sábado, 23 de abril de 2011

LA "OLA VERDE" Y LO QUE PUDO SER

A un año del suceso “verde”

LA “OLA VERDE” Y LO QUE PUDO SER

Popayán, 22 de abril de 2011

Al calor de lo que ocurre en Túnez y Egipto podemos hacer un análisis retrospectivo de lo que pudo ser la “ola verde” en Colombia. Podemos aprender.

La lucha contra la criminalidad y la mafia uribista – que ya era una verdadera “dictadura cívico-paramilitar” – estaba en la base emocional de la “ola verde” (“no todo vale”). Fue en verdad un grito libertario de una parte de los jóvenes colombianos.

Estaba encabezada por el mismo tipo de jóvenes que iniciaron los procesos revolucionarios de Túnez y Egipto. Son profesionales inconformes con la situación de nuestro país. Están cansados de la corrupción y de las nulas posibilidades de desarrollo. Muchos ya habían migrado a EE.UU. y Europa y, habían regresado por efecto de la crisis financiera mundial.

Son profesionales o prospectos de serlo, que sueñan con constituir empresas, contar con el apoyo y/o el estímulo del Estado, desarrollar plenamente sus capacidades intelectuales y técnicas. Quieren enfrentarse al mundo globalizado. Son jóvenes cosmopolitas y echados “pa’lante”. Algunos soñaron con ser “yuppies” pero hoy tienen los pies en la tierra.

A su lado estuvieron miles de jóvenes profesionales de origen proletario que se conforman con empleos precarizados, varios trabajos simultáneos de carácter temporal y salarios que no compensan el tiempo de estudio ni las inversiones hechas para obtener un título.

En Colombia dos factores jugaron para que ese fuego juvenil que buscaba condiciones mínimas de “legalidad democrática” y de “ética pública” no prendiera en el conjunto de la juventud y entre el pueblo trabajador. Ellos son:

Los dirigentes “verdes” no mostraron decisión. En el fondo son “cortesanos”. Nadaban entre un “uribismo vergonzante” y un “polismo vergonzoso”. No se enfrentaron resueltamente a Uribe para no parecerse al Polo. Los frenó la mentira mediática de que éste partido era cómplice o connivente con las FARC.

Por otro lado, la dirigencia del Polo tenía un “freno de mano” que le impedía ponerse con determinación al frente de esa juventud. La división interna y el “petardo corrupto” de los Moreno tuvo que haber influido. Tenían miedo de que sus “bases sociales” – trabajadores del Estado y algunos sectores agrarios – no los acompañaran en ese salto hacia adelante. El conservadurismo se impuso. Hizo falta visión política y generosidad.

Las apetencias individuales de Petro lo llevaron a traicionar su propuesta de “unir a las fuerzas sanas de la Nación”. Utilizó al resto de sectores políticos del Polo para posicionarse electoralmente. Con ese “acumulado” ahora juega a constituir una “alianza progresista” con Santos. La ética quedó anulada por el cálculo político.

Hoy los jóvenes de la “ola verde” están escépticos. Algunos quieren impulsar el voto en blanco. No encuentran líderes creíbles. En la lucha contra la corrupción quedaron a mitad de camino. Sus principales dirigentes se “arrugaron”. Nunca fueron capaces de enfrentar la corrupción paramilitar que representa Uribe. El partido “verde” entró en la dinámica de la “gobernabilidad”. Por eso le apuestan a Peñalosa. Así matan el espíritu de la “ola verde”.

Si esa oleada de inconformidad juvenil hubiera contado con el apoyo decidido de sus principales cabezas y de la izquierda, podría haber desencadenado en Colombia una ola revolucionaria democrática, civilista y ética de grandes proporciones. Para hacerlo no se necesitaban acuerdos burocráticos. Era un problema de decisión y audacia revolucionaria.

Hoy Uribe no estaría llamando a enfrentar con marchas los fallos de la justicia. Estaría “trinando” desde la cárcel. Y Santos no sería el prospecto de líder regional que los EE.UU. quieren fabricar y usar como punta de lanza para recuperar terreno en Latinoamérica.

Algunos pesos pesados del empresariado y la política colombiana estarían en La Picota al lado de los Nule ó ya habrían pedido asilo político en algún país remoto.

Mockus seguramente estaría en la Presidencia vacilando en cómo cerrar el canal del Dique, filosofando sobre el calentamiento global y haciendo cálculos matemáticos para tomar decisiones frente a la economía y el desempleo.

Pero no importaría. La juventud estaría entusiasmada. Los diques de la política colombiana estarían abiertos. Un nuevo espíritu revolucionario recorrería el país y la “vieja clase política” que hoy se mueve en las regiones y municipios como “pez en el agua”, estaría pagando escondedero.

La guerrilla ya no tendría más excusas para iniciar una franca política de Paz y el pueblo colombiano podría dedicarse a labrar su 2ª independencia y a resolver los graves problemas que el capitalismo no puede resolver.

Ya le llegará una nueva ocasión a la juventud colombiana. Para ese momento los jóvenes profesionales tendrán que haber aprendido que sus sueños empresariales se pueden construir pero al lado de los obreros, campesinos y millones de trabajadores que se ahogan en una sociedad que no ofrece oportunidades y que lanza a cientos de miles de jóvenes estudiados a la informalidad del rebusque. Es el fruto de 30 años de capitalismo neoliberal.

Esos jóvenes van a ir entendiendo que hay que rescatar la dignidad de la Nación y que debemos pensar en las mayorías para derrotar la inequidad e injusticia social, base de la peor corrupción de nuestro sistema de vida.

Es lo que en la actualidad los jóvenes tunecinos y egipcios están aprendiendo. Hay que seguirles la ruta.

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