo se degradaron a límites insospechados sino que en gran medida atentaron (y aún lo hacen) contra la justeza de las causas que explican la acción insurgente.

Es cierto que esa degradación fue provocada por el Estado y las fuerzas paramilitares, pero también es verdad que las fuerzas revolucionarias se dejaron llevar a ese terreno y cometieron graves crímenes – que así fueran involuntarios, aislados, ocasionales, etc. – quedaron en la memoria de los colombianos, con la ayuda de los medios que aprovechan cualquier ocasión para desacreditar a la insurgencia.

Que por parte del Estado (incluyendo el paramilitarismo) se cometieron gravísimos y numerosísimos crímenes, eso no está en duda. Aún se cometen. Pero la realidad es que ese Estado – a través de la política uribista – consiguió convencer a gran parte de la opinión pública que esas acciones eran reacciones (para ellos igualmente justas) contra la actividad insurgente.

Ahora entramos en el desenlace. Esa buena parte de la opinión pública (manipulada y todo) que justificó los crímenes del Estado paramilitar, debe ser convencida – por las fuerzas insurgentes – que estaba equivocada, que la causa de los rebeldes tiene una justificación ética y moral, y que en medio del fuego la degradación de la guerra se jugó de ambos lados.

Es por ello que las declaraciones del Comandante Santrich son inoportunas y nada políticas. Para recuperar credibilidad ante el pueblo colombiano se requiere gran humildad y reconocimiento de las “equivocaciones” que significan dolor y sufrimiento para miles de colombianos. Las víctimas – de todos los bandos – exigen y merecen respeto y consideración.

Paralelo a las declaraciones de Santrich, en Toribío (Cauca), las comunidades indígenas encabezadas por sus autoridades ancestrales juzgaron en audiencia pública – a la que asistieron más de 4.000 personas – a 2 milicianos de las FARC y los condenaron a 40 años de cárcel, que deberán pagar bajo la modalidad de “patio prestado” en prisiones oficiales, por el asesinato de su líder espiritual (The Wala) Benancio Taquinás en el municipio de Jambaló. Además en carta abierta a Timoleón Jiménez, máximo comandante de las FARC, el movimiento indígena caucano exige a la guerrilla un proceso de verdad, justicia y reparación.  

Es por este tipo de hechos contradictorios que podemos afirmar que de nada sirve el triunfalismo que no reconoce que políticamente la insurgencia debe recuperar un gran terreno político no sólo para que las mayorías populares les perdonen sus errores sino para que los acepten como posibles actores y portadores de soluciones para la situación de crisis que vive la Nación. De nada sirve la prepotencia que justifica los errores con base en los crímenes cometidos por su enemigo.

Esas actitudes sólo envían un mensaje negativo. Amparados en ese tipo de declaraciones, los promotores de la guerra montan todo tipo de campañas para afirmar que la insurgencia no reconoce a sus víctimas y que por tanto no son confiables a la hora de pactar acuerdos de Paz.

Ser juiciosos y objetivos con la realidad política del país es una de las condiciones para acertar. La mayoría de los colombianos quiere la Paz pero esa misma gente desconfía de la palabra de las FARC. La mayoría de los colombianos desea fervientemente la Paz pero no va a aceptar que el proceso de diálogos no concierte algún tipo de penas para quienes han cometido graves crímenes, así éstos posteriormente sean perdonados por algún mecanismo de la Justicia Transicional.

El triunfalismo y la prepotencia que lleven a desconocer estos aspectos básicos en la búsqueda de la Paz en Colombia, ya están contribuyendo a que los enemigos de la misma fortalezcan sus posiciones y debiliten las de quienes aspiramos a conseguirla.

Ser más prudentes y sensatos, aceptar los errores y culpas, reconocer a las víctimas y a sus dolientes, ser más humildes y fuertes de espíritu, son condiciones indispensables para que la insurgencia consiga una amplia y fuerte credibilidad pública, que a su vez se constituye en una condición indispensable para avanzar hacia la conquista de la Paz.

Tal tipo de declaraciones – que reflejan triunfalismo y prepotencia – le hace más daño a los diálogos que los torpedos que todos los días lanza la derecha uribista contra el proceso.   

viernes, 19 de abril de 2013

LA IMPORTANCIA DEL "CONGRESO POR LA PAZ"


LA IMPORTANCIA DEL “CONGRESO POR LA PAZ”

Popayán, 19 de abril de 2013

Se realiza en estos momentos el Congreso por la Paz en la ciudad de Bogotá (19 al 22 de abril/2013). Fue convocado por calificados movimientos y organizaciones sociales que han participado en los diferentes eventos nacionales y regionales dinamizados por el Congreso de los Pueblos. Cuenta también con la participación de otros procesos, movimientos y organizaciones político-populares que tienen presencia a lo largo y ancho del país.

La importancia de este evento – realizado después de la masiva Marcha del 9 de abril – más allá del número de delegados y participantes, está relacionada con la calidad de las conclusiones y los llamados que se hagan desde su seno. Es evidente que las fuerzas democráticas progresistas y revolucionarias de nuestro país requieren de sus aportes sustanciales para entender el momento y unificar posiciones políticas.

Posibles aportes sobre la Paz

De acuerdo a lo que han definido los eventos preparatorios del Congreso por la Paz realizados en las diferentes regiones y subregiones en que se desarrolló dicha labor, podemos adelantarnos a prever algunos aspectos que podrán ser contemplados y aprobados en tan trascendental evento. Veamos:

-       La Paz es un derecho humano fundamental que debe ser conquistado por los trabajadores y los pueblos. No es un problema secundario, es de gran trascendencia.

-       La Paz va más allá del silenciamiento de los fusiles. La salida negociada del conflicto armado es parte de ese proceso pero la conquista de la Paz implica transformaciones estructurales de nuestra sociedad y del Estado.

-       La lucha contra el modelo neoliberal y el sistema capitalista en auge en Colombia debe estar ligado y en concordancia con la lucha por la Paz.

-       Los intereses de los actores armados insurgentes en su proceso de reintegrarse a la lucha política civilista y pacífica no deben confundirse totalmente con los intereses de las amplias mayorías populares. La negociación que lleve al fin de conflicto armado sólo será un paso en la lucha por conquistar la Paz con justicia social.

-       Los resultados y transformaciones que se obtengan en la mesa de negociaciones de La Habana son insumos en la lucha por la Paz. Lo que se avance en ellas corresponderá a la correlación de fuerzas alcanzada en un momento dado pero no pueden confundirse con la totalidad de las aspiraciones transformadoras de nuestro pueblo.

-       La superación vía dialogada del conflicto armado y la integración de las fuerzas insurgentes a la lucha política civilista contribuirán sustancialmente en la creación de mejores condiciones para avanzar en la lucha por la transformación estructural del país, la derrota del modelo neoliberal y la construcción de salidas post-capitalistas. 

-       La lucha por la Paz es una tarea de gran magnitud que va más allá de cualquier campaña electoral. La conquista de la Paz no admite cálculos inmediatistas e intereses mezquinos de carácter electorero. 

El Congreso por la Paz y los retos del momento

La realización del Congreso por la Paz después de haberse realizado la masiva y multitudinaria Marcha por la Paz, la Democracia y la Defensa de lo Público es un hecho de fundamental importancia. Las conclusiones que apruebe podrán ser aportes de gran calado para el movimiento democrático progresista y revolucionario de la Nación colombiana.

