lunes, 20 de julio de 2015

EL VIEJO ROMÁN CAJIAO

EL VIEJO ROMÁN CAJIAO

Conocí al viejo Román Cajiao cuando se acercaba a sus 60 años. Era un campesino negro de cuerpo menudo que vivía en la vereda Caponera al norte del municipio de Caloto, muy cerca de la localidad de Villarrica. Era el administrador del acueducto interveredal que prestaba servicio a otras veredas vecinas como Guabito, Barragán y Quintero. El acueducto funcionaba mediante el sistema de bombeo, contaba con un tanque elevado y el agua no era de la mejor calidad.

Me recibió en la entrada de su humilde casa de habitación. A pesar de su figura menuda tenía unos gruesos brazos y unas manos enormes. Transpiraba fortaleza y tranquilidad. Su mirada serena e inteligente generaba – al instante – confianza y certidumbre. Representaba con nitidez a su raza. La bondad le brotaba en forma natural. A veces reía burlonamente mostrando sus fuertes dientes que ya estaban un poco amarillentos pero que – al igual que todos sus congéneres –, era uno de sus motivos de orgullo. “Hasta ahora no he perdido ni una muela” decía con su voz ronca, gruesa y espesa, que me recuerda a los cantantes de jazz de los EE.UU. En fin, don Román Cajiao era todo un personaje.

Cajiao era el típico campesino que se resistió a la invasión de la caña de azúcar. Era un ejemplo de perseverancia por defender su “finca tradicional”. Hizo hasta lo imposible por evitar que su familia desistiera de la lucha por defender su tierra y terminara por vender su predio a uno de los ingenios azucareros del Valle o a algún testaferro enviado por ellos. Me relataba decenas de casos de cómo habían engañado a sus vecinos o conocidos para obligarlos a vender. Utilizaron hasta la Caja Agraria para endeudar a los campesinos para sembrar cultivos transitorios como maíz, millo, sorgo o la misma caña, los “orientaban” con mala fe y los llevaban a la quiebra sabiendo que detrás venían los grandes terratenientes comprando las hipotecas. Así se apoderaron de las tierras, aprovechándose de la ingenuidad de los campesinos negros de la región.  Todo ello está contado con mucho detalle en los libros escritos por Miguel Taussig, un australiano que en los años 70 realizó investigación social en la región y que se hizo llamar Mateo Mina. Don Román lo conoció personalmente dado que vivió en la vereda Caponera durante una parte del tiempo que estuvo investigando en la zona.  

El viejo Cajiao era un hombre maravilloso. Daba el pecho sin una queja. Sabía que moriría en su terruño y que nadie lo sacaría de allí. Por eso rodeó su finca de árboles frutales, entre ellos de aguacate, para tratar de evitar la “plumilla” de la caña y los vapores contaminantes que los agroindustriales cañicultores utilizaban para fumigar las extensas áreas sembradas en caña que rodeaban las pequeñas fincas de los campesinos negros que resistían en forma paciente, callada y valerosa. Asesoraba y animaba a sus vecinos para no aflojar, encabezaba los pleitos por el manejo del agua, realizaba gestiones para mejorar los servicios públicos, estaba pendiente del funcionamiento de la escuela y del puesto de salud, y buscaba asistencia técnica para tratar de mantener y mejorar los cultivos asociados a la finca tradicional y alternativos a la caña. Su maravilla – desde mi punto de vista – consistía en su inmensa facultad de ponerse en los zapatos del otro.

Él me enseñó la capacidad de perdón que es uno de los sentimientos que portan los descendientes de los esclavos negros traídos desde el África. No lo dicen pero he descubierto que guardan ese sentimiento al interior de sus almas. Muchos confunden esa actitud con la conformidad o la pasividad abyecta. Pero no, el negro es de por sí orgulloso. Tiene conciencia de su fuerza. A veces le capto una especie de temor o miedo a  liberar su energía reprimida, que él sabe que puede lastimar a otros.

Durante las guerras de independencia los contingentes guerreros conformados por hombres adultos y jóvenes negros denominados “los macheteros” del Patía y del Cauca (que eran del norte del Cauca), nombres que hoy portan en sus insignias algunos batallones del ejército colombiano, eran muy apetecidos por los caudillos militares de la época. La tradición del machetero surgió del arte de la vara que desde tiempos inmemoriales practicaron los pueblos africanos. Era un arte de la guerra mediante el cual se disciplinaba al niño desde su más tierna edad. Todavía lo practican los Massai y otros pueblos en lo profundo del África Central y en Etiopía.

Los españoles les cambiaron la vara por la espada y más adelante, en forma espontánea el “arte de la esgrima” se convirtió en una tradición negra de nuestras regiones. En la guerra, la fuerza y velocidad de un machete eran superiores al arcabuz, que al ser disparado por su portador, si no conseguía dar en el blanco o inutilizar a su oponente, perdía su eficacia. Son famosas las aventuras y peripecias de afamados macheteros que mataron con su filo certero a decenas de oponentes antes de ser heridos o muertos en combate. 

El viejo Cajiao sabía eso y mucho más. Al igual que don Sabas Casaram, un viejo patriarca negro quien fue cadete y perteneció al Batallón Presidencial, que murió no hace mucho tiempo en Puerto Tejada, tenían en alta estima su raza y su nobleza de siempre. Era otro hombre sabio, oriundo de Buenos Aires, con una gran cultura y una memoria prodigiosa. Siempre reivindicó al negro por encima de quienes tanto los lastimaron. Me haría largo en mencionar nombres de hombres y mujeres notables de nuestra gente negra, nobles de corazón a quienes siempre llevaré en mi mente. No puedo dejar de mencionar a Luis David Mosquera, una especie de historiador natural del Patía. Tampoco puedo olvidar a don Ramón Ibarra, a quien conocí con una edad de más de 100 años montando de a caballo y visitando sus varias mujeres y sus numerosos hijos a lo ancho y largo del Valle del Patía. Menos olvidaré a Inocencia Balanta, maestra de escuela de El Ciprés descendiente de los negros cimarrones del Palenque del Castigo (Capellanías) o a Julio Mosquera de los negros de Jamundí y Timba pero que había migrado al sur de El Tambo.

El verdadero Amador Carabalí era un negro curtido de sufrir, campesino de Quilcacé quien me contó historias de lucha y de sufrimiento que nunca se borrarán de mi mente porque hacen parte de mí. A ellos y a tantos amigos y amigas de la zona sur del municipio de El Tambo, les dedico este capítulo.

martes, 14 de julio de 2015

EL MUNDO CAMBIA A PASOS ACELERADOS

EL MUNDO CAMBIA A PASOS ACELERADOS
- Euroasia - encabezada por Rusia y China - es el nuevo poder hegemónico global.
- Europa se hunde como proyecto solidario (humilla y sacrifica a Grecia).
- EE.UU. agacha la cabeza y hace a un lado a Israel (acuerdo con Cuba e Irán).
- América Latina se libera de EE.UU. (pero le falta consolidar su unión).
- La crisis económica y financiera global se profundiza (más desempleo y pobreza).
- El sujeto social que emerge es el cognitariado precariado ("profesionales precariados" que es el mismo proletariado de siempre pero con una nueva forma).
- Una contra-economía paralela post-capitalista surge paulatinamente aprovechando la tercera revolución tecnológica (los "prosumidores"-productores y consumidores a la vez- usando el Internet de las Cosas recrean el Pro-común Colaborativo que es una nueva forma de socialismo).
Colombia también cambia... termina el conflicto armado y se prepara para construir verdadera democracia.
Espere los desarrollos de esta idea...http://redsomosciudadanos.blogspot.com/

lunes, 13 de julio de 2015

GRECIA Y EL MOVIMIENTO GLOBAL DE RESISTENCIA

De cómo los “maximalistas de izquierda” convierten el NO en SI
GRECIA Y EL MOVIMIENTO GLOBAL DE RESISTENCIA
Bogotá, 12 de julio de 2015
El pueblo griego emitió un contundente NO a la política de austeridad que viene imponiendo la “troika” compuesta por el FMI, el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Europea (CE).
Los alcances y límites del NO
Hay quienes interpretan el NO como un salto al vacío. Lo relacionan con alguna de estas situaciones: 1. Negarse a pagar totalmente la deuda o declararla absolutamente impagable. 2. Salirse de la Unión Europea y del Euro. 3. Derrocar a la oligarquía griega y “hacer” la revolución socialista. 4. Entregarse totalmente a la órbita de Rusia, China y los BRICS.
La verdad es que el referendo que impulsó y logró el NO, es una estrategia política para ganar tiempo. La intención visible para el pueblo griego que lo apoyó es  renegociar y reestructurar la deuda en mejores condiciones, lograr la condonación de una parte de ella, y sobre todo, impulsar un movimiento en toda Europa contra el poder omnímodo de la “troika”, contra la política de recortes sociales y la llamada “austeridad”.
Además, el gobierno de Tsipras ha puesto la lucha por “democracia real” en primera línea. Al convocar al pueblo a pronunciarse mediante un referendo está enfrentando la esencia de la democracia representativa. La consulta popular es una figura que se asemeja a una gran Asamblea Pública, eje central de la democracia directa que le dio vida a esta forma de gobierno que inventaron los griegos.
La campaña por el “NO” derrotó la campaña del miedo desarrollada por el gran capital. El pueblo griego venció a los partidos y a los medios de comunicación oligárquicos, a todos aquellos que temían perder lo mucho o poco que poseen ante la eventualidad de salir del “euro” y, a los escépticos y pesimistas que existen en todas partes.
Es preciso entender –para no transformar el triunfo en derrota–, tarea en la cual los “maximalistas” son expertos, que por ahora, las transformaciones estructurales que golpeen al neoliberalismo y al mismo capitalismo, no podrán ser ni siquiera planteadas en el inmediato futuro, por cuanto el gran capital tiene arrinconado al pueblo griego. Se necesita respirar, tomar aliento y buscar la forma de reaccionar a la ofensiva. Por ahora, nos tienen a la defensiva.
Además, la trampa en que están metidos los pueblos de los países económicamente más débiles de Europa hace imposible una solución por separado. El poder del “euro”, en manos principalmente de los bancos alemanes, transfiere permanentemente riqueza de los países pobres a los ricos, renta del trabajo al gran capital. El problema es de todos los europeos. El pueblo helénico dio un primer paso en la dirección correcta, pero puede –indudablemente– salir sacrificado. No obstante, ya mostró con valentía un camino a seguir.
La crisis económica –que no es sólo una crisis financiera coyuntural sino una manifestación más de la crisis sistémica del capitalismo– ha empujado en ese mismo sentido a amplios sectores sociales de varios países europeos y del mundo que sufren las políticas de austeridad impuestas por la burguesía financiera y el imperio capitalista.
Los alcances y límites de los gobiernos democráticos y progresistas
Es indispensable entender que ni Syriza ni ningún gobierno democrático –tanto en Europa como en América Latina– está en condiciones, ahora, YA, de romper y enfrentar al poder del capital financiero con medidas anti-capitalistas. No pueden lanzarse a aventuras individuales y correr el riesgo de tener que enfrentar bloqueos financieros y económicos como el que ha sufrido Cuba durante más de 50 años. Por eso se requiere mucho tacto, prudencia y gran visión estratégica.
Lo que vienen haciendo los gobiernos democráticos y progresistas de América Latina –en  términos estrictamente económicos– es lo que se puede hacer. Renegociar contratos con empresas transnacionales, imponer condiciones sociales y ambientales a los proyectos mineros y petroleros, iniciar procesos de industrialización y fortalecimiento de bases económicas “propias”, atender con subsidios la población más pobre y reversar los procesos de privatización atacando a los grandes monopolios.
Se podría hacer mucho más si existiera voluntad política para fortalecer la integración regional frente al imperio y al gran capital financiero pero, ello depende en lo fundamental del movimiento social y político de carácter democrático y de izquierdas. Su tarea es transformar consistentemente la correlación de fuerzas en favor del pueblo, aislando y neutralizando a los sectores burgueses que se “colinchan” de muchas formas en los procesos de cambio y obstaculizan el avance. Hay que aprovechar la “pausa anti-neoliberal” para construir nuevas formas de democracia política, económica y cultural, fortalecer la organización y la movilización popular y, avanzar con paso firme hacia transformaciones más profundas.
Claro, sin hacerse ilusiones en el “Estado heredado” que sigue siendo una herramienta del gran capital. Éste no ha perdido el Poder sino sólo el gobierno. Para desgracia de los pueblos la dirigencia democrática ha caído en la ilusión “institucional”. Esa es la causa principal de los procesos de burocratización y “cooptación” del movimiento popular, para beneplácito del establecimiento burgués y frustración de los trabajadores y comunidades de base.
El precario equilibrio de la economía y el movimiento global de resistencia
Es claro que existen condiciones objetivas para impulsar cambios revolucionarios en el mundo. La recesión de la economía en China es un hecho, los precios del petróleo siguen cayendo, ya nadie desconoce el caos ambiental producido por el cambio climático, y la crisis económica mundial se profundiza. El poder financiero es un castillo de naipes soportado en el juego especulativo de bonos financieros y en un mercado bursátil virtual.
El precario equilibrio de la economía global necesita a diario nuevos “estímulos extras” para controlar medianamente la crisis. Utiliza la inyección de recursos públicos al sistema financiero privado, promueve guerras destructivas para generar proyectos de reconstrucción, crea y explota noticias sobre descubrimientos tecnológicos, usa éxitos económicos pre-fabricados de una u otra empresa, impone recortes de conquistas sociales, y traza múltiples formas de evitar la hecatombe.
Sin embargo las condiciones subjetivas no están a la altura de la crisis. Los partidos políticos de izquierda tradicional miran hacia atrás. Todavía se piensa con enfoques nacionalistas y “estatistas”. Los nuevos movimientos recién aparecen y les falta madurar. La gente no tiene todavía conciencia anti-capitalista. La lucha por rescatar la democracia pareciera ser la primera prueba de fuego. Se debe depurar la democracia representativa, construir nuevas formas de democracia directa, deliberativa y participativa, y fortalecer el pro-común colaborativo.
A pesar de todo un gran movimiento continental y mundial está en plena gestación. Es necesario visualizar ese movimiento y empezar a concretarlo. Dicho movimiento tiene como protagonista principal a los pueblos de América Latina que están luchando y derrotando las políticas neoliberales. Esa corriente internacional no será en el inmediato futuro un movimiento único o dirigido por determinadas fuerzas. Será la sumatoria flexible y plural de muchos esfuerzos locales, regionales, continentales y globales. Unos por mayor democracia, otros ambientalistas, unos más por “antiglobalización”, los ya existentes por “auditoría” de la deuda pública, y los más, por derrotar las políticas neoliberales para avanzar hacia una sociedad “post-capitalista”. 
Lo ocurrido en Grecia es una señal y un síntoma. La vida empuja, ella misma nos obliga a cambiar. ¡Hay que acelerar el paso...!
Nota: Los “maximalistas de izquierda” tratan a los demócratas y progresistas que llegan a los gobiernos como oportunistas, reformistas, quinta columnas de la burguesía y demás epítetos de ese estilo. Incluso, muchos de ellos no están de acuerdo con la vía electoral y civilista. Pero cuando éstos llegan al gobierno les exigen ésta vida y la otra, y si no “decretan” la revolución o se lanzan a aventuras individuales, los tratan de traidores y renegados.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