El Congreso por la Paz debe recoger el espíritu y la fuerza de la Marcha. La marcha del 9 de abril mostró el camino de la inclusión de múltiples y diversas fuerzas sociales y políticas que confluyen alrededor de apoyar los diálogos de La Habana y de buscar la Paz para los colombianos. La marcha marcó un quiebre en la opinión pública a favor de la paz negociada.

El éxito del Congreso por la Paz depende de la claridad que aporten las conclusiones a la movilización social y la lucha por la Paz. Al interior de las fuerzas democráticas todavía existen vacíos, incomprensiones y vacilaciones frente a los diálogos y negociaciones del gobierno y la insurgencia en La Habana. No se entiende plenamente su relación con la tarea suprema de conquistar la Paz para los colombianos, y por ello su clarificación es la tarea política del momento.

Se trata de colocar en su lugar cada proceso relacionado con la búsqueda de la Paz. Valorar los avances de la mesa de negociaciones en su verdadera dimensión. Insistir en que el principal campo de acción está en el terreno de la movilización popular contra todas las políticas que desde el gobierno se siguen profundizando contra el pueblo. Seguramente los aportes del Congreso por la Paz irán en esa dirección.

Entender que la confluencia parcial y coyuntural que existe entre importantes fuerzas sociales y políticas de carácter popular con algunos sectores gubernamentales en torno a sacar adelante las negociaciones de La Habana (firma de la terminación del conflicto armado) no significa un respaldo a las políticas neoliberales que impulsa el gobierno. Es sólo una concurrencia parcial y circunstancial.

El Congreso por la Paz deberá tener plena conciencia de las fisuras que existen al interior de las fuerzas del establecimiento oligárquico en el terreno de la solución al conflicto armado. Comprender que el gobierno aspira a obtener la desmovilización de la insurgencia  con el mínimo de concesiones. A la vez entender que éste gobierno debe ser presionado desde la sociedad civil para que ese paso sea dado con el máximo de garantías para que las fuerzas insurgentes puedan hacer política por la vía pacífica y civilista.

A su vez, se trata de concebir las negociaciones de La Habana y la movilización popular por la Paz como procesos convergentes pero diferentes. La sociedad movilizada deberá tener la más amplia autonomía, independencia y auto-determinación y no puede estar condicionada por los intereses de los actores armados o por las partes en conflicto armado.

En últimas se trata de hacer aportes para unificar un gran escenario de luchas democráticas y populares entre las cuales la causa de la Paz y de la terminación consensuada del conflicto armado está entre las principales.

Estamos seguros que el Congreso por la Paz hará grandes contribuciones a la lucha del pueblo colombiano, por la Paz y la justicia social. 

viernes, 12 de abril de 2013

LA MARCHA POR LA PAZ: NI PLEBISCITO NI FRACASO, UN PASO ADELANTE


LA MARCHA POR LA PAZ: NI PLEBISCITO NI FRACASO, UN PASO ADELANTE

Popayán, 12 de abril de 2013

La Marcha por la Paz, la Democracia y la Defensa de lo Público realizada el pasado 9 de abril (2013) es un reflejo nítido de cómo se mueve la sociedad colombiana – las fuerzas sociales y políticas – frente al proceso de paz, y es un referente para prever lo que puede ocurrir hacia el futuro.

En cuanto a participación de manifestantes se debe destacar la movilización de Bogotá. La asistencia fue multitudinaria. Cientos de miles de personas desfilaron desde varios puntos de concentración en la ciudad. Sin embargo, a nivel nacional sólo en Pasto (Nariño), Puerto Asís y algunas otras capitales de departamento (Villavicencio, Bucaramanga, Pereira), la presencia de manifestantes fue importante.  

Se debe anotar que es la primera marcha en que se convoca a la ciudadanía en general a sumarse masivamente como apoyo al proceso de Paz que se lleva a cabo en La Habana (Cuba) para firmar el fin del conflicto. Como primer paso fue un pleno éxito.

No se puede afirmar que sea una marcha histórica. Se requiere mucho más. Deberá involucrar a varios millones de personas a lo largo y ancho del país. Se debe superar la movilización por la Paz de 1997 y la que convocó Uribe contra las FARC en 2008, para que se configure un verdadero plebiscito por la Paz. Sin embargo, esta manifestación es un gran avance en el esfuerzo de movilizar a la mayoría de colombianos en esa dirección.  

Evolución de las posiciones y actitudes

Además de la decisión mostrada desde un principio por los dirigentes de Marcha Patriótica y de la oportuna participación de Gustavo Petro en cabeza de la Alcaldía de Bogotá, lo sobresaliente de la jornada fue que el gobierno de Juan Manuel Santos – incluyendo los comisionados en la negociación de La Habana –, aunque un poco tarde, mostraron disposición de sumarse a la manifestación y convocar al pueblo colombiano a marchar.

En la práctica el presidente de la república no participó plenamente en la Marcha hacia la Plaza de Bolívar de Bogotá. Lo hizo simbólicamente en un desfile con funcionarios del Estado en honor a las víctimas que tuvo como punto de llegada el Centro de la Memoria Histórica en donde con Gustavo Petro sembraron un árbol en forma conjunta. Muestra Santos que todavía se deja presionar por quienes llaman a “no revolverse con terroristas o con quienes simpatizan con terroristas” y que le falta mayor decisión en la lucha por una paz negociada. Tantea el terreno pero poco a poco va soltando las amarras.

De todas maneras es un paso adelante por parte del gobierno. Éste empieza a decidirse a movilizar a la población civil frente al tema de la Paz. Ese paso es provocado por:

-       Los recios ataques contra el proceso de Paz que ha recibido de parte del uribismo y demás enemigos de las conversaciones de La Habana y la necesidad de buscar apoyo popular para el proceso mismo.

-       El convencimiento de que la firma de la terminación del conflicto armado con la guerrilla de las FARC (y más adelante con el ELN) no se va a lograr – como lo quisieran – en tiempos expeditos, rápidos y cortos.

-       La inminencia de una campaña electoral que ya está encima y que obliga a buscar a la población para refrendar los avances del proceso.

Que el gobierno haya pasado de una actitud vacilante y temerosa a una más decidida y resuelta es algo notable que va a facilitar los avances no sólo en la mesa de negociaciones, sino en el entorno social que esas conversaciones requieren para ir construyendo un clima apropiado para la conquista de la paz.

Se debe destacar también el respaldo a la política de paz que la plana mayor de los empresarios antioqueños organizados en Pro-Antioquia le otorgó al presidente Santos en Medellín en la misma fecha. Es un hecho significativo.

Marcha Patriótica logra un triunfo político importante al tomar la iniciativa y conseguir que otras fuerzas y gobiernos (nacional y distrital) se sumaran a la iniciativa. Como principal convocante Marcha Patriótica da un paso adelante al proponerse una acción de este tipo en unidad de acción con Progresistas de Petro y con el mismo gobierno nacional. Demuestra que no le teme a alianzas multipartidistas y que piensa en las amplias mayorías populares – las no organizadas – que deben ser convocadas con un espíritu amplio e incluyente.

Gustavo Petro jugó a unificar simbólicamente las dos marchas. Estuvo con Santos en el acto de las víctimas y se puso al frente de la marcha de la Plaza de Bolívar. Al lado de Piedad Córdoba lideró el llamado a unir a la mayoría de los colombianos en torno a la causa de la Paz sin mostrar temor o mezquindad frente al hecho de que un avance sustancial del proceso de Paz puede – objetivamente – disparar positivamente la campaña de reelección de Santos.

Mientras tanto el Polo Democrático Alternativo PDA se pronunció a favor del proceso de Paz pero no llamó a sus bases a participar de la marcha por el hecho de que el gobierno de Santos se había sumado a la convocatoria. Primó el temor de confundirse con quienes apoyan la reelección de Santos y renuncia – de hecho – a dar la lucha por la Paz en el terreno de la verdadera política que exige mayor capacidad de acción y de riesgo.

Balance estricto

Es necesario hacer un balance estricto para no hacer cuentas alegres y sobredimensionar voluntaristamente los hechos. Veamos:

-       A nivel nacional no se consigue movilizar al ciudadano del común. En Bogotá y Pasto el impacto es un poco mayor. Fue una prueba destacada pero no es suficiente para superar el escepticismo que todavía existe entre la población en general.

-       El gobierno de Juan Manuel Santos pasó raspando su primera movilización por la Paz. Centró su participación en el tema de las víctimas como contentillo para no asustar a las fuerzas militares. Sin embargo, da un paso adelante en la dirección correcta.

-       La actitud de la mayoría de alcaldes y gobernadores fue vacilante, calculadora y temerosa. El gobierno se movió muy tarde y no logró un impacto nacional generalizado.

-       Tres sectores se unieron en la marcha por la paz. Marcha Patriótica fue la convocante, Gustavo Petro y progresistas se sumaron con decisión, y al final, el gobierno nacional – presionado por los ataques uribistas – se decidió a convocar a la población a marchar.  

-       El Polo Democrático Alternativo una vez más se equivoca en materia grave. Se muestra temeroso, mezquino e inseguro. Privilegia la política coyuntural frente a una meta de gran y mayor calado como es la conquista de la Paz. Se aísla y termina confluyendo con el uribismo.  

Conclusión

Lo que interesa a los demócratas colombianos (progresistas y revolucionarios) es que Santos se comprometa a fondo con la causa de la Paz. Que sin ningún temor enfrente a los enemigos de la Paz en todos los terrenos. Que convoque masivamente a la población a sumarse a esa causa. Nos interesa llegarle a decenas de millones de colombianos, así lleguen a las marchas y demás eventos o escenarios de la mano del gobierno. No importa.

La causa de la Paz sólo se conseguirá con ese gran torrente de opinión pública y participación masiva de ciudadanos del común. Con las solas fuerzas "organizadas" ya sea de izquierda o de la democracia progresista, no alcanza. Además, sólo llegándole a esas amplias mayorías es que podemos avanzar como Nación y como fuerzas democráticas.

Petro – se puede decir – se sintoniza mejor que todos con los diferentes escenarios, el de la institucionalidad, incluyendo la militar (a la que hay que llegar) y con los sectores organizados. Al interior de la Marcha Patriótica falta algo de claridad sobre eso de “que apoyamos el proceso de conversaciones pero no apoyamos a Santos”. La realidad es que quien apoya el proceso de paz actual, apoya parcialmente a Santos (como lo hace con claridad Piedad Córdoba), pero otra cosa es que nos casemos o no con una posible candidatura de Santos.

Por todo lo anterior podemos afirmar que a la totalidad de la izquierda colombiana le hace falta una estrategia política unificada (incluyendo la electoral). Dicha estrategia le permitiría actuar con mayor coherencia y disposición en la lucha por ganar a la opinión pública y a las amplias mayorías populares. Esa estrategia le facilitaría enfrentar tanto a Santos como a otros sectores que están vacilantes o decididamente contra el proceso de paz.

Las fuerzas democráticas y de izquierda pueden colocar los cimientos de la justicia social en el proceso de Paz si desarrollan esa estrategia amplia e incluyente. De lo contrario todo se jugará y decidirá en el estrecho marco de la mesa de negociaciones de La Habana.  

P.D. Coincide la realización de la Marcha por la Paz con el fortalecimiento de la delegación de las FARC en la Mesa de conversaciones y negociaciones de La Habana con nuevos integrantes representativos de esa organización insurgente. Es una buena noticia.