miércoles, 8 de julio de 2015

EL SUJETO SOCIAL DETRÁS DE PODEMOS Y SYRIZA

El sujeto social detrás de Podemos y Syriza

ES EL PROLETARIADO BAJO UNA NUEVA FORMA

Bogotá, 8 de julio de 2015

Lo ocurrido en Grecia es parte de una subversión pacífica que se impone en el mundo como parte de la rebelión popular contra el poder financiero. Acudir al referendo es volver a la “democracia directa”. La que usaron hace 2500 años los labradores del campo y artesanos griegos contra la oligarquía ateniense.

En España se va en la misma dirección. Convertir el fervor de los “indignados”, con sus acampadas y asambleas populares, en un movimiento que usa las elecciones para derrotar en su terreno a los partidos tradicionales (PP y PSOE) –que son verdaderas herramientas de las cúpulas financieras de Europa–, no sólo es genial sino efectivo y revolucionario.

Los antecedentes de esos procesos son las revoluciones árabes de 2011 (Túnez y Egipto) y los experimentos sociales de Islandia e Irlanda que enfrentaron, a su manera, el poder del capital financiero. Pero lo interesante es que un nuevo sujeto social está detrás de Syriza y Podemos: el “nuevo” proletariado del siglo XXI o “cognitariado precariado”.

Esas acciones, lideradas por partidos de izquierda, nóveles y renovadores, han sido posible porque están sustentadas en el espíritu de millones de jóvenes que hacen parte –tal vez sin darse cuenta– de un cambio no sólo generacional sino social y político que está en el centro y en el eje de esas transformaciones revolucionarias.

Mientras el grueso de los trabajadores clásicos, los de las viejas factorías y sectores tradicionales de la producción centralizada, los que hacen parte del antiguo sindicalismo “obrero”, están a la defensiva, pegados de lo poco que queda del “Estado de Bienestar” y, por tanto, vacilantes o francamente contrarios a la actitud de los nuevos movimientos, como lo acaban de demostrar en el referendo griego votando por el “SI”, la mayoría de los jóvenes que son “profesionales precariados” o lo van a hacer muy pronto, votaron valientemente por el “NO”.  

Ese “nuevo proletariado” viene mostrándose en el mundo desde hace varios años. Está encabezado por el “sumun” consciente de esos trabajadores del conocimiento y la información, que son los profesores universitarios –“intelectuales”, les llaman algunos-, que concentran en sí mismos tres condiciones importantes: son parte del “cognitariado”, tienen formación política y sufren las consecuencias de las políticas que convirtieron a las universidades y al sector educativo en fábricas de “profesionales precariados”, con bajos salarios, contratos tercerizados, muchos de ellos desempleados o en el “subempleo”, y en condiciones absolutas de “proletarización”.

Ellos fueron en los países árabes el factor dinamizador de la revolución democrática que quedó a medio camino. Esos profesionales precariados habían sido expulsados en su mayoría de Europa por la aplicación de las políticas anti-inmigración. Tienen una visión globalizada del mundo y manejan la información y las redes sociales a su antojo. Allí están, ahora invisibilizados por la represión, las luchas fratricidas entre sectas y partidos políticos nacionalistas, pero evolucionando hacia una consciencia cada vez más universal, social y anti-capitalista.

En Colombia ese “nuevo proletariado” se expresó en 2010 con la “ola verde”. También fue liderado por un profesor universitario –Antanas Mockus–, pero la formación política neoliberal de este personaje, su historia familiar de “lituano perseguido” por el poder estalinista de la URSS, hizo imposible que ese movimiento juvenil avanzara hacia el encuentro con “lo social” y “lo verdaderamente público”. Pero por allí están esos jóvenes profesionales precariados colombianos, buscando y encontrando nuevos espacios de acción.

Ese es uno de los componentes sociales del “movimiento democrático” que en Europa y en el mundo entero está enfrentando el poder coaligado del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Central Europeo y la cúpula política y militar de la OTAN.

Ese movimiento todavía no enfrenta ese poder omnímodo del gran capital con una actitud “socialista” o “anticapitalista” como algunos viejos “marxistas” –que añoran las viejas luchas proletarias del siglo XX– lo quisieran. Pero con sólo profundizar la democracia representativa haciendo uso del “mandar obedeciendo” o acudiendo a referendos populares, como acaba de ocurrir en Grecia, están desbrozando el camino de nuevas y futuras luchas que prometen cambios trascendentales en sus países y en el mundo.


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado  

lunes, 29 de junio de 2015

EL QUE PERSISTA TORPEMENTE EN EL CONFLICTO… ¡PIERDE!

EL QUE PERSISTA TORPEMENTE EN EL CONFLICTO… ¡PIERDE!

Bogotá, 29 de junio de 2015

Desde el punto de vista sociológico (dirían los académicos) el conflicto armado en Colombia se explica por la confluencia o encuentro de dos sectores de la población profundamente lastimados, heridos, discriminados, humillados y despojados de sus derechos que – al tener grandes resentimientos heredados –, fueron fácil presa de la manipulación oligárquica e imperial.

Un sector es el conformado por los “hijos bastardos de la familia paisa”, expulsados de las grandes haciendas antioqueñas, arriados a la aventura y a la colonización más allá del Viejo Caldas. Ellos se van encontrando en la región central de Colombia, (en las tierras aledañas a los nevados del Tolima y Huila), con pueblos indios nunca vencidos (pijaos, yalcones y nasas). Allí, se constituyeron en el núcleo central de la lucha armada insurgente.

Pedro Antonio Marín (Manuel Marulanda Vélez, alias “Tirofijo”), recoge como el que más, el espíritu de Quintín Lame y lo convierte en resistencia armada.   

Pero las grandes mayorías colombianas no participan directamente en esa lucha. La soportan y sufren. Los negros afrodescendientes son pacíficos en su gran mayoría. Los mestizos de las diferentes regiones (nariñenses, caucanos, cundi-boyacenses, caribeños, etc.) son mansos y hasta “cortesanos” y siempre buscan conciliar. 

El problema es que después (entre 1974-1982) el imperio y la oligarquía – usando la economía del narcotráfico – instrumentalizan el conflicto armado y la convierten en herramienta de intervención territorial.

Y allí estamos. Entrampados.

Ahora, que se trabaja la memoria histórica buscando el fin del conflicto armado se debe señalar que la violencia siempre vino primero de “los de arriba”. Desde la conquista.

Hoy se nos ha vuelto un grave problema, sobre todo para “los de abajo”.

Pero la historia es la historia y por eso es tan difícil superar este conflicto.

Hay que entenderlo para superarlo, sin idealizar a nadie pero reconociendo las causas sociológicas, económicas y hasta culturales de ese problema… que es de todos.

Si no entendemos lo que ha sucedido... ¿cómo perdonar? Si no comprendemos las razones del alzamiento armado y su posterior degradación... ¿cómo podremos convivir hacia el futuro los herederos de guerrilleros, paramilitares y militares comprometidos en graves crímenes?

Ahora, hay que reiterar una vez más que una cosa era la auténtica resistencia campesina y otra, muy diferente, en lo que degeneró, principalmente debido a la política usada por los estrategas gringos para los llamados “conflictos de baja intensidad”: la guerra sucia (teoría y práctica de las guerras de 4a generación).

La gran falla de la dirigencia de las FARC es no haber caído en cuenta – a tiempo – en la trampa que se metían.

Pero bueno, de eso se trata la salida negociada. Allí estamos todos, de una u otra forma, tratando de avanzar. Y… ¡avanzaremos!


Es inevitable. Ya no hay excusas. El que persista torpemente en el conflicto… ¡pierde! 

viernes, 26 de junio de 2015

AISLAR Y DERROTAR A LA “ROSCA POLITIQUERA Y CORRUPTA”

AISLAR Y DERROTAR A LA “ROSCA POLITIQUERA Y CORRUPTA”

Bogotá, 26 de junio de 2015

En Colombia estamos frente a una situación particular y compleja que requiere nuevas soluciones, nuevos sujetos sociales y nuevos actores políticos.

El denominado “proceso de paz” ha entrado en una fase de estancamiento. La correlación de fuerzas así lo determina. Ni el gobierno ni la guerrilla se van a parar de la mesa de negociaciones de La Habana pero los avances en ella serán mínimos. Además, la gente quiere la terminación del conflicto armado pero tiene grandes desconfianzas en ese proceso de diálogo.  

El pulso que se está jugando es por el cese de fuegos bilateral. La insurgencia pretende obtenerlo sin mayores condiciones; el gobierno sólo lo acepta después de firmar el acuerdo definitivo; el uribismo, hábilmente, recoge la propuesta de la guerrilla pero exige la concentración de los combatientes en sitios especiales y verificación internacional.

Podrán pasar varios años de lentas negociaciones sin que se llegue a feliz término. La guerrilla no va a aceptar una justicia transicional que incluya penas de cárcel para sus comandantes y tampoco va a entregar las armas. El gobierno de Santos tendrá que negociar con el uribismo – como ya lo viene haciendo – para fortalecer su posición. El “chico” va para largo.

Lo que es real es que la correlación de fuerzas no va a cambiar a corto plazo. El pueblo no se va a movilizar en las calles y carreteras en forma contundente contra el régimen neoliberal, aunque, esporádicamente, se expresen algunas fuerzas sectoriales – especialmente rurales – en contra de políticas específicas pero sin ir más allá de sus reivindicaciones parciales. El mismo conflicto armado bloquea el desarrollo de un fuerte, masivo y decisivo movimiento popular.  

Lo interesante del momento es que, a pesar de esa situación – en el terreno eminentemente político y electoral –, se empieza a conformar un Movimiento Democrático Civilista, deslindado totalmente del establecimiento oligárquico y también de la insurgencia.

Ese movimiento democrático civilista ha ido adquiriendo forma debido a dos causas: la primera, la incapacidad de Santos para desligarse del uribismo. El actual proceso de re-unificación entre Santos y Uribe alrededor de una estrategia de paz que coloca el énfasis en la fuerza militar y minimiza las concesiones políticas a la guerrilla, echó por tierra las ilusiones en Santos.

La segunda, es la conciencia de que para acceder al gobierno nacional debe deslindarse de las posiciones de la insurgencia, especialmente de su militarismo y de su incapacidad para entender que los crímenes cometidos por ella contra la población civil – fruto de haberse dejado degradar moralmente –, los ha convertido en una fuerza negativa a los ojos del pueblo, o sea, en un actor identificado con la guerra y no con la paz.

Los sectores sociales que apoyan ese movimiento democrático civilista están compuestos por las llamadas clases medias de las ciudades, entre ellas, los “profesionales precariados y precarizados”, en su mayoría jóvenes, que no están dispuestos a cargar con resentimientos heredados ni con venganzas históricas. Ellos quieren “pasar la página”, están cansados de la polarización entre violentos y buscan en el verdadero perdón la base espiritual de una reconciliación depuradora y sincera.