jueves, 14 de marzo de 2013

EL PARO CAFETERO: UNA REBELIÓN CÍVICO-POPULAR


EL PARO CAFETERO: UNA REBELIÓN CÍVICO-POPULAR
Popayán, 15 de marzo de 2013
Una verdadera rebelión cívico-popular se desarrolló al calor del paro realizado por los caficultores colombianos entre el 25 de febrero y el 8 de marzo de 2013. Lo que más llama la atención es la naturaleza del movimiento en donde participaron de una manera directa más de 120.000 manifestantes y aproximadamente un millón y medio de personas de forma indirecta.
¿Cuál es esa naturaleza? Para algunos analistas el paro fue cafetero, nada más. La verdad es que esta inmensa movilización comprometió a todos los sectores del gremio caficultor, desde el más pequeño parcelero y proletario recolector hasta el campesino rico y el empresario cafetero que se vieron representados por el “Movimiento por la Defensa y la Dignidad de los Caficultores”.
Pero además, en toda la región cafetera – que hoy comprende el eje cafetero tradicional (Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío, Norte del Valle y del Tolima) y departamentos como los del Cauca, Huila, Nariño, Caquetá, Putumayo y Santander –, se sumaron de diferentes formas al movimiento decenas de miles de personas que están vinculadas al sector cafetero por lazos de trabajo (jornaleros), comerciantes de toda clase, transportadores y compradores de café. Fue así como el paro nacional cafetero se convirtió, en efecto, en un gran paro cívico de la región andina colombiana.
Ello se manifestó claramente en la escogencia que se hizo de los sitios de concentración y de bloqueo, todos muy cerca de cabeceras de municipios cafeteros sobre carreteras nacionales y departamentales como Bolombolo y La Pintada en Antioquia; Irrá en Caldas; Belem de Umbría y Remolinos en Risaralda; Calarcá en Quindío; El Líbano y Boquerón en Tolima; Piendamó, Timbío, Galíndez, Pescador y Mondomo en el Cauca; Neiva, Garzón, Pitalito y Pescadero en el Huila; Chachagui y El Pilón en Nariño y 15 sitios más en diversos departamentos.  
Se debe resaltar la participación masiva del pequeño caficultor aunque todos los sectores cafeteros estuvieron representados y fueron partícipes  activos, ya que los organizadores del paro acertaron en hacer girar el centro del movimiento alrededor del problema del precio sin introducir el criterio de las distinciones por dimensión de área sembrada que el gobierno quiso manejar en las negociaciones para dividir el movimiento.
Es destacable la solidaridad manifiesta que se expresó en dos capitales de departamento como Popayán y Neiva, encabezada especialmente por el movimiento estudiantil y algunas organizaciones sociales. Pero además, el paro contó con una opinión pública francamente favorable a pesar de la campaña de desprestigio que el gobierno intentó montar con el argumento de siempre: la infiltración de la insurgencia o por las consecuencias que los bloqueos ocasionaban para la población del suroccidente colombiano, donde los bloqueos a la carretera panamericana fueron totales y absolutos.
El desarrollo del movimiento
Desde el año pasado los caficultores colombianos venían llamando la atención sobre diversos problemas que azotan éste sector de la agricultura nacional como la baja producción, la pérdida del ingreso por cuenta de los bajos precios internacionales y la revaluación del peso colombiano, el alto costo de los insumos – especialmente los fertilizantes –, la incapacidad para pagar los créditos bancarios y otra serie de problemas relacionados. En esa dinámica se movilizaron a Manizales el 13 de agosto de 2012 y desde ese momento hicieron conocer su pliego de exigencias que sólo hasta el 6 de febrero de 2013 fue respondido por el gobierno reiterando la ayuda aprobada el año anterior de $6.000 por arroba o $60.000 por carga de 125 kg.
Ante la insuficiente respuesta del gobierno los caficultores colombianos se aprestaron a cumplir con el paro anunciado para el 25 de febrero de 2013. El gobierno a última hora intentó abortar la movilización convocando para el domingo 24 a los dirigentes cafeteros a reunirse en Bogotá en horas de la tarde. La dirigencia del paro no se dejó distraer y se concentraron en la realización del movimiento que para mediados del primer día (lunes) ya tenía más de 20 sitios de concentración a lo largo y ancho de los departamentos comprometidos, a los cuales se sumaron contingentes importantes de cacaoteros de Santander concentrados en La Lezama (carretera entre Barrancabermeja y Bucaramanga) de los municipios de Cimitarra, San Vicente del Chucurí y Landázuri. Al cierre del día se calculaban entre 80.000 y 100.000 campesinos movilizados.
El gobierno juega al desgaste dejando que los días pasaran sin llamar a negociar e intenta mediante la represión policial, militar y de la ESMAD desalojar a los manifestantes de sus sitios de concentración y bloqueo, causando numerosos heridos y detenidos en diversos lugares de movilización. Los manifestantes consiguen el apoyo de nuevos contingentes que a finales de la semana superaban los 100.000 manifestantes.
El sábado 2 de marzo el gobierno se reúne con los representantes de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, gremio oficial que agrupa a la denominada institucionalidad cafetera y aparenta un “acuerdo” alrededor del aumento de la ayuda para la compra del café a razón de $5.500 por arroba o $55.000 por carga, quedando en la suma de $115.000 por carga de café para caficultores con menos de 20 hectáreas de cultivos y de $95.000 para quienes poseyeran más de 20 has.
Esa pantomima de acuerdo fue rechazada tajantemente por la dirigencia del paro y fue asumida como un agravio por parte de las bases cafeteras que ya no se sienten representados por la burocracia de la Federación. Tal trampa y burla hizo que nuevas y renovadas fuerzas de caficultores se movilizaran a los sitios de concentración y que los bloqueos de carreteras se fortalecieran. En el Cauca más de 5.000 indígenas nasa y Misak (guambianos) se unieron a la protesta.
Como se puede observar la firmeza y beligerancia del movimiento cafetero desnudó las falencias y la soberbia del gobierno que se negaba a negociar “bajo presión de bloqueos de vías carreteables”. Mientras tanto los medios de comunicación se encargaban de deslegitimar el paro tratando de enfrentar a la población de las ciudades sitiadas por los bloqueos, por diferentes clases de problemas como el desabastecimiento de combustibles y víveres, la insuficiencia de insumos hospitalarios en algunas regiones y otras situaciones propias de un movimiento de tal envergadura.
Es así como en la segunda semana de paro cafetero el gobierno se ve obligado a entablar conversaciones directas con los organizadores del paro, encargando al vicepresidente Angelino Garzón y al seudo-ministro “Lucho” Garzón la labor de mediadores, convocando para el miércoles 6 de marzo a la ciudad de Pereira a los organizadores del paro para buscarle una salida negociada al conflicto.
Los logros del paro
La negociación del pliego cafetero se centró en el tema del precio del café. El movimiento cafetero exigía un precio de sustentación alrededor de $700.000 por carga. Al final de dos días largos de negociaciones se acordó lo que el gobierno llamó un apoyo para la Protección del Ingreso Cafetero PIC que consiste en un valor de $145.000 por carga de 125 kg sobre el precio publicado por la Federación. Es así como se obtiene un incremento de 141% sobre la cifra de $60.000 y de 26% sobre los $115.000 que el gobierno había ofrecido en su frustrada negociación del 2 de marzo con la Federación.
De acuerdo al Acta del convenio “Cuando el precio base de compra sea inferior a los $480 mil por carga de café pergamino seco de 125 Kg., el PIC será de $165 mil por cada carga de café pergamino seco de 125 Kg.”. Así mismo se establece que “Este apoyo se entregará a los caficultores cuando el precio base de compra publicado por la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia sea inferior a los $700 mil por carga de café pergamino seco de 125 Kg.” y “En ningún caso la suma entre el precio base de compra y el PIC será superior a los $700 mil por carga de café”.
Es así como el punto central del movimiento se acerca a las expectativas de los caficultores colombianos representando para el gobierno la asignación de una partida de $830.000 millones de pesos del presupuesto nacional para cubrir dicho subsidio; monto de recursos económicos que irrigará la economía de más de 550 municipios cafeteros de 14 departamentos.
Para los demás puntos del pliego – créditos, costo de fertilizantes e insumos, minería en zonas cafeteras, importación del grano y otros – se acordaron mesas de trabajo con presencia ministerial que “sesionarán por 90 días a partir de la fecha de su instalación, para deliberar y obtener conclusiones, recomendaciones, acuerdos o decisiones”.
Entre los principales logros del paro se debe destacar haber vinculado a la lucha social (y política, en el mejor sentido de la palabra) a cientos de miles de productores cafeteros, que si bien habían luchado en la década de los años 90s del siglo XX por condonación de deudas bancarias y otros puntos relacionados, no lo habían hecho con la beligerancia, organización y cohesión que demostraron en esta ocasión.
Así mismo, además de la importante solidaridad obtenida por el movimiento a lo largo y ancho de la región cafetera, se podría afirmar que ésta histórica jornada va a inaugurar una nueva oleada de luchas sociales que están relacionadas íntimamente con las consecuencias de la aplicación de las políticas neoliberales impuestas en Colombia, que por efecto de la criminalización de la lucha social y la dura represión de las últimas décadas no había logrado la dimensión política que ha conseguido en el resto de Sudamérica.
Algunos significados del paro cafetero
Esta gran expresión de rebelión cívico-social y política ha demostrado que:
-       La crisis del sector agropecuario es profunda, estructural y se va a manifestar con mayor fuerza en el inmediato futuro en otros sectores productivos como el lechero, ganadero, arrocero, etc. Todo el modelo de apertura y de “libre comercio” ha sido puesto al desnudo. Las clases campesinas van a protagonizar nuevas luchas relacionadas con la política productiva y económica del país.
-       La situación del sector cafetero colombiano es de una insondable gravedad, no sólo por su baja producción y por los bajos niveles del ingreso del caficultor, sino porque todo el modelo productivo está en cuestionamiento y profunda crisis. La subordinación de los pequeños caficultores a los grandes exportadores colombianos y de todo el sistema cafetero colombiano a los intereses de las grandes transnacionales tostadoras y comercializadoras de café, es un hecho que se traduce en tal lamentable circunstancia.
-       La Federación Nacional de Cafeteros de Colombia es una institución paquidérmica, de tipo “corporativo”, controlada por el gobierno, alejada de los intereses de los caficultores, burocratizada y clientelizada, que requiere de una transformación democrática para ser puesta al servicio de los intereses de las amplias mayorías de productores.
-       El mapa cafetero ha cambiado. La producción se ha desplazado a departamentos como el Huila, Cauca y Nariño, en donde los pequeños y medianos productores han podido resistir – relativamente – la crisis del sector cafetero, acudiendo a mano de obra familiar y adecuando su cafetal a dinámicas de economía parcelaria campesina.
-       Se puede afirmar que una gran parte de los campesinos actuales tienen un pié en la finca y otro en un centro urbano en donde la familia encuentra educación y otros servicios públicos, pero además en donde se rebuscan económicamente combinando labores como la pequeña industria, artesanía, comercio, construcción, etc. El campesinado colombiano del siglo XXI es esencialmente distinto del que existía en el siglo XX.
-       Este gobierno de Juan Manuel Santos es muy débil frente al movimiento social. No sólo hubo imprevisión e incapacidad de leer la situación de los productores de café sino que existió una combinación de prepotencia, torpeza y soberbia a la hora de enfrentar el paro, lo cual en gran parte fue uno de los determinantes del éxito del movimiento.
-       La concreción de las reivindicaciones cafeteras (precios, créditos, costo de insumos, etc.) de fácil comprensión para el conjunto de los productores cafeteros, constituyó la base de la fortaleza del movimiento. Se unificó a todos los sectores y la consigna del precio movía a todas las partes interesadas. Grandes masas de productores dieron un paso hacia la protesta social. Esa es su fortaleza.
La perspectiva inmediata es encontrar puntos de acción coincidentes con otros sectores de la producción agropecuaria lo que le dará a la lucha y al movimiento un nivel superior en las reivindicaciones económicas y políticas. El camino ha quedado desbrozado.

jueves, 7 de febrero de 2013

COLOMBIA: ENTRE LA GUERRA Y LA PAZ


ENTRE LA GUERRA Y LA PAZ
Popayán, 7 de febrero de 2013
Es evidente que los diálogos entre la guerrilla de las FARC y el gobierno de Santos han entrado en una especie de embudo negativo. Tiene que ver con la contradicción que existe en la vida real entre un conflicto que se escala y se agudiza, y una mesa de conversaciones que intenta lenta y pausadamente conciliar posiciones encontradas.
El planteamiento de que sólo hasta que se lleguen a concertar la totalidad de los acuerdos para el fin del conflicto se puede hablar de cese de fuegos u otros pasos hacia la aclimatación de la Paz, se contrasta con la cruda y discordante realidad que consiste en que la escalada del conflicto coloca a la opinión pública – como está sucediendo – en contra del proceso de conversación y búsqueda de acuerdos.
Esa contradicción puede llegar a extremos y debe alertarnos. Consiste en que por más que se logren acuerdos importantes al interior de la mesa, a la hora de refrendar los pactos estos encuentren un clima de resistencia tan grande que – ya sea por el mecanismo que sea, referendo, consulta popular, asamblea constituyente o constitucional – el pueblo colombiano se exprese en contra de lo acordado.   
Por ello la dirigencia de la insurgencia – si en verdad quiere colocarse a la cabeza de la lucha por la Paz – debe, no solo tratar de entender a su contraparte en la mesa, ubicar claramente sus intereses e intenciones, comprender su enorme debilidad política frente al proceso, sino ponerse por encima de esas circunstancias asumiendo los riesgos de ganarse a la mayoría de los colombianos usando creativas y originales herramientas políticas.
Ya sabemos que agudizar y escalar el conflicto no es la salida más recomendable. Ello sólo fortalece a Uribe y debilita la precaria posición “conciliadora” de Santos, o lo que es lo mismo, fortalece la posición guerrerista que todavía se percibe en el establecimiento en general y que influye considerablemente en la opinión pública.
Le ha llegado la hora a la insurgencia de reafirmar su vocación pacifista, de hacer mayores sacrificios en ese sentido. El cese unilateral de fuegos – ya utilizado recientemente – debe ser una herramienta política. Así mismo, diversos mecanismos para regularizar el conflicto deben ser puestos en práctica de manera unilateral, así se constituyan en relativas ventajas militares para el ejército oficial.  
Es la única manera – práctica y concreta – que tiene la insurgencia de ponerse a la altura de los acontecimientos que vive América Latina. Es la única forma de colocarse, políticamente, a la cabeza de la lucha por la Paz y la Democracia en Colombia.
Sólo recurriendo a herramientas políticas, sólo asumiendo consistentes actitudes políticas, es como las FARC va a contribuir con el desarrollo de un gran movimiento de masas en Colombia que se coloque la suprema tarea de conquistar la Reconciliación y la Paz. 
Pedirle a la contraparte que actúe de la misma manera es idealismo. Partimos de observar a una burguesía financiera internacionalizada (transnacionalizada) que sólo recientemente empieza a tomar conciencia de sus posibilidades en el marco de una Latinoamérica en proceso creciente de unificación. Somos conscientes de que es una burguesía débil políticamente aunque – económicamente – ya ha subordinado al latifundismo ganadero.
Por ello no debe sorprendernos que el gobierno hable al mismo tiempo de Paz y de guerra; por ello no debe impresionarnos que sea incapaz de declarar un cese bilateral de fuegos o siquiera se atreva a concertar una regularización del conflicto; por ello no debe asustarnos con sus continuas vacilaciones. Tiene tras de sí a la rancia oligarquía terrateniente que cuenta todavía con una gran influencia en la cúpula del ejército, de un ejército antinacional y entreguista de nuestra soberanía, y de unos medios de comunicación que hacen eco interesado y negativo de cualquier acción militar que emprenda la insurgencia.
Por parte de las organizaciones sociales y políticas que están por construir Paz con justicia social, debemos entender que lo que ocurra con el proceso de diálogos en La Habana y todo lo que tiene que ver con el conflicto armado, está en el centro de esa lucha, y que por tanto, debemos presionar consistente y permanentemente a todos los actores del conflicto para que no sólo avancen las conversaciones por buen rumbo sino que consigamos – entre todos – crear un clima de confianza, credibilidad y seguridad en el proceso, que haga posible la reconciliación pronta y duradera entre los colombianos.
De no crearse ese clima, de no mostrar riesgos y arrojos para conseguir la superación del conflicto armado y por ende, de no encontrar formas creativas para transitar por caminos de Paz y Reconciliación, seguro vamos a enfrentar otras cuantas décadas de violencia fratricida que impiden – como lo han impedido – el tránsito de nuestra Colombia hacia una democracia plena y a una vida en plenitud. 
Entre la guerra y la Paz vivimos a diario. Que ceda la guerra y crezca la Paz. Es lo que necesitamos con urgencia.

COLOMBIA: ENTRE LA GUERRA Y LA PAZ


ENTRE LA GUERRA Y LA PAZ
Popayán, 7 de febrero de 2013
Es evidente que los diálogos entre la guerrilla de las FARC y el gobierno de Santos han entrado en una especie de embudo negativo. Tiene que ver con la contradicción que existe en la vida real entre un conflicto que se escala y se agudiza, y una mesa de conversaciones que intenta lenta y pausadamente conciliar posiciones encontradas.
El planteamiento de que sólo hasta que se lleguen a concertar la totalidad de los acuerdos para el fin del conflicto se puede hablar de cese de fuegos u otros pasos hacia la aclimatación de la Paz, se contrasta con la cruda y discordante realidad que consiste en que la escalada del conflicto coloca a la opinión pública – como está sucediendo – en contra del proceso de conversación y búsqueda de acuerdos.
Esa contradicción puede llegar a extremos y debe alertarnos. Consiste en que por más que se logren acuerdos importantes al interior de la mesa, a la hora de refrendar los pactos estos encuentren un clima de resistencia tan grande que – ya sea por el mecanismo que sea, referendo, consulta popular, asamblea constituyente o constitucional – el pueblo colombiano se exprese en contra de lo acordado.   
Por ello la dirigencia de la insurgencia – si en verdad quiere colocarse a la cabeza de la lucha por la Paz – debe, no solo tratar de entender a su contraparte en la mesa, ubicar claramente sus intereses e intenciones, comprender su enorme debilidad política frente al proceso, sino ponerse por encima de esas circunstancias asumiendo los riesgos de ganarse a la mayoría de los colombianos usando creativas y originales herramientas políticas.
Ya sabemos que agudizar y escalar el conflicto no es la salida más recomendable. Ello sólo fortalece a Uribe y debilita la precaria posición “conciliadora” de Santos, o lo que es lo mismo, fortalece la posición guerrerista que todavía se percibe en el establecimiento en general y que influye considerablemente en la opinión pública.
Le ha llegado la hora a la insurgencia de reafirmar su vocación pacifista, de hacer mayores sacrificios en ese sentido. El cese unilateral de fuegos – ya utilizado recientemente – debe ser una herramienta política. Así mismo, diversos mecanismos para regularizar el conflicto deben ser puestos en práctica de manera unilateral, así se constituyan en relativas ventajas militares para el ejército oficial.  
Es la única manera – práctica y concreta – que tiene la insurgencia de ponerse a la altura de los acontecimientos que vive América Latina. Es la única forma de colocarse, políticamente, a la cabeza de la lucha por la Paz y la Democracia en Colombia.
Sólo recurriendo a herramientas políticas, sólo asumiendo consistentes actitudes políticas, es como las FARC va a contribuir con el desarrollo de un gran movimiento de masas en Colombia que se coloque la suprema tarea de conquistar la Reconciliación y la Paz. 
Pedirle a la contraparte que actúe de la misma manera es idealismo. Partimos de observar a una burguesía financiera internacionalizada (transnacionalizada) que sólo recientemente empieza a tomar conciencia de sus posibilidades en el marco de una Latinoamérica en proceso creciente de unificación. Somos conscientes de que es una burguesía débil políticamente aunque – económicamente – ya ha subordinado al latifundismo ganadero.
Por ello no debe sorprendernos que el gobierno hable al mismo tiempo de Paz y de guerra; por ello no debe impresionarnos que sea incapaz de declarar un cese bilateral de fuegos o siquiera se atreva a concertar una regularización del conflicto; por ello no debe asustarnos con sus continuas vacilaciones. Tiene tras de sí a la rancia oligarquía terrateniente que cuenta todavía con una gran influencia en la cúpula del ejército, de un ejército antinacional y entreguista de nuestra soberanía, y de unos medios de comunicación que hacen eco interesado y negativo de cualquier acción militar que emprenda la insurgencia.
Por parte de las organizaciones sociales y políticas que están por construir Paz con justicia social, debemos entender que lo que ocurra con el proceso de diálogos en La Habana y todo lo que tiene que ver con el conflicto armado, está en el centro de esa lucha, y que por tanto, debemos presionar consistente y permanentemente a todos los actores del conflicto para que no sólo avancen las conversaciones por buen rumbo sino que consigamos – entre todos – crear un clima de confianza, credibilidad y seguridad en el proceso, que haga posible la reconciliación pronta y duradera entre los colombianos.
De no crearse ese clima, de no mostrar riesgos y arrojos para conseguir la superación del conflicto armado y por ende, de no encontrar formas creativas para transitar por caminos de Paz y Reconciliación, seguro vamos a enfrentar otras cuantas décadas de violencia fratricida que impiden – como lo han impedido – el tránsito de nuestra Colombia hacia una democracia plena y a una vida en plenitud. 
Entre la guerra y la Paz vivimos a diario. Que ceda la guerra y crezca la Paz. Es lo que necesitamos con urgencia.

jueves, 31 de enero de 2013

PETRO... ¡EL PUEBLO TE VA A PREMIAR!


PETRO... ¡EL PUEBLO TE VA A PREMIAR!

Popayán, 31 de enero de 2013

Petro, el pueblo te va a premiar. No importa lo que digan los medios de comunicación, si sigues por el camino por donde vas… el pueblo te va a premiar.

Si continúas golpeando – así sea parcialmente – a los monopolios privados que se han apoderado de las rentas y Servicios Públicos del Distrito Capital y entregas estos negocios a los pobres, el pueblo te va a premiar.

Si consigues hacer que ese esfuerzo se traduzca concretamente en la rebaja de las tarifas de los servicios domiciliarios, el pueblo te va a premiar.

Si logras derrotar plenamente a las mafias y carteles de la corrupción que todavía deben estar al acecho dentro de la administración distrital, el pueblo te va a premiar.

Es evidente que no todo se puede hacer de la noche a la mañana, pero si mantienes y muestras la capacidad de cambio que hasta ahora has mostrado – fortaleciendo la democracia en lo económico –, el pueblo te va a premiar.

No te dejes amedrentar por quienes en el pasado ya estuvieron en la administración distrital y no hicieron lo que había que hacer. Si sigues adelante, el pueblo te va a premiar.

Si no te dejas intimidar por quienes creen que gobernar “desde la izquierda” consiste sólo en hacer más de lo mismo y “administrar la cosa pública con honestidad y honradez”, y no se atreven a tocar los grandes intereses capitalistas y monopólicos que se han apoderado no sólo de la administración distrital sino de todo el Estado colombiano, el pueblo te va a premiar. 

Sabemos que tú no te acobardas al ver que los dirigentes de izquierda que no fueron capaces de enfrentar la corrupción política y administrativa de Samuel Moreno, ahora se rasgan las vestiduras sumándose al coro de los que te acusan de “improvisación”. Todos sabemos que – en la práctica – ellos no fueron capaces de colocar los mojones para seguir un nuevo camino. Si continúas por esta nueva senda, el pueblo te va a premiar.

No te olvides Petro que hasta ahora ningún alcalde de una importante ciudad capital se había atrevido en tan poco tiempo a enfrentar los poderes sagrados del gran capital monopólico. Mucha gente en toda Colombia observa tu lucha como la pelea que hay que dar en todas partes para recuperar para la ciudadanía lo que nunca se debió privatizar. Si sigues en la defensa de lo público, el pueblo te va a premiar.