A nivel político el movimiento democrático civilista está compuesto por tres grandes vertientes: las fuerzas políticas surgidas del proceso de desmovilización del M19, EPL, PRT y Quintín Lame, hoy encabezadas por su líder indiscutible, Gustavo Petro; un sector de militantes comunistas y liberales sociales que evaluaron a fondo la inconveniencia de la estrategia de la “combinación de las formas de lucha” que hoy se identifican con Clara López; y las fuerzas políticas que nunca estuvieron de acuerdo con el tipo de lucha armada que se desarrolló en Colombia que se expresan como MOIR-Polo y PTC-Progresistas, que lideran el senador Jorge Enrique Robledo y el actual alcalde de Magangué, Marcelo Torres, en compañía del Concejal de Bogotá, Yezid García Abello.

Ese movimiento democrático civilista y pacifista está en condiciones de disputarle el gobierno a las fuerzas del establecimiento en el año 2018. Todo depende de la claridad que tenga y de su verdadera unificación táctica y estratégica.

Las ilusiones que tenían algunos de estos sectores políticos en una supuesta burguesía “democrática” encabezada por Santos, se han diluido. Así mismo, las expectativas que tenían otros sectores de izquierda en una “burguesía nacional”, también se han ido deshaciendo. Se entiende ahora que el sector dinámico son los pequeños y medianos productores del campo y la ciudad (algunos de ellos empresarios pero no grandes burgueses), y que los grandes industriales y/o burgueses agrarios no van a enfrentar decididamente la política imperial y oligárquica.

De esa manera la prioridad va a ser la lucha por la democracia. Así sea la democracia burguesa, que en Colombia nunca ha tenido concreción real. El tema de la paz será tratado en forma general: se apoya la salida política negociada del conflicto armado pero los detalles se les dejan a los actores armados. Se rechazan las acciones terroristas de la insurgencia pero también los crímenes de Estado y la violación de los derechos humanos.

El principal detalle a saldar entre estas fuerzas es la evaluación del proceso constituyente de 1991. Todo ese balance es necesario de cara a lo que se viene con el nuevo proceso de paz.

Las fuerzas del M19 deben reconocer que sobrevaloraron los logros constitucionales y legales plasmados en los derechos fundamentales, sociales, económicos y culturales, sin tener en cuenta que la esencia económica neoliberal de la Constitución de 1991 y la hegemonía oligárquica neoliberal en el poder, iban a impedir que esos derechos tuvieran materialización y desarrollo real. Por eso la Acción de Tutela terminó siendo el único instrumento para hacer respetar los derechos fundamentales, con el contraproducente efecto de la “judicialización” de los derechos sociales, económicos y culturales (http://bit.ly/1e7yw6H) y la “individualización” de la lucha y resistencia popular.

Las otras fuerzas políticas tendrán que reflexionar sobre su papel en esa coyuntura. De lo que se trata ahora es de impedir la utilización oportunista de la “conquista de la paz” para vendernos la idea de una supuesta “apertura democrática” que en realidad quiere ser utilizada como cobertura para implementar una segunda oleada de neoliberalismo.

También hay que combatir la idea de que del proceso de negociaciones se podría obtener una “paz con justicia social”. Esa idea es una ilusión voluntarista. La correlación de fuerzas escasamente da para que se hagan concesiones a los pobladores de las zonas de colonización y a otros sectores puntuales, afectados por la economía del narcotráfico, por el conflicto armado y la desposesión forzada de la tierra y/o su territorio. La verdadera justicia social sólo podrá construirse después de derrotar en civilidad, primero, a la “Rosca” politiquera y corrupta que nos gobierna; después, al régimen neoliberal en pleno; y posteriormente, al capitalismo criminal y depredador. Ese logro estructural anti-capitalista sólo podrá ser fruto de un largo proceso de luchas nacionales, regionales y globales encabezadas por los trabajadores y demás sectores sociales “subalternos”.

La principal tarea del momento en Colombia es construir la unidad de las fuerzas democráticas alternativas para derrotar a los partidos y políticos que hacen parte de la “Rosca politiquera y corrupta” en las elecciones locales y regionales de octubre de 2015. Un avance o triunfos parciales y relativos en este terreno, crearán condiciones favorables para el año 2018. Por ello, las fuerzas alternativas, democráticas y de izquierda deben visibilizarse con independencia y autonomía y – ojalá – con unidad, en esas jornadas eleccionarias.   


E-mail: ferdorado@gmail.com – Twitter: @ferdorado

martes, 23 de junio de 2015

AVANZA LA UNIFICACIÓN DE SANTOS Y URIBE

A pesar de la beligerancia del Procurador…

AVANZA LA UNIFICACIÓN DE SANTOS Y URIBE

Bogotá, 23 de junio de 2015

El cese unilateral de fuegos declarado por las FARC a finales del 2014 fue una acción política de enorme dimensión. Era un punto de acercamiento a la población y mostraba una relativa y creciente voluntad de paz, a pesar de la campaña mediática desarrollada para desvirtuarla.

Esa acción de paz como parte de la desactivación del conflicto armado era incómoda para el establecimiento oligárquico. Debía ser desprestigiada y derrotada.

Inicialmente el presidente Santos avanza hacia el desescalamiento del conflicto armado con la suspensión de los bombardeos aéreos. El proceso de paz se fortalecía.

La lectura de los estrategas imperiales, de los generales uribistas y de gran parte del bloque dominante era que se le estaban dando grandes ventajas a la guerrilla. No se admitía la renuncia a los bombardeos aéreos ya que hoy es la principal y más efectiva herramienta bélica del Estado.

La orden imperial de fortalecer la gobernabilidad de Santos buscando acuerdos con Uribe requería una nueva fase de agudización de la guerra.

Es así como se suman tres debilidades del régimen dominante: La frágil gobernabilidad de Santos, la precaria condición judicial de Uribe (sus grandes amigos y cómplices están en la cárcel o de huida en el exterior) y la inminente (y ocultada) crisis económica que ahora ya se reconoce como recesión y apretón fiscal (http://bit.ly/1Lz854W).

El gobierno estaba esperando un “papayaso” para revertir sus concesiones en el terreno bélico. Lo ocurrido en abril de 2015 en Buenos Aires (Cauca) sirvió de motivo para desacreditar el cese de fuegos unilateral declarado por las FARC.

De esa manera se entra en la fase actual de agudización del conflicto armado. La guerrilla no tiene más que acudir a su capacidad de daño, incluyendo actos terroristas (que ellos califican como “actos de guerra”). Entran al terreno de enfrentarse con la población civil.