Lo más importante es no “dar papaya”. Para quienes les es difícil “coger el toro por los cuernos”, consideran que lo sucedido el 18 de diciembre de 2012 con el tema de las basuras, no debió haber pasado. Lo que no saben o si lo saben lo niegan, es que ese momento no podía dejarse pasar y que un ente estatal – obligatoriamente – debía intervenir “el mercado de las basuras”, para poder iniciar un período de transición y que un regulador estatal interviniera la contratación. Eso fue un riesgo pero a veces toca hacerlo. Si lo sigues haciendo mejor, el pueblo te va a premiar.

¿Qué tocó improvisar frente a una situación difícil? ¡Claro que sí! Pero en una valoración esencial lo que se debe observar es el objetivo a alcanzar y la forma de hacerlo. Lo importante es golpear a los monopolios capitalistas privados y convertir en propietarios a los pobres buscando el acompañamiento masivo de la población entre ellos los recicladores. Lo superfluo es quedarnos mirando la “forma administrativa” que necesariamente tenía que ser provisional y de alguna manera “improvisada”. Si sigues arriesgando cuidándote de no dar “papaya”, el pueblo te va a premiar.

Si haces más pedagogía pública, si muestras lo que realmente eres para demostrar que la soberbia que te achacan no es más que incapacidad de comprenderte, entonces, el pueblo te va a premiar.

Si no te dejas encerrar de los medios de comunicación y de ciertos periodistas que se alimentan del gran capital, y presentas a la ciudadanía bogotana y a la opinión pública nacional lo que en un año ya puedes mostrar (mínimo vital de agua, rebaja en tarifas de trans-milenio, gestión de nuevo tipo en el sector público de la salud, recuperación del Hospital San Juan de Dios, intervención en el monopolio de las basuras, etc.), entonces, el pueblo te va a premiar.

Si consigues lo más difícil, que es hacer entender a la ciudadanía que una cosa es el aparato de gobierno distrital – o sea, la institucionalidad vigente con todas sus limitaciones heredadas –, y otra cosa es tu voluntad e intención de cambio, el pueblo te va a premiar.

Si sigues por el camino trazado… el pueblo nos va a premiar a todos con el apoyo a una nueva visión de País y de combate a la pobreza.

Sigue adelante estimado Petro que el pueblo te va a premiar.

jueves, 24 de enero de 2013

COLOMBIA: CONFRONTACION POLITICA Y ESCENARIOS POSIBLES


¿De pelea de compadres a enfrentamiento abierto?

Colombia: Confrontación política y escenarios posibles

Popayán, 24 de enero de 2013

Como estaba previsto el gremio ganadero de FEDEGAN, encabezado por su presidente José Félix Lafaurie, en entrevista con Yamit Amat[1], se dirige lanza en ristre y con toda fuerza, no sólo contra los diálogos que se llevan a cabo en La Habana entre el gobierno y la insurgencia, sino contra el mismo gobierno de Juan Manuel Santos.

Los argumentos contra el proceso de Paz son reiterativos y contradictorios: absoluta desconfianza en la voluntad de paz de las FARC. Lo que afirma Lafaurie se puede resumir así: 1. Las FARC no han abandonado la pretensión de tomarse el poder por las armas. 2. No tienen unidad de mando. 3. Son narcotraficantes y terroristas que pretenden “lavar activos y tierras ilegales”. 4. Aspiran a una absoluta impunidad. 5. El país no aceptará una paz ventajosa para la guerrilla.

Pero en el conjunto de la entrevista mencionada y de otras de las intervenciones públicas de Lafaurie, lo que se percibe por parte de este dirigente gremial de los ganaderos es su absoluta negación a considerar cualquier tipo de política agraria que afecte los intereses de los grandes latifundistas tradicionales y emergentes (muchos de ellos de origen criminal). Ese es su eje central.

Su posición de no asistir al Foro sobre Política de Desarrollo Agrario Integral (Enfoque Territorial) organizado a mediados de diciembre de 2012 por la ONU y el Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz de la Universidad Nacional a instancias de la Mesa de diálogos de La Habana, y los argumentos basados en que de ese Foro no saldría ninguna decisión consensuada, ya habían mostrado que ese gremio se enfrentaría con el gobierno de Santos.

Pero lo que no se dice en la entrevista es lo que hay que dilucidar. A lo que más le teme la oligarquía latifundista es al avance democrático que pueda tener el país con los cambios políticos y sociales que surgirán de la superación del conflicto armado. Saben que la política de “miedo al terrorismo” ha sido una herramienta muy efectiva para mantener engañado al pueblo y no quieren renunciar a ese útil instrumento. 

A las declaraciones de Lafaurie se suma la confrontación abierta entre Santos y Uribe, que en la semana anterior se manifestó crudamente con el tratamiento de “canalla” y “mentiroso redomado” que le dio el ex-presidente Uribe al actual titular (por twiter) con ocasión de una entrevista que Santos concedió al programa “Hora 20” de la cadena radial Caracol. 

Se agudiza así, la confrontación entre el latifundismo ganadero encabezado por Uribe y la burguesía transnacionalizada que representa Santos. El presidente del gremio ganadero más importante de Colombia lo trata de entreguista de los intereses nacionales a la guerrilla y el ex-presidente Uribe lo califica de canalla y mentiroso.

Como ya lo hemos señalado en anteriores artículos no se trata de cualquier pelea de compadres. Han sido compadres pero algo más de fondo los enfrenta. La lucha política se ha abierto, Uribe prepara su candidatura al Senado y alista sus alfiles para construir una competitiva candidatura a la presidencia de la república que enfrente a Santos en la campaña de 2014.

Las causas de fondo

En forma sintética hemos afirmado que dos temas centrales dividen a estos dos sectores de la clase dominante colombiana. Uno, la necesidad de bajar el costo de la renta del suelo, uno de los más caros de la región[2], por parte de sectores de la burguesía que aspira – en alianza con grandes empresas transnacionales de todo el mundo – a participar de los proyectos minero-energéticos y de los  agro-negocios relacionados con la producción de etanol y biodiesel (caña de azúcar y palma aceitera) y con la producción de productos de agro-exportación (soya, maíz, cafés robustas, cultivos forestales y otros).[3]

Es evidente que esta aspiración (bajar el valor de la tierra), que está plasmada en estudios realizados por la Sociedad de Agricultores de Colombia SAC, se entrelaza con la negociación de un pacto de Paz con la insurgencia que además de superar y terminar el largo conflicto armado colombiano, establezca condiciones óptimas para la inversión nacional y extranjera en el campo.

El otro tema que enfrenta a estos dos sectores oligárquicos es el relacionado con la visión geopolítica del mundo. La burguesía financiera internacionalizada – encabezada por los grandes grupos económicos como los Sarmiento Angulo, Ardila Lulle, el Sindicato Antioqueño, Santodomingo y otros –, sabe que no puede vivir eternamente de la renta del suelo y de la especulación rentística del mismo, y que frente a la crisis que vive el sistema capitalista mundial, ellos deben aprovechar las inmejorables condiciones que se están presentando a nivel internacional para intervenir en dichos negocios.

La diferencia esencial que tienen con los latifundistas ganaderos y demás terratenientes emergentes consiste en su posición frente a los EE.UU. Mientras que los representantes políticos del latifundismo (Uribe y Cía.) se ubican en la vieja confrontación entre USA y la amenaza comunista, entre  el “mundo libre” y el “totalitarismo de izquierda”, la burguesía transnacionalizada que está liderada en América Latina por los capitalistas brasileños, realizan alianzas estratégicas con sectores de los trabajadores (PT, Lula) y con sectores medios de la sociedad, para constituir un bloque regional de poder económico y político que les permita jugar en el concierto internacional.

En cierto sentido, podríamos afirmar que esa burguesía transnacionalizada brasileña, desde hace varias décadas venía construyendo una especie de “nueva” conciencia de clase nacional y supra-nacional (“latinoamericanista”), y ante la crisis de decadencia del imperio estadounidense, va arrastrando hacia sus posiciones a burguesías tradicionalmente entreguistas y anti-nacionales como las de Colombia, Chile, México, Perú y otros países de la región.

Esa burguesía transnacionalizada apuesta también a que los gobiernos revolucionarios de Venezuela, Ecuador y Bolivia se limiten a políticas de redistribución del ingreso y de asistencia social, que en el marco de las políticas neoliberales ya habían sido diseñadas con el pomposo nombre de “transferencias condicionadas en efectivo”[4], y realicen algunas nacionalizaciones en sectores estratégicos de la economía pero no profundicen en políticas de expropiación masiva de los medios privados de producción. ¿Si ellos negocian con China – que mantiene a nivel político un régimen centralizado – por qué no podrían aceptar que países de la región asuman otros modelos de desarrollo?   

Para la oligarquía latifundista – que todavía concibe la política y las relaciones internacionales en términos coloniales – esa posición es inconcebible. Para esa oligarquía gran-terrateniente, políticos gobernantes como Chávez, Correa o Evo Morales son encarnaciones de Fidel Castro y del comunismo del siglo XX, son “amenazas a la democracia” que deben ser enfrentadas abiertamente. Y para ellos su principal aliado siempre será la falange derechista enclaustrada en el Departamento de Estado de los EE.UU. y en la CIA. En eso no tienen la más mínima duda.

La confrontación y su desarrollo

La andanada de Lafaurie no es sólo “politiquería contra la paz”. Va mucho más allá. Se trata de la lucha por el poder político. Es un paso más en la escalada por polarizar el país entre quienes aspiran a cambios democráticos y quienes se niegan a visualizar y considerar un pacto por la democracia y la paz.

Que el gremio más poderoso de los ganaderos colombianos se enfrente a un gobierno que en gran medida fue elegido por ellos mismos, es un hecho que no se puede dejar pasar. Que usen los medios de comunicación para tratar de sabotear el desarrollo de las conversaciones entre la insurgencia y el gobierno, es lo menos que se puede esperar de ellos. Lo que no se puede descartar es que utilicen los contactos que todavía tienen con los antiguos grupos paramilitares para reorganizar fuerzas armadas contrainsurgentes, que de alguna manera ya vienen actuando contra los líderes de los procesos de restitución de tierras, reparación de las víctimas y otros dirigentes sociales. Eso es mucho más grave.

En ese sentido la insurgencia debe valorar con toda claridad el momento. Es evidente que la terminación del plazo establecido desde el 20 de noviembre pasado del cese de fuegos unilateral coincide con esta campaña agresiva contra el proceso de Paz, y en la medida en que la guerra nuevamente arrecie en el campo, los enemigos del proceso de diálogos van a echarle más leña al fuego.

Los acostumbrados cálculos que puede hacer la insurgencia sobre los efectos que pueda traer una escalada militar contra fuerzas gubernamentales o contra la infraestructura productiva en el escenario de la negociación, pueden estar totalmente equivocados. Es claro que – a nivel de opinión pública – van a debilitar la posición del gobierno y van a fortalecer a los enemigos del proceso de paz. Es evidente que el gobierno va quedando en un emparedado, en donde por un lado las FARC le exigen cese bilateral de fuegos, regularización del conflicto y reformas democráticas para el sector agrario mientras los grandes latifundistas rechazan cualquier cambio en todos los terrenos.

¿Cual puede ser el desenlace? ¿Cuáles los escenarios posibles?

De acuerdo a las fuerzas sociales y políticas que se mueven en el entorno político colombiano podemos visualizar – entre otros – los siguientes escenarios en el inmediato futuro:

1. Escenario ideal para las fuerzas democráticas (poco probable): Avance de las negociaciones, fortalecimiento político de esa expectativa acompañada de grandes movilizaciones sociales que presionen por un cese bilateral de fuegos y por la superación del conflicto. Elección en 2014 de un candidato de fuerzas democráticas y populares.

2.    Escenario ideal para las fuerzas retardatarias (relativamente probable): Agudización y mayor degradación de la guerra interna, rompimiento de los diálogos y frustración del proceso. Elección de un gobierno uribista.

3.  Escenario ideal para las fuerzas “santistas” (muy probable): Alargue de las conversaciones sin que la sociedad logre movilizarse con fuerza y contundencia. Situación de “stand bye”, expectativa moderadamente optimista y elecciones de 2014 en medio del proceso de diálogos. Reelección de Santos.

4.    Escenario incierto: Continuación de las conversaciones en un clima de polarización cada vez más ácido y beligerante. Debilidad gubernativa, crisis de representación y fortalecimiento del conflicto en todos los órdenes. Elección precaria de un gobierno santista, uribista o alternativo.

La variable principal que determina que estos escenarios se presenten o no, está determinado por el posicionamiento político de las conversaciones a nivel de la sociedad, la capacidad de ésta para hacerse escuchar del gobierno y de la insurgencia, y la movilización social y política por la terminación consensuada del conflicto armado que vive la nación.

Sin embargo, esa variable también depende del comportamiento en la mesa y fuera de ella de los actores políticos (guerrilla, gobierno, oposición de derecha y de izquierda, movimientos sociales), que juegan a favor o en contra de esa participación social en el tema del conflicto armado y la Paz.

En los próximos meses los escenarios posibles serán más visibles a la luz de los acontecimientos sobrevinientes. La pelea de compadres poco a poco se convierte en una confrontación directa y abierta al interior del bloque de poder. Las fuerzas democráticas y sociales tienen la mesa servida pero se encuentran dispersas y desorientadas. Habrá que esperar la evolución de los hechos.  


[1] Ver: “El proceso de paz no va para ninguna parte: presidente de FEDEGAN”: http://m.eltiempo.com/politica/el-proceso-de-paz-no-va-para-ninguna-parte-presidente-de-fedegan/12531004/1/home

[2] Portafolio – “Colombia tendría la tierra más cara de la región, según la SAC”: http://www.portafolio.co/archivo/documento/MAM-3694233

[3] Ver: Héctor Mondragón. “¡Es la renta de la tierra!”: http://viva.org.co/cajavirtual/svc0329/articulo02.html

[4] Las transferencias condicionadas en efectivo (TCE) significan un instrumento de política social focalizada  a hogares en condición de pobreza y pobreza extrema.  Las TCE son cantidades de dinero en efectivo que se entregan en forma directa con cierta periodicidad, a cambio del cumplimiento de una o varias condicionalidades. Generalmente las condicionalidades que deben cumplir los hogares son: asistencia regular a la escuela, visitas periódicas a los centros de salud, y en algunos programas se condiciona al nivel nutricional de los niños.