La consigna “uribista” de cese bilateral de fuegos con concentración de las guerrillas con verificación internacional ganará fuerza en la medida en que la guerrilla produzca más actos de guerra, en especial los atentados contra la infraestructura eléctrica y productiva.

Las órdenes de Santos a su nuevo ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, son que hay que mantener la ofensiva militar mientras se dialoga en La Habana y garantizar el cumplimiento de la ley en todo el territorio nacional. Esa es su orientación.

Las conversaciones secretas y acercamientos públicos entre Uribe y Santos van en la dirección de fortalecer la gobernabilidad de Santos e insertar prudente y sutilmente al uribismo al proceso de paz.

Los tuits del Procurador a Timochenko (http://bit.ly/1LyXhnk), de hoy martes 23 de junio, a pesar de su aparente beligerancia y contundencia, muestran la orientación de sumarse al proceso de paz con actitud “propositiva” como lo viene haciendo Uribe.

El cese unilateral de fuegos de las FARC quedó atrás. Será muy difícil que lo vuelvan a utilizar.

El pulso de los próximos meses, mientras poco se avanza en la mesa de negociación y la guerra se acrecienta en los territorios, será por las condiciones de un posible cese de fuegos bilateral.

El gobierno ante la presión de la guerrilla tendrá que echar mano de la propuesta de Uribe (http://bit.ly/1FyOUD8).

Es evidente que el bloque de poder oligárquico continuará unificándose para conseguir su “paz neoliberal”.

La “paz” y la coyuntura electoral

En la coyuntura electoral los partidos del establecimiento neoliberal hacen fuerza porque los candidatos/as democráticos y de izquierda se alineen con las propuestas de las FARC (cese de fuegos bilateral y Asamblea Nacional Constituyente).

Su objetivo es desprestigiar a las fuerzas alternativas identificándolas con la insurgencia para derrotarlas en las elecciones de octubre de 2015. En el caso de Bogotá es evidente que ellos no tienen propuestas sociales que beneficien a la población.

No se debe caer en la trampa. La prioridad de los gobiernos locales y regionales no es el tema de la paz y la guerra. Ese es un tema nacional y hasta internacional.

Por ello los candidatos a Alcaldías y Gobernaciones deben centrarse en los problemas concretos de la población que son el desempleo, salud, educación, servicios públicos, defensa del medio ambiente, movilidad, seguridad, impacto de la mega-minería y del plan de desarrollo en los territorios.

A las políticas sociales que en el caso de Bogotá se han centrado en la inclusión social, la adecuación de la ciudad al cambio climático y la defensa de lo público, hay que agregarle acciones contundentes y efectivas para resolver los problemas de movilidad que se han acumulado durante las últimas décadas debido al crecimiento descomunal de la población bogotana, pero también es importante avanzar en propuestas productivas para enfrentar el desempleo que ha crecido por efecto de la crisis económica, además de profundizar la Democracia Ciudadana como herramienta para democratizar las Alcaldías Locales, derrotar la corrupción y atacar el burocratismo existente en el Distrito Capital.


La principal tarea del momento es construir la unidad de las fuerzas democráticas alternativas para derrotar a los partidos que aglutinan la “Rosca Neoliberal” en las elecciones locales y regionales. No podemos dejarnos enredar con el tema de la “paz” como base para construir esa unidad. No se puede caer en ese embeleco. 

lunes, 15 de junio de 2015

LA “PAZ” ES UNA HERRAMIENTA PARA DERROTAR LA POLÍTICA IMPERIAL EN COLOMBIA

Un debate público necesario pero al interior del pueblo…

LA “PAZ” ES UNA HERRAMIENTA PARA DERROTAR LA POLÍTICA IMPERIAL EN COLOMBIA

Bogotá, 15 de junio de 2015

Hemos planteado reiteradamente que la “paz neoliberal” (limitada, imperfecta, recortada, “perrrata”, como le llamo) es la única que se puede conseguir de acuerdo a la correlación de fuerzas que existe en el momento en Colombia. No es un problema de voluntad ni que uno lo desee así. Es un problema real que no va a cambiar en el inmediato futuro.

La sociedad colombiana no se va a mover por la “paz con justicia social” en el corto plazo. Ella está confundida y la insurgencia ha contribuido con esa confusión. Creen las mayorías colombianas que luchar por esa consigna sería como apoyar a la guerrilla. Entonces, esperar que ocurra ese milagro para poder “pactar el fin del conflicto armado” es “alargar el chico”, es perder tiempo, es “dar papaya”, o sea permitir que las fuerzas guerristas aprovechen nuestras vacilaciones para fortalecer su posición.

Es así como hemos publicado una serie de artículos cuestionando el enfoque militarista que se impuso en la insurgencia. Se señala su falta de visión política. En la práctica es un debate ideológico con la dirigencia de las FARC. Su objetivo no es otro que tratar de convencerlos que esa “paz” (con las reivindicaciones que ya se han logrado y algunas no tan difíciles que se pueden conseguir para pactar la desmovilización) es una herramienta, un método, un medio, para derrotar al imperio y a las clases dominantes colombianas.

Hay quienes no se atreven a dar el debate ideológico a la dirigencia guerrillera. Unos porque consideran que plantear ese debate es “auto-flagelarnos”, darle ventaja al enemigo. Otros no lo hacen por temor. Ese miedo puede tener dos variantes. Uno, porque si alguien le plantea una discusión sincera a la comandancia insurgente, de alguna manera es porque se identifica con “su causa”, o por lo menos, con los objetivos que se plantearon cuando se alzaron en armas. Y dos, porque puede generar desconfianza llevarle la contraria a quienes están armados.   

Entonces, si le damos el debate ideológico a la insurgencia es porque tenemos claro que – a pesar de sus graves errores – todavía están del lado popular. Por el contrario, no me dedico a debatir con la burguesía ni a “quejarme” de sus acciones criminales porque a la larga termino justificando las acciones bárbaras de los “nuestros”. Esa “quejadera” gran parte de las veces termina cayendo en el círculo vicioso de siempre. Es más, podría decir que cuestiono a la insurgencia no tanto por sus “acciones en sí” que son parte de la guerra, sino por su ineficacia política, porque le hacen el juego a la estrategia del imperio que instrumentalizó el conflicto y también, puso a su servicio la acción de la misma insurgencia (así ellos no lo quieran y no sean conscientes de esa tragedia).

Entender que la “paz” es una herramienta del pueblo para derrotar al imperio y a la oligarquía es clave en el momento actual. Es fundamental entenderlo para poder salir de la trampa en que estamos. Entonces, igualar el debate ideológico que se le debe dar a la insurgencia con la denuncia de los crímenes de la burguesía (que es por esencia criminal!!), nos enreda y no nos deja avanzar. La insurgencia ya se ha auto-derrotado políticamente por su torpeza, se trata de que entiendan que si se sacrifican a fondo por la paz van a crecer políticamente ante el pueblo y despejarán el terreno para que las fuerzas civilistas avancen hacia la conquista y construcción de una nueva Colombia.

Paralelamente es importante ubicarnos en el contexto internacional. Los triunfos políticos conseguidos por los pueblos de Grecia con Syriza y en España con Podemos y con otra serie de convergencias políticas y sociales que han surgido en diversas regiones y municipalidades después de las revoluciones árabes y del movimiento de los “indignados”, (en lo que ayudó en forma significativa la desmovilización de ETA), es una muestra de que la estrategia desarrollada por los pueblos de Sudamérica – Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, Uruguay, Argentina, entre otros – de utilizar las elecciones para acceder a los gobiernos y derrotar a las oligarquías, en civilidad y paz, es la forma, el método acertado para el momento actual.

Pero esos triunfos electorales que nos permiten llegar a administrar un “Estado colonial heredado” no nos deben confundir. En el editorial del periódico de “Lucha Internacionalista” de la UIT-CI (http://on.fb.me/1GmiuzB), haciendo un balance de los resultados de las elecciones españolas del 24M, se dice que “el giro a la izquierda que se da, queda mediado por la teoría de que desde el gobierno – a través de las elecciones – se resolverán los problemas”.

Hay que decir que ello no es cierto. La gente de Podemos y de otras fuerzas locales y regionales que se han expresado en este proceso de cambio que se vive en España, y sobre todo los sectores más avanzados de esas fuerzas incluyendo la recién elegida alcaldesa de Barcelona Ada Colau, nunca han planteado esa idea.

Ellos proponen combinar la acción desde los gobiernos como una necesidad táctica para romper la resistencia de los partidos del establecimiento y el poder de la burguesía financiera pero, a la vez, impulsar la construcción de nuevas formas de democracia para poder realizar verdaderas transformaciones estructurales.

Se trata de transformar la “democracia representativa” en una forma efectiva y verdadera. Esa representación debe actuar cumpliendo el eslogan zapatista de “mandar obedeciendo”. Esa acción debe combinarse con la construcción de espacios y formas de democracia directa.  Hay que estimular la democracia deliberativa y potenciar la democracia ciudadana en todas sus expresiones con consultas masivas, plebiscitos, control ciudadano, transparencia administrativa, democratizar los medios de comunicación, etc.

Además, mientras se van construyendo esos procesos de participación y decisión democrática de amplios sectores sociales se deben implementar cambios concretos como disminuir los sueldos de los altos funcionarios públicos, aprobar la revocatoria de su mandato en caso de que no cumplan con sus compromisos, impedir la eternización de los políticos en funciones públicas y/o legislativas, organizar el control social, exigir la rendición de cuentas con veeduría ciudadana, y muchas más transformaciones dirigidas a impedir que el funcionario “delegado” termine imponiendo su voluntad sobre quienes le dan el poder de representarlos.

Hoy en Colombia están dadas las condiciones para avanzar por ese camino civilista y pacífico. En Bogotá la unidad de todos los partidos de la democracia y de la izquierda, sumados a diversas expresiones sociales que existen en barrios y localidades (ambientalistas, animalistas, actores sociales en lucha por la igualdad de género y de respeto a la diversidad sexual, trabajadores de la cultura, jóvenes raperos y del hip hop, etc.), van a disputar con los partidos del establecimiento neoliberal la continuidad de los gobiernos sociales, y de no cometer graves errores, lo van a conseguir.

Esa tarea puede replicarse en todo el país y obtener triunfos parciales de cara a las elecciones de 2018. Y para lograrlo necesitamos de esa “paz relativa”. ¡Es urgente!   

Larga Postdata: El gobierno de Santos fue una continuidad parcial del gobierno de Uribe. Como Uribe quería seguir mandando con sus mafias y delitos desembozados, la burguesía transnacional y el imperio tuvieron que forzar un cambio “parcial”, más cosmético que efectivo. Pero en verdad, implementaron algunos cambios reales para poder engañar como el diálogo de paz y el viraje en la política internacional con los países vecinos. Ahora, en el borde del fin del conflicto tienen que reenganchar a Uribe para no sacrificar a ninguno de los suyos y no darle un triunfo político al sector democrático, popular y a la misma guerrilla. La agudización actual del conflicto hace parte de ese re-engranaje entre las fuerzas uribistas y santistas. Es posible que una fase de ese re-enganche pase por una levantada del gobierno de la Mesa de La Habana, pero sin romper totalmente los diálogos. Ello, posiblemente sea una acción que estén contemplando para consolidar ese  re-enganche. Así, el proceso de paz entraría en una nueva etapa – con mayor gobernabilidad de Santos – y el establecimiento unificado se jugaría dos cartas: o se concentran las guerrillas en sitios especiales para poder decretar el cese de fuegos bilateral, o se aceleran las negociaciones. Allí la guerrilla tendrá que ceder o romper los diálogos definitivamente. Así, el “proceso de paz” ha entrado en un momento muy delicado y difícil.


E-mail: ferdorado@gmail.com / twitter: @ferdorado

sábado, 13 de junio de 2015

EL CONFLICTO ARMADO UTILIZADO COMO "VACUNA"

EL CONFLICTO ARMADO UTILIZADO COMO "VACUNA"


(Recogiendo el debate planteado...)

El problema - desde mi perspectiva - es no entender en que momento tu enemigo "instrumentaliza" tu acción. Allí está el quid del asunto.
En ninguna "democracia", así sea la más restringuida, ha triunfado una rebelión armada.
El auge político de la rebelión armada se vivió entre 1980 y 1988. Después de esa fecha el gran capital logró instrumentalizar la guerra, ponerla a su servicio, utilizarla incluso como "vacuna".
El "mal atenuado", "la enfermedad en pequeñas dosis", le han servido al sistema para generar sus defensas - en este caso - "auto-defensas".
Así, el "paramilitarismo" tuvo en Colombia apoyo real - político y logístico - de una parte de nuestro pueblo.
Si no se entiende eso no podemos explicarnos la actual situación.



miércoles, 10 de junio de 2015

PROCESO DE-CONSTITUYENTE Y CONSTITUYENTE

Para poder construir hay que de-construir…

PROCESO “DE-CONSTITUYENTE” Y CONSTITUYENTE

Esta semana el saliente “súper-ministro” de la Presidencia Néstor Humberto Martínez alebrestó el cotarro político nacional al plantear que “una asamblea constituyente era inevitable dada la coyuntura por la que atraviesa el proceso de paz” (http://bit.ly/1HrWXaT).

Esa iniciativa – que de acuerdo con el jefe de los negociadores en La Habana, Humberto de La Calle Lombana es una opinión personal – coincide con la exigencia que vienen haciendo las FARC en el sentido que la refrendación de los acuerdos de paz que se firmen en La Habana, deben aprobarse mediante ese mecanismo o procedimiento constituyente.

Aunque la insurgencia armada no lo ha planteado en forma precisa, sus pronunciamientos al respecto están en la dirección de proponer formas directas de elección de delegados o circunscripciones especiales para comunidades campesinas, indígenas, afrodescendientes, desplazados y otros sectores sociales. Esta propuesta claramente tiene la intención de asegurar una representación suficiente para poder impulsar sus propuestas y forcejear en mejores condiciones con las fuerzas tradicionales que sean elegidas en ese cuerpo colegiado.

Es evidente que el gobierno no va a aceptar esa propuesta. A lo sumo le concederán unos cupos específicos para los guerrilleros desmovilizados, pero el grueso de la representación, si se llegara a concertar tal mecanismo, sería elegida por el voto universal y secreto. Es más, si este asunto se llevara a una consulta popular lo más seguro es que las grandes mayorías no estarían de acuerdo con ese tipo de representación exclusiva.

Pero a pesar de la importancia que puedan tener los mecanismos y cupos de representación, el problema de fondo es otro. Para poder impulsar y desarrollar un efectivo y transformador “proceso constituyente”, la sociedad colombiana en su conjunto, necesita un espacio y un tiempo “de-constituyente”. ¿Qué significa este término o categoría?

Sería una fase o etapa de la vida colombiana en donde la sociedad sacara toda la “suciedad” y basura a la puerta de la casa. Todo lo caduco y casi muerto debe ser develado y cambiado. Lo podrido y corrompido, que huele a leguas a descomposición, debe ser desechado. Lo atrasado, falso, aparente y artificial que hay dentro de unas instituciones hechas con base en el molde liberal europeo pero que en la realidad se convirtieron en unos adefesios institucionales de tipo colonial, deben ser barridos y reemplazados por organismos verdaderamente democráticos, surgidos de nuestra historia y tradición popular, inventados para nuestra particularidad especial, con nuestra greda y sabor.

Es claro que un proceso de ese tipo requiere un ambiente de convivencia pacífica para que la sociedad pueda reconocerse a sí misma. Para que pueda desenmarañar y descubrir las trampas y timos que tiene el Estado para mantener su poder colonial, patriarcal, anti-democrático, excluyente, discriminatorio, manipulado absolutamente por los intereses privados de los grandes capitalistas transnacionales, al servicio de los poderosos latifundistas, y cooptado por las mafias de diverso tipo que existen en Bogotá y en todo el país.

En ese tramo de tiempo y en ese ambiente “de-constituyente”, la sociedad colombiana se puede reconocer en su diversidad geográfica e histórica, étnica y cultural, de género y de diversas clases sociales, empezando a valorar lo que realmente debe servir para “reconstituir” la Nación, a partir del esfuerzo de millones de personas que son las que producen la riqueza, defienden el medio ambiente, garantizan el suministro de comida y prestan innumerables servicios a la sociedad.

Precisamente para eso es que necesitamos la “paz”, así sea imperfecta, limitada, “perrata” como la he llamado, es decir, un clima de convivencia con una reglas mínimas de respeto y consideración por las múltiples expresiones sociales y políticas que deberán surgir – y ya están apareciendo – para intervenir con plenitud y exuberancia en el diseño institucional del “nuevo país”.

Claro que no se van a acabar las confrontaciones. Por el contrario, saldrán a luz nuevos conflictos que han estado reprimidos y represados por efecto de la conflagración armada. Pero tendremos que crear las condiciones para resolverlos por la vía pacífica, con acuerdos, consensos o recurriendo a elecciones y otros tipos de decisiones consultadas y aprobadas por las mayorías.

Aspirar a la convocatoria inmediata de una Asamblea Nacional Constituyente para refrendar los acuerdos de paz es completamente errado e inoportuno. Se requiere pasar de la “de-constitución” a la “constitución”. En los países vecinos el proceso “de-constituyente” se realizó durante más de una década, en donde el pueblo se manifestó con inmensas y poderosas movilizaciones populares que derrocaron y expulsaron presidentes neoliberales.

En Colombia eso no ha podido suceder por la existencia de un conflicto armado instrumentalizado por el gran capital. Por algo, en medio de la guerra las empresas transnacionales han fortalecido su presencia y dominio, y la economía “colombiana” – que está en sus manos monopólicas – ha pasado a ser la tercera de la región. A pesar de que se han desarrollado heroicos levantamientos sociales, éstos han sido muy parciales y limitados, tanto en la fuerza como en su contenido, dado que se han reducido a reivindicaciones sectoriales, sin que se haya puesto en jaque la esencia de la política del régimen neoliberal.

Por ello las fuerzas democráticas y populares llegarían con una baja representación a esa asamblea constituyente, frustrándose cualquier posibilidad de cambio. Sería un tremendo aborto, algo parecido o similar a lo ocurrido en 1991. Del afán solo queda el cansancio.

Las fuerzas democráticas colombianas están en mora de discutir francamente esa propuesta de la insurgencia armada. Vemos cómo hábilmente algunos sectores de derecha la recogen – como Néstor Humberto Martínez –, porque saben que pueden fortalecer su capacidad política para implementar la segunda fase de neoliberalismo que tanto necesitan.

Vuelve y se equivoca la guerrilla. Vuelve a confundir sus deseos con la realidad. Vuelve a creer que las grandes mayorías les van a dar su apoyo constituyente. No sabemos cómo o de qué información sacan esas conclusiones. Parecieran estar en una especie de autismo cuando la realidad es totalmente contraria a sus deseos.

O claro, puede ser que se fíen de la opinión de una serie de intelectuales, profesores universitarios y antiguos militantes de izquierda que, – desde sus escritorios, cátedras y delirios – sueñan con un levantamiento popular por “justicia social” que cambiaría de un momento para otro, por obra del espíritu santo o de algún otro milagro, la correlación de fuerzas en Colombia a favor del pueblo.


Así, según ellos, en vez de concretarse un proceso de paz, lo que puede ocurrir es que la insurgencia llegue directo al Palacio de Nariño al estilo de lo que hicieron los bolcheviques en el Palacio de Invierno. ¡Claro, soñar no cuesta nada